- PROSA -
RETRATOS, PLEGARIAS, CARTAS Y ORATORIA,
ESCRITOS EN MOMENTOS DE MEDITACIÓN, DE NECESIDAD
O DE DESAHOGO Y, EN OCASIONES, HASTA POR PEDIDO.
GUSTAVO RODRÍGUEZ GÓMEZ
VALLEDUPAR, COLOMBIA
1994 al 2014
PREÁMBULO
Hay momentos en los cuales el ser humano necesita exteriorizar sus pensamientos; para eso, Dios le permitió descubrir inicialmente los lenguajes y posteriormente la escritura.
Expresar lo que uno siente no siempre es fácil; a veces, se nos presenta la dificultad de hacer coherente la palabra con la idea; en otras ocasiones, el problema surge cuando queremos poner por escrito esa idea y entonces el obstáculo aparece al pretender encontrar las frases lógicas, que les den vida a nuestros pensamientos. Es allí donde nuevamente Dios acude en nuestro socorro y nos ilumina y, entonces brotan, en algunas oportunidades raudas y fáciles y a veces sin tanta celeridad ni tanta comodidad, las palabras correctas, las frases coherentes, los párrafos inteligibles; es decir, la expresión del pensamiento lógico.
Cuando esto se logra, el ser humano se siente satisfecho y si lo que ha escrito es compartido con otras personas y hay consenso alrededor de las ideas expresadas, la satisfacción es mayor.
Claro está que si esto último -lo del consenso- no se da, sino que por el contrario hay controversia, el resultado del ejercicio filosófico es productivo; ya que a partir de allí se generarán nuevas ideas, otras formas de pensamiento, diferentes enfoques del mismo tema.
En conclusión, escribir siempre será un ejercicio que no sólo habrá de producir satisfacción al ser humano, sino que también -de alguna manera- lo hará crecer mentalmente un poco, no obstante Publio Ovidio Nasón -el magno poeta romano del siglo I a. C.-, en sus Pónticas, dijera: “Cuando me releo, me avergüenzo de haber escrito, pues veo cosas que, incluso a mis propios ojos de autor, merecen ser borradas.”
A pesar de la frase anterior -producto de una mente brillante, sí que también honesta- habría que decir que con la literatura pueden recuperarse, para otras personas, los momentos de plenitud de la existencia, no solamente del autor, sino también los del ocasional lector.
Por eso fue que algún escritor del Renacimiento, exclamó: “¡Todo lo que gusta, todo lo que place a nuestros sentidos de seres mortales, se debe a la gratuidad de las Gracias!”, para hacer mención a las mitológicas hijas de Zeus y Eurínome, -Áglae, la brillante dispensadora de la belleza; Eufrosine, la que alegra el corazón y Talía, la que hace florecer- las que prodigan todo cuanto hay de placentero y amable en nuestras vidas.
Gracias por leerme y acepta mis excusas por abusar de tu gentileza.
Cordialmente,
Gustavo Rodríguez Gómez
Valledupar, 1º de marzo del año de 1999
PARTE I
RETRATOS
EL RETRATO DE MI PADRE.
Hoy, hace 100 años, en un pueblito perdido en las agrestes montañas de Norte de Santander, llamado Teorama (por ventura, ¿será tierra de Dios?) y perteneciente a la provincia de Ocaña, nació un hombre lleno de paradojas: mi padre.
Hombre bondadoso, pero lleno de voluntad recia e inquebrantable; seguro de sus convicciones, respetaba la opinión de los demás, así no la compartiera; afable para dar consejos, se ponía iracundo cuando era testigo de alguna injusticia; a pesar de no haber tenido mayores estudios, poseía una vasta cultura, digna de un docto estudioso. Nunca traspasó las fronteras de la patria; más aún, sólo conoció la región nororiental de Colombia, de donde era oriundo, y parte de la costa atlántica y las riberas de nuestro gran río; sin embargo, nos hablaba de sitios remotos, más allá de los mares, con una propiedad tal, como si los hubiera visitado a menudo, como si hubiera vivido en ellos.
Recuerdo que, en mi infancia, allá por los años cuarenta, cuando en Cartagena aún no había alcantarillado sanitario, mi padre, que no era arquitecto ni ingeniero, diseñó y dirigió la construcción de nuestra casa y lo hizo tan bien que, entre otras cosas, la nuestra era la única casa de los contornos que no expulsaba aguas negras a la calle.
Hubo otra época, en Barranquilla, mediando los años treinta, en la cual incursionó, él que no era químico, en la producción de cosméticos; la que realizaba en un cuarto situado en la parte trasera de la casa y en el que, con la ayuda de mi madre y de mis hermanos mayores, convertía las materias primas necesarias en talcos para el cuerpo o en pintalabios o coloretes para el rostro femenino y otros menjurjes de los que habitualmente, y desde la antigüedad, ha utilizado el común de las mujeres para embellecerse. Estos productos luego eran distribuidos en la ciudad y por todos los pueblos situados en ambas márgenes del río Magdalena.
Sus creencias religiosas y políticas nunca le impidieron brindar su amistad a personas de noble carácter y ser ecuánime con ellas, así fueran de diferente parecer al momento de analizar una situación determinada.
Siendo muy joven mi padre, un adolescente apenas, murió mi abuelo, dejando una viuda y cinco huérfanos; el tercero de ellos era mi padre y, aun cuando no le tocaba hacerlo, lo hizo: echó sobre sus hombros la responsabilidad que significaba conducir el hogar paterno.
Nos enseñó, a mis hermanos y a mí, con el ejemplo. Nos decía que el verdadero hombre era aquel que sabía dominar, con fuerza de voluntad, todo aquello que le impidiera cumplir con su deber; aquel que sabía aceptar y cumplir sus responsabilidades y compromisos. Nos educó en el temor de Dios y en el respeto a las demás personas. Nos decía que si queríamos ser respetados, debíamos empezar por respetar a nuestro prójimo.
Nos inculcó el hábito de la lectura, como fuente del conocimiento y nos decía, con René Descartes, que quien leía conversaba con los antepasados. Fue nuestro mejor preceptor y el más invaluable guía de nuestras vidas.
A veces, en las tardes grises -acabo de acordarme de un poema que escribí a la vida-, siento un poco de envidia de mis hermanos mayores, pues ellos pudieron disfrutar mucho más de su presencia y de su compañía; pero todos, por igual, disfrutamos de sus enseñanzas, de su amor, de sus consejos, de su bondad; aún yo que, por ser el menor de sus hijos, lo perdí cuando me encontraba en la pubertad.
Recuerdo también que él me enseñó a jugar dominó, el juego de mesa por excelencia en nuestra región Caribe. Pero más que el juego en sí mismo, la mejor enseñanza que obtuve de esa experiencia fue la de aprender a jugar sin hacer trampas, saber aceptar cuando se pierde y aprender a administrar la sensación de alegría al ganar.
Tampoco olvidaré su felicidad y su rostro desbordante de orgullo, aquella tarde de sábado cuando, al regresar de su trabajo, me encontró leyendo; cuando le demostré que ya podía leer de corrido, su alegría fue indescriptible. A partir de allí, guió con sapiencia y prudencia mis lecturas y me enseñó a sumergirme en el maravillo mundo de la literatura.
Hoy me pregunto, ¿hace noventa años, cuando mi padre era todavía un niño o hace ochenta, cuando ya había tenido que enfrentarse a las responsabilidades de la vida adulta, siendo aún un individuo joven, qué pensamientos cruzarían por su mente, respecto a la vida?, ¿se interrogaría sobre su propio futuro?, ¿se preguntaría cómo serían sus hijos?, ¿haría ya planes sobre cómo educarlos? Es que él fue un hombre tan responsable, tan metódico en su quehacer diario, que no me extraña que, para ese entonces, ya estuviera planificando su futuro.
Mi padre murió muy joven; sólo contaba 56 años, cuando una enfermedad traicionera y para la cual todavía no se conocía cura –estábamos en el año 1950- nos lo arrebató, sumiéndonos, a mi madre, a mis hermanos y a mí, en la tristeza y en la desesperación; se fue, dejándonos sin su presencia, su amor, su bondad, sus enseñanzas, sus edificantes consejos…
Por eso, cada día, como la marca que se hace en la corteza de un árbol, la huella que mi padre imprimiera en mi alma, se ahonda más y más; pero, no obstante y aunque lo añoro y, al recordarlo, me invade la nostalgia, debo agradecer cada día al Creador, por haberme dado el mejor padre del mundo.
Entonces, padre mío, este recuerdo que te dedico, lo escribo hoy en el primer centenario de tu nacimiento y encierra todo el amor, la admiración y el respeto que siempre sentí por ti y que, con el paso del tiempo, se acrecientan en mi alma más y más.
Valledupar, 22 de septiembre de 1994
EL RETRATO DE MI MADRE.
Hoy hace cien años, nació mi madre. El hecho ocurrió en un pequeño pueblo, perdido en las estribaciones de la cordillera oriental colombiana, llamado en ese entonces La Cruz, pero que después fue rebautizado como Ábrego, en honor a una de las heroínas de la Independencia. Mi madre fue la octava de catorce hijos que tuvieron mis abuelos. Mi memoria se pierde entre las telarañas del recuerdo, cuando trato de rememorar las historias que, en mi infancia, mi madre nos contaba sobre su niñez y su adolescencia. Sólo logro recordar que mi abuelo, llamado Luís Gómez, era músico y, como tal, dirigía las retretas dominicales que la banda del pueblo ejecutaba después de la misa de ocho de la mañana. En honor a él, mi tía menor se llamó Luisa, al igual que mi única hija mujer. Recuerdo también que, en ocasiones, mi madre me contaba que cuando pequeña, viviendo en una aldea perdida en las montañas, su educación se limitó a los conocimientos fundamentales de lectura, escritura, operaciones aritméticas básicas, un poco de historia y geografía, bordado y, por consiguiente, algo de música.
Cuando mi madre tenía 16 años, se casó con mi padre; quien, a la sazón, comerciaba en la Provincia de Ocaña y, dentro de su labor mercantil, tenía como uno de sus puntos de referencia, el municipio de Ábrego. Ya casados, mi padre y mi madre viajaron hacia Teorama, de donde era oriundo mi padre y en donde tenía el compromiso ineludible de velar por su hogar paterno, que había quedado bajo su cuidado desde la muerte del padre de él. Allí nacieron sus primeros hijos; después se trasladarían a Barranquilla, en donde nacimos los hijos menores.
Bien pronto la vida probó en el crisol del dolor el temple del alma de mi madre. Apenas tenía veinte años cuando perdió al mayor de sus hijos varones, nacido en el segundo parto, el cual fue doble; el niño sólo tenía once meses de edad cuando una enfermedad infantil lo mató. Dos veces más, mi madre habría de sufrir la misma pena: dos niñas, una de trece meses de edad y otra, recién nacida, morirían, en un intervalo de cuatro años, sumiendo en el dolor a mi padre y a mi madre.
No obstante, la mayor pesadumbre estaba por venir; ya habían transcurrido veintidós años desde que se casaran mis padres, ya habían pasado tres años desde cuando naciera yo, el último de sus hijos y las aguas del río de la vida, hacía mucho tiempo habían tomado un cauce normal en el hogar. Una mañana amaneció enfermo el tercero de los hijos varones y el segundo supérstite, quien entonces contaba trece años de edad y, aun cuando mi padre corrió a llevarlo donde el médico, la enfermedad fue superior a la práctica médica de la época y a las oraciones de mi madre, quien con fervor y una fe absoluta rogaba a Dios por la salud de mi hermano. Todo fue inútil, tres días después, Luís Eduardo murió. A partir de ese día, mi madre vivió sumida en el dolor, su alegría natural se borró de su semblante y aun cuando, con el paso de los años, retomó la costumbre de cantar en las mañanas, mientras hacía los oficios caseros, ya nada volvió a ser igual. Pese a mi corta edad, recuerdo que, a partir de ese momento, el dolor entró en la casa y se aposentó en ella.
Ocho años habían pasado desde la muerte de mi hermano y ya vivíamos en Cartagena, cuando se le detectó a mi padre, un hombre de apenas cincuenta y seis años de edad, un cáncer que nos lo arrebató en pocos meses. Tratar de pintar el dolor de mi madre, pretender describir el abatimiento que se dibujaba en su rostro, es imposible. Años después, ella le contaría a mi esposa cómo fue de terrible la desolación que vivió en esos días, cómo sintió que el dolor le taladraba las fibras del alma, cómo sentía que todo había dejado de tener importancia; hasta el mismo porvenir había perdido toda trascendencia para ella. En esos momentos de inmenso dolor, sólo el cadáver de mi padre tenía algún significado para mi pobrecita madre, quien sentía -fueron sus propias palabras- “… como si el mundo se extinguiera poco a poco; como si los sonidos se apagaran y las luces perdieran la capacidad de permitir percibir la forma de las cosas; como si todo se hubiera convertido en esa línea que dibujaban, en esa triste mañana de su vida, los despojos mortales de su amado esposo y que representaban, en ese horrible momento, la única realidad tangible para ella…” Sin embargo, cuando reaccionó y vio que todavía tenía unos hijos pequeños a quienes criar, unas hijas jóvenes por quienes velar y un hogar que conducir, se armó de valor y poniendo su dolor y su tristeza a un lado, durante el día guiaba el hogar con la misma fuerza y el mismo amor con el cual lo habían conducido mi padre y ella, durante los treinta años que habían estado casados, dejando las noches y los amaneceres para llorar de manera inconsolable al amor de su vida.
Recuerdo una mañana, muy de mañana me desperté y, como era usual, fui al cuarto de mis padres. La sorpresa fue grande al tomar conciencia de la muerte de mi padre y notar que mi madre no estaba. Salí al patio, cuya puerta estaba abierta y mirando hacia el fondo, encontré a mi madre sentada en unos maderos que mi padre había arrumado en ese sitio, pensando en hacer un corredor a la salida del patio, pero que la traicionera enfermedad que nos lo quitó, impidió que lo hiciera. Me acerqué y la encontré anegada en llanto; cuando le pregunté por qué lloraba, me dijo:
-¡Ay, mijito!, no voy a tener vida suficiente para llorar a tu padre muerto. Si supieras cómo lo extraño, cómo me hace falta. Ya mi vida no volverá a ser igual sin él.
No tuve palabras para consolarla y lo único que se me ocurrió fue abrazarla y decirle lo mucho que la quería, mientras mis lágrimas se mezclaban con las de ella. Sacando valor de su dolor, se levantó y me dijo:
-No le vayas a decir a nadie que me encontraste llorando.
Ese fue nuestro gran secreto. Nunca, mientras ella vivió, lo develé. Hoy, cuando la nostalgia se resiste a dejarme, lo cuento porque sé que no es una infidencia, sino una hermosa rememoración sobre el carácter de mi querida madre.
Enseguida que le prometí guardar silencio al respecto, entró a la casa y se puso a hacer el desayuno. Así era ella, fuerte, decidida, valerosa y, de la misma manera como amaba a su esposo, cuidaba a sus hijos. Siempre estuvo pendiente de cada uno de nosotros. Siempre tenía tiempo para oír las cuitas de cada cual; siempre estaba preocupada por el hijo que tardara en llegar en las noches, siempre desvelada por el hijo que enfermara, siempre vigilante por la tranquilidad y el bienestar de todos nosotros. Siempre preocupada por sus hijas. Y aún le quedaba tiempo para aconsejarnos en nuestras vicisitudes naturales de la vida.
Durante mi adolescencia, ya viviendo en Bogotá, fue mi confidente; ella sabía de mis amores; era la primera en enterarse -aún antes de yo decírselo- que tenía novia nueva. Cuando le preguntaba cómo lo sabía, siempre me decía: “Por el brillo de tus ojos.” Por supuesto, fue mi madrina de matrimonio y la de bautizo del mayor de mis hijos y, aún casado, no dejó nunca de aconsejarme, de guiar mis pasos por el sendero del bien, sin parar mientes para recurrir al regaño fuerte si era necesario.
Por eso, cuando en forma discreta, como había sido su existencia, sin darle molestias a nadie, murió mi madre, después de haberle sobrevivido dieciséis años a mi padre, yo sentí también morir. El dolor atenazó mi alma; en ese momento, todo pasó a segundo plano. La vida se me redujo al hecho de contemplar el cuerpo exánime de mi madre; a sentir el dolor que significaba perderla para siempre y no volver a escuchar sus consejos llenos de amor, de comprensión, de paciencia y de bondad, no volver a verla sonreír ante la gracia de los nietos ni volver a escucharla cuando entonaba, con sentimiento y dulzura, aquellos cantos melodiosos, aunque lastimeros, con los que rememoraba a mi padre muerto. Esa mujer que yacía frente a mí, había sido el parangón del amor, el sinónimo de la bondad, la equivalencia de la abnegación y, ya nunca más, volvería a contemplarla en su quehacer diario, sonriendo ante la belleza de la vida o aconsejando a otras personas o escuchando con paciencia las penas de quien buscara una frase de consuelo para sus tribulaciones o acariciando a sus pequeños nietos.
Sentado frente al féretro de mi madre, recordé mi infancia llena de ternura, feliz al lado de mis padres y hermanos; infancia entristecida solamente por la muerte temprana de mi padre: el primer golpe artero y fatal que el destino me propinara y que, ahora, repetía; luego recordé la adolescencia, guiado siempre por los tiernos consejos maternales salpicados, a veces, de cariñosos regaños cuando me desviaba de los preceptos del hogar, heredados de las pautas trazadas en vida de mi padre; época feliz que, en ese momento, llegaba a su fin.
Pero cuando vino el momento de la inhumación, la realidad volvió a tomar su lugar; no se trataba de un sueño ni de una pesadilla, no. Era real y me estaba sucediendo a mí: ese ataúd que estaba siendo introducido en la fosa, contenía el cadáver de mi madre. El ser que tanto me había amado en la vida, quien me apoyara con abnegación en los momentos difíciles, quien me diera amor en los ratos de tristeza, consuelo en el dolor y comprensión ante el error, se iba, y para siempre. A partir de ese momento sólo viviría el recuerdo de su amor, de su bondad, de sus enseñanzas, de sus ejemplos, de su vida inmaculada. Tesoros éstos que, desde entonces, han iluminado mi existencia y me han servido para continuar en este terreno peregrinar.
No obstante, en las tardes, grises, el dolor atenaza mi alma y te recuerdo, madre mía.
Valledupar, 14 de enero del año 2004
PARTE II
ORACIONES
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD.
¡Oh Dios, Todopoderoso y Eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo; Trinidad Santa que eres un solo Dios, Único, Omnipotente, Misericordioso y Bueno! Infinitas gracias Te doy, Señor, por todos los favores recibidos de Tu Divina Providencia; por Tu amor y Tu bondad al darme todo lo que soy y todo lo que tengo, así como también por tantas muestras de Tu generosidad y de Tu misericordia al prodigarme amor y consuelo en los momentos de dolor o de tristeza; paciencia, resignación y esperanza, en los instantes de amargura, de angustia y de desesperación. Pero, por sobre todo, Señor, Te doy gracias por ser mi Creador, mi Redentor y mi Espíritu de Amor, de Vida y de Paz; por dejarme Tu perdón y Tu Gracia en los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía.
¡Dios mío!, perdóname mis pecados, perdóname mis ofensas, perdóname mis iniquidades. Son múltiples y constantes. Tú bien lo sabes.
¡Oh Señor!, me arrepiento y me duele haberte ofendido, por ser Tú quién eres y porque Te amo sobre todas las cosas; hasta el punto de que preferiría perderlas todas, antes que ofenderte nuevamente.
¡Señor!, ayúdame a buscar y encontrar el camino que me conduzca a Ti, que reconozca mis pecados y busque y encuentre la oportunidad de confesarlos al sacerdote y arrepentirme de haberlos cometido, para así obtener, por su intermedio, Tu perdón y, ya reconciliado Contigo, pueda acercarme al Banquete Eucarístico para alimentarme con Tu Cuerpo y con Tu Sangre y llenarme de Tu Gracia y, así, poder resistir al pecado; aprender a amar y a perdonar a mis enemigos y a quienes me ofendan; aprender a amar a los necesitados de ayuda o de consuelo y a ser generoso con ellos; aprender a amar, a comprender, a respetar y a perdonar a quienes piensan u obran diferente a mí; para, así, Señor convertirme en instrumento de Tu Amor y de Tu Paz y en mensajero de Tu Palabra; ya que sólo así, Señor, podré vivir de acuerdo a Tus Mandamientos y a Tu Evangelio.
¡Oh Jesús!, Tú que conoces mis necesidades materiales, pues cada día Te las cuento y Te abrumo con ellas, ayúdame a encontrarles solución de acuerdo a Tu voluntad y no a la mía. Que comprenda que todo lo tengo y todo lo alcanzo en la vida, gracias a Tu amor, a Tu bondad, a Tu generosidad y a Tu misericordia y nada es mérito mío. ¡Oh Señor!, haz que cada día aumenten en mí la fe, la esperanza y el amor hacia Ti y no permitas que nada ni nadie, hagan disminuir en mi alma esos sentimientos hacia Ti, Dios mío y Señor mío.
Te pido, Señor, derrames Tus bendiciones sobre mi hogar y el hogar de cada uno de mis seres queridos, a quienes Tú bien conoces; para que, por Tu Divina Voluntad, en cada uno de esos hogares, reines Tú, con Tu amor, Tu bondad, Tu generosidad y Tu misericordia infinitos y reinen la Fe, la Esperanza y la Caridad; para creer y esperar en Ti de manera absoluta, amarte y no volver a ofenderte y, también, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y, por Tu generosidad, lograr que en cada uno de esos hogares haya paz, tranquilidad, amor, armonía, comprensión, respeto mutuo, tolerancia, salud, tranquilidad y bienestar.
Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Valledupar, 15 de julio de 1997
ORACIÓN FÚNEBRE
ANA ELVIA MARIN DE ENCISO
In memoriam
(*) Villapinzón, 13 de agosto de 1916 (+) Valledupar, 26 de febrero de 1998
Sicut nubes, quasi naves, velut umbra…
He tomado en préstamo el epígrafe que Amado Nervo colocara al poema que dedicó a Tomás de Kempis, en donde dice, entre otras cosas, que todo en la vida del hombre pasa -y él mismo pasa también- en forma leve, “como las nubes, como las naves, como las sombras…”, para contrastar la vida de Ana Elvia Marín de Enciso, quien no pasó por el mundo en forma leve, pues ella dejó tras de sí huellas imborrables de amor, de ternura, de ejemplo, de consejo…
Fue abnegada en el sacrificio, paciente en la adversidad, recia en la formación de sus hijos, tolerante con las opiniones ajenas; mas, convencida de las propias, supo defenderlas con ahínco, sin alterarse, ni dejar de concederle la razón a quien la tuviera.
Dejó huellas en su hogar; en el hogar de cada uno de sus hijos y en el hogar de los hijos de sus hijos; pues, bondad divina, alcanzó la edad provecta y vio nacer y crecer hasta su cuarta generación.
Dejó tras de sí, por doquier, en sus demás familiares y amigos, rastros de bondad.
Hoy, que ya ha desaparecido, deja a sus descendientes un legado inquebrantable: un nombre sin mancha, las enseñanzas de una vida ejemplar, el recuerdo de sus consejos y el consuelo de una vida inmortal, que trasciende este peregrinar terreno… Al recordar el primer mes de su fallecimiento, elevemos una plegaria al Todopoderoso para que ya “la haya admitido a contemplar la luz de Su rostro y a gozar de la plenitud eterna de Su gloria”.
Es el deseo cristiano de su yerno.
Valledupar, 26 de marzo de 1998
ORACIÓN DE AMOR Y DE AGRADECIMIENTO PARA CECILIA, MI ESPOSA.
Este amor que nos ha unido durante más de cuarenta años, lo hemos sabido conservar vivo con el paso del tiempo y es el mejor fruto que podemos ofrendarle a la vida y a nuestros hijos: Gustavo Adolfo, Rafael Guillermo, Álvaro Enrique, Oscar Alejandro, Daniel Humberto y Luisa Fernanda; con quienes hemos compartido nuestros sueños, a quienes hemos comprendido en las incertidumbres y para quienes hemos tenido siempre una voz de aliento en las naturales vicisitudes de la vida y quienes, comprendiendo nuestra naturaleza humana, entienden nuestros errores, se abstienen de juzgarnos y nos rodean de su cariño. Nuestros hijos, por quienes hemos luchado con denuedo y quienes han constituido nuestro mayor motivo de felicidad y de envanecimiento y para quienes nos hemos convertido, tal vez, en el espejo en el cual ellos quisieran ver reflejada su existencia. Por todo esto, ésta es la mejor oportunidad para celebrar las remembranzas del pasado, vivir las alegrías del presente y aguardar con fe las esperanzas del futuro.
Perdona los sufrimientos que te haya podido ocasionar; mi arrepentimiento, te lo aseguro, es sincero; cada dolor que te he causado durante todo este tiempo, ha terminado doliéndome más a mí; pues tú, con tu inmensa capacidad de comprensión y perdón, terminas olvidando prontamente la ofensa; en tanto yo, la cargo en mi conciencia para siempre.
Gracias por toda la felicidad que me has deparado, por todo el amor que me has brindado y por tanta comprensión que me has tenido. Gracias también por el tesonero esfuerzo con que me has ayudado a sustentar nuestro hogar, el cual sin duda alguna, es el reflejo fiel de tu perseverancia y de tu inmenso amor. Recibe mi gratitud junto con mis anhelos porque este remanso de paz y tranquilidad se prolongue por el resto de nuestros días; en donde el amor, el entendimiento y el respeto nos acompañen siempre, iluminando nuestro peregrinar hacia la vida eterna.
Con todo el amor de tu esposo.
Valledupar, 24 de diciembre del año 2000
ORACIÓN FÚNEBRE EN EL ANIVERSARIO DE UNA AMIGA
Al irte, dejaste en el alma de todos, quienes te quisimos y tú quisiste, un vacío que hoy, un año después de tu partida a la Mansión celestial, crece cada día más, como crecen las sombras de las palmeras en los atardeceres marinos.
Tu presencia sigue viva en el corazón de cada uno de nosotros. Tu bondad, tu alegría, tu prodigalidad, todas tus virtudes, nos hacen extrañarte más aún.
Para nosotros, no se fue la amiga de unos, o la hija, la hermana, la cuñada, la tía de otros. No, se fue la amiga de todos, la persona que siempre tuvo una voz de aliento para quien la necesitara, una sonrisa para festejar la alegría de los demás, una lágrima para acompañar en su dolor al afligido. El alma bondadosa que, sin importar las circunstancias del momento, ayudó al desvalido, aconsejó al atribulado, consoló al triste.
Vamos a necesitar muchas vidas para poder olvidar tu grandeza de alma. Desde donde estás, gozando de la bienaventuranza eterna, ruega a Dios por todos nosotros, para que Él nos dé resignación por tu partida, fe en la aflicción, esperanza en Su misericordia y mucho amor para que vivamos como tú viviste.
Tus padres, hermanos, cuñados, sobrinos y todos tus amigos, te brindamos este pequeño, pero sincero y cariñoso homenaje.
Valledupar, 7 de noviembre del año 2004
PARTE III
CARTAS
CARTA ABIERTA A NUESTROS HIJOS.
(Basada en las palabras de un sacerdote amigo)
Amados hijos, amada hija:
Cuando su madre y yo, estemos ancianos y ya no podamos ni con la existencia, por favor, téngannos paciencia y sean tolerantes con nuestras necedades, propias de la vejez.
