SIN TIEMPO
”Todas las cosas tienen su tiempo y todo pasa en el término preciso.”
Eclesiastés
I
Caminando la otra noche por una calle oscura
una sombra me detuvo ante un portal
y me dijo: «Escúchame bien, hombre mortal,
es tiempo de lograr que tu alma aún sea pura.
«Y es bueno que te detengas un momento
para que te mires en el espejo de lo que fue mi vida
y así evitarás que el día de tu postrer partida
sufras por tus equivocaciones cruel tormento.
«Nunca en la vida me detuve ni un instante
para mirar como era de triste y pobre mi interior,
ni menos aún para elevar plegarias al Señor
rogándole paz para este ser itinerante.
«Creía que tenía tantas cosas por hacer
que no podía demorarme para orar,
nunca tuve tiempo, me debía de apresurar
pues tenía que cumplir con mi deber.
«Eran tantas las cosas que debía yo terminar
que no pude detenerme a decir una oración
y mucho menos a meditar en Su pasión
y en todo lo que Su mensaje me podía significar.
«No tuve tiempo para un momento de alegría
ni para hablar de Cristo con algún amigo,
ni para pensar que si Jesús fuera conmigo
habría alcanzado la paz que el alma ansía.
«Y si mencionaban a Dios en la conversación,
temía que las personas se fueran a burlar de mí.
Cómo pude Señor negarte de esa forma a Ti,
¡si Tú por mis pecados sufriste cruel pasión!
«No tuve tiempo para en Dios formarme
y por no tenerlo el tiempo se acabó
y el tiempo de entre mis manos se esfumó
y no tuve tiempo para con Él reconciliarme.
«Y cuando ante el Señor me presenté,
Él tenía en Sus manos El Libro de la Vida
y me dijo con mirada triste y afligida:
¿Qué hiciste con las gracias que un día te doné?”
Calló la sombra y se esfumó en la noche
mas, sin embargo, yo alcancé a notar
cómo una lágrima comenzó a rodar
formando de perlas el más hermoso broche.
II
Por eso, Señor desde este mismo día
tendré tiempo para dedicarlo a Ti,
porque yo sé que Tú siempre estás ahí
y eres mi mayor motivo de alegría.
Y te veré en cada hermano que esté necesitado
de ayuda o de consuelo, Oh Jesús mi Redentor
y lo atenderé como si fueras Tú mismo, mi Señor
que has venido a redimirme del pecado.
Gracias Señor por darme otra oportunidad
de entender que mi tiempo es todo tuyo
y por lo mismo humildemente intuyo
que éste es otro signo de Tu generosidad.
Que vienes amoroso a darme Tu consuelo
y que tengo tiempo aún de arrepentirme
y por eso hoy has venido Tú a decirme
que también para mí has preparado el Cielo.
Barranquilla, 21 de noviembre de 1990