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OBRA PERIODÍSTICA

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL PERIÓDICO LOCAL

«EL PILÓN»

Columna semanal

«DESDE LA BARRERA»

 

GUSTAVO RODRÍGUEZ GÓMEZ

Valledupar, Colombia

2001 – 2015

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INTROITO

Hay un momento en la vida del ser humano, en el cual éste decide dar a conocer, a la mayor cantidad de gente, sus pensamientos y opiniones sobre algún tema en particular o sobre varios en general.

Es la ocasión cuando desea ampliar el radio de acción de su personal perspectiva, sacándola del reducido número de sus ocasionales o habituales contertulios.

Hay quienes limitan su observación a lo que sucede únicamente en su entorno, vale decir, las vivencias parroquiales; otros ven la región como teatro de su examen y hay quienes van allá y deciden analizar los sucesos en el ámbito nacional y el internacional.

Y muchos de ellos, sin ser periodistas de carrera ni sociólogos de profesión, consideran que sus conocimientos y su experiencia los capacitan con el respaldo suficiente, como para dar el osado paso de, a través de un medio de comunicación (usualmente un medio impreso), compartir sus ideas y pensamientos, con el público en general o, mejor aún, con todo aquel que quiera leerlo, o sea, con las personas a quienes les guste su estilo literario.

Porque el estilo es el carácter propio que cada quien da a sus escritos, en virtud de sus personales facultades y formas de expresión. Al respecto, decía Séneca: “El estilo es el rostro del alma.”, mientras que para Azorín, el estilo es “una resultante fisiológica” o, como dijera Georges Louis Leclerc, Conde de Buffon, “El estilo es el hombre”; en tanto, Bécquer, con su inefable rima e impecable verso, definía poéticamente el estilo así: “Yo soy el invisible anillo que sujeta el mundo de la forma, al mundo de la idea.”

Por esto, amable lector, a continuación encontrarás mi opinión personal, mi particular enfoque de algunas situaciones y de variados sucesos en el orden nacional y otros de resonancia internacional -en el momento actual de su ocurrencia o de su trascendencia en la Historia-; sí que también, el análisis de ciertas conductas, escrito con el ánimo de orientar a alguien en particular que, en un momento dado de su propia vida ha considerado que, en este periodista por afición, pudiera encontrar el consejo atinado o la voz de aliento necesaria para sortear determinada encrucijada.

La columna que el diario “El Pilón” generosamente me brindara, la bauticé “Desde la Barrera”, por aquello de que, a cierta edad -la inicié cuando contaba más de sesenta años de vida-, por precaución o por ecuanimidad uno ve los toros desde la barrera; bien para evitar lances mortales, bien para ser más objetivo en la apreciación de la faena.

Al fin y al cabo, uno ve al torero en su labor, lo anima o lo critica, mas no baja a la liza para arrostrar la fiereza del toro. Pues, no se siente lo bastante arrojado como para lidiarlo y, al igual que en la analogía taurina, al emitir opiniones sobre hechos que puedan herir susceptibilidades, ocurre otro tanto; amén de que es conocedor de sus múltiples limitaciones, sobre todo las resultantes de la angustiosa búsqueda de fluidez que facilite la construcción de frases y párrafos que le den a un escrito la inefable virtud que lo haga digno de ser leído.

Gracias por permitirme compartir contigo estas disquisiciones que cubren algo de lo transcurrido a partir de junio del año 2001.

New York, 14 de enero del año 2010

  1. D. Ésta es, en realidad, una recopilación de lo escrito en “Desde la Barrera”; pues, aquí he dejado solamente aquellas columnas a las que les encontré verdadero mérito periodístico o literario; es decir, deseché todo aquello que consideré no ser digno de encomio. Yo mismo fui mi propio curador.

Después del ojo afuera, no vale Santa Lucía

Los adagios o refranes, llamados por los clásicos la «sabiduría popular», son todo un tratado sobre normas de conducta y de relaciones humanas. Son verdaderas píldoras de sapiencia que, de tomarlas y asimilarlas adecuadamente, nos permitirían vivir mejor y, tal vez, en armonía; como, quizás, lo hicieron nuestros ancestros, desde hace centurias.

Éste que hoy nos ocupa y que sirve de título a este pretendido ensayo, nos enseña que debemos planificar nuestros actos y que, si no lo hacemos, deberemos afrontar las consecuencias de nuestras acciones irresolutas y que nada ganamos con lamentarnos por errores que se habrían podido evitar para no tener que llorar, como la lechera de la fábula, sobre la leche derramada.

¿Por qué en Colombia, las medidas siempre se toman cuando ya han ocurrido los hechos que habrían podido evitarse y que nos producen desazón?

Después de un accidente, en el cual pierde la vida una persona, porque un motorista no vio el pare en un cruce, debido a que éste se encontraba tapado por una rama, se procede a podar el árbol. ¿Por qué la sección municipal de parques y avenidas no hace el mantenimiento periódico correspondiente?

Después de que la guerrilla o los paramilitares destruyen un pueblo, llega el ejército a hacer presencia estatal. ¿Por qué, con el fin de realizar acciones propias del Estado, no se distribuye mejor a la tropa que está ociosa en los cuarteles o la tienen protegiendo la vida y bienes de los poderosos o se encuentra obligando (así sea por coacción mental) a los transeúntes y a los conductores a colaborar en campañas de donación monetaria?

Cuando ya el automovilista se pasó en rojo el semáforo, con gran riesgo para sí y para otros, surge desde la otra acera –donde estaba escondido– el policía para imponer la multa correspondiente. ¿Por qué el agente no se encuentra antes del cruce, obligando con su sola presencia a respetar las normas de tránsito?

Cuando ya se ha reajustado el salario mínimo, de acuerdo a pasados índices de inflación, se autoriza el alza en el precio de la gasolina y se dispara el costo de vida para el colombiano medio y se le cortan las posibilidades de desarrollo. ¿Por qué el reajuste salarial no se hace después de analizar los índices actuales y reales de la inflación y su proyección para el año en curso?

Cuando ya peligra la celebración de la Copa América en Colombia, debido a los actos terroristas de las últimas semanas, el comandante de la Policía Bogotá anuncia que tiene dispuestos los suficientes agentes para proteger a la ciudadanía y a los visitantes contra posibles acciones anárquicas. ¿Por qué no lo predispuso hace algunos meses, cuando designaron a Colombia como sede y aún no había explotado el primer carrobomba?

En caso de perder Colombia la sede de la Copa América, perdería, no sólo lo invertido en mejoras a estadios e infraestructura turística y de comunicaciones; sino también dejaría de percibir los ingresos por taquillas, derechos de radio y televisión y turismo y, ni que decir, lo que se deformaría, más aún, nuestra imagen ante la opinión mundial. Y pensar que estos daños irreparables se habrían podido evitar con un poco de planeación.

¿Hasta cuándo la falta de ésta, y la imprevisión consuetudinaria de gobernantes y dirigentes, nos habrán de llevar dando tumbos en nuestro acaecer histórico?

Valledupar, 4 de junio del año 2001

El verdadero sentido del amor

Amar no es sólo decir ¡te amo!; tampoco basta el embeleso; ni mucho menos, contar que se ama a alguien.

Amar, en realidad, es comprensión, respeto, confianza, tolerancia, libertad, en una palabra, generosidad para con la persona amada.

Es entender a esa persona, tal cual es. Es respetarle su opinión, así no la compartamos. Es creer lo que nos dice. Es aceptarle sus defectos. Es dejarle usar sus espacios. Es sacrificarse por ella. Ahora bien, ¿cómo se demuestra el amor?

Acaso, ¿diciéndole, a cada instante, te amo? ¡No! O será, tal vez, ¿contando a los cuatro vientos, que se la ama? ¡Tampoco! O, quizás, ¿dándose a los arrumacos en público? ¡Menos aún! Entonces, ¿cómo?

Aceptando que esa persona, al igual que cada uno de nosotros, es un ser individual, diferente a los demás. Entendiendo que no podemos ni debemos, so pena de castrarla mentalmente, pretender cambiarla para hacerla igual a nosotros. No; no podemos aspirar a que la persona amada piense como nosotros, hable como nosotros, se conduzca como nosotros.

También, aceptando sus explicaciones; creyendo lo que nos dice –salvo los casos de flagrante mentira–. Además, perdonando sus errores; olvidando sus equivocaciones; condonando, aún, sus injurias.

No debemos olvidar que el amar es un proceso que pasa por diversos estadios; el primero de ellos lo constituye la atracción personal; es decir, esa persona nos agrada, nos gusta, nos atrae.

Después nos conocemos, nos tratamos y nos enamoramos de ella; tal como es. No como un cuaderno en blanco, sobre el cual escribiremos nuestra personal  perspectiva de la vida; sino como un libro cuyas páginas, hasta el momento, ya han sido escritas y que al leerlas nos van encantando. Algunos pasajes, tal vez, no nos gusten; pero no podemos rescribirlos. Así los encontramos y así debemos dejarlos. Lo más que podemos hacer es escribir algunas anotaciones al margen, con el fin de entender mejor esa página cuando volvamos a leerla; mas no podremos borrar lo escrito por su autor, para reemplazarlo por nuestras personales opiniones.

Luego del enamoramiento, vendrá al fin el amor; inicialmente apasionado y es, allí, donde se le puede malinterpretar; llegando, incluso, a destruirlo. Porque la pasión nos puede cegar hasta hacernos olvidar que el amor, también es desprendimiento y, equivocadamente, podemos creer que la persona amada es de nuestra propiedad y, como tal, podemos disponer de ella a nuestro antojo y que nuestros son su tiempo, su accionar y hasta sus pensamientos.

Si el objeto de nuestro amor es débil, cederá a nuestra posesión y se entregará, atada de pies y manos, a nuestros caprichos, a nuestro enfermizo y posesivo amor y, tarde que temprano, el amor morirá. Pero, si por el contrario, esa persona es recia, reaccionará ante nuestro acaparamiento y, del choque de personalidades, puede sobrevenir la ruptura. A menos que la persona amada, en forma oportuna, sutil o abiertamente, nos haga caer en cuenta de lo errado de nuestra actitud y aún tengamos tiempo de enderezar nuestro rumbo y podamos salvar el amor que está a punto de naufragar. Claro está que, para esto último, se requiere de una buena dosis de sensatez, acompañada del deseo de conservar el amor del ser amado.

Por otro lado, si durante la etapa del amor apasionado, los dos seres que se aman, no han caído en la insensatez de la posesión o, habiéndolo hecho, ha ocurrido la oportuna reacción ante esta depredadora del amor, pasan al siguiente estadio, el del amor verdadero, cuyas características ya fueron esbozadas anteriormente y lo hacen perdurable hasta la muerte del ser amado y, aún, después de ella.

Ahora bien, cada etapa demanda su tiempo; entonces, no se ama de verdad al día siguiente de haber conocido a la otra persona y mucho menos de inmediato; lo que los poetas llamamos amor a primera vista, no es otra cosa que atracción, enamoramiento a lo sumo; pero jamás amor.

Amar, amar de verdad requiere meses, años, tal vez. La duración del proceso depende del grado de madurez de los enamorados y no de la intensidad de la atracción o del enamoramiento.

De todas maneras, amar es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Éste es el sentimiento más grande y noble que puede anidar en nuestra alma; el que nos hace diferentes a los demás seres de la naturaleza; que nos aparta de nuestra esencia animal, para comunicarnos la espiritualidad necesaria para lograr aproximarnos a Dios y vivir de tal manera que podamos, al morir, gozar de la plenitud eterna de Su Gloria.

Valledupar, 4 de julio del año 2001

La civilización en contravía de la moral

Si la moral es el conjunto de normas que rigen las relaciones del hombre con Dios, con la sociedad y consigo mismo, es ella la que nos ayuda a distinguir lo bueno de lo malo.

Si, además, la moral universal, es decir, la teológica, no permite actitudes subjetivas ante el mal (y es malo disponer de la vida, sea propia o ajena), no puede entonces el hombre, a fuer de civilizado, pretender hacerle esguinces al respeto a la vida, con el fin de determinar cuándo es lícito matar a otro ser humano. Tal, el caso de la pena de muerte, el aborto y la eutanasia.

Un juez, pese a la autoridad de que está investido, no debe dictaminar la muerte de un reo, así éste haya cometido un horrendo delito; no se puede castigar un crimen, cometiendo otro. Hace poco, en los Estados Unidos, ajusticiaron a dos individuos, con intervalo de una semana, por haber cometido –cada uno por su lado– crímenes contra la sociedad.

Al respecto, me pregunto, ¿condenándolos a muerte, se les restituyó la vida a sus respectivas víctimas? No. Entonces, si el remedio no ha de curar la enfermedad, ¿para qué aplicarlo, a sabiendas de su inutilidad?

Se me dirá que la pena de muerte evita que el criminal, por obvias razones, reincida y, además, sirve para disuadir a otros posibles criminales; pero, acaso ¿no tiene la ley otros mecanismos para lograr estos objetivos? Más aún, en los países donde existe la pena capital, ¿han logrado acabar con el crimen o, al menos, lo han disminuido?

El otro aspecto sobre la amoralidad de nuestra civilización, en lo referente al derecho a la vida, lo constituye la legalización del aborto.

¿Pueden los señores de la Corte, con toda la respetabilidad que se merecen y la sabiduría con que han sido dotados, decidir cuándo es lícito para una mujer el abortar? Es decir, ¿segarle la vida a una criatura inocente que se gesta en su seno? ¡Que, además, es carne de su carne y sangre de su sangre! ¡Y así no lo fuera! No, rotundamente, no.

Si la mujer violada o inseminada artificialmente contra su voluntad (para limitar esta parte del ensayo a lo autorizado en Colombia) queda embarazada, bien puede si no desea criar a su hijo, donarlo, al término de la gestación, a una familia a través del Instituto de Bienestar Familiar; respetando, así, la vida de ese niño; que no es cualquier niño, es su propio hijo; que ha brotado de sus entrañas y, con cuya muerte no deshace ni mitiga la razón del embarazo indeseado.

El tercer aspecto sobre el no respeto a la vida, reside en la eutanasia. ¿Debe un médico, autorizado por la ley, quitarle la vida a su paciente, so pretexto de evitarle posibles padecimientos?

¿A cuenta de qué poder o qué derecho se arroga un médico la facultad de disponer de la vida de otro ser humano, cuando su único deber es salvársela, no quitársela?

Por favor, acabemos con el embeleco de la llamada moral práctica que pretende, en razón del avance de la civilización, crear aplicaciones subjetivas a la conducta de los seres humanos.

El mal no es subjetivo, Y si no, démosle una ojeada al Decálogo. Allí reza “¡No matarás!”; así, escuetamente. No dice, “¡No matarás!, salvo tales o cuales circunstancias.”  Más adelante, dice “¡No robarás!”; así, a secas. No da opciones; porque de lo contrario diría: “¡No robarás!, excepto en estas o aquellas ocasiones.” Y así sucesivamente.

Y, por si alguien se dijera, “Yo no creo en Dios y a mí no me rige y, por consiguiente, ni me va ni me viene ese Decálogo”, no podemos ni debemos olvidar que estas son normas del derecho natural.

Valledupar, 17 de  julio del año 2001

¿Lugar de regeneración o escuela del crimen?

La cárcel, ese lugar ominoso donde los delincuentes, en su mayoría, pagan su deuda con la sociedad, debería ser el sitio en el cual esas personas hicieran autorreflexión y, a partir de ésta, con trabajo, dedicación, disciplina y una guía adecuada, iniciaran su regeneración en igualdad de condiciones, salvo aquellas surgidas por la gravedad de la condena; la cual, obviamente, debe de estar en relación con la culpa.

La sociedad, en sus albores, así lo estableció y esa fue la razón de ser de estos lugares de reclusión; junto con el castigo implícito en la pérdida de la libertad y el aislamiento con la misma sociedad, con el fin de evitar la reincidencia.

Ahora bien, como quiera que debe de haber una gradualidad en la gravedad de la comisión del delito (pues degollar a la víctima denota mayor insania y sevicia que matarla de un disparo; así como también, la estafa indica más refinamiento delictivo que el atraco –por citar unos ejemplos–), es lógico que no se debe mezclar a los reclusos; pues, un simple ladronzuelo, al lado de un asesino o de un violador, terminaría pervirtiéndose aún más y si, a la mezcla, le unimos las prácticas contra natura y todas las artimañas de un delincuente avezado en el crimen, se debe concluir que el hacinamiento existente en muchas cárceles, se opone a la regeneración del recluso aún redimible para la sociedad.

Entonces, ¿qué porvenir le espera a la persona que, por un delito menor, vaya a dar con sus huesos a una cárcel? En estas condiciones, sólo la degradación moral, la extinción del decoro y el amor  propio y la consunción de cualquier aspiración a rehacer su vida, con el fin de tomar el sendero del buen ciudadano.

Por  otro lado, en las cárceles todo se trafica; desde un cigarrillo hasta un arma; presumiblemente con la complicidad de algunos guardas. Por eso se ve, como algo normal, que un preso que pueda disponer de suficiente dinero en efectivo (independientemente de la gravedad del delito que purga), goce de prebendas que le están vedadas al inope.

Y, así, se dan casos en los cuales este último no tiene ni siquiera un jergón en el cual dormir, mientras que aquél parece vivir en un hotel de lujo. Y eso, sólo para mencionar la relativa comodidad de que disfrutan los privilegiados; porque si se fuera a hablar del poder del que éstos gozan, el espacio de este simple ensayo no bastaría.

Por eso, ¿quién puede mostrarse sorprendido por lo sucedido hace unos días en la cárcel Modelo de Bogotá? Ese poderoso arsenal y toda la andamiada de comunicaciones que les fueron encontrados a los reclusos de los patios en conflicto, no los fabricaron ellos mismos ni les fueron enviados por correo; todo eso entró por la puerta principal y debió ser grande su volumen.

 Definitivamente, nuestro sistema carcelario requiere de una urgente, drástica y sustancial reforma; pero,  “… doctores tiene la Santa Madre Iglesia… “.

Valledupar, 24 de julio del año 2001

Un olvido imperdonable

El 24 de este mes, se cumplieron 218 años del nacimiento del Libertador, el mismo día se conmemoraron 178 años de la batalla de Maracaibo, la Armada Nacional celebró su fiesta tradicional y Brasil lloró su eliminación de la Copa América.

Pues bien, mientras que todos los medios de comunicación (escritos, hablados y televisuales) desplegaban con profusión la derrota del equipo brasileño, algunos mencionaron la fiesta de la Armada y unos pocos, el origen de dicha fiesta: la batalla naval del Lago de Maracaibo, en la cual el Almirante José Prudencio Padilla, oriundo de Riohacha, fue el héroe del día. Sin embargo, ninguno (hasta donde mi personal búsqueda alcanzó a avizorar) tuvo siquiera un espacio a propósito para recordar el natalicio de Simón Bolívar.

Peor aún, el Gobierno, en todos sus niveles y divisiones del Poder, olvidó esta importante fecha. No es menester una apología del Libertador para poner de presente su grandeza, su interés en la gesta emancipadora, su visión de estadista, su amor por la Gran Colombia.

Todos los colombianos, sin discriminación alguna, estamos en deuda con Bolívar; no sólo por haber sido el nervio de nuestra libertad; sino también porque sus contemporáneos, antepasados de todos nosotros, le pagaron su abnegación con uno de los peores pecados que pueden anidar en el alma del ser humano: la ingratitud; la cual, unida a la envidia y a la ambición, hizo que muchos de esos contemporáneos suyos (venezolanos, colombianos, ecuatorianos y peruanos), todos a una, olvidaran prontamente todo lo que el Libertador había hecho por esta parte del continente americano.

Recordemos que, en el momento en el cual le sobrevino la muerte, iba camino del destierro, cumpliendo la sentencia decretada por los dirigentes neogranadinos (pues, para mayor ingratitud, se había disuelto La Gran Colombia) y que, ya para entonces, sus compatriotas venezolanos lo habían declarado persona no grata dentro de sus fronteras.

Cómo habrá sido de desgarradora para su noble alma la ingratitud de aquellos que le debían la libertad.

Cómo es de desapacible nuestra actual sociedad, cuando olvida el cumpleaños del padre de nuestra nacionalidad.

No olvidemos que la historia es la memoria de los pueblos y, a través de ella, se evita la epanáfora de los yerros y se procura repetir los aciertos de nuestros antepasados.

Valledupar, 31 de julio del año 2001

Hay que saber perder

Ahora, cuando ya los ecos de los goles de la Copa América se oyen distantes y menos estridentes, cuando los vítores a nuestra selección son más objetivos, vale la pena hacer una reflexión a propósito de dos hechos importantes, a saber: la actuación de los árbitros y la actitud del técnico de la selección mejicana.

Dejando el análisis futbolístico a los entendidos, es innegable que hubo ocasiones en las cuales, los llamados equipos chicos, es decir, los menos aptos para alzarse con el título, fueron sacrificados en aras del triunfo del rival fuerte del momento; por eso, se vieron casos como el de Venezuela frente a Chile, en donde la primera perdió el partido porque el árbitro le anuló goles evidentes, por supuestas jugadas fuera de lugar; Costa Rica que fue sacrificada frente a Uruguay, para que éste pasara a la siguiente ronda y Honduras que, en el partido contra Brasil, tuvo que luchar y, pese a la actitud del árbitro, terminó derrotando al cuádruplo campeón del mundo.

En general, a los equipos pequeños se le dejaron de pitar faltas cometidas contra sus jugadores, se les anularon goles válidos, no se les perdonó nada, ni siquiera faltas inventadas por los jugadores más experimentados (¿o, mejor, más mañosos?) de los equipos fuertes, mientras que a éstos se les condonaron faltas, a todas luces, evidentes.

Eso deja un lunar en la celebración del torneo; lunar obviamente no imputable a sus organizadores, quienes realmente se lucieron.

Pero quien más se lució fue la afición; con un comportamiento inmejorable, como para dar ejemplo a los hinchas de otras latitudes.

De otro lado, lo que dejó mucho que desear fue la actitud final del señor Aguirre, técnico mejicano, quien durante el partido en el que se disputaba el título, no hizo más que ofender de palabra a los jugadores colombianos, sobre todo a los negros, que se acercaban a la línea lateral donde él se encontraba. Afortunadamente, fue expulsado por el árbitro.

Sin embargo, al terminar el partido, con el merecido y justo triunfo de nuestra selección, volvió el señor Aguirre a mostrar el cobre, imputándole al árbitro toda la causal de la derrota de su selección; olvidando, ladinamente, que al equipo colombiano se le había dejado de favorecer, al no pitarle una pena máxima muy clara, por falta cometida contra uno de nuestros delanteros, quien iba camino del gol.

No reconocer una derrota por méritos del ganador, sólo es propio de mentes mezquinas. Para aceptar la superioridad del adversario, se necesita altura mental. Así como también se la necesita para administrar el triunfo. Por eso decían nuestros abuelos que, en el juego, se conoce al caballero.

Valledupar, 14 de agosto del año 2001

¿Dónde compra Eulalia Arteta?

A riesgo de cometer alguna herejía en materia económica y sin pretender herir susceptibilidades, me voy a atrever a hacer algunos comentarios a los índices de inflación que, periódicamente nos muestra el DANE. Según ellos, en Colombia el costo de vida baja o se mantiene estable; en el peor de los casos, sube unos pocos puntos o alguna pequeña fracción de éstos; pero, jamás, presenta una subida ostensible.

No obstante, el colombiano medio sufre diariamente las continuas alzas que, en la canasta familiar, se suscitan sin control estatal alguno. De pronto, en los grandes centros de abastecimiento de las grandes ciudades, éste exista y se ejerza una timorata acción; pero en las ciudades intermedias y, más aún, en las pequeñas, los distribuidores hacen su cotidiano agosto. Los precios se mueven caprichosamente, siempre con tendencia al alza.

Aquí, la ley de la gravedad no se aplica; lo que sube, nunca baja; más aún, casi siempre, sigue subiendo. Esta es una situación que la palpan continuamente las amas de casa y la sufre el trabajador.

Entonces, ¿por qué Doña Eulalia Arteta, Directora Nacional del DANE, nos dice sin sonrojarse siquiera que, en julio del presente año, en Colombia bajó el precio de los alimentos? ¿Será que ella compra en lugares diferentes a aquellos en los cuales lo hace el resto de sus compatriotas civiles? Por ejemplo, en los comisariatos de las Fuerzas Armadas y de Policía, en donde los precios de venta son privilegiadamente bajos.

O, ¿será que ella hace su mercado en el extranjero? Porque en algunos países de Europa y en Norteamérica, donde sí existe control estatal de precios al consumidor, éstos, no sólo se mantienen estables; sino que, además, se encuentran en relación con una política de precios y salarios emanadas del Estado y no al vaivén del capricho de productores y distribuidores.

Ya estamos temblando al pensar que los consumidores tendremos que asumir las pérdidas producidas por los bloqueos resultantes del paro de taxistas de Bogotá y el paro agrario ocurrido en el interior del país. Porque, en Colombia, la irresponsabilidad de productores y distribuidores, los malos manejos de administradores, tanto del sector oficial como del privado, y las erradas políticas estatales, los terminamos pagando los consumidores del común. Hasta los errores del sector financiero nos tocó asumirlos a través del impuesto del 2%o, aumentado ahora al 3%o.

En verdad se necesitaría mucha más paciencia y mucha más sapiencia y, además, mucho más espacio que éste que, gentilmente, me ha brindado EL PILÓN, para poder hacer un análisis más enjundioso sobre el desequilibrio en precios y salarios que viene azotando a Colombia desde hace cerca de cuarenta años cuando, en mala hora, se le ocurrió al Estado fijar por decreto el salario mínimo legal y, así, disparar los precios al consumidor, como resultado del afán desmedido de utilidades por parte de los grandes productores y distribuidores y la debilidad del Gobierno para frenarlo; tal vez como consecuencia de los compromisos electorales adquiridos.

Valledupar, 28 de agosto del año 2001

La mujer del César

Expropiar, según el Diccionario de la Lengua, significa desposeer de una cosa a su propietario dándole una indemnización a cambio. Dentro de sus sinónimos están, despojar, arrancar, confiscar, desfalcar, saquear, timar, hurtar y usurpar; también hay otros menos fuertes como incautar, retener, indemnizar y enajenar.

Cuando el Estado necesita un bien que se encuentra en manos de particulares, recurre a la figura de la expropiación para obtenerlo, previo el pago que aquél considera vale el bien expropiado; valor que no es justo y equitativo cuando opera el tráfico de influencias; pues, si el bien a expropiar pertenece a algún familiar, amigo o compadre del funcionario de turno, el valor a pagar toma el cariz de la indemnización, en razón del justiprecio ofrecido por el Estado; aunque, en ocasiones, no sea tan justo en tanto que, dependiendo del grado de afinidad existente entre el funcionario y el beneficiario, el precio de la indemnización desborde con creces las expectativas.

Pero si, por el contrario, el actual propietario es cualquier Perico de los Palotes, el Estado lo despoja, lo saquea y lo tima, al expropiarle el bien deseado y pagarle lo que él juzga conveniente.

O, peor aún, si el pobre diablo, que en ocasiones es colectivo, se niega a dejarse embaucar, el Estado recurre a la Fuerza Pública y, después de consignar en alguno de sus propios bancos lo que él considera que debe pagar, envía piquetes de policías o soldados al mando de acuciosos oficiales de baja graduación para desalojar a los pertinaces propietarios de los terrenos que aquél ya reputa como suyos. La mar de las veces, estos desalojos dejan como saldo personas heridas o muertas, casi siempre de entre el grupo de desalojados.

Pero es más triste aún, cuando el Estado actúa como intermediario de los grandes y poderosos monopolios nacionales o extranjeros y éstos terminan sacando la brasa con mano ajena. Tal el caso ocurrido a la comunidad de Tabaco en Hatonuevo, Guajira. El Complejo de Intercor y Cerrejón Zona Norte necesitaban ampliar su área de explotación carbonífera e intentaron negociar los terrenos correspondientes con los pobladores de Tabaco; algunos vendieron, otros no; sus razones tendrían. Pues bien, el jueves antepasado ocurrió lo de siempre: la Fuerza Pública llegó y quiso realizar el desalojo de los pobladores de Tabaco que se negaban a dejar sus tierras; pues, según las noticias difundidas por los medios de comunicación, éstos no habían llegado a ningún acuerdo con Intercor y Cerrejón Zona Norte.

Pero, como es lo inveterado, la balanza se inclinó del lado del más fuerte, a pesar de las posibilidades de cometer prevaricato por parte de la Juez de Barrancas. Y sucedió lo de siempre, dos heridos entre los pobladores, dos heridos entre los policías, como consecuencia del choque entre unos y otros, en donde parecía tener absoluta preeminencia la total tozudez de las partes; mientras tanto, los directivos de Intercor y Cerrejón Zona Norte permanecían impávidos en sus oficinas.

¿Hasta cuándo el afán de ganar méritos ante los poderosos hará que los funcionarios del Estado sigan cometiendo desafueros contra la población civil ya, de hecho, golpeada por la adversidad? ¿Acaso no se dan cuenta de que con esto ponen en tela de juicio la claridad de sus actos? ¿Será que tal vez olvidan la frase del Emperador Claudio a Valeria Mesalina, su esposa, a propósito de ciertos rumores sobre la conducta inmoral de ella?: “…la mujer del César, no sólo debe ser honrada; sino parecerlo…”

Valledupar, 4 de septiembre del año 2001

Las bondades del glifosato

Siguiendo instrucciones muy precisas (dicen que del Gobierno Central; pero más parece que fueran como condición sine qua non del Plan Colombia) la Policía Antinarcóticos fumiga periódicamente con glifosato los cultivos de amapola. Aparentemente el fin es bueno: acabar con esa fuente que abastece a la industria ilegal del narcotráfico; pero los medios utilizados no lo son; pues, el herbicida mencionado, no sólo es altamente nocivo para los cultivos de pan coger de la región fumigada; sino, peor aún, también es tóxico para sus habitantes. Los campesinos del sur del país, más exactamente los del Departamento de Nariño, ya acusan en su salud y en su economía los resultados de esta fumigación. Las imágenes televisuales y de prensa y los partes dados por los entendidos en salud y en agricultura, son elocuentes.

Sin embargo, el Estado, a través de algunos generales del Ejército y de la Policía, insiste en que el glifosato no es dañino para las personas ni para el resto de cultivos y, entonces, llegan a aberraciones tales como la persistente declaración del General Tapias, coreado por otros generales, cuando sindica de narcotraficantes a quienes se oponen a la fumigación; o la declaración del Ministro de Justicia, quien afirma (en un acto de absoluto irrespeto a la opinión pública) que los detergentes caseros son más dañinos para la salud que el herbicida en cuestión.

Esto es, ni más ni menos, querer tapar el sol con un dedo; pretender defender lo indefendible; sin importarles caer en la maquiavélica postura de justificar los medios en razón del fin. Si el glifosato es tan bueno, ¿por qué en otros países se ha dejado de utilizar? ¿Será que debemos antes acabar con los excedentes norteamericanos de producción? ¿Se trata de simple y llana terquedad de los altos mandos? ¿Es una mentecata posición nacida de la ignorancia o, tal vez de la ingenuidad? O, ¿el ingenuo e ignorante es el pueblo colombiano, que no capta la importancia de esta acción?

Pero, en realidad, ¿cuál es la verdad en todo esto? Pues, la de satisfacer, ahí sí de manera estricta, las exigencias del Gobierno norteamericano. Para nadie es un secreto que, toda la alharaca de los Estados Unidos contra el narcotráfico, tiene un trasfondo de dólares. A ellos les preocupa más la fuga de divisas, que el daño que la drogadicción pueda causarle a su juventud y a la del mundo entero. O, si no, ¿por qué, desde que ellos cultivan la marihuana, ésta dejó de ser un problema de narcotráfico? ¿Acaso, no sucedió otro tanto, hace 70 años, con el tabaco y el licor? Más aún, ¿no terminaron en el Capitolio o en la Casa Blanca algunos descendientes de los capos de la época de la prohibición?

Colombia no puede seguir haciéndole el juego a los Estados Unidos; sobre todo si, en éste, sacrifica a sus campesinos ya, de por sí, olvidados sempiternamente; si ya ni siquiera se les celebra, como antes, con bombos y platillos, su fiesta anual. Los campesinos afectados por la fumigación han ofrecido soluciones alternas; pero no son de buen recibo por las Fuerzas Militares y las de Policía. Ellas insisten en que el glifosato es lo único que puede acabar con el malhadado cultivo y, si es así, ¿entonces, qué importa, no ya una vida más o menos pasable para nuestro campesino; sino su propia supervivencia? O como, de manera por demás cínica, dijera un General de la República, hace unas semanas, “…es la cuota de sacrificio de nuestro pueblo”.

Valledupar, 11 de septiembre del año 2001

Luto en América

Hago la salvedad de que no soy proyanqui; en razón, tal vez, de la prepotencia norteamericana, de su afán colonialista y de su inveterada intromisión en los asuntos de otros países; aunque, también debo aclararlo, tampoco fui prosoviético, quizás por análogas razones, sobre todo en la época de Stalin, debido al despotismo de su gobierno.

Sin embargo, en sus últimos tiempos, la Unión Soviética representó un contrapeso en la balanza internacional y, podría decirse, que fue un mal necesario. Así como también se le debe reconocer a Estados Unidos su decisiva intervención en la derrota del maniático Hitler.

No obstante, lo ocurrido el pasado martes 11 desborda todo sentido de las proporciones. ¿Cómo es posible que unos cuantos fanáticos, y por consiguiente, de mente frenética, llenos de una insania irracional, estrellen unos aviones, con todos sus ocupantes a bordo, contra unas edificaciones llenas de personas que, en número de varios miles, hacían su respectivo quehacer en el fatídico momento?

¿Cómo alguien, a sabiendas, siega la vida a miles de congéneres a quienes no conoce ni puede imputarles en forma alguna y absoluta ninguna de las causas de su agobio personal? ¡Y ni si así lo fuera! Innegablemente los terroristas, secuestradores de los aviones causantes de los destrozos y las muertes, no eran más que el instrumento material de una mente enferma, cargada de odio vesánico contra un determinado país.

Nadie, por el solo hecho de estar en contra de un sistema político o por detestar un establecimiento o un país o ser adverso a una religión, puede arrogarse el derecho de castigar a una nación en la vida de sus ciudadanos, los cuales ningún mal le habían hecho a esos individuos que, enceguecidos en su odio y llenos de soberbia, pues se debieron considerar a sí mismos, en ese momento, la mano de Dios, destruyeron vidas, enlutaron hogares y dejaron miles de viudas y huérfanos que, desconsolados, lloran a sus seres queridos, sin saber, aún, por qué en un momento de infortunio, unos locos fanáticos sumieron en la angustia sus vidas y llenaron de duelo a todo un continente, por no decir al mundo entero; pues es muy probable que, en una ciudad tan cosmopolita como Nueva York, las miles de víctimas de estos horrendos genocidas, hayan sido oriundas de cualquier país del mundo.

Sólo nos resta, parafraseando a Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, llorar con dolor la pérdida de miles de vidas segadas por la fatalidad, representada por la mente de unos seres perturbados, cegados por el odio.

Pidamos a Dios paz eterna para las almas de las víctimas de este absurdo holocausto y que Él dé Su perdón a sus insensatos asesinos.

Valledupar, 18 de septiembre del año 2001

Un vil chantaje

Es lo que el Alto Gobierno con el Ministro de Hacienda a la cabeza y el asentimiento de los presidentes de los gremios económicos, pretende hacerle a la clase trabajadora colombiana, con el engendro de reforma laboral que empieza a hacer curso en las cámaras legislativas. Con el fementido propósito de crear posibilidades de empleo, esgrimen el sofisma de que las prestaciones sociales de los trabajadores restan estímulos a los empresarios para abrir nueves fuentes de trabajo; como si esta posibilidad no obedeciera a otro tipo de condiciones y circunstancias de índoles comercial y productiva.

Más aún, el salario de los trabajadores que intervienen en los procesos de producción y comercialización de bienes y servicios, hace parte de los correspondientes costos y, por tanto, es prorrateado entre los consumidores y usuarios, respectivamente.