Cuando ya, cargados por el peso de los años, hayamos olvidado las normas de la etiqueta y no seamos capaces de llevarnos los alimentos a la boca y terminemos por derramar la comida sobre el vestido u olvidemos como hacer las cosas, téngannos paciencia y mucha tolerancia; recuerden las horas que pasamos, su madre y yo, enseñándoles las cosas de la vida.
Si cuando conversen con nosotros, seamos reiterativos en nuestras expresiones y saben de sobra como acaban, no nos interrumpan, escúchennos y téngannos paciencia; pues cuando eran pequeños, en sus noches de insomnio, teníamos que repetirles cada oración, la misma canción o el mismo cuento, una y otra vez, hasta que el sueño los venciera, muchas veces sin importar la hora ni las ocupaciones del día siguiente.
Cuando estemos reunidos y, sin querer, cometamos algún desaguisado, no se avergüencen y comprendan que no tenemos la culpa de ello; debe ser, tal vez, que ya no podemos controlarlo. Piensen cuantas veces, cuando eran pequeños, les sobrellevamos su desconocimiento de las cosas y les ayudamos y estuvimos pacientemente a su lado, esperando a que terminaran e hicieran correctamente lo que estaban haciendo.
Cuando no seamos capaces con algún artefacto nuevo e ignorantes ante el avance de la ciencia y de la tecnología, que ya se nos dificulta entender, nos enredemos, les suplicamos que sean tolerantes y nos den todo el tiempo que sea necesario; para, así, no lastimarnos con algún desacato. Acuérdense que fuimos nosotros quienes les enseñamos tantas cosas en la vida. Porque, comer, vestirse y entender la existencia tan bien como lo hacen son, en parte, el producto de nuestro esfuerzo y nuestra perseverancia en su formación.
Cuando en algún momento, durante nuestra conversación, nos olvidemos de lo que estábamos hablando, dennos el tiempo que se requiera para que recordemos y, si no podemos hacerlo, no se impacienten; tal vez no era importante lo que queríamos decir y lo único que deseábamos era tener un momento de conversación y un pretexto para gozar de su presencia.
Si alguna vez no queremos comer, no nos insistan; nosotros sabremos cuándo podremos y cuándo no deberemos hacerlo, mas también cuánto necesitamos comer. Porque, con el tiempo, también comprenderemos que habremos perdido, no solamente los dientes para morder; sino el gusto para saborear.
Cuando las piernas nos fallen por tenerlas cansadas para andar e, incluso, se nos dificulten dar los pasos más leves, por favor ayúdennos con sus manos tiernas para apoyarnos; tal como nosotros lo hacíamos con ustedes, cuando comenzaban a caminar con sus débiles piernas, pequeñas e inexpertas.
Cuando algún día nos oigan decir, a su madre o a mí, que ya no queremos vivir y sólo desearíamos morir, no se enfaden ni nos malinterpreten; algún día entenderán que eso no tenía nada que ver con su cariño ni con el inmenso amor que siempre les profesamos y mucho menos con nuestra fe y nuestro credo en Dios Todopoderoso.
Recuerden que siempre quisimos lo mejor para cada uno de ustedes -nuestros amados hijos y nuestra amada hija- y por eso preparamos el camino que les ha tocado recorrer. Piensen entonces que, con este paso ineluctable de la vida y de la muerte, no hacemos otra cosa que prepararles otra ruta en otro tiempo; pero siempre, pensando en lo mejor para cada uno de ustedes, nuestros hijos y nuestra hija.
Por último, cuando ya seamos inútiles para valernos por nosotros mismos o las enfermedades nos agobien de tal manera, que no seamos más que una pesada carga para ustedes o, simplemente, la vejez se haya apoderado de nuestra existencia, no se deshagan de nosotros enviándonos a algún asilo, en donde la soledad y la tristeza nos abrumen. Más bien, téngannos paciencia y ayúdennos a sobrellevar las adversidades de la vida y a prepararnos para una pronta y santa muerte, si esa es la voluntad de Dios.
No se sientan tristes, enojados o impotentes, cuando nos vean así.
Dennos su corazón, compréndannos y apóyennos; así como nosotros lo hicimos cuando empezaban a vivir. Dennos su amor y téngannos paciencia que nosotros les devolveremos gratitud y sonrisas con el inmenso amor que siempre les hemos tenido a ustedes, cada uno de nuestros cinco amados hijos y nuestra amada hija…
Todo esto, se los decimos, ahora, cuando todavía tenemos la mente lúcida, el corazón joven y la salud, si no total, al menos aceptable. Y, por favor, no lo tomen como un reproche ni como un vaticinio cargado de pesimismo. No, es simplemente el gemido lleno de nostalgia que se desprende de un par de almas que los han amado hasta el infinito, sin reservas ni dobles intenciones y que saben -ese par de almas que, por voluntad del Cielo y por el inmenso amor que les hemos profesado a ustedes, hoy ya son una sola– que ustedes, nuestros hijos y nuestra hija, son el reflejo en ese espejo, que su madre y yo, hemos venido bruñendo desde el primer día en que supimos que nos amábamos.
Con todo el amor y las bendiciones de su padre y de su madre.
Valledupar, 16 de octubre del año 2000
CARTA ABIERTA A SU EXCELENCIA REVERENDÍSIMA,
MONSEÑOR AGUSTÍN VALBUENA JÁUREGUI, OBISPO DE VALLEDUPAR
De mi mayor consideración.
Reciba un respetuoso saludo y mis deseos porque el Señor le conceda salud, paz y tranquilidad y lo ilumine para que pueda seguir guiando a su Grey por el camino que la conduzca hacia Él.
Cuando la Corte Constitucional, en malhadada hora, quitó el freno legal al aborto y lo despenalizó, los cristianos nos sentimos ultrajados en nuestros más caros valores; más aún, a algunos de nosotros nos pareció que el edificio de la moral se resquebrajaba; pues cuando la Ley permite que los individuos dispongan de la vida de otros y, amparados por ella, quede impune su crimen (a las cosas hay que llamarlas por su nombre), el principio vital comienza a perder su valor esencial y el ser humano en una pretensión, inspirada por la soberbia, intenta equipararse a Dios, el único y verdadero dueño de la vida.
Es por eso que los laicos queremos poner nuestro aporte en esta lucha, en la cual el clero no puede estar solo. De ahí que, abusando de su bondad, me atreva a enviarle fotocopia del artículo, que gentilmente me publicara el diario El Pilón en días pasados. En él, y basándome en las enseñanzas de la Iglesia, bebidas en el hogar paterno y reforzadas por los padres jesuitas, y con la autoridad de hombre de bien, católico practicante, padre de familia, profesional dedicado a la Academia por más de treinta años, rechazo el hecho de que unas personas, prevalidas del poder y la posición que ocupan, tomen decisiones a nombre de todo el pueblo colombiano; decisiones éstas que atentan contra el sagrado derecho a la vida, el cual sólo Dios posee y ningún padre o madre, por el mero hecho de la gestación, puede arrogárselo; y ni que decir de un médico que circunstancialmente atiende el caso, pero que es totalmente ajeno al problema socio familiar que afrontan los interesados y que, de todas maneras, en forma alguna puede disponer de la vida de otra persona.
Es claro que esta decisión de la Corte afecta principalmente a las mujeres de escasos recursos económicos; ya que ellas por obvias razones, al haber tenido menor acceso a la educación, son más vulnerables mentalmente y, por eso, es nuestro deber de ciudadanos y cristianos, hacer frente común contra esa aberrante posición de la Corte, la cual abre una brecha, insospechada aún, de muerte a criaturas indefensas que, aun cuando no pidieron vivir, ya adquirieron el derecho a la vida.
Con mi solicitud respetuosa por su bendición para mí y mi familia, me suscribo, atentamente.
Valledupar, 2 de agosto del año 2001
CARTA A UNO DE MIS NIETOS
(En momentos de rebeldía, dada su juventud)
Mi querido nieto:
Recibe un abrazo cariñoso y tierno de tu abuelo que te quiere y desea solamente tu bienestar.
Esta es la primera vez que le escribo a alguno de mis nietos y es precisamente a ti a quien lo hago. Cuánto me hubiera gustado haberlo hecho antes y por razones diferentes. Pero no importa, la ocasión bien lo amerita y además lo considero como un deber de mi parte.
En mi última ida a Barranquilla observé, con mucho orgullo de abuelo, que has crecido físicamente y madurado mentalmente; pero, todavía (y esa es la parte triste), te falta desarrollo espiritual; porque la estatura espiritual de un individuo no se aquilata por la cantidad ni la calidad de sus conocimientos; sino que se mide por su pequeñez de alma.
Al fin y al cabo, el mismo Jesucristo nos lo dijo: “…si no os hacéis como niños, no entraréis al reino de los cielos…”, para significarnos que debemos de ser humildes y mansos de corazón; tanto que en una de Sus bienaventuranzas así lo expresó. La altivez y la arrogancia ofenden a Dios, porque ellas son lo más cercano a la soberbia, el peor de los pecados ante Sus divinos ojos. Es probable (ojalá yo esté equivocado) que estas palabras te digan muy poco o no te digan nada; sin embargo, me atrevo a decírtelas porque a mis años estoy convencido, no solamente de la existencia de Dios; sino también de que si Él no existiera, la vida de los seres humanos no sería muy diferente de la de los animales irracionales, cuyo único fin en este mundo es nacer, crecer, multiplicarse y morir.
No obstante, nosotros los humanos, que tenemos racionalidad, libre albedrío y un alma inmortal, logramos encontrarle a nuestras vidas una misión más alta y noble, al aceptar la existencia de Dios y de una vida más allá de la muerte.
Pues bien, dentro de este orden de ideas, las personas nos guiamos en nuestras relaciones por una serie de normas, en las cuales tú te estás preparando: el Derecho. Pero, además, tenemos otras leyes que debemos seguir, si queremos vivir en paz con Dios, con los demás y con nosotros mismos: ellas están compendiadas en los Diez Mandamientos, en los cuales, si te pones a analizarlos, encontrarás una verdadera sinopsis de buen comportamiento individual.
Dicen quienes han logrado cumplirlos (y con su vida ejemplar así lo han demostrado) que no hay placer más grande en la vida que saberse depositario de una conciencia tranquila; es decir, una conciencia en paz con el Creador; pues, si nos atenemos a la historia del pueblo hebreo, Él fue el verdadero remitente de dichas normas. Una de las cuales dice: “honrarás a tu padre y a tu madre”, lo cual significa que debemos acatarlos, respetarlos y amarlos incondicionalmente; ahí no dice “honrarás a tu padre y a tu madre, siempre y cuando ellos sean buenos contigo, cuando no te regañen ni te llamen la atención, cuando te complazcan en todo lo que les pidas, etc.”
No. Allí no hay condicionamientos de ninguna especie; eso quiere decir que todo padre y toda madre, inclusive aquellos padres que no quieren a sus hijos, aquellos que los maltratan, los que los abandonan, los que los traicionan, los que los niegan y tantos otros malos padres y malas madres que existen, también deben ser acreedores al amor, al respeto y a la veneración de sus hijos; los cuales ni siquiera deben cuestionar a sus progenitores. Un hombre puede criticar a quien quiera, puede vituperar a quien se lo merezca, está en el derecho de despreciar a quien él así lo considere, puede renegar de su patria, de sus ideas políticas y filosóficas y hasta de sus mismas creencias; pero jamás podrá hacerlo de quienes le dieron el ser.
En estos momentos de tu vida, tú estás pasando por una edad en la cual (no olvides que yo también tuve tu edad) el ser humano cree que lo tiene todo; al fin y al cabo goza de cierta independencia, es capaz de valerse por sí mismo para muchas cosas, ha alcanzado cierto grado de culturización, ya puede disfrutar de las mieles del amor y aceptar sus sinsabores y, por eso cree, equivocadamente, que ya es depositario de la verdad absoluta, que todos podrán caer en el error, menos él, que tiene el mundo rendido a sus pies; en fin, se llena uno, a veces sin quererlo y sin saberlo, de una soberbia rayana en la pedantería y la altanería; y, entonces, muchas veces sin quererlo y sin saberlo, dice o hace cosas de las cuales después se arrepiente.
Y eso es bueno. Porque el arrepentimiento nace de la humildad, de la compunción, de la certeza de que hemos obrado mal y, por consiguiente, la contrición nos enaltece. Lo malo ocurre cuando persistimos en nuestra soberbia, en nuestro orgullo; porque podemos caer fácilmente en la egolatría.
Todo lo anterior, mi querido nieto, te lo digo para significarte que, en sana lógica, los hijos vivimos más que nuestros padres; es decir, nuestra vida trasciende la de ellos. Entonces, cuando les llega la muerte, cada hijo queda sin la presencia, sin los consejos, sin las caricias de sus queridos viejos y si, cuando vivieron a nuestro lado, no supimos aprovechar ese tesoro, después el remordimiento puede agobiarnos y, al vernos imposibilitados para corregir la situación, el sufrimiento será mayor.
Pero aunque así no lo fuera, ¿no es suficiente el deberles la vida, para que por ese mero hecho los veneremos? ¿No son suficientes sus desvelos en nuestra niñez, sus preocupaciones ante nuestras enfermedades y su solicitud por nuestro bienestar, para que les prodiguemos todo nuestro amor? ¿Acaso su sola mayoría de edad no motiva el respeto? Coherente con estos pensamientos que te he ido desgranando en esta carta, cuando tuve la dicha de tener vivos a mis viejos, jamás, ¡óyelo bien!, jamás les causé tristeza o dolor y mucho menos recuerdo haberlos irrespetado; tal vez por eso, cuando Dios me los quitó, pude soportar y aceptar el hecho con resignación y, sin ponerme a llorar o a lamentar su muerte, más bien me dediqué a formar en mi corazón un altar en donde pudiera continuar amándolos y respetándolos, como cuando vivían; para, así, poder venerar fielmente su memoria. Y esa veneración ha llegado a convertirse en uno de mis tesoros más preciados.
Te anexo algunas cosas que he escrito -unas ya publicadas, otras inéditas- sobre estos aspectos que me he tomado la libertad de exponerte, seguro de que sabrás asimilarlas y, lo más importante, ponerlas en práctica.
Es probable que al principio, en su primera lectura, esta carta te cause disgusto o malestar; pero si la vuelves leer, con seguridad le hallarás el sentido del recto proceder y, entonces, estarás deseoso de seguir sus lineamientos; los cuales han salido del corazón y del alma de quien bien te quiere. Cuando hayas asimilado su contenido y su propósito, dales a tu papá y a tu mamá el abrazo y el beso más fuerte y cariñoso que albergues en tu corazón que, aunque ya es el de un adolescente, todavía es capaz de contener la ternura y la inocencia de un niño. Recibe la bendición y todo el cariño de tu abuelo.
Valledupar, 3 de octubre del año 2002
Al CÍRCULO DE PERIODISTAS DE VALLEDUPAR (Dirección de Premios)
Reciban un cordial saludo y mis deseos por el éxito de su obra en pro de la difusión de la información, dentro de un marco ético y moral que propende por la búsqueda de la verdad.
Es para mí muy placentero atender su gentil invitación a participar en los premios C.P.V. Sirena Vallenata, versión 2002 – 2003, en la modalidad de Prensa, en mi condición de columnista habitual de El Pilón, para lo cual me permito remitirles la serie de crónicas sobre Colombia y las aspiraciones de los entonces candidatos a la Primera Magistratura en las pasadas elecciones presidenciales y el resultado de las mismas, tema por demás interesante en ese momento crucial de nuestra historia nacional.
¿Por qué elegí como título «La Parábola de Paloma»? Quise usar la forma de parábola por ser ésta, sencilla en su expresión, así como su acción es poco complicada mientras permite indicar una enseñanza o sacar una conclusión. Los hechos, al ser presentados en forma alegórica, van deslizándose ante la vista del lector como si se tratara de un cuento.
Siguiendo la tradición que nos dice que el Gran Almirante (en cuyo honor fue bautizada por el Libertador nuestra Patria) era de origen italiano y su apellido tiene la misma etimología de la colómbida -esa familia de aves a la cual pertenece la paloma- la metáfora resulta sencilla. El presentar a Colombia como una anciana enferma y achacosa, llena de problemas permite reflejar el sentimiento que anida en el corazón de la mayoría de nuestros compatriotas que, aún hogaño, ven que el camino es difícil y todavía no se avizora la luz de la redención para el pobre y el humilde.
Las crónicas fueron publicadas gentilmente por El Pilón, en sus ediciones del 19 y 27 de marzo, las dos primeras y, la última, el 18 de junio.
Sin importar cuál sea la decisión final al otorgar el galardón, permítanme presentarles mi agradecimiento sincero por concederme la posibilidad de participar en tan magna convocatoria literaria y periodística.
Con sentimientos de aprecio y respeto, me suscribo, atentamente.
Valledupar, 10 de enero del año 2003
CARTA A MI HERMANA ENFERMA
(En momentos cruciales de su vida)
Querida Illa:
Recibe un cariñoso y fuerte abrazo de tu hermano que ruega a Dios por tu salud, tu tranquilidad y tu bienestar.
La última vez que te escribí, hace ya bastante tiempo, lo hice alegre y optimista, pues con mi carta te enviaba mis poemas para que los leyeras y me dieras tu opinión de buena lectora de la mejor poesía. Hoy, cuando me decidí a escribirte, lo hice movido por el deseo de compartir contigo unas reflexiones a propósito de los azares que la vida nos presenta.
Cuando en diciembre me enteré de tu enfermedad, lo primero que hice fue pedir a Dios por tu pronta recuperación; mas, sin embargo, cuando el tiempo pasó y seguías hospitalizada, hubo momentos en los cuales pensé que mis ruegos al Señor no eran escuchados; no obstante, medité que posiblemente no era que Él no me escuchara; sino que aún no era tiempo de tu restablecimiento; por eso, cuando a principios de enero, te dieron de alta, di gracias a Dios por tu mejoría. Pero volviste a recaer y, desde la distancia y sin dudar esta vez de las bondades del Creador, pensé que todo se limitaba al cumplimiento de Sus designios; al fin y al cabo, nosotros no somos más que briznas en Sus divinas manos. De ahí que, en vez de negar Su infinita bondad y Su sempiterna misericordia, recordara más bien que todo lo que somos y tenemos es producto de Su amor y de Su generosidad, pues nada de lo que nos ocurre tiene nuestro mérito; entonces, ¿qué es un contratiempo en nuestros planes, en comparación con todo lo que Él nos da continuamente?
De otro lado, las personas que se cruzan en nuestro camino no son otra cosa que instrumentos del Señor, así como nosotros lo seremos para el logro de las metas de otros seres humanos. Es por eso que debemos pensar que los médicos cumplen una función meritoria, siempre y cuando lo hagan con humildad, ya que de lo contrario, su altivez no hará más que contrariar a Dios. No olvidemos Sus palabras “… el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado…” Por eso, dentro de ese orden de ideas, debemos aceptar Su divina voluntad.
Volviendo al tema principal, tu enfermedad, es innegable que si alguien quiere tu mejoría, eres tú misma; ese también es el deseo de todos aquellos que bien te queremos y para quienes nos es triste verte enferma. Sin embargo, no podemos perder de vista los riesgos que, a tu edad (al fin y al cabo, ya no eres una jovencita), significa una cirugía: que si la anestesia, que si la presión arterial, que si el ritmo cardiaco, que si los riñones, etc. Entonces, esa es una decisión que se debe tomar tras haberla meditado demasiado bien y jamás a la ligera. Es posible que el médico te diga que no hay problemas, que se trata de una cirugía menor libre de riesgos; pero no debes olvidar que no es él quien se tiene que exponer. Todo lo anterior nos debe llevar a evitar el tomar una decisión apresurada, cuando debería de ser lo más sensata posible.
En el Evangelio hay varios episodios en los cuales Jesús, con Su inextinguible amor y Su inagotable misericordia, no sólo les devuelve la salud a los enfermos, sino que además torna a la vida a algunos que ya habían muerto. ¿Eso qué significa? Pues, que Él todo lo puede y cuando Le pedimos con fe absoluta, confiados en Su misericordia, seguro que alcanzaremos que nuestras peticiones se vuelvan realidad. Pero la mayoría de las veces, nos hace falta esa fe capaz de mover montañas o pretendemos que Él nos escuche, cuando solamente nos acordamos de Su existencia en los momentos de angustia y terminamos por convertir nuestra fe, que debería de ser absoluta y desinteresada, en una fe cargada de intenciones y de intereses. Por eso, así no seamos capaces ni siquiera de mover un grano de arena, sí debemos pedirle, con humildad, con fe, con esperanza y con amor, que Él te alivie de tu enfermedad y, muy pronto, te tengamos nuevamente recuperada, gozando de la felicidad que, el solo hecho de vivir en paz con Él y con nuestros semejantes, la vida nos depara. No obstante lo anterior, si esa no es Su voluntad, pidámosle entonces que nos dé la fe y el amor necesarios para aceptar con resignación lo que Dios, en Su eterna sabiduría, nos da.
Ojalá puedas compartir, con todos aquellos que bien te quieren, estas reflexiones nacidas del amor que tu hermano menor te profesa; pero quien, a pesar de ese amor entrañable, no quiere perder de vista la objetividad de las cosas; sino más bien, por ese mismo amor, desearte una pronta mejoría, de acuerdo a la voluntad del Dueño Único de la Vida: Dios.
Por tanto, elevemos nuestras sinceras plegarias, cargadas de fe y de esperanza, al Cielo; para que por la intercesión de Cristo y de Su Purísima Madre, la Virgen María, recuperes la salud, para Mayor Gloria de Dios (ése es el lema de los jesuitas, quienes fueron mis guías espirituales y académicos en mi ya lejana juventud) y para alegría de todos los que te amamos.
Llénate de optimismo (ése es el término profano de la fe y de la esperanza) y pon tu vida y tu salud en las manos benditas del Señor; que Él te dará lo que más te conviene, de acuerdo a Su amor, Su sabiduría, Su misericordia y Su generosidad.
Dámeles abrazos cariñosos a Leo, Víctor, Humberto, Hernando, nuestras cuñadas y nuestros sobrinos y sobrinas y demás familiares y amigos; abrazos éstos a los cuales se unen Cecilia y tus sobrinos y tu sobrina. Solamente me resta decirte que Dios te bendiga.
Tu hermano que te quiere.
Valledupar, 24 de febrero del año 2003
CARTA PARA INTERCEDER POR LA ARMONÍA DE UN HOGAR MUY QUERIDO
(Porque el amor del hogar, es el más sublime)
Mis queridos hijo, nuera y nieto:
Reciban un fuerte abrazo cargado del amor de su padre, suegro y abuelo y, con él, mis sinceros deseos por su tranquilidad, salud y bienestar.
He querido escribirles a los tres en una sola carta, porque considero que lo que tengo que decir les atañe por igual. De antemano, les pido perdón por la intromisión en su vida personal y los asuntos privados de su hogar. Pero me ha dolido tanto saber que las relaciones entre ustedes no mejoran y, dentro de esa acritud, han llegado a ofenderse; por eso y por el inmenso amor que les profeso, me he tomado el atrevimiento de hacerles las siguientes reflexiones.
El concepto de la palabra hogar se vuelve deletéreo e intangible, cuando no está cimentado en la concordia, la paz, la tranquilidad y la felicidad; las cuales se alimentan del amor, la comprensión, el respeto y la tolerancia. Es innegable que la convivencia entre seres humanos, es un asunto difícil; sobre todo, cuando los intereses individuales priman sobre los colectivos; pues es allí, en la convivencia, donde la comprensión y el amor juegan un papel importante; pues, el amor nos lleva al desprendimiento, al sacrificio, a la aceptación de la persona amada. Por otro lado, el respeto a quien amamos, no permite que seamos ofensivos con esa persona. Y cuando habiendo amor, ha habido ofensa, incomprensión o irrespeto, el perdón surge espontáneamente; porque el amor todo lo puede.
Usted, mi hijo querido, trate de ser menos violento, menos explosivo; intente contar hasta diez antes de proceder; lamentablemente yo he sido testigo de más de una de sus explosiones de mal genio. Usted es una persona noble, con una gran capacidad de desprendimiento y de sacrificio por sus seres queridos.
Tú, mi nuera, a veces tu egoísmo te enceguece y te hace olvidar otras prioridades que tiene la vida. Yo sé que tienes grandes capacidades, pero no dejes que el trabajo te aparte de tus hijos; ellos te necesitan más que a nada ni a nadie en su vida.
Tú, mi nieto, tu inteligencia debería hacerte más humilde, no te dejes llevar de la soberbia. Yo no sé si te olvidaste de lo que te escribí la otra vez. Si es así, vuelve a leer esa carta; allí encontrarás el corazón rebosante de cariño de tu abuelo, que, aunque te parezca mentira, sufre con tus calamidades.
Entonces, hijos míos, llénense de mansedumbre, de desprendimiento y de humildad y verán como, Dios mediante, las cosas cambiarán en beneficio de la tranquilidad y la felicidad del hogar que comparten; no olviden que con la discordia, no solamente sufren ustedes; sino, y eso es la más preocupante y lo más injusto, sufren también, la niña y el niño.
Si me lo permiten, les hago una sugerencia: cuando lean esta carta, no se digan nada, no se recriminen nada, no se prometan nada; solamente pídanse perdón mutuamente, por todo aquello que se hayan podido decir en el pasado y por todas las veces que olvidaron recordarse el amor que se profesan y fúndanse en un fuerte abrazo y no les dé pena llorar; el llanto lava el alma, fortifica el espíritu y engrandece el corazón. Solamente los duros de corazón son incapaces de llorar; por lo mismo se les imposibilita el amar y el perdonar.
¿Por qué no tratan de acercarse a un sacerdote? No es necesario que sea en plan de confesión; sino más bien en son de charla, para que dialoguen con él. Podría ser alguien que les inspire confianza. Seguro que eso les serviría de mucha ayuda. Si se deciden a hacerlo, vayan sin prejuicios, por el contrario háganlo con la seguridad de encontrar la ayuda espiritual que necesitan. Esa persona podría darles el consejo atinado, la guía que les permita salir de esa situación dolorosa en que se encuentran. Situación que, de otro lado, les está minando las bases del hogar, los está alejando entre sí y, lo más triste, está matando el amor.
Nuevamente les pido perdón por entrometerme en sus vidas; pero desde que supe que habían vuelto a discrepar (no quiero hablar de lo grave que me pareció el cariz que tomó la situación), me he sentido mal. Su mamá, suegra y abuela también sufre por esto, al igual que todos aquellos que bien los quieren. ¿Cómo se sentirán la niña y el niño?
Solamente me resta enviarles mi bendición y mis deseos porque todo se arregle de la mejor manera entre ustedes, de tal forma que no haya ni vencedores ni vencidos; sino únicamente unos padres que se han reconciliado con su hijo mayor y un hijo que ha comprendido que lo más grande que existe en la vida, después de Dios, son sus padres, a quienes debe amar y respetar por encima de toda consideración y para quienes debe ser el mayor motivo de orgullo y no la causa de incomprensiones y desafecto.
Su padre, suegro y abuelo que los ama,
Valledupar, 24 de febrero del año 2003
CARTA A MI HIJA, EN UN MOMENTO FUNDAMENTAL DE SU VIDA.
(Una frase de aliento, en el momento oportuno)
Mi querida hija:
Te extrañará que te escriba; más aún, podrías pensar que, por qué no te digo verbalmente lo que te voy a escribir. Pues sucede que yo soy de quienes piensan que las palabras se las lleva el viento y, además, lo escrito, escrito está y, por tanto, se puede conservar para eventuales consultas.
