¡OH!, PATRIA NOBLE Y SUFRIDA.
“El gobernante, de sucio jipijapa de copa,
ceñido de una banda de seda tricolor
panzudo a lo Capeto, muy holgada la ropa,
luce por el poblacho su perfil de bull-dog.
Luís Carlos “El Tuerto” López
I
¡Oh!, Colombia de mis amores
te quiero más que a mi vida.
¡Oh!, Patria noble y sufrida
agobiada por mil dolores.
La envidia, los resquemores
y la injusta clase elegida,
tienen a tu pobre gente sumida
en la miseria. Por eso son mis clamores.
Porque algún no lejano día
haya justicia social e igualdad
y vivamos en paz y armonía,
pobres y ricos; todos en hermandad
o como en santa cofradía
en donde reinen amor y bondad.
II
Pues no eres sólo una frontera,
un viejo himno o un escudo,
que dejara al poeta mudo;
ni tampoco, meramente una bandera.
Eres más bien la pradera
que, por la “Ley del embudo”,
cuando ganar la guerra no pudo,
el pobre pueblo perdiera.
Esa guerra que inventaron
los que estando en el poder
al pobre sacrificaron,
solamente por tener
más de lo que heredaron;
es decir, por las ansias de poseer.
III
Eres también esa gente
que puebla tu espacio vital,
que por ser su terruño natal
te ama sinceramente.
Quienes sufrimos cruelmente
por la injusticia social
y esta situación desigual
que imponen arteramente
los que se pueden armar,
sean legales o ilegales,
para poder dominar
tras fraudes electorales
y así, poder gobernar
con dirigentes venales.
IV
Esa eres tú, Patria querida
por siempre martirizada,
pues te sientes desangrada
como madre malherida
que inmolaría hasta la vida
y triste y desconsolada
pues, al fin, madre abnegada,
llora a su prole perdida.
Ya que en lucha aleve y cruenta
se matan traidoramente,
sin tener siquiera en cuenta
que son de la misma gente
que, conforme o descontenta,
viene del mismo ascendiente.
V
¡Oh!, Patria noble y sufrida,
agobiada por mil dolores,
con angustia y sinsabores,
estás en la sin salida.
Pues tu injusta clase elegida
no escucha ni los clamores
de tu gente, pues traidores,
sólo se dan “la gran vida”.
Así el pobre sufra y gima,
en tan triste encrucijada
sin tener quien lo redima.
Pues la gente desplazada
sólo les produce grima.
Pero ayuda, ¡nada de nada!
Valledupar, 7 de agosto del 2006