Entonces, ¿por qué la algazara? Porque (es un secreto a voces) los dirigentes del país insisten en que el pueblo colombiano asuma las pérdidas producidas por los malos manejos de los administradores de ciertos sectores de la empresa privada y el despilfarro de algunos gobernantes. O, si no, recordemos el infortunado 2%o y los últimos conatos de reforma tributaria.

¿Por qué se habla de chantaje? Porque ya están diciendo los voceros de los gremios, a través de encuestas sacadas sabe Dios de dónde, que de no pasar su reforma no se crearán nuevas plazas de ocupación laboral y que, además, la primera calamidad que asuela al país es el desempleo. Si, apenas ayer, según los gremios, éste ocupaba el último renglón entre los infortunios que nos devastan. Claro está que es innegable que, después de la corrupción administrativa y su consecuente impunidad (no se debe olvidar la cantidad de ladrones de cuello blanco que anda suelta) el desempleo es un gran mal que agobia al pueblo colombiano. Agobio del cual los dirigentes salen indemnes, pues a ellos no alcanza a tocarlos.

¿Cómo es posible que el Ministro de Hacienda diga, sin inmutarse, que quitando las horas extras se genera empleo? ¿O que, privando al trabajador de las primas de servicio y de la cesantía se erradiquen las causas de la desocupación? ¿Qué irá a hacer un trabajador, que gana dos salarios mínimos mensuales, cuando lo priven del alivio de las primas de junio y diciembre, con las cuales paga pensiones atrasadas en el colegio donde estudian sus hijos o compra libros y uniformes o trata de medio enderezar su maltrecho presupuesto? ¿O, cuando al quedar cesante, no cuente con un ahorro que le permita medio resistir la época del desempleo?

Señor Ministro Juan Manuel Santos, Señores Presidentes de los Gremios Económicos, cuando ustedes se acuestan, ¿su conciencia los deja dormir tranquilos? Y, de hacerlo, ¿pueden tener sueños apacibles? De ser así, los felicito; porque casi veintidós millones de sus compatriotas no pueden hacerlo; porque para cerca de doce millones de ellos, a pesar de tener el privilegio de un empleo, el salario apenas les permite sobreaguar; otros cuatro millones no tienen empleo y, ellos y sus familias, sólo sobreviven por la misericordia Divina y, seis millones más, ni siquiera tienen un pan para llevar a sus hijos. No olviden que el Estado les debe a sus asociados las posibilidades de una vida decorosa y esto se logra redistribuyendo la riqueza y no repartiendo la pobreza.

Valledupar, 25 de septiembre del año 2001

Un cuento inconcluso

El pasado martes, la opinión pública fue sorprendida por una noticia: un ex guerrillero, arrepentido, confesaba ante las cámaras de televisión haber participado en la conjura para asesinar a Álvaro Uribe, uno de los candidatos a la presidencia del país.

Las reacciones fueron inmediatas: políticos de todos los matices y niveles, en ejercicio o en reposo, militares de alta graduación, tanto activos como retirados, comentaristas de prensa, radio y televisión, prelados de la Iglesia, todos a una, condenaron el hecho sin hacer un mayor análisis: se ha vuelto costumbre inveterada en Colombia, parcializarse fácilmente; se conoce un hecho y, en forma gregaria, todos se dejan conducir por la voz de quien desea obtener un resultado determinado ante la opinión pública; ya no se examinan las noticias con el fin de averiguar, hasta dónde son veraces o hasta dónde son mentiras.

El Profesor Alfonso Palacio Rudas, el famoso Cofrade, aquél que predicaba, hace treinta o más años, que no se debía tragar entero, debe revolcarse inquieto en su tumba ante lo deleznable que se ha vuelto el colombiano medio, que se deja arrastrar con facilidad ante las opiniones ajenas, sin hacerles el más mínimo cuestionamiento.

Pero volviendo a la noticia que nos ocupa, se encontró que, al día siguiente de ésta, algún diligente periodista mostró unas imágenes en las cuales, el mencionado ex guerrillero, aparece ante las cámaras de televisión escoltando al presidente de Venezuela en su visita a Colombia en mayo pasado.

Más de un colombiano quedó pasmado: ahí había algo raro; ¿cómo era posible que un individuo fuera, en mayo guardaespaldas al servicio del Gobierno, meses más tarde guerrillero, a mediados de septiembre conspirador y, ocho días después, compungido confesara su crimen? Ahí faltaba algo. Porque muchos saben que, a las fuerzas de seguridad del Estado nadie accede, sin una previa y exhaustiva investigación a su pasado, personal y familiar y, por supuesto, cualquier mácula en éste lo inhibe para el cargo.

Entonces surgen las preguntas de rigor. ¿El sujeto sí era guerrillero y se infiltró en las fuerzas de seguridad? ¿No lo era y la conspiración fue una farsa? ¿Sí hubo conspiración; pero, ante la ausencia de verdaderos culpables, se montó una pantomima que aplacara a la opinión pública?

Si lo primero, malo; porque denota que algo está fallando en los organismos de investigación del Estado colombiano, siempre acuciosos para hacer lo suyo y, esto, significa peligros para la estabilidad del  país. Si lo contrario, peor; porque se trata de un engaño, un fraude a la opinión pública; la cual merece respeto.

De ahí el título de este intento de ensayo; aquí faltó una porción del cuento y, por sobre todo, una explicación; esa sí exhaustiva y ajustada  a la realidad: si no hubo conspiración y se echó mano de la farsa  o, si la hubo y se montó el tinglado, ¿qué se pretendió con todo esto? Y, de no ser así, ¿qué está pasando con los organismos encargados de velar por la seguridad del país?

Porque no se trata sólo de cuidar a los llamados personajes; sino de velar por la estabilidad de toda la nación. Pero todo dentro del mayor respeto a la ciudadanía; porque cuando el Estado le miente a la opinión pública, le puede pasar lo del pastorcito mentiroso: que termina por perder la credibilidad de la gente.

Sería muy irónico y muy triste, también, que los mensajes televisuales de las Fuerzas Militares y de la Comisión Nacional de Televisión: “Colombia exige respeto”, “¿Quién tiene un final feliz, cuando engaña a otros?” y otros más, todos muy institucionales y muy didácticos, terminaran por devolvérseles a los organismos del Estado.

Valledupar, 2 de octubre del año 2001

El problema del café

Porque no soy cafetalero (caficultor, le dicen ahora) sé muy poco del café; por ejemplo, no sé nada sobre los métodos para su cultivo; sólo sé que es oriundo de Arabia, que se desarrolló a partir de la llegada de los españoles a América, que Brasil es su mayor productor mundial, que Colombia produce el mejor café suave del mundo –así a nosotros no nos sea dado consumirlo– y que con él se prepara una bebida muy nuestra, estimulante y tonificante.

También sé, que por haber sido hasta unos años nuestro principal producto de  exportación y, por consiguiente, la base de nuestra economía, tuvo una significación  capital en el devenir nacional. Sin embargo, por diversas razones, el cultivo del café, al menos para los pequeños cafetaleros (insisto en el vocablo castizo), ha dejado de ser una fuente segura de ingresos aceptables, que procure un modus vivendi decoroso, para quienes se dedican a su cultivo.

Y, ¿cuáles son esas razones? Como ya se dijo, son diversas y, además, complejas; no obstante, se pueden distinguir y precisar algunas de ellas: primero, la capacidad que tiene Estados Unidos para manipular el Fondo Internacional del Café y, así, poder establecer precios y condiciones a su arbitrio, los cuales no siempre resultan ser justos para el cultivador; segundo, los descalabros de las sucesivas reformas agrarias emprendidas por los gobiernos de Colombia, desde hace un poco más de treinta años y cuyo objetivo siempre ha sido, solamente, el de distribuir tierras; olvidando los renglones de salud, educación, vivienda e infraestructura, entre otros, necesarios todos ellos para que el minifundista pueda alcanzar real solución a su problema socioeconómico; tercero, el acaparamiento de ventajas por parte de los dirigentes cafeteros, quienes son los que en verdad se lucran de la actividad cafetalera en Colombia.

Y si, a todo lo anterior, le agregamos la perpetua actitud de olímpicos desprecio y abandono, por parte del Ministerio de Agricultura, hacia el pequeño cultivador de café, el panorama realmente se torna sombrío.

Todo esto ha conducido a que, el cultivo y la comercialización del café, hayan dejado de ser un problema económico, para convertirse en un problema social; en el cual, cerca de quinientas mil familias campesinas colombianas han quedado inmersas; muchas de ellas abocadas a situaciones de bancarrota, muy próxima a la miseria.

Entonces, a estas familias, ¿qué porvenir les espera? Algunos arrojados o, tal vez, desesperados, se han dedicado al cultivo de la amapola y a otras labranzas ilícitas; lo cual hace que, a su problema socioeconómico, se le agregue un ingrediente penal que los sitúa al margen de la ley y, a la larga, aumente su desesperanza.

Por favor, señores del Gobierno, señores de los Gremios económicos, señores Generales  de la República, den una mirada hacia estos millones de compatriotas que claman porque, desde los planes oficiales para el desarrollo, surjan soluciones viables que les permitan a ellos, pequeños cafetaleros, salir de esta situación de aflicción que los agobia.

Valledupar, 9 de octubre del año 2001

El sistema político republicano en Colombia

El estado social está fundamentado en la voluntad popular dentro de un sistema político republicano, que permite la formación de un estado de derecho establecido con el fin de velar por la vida, honra y bienes del ciudadano.

Dentro de este orden de ideas, el Estado debe velar porque el nivel de vida de sus asociados sea el mejor y las necesidades básicas y fundamentales, como lo son la salud, la educación, el empleo y la vivienda, les sean garantizadas a todos los habitantes de un país.

El sistema republicano, como sistema político, crea dependencia en sus asociados, puesto que éstos le deben obediencia. Los sistemas políticos son instrumentos del Estado, el cual es una institución política de acción continua que, mediante la aplicación de la ley, logra su perpetuidad.

El sistema republicano se mantiene gracias al sistema electoral, el cual se alimenta con el sufragio; a éste concurren las diferentes clases sociales, con el fin de elegir a los cargos públicos, la mayoría de las veces, a la clase de alto estrato socioeconómico. A la elección rara vez se postulan miembros de la clase trabajadora, dados los altos costos de las campañas políticas; a menos que un trabajador, gracias al cariz de liderazgo que tenga, pueda servirle a un político tradicional para atraer votos; en cuyo caso, éste financiará la campaña de aquél.

El sistema político electoral colombiano se encuentra dividido en dos grandes  vertientes: la rural y la urbana; la primera está comandada por los gamonales, quienes poseen la tierra en la provincia y, por consiguiente, el poder; éste les permite perpetuarse, de grado o por fuerza, en forma directa o por interpuestas personas, en la dirigencia de la política de su respectiva región.

La política electoral urbana la comandan los clientelistas, quienes a través del ofrecimiento de cargos públicos y otras prebendas, logran mantener cautiva una clientela para las elecciones. Al clientelismo le es fácil lograr lo anterior, gracias a  su capacidad para mantenerse en el poder; con lo cual administran, como si se tratara de una empresa privada, las dependencias del Estado; convirtiéndose, así, en una gran agencia de empleos.

Por otro lado, cuando un individuo, por fin,  es elegido para un cargo público, ha invertido en el intento una considerable suma de dinero; por consiguiente, al empezar a manejar el presupuesto oficial cree, equivocadamente y de manera deshonesta, que podrá recuperar su inversión, entrando a saco al erario; además, en las futuras elecciones, tendrá asegurada, así, su reelección.

Evidentemente, hay excepciones, pero son tan poco numerosas y, además, silenciosas, que su buena voluntad y su honradez, muchas veces acrisoladas, se ven opacadas por la acción de gamonales y clientelistas, quienes también, como para tener mayor certeza en el triunfo electoral, obtienen ayuda financiera del sector empresarial; el cual, al invertir en las campañas políticas, obtiene un seguro que le garantice que el Estado, en sus diversos niveles y divisiones del poder, no atentará contra sus intereses; sino que, por el contrario, velará por ellos. Algunos otros, no sólo deshonestos; sino también, inmorales, reciben dineros de empresas ilegales; otros más taimados, acuden al fraude electoral, sobre todo en la provincia, en donde la labor de verificación y control, es menor o no existe.

Todo esto, a la larga, desvirtúa la acción del Estado; haciéndole perder de vista su objetivo primario y, por consiguiente, su principal propósito: conseguir el bienestar de sus asociados, mediante la redistribución social del ingreso y, además, poder vigilar y controlar la recaudación tributaria en forma tal que los poderosos, al tributar más, sufraguen a quienes no pueden hacerlo o a quienes sólo pueden tributar en menor escala; y no como sucede en la realidad: donde solamente tributa la clase trabajadora; ya que los empresarios, grandes, medianos o pequeños, trasladan injustamente, al precio de venta de bienes o servicios, el monto de los impuestos con que son gravados y, esto cuando los son; porque en muchas ocasiones, a los amigos que los ayudaron a obtener el triunfo, los gobernantes los exoneran del pago de tributos.

De no existir control estatal al respecto, el tesoro público se convierte en un saco roto, que nunca tendrá los fondos necesarios para satisfacer los planes de inversión y desarrollo que el país requiere para salir de su atraso consuetudinario y ni que hablar de  los municipios que administran regalías; allí el desfalco es el pan de cada día.

Y si, a lo anterior, le agregamos la inclinación de la mayoría de los votantes, en quienes tiene más ascendiente el corazón o el estómago que el cerebro, porque su pensamiento los lleva a considerar el beneficio particular e inmediato y no el bien colectivo y futuro, encontramos electores que muchas veces votan por la persona que les cae bien o más se acerca a sus afectos o les ofrezca gajes efímeros y no por aquel que haya de traer desarrollo al país o la región en que habitan y, a la vez, morigere las costumbres, con el fin de ir buscando el camino que nos permita salir de la corrupción administrativa que nos agobia y su natural secuela, la impunidad.

Valledupar, 16 de octubre del año 2001

Regocijo prematuro e irresponsable

En días pasados, las agencias de noticias, anunciaron la decisión del gobierno norteamericano de hacer efectiva la ampliación de su lucha contra el terrorismo internacional, trayéndola a estas tierras sudamericanas; más exactamente a Colombia, según lo advirtieron los noticieros de la televisión colombiana, con un mal fingido regocijo, del cual participaron algunos generales, no obstante días después fuera tratada de disimular dicha noticia y, más aún, rebatida por el Señor Comandante del Ejército; para luego ser sacada del contexto noticioso, echándole tierra; ellos los noticieros de las dos grandes cadenas de televisión colombiana, tan amigos de repetir, hasta la saciedad, las noticias.

De todas maneras, éste, es un aviso preocupante; la lucha de un país contra sus enemigos, es una lucha feroz e indiscriminada; las bombas no están marcadas ni tienen una señalización en su dirección; de tal modo (diría Perogrullo) que aquellas que enviaran Estados Unidos a Colombia en una eventual lucha contra el terrorismo criollo, no tendrían por qué venir demarcadas: ésta va para las FARC; esta otra, para el ELN; la de más allá, para los paramilitares; no. Ellas caen donde sea: en sitios poblados, en construcciones, en campamentos o en sembradíos y, al hacerlo, destruyen vidas y objetos; esparciendo muerte y desolación. Y, si hay dudas, démosle una mirada a Afganistán.

Quienes, en su momento, criticamos la bárbara acción del 11 de septiembre pasado sobre Nueva York, criticamos también la vindicta anunciada por Bush, a sabiendas de sus consecuencias sobre la población del país a atacar. No hacerlo, era tener doble moral, pretender polarizar los juicios de apreciación, consagrar la ley del talión, legalizar la retaliación, prohijar una serie de venganzas entre dos países, dos civilizaciones, dos culturas y, lo que es peor, puede producir una hecatombe que se sabe dónde empieza, pero no dónde termina.

Desdichadamente para el pueblo afgano, el pronóstico se está cumpliendo. Ya son casi mil los muertos entre la población civil y, los deterioros a la propiedad privada, son valorizados en varios cientos de millones de dólares. Y, mientras tanto, los terroristas siguen imperturbables y ocultos a toda acción enemiga.

¡Líbrenos el Señor de una situación semejante! Por consiguiente, no hagamos de esta posibilidad un motivo de regocijo.

Mejor es no pensar, en forma ilusa, que Estados Unidos nos va a ayudar a sacar las brasas con mano ajena; más aún, ellos muy poco pueden hacer aquí en ese sentido; sobre todo si se tiene en cuenta que nuestros gobiernos, sin distingos, han sido sus buenos aliados y, así, sus intereses financieros han sido bien cuidados.  No se debe olvidar que los norteamericanos intervienen sólo en países gobernados por personas que no les garanticen ventajas comerciales; o si no, recordemos a Corea, Laos, Vietnam, Chile, Nicaragua, Cuba, Granada, etc., etc.

Valledupar, 23 de octubre del año 2001

Los cantos de sirena

Las sirenas, esos seres mitológicos con medio cuerpo de mujer encantadora y medio cuerpo de ave o pez que, con sus cantos melodiosos, atraían a los navegantes incautos y los hacían zozobrar, son mencionadas por vez primera en las letras griegas por Homero en su Odisea. Su canto, con su implícita malignidad, ha pasado a ser sinónimo de engaño disfrazado de bondad y beneficio.

Pues bien, en nuestra historia patria han sido muchos los que han hecho el papel de sirenas y, con sus falacias, han conducido al país por las vías del descalabro.

Últimamente, a raíz de la cruzada de Bush contra el terrorismo –fue esa la forma primigenia de referirse él a su campaña, aunque luego corrigiera señalando que había sido un lapsus linguae– han surgido voces muy autorizadas (al menos en apariencia) invitando al ejército norteamericano a intervenir en nuestra situación de orden público; la cual es crítica, dicho sea de paso,  no de ahora, ni de hace cien años. No. Ella es tan antigua como nuestra historia republicana o de independencia: primero fueron las bobas diferencias de la Patria Boba; luego las ambiciones de  los enemigos gratuitos de Bolívar; después, y durante más de cien años, los odios atizados por algunos dirigentes de los dos partidos políticos tradicionales y, ahora, guerrilleros y paramilitares azotan y devastan el país, enarbolando consignas que han perdido sus iniciales matices sociales.

Volviendo a nuestras modernas sirenas, parece que el gobierno de Bush les va a hacer caso; ya su embajadora en Bogotá así lo anunció. ¡Ojalá no tengan que arrepentirse quienes desean esa nefasta intervención! No crean ellos que aquí se  va a repetir el modelo japonés o el italiano, ni siquiera el filipino; pues no hay que olvidar que, en esos países, como ahora en Afganistán y antes en Chile  y otros sitios, cuya enumeración podría resultar prolija, había gobiernos contrarios a los intereses económicos estadounidenses y era necesario contribuir a su derrocamiento; en tanto aquí, los gobierno han sido sus aliados.

El panorama colombiano puede ser otro; ya en la columna de hace ocho días se alcanzó a vislumbrar algo de esto. Pero, además, aquí sería aprovechada la situación y se  desataría la represión, el autoritarismo se exacerbaría, el despotismo se enseñorearía de los actos de gobierno en sus diferentes niveles jerárquicos, la tan cacareada soberanía se vendría al suelo y las libertades quedarían conculcadas; hasta los sagrados derechos de disentir y opinar quedarían hollados, tal como sucedió en Chile y en otros países en donde la “benevolente” ayuda norteamericana hubo llegado.

Y, cuando surjan nuevos casos de corrupción como el Guavio, Dragacol, FED, etc., habrá que callar, para evitar represalias y peligros contra la integridad personal del denunciante; quien en ese momento sólo está haciendo ver dónde están los apátridas que destruyen a Colombia y terminan por hacerle más daño al país que cualesquiera otras dolencias que tanto nos agobian y tanto nos perturban.

Valledupar, 30 de octubre del año 2001

El porqué de la violencia (Parte I)

La historia de la humanidad siempre ha estado cargada de violencia; si nos atenemos a la Biblia, bien temprano Caín mató a Abel, su propio hermano y lo hizo por envidia, no teniendo inconvenientes para irrespetarle la vida. Si le creemos a la Historia, el mundo siempre ha estado en guerra; más aún, los mayores de 60, sabemos que el mundo entero, en general, y nuestra patria, en particular, nunca han estado totalmente en paz durante lo que ha sido nuestro periplo vital.

Pero, ¿por qué tanta violencia?, ¿por ambición?, ¿por envidia?, ¿por falta de respeto? Yo diría que por un poco de cada una de estas causas o por todas ellas en general. La verdad es que el ser humano es violento por naturaleza, es el único habitante de la Tierra capaz de matar por venganza, por ira, por locura, por placer. Pero muchas veces lo hace por ambición y por falta de respeto. ¿Por qué una nación ataca a otra? Casi siempre porque desea apropiarse de tierras o recursos que esta última posee o, a veces, porque quiere agredirla; pero, de todas maneras, este ataque nace del irrespeto de una hacia otra. ¿Por qué un individuo roba, mata o ataca a otro? Por ambición, por envidia, en una palabra, por irrespeto a la vida o a los bienes ajenos.

Parece algo simplista, pero no lo es; es la cruda realidad del ser humano, como parte de su complejidad mental. Por supuesto que hay excepciones y muchas, yo diría que innumerables; la inmensa mayoría de la humanidad es pacífica o, al menos, intenta serlo y, muchos, lo logran; pero los violentos, los que no respetan los derechos de los demás, consiguen sus propósitos; bien sea, avasallando a los demás, explotándolos, enajenándoles las posibilidades de desarrollo, coartándoles las libertades, truncándoles las esperanzas. De todas maneras, cualquiera de estas expresiones de irrespeto hacia los demás seres humanos, es una actitud criminal; porque conduce a la desesperación, a la opresión, al atraso cultural, económico y personal de unos pocos individuos o de toda una comunidad. Por eso, no sólo es asesino quien mata a otro; también lo es el que explota al necesitado. No solamente delinquen aquellos que roban, cometen contrabando o evaden impuestos; también los que desfalcan al Estado. No es reo de culpa aquel que disiente de los malos gobiernos y denuncia las desigualdades sociales en nuestro país; sino quien coarta las posibilidades de desarrollo a los individuos y los sume en la ignorancia, la insalubridad  y la ignominia.

De otro lado, hay mucha permisividad por parte del Estado; el cual, para unas cosas es demasiado opresivo y, para otras, demasiado paternalista. ¿Por qué, en teoría, cualquiera puede portar un arma, con sólo obtener un salvoconducto; que, no solamente se puede adulterar; sino que, además, puede ser traficado? Yo pienso (desde la barrera) que el ideal sería que en Colombia, solamente los militares y los policías, mientras estén de servicio, porten armas. El resto de la población debería permanecer desarmada; que no inerme; pues la Fuerzas Militares y de Policía velarían por su seguridad, la de todos; no sólo la de los poderosos, es decir, los adinerados. Entonces, el porte de armas por parte de la población civil o por parte de militares y policías fuera de servicio, en esta situación sublime, sería un delito fuertemente castigado por la ley.

Valledupar, 6 de noviembre del año 2001

Un engendro social

Les presento a mis lectores excusas por truncar el ensayo sobre el porqué de la violencia, en razón de la necesidad de comentar una noticia preocupante publicada por los medios de comunicación del país a mediados de la semana pasada, sobre el proyecto de reforma al régimen de pensiones a cargo del Seguro Social, presentado por el Gobierno al Cuerpo Legislativo.

En este proyecto se plantean tres situaciones de inquietud para los millones de trabajadores afiliados al ISS, que no hayan cumplido aún los cincuenta años de edad: se aumenta la edad de jubilación en tres años, se reduce a 60 puntos el porcentaje del salario base para pensión y se aumenta a 20 años el tiempo para promediar dicho salario base. Estos tres aspectos traen sus correspondientes consecuencias: los jóvenes de hoy ven más lejana su jubilación, ésta será menor y su poder adquisitivo se verá reducido cuando por fin llegue.

Dejando de lado la forma como el Ministro de Hacienda ha tomado a pecho el sacar avante esta reforma, es innegable que su preocupación no tiene nada que ver con el golpe que la misma le aseste a la clase trabajadora pobre del país, que es la que está afiliada al Seguro Social; pues los grandes ejecutivos hacen sus aportes a los fondos privados de pensión y los empresarios, como lo es el mismo Ministro Santos, nacieron ya jubilados; es decir que tanto a empresarios como a ministros y demás personajes del Gobierno les tiene sin cuidado la suerte de esos millones de trabajadores que cada día ven alejarse la posibilidad de lograr una pensión decorosa.

Aquí lo que importa es conseguir que la clase empresarial, valga decir, la que sostiene a gobernantes (elegidos por votación o nombrados por estos últimos) y a legisladores, logre sus aspiraciones de no tener que sacrificarse por los menos favorecidos por la fortuna; así, éstos cada día se empobrezcan más y cada vez vean alejarse los medios de redención socioeconómica.

Además, no debe olvidarse que está en juego la estabilidad económica del ISS, el cual por razón de sus malas administraciones (recordemos al doctor Wolf), se encuentra en bancarrota.

Como se dijera en esta columna hace algo más de un mes, a propósito de otra de las reformas de nuestro alcabalero Ministro de Hacienda: “…las posibilidades de una vida decorosa –como obligación del Estado para con sus asociados– se logran redistribuyendo la riqueza y no repartiendo la pobreza…”, lo cual está distante de lo que se pretende ahora, cercenando toda ocasión de desenvolvimiento para quienes cuentan con menos auspicios de capital.

Valledupar, 13 de noviembre del año 2001

El porqué de la violencia (Parte II)

En la primera parte de este ensayo se vio, cómo el irrespeto entre personas y entre naciones, es origen de violencia y, cómo el exceso de armamento es su coadyuvante. Y cuando se habla de exceso no se hace referencia a que fulano tenga 10 pistolas y zutano solamente una. No. Es que ni fulano ni zutano deberían estar armados. ¿Cuántas veces, una simple discusión que, en condiciones normales, no habría pasado de una agresión verbal o, en el peor de los casos, de unos cuantos golpes, termina en tragedia porque alguno de los contrincantes está armado y, casi siempre, al verse desposeído de la razón, acude a su arma y hiere o mata a su adversario? Porque al ver que el contrario ya lo está venciendo, el hecho de sentirse armado y, por tanto, en capacidad de humillar a este último, puede más que su capacidad de razonar y, enceguecido, su parte animal –con el perdón de los nobles brutos– prevalece sobre su escasa espiritualidad. El resultado, un muerto más, un hogar enlutado, una comunidad adolorida.

En ocasiones, el asesino va a dar a la cárcel; en donde terminará por corromperse aún más, tal como fue analizado en esta columna hace un par de meses (*). Mientras tanto, familiares de la víctima y del victimario ven cercenarse sus ilusiones, desaparecer sus esperanzas y mermar sus propósitos; amén de las posibilidades del surgimiento de una serie de retaliaciones que pueden extenderse por generaciones; todo por la irresponsabilidad del asesino potencial que subyace en todo individuo armado que cree, estúpidamente, que su virilidad reside en el gatillo de una arma de fuego o en el filo de un cuchillo.

Por eso cuando, ocasionalmente, se alzan voces (muchas veces prestigiosas), invitando al colombiano medio a armarse, se me encoge el corazón y se me hiela la sangre, al pensar que todavía haya gente insensata que pretende atizar, más aún, esta hoguera de violencia que nos consume y nos aniquila cada día más. Si con los delincuentes comunes, los asesinos a sueldo, los paramilitares, los guerrilleros, las injusticias sociales y tanto loco suelto armado de revólver o cuchillo o a bordo de lujosos automóviles que pasan raudos por las calles de nuestras ciudades, tenemos tanta violencia y tantas muertes, ¿qué pasaría en una Colombia en donde todos estuviéramos armados?  La visión es ominosa; terminaríamos por aniquilarnos unos a otros, todos entre sí: entre vecinos, entre transeúntes, entre parejas, entre hermanos…

El ambicioso se convertiría en una máquina mortal. Al latifundista artero se le aumentarían las posibilidades de apropiarse de los minifundios vecinos. Cualquier discusión se dirimiría a bala. Se volvería cómodo y, además, legal, deshacerse de los enemigos, de los estorbos, de los indeseables. Sería tanto como instaurar la pena de muerte y dejar su ejecución en manos de la población con más ardides y más armamento.

Valledupar, 20 de noviembre del año 2001

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(*)Véase  “¿Lugar de regeneración o escuela del crimen?”

     EL PILON, 5 de julio del año 2001

El porqué de la violencia  (Parte III)

Hasta la semana pasada (ahora mucha gente dice, equivocadamente, “anterior”), se habían analizado las posibles causas de la violencia personal; es decir, porqué  un individuo es agresivo y ejerce violencia hacia sus vecinos, sus compañeros de trabajo, sus contertulios o, simplemente, sobre los transeúntes con los cuales tropieza en la calle.

Veamos hoy los orígenes de otro tipo de violencia, la familiar, la doméstica. Porque allí, en el seno de los hogares también se gesta violencia; mucha más de  la que las estadísticas nos muestran.

Generalmente, esta violencia es ejercida por el jefe del hogar; quien, casi siempre, es el hombre; porque todos sabemos que hay hogares, cuya cabeza es una mujer. Pues bien, hay hogares en donde el padre y, a veces la madre, son déspotas a quienes no se les puede ni siquiera contradecir; son personas que se trazan una línea de comportamiento, no solo personal; sino (y esto es lo grave) colectiva y aquel que se salga de ella, se expone, en ocasiones, a fuertes castigos. Por otra parte, en estos hogares, el cruce de golpes y de ofensas verbales es frecuente.

Hay otros hogares, en donde el padre es bebedor consuetudinario y, de contera, irresponsable. No se debe olvidar que, en Colombia, se ha institucionalizado el llamado “viernes cultural”, día al cual muchos consideran de bebida obligatoria; son muchos los individuos que dejan buena parte de su salario en la cantina y, al incumplir con las obligaciones financieras del hogar, surgen las discusiones que, muchas, veces, degeneran en golpes para la esposa y castigos, a veces crueles, para los hijos pequeños.

Casi siempre, cuando hay problemas económicos en un hogar, las relaciones se agrian; pues, es lógico, que la mujer reclame una mayor responsabilidad de parte del hombre, quien, la mayoría de las veces, aporta  una mayor cuota financiera que la mujer y, por tanto, sobre sus hombros recae la mayor carga con respecto al sostenimiento de la familia. Además, hay hogares en donde solamente el hombre sufraga los gastos de la casa y como quiera que la mujer, por naturaleza, tiene más autocontrol que el hombre,  éste termina siendo el culpable de los descalabros financieros del hogar y, cuando esto ocurre, los reclamos se incrementan y se agudizan y, si el hombre, no se modera –no se debe olvidar la agresividad innata en muchos individuos– la violencia se desencadena.

Esto no quiere decir que en los hogares donde no hay problemas económicos, tampoco haya violencia: No; ésta no sabe de estratos socioeconómicos. Solamente se quiere mostrar que el dinero o, mejor aún, su ausencia, secunda a la agresión.

Existen también individuos que agregan, a la adicción al alcohol, el querer tener más de un hogar; por creer, equivocadamente, que se es más hombre en tanto más mujeres se tengan. Por supuesto que esta situación, en muchas ocasiones, es prohijada por la mujer, quien comparte la creencia de que su marido es todo un macho porque tiene una o más queridas y, por razones obvias, este individuo no podrá dar abasto para responder en todos los aspectos de una relación de pareja y, entonces, sobreviene la desatención, no sólo amorosa; sino también económica para el hogar legítimo y, cuando surgen los reclamos y la inconformidad en este último, la respuesta, casi siempre, es la agresión. Golpes para la mujer por protestar y golpes para los hijos por tratar de defender a la madre.

Por último, tenemos a los desadaptados que culpan a los demás de todo lo malo que les ocurre y, por lo general, su propio hogar es el lugar en donde desahogan sus frustraciones y la pobre mujer y los hijos terminan pagando los platos rotos.

Valledupar, 27 de noviembre del año 2001

El porqué de la violencia (Parte IV)

Como conclusión al tema, vamos a analizar la intervención del Estado como generador de violencia. Hay un factor que la origina y es la inconformidad propiciada por las acciones y omisiones de éste, las cuales se traducen en injusticia social que termina por maltratar a las clases baja y media de la población, sobre todo a esta última; pues la primera, a veces, se vuelve impermeable a las mencionadas acciones y omisiones, mientras que la clase alta siempre sale indemne de éstas, ya que los gobernantes procuran no tocarla con ellas y, si así lo hiciera, sus miembros poseen la capacidad económica y, a veces también, la capacidad política para resistir el embate de las medidas estatales mencionadas; en tanto   que la clase media recibe todo el peso de las mismas y, como quiera que posee la suficiente competencia de raciocinio, cuando protesta por los atropellos del Estado, éste, a través de sus fuerzas de seguridad, reacciona y arremete contra los inconformes, produciendo violencia, muchas veces recíproca, que genera disentimiento en la población atropellada; el cual se va acumulando hasta producir una especie de resentimiento social, cuyas consecuencias pueden ser impredecibles y tras el cual pueden ampararse otros enemigos del Estado. Colombia lleva muchos años alimentando esta situación de violencia, cuyos orígenes son casi tan antiguos como la Patria. (*)

Pero la violencia tiene su antagonista, que es la paz; cuya significación real es la concordia entre los habitantes de un hogar, una comunidad, una ciudad, una región, un país, una comarca. Cada uno de estos reductos significa una gradación en los niveles de la paz; pues, además de la paz personal, el individuo necesita vivir en armonía con quienes lo rodean y de alguna manera inciden en su accionar diario: hogar, vecindario, lugar de trabajo, autoridades, etc. Ahora bien, los primeros niveles de armonía mencionados, cada cual los logra  a través de su propia introspección y, así, puede vivir en paz consigo mismo, con su familia, con sus vecinos y sus compañeros de trabajo e, incluso, con sus superiores jerárquicos. Empero la paz total con las autoridades, no siempre depende del individuo, pues muchas veces su causa es exógena, tal como se pudo apreciar antes.

Sin pretender analizar todas las causas sociales de la situación de violencia que vive el país, pues muchas de ellas han perdido su propio significado original, es innegable que la paz se ha convertido en una necesidad impostergable para Colombia. Pero la paz social, emanada del Estado, con planes de salud, educación, generación de empleo, vivienda e infraestructura –entre otros– que permita a la mayoría de los colombianos salir de la sempiterna situación de atraso y de desesperanza en que se encuentran. Pero no, la situación sigue igual; los planes de desarrollo no se ven y, cuando aparecen, el dinero que debía invertirse en ellos, termina en el bolsillo de funcionarios y de contratistas inescrupulosos, como consecuencia de la corrupción administrativa y de su secuela, la impunidad; flagelos estos, contra los cuales los candidatos a cargos públicos arremeten, pero que pronto olvidan cuando ya han sido elegidos.

Porque no es pintando palomitas, izando banderas, agitando pañuelos, colocándonos presillas en la solapa del vestido o en la camisa o consignas en los automóviles, realizando caminatas, como vamos a alcanzar la paz. No. No es así.

La paz, la verdadera paz social, repito, debe emanar del Estado, con planes de recuperación para las clases menos favorecidas económica y socialmente. Pero planes viables, que puedan hacerse realidad y que, en verdad, solucionen los problemas más urgentes de esa inmensa mayoría de colombianos que se hunden, cada día más y más, en la miseria y en el resentimiento social.

A veces da la impresión de que, quienes promueven algunas de estas acciones inocuas por la paz (caminatas, banderas, pañuelos, palomas, etc.) comprenden su inutilidad; pero, tal vez a sabiendas, incitan a la gente a participar en ellas, quizás con el propósito de distraer la atención de la opinión pública sobre las verdaderas causas sociales de este malestar que nos agobia.

El día en que la paz social se alcance, quienes esgrimen la injusticia como símbolo de protesta, no tendrán más pretextos para impedir la gobernabilidad; los inconformes dejarán de serlo o no encontrarán eco en un país satisfecho en sus necesidades básicas.