Tal vez ya te imagines sobre qué quiero hablarte. Sí, tienes razón; es sobre Harold de quien quiero hablarte o, mejor aún, de tu relación con él o, más exactamente, del final de esa relación y de lo que habrá de venir.
Antes de empezar, quiero presentarte mis disculpas por inmiscuirme en este asunto; como tú bien sabes, yo siempre he sido respetuoso al respecto, con todos ustedes, mis hijos. Yendo más lejos, podría afirmar que, por ese mismo respeto, jamás, salvo excepciones demasiado flagrantes, he intervenido en estos asuntos. Sin embargo, y en razón de mi preocupación por tu felicidad, en esta ocasión debo romper esa norma y a riesgo de parecer entrometido, debo decirte algunas cosas que, tal vez, te ayuden a aclarar el panorama y, así, puedas evitar que alguien, en forma intencional o accidental, no importa, pueda confundirte con sus comentarios, no obstante tu madurez y tu elevada sensatez.
Lo primero que tienes que tener en cuenta es tu propia felicidad. Al fin y al cabo, el ser humano vive y lucha para ser feliz (así lo comentábamos el otro día, a la hora del almuerzo, ¿recuerdas?). Como bien lo sabes, la felicidad no consiste tanto en tener algo; sino en saber apreciar y, por consiguiente, disfrutar de lo que se tiene y, cuando esto último no ocurre, se es infeliz. Por eso, en el amor y en las relaciones que de él se puedan derivar, también podemos hallar la felicidad o la desdicha; ya que este sentimiento tan hermoso puede conducirnos a ser felices, si lo sabemos manejar, tanto al darlo como al recibirlo o, por el contrario, conducirnos a nuestro propio infortunio.
No sé si te acuerdes de los escritos que, sobre este aspecto, me han publicado. Allí sostengo que el amor no es solamente deseo, ansias de estar con la persona amada, acariciarla y ser acariciado. No; el amor es, sobre todo, generosidad, confianza, gallardía, buen trato, respeto, desprendimiento, tolerancia, comprensión y hasta sacrificio. En fin, un cúmulo de cosas que solamente nacen en las almas nobles. Las almas mezquinas, solamente quieren, desean, anhelan su propio deleite; así, para ello, tengan que sacrificar a las personas que dicen amar; pero a quienes, con su egoísmo, solamente hacen sufrir.
Indudablemente, no todos los individuos de nuestra especie, la única en el mundo capaz de amar, puede hacerlo en las condiciones antes descritas. Por eso, algunos aman y son amados y, así, pueden alcanzar la felicidad. Otros, por el contrario, son infelices, porque ni aman ni son amados; no por culpa del supuesto objeto de su amor; sino por su equivocado proceder.
En este orden de ideas, las personas absorbentes no aman a los demás; solamente se aman a sí mismas y por eso mismo sólo procuran su propia felicidad y no la de la persona amada y, fácilmente terminan por creer que ésta es de su propiedad y, como tal, podrán manipularla a su antojo. Esas personas terminan por ser desdichadas y, por lo mismo, jamás podrán ayudar a alguien a ser, a su vez, feliz.
Pues bien, mi queridísima hija, ¿por qué crees que tu mamá y yo hemos logrado permanecer en nuestra relación durante tantos y tantos años? Ya tenemos 43 de estar casados y casi cincuenta (47 exactamente) de habernos conocido y haber empezado a amarnos y (tú y tus hermanos son testigos) todavía nos seguimos amando. Por supuesto que no con la misma pasión de hace casi medio siglo; pero sí con el mismo respeto, la misma abnegación, igual desprendimiento e idéntica capacidad de sacrificio de ese entonces; más aún, yo diría que esas cualidades del verdadero amor, en nosotros, con el paso del tiempo, se han ido incrementando y, por lo mismo, hemos sido felices; tanto, que hoy después de una vida juntos, todavía tenemos capacidad de solazarnos en nuestro amor y de arrullarnos mutuamente como lo hacíamos recién casados.
Y esa es la felicidad que tu mamá y yo anhelamos para ti, y tú no puedes permitir que nada ni nadie te impida alcanzarla. Tú eres una mujer sensata, inteligente, con una madurez mental impresionante para tu edad; por eso, estoy seguro, tus decisiones tienes que hacerlas respetar y, de manera coherente, no permitir que alguien interfiera en tu propia búsqueda de la felicidad.
Por otra parte, esa misma madurez te hace dueña de tus actos; de los cuales, solamente ante Dios y tu propia conciencia debes responder. Más aún cuando, quienes bien te queremos, te sabemos depositaria de esa sensatez que ya te mencioné y que no es más que el resultado de los sabios consejos que, a lo largo de tu vida, tu mamá te ha sabido dar, con todo el amor y la diligencia que ella posee; así, en ocasiones, tal vez te haya parecido lo contrario.
Sólo me resta decirte que los seres humanos vivimos de ilusiones, las cuales nos ayudan a ser felices. Por lo mismo, nadie está autorizado, en sana lógica y en razón del debido respeto a los demás, a troncharnos esas ilusiones. De nosotros depende conservarlas; más aún todavía, yo diría, alimentarlas y hacerlas crecer; pues, como te lo acabo de decir, ellas son fuente de felicidad.
Por último, recuerda que siempre tendrás el apoyo de tu mamá, tus hermanos, tus demás familiares y de quien tanto te quiere,
Tu padre.
Valledupar, 24 de abril del año 2003
CARTA AL DR. ERNESTO PALENCIA CARAT, PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE HISTORIA DEL CESAR
(Para solicitar el ingreso a tan honorable institución)
Permítame ofrecerle un cordial y respetuoso saludo y, a la vez, desearle muchos éxitos en la misión emprendida por usted, tras la búsqueda de la verdad, con el fin de mantener despierto el deseo de conocer las raíces de nuestra historia, en beneficio de las generaciones que apenas comienzan a asomarse al balcón del conocimiento y de todos aquellos que así lo deseen.
Es, para mí, motivo de orgullo el que se me permita presentar a la Academia de Historia del Cesar, este ensayo sobre la vida de Manuela Sáenz, la amiga de Simón Bolívar.
Atendiendo su gentil invitación, como respuesta a mi solicitud en pos de lograr su aquiescencia para ingresar como miembro de tan digna institución, he pergeñado estas páginas en donde, en ocasiones, no fue posible detener la pluma ante mi devota admiración por la procera figura del Libertador y su magna obra independentista; así como también, el entusiasmo contagioso de la alegría desbordante y la reciedumbre de Manuelita, como cariñosamente la llamaba Bolívar, figura cimera de nuestra gesta de independencia.
Reiterándole mis sentimientos de respeto y en espera de su amable respuesta, me suscribo, atentamente.
Valledupar, 26 de mayo del año 2003
CARTA A UNA SOBRINA QUE SE CASA
(Para impetrar la felicidad para su nuevo hogar)
Queridos Myriam y Christian:
Es probable que esta carta les sorprenda. Al fin y al cabo, se las envía el tío ausente, el casi desconocido, el que muy poco se ha dejado ver. Sin embargo y a pesar de todo eso, lo que les quiero decir, brota desde lo más profundo del corazón de una persona, para quien las distancias nada significan cuando de querer se trata.
Myriam, decía tu abuelita, mi nunca olvidada madre, que en la vida de un cristiano hay tres fechas inolvidables: la primera comunión, el grado y el matrimonio, pues en cada una de ellas recibimos algo que nos marca y deja en nosotros una huella, que podríamos decir que es indeleble, ya que a partir de cada uno de esos días algo cambia en nosotros. Con la primera comunión moderas tu existencia, con el grado te preparas para enfrentar el futuro y con el matrimonio inicias tu vida de pareja.
Pero yo agregaría que, amén de su significado y su misma recordación, el matrimonio es trascendental porque nos permite unir la vida, no con cualquier persona; sino que la unimos al ser amado, a esa persona con quien hemos venido soñando noche tras noche y, aún despiertos, día tras día. Quien nos ha hecho encontrarle a la vida otra forma de vivirla, en quien hemos cifrado nuestros anhelos de cariño y con quien aspiramos a compartir alegrías, tristezas, triunfos y derrotas. A quien respetar, cuidar, mimar y de quien esperar respeto, comprensión, entrega y desprendimiento.
Christian, te ha llegado el momento de amar de verdad a una mujer, a la mujer soñada, a la mujer esperada desde cuando, en la adolescencia, empezaste a presentir el ideal de mujer que, al encontrarla, te haría feliz, te amaría y te dejaría amarla, la que te entregaría su vida y te permitiría entregarle la tuya.
La mujer con la cual eternizar el amor, la mujer con la cual será hermoso envejecer, compartiendo todas las emociones que la vida te habrá de ofrecer: amor, tristeza, alegría, dolor, dicha, felicidad…
La mujer que te consolará en los momentos de tristeza y te dejará consolarla en su dolor y, con la cual, disfrutar los momentos de alegría y de regocijo.
La mujer que merezca el canto del amor y la veneración: ¡Mujer, motivo y razón de la existencia, porque has sido la elegida por Dios para dar la vida y, a la vez, lograr que el hombre luche cada día por amor a ti, mujer amada desde siempre y para siempre!
Solamente me resta desearles mucha felicidad, la cual les será más fácil de encontrar, si cifran sus vidas, además de amarse, también en gozar juntos de las pequeñas cosas que Dios, cada día, les depare. En no anhelar más de lo que puedan disfrutar. En entender que, a partir de hoy, ya no son dos personas sino una sola, que ha surgido al fundir sus almas y sus cuerpos bajo la égida santa del matrimonio, que los habrá de mantener unidos hasta la muerte y aún después de ella…
Reciban el cariño de su tío que, a pesar de la distancia, los quiere y desea la dicha para ustedes; deseos a los cuales se unen Cecilia y nuestros hijos y nuestra hija, quienes constituyen nuestro mayor motivo de orgullo y de envanecimiento. Cariño aquél que hacemos extensivo a sus seres queridos, que también son los nuestros.
Cariñosamente, su tío.
Valledupar, 29 de noviembre del año 2003
CARTA ABIERTA A MIS HERMANOS
(Porque la desunión fraternal ofende la memoria ancestral)
Querida y recordada Leo:
Hoy, en el onomástico de nuestra hermana mayor Adelina (q. e. p. d.) y aniversario, sí que también, de mi matrimonio con Cecilia, deseo enviarte mi más cariñoso y fraternal saludo. Quiera Dios que al recibo de ésta, te encuentres gozando de salud, tranquilidad y bienestar, junto a Illa, VitÍtor y su bebé; deseos éstos a los que se unen Cecilia, Daniel, Nanda y nuestros hijos ausentes y que hacemos extensivos a José Luís, Gustavo y Mauricio y sus respectivas familias; al igual que a nuestros queridos hermanos Víctor, Humberto y Nando, nuestras cuñadas, Merce, Olga, Gloria y Aminta, nuestros sobrinos y sobrinas y demás gente menuda.
Junto a esta carta encontrarás cinco ejemplares del mismo escrito, para que tomes uno y me hagas el favor de entregarles los restantes a Illa, Víctor, Humberto y Hernando. Pero quiero que para ello, los reúnas en tu casa, sin decirle a ninguno, que los otros van a ir. Así, nos aseguraremos que Víctor, Humberto y Hernando, coincidan.
Ese escrito, que en realidad son dos, contiene las semblanzas de nuestros queridos padres, las cuales escribí en momentos de nostalgia y recordación de toda la grandeza que anidó en el corazón de nuestros viejos, de lo mucho que nos quisieron y de todo lo que bregaron por hacer de nosotros, sus hijos, personas de bien.
«El retrato de mi padre», lo escribí al cumplirse los 100 años de su nacimiento y, como lo dije antes, en un momento de añoranza por su presencia vigilante y severa, aunque por demás cariñosa, que mantuvo en permanente cohesión los lazos familiares y que, al morir él, esa presencia continuó en nuestras mentes y en nuestros corazones, como faro que iluminó y aún ilumina nuestras vidas, gracias a los esfuerzos de nuestra madre por mantener encendida esa llama.
«El retrato de mi madre», lo acabo de escribir como un pequeño, aunque amoroso, homenaje a la memoria de quien nos diera el ser y quien se desvelara por nosotros en nuestros momentos de sufrimiento o de tristeza y gozara como nadie ante nuestras alegrías: nuestra nunca olvidada madre. Quien, con su muerte, nos dejó sumidos en la tristeza y la amargura y, lo que es peor, se llevó los vínculos que nos mantenían unidos y cohesionados a su alrededor y que, pobres de nosotros, no supimos mantener entrelazados.
A estas remembranzas le agregué sendos poemas que escribí en 1996, en el aniversario de la muerte de cada uno de ellos, también como un tributo al recuerdo que constantemente desata en mi memoria, la evocación de nuestros amados padres.
Les envío estos escritos, no con el ánimo de que me lean, ni siquiera de que los lean por leerlos. No, ese no es el objetivo. El propósito (al menos uno de ellos, pues son dos), nace del hecho de no poder estar con ustedes en el centenario de nuestra madre, como sí pude hacerlo en el de nuestro padre, hace nueve años.
El otro propósito (tal vez el más importante), es el de conseguir que, después de muchos años, logren reunirse todos ustedes, mis queridos hermanos y hermanas, alrededor de algo que los invite a dialogar y a compartir, así sean recuerdos tristes (o, a lo mejor me equivoco, y puedan ser recuerdos alegres), y puedan coincidir en un único pensamiento: el amor y la veneración a nuestros queridos padres y la nostalgia por los tiempos idos, cuando, como dice García Márquez, «…todos éramos jóvenes e indocumentados…»
Y que, a partir de esa reunión, no por informal menos importante, salgan todos ustedes robustecidos en el mutuo amor fraternal, el cual (perdónenme que se los diga) se ha resquebrajado con el paso del tiempo. No voy a analizar las causas de ese deterioro; no, no es esa mi intención; por el contrario, quiero invitarlos a que, olvidando cualquier ofensa, cualquier agravio que se hayan podido infligir, a lo mejor de manera eventual, (y aunque haya sido intencionalmente), se perdonen mutuamente y después de darse el más fuerte y estrecho abrazo de hermanos, olviden, les repito, las injurias, de palabra o de hecho, al recordar la frase de nuestra madre, cuando en nuestra juventud, al oírnos discutir o entrar en franca discordia, nos decía, refiriéndose a nosotros sus hijos varones, pues las mujeres nunca le dieron qué hacer: «… ustedes son como los cinco dedos de la mano, cualquiera que se lastime me duele igual, cualquiera que me falte, no me dejará usar la mano; a todos los quiero por igual…»
Si algo de lo dicho antes, les ofende, les ruego me perdonen. Estas palabras han brotado desde lo más hondo de mi corazón, preocupado al saber de las desavenencias que, en ocasiones, han surgido entre ustedes, mis queridos hermanos y que, con el paso del tiempo, han permitido que continúen en el fondo de sus almas, convirtiéndose (quiera Dios yo esté equivocado) en rencor; el cual, bien lo saben ustedes, hace más daño a quien lo tiene que a aquel a quien va dirigido. Y, lo que es peor, ha terminado por involucrar a sus respectivos hogares.
Querida Leo, después de que leas esta carta, y si logras que se haga la reunión con todos (Víctor, Humberto y Hernando), consigue que uno de ellos la lea en voz alta para todos, con el fin de que la conozcan al mismo tiempo y, así, Dios mediante, logremos su reconciliación.
Recibe un abrazo fuerte y cariñoso de tu hermano que te quiere y te extraña. Un abrazo fuerte y cariñoso, también, para Illa, Víctor, Humberto, Hernando, todas mis cuñadas, todos mis sobrinos, todas mis sobrinas. Besos, además, para la cuarta generación de nuestros padres. Para todos, un feliz y cordialísimo año 2004; ojalá, libre de angustias y preocupaciones; mas sí que también, lleno de mucho amor y comprensión.
Los quiere mucho, su hermano menor.
Valledupar, 8 de enero del año 2004
A CECILIA, EN SU CUMPLEAÑOS
(Para el amor de mis amores)
Amor mío:
Yo siempre te he escrito en verso, porque tal vez pienso que así es más romántico; sin embargo, esta vez para variar, quiero decirte en prosa todo lo que tú has significado en mi existencia; de cómo mi vida -estoy absolutamente seguro- no habría sido igual de venturosa si no te hubiera tenido a mi lado; de cómo, tal vez, el derrotero de mis días no hubiera sido lo que es.
Porque tú, con tu inmenso amor me has hecho feliz; con tu paciencia, tu entereza de carácter y tu integridad, has orientado mis pasos; con tu inconmensurable abnegación, has conducido nuestro hogar, has perdonado mis errores, has comprendido mis equivocaciones.
Por esto, debo agradecer al Creador por haberte puesto en mi camino, aquella tarde de domingo hace 48 años cuando, caminando del brazo de tu padre, pasaste a mi lado y nuestras miradas se encontraron por vez primera, encendiendo la llama del encanto, que prendió nuestro amor cuando, meses después, nos diéramos el primer beso.
¿Te acuerdas de aquel poema que escribí a la vida, en el cual narro mis sentimientos hacia mis padres y cómo su desaparición me hizo conocer el dolor? Pues bien, al final doy gracias a Dios por haberme permitido conocerte y cómo fuiste el bálsamo que hizo posible que sanaran mis heridas. Como quiera que mi vena poética no descansa, no puedo resistir la tentación de transcribir una parte de ese poema “Elegía de la vida”, en donde expreso todo esto que acabo de mencionarte:
… “Mas el Señor, en Su bondad eterna,
te puso en mi camino, esposa amada
y, cual ángel guardián, a la poterna
de mi alma, llegó tu alma enamorada.
Y has sido, desde entonces, amada compañera,
la luz de mi vida, la que mi amor provoca;
a quien amo aún como la vez primera
en que mis labios se posaron en tu boca…”
Déjame desearte un cumpleaños rebosante de felicidad, a la vez que expresarte mis anhelos para que el Señor nos permita vivir amándonos hasta el último día de nuestras vidas, tal como lo hemos logrado hasta ahora, gracias a tu ternura y a la esplendidez de tu alma. Mil besos te envía tu esposo, que te ama.
Valledupar, 29 de febrero del año 2004
A UN SOBRINO, EL DIA DE SU ORDENACIÒN SACERDOTAL
(En un día especial en el que los ángeles se postran ante Dios)
Querido Juan Carlos:
Y el Señor le dijo a Pedro, “Apacienta mis ovejas. “
Así, Cristo, Sacerdote por excelencia, ungió a Pedro para que, a partir de él, todos los llamados al servicio divino pudieran ser también ungidos sacerdotes.
Benditas las manos que pueden tomar las especies de pan y vino y transformarlas en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Redentor.
Juan Carlos, que Dios te bendiga y te dé la humildad y la pureza necesarias para servirle a Él y poder conducirnos a nosotros, pecadores, hacia el Divino Redil.
Abrazos a todos los de la Familia Rodríguez Borda.
Te queremos mucho.,
Gustavo, Cecilia e Hijos
Valledupar, noviembre del año 2005
CARTA A MI HIJA
(Cargada de amor, mas también de mucho respeto)
Querida hija:
Te escribo nuevamente, ésta en momentos que considero cruciales para ti, en razón del desengaño que te ha tocado vivir en estos días.
Mi intención cargada, como tú bien lo sabes, de todo el cariño y el respeto que me inspiras, sólo busca ayudarte a encontrar claridad en tu vida y, sobre todo, reconfortarte en el dolor.
Todos los detalles los he sabido por tu mamá a quien te has confiado, sabiendo que no podrías encontrar en la vida mejor consejera que ella, amén de toda la amorosa carga que ha de poner en sus palabras y su actitud al ayudarte.
No obstante lo anterior (que no te hayas confiado a mí, por razones obvias, estas son cosas más bien de mujeres), considero, dentro de mis deberes paternales, darte voces de aliento que te permitan sobrellevar mejor esta situación y te sirvan, además, de guía para el inmediato futuro.
Dejando de lado los pormenores de tu ruptura con J. R. (momento en el cual has demostrado, una vez más, la reciedumbre de tu carácter y tu madurez de pensamiento), quiero pedirte que no permitas que este hecho lance por la borda tu ideal de vida, ni mate tus esperanzas en el amor.
Tómate el tiempo que consideres prudencial para dejar que el corazón vuelva por los cauces del sosiego. No te apresures para volver a pensar en el amor, pero tampoco lo hagas para denostar de él.
De todas maneras, cuando te vuelvas a enamorar, hazlo de un hombre que te ame, te aprecie, pero, por sobre todo, te respete. Solamente así, podrás esperar un amor verdadero que perdure en el tiempo y trascienda, aún, la muerte.
Cuando encuentres ese amor, serás feliz. Y lo serás más todavía, si sabes corresponder recíprocamente a él. Por lo pronto, tómate un tiempo sabático para que cicatricen las heridas y el río de tu vida retome su cauce normal.
Tú sabes que quienes bien te queremos (tu mamá, tus hermanos, tus amigos y yo), estamos para brindarte el amoroso apoyo que necesites en cualesquiera circunstancias de la vida.
Recibe las bendiciones de tu padre.
Valledupar, 16 de enero del año 2006
CARTA A OTRA SOBRINA EN SU MATRIMONIO
(Todo matrimonio debe consagrarse a Dios)
Queridos Pablo César y Luz Marina:
Ayer, al regresar de Barranquilla, hemos encontrado la grata noticia de su matrimonio, la que nos llena de alegría y, aunque un poco tarde, en razón de la ignorancia sobre tan especial acontecimiento en sus vidas, esta demora no es óbice para que, a través de estas líneas, podamos expresarles nuestro cariño y nuestros deseos sinceros por su felicidad, a partir de ese dichoso día en el cual han unido sus vidas ante el Creador.
Porque, tal como escribiera en el preámbulo de lo que habrá de ser algún día, si Dios así lo quiere, un libro de poesía, en la parte dedicada al amor a la familia, reza así:
«Y Dios creó al hombre y a la mujer y los hizo diferentes; para que, buscándose, se encontraran y se complementaran y formaran un solo cuerpo y una sola carne y, por amor, dejaran todo y conformaran su propio hogar, en donde hubieran de procrear y educar a sus hijos con amor y en el amor.
Y, al convertirse en padres, reflejaran en sus hijos el amor que un día los unió, para no separarlos jamás; y, lo más importante, no dejaran morir ese amor; de tal manera que, aún muerto uno de los dos, su amor acompañara al otro hasta el día de su propia muerte. Porque este amor, al ser inconmensurable, habrá de trascender a la misma muerte, pues, el cónyuge supérstite, seguirá amando a ese ser a quien entregara sin reservas, no sólo su cor0azón y su amor; sino también la vida, hasta el punto de abandonar todo por seguir a la persona elegida.»
Que el Señor, en Su infinita bondad y Su eterna misericordia, les permita alcanzar los logros que se han trazado para su vida en pareja.
Dios los bendiga y los haga muy felices por medio del amor, el respeto mutuo y la entrega sincera.
Son los deseos de sus tíos y primos, Rodríguez Enciso
- D. abrazos cariñosos para sus padres, hermanos y sobrinos.
Valledupar, 12 de marzo del año 2007
A UNOS FAMILIARES EN LA MUERTE DE LA MADRE Y ESPOSA
(Un intento de paliativo)
Queridos y recordados Carlos, Carlos Alberto, Gabriel, Miguel Ángel, Libia, Zilia, Teresa, Lucha y Magda:
Cuando se pierde a un ser querido hay tristeza, el alma se anonada, el corazón se oprime en el dolor; pero cuando muere la madre, el mundo de cada uno de sus hijos -ese mundo interno, personal e intransferible- se cubre de llanto, se desploma y pareciera que tendiera a desaparecer…
Otro tanto ocurre -así me lo decía mi madre (q. e. p. d.)- cuando muere la pareja a quien se ató la vida para vivirla con amor, con entrega, con desinterés; ese esposo o esposa con quien fue hermoso envejecer; esa persona que se constituyó en la mejor amiga y con la cual la identificación espiritual fue tal, que hasta se llegó a compartir el pensamiento, mucho antes de que éste brotara de los labios del ser amado…
Por eso (ustedes todos, los queridos hijos de Carlos y de Aurita), comprendemos su dolor; porque sabemos lo que significa perder a la madre: ese ser que sólo tiene amor y comprensión para sus hijos, así hubiera necesitado ser enérgica en ocasiones; la madre, el único ser capaz de amar a sus hijos sin esperar nada a cambio, el ser más frágil para prodigar el amor a sus hijos, pero el más fuerte y decidido para defenderlos…
También, Carlos, comprendemos su soledad, y nos imaginamos el vacío que debe estar sintiendo al faltarle Aurita, porque pensamos qué nos sucedería a Cecilia o a mí, si alguno de nosotros muriera primero…
Sin embargo, sabemos que hay un Dios que premia a las almas buenas, como lo fue Aurita y, por eso, intuimos que ella debe estar gozando, desde ya, de la recompensa que Él, en Su inagotable bondad y en Su infinita misericordia, ha preparado para todos aquellos como ella, que supo ser esposa ejemplar y madre abnegada y que con usted, Carlos, formó un hogar que fue guía para muchos y espejo en cual siempre quisimos reflejarnos.
Y, así, coherentes con estos pensamientos de creyentes convencidos de la bondad divina, hemos elevado nuestras plegarias al Todopoderoso para que a ella le permita “gozar de la plenitud eterna de Su Gloria” y, a ustedes todos, les dé la resignación necesaria para aceptar Su divina voluntad y asimilar dolor tan intenso.
Son éstos, los francos deseos de quienes los queremos con absoluta sinceridad,
Gustavo, Cecilia, Hijos e Hija.
Valledupar, 20 de octubre del año 2008
A UNOS AMIGOS EN LA MUERTE DE LA MADRE
(En momentos en los que se cree que la vida perdió sentido)
Querida Janet y Familia:
Alguna vez, hace alrededor de cincuenta años, Monseñor Agustín Jáuregui, Obispo de Guadalajara, México, en una oración a las madres del mundo, en la celebración de su día universal -esto es lo que mi perecedera memoria alcanza a recordar- dijo:
«Esa mujer, toda llena de ternura cuando habla de sus hijos; pero plena, también, de la mayor valentía, si de defenderlos se trata. Esa mujer, capaz de los mayores sacrificios con tal de alcanzar lo que sus hijos necesitan; pero cicatera, como nadie, cuando alguien intenta quitarles lo que les pertenece. Esa mujer, frágil para prodigarles su amor; pero dura como el pedernal, cuando debe proteger de cualquier peligro a sus vástagos. En fin, esa mujer, cuyo corazón es incapaz de dar albergue al odio o al rencor, pues la bondad es inherente a su naturaleza. Esa mujer, es la madre.»
Pues bien, querida Janet, yo, desde mi modesta inspiración, hace algunos años, con motivo de la muerte de una gran amiga, madre ella, escribí un par de sonetos entrelazados que titulé “Ante la tumba de una madre”, los cuales, me he tomado la libertad de anexarle.
He traído a colación estos pensamientos, a raíz del deceso de Doña Petronila María que, al irse, dejó en el alma de usted y en todos los demás miembros de su familia, un dolor profundo e inaguantable, un inmenso vacío imposible de llenar. Mas, sin embargo, su condición de creyentes, les debe dar la fortaleza necesaria y la resignación precisa, para que la fe y la esperanza no se debiliten; sino que, por el contrario, aumenten y, así, el Dios Eterno al recibirla en sus brazos, permita que algún día ella también reciba a sus hijos en el Paraíso.
Allí, en la Gloria eterna, en donde todos habremos de alcanzar la recompensa por haber logrado vivir de acuerdo a Su Evangelio y siguiendo Sus Mandamientos, a pesar de todos nuestros defectos y no obstante las perennes vicisitudes de la vida.
