EL AMOR A LA FAMILIA
Y Dios creó al hombre y a la mujer y los hizo diferentes; para que buscándose se encontraran y se complementaran y formaran un solo cuerpo y una sola carne y, por amor, dejaran todo y conformaran su propio hogar, en donde hubieran de procrear y educar a sus hijos con amor y en el amor.
Y al convertirse en padres, reflejaran en sus hijos el amor que un día los unió para no separarlos jamás y, lo más importante, no dejaran morir esa pasión; de tal manera que, aún muerto uno de los dos, su amor acompañara al otro hasta el día de su propia muerte.
Porque este sentimiento, al volverse incondicional, habrá de trascender a la acción de Átropos, la Moira que deshacía el hilo de la vida; pues, el cónyuge supérstite, seguirá amando a ese ser a quien entregara sin reservas, no sólo su corazón y su amor, sino también su existencia, hasta el punto de abandonarlo todo por seguir a la persona elegida.
Gustavo Rodríguez Gómez
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