EL SENDERO DE MI VIDA
«Caminante, no hay camino; se hace camino al andar.”
Antonio Machado
Hoy estoy cumpliendo yo sesenta años
y debo agradecerle a mi Creador
que he vivido la vida rodeado del amor,
que me ha librado de los desengaños.
La mayor parte de esta vida
la he pasado contigo amada mía
y es por eso que la melancolía
con tu amor siempre está abatida.
Porque cuando has estado ausente
se ha sumido mi ser en la tristeza,
al faltarme tu encanto y la tibieza
que con sólo mirarte mi alma siente.
Son tan gratos los recuerdos que acuden a mi mente,
al repasar todos los años que he vivido,
que sólo por eso ya debo estar agradecido
por todo lo que he tenido hasta el presente.
Tuve unos padres como ningunos, ejemplares,
que me rodearon de ternura y de cariño
y encauzaron mi vida desde niño
basándose en las máximas morales.
Las que han sido siempre mi mayor tesoro
y que por tenerlas yo me enorgullezco
y por eso jamás me compadezco
por no haber tenido yo el oro y el moro.
Y por ser entre todos sus hijos el menor,
tuve una niñez bastante consentida;
pues mis hermanos me rodearon en la vida
de cariño, ejemplos y de mucho amor.
He tenido seis hijos a los que tanto adoro
y que me han dado ya hondas satisfacciones
que, al recordarlas, me llenan de las emociones
que constituyen mi más grande tesoro.
Y Dios me ha permitido a mis nietos conocer
y quererlos con un cariño inefable
que a veces se vuelve irresponsable,
pues desborda las fronteras del querer.
Por todo esto, ya puedo tranquilo yo morir,
agradeciendo con mis cantos al Creador
que ha rodeado mi vida del amor
que hace más placentero el existir.
Pues como tú lo sabes -y es Dios testigo-
este amor que desde antaño nos ha unido,
es lo más grande y precioso que he vivido
y por eso le agradezco dejarme envejecer contigo.
Y como quien tiene fe, todo consigue,
te voy a contar cuál es mi anhelo:
que, al morirnos, «tú seas mi estrella allá en el cielo
y yo un lucero errante que te sigue.»
Valledupar, 30 de diciembre de 1999