Porque, así algunas veces, nos hayamos apartado de Sus divinos preceptos, Él en Su inmensa misericordia y en Su infinita bondad, siempre espera nuestro arrepentimiento, para darnos Su generoso perdón, como Padre amoroso que es.
Y, entonces, con el paso del tiempo se habrá de encontrar la resignación a Su divina voluntad y se hallará el consuelo adecuado para que, más adelante, el recuerdo de ese ser amado que fuera tan especial en la vida, se convierta en una placentera nostalgia, que permita a cada cual erigir en su corazón un altar en donde venerar su memoria.
Son los deseos sinceros de sus amigos y vecinos, Gustavo Rodríguez Gómez, Esposa, Hijos e Hija.
Valledupar, 23 de marzo del año 2009
A UN SOBRINO Y SU FAMILIA, EN LA MUERTE DEL HIJO MAYOR
(Los contrasentidos de la vida)
Queridos y recordados Oscar, Martha y Familia:
Así como el fuego templa el acero, la vida con sus avatares acrisola el alma de los seres humanos y, paradójicamente, elige a los más buenos, a los de alma más generosa, como lo son ustedes; porque Dios, en Su infinita sabiduría, los conoce y presiente que sabrán aceptar Su voluntad y, así, podrán resistir los golpes del infortunio; porque esas almas, como las suyas, entienden que, dentro de sus responsabilidades, está la de enfrentar con entereza los reveses del destino y, de esa manera, darles ejemplo a los menos fuertes.
Habitualmente, los hijos trascienden la vida de sus padres; por eso, sorprende y conmueve el trastrueque de esta ley y, esos, son los momentos en los cuales la solidaridad de los seres queridos sirve de bálsamo o, al menos, de lenitivo en las circunstancias dolorosas, adversas e irreversibles de la vida.
Es innegable que nada, salvo la resignación que llega lentamente con el paso del tiempo, puede mitigar el dolor que se sufre al perder un ser querido y si, como decía la abuelita Carmen, mi mamá (q. e. p. d.), «…el dolor que se experimenta al perder un hijo, es como sentir que le arrancaran a uno un pedazo del corazón…», pues la tristeza lo invade y se queda allí para siempre, entonces, para poder convivir con esa pena, no sólo es necesario el paso del tiempo, sino que, además, se requiere de mucha fe y de mucha esperanza en Dios, que nos den la confianza en una vida más allá de la terrenal.
De ahí que, desde lo más profundo de nuestro corazón, elevemos profusas plegarias al Cielo, implorándole por el eterno descanso del alma de Oscarito y pidiéndole mucha fortaleza y mucha resignación para ustedes todos: Oscar Enrique, Martha, Mauricio, Viviana, Vanesa y Angélica.
Reciban un abrazo fuerte, cariñoso y solidario (al cual se unen nuestros hijos y nuestra hija) de quienes los quieren y los acompañan en su dolor.
Son éstos, los francos deseos de quienes los queremos con absoluta sinceridad, sus tíos,
Gustavo y Cecilia.
Valledupar, 2 de septiembre del año 2009
MENSAJE A MI HIJA, EN EL DIA DE SU CUMPLEAÑOS
(La familia, un verdadero tesoro)
Buenos y alegres días, mi hija adorada:
En este día, cargado de alegría para quienes tanto te queremos, te deseamos muchas felicidades, rogándole al Todopoderoso te dé mucha salud, paz, tranquilidad y bienestar, además de todo lo que tú anhelas y bien mereces; pues la grandeza de tu corazón parece que no tuviera límites. Pero has de saber que Dios te recompensa cada día y, en la eternidad, te dará un puesto de honor, allí en donde tienen cabida las almas nobles y generosas como la tuya.
Mamita, te anexo algo que escribí pensando en ti; sobre todo porque sé que estás sola en este día tan especial. Cuando hablo de soledad, me refiero a la ausencia de tus padres y tus hermanos.
Allí, Dios le habla a una joven, por intermedio de la madre de ella.
En este escrito, están el alma y el amor de tu padre y de tu madre que te quieren tanto. Muchos besos, abrazos y miles de parabienes de quienes tanto te queremos:
*Los padres.
«Te prestaré unos padres, durante un tiempo, para que los ames mientras vivan; podrán ser 10, 20, 30, 40, 50 años o más, hasta cuando los llame. Entonces, te pregunto: ¿Podrás cuidarlos?
Quiero que aprendas a vivir con ellos, pues les he buscado unos hijos y te he elegido a ti y a tus hermanos; no te ofrezco que se quedarán para siempre, sólo se los presto.
Ellos les darán ternura y les darán alegría por el gusto de tenerlos.
El día que los llame, no llorarán ni me odiarán, porque los regreso a Mí. Su ausencia corporal quedará compensada por el amor y por los muchos agradables recuerdos que habrán de dejar en todos ustedes.
Deben de tener presente que si algo les entristece, que si el golpe del dolor les hiere algún día, sus penas serán las mías y así, con todo esto, su luto será más llevadero.
Por eso, habrán de decir con agradecida humildad: ¡Hágase, Señor, Tu voluntad!»
**Los hermanos.
«Una joven mujer, sentada en un sofá, tomaba café con su madre. Hablaban de la vida, del matrimonio, de las responsabilidades y de las obligaciones de la edad adulta. De pronto, la madre mirando fijamente a su hija, le dijo:
«Nunca te olvides de tus hermanos. Con el paso del tiempo, ellos serán lo más importante. No importa si tienes marido o muchos hijos, vas a necesitarlos. Recuerda salir con ellos, hablar con ellos, tenerlos en cuenta.
Recuerda que en ellos encontrarás amigos y siempre estarán ligados a ti. Los vas a necesitar, así como ellos van a necesitar de ti. Conforme el tiempo y la naturaleza te presenten sus cambios y misterios, tus hermanos siempre permanecerán.»
Ella escuchó a su madre y, recordando siempre los consejos maternos, mantuvo contacto con sus hermanos, de quienes se hizo más amiga con el paso de los años y, a la vez, fue entendiendo gradualmente lo que su madre quiso decirle. Así como también, fue entendiendo, comprendiendo y perdonando la humana condición de sus hermanos, tan frágil y precaria como la de ella misma.
Cuando, ya anciana (cumplía ese día 75 años), a su vez pudo decirle a sus bisnietos:
“Con el paso del tiempo y los consejos de mi madre (la tatarabuela de ustedes), he aprendido que los años pasan, la vida transcurre, las distancias separan, los hijos crecen, los trabajos van y vienen, la pasión disminuye, los padres mueren, los hijos se van, los colegas olvidan los favores recibidos, las carreras o profesiones llegan a su fin.
En cambio, los hermanos siempre están ahí; no importa cuánto tiempo y qué distancia los separe. No hay lejanía que les impida llegar a ti cuando los necesites. Cuando tengas que caminar por un valle solitario y no tengas a quien recurrir por ayuda, tus hermanos estarán alrededor alentándote, orando por ti, empujándote, interviniendo por ti y, al final del camino, los encontrarás esperándote con los brazos abiertos.
Algunas veces, incluso, romperán las reglas para caminar a tu lado, o vendrán para cargarte.
Los hermanos son una bendición en la vida. Los necesitamos todos los días. Bendito quien tiene hermanos.”»
Recibe las bendiciones que te envía tu papá, en el día de tu cumpleaños, bendiciones a las cuales se une tu mamá, que como yo, te ama mucho.
Nueva York, 1º de diciembre del año 2009
MENSAJE A UNOS AMIGOS EN SU MATRIMONIO
(El matrimonio: la unión de dos seres que se aman)
Julio César y Martha Helena:
El matrimonio significa la unión entre dos seres que se aman y cuyas almas tienden a encontrar similitudes que los acerquen, con el fin de respetarse, valorarse, apreciarse y, así, protegerse mutuamente.
Muchas veces, este objetivo se logra; otras veces, no. Para que lo primero ocurra, se necesita que el amor que une a esas dos almas, sea sincero; es decir, esté desprovisto de intereses personales y, por el contrario, esté imbuido de desprendimiento, de abnegación y de capacidad de sacrificio y de comprensión.
Cuando la pareja decide unirse, siempre piensa que su unión durará por toda una eternidad, porque la ilusión y la felicidad y, también, el anhelo de lograrlo, la impulsa a buscar ese amor eterno. No obstante, depende de cada uno de sus componentes el lograrlo.
Para ello, es necesario saber que la persona amada, ya existía como tal cuando la conocimos y, por consiguiente, sus virtudes y sus defectos, llegan con ella y, así, debemos aceptarla. Ella es como un libro, cuyas páginas, en su mayoría, están ya escritas; por eso, no podemos pretender que habremos de cambiarlas por otras, cuyo contenido lo inspire nuestra propia perspectiva de la vida. No, a esas preciosas páginas debemos respetarles su contenido; pues éste será la guía que nos ha de servir para comprender mejor a esa persona y, así, poder amarla cada día más.
Las restantes páginas de ese simbólico libro, serán las que ayudaremos a escribir y, en ellas, sí podremos dar a conocer nuestros puntos de vista; eso sí, sin tratar de imponerlos a la fuerza; recordemos siempre que nosotros también somos un libro con características similares; es decir, ya hay muchas páginas escritas, las cuales deseamos conservar tal cual y las restantes queremos escribirlas en compañía de la persona amada.
Para lograr esa armonía, se necesita amor, que significa respeto, abnegación, desprendimiento y, en ocasiones, sacrificio.
Julio César y Martha Helena, si ustedes logran esto, serán felices durante el resto de sus vidas.
Son los deseos sinceros de Gustavo y Cecilia.
Nueva York, 19 de febrero del año 2010
A UNA AMIGA, EN LA MUERE ABRUPTA DE SU PADRE
(La muerte pone a prueba la reciedumbre del ser humano)
Suelis:
Me he tomado el atrevimiento de enviarle este mensaje, con el que espero que usted y su familia tengan un motivo para meditar, tras la prueba terrible e irreparable que Dios les ha enviado.
Si acaso, alguno de los pensamientos que les he desgranado en él, no les satisface o no les hace estar de acuerdo con mi personal apreciación de los hechos de la vida -apreciación surgida por las mismas experiencias que Dios puso, en su momento, en mi camino- espero que sepan perdonar mi intromisión y mi atrevimiento.
Los caminos de Dios son inescrutables; nosotros solamente somos peregrinos de esas sendas y debemos recorrerlas, conociendo donde empiezan, pero sin saber dónde está su final.
Eso, así lo dispuso el Señor, para evitarnos la angustia y la desesperación. Sin embargo, cuando termina el camino de un ser querido -sobre todo, si ese final llega de manera abrupta-, nuestra primera reacción es de rebelión contra Sus divinos designios.
No obstante, no debiera ser así. No. Deberíamos aceptar Su voluntad, pues por algo así Él lo determinó y, en Su infinito amor y en Su inagotable misericordia, nos proporciona el recurso del tiempo, para que éste -con su paso inexorable- nos traiga la resignación ante los hechos irreversibles del destino.
Y, entonces, si tenemos la suficiente fe y la necesaria esperanza en una vida que trasciende este terreno peregrinar, ese dolor lacerante, irá menguando poco a poco, hasta convertirse en un recuerdo grato, luego de pasar por una añoranza llevadera.
Paz en la tumba de Don Wilson Morales y mucha resignación para usted, su mamá y todos sus hermanos.
Son los deseos sinceros de, Gustavo, Cecilia, hijos e hija.
Valledupar, 17 de mayo del año 2010
A UN NIETO
(Los abuelos no somos más que seres con experiencia)
Querido nieto:
Estos pensamientos, frutos de los sentimientos de tu abuela y de tu abuelo, pensábamos decírtelos de viva voz; pero ante la imposibilidad de hacerlo, nos resolvimos a ponerlos en el papel, con la ventaja adicional de que -como dicen que dijo Pilatos luego de la inscripción para la Cruz, “lo escrito, escrito está”- como tú bien lo sabes, el papel le da perdurabilidad a las ideas.
Esta es una de esas cartas que se escriben con tristeza, con dolor, casi que con agonía. Porque da mucha melancolía tener que hacer advertencias a las personas que uno ama.
Mi nieto querido, yo sé que ya no eres el niño al que uno podía aconsejar, a sabiendas de que las admoniciones cariñosas del abuelo -cargadas de la poca sabiduría que la edad va surtiendo- caerían en terreno fértil y, con la ayuda de Dios, era posible alcanzar la meta deseada.
Ni siquiera eres ya el adolescente que, al cometer alguna tropelía, aceptaba sumiso la amonestación afectuosa del abuelo que desechó siempre el papel de regañón y de cascarrabias.
Ya eres todo un adulto, una persona hecha y derecha, un individuo a quien el Señor, en Su infinita bondad y misericordia, dotó de unos talentos que a otros les fueron negados. Y, por eso mismo -por la abundancia de dones recibidos- el balance final tendrá que ser más riguroso; de ahí que a quien más recibe, más se le exige.
Por eso y conociendo que lo que te exprese en esta carta (que, aunque te suene a reprensión, no es más que la súplica de tu abuelo que te quiere y quiere lo mejor para ti), no puedo callarlo sin que después mi conciencia me reproche el haber puesto oídos sordos a algo que, no sólo te hace daño a ti, sino que además le hace daño a todos aquellos que te amamos.
Después de este extenso circunloquio (que hubiera deseado más breve, pero que la emoción de mi cariño desbordó), entremos en detalle.
Para ninguno de nosotros, es un secreto que tú le has dado a alguna de tus posturas ante la vida, el camino aparentemente más fácil, como lo es de encerrarte en una simulada cápsula de felicidad y de solaz, que no es más que una engañosa máscara de la realidad; con el agravante de que esa falsa satisfacción, no solamente mina tus capacidades síquicas, sino que también te atrapa y no te deja paz y libertad para actuar coherentemente y cuanto más tiempo pase, más difícil se te hará substraerte a la tiranía de ese sometimiento.
De otro lado, esa falsa dicha convierte a las personas que caen en sus garras, en individuos irascibles, propensos a la pelea, a la diatriba, a la confrontación; sin dejarles parar mientes frente a quién es la persona con quien se está disputando. Y, entonces, se desbordan todos los diques de la comprensión, de la sensatez, de la cordura; es decir, aquellas naturales talanqueras que los seres humanos -únicos en la Naturaleza con estos dones- poseemos, para poder vivir en paz con nuestros semejantes.
Y ni qué decir si la polémica es con alguien tan sagrado para cada cual, como lo es la madre o el padre. En esos momentos es cuando el ser humano necesita de la máxima dosis de humildad, del mayor acopio de respeto, de su gran capacidad de modestia…
Si la cordura aconseja que, antes de lanzar los dardos de la ira, contemos siquiera hasta diez, ¿hasta dónde deberemos calcular la cifra que aquilate el límite de espera necesaria para contestarle a nuestra madre o a nuestro padre? Tal vez, parafraseando al Divino Nazareno, tendríamos que decir, “setenta veces siete” y yo creo que aun así, el momento de espera para lograr la dosis de paciencia precisa, sería corto, dada la persona que tenemos enfrente.
No sé si te acordarás de aquella carta que te envié, va a hacer ocho años. Más aún, no sé si todavía la conserves; aunque -perdóname que te lo diga- por tu comportamiento, creo que ni lo uno ni lo otro.
No obstante, si aún la conservas y la vuelves a leer, encontrarás en ella muchos consejos salidos del corazón de alguien que sólo quiere tu felicidad.
¿Ya la releíste? Como puedes ver, se repiten algunas admoniciones, que no hacen más que corroborar los asertos iniciales.
Solamente me resta decirte que para salir del problema de conducta en el que estás inmerso, sólo necesitas fuerza de voluntad, sí que también mucha humildad. Por eso, cuando te sea fácil, es decir, cuando consideres que la soberbia ya no hace parte de ti, pídeles perdón a tu mamá y a tu papá que, estoy absolutamente seguro, te recibirán con los brazos abiertos para estrecharte en ellos, con ese amor que solamente papá y mamá son capaces de albergar en ese corazón, dispuesto sólo para amar a los hijos de sus entrañas.
Por último, no olvides los propósitos que me desglosaste cuando estuviste aquí, en Valledupar, sobre estudiar, trabajar y salir de ese problema que -no me cansaré de repetírtelo- te hace daño y también nos perturba a quienes tanto te queremos.
Nuevamente, recibe la bendición y todo el cariño de tu abuelo.
Valledupar, 11 de agosto del año 2010
EL RECUERDO DE CRISTÓBAL
(Un amigo que se va, sólo deja recuerdos agradables)
Noemí, Cristóbal Alberto, Noemí Cecilia y Lázaro:
Los designios de Dios sólo Él los conoce; por eso a nosotros -simples briznas en la inconmensurable dimensión del universo- sólo nos toca aceptar las divinas decisiones del Creador.
Mas, sin embargo, Él nos da resignación en los duros e irreversibles golpes de la vida y, con el paso del tiempo, ese dolor se va mitigando hasta convertirse en una grata evocación que nos permite formar en el corazón un altar, en donde atesorar con amor el recuerdo del ser querido que se ha ido.
Además, a nosotros los creyentes, nos queda el consuelo de una vida que trasciende este triste peregrinar y en donde esperamos encontrar a esos seres amados que nos han precedido en el periplo vital.
A Cristóbal siempre lo recordamos con cariño; por eso, pedimos a Dios por su eterno descanso y por la tranquilidad para ustedes que le sobreviven.
Cordialmente, Familia Rodríguez Enciso.
Valledupar, 18 de octubre del año 2010
A MI HIJA
(Viniste a traernos más felicidad)
Querida hija:
Hoy se cumplen treinta y cuatro años desde cuando llegaste para iluminar nuestras vidas y todavía ese faro sigue encendido, aumentando cada día su intensidad., para nuestro propio regocijo.
Rogamos a Dios para que, hasta el día de nuestro último aliento, tu presencia, tu amor y tu abnegación nos acompañen siempre.
Recibe besos y amorosos abrazos, junto con nuestros deseos por tu felicidad.
Que Dios te proteja y te colme de bendiciones.
Felicidades en tu día, te deseamos,
Tu papá, tu mamá y tu hermano Álvaro.
Valledupar, 1º de diciembre del año 2010
A MI ESPOSA, CON MI MAYOR SINCERIDAD
(Mientras me quieras tú, que importa si se seca el mar)
Para mi esposa en este nuevo aniversario -el quincuagésimo primero- de nuestro matrimonio, en agradecimiento por toda la felicidad que he recibido, aún sin merecerla. También en gratitud por toda la comprensión ante mis dislates; pero sobretodo, por haberme amado sin condiciones.
Cecilia, mi amor:
No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para todas tus dudas o todos tus temores, pero sí puedo escucharte y ayudarte a buscar la mejor solución.
Así como logramos juntos formar un pasado, a partir del día cuando nos conocimos -sin que nos sea dado adivinar el futuro- el presente lo podremos moldear unidos para lograr un mejor mañana. Pues, nada ni nadie, lograrán separarme de ti.
No puedo evitar que te asalte el desasosiego, solamente puedo ofrecerte mi mano para que te apoyes y no te derrumbes; porque mis brazos siempre estarán prestos para sostenerte.
Aun cuando tus gozos y tus éxitos no me pertenecen totalmente, tu felicidad es mi mayor motivo de alegría, así como también tus tristezas me causan pena. Y ni qué decir de tus enojos, ellos son mi mayor motivo de aflicción.
No soy capaz de juzgar las decisiones que tomes en la vida, pero siempre podrás contar con mi apoyo incondicional. Siempre estaré a tu lado para auxiliarte.
Aun cuando la vida, a ti y a mí, nos ha llenado de experiencias que, en ocasiones, nos nutren de sabiduría, no puedo fijarte límites dentro de los cuales debas encauzar tu vida, pero te ofrezco mi amor sincero cuando debas tomar decisiones que te guíen hacia un mejor porvenir.
No puedo evitarte los sufrimientos inesperados que surjan en el camino de la existencia, ni tampoco las ocasiones en las cuales tu corazón se quiebre ante la pena o el dolor; al fin y al cabo, los seres queridos se van, dejando tristeza y dolor en nuestro corazón; sólo puedo derramar lágrimas contigo y tratar de entender el porqué de las cosas, para así ayudarte a construir de nuevo esa parte de tu corazón que se quebró, al ofrecerte los mejores alicientes que se alberguen en mi alma.
Para poder respetarte, no debo decirte cómo debes ser ni qué debes hacer, solamente puedo apoyarte y quererte cómo eres.
Soy inmensamente feliz porque Dios te puso en mi camino; por eso, siempre mis brazos estarán abiertos para estrecharte en ellos y amarte con todo mi corazón.
Nunca olvides que en mí, tienes una persona con quien contar de manera invariable, porque te amo con toda el alma, es decir, con mi mayor sinceridad.
Ser recíproca conmigo, es el mejor tesoro que me has podido dar.
Y como dice una canción de nuestra época:
«Con mi mayor sinceridad,
quiero decirte que eres tú
mi más ferviente adoración,
mi religión,
mi dios.»
Para ti, con todo mi amor, tu esposo, Gustavo.
Valledupar, 8 de enero del año 2011
A UNOS PARIENTES EN SU ANIVERSARIO
(Lo que Dios unió, el hombre no lo separe)
Queridos Hernando y Marina:
Qué lejanos están esos maravillosos años 50 y 60, cuando éramos (como dijera García Márquez), “jóvenes e indocumentados”. Pareciera que toda esa felicidad, producto de la juventud, la inexperiencia y algo de la irresponsabilidad propia de los años mozos, hubiera sucedido en otra vida. ¡Son tanto los años que han pasado desde entonces…!
Sin embargo y pese a que las vicisitudes propias de la vida nunca faltan, es placentero recordar esas hermosas épocas. Pues, las tristezas, las amarguras, los pesares, las angustias, ya se volvieron anecdóticos y pueden mirarse con nostalgia, pero también con un poco de alegría, ya que se lograron sortear con denuedo; amén de que los momentos de solaz, de dicha, de encanto y de satisfacción, superaron con creces a aquéllos.
Por eso, al recordar que desde entonces hasta ahora, ya ha transcurrido medio siglo (toda una vida, más de una generación), nos llena de complacencia y de alborozo saber que la pareja que ustedes formaron hace cincuenta años, sigue unida forjando ilusiones, tejiendo esperanzas…
Ya pueden sentirse satisfechos porque, al mirar a los nietos retozando a su alrededor o creciendo con salud y buena crianza, pueden decir que su misión en la vida ha dado sus frutos y merecen, por consiguiente, recibir la vejez con orgullo, con placidez, con optimismo.
Para Cecilia y para mí, es grato poder recordarlos en esta fecha especial, pues no es fácil -en tanto la vida es corta y asaz espinosa- llegar a esta edad amándose (no obstante la pasión haya dado paso al sosiego), respetándose y valorándose cada día más.
Lamentamos no estar presentes en momentos tan especiales para ustedes y para su familia; pero la distancia no es óbice para estar de pensamiento y sentimientos en ese merecido homenaje que les brindan sus hijos, nietos, hermanos y demás familiares.
Disfruten este día, que nosotros rogamos a Dios para que Él, en Su infinita bondad y misericordia, los colme de bendiciones y les permita vivir muchos años más juntos, gozando de salud, tranquilidad, bienestar y mucho amor, rodeados de todos los suyos.
Con todo el cariño de
Gustavo, Cecilia, Hijos, Hija, Nietos, Nietas, Bisnieto y Bisnieta.
Valledupar, 15 de enero del año 2011
A UN NIETO EN SU BODA
(Cuando uno se da cuenta de que los años han pasado)
Queridos Gustavo Said y María Nella:
Los sueños, cuando se cumplen, hacen más feliz al ser humano. ¿Será por eso que, hasta despiertos, soñamos?
Hoy, se cumple un anhelo ansiado por ustedes dos; porque, como ya lo dice el más grande entre todos los libros, “El hombre y la mujer, se unirán y formarán un solo cuerpo y una sola carne para que, amándose, vivan unidos hasta que la muerte los separe.”
Y es justamente, en ese pilar -el amor- en donde se fundamenta la unión de la pareja. Pero, si vamos más allá de lo que es el amor, encontramos que, además del respeto implícito en él, éste también necesita de la comprensión, la confianza, la tolerancia, la libertad, en una palabra, la generosidad para con la persona amada.
Es entender a esa persona, tal cual es. Es respetarle su opinión, así no se comparta. Es creer en lo que dice. Es aceptarle sus defectos. Es dejarle usar sus espacios. Es sacrificarse por ella.
Pero, también es aceptar que esa persona, al igual que todo ser humano, es un ser individual, diferente a los demás. Es entender que no se puede ni se debe -so pena de emascularla mentalmente- pretender cambiarla para hacerla igual a uno. No; no se puede aspirar a que la persona amada piense como uno, hable como uno, se conduzca como uno.
Porque a esa persona, después de conocerla, tratarla y enamorarse de ella, se la termina amando tal como es; no como un cuaderno en blanco, sobre el cual se puede escribir la personal perspectiva de la vida, sino como un libro, cuyas páginas hasta el momento ya han sido escritas y que, al leerlas, van encantando; algunos pasajes, tal vez, no gusten; pero no se puede pretender reescribirlos. Así se encontraron y así deben dejarse. Lo más que se puede hacer es escribir algunas anotaciones al margen, con el fin de entender mejor esa página cuando se vuelva a leer; mas no se podrá borrar lo escrito por su autor para reemplazarlo por las personales opiniones de quien las lee.
Por eso, amar es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Éste es el sentimiento más grande y noble que puede anidar en el alma; el que nos hace diferentes a los demás seres de la naturaleza; que nos aparta de nuestra esencia animal, para comunicarnos la espiritualidad necesaria para lograr aproximarnos a Dios y vivir de tal manera que podamos, al morir, gozar de la plenitud eterna de Su Gloria.
Gustavo Said y María Nella, que el amor que unió sus vidas, los acompañe siempre y les permita ser felices hasta el último día.
Son los deseos cariñosos y sinceros de quienes bien los aman,
Su abuelo Gustavo, su abuela Cecilia, su tío Álvaro y su tía Nanda.
Valledupar, Colombia, 29 de marzo del año 2011
A UNA NIETA
(Para que Dios guíe tus pasos y te proteja de todo mal)
Querida Yiyo:
Tal vez te extrañe esta carta o, a lo mejor, esperabas recibirla. Desde hace un par de días, estaba por escribirte; porque cuando me enteré por tu papá, sobre el desarrollo ¿final? de tu proyectado viaje a tierras lejanas, en verdad me alegré, pero no dejé de preocuparme; pues tú conoces bien -ya que en alguna ocasión así te lo expresé- mis temores sobre lo incierto que podría resultar para ti ese viaje.
Es probable que por hacer esta afirmación, no falte quien me tilde de pesimista o, en el mejor de los casos, de metido. Pero no, en absoluto. Considero mi deber de abuelo hacerte algunas reflexiones al respecto.
Tú conoces el adagio aquel que dice “más sabe el diablo por viejo que por diablo”; pues bien, por esa experiencia que la vida le va dando a uno -algún chistoso decía que lo malo de la experiencia es que llega cuando ya no la necesitamos- por esa experiencia, repito, uno ve un poco más allá que las personas jóvenes y, en ocasiones, acierta en sus presentimientos. No es que el viejo sepa más que el joven; no, todo se debe a esa capacidad de discernir que nos da la experiencia y como, casi siempre, no podemos aplicarla en nosotros mismos, entonces la aprovechamos para aconsejar a nuestros descendientes.
Bueno, después de este circunloquio tan largo, entremos en materia.