Valledupar, 4 de diciembre del año 2001

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(*) Véase “Los cantos de Sirena”.  EL PILON, 25 de octubre del 2001

Felicidades, ¡llegó Navidad!

Se acerca la Navidad, fecha en la cual recordamos el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo, el Dios–Hombre que dividió en dos la historia de la humanidad; quien vino a predicar el amor y la solidaridad entre los seres humanos; especialmente entre aquellos que se han ofendido y han llegado a odiarse.

Vino, también, a enseñarnos el desprendimiento por las cosas materiales, que hoy son y mañana no parecen. Fueron tantas y, además, tan sencillas Sus enseñanzas que, de practicarlas, la humanidad podría vivir en paz.

Por eso, tal vez, ésta es una época de reflexión, en la cual muchos hacen propósitos de cambio; algunos logran cumplirlos, otros no; pero también hay quienes ni siquiera los hacen y son quienes van por la vida sin un rumbo definido, dando tumbos, atenidos únicamente a lo material, al olvidar la parte espiritual que nos permite acercarnos a Dios; así sea sólo para implorar Su misericordia por las propias pesadumbres que cada día nos abaten.

Pero, de todas maneras, éste es tiempo de felicidad y alegría; hasta la misma naturaleza –en los países tropicales– se engalana para recibirlo; el sol brilla más, el viento corre y acaricia el rostro de quienes anhelan su frescor; la gente intercambia regalos y buenos deseos; el amor y la bondad se tornan contagiosos. Hay muchos que aprovechan estos días para perdonar las injurias recibidas, porque se acuerdan de Sus palabras: “…perdona para que puedas ser perdonado…”

Sin embargo, para otros no es tan alegre la época de Navidad, porque los embarga la tristeza, el dolor, la angustia. Son todos aquellos que han perdido un ser querido o han perdido el hogar o, peor aún, lo han perdido todo. Son los parias del mundo. Ni siquiera tienen un corazón amigo que se abra para compartir sus cuitas.

Elevemos por todos ellos una plegaria, pidiendo al Señor que les dé la oportunidad de orientar sus vidas; que Él les permita ver, al fondo, una luz que les indique que el túnel del dolor y de la angustia tiene un final hacia el cual hay que correr presurosos, pues ahí está, nuevamente, su felicidad.

La cual, en realidad, no es más que un estado de ánimo que se alcanza a través de las cosas más sencillas que nos da la vida y que, la mayoría de las veces, no sabemos descubrir o, aún haciéndolo, no sabemos apreciar. Pero que cuando se pierden, se anhelan y se valoran, muchas veces tardíamente.

Por eso, debemos aprovechar cada instante que la vida nos depara, para hacer felices a quienes amamos, para demostrarles con hechos ese amor; para, así, no tener que llorar su ausencia, no sólo con tristeza; sino también, lo que es peor, con remordimiento.

No obstante todo esto, hay una ausencia que, aunque se vive diariamente, en esta época es más notoria y es la ocasionada por la pérdida de los padres; el recuerdo del quebranto del hogar paterno, en donde corrieran los mejores años de la vida, la añoranza por las enseñanzas del padre y las bondades de la madre, los cuales se fueron para nunca más volver, representan una herida que difícilmente cicatriza.

De ahí que quienes los tienen vivos deban aprender a apreciar ese tesoro, el más grande que puede dársele a una persona: tener vivos a sus padres.

Pidamos a Dios que todos los seres humanos que habitamos este planeta, no importa dónde nos encontremos, en el norte o en el sur, en oriente o en poniente, podamos encontrar en estos días una voz cariñosa que nos diga, ¡Felicidades, llegó Navidad!

Valledupar, 11 de diciembre del año 2001

Un pequeño tributo para un gran hombre

Ayer, 17 de diciembre, se cumplieron 171 años de la muerte del Libertador Simón Bolívar, acaecida a la temprana edad de 47 años, cuando todavía su mente estaba en capacidad de generar ideas salvadoras, que encauzaran el rumbo de nuestras incipientes repúblicas.

Como un pequeño tributo a su memoria, recordemos su epopeya de libertad, nacida el 15 de agosto de 1805, en el Monte Aventino, y culminada con el triunfo de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, después de alcanzar la victoria en Boyacá, Carabobo, Bomboná, Pichincha y Junín y, haber tenido el revés de Puerto Cabello.

Durante casi veinticinco años no dio descanso a su mente ni a su brazo, hasta cumplir su promesa del Monte Sacro y liberar lo que hoy son seis naciones del hemisferio; para luego entregarse, también por completo, a la causa republicana con su visión de estadista.

Lástima que la enfermedad y la desilusión lo hubieran arrebatado de la vida, cuando aún podía haber hecho tanto por la organización y la dirección de la democracia en estos países; principalmente por su tan querida Gran Colombia, creada por él, (irónicamente un 17 de diciembre, el de 1819), a la que bautizara así en honor del Gran Almirante y en la que cifrara sus más grandes anhelos de hombre público.

Por eso quiso unificar los territorios de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, para hacer un Estado fuerte ante los embates de las naciones vecinas, como Perú; país al que dividiera en dos, el Alto (hoy Bolivia) y el Bajo Perú, para restarle un poco de fuerza que pudiera lastimar la soberanía grancolombiana. Noventa años después, los hechos demostraron cuánta razón tenía Bolívar.

Desgraciadamente para estos países, las ambiciones de algunos de los que rodeaban al Libertador (ambiciones surgidas, casi siempre, de la mezquindad de alma), pudieron más que la reciedumbre de Bolívar y terminaron por hastiarlo, hasta el punto de hacerlo exclamar con tristeza: “…aré en el mar y edifiqué en el viento…”; para significar el grado de desilusión que lo embargaba en esos momentos, en los cuales ya había naufragado la Gran Colombia y la suerte de estas naciones quedaba supeditada a los intereses particulares y cicateros de quienes, por el contrario, debían haber demostrado una grandeza de alma digna de la causa emancipadora. Pero la pequeñez de éstos era tal, que no descansaron hasta lograr, no sólo la disolución de la Gran Colombia; sino también deshacerse de Bolívar, desterrándolo.

Para colmo del desengaño, el 4 de junio de 1830, cuando ya el Libertador se encontraba enfermo del alma y del cuerpo, Sucre, su hijo espiritual, había sido asesinado en la montaña de Berruecos, cuando iba hacia Quito en misión encomendada por el Congreso. Bolívar, apesadumbrado, escribe a un amigo: “Es imposible vivir en un país en donde se asesina cruel y bárbaramente a sus más ilustres hijos…Ha sido derramada la sangre de Abel.” ¿Cuántas veces, los colombianos no habremos repetido estas palabras?

El 10 de diciembre de 1830, presintiendo tal vez su fin, Bolívar dicta su testamento al escribano público José Catalino Noguera; habiendo ya, el día anterior, redactado su última proclama, en donde una vez más demuestra su munificencia de alma, cuando exclama: “…he sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono”.

Por todo esto, no es exagerado aplicarle las palabras dichas en su momento al Inca Manco Capac: “…tu gloria crecerá, como crecen las sombras cuando el sol declina…”

Valledupar, 18 de diciembre del año 2001

La parábola del fariseo

Es probable que ésta sea la opinión de una voz solitaria en el desierto; es factible, también, que encuentre eco en algunas conciencias; es previsible, además, que genere rechazo en otros corazones; pero, independientemente de las reacciones que suscite, es necesario darla a conocer.

La muerte de Andrés Felipe Pérez aflige; tanto, como debe afligir la muerte de todo niño a quien una enfermedad traicionera le siega la vida a tan temprana edad.

El secuestro del padre de Andrés Felipe, el Cabo de Policía José Norberto Pérez, duele; tanto como debe doler el secuestro de toda persona inocente privada de la libertad.

El acto de crueldad y la falta de humanitarismo de las FARC dan rabia; tanta como debe darla toda acción en donde se palpe el desprecio por la vida humana. Nadie, con la suficiente sensatez y el necesario sentido de la solidaridad, puede menos que repudiar la actitud de Marulanda, ante el clamor de un niño enfermo que requería la presencia de su padre, no sólo como paliativo para su enfermedad; sino también como único donante del órgano que, al serle trasplantado al pequeño, hubiera aumentado sus expectativas de vida.

Pero tampoco se puede pasar por alto, de manera hipócrita, la actitud del Gobierno que, persistentemente, se negó a negociar la libertad del cabo Pérez, alegando siempre la preservación de la soberanía nacional y el Estado de derecho. Yo me pregunto –como tal vez lo hagan muchos colombianos– ¿acaso la soberanía nacional y el estado de derecho no fueron burlados cuando se les entregó El Caguán a las FARC?

¿Por ventura no se violaron cuando se negoció (en tiempo extra rápido, sólo bastaron 24 horas), la liberación del hermano del entonces presidente Gaviria?

¿No fueron pisoteados esos sacrosantos derechos cuando el presidente Turbay negoció la liberación de los rehenes de la Embajada Dominicana?

En todos estos casos (y en muchos más que, tal vez, la opinión pública nacional desconozca) hubo intercambio entre los secuestradores y el Gobierno.

Por supuesto que esto no es lo correcto; pero, ¿por qué en esos momentos se hizo y ahora, cuando se trataba de un modesto policía, no pudo hacerse? ¿Es que la libertad de un humilde policía no tiene el suficiente valor, como para poner en peligro la soberanía nacional y el Estado de derecho; pero la del hermano de un presidente y la de los miembros del cuerpo diplomático sí lo tienen? O, será, quizás, ¿qué era más conveniente usar al sencillo policía, como bandera para atraer simpatías que nos hicieran olvidar otros desmanes de la clase gobernante de Colombia?

Por otro lado, ¿cuántos de aquellos que el día de la muerte de Andrés Felipe, corrieron a protestar, hasta rasgarse las vestiduras y mesarse los cabellos, fueron solidarios con la terquedad del gobierno ante su negativa al canje, como única posibilidad de liberación para el Cabo Pérez?

¿No será ésta una actitud farisaica de la clase gobernante? Porque sí, es innegable, las FARC son los más culpables; pero no son los únicos; el Estado colombiano, los gremios, los militares, la Iglesia, la sociedad civil y hasta los medios de comunicación también, de alguna manera, lo son. ¿Por qué siempre fue coreada la tozudez del Gobierno? ¿Por qué nunca se le aconsejó que negociara la liberación del Cabo Pérez?

Valledupar, 22 de diciembre del año 2001

Congratulémonos, ¡bajó el costo de vida!

Antaño, en mi adolescencia, o como dice García Márquez “… cuando todos éramos jóvenes e indocumentados…”, al comenzar un nuevo año y uno se encontraba con parientes, amigos o vecinos, había mutuas expresiones de afecto y se manifestaban deseos de paz y prosperidad.

Hoy día, esos deseos no son más  que un gesto de cortesía, salpicada de mucha  ingenuidad; pues la paz cada día se ve más lejana y la prosperidad cada vez se parece más a una quimera.

En este conflicto tripartito que vive Colombia, las partes enfrentadas no ceden un ápice en sus pretensiones, con validez o sin ella y, por consiguiente, no se ven indicios que propicien un acercamiento que desemboque en la tan anhelada paz. Al fin y al cabo, hay tantos intereses creados en una, en otra y otra parte, que es muy difícil, por no decir imposible, qué quienes se lucran de esta lucha estéril, cejen en sus ambiciones y propósitos.

De otro lado, con las medidas cicateras del Gobierno es imposible que la prosperidad pueda llegar a ser una realidad para el colombiano medio. Pues, a la burla del aumento en el salario mínimo, hay que agregarle la proyectada reforma pensional que terminará por convertirse en ley de la República; ya que si el Congreso la llegara a rechazar, el Presidente puede hacerla efectiva por decreto; y son tantos los anhelos del Ministro de Hacienda en lograrlo, que desafortunadamente esa sí será una realidad para el presente año.

Además el costo de la vida sigue subiendo ya que, no importa el DANE nos mienta para disimular este hecho, las alzas se palpan diariamente. A propósito, el jueves pasado los noticieros de televisión nos presentaron al director encargado del DANE, mostrando eufóricamente el descenso en la inflación y en el costo de vida, como resultado de la gestión económica del actual gobierno y cómo, solamente los alimentos, la educación y la salud, habían sufrido algún incremento en los precios durante el año 2001.

Yo le pregunto al flamante funcionario de marras: ¿cuáles son los rubros de mayor consumo en Colombia? ¿No son, por ventura –además de la vivienda– los alimentos, la  educación y la salud? Entonces, ¿qué bajó? ¿los automóviles suntuosos, los aviones privados, los yates de lujo, los abrigos de visón, el paño inglés, las corbatas italianas y tantas otras cosas fastuosas que, con toda seguridad, son de consumo normal para el Señor Presidente, sus ministros y demás miembros de la clase gobernante, que no dirigente, en Colombia?

Porque de ser así, entonces ellos sí que pueden desearse, al calor de vinos importados y al sabor de viandas costosas, felicidad y prosperidad para el nuevo año.

Valledupar, 8 de enero del año 2002

Lo subjetivo de la felicidad

Durante estas vacaciones laborales que ya casi tocan a su fin y que pueden ser las últimas de mi vida, pude disfrutar a plenitud de tres de las cosas que más me gustan: escuchar música, leer y escribir; en ese orden exactamente.

En estos 24 días, sin necesidad de moverme de mi casa, la música y la lectura me transportaron a muchas partes del mundo: desde el ardiente Caribe hasta la corte de San Petersburgo, pasando por el páramo andino, las pampas argentinas y la fastuosa Europa; pude extasiarme escuchando boleros fabulosos que tuvieron la magia de retrotraerme a mi ya lejana juventud; total, fueron días de evocación y placer mental y espiritual.

Pude, por fin, leer un libro que una pareja amiga me regalara hace ya algún tiempo: las Notas de prensa escritas por Gabriel García Márquez, entre 1981 y 1984, para El Espectador, en una época –sobre todo los dos primeros de los años citados– lacerante para el devenir político de Colombia, cuando el tristemente célebre Estatuto de seguridad (del Presidente Turbay y su Ministro de Defensa, General Camacho Leiva)  estaba en sus estertores finales, pero había ocasionado ya graves daños a la paz nacional; fue la época cuando muchos intelectuales tuvieron que huir del país, para no correr el mismo destino de otros, quienes no pudieron salir a tiempo y sufrieron encarcelamiento y torturas horrendas que, a algunos, los llevaron a la tumba.

Me solacé releyendo las Obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer, cuya imaginación maravillosa desborda en sus Leyendas y cuyas Rimas son poesía musical y, la lectura de otros libros que son un tesoro, me hizo exultar de gozo.

También pude escribir algo: mi habitual columna para EL PILÖN, algunos poemas (todos al amor) y algunas otras cosas en prosa para mi propio y personal esparcimiento.

Estas tres semanas y media, fueron como un preludio de lo que será mi vida de jubilado: tranquilidad absoluta, tan parecida a un remanso de paz y felicidad que logré por fin, al matar un fantasma que me venía atormentando desde hace varios años: ¿qué voy a hacer cuando me pensione? Ya lo sé. Escuchar música, leer y escribir; además de viajar; para terminar de conocer, lo poco que me falta, del territorio patrio y poder asomarme a los países vecinos; todos esto en la compañía más grata y encantadora para mí, la de mi amada esposa.

Por todo esto, puedo hoy, con total sinceridad y alegría, desearles a todos mis ocasionales lectores, un nuevo año cargado de felicidad, paz, tranquilidad y bienestar, en unión de todos sus seres queridos; haciendo, de ser posible, abstracción de tanta y tan variada calamidad que asuela a nuestra querida Colombia.

Valledupar, 15 de enero del año 2002

El lado delgado de la cuerda o el largo manto de la impunidad

En días pasados, los noticieros de televisión mostraron el caso de una mujer de 37 años, víctima del SIDA, quien, en la ciudad de Cartagena, era transportada por los camilleros de una ambulancia, de un centro hospitalario a otro; sin que, en ninguno de ellos, se avinieran a atenderla. Después de recorrer durante varios días la totalidad de los hospitales y clínicas de la ciudad, con idénticos resultados negativos, los camilleros optaron por dejarla a las puertas de un hospital departamental.

A las pocas horas, la pobre mujer murió; de inmediato, los directivos de varios de esos centros hospitalarios, corrieron a lavarse las manos, como Pilatos, diciendo que en ningún momento había habido demanda de sus servicios por parte de la citada mujer; dejando la impresión de que, más bien, los camilleros se hubieran dedicado a pasearla por la ciudad; cosa que ni a la mente más obtusa se le puede ocurrir, dadas las condiciones de la enferma.

Esa noche, el Ministro de Salud dijo que nombraría una comisión para investigar el caso; la cual, ¡oh sorpresa!, en tiempo extra rápido –16 horas, apenas– encontró a los únicos y verdaderos culpables del crimen. Porque allí se cometió, evidentemente, un crimen nacido de la indolencia y de la falta de humanitarismo de los funcionarios de esos emporios mercantilistas colombianos, llamados hospitales o clínicas.

Sí, los únicos culpables resultaron ser los camilleros; quienes habían demostrado, hasta la saciedad, su acucioso deseo de ayudar a la pobre enferma.

Sin embargo, por ser ellos la parte débil de la cuerda, ésta se rompió justamente por allí y como, con toda seguridad, no tienen amigos que puedan ejercer por ellos el correspondiente tráfico de influencias, como sí lo deben tener los directivos de los hospitales de Cartagena, no hubo manera de que salieran indemnes, como era lo justo, de este caso aberrante, para el cual, Señor Ministro de Salud, no se necesita ser un lince ni se requería nombrar comisión investigadora alguna, para determinar de inmediato algo que se ha vuelto inveterado en las clínicas y hospitales de Colombia: paciente que no lleva dinero o no posee carné de una EPS, es paciente rechazado, sin importar un comino la suerte que corra el enfermo, como quedó demostrado en esta tragicomedia de la semana pasada en la heroica ciudad de Cartagena.

A propósito de heroísmo, como van las cosas, la mayoría de los colombianos terminaremos por ser unos héroes, si logramos sobrevivir en este país, en donde la ambición exacerbada de comerciantes de bienes y servicios no tiene límite y en donde no existe, por parte de las autoridades, freno alguno a su desalmada codicia. ¿Hasta cuándo el poder político estará al servicio del poder económico, aumentando, así cada vez más, la brecha social?

Valledupar, 22 de enero del año 2002

Cuentos de fantasmas (I)

Cuentan las crónicas que, en algunas carreteras y caminos y aún en vías céntricas de diversas ciudades, más de un motorista ha recogido a un transeúnte que, después, resulta ser el fantasma de una persona muerta.

Hay tres casos que han sido contados con alguna frecuencia; los dos primeros los he leído en distintas fuentes, ocurridos, según sus narradores, en otros países; el tercero, acaecido aquí en nuestra región Caribe, personalmente lo he escuchado en más de una ocasión en diferentes consejas.

Dicen que, en la carretera que va de París a Montpellier, dos parejas de adolescentes recogieron a una dama vestida de blanco que, cerca de la media noche, se les apareció de pronto. Fue acomodada al lado de la muchacha que iba, con su novio, en el asiento trasero del auto. Al cabo de algunos minutos, la dama en cuestión exclamó: “¡Cuidado, esa curva es peligrosa!”, y desapareció como por ensalmo. Cuando los aterrados muchachos despertaron al comisario de la localidad más cercana, para contarle el suceso y narrarle lo del accidente encontrado por ellos en la curva, el funcionario pudo comprobar certeramente que todos los cuatro estaban en su sano juicio.

Una noche de sábado, un individuo desesperaba por tomar un taxi en una calle del centro de Ciudad de México. Después de incontables intentos, vio venir uno desocupado y con el banderín de libre; al extender la mano en señal de alto, notó que había una pasajera al lado del conductor; sin embargo, éste detuvo el taxi y abrió la portezuela para que el cliente subiera; el cual, al hacerlo, observó sorprendido, que la tal pasajera no existía. Una vez instalado, le comentó el incidente al taxista, quien le respondió tranquilamente: “Eso me sucede con frecuencia.”

En la carretera que une a Puerto Colombia con Barranquilla, en el tramo situado entre el cementerio parque y el Club Campestre, apareció, un viernes hacia las 10:30 de la noche, una joven con el cabello alborotado pidiendo ayuda; un adolescente que iba hacia el club para asistir a un baile de gala, detuvo su carro y se ofreció a auxiliarla. La joven sofocada, le dijo: “Necesito urgentemente llegar al club.” Él le respondió: “Suba, que yo también voy para allá.”  Agradeciéndole el favor, ella le dio su nombre; a lo cual él correspondió de igual manera; para, luego, atreverse a preguntarle qué hacía a esa hora, sola, en la carretera. Ella le respondió que había tenido un fuerte disgusto con su novio, con quien iba para el club y, por eso, le había exigido que la dejara bajar. El joven bailó toda la noche con la misteriosa dama, bebió y hasta se hizo tomar unas fotos con ella. Al finalizar el baile, la llevó a la dirección que ella le indicara, después de haberle facilitado la chaqueta del esmoquin, para abrigarla contra el frío del amanecer. Cuando al día siguiente, él quiso recuperar su chaqueta, la madre de ella, afligida, le contó que el día anterior se habían cumplido cinco años de que, entre las diez y once de la noche, en ese sitio de la carretera a Puerto Colombia, su hija y el novio se hubieran estrellado contra una roca, muriendo los dos instantáneamente. Cuando, pasado algún tiempo, el joven hizo revelar las fotos, notó asombrado que en ellas aparecía él, solo, abrazando el vacío.

Valledupar, 29 de enero del año 2002

Hienas bípedas

 “Cobarde como una hiena”, dicen en Medio Oriente cuando quieren referirse a una persona rapaz y, al tiempo, carente de valor. La analogía es exacta. Las hienas, a pesar de tener el tamaño y la voracidad de un lobo y de acrecentarlo en fortaleza, no tienen su audacia ni su intrepidez. Casi siempre atacan a presas muertas y, cuando eligen seres vivos, escogen piezas jóvenes, ancianas o enfermas; es decir, débiles. Prefieren alimentarse de carroña correspondiente a cadáveres de animales muertos por otras fieras o por cazadores humanos.

Andan solitarias, pero cuando alguna halla comida, otras se le juntan, disputándosela; entonces riñen entre ellas, lanzando gritos discordantes que semejan entre las carcajadas de un loco y el cacareo de la gallina. Y, como si su comportamiento no fuera suficiente, su apariencia física es desagradable; hasta su andar es repulsivo pues, como sus extremidades traseras son más bajas y débiles que las delanteras, caminan derrengadas. Todo esto hace que, la sola evocación de su nombre produzca aversión y horror.

Pues bien, hay seres humanos que tienen el accionar de las hienas. No son solamente los cobardes y rapaces del adagio árabe; sino también todos aquellos individuos que, con tal de alcanzar sus metas, pasan por encima de sus semejantes; sin importarles los estragos que causen ni los sentimientos que lesionen y, por consiguiente, los métodos que utilizan para ello son ruines y bajos.

Como quiera que, al igual que las hienas, son poderosos y, a la vez, cobardes, no les hacen frente a las consecuencias de sus actos; éstos los eluden, arropándose con el manto de la impunidad, tal como se vio en la columna de la semana antepasada; porque, gracias al poder que les da el dinero y las relaciones, compran conciencias, haciendo prevaricar a las autoridades de turno.

Alguien me contaba una vez un caso, sucedido en Bogotá hace ya varios años, que también ilustra lo anteriormente dicho sobre esas hienas que caminan en dos pies.

Un señor llevaba casi veinte años trabajando en la misma empresa. En el momento en que inicia esta historia, él ocupaba la jefatura del Departamento de Cartera. 

Ocurrió que el dueño y gerente de la empresa, temeroso de los costos prestacionales que se le estaban generando, quiso deshacerse de este empleado, cuya eficiencia, dicho sea de paso, no dejaba nada que desear; pero la mezquindad del patrón era inmensa y, si lo despedía,  tendría que pagarle una enorme indemnización –algo más de veintiséis mensualidades, que traducidas a pesos, daban varios millones– y su avaricia no se lo permitía. Así que resolvió aburrirlo para que renunciara; para eso, le cambió las funciones de Jefe de Cartera por las de Mensajero, botando al muchacho que, desde hacía seis meses,  venía realizando esta última tarea y cuyas prestaciones sociales eran bajas.

El hombre de esta historia, consciente de que esta pesadilla duraría sólo unos pocos meses, tras los cuales se jubilaría, aceptó. Pero el trabajo a realizar era tan extenuante para su edad, que no resistió el esfuerzo físico de tener que desplazarse continuamente, de un lado para otro, muchas veces en la calle, deprisa y a pie, que un mal día le sobrevino un ataque cardíaco y murió en plena calle, sin llegar a disfrutar del merecido descanso de su jubilación.

Valledupar, 5 de febrero del año 2002

¿Y al alcalde, quién lo ronda?

Esta es la historia de una familia, aparentemente normal, compuesta por el padre, un hombre autoritario, la madre, mujer abnegada y paciente y los tres hijos del matrimonio, una niña de diez años y sus hermanos mayores, uno de doce y otro de diecisiete; provisto este último de la rebeldía propia de la adolescencia.

El autoritarismo del padre era tal, que había prohibido a sus hijos transitar por los espacios que él había reservado para sí en la modesta casa que ocupaban; por ejemplo, el cuarto de estudio y la alcoba matrimonial; sin embargo, el hijo mayor contravenía a menudo esa orden, ante lo cual el padre se hacía el de la vista gorda.

El déspota en cuestión tenía un hermano mayor, cuya familia era numerosa; pues sus cuatro hijos estaban casados y todos vivían, con sus respectivos, esposa, suegra e hijos, en sendos apartamentos construidos en la inmensa casa propiedad de la familia.

Vale la pena anotar que el hermano mayor se preocupaba porque en el hogar todo marchara bien, hubiera armonía entre los cinco matrimonios, no faltaran los alimentos, la construcción fuera mantenida con frecuencia, etc. En tanto que en la casa del hermano menor, las cosas no iban tan bien; pues éste, preocupado por ejercer su autoridad, descuidaba otros frentes del hogar.

Un buen día fueron invitados los dos hermanos, con sus correspondientes familias, a una fiesta de etiqueta; el hermano mayor y sus hijos, antes de bañarse, se rasuraron la barba y todos, hombres, mujeres y niños, se vistieron acorde con la ocasión: las mujeres de traje largo, los hombres de esmoquin y los niños y las niñas tal como correspondía a su edad.

No obstante, en la casa del hermano menor, el autoritario, cundió el caos; pues el padre quería obligar, a toda costa, a que la niña se vistiera como la madre y los dos hijos varones debían rasurarse y vestirse como él.

El hijo mayor, el rebelde, dijo que no se rasuraría; pues se estaba dejando crecer la barba y que, además, él no se iba a poner ese ridículo traje de etiqueta y el menor, por su parte, le quería hacer ver al padre que era inoficioso que él se rasurara una inexistente barba y que, de contera, se vería grotesco vestido de esmoquin, tal como aparecía su hermanita, vestida de traje largo.

El padre hizo valer su voluntad y sus dos hijos menores tuvieron que obedecer; el mayor, como de costumbre, fue a la fiesta como quiso. Durante el agasajo, todos los asistentes se reían de la extravagancia de esta familia.

Señor Alcalde, Luís Elías Ochoa Daza, con el debido respeto que usted se  merece, quiero hacerle unas preguntas: ¿No cree usted que cerrar la calle en donde vive es un exceso de autoridad, que termina por incomodar a quienes tienen que dar un rodeo para llegar a su lugar de destino, mañana, tarde y noche? ¿No le parece que Valledupar está muy pequeña para jornadas como la del día sin carro y que sus efectos, realmente mensurables en una ciudad grande como Bogotá, aquí no se notarán? ¿Vale la pena emprender campañas que benefician a unos pocos, otros las burlan prevalidos de su posición e influencia y la mayoría termina perjudicada?

Debo aclarar, para evitar suspicacias, que yo no poseo carro y, por consiguiente, me transporto casi siempre en vehículos públicos o a pie y, para llegar a mi casa, no tengo que pasar obligatoriamente por la casa del Señor Alcalde; sin embargo, al buen ciudadano no solamente le deben preocupar las cosas que le atañen personalmente; sino también aquellas que conciernen a la mayoría de la población; pues la democracia tiene implícitos los conceptos de justicia, equidad, igualdad y bienestar. Y, por si fuera poco, nos hace bien quien resalta nuestras equivocaciones y no quienes, muchas veces con hipocresía, las callan o, peor aún, las aplauden.

Valledupar, 12 de febrero del año 2002

La contienda electoral (Parte I)

Ahora, cuando el país político está en plena disputa electoral, vale la pena hacer un análisis, no sólo a las costumbres electorales colombianas; sino también a la ley que las regula. En cuanto a las primeras, ya en esta columna se había dicho algo al respecto (*); no obstante, hoy trataremos de ampliar la reflexión. Por estos días, tanto electores como elegibles, se dan, en la mayoría de los casos, a una danza de derroche que hace pensar que las demás actividades del país hubieran pasado a un segundo plano; tanto, que hay regiones en donde se puede afirmar, sin temor a exagerar, que la política es su principal industria; en la cual el ciudadano común y corriente se transforma en lagarto y los aspirantes a la elección en la panacea para todos los males que aquejan a la nación.

Si, pasadas las elecciones, los resultados no fueran tan tristes y patéticos (el elector seguirá con las mismas penurias y las promesas del candidato no pasarán de ser sólo promesas), esta situación podría mover a risa; pero no; este interminable estado de cosas seguirá igual y solamente podrá mover a llanto y desolación: la injusticia social continuará, la corrupción administrativa seguirá haciendo de las suyas, la impunidad proseguirá su camino, la mayoría de los legisladores y los gobernantes continuarán buscando su propio provecho y el de los gremios económicos, de tal manera que, cual modernos Epulones, se atiborrarán del tesoro público y sólo dejarán para el pueblo las migajas que caigan de la mesa del banquete presupuestal.

Démosle una mirada a la ley de presupuesto (no importa de qué año ni de qué gobierno) y encontraremos que los rubros destinados a Educación, Salud, Agricultura y Justicia resultan ser tan irrisorios, al compararlos con los de otras carteras ministeriales, que no puede uno menos que desolarse. ¿Cómo es posible que en un país tan eminentemente agrícola, como lo es Colombia, el ministerio del ramo correspondiente no ocupe un lugar preponderante y su presupuesto no sea proporcionalmente alto? ¿Cómo dejar pasar por alto hechos tan aberrantes como las partidas consuetudinariamente bajas que se destinan para Educación y Salud? Y ni que decir de la Justicia.

La clase gobernante colombiana se olvida que ella subsiste gracias al sufragio del electorado. Hasta el momento, éste es relativamente copioso porque, de un lado, existe la compra y venta de votos y, de otro lado, hay electores que todavía votan con el corazón y, engañados por las promesas de los candidatos o enceguecidos por las consignas partidistas, votan por quien sea. Todo esto sin olvidar a quien deposita su voto por determinado candidato, tras la ilusión de conseguir un empleo o conservar el que ya tiene.

 Y si se le diera una mirada a las áreas rurales, se encontrará la acción de los gamonales obligando al campesino a votar por el candidato afecto al dueño del pueblo.

O sea que, al final, encontramos cinco clases de electores: el necesitado, que se deja corromper al vender su voto por dinero, por un empleo o por un plato de comida; el ingenuo, que se deja engañar por las promesas del candidato; el obnubilado, que se deja arrastra por el sectarismo; el zopenco, que se deja atraer por el porte físico o por la verborrea del candidato y, por último, aquel elector consciente que vota por el candidato que, presumiblemente, habrá de traer desarrollo a su región y al país y que, de no encontrar entre los aspirantes alguno que llene sus expectativas, prefiere votar en blanco.

Valledupar, 19 de febrero del año 2002

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(*) Véase “El Sistema político republicano en Colombia. EL PILÓN, martes oct–16/2001

La contienda electoral (Parte II)

La semana pasada se vio cómo el electorado se divide entre los que votan con el estómago o el bolsillo, los que votan con el corazón y quienes lo hacen con el cerebro y se vio, también, cómo muchos candidatos se presentan ante la opinión pública como los «desfacedores» de entuertos y, por consiguiente, como la única tabla de salvación en este océano de calamidades que afligen al país nacional.

Y, por existir muy pocos electores que voten con el cerebro, se dan casos como el de hace cuatro años, cuando Edgar Perea, un individuo sin ningún perfil parlamentario, obtuvo algo más de un cuarto de millón de votos y salió elegido, aunque, al poco tiempo, fuera sacado a sombrerazos del Senado; mientras que Enrique Parejo González, ex ministro de Estado y ex embajador de Colombia ante Hungría, quien sufriera persecución a manos de los narcotraficantes por defender el Estado de derecho y quien, a lo mejor, habría hecho una buena labor como senador, no alcanzó a obtener ni siquiera veintinueve mil votos y salió derrotado. Y éste no es el único ejemplo para mostrar cómo, la falta de criterio, termina por restarle formalidad a nuestras instituciones.

Pasemos hoy a darle una mirada a las normas electorales. La Constitución Nacional fija, mediante unos parámetros, el marco que determina el perfil de los aspirantes; sin embargo, en la práctica, cualquiera puede erigirse en candidato; pues sólo le basta tener el padrinazgo de un cacique y el suficiente respaldo económico para invertir en la campaña.

Lo primero se logra fácilmente a través de la heredad y, así, vemos cómo quienes ya han gozado del favor de la elección, al pasar al retiro, de grado o por fuerza, ungen a su heredero (cónyuge, hijo, cuñado, sobrino, primo, ahijado, etc.); así éste no tenga las cualidades morales ni la idoneidad necesarias para el cargo.

En cuanto a lo segundo, nunca el vocablo inversión tuvo mayor fuerza en su connotación económica (“…dar como resultado una magnitud mayor que la empleada…”), que cuando el dinero se invierte en algunas campañas electorales; ya que hay candidatos que saben que, de contar con el favor del electorado –favor logrado, a veces, con engaño, fraude o dolo– podrán recuperarlo con creces; no solamente aquel tomado de su propio peculio; sino también el recibido en préstamo de manos de inversionistas legales o ilegales. Y, una vez elegido, se olvidará (con contadas excepciones) de las promesas que, en pro del desarrollo, hiciera a sus electores y calmará a algunos consiguiéndoles empleo en dependencias oficiales; para luego dedicar todo sus esfuerzos a buscar beneficios particulares que le permitan acrecentar su fortuna y la de sus benefactores y, de paso, le aseguren los medios para aspirar a la reelección.

Por todo esto, la Ley electoral requiere de reformas urgentes y drásticas; por ejemplo, el cociente electoral debe ser revisado y su residuo eliminado; en la actualidad, el primero se obtiene dividiendo la cantidad de votos válidos depositados entre el número de puestos a proveer; debería tomarse como dividendo el potencial electoral de la nación o de la región, según sea el caso y, así, se tendría en cuenta la opinión de quienes no votaron por decepción para con el sistema o de quienes lo hicieron en blanco por considerar desierto el lleno de sus expectativas.

Bajo las anteriores  circunstancias el voto obligatorio tendría razón de ser y, así, al establecer un número mínimo  de votos para alcanzar la elección, ésta adquiriría un valor representativo.

También debe eliminarse el apoyo financiero de particulares a las campañas electorales, para evitar, así, el compromiso individual del elegido para con sus financiadores. Al fin y al cabo, quien ha contado con el favor de los electores, se debe a éstos, teniendo en cuenta el bien común por encima de los beneficios personales e individuales.

Valledupar, 26 de febrero del año 2002

El orden público en Colombia

La situación de orden público en Colombia es preocupante, es complicada, es turbia y, lo que es peor, es lacerante. Evidentemente es un estado de cosas tan viejo como la misma Patria, cuya historia ha sido concomitante con la rebelión; Colombia ha vivido siempre con el orden público turbado. Pero la situación actual desborda cualquier cálculo, cualquier connivencia, toda posibilidad de tolerancia, todo nivel de comprensión.

