EL AMOR A DIOS
Para amar a Dios, hay que creer en Él y confiar en Su infinita misericordia. Sólo así podremos tener esperanza en una vida después de la muerte y eso le dará razón de ser a nuestra existencia; pues de lo contrario, ésta no sería nada diferente a la de los animales irracionales.
Pero, si por el contrario, creemos en la existencia de un alma inmortal que no sólo anima nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestro accionar, sino que también es la conciencia que nos señala las diferencias entre lo bueno y lo malo, deberemos esperar otra vida en donde los méritos logrados en el peregrinaje terrenal, nos permitan alcanzar la bienaventuranza eterna.
Y así, al creer firmemente en nuestra espiritualidad y en la vida eterna, habremos de aceptar -como razón de ser de todo el universo y de la vida misma- la existencia de Dios.
Dios es Uno y Trino; es decir, un solo Dios y tres Personas distintas: Creador, Redentor y Amor.
Como Creador es el Padre, como Redentor es el Hijo y como Amor es el Espíritu Santo.
Por amor Dios creó al mundo; por amor Dios nos redimió del pecado y nos dejó Sus enseñanzas y por amor también nos dejó Su perdón y Su gracia.
Todo en Dios es gratuito para el ser humano; nada de lo que Él nos da diariamente tiene nuestro mérito; todo es producto de Su bondad, de Su amor y de Su misericordia. Cómo, entonces, ¿no entonar cantos de amor, de alabanza y de agradecimientos a Él que todo nos lo ha dado?
Gustavo Rodríguez Gómez
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