No olvides algo que te dije la última vez cuando estuviste aquí en Valledupar: el ser humano cifra sus esperanzas en alcanzar la felicidad y, por eso, no debe permitirle a nadie truncar esa ilusión. ¿Qué quiere decir esto? Que ni las personas con quienes tratamos, ni las circunstancias de la vida, pueden impedirnos soñar con la felicidad y, mucho menos, obstaculizarnos su logro.
Eso significa que cada cual es responsable de su propia felicidad, pero también debe ayudar a quienes ama para que, a su vez, lo sean.
Los teólogos afirman que los designios de Dios son insondables; es decir que, las cosas que nos suceden, muchas veces son un misterio para nosotros y, en ocasiones, no las entendemos, pero si las recibimos sin sufrimientos y sin lamentos, tarde o temprano, comprenderemos el porqué de los hechos ya ocurridos.
De otro lado, al ser humano -sobre todo si aún es joven- le gusta la aventura; sin embargo, cuando se llega a la madurez total, la sensatez es el sendero más apetecido.
Hace algunos años, escribí un ensayo al respecto, del cual me voy a permitir transcribirte unos apartes:
«Si analizamos estas dos posibilidades, veremos que, aunque aparentemente opuestas, son necesarias en la vida de las personas.
«Puede resultar contradictorio, pero el ser humano busca un equilibrio en los diferentes aspectos de su vida y la manera más recurrente de llegar a ese equilibrio es aventurándose a conocer, indagar, buscar, etc.
«Ahora bien, ¿Qué es mejor, la sensatez o la aventura? Sin llegar a descartar ninguna de ellas, ambas tienen sus ventajas y sus desventajas; por ejemplo, la sensatez es una situación segura, en donde el riesgo es mínimo, en la cual se sabe que algo puede cambiar, pero en donde puede haber un control -casi total- sobre la situación analizada.
«Pero si miramos las desventajas, encontramos como es de fácil caer en la rutina diaria, vivir en el letargo de ver pasar los días, no conocer más allá de lo vivido; en síntesis, resignarse a lo que se tiene -poco o mucho-, sin tratar de procurar tener o conocer algo diferente.
«Analicemos ahora la aventura: así como la sensatez, ella también tiene sus pros y sus contras. La aventura significa momentos de riesgo, de indecisión, de expectativa; se trata de buscar ese algo que, aunque no sabemos en ciertos momentos qué es, lo podemos hallar si nos arriesgamos a buscarlo. La aventura nos hace notar que somos seres que estamos en constante cambio.
«Pero la aventura también tiene sus desventajas; por ejemplo, el no saber qué nos espera; es correr el riesgo de perder el control de lo que nos aguarda a la vuelta de la esquina, es no poder establecer si de lo que se ha de hacer, saldrá algo provechoso o, por el contrario, algo que nos haga daño; a veces, de forma irreparable. En ocasiones, puede producir la sensación de haber estado buscando algo que quizás no existía o, peor, nunca hubiera existido jamás. Es decir, haber vivido en pos de una quimera.»
Ahora, te das cuenta ¿por qué los viejos preferimos ser sensatos?
Pero te mencioné algunas ventajas de la aventura; claro, porque las tiene, pero no podemos arriesgarnos a aventurar, cuando está de por medio nuestra felicidad. Más aún, cuando existe el riesgo de fracasar. Por eso, cuando las circunstancias de la vida -esas situaciones que parecieran estar signadas por el azar y que llamamos destino- nos hacen desviar del camino de la aventura, debemos meditar el porqué se presentaron esas situaciones tan particulares y, a veces, tal vez dolorosas y, si recordamos lo inescrutables que son los planes de Dios, y cómo es de importante para cada quien su propia felicidad, entonces en lugar de condenarnos al sufrimiento, más bien pensemos lo que dice la sabiduría popular: “las cosas pasan por algo”.
Además, no olvides que hay tesoros en la vida -como la libertad, la seguridad, la vergüenza, la tranquilidad de conciencia y tantos otros valores- que no pueden ser expuestos a riesgos innecesarios; son cosas tan valiosas para la integridad del ser humano, que no se pueden arriesgar, por más atractiva que sea la aventura que alguien nos permita avizorar en un momento dado de la vida. Ésta, más adelante se encargará de mostrarnos que la sensatez es la mejor consejera en las encrucijadas del destino.
Ahora bien, tú eres una joven inteligente, agraciada, con un bello porvenir; más aún, me atrevería a decir que eres una privilegiada. Entonces, aprovecha esos dones que Dios te dio de manera gratuita -como todo lo que Él nos concede- y sigue buscando tu felicidad.
Para terminar, recuerda que la buena ventura no consiste en tener, sino en saber disfrutar de lo que se tiene.
Recibe las bendiciones de tu abuelo Gustavo.
Valledupar, 6 de agosto del año 2011
A UNOS FAMILIARES EN LA MUERTE DEL PADRE
(Para que la fe y la esperanza, no los abandonen)
Queridos y recordados Carlos Alberto, Gabriel, Miguel Ángel, Libia, Zilia, Teresa, Lucha y Magda:
Así como el acero se templa con el fuego, la vida con sus avatares acrisola el alma de los seres humanos y Dios, en Su infinita sabiduría, elige almas generosas, como ustedes; porque los conoce y presiente que sabrán aceptar Su voluntad y, así, podrán resistir los golpes del infortunio; porque almas, como las suyas, entienden que, dentro de sus responsabilidades, está la de enfrentar con entereza los reveses del destino y, de esa manera, darles ejemplo a los menos fuertes.
Es innegable que nada, salvo la resignación que llega lentamente con el paso del tiempo, puede mitigar el dolor que se sufre al perder un ser querido. Pero, cuando esa pérdida hace rememorar dolores y angustias recientes, la aflicción se acrecienta y solamente la fe en Dios permite darle espacio a la esperanza (innata en nosotros, los creyentes) de que esos seres queridos se han vuelto a reunir en la Gloria eterna.
Por eso, aun cuando la tristeza invada sus corazones y se quede allí para siempre, pedimos al Cielo que les permita (para poder convivir con esa pena), no sólo el necesario paso del tiempo, sino que, además, les dé mucha fe y mucha esperanza; ambas muy necesarias para lograr la confianza en una vida más allá de la terrenal.
De ahí que, desde lo más profundo de nuestro corazón, elevemos profusas plegarias al Todopoderoso, implorándole por el eterno descanso del alma de Carlos y pidiéndole mucha fortaleza y mucha resignación para todos ustedes, sus siempre queridos hijos e hijas.
Reciban un abrazo fuerte, cariñoso y solidario (al cual se unen nuestros hijos y nuestra hija) de quienes los quieren y los acompañan en su dolor.
Son éstos, los francos deseos de nosotros, que los queremos con absoluta sinceridad,
Gustavo y Cecilia.
Valledupar, 13 de abril del año 2013
CARTA A MI ESPOSA, A MIS HIJOS, A MI HIJA Y DEMÁS FAMILIARES, PARA SER LEÍDA EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE MI MUERTE
(Testamento espiritual y amoroso, para quienes tanto amé)
Hace un año, en el momento de mi postrera partida, me fui con el alma transida de dolor por tener que dejarlos, a ustedes todos, mis seres queridos, quienes siempre me quisieron; tanto, que me aceptaron tal como yo era: un ser humano con escasas virtudes y muchos defectos.
Hoy, cuando el tiempo seguramente ha podido mitigar el dolor y, en estos momentos, ya soy un recuerdo que se puede contemplar sin que lacere el alma, quiero darles a conocer mis últimos pensamientos, no con el ánimo de entristecerlos; sino, por el contrario, con el fin de que se convenzan de que ya pueden pensar en mí, sin que mi recuerdo les duela.
A ti, esposa mía, te dejé con gran dolor porque no volvería a verte, no gozaría más de tu presencia, de tu amor, de tu comprensión. El hogar que forjamos fue tu hechura; en él siempre se reflejaron tu ternura, tu integridad de alma, tu generoso corazón, tu tesonero esfuerzo por seguir adelante y permitir el traslucir del amor por nuestros hijos. Gracias por comprenderme. Perdona los sufrimientos que te ocasioné, al morir todavía me pesaban en la conciencia, así tú los hubieras olvidado tiempos ha.
Gracias por la felicidad que me deparaste y por el amor que me tuviste. Recibe mis anhelos porque tu vida sea un remanso de paz y tranquilidad por el resto de tus días; en donde el amor, el entendimiento y el respeto de nuestros hijos, nuestra familia toda, amigos y demás allegados y relacionados te acompañen siempre, iluminando tu peregrinar hacia la vida eterna, en donde te estaré esperando con los brazos abiertos.
A mis hijos y a mi hija, gracias por todo el amor que me brindaron y todos los cuidados que tuvieron para conmigo y la ternura con que rodearon a su mamá en los días aciagos de mi partida.
A mis hermanos y hermanas, mi cariño los acompañó por siempre, al igual que el recuerdo de sus enseñanzas y su amor.
A mis nueras, a mi yerno y a mis nietos, nietas, bisnietos y bisnietas, gracias por el cariñoso afecto y respeto que siempre me depararon.
A mis cuñados y cuñadas, siempre los quise como si fueran mis hermanos y hermanas. Su dolor también fue el mío y sus alegrías fueron motivos de satisfacción para mí.
A nuestros amigos y amigas, mis agradecimientos sinceros por todas sus manifestaciones de solidaridad.
Para todos, el amor de quien se fue con la esperanza de ser perdonado de todos sus pecados por el Dios misericordioso que nos amó tanto, que sacrificó a Su propio Hijo por nosotros.
Si alguna vez se sienten desconsolados, lean la oración que les dejé adjunta, la cual mi madre nos rezaba, a mis hermanos y a mí cuando murió mi padre; mediten en su contenido y siéntanla en el alma. Su comprensión les reconfortará en el dolor, que se irá mitigando con el paso inexorable del tiempo. Cuando quieran recordarme, repasen mis escritos, escuchen la música que tanto me agradaba, lean los libros que fueron mi entretenimiento y mi solaz y, sobre todo, no dejen de rezar por mi eterno descanso.
Siempre los quise mucho.
Oración a Jesús, amigo nuestro.
En el seno de nuestro hogar hay, buen Jesús, penas muy hondas y secretas; si Tú reinaras entre nosotros con todo el amor que Tú mereces, ¡ay!, no habría en mi casa tantos y tan amargos pesares. Ven Nazareno amabilísimo, pues nuestro hogar está herido por la ausencia de seres queridos que faltan en él; padre, madre, hermanos, hijos, todos crecimos juntos al pie de la Cruz y después, esa misma Cruz, por voluntad del Cielo, nos ha ido separando del nido santo del hogar.
¡Señor!, Tú sabes cuan punzantes son las espinas que encontramos en ese camino que es nuestro peregrinar por el mundo…
Ten piedad, ¡Oh Jesús!, de esos seres amados que luchan y, tal vez, sufren lejos de la familia y, acaso, lejos de Tu altar. Ellos, al irse, nos dejaron penas y tristezas en el alma, pesares y, algunos, un sepulcro en el camino…
Pero bien sabemos que en Tu corazón amabilísimo no puede haber separaciones; en Él, donde está la vida, desaparecen el abandono y la horrible muerte.
Por eso, Te pedimos paz, a unos en su soledad y a otros sobre sus tumbas y, a los que hemos quedado gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, danos la resignación necesaria para aceptar Tu divina voluntad y el amor al desapego a lo terrenal, que nos unan inseparablemente a Ti, Jesucristo, dulce amigo nuestro.
Tú, que tanto nos amas y que eres el único en conocer nuestro dolor y comprender nuestras angustias, atiende nuestras súplicas y bendícenos, Señor Jesús, Amén.
PARTE IV
ORATORIA
LA SEMBLANZA DE UN AMIGO
(En su despedida)
Queridos amigos:
Con motivo de la partida -ojalá fuera temporal- del Sr. Rector, Jeffrey Guevara Naranjo, nos hemos reunido para compartir unos momentos placenteros, que nos permitan disfrutar tranquilamente y departir, en un ambiente diferente a aquel en el cual, habitualmente lo hacemos, el claustro universitario. Desdichadamente, la razón es triste para nosotros: Jeffrey se va, porque las Directivas de la Universidad, lo llaman para encargarlo de obligaciones en las que ellas consideran importante el concurso de nuestro amigo.
Pretendiendo representar el pensamiento de los aquí reunidos y por petición de algunos de ellos, he tomado la vocería para expresarle a Jeffrey, con estas breves pero sinceras frases, nuestro sentir:
Cuando llegaste nos confundió tu mirada adusta, que contradecía la juventud de tu rostro. Con el paso de los días, poco a poco, te fuiste ganando la simpatía y el respeto de todos los integrantes de la familia UDES. Inclusive, la de aquellos que, al comienzo, pensaron que eras una especie de Ángel Vengador. Tu don de gentes, tu caballerosidad, la rectitud de tu proceder, lo cristalino de tus actitudes, no hicieron otra cosa que reforzar ese sentimiento de solidaridad y respaldo que, en un principio, débil, pero luego fuerte y unánime, fue dominando todos los espíritus, aún los más reacios.
Hoy, la UDES Valledupar tiene el sello de tu estilo: sencillo, amplio, sincero, categórico. Llegaste solo y no tenías un solo amigo. Hoy, cuando te vas, lo haces dejando muchas amistades sinceras y desinteresadas, no sólo en el ámbito de la universidad; sino también en la ciudad. Así, cuando vuelvas, sea en forma temporal o permanente, encontrarás muchos brazos abiertos que se cerrarán en fraternal abrazo, y espíritus dispuestos a seguir trabajando por el porvenir de la UDES. Pero si no volvieras a guiarnos, de todas maneras, tus consignas, tus consejos, pero sobre todo, tus ejemplos, nos impulsarán a hacerlo.
Gracias, Jeffrey por tu amistad y por la confianza que nos brindaste. Hoy, conmovidos, no te decimos adiós; sino hasta luego.
Valledupar, 22 de octubre de 1999
EL COOPERATIVISMO
(Al ser nombrado Tesorero de FEUDES)
Buenas tardes, queridos compañeros del Fondo de Empleados y Profesores de la UDES:
Cooperativus: el que coopera o lo que coopera; palabra latina que procede de cooperari y significa trabajar, conjuntamente dos o más personas, para un mismo propósito y ha permitido designar la doctrina socioeconómica, cuyo fin es la solución al problema de oposición entre capital y trabajo, mediante el desarrollo generalizado de la libre asociación de personas y familias con intereses comunes, que deseen constituir empresa en la cual, todos tengan igualdad de derechos y en donde los beneficios obtenidos se repartan entre los asociados, según su participación; superando, así, la concepción capitalista de la empresa; concepción en la cual el capital tiene el privilegio de la gestión y el beneficio se convierte en remuneración del empresario.
Los objetivos del cooperativismo son de orden económico, social y educativo; dentro de los primeros, se pueden citar la reducción del precio de venta y la mejora de la calidad, entre otros; de los segundos, sirven de ejemplo, el rechazo al beneficio capitalista, la defensa ante los abusos del sistema y la gestión democrática y, por último, como objetivo educativo, está el de favorecer y facilitar la capacitación de los asociados, logrando, así, transformar vastos sectores de la economía.
El cooperativismo nació en Inglaterra, en la ciudad de Rochdale, en 1844, cuando un grupo de tejedores de escasos recursos resolvió formar una sociedad que les permitiera adquirir, en condiciones favorables y sin intermediarios, todos los insumos que necesitaban para realizar su labor. Reunieron £28 y alquilaron una modesta habitación en la Callejuela de Los Sapos de la mencionada ciudad y, allí, instalaron su almacén, desde el cual venderían, a precios cómodos, los artículos requeridos por sus asociados.
Carlos Howarth, alma y primer Director de la Entidad, redactó los estatutos de la misma, cuyos seis puntos principales todavía son el fundamento del cooperativismo mundial: 1- La libre asociación, sin limitaciones religiosas, políticas o de raza. 2- El voto individual e intransferible. 3- La distribución proporcional de ganancias entre los asociados. 4- Los préstamos sin usura a los socios. 5- La neutralidad política y religiosa. 6- La educación como elemento básico de la actividad cooperativa.
A finales del siglo XIX, el cooperativismo se difundió por Europa y, actualmente, se ha expandido por todo el mundo, adoptando diversas formas; una de ellas, la constituyen los fondos de empleados de las empresas de cualquier índole, sea ésta industrial, comercial o de servicios; dentro de estas últimas se encuentran las de carácter académico; es por eso que, a finales del año de 1997, un grupo de empleados administrativos y docentes de UDES Valledupar, se reunió para darle forma a nuestro Fondo de Empleados y Docentes; el cual, con orgullo, hoy puede mostrar resultados halagüeños y, cuyo número de socios, cada día se incrementa.
Basándose en los estatutos, la Junta Directiva y el Comité de Aportes y Créditos, han redactado el correspondiente Reglamento, con el cual se busca el beneficio de todos los asociados y el robustecimiento del Fondo.
Sólo me resta agradecer la confianza de la nueva Junta Directiva, al tener en consideración mi concurso para hacerme cargo de la Tesorería de FEUDES.
Muchas gracias.
Valledupar, octubre 2 del año 2001
LA UDES Y SU PROYECCIÓN EN EL ENTORNO
(A propósito de una celebración en el Claustro)
Buenos días, Sr. Rector, Directores de Programa, Docentes y Discentes:
Hace ocho años llegó la UDES a Valledupar, trayendo consigo la esperanza para muchos jóvenes -y muchos adultos también- que veían perdida la ilusión de un mejor mañana, ante la dificultad de lograr traspasar la barrera del bachillerato, por las pocas posibilidades que, dada la escasez de cupos, la universidad estatal podía ofrecerles; sí que también la quimera de lograr realizar los estudios superiores en universidades de otras latitudes, donde los costos superan todo presupuesto para la mayoría de los hogares de la región.
Pues bien, llegó la UDES y, de inmediato, creó una expectativa en toda esa franja de personas anhelantes de acceder al conocimiento de manera estructural.
Para el primer período académico de 1995 se iniciaron labores en tres programas: Administración Financiera y de Sistemas, Ingeniería de Sistemas y Fisioterapia; seis meses después, se abrió la Facultad de Ingeniería Industrial y, al año de haber recibido al primer contingente de estudiantes, un quinto programa se abría, Bacteriología y Laboratorio Clínico.
Hoy, seis promociones de los tres primeros programas, cinco del cuarto y cuatro del último, han producido un poco más de tres cuartos de millar de profesionales, provenientes ellos, no sólo del litoral Atlántico; sino también de diferentes regiones, allende la planicie caribeña, los cuales, al situarse en su lugar de origen, satisfacen la demanda de personal calificado en el mundo empresarial.
Este lugar de privilegio, logrado gracias al esfuerzo conjunto de toda la familia UDES, se puede observar mejor a través de las metas alcanzadas por nuestros egresados: unos en el desempeño profesional, otros por medio de la cátedra y otros más, realizando investigaciones que dejan en alto el nombre de la Institución y revierten, así, en su región la aplicación del saber adquirido.
De otro lado, la Escuela Internacional de Postgrados, ha logrado especializar a varios centenares de profesionales que, antaño, no lo habrían podido hacer por los inconvenientes de las distancias y los costos inherentes a desplazamientos continuos y lejanos.
Cada día se ve cómo se van realizando la Misión y la Visión trazadas por sus fundadores.
Muchas gracias.
Valledupar, 12 de noviembre del año 2002
ELOGIO DE MANUELITA SÁENZ
(Ante el cuerpo docente y discente de la UDES, con motivo de un aniversario)
Buenas tardes, damas y caballeros:
El próximo 23 de noviembre se cumplen 146 años de la muerte de esta mujer, paradójica para el mundo de su época, pero congruente para el Libertador y la causa de la Independencia. Su adhesión y su amor sin condición para con Bolívar la llevó, en la aciaga noche septembrina, a exponer su propia vida, con el único propósito de salvar la del Libertador. No se arredró ante las amenazas de los conspiradores ni perdió su presencia de ánimo; lo que le permitió, mediante engaños, darle tiempo a que su amado lograra perderse en las sombras de la noche y, así, escapar al obcecado odio de sus enemigos, cuya única consigna en esa nefasta noche, era la de cegar la vida del Padre de la Patria.
¡Cuánto le debemos los colombianos a esta egregia mujer! Si ella hubiera procedido en contrario, no solamente habría perecido Bolívar; sino que, además, Colombia se habría cubierto de oprobio para siempre. Si aún se recuerda con tristeza el estigma que, para nuestra nacionalidad, significó el destierro de Bolívar, ¿qué de consecuencias funestas no habría denotado su asesinato?
Por supuesto que los enemigos del Libertador no le perdonaron a Manuelita su participación en el fracaso de la confabulación; ni mucho menos el haber sido partícipe de las consecuencias que, para los conjurados, significó el riguroso juicio que se les siguió. Bien caro pagó su apego a Bolívar.
Ella, la Libertadora del Libertador -como el mismo Bolívar la llamara, a partir de ese día-, también sufrió el destierro. Y, al igual que su último y verdadero amor, por partida doble: Al Libertador lo desterraron de tierras colombianas, disuelta la Gran Colombia, días después de que el gobierno venezolano, le comunicara su decisión de no permitirle nunca más su entrada al suelo que lo vio nacer, luego de haberlo borrado de la lista de sus héroes y, Manuelita, cuando partió desterrada de Colombia hacia Ecuador, al llegar a su tierra natal, encontró lista la orden de su deportación.
Amargada y adolorida, se refugió en el lugar más inhóspito del suelo peruano: el desierto costero, en una aldea, que otrora viera mejores tiempos, venida a menos después de la revolución de independencia. Allí vivió 19 años, llevando una existencia pobre en recursos económicos, pero pletórica, abundante en recuerdos: su única riqueza la constituían las cartas que el Libertador le escribiera a través de los casi ocho años que se amaron.
Loor a esta noble heroína que, aunque no dio su sangre por la patria, si expuso su propia vida en defensa del padre de la nacionalidad.
Muchas gracias.
Valledupar, 14 de noviembre del año 2002
PRESENTACIÓN DEL ENSAYO MANUELITA SÁENZ
La libertadora del Libertador
(Al ser aceptado como Miembro correspondiente de la Academia de Historia del Cesar.)
Buenos días, honorables miembros de la Academia de Historia del Cesar y respetados invitados:
Es para mí, motivo del mayor orgullo, no exento de emoción, presentar ante la Academia de Historia del Cesar, mi trabajo sobre la figura de Manuelita Sáenz, en su periplo vital, desde el día de su nacimiento, ocurrido en Quito el 27 de diciembre de 1797, hasta cuando muriera, el 23 de noviembre de 1856 en Paita, un pueblito perdido en la costa peruana. Manuelita, quien acompañara al Libertador desde el 16 de junio de 1822, cuando se conocieron, en casa de Don Juan de Larrea, durante el baile de la victoria en honor a Bolívar, tras la batalla de Pichincha, y se empezaran a amar, hasta el 8 de mayo de 1830, día en que tuvieron que separarse, pues Bolívar debía de emprender el camino que habría de llevarlo al destierro, pero que en realidad fue el camino hacia el sepulcro.
Durante esos 7 años, 10 meses y 23 días, salvo las separaciones temporales obligadas por la campaña del Alto Perú, entre 1823 y 1824, y luego, al viajar el Libertador a Bogotá y Caracas, entre 1826 y 1827, vivieron juntos, amándose, prometiéndose amor eterno y aun mimándose, no obstante la reciedumbre de sus temperamentos.
Y, como si el amor fuera poco, o tal vez por el mismo inmenso amor que se profesaban, Manuelita, a expensas de su propia integridad física, se enfrenta, en la nefanda noche septembrina, a los asesinos de Bolívar, después de haberlo convencido de saltar por la ventana salvadora; evitando, así, no sólo un horrendo crimen; sino, además, salvando a Colombia del baldón que habría significado el haber asesinado a su Libertador. Ese solo hecho, la hace merecedora de nuestra gratitud histórica.
Por eso, al pergeñar estas páginas, en ocasiones, no fue posible detener la pluma ante mi devota admiración por la procera figura del Libertador y su magna obra independentista; así como también, el entusiasmo contagioso de la alegría desbordante y la reciedumbre de Manuelita, como cariñosamente la llamaba Bolívar.
Muchas gracias.
Valledupar, 30 de agosto del año 2003
TEORÍA DE LA INFORMACIÓN
(En la ceremonia de grado del Programa de Ingeniería de Sistemas)
Buenas tardes, Sras. y Sres. de la Mesa Directiva, Miembros del Cuerpo Docente, padres de familia, invitados y graduandos:
El ser humano se diferencia de los demás seres de la naturaleza por la inmensa capacidad de comunicación que posee, gracias a que puede pensar, hablar, leer, escribir, gesticular…
El lenguaje fue uno de los primeros medios técnicos utilizados por la humanidad para intercomunicarse. Desde sus albores, comenzaron a existir variados procedimientos para lograrlo: desde el primitivo sonido gutural y el antiguo lenguaje de los signos hechos con las manos, se fue avanzando hasta llegar a la escritura moderna; pasando por el código de los sordomudos, la clave Morse, el lenguaje de las banderas y balizas, las señales de carretera, etc.
En un principio la escritura fue ideográfica, es decir, un signo por cada idea; después se tornó alfabética, en donde se establece una relación apropiada entre la idea y el fonema y entre éste y la palabra; para, así, instaurar el enlace entre el lenguaje hablado y el lenguaje escrito.
La humanidad cayó en cuenta de la maravillosa herramienta de que disponía, solamente cuando llegaron los canales artificiales de la comunicación. Esto, porque el ser humano tiene propensión a dejar pasar inadvertida la mayoría de las cosas elementales que le rodean; debido, tal vez, a su inclinación a actuar en forma intuitiva; solamente la técnica hace que dichas cosas, aparentemente elementales, adquieran la importancia que permite atraer la atención del hombre hacia ellas, transformándolas en material de uso científico.
El telégrafo, el teléfono, la radio, el cine, los discos, la cinta magnética, la televisión, el computador y tantos avances de la ciencia y de la tecnología en los últimos cincuenta años, han determinado que el ingeniero, cuya misión en un principio fue la de transmitir, almacenar, transformar y vender, hasta cierto punto, palabras, imágenes, sonido y formas, sin tener que preocuparse demasiado por su sentido, descubriese de repente que estaba transportando algo que daba significación al mensaje; esto es, información, según la denominación dada a este hecho por Wiener y Shannon. A partir de ese momento, nace el impulso esencial a la ciencia de la Comunicación y a las directrices que la organizan.
La universalidad de la comunicación es un hecho trascendental que podemos observar en diversos aspectos: el chimpancé que recibe y capta el mensaje representado en un plátano que le es ofrecido; el burgués del siglo XIX que tiraba de un cordón para llamar a sus servidores y estos respondían al llamado; el habitante de la selva que usaba tambores para enviar noticias cifradas de un extremo a otro de la misma; el indígena que, mediante señales de humo, avisaba del peligro inminente a su tribu; el aviso de “no pase” que hace retroceder al hombre civilizado; el mensaje pictórico codificado en un semáforo para regular el tráfico de vehículos conducidos por seres respetuosos; pero, también, la emoción que le es transmitida al melómano cuando escucha los compases de la música de Mozart, Beethoven, Chopin, Rossini u otros genios que sobresalieron en este arte, o el individuo que se solaza al contemplar una bella pintura, una hermosa escultura o al leer un párrafo bien escrito o un poema que llega al alma. Por eso ya se habla del universo de la comunicación, el cual está constituido por:
-La Teoría de la Comunicación, formada por el estudio de los mensajes que llegan a todo organismo capaz de reaccionar ante esos símbolos, señales o signos que representan la imagen del universo exterior.