Los desmanes de las FARC van más allá de la simple protesta; parece que quisieran arrasar el país y lo grave es que el Ejército no parece estar derrotándolas; más aún, éste casi siempre aparece, en el teatro de las operaciones, cuando aquéllas ya han desolado una región, han devastado un pueblo, han secuestrado civiles o han destruido los recursos naturales. ¿Por qué la infraestructura energética o la de comunicaciones siempre se encuentra desprotegida cuando quieren atacarla? ¿Dónde están los cientos de miles de efectivos del Ejército, las docenas de miles de infantes de Marina o las miríadas de policías de nuestras fuerzas de seguridad? Si las FARC son tan demoníacas, ¿por qué no se las combate con decisión? ¿O, acaso serán, no lo permita el Cielo, más poderosas que el Estado colombiano? Yo no lo creo y la inmensa mayoría de los colombianos son del mismo parecer.

Entonces, ¿qué está pasando? Uno enciende el televisor y los noticieros solamente presentan avances de las FARC, mediante secuestros, retenes, voladuras de torres, etc. O, para variar, masacres de los paramilitares. Y de los avances de nuestras Fuerzas Armadas, ¿qué?, ¿nada? ¡No puede ser!

Los alzados en armas, guerrilleros y paramilitares, se pasean por la geografía nacional, como Pedro por su casa, muy orondos y campantes. El otro día, un noticiero de televisión, mostraba a una cronista que entrevistaba a un comandante de las FARC quien, al volante de un lujoso campero, le respondía altaneramente sus preguntas; lo insólito no era esto último; sino que a un par de kilómetros se encontrara un pelotón del Ejército.

De otra parte, los paramilitares, cada lunes o martes, dan declaraciones a los grandes medios de comunicación.           

Entonces surge la pregunta de rigor: ¿Si los periodistas pueden llegar hasta donde están los subversivos, por qué las Fuerzas Militares no lo hacen también y les dan batalla?

El pueblo colombiano está hastiado de tanta violencia y de tanta depredación y, por consiguiente, quiere ver a salvo su soberanía y desea la paz y, obedientemente, paga impuestos con los cuales se sostiene el Estado, incluidas sus Fuerzas Armadas; entonces clama por su seguridad y su estabilidad y para eso exige voluntad política de sus gobernantes. No más palabrería, no más caminatas inútiles, no más embelecos de batir de pañuelos ni de izar de banderas. Necesitamos y exigimos la acción del Estado.

¿Cómo es posible que el Ministerio de Defensa Nacional, con un presupuesto tan alto como el que tiene, que le ha permitido adquirir todo el armamento necesario, no lo pueda lograr?

Valledupar, 5 de marzo del año 2002

La tolerancia

En su segunda acepción la palabra tolerancia, según el Diccionario de la Real Academia Española, denota “…respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas ajenas, aunque repugnen a las nuestras…”; de acuerdo a este significado, en esta columna siempre ha estado presente el principio de la tolerancia, pues en ella jamás se ha ofendido la opinión o el ejercicio que de su vida hagan otras personas, ya que el criticar un parecer o un accionar no es ser intolerante, pues justamente la Constitución Nacional, en su artículo 20 así lo consagra: “Toda persona tiene la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones”. Por consiguiente, aquí siempre ha existido ese respeto, no sólo hacia la persona o entidad a quien se le hace ver (con la mejor intención) su desacierto; sino también a los eventuales lectores, hacia quienes todo columnista debe la mayor consideración.

Por tanto, en esta columna, se puede hablar de tolerancia sin altivez pero con la certeza de salvaguardar el respeto que se les debe a las personas; ya que es innegable que la incomprensión es la causante de muchos de los males que afligen a Colombia.

Tomemos el periódico del día (cualquier día, cualquier periódico) o veamos el noticiero de televisión (no importa cuál ni de cuándo) y encontraremos que los hechos de violencia -abundantes, para desgracia del país- allí presentados son originados, en su inmensa mayoría, por la falta de tolerancia. (*)

Más aún, las opiniones desviadas de la realidad, que se generan en la mente del común de las personas, es el resultado de oír o leer a algunos dirigentes que, impensadamente, atacan a sus oponentes con frases cargadas de odio, porque aquellos olvidan que se puede criticar la acción de tal o cual persona sin tener que ofenderla, sin lanzarle improperios, ya que, muchas veces, basta con narrar los hechos escuetos o través de parábolas para que el lector o el auditorio comprendan el error de la acción que se desea criticar (no debe olvidarse aquello de “…a buen entendedor…”).

Y, si es así, ¿para qué lanzar agravios que, a la larga, pueden desvirtuar el juicio que se aspira a presentar ante la opinión pública y terminan por colocar al culpable de actos censurables como víctima?  Con frecuencia vemos a dirigentes (políticos, deportivos, militares, etc.) referirse a quienes piensan u obran diferente a ellos, mediante la utilización de epítetos fuertes con los que pretenden descalificar al adversario de turno y que en los espíritus ofuscados crean desconcierto y confusión, no obstante en las mentes serenas produzcan rechazo y, la mar de las veces, el efecto contrario.

Entonces, hay que cuidar el lenguaje; no se trata de adornar el discurso con palabras rebuscadas o frases de relumbrón; no; no es a eso a lo que se quiere hacer referencia; es la expresión despectiva, ofensiva, agraviante la que se debe evitar cuando se haga mención del contrario; sea a través del escrito periodístico o en una entrevista televisual e, incluso, en el lenguaje coloquial. Si se empieza por ahí, se estará dando el primer paso hacia un nuevo sendero. A nadie le gusta verse criticado y si a la censura se le añade la ofensa, la reacción puede ser violenta; en tanto que la amonestación sensata mueve a reflexión y permite buscar salidas decorosas a las situaciones dificultosas.

En ese orden de ideas, ahora cuando ya pasaron las elecciones para Senado y Cámara, los contendientes, tanto perdedores como triunfadores, deben hacer su respectiva reflexión que les permita asimilar los resultados con la debida sensatez; los primeros deben de aceptar con decoro la derrota y buscar las causas de la misma, sin olvidar que la Patria está por encima de las tendencias ideológicas y, los segundos, tienen que dejar de lado el ánimo triunfalista que predispone a la altanería y buscar, dentro de la mayor concordia y humildad, las luces que su adversario de turno pueda ofrecerles para sacar a nuestra querida Patria del abismo en que se encuentra sumida.

Valledupar, 12 de marzo del año 2002

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(*) Véase “El porqué de la violencia.”  EL PILÓN, nov–6 a dic–4/2001

La parábola de Paloma (*) (Parte I)

Paloma nació primero y luego las otras dos trillizas; años después nacieron dos niñas más. Paloma siempre fue la preferida de su padre, don Pedro, quien para que no lo confundieran con su preceptor, se había modificado el nombre, tal como lo hiciera el Apóstol Mayor.

Don Pedro siempre quiso que las trillizas permanecieran unidas pues él presentía que sus hijas mayores iban a sufrir; bien pronto así se lo dijo a su esposa: “Hay que cuidar mucho a las niñas, pues Sam, el vecino del penúltimo piso, las mira con deseo.”

Cuando las trillizas se encontraban aún en la pubertad, murió su padre; no obstante la sorpresiva muerte acongojó a la familia, el paso de los años hizo cada vez menos notoria su ausencia.

Paloma creció, se convirtió en una mujer muy hermosa y el vecino de arriba siguió cortejándola, aun cuando nunca pudiera casarse con ella ya que lo había hecho con una joven muy rica, llamada Moneta. Bien pronto Sam sedujo a Paloma y la doblegó  pues ella era muy sumisa con él; tanto que una hija que tuvieron y a quien bautizaran con el nombre de Taboga, él se la arrebató sin que Paloma pusiera demasiados obstáculos.

Con el paso de los años, Paloma olvidó a su hija perdida y se casó con un acaudalado y avariento comerciante llamado Hermes, quien la absorbió por completo y, aun cuando tuvieron muchos hijos, ella sólo vivía para complacer a su marido.

Llegó un momento en el cual Paloma, habiendo envejecido, cayó enferma; casi todos sus hijos muy poca atención le prestaban; más aún, algunos de ellos sólo querían arrebatarle los pocos bienes que su esposo, con quien todavía vivía, le había dejado.

Paloma poco a poco se agravaba pues, a la neumonía inicial, se le había agregado una complicación cardiaca que le afectaba la presión arterial; meses después se le descubrió que la pobre mujer tenía cáncer en ambos brazos, mal que llegó a ser considerado como el peor de los que padecía Paloma.

Los cinco facultativos que la trataban querían, cada uno por su cuenta, curar definitivamente a la paciente y, por eso, tenían diferentes opiniones al respecto: los dos cardiólogos decían que lo prioritario era sanarle el corazón para poder controlarle la presión arterial y, así, evitarle una apoplejía fatal; el neumólogo opinaba que había que someterla a un tratamiento terapéutico que le devolviera su capacidad respiratoria; el médico familiar era de la creencia de que todo se arreglaría con unas inyecciones que él le formulara al principio y, el oncólogo quería amputarle el brazo izquierdo pues, en su diagnóstico, consideraba que el cáncer del brazo derecho era leve y él podría controlarlo.

Han pasado los días y los meses y, mientras tanto, Paloma ha empeorado; todos sus hijos no piensan igual: unos están con el oncólogo y lo animan para que proceda lo más pronto posible; otros son de la opinión de que su querida madre debe ser curada del corazón y de los pulmones e irradiada en ambos brazos, pues consideran que el mal es igual tanto en uno como en el otro.

En estos momentos, todos los hijos de Paloma están pendientes de decidir qué será lo mejor para ella: si dejarla como está y seguir aplicándole las inyecciones que la alivian pero no la mejoran y dejar que muera en paz; o someterla a la amputación del brazo izquierdo y permitir que el cáncer del derecho tome fuerza y termine por matarla; o, más bien, ir poco a poco curándole cada uno de los males que la agobian.

Los médicos, aun cuando cada uno quiere ser su salvador, esperan la decisión de los hijos; pues sin ésta ellos no pueden hacer nada.

Valledupar, 19 de marzo del año 2002

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(*) Paloma: ave de la familia de las colómbidas.

La parábola de Paloma (Parte II)

La semana pasada hubo junta de médicos, la primera desde cuando los actuales especialistas, cada uno por su lado, comenzaran a interesarse porque les fuera asignado el caso de esta singular enferma; mientras tanto el médico que la atiende desde hace casi cuatro años, sigue aplicándole los mismos remedios de siempre sin mejorar los resultados, al menos en forma significativa, puesto que el cáncer de los brazos ha aumentado y ni que decir de los problemas cardiacos y pulmonares; enfermedades todas éstas que Paloma padece desde cuando muriera su padre, pero que sólo, desde hace unos cuarenta años, la comunidad científica aceptó lo mortíferas que son estas afecciones; ya que siempre le habían dicho a los hijos de Paloma que ésta gozaba de buena salud.

En la junta médica los oncólogos, pues ahora son dos, insistieron hasta la saciedad en la amputación del brazo izquierdo, no obstante uno de ellos ya no se atreva a decir en público que el cáncer del brazo derecho no es mortal, aun cuando porfía en traer ayudantes del extranjero que le faciliten la operación del izquierdo; entre tanto el segundo de ellos, quien hasta hace poco practicó la medicina en un hospital militar, se preocupa también sólo del brazo izquierdo, pues él atribuye a problemas de orden muscular en el brazo derecho, lo que en realidad es un sarcoma tan mortal como el otro.

Este facultativo parece ignorar los otros males que sufre la enferma y, en la reunión científica, con la ambigüedad de sus respuestas, demostró no poseer la sapiencia necesaria para que los hijos de Paloma puedan encomendarle la vida de la paciente.

El primero de los oncólogos, aunque manifiesta conocer el estado de aquella, sin embargo, su obstinación en ignorar lo significativo de las otras dolencias, deja mucho que desear y esto puede inhabilitarlo para confiarle la curación.

En cuanto a los dos  inmunólogos, una mujer y un hombre, en la citada asamblea cada uno no hizo más que descalificar al otro; cuando  en realidad sus puntos de vista son muy parecidos; al fin y al cabo ambos participaron, a su debido tiempo, en el equipo de científicos que intentó sanar a Paloma ocho y doce años antes, respectivamente, con los mismos resultados negativos.

Ella, la especialista, cuando ya el jefe de su derrotado grupo iba a ceder el paso a otros científicos, no hizo más que comprometer la acción del equipo en conseguir para aquél  una beca en el exterior. A su vez, su colega dilapidó la posibilidad de conseguir la curación de la enferma, dedicando toda la acción del grupo en ocultar los errores de su superior.

El cardiólogo, mientras tanto, muy acertadamente insistió en que primero hay que curarle a la enferma su maltratado corazón, para que después pueda resistir el tratamiento doloroso que la redima del cáncer que cada día le acorta las posibilidades de vida. Más aún, él está consciente de que existen en el organismo de la enferma, otros estados de insalubridad que también deben ser tenidos en cuenta; pero que todo debe hacerse guardando un orden de prioridades y rodeándose de un competente grupo de especialistas.

Es por eso que los hijos de Paloma, aquellos que la quieren y sólo desean que ella mejore y se cure, ojalá definitivamente, deban escoger muy bien quien ha de ser el científico que comande el equipo de curación y saneamiento de su querida madre.

Valledupar, 26 de marzo del año 2002

Un diálogo de reflexión

En la ruta que va de París a Reims, al recorrer caminos contrarios, dos ancianos se encontraron en una ocasión cualquiera, a principios del siglo XVI; como se vieran precisados a compartir la misma mesa, resolvieron entablar conversación:

–Mi nombre es Pablo y soy oriundo de Tarso; dijo el menos viejo.

–A mí se me conoce como el Estagirita; contestó el otro.

–Y, ¿a dónde vas?

–Me dirijo a París, pues veo que mis enseñanzas sobre la condición humana y el orden social han sido un fiasco.

–Acaso, ¿tú eres Aristóteles?

–Así es y tú, ¿no eres, por ventura, de los discípulos de Jesús, el de Nazaret?

–Sí; contestó Pablo.

–Pues veo que la doctrina de tu Maestro también ha fracasado, a pesar de lo bien que ha sido divulgada.

–Parece que tuvieras razón; los hombres se han encargado de lograrlo y van camino de la destrucción.

Aristóteles se quedó un momento pensativo y, al cabo de unos instantes, dijo:

 –O sea que mi tesis sobre el libre albedrío es real.

–Por supuesto y por eso es necesaria la moral ya que ella es la única capaz de frenar el desbordamiento de las costumbres humanas.

–Entonces, ¿para qué el sacrificio de Jesús?

–Para librarnos del pecado; dijo Pablo.

–Pero, ¿se logró?

–No.

–Entonces, ¿qué alcanzó Él con su inmolación al Padre?, preguntó intrigado Aristóteles.

–Él nos consiguió el perdón de Dios y nos dejó el camino abierto hacia la salvación, a través del cumplimiento de los mandamientos bajo el libre albedrío; pero, además, con Su Resurrección nos dio la posibilidad de la vida eterna. Y todo esto es gratuito para el hombre.

–No entiendo; dijo Aristóteles, después de unos segundos de meditación y, levantándose, se fue.

Pasaron los años y los siglos y hace poco se encontraron nuevamente Pablo y Aristóteles; esta vez en una carretera de Colombia, entre Ibagué y Ambalema exactamente, y aprovecharon la ocasión para reanudar su truncado diálogo:

–¿Viste?, dijo el Estagirita, –el mundo sigue igual; el sacrificio de Jesús fue inútil; todo continúa como antes; qué digo como antes, peor que antes; cada día aumentan la miseria, el hambre, la ambición, las muertes, la insolidaridad, la desolación.

–Sí, respondió Pablo, –tienes razón; parece que la humanidad estuviera empeñada en destruirse a sí misma y ¿sabes por qué?

–No.

–Porque el Maestro, desde hace casi dos mil años, basó Su doctrina en algo que el ser humano parece haber olvidado.

–Y, ¿qué es eso tan maravilloso que, de cumplirse, acabaría con la miseria, el hambre, la ambición, las guerras y tantos horrores que cada día consumen más y más a la humanidad?

–¿No lo has entendido? Pues, el amor, dijo Pablo y haciendo una venia, dio media vuelta y se fue.

Valledupar, 2 de abril del año 2002

La triste historia de Villa Colombia

Sus fundadores tenían en mente hacerle un homenaje a la Patria, pero nunca pensaron que un espíritu premonitorio y socarrón hubiera podido inspirarles el nombre; pues sucede que este barrio, situado en el sudoccidente de Bogotá, terminó por ser un reflejo del país nacional: pobreza, analfabetismo, inseguridad, insalubridad y tantos otros males de los que asuelan a las regiones pobres de Colombia, le cayeron encima.

Sin embargo, los líderes comunales de Villa Colombia se preocuparon por buscar la forma de subsanar, así fuera en forma mínima, estas fallas de las cuales adolecía la comunidad y consiguieron que la Secretaría de Obras Públicas del Distrito Capital programara la pavimentación de las calles del barrio y la construcción de sus andenes.

Pero –la liebre tenía que saltar en alguna parte– la Administración del Distrito hizo convenio con unos contratistas que resultaron dolosos y quienes, por ahorrar costos y aumentar sus ganancias, no hicieron las excavaciones necesarias en las calles antes de verter el pavimento y, esta culpable imprevisión, dio como resultado unas calzadas y unos andenes situados a un nivel más alto que el de las casas, lo que trajo consecuencias funestas para los habitantes del barrio, ya que el remedio resultó ser peor que la enfermedad.

Antes, cuando llovía, y en Bogotá es frecuente que ocurra, las calles se convertían en lodazales; ahora, con el sistema de pavimentación sui generis de Villa Colombia, las casas se inundan. 

Antes, los habitantes del barrio mantenían enfangado el interior de sus viviendas; ahora, algunos de ellos no pueden abrir la puerta de entrada a sus casas pues, gracias al convenio entre la Secretaría de Obras del Distrito y los falaces contratistas, el nivel de los andenes se los impide.

Antes, los lectores de los medidores de agua y gas salían de Villa Colombia con los zapatos como para botarlos; ahora no pueden realizar su trabajo ya que los aparatos de medición no se pueden leer, debido a que los andenes elevados no dejan abrir las cajas que los guardan.

Y, ahora, los habitantes de Villa Colombia, ¿qué dicen? Por supuesto están molestos, algunos más que otros y no faltan aquellos que, con justificada razón, se hallan  iracundos, pues no encuentran ante quien exponer sus quejas.

Las autoridades no dan la cara y los contratistas desaparecieron; solamente quedan algunos obreros que están concluyendo esta disparatada obra que bien podría quedar registrada en el absurdo libro de los desatinos o en la bitácora del humor negro, si no fuera por el lamentable epílogo de esta triste historia.

Y, entre tanto, ¿dónde estaban los interventores de la obra? ¿Cómo es posible que, de esa manera, unos contratistas pícaros con la complicidad –pasiva, si nacida de la indolencia o activa, como producto de la venalidad– de algunos funcionarios públicos, asalten la buena fe de una comunidad? Todo esto no es más que corrupción, arropada con el manto de la impunidad. ¿Hasta cuándo habrá que aguantarla? ¿Cuándo será que los ladrones de cuello blanco van a ir a parar con sus huesos a la cárcel? Como debe de suceder con estos delincuentes, para así  ayudar a disuadir a quienes creen que pueden entrar a saco al erario para desfalcarlo.

Ya el país no aguanta más asaltos a sus arcas; este desangre al tesoro nacional, al frustrar la inversión social, postra cada vez más en la miseria a los colombianos pobres aumentando, de contera, la brecha social; no obstante los gobernantes quieran hacernos creer lo contrario y pretendan distraer nuestra atención con todo tipo de argucias.

Valledupar, 9 de abril del año 2002

Homicidas potenciales

Saber conducir un vehículo automotor, dice Perogrullo, no es sólo saber maniobrar el volante, la barra de cambios y los pedales; es, además, saber aplicar cada cual la capacidad de discernimiento con que está dotado el ser humano, para evitar causar heridas o la muerte, a sí mismo o a quienes se crucen en su camino, amén de salvaguardar el entorno.

No obstante lo anterior, hay conductores que manejan a velocidades que exceden toda prudencia, violan las normas de tránsito, irrespetan las señales, no ceden el paso a nadie y miran la integridad de los peatones con un desdén tal, que quien tenga la desdicha de atravesarse en su recorrido, corre el riesgo de perder la vida o, en el mejor de los casos, ir a parar malherido a un hospital.

Son individuos que parecen estar en competencia cada vez que manejan un vehículo, pues le imprimen a éste velocidad de bólido, olvidando que se trata de una máquina susceptible de fallar, cuyo funcionamiento en el siguiente instante puede tornarse impredecible y llevar al conductor y a sus acompañantes a situaciones de riesgo que, fácilmente, pueden desembocar en la muerte, propia o de terceros casi siempre inocentes.

Nadie, por más afanado que esté, puede caer en la irresponsabilidad de ganar el tiempo perdido, poniendo en juego su integridad y la de los demás.

Cuantas veces un vehículo público, sobre todo entre los colectivos, pasa raudo porque su conductor está alcanzado del tiempo, el cual no supo distribuir correctamente y al final nota que será  sancionado y, para evitarlo, expone la seguridad de sus pasajeros, la de los peatones y la de los otros conductores que se cruzan con él y ni qué decir de la propia.

Otro caso de falta de criterio al manejar, lo dan algunos conductores de transportes escolares, pues no solamente manejan a velocidades desconsideradas; sino que también llevan a sus pasajeros hacinados en el interior del vehículo. En automóviles con capacidad para cuatro pasajeros, transportan a seis u ocho; algunos caen en el dislate de llevar gente en la parte que corresponde al portaequipajes o, si utilizan camionetas, en el planchón que han adaptado para transporte humano, llevan arracimados a doce, catorce o más niños y niñas, cuya estabilidad física se vuelve precaria mientras viajan como sardinas en lata.

Para remate, algunos de estos conductores violan con frecuencia las normas más elementales del tránsito, al no respetar los semáforos o las señales de “pare”, al adelantar por la derecha, etc. Cuando uno observa estos casos, se pregunta si el conductor de marras está consciente del hecho de que, en ese momento, transporta personas y no animales.

Capítulo aparte, merecen quienes se encargan de llevar personalmente en su automóvil a sus niños al colegio; muchas veces, el papá o la mamá, al ver que se les ha hecho tarde, pues deben regresar a casa para asearse e ir al trabajo, pretenden llevar a sus hijos en el mínimo de tiempo y, entonces, salvan la distancia a velocidades que bien les podrían envidiar los pilotos profesionales.

Algunos han contado, hasta ahora, con suerte; pero no deben seguir tentándola; no hay que olvidar la fragilidad de la máquina que conducen y que, de su prudencia, depende su propia vida y la de los ocasionales peatones que encuentren en la ruta; pero, sobre todo, recordar que lo que en ese momento transportan es lo más preciado de sus vidas: sus propios hijos.

Hay que evitar que se vuelva costumbre creer que es más valiente, más viril o más macho, quien conduce más rápido; la verdad es que, quien lo hace, demuestra ser el más necio, el más estólido, el más irresponsable.

Valledupar, 16 de abril del año 2002

A propósito de Cervantes y el día del idioma

Hoy hace 386 años falleció en Madrid, Miguel de Cervantes Saavedra, el mejor exponente de las letras castellanas. Cuando esto ocurrió, ya el castellano era la lengua oficial de España y de gran parte de América y algunos territorios situados en el Pacífico asiático; en el imperio español aún no se ponía el sol; pues, aunque ya había pasado el esplendor de la corte de Felipe II, todavía el poderío español era respetado en el mundo.

Para entonces, Sebastián de Covarrubias había publicado el primer diccionario de la lengua española y en Francia, Italia e Inglaterra se editaban gramáticas para enseñarla, ya que el castellano era la lengua diplomática de la época. Es la etapa de la magnificencia literaria, llamada el siglo de oro de nuestro idioma.

Ahora bien, ¿de dónde surgió el idioma español? Tal como lo conocemos y lo hablamos actualmente, es el idioma contemporáneo y data de 1713, cuando la Real Academia Española fue creada y fijó el idioma y sancionó los cambios gramaticales que aún perduran. Desde entonces ha habido introducción de vocablos nacidos, casi siempre, de los avances científicos y tecnológicos; pero la esencia sintáctica perdura y la prosodia no ha sufrido cambios sustanciales, salvo los surgidos por el habla particular de cada región donde el castellano es su lengua oficial.

Pero antes de 1713, ¿qué había? Español, pero en formación. La historia de nuestro idioma se remonta hasta los primeros pobladores de la península ibérica, once o doce siglos A. C. Durante la época prerrománica, tartesios, fenicios, griegos, ligures y celtas invadieron el territorio que hoy ocupa España y fueron dejando, en forma sucesiva, su cultura. El idioma fue, así, formándose; pero de manera aislada, pues en cada región se hablaba un dialecto diferente; hasta cuando en el siglo III A. C., llegaron los romanos y trajeron el latín, lengua oficial del imperio.

Cuando en el siglo V de nuestra era terminó la dominación romana, el latín vulgar mezclado con los diversos dialectos ibéricos se había impuesto en el habla común de cada una de las regiones que conformaban la península; sin embargo, para las comunicaciones escritas se usaba el latín. Así sucedió durante casi cinco siglos, tiempo en el cual esos dialectos fueron recibiendo la influencia lingüística de los diversos pueblos invasores, tales como los godos, visigodos y árabes.

De esa época (siglo X) es el primer documento del que se tenga noticia, escrito en un lenguaje que se pueda considerar castellano; se trata de las “Glosas Emilianenses”, escritas hacia el año 964 por un monje español del monasterio de San Millán de la Cogolla, en las cuales hace aclaraciones al texto latino de una oración escrita por San Agustín de Hipona. Siglos después (XIII), el rey Alfonso X mandó escribir en romance (nombre con el que se conoció en sus albores el naciente idioma), obras históricas, astronómicas y legales.

En 1492, año del primer viaje de Colón al Nuevo Mundo y año de la toma de Granada por los Reyes Católicos, Elio Antonio de Nebrija publicó la primera gramática castellana, dando así inicio a la segunda gran etapa en la conformación de nuestro idioma.

Como quiera que la unión de los reinos de Castilla y Aragón diera comienzo a la unificación de España, el idioma castellano se convirtió en la lengua oficial del reino y, más tarde, de sus colonias de ultramar.

Actualmente, nuestro idioma es hablado por algo más de 400 millones de personas en todo el mundo, consolidándose así entre los primeros en importancia lingüística. El Castellano, conserva su dinámica y por ello acepta neologismos que, periódicamente, la Real Academia Española incorpora al acervo idiomático.

Como un tributo al Gran Manco de Lepanto, el día del aniversario de su muerte, se conmemora el día de la lengua castellana.

Valledupar, 23 de abril del año 2002

La parábola del prejuicio

Esta es la historia de una pareja joven que, tras varios años de matrimonio, no había podido tener hijos. Las consultas al médico, los esfuerzos realizados, los ruegos a Dios, todo,  hasta el momento, había sido inútil. Hasta que un buen día, ella sorprendió a su esposo con la noticia de que sospechaba estar embarazada; la visita al médico, lo confirmó. La felicidad fue indescriptible y empezaron a prepararse para la dulce espera.

Como la pareja habitaba en una casa un tanto alejada de otras edificaciones, él tenía una pequeña jauría de perros que, día y noche, cuidaban celosamente la vivienda.

Unas semanas antes de nacer el niño, una de las perras dio cría y el dueño de casa separó un cachorro, con el fin de criarlo como mascota para el hijo que estaba por nacer.

Cuando éste empezó a gatear, el cachorro, un pastor lobo, que ya había alcanzado una alzada impresionante propia de su raza, era su juguete preferido  y se llevaban tan bien que, la mar de las veces, el perro dormía a los pies de la cuna del niño.

Un fin de semana sus padres hicieron un asado en el patio de la casa e invitaron a varias parejas amigas; todo iba como a pedir de boca; llegó un momento en el cual el niño se durmió y la niñera lo acostó en la cuna, a cuyos pies, como de costumbre, el perro se tendió.

Habría transcurrido como una hora desde entonces, cuando de pronto oyeron los ladridos, cada vez más desaforados, del perro y el llanto estridente del niño; el padre entró a la vivienda y, cuando iba por el pasillo, vio venir al perro con el hocico lleno de sangre y, entre los dientes, un pedazo largo de carne.

De inmediato el padre comprendió la situación y la luz se hizo en su mente: ¡el perro había matado al niño!

Sin pensarlo dos veces, corrió a la alcoba matrimonial y sacó de la mesa de noche su revólver y, con éste, mató de tres disparos al perro.

Luego fue a la alcoba del niño, con el corazón destrozado, pensando en encontrar un cuadro dantesco. Sin embargo, su sorpresa fue mayúscula, cuando encontró al niño retozando en la cuna con un osito de peluche y, en el suelo, lo que había sido una enorme culebra, muerta a dentelladas.

De inmediato, comprendió su gravísimo error: ¡había matado al amigo fiel que exponiendo su vida, había salvado la del niño!

¡Cuántas veces obramos a la ligera, dejándonos arrastrar del primer pensamiento o de la primera apariencia de las cosas, sin antes meditar y juzgar de manera mesurada la situación y, por eso, terminamos arrepintiéndonos de nuestros actos, muchas veces irreversibles!

Para evitar que esto ocurra, nunca actuemos a la ligera; nunca prejuzguemos, nunca nos dejemos arrastrar por las apariencias o los rumores. Aprendamos a sopesar los hechos, a buscar una segunda opinión, antes de proceder y, así, evitaremos que nos ocurra lo que le pasó al personaje de esta fábula.

Valledupar, 30 de abril del año 2002

La parábola de la solidaridad

El siguiente texto, me fue inspirado en las palabras alusivas a la solidaridad, dichas por un sacerdote en un su homilía, un domingo cualquiera en mi primera juventud.

En una carpintería, en las horas de la madrugada, un día las herramientas y demás elementos, decidieron hacer asamblea para examinar sus mutuas relaciones.

Después de discutir un buen rato, la mayoría decidió que era necesario expulsar al martillo, pues golpeaba muy fuerte y, además, era inconmovible.

El martillo aceptó la decisión, siempre y cuando también expulsaran al serrucho.

–No hace más que dividir y es muy ruidoso, adujo el martillo.

–Así es, dijo el serrucho, y me voy pero si me acompaña la lija; su comportamiento es muy áspero.

La lija aceptó dimitir a cambio de que la cola también lo hiciera, ya que era muy pegajosa y olía mal

Y, así, durante un buen rato estuvieron discutiendo y cada uno fue eliminando a un compañero, hasta que, prácticamente, la carpintería iría a quedar desierta, cuando sintieron los pasos del carpintero y todos corrieron a ocupar su respectivo lugar y enmudecieron.

A los pocos segundos, el carpintero entró acompañado de su ayudante y, entre ambos, portaban un listón de fina madera, el cual, con la ayuda de todas y cada una de las herramientas y demás elementos de la carpintería, fue transformado en un hermoso mueble.

Cuando, al caer la tarde, el carpintero y su ayudante concluyeron su labor, en el centro del taller resplandecía la obra que habían realizado. Una vez hubieron salido y cerrado con llave la carpintería, las herramientas volvieron a reunirse para continuar su asamblea.

Esta vez pidió la palabra el tornillo y dijo:

–No sé si os habréis dado cuenta de algo, pero yo sí lo noté: el carpintero utilizó a cada uno de nosotros, uno por uno y, sin nuestra mutua y total cooperación, no habría podido fabricar ese mueble tan hermoso. Más aún, él solo no habría podido hacerlo en un día, si no hubiera contado con la colaboración de su ayudante.

–Y eso, ¿qué significa?, preguntó el martillo.

El tornillo, mirándole fijamente, le respondió: –Pues que todos dependemos de todos, que nos necesitamos mutuamente y que el carpintero sin nosotros no puede hacer su trabajo; que lo importante son nuestras virtudes y la clave del éxito radica en aprovecharlas y no en mirar los defectos de los demás. Por ejemplo tú, le dijo al martillo, golpeas fuerte, pero sin tu ayuda, los clavos no servirían de nada. Y tú, le dijo al serrucho, sirves para dar forma a la madera. Y tú, la lija, pules asperezas. Luego, dirigiéndose a la cola, le dijo: –Las partes que antes estaban divididas, gracias a ti, quedan unidas y fijas.

Y así, a cada una le fue resaltando sus propiedades y virtudes, para al final exclamar:

–Es ¡uniéndonos! como podremos realizar nuestra labor de la mejor manera; cada cual tiene una misión que cumplir y, para lograrlo, el Buen Dios lo ha dotado de capacidades, y saber utilizarlas conduce al camino del triunfo y de la propia realización. Además, no debemos olvidar que nadie está solo en el mundo; que de cada quien dependen otros individuos y que, a su vez, cada cual está sujeto a otros; es decir, que nos necesitamos recíprocamente para poder cumplir, mejor, nuestra misión en el mundo.

Valledupar, 7 de mayo del año 2002

Efemérides

El domingo 14 de mayo de 1944, en el Teatro Hispano de Nueva York, hizo su debut el Trío Los Panchos, agrupación musical que durante medio siglo encantó al mundo con hermosos boleros interpretados a tres voces.

Cuando las primeras notas de esa inolvidable canción “Contigo”, de Claudio Estrada, empezaron a sonar en el requinto interpretado por Alfredo Gil quien llevaba la melodía, y Chucho Navarro acompañaba con la guitarra, mientras las maracas tocadas por Hernando Avilés hacían la percusión, el auditorio enmudeció. Al llenar las tres voces el ámbito del teatro, la emoción fue indescriptible. Cuando sonó el último acorde, el público de pie, aplaudió hasta el delirio.

La suerte estaba echada. El éxito asegurado. Las puertas de la fama se abrían para sólo cerrarse con la muerte, e incluso después de ella seguir todavía sonriendo para estos tres grandes de nuestra música latina.

¿Quiénes eran esos músicos que lograron hacer realidad esta maravillosa forma de interpretar el bolero y que le dieron a este tipo de agrupación musical -el trío- una forma tan única que, a partir de ese momento, fue seguida por innumerables intérpretes de nuestro sentir latino?

Se trataba de dos mejicanos, Alfredo Gil y Chucho Navarro, y un puertorriqueño, Hernando Avilés, quienes, por esas cosas del destino y para mayor gloria del bolero, coincidieron en un momento de sus vidas, en la ciudad de Nueva York.

Años atrás, Alfredo Gil había estado con otras agrupaciones de las que se separó para formar un dueto con Chucho Navarro; para luego marchar en 1939 a Estados Unidos, donde Hernando Avilés se integró al grupo hacia finales de 1942. El Trío afinó y pulió su estilo de tal manera que se convirtió en una forma única de interpretar el bolero: a tres voces y con una musicalidad armoniosa, melódica y romántica que permitió distinguir a partir de ese momento, el bolero antes de Los Panchos y el bolero después de ellos.

Alfredo Gil había nacido en 1915. Ya formado el Trío, fue su director y arreglista y llevaba la tercera voz. El requinto, con el cual siempre hizo la introducción y los pasajes intermedios, fue creación de él a partir de un guitarrillo que adquiriera en una tienda de antigüedades, al cual hiciera variaciones sustanciales, que le permitieran obtener un sonido más melodioso, partiendo del registro adecuado; además creó el estilo para tocarlo o pulsarlo.

Alfredo Gil, murió el 10 de septiembre de 1999 en México, víctima de un enfisema pulmonar. Se había retirado del Trío en 1981, por motivos de salud. Irónicamente, la artritis empezaba a menguar su virtuosismo para el toque del requinto. Dejó algo más de doscientas canciones, la mayoría de ellas hermosos boleros.

Chucho Navarro, nació en 1913 y murió en Ciudad de México el 24 de diciembre de 1993. De genio apacible y conciliador y de una simpatía desbordante, era el nervio del Trío, con el cual estuvo hasta, prácticamente, el día de su muerte. Tocaba la guitarra acompañante. La mayoría de las veces hacía la segunda voz, aunque en algunos pasajes hizo magníficos solos. También dejó para la posteridad más de un centenar y medio de bellos boleros.

