CUENTOS – POESÍA – PROSA – OBRA PERIODÍSTICA – ENSAYOS

REMEMBRANZAS.

“Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver.”

Rubén Darío

Eran las épocas de “Ay cosita linda, mamá”;

las muchachas usaban medias tobilleras

y nosotros moríamos por las quinceañeras,

en las calles de la antigua Bogotá.

Los costeños que sabíamos bailar

éramos entonces los reyes de la fiesta;

apenas sonaba el primer acorde de la orquesta

y con nosotros ellas se apresuraban a danzar.

Era la época cuando aún se bailaba bolero

y lo aprovechábamos para abrazar a la pareja,

para cantarle muy quedo en la oreja

y decirle amorosamente un “te quiero”.

Ya para entonces no existía el tranvía

y la ciudad entera se modernizaba,

era la urbe que ya se perfilaba

como la metrópolis que un día sería.

Eran los tiempos de mi adolescencia

época la más feliz, quizás como ninguna,

cuando todavía se le cantaba a la luna

con mucha candidez y un poco de inocencia.

Fueron los años de la Sonora Matancera

y la Época Dorada de Los Panchos,

usábamos chaleco y pantalones anchos

y se llevaban monedas en la faltriquera.

Yo estudiaba en el Colegio San Bartolomé

y tú en El Claretiano de Cecilia de Cantor;

fue la época cuando naciera nuestro amor

y desde entonces y para siempre te adoré.

 

¡Ah! lejanos años que ya nunca volverán,

que felicidad tan grande la que nos depararon,

se fueron del todo y para siempre se alejaron

y sus dulces cantos nunca más nos arrullarán.

Fueron los años cuando te conocí

y me diste por siempre tu amor puro;

cómo podría imaginar que en el futuro

perdurara el amor que un día te di.

Estos versos, amada, que hoy escribo

me fueron inspirados por tu risa,

que un día llegó a mi alma como suave brisa

y que hoy años después, aún percibo.

Y me sirve de aliento para seguir luchando,

a pesar de que ya nos encontremos viejos

y se encuentre  también bastante lejos

la época en que te conocí, para seguirte amando.

Valledupar, diciembre 17 de 1999