-La Cibernética, que comprende las reacciones a dichos mensajes por parte del organismo receptor y la correspondiente elaboración de decisiones.
A finales del siglo XIX se hablaba exclusivamente de la simbiosis materia-energía, que parecía expresar la esencia del universo termodinámico, en donde el individuo es un sistema que consume calorías y realiza trabajos mecánicos.
Hoy en día se habla de una nueva dialéctica, que viene sumarse a la anterior, y es la que preconiza que acción es igual a comunicación y, en la cual, el organismo capaz de reaccionar ante un mensaje constituye el concepto fundamental de la ciencia.
El ser humano, visto así, se torna en condición necesaria para todo quehacer científico ya que, en efecto, es el destinatario de la ciencia. Es por eso que en nuestra época, de aventura espacial, de exploración nuclear y de informática, se le conceda tanta importancia a las comunicaciones, cuya esencia es la información.
Ahora bien, ¿qué es eso que se comunica? Ya se dijo antes, información. Pero, ¿de dónde surge la información? ¿Para qué sirve?
Empecemos por el final. La información sirve para que todo individuo, sin importar el grado de conocimientos que tenga, pueda realizar actividades; sin información el hombre no podrá hacer absolutamente nada; ni siquiera la labor más trivial puede ejecutarse si no hay una información previa sobre dicha labor y, muchas veces, sobre sus consecuencias. Y si ella es indispensable para los actos elementales, cómo no lo habrá de ser para las actividades más complejas del quehacer humano.
Cuando una persona realiza una actividad (basándose para ello en información obtenida con anterioridad) genera un producto nuevo que recibe el nombre genérico de datos; los cuales, vistos aisladamente, no representan mayor cosa ni prestan mayor utilidad; pero si esos datos son sometidos a un proceso, mediante el cual se les organiza o se les completa, se les relaciona con otros o se les sintetiza, o todo esto a la vez, los datos se convierten en información ya utilizable por el ser humano, para realizar nuevas actividades, incluida la de tomar decisiones.
El proceso de los datos es análogo al manufacturero, en donde los datos constituyen la materia prima y la información es el producto terminado; el cual, a pesar de presentar un aspecto diferente a aquella, no deja por eso de contenerla.
El origen de los datos y de la información se puede esquematizar de la siguiente manera: Los datos durante su vida útil cumplen un ciclo que va desde su generación hasta su destrucción o almacenamiento histórico. Este ciclo de vida se puede resumir así:
-Generación, la cual surge como resultado de las actividades realizadas por una o varias personas.
-Captura, que consiste en la observación que se hace de los datos y su correspondiente registro.
-Almacenamiento, es la operación que permite guardar los datos en un documento o en el computador.
-Recuperación, que se hace al extraerlos del lugar de almacenamiento, para evaluarlos con el fin de decidir su destino.
-Primera evaluación, significa decidir si los datos tienen que ser procesados o destruidos.
-Procesamiento, es el método que permite convertir los datos en información, según se mencionó antes.
-Segunda evaluación: una vez los datos han sido procesados, se determina si aún se les requiere, en cuyo caso se almacenan; de lo contrario, se destruyen.
-Utilización: la información obtenida es comunicada al sitio donde se encuentra quien ha de utilizarla.
-Tercera evaluación: la información utilizada es examinada para determinar si se almacena o se destruye de manera definitiva.
Para que la información pueda ser útil a las personas en la realización de actividades, debe tener unas cualidades, tan importantes para su naturaleza, que se vuelven inherentes a ella, tornándose en sus propiedades; las cuales hacen que la información sea confiable, es decir, no genere incertidumbre en quien la utiliza. Estas propiedades son:
-La Oportunidad, que significa que se pueda disponer de la información en el momento requerido, sin que haya perdido su vigencia.
-La Exactitud o precisión, que es la carencia absoluta de errores en ella.
-La Seguridad, que radica en la certeza que debe tener el usuario de la información sobre la inviolabilidad e integridad de la misma.
Ahora bien, nada se obtiene generando datos o produciendo información, así ésta sea de la más óptima calidad, si no se les puede comunicar; o sea, si no es posible hacer llegar unos y otra a su destino final.
Es allí donde surge la importancia de la comunicación, la cual se logra a través de su respectivo modelo, cuyas partes serían objeto de otro estudio.
Muchas gracias.
Valledupar, 5 de diciembre del año 2003
HONOR AL MÉRITO
(En la celebración de los mejores promedios académicos)
Buenas tardes, queridos estudiantes de la UDES:
Este escrito que voy a leerles, lo titulé así, porque justamente eso es lo que UDES-Valledupar quiere exaltar hoy, día del alumno: el mérito que cada uno de ustedes, gracias a su esfuerzo personal y a la ayuda de Dios, posiblemente impetrada a tiempo, ha logrado. Sentir que avanzan en su formación y saber que su esfuerzo es reconocido. Y no es sólo el reconocimiento en sí mismo, sino además servir de ejemplo a sus compañeros, para que todos traten de imitarlos, a sabiendas de que ese esfuerzo adicional en pos del mejoramiento personal, implica sacrificios y privaciones, pero viene acompañado de recompensas espirituales.
Cuando ustedes ingresaron a la UDES, llenos de esperanzas e ilusiones, seguramente se hicieron el propósito de dedicarle su mejor y mayor esfuerzo a su personal proyecto de vida. Es por eso que hoy, cuando los resultados halagüeños les permiten figurar en el cuadro de honor, el amor propio exaltado los debe llenar de una merecida emoción; pero, a la vez, la sensatez y el buen juicio, deben recubrirlos con la suficiente humildad que impida la invasión del germen del triunfalismo que, no solamente los llenaría de soberbia; sino que, además, les impediría seguir encabezando la lista de los mejores.
¡Adelante, muchachos, que el sabor del triunfo les impulse a continuar avanzando en su formación profesional de manera integral, es decir, sin descuidar los aspectos éticos y morales de la vida, para que, en un no lejano futuro, ustedes pueden conducir con manos firmes y honestas el timón de sus vidas, tal y como la Patria lo requiere y lo exige!
¡Muchas felicitaciones!
Valledupar, 8 de junio del año 2004
EXORDIO A LA PASTORAL DE LA SALUD
(Invitación en una misa de sanación)
“Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas. Da al Altísimo como Él te ha dado a ti, generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará el ciento por uno.”
Eclesiástico 35,9-10
Buenos días, hermanos feligreses:
Todo cristiano debe promover, cuidar, defender y celebrar la vida. Para ello, es necesario que se haga presente en las diferentes instancias, en las cuales se requiere la acción salvadora, vivificadora y liberadora de Jesús, que ha venido a darnos vida y en abundancia.
Con esta capacitación se quiere ofrecer a la comunidad, una herramienta acorde con las pautas trazadas por la Iglesia, a la luz de las encíclicas papales, a través de los diferentes documentos emanados de la Conferencia Episcopal Latinoamericana.
El mundo en general y Colombia en particular, han sufrido cambios que no pueden ser pasados por alto. El cristiano debe estar atento para asumirlos con eficacia y realismo y, también, debe estar presto a acudir en ayuda del desprotegido.
El ser humano ha sufrido desde siempre. El sufrimiento es inherente a su naturaleza y no hace distinciones de raza, credo, posición social, edad o sexo. Y repercute, por igual, en los aspectos físico, mental y espiritual de quien lo padece. Sin embargo, el pobre, el desposeído, sufre más; pues, a la falta de recursos, se unen la enfermedad y sus consecuencias. El agobio que debe soportar al verse enfermo o al saber de la enfermedad de un ser querido, hace que el nivel de su calidad de vida descienda, sobre todo si se siente imposibilitado para aportar algún alivio.
Por eso, el cristiano, que quiere hacer viva la imagen de Cristo en sus semejantes, debe apersonarse del problema que enfrenta su prójimo y debe buscar cómo mitigar su dolor y el sufrimiento que padece, porque lo experimenta en carne propia o porque un ser querido se encuentra privado de la salud o de la libertad o está sumido en el abismo del vicio.
La Pastoral de la Salud anuncia al Dios de vida, promueve la defensa de la justicia y de los derechos de los más débiles, de los enfermos del alma, de la mente o del cuerpo, de los desposeídos y, para lograrlo, compromete a la comunidad en el trabajo organizado y estructurado a la luz del Evangelio.
Y, como dice el Libro del Eclesiástico, demos con generosidad y no de lo que nos sobra; sino de aquello que usamos y, por eso, necesitamos. Y que tu mano izquierda no sepa que lo que ha dado tu mano derecha. Y no te preocupes qué destino le va a dar a tu óbolo quien lo reciba; sólo él, ante Dios y ante su conciencia, sabrá si lo emplea bien o lo emplea mal. Tú, solamente dale. Tu deber es socorrer al desvalido, no juzgar sus actuaciones.
Muchas gracias.
Valledupar, 19 de octubre del año 2004.
A PROPÓSITO DEL DISCURSO QUE PRONUNCIARA GARCÍA MÁRQUEZ,
AL RECIBIR EL NOBEL DE LITERATURA.
(Ante el personal directivo y docente de la UDES)
Buenos días, damas y caballeros:
Ante la avasalladora influencia de las dos grandes potencias militares y económicas (Estados Unidos y la Unión Soviética), Gabriel García Márquez, al momento de recibir el Premio Nobel de Literatura -1982- mide, en su discurso de aceptación ante la Academia Sueca, la inmensa soledad en que se debate América Latina, pues Europa sólo mira hacia esas potencias y se polariza de manera meridiana: el occidente de ella con Estados Unidos y el oriente con la Unión Soviética.
Es el péndulo de la riqueza y el poder el que, con sus oscilaciones, hace posibles los vaivenes de los países ricos, mientras que los países pobres solamente pueden aspirar a recoger, como modernos Lázaros, los mendrugos que caigan de la mesa del rico Epulón, representado por el hemisferio norte.
Sin embargo, América Latina tiene, no sólo una historia en donde la realidad ha superado, una vez más, a la fantasía; sino que, además y a pesar de estar aún en la infancia de los tiempos, ha logrado actualizarse en los diversos órdenes de las ciencias y las artes. No obstante la pobreza en que viven sus pobres, ante la impasibilidad y la indolencia de los ricos, tanto de sus propios países como de aquellos situados en latitudes de privilegio, quienes disfrutan los goces que la diosa Fortuna les ha deparado, sin siquiera mirar y calibrar las necesidades de millones de personas que, en el mundo, viven o, peor aún, sobreviven en los diferentes niveles de la pobreza.
Explora además, nuestro insigne escritor, toda la gama fantástica que la misma Naturaleza y la idiosincrasia del latinoamericano -pese al síndrome del siervo padecido por muchos-, hacen posible en nuestro entorno, permitiendo, así, que poetas, músicos y cuenteros enriquezcan nuestro acervo literario. No obstante el dolor que puedan suscitar algunas historias, dada la condición de tristeza, muerte y desolación que algunas de ellas narren.
Finaliza García Márquez pidiendo solidaridad para con América Latina y un poco menos de severidad para juzgarla, ya que, como bien se los recuerda, los europeos necesitaron siglos para poder acceder a estados consecuentes de civilización y, nosotros, como se dijo antes, apenas estamos en el principio de los tiempos. Hace apenas un poco menos de dos siglos, éramos aún súbditos de la corona española.
Ahora, cuando la Unión Soviética ha desaparecido, quién sabe por qué avatares de la Historia o del destino, las palabras del Nobel colombiano, siguen teniendo vigencia, porque la situación de subordinación de América Latina, hacia los poderes del hemisferio norte, subsiste y, peor aún, sin el contrapeso de la URSS, el monopolio norteamericano se acentúa, en desmedro del desarrollo del subcontinente.
Muchas gracias.
Valledupar, 15 de octubre del año 2004
PALABRAS A UN GRUPO DE JÓVENES QUE RECIBEN SU GRADO PROFESIONAL
(Para exaltar a quienes luchan con denuedo)
Señor Rector, Señora Vicerrectora, Señores Directores de Programa, Profesoras y Profesores, Padres de Familia, Acompañantes, Jóvenes Graduandos, Señoras y Señores:
Hoy es un día de júbilo para cada uno de ustedes, los graduandos, porque ha culminado una etapa importante en sus vidas. Éste, junto con otros acaeceres de la existencia, es de aquellos momentos que terminan por volverse inolvidables para quien los ha vivido. Es, al fin y al cabo, el final de un trayecto que, si no es el más importante, es uno de aquellos que nos marcan en la vida.
Pues, a partir de hoy, algo ha cambiado en cada uno de ustedes. Ya son profesionales, se han capacitado en una disciplina que les permitirá realizar labores muy específicas, que habrán de redundar en beneficio de la comunidad, en provecho de sus familias, a favor de ustedes mismos. En pocas palabras, van a recibir el espaldarazo que los convierte en seres útiles a su propio entorno.
No se debe olvidar que esta situación se ha logrado gracias a una serie de circunstancias, todas ellas merecedoras de su eterna gratitud.
Porque, si es verdad que de su parte hubo esfuerzos, no es menos cierto que sus padres, sus hermanos, el cónyuge de aquellos que ya han constituido su propia familia y tantas otras personas que se unieron a su personal proyecto de vida, de manera desinteresada -pues solamente las movía el amor- deben de merecer su total y más profundo agradecimiento. A ellos, con amor recíproco, deben brindar este merecido triunfo.
Pero las Directivas de la Universidad los pusieron en la ruta del saber, los profesores compartieron, sin desprenderse de él, el conocimiento adquirido a través de sus personales vivencias. Conocimiento que constituye el más grande y personal tesoro, ya que nadie, absolutamente nadie, se los podrá arrebatar. Además, las enseñanzas adquiridas en el propio hogar, sobre la importancia de los valores axiológicos, cuya base la constituye el Celestial Decálogo, fueron reforzadas, a través del ejemplo y de la doctrina, dentro del claustro universitario. Estas enseñanzas morales serán la coraza que les permitirá, en el futuro, resistir los embates de la corrupción, los cantos de sirena del camino fácil, los embrujos de la depredación.
Mas, sin embargo, toda esta infraestructura espiritual, mental y física no es producto de la generación espontánea. No. Ella ha surgido como corolario de la misericordia divina que ha permitido, no solamente la propia existencia; sino que, además, ha colocado en el camino de ustedes a todas estas personas que ya han sido mencionadas y que, siempre, deberán ser objeto de su mayor consideración y aprecio.
Y como si todo lo anterior fuera poco, Él los ha protegido de todo mal, ha guiado sus pasos por el sendero del bien y los ha iluminado en todo momento, sobre todo en aquellos, cuando la incertidumbre y la duda pudieron haberlos asaltado. A Él sólo podrán agradecerle, viviendo y actuando a imagen del Divino Nazareno.
Muchas gracias.
Valledupar, 12 de noviembre del año 2004
PREPARACIÓN PARA LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA POR LOS ENFERMOS
(Ve, que tu fe te ha salvado)
Buenas noches, queridos hermanos en el Señor:
Hoy, la Iglesia Universal, quiere unir las voces de todos los católicos, para que imploremos a Dios por la salud de todos los enfermos.
Los enfermos del cuerpo que, a veces, padecen dolores y sufrimientos que pueden hacer tambalear su fe y su esperanza en el Altísimo.
Los enfermos de la mente, porque han perdido la razón o la tienen enajenada por la drogadicción, el alcoholismo o el apego a un vicio que los esclaviza.
Los enfermos de la vida. Aquellos que se sienten agobiados por las vicisitudes que el destino les ha deparado y, así, sufren por un ser querido que se encuentra enfermo del cuerpo o de la mente. Esas personas que se angustian por su viudez o por tener a un ser amado privado de la libertad por haber sido secuestrado o desaparecido. O simplemente se afligen por las dificultades que atraviesan las personas que aman.
Pero, sobre todo, oremos por todos nosotros, los enfermos del alma, porque el pecado nos ata de tal manera, que olvidamos el sacrificio de Jesucristo en la Cruz.
El profeta Isaías, nos pone de presente lo que agrada a Dios: “ayuda al desvalido, comparte tu pan con el hambriento, no explotes la necesidad del prójimo, sé justo con los demás, no vuelvas la espalda a tu hermano.»
Escuchemos.
Valledupar, 13 de noviembre del año 2004
SALUDO A LA MUJER, EN SU DÍA
(En el respectivo homenaje en la UDES)
Buenos días, Directoras de Programa, Profesoras, Secretarias y Auxiliares:
Madre, esposa, hija, hermana, abuela o tía, no son más que diferentes presentaciones del ser más maravilloso de la Creación, la Mujer. A quien Dios diera como compañera del hombre para que, en cualquiera de las manifestaciones mencionadas, fuera su amiga incondicional, su amparo en las tribulaciones, su confidente en las vicisitudes de la vida.
La mujer, que como madre tiene los mayores rasgos de la abnegación; como esposa, novia o amante es capaz de entregar todo lo hermoso que guarda en su corazón; como hija, es un rayo de sol en el horizonte de la existencia de su padre; como hermana o amiga, da muestras de un total desprendimiento en los momentos difíciles. Como abuela o tía, es poseedora de un cariño desbordante. Es decir, la mujer es el motivo y la fuente de la vida.
Por eso, se requeriría de toda la eternidad para agradecer su presencia en nuestras vidas.
Pero, no obstante la sociedad solamente destine un día al año para conmemorar sus virtudes, cada quien, en lo profundo de su corazón debería dedicar cada ocasión propicia, para hacer un altar en su corazón, en donde pueda guardar celosamente el amor por las mujeres de su vida, en cualquiera de las manifestaciones enumeradas al principio; o, mejor aún, en todas ellas.
Muchas gracias.
Valledupar, 8 de marzo del año 2005
REFLEXIÓN SOBRE EL PERDÓN
(Como preparación a la celebración eucarística)
Buenas noches, queridos hermanos en Cristo:
La esencia de Dios, es el amor y la razón de ser del amor es el perdón. Por amor, Dios creó el mundo y, por amor, envió a Su Hijo a redimirnos del pecado. Por amor, Él nos dejó su perdón y Su gracia en los Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.
Decimos que la razón de ser del amor es el perdón, porque solamente quien ama, es capaz de perdonar. Por ser infinito el amor de Dios, es infinita Su capacidad de perdón, es decir, Su magnanimidad.
Cuando Cristo nos enseña “… ama a tu enemigo…”, nos está enviando el mensaje “… perdona a tu enemigo…”. Él siempre, a través de Su existencia terrena, procedió de acuerdo a este mandamiento divino, pero donde más dio ejemplo de Su infinita misericordia, fue en la Cruz, cuando después de haber sido zaherido y humillado, clamó “… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…”, como buscando lenitivo al horror del cual había sido víctima.
Pero, aún hay más pruebas del infinito amor de Jesús y de Su infinita capacidad de perdón. En el Evangelio hay un pasaje que ilustra esto último: Según la ley judía, el adulterio en la mujer, debía ser castigado con la muerte, y muerte a pedradas. No había posibilidad de perdón, aun cuando existiera el arrepentimiento.
Pues bien, en una ocasión Jesús fue testigo del intento de lapidar a una adúltera y cuando ya parecía inminente el castigo, el Señor mostrando Su infinita capacidad de amor y de perdón, recurre a la conciencia de los improvisados jueces y verdugos de la pecadora y les dice: “Quien esté libre de culpa, que le lance la primera piedra” El Evangelio termina la narración, contándonos que Jesús, al ver que quienes querían matar a la adúltera, se habían ido, al encontrarse ellos mismos llenos de culpa e indignos de juzgarla, le dijo a la pecadora: “ … ¿Dónde están quienes querían matarte? Parece que te han perdonado. Yo también te perdono. Vete en paz y no peques más…”
Que hermoso fuera si todos pensáramos así. Si cada cual fuera capaz de perdonar a quienes le ofenden. Si cada uno de nosotros fuera capaz de sacar de su alma el rencor que pueda anidar en ella. En otro pasaje de la Escritura, el Profeta, dice “… si no perdono a mi hermano, soy como címbalo que suena o campana que repica…”, para indicarnos que sin el perdón, sin el amor, ninguna acción es válida ante Dios.
En alguna oportunidad tuve la feliz ocasión de escribir y leer las siguientes palabras:
«¡Señor!, hoy, cuando nuestra querida patria se encuentra sumida como nunca en la amargura; cuando la desolación y el dolor asuelan a muchos hogares colombianos; cuando tantas familias han quedado deshechas por la adversidad de la guerra; cuando la injusticia social carcome las estructuras de nuestra sociedad; cuando la corrupción administrativa arrasa con las posibilidades de desarrollo de las regiones más pobres del país; cuando la impunidad permite que la corrupción crezca y se mantenga; cuando la extorsión, el secuestro, el terrorismo, las masacres, el genocidio, el desplazamientos de campesinos víctimas de quienes codician sus tierras, las desapariciones forzosas y tantas otras formas de depredación humana, destruyen nuestro país, venimos a implorarte que, por Tu infinita misericordia y Tu infinito amor, escuches favorablemente nuestras súplicas, mediante las cuales Te pedimos que toques los corazones de los violentos, de los corruptos, de los venales, de quienes extorsionan a sus semejantes, de aquellos que favorecidos por su posición social explotan a los necesitados, de los que están sumidos en la avaricia, en fin de todos aquellos que han hecho del delito una forma de vida y de la muerte una fuente de lucro personal o un desahogo a su rencor, para que desistan de sus propósitos.
Y, entonces, como Saulo en el camino de Damasco, escuchen Tu voz y corrijan el equivocado sendero de sus vidas y puedan buscar y encontrar el camino de la remisión, para que Colombia conozca, por fin, la paz en todas sus manifestaciones colectivas: política, social y económica, y también en sus expresiones personales y, cuando esto ocurra, Tú absuelvas a los causantes de la violencia, de la muerte y del derrumbe del país y permitas que sus víctimas, a imagen Tuya, también les perdonen, al acordarse y poner en práctica Tus palabras al Padre: “…perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden…”»
Es evidente que, para obtener el perdón, debe haber arrepentimiento, debe haber reparación, debe haber alejamiento de las ocasiones de reincidir en los hechos punibles, debe haber un verdadero propósito de enmienda. Mas, también, mucho valor.
Así como quien ha de perdonar, requiere una fuerte dosis de nobleza.
Muchas gracias por su amable atención.
Valledupar, 15 de marzo del año 2005
LA HISTORIA
(En el Auditorio de la Academia de Historia del Cesar)
Dr. Enrique de Miguel Fernández, Decano de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de Valencia, España; Dr. Rafael Serrano Sarmiento, Rector General de la Corporación Universitaria de Santander; Dr. Carlos Morón Cuello, Rector de UDES Valledupar; Dr. Ernesto Palencia Carat, Presidente de la Academia de Historia del Cesar; Sres. Invitados especiales, Sres. Académicos, Sres. Funcionarios UDES, Señoras y Señores:
La presente es una perspectiva quimérico-poética sobre la Historia, en razón de la avenencia existente entre ella y la Humanidad. La subsistencia de cada una depende de la otra. La Historia es consustancial a la Humanidad. Es evidente que sin ésta, no hay Historia. Pero también es cierto que sin Historia, mañana ya no habría Humanidad.
En el principio reinaba el Caos. Una mañana, Dios resolvió separar las aguas de la tierra firme, creó las estrellas en el firmamento y llenó de árboles y plantas los senderos, pobló el cielo con las aves, las aguas con los peces y la tierra con las demás especies que pueblan la pradera y, así, permitió que la naturaleza cobrara vida.
Pero faltaba alguien que gobernara la creación y, entonces, pensó en el hombre y lo creó a Su imagen y semejanza. Por eso, lo dotó de sentimientos, le dio la capacidad de raciocinio y el don de la palabra, para que pudiera comunicarse con los demás seres humanos, viviera armónicamente con ellos y, sobre todo, dominara la naturaleza.
Empero, el hombre se llenó de soberbia y creyó que podría ser un dios y, entonces, el Señor le hizo confundir las lenguas.
Cuando el hombre fue menos arrogante, Dios le permitió descubrir la escritura, para que plasmara sus pensamientos y sus sentimientos y, así, pudiera legarlos a la posteridad.
No obstante, la escritura y su posterior interpretación eran privilegio de unos pocos; por eso, el Buen Dios permitió que el hombre, llevado de Su mano, descubriera la imprenta, para que la divulgación de la palabra escrita, mensajera de la ciencia, las artes y la cultura, llegara, cada vez más, a más y más seres humanos y no fuera patrimonio de una minoría; sino que a ella pudieran acceder todos aquellos que así lo desearan. Y la Humanidad descubrió la Ilustración.
Para coadyuvar en este proceso de espiritualidad, el hombre había descubierto como, usando su propia voz o usando instrumentos, cuya invención Dios le había permitido descubrir, podía imitar los sonidos de la naturaleza y, así, surgió la música: la expresión más sublime que puede brotar del alma del ser humano y que lo acerca a los ángeles, los seres que están más próximos a Dios.
También, dentro de las expresiones espirituales que el hombre puede abordar, está la poesía, sobre todo la de corte clásico, con métrica y rima, esa que brota del alma para expresar sus ansias y sus congojas, sí que también sus frustraciones y sus anhelos y la hace lo más cercano a la música, por la cadencia y la melodía que se presienten al leerla o, mejor aún, al escucharla de labios de uno de esos cantores de la poesía, los declamadores.
Pero el ser humano no podía limitarse a la escritura de la música y la poesía y, por eso, recurrió a otras formas para exponer las ocurrencias del diario acontecer y surgió la narrativa, mediante la cual el autor adorna con la ficción el desarrollo de vivencias que le atañen o pertenecen al entorno.
Hasta que un buen día, iluminado por Dios, el hombre decidió escribir las narraciones orales que sus mayores le habían legado y, al hacerlo, encontró que la simple relación de los sucesos no bastaba para hacerla interesante; más aún, esa forma de contar lo sucedido, no era amena y, para romper la monotonía, decidió introducirle comentarios que permitieran el análisis de los hechos acaecidos en el pasado y, así, surgió la Historia, que permite a las nuevas generaciones beber de los sucesos de sus antepasados, concitarse en la búsqueda de la verdad, enriquecer sus conocimientos y, sobre todo, prepararse para no repetir los errores y sí emular las buenas acciones.
He ahí, pues que, por esto, la Historia es la reina de la narración, la maestra de la juventud, la guía de la humanidad y la madre de todas las ciencias.
Muchas gracias.
Valledupar, 26 de octubre del año 2005
A UNA NIETA EN SUS QUINCE AÑOS
(Cuando la vida aún es color de rosas)
Liliana Paola:
Hoy nuestros corazones exultan de gozo al celebrar tu edad primaveral. Esta noche el mundo se rinde a tus pies para congratularte en tu paso de niña a mujer.
Quienes bien te queremos, unimos nuestras voces para pedir al Todopoderoso que te colme de bendiciones y, así, en lo porvenir, transites el sendero de la vida en paz con Dios, contigo misma, con la Naturaleza, con esos padres maravillosos que Él te dio y con esos hermanos que tanto te aman.
Al igual que con todos aquellos que te queremos.
Sin embargo, no dejes que las apariencias de la vida te engañen, ni te envanezcas ante el oropel de la existencia, no permitas que lo que tienes y lo que logres alcanzar en el futuro, puedan disminuir tu humildad.
No olvides que el decoro, la sencillez y el pudor, constituyen el mejor y mayor tesoro que puede anidar en el alma de la mujer y la embellecen aún más.