Hernando Avilés era la primera voz del Trío y el encargado de los pasajes solistas. Avilés nació en 1914 y murió, en Ciudad de México, el 26 de julio de 1986.  Algunas de sus canciones, fueron interpretadas por el Trío Los Panchos.

El Trío recorrió el mundo entero: Latinoamérica, Europa, Norteamérica, el Norte de África, Turquía, la Costa Mediterránea, India, Rusia, Japón y muchos otros países fueron testigos de sus éxitos; en cada gira, el resultado era arrollador; el lleno de los teatros, total.

Como artistas exclusivos de la CBS, hoy Sony Music, dejaron grabadas alrededor de 3500 canciones, algunas de ellas correspondientes al folclor de los países visitados y cantadas en el idioma vernáculo. También estuvieron en varias decenas de películas.

Valledupar, 14 de mayo del año 2002

En el fondo del abismo

Es allí donde, en los momentos actuales, se encuentra nuestra pobre patria. Como si la corrupción administrativa, la impunidad, el narcotráfico, la desaparición forzosa, el secuestro, la extorsión, el tráfico de influencias, el sicariato y tantas otras modalidades de delincuencia, cuya enumeración resultaría prolija, no nos tuvieran suficientemente sumidos en la sima de la vergüenza, el crimen cometido hace días, contra los habitantes de Bojayá, ha terminado por enlodarnos más aún ante la opinión mundial para llevarnos, ante la misma, como un país habitado por la peor especie humana, jamás imaginada ni siquiera por los más grandes maestros del horror.

Somos, actualmente, peor que los cafres, como dijera una vez el Maestro Echandía;  en verdad, somos peores que los caníbales.

Pues no es sólo el hecho, reprobable y repudiable en sí mismo, que merece la condenación de toda persona prudente, de haber segado la vida a unas personas, quienes quieran estas hayan sido: hombres o mujeres; niños, adultos o ancianos; analfabetas o cultos;  poderosos o menesterosos; de nuestros afectos o contrarios a ellos.

 Lo más execrable del caso es haber dado muerte, en forma indiscriminada, a tantos seres indefensos, que ningún mal le ocasionaban a sus asesinos y cuyo único delito parece haber sido el de habitar en una pobre comarca que pareciera haber sido dejada de la mano de Dios, cuando la realidad es que ha estado olvidada sempiternamente por todos los gobiernos que en Colombia han sido.

Pero además se debe rechazar la reacción de muchos. Los actores del conflicto, se precipitaron a tomar el hecho como bandera política que les permitiera sacar ventaja del mismo; los espectadores de dicho conflicto, como idiotas útiles, corearon al bando de sus simpatías, sin darse cuenta de que los intereses creados en esta guerra, fratricida y sucia, en que se encuentra inmersa nuestra patria, hacen que estos hechos caigan a algunos como anillo al dedo.

Al Gobierno como cortina de humo, al Ejército para aumentar su presupuesto, a los paramilitares para alcanzar status, a la guerrilla como demostración de poder e insania, a los traficantes de armas para incrementar las ventas, a los noticieros para mantener la sintonía y, así, sucesivamente. Pero, de las víctimas de la masacre, ¿quién se acuerda?

En realidad, ha sido muy grave en este doloroso hecho la utilización que se le dio: a la mayoría no le preocupó el genocidio en sí mismo y lo sádico de las circunstancias y la aberración implícita en él y, mucho menos aún, la condición inerme de las víctimas.

No. Lo importante para cada facción parece haber sido sacar provecho del mismo, decir que los buenos están de su lado y, por tanto, en su bando está, no sólo la bondad; sino también, la razón. Como si hubiera razón en la sinrazón de la insensatez.

Y, mientras tanto, quienes se lucran de la guerra, deben estar, en estos momentos, riéndose de nuestra gente, al ver cómo es de maleable y de manejable el colombiano medio. Parecemos ser el pueblo más gregario del mundo. Pero se estarán riendo, también, al saberse amparados y arropados por el extenso manto de la impunidad.

Son tantos y tan preocupantes los interrogantes que surgen alrededor de este hecho, muy similar a otros que ocurren con frecuencia en el territorio nacional, que produce escalofrío su sola recordación y, cuando se les analiza, sólo se puede concluir que, para nuestra desdicha, no se avizoran soluciones, ni grandes ni pequeñas, en el inmediato futuro. El túnel es largo y oscuro y no se ven los líderes que nos puedan conducir al otro extremo.

Solamente nos resta parafrasear a Jesucristo: “… Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?”

Valledupar, 21 de mayo del año 2002

La impopularidad de un presidente

Es un lugar común afirmar que cada país elige a los gobernantes que se merece; pero no por evidente, deja de ser ominoso este aserto. No obstante, en Colombia se dice que cada presidente es peor que su predecesor (unos a partir del segundo año, otros mucho antes): Pastrana peor que Samper; éste superó en desaciertos a Gaviria, quien, a su vez, nos hizo más daño que Barco, y Barco dejó el país más maltrecho de lo que lo recibiera de Belisario, y Belisario lo entregó peor  de lo que lo dejara Turbay, quien superó en mal gobierno a López; y, así, retrospectivamente, llegaríamos hasta Santander y Bolívar. Y, probablemente, el próximo supere en mal gobierno a Pastrana…

Sin embargo, la realidad es otra; sucede que todos han sido malos gobernantes, unos peores que otros; pero, de todas maneras, ninguno se salva; pues, quien logró hacer obras civiles, conculcó las libertades individuales y aquel que respetó el Estado de Derecho, descuidó la transparencia de las ejecutorias gubernamentales, propias o de sus subalternos o, si no, prohijó la injusticia social o permitió la violencia; y, así, cada mal presidente nos hace olvidar lo pésimo que fue su antecesor.

Y, ¿por qué ocurre esto? Porque la clase gobernante siempre ha trabajado en provecho propio, al crear dos países, según palabras de Gaitán: el país nacional y el país político; este último, apoyado por el poder económico, todo lo tiene y hasta le sobra para ser desfalcado por sus mismos integrantes. El primero nada o poco posee y, para colmo de males, es el que pone los muertos de la violencia, el que presta el servicio militar obligatorio, el que tiene que trabajar hasta cuarenta años o más para poder acceder a una modesta pensión y hasta es el que paga los impuestos; pues, es bien sabido de todos, que el valor de los tributos pagados por los empresarios, quienes hacen parte de la clase gobernante, es trasladado al consumidor final, vale decir al trabajador, en el precio de venta de bienes o servicios. Esto, sin olvidar las reformas tributarias que buscan favorecer a los amigos del gobernante de turno.

Alguien, mal intencionado, dirá que en las afirmaciones anteriores hay resentimiento o rencor; pero nada más alejado de la verdad que este pensamiento; pues, quien esto escribe, tiene su  modus vivendi asegurado y, desde hace casi diez años, podría estar disfrutando de su pensión de vejez, pero no lo hace porque le arredra el ocio y, solamente dice estas cosas severas, porque sufre de dolor de patria; le duele la angustia de los doce millones de compatriotas que mañana ni siquiera tendrán que desayunar y, lo que es peor, tampoco tienen esperanza de redención; le duelen, también, los ocho millones de desempleados, los casi tres millones de desplazados, los trece millones que, aún teniendo un trabajo, el salario solamente les permite vivir en condiciones de precaria pobreza. Entonces se pregunta, ¿cuándo aparecerá la luz que nos indique que el túnel del subdesarrollo llega a su fin? ¿Cuándo, por fin, un líder se acordará de que, hace casi dos mil años, Alguien predicó la caridad, es decir, el amor al prójimo como a sí mismo?

Muchos pensamos que en esta encrucijada en que se encuentra Colombia, las opciones que se nos presentan a los electores, sólo nos permiten saltar de las brasas para caer en la candela. ¡Ojalá estemos equivocados y el próximo presidente tenga voluntad política y logre convencer a la clase gobernante de que las cosas deben cambiar, si deseamos que nuestros descendientes puedan disfrutar de un país nuevo; un país en el cual se pueda volver a pescar de noche; un país en donde se distribuya la riqueza y no se reparta la pobreza; un país, en fin, donde el Estado cumpla con la norma primaria de la Constitución Nacional: velar por el bienestar de sus asociados, sí que también por su vida, honra y bienes. Y no terminemos por acabar con lo que nos queda de Patria.

Valledupar, 28 de mayo del año 2002

¿El salvaje oeste entre nosotros?

Cuenta la historia, y el cine nos recrea y distrae  con su narración, que hubo una época en la vida de Estados Unidos, en la cual el existir se había tornado azaroso para los habitantes de la región, entonces  inhóspita, situada al occidente de ese extenso país.

Era, como ellos mismos la han llamado, una región salvaje; pero no en razón de estar habitada por los descendientes de los aborígenes; sino porque allí  imperaba la ley del más fuerte. Y  la fortaleza la daban el dinero y las armas; más aún, cuanto más dinero poseyera un individuo, más armas podría tener y cuantas más armas tuviera, más tierras podría poseer y, así, aumentaba su poder en la comarca.

Por consiguiente, la mayoría de los habitantes de esa salvaje región procuraba andar armada. Como consecuencia natural, la causa preponderante de mortalidad era el asesinato; cometido con razón o sin ella; en defensa propia o por arbitrariedad; por protegerse del atrabiliario o por iniquidad; para evitar el robo o el atropello o para cometerlos. Y quienes tenían poca tierra, vale decir, poco poder, poco dinero, pocas armas, quedaban supeditados a quien sí los tenía.

¿Cuándo cesó esa masacre continua y salvaje? Cuando los poderosos cedieron un poco en su afán de riquezas y disminuyó el ansia por la posesión indiscriminada de las armas. Cuando la civilización permitió que la ley y el bien común prevalecieran por encima de los apetitos individuales. En fin, cuando la civilización tocó las puertas del corazón de quienes estaban encargados de dirigir ese inmenso país.

Claro está que aún quedan vestigios de ese salvaje oeste en Estados Unidos; porque allá no existe total prohibición al porte indiscriminado de armas; basta tener el dinero necesario, para que en cualquier armería se pueda compr00ar todo un arsenal. Por esa razón tanta violencia y tanta depredación subsisten aún en ese país.

En Colombia, sin embargo, armarse no es fácil; primero el producto interno bruto es muy bajo y, por consiguiente, la mayoría del pueblo es pobre; peor todavía, hay  doce millones de colombianos que viven en la más absoluta miseria; es decir, que si no tienen para comprar un pan, mucho menos podrán tener para comprar un arma. Además, nuestra acentuada conciencia cristiana impide que a muchos, así tengamos con qué, nos apetezca armarnos.

Entonces,  me pregunto: ¿cómo en la Cámara de Representantes, con individuos en quienes se suponen dotes suficientes como para discurrir sabiamente, que ocupan un cargo de dirección en la sociedad y en la conducción del país, haya personas que puedan incitar al común de la gente a armarse?

Si con los delincuentes comunes, los asesinos a sueldo, los paramilitares, los guerrilleros y cada loco asesino potencial que subyace en todo individuo armado, tenemos tanta violencia y tantas muertes, ¿qué pasaría en una Colombia armada en  un 70% de su población?

La visión es aterradora; terminaríamos por matarnos los unos a los otros; entre vecinos, entre transeúntes, entre parejas, entre hermanos…

¡No! Señor Representante, Manuel Ramiro Velásquez, ese no es el camino. No repita la absurda oferta que, hace año y medio, propusiera el Sr. Visbal, Presidente a la sazón del Consejo Gremial, sobre la criminal posibilidad de armarse todo aquel que pudiera, con el fin de defenderse de la violencia. Es decir, apagar el fuego con gasolina.

 Su proposición es tan desatinada como si pretendiéramos quitarnos un dolor de cabeza, cercenándola o como, si la primera vez que doliera una  muela, hubiera que extraerla; por favor, no nos lance a una barbarie insensata y criminal. No es matando al enfermo, como se cura la enfermedad; ni eliminando al pobre, se erradica la pobreza; ni escondiendo al menesteroso, se acaba con la indigencia.

Por el contrario, el camino es el de desarmar las manos, las mentes, los corazones  y las almas.

  1. S. Hoy se cumple un año desde cuando EL PILON me abriera generosamente sus puertas; gracias por esta oportunidad de privilegio.

Valledupar, 4 de junio del año 2002

La consagración del país a Jesucristo

La nueva constitución política de Colombia, imbuida de un medroso y mal entendido pluralismo religioso, no sólo erradicó de su preámbulo la invocación a Dios, como fuente de autoridad y sabiduría; sino que, además, suprimió de la lista de actividades oficiales y protocolarias, la consagración que, anualmente, se hacía de la nación al Sagrado Corazón de Jesús. Ya desde mucho tiempo atrás, con cierta frecuencia, yo diría que más de la debida, más de un columnista descreído, y engreído tal vez de un falso anticlericalismo, había tomado a burla dicha consagración y en tono, por demás irreverente, hablaba, para referirse a nuestras fallas nacionales, del “país del Sagrado Corazón”.

Hoy, cuando ya llevamos más de diez años sin dedicar, de manera oficial, la nación al Todopoderoso, ha surgido, de parte de la Comisión Episcopal, la idea de retomar la costumbre de poner el destino de la patria bajo el amparo de Cristo. Y, así, el jueves pasado, en todas las Iglesias Catedrales del país, se realizaron sendas ceremonias de consagración al Señor.

Esta sana y devota costumbre nació hace un siglo, a raíz de la Guerra de los Mil días, en la cual se enfrentaron, en lucha fratricida, por enésima vez los colombianos, dejando un saldo de miles de muertos y muchos más heridos y damnificados. Las luchas y las guerras continuaron, porque los interesados en ellas, gracias al lucro obtenido, se encargaban de atizar los odios, amén de las retaliaciones que las muertes suscitaban.

Por entonces, Don Marco Fidel Suárez, uno de los más grandes filólogos de Colombia y de Hispanoamérica, escribió una hermosa oración a Jesucristo, en la cual impetraba Su ayuda ante tantas necesidades de que adolecía nuestra Patria.

Hoy, y sin ningún deseo de equiparar a tan gran escritor y habiéndose perdido sus palabras en las telarañas de la memoria, me he tomado la osadía de pergeñar unas cuantas frases que, brotadas desde lo más íntimo del corazón, puedan tal vez ayudar a implorar a Dios por tanta devastación que, por estos días, sufre Colombia:

¡Señor!, hoy, cuando nuestra querida patria se encuentra sumida como nunca en la amargura, cuando la desolación y el dolor asuelan a muchos hogares colombianos, cuando tantas familias han quedado deshechas por la adversidad de la guerra, cuando la injusticia social carcome las estructuras de nuestra sociedad, cuando la corrupción administrativa arrasa con las posibilidades de desarrollo de las regiones más pobres del país, cuando la impunidad permite que la corrupción crezca y se mantenga, cuando la extorsión, el secuestro, el terrorismo, las masacres, las desapariciones forzosas y tantas otras formas de depredación humana destruyen nuestro país, venimos a implorarte que, por Tu infinita misericordia y Tu infinito amor, escuches favorablemente nuestras súplicas, mediante las cuales Te pedimos que toques los corazones de los violentos, de los corruptos, de los venales, en fin de todos aquellos que han hecho del delito una forma de vida y de la muerte una fuente de lucro personal o un desahogo a su rencor, para que desistan de sus propósitos y, como Saulo en el camino de Damasco, escuchen Tu voz y corrijan el equivocado sendero de sus vidas y puedan buscar y encontrar el camino de la remisión, para que Colombia conozca, por fin, la paz en todas sus manifestaciones colectivas, política, social y económica, y también en sus expresiones personales y, cuando esto ocurra, Tú absuelvas a los causantes de la violencia, de la muerte y del derrumbe del país y permitas que sus víctimas, a imagen Tuya, también les perdonen, al acordarse y poner en práctica Tus palabras al Padre: “…perdona nuestras ofensas, así como también perdonamos a quienes nos ofenden…”.

 ¡Señor!, que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, puedan disfrutar de una paz que la mayoría de nosotros ya ha olvidado y el resto desconoce; que los colombianos dejemos de mirarnos como enemigos y, más bien, nos miremos como hermanos y, hombro a hombro, reconstruyamos la patria.

¡Señor!, si Tú quieres, así será; mas sin embargo, que no se haga nuestra voluntad; sino la Tuya. Amén.

Valledupar, 11 de junio del año 2002

La parábola de Paloma (Parte III)

Por fin los hijos de Paloma, esa anciana achacosa y enferma cuya situación fuera analizada en esta columna hace un par de meses, eligieron al especialista que la atenderá en su estado patológico múltiple; recordemos que la situación de la paciente ha sido y sigue siendo precaria; la pobre lleva años, quizás demasiados, enferma de gravedad; los diversos galenos que la han atendido jamás han logrado curarla, al menos de alguno de sus males; por el contrario, cada equipo de especialistas al terminar su contrato de atención a Paloma, la deja peor de como la encontró. Por ejemplo, el equipo, cuyo convenio vence en dos meses, la entrega más enferma de lo que la recibió de manos de sus predecesores; quienes, a su vez, la dejaron más maltrecha de lo que la encontraron y, así, ha sido desde cuando la pobre se enfermara, hace muchísimos años, al morir su padre.

Sin embargo, a la reunión para elegir al especialista que habrá de dirigir el grupo en los próximos cuatro años, no participaron todos los hijos de Paloma; apenas el 47% de estos lo hizo y solamente un poco más de la mitad, el 54%, eligió al ganador; el resto, 46% de los participantes en la escogencia, puso sus esperanzas en los otros aspirantes al cargo. El 53% no participó por diversas causas: ya por inconformidad, ya por desafecto, ya por desesperanza.  Pero como quiera que quienes hicieron la elección, escogieron al nuevo director, éste será el encargado de  velar por la salud de Paloma y, por lo mismo, ya ha empezado a seleccionar a los científicos que habrán de acompañarlo en tan difícil tarea; la mayoría de sus adeptos se deshace en elogios ante el acierto de dicha selección; otros, adversarios y partidarios, critican a algunos de los escogidos, debido a algunas manchas en el pasado inmediato de estos.

Además, no faltan quienes, perspicaces unos y suspicaces otros, miran con curiosidad como el nuevo director ha variado ligeramente su talante frente a los males que padece la ilustre enferma; ya que, cuando aspiraba al favor de los votos, prometió extirpar el cáncer del brazo izquierdo, cercenando éste; ahora, ya elegido, dice que primero probará con irradiaciones; cosa que los otros facultativos aspirantes al cargo ya lo habían prometido hacer.

Inicialmente había dicho que el brazo derecho no presentaba sarcoma alguno; hoy reconoce, con sus temporales adversarios de hace unas semanas, que el brazo derecho también está invadido por el cáncer, aunque de otro tipo, igual o peor que el izquierdo.

Reconoce, además, que la anemia galopante que padece la enferma y que ha sido ocasionada por las constantes sangrías que le han practicado los encargados de velar por su salud, la tiene al borde del colapso y que, por tanto, es urgente hacerle transfusiones.

Y ni que decir de los problemas cardiacos y pulmonares que la agobian; en este momento, coincide con sus momentáneos oponentes de hace un mes, que no era solamente el cáncer lo que atosigaba a Paloma; sino una combinación de males que dejan su estado de salud como algo de pronóstico reservado.

Por eso algunos de sus adeptos, que deseaban a toda costa la amputación del brazo izquierdo como única solución a las enfermedades de Paloma, se sienten desilusionados.

Los adversarios que sabían de los múltiples males de la enferma, dicen que el nuevo director engañó a los hijos de ésta, cuando ofreció una curación particular, y ahora, toma la fórmula ofrecida por sus rivales.

Yo pienso, desde la barrera, que unos y otros se están apresurando al lanzar sus opiniones; debemos dejar que venza el contrato del actual equipo y comience el del nuevo y veamos cómo les va; si lo hacen bien, pues mejorará el estado de Paloma y todos deberemos felicitarnos por ello; si lo hacen mal, parecería ser ese el sino de la pobre enferma: cada nuevo equipo de científicos que aspira a curarla, goza de una especie de luna de miel con la opinión pública antes de mostrar el cobre de la ineficiencia.

Y si esto es así, nos tendríamos que preguntar, ¿por qué y para qué luchó y se sacrificó hasta el sepulcro el padre de Paloma?

Valledupar, 18 de junio del año 2002

La parábola del codicioso (49)

Cuenta la Biblia en el Libro de los Reyes que, en la época del profeta Elías –aquel de quien dicen que fuera arrebatado por un carro de fuego– había un rey llamado Ajab, cuya morada estaba situada al lado de la hacienda de un hebreo de nombre Nabot. Ajab codiciaba la hacienda de Nabot y le ofreció comprársela.

Como quiera que en el contexto hebreo, la tierra fuera –después de la vida y el honor– la posesión más preciada de un individuo, pues no solamente derivaba de ella el sustento de su familia, sino que además allí estaban sepultados sus antepasados, Nabot  se negó a vender.

Ajab, para quien la hacienda de Nabot era cada vez más deseada, se apesadumbró; Jezabel, la reina, notó la tristeza del rey y, al preguntarle la causa, éste le contó de la negativa de Nabot; entonces, Jezabel le dijo:

– ¿Acaso no eres el rey?, pues toma esa hacienda, ¡es tuya!

Como a Ajab le preocupara un tanto proceder por las vías de hecho, volvió a insistir ante Nabot, con idénticos resultados. Jezabel entonces decidió actuar y urdió una infamia contra Nabot, que trajo como consecuencia que éste muriera tras ser juzgado y apedreado injustamente; después de lo cual, Ajab tomó posesión de la hacienda de aquél.

La Biblia termina el capítulo contando, como Dios, por intermedio del profeta Elías, maldijo a Ajab y a Jezabel; ésta tuvo un sino trágico, mientras que el rey, al final, se arrepintió, hizo penitencia y fue perdonado.

En este episodio, como en la mayoría de sus libros, la Biblia refleja la conducta de la humanidad: a veces magnánima, a veces envidiosa; ora generosa, ora codiciosa; ya noble, ya ruin; en unas ocasiones heroica, en otras cobarde; digna de los actos más sublimes o de los más viles; capaz de la abyección o del pundonor.

Porque, aunque Cristo vino a dejarnos Sus enseñanzas: “¡Ama a tu prójimo como a ti mismo! ¡Que tu mano izquierda no sepa de las bondades que realiza tu mano derecha! ¡Sé humilde de corazón! ¡No hagas aspavientos de tu generosidad ni de tu piedad!” Y tantas otras que, por sí solas, son el mejor compendio del buen proceder para el ser humano, muchos por olvidarlas a menudo, invierten la escala de valores y colocan al dios dinero en primer lugar, ya que éste les permite lujos insospechados y les da poder sobre sus semejantes; para terminar trasegando el orden normativo y volverse ambiciosos, pícaros, desleales, traficantes de su propia conciencia y después, por acción u omisión, acabar cometiendo crímenes como el del rey Ajab y su esposa Jezabel.

¡No codicies los bienes ajenos!, dice uno de los mandamientos de la ley de Dios; es decir, confórmate con lo que tienes; pero si necesitas algo más, trabaja honradamente para lograrlo; consigue lo imprescindible a través de tu esfuerzo personal; no pases por encima de tus semejantes para obtener lo que has de requerir para vivir decorosamente.

Y, lo más sustancial, no abuses del poder temporal que Dios te ha dado; no pretendas, prevalido de ese poder, alcanzar más de lo que precisas; pues la codicia puede llevarte, no sólo a atropellar a las personas (sobre todo a la más desvalidas, lo que habrá de pesarte en la conciencia); sino también a trascender los límites de la legalidad; lo cual te hará desgraciado y frustrará todas tus expectativas y, además, malogrará la vida de tus seres queridos y, asimismo, tú y ellos terminaréis llenos de vergüenza. La Historia, antigua, moderna o contemporánea, está llena de casos análogos.

Valledupar, 25 de junio del año 2002

La parábola del desgobierno

En la capital de un país del norte de Europa sucedió hace algunos años un hecho que bien vale la pena relatar. La Universidad Estatal de dicho país tenía alrededor de 30.000 estudiantes, repartidos en ocho facultades; cada una de ellas a cargo de un decano, quien dependía de la Vicerrectoría Académica, subordinada al Rector General, elegido por sufragio en el cual participaban todos los estamentos académicos (decanos, docentes y estudiantes).

El Consejo Superior señalaba las directrices baja las cuales la universidad debía alcanzar sus logros. La planta de profesores llegaba casi al medio millar y era seleccionada, a través de  méritos, por el rector, el vicerrector y los decanos. El Departamento Administrativo se encargaba de sus correspondientes labores.

El campus era tan extenso que constituía por sí solo una ciudadela, la cual era vigilada y controlada por un cuerpo de seguridad de casi mil hombres, organizados bajo el mando de 10 jefes de escuadra.

Esta organización permitía augurar una buena administración que facilitara el desarrollo académico dentro de un ambiente de paz y tranquilidad; sin embargo, había unos estudiantes de las diversas facultades, algo revoltosos, un tanto disociadores, quienes a pesar de ser una minoría (no llegaban a los 300), no sólo mantenían en jaque a la fuerza de seguridad sino que entorpecían con frecuencia la marcha del plantel.        

De otro lado, cerca de 200 estudiantes formaban las fuerzas de choque de la contraparte y, cada vez que había protestas encabezadas por los revoltosos, éstos se engarzaban en peleas con los supuestos amigos del orden quienes, apoyados por la fuerza de seguridad, les presentaban batalla; lo que daba como resultado que las clases se paralizaran, las pedreas ocasionaran víctimas entre los estudiantes pacíficos, los ventanales resultaran rotos, el orden se alterara y, en fin, toda la comunidad académica saliera perjudicada.

En algunas ocasiones, los guardas capturaban a algún revoltoso y lo ponían en manos de la policía de la ciudad; si, por el contrario, el capturado era de las fuerzas de choque, era liberado al caer la noche y no quedaba registro alguno de su detención.

Llegó un momento en el cual la situación se tornó insostenible, la gobernabilidad del claustro se había vuelto precaria y la estabilidad de la institución peligraba. Era tan grande el caos, que los revoltosos habían amenazado en su integridad a algunos docentes si no renunciaban; para completar el cuadro trágico cómico, las fuerzas de choque también amenazaban a los profesores  y los conminaban a quedarse en sus puestos so pena de no responder por su seguridad si se plegaban al pedido de los sediciosos.

En otras palabras, los docentes amenazados se encontraban entre la espada y la pared; si se iban, la fuerza de choque les cobraría la defección; si se quedaban, serían los revoltosos quienes les harían pagar cara la reluctancia.

En este momento de la narración el lector se preguntará y, mientras tanto, ¿qué hacían el rector, los decanos, los docentes y el cuerpo de seguridad? Pues el rector y los decanos se rasgaban las vestiduras y prometían investigaciones que nunca se llevaban a cabo; entre tanto los jefes de escuadra del cuerpo de seguridad se ofrecían para reemplazar a los profesores amenazados.

Por su lado, los demás docentes clamaban por sus compañeros y les pedían a los guardas que los protegieran; pero éstos, siguiendo instrucciones de sus superiores, contestaban que eso era imposible, pues ellos debían cuidar el campus en general y no a unos docentes en particular.

Afortunadamente para esa universidad, en esos días de caos y cuando todo amenazaba con acabarla, llegó a su término el mandato del rector y, convocada a elecciones, la  comunidad universitaria escogió su reemplazo, quien procedió a cambiar a los decanos; a continuación expulsó de la universidad a los revoltosos y a los de la fuerza de choque, destituyó al jefe del cuerpo de seguridad y a los jefes de escuadra, después de haber llegado a la conclusión de que todos los desmanes habían sido vistos con buenos ojos por la administración anterior, ya que todo ello le había servido como herramienta de distracción de sus malos manejos, en los cuales habían participado, y con muy buenos dividendos algunos miembros del cuerpo de seguridad.

Valledupar, 2 de julio del año 2002

Las injusticias de la Justicia

El caso fue producto de la carencia de conciencia social, la que constituye la esencia del cristianismo y que los esnobistas y emergentes y muchos poderosos miran con desdén. El caso sucedió en Cali y dos familias resultaron damnificadas: ambas pertenecientes a la clase pobre; el culpable, un Banco de dicha ciudad, que dejó sin casa a una y vendió a la otra un inmueble que no le pertenecía en su totalidad.

Hace años, un trabajador pobre de apellido Carabalí, después de mucho tiempo de sacrificios (en Colombia, el pobre para ahorrar, ha de sacrificarse), logró adquirir un lote sobre el cual pesaba una hipoteca a favor del Banco; luego de varios años y muchas privaciones, Carabalí logró construir una modesta casa en el lote cuya hipoteca no había podido cancelar, debido principalmente a que, con los escasos abonos que lograba hacer, solamente pagaba intereses de financiación, mientras el capital de la deuda aumentaba desmesuradamente en razón de la constante corrección monetaria y los réditos de la mora.

A finales del año pasado, el Banco le hizo un requerimiento sobre la dilación en el pago; antes de cerrar el año, Carabalí pudo abonar un millón de pesos. Sin embargo, semanas después le llegó un aviso de la Oficina Jurídica del Banco, en donde le anunciaban el inicio del trámite del juicio para remate de su lote.

No valieron las súplicas ni las promesas, el Banco se mostró inflexible y hace un par de meses, un Juzgado de Cali le anunció el desalojo de la vivienda; pues el Banco no sólo remató el lote, objeto del endeudamiento; sino que subastó también la modesta casa sobre la cual no pesaba deuda alguna y que, en estricta moral, no le .pertenecía.

Como quiera que Carabalí no tuviera para donde llevar a su familia, se negó a abandonar su vivienda. El martes pasado, el Juez acompañado de un piquete de policías llegó al inmueble y obligó a Carabalí a sacar sus escasas y  modestas pertenencias a la calle. Inmediatamente quedó desocupado el inmueble, los vecinos armados de pica y pala comenzaron a derruir la casa y, literalmente, no dejaron piedra sobre piedra.

Entre tanto la otra víctima, apellidada Upegui, quien había comprado la totalidad del inmueble, lote y casa, estupefacto e imposibilitado para actuar, miraba cómo su propiedad se iba desvaneciendo como el humo. Al terminar el día, ni Carabalí ni Upegui tenían casa alguna, mientras el Banco ya se había embolsicado varios millones de pesos.

Ahora, Carabalí y su familia pernoctan donde unos vecinos caritativos, mientras Upegui y los suyos continúan en la bodega que los ha albergado por años. Entre tanto, el Banco ha aumentado su activo disponible y el Juez considera haber cumplido su deber.

Me pregunto, como algunos de ustedes también lo harán, ¿qué se hizo el dinero del dos por mil, aumentado luego al tres por mil, con el que los colombianos ayudamos al sector financiero para que las tasas de interés bajaran? ¿Acaso el objetivo de ese nuevo gravamen no era aliviar la situación de los deudores sobre vivienda? ¿O la verdadera intención fue la de aumentar los ingresos del sector y, así, favorecerlo aún más?

¿Por qué los bancos y las corporaciones de ahorro son tan inexorables con los clientes débiles y tan blandos con los poderosos? -Sirva de ejemplo la extinta Caja Agraria.-

De otro lado, ¿por qué los jueces, que se muestran tan diligentes para sentenciar desalojos, son habilidosos para consentir que los Soto Prietos y los Puyos, que desfalcan al erario, se vuelen al extranjero a gozar de las fortunas mal habidas? ¿O, también, permitir que se venzan los términos o se declare violado el debido proceso y los acusados de cuello blanco se salgan con la suya?

Y la Policía, tan acuciosa para colaborar en los desahucios de los pobres y golpear con el bolillo a quienes protestan, ¿por qué se vuelve lerda cuando se trata de perseguir a los ladrones o de enfrentar a los violentos?

Por supuesto no se pide que los bancos no cobren sus deudas, ni que los jueces dejen de sentenciar y, mucho menos, que la Policía no colabore en mantener el orden; se quiere enfatizar que unos y otros sean más equitativos y menos parciales. Porque proceder así es gestar violencia. Sólo se desea que la Justicia sea más justa y que cese el tráfico de influencias.

Valledupar, 9 de julio del año 2002

Ciega sí y hasta sorda y coja, pero jamás atrabiliaria

La semana pasada se analizaba en esta columna, como nuestro sistema de justicia, en ocasiones deja que desear, en tanto que no siempre utiliza el mismo rasero para medir a los implicados en los diversos casos que le son presentados, dadas las circunstancias de demandante y demandado y, evidentemente, la de la persona del juez que, en ese momento, encarna la equidad del Estado y, ni que decir, de la preparación, experiencia y sagacidad de los litigantes. Por eso, hay momentos en los cuales la justicia no es todo lo ciega que debiera ser en razón de su imparcialidad, ni tan ágil como lo exige su eficacia.

No obstante lo anterior, ella es el mecanismo que el Estado posee para dirimir las diferencias con sus asociados y de éstos entre sí y, a pesar de sus defectos, es preferible tenerla como está, a carecer de toda justicia. Y peor todavía, sería tener una justicia cegada por la arbitrariedad del más fuerte, el más poderoso, el que posee las armas.

De ahí que aterre pensar –sólo pensar– que en algún momento de nuestra historia se vuelva a presentar la figura de la justicia militar en reemplazo de la justicia civil. El legislador, en su sapiencia, consideró que las divisiones en el poder constituían garantía de su ejercicio y, por eso, separó a la rama judicial de las influencias del poder Ejecutivo, con sus fuerzas de seguridad a cuestas, para evitar que la impetuosidad de las armas influyera, no sólo en las sentencias; sino también en las consecuencias que de éstas se derivaran.

Colombia no puede ni debe olvidar las épocas en las cuales, oficiales del Ejército, cuya preparación militar era excelente, dañaron su hoja de vida por excesos cometidos a la luz o, ¿sería mejor decir a la sombra o a la lobreguez?, de la mala interpretación de los códigos y, peor aún, a su pésima y arbitraria aplicación. Esas etapas se suponen ya superadas en nuestra Patria o, ¿es que el país va en vía de retroceso? O, acaso, ¿tenemos que volver a los días de las desapariciones forzosas, a las épocas de las torturas?

Porque eso y mucho más le espera a Colombia si llegara a establecerse nuevamente el malhadado Estatuto de Seguridad, mediante el cual, con el fementido propósito de perseguir a los malquerientes del Estado, muchos inocentes perdieron la libertad, otros la tranquilidad  y otros más la vida.

Fueron demasiados los desafueros que se cometieron a nombre de la Paz, en pro de la estabilidad de las instituciones, como para que queramos repetir la experiencia. La fallida gobernabilidad (numen de Samper y de Pastrana), no se recupera entregándoles alcaldías y juzgados a los militares; su preparación  los hace aptos para la defensa del país, no para su gobierno, amén de que, según los altos mandos, el número de sus integrantes es bajo y debe ser reforzado.

Sí, y también hay que reforzar el Estado, se debe dar la lucha contra sus enemigos y para eso están las Fuerzas Militares; pero dentro de su ámbito natural, para el cual fueron creadas; no es necesario sacarlas de su ambiente para trasladarlas a otro, ajeno a ellas, más bien  inhóspito a su razón de ser; en el cual, como es lógico, darán traspiés que las conduzcan por el camino del descalabro y, peor todavía, por el sendero de las extralimitaciones, que no lograrían más que desacreditarlas, exaltando de paso a sus contrarios.

Sería lamentable y por demás peligroso reeditar la época del presidente Turbay Ayala y su ministro de Defensa, el general Camacho Leyva.

El país está saturado de violencia y la población civil atosigada de tanto acorralamiento, como para que ahora tenga que esconderse, no sólo de quienes están situados al margen de la ley; sino también de quienes dicen defender esa ley.

Valledupar, 16 de julio del año 2002

¿Por qué hasta ahora, General Mora?

Por televisión anunciaron en estos días que tres periodistas publicarán un libro que revela cosas ocurridas entretelones del escenario del gobierno que agoniza. Una de ellas hace referencia a la posible toma de El Caguán, el año pasado, por parte del General Mora, Comandante del Ejército Nacional.

¿Por qué solamente ahora, cuando el gobierno está por terminar, el General nos cuenta esto? ¿Por qué no realizó su pensada acción, cuando su leal saber y entender así se lo aconsejaba? ¿Quién lo hizo desistir de su propósito?