Disfruta de esta velada y consérvala en tu memoria para que, cuando la recuerdes, tu corazón conmovido te haga volver los ojos al Cielo, para agradecerle al Creador por todo lo que te ha dado.
Son los deseos de quien tanto te quiere,
Tu abuelo.
Barranquilla, 26 de enero del año 2006
EN EL DÍA DE LOS ENFERMOS
(Proemio Eucarístico)
Buenas noches.
Así como el acero se templa en el crisol, gracias al fuego, el alma humana se vigoriza en el dolor, gracias al amor de Dios. Pues, aunque no vinimos solamente a sufrir, sin embargo, el sufrimiento nos acerca al Señor, al Dios único, verdadero y eterno, el Dios Uno y Trino, Creador, Redentor y Vivificador.
Y el dolor nos acerca al Señor, porque siendo Él un Dios de Amor, hace que cuando nos aproximemos a Él, sintamos no sólo Su presencia; sino también Su amor y Su bondad, los mejores paliativos ante las vicisitudes de la vida.
Pero para lograr esa Divina cercanía, necesitamos tener fe, esperanza y amor hacia Dios. Recordemos del Evangelio el episodio del leproso, cuando le implora a Jesús:
-Señor, si Tú quieres, puedes sanarme.
Y Jesús, le responde:
-Quiero, queda limpio.
O este otro, en Cafarnaúm, cuando se le acerca un capitán de la guardia y le dice:
-Señor, mi hijo está en cama pues sufre de parálisis.
Y al responderle Jesús, -Yo iré a sanarlo, el capitán contesta:
-Señor, ¿quién soy yo para que Tú entres en mi casa? Di nada más una sola palabra y mi hijo será salvo.
Jesús al oír esto, exclamó:
-Les aseguro que no he encontrado a nadie con tanta fe.
Y dirigiéndose al capitán, le manifestó:
-Ve a tu casa que todo se hará como has creído.
Por eso, pidámosle al Señor, hoy, mañana y siempre, con fe, con esperanza y con amor, que nos cure de nuestras enfermedades y Él lo hará.
Pero, sobre todo, roguémosle que nos sane las heridas del alma, como lo son el rencor, la envidia, la pereza, la gula, la concupiscencia, la ira y la soberbia.
Muchas gracias.
Valledupar, 11 de febrero del año 2006
EFEMÉRIDES DE SANTA MARÍA DEL CAMINO
(En el banquete conmemorativo)
Rvdo. Padre Marcos Rodríguez, Señoras y Señores:
Ya se encuentran lejanos aquellos días del año 1998, cuando los feligreses del barrio Los Cortijos y aledaños, concurríamos cada domingo, a las ocho de la mañana, al garaje de la casa de Rodrigo Ríos, donde el Padre José Luís Morón presidía la Eucaristía para un puñado de personas deseosas de escuchar la Palabra y recibir el Cuerpo de Cristo. Así fue conformándose el Centro de Culto Santa María del Camino, con los católicos que habitan los barrios Los Cortijos, Ichagua, Villa Sandra, Villa Mónica, El Rincón del Amparo, Iracal, El Amparo, La Esperanza y otros más.
El Padre Morón nos acompañó durante cinco años, de los cuales, los seis primeros meses, el lugar de culto fue el ya mencionado garaje de Rodrigo Ríos, los dos años siguientes en el parque Los Cortijos, debajo de las acacias que, durante todo el año reverdecen y al acojo de las encinas, cuya sombra, hasta poemas suscitan.
Después pasamos a celebrar la Eucaristía en el lote que la Administración Municipal cediera a la comunidad, luego de la intervención decidida de Monseñor Agustín Valbuena, quien apoyó al Padre Morón y a unos cuantos quijotes, entre ellos las pequeñas comunidades, que lucharon con denuedo para conseguir un sitio donde levantar el templo. Allí, todavía está el árbol tutelar que, en su momento, nos protegiera a medias de los rigores del sol.
Luego de la ida del Padre Morón, quien dejara honda huella en sus feligreses, vino el Padre Jaimes, que nos acompañó y dirigió espiritualmente durante unos meses, hasta el año 2003 cuando el Obispo de la Diócesis nombrara como guía de nuestras almas al Padre Marcos Rodríguez, un joven recién ordenado en ese momento; quien, a pesar de su juventud o, tal vez, por ella misma, ha impulsado de manera resuelta la construcción del templo.
Monseñor Valbuena bendijo la primera piedra del edificio y Monseñor Oscar José Vélez Isaza, quien lo sucediera como pastor, vino y celebró la Eucaristía entre nosotros y empezó a vislumbrarse el perfil de la construcción que, algún día con la ayuda de Dios, se convertirá en el Templo donde Lo adoraremos y podremos venerar a la Santísima Virgen María.
Ya empieza a tomar forma su silueta. Se ha construido el salón comunal, en donde, protegidos de las inclemencias del tiempo, asistimos a la celebración de la Eucaristía en las noches del sábado y en las mañanas del domingo. Allí, también, se realizan las reuniones del párroco con los feligreses que le colaboran más estrechamente, al igual que los demás eventos que demanda la administración de la Parroquia.
Porque, Santa María del Camino, ¡ya es Parroquia! Así figura en el directorio diocesano y en el municipal.
Asimismo, ya se está levantando la casa cural; sus paredes se yerguen mostrando cómo, el espíritu de solidaridad, puede realizar grandes cosas. Haciendo patente, una vez más, la Misericordia Divina.
Estamos distantes aún de la fecha cuando podamos ver concluida la construcción; pero, con la ayuda de todos, los aquí presentes y aquellos que gustosamente han colaborado, así no hayan podido asistir, algún día tendremos un lugar decente para que nuestro párroco habite, planeé y realice su labor pastoral y sus feligreses escuchemos cómodamente la Palabra y recibamos los Sacramentos.
No obstante, hoy estamos más cerca de donde estábamos hace ocho años.
Que remotos aquellos días, hace aproximadamente veinte años, cuando el Padre Juan Navarrete, con el permiso de Monseñor Valbuena, quien escuchara los ruegos de algunas señoras devotas del barrio Los Cortijos, celebrara la Eucaristía en el garaje de la casa de doña Ofelia.
Ojalá que, cuando esté terminado el templo y ya estemos gozando de su ámbito beatífico, recordemos las acacias que nos protegieron de los rigores del sol y no olvidemos la incomodidad de tener que llevar cada domingo la silla donde sentarnos a escuchar las homilías de nuestro guía espiritual. Para que, así, ese recinto sagrado sea cuidado por cada uno de nosotros como si fuera nuestra casa. Al fin y al cabo, será la casa de Dios nuestro amantísimo Padre y, nosotros Sus hijos, pues también la podremos considerar como nuestra.
Muchas gracias por su atención y, sobre todo, por su asistencia a este evento.
Valledupar, 5 de abril del año 2006
DISCURSO DE GRADO
(Para Cynthia, hija de Doña Alma Gutiérrez)
Señora Rectora, Luz Marina de Arteta; Señor Coordinador Académico y Disciplinario, Jairo Arrieta; Señora Coordinadora de 11° Grado, Luzmar Pereira; Profesores y Profesoras, Padres y Madres de Familia, Compañeras y Compañeros graduandos, Señoras y Señores:
Hoy es un día de júbilo colectivo, porque culminamos una etapa sustancial en nuestras vidas. Éste, junto con otros acontecimientos en la existencia del ser humano, hacen parte de aquellos momentos que terminan por volverse inolvidables para quienes los vivimos. Son esos sucesos que nos indican que hemos logrado algo importante y, para lo cual, han sido decisivas nuestra voluntad y nuestra disciplina, así como también ha sido menester el acopio del deseo de superar un hito en nuestra existencia.
Sin embargo, nada de esto habría sido posible sin el concurso decidido de nuestros profesores que, como guías, nos condujeron por la senda del saber para qué, así, lográramos adquirir unos conocimientos que nos han de permitir iniciar otra fase resolutiva en nuestra existencia, como lo es el prepararnos para pasar de la adolescencia a la edad adulta, de la sujeción a la independencia, del bachillerato a la universidad.
Pues, a partir de hoy, quedamos preparados para poder formarnos en un área específica del conocimiento que nos permita ser útiles a la patria, a la sociedad, a la familia, a nosotros mismos.
Además, las Directivas del Colegio, en cabeza de la Señora Rectora y del Señor Coordinador Académico y Disciplinario, al igual que nuestros Coordinadores todos -desde 6° hasta 11° Grado- encauzaron nuestro devenir académico, pendientes de que siempre las aguas de la disciplina se mantuvieran en el cauce correcto, que nunca ninguno de nuestros actos desbordara las normas ni rompiera la armonía en las aulas ni en el claustro.
Pero también la vigilancia y el insomne acompañamiento de nuestros padres y madres, han sido decisivos para lograr estar en el sitial de honor en el que hoy nos encontramos. De igual manera, las enseñanzas que nos inculcaron desde la edad temprana, enseñanzas basadas en los valores axiológicos y fundamentadas en la creencia en un Dios omnipotente y misericordioso, formaron en cada uno de nosotros la coraza que nos ha permitido andar por el camino del bien y serán el mejor escudo contra los cantos de sirena que, en el futuro, pretendan hacernos desviar de ese sendero. Estos principios también nos iluminarán en los momentos en los cuales tengamos que tomar decisiones trascendentales en la vida, sobre todo, cuando la incertidumbre nos asalte o cuando el camino fácil tiente nuestra voluntad.
Por eso, agradezcamos a Dios, a nuestros padres, a las directivas del Colegio y a nuestros profesores, el que hoy podamos estar en este magno recinto, recibiéndonos como bachilleres del Colegio Hispanoamericano -promoción 2009- en donde aprendimos de nuestra lema «Altius, Citius, Fortius» que, si se quiere sobresalir, habrá que trabajar con denuedo para lograrlo, de la manera «más alta, más rápida, más fuerte».
Muchas gracias.
Valledupar, 4 de diciembre del año 2009
A UNA NIETA EN SU GRADO
(Cuando la distancia no obsta)
María Salomé, mi querida nieta:
Hoy es un día de alborozo para todos los que te queremos, porque culminas otra etapa en tu vida. Éste, junto con otros acontecimientos en la existencia del ser humano, hacen parte de aquellos momentos que terminan por volverse inolvidables para quienes los viven. Son esos sucesos los que van indicando que se ha logrado algo fundamental y, para lo cual, han sido decisivas la voluntad y la disciplina, así como también ha sido menester el acopio del deseo de superar un hito en la existencia.
Sin embargo, nada de esto te habría sido posible sin el concurso decidido de tus profesores que, como guías, te condujeron por la senda del saber para qué, así, lograras adquirir los conocimientos que te han de permitir iniciar otra fase resolutiva en la existencia, como lo es la de prepararte para pasar de la vida estudiantil a la del ejercicio de una profesión. Pues, a partir de hoy, quedas preparada para poder enfrentarte dentro de un área específica del conocimiento que te ha de permitir buscar y alcanzar otros objetivos en la vida.
Pero también la compañía, el amor y el insomne acompañamiento de tu padre, de tu madre y de tu hermano, han sido decisivos para que hayas podido lograr estar en el sitial de honor en el que hoy te encuentras. De igual manera, estoy seguro de que las enseñanzas que te inculcaron desde la edad temprana (enseñanzas basadas en los valores axiológicos y fundamentadas en la creencia en un Dios omnipotente y misericordioso), formaron en ti la coraza que te ha permitido andar por el camino del bien y que serán el mejor escudo contra los cantos de sirena que, en el futuro, pretendan hacerte desviar de ese sendero. Estos principios también habrán de iluminarte en los momentos en los cuales tengas que tomar decisiones trascendentales en la vida, sobre todo, cuando la incertidumbre te asalte o cuando el camino fácil tiente tu voluntad.
Por eso, agradece a Dios, a tus padres, a las directivas del College y a tus profesores, el que hoy puedas estar en ese magno recinto, recibiendo un grado que te permita trabajar con denuedo para lograr, de la manera más alta, más eficaz y más fuerte, sobresalir en la vida.
Son los deseos amorosos y sinceros de tu abuelo, a los que se unen tu abuela y tu tía para, así unidos, poder desearte los mejores éxitos en tu vida profesional futura, guiada por el Altísimo.
Valledupar, Colombia, 19 de mayo del año 2012
A MI HIJA Y MI YERNO EL DÍA DE SU MATRIMONIO
(Palabras nacidas en lo más profundo de mi corazón)
Fabián y Luisa Fernanda:
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y le insufló en el rostro el espíritu de vida, el espíritu de amor, para que adquiriera alma racional. Más adelante, el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” y le infundió un sueño y, durante ese letargo, le sacó una costilla y de ella formó a la compañera del hombre y éste, al verla, exclamó: “Esta es carne de mi carne y huesos de mis huesos.”
Por eso, el hombre dejará a sus padres para unirse a la mujer preferida entre todas las demás, y ella hará lo mismo con sus progenitores, con el fin de formar una sola carne y un solo cuerpo con el hombre elegido por ella. Y, así, unidos por el amor, formarán pareja y, con amor y por amor, procrearán a sus propios hijos.
Pero cuando decimos “con amor y por amor”, también mencionamos el respeto, la tolerancia, el desprendimiento, la comprensión; porque, cuando se ama, la generosidad nos lleva al extremo de dar la vida por el ser amado, si esto fuera necesario.
Porque amar, es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Ésta es la sensación más grande y noble que puede anidar en nuestra alma; es el sentimiento que nos hace diferentes a los demás seres de la naturaleza; es la exaltación que nos aparta de nuestra esencia animal, para comunicarnos la espiritualidad necesaria que nos permita aproximarnos a Dios y vivir de tal manera que podamos, al morir, gozar de la plenitud eterna de Su Gloria.
Y cuando unimos nuestra vida a la de aquella persona elegida, lo hacemos para que ese amor que hizo posible la unión, permanezca hasta el último de los días de la existencia y, más aún, trascienda este mundo temporal y sólo la muerte de ambos dé final a ese amor que empezó con una mirada o, tal vez, con una sonrisa o, quizás, con un gesto galante; pero que llegó para quedarse en el alma de ese par de enamorados y, si lo saben cultivar y hacer crecer día tras día, ya nunca más se irá.
Entonces, Fabián y Luisa Fernanda, ojalá cuando pasen los años y hayan alcanzado, por la gracia de Dios, la felicidad de seguir amándose, a pesar de las vicisitudes de la vida -o, por ventura, en razón de ellas- puedan cantar, como yo lo hice, con casi cuarenta años de matrimonio, en uno de mis poemas a la vida:
“Mas el Señor, en Su bondad eterna,
te puso en mi camino, esposa amada
y cual ángel guardián, a la poterna
de mi alma llegó tu alma enamorada.
Y has sido desde entonces, amada compañera,
la luz de mi vida, la que mi amor provoca;
a quien amo aún como la vez primera
en mis labios se posaron en tu boca…”
Qué Dios los bendiga.
Valledupar, 8 de junio del año 2012
A OTRA NIETA EN SU GRADO
(A veces, las palabras brotan raudas)
Ivonne Andrea:
La vida del ser humano está llena de retos. En el instante de la concepción surge ya, el que habrá de ser el primer reto de la existencia: lograr nacer.
Luego habrán de venir otros desafíos: oír, hablar, caminar, coordinar; en fin, crecer. Después, irán llegando los incentivos que la persona debe afrontar como estudiante, desde la escuela de párvulos hasta culminar el bachillerato.
Hasta ese momento, todas estas exigencias de la civilización, se van cumpliendo con el apoyo cariñoso e insomne de los padres. Y el hijo se siente seguro porque sabe que ellos están ahí, siempre amorosos, siempre atentos, siempre pendientes de sus hijos y sus hijas.
Entonces viene el paso de la adolescencia a la edad adulta, muchas veces acompañada esa etapa con la educación superior, en la cual el reto aumenta, dada la autonomía que se debe desplegar, pues los padres -por liberalidad, por amor, por respeto- dejan a sus hijos tomar las riendas de su vida.
Ahí, la exigencia se incrementa; ya que ese adulto, todavía joven, debe asumir responsabilidades, a veces, superiores a sus fuerzas físicas, espirituales o mentales.
Pero algunos no alcanzan las metas propuestas. Otros lo logran, con lo cual llenan las expectativas suscitadas y colman de felicidad a sus padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, amigos…
En ese momento, el corazón de todos desborda de satisfacción; pues el amor hace que la felicidad se comparta con alborozo. Los besos, los abrazos, los parabienes surgen de manera espontánea y todos los presentes (bueno, los ausentes, también) sienten suya la felicidad de ese ser querido que ha demostrado tesón y disciplina, sí que también, responsabilidad, y ha logrado culminar esa trascendental etapa.
Ivonne Andrea: ya eres una profesional, ya has recibido el espaldarazo que te ha armado con las capacidades necesarias para enfrentar la vida laboral; ya cuentas con las herramientas del saber que te permitan labrar tu destino.
A nosotros, que bien te queremos, sólo nos resta desearte muchos éxitos, los cuales -dadas tus cualidades- irán llegando a su debido tiempo. Solamente debes ser paciente y esperar, porque este logro de hoy es el primer eslabón de una cadena que ha de entrelazar tus esfuerzos futuros, para que sigas consolidando tu vida competitiva, alrededor de los triunfos que en el porvenir -Dios así lo quiera- vayas alcanzando.
Qué El Señor te colme de bendiciones.
Maracaibo, 11 de agosto del año 2012
A UNA AMIGA EN SU GRADO
(La amistad, cuando es sincera, es espontánea)
Johana Andrea:
Las cosas que nos rodean tienen un valor objetivo y son temporales; es decir, que van y vienen; en tanto que aquellas que forjamos en nuestra mente, adquieren un valor subjetivo y, por tanto, pueden perdurar todo el tiempo que así lo queramos.
Dentro de esas creaciones subjetivas, producto de la mente humana, ocupa un lugar preponderante el conocimiento y, es tal su valor, que nadie, sólo Dios, puede arrebatárnoslo.
Por eso, cuando alguien alcanza metas, cuyos elementos fueron moldeados por esa persona con el ánimo de hacer acopio de conocimientos que la preparasen para lograr forjar su proyecto de vida, todos quienes bien la quieren se regocijan haciéndose partícipes del triunfo alcanzado por ese ser querido.
No obstante ser un acto volitivo, el aprendizaje requiere de ayudas diversas: los padres que, insomnes, amorosos y desinteresados, dieron todo de sí para que su hijo o hija lograra alcanzar la meta propuesta; los profesores que compartieron sus conocimientos con sus alumnos; las directivas del claustro que hicieron realidad la infraestructura física y académica y, por encima de todos, Dios que no sólo nos creó, nos redimió y nos hizo amos de la creación, sino que también nos puso en el sendero de las personas antes mencionadas para que, así, fuera dable a cada quien alcanzar los propósitos individuales.
Johana Andrea, hoy se cierra en tu vida un ciclo significativo, pues acabas de convertirte en una profesional; hoy, también, empieza otra era en tu existencia, ya que mañana podrás forjar tu futuro y el de la familia que, en el porvenir, Dios te conceda formar. Ya tienes las herramientas necesarias para lograrlo y, lo que es mejor, nadie te las puede quitar; son tuyas y seguirán siéndolo hasta el último de tus días; porque, como te lo dijimos al principio, esos instrumentos subjetivos están en ti y allí se quedarán hasta cuando Dios así lo quiera.
A nosotros, solo nos resta desearte muchos éxitos en tu ejercicio profesional, los cuales ya damos por descontados, pues conocemos tus quilates académicos y tu fuerza de voluntad para lograrlo.
Recibe los abrazos y lo buenos deseos de tus amigos que te quieren,
Familia Rodríguez Enciso.
Valledupar, 7 de septiembre del año 2012
EN LA MUERTE DE UN HISTORIADOR
(La historia la escriben los hombres sabios)
Buenas tardes, damas y caballeros:
La familia Palencia, en Valledupar, Barranquilla y Bogotá, está de luto: el Profesor Manuel Santiago Palencia Carat ha muerto; pero no solamente su familia está de duelo, pues su muerte también enluta a otra familia, la Academia de Historia del Cesar, en cuya realización trabajó, hombro a hombro, con su hermano, el también historiador, Dr. Ernesto Palencia Carat.
Esta quijotesca obra nació en la mente de estos dos caballeros (barranquilleros, como yo) y, gracias a su tesón, a cual más inflexible, hoy el Dpto. del Cesar se puede enorgullecer de tener un templo en donde se cultive el amor a los valores patrios que permitieron forjar nuestra nacionalidad.
Pero también hay en Valledupar y en el Cesar otras personas que lloran su orfandad, tras la desaparición del profesor Manuel: son los jóvenes que diariamente, en época lectiva y aún en vacaciones escolares, venían a buscar en él, al guía que, con paciencia y con sapiencia, los ayudara a salir de los vericuetos de la Historia; pues sabían que en el profesor Manuel encontrarían el faro que les iluminara el camino para encontrar la autenticidad del devenir histórico nacional.
Todavía recuerdo, como si hubiera sido ayer, una soleada tarde de finales de enero del 2003, cuando toqué las puertas de ese acogedor recinto en pos de información sobre los requisitos necesarios para hacer parte de esta institución.
El profesor Manuel Palencia me recibió y, al saber el motivo de mi visita, le bastaron tres o cuatro preguntas para auscultar mi fervor por la Historia.
-Venga, me dijo -le voy a presentar a mi hermano, el Dr. Ernesto, que es quien preside esta academia. Pero antes, permítame decirle que vaya pensando en alguna figura de nuestra gesta libertadora, porque él le pedirá que escriba sobre esa persona y los hechos que rodearon su vida. ¿Ha pensado en alguien?
Sin titubear, le respondí: -Sí señor; me gustaría trazar el perfil histórico de Manuelita Sáenz, la Libertadora del Libertador.
Con igual celeridad, me respondió: -Excelente elección; vamos, pues.
Así era el profesor Manuel, conciso, directo; además de cordial, cuando se lo proponía.
En mayo del mismo año, presenté mi solicitud acompañada de la monografía de “la amable loca”, como la llamara cariñosamente Simón Bolívar.
A mediados de agosto, el profesor Manuel me llamó a la Oficina de Admisiones y Registro de la UDES, cuya dirección a la sazón yo regentaba, para decirme que preparara el discurso de aceptación como miembro de la Academia.
El 30 de agosto del 2003, en sencilla y austera ceremonia (como ha sido la norma de los hermanos Palencia Carat), fui investido como componente de esta notable agrupación.
Al recordar esta semblanza, mi corazón se llena de nostalgia, pues la Academia de Historia del Cesar ha perdido unos de sus dos pilares majestuosos.
Para toda la familia Palencia (doña Clara, las hijas del profesor, sus hermanos y demás allegados y relacionados), mis más sinceras condolencias por el fallecimiento del profesor Manuel Santiago. Pidamos a Dios por el eterno descanso de su alma y para que el Divino Maestro le asigne en Su Bienaventurada Morada, la cátedra de Historia a la cual tiene derecho, para que allá siga iluminando con sus enseñanzas a todos los nuevos ángeles que se incorporen a la Patria Celestial.
Valledupar, 20 de enero del año 2013
EN EL BAUTISMO DE MI NIETA
(Hoy, la luz de Dios se enciende para el resto de tus días)
Ana Sofía:
Hoy hace cuarentidos días llegaste para alegrar nuestros corazones: el de tu papá, el de tu mamá, el de tus abuelos, tíos, primos y demás personas que, desde nueve meses antes, ansiábamos tu nacimiento para , sobre todo, poder brindarte nuestro amor.
Tu llegada nos dio motivos para agradecerle a Dios por permitirnos conocerte y consentirte.
Hoy, cuando te haces hija de Dios, a través de las aguas bautismales, aumenta nuestro regocijo y, si cuando naciste, no te brindé mis palabras de salutación, no fue por falta de amor o de inspiración y, mucho menos por olvido; no, la razón es sencilla: estaba esperando una ocasión tan especial como ésta; porque si hoy hace cuarentidos días naciste a la vida corporal, hoy has nacido a la vida espiritual, que te permitirá vivir para la vida eterna y, así, cuando llegue el momento (ojalá lo más tarde posible), puedas con un beso cerrar los ojos de tu abuelo que te ama desde antes de conocerte.
Dios te bendiga y te dé una vida llena de paz y tranquilidad alrededor de quienes te amamos y quienes te amarán en el futuro.
Besos de tu abuelo.
Valledupar, 5 de octubre del año 2014
EN EL ASCENSO DE MI YERNO
(Lo posible se logra a través de la perseverancia)
Fabian:
Cuando Jacob viajó a tierras de su tío Labán en búsqueda de su destino, tuvo un sueño en el cual veía a una multitud de ángeles que subían y bajaban por una escalera que él sostenía y que llegaba hasta las nubes.
Después de muchas vicisitudes, y cuando ya desesperaba por asentar su vida al lado de su esposa Raquel, recordó el sueño y, de inmediato, lo relacionó con la promesa que conociera por boca de su padre Isaac y que Dios le hiciera a su abuelo Abraham: “Multiplicaré tu descendencia como las arenas del mar y como las estrellas del firmamento.”
En ese momento Jacob tuvo la certeza de que esa escalera que avizorara en sueños, era el anuncio de que su ascenso a la eternidad, estaría signado por la promesa del Creador y de que sería recordado por todas las generaciones futuras. Entonces, tomó la decisión de luchar por hacer realidad lo que antes creía era solamente una quimera.
He traído a colación este pasaje del Génesis para significar cómo, el quehacer material en la existencia del ser humano, gira alrededor de un continuo aspirar a subir cada vez más en la escala de la vida, al no poder conformarse con lo alcanzado, pues siempre habrá de aspirar a subir el siguiente peldaño.
Cuando no lo consigue, la persona se entristece y, en ocasiones, hasta se frustra; pero cuando, por el contrario, ve que el esfuerzo empleado es retribuido, puede volver la vista atrás y, al advertir que los logros han sido conquistados, aumenta su felicidad, mas también hace partícipes de esa dicha a quienes lo rodean con su cariño.
Por eso, hoy nos hemos reunido aquí, para congratularnos contigo, en razón de tu ascenso, seguros de que seguirás cosechando triunfos, que habrás de compartir con tu amada esposa y, en el futuro, serán motivo de envanecimiento para tu adorada hija.
Todos los aquí presentes, quienes bien te queremos, también nos llenamos de orgullo al verte lucir las insignias que dan fe de tu merecido ascenso.
Muchos éxitos te deseamos de todo corazón.
Barranquilla, 14 de octubre del año 2014
PARTE V
CARTA ESCRITAS BAJO PSEUDÓNIMO
A El Pilón, por José de la Peña
(Casi todas con un sabor local)
Valledupar, 6 de mayo del año 2013
Atento saludo:
Como observador del acaecer de Valledupar, me sorprendió la noticia que hace mención a la alegría desbordante del señor Alcalde, al anunciar que la ciudad se va a acoger a la Ley 550, llamada también Ley de Quiebra.
Porque, si bien, ésta le permitirá a la administración congelar las deudas del municipio con el fin de ir dándoles salida de acuerdo a ciertas prioridades, no es menos cierto que, al ser declarada en quiebra la ciudad, sus posibles futuros acreedores lo pensarán dos veces, antes de hacerle cualquier nuevo empréstito.
Indudablemente, ésta no es la mejor imagen para una urbe en crecimiento, a la que se le ven, desde lejos, buenas perspectivas; sin embargo esa situación de bancarrota, desdibuja esa impresión inicial sobre un óptimo devenir para Valledupar.
Ojalá estas apreciaciones no sean más que el parecer de alguien que, por querer mucho a la ciudad que le acogió, ve nubarrones en toda situación de riesgo y espera de cada administración un desempeño eficiente.
Cordialmente.
Valledupar, 8 de mayo del año 2013
Si la alegría desbordante del señor Alcalde al anunciar lo referente a la Ley 550, me dejó sorprendido, por lo que esto significa para la imagen de la ciudad, lo que sucede en Emdupar produce preocupación, desasosiego, pues no es posible que se engañe a la ciudadanía de manera tan impávida y, hasta el momento, no se conozca un pronunciamiento por parte del alcalde ni, mucho menos, del gerente de Emdupar.
Cuando se acercaba el Festival, anunciaron con bombos y platillos que la ausencia de agua en los barrios del noroccidente de la ciudad, se subsanaría en pocos días; que todo era hacer unas conexiones y asunto arreglado; sin embargo, se acabó el Festival y los funcionarios en cuestión regresaron de sus parrandas y los habitantes del mencionado sector tornaron a padecer del mismo problema. Más aún, se cortó el servicio a toda la ciudad, dizque para arreglar la situación del mencionado sector; pasaron tres días y, cuando se restableció el flujo de agua potable para gran parte de la ciudad, los habitantes del noroccidente de la misma, continuamos sin agua corriente.
La situación está igual o peor que antes de las tan cacareadas conexiones desde La Pedregosa.
Entonces, ¿qué hacemos?
Cordialmente.
Valledupar, 26 de mayo del año 2014
Reciban un respetuoso saludo y mis felicitaciones por la buena presentación y el excelente contenido del periódico en esta nueva etapa.
La inquietud que hoy quiero presentarles, hace referencia a lo precaria que se ha vuelto la movilidad en la ciudad; el mantenimiento de calles y avenidas, la apertura de nuevas vías, el control vehicular, la semaforización y tantas otras variantes que conforman la movilidad en una ciudad moderna, no han corrido parejas con el crecimiento de Valledupar y el consiguiente incremento en el parque automotor.
Hace falta reorganizar las vías, prohibir el parqueo en las vías concurridas; es aberrante ver vehículos estacionados en ambas lados de una calle, que la convierten de arteria de doble vía con tres carriles, en calle de una sola dirección; ocasionando el correspondiente trancón.
De otro lado, las glorietas dejaron de ser una solución al tráfico, para convertirse en un estorbo. Las existentes en la ciudad, solamente son monumentos decorativos. Mientras se encuentra otra solución, bien podrían instalarse semáforos en cada una de las bocacalles que las alimentan.
Cordialmente.
Valledupar, 11 de junio del año 2013
Reciban un respetuoso saludo y, con él, las mutuas congratulaciones por el triunfo de la Selección de Mayores, en su partido frente a Perú, dentro del ámbito de las eliminatorias al Mundial de Brasil 2014.
Aun cuando estos triunfos deportivos, al igual que los culturales, no solucionan ninguno de los múltiples problemas que padece el país años ha, es de todas maneras reconfortante saborear este tipo de hazañas, que llena de orgullo hasta al más desesperanzado.
Entonces, felicitemos a los integrantes de la Selección, incluso los que estuvieron en la ‘banca’; pero, también, al señor Pekerman, quien, como el director de una orquesta, es el responsable de la buena ejecución de sus dirigidos.
Hacia veinte años que no nos regocijábamos con las destrezas de nuestros futbolistas que representan al país en el exterior.
Cordialmente.
Valledupar, 13 de junio del año 2013
Con un respetuoso saludo, expongo a ustedes un tema que pareciera haber perdido todo el interés que merece
Jesucristo dijo: “por sus actos los conoceréis.” Pues bien, si siguen proliferando los casos de padres-niños; si cada día más adolescentes y hasta casi niñas, quedan embarazadas; si aumentan los casos de enfermedades venéreas en jóvenes de uno u otro sexo; entonces, algo en la educación (tomada ésta como la formación integral de la persona), está fallando; algo está faltando en los programas académicos o en el control de su aplicación
Pero no es menos evidente que estas falencias también (y con mayor gravedad) se están dando en los hogares. Claro está que, si algunos se hicieron padre y madre, cuando aún no estaban preparados para serlo, ¿qué hijos podrán formar?
No obstante, para eso fue creado el Estado: no solamente para tener funcionarios que devenguen altos salarios y gocen de prebendas a granel. No. El objetivo de la figura estatal, fue el de suplir las insolvencias de los asociados y ¿cuál falla más grave que ésta, la de la educación?
Atentamente.
Valledupar, 14 de junio del año 2013
“Como decíamos ayer…” (permítaseme citar a Fray Luís de León), la juventud anda mal; más por falta de guía, que por algo connatural a ella. Y, tan no es algo intrínseco a la edad, que los jóvenes que representaron al Cesar en las Olimpiadas Fides celebradas en Bogotá por estos días, obtuvieron siete medallas de oro; amén de otras de plata y algunas de bronce.
Es usual que cuando alguien hace las cosas bien, pase desapercibido; pero si por el contrario se equivoca, le caigan rayos y centellas. Entonces, salgámonos de los esquemas y felicitemos a estos deportistas especiales (en todo el sentido de la palabra) y, ojalá, las autoridades departamentales y municipales, resaltaran el mérito de estos jóvenes, ejemplo de superación.
Cordialmente.
Valledupar, 18 de junio del año 2013
Reciban un cordial y atento saludo.
Hay un adagio que dice que “mal de muchos, consuelo de tontos.” Entonces, el hecho de que la inseguridad se haya tomado las calles de las grandes ciudades del país, no significa que las autoridades de Valledupar se escuden en esto, para no tomar las medidas necesarias que se requieren para acabar con este azote que la asuela
Los delincuentes atacan a cualquier hora y en cualquier parte. Sin embargo, las horas de la noche, se les hacen más propicias, en tanto la oscuridad y la soledad les sirve para ocultarse, acechar a la víctima, atacarla y luego desaparecer; muchas veces sin dejar rastro.
Por consiguiente, se requiere de más pie de fuerza policivo, de más alumbrado público y hasta de cámaras de seguridad que permitan, sino acabar, al menos disminuir las facilidades que el entorno les brinda a los delincuentes
Además, como quiera que estos últimos son, en gran parte, producto de las desigualdades sociales, bien se podría ir pensando en programas de educación que, a la larga, disminuyan el campo fértil o caldo de cultivo de la delincuencia. Éste sería el remedio a largo plazo; no obstante, la solución para el momento actual, está en medidas que demuestren que no solamente hay autoridad, sino que además hay voluntad política para hacerles más segura la ciudad a sus habitantes.
Atentamente.
Valledupar, 10 de septiembre del año 2013
Reciban un cordial y respetuoso saludo.
¿Hasta dónde llegará la paciencia de la ciudadanía, sobre todo la que habita en el noroccidente de Valledupar, con respecto al cada día más deficiente servicio de acueducto?
Sólo basta que Emdupar anuncie la revisión de tuberías en cualquier sitio de la ciudad, para que los habitantes del mencionado sector, temblemos al pensar que el plazo fijado por esta empresa para solucionar el problema de marras, significará una suspensión absoluta del servicio por varios días.
La semana pasada anunciaron una interrupción por veinticuatro horas, para el día miércoles. A primera hora de la mañana del mencionado día, de manera puntual, el servicio quedó suspendido (parece ser que en toda la ciudad). A las veinticuatro horas, jueves bien temprano, fue restaurado en gran parte de ésta. No obstante, en los barrios del noroccidente, solamente regresó el agua a las tuberías de las casas, el domingo a las seis de la tarde; vale decir, cuatro días después de lo anunciado por Emdupar, a las noventa y seis horas de lo esperado por los, hasta ahora, pacientes habitantes de ese sector.
Y no es la primera vez que esto sucede. La última ocasión que se recuerda ocurrió hace cuatro meses, en los días previos al Festival de este año.
Entonces, no preguntemos hasta cuándo Emdupar va a seguir burlándose de los habitantes del noroccidente de la ciudad, averigüemos mejor, ¿hasta dónde llegará su paciencia? Y toque recurrir a otros expedientes; por ejemplo, una cacerolazo frente a la vivienda de su gerente. Todo esto, dejando de lado el atraco en la última factura, en la que se inventaron un saldo anterior inexistente.
Atentamente.
Valledupar, 16 de septiembre del año 2013
Reciban un cordial y respetuoso saludo.
Como quiera que la idea es que toda la ciudad sepa de las arbitrariedades que se cometen en la prestación de servicios que, de ninguna manera son gratuitos, he querido utilizar este medio de gran difusión, no sólo en Valledupar sino también en su área de influencia, para denunciar el atropello en que incurren algunos conductores de la empresa Cootracesar, en la ruta que oficialmente debe pasar por las urbanizaciones Altos de Comfacesar y La Castellana.
Sucede que dependiendo del estado de ánimo (o sería mejor decir, del hígado) del chofer, la ruta ingresa hasta los mencionados barrios; pues son muchas las ocasiones (sobre todo después de 6:30 de la tarde y los domingos, a cualquier hora) en las cuales algunos choferes deciden alterar el recorrido y, simplemente dejan a los usuarios esperando hasta que un conductor decente, respetuoso y, además, inteligente (pues de la recogida de pasajeros deriva sus ingresos), decide cumplir con el trayecto establecido por la empresa.
Todo esto en perjuicio de los potenciales pasajeros; pues, algunos deciden tomar un taxi en forma colectiva y trasladarse al centro de la ciudad y no seguir perdiendo el tiempo a la espera de un servicio que deja mucho que desear.
Y ni qué decir de estos mismos choferes irresponsables y de mala ley, cuyos pasajeros son dejados a cinco o seis cuadras de la entrada a dichas urbanizaciones (por la misma causa mencionada antes), y tienen que atravesar, en la semipenumbra, calles desiertas en las cuales corren riesgos en su integridad física y en la conservación de sus pertenencias.
Ojalá los directivos de Cootracesar leyeran esta carta y tomaran las acciones pertinentes. Como, por ejemplo, poner un control de tiempo (de lunes a domingo) dentro de los citados barrios.
Atentamente.
Valledupar, 17 de septiembre del año 2013
Reciban un cordial saludo.
Aún está fresca la carta de ayer; mas, sin embargo, los últimos resultados sobre las pruebas Saber Pro trajeron tanto desconcierto en la comunidad académica, que no es posible quedarse callado sin comentar algo al respecto.
Hace un poco más de un año uno de sus columnistas escribió sobre el tema, haciendo énfasis sobre algo que el señor rector de la UPC expresó en la edición de ayer: “el problema nace en la educación básica”.
Nada más cierto. Antes (hasta mediados del siglo pasado), la educación básica era eso: la base del conocimiento para que el estudiante quedara preparado para ingresar a la universidad; más aún, el título de bachiller era algo que le daba respaldo a quien lo obtuviera, de tal manera que su preparación académica era garantía del saber.
Dentro del programa de estudios quedaban contempladas asignaturas que le daban valía al concepto de la educación, en tanto es ésta la preparación que hace al individuo apto para hacer frente a la vida.
Hoy en día, el estudiante pasa por las aulas, apenas con un pequeño barniz de conocimientos en un océano de ignorancia. Tanto, que son sus padres quienes les hacen las tareas y, si acaso, el alumno tiene que prescindir de la ayuda hogareña, le queda el expediente de recurrir a internet y, allí, sólo es copiar y pegar. Y como sabe que el profesor ni siquiera le indagará sobre el contenido, pues entonces, ¿para qué tomarse la molestia de leerlo?
Con bachilleres así, ¿qué universitarios pueden darse?
Allí seguirá imperando la flojera estudiantil, pues para eso está el maestro Google, que todo lo sabe.
Atentamente.
Valledupar, 15 de noviembre del año 2013
Reciban un atento saludo.
La noticia del día, en el ámbito cultural, es sin duda alguna la visita que la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional hace a la ciudad de Valledupar, para regocijo de los melómanos que aún se extasían ante los arpegios de una sonata, una sinfonía, un nocturno, una bagatela, una polonesa, un vals.
Hace un año, tal vez, la Orquesta Filarmónica de Bogotá estuvo deleitándonos en las instalaciones del Coliseo Cubierto, en una tarde sábado, con obras de Mendelssohn, Bach, Mozart y otros de los grandes compositores, cuya música todavía se escucha con deleite, doscientos o más años después de haber sido escuchadas por vez primera.
Ojalá estas visitas, que sirven para cultivar el buen gusto musical y acentuar la cultura de la gente, se repitieran.
Cordialmente.
Valledupar, 15 de noviembre del año 2013
Reciban un atento saludo.
En la edición de ayer, aparece una nota sobre el espacio público en la zona céntrica de la ciudad; allí muestran cómo es de precaria el área que le queda libre al peatón para poder transitar sin exponerse a ser arrollado por un vehículo, pues los vendedores estacionarios han invadido de tal manera los andenes que, en ocasiones, debido a las tertulias que éstos desarrollan, al ciudadano de a pie no le queda otra posibilidad que lanzarse a la calzada, para poder continuar su camino.
De otro lado, algunas personas irresponsables y que, además, sólo piensan en sí mismas, estacionan sus vehículos encima de los sardineles y, al igual que los vendedores estacionarios, invaden el espacio público, con las mismas consecuencias fatales para el peatón. Esto último es también muy frecuente en las calles de los barrios de la ciudad.
Quiera Dios que las autoridades municipales, haciendo gala de eficiencia y en correspondencia al sueldo que devengan gracias a los impuestos pagados por la ciudadanía, procedieran a corregir esta situación que está tornando invivible la ciudad, otrora un verdadero paraíso.
Cordialmente.
Valledupar, 9 de diciembre del año 2013
Reciban, como siempre, un cordial saludo.
En épocas pretéritas (algo así como a mediados del siglo pasado), cada político tenía una ideología, fuera ésta de izquierda, de centro o de derecha y, de acuerdo a ella, procedía no solamente en su quehacer oficial cotidiano, sino también en tiempos electorales; manteniendo siempre una línea de pensamiento coherente con su ideología.
Por consiguiente, un conservador siempre se comportaba, actuaba y se expresaba como conservador; un liberal obraba como liberal, mientras que un comunista hacía otro tanto en referencia a sus ideas políticas.
Pues bien, hoy, gracias tal vez a la malhadada filosofía del “todo vale”, heredada de una administración pasada (de cuyo nombre no quiero acordarme), un político ya no tiene un ideal, carece de pensamiento doctrinal; ahora sólo tiene metas burocráticas y, para alcanzarlas, dará todas las volteretas que sea menester, sin importar para nada el pensamiento filosófico que debe imbuir el quehacer político. Pareciera que la única ideología fuera la señalada por el bolsillo y el estómago, gracias al manejo del erario.
Nada más, la semana pasada, un caballero tocó las puertas de los diferentes grupos o movimientos políticos que tienen sede en la ciudad, para ver en dónde lo recibían y, así, poder cumplir con sus irrefrenables deseos de alcanzar un escaño en el Congreso.
Tal vez, con más ánimos de devengar el suculento sueldo que el de servirle al país, a la región y a la ciudad.
Con políticos así, ¿qué porvenir le espera a esta pobre Colombia?
Atentamente.
Valledupar, 11 de diciembre del año 2013
Reciban un cordial saludo.
La misiva de hoy está cargada de indignación, en razón de la arbitrariedad cometida por el procurador cuando decide destituir de la Alcaldía de Bogotá, a Gustavo Petro, el mejor alcalde que ha tenido la capital del país en muchos años. Al fin y al cabo, ha sido el que más se ha preocupado por los aspectos sociales de la población.
Como lo dijo él mismo en su alocución al pueblo en la Plaza de Bolívar: “¿Qué es más importante, una loza de cemento o un libro en manos de un escolar?”
Ahora, si es cierto que el motivo esgrimido por el procurador, fue el asunto de las basuras, entonces fue que, con esa acción, Petro le quitó a la oligarquía el inmenso negocio que significa diariamente manejar toneladas de desechos y, además, le quitó a los hijos de Uribe el provecho que éstos derivaban del reciclaje y se lo devolvió a los pobres de Bogotá. Allí parece estar el quid del asunto. Eso, sin perder de vista los dos grandes pecados de Petro: ser costeño y, además, tener una ideología de izquierda.
Porque, si revisamos el artículo 3° de nuestra Constitución Política, se encuentra que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, a los cuales elije a través del sufragio.
Atentamente.
Valledupar, 18 de diciembre del año 2013
Reciban un atento saludo.
En días pasados tuve la oportunidad de pasar por diferentes parques de la ciudad, una de las más (si no, la más) arborizadas del país.
Sin embargo, algunos parques de Valledupar adolecen de la presencia de árboles que les den sombrío y también adornen el paisaje; sin perder de vista su acción refrescante, no sólo visual, sino física.
Pues bien, esos parques desnudos del atractivo arbóreo y otros cubiertos de follaje, en su mayoría, presentan un estado de desaseo que solamente puede mover a lástima.
Es evidente que esta sórdida situación de mugre y abandono, es, en gran medida, producto de la desidia de los vecinos que usufructúan las bondades de estos lugares de uso público.
Pero no es menos cierto que el municipio, a través de su división de amueblamiento urbano, bien podría hacer algo por mejorar esta situación que, a quien más perjudica es a la ciudad; sobre todo ante la visión de sus visitantes.
Si dudan de lo anterior, paséense por el parque de La Castellana, al noroccidente de Valledupar.
Cordialmente.
Valledupar, 26 de enero del año 2014
Reciban un cordial saludo.
Ahora, cuando la industria local por excelencia, la política, ocupa toda la atención de la mayoría de los habitantes de la región, inclusive la de aquellos que no derivan de ella absolutamente nada, bien vale la pena anotar un hecho singular que, no por repetitivo, es menos curioso: los barones electorales (quienes usufructúan el producto de esta gran industria que genera pingües beneficios sólo para ellos, pues el resto de los que viven pendientes de ella, sólo reciben migajas), despliegan toda su capacidad de taumaturgia y, por qué no decirlo, de engaño para el pueblo que los ve solamente en cada época electoral; pues luego se olvidan de quienes los eligieron, mostrando cada vez más su indiferencia para encontrarles soluciones a los problemas que, día a día, agobian más y más al pueblo; sobre todo a los desposeídos; aquellos que como Lázaro esperan las sobras que caigan de la mesa de estos modernos Epulones.
No habrá llegado ya la hora de pagarles con una masiva votación en blanco, que les indique que el pueblo se cansó de promesas incumplidas, que está extenuado de ver cómo los elegidos sólo piensan en sí mismos, muchas veces llegando hasta el delito con tal de llenar sus fauces ávidas de alzarse con el tesoro público. Que, en últimas, es el objetivo de estos farsantes de la política actual en Colombia.
Atentamente.
Valledupar, 14 de febrero del año 2014
Reciban un atento saludo.
Muy interesante, y hasta oportuna, la nota que publicaron ayer sobre la mala costumbre que tiene el ciudadano promedio de estacionar en el primer lugar que se le antoja.
Las personas que proceden así, olvidan que la vía es un área común, establecida para el servicio de todos, con el fin de que el tránsito fluya normalmente y no para ser usada como parqueadero.
Pero quienes obstruyen las vías cuando se estacionan en ellas, en tanto realizan sus diligencias o, peor aún, mientras asisten al trabajo, indudablemente sólo piensan en sí mismos, olvidándose de lo afirmado en el párrafo anterior, sobre las vías como bien común.
No obstante, estos individuos se quedan cortos en su actitud egoísta, cuando los comparamos con aquellos conductores que estacionan, no sobre la calzada, sino en los andenes y así interceptan el paso a los peatones, los cuales deben bajarse a la calle, para poder seguir su camino, exponiéndose muchas veces a ser arrollados por algún chofer irresponsable, de esos que parecieran vivir a las carreras y pensaran que por madrugar, amanece más temprano.
Cómo sería de bueno, si las autoridades tomaran nota de esto y los andenes quedaran asimilados a las zonas de prohibido estacionamiento y, a todo vehículo parqueado en un andén, le aplicaran la misma sanción establecida para los infractores del espacio público, incluido el arrastre de la grúa.
Cordialmente.
Valledupar, 22 de febrero del año 2014
Reciban un saludo muy cortés.
Definitivamente, a algunos políticos les cae como anillo al dedo aquel adagio que reza “genio y figura hasta la sepultura”, para significar que el que es, no deja de ser.
Cómo es posible que Álvaro Uribe, después de haber tenido ¡ocho! oportunidades -una por cada año de gobierno- para acordarse de los asalariados colombianos, ahora cuando aspira al Senado, diga -a la mejor usanza del demagogo- que, “si me eligen, el 20 de julio presentaré un proyecto de ley para aumentarles en un 10% el salario a los colombianos.” Cuando siempre favoreció a la clase empresarial y los aumentos jamás llegaron siquiera el 5%.
Además, abusando de la inteligencia de sus compatriotas, olvida socarronamente que él le mermó las horas extras a los trabajadores, cuando ordenó por decreto que el día laboral en Colombia termina a las 10 de la noche y no a las 6 de la tarde, como es lo usual en todas partes y, no contento con eso, rebajó los porcentajes de incremento en las horas extras.
Y ni qué decir de los demás atropellos cometidos contra obreros, profesores, sindicalistas y demás miembros de la clase trabajadora colombiana, no sólo a través de menguas en sus derechos, sino también en la persecución, en ocasiones soterrada y muchas veces abierta, contra esta capa de la sociedad.
Yendo más allá, ¿será que cree que Colombia olvida su autoría en la nefasta Ley 100?
Y todo esto, sin hablar de las tropelías (por decirlo de una manera suave) ocurridas durante sus dos gobiernos.
Y ni para qué mencionar los desaguisados de sus hijos.
Así que, cesarenses y guajiros, ¡ojo cuando voten el próximo 9 de marzo!
Cordialmente.
Valledupar, 25 de febrero del año 2014
Siempre es agradable saludarlos y aprovechar este espacio para poder comentar asuntos de actualidad.
Hoy hay dos noticias, una a través de este diario y la otra gracias a la televisión. Ambas tienen en común la desfachatez de sus protagonistas.
En la primera, los directivos de la EPS Coomeva, ofrecen un desayuno a sus nuevos afiliados, con el fin de darles la bienvenida. El asunto no tendría mayor trascendencia, sino fuera porque para con los antiguos afiliados nunca ha habido una sola muestra de deferencia, además de que, mientras que a éstos se les atiende con agua de panelas en forma de pastillas que no alivian ni un resfriado, a los nuevos se les agasaja. Una mente ágil diría que ese desayuno no es otra cosa que una muestra de socarronería.
La otra información la trae un noticiero de la televisión nacional y se refiere a la declaración del comandante del ejército, con respecto al atentado de que fue víctima en el día de ayer, la candidata de la Unión Patriótica, Aida Abella. El general de marras, sin el más mínimo signo de vergüenza, acusó a las Farc, de ser la autora del intento de asesinato de la candidata a la presidencia; quien ya, hace casi 20 años, también fuera víctima de los brazos armados de la ultra derecha colombiana, pues hasta un rocket le fue disparado, antes de que se decidiera a exiliarse, como única forma de salvar su vida.
Sobre esa declaratoria oficial, sobran los comentarios.
Atentamente.
Valledupar, 8 de marzo del año 2014
Reciban un respetuoso saludo.
A riesgo de abundar sobre el tema del momento, las elecciones, me veo precisado a tocarlo.
Al fin y al cabo, es la gran industria nacional, pues ninguna mueve en tan corto tiempo, las centenas de miles de millones que fluyen en esta época.
Ya que no es únicamente en los días previos a los comicios, cuando la compra de votos, el acopio de insumos con los que se truecan los votos y el costo de las demás falacias de las que se valen los protagonistas de la fecha, lo que ocasiona que el dinero corra a raudales; sino lo que vendrá cuando el producto final (funcionarios elegidos), comience a cosechar los frutos de sus “esfuerzos”.
Allí sí que es verdad que las cifras se disparan; ya no se trata de la compra de un tamal, una bolsa de cemento, una teja o los materiales para pavimentar un pedazo de calle. No, ahora viene la danza de los millones. Ahora es lo bueno, pues en primera instancia llega la millonaria asignación de sueldos y demás adehalas con las cuales se les premian sus “sacrificios” por la patria y ni qué decir de los ingresos que el tráfico de influencias (en el cual son verdaderos taumaturgos) les han de deparar.
Para rematar, el Estado (siempre tan generoso con sus socios) les devolverá gran parte del dinero invertido en la respectiva campaña. A propósito, esa sí que es una verdadera inversión.
Por eso, terminemos con la frase que dijera alguien, muy conocedor de la idiosincrasia de los políticos: “Democracia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre.”
Cordialmente.
Valledupar, 18 de marzo del año 2014
¿Por qué, desde cuando Petro asumió la Alcaldía de Bogotá, los medios de comunicación de la capital, se fueron lanza en ristre contra él, pese a haber obtenido en las urnas el favor de la mayoría de los habitantes de esa ciudad?
En alguna carta anterior, me parece que mencioné las dos principales razones que tuvo la oligarquía bogotana para no querer la alcaldía de Petro: su origen costeño y su ideología de izquierda.
Los hechos diarios, partir de la sentencia que le prodigó el remedo de Procurador que tiene Colombia, así lo demuestran y, yendo más allá se encuentra que, desde que el hijo de Enrique Gómez Hurtado le declaró la guerra a Petro, los noticieros privados buscan, como quien rastrea una aguja en un pajar, las fallas de Transmilenio: que si las losas, que si las estaciones, que si el sobrecupo, etc. Como si éstas no hubieran sido, desde tiempos ha, los lunares de ese excelente medio de transporte.
Hace unas semanas, un día los usuarios protestaron porque había, según ellos, pocos buses. El escándalo televisual fue impresionante. En las cuatro emisiones diarias, durante ocho días, atiborraron al televidente con las imágenes de la protesta del primer día de marras. Sin embargo, el hecho sobresaliente de la protesta (el destrozo ocasionado a siete buses) fue sacada de contexto al día siguiente de su ocurrencia.
Ayer, unos desalmados que se movilizaban en una camioneta de lujo con vidrios polarizados, utilizando fusiles sofisticados, atacaron tres estaciones de Transmilenio, situadas (que no ubicadas) sobre la autopista a Chía, más allá de la calle 100.
El mensaje es claro: quieren culpar a los habitantes de los barrios del sur, cuando cualquier persona un poco sagaz podrá descubrir que se trata de un “falso positivo”, cometido por los enemigos de Petro, con el fin de dañar su imagen, ahora cuando se acerca el referendo para revocar la decisión del procurador de la derecha retrógrada.
Atentamente.
Valledupar, 27 de marzo del año 2014
Pareciera que la capacidad de asombro del colombiano medio no tuviera límites.
Ayer, en las instalaciones de Paloquemao, donde se ventila el caso por el homicidio de Luís Andrés Colmenares, mientras la fiscal Martha Lucía Zamora pedía la condena para el implicado por el asesinato del joven guajiro, el delegado de la Procuraduría, Marlon Díaz, -de quien se supone debe velar por el correcto proceder de los funcionarios- terminó abogando por el sindicado; ni más ni menos que fungiendo de abogado defensor.
Esta actitud del delegado de la Procuraduría da mucho qué pensar. ¿Sería que estaba en reemplazo del defensor a quien se le sindicó por andar de boquisuelto ante los medios de comunicación y, por lo mismo se le sancionó?
O será, tal vez, ¿que está siguiendo los pasos de su jefe máximo y defiende a priori a los encopetados, mientras ataca a los de abajo?
Aquí bien cabe parafrasear a Cristo, cuando le dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se hace insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada, sino para tirarla afuera y que la pisoteen los hombres.»
A esa situación están llegando algunos funcionarios del Estado.
Atentamente.