Y, si pensó que no era prudente, a pesar de considerar el hecho indispensable para la tranquilidad de la Patria, ¿por qué se quedó callado? ¿Por qué no lo dio a conocer a la opinión pública, tras dimitir decorosamente de su alto cargo, si las circunstancias así lo exigían?

O sería, más bien, ¿qué no existió tal intención por parte del general y, ahora, cuando ya las cosas pasaron sin que nada pasara, es más cómodo decir “lo iba a hacer, pero no lo hice”? Como ocurre cuando se estrella un avión y no faltan los deseosos de “mojar pantalla”, que dicen “iba a viajar, pero no viajé” ¿General, por qué no renunció al ver que, en su fuero interno, algo le impedía traicionar a su superior, pero no podía seguir bajo su mando?

¡Ah, es que el verbo renunciar es el más difícil de conjugar en Colombia y, más todavía, cuanto más encumbrado se está, cuando las prebendas a perder son capaces de acallar la voz de la conciencia! No siempre se dan casos como el de aquel general del Ejército colombiano quien, al ver que sus subalternos no habían podido impedir la toma guerrillera de un poblado situado bajo su protección, no pudo permanecer callado y decidió renunciar al sentirse culpable de la incompetencia de sus hombres.

Su pundonor militar y su decidido valor le hicieron preferir el penoso camino del reconocimiento de su error, al cómodo sendero de la permanencia en el cargo y al disfrute de su sinecura.

O el caso de los presidentes Marco Fidel Suárez y Alfonso López Pumarejo, quienes decidieron abandonar su alto empleo a tener que cargar con el baldón de haberle fallado al país; el primero por haber puesto en entredicho la dignidad de la República, al recurrir a los agiotistas de su época y, el segundo, por haber permitido que alguien se hubiera lucrado de su cercanía afectiva y familiar. Ninguno de los dos osó –y ni siquiera debieron pensarlo– utilizar el tesoro nacional para comprar adhesiones que les permitiera continuar en el famoso “Solio de Bolívar” y en ningún momento alegaron puerilmente que todo hubiera ocurrido a sus espaldas.

Su dignidad personal y su integridad de hombres de bien, estuvieron por encima de toda ambición de poder, de toda ansia de distinciones protocolarias y, con humildad pero con la frente en alto, pasaron por la puerta grande a la Historia de Colombia. No solamente fueron honestos; sino además inteligentes.

Esos casos muy poco ya se dan. Esos prohombres se fueron y nuestros actuales gobernantes no se distinguen precisamente por cultivar esas virtudes. Es más cómodo y plácido pasar apoltronado por el cargo, haciendo caso omiso de sus propios errores y los de sus subalternos, que hacerle frente a los mismos; o, peor aún, dedicarse a injuriar, con razón o sin ella, a sus enemigos temporales; como si la utilización de fuertes epítetos contra el adversario, aumentara la maldad de éste o diera suficiente razón como para descalificarlo.

Al enemigo no se le vence, hablando mal de él. No. Son los argumentos los que conceden o niegan la razón a quien alega tenerla. De otro lado, no se trata de convencer a los demás de que se está obrando bien y el adversario mal. No. Se debe obrar de acuerdo a la conciencia y a las leyes divinas y humanas. Lo demás, es protagonismo barato.

Valledupar, 23 de julio del año 2002

Cuentos de fantasmas (II)

Cuenta la leyenda que el cisne, cuando presiente que va a morir, emite un canto lastimero. Por eso, la expresión “canto del cisne”, se utiliza para referirse a la última obra de un poeta o de un músico; sí que también, la manifestación postrera de un moribundo.

A propósito de lo anterior, me vino a la mente un suceso que escuché de labios de alguien muy cercano a los involucrados en el acontecimiento. Un individuo, cuyos hermanos residían en Bogotá mientras él vivía en Cartagena, se encontraba una noche leyendo en la sala de su apartamento, situado en un tercer piso, cuando sintió un ruido extraño en el balcón; al asomarse, sorprendido quedó al ver que en éste se encontraba un ave de plumaje extremadamente blanco, cuello largo y pico anaranjado. Lo más extraño era que, por lo avanzado de la hora, el balcón ya estaba cerrado por su parte externa.

Repuesto de la primera impresión, cerró el balcón por el lado interno y fue a la alcoba a avisar a su esposa de lo ocurrido. Asimilado el estupor, ya iban a acostarse cuando oyeron a la extraña ave cantar en forma, por demás, triste.

A la mañana siguiente, mientras se afeitaba, recordó el suceso de la noche y quiso cerciorarse de que no se había tratado de un sueño. Sin embargo, cuando se asomó al balcón, éste se encontraba vacío, aunque permanecía cerrado; al conversar con su esposa, las dudas sobre la singular aparición quedaron disipadas.

Estaban tratando de develar el misterio sobre la escapatoria de la extraña ave, cuando sonó el teléfono; al responder, quedó amilanado, pues le acababan de avisar, desde Bogotá, que su hermano mayor había muerto, un poco antes de la media noche.

Recobrado de la impresión y arreglado lo pertinente en la oficina, viajó a la capital con el tiempo suficiente como para acompañar al hermano muerto a la última morada y acompañare, entre sí, los hermanos supérstites.

Después del sepelio, todos se reunieron en la que antaño había sido la casa paterna, y últimamente lo era del hermano mayor, con el fin de reconfortarse mutuamente.

 Al cabo de un rato de conversación, en la cual recordaron al hermano recién fallecido y lo bueno que había sido con todos, el hermano menor sacó a colación la insólita aparición de la extraña ave en su apartamento de Cartagena.

Todos los hermanos y hermanas dijeron que, ¡oh sorpresa!, la rara ave había visitado a cada uno de ellos la noche anterior: a una de las hermanas se le presentó en el patio, dentro de una especie de guacal, otro de los hermanos lo encontró en el zarzo y, así sucesivamente, uno a uno narraron su propia experiencia ocurrida mientras el hermano mayor moría en la sala de cuidados intensivos de la clínica y cómo, en forma coincidente, la aparición y posterior desaparición del ave habían sido igualmente asombrosas y cómo, todos habían escuchado su lastimero canto en medio de la noche.

Valledupar, 30 de julio del año 2002

El mundo del absurdo y sus tristes consecuencias

Hace tres o cuatro decenios, no recuerdo bien, un periódico de Bogotá publicaba una caricatura llamada «El extraño mundo de Subuso», en la cual el autor retrataba situaciones disparatadas y, por demás, pintorescas; ya Eugenio Ionesco se había hecho mundialmente famoso por combinar, en sus piezas de teatro, lo absurdo con lo grotesco y  Franz Kafka nos había relatado en sus novelas, hechos de violencia surgidos de la injusticia y del absurdo.

Todas estas situaciones de irrealidad narradas por estas personas, hicieron que se volvieran proverbiales, pues ellas no hacían otra cosa que mostrar la tendencia del ser humano de querer mostrarse a los demás, sin medir las consecuencias del ridículo y, sobre todo, su empecinamiento en éste con tal de no reconocer su error.

Los botones de muestra sobran, pues basta con leer la prensa o ver los noticieros de la televisión, para obtener varios de ellos; tal vez, demasiados. Esta columna se ha nutrido, en más de una ocasión, de situaciones realmente absurdas de frecuente ocurrencia en el devenir nacional. Hoy, se presenta una perla digna de figurar en al anuario de los dislates.

La linda Manizales, con sus calles inclinadas y su hermoso Nevado del Ruiz que la embellece en lontananza, no podía escapar a la premisa citada al final del segundo  párrafo de hoy. El hecho sería como para desternillarse de la risa; si no fuera por el desenlace funesto que podrá tener.

Sucedió que, un buen día, un ciudadano recibió una notificación de la Oficina Jurídica de la Secretaría de Tránsito de dicha ciudad, en la cual se le conminaba a pagar una cuantiosa suma, por concepto de multas por infracciones cometidas por él en su vehículo particular, so pena de que le fuera embargada su casa si, en el plazo perentorio fijado por la mencionada oficina, el ciudadano no cumplía con su deber cívico.

Hasta aquí todo aparece normal; el absurdo surge cuando el supuesto infractor va a la oficina demandante y presenta los hechos de la realidad: se trata de un vendedor de lotería que no tiene carro, pues es pobre y además ciego de nacimiento; quien, por tanto, no puede conducir vehículo alguno, si acaso tuviera como comprarlo, pues sus ingresos son modestos.

La injusticia nace cuando la Secretaría de Tránsito se empecina en cobrarle al lotero ciego la multa y los asesores jurídicos del Municipio generan violencia, cuando insisten en la demanda y sus consecuencias.

Lo funesto vendrá cuando se haga efectiva la acción judicial y el pobre hombre pierda su casa y un juez ordene el desalojo. En ese momento, si el ciudadano atropellado tiene como entablar una apelación y sale victorioso, la Nación tendrá que indemnizarlo y el dinero para esto saldrá, por supuesto, del erario; es decir, del bolsillo de todos.

Mientras tanto, los obtusos funcionarios seguirán apoltronados, en el mismo cargo o en otro mejor, succionando de la ubre estatal. En estos casos, en los cuales un individuo prevalido de sus funciones atropella a un ciudadano y la nación incurre en gastos por indemnización, debiera obligarse al funcionario torpe y terco a pagar ésta de su peculio y, así, más de uno lo pensaría dos veces antes de proceder a la ligera con el único afán de mostrar resultados a cualquier precio.

Valledupar, 6 de agosto del año 2002

La parábola de la tercería

El hecho pasó desapercibido para muchos; la prensa, apenas si lo mencionó; los noticieros de la televisión, lo ignoraron; sin embargo, su importancia era de tal magnitud que bien merecía un despliegue mayor, tal como el que utilizan los medios de comunicación, sobre todo la televisión, en tanta noticia trivial y frívola con la cual atiborran sus espacios diarios.

Se trata del caso de impunidad y de alcahuetería más aberrante de los últimos 56 años. El  ex ministro de Comercio Exterior, Morris Harf, durante su paso por el gobierno y desde las altas esferas en las cuales siempre se ha movido, terminó estafando al erario y a otras empresas en varias decenas de miles de millones de pesos.

Y no solamente no fue llamado a juicio, ni siquiera demandado; sino que, además, el gobierno le ofreció un contrato que le permitirá pagar las deudas, acrecentar su patrimonio y continuar con la vida muelle a la que, por herencia, está acostumbrado.

Dicho con las palabras precisas, al Sr. Harf se le premian los fraudes cometidos y se le recompensan los delitos en que incurrió. Si esto no es impunidad y lenocinio, entonces, ¿qué es? De ahí el mote de la columna de hoy, pues la tercería no es otra cosa que alcahuetería o encubrimiento.

Si un ciudadano común y corriente le falta al Estado, éste, como es natural y correcto, lo persigue, lo  acosa y, a veces, hasta lo encarcela. Entonces, ¿por qué cuando los delitos los comete un hampón de cuello blanco, el Estado lo premia?

Mala cosa esto de la corrupción administrativa; pero su secuela, la impunidad, es peor que su mismo origen. Porque mientras que la primera nace de la codicia, la falta de moral y de ética de un ciudadano, la segunda es producto de la tercería del Estado, encarnado en sus funcionarios. Como dijera Cristo: «¿Y si la sal se corrompe?»

Porque, al fin y al cabo, todos debemos cumplir las normas de la ley natural y todos debemos acatar la ley plasmada en los códigos; pero aquellos que han jurado cumplir y hacer cumplir esas leyes, al entrar a hacer parte de la andamiada del Estado, desde el presidente hasta el más humilde funcionario, deben constituirse en ejemplo de pulcritud, honestidad, honradez y moralidad. Como se expresara alguna vez en esta columna, al recordar las palabras del emperador Claudio: «La mujer del César no sólo debe ser honrada; sino parecerlo.»

El Estado debe ser paradigma de legalidad; lo contrario lo estigmatiza como un ente corrupto y mentiroso; pues si, por un lado, martilla a la ciudadanía con campañas sobre la honradez y el cumplimiento de la ley y, por otro lado, comete tropelías y desafueros, ¿quién va a tener confianza en los gobernantes?

Aún no se sabe si ya el Estado colombiano firmó con el Sr. Harf; si no lo ha hecho, el nuevo gobierno tiene una muy buena oportunidad para demostrarle al país que hay posibilidades de enmienda en la clase gobernante; si ratifica con su firma el mencionado contrato se demostraría, una vez más, que en Colombia todo pasa sin que pase nada y, así, seguiremos dando tumbos hasta llegar al desbarajuste final.

Los colombianos pagamos impuestos, como sucede en todos los países civilizados del mundo, no solamente para sostener el Estado; sino para que parte de esos ingresos se traduzcan en infraestructura y seguridad para todos y en salud, educación y vivienda gratis o a bajos costos para los menos favorecidos por la fortuna y no para que unos cuantos codiciosos aumenten su peculio entrando a saco al tesoro nacional o para que el Estado, alegremente, lo distribuya entre sus allegados.

Ya una vez, en esta columna se analizaba como la clase gobernante abusa del pueblo, de un pueblo que ha demostrado hasta la saciedad ser paciente y resignado; pero esa paciencia y esa resignación tienen sus límites y sería una insensatez y una irresponsabilidad de aquella seguir jugando con éste.

Valledupar, 13 de agosto del año 2002

¿Y si la sal se corrompe?

En la antigüedad, cuando la humanidad aún no había descubierto las mezclas refrigerantes y la electricidad era desconocida, la sal era usada como elemento importantísimo en la preservación de los alimentos contra la acción de las bacterias que generan descomposición y putrefacción. Por eso, la sal pasó a ser el símbolo por antonomasia de la conservación de las cosas.

De ahí que Cristo usara la frase que sirve de mote al comentario de hoy, para significar que, si las personas encargadas de preservar algo contra la contaminación se corrompen, lo que se debía salvaguardar correrá la misma suerte; más aún, si alguien es el custodio de la integridad de algo, deberá ser con mayor razón persona íntegra cabalmente, de tal manera que no haya la menor sombra de duda sobre su probidad.

Pues bien, cuando el guardián de la ley se sitúa al margen de esa ley, el desconcierto cunde y la sociedad se conturba. Eso es lo que ha pasado con la Policía Antinarcóticos y el desvío de US $2.000.000 del Plan Colombia. ¿Cómo es posible, dirá Perogrullo, que los encargados de evitar que los hampones se salgan con la suya, terminen ellos mismos desbordando la ley y cometan tropelías que los hagan reos de culpa al poner dudas sobre su honradez?

En los mentideros se comenta que la salida del General Gilibert del Comando de la Policía Nacional, tiene que ver con tantas denuncias que la Institución ha tenido que soportar en los últimos meses. Primero su hombre de confianza, el Coronel Bejarano, acusado de connivencia con la subversión; después su delegado ante el Presidente, el Coronel Chávez, señalado por enriquecimiento ilícito y, ahora, una de sus divisiones marcada por este escándalo. En el mejor de los casos, el General Gilibert debió sentirse culpable por omisión y de ahí el resultado de su salida de la Policía Nacional.

Todavía hay más, su opinión en contrario sobre la posibilidad y la conveniencia de nombrar como su sucesor a un oficial retirado, no fue tenida en cuenta por el Presidente y, justamente, el Gobierno llamó de la Reserva al General Teodoro Campo para que se hiciera cargo de la Dirección de la Institución, a pesar (o será más bien, en razón) de las opiniones adversas del General Gilibert.

Los organismos civiles de vigilancia y control que el Estado posee, deben investigar hasta la saciedad estos hechos y dejar muy en claro cuál es la realidad de las cosas, limpiando el nombre de los inocentes, pero permitiendo que se castigue a los culpables.

Es indispensable un cambio radical en los hábitos de los colombianos: debemos empezar por volver a la antigua escala de valores; se requiere un resurgimiento de las buenas costumbres que permita la generación de líderes honestos y honrados, con conciencia social, que busquen el bienestar común por encima del provecho individual. Es impostergable la necesidad de volver a aunar la ética y la moral; es la única forma de evitar el hundimiento de nuestra querida patria.

No debemos olvidar que la decadencia de los pueblos, empieza siempre por la decadencia moral. Recordemos a Roma, a Bizancio y a tantos otros imperios, que en el pasado estuvieron llenos de gloria y esplendor y hoy no son más que recuerdos o, mejor, espejos en los cuales deben mirarse las sociedades para no cometer los mismos errores.

Valledupar, 20 de agosto del año 2002

La parábola de la soberbia

En una ocasión un individuo, al cambiar de casa, encontró dentro de un armario una caja llena de libros y, al examinarlos, notó que había algunos manuscritos que contenían poemas, cuentos y ensayos y, entre estos últimos, halló uno que le llamó la atención y, por eso, lo comentó a un amigo; quien, a su vez, lo transmitió a otros.

Decía este manuscrito que una vez Dios quiso conocer el nivel de humildad de sus criaturas y, en un cruce de caminos, dejó una corona de laurel, símbolo del éxito y, escondiéndose detrás de unos matorrales, se dedicó a observar que sucedía.

El primero en llegar fue un león, signo de la fuerza, quien dando vueltas alrededor de la corona aspiraba el aroma que despedían sus hojas, pero considerándola muy frágil, se alejó con desprecio. Después vino un águila, emblema de la agilidad y la visión, y ni siquiera le prestó atención al objeto que le pareció raro. La serpiente, alegoría de la astucia y del conocimiento, fue la siguiente en descubrir la existencia de la corona; mordisqueó sus hojas, las que le parecieron amargas y, decepcionada, se adentró en la espesura. A continuación, se presentó el alba, llena de esperanzas y de sueños, quien venía siguiendo el vuelo del águila y se detuvo frente a la corona y la contempló; pero al comprender que la forma estrafalaria de ésta desentonaba con su propia hermosura, reemprendió su vuelo tras del águila. El viento, representando la libertad y la autenticidad, llegó empujando al alba y, al notar la presencia del laurel, sopló sobre él para ver si lograba hacerlo volar; pero, al notar su indiferencia, se burló de aquella criatura incapaz de responder a su llamado.

Mientras tanto, Dios observaba y tomaba nota sobre el comportamiento de cada uno de los ocasionales visitantes de la corona. Estaba en esas, cuando vio acercarse a un hombre, la favorita entre todas sus obras; se trataba de un anciano, símbolo de la experiencia y la sumisión, con la mente bullendo en pensamientos, el corazón rebosante de amor y las manos marcadas por las huellas del trabajo. El anciano alzó la corona, la estudió detenidamente, reflexionó un instante y dedujo que, si se colocaba en sus sienes el símbolo del triunfo, sus amigos no lo reconocerían y, humildemente y con cuidado, la depositó nuevamente en el suelo. Detrás de los matorrales, Dios suspiró complacido.

Al rato acertaron a pasar por allí dos hombres jóvenes; uno de ellos, pavoneándose lleno de orgullo y muy seguro de sí mismo, pues la posición que ocupaba en la sociedad le permitía considerarse amo y señor de todo lo que le rodeaba, traía a su ocasional acompañante atiborrado de las alabanzas que se dirigía a sí mismo, como buscando la sumisión y la veneración del otro; el orgulloso, por ir mirando hacia las alturas, donde siempre fijaba sus metas, no vio la corona y tropezó con ella, yendo a dar de bruces contra el suelo. Dios, frunció  el ceño y esperó. El hombre necio, haciendo elogios de su buena fortuna por hallar un tesoro tan preciado, comentó a su acompañante que, con toda seguridad, el destino había colocado allí ese triunfo para que él lo encontrara y, diciendo esto, se auto coronó y ya nunca más quiso despojarse de la guirnalda.

Desde entonces, se le ve pasear por todas partes, proclamando su inteligencia, su sabiduría y su tino para decir y hacer las cosas, pregonando todo los bienes materiales  que posee y, a la vez, pidiendo sumisión y veneración de todos aquellos que tienen, según él, la fortuna de cruzarse en su camino; pero el resto de las criaturas, al cabo de un rato, se dan cuenta de la impostura del necio y soberbio personaje y riéndose de él se le apartan, pues saben que su éxito es frágil, ofusca, amarga, deforma, aísla y no les permite remontar el vuelo.

Valledupar, 27 de agosto del año 2002

El dilema de los servicios públicos

Según la Real Academia, uno de los significados de la palabra servicio, es el de «organización destinada a satisfacer las necesidades públicas o los intereses colectivos»; más aún, una entidad de servicios públicos no sólo debe cumplir esa misión; sino además debe hacerlo con un sentido social, de tal manera que quien tiene mayor capacidad económica, sufrague a quien tiene menos; por eso se establecieron las categorías por estratos y las tarifas diferenciales.

Dentro de los servicios domiciliarios, agua, luz, gas y teléfono, los tres primeros requieren de un proceso de transformación antes de entregarle el producto final al usuario. Antaño, en Colombia, el agua y la electricidad, eran generadas localmente y, así, cada región se agenciaba la forma de elaborarlas. Todavía los acueductos son municipales y cada ciudad tiene su propia planta de tratamiento para producir agua potable.

Estos servicios corren por cuenta de entidades del Estado, de carácter semioficial. Sin embargo la luz, desde hace casi medio siglo y durante cuarenta años, estuvo en manos de organizaciones de capital mixto; hoy día, es propiedad de la empresa privada; esto ha traído como consecuencia que el precio del servicio se haya encarecido; pues, como se trata de entidades con ánimo de lucro, la rentabilidad –así consideran quienes las manejan– debe ser elevada. Y, en la Costa Atlántica, el servicio encima de ser caro es malo, debido a la precariedad de su prestación, ya que las electrificadoras actuales no son productoras de la energía; sino distribuidoras del producto, el cual le compran a electrificadoras del interior del país; algunas de las cuales, a su vez, la adquieren de productoras del exterior. Es decir que en la Costa pagamos un servicio revendido y, porque tiene que pasar por tantas manos, se encarece y se vuelve inestable; de ahí tantos apagones que debemos de padecer; mas sin embargo, las facturas de cobro no bajan y la puntualidad en su llegada es asombrosa.

Ahora bien, y pasando a otro tópico del asunto, que Electricaribe haga revisiones a las redes domiciliarias, con el fin de detectar fugas, fallas y hasta fraudes, es correcto y está en todo su derecho de hacerlo; pero que pretenda reemplazar implementos, tales como contadores y cableado, sin justa causa, deja de ser razonable para convertirse en un atropello; sobre todo si se piensa que los elementos reemplazados son retirados y embarcados en los vehículos de los contratistas encargados de hacer la revisión y el eventual cambio; para luego, probablemente, ser vendidos a terceros.  Se me dirá que para qué quiere un usuario del servicio esos elementos; pues, en verdad, para nada; pero bien se le podría abonar su valor al costo de los implementos que le acaban de instalar.

Otro factor que encarece el servicio del fluido eléctrico es el constituido por el derrumbe de las torres de enlace. Sobre este tema es mucha la tinta que ha corrido en el país: que si el Ejército debe tener más vigilancia, que si los usuarios debemos pagar la negligencia del Estado, que si esto, que si lo otro.

De todas maneras, el usuario termina pagando los platos rotos y las electrificadoras obtienen pingües ganancias; pues, según datos oficiales, levantar una torre, en el interior del país, cuesta alrededor de $4.500.000.000 y el sobreprecio pagado por los usuarios, más adelante, asciende a casi $10.000.000.000; con la circunstancia agravante de que esta alza, de temporal, pasa a ser perenne.

Pareciera ser que al usuario no le quedara otro camino que el de aceptar los abusos que las empresas prestadoras de estos servicios, sobre todo el de energía eléctrica, les provoque cometer con su clientela cautiva; y si alguien duda de esto, recuerde los atropellos en los que incurrió Electricaribe con los pobladores de algunos municipios del Atlántico; porque de no aceptarlos, le tocaría volver a la época de las cavernas, cuando la humanidad se alumbraba con teas.

Valledupar, 3 de septiembre del año 2002

Las lecciones de la Historia (I)

La Historia no es la mera sucesión de fechas, hechos y personajes; tampoco es la apología de éstos ni, mucho menos, tiene como fin denostar de dichos personajes. Es, en realidad, una fuente de enseñanzas en la cual deben abrevar las nuevas generaciones, si desean evitar los yerros y repetir los aciertos de sus antepasados. Y, aun cuando haya historiógrafos que afirmen que los acontecimientos le suceden a la humanidad en forma cíclica, es verdad que el libre albedrío conduce al hombre a elegir entre un camino u otro y, por eso, al hacerlo repite sucesos buenos o malos del pasado.

Sin embargo, es evidente que nadie quiere caer en el error y busca la forma de evitarlo y, de no lograrlo, al caer en cuenta del mal paso, trata de salir del camino equivocado. El ser humano tiene capacidades, casi inconmensurables, para hacer derivar su vida hacia el camino que considera recto y muchas veces, con fuerza de voluntad, lo logra; otras veces, el imperio de la mayoría lo obliga a aceptar la voluntad de ésta y, de grado o por fuerza, termina acatándola.

No obstante lo anterior, no faltan quienes consideran, casi como un deber, hacer ver a sus contemporáneos los peligros a los cuales podrían enfrentarse de seguir por el camino elegido por dichas mayorías, sin importar el eco que logren despertar en aquellos; al fin y al cabo, su misión no es convencer a los demás; sino más bien hacer de augur de lo que podría suceder; sin embargo, hay tantos individuos obcecados en lo que consideran su verdad que, cuando alguien trata de hacerles ver el error en el que están, no sólo no le creen; sino que se molestan y hasta se enfurecen y es, entonces, cuando reaccionan con violencia y tratan de hacer callar, a como dé lugar, la voz que consideran agorera; cuando, en realidad, no es más que un vaticinio fundado justamente en ese carácter cíclico de la Historia.

En el próximo enero, se cumplen 70 años del advenimiento de Adolfo Hitler al poder de la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial; el país atravesaba una tremenda crisis de diversa índole, pues estaba pagando la onerosa indemnización de guerra impuesta por el Tratado de Versalles, la devaluación del marco era galopante, los partidos políticos estaban atomizados, la carencia de líderes era de espanto y, así, los gobiernos se sucedían con una celeridad pasmosa. Mientras tanto, los dirigentes no hacían más que culparse unos a otros, sin que nadie osara hacerle frente a la situación; hasta que llegó el que, en ese momento, consideró la mayoría era el salvador.

Hitler no se tomó el poder por las armas; ni siquiera asaltó la buena fe de la clase gobernante alemana, ni mucho menos la de los electores; él presentó su nombre ante la opinión pública y ésta, mayoritariamente, lo eligió. El desastre empezó cuando impuso su personal estilo de gobierno: suspendió el pago de la indemnización de guerra, se apropió de las empresas, encarceló a los judíos que poseían la riqueza, se inventó la falacia de la raza superior, conquistó hordas de informantes, le dio cuerpo y fuerza a la policía secreta, incautó la libertad de expresión, suspendió las garantías civiles, aumentó el pie de fuerza, destinó un presupuesto billonario para las fuerzas armadas y, cuando tenía ahorcado al pueblo alemán, le declaró la guerra al mundo.

Muchos habían augurado que esto, y mucho más, ocurriría; la mayoría no les creyó; algunos fueron perseguidos, otros encarcelados y otros asesinados o desaparecidos. Los medios de comunicación, con tal de congraciarse con el gobierno, callaban la realidad; algunos osados, que pretendían decir la verdad, eran amordazados o clausurados. Cuando, doce o trece años después, se derrumbó el régimen, la humanidad supo la verdad: la locura, la egolatría, la paranoia de un ser demente, le había costado al mundo más de veinte millones de muertes y el colapso económico, social y moral de todo un continente.

Valledupar, 10 de septiembre del año 2002

El Decreto 2002

Este es el decreto de conmoción interior, mediante el cual el Gobierno Nacional faculta a la Fuerza Pública, para realizar allanamientos y detenciones, sin que medie una orden judicial y, además, crea zonas especiales donde varios derechos ciudadanos pueden ser conculcados.

Mientras que los miembros del Gobierno, parlamentarios amigos de éste y todas aquellas personas que, de buena fe o por desinformación, confían ciegamente en las acciones del Estado, consideran que ésta es la única forma de atacar a los violentos y acabar con ellos, otros –no por eso enemigos del país– consideran que el remedio podría ser peor que la enfermedad, ya que habría casos en los cuales los militares y los policías podrían cometer desafueros que convertirían al Gobierno actual en un Régimen del Terror; pues los civiles serían los más afectados, ya que dicho decreto, en su tercer considerando, señala que las organizaciones al margen de la Ley se enmascaran dentro de la población civil, que, de esa manera, quedaría entre dos fuegos: los insurgentes y las fuerzas de seguridad. Algunos juristas muy avezados consideran que la medida es anticonstitucional y ya la Corte así lo había interpretado cuando tumbó la Ley de Defensa y Seguridad.

Cuando a propósito de la encrucijada en la que encontraban algunos alcaldes, a quienes la guerrilla les exigía el abandono del cargo, so pena de muerte, mientras los paramilitares los conminaban a quedarse o no respondían por sus vidas y el Ejército, como única solución proponía alcaldes militares, en esta columna se recordaron las atrocidades cometidas durante los años 1978 a 1982, durante la época del Estatuto de Seguridad del presidente Turbay Ayala, cuando tantos y tantos abusos se cometieron, y ni que decir, cuando la dictadura de Rojas Pinilla, épocas ambas plenas de alcaldes militares. Como se decía en la mencionada columna, si la justicia civil ejercida por juristas tiene tantas fallas y comete tantos errores, ¿qué no ocurrirá cuando la ejerce quien no está preparado para ello?

Mientras que los defensores del decreto quieren hacer creer a la Nación que las Fuerzas de Seguridad están compuestas por ángeles, sus enemigos consideran que estos son el demonio.  Ni lo uno ni lo otro; son hombres de carne y hueso, con virtudes y defectos. Pero el futuro del país no puede dejarse al azar. Ni mucho menos lanzarlo a una aventura, solamente para sacar triunfante una política. Es por eso que a muchos nos parece que la red de informantes y cooperantes, puede convertirse en una red de delatores, en donde muchos podrán deshacerse de sus enemigos o de sus estorbos fácil e impunemente.

Valledupar, 17 de septiembre del año 2002

Los despropósitos de las autoridades

En esta columna se decía, hace más de un año, que en Colombia es necesario que pasen las cosas para que las autoridades se decidan a tomar medidas, con el fin de evitar la repetición de las desgracias.

Se hizo necesario que un irresponsable conductor, incinerara a unos niños mongólicos, cuando conducía un vehículo en pésimas condiciones mecánicas, para que las autoridades de tránsito de Bogotá salieran del letargo burocrático y decidieran realizar acciones conducentes a evitar que, en lo sucesivo, el transporte colectivo de menores se haga sin llenar unos requisitos de seguridad que garanticen la integridad de esas indefensas criaturas. Valledupar está en mora de hacer otro tanto; al fin y al cabo, es mejor prevenir que tener que lamentar. De esto también ya se ha hablado aquí.

Fue menester que Juvencio Grueso, un campesino del Cauca, desplazado por la violencia, enloquecido por el hambre y desesperado al ver que su mujer y sus ocho hijos, todos menores de edad, lloraban al no conseguir al menos un mendrugo de pan, después de haber llamado inútilmente en todas las instituciones de beneficencia de Cali, en donde las puertas les fueran cerradas en las narices y, en un momento de insania temporal, amenazara con un cuchillo a los funcionarios de la Red de Solidaridad Social de esa ciudad y los retuviera durante algunas horas, para que, ahí sí, la oficina regional del Bienestar Familiar acogiera a la pobre mujer y a sus ocho hijos y les diera albergue; el mismo albergue que les negara semanas antes. Mientras tanto, el infeliz Juvencio fue capturado por la Policía y a la cárcel fue a dar.

También aquí se había dicho hace algún tiempo, y se ha repetido en otras ocasiones, que la justicia colombiana tiene dos raseros para medir a los infractores de la ley: uno leve, casi inocuo y lento, para tratar a los delincuentes de linaje y otro fuerte, inflexible y muy raudo, para castigar a los de abajo.

Pues ya se dice, por parte de mentes legalistas, embalsamadas por los códigos, que Juvencio puede ser procesado por secuestro y terrorismo y llegar a enfrentar condena de hasta cuarenta años, por la gravedad de estar el país en estado de Conmoción Interior.

Entre tanto, muchos que han desfalcado a la Nación, van orondos por la vida cubiertos por el manto de la impunidad. Y ni que decir de los verdaderos terroristas; no sólo de los que tiran bombas; sino también de aquellos que amedrentan psicológicamente a la población, con falsas o escandalosas noticias.

Si esto hubiera ocurrido en tiempos de Víctor Hugo, el magistral novelista francés, se podría haber dicho que Juan Valjean, el protagonista de «Los Miserables”, quien en la inmortal obra de Hugo fuera perseguido hasta el fin de sus días por un obstinado policía   –por el mero hecho de haberse robado un pan y luego de ser capturado, una y otra vez, lograr escapar– estaba inspirado en el pobre Juvencio Grueso. Con razón dice la gente que la realidad supera a la fantasía.

La Red de Solidaridad Social se queja de que le ha sido anunciado un recorte presupuestal, dentro de las políticas de austeridad del gobierno. ¿No se podría pensar en recortar los gastos suntuarios del mismo gobierno y aumentar, o al menos dejar intactos los recursos de la Red? Por ejemplo, ¿por qué los altos personajes del Estado (presidente, ministros, congresistas, generales, etc.), utilizan vehículos lujosos y no algo más modesto?

Valledupar, 1 de octubre del año 2002

El azar de la vida

No se trata de comentar las desventuras por las que tienen que pasar ¡millones! de colombianos desplazados por la violencia, ni los ¡millones! que lindan los bordes de la miseria, ni los ¡millones! que están desempleados, ni los ¡millones! que apenas si subsisten en el rebusque al que la situación de quiebra del país los ha llevado; ni tampoco de los millones que pagan impuestos, ni de los pocos de miles de compatriotas que, debido a su riqueza, se encuentran cautivos por temor al secuestro o la extorsión. No. Se quiere hacer referencia al azar al que está sujeto el nacimiento de un individuo de la especie humana, en cualquier región del planeta o en cualquier momento de la Historia.

Porque no es voluntad de la mujer, y mucho menos del hombre, el que esa nueva criatura sea concebida o no; pues ni siquiera los anticonceptivos, preservativos o contraceptivos, son totalmente seguros, como para dejar en manos de los posibles progenitores la negación a la procreación; como, de igual manera, no basta el deseo y los intentos de una pareja, para que se logre engendrar una nueva vida. En realidad ésta es una decisión de Dios -del Destino, dirán los no creyentes- quien en últimas determina si habrá concepción o no.

Más aún, entre los millones de espermatozoides depositados por el hombre, solamente uno logrará llegar al final y hará la fecundación; la mayoría morirá en el camino, debido al medio hostil que les significa la región uterina y otros, perderán la carrera. Hay ocasiones en las cuales, dos  óvulos se desprenden, son fecundados por sendos espermatozoides y, entonces nacen gemelos bivitelinos; los cuales se parecerán como se parecen dos hermanos cualesquiera. Otras veces, el óvulo fecundado, se divide en una etapa posterior y se crean dos embriones, que darán nacimiento a los gemelos monovitelinos, quienes tienen el mismo genotipo y serán idénticos en su apariencia física y en muchos aspectos del comportamiento. Porque cada espermatozoide (al igual que cada óvulo) tiene unas características propias que serán las que determinen los rasgos fisonómicos y también los aspectos mentales del futuro ser.

Por eso, yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos, en fin, todo los seres que hemos logrado nacer, somos el resultado de una victoria en esa carrera previa a la concepción, en la cual, millones de posibles hermanos murieron en el medio alcalino de la cavidad uterina materna.

Entonces, surge la pregunta: ¿Un hijo es el resultado de la decisión de sus padres o, por el contrario, es la consecuencia de una determinación divina o un hecho del azar? Siendo verdad lo último, ¿cómo puede una madre, y mucho menos un padre, decirle a su hijo que él es porque ellos así lo determinaron? En sana lógica, jamás. No obstante, hay padres que así se lo dicen a sus hijos. No más, en la televisión hay un mensaje comercial sobre una marca de pañales desechables, en el cual el padre se pone a hablar con su hijo de brazos y, entre otras cosas, le dice que le va a contar porque decidió traerlo al mundo.

Esa es una falacia. Nadie decide qué hijo habrá de nacer. Lo que la pareja puede determinar es la realización del acto sexual, el uso de métodos que prevengan la concepción o la libre decisión de permitirla; pero nunca, podrán decidir cuál de sus hijos nacerá. Ni siquiera le es posible a la pareja determinar si habrá fecundación. Pretender arrogarse esta resolución no es más que un acto de soberbia, altanería o altivez ante el Ser Supremo. Desdichadamente, hoy en día se le oye hablar a muchos padres en este sentido.

Valledupar, 8 de octubre del año 2002

Tapar el sol con un dedo

Roberto Pombo, periodista experimentado y con muchos pergaminos a cuestas, escribe en la última entrega de la revista Cambio que el panorama nacional está pletórico de buenas noticias, cuya energía positiva debe alcanzar a todo el país y, para respaldar su aserto –al cual RCN Televisión le hace eco en un mensaje institucional– cita sendos triunfos alcanzados en el exterior por diversos artistas y deportistas colombianos: Shakira, Vives, Cabas, Aterciopelados, Botero, Montoya, Rentería, etc.

Pues bien, y sin pretender minimizar la altura artística o deportiva de cada uno de estos compatriotas, me pregunto ¿qué le pueden decir estos triunfos a los millones de colombianos que viven en la miseria? Acaso, ¿eso les cambia su porvenir, les mitiga el hambre a sus hijos? ¿Qué pensarán los dos millones de desplazados de la exclusiva boda de Montoya? ¿Y qué los ocho millones de desempleados sobre las multimillonarias ganancias de estos exponentes del espectáculo?

No obstante lo anterior, pensamos que está bien y nos alegra que estos compatriotas triunfen y mejoren, más aún, su nivel de vida; lo malo radica en que se nos ofenda al querer presentarnos la noticia como la panacea de todos los males que agobian al país. Que se pretenda engañarnos diciendo que, sólo por estos hechos, se avecinan buenas épocas para la Patria, como descaradamente lo señala el experimentado periodista Pombo.

De otro lado, la Directora Ejecutiva de la Cámara de Comercio de Medellín, se queja de la mala prensa para su ciudad, cuando los medios de comunicación relatan los últimos acontecimientos bélicos ocurridos en plenas calles de Medellín. Le preocupa, dice ella, el impacto negativo que estas noticias puedan tener en el ánimo de los inversionistas extranjeros, lo cual daría al traste con los diversos proyectos que tiene la ciudad.

¿Qué quiere Doña Lina Vélez, autora de la queja, que se tape el sol con un dedo y se oculte la realidad de la guerra que se libra en Medellín? ¿Pretende, acaso, que se muestre una situación de paz que no existe, que se hable de una falsa tranquilidad?

Como si fuera poco, el Sr. Alcalde de Medellín, Luís Pérez, trata de minimizar los orígenes de la situación que desembocó en dicha guerra, aduciendo que la desigualdad social no tiene nada que ver con este estado de cosas, ya que el cubrimiento de los servicios públicos en la ciudad es del 100%. Como si sólo eso bastara. ¿Y qué hay de la salud, la educación y el empleo? ¿Y qué de los intereses creados hasta el momento por los diversos grupos que han detentado el poder en la zona, durante más de dos decenios, bajo la mirada de las autoridades?

Es hora de que los colombianos despertemos de este letargo y nos demos cuenta de lo necesarios que son algunos cambios trascendentales en la conducción de la cosa pública (al fin y al cabo, eso es la república) y, así, se los hagamos saber a los dirigentes; para que no olviden que un pueblo satisfecho en sus necesidades básicas, es un pueblo pacífico. Las autoridades deben entender que el circo no puede reemplazar eternamente al pan.

Valledupar, 22 de octubre del año 2002

El paraíso perdido

Cada cuatro años, los colombianos somos bombardeados por las promesas de los candidatos a la presidencia. Durante varios meses, cada uno de ellos se esmera por ofrecer el mejor panorama a un electorado que, en su inmensa mayoría, sufre necesidades cuya solución escapa a sus propias manos, por encontrarse encerrado en un círculo vicioso del cual jamás saldrá: sus recursos son bajos por carecer de educación y no se puede educar por no tener recursos.

Entonces, la solución le es presentada por cada candidato, cuyos consejeros de imagen y asesores de prensa se esfuerzan por prepararle el mejor ramillete de ofertas; el cual, adobado por una costosa y muy buena campaña publicitaria, termina por convencer a muchos, inclusive a los más escépticos, por quien deben votar. Esto da como resultado que termina por ser elegido aquel que mejores y más promesas hizo.

Alguna vez se comentó en esta columna como, en Colombia, cada gobernante resulta ser peor que su antecesor, de tal manera que sus malas actitudes nos hacen olvidar las fallas del predecesor. Por eso, los candidatos aprovechan esta situación para ofrecer soluciones a los males que el gobierno agonizante ha causado. Y el electorado vuelve y cree y, guiado por la publicidad de cada aspirante, escoge a aquel que mejor prometa acabar con dichos males.

Infortunadamente, en la mayoría de los casos, esas promesas no pasan de ser eso, promesas.

El candidato ofrece no aumentar los impuestos y, una vez elegido, corre a presentar su correspondiente reforma tributaria con el fin, dice, de sufragar el déficit que dejó su antecesor. El candidato promete paz y, cuando ya es presidente no hace la paz o, peor, hace la guerra. El candidato dice que impulsará la educación y la hará llegar a todos los estratos socioeconómicos del país y, sin embargo, cuando ya está en posibilidad de hacerlo, se limita a unos cambios de forma, mas no de fondo. El candidato hace el ofrecimiento de acabar con la corrupción administrativa y con la impunidad y, en el ejercicio de su cargo, tarde que temprano, sus colaboradores lo hacen quedar mal. El candidato se queja de que la seguridad social sea un privilegio de unos pocos y, por eso, cuando sea presidente, se acabarán las prerrogativas; pero cuando ya ha accedido al poder y, por tanto, puede solucionar la situación, no lo hace y las cosas siguen iguales.

Si alguien duda de las anteriores aseveraciones, permítame presentarle algunas cifras, todas ellas oficiales y, por consiguiente, no alejadas de la realidad; por el contrario, deben ser más agudas.

Entre once y doce millones de colombianos viven en condiciones,  alimenticias y de salubridad, realmente infrahumanas. Peor aún, hay animales que gozan de comodidades, para ellos ignoradas y vedadas. Si la mayoría de las veces, ni siquiera tienen para comer. Son los parias del país, los irredentos del sistema, los compatriotas para quienes el túnel de su vida no tiene salida, los desesperanzados de toda ilusión.

 Para ellos, vivir en esas condiciones es habitar en el infierno y el paraíso es un mito. Hay alrededor de ocho millones de compatriotas que no tienen empleo y si acaso gozan de alguna comodidad, es porque pertenecen a un núcleo familiar en donde algún otro miembro del mismo tiene trabajo y responde por el sostenimiento del hogar. Los mantiene la esperanza de que, ahora sí, el nuevo gobierno les abra las posibilidades de trabajo. Pasado un tiempo, caen en el convencimiento de que otra vez será.

Del resto de adultos que tienen empleo, la mayoría gana el salario mínimo, con el cual apenas si sobrenadan, evitando el ahogo existencial; que sobrevendrá cuando decreten el IVA para el resto de artículos de la canasta familiar y los sueldos, también por decreto, no aumenten. Entonces, ¿dónde está el paraíso soñado y anhelado? Pues, se perdió otra vez y deberemos continuar en la noria de la promesa y la esperanza.

Valledupar, 29 de octubre del año 2002

Patente de corzo

¿Qué se podrá hacer para acabar con la impunidad selectiva que se ha enseñoreado de la justicia colombiana? Y digo selectiva porque, en la inmensa mayoría de los casos, favorece a los delincuentes de linaje. Ya que quienes carecen de medios, tienen que cargar con el peso de sus culpas y, así, responder ante la sociedad por los crímenes que se les imputen, tal como debe de ser.

Pero ocurre que se ha vuelto inveterado que el nivel socioeconómico del malhechor, se constituya en coraza que lo inmunice de toda culpa y, por eso, pueda transgredir el código penal, a sabiendas de que, una vez pase la borrasca de la detención, entrará en una etapa de investigación de la cual, más temprano que tarde, saldrá libre y podrá decir con arrogancia que la justicia ha brillado. Y, entonces, podrá disfrutar   tranquilamente del fruto de su acto doloso y criminal. Más aún, tendrá tiempo para escribir sobre sus experiencias obtenidas en el hotel de cinco estrellas que le dieron por prisión; si acaso el juez, en su infinita sabiduría y su infinita justicia, no le dio la ciudad por cárcel; lo cual equivale a no pagar ninguna condena.

Y, ¿esto qué significa?, se preguntarán algunos. Pues sencillamente, que la impunidad que agobia a Colombia, se ha convertido en una patente de corzo para muchas personas que, amparadas en las influencias que su posición social les da, delinquen de diferentes formas y maneras porque saben que, si acaso los descubren y los logran capturar, ya encontrarán el juez que prevarique por ellos, muchas veces aupado por los jerarcas del Ejecutivo o del Legislativo.

Porque, ah de argucias que se valen, cuando quieren amañar la ley. Que si el hábeas corpus, que si el debido proceso, que si el vencimiento de términos, que si la falta de pruebas, etc. Y cuando nada de lo anterior es posible, se puede recurrir a la incuria y las cosas pasan, sin que pase nada.

Por supuesto que no todos los jueces son venales, ni todos los miembros de las otras dos ramas del Poder son alcahuetes. Ni más faltaba que así fuera. Gracias a Dios, existen aún muchos a quienes la corrupción, producto de la inversión de valores, no ha contaminado; pero, infortunadamente, a estos jueces, por razones obvias, no les dan los casos en los cuales estén involucrados los hampones con influencias.

Este estado de cosas ha llegado a contaminar de tal manera a la juventud actual, que, en más de una ocasión, uno oye comentarios de estudiantes, en el sentido de querer alcanzar posiciones, que les permitan poder saquear el erario a como dé lugar; porque si no, entonces, ¿para qué estudiar y para qué prepararse en la vida, si no es para conseguir dinero, lujos y fama?

Por eso, estos deseos se convierten en modelo de vida, sobre todo si ha habido casos similares en la familia, y esos jóvenes, al alcanzar la edad adulta, harán cualquier cosa con tal de lograrlo. Por eso, vemos tanta depredación humana: campesinos que se ven obligados a dejar sus parcelas (so pena de perder la vida), para que el latifundista codicioso pueda alzarse con ellas.

Ahora que, si esto último llega a ocurrir y, alguna vez, el asesino intelectual es descubierto y, si acaso es apresado, ya se las arreglará para que, gracias a un buen padrino, le  toque un juez amigo y prevaricador. Porque, de que los hay, los hay.

O vemos casos en los cuales, un conductor ebrio, es culpable de la muerte de personas inocentes y, si tiene influencias, no pasará de la detención preventiva y, de ahí, a seguir viviendo como si nada hubiera pasado. Y  si no, revisemos la prensa nacional de los últimos días y encontraremos más de un botón de muestra, y muchas cosas más.

Valledupar, 5 de noviembre del año 2002

Cuentos de fantasmas (III)

En la Cartagena de hace un siglo, vivían en el sector amurallado dos familias emparentadas entre sí: Ramón, Carmela y los hijos de ambos y, a siete cuadras  de ellos, Concepción viuda de un tío de Ramón, y sus hijos: Rosa, viuda también y Juan y la familia de éste. Ramón y Concepción se encontraban muy enfermos.

Una noche, como a eso de las ocho, estaba la familia de Ramón reunida en la sala de su casa, rezando el Rosario y él acostado en su cama, pues no se podía mover con facilidad.

De pronto todos los que estaban en la sala sintieron que alguien, a quien  no  podían  distinguir  en  la  oscuridad,  levantaba la tapa de la tinaja y se servía agua; más aún, todos pudieron percibir el ruido que hacía el agua al ser vertida de un jarro de peltre al vaso de vidrio; inicialmente todos pensaron, y así lo comentaron después, que se trataba de Ramón; quien, al no querer molestar y, haciendo seguramente un gran esfuerzo, se había levantado a tomar agua. Se miraron intrigados y continuaron sus rezos.

Más tarde, Carmela le preguntaría a Ramón por qué no había pedido a uno de los hijos menores que le alcanzara el agua, para así evitarse la molestia y los riesgos, si se pensaba que no había prendido la luz del comedor.

–No sé de qué me hablas, mujer.

Luego todos se fueron a acostar y les desearon buenas noches a  sus padres, sin darle mayor trascendencia al hecho.

Al día siguiente, a tempranas horas, se presentó Rosa, la hija viuda de la también  viuda Concepción, en casa de Ramón y Carmela; ésta estaba, en esos momentos, repasando la ropa de cama antes de guardarla en la cómoda.

–Carmela, ¡mi mamá se va a morir muy pronto! –Fue el saludo que, entre suspiros y lágrimas, le dirigiera Rosa, cuando Carmela le abrió la puerta de la casa.

–¿Por qué dice eso, Rosa?

–Imagínese que anoche, como a las ocho, mi mamá se quedó dormida y yo aproveché para plancharle una  ropa que le había lavado en la mañana. De pronto oí que mi mamá me llamaba. Cuando llegué a su cuarto, la encontré sentada en la cama (ella que lleva más de seis meses paralítica) y, al verme, suspiró hondo y me dijo: –“Hija, estoy muy cansada; acabo de llegar de donde Ramón y Carmela; estaban rezando el Rosario; pensé saludarlos pero me dio pena asustarlos. Llegué a la alcoba de Ramón y lo encontré dormido. Así que pasé al comedor y, como tenía mucha sed, bebí un vaso de agua y me regresé; pero la caminada me ha dejado muy cansada”.  Cuando le toqué la frente, la tenía sudada. –Concluyó Rosa.

Carmela recordó inmediatamente el incidente de la noche anterior y se sobresaltó y estuvo tentada de comentarlo con Rosa; pero lo pensó mejor y se calló. Más bien trató de reconfortarla, recomendándole mucha resignación y confianza en Dios.

Después de tomarse un tinto, Rosa se despidió de Carmela y se fue para su casa. Por la noche, a la hora del Rosario, Carmela les contó a sus hijos lo ocurrido con Rosa en la mañana. Todos se miraron consternados y las mujeres y los más pequeños se santiguaron en silencio.

Estaba la familia finalizando sus rezos, cuando se presentó Juan, el otro hijo de Concepción, muy atribulado a avisarles que su mamá acababa de fallecer.

Valledupar, 11 de noviembre del año 2002

A propósito del voto obligatorio

En el Senado cursa un proyecto en tal sentido; sin embargo es poco lo que la opinión pública sabe al respecto. Toda la información que trasciende el Capitolio es la que cuenta que, de aprobarse el proyecto y convertirse en ley, a partir de los siguientes comicios electorales, todos los colombianos deberemos votar, so pena de incurrir en sanciones.

Mientras tanto, en la prensa nacional hay toda una riada de opiniones en pro o en contra del proyecto; en donde, quienes están de acuerdo con él, señalan sus ventajas y los opositores lo condenan en razón de sus inconvenientes.

Dentro del primer grupo, están quienes dicen que el voto obligatorio disminuiría o acabaría con el clientelismo y la corrupción, sería un mecanismo de pedagogía cívica y, además, aumentaría los índices de representación ciudadana en las diferentes divisiones del poder surgido del sufragio.

Entre tanto, los opositores del voto obligatorio alegan que éste cercena las libertades, incrementa las cargas impositivas del Estado, estimula los comportamientos de evasión de la ley y, también, va en contra de las tradiciones democráticas colombianas.

Sin embargo, nadie ha opinado sobre la posible reglamentación de dicha norma. Porque si, al hacerlo, el legislador deja igual toda la andamiada de componendas que sobre el cociente electoral existe, nada habremos ganado y sí será mucho lo que retrocederemos en materia de elección de nuestros representantes en los cuerpos colegiados y en la cabeza del ejecutivo.

En la actualidad, el voto en blanco, firme opinión de muchos desencantados con los políticos, no es tenido en cuenta para nada. El cociente electoral se calcula sobre la base de los llamados votos válidos; es decir, los que quedan después de restar los anulados, los no diligenciados y los depositados en blanco. Está bien y es correcto, que los anulados y los no diligenciados no se cuenten, porque son señal de ignorancia del proceso electoral.

Pero el voto en blanco, es la única forma que tiene el elector para expresar su inconformidad con la lista de opciones puestas a su consideración y el depositante de este tipo de voto, sabe muy bien –tal vez mejor que muchos de los que eligen una de las otras opciones– lo que está haciendo y,  no tener en cuenta su opinión, es una señal de irrespeto del sistema para con él. Ésta es una de las causas de la abstención.

Pero si se aprueba el voto obligatorio y se reglamenta el cociente electoral, a partir de la inclusión del voto en blanco dentro de los votos válidos, las ventajas que los partidarios de la nueva medida encuentran en ella, cobrarían realidad y sus opositores tendrían que admitir que sus reservas eran infundadas.

Salvo aquellos casos en los cuales, el candidato en trance de elección, quiere tener todas las de ganar y por eso, se escuchan o se leen opiniones en las cuales, el voto obligatorio es calificado como «sentimiento antipolítico», «sofisma de la democracia participativa», «apego a la improvisación», «afán de reformar por reformar», «desprecio de las tradiciones liberales y democráticas», «instrumento de las dictaduras», etc.

No obstante, yo pienso, desde la barrera, que todas estas exclamaciones, no son más que el resultado de sentir pasos de animal grande; de ver que, a algunos, se les puede acabar su feudo electoral; es el temor de perder la clientela cautiva.

Valledupar, 16 de noviembre del año 2002

No es sólo la guerra

Ya fueron presentadas ante el Legislativo por parte del Ejecutivo, a través de los ministros correspondientes -quienes siguen directrices del Presidente- las reformas tributaria, pensional y laboral que habrán de solucionar, según sus ponentes ante las Cámaras, todos los males que aquejan a esta sempiternamente sufrida Colombia.

En realidad, ya han sido estudiadas dichas reformas y el Ejecutivo espera que, antes de terminar el presente año, hayan sido aprobadas y, por tanto, entren a conformar el instrumento que habrá de ser el principio del fin de los agobios que sufre la Patria.

Lamentablemente esto último no es cierto, porque la reforma tributaria significa incremento en los impuestos que habremos de pagar los colombianos. Y no es que sea malo que los paguemos; al fin y al cabo, de ellos vive el Estado, hace inversión que genere progreso para el país y se mantienen las instituciones democráticas. Pero, infortunadamente, esta nueva carga impositiva, principalmente, busca aumentar el presupuesto de guerra, la cual cada vez resulta más onerosa para la nación.

Además, los tributos que pagan los empresarios –entre ellos el bono de guerra–  son transferidos al consumidor, pues ya se sabe que estos son computados dentro de los costos de producción y distribución de bienes y servicios. El impuesto del IVA para gran parte de la canasta familiar, además, aumentará los índices de hambruna que padecen las clases menos favorecidas.

De otro lado, la reforma pensional sólo servirá para ayudar a los fondos de pensiones, algunos de los cuales, debido a malas administraciones y peores proyecciones y ni que decir a tal o cual desfalco, se encuentran en déficit.

Los futuros pensionados verán (si es que logran verlo) cada vez más lejano el día de acceder a esta, por demás justa, recompensa a toda una vida de servicio y muchas veces de sacrificio.

Nuevamente, las Fuerzas Armadas y de Policía, son las consentidas, ya que a ellas no las toca la reforma.

Por último, la reforma laboral espera, so pretexto de disminuir el desempleo, acabar con las horas extras, el recargo nocturno, el subsidio familiar para un crecido número de compatriotas de bajos recursos, incrementar la jornada laboral y un sinfín de golpes al de por sí exiguo presupuesto de la mayoría de los colombianos que todavía gozan del privilegio de tener empleo.

Como si todo lo anterior fuera poco, ya se está estudiando el sofisma del aumento al salario mínimo; se habla de un índice que oscila entre el 5 y el 6%. No obstante, una vez se convierta en decreto, la gasolina, el transporte, los artículos de primera necesidad, las tarifas de servicios públicos, las medicinas y una serie interminable de cosas, tendrán el correspondiente reajuste; el cual, con toda seguridad, sobrepasará el borde del 6%.

Todo lo anterior, a los de la clase alta ¿qué les puede perjudicar? En realidad muy poco o nada. Para ellos todo está asegurado. No les preocupa nada. Su modus vivendi está afianzado tiempos ha. Poseen empresas que les garantizan la estabilidad socioeconómica.

A quienes sin ser empresarios ganan salarios elevados, tampoco les afecta nada de lo anterior. Porque, ¿qué puede afectar un pequeño incremento de sueldo de apenas un 2 ó 3%, a quien devenga 3, 4 ó más millones de pesos mensuales?

Y a los pobres de solemnidad, quienes siempre han estado, no al borde de la miseria, sino inmersos en ella, estas cosas no pueden perjudicarlos más.

Pero, aquellos que ganan entre uno y tres salarios mínimos, sí que irán a sufrir con estas medidas: productos de consumo más caros, servicios públicos fuera de su alcance, útiles escolares por las nubes, arriendos a precios inalcanzables y, así, una lista que sin exageraciones no cabría en el espacio de esta columna.

Señor Presidente, la violencia no es el único mal que aqueja a Colombia.

Valledupar, 23 de noviembre del año 2002

Los dueños del país

Colombia, el país nacional, es decir el 99% de su población, vive en una eterna encrucijada: o se conforma con aquello que el país político, es decir el 1% restante le da, o protesta contra las injusticias y, entonces, se expone a que se le tilde de amargado, de resentido, de subversivo y demás epítetos que ese 1% maneja tan bien.

Y, lo que es peor, se expone a las represalias, no solamente de ese 1% que tiene la sartén por el mango; sino además de aquellos que se lucran al medrar a la sombra de ese 1%.

Sin embargo, hay momentos en los cuales el dolor de patria es tan grande cuando se analiza el comportamiento de los dueños de la nación y lo que, a partir de allí, le habrá de sobrevenir al país nacional, que es imposible callar.

Aclaro que para sentir ese dolor, no es necesario ponerse la mano en el pecho cuando suena el Himno, mientras a todo pulmón se entonan sus estrofas.

 En esta columna se había venido observando una total neutralidad con el nuevo gobierno, a la espera de todos aquellos resultados que se le habían ofrecido a los electores en la pasada campaña para la presidencia. Máxime cuando, en mi fuero interno, dudaba que fuera a ser verdad tanta belleza. No obstante, por respeto y por decencia, callaba.

Pero las actuaciones del ejecutivo y del legislativo, a partir de las malhadadas  reformas tributaria, laboral y pensional, han sido tan crudas y tan crueles para con los trabajadores, que uno no puede permanecer impávido; salvo que, prevalido por una cómoda posición que le asegure el modus vivendi -e impasible ante el dolor ajeno-  resolviera hacer caso omiso de estos hechos.

Ya la semana pasada se hicieron comentarios al respecto y, a riesgo de fatigar a los lectores, pero con el ánimo de no ser indiferente a la situación, hoy se debe volver a tratar el tema.

Y a sabiendas de que una golondrina no hace verano, ni estos planteamientos habrán de subir hasta el trono de los dueños del país, sin embargo, el solo hecho de servir de desahogo a la propia conciencia social, es motivo suficiente para realizarlos.

Además, bastaría con el consenso de uno solo de los escasos lectores que tiene esta columna, para encontrar total satisfacción.

Es innegable que las citadas reformas, solamente benefician a la clase gobernante (ejecutivo, legislativo, empresarios, jerarcas de la milicia, gerentes de empresa, etc.) Los trabajadores medio y raso quedarán, igual o peor de lo que estaban antes. Los desempleados no es verdad que habrán de obtener plaza de trabajador, por el mero hecho de haberle quitado el Gobierno garantías y prestaciones a los empleados formales.

El alza en los tributos no hará más que aumentar el costo de vida y la jubilación se volverá una quimera para las nuevas generaciones. Por supuesto, el 1% ya mencionado de la población, quedará exento de todas estas tribulaciones.

Pero el país político se las ingenia para crear cortinas de humo que distraigan a la opinión pública y, cuando el devenir nacional no las presenta, aquél se encarga de inventarlas. Y si no, recordemos la algarabía cuando la libertad de Rodríguez Orejuela, para acallar la de Marulanda. El derroche de información sobre los eventuales diálogos con los paramilitares, para distraer la atención sobre las funestas reformas ya citadas. Etcétera.

Y ni que decir de lo provechoso que resulta ser, el acaecer del deporte y la farándula, para estos menesteres que significan distraer a la opinión pública. Si hasta ya los noticieros televisuales de las dos grandes cadenas, pertenecientes a dos de los grandes monopolios empresariales, han adjetivado el espacio correspondiente y lo llaman «las buenas noticias del entretenimiento»; también es cierto que, como están las cosas, esas son las únicas buenas noticias que hay para difundir.

Valledupar, 30 de noviembre del año 2002

Cuentos de fantasmas (IV)

–¡Mami, mami!, mi abuelita Esther está enfrente de mi cama y se ríe y me quiere dar unas llaves.

La madre se sorprendió pues la abuelita Esther, su suegra, vivía a más de cien cuadras de distancia y, en ese momento, se encontraba delicada de salud; por eso miró con sorpresa a su pequeño hijo Ramiro, de apenas cuatro años de edad y trató de calmarlo, diciéndole que se tranquilizara, que seguramente había estando soñando con la abuelita; que más bien volviera a la cama e intentara dormir; pero el niño insistía y agregaba:

– No mami; mírala; ahí viene y me muestra las llaves.

Elvira, la madre, pacientemente, al ver que por el pasillo que conducía a las alcobas y hacia el cual señalaba el niño, no había nadie, lo llamó y lo hizo recostarse en su regazo, junto a su hermano menor, Omar, de seis meses de nacido, a quien Elvira sostenía en sus brazos, procurando mantenerlo despierto de acuerdo a las instrucciones del médico, que le había dicho que, después del golpe que el niño recibiera en la cabeza, no era prudente dejarlo dormir.

Elvira a esa hora, once de la noche, se encontraba en el apartamento, sola con sus hijos; pues Gonzalo, su esposo, estaba en casa de la mamá de él, doña Esther, de quien le habían avisado, hacía unas cuatro horas, que se encontraba grave de salud, como consecuencia de una trombosis cerebral que le había sobrevenido de manera sorpresiva mientras conversaba tranquilamente con una de sus hijas.

Hacia las siete de la noche había sonado el teléfono para avisar del accidente cardiovascular de doña Esther, a quien el médico acababa de examinar cuando Gonzalo llegó, media hora después.

El médico ordenó absoluta quietud y la aplicación de oxígeno, advirtiéndoles a los hijos de doña Esther sobre la gravedad del caso y el carácter mortal del mismo, dadas las circunstancias de edad de la paciente. Se le aplicó el oxígeno a doña Esther y sus hijos se sentaron a su alrededor a esperar, con dolor, angustia, paciencia y resignación, el fatal desenlace, el cual sobrevino pasada la media noche.

A primera hora hábil de la mañana, llegaron de la funeraria para llevarse el cadáver, con el fin de prepararlo para la velación.

Cuando fue a diligenciarse el acta de defunción, se necesitó presentar la cédula de ciudadanía de la madre recién fallecida; Victoria, una de las hijas, buscó inútilmente las llaves del armario de doña Esther, pues sabía que ella allí guardaba, entre otras cosas, su documento de identidad. Al no encontrar las llaves, fue necesario forzar la cerradura.

Pasaron los años; cinco exactamente; el tiempo que la ley concede en las regiones de clima frío, para la exhumación de los restos de las personas muertas e inhumadas en cementerios públicos.

Como quiera que doña Esther hubiera pedido que, al morir sus huesos reposaran, después de la exhumación, junto a los de su esposo, sus hijos habían predispuesto todo para poder cumplir su voluntad.

Para eso, compraron un osario en una iglesia católica, cercana a la casa de las hijas supérstites, sacaron los restos del padre fallecido veintiún  años antes y mandaron a hacer una lápida de mármol, en la cual, con las fechas indicadas y una sentida frase, recordaron el periplo vital de sus progenitores. Solicitaron los permisos necesarios y se citaron una mañana sabatina en los predios del cementerio central de Bogotá, para realizar la exhumación de los restos maternos.

Cuando éstos aparecieron ante su  vista, el dolor adormecido con el paso de los años, revivió intensamente. Ver a ese ser querido, el más amado entre todos, convertido en una osamenta horrible, era un duro golpe; tan doloroso como el de la inhumación.

El vestido con el cual doña Esther fuera sepultada, aún se conservaba intacto; sin embargo, cuando los desepultureros lo tomaron para poder desmembrar el esqueleto, aquél se deshizo.

Una vez reunidos los huesos de los padres fallecidos, Gonzalo y sus hermanos se aprestaban a dejar el cementerio, cuando sintieron un tintinear en el sitio donde había estado un rato antes, el que fuera el ataúd de la madre.

Al volver la vista vieron, con asombro, que en el suelo estaban las llaves del armario; aquellas que ella, cinco años atrás, antes de morir, fuera a entregarle a su pequeño nieto Ramiro…

Valledupar, 8 de diciembre del año 2002

Fiscal alcahuete

Lo dicho, en Colombia para quedar exento de culpa por los delitos cometidos, sin importar la condición de inocencia o de culpabilidad, solamente basta pertenecer a la clase gobernante o tener un buen saldo bancario.

Pues, si lo primero, las autoridades pasan por encima de la justicia al encargarse de librar de condena a los delincuentes; si lo segundo, éstos encuentran jueces a quienes sobornar.

O si no, miremos el caso de los tres concejales de Bogotá, Lilia Camelo, Judy Consuelo Pinzón y William Cubides, quienes fueron sorprendidos in fraganti cuando, en cuantía millonaria, extorsionaban a unos vendedores ambulantes, prometiéndoles votar negativamente el artículo del nuevo Código de Policía, que prohíbe las ventas en los semáforos. Las imágenes televisuales fueron elocuentes al respecto.

Sin embargo, dura más un merengue en la puerta de un colegio, que lo que esos señores estuvieron presos; en menos de veinticuatro horas, el propio Fiscal General de la nación, el máximo acusador del país, se encargó de encontrarle caída a su captura y logró su liberación, alegando las tan socorridas faltas al debido proceso.

Lo anterior, significó un enfrentamiento entre el mencionado funcionario y el Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá,  quien se quejó de la actitud poco cortés del Fiscal, quien, dadas las circunstancias de influencias de los detenidos, se apresuró a encontrarle fallas a la labor policial; cuando lo menos que habría podido hacer, era esperar la indagatoria de los conjeturados.

No obstante, la misma Fiscalía General había puesto preso hacía unos meses a Carvajalino, por el mero hecho de ser hermano de un subversivo.

Más adelante, el mismo Fiscal, Camilo Osorio, se muestra alborozado porque en el Congreso se aprobó la reforma al ente que él dirige y, dentro de esa reforma, se dan poderes de policía judicial al Ejército; esta figura facilitará la cacería de brujas en la cual está empeñado el alto gobierno y las propias Fuerzas Militares y de Policía; todos ellos interesados en mostrar resultados que les permitan acrecentar el presupuesto de guerra y, con tal de lograrlo, ven como terrorista a todo aquel que disiente de sus procedimientos.

Los allanamientos, las detenciones sin fórmula de juicio serán el pan de cada día.

Esto es, ni más ni menos, el tan ingratamente recordado Estatuto de Seguridad redivivo. El cual, si no es lo más parecido a una dictadura, entonces, ¿qué lo es?

Por supuesto que todo este recrudecimiento en la turbación del orden público, real o falseado, cae como anillo al dedo para lograr distraer a la opinión nacional, mientras las malhadadas reformas, tributaria, laboral y pensional pasan y, además, es el perfecto anestésico para el referendo, que ningún bienestar habrá de traer al pueblo raso.

Valledupar, 14 de diciembre del año 2002

El Circo Patrio

En mi ya lejana juventud llegó, en una ocasión, a Bogotá un circo ruso de tres pistas, el cual causó sensación en el público, pues el espectáculo tenía una variedad intrínseca que lo hacía más divertido. Sin embargo, algunos espectadores se quejaban por la misma diversidad, que no les permitía apreciar la totalidad de la representación.

Pues bien, en Colombia vivimos en un perenne circo y tan variado, que a veces tiene múltiples pistas; el espectáculo da para satisfacer todos los gustos.

Por supuesto que esta diversión tiene un propósito: distraer a la opinión para alejarle el pensamiento de los males que la agobian; es decir, la antiquísima fórmula ensayada y probada hasta la saciedad por nuestros gobernantes, el circo a cambio de pan.

En días pasados fue presentado un sainete digno de la imaginación de los más grandes autores del género: la Policía Metropolitana de Bogotá y la Fiscalía –¡otra vez!– engarzadas en una disputa que, de no ser tan lamentable la situación del país, daría para mover a risa.

Representantes de una y otra parte se enfrentaron porque todos querían demostrar, que era su propia institución la que debía presentar esposado a un individuo encapuchado, que acababan de capturar sindicado de un delito mayor.

Los de la Fiscalía alegaban tener el derecho de dar la noticia ante las cámaras de televisión, mientras que los de la Policía decían ser los dueños de la primicia. Dicho en otras palabras, la pelea la desató el deseo de protagonismo que se ha desaforado en las autoridades.

Lo que ya se ha dicho en otras ocasiones en esta columna: lo importante es mostrar resultados, decir que se está haciendo, dar la sensación de eficiencia; lo demás, poco importa.

Mientras tanto, la Policía de Córdoba se veía salpicada por el escándalo del robo de una determinada cantidad de droga heroica, que había sido decomisada a los traficantes.

Y en la propia capital del país, un teniente de la misma institución, ex jefe de seguridad del Concejo Distrital, era acusado de dirigir un asalto a tracto mulas, cargadas de mercancía, que ingresaban a Bogotá; cuando aún está vivo en la mente de los colombianos el episodio de los tres concejales acusados de concusión y el intento, afortunadamente fallido, del Fiscal General que pretendía sobreseer el caso. 

Y mientras todo este circo actúa, en las Cámaras los honorables congresistas se dejan presionar del presidente y sus ministros, y aprueban las reformas que habrán de llevarnos al paraíso fiscal, pensional y laboral que nos salvará de todos los males que han agobiado a Colombia tiempos ha, al conseguir que el país nacional pague más impuestos, aporte más para recibir una menor y utópica pensión y reciba menores y más devaluados ingresos.

Para lograr que le aprobaran las reformas, el presidente chantajeó al congreso prometiéndole la suspensión de la revocatoria que pendía como Espada de Damocles sobre el legislativo.

Ahora, su flamante ministro de Trabajo, encargado de Salud (¿o es al revés?), va a chantajear al pueblo, diciéndonos que si votamos afirmativamente el referendo, entonces se estudiarán las reformas a los regímenes especiales de pensión del presidente, los altos magistrados, los congresistas, los generales y demás miembros de la cúpula que conforman la nueva nobleza; porque como van las cosas, a la vuelta de unos años, volveremos a la antigua división de clases: amos y siervos.

Loor al nuevo régimen. Gloria a nuestros gobernantes. Que Dios les permita pasar una Nochebuena en paz, libando al calor de vinos importados, libres del impuesto del IVA, mientras el  hambre se recrudece en los hogares pobres del país.

Valledupar, 24 de diciembre del año 2002

Saludo de Navidad y Año Nuevo

Querido lector: Hace unos días conmemoramos un acontecimiento que dividió en dos nuestra historia: el nacimiento de Jesús; acontecimiento ocurrido, según los historiadores y demás estudiosos de los hechos que han signado el discurrir de la humanidad, hace alrededor de 2.000 años y que, a partir de entonces, nos ha venido enseñando el verdadero significado del amor, cuya fuerza hace mover el mundo a través de las buenas acciones que realicemos; así como también, se nos ha demostrado, como la falta de amor genera violencia, explotación, maltrato, abandono, irrespeto, indolencia y tantas otras formas de depredación humana, que es capaz de albergar en su corazón aquel que no ama a su prójimo.

Por eso, en estas fechas, y como un homenaje al Dios – Hombre,  los seres humanos hacemos una revisión de nuestros actos, con el fin de someterlos a un estricto examen de conciencia que nos permita establecer que tan cerca o que tan lejos estamos del mandamiento divino; porque solamente siguiendo sus enseñanzas podremos sembrar en nuestros corazones las buenas costumbres y, a la vez, desarraigar los malos hábitos.

Como consecuencia de lo anterior, es usual darles parabienes a quienes amamos y a quienes estimamos y desearles los mejores augurios para que todos sus anhelos se satisfagan.

Pero como sería de bueno que también esos deseos se los pudiéramos comunicar a quienes nos han ofendido, a quienes nos han maltratado, a quienes nos han vilipendiado. Qué hermoso sería que pudiéramos perdonar a los causantes de nuestras desgracias, a los artífices de nuestra infelicidad. Si en un momento de supremo amor, todos los colombianos tuviéramos la posibilidad de abrazarnos espiritualmente para  deponer los rencores, derruir el muro de la ambición, el afán de riquezas materiales, la sed de venganza.

Si eso se lograra, si cada uno pusiera el empeño en lograrlo, otra sería la suerte del país. Como por ensalmo desaparecerían el hambre, la miseria, la explotación del necesitado, la codicia del poderoso, la ley del más fuerte, el rencor, la envidia…

Si este deseo se volviera ecuménico, el mundo entero viviría en paz; las naciones poderosas dejarían de ambicionar las riquezas naturales de las pequeñas; cada país respetaría la libre determinación del vecino. Los gobernantes de cada país se preocuparían más por repartir la riqueza, así ésta no fuera mucha, que en aumentar la pobreza de sus gobernados.

Pero como para lograr todo esto se necesita un milagro, solamente podremos, nosotros pobres mortales incapaces de mover montañas, rogar al Todopoderoso para que Él se conmueva de esta humanidad agobiada por el desamor y algún día el sol de la Fe, de la Esperanza y del Amor vuelva a brillar en el corazón de cada uno de nosotros y podamos volver a vivir la paz que muchos desconocen y otros ya olvidamos.

Mientras tanto, permíteme amable lector desearte a ti y a tus seres queridos que los anhelos expresados en Navidad se satisfagan y que en el nuevo año alcances la paz, la tranquilidad y el bienestar por los que has rogado al Dios Supremo; así, para ello, tenga que ocurrir el milagro ya mencionado. Gracias por leerme.

Valledupar, 2 de enero del año 2003

El Amor

Los teólogos definen este sentimiento del alma humana como la delectación que siente, la persona que ama, hacia el objeto de su amor y distinguen tres clases de amor: el amor a Dios, el amor a sí mismo y el amor al prójimo. Los filósofos convienen en esa definición y agregan que el objeto del amor es lo principal; así, en ocasiones, no sienta el amor que provoca; además añaden a la clasificación teológica el amor a la naturaleza.

Sin embargo, debe considerarse que, aunque la definición es correcta, al igual que la clasificación, debería esta última ser más amplia, pues en primer lugar debe hacerse una distinción de ese prójimo, sabiendo que la palabra ‘prójimo’ viene de ‘próximo’, el que está cerca (afectivamente); ya que no es igual el amor que se siente por los padres, que el que inspiran los hermanos, el cónyuge, los hijos y los demás miembros de la familia; como de igual manera, es diferente también el amor que se puede sentir por las amistades. Y ni qué decir, si se llega a aplicar el mandamiento divino de amar a los enemigos, del cual se habló en esta la columna la semana pasada.

Más aún, el amor es un sentimiento que evoluciona a través de la vida; ya que no es igual el amor que se siente en la niñez al que se  tiene en la juventud o el que se experimenta en la edad adulta y, todos los anteriores grados del amor, son diferentes al amor de la senectud. Porque, en tanto el amor que se profesa en la niñez es inocente, el de la juventud es vehemente, el de la edad adulta es prudente y el de la vejez es consciente.

De todas maneras, e independientemente de la clase de amor que se sienta y del nivel de intensidad del mismo, es innegable que el ser humano vive gracias al amor, se perpetúa por el amor y cifras sus esperanzas en el amor. No importa el destino que elija, siempre se encontrará con el amor en cualquiera de sus manifestaciones o, mejor aún, en todas ellas; pues, cuando lo logra, aumenta sus posibilidades de ser feliz.

Así, el hombre ama a Dios, ama a su familia, ama a la mujer de sus sueños, ama a la vida misma y ama a la patria que lo vio nacer. Y a cada uno de estos amores, le ofrenda su propia vida y el acaecer de la misma y, así, con cada uno de sus actos quiere proclamar ese amor; en ocasiones como muestra del regocijo que el amor le produce, otras veces suplicando perdón por haber ofendido al ser amado.

Ahora, tratemos de analizar esas diferentes clases de amor, dentro de la perspectiva occidental y cristiana.

Dios es Uno y Trino, es decir, un solo Dios y tres Personas distintas: Creador, Redentor y Amor; como Creador es el Padre, como Redentor es el Hijo y como Amor es el Espíritu Santo. Por amor, Dios creó el mundo; por amor, nos redimió del pecado y nos dejó Sus enseñanzas y, por amor, nos dejó Su perdón y Su gracia. Todo en Dios es gratuito para el hombre; nada de lo que nos da tiene nuestro mérito; todo es producto de Su amor y  Su bondad. Entonces, ¿cómo no amar a Dios, si Él es la fuente misma del Amor?

Y Dios creó al hombre y a la mujer y los hizo diferentes, para que buscándose en el amor, se unieran y se complementaran y formaran un solo cuerpo y una sola carne y, por amor, dejaran todo y conformaran su propio hogar para procrear y educar a sus hijos con amor y en el amor. Y ese amor que los unió no los deje separarse jamás y, así, ese amor viva con ellos hasta más allá de la muerte.

Porque ese amor que comenzó en la juventud hacia la mujer en quien se presintió sería el ideal de compañera que nos entregaría su vida y nos permitiría entregarle la nuestra, es la mujer con la cual eternizar el amor, con quien será hermoso envejecer, compartiendo todas las emociones de la vida.

La mujer que nos consuele en los momentos de tristeza y nos permita confortarla en su dolor y con la cual compartir los momentos de alegría y de regocijo. En fin, la mujer amada desde siempre y para siempre.

Pero también se debe amar la vida, la propia y la de los demás para, así,  respetarla y procurar conservarla dentro del entorno. Tratar de vivir como si cada día fuera a ser el último de la existencia, para poder vivir en paz con Dios, con la humanidad y con la naturaleza.

Valledupar, 12 de enero del año 2003

¿Qué quiere Bush?

Estados Unidos de Norteamérica es un país poderoso; actualmente, y desde hace más de cien años, la primera potencia económica y política del mundo. Ese lugar lo alcanzaron sus habitantes a fuerza de tesón, disciplina y organización. Pero, en muchas ocasiones, pasando sus gobernantes por encima de naciones rivales u oponentes de turno.

Al fin y al cabo es mucho lo que la CIA ha metido la mano en el devenir de otras naciones, con el fin de conseguir que éstas queden en poder de gobiernos amigos de Washington, que faciliten el comercio más conveniente para Estados Unidos. Comercio que les traiga ventajas económicas, políticas y hasta culturales. Recordemos el caso de Salvador Allende, cuando fue asesinado para ser reemplazado por Augusto Pinochet.

Más aún, hay ocasiones en las cuales aprovechan las circunstancias, que la Historia les depara, para sacar la mejor ganancia del momento. Por ejemplo, cuando la caída de las torres en Nueva York, de inmediato Bush acusó al gobierno talibán de Afganistán, opuesto a sus intereses sobre el petróleo afgano y demás riquezas naturales del país, para lanzar la ofensiva con la cual lograron, tras la muerte de muchos pobladores pobres de esa nación y la devastación de varias de sus ciudades, deponer al gobierno de turno y colocar a los amigos del monarca corrupto depuesto por los talibanes, pero amigo de Estados Unidos.

Logrado lo cual, cesó toda persecución contra Osama Ben Laden, acusado de ser el instigador del ataque a las torres gemelas. Para entonces, Bush había logrado obtener los beneficios esperados.

En estos momentos, cuando Bush tiene puestos los ojos en Irak y Corea del Norte, vale la pena hacer un análisis sobre lo que este señor, belicoso e intemperante como pocos, pretende. En primer lugar, ¿quién le ha concedido a Estados Unidos la condición de ser el policía del mundo? ¿Por qué lo que ese país se permite a sí mismo, se los niega a otros?

Por ejemplo, ellos ya decidieron que son los únicos, junto con el exclusivo club de países amigos, que pueden tener armamento defensivo u ofensivo. Ningún otro país del mundo, salvo los grandes y poderosos, puede poseer armas atómicas. ¿Cuándo se ha visto que la ONU le haga inspecciones a los Siete Grandes, buscando armas atómicas o biológicas? ¡Jamás! Entonces, ¿con qué autoridad, ellos los más armados del planeta, pretenden impedir que otras naciones se armen? Por supuesto que esto es peligroso en tanto significa riesgos para la paz mundial. Pero, ¿por qué es malo que las tengan otros y es bueno que sean ellos quienes las posean?

Por supuesto que toda esta actitud de prepotencia y arrogancia tiene una razón de ser y ésta es evidente.

Desaparecida la Unión Soviética, el otro gran imperio del Siglo XX, Estados Unidos ha quedado solo en el monopolio de la imposición a las demás naciones del mundo; sobre todo a las menos armadas. Ya que existen algunas de Europa y Asia, a las cuales los gringos no se atreven a retar. ¿Por qué Bush no pide a la ONU que inspeccione el arsenal atómico de Japón, China, Francia, Inglaterra, Alemania, Israel y demás naciones, que pueden llegar a ser gallos bravos de pelea para su país?

Lo preocupante radica en que Irán, Libia y otros países musulmanes y asiáticos, pueden aliarse con Irak y Corea del Norte y darle la pelea a Bush y, entonces, vendría el descalabro.

Cuando las guerras en Corea, Laos y Vietnam, el gobierno norteamericano llevó el teatro de la guerra al lugar enemigo; pero, ¿quién garantiza que esta vez suceda lo mismo? ¿Qué tal que los musulmanes y los asiáticos, hastiados de la prepotencia y la arrogancia gringas, resuelvan presentar la pelea en territorio de América? Y no me refiero a la América del presidente Monroe –»América para los americanos… del Norte»– sino a todo el continente.

Las cosas se podrían poner feas para todos estos países que no tienen velas en ese entierro. Claro está que, de alguna manera, nuestros gobernantes con su actitud pasiva y complaciente han contribuido al crecimiento de ese monstruo.

Valledupar, 18 de enero del año 2003

El placer de leer y escribir

En el principio Dios dotó al hombre del uso de la palabra, para que pudiera comunicarse con sus semejantes y dominara la naturaleza. Pero el hombre se llenó de soberbia y creyó que podría ser un dios y, por eso, Él le hizo confundir las lenguas.

Cuando el hombre fue menos soberbio, Dios le permitió descubrir la escritura, para que plasmara sus pensamientos y sus sentimientos y, así, pudiera legarlos a la posteridad.

Pero la escritura y su posterior interpretación eran privilegio de unos pocos; por eso, el  Buen Dios permitió que el hombre, llevado de Su mano, descubriera la imprenta, para  que la divulgación de la palabra escrita, mensajera de la ciencia, las artes y la cultura,  llegara, cada vez más, a más y más seres humanos y no fuera patrimonio de una minoría; sino que a ella pudieran acceder todos aquellos que así lo desearan.

Luego, la tecnología ha avanzado de la mano de la ciencia, porque Dios le ha permitido al ser humano progresar en el descubrimiento de las cosas y, así, la tecnología se ha tornado versátil y le ha permitido al hombre usar herramientas cada vez más eficientes para escribir y guardar sus escritos y también divulgarlos.

Hay ocasiones en las cuales el ser humano necesita exteriorizar sus pensamientos; para eso, como ya se dijo antes, Dios le permitió descubrir, inicialmente, los lenguajes y, posteriormente, la escritura.

Expresar lo que uno siente, no siempre es fácil; a veces, se nos presenta la dificultad de hacer coherente la palabra con la idea; en otras ocasiones, el problema surge cuando queremos manifestar esa idea y el obstáculo aparece al pretender redactar, con frases lógicas, nuestros pensamientos Es allí donde, nuevamente, Dios acude en nuestro socorro y nos ilumina y, entonces, brotan, en algunas oportunidades, raudas y fáciles y, a veces, sin tanta celeridad ni tanta comodidad, las palabras correctas, las frases coherentes, los párrafos inteligibles; es decir, la expresión del pensamiento lógico.

Cuando esto se logra, el ser humano se siente satisfecho y, si lo que ha escrito, es compartido con otras personas y hay consenso alrededor de las ideas expresadas, la satisfacción es mayor; claro está que si esto último, lo del consenso, no se da; sino que, por el contrario, hay controversia, el resultado del ejercicio filosófico es productivo; ya que, a partir de allí, se generarán nuevas ideas, otras formas de pensamiento, diferentes enfoques del mismo tema.

Ahora bien, para escribir cabalmente, es necesario leer mucho a los buenos autores, a los clásicos de nuestro idioma y a los buenos escritores de otras lenguas vertidos a la nuestra. Así, no solamente se enriquece el vocabulario; sino que, además, se pule el estilo personal.

Es indudable que se necesita conocer el idioma si se quiere escribir bien; este  conocimiento se va mejorando con la práctica, tanto de leer como de escribir, además de la búsqueda de sinónimos que permitan quitarle monotonía al escrito en razón de la repetición innecesaria de vocablos.

En conclusión, escribir y leer siempre serán ejercicios que, no sólo habrán de producir satisfacción  al ser humano; sino que, también, de alguna manera, lo harán crecer un poco mentalmente.

Valledupar, 25 de enero del año 2003

Carta a un nieto

Mi querido nieto: recibe un abrazo cariñoso y tierno de tu abuelo que te quiere y desea solamente tu bienestar.

Esta es la primera vez que le escribo a alguno de mis nietos y es precisamente a ti, el mayor de todos, a quien lo hago. Cuánto me hubiera gustado haberlo hecho antes y por razones diferentes. Pero no importa, la ocasión bien lo amerita y, además, lo considero como un deber de mi parte.

En mi última visita observé, con mucho orgullo de abuelo, que has crecido físicamente y madurado mentalmente; pero, todavía –y esa es la parte triste– te falta desarrollo místico; porque la estatura espiritual de un individuo no se aquilata por la cantidad ni la calidad de sus conocimientos; sino que se mide por su pequeñez de alma.

Al fin y al cabo, el mismo Jesucristo nos lo dijo: «Si no os hacéis como niños, no entraréis al reino de los cielos.», para significarnos que debemos de ser humildes y mansos de corazón; tanto que en una de Sus bienaventuranzas así lo expresó.

La altivez y la arrogancia ofenden a Dios, porque ellas son lo más cercano a la soberbia, el peor de los pecados ante Sus divinos ojos. Es probable –ojalá yo esté equivocado– que estas palabras te digan muy poco o no te digan nada; sin embargo, me atrevo a decírtelas porque, a mis años, estoy convencido, no solamente de la existencia de Dios; sino también de que si Él no existiera, la vida de los seres humanos no sería muy diferente de la de los animales irracionales, cuyo único fin para sí mismos es nacer, crecer, multiplicarse y morir. No obstante, nosotros los humanos, que tenemos racionalidad, libre albedrío y un alma inmortal, logramos encontrarle a nuestras vidas una misión más alta y noble, al aceptar la existencia de Dios y de una vida más allá de la muerte.

Pues bien, dentro de este orden de ideas, las personas nos guiamos en nuestras relaciones por una serie de normas, en las cuales tú te estás preparando: el Derecho.

Pero, además, tenemos otras leyes que debemos seguir, si queremos vivir en paz con Dios, con los demás y con nosotros mismos: ellas están compendiadas en el Decálogo, en el cual, si te pones a analizarlo, encontrarás una verdadera sinopsis de buen comportamiento individual.

Dicen quienes han logrado cumplirlo, y con su vida ejemplar así lo han demostrado, que no hay placer más grande en la vida que saberse depositario de una conciencia tranquila; es decir, una conciencia en  paz con el Creador; pues, si nos atenemos a la historia del pueblo hebreo, Él fue el verdadero remitente de dichas normas.

 Una de las cuales dice: “honrarás a tu padre y a tu madre”, lo cual significa que debemos acatarlos, respetarlos y amarlos incondicionalmente; ahí no dice “honrarás a tu padre y a tu madre, siempre y cuando ellos sean buenos contigo, cuando no te regañen ni te llamen la atención, cuando te complazcan en todo lo que les pidas, etc.” No. Allí no hay acondicionamientos de ninguna especie; el padre y la madre deben ser acreedores al amor, al respeto y a la veneración de sus hijos; los cuales ni siquiera deben llegar a cuestionar a sus progenitores.

En estos momentos de tu vida, tú estás pasando por una edad en la cual el ser humano cree que lo tiene todo; al fin y al cabo goza de cierta independencia, es capaz de valerse por sí mismo para muchas cosas, ha alcanzado cierto grado de culturización, ya puede disfrutar de las mieles del amor y aceptar sus sinsabores y, por eso, cree, equivocadamente, que ya es depositario de la verdad absoluta, que todos podrán caer en el error, menos él, que tiene al mundo rendido a sus pies; en fin, se llena uno, a veces sin quererlo y sin esperarlo, de una soberbia rayana en la pedantería y la altanería; y, entonces, muchas veces sin pretenderlo y sin saberlo, dice o hace cosas de las cuales después se arrepiente.

Y eso es bueno. Porque el arrepentimiento nace de la humildad, de la certeza de que hemos obrado mal y, por consiguiente, la contrición nos enaltece. Lo malo ocurre cuando persistimos en nuestra soberbia, en nuestro orgullo; porque podemos caer fácilmente en la egolatría.

Todo lo anterior, mi querido nieto, te lo digo porque, en sana lógica, los hijos vivimos más allá que nuestros padres; es decir, nuestra vida trasciende la de ellos. Entonces, cuando les llega la muerte, cada hijo queda sin la presencia, sin los consejos, sin las caricias de sus queridos viejos y si, cuando vivieron a nuestro lado, no supimos aprovechar ese tesoro, después el remordimiento puede agobiarnos y, al vernos imposibilitados para corregir la situación, el sufrimiento será mayor.

Pero aunque así no lo fuera, ¿no es suficiente el deberles la vida, para que por ese mero hecho los veneremos? ¿No son suficientes sus desvelos en nuestra niñez, sus preocupaciones ante nuestras enfermedades y su solicitud por nuestro bienestar, para que les prodiguemos todo nuestro amor? ¿Acaso su sola mayoría de edad no mueve al respeto?

Coherente con estos pensamientos que te he ido desgranando en esta carta, cuando tuve la dicha de tener vivos a mis viejos, jamás, ¡óyelo bien!, jamás les causé tristeza o dolor y mucho menos recuerdo haberles sido irrespetuoso; tal vez por eso, cuando Dios me los quitó, pude soportar y aceptar el hecho con resignación y, sin ponerme a llorar o a lamentar su muerte, más bien me dediqué a formar en mi corazón un altar en donde pudiera continuar amándolos y respetándolos, como cuando vivían; para, así, poder venerar fielmente su memoria. Y esa veneración ha llegado a convertirse en uno de mis tesoros más preciados.

Cuando hayas asimilado el contenido y el propósito de esta misiva, dales a tu papá y a tu mamá el abrazo y el beso más fuerte y cariñoso que albergues en tu corazón que, aunque ya es el de un adolescente, todavía es capaz de contener la ternura y la inocencia de un niño.

Recibe la bendición y todo el cariño de tu abuelo.

Valledupar, 4 de febrero del año 2003

Cuentos de fantasmas (V)

El cortejo fúnebre lo iniciaba la carroza tirada por dos caballos, uno bayo y el otro negro azabache; el niño de once años lo vio partir con el alma transida de dolor y el corazón destrozado, pues el ataúd llevaba los restos mortales de su padre, fallecido dos días antes.

El niño, a pesar de los ruegos de su hermano mayor, no quiso acompañarlos al sepelio, ya que él no quería dejar sola  a su madre; quien, dadas las costumbres de la época, no podía asistir a la inhumación de su esposo.

Cuando, apoyado en una de las columnas del frontis de su casa paterna, vio partir el cortejo, sintió que el alma se le desgarraba al no poder acompañar a su padre a la última morada.

El saber que ya no nunca más le volvería a ver, que no volvería a escuchar sus consejos, que no volvería a oír sus explicaciones sobre hechos para él extraños, pero que su padre sabiamente le aclaraba, le hizo sentir un nudo en la garganta y los ojos se le anegaron de llanto y quiso salir corriendo detrás del cortejo.

Pero su padre, antes  de morir, al darle la bendición a cada uno de sus hijos, le había pedido a él, su hijo menor, que no desamparara a su joven madre. Y él pensaba ahora que, si se iba con el cortejo fúnebre, quién consolaría a su madre en ese momento tan crucial en su vida…

Al ver que los últimos acompañantes del féretro desaparecían de su vista, dio media vuelta para buscar a su madre en el interior de la casa; la encontró en el salón principal, donde hasta hacía unos minutos, por algo más de veinticuatro horas, había estado, dentro del ataúd, el cuerpo exánime de su padre.

El llanto ahogaba a la madre y, entonces, él pidió a Dios le diera las palabras precisas que le permitieran darle el aliento necesario para consolarla.

Cerró los ojos y oró con fe, con esperanza y con amor. Cuando, al cabo de unos segundos, los abrió, vio que una pequeña e insólita neblina –insólita, pues vivían en una ciudad costera– cubría el sillón donde su madre estaba sentada y, a su lado, vio la figura de su padre que, arrodillado, la tomaba de las manos  y le hablaba, confortándola.

Pensó en una alucinación y volvió a cerrar los ojos; al abrirlos nuevamente, todo era normal, sólo que su madre ya no lloraba y, por el contrario, sonreía plácidamente. Al ver la cara de sorpresa de su hijo, le explicó que su padre le acababa de hablar y le había dicho que no llorara su ausencia, ya que él no la abandonaría y que, cada vez que necesitara de consuelo, lo llamara y él vendría a darle alientos para soportar la soledad y la tristeza.

Pasaron los días y el hermano mayor, perteneciente a la Marina Mercante, volvió al trabajo; él era el contador pagador del barco en el cual estaba destinado. Llegó el día de pagarle a la tripulación y, habiendo hecho efectivo el cheque de la nómina, pagó a la oficialidad y, cuando quiso mandar formar al resto del personal para que, en orden de graduación, desfilaran por su oficina a recibir el sobre de pago, vio que la jornada laboral ya concluía.

Por eso y ya que en el barco no había caja fuerte, decidió, como otras veces lo había hecho con el permiso de su comandante, meter el dinero del pago dentro de un maletín  y llevarlo a su casa  para guardarlo allí.

Cuando llegó, le entregó el maletín a su madre; quien, tal como había visto que su esposo lo hacía, levantó el colchón de su cama y encima de la estera desplegó los fajos de billetes; encima colocó nuevamente el colchón y tendió la cama.

Por la noche, al acostarse, la madre pidió a Dios para que protegiera su hogar de todo mal. Se acordó luego del dinero que guardaba debajo del colchón y le rogó a su esposo fallecido para que le ayudara a cuidar ese dinero ajeno. El sueño la venció al terminar de rezar sus oraciones nocturnas.

Más tarde, ella no supo precisar cuánto tiempo después de haber conciliado el sueño, se despertó al sentir que una brisa fuerte movía las cortinas de la ventana de su alcoba y agitaba el velo del toldillo que, en precaución contra los zancudos, cubría su lecho.

Abrió los ojos y vio que una luz inundaba la alcoba. A excepción de ella, nadie más estaba allí; sin embargo, sintió el peso del cuerpo de una persona que se sentaba en el borde de la cama; a continuación, oyó un gemido y unas palabras, en las cuales reconoció la voz de su recién fallecido esposo.

Cerró los ojos atemorizada y sintió como su esposo se acostaba a su lado y la abrazaba y,  de inmediato, le hablaba:

–No temas, le dijo; estoy aquí para ayudarte a cuidar ese dinero ajeno, por el cual responde nuestro hijo mayor.

Ella quiso contestar, pero no pudo; el sentirlo a su lado y no atreverse a tocarlo y mirarlo y poder hablarle, la angustiaba. Entonces, le pidió a Dios por el descanso del alma de su amado esposo y que Él le permitiera verlo, tocarlo, hablarle. La desazón la venció y perdió el conocimiento.

A la mañana siguiente, apenas empezaba a clarear el nuevo día, se despertó y, al recordar la visión de la noche anterior, lo primero que hizo fue soliviar el colchón para asegurarse de que el dinero estaba allí; hecho esto, lo guardó en el maletín y salió a buscar a su hijo mayor para entregárselo; éste que ya estaba listo para salir hacia el barco, le preguntó a su madre el porqué de esa cara de angustia.

–No hagas penar más al alma de tu padre, le respondió ella; anoche, él vino a ayudarme a cuidar ese dinero.

Y, a continuación, le narró la visión que había tenido. No queriendo tentar nunca más al destino, a partir de entonces el joven oficial realizó los pagos del personal del barco a temprana hora.

Valledupar, 11 de febrero del año 2003

La fiebre en las sábanas

Cuando una noticia, por importante que sea, es repetida hasta la saciedad, pasa justamente eso: la opinión pública, para quien se supone va dirigida, se sacia, se satura o, peor aún, se siente hastiada. Pero si la noticia es macabra, esa saciedad, esa saturación, pueden producir indigestión mental.

Un noticiero de televisión no puede abusar de su audiencia, repitiendo en  sus cuatro emisiones durante varios días, la misma noticia y, lo que es peor, adornándola con los más macabros ribetes del sensacionalismo, so pretexto de aumentar su nivel de sintonía o buscar adhesiones inocuas.

Eso pasó con la explosión ocurrida en el Club El Nogal. Los noticieros de las dos grandes cadenas de televisión, durante dos semanas, estuvieron repitiendo las escenas donde mostraban los cadáveres, los heridos en las clínicas, el llanto de los deudos, la condena del hecho por parte de las autoridades, etc.

Los funerales del ministro muerto en el accidente de aviación, también sirvieron de pretexto a las mencionadas cadenas televisivas para saciar hasta el extremo a la audiencia.

La explosión de una casa en Neiva, donde murieron diecisiete personas, les puso en bandeja la ocasión de volver a deleitarse con la muerte.

Por favor, el deceso de un individuo, no importa quien haya sido, ni lo que haya hecho o haya dejado de hacer en vida, puede ser motivo del sensacionalismo periodístico; la mesura, la sensatez, la cordura, nos indican que no podemos regodearnos con la muerte; la cual, en ningún momento se puede convertir en un espectáculo.

Por otro lado y todavía peor, la actitud de los políticos, los generales, los ministros, el presidente y demás miembros de la clase gobernante y tal cual emergente que desea posar de clase alta (cuando repiten, una y otra vez, la misma cantinela), al condenar las acciones terroristas, y piden al pueblo cerrar filas a su alrededor, terminan por hastiar y, sin saberlo, consiguen el efecto contrario. ¿Qué puede hacer el colombiano común y corriente al respecto?

Nada. La acción la debe emprender el gobierno, a través de sus fuerzas armadas y de seguridad. Vayan al monte, busquen a los subversivos, háganle frente y derrótenlos. Protejan a los ciudadanos –sin importar su credo, raza, color político, nivel académico, estrato social y económico–, contra las acciones criminales de los terroristas, sean guerrilleros, paramilitares o delincuentes comunes, nacionales o extranjeros.

Solamente así, encontrarán la aprobación del país. Porque, ¿qué ganamos con que todos condenemos esos actos, de por sí censurables hasta la saciedad, si el Estado no hace nada para evitar su ocurrencia o, lo que es peor, su repetición? ¿Qué gana el general Mora con tildar a cada rato de bandidos a los guerrilleros? ¿Con eso consigue derrotarlos?

No. La fiebre no está en las sábanas; por tanto, para combatirla, hay que buscar su causa, que casi siempre es una infección, y aplicar el antibiótico adecuado y, sólo así, se logra curar al enfermo.

Más aún, la subversión no necesita campañas de descrédito; ella sola con sus acciones ha conseguido que muchos, que antes la miraban con simpatía en razón del desgobierno reinante en Colombia, hoy la reprueben. Entonces, ¿para qué seguir atosigando al público con estas campañas? Mejor, señores del gobierno, dedíquense a combatirlos y derrótenlos o siéntense a conversar con ellos.

Pero traigan la paz a este país en donde, como se dijo alguna vez en esta columna, muchos desconocen esa paz y otros la hemos olvidado.

O será –ojalá me equivoque– ¿que ésta es la mejor herramienta de distracción jamás inventada por Estado alguno, para sacar adelante el referendo y hacernos olvidar la situación económica que vivimos?

Valledupar, 15 de febrero del año 2003

Los intereses creados

Así intituló Don Jacinto Benavente su célebre drama satírico, en el cual contrapone los personajes de su obra frente al deseo y la codicia y muestra cómo, éstos salen triunfantes, cuando cada cual logra conducir los hechos de acuerdo a sus ambiciones personales. Pues bien, en esta guerra que vive Colombia, también existen intereses creados que impiden que -aun cuando la mayoría deseé la paz- ésta llegue, mientras los intereses personales de unos cuantos primen sobre los deseos de concordia de los demás.

Y esos para quienes la paz es un mal negocio, son aquellos que se están lucrando con la guerra. Son quienes, por un lado, pueden disfrazar sus acciones ilegales con el escudo de la guerra; por otro lado, quienes trafican con las armas y, también, quienes manejan los presupuestos de la guerra.

Para ninguno de ellos, es deseable la paz y, si se observa con detenimiento, ninguno de esos individuos está expuesto a los avatares y peligros de la guerra. Algunos están escondidos en el monte, otros se encuentran más allá de nuestras fronteras y el resto, apoltronado en muelles sillones de lujosas oficinas de la capital del país y de otras capitales intermedias.

Mientras tanto, el país nacional, que no ha buscado ni ha propiciado la guerra, paga extorsiones y rescates por los secuestros, sufre una carga impositiva que va a engrosar el presupuesto de la guerra -el próximo año serán casi once billones de pesos- y termina poniendo las víctimas de los atentados terroristas y de las balas cruzadas entre los actores del conflicto. Y la guerra sigue, así se incremente su arsenal, así se intensifiquen las acciones para combatir al enemigo; porque, en definitiva, jamás habrá proceso de paz, jamás habrá acuerdo humanitario: los intereses creados por quienes se están beneficiando con la guerra, jamás lo permitirán.

Y la paradoja consiste en que solamente a través del diálogo, la negociación y la devolución de los secuestrados por medio del acuerdo humanitario, podremos alcanzar la paz. Esta guerra nunca se terminará a través de las balas. Por el contrario, cada muerte, traerá más muertes.

Sin embargo, el gobierno le hace el juego a los violentos; pues éstos no son solamente los enemigos del sistema; también son violentos todos aquellos que, con sus declaraciones fuera de tono, atizan la hoguera de la guerra: ministros, generales, fiscales, etc. En ningún momento se les oye alguna frase invitando a la concordia; por el contrario, siempre sus declaraciones para los medios de comunicación son virulentas. Y cuando alguien se atreve a disentir de sus perspectivas, es tildado de violento.

Nada más, en los medios del Gobierno circula un borrador de reforma al artículo 347 del Código Penal, que pretende castigar con prisión de entre 8 y 12 años, la divulgación de noticias que puedan entorpecer la labor de las operaciones militares o de policía, la comisión de actos que pongan en peligro la vida de militares, la ejecución de cualquier hecho contra el orden público y la salud moral pública (¿qué cosa será esto?) o mejore la imagen del enemigo.

El mencionado borrador también contiene otra serie de considerandos que, de hacerse realidad, nos podrían llevar fácilmente a una dictadura civil, a través de la imposición de un estatuto antiterrorista. Borrador que, lamentablemente, puede cristalizarse, pues la Sra. Ministra de Defensa, en rueda de prensa a propósito del tema, dijo: «Tenemos hasta ahora este anteproyecto que todavía tiene que ser objeto de discusiones adicionales, para presentarlo nosotros en la próxima legislatura.»

Allí lo preocupante lo constituye la gama de posibles interpretaciones que, de la «salud moral pública», puedan hacer los funcionarios de turno: ésta podría ser una brecha por la cual se podrían colar todas aquellas personas que detenten algún tipo de poder y además tengan un afán incontrolable de ejercerlo; pues, por lo ambiguo del concepto, se puede prestar para disímiles interpretaciones que pueden ir, desde castigar a los verdaderos terroristas, hasta penalizar a quien simplemente discrepe del sistema y se atreva a criticar los errores de la autoridad y, al final, podría terminar por convertirse en una mordaza para la prensa.

Valledupar, 22 de febrero del año 2003

Qué hacer para vivir mejor (Primera parte)

Relato encontrado en los manuscritos que una vez ya se habían mencionado en esta columna. Dedica cinco minutos a su lectura. ¡Es una narración muy bonita!

Antes de empezar a leer, recuerda que es algo serio. Solamente las personas que tienen un alma  noble  podrán realmente apreciarla. Cuando te sientas verdaderamente seguro de ti mismo, empieza a leer. Léelo  como si fuera un cuento:

“Me encontraba en casa de un amigo mío, quien se hallaba agobiado por la pena. En un momento dado, me pidió que, por favor, lo acompañara a su alcoba. Mi amigo abrió el  cajón de la mesita de noche de su mujer y sacó un pequeño paquete envuelto en un papel blanco.

– Éste, me dijo él, no es un simple paquete, es ropa interior.

Abrió el paquete, tiró  el papel y observó la preciosa seda del conjunto y añadió:

– Lo compró mi mujer la  primera vez cuando fuimos a Bogotá, hace unos diez años. Nunca lo usó. Lo guardaba para una ocasión especial. Pues bien, creo que ésta es esa ocasión.

Se acercó a la cama y colocó el conjunto al lado de la ropa con que habrían de llevarla a la funeraria. Su mujer acababa de morir. Se giró hacia mí y me dijo:

– Nunca guardes nada para una ocasión especial; cada día que vives es una ocasión particular. Además, tal como le sucedió a ella, se te puede pasar el tiempo aguardando ese momento singular.

Han pasado los años y todavía pienso de qué manera me han cambiado la vida este hecho y las palabras de mi amigo. Tal vez, por eso, ahora leo más, dedico más tiempo a escuchar música, me siento en la terraza y admiro el panorama, veo pasar la gente y me preocupo menos por las cosas que antes me parecían trascendentales.

Paso más tiempo con mi familia y mis amigos. Nunca más he vuelto a llevar trabajo para la casa; las horas de descanso se han convertido para mí, en algo que le debo a mi familia.

He entendido que la vida es un conjunto de experiencias para gozar, no para sobrevivir.

No guardo nada. Uso las cosas en la medida en que las necesito. Ya no guardo mi mejor colonia para  fiestas  especiales ni mi mejor camisa para alguna ocasión singular; las  uso cada vez que quiero.

Frases tales como  “Cualquier día…” y “Uno de estos días…”, han desaparecido de mi vocabulario.

No sé lo que habría hecho la mujer de mi amigo, si hubiese sabido que ya no estaría allí esa mañana. Creo que habría llamado a sus familiares y a sus amigos más íntimos. A  lo  mejor habría llamado a viejos amigos para disculparse por viejas peleas. De pronto, habría ido a un buen restaurante o habría optado por visitar a sus amistades o leer un buen libro o ir al cine o cualquier otra de las cosas que tanto le agradaban.

Son estos pequeños actos dejados de realizar, los que me molestarían si supiera  que tengo contadas las horas de mi vida. Me sentiría molesto, porque dejaría de ver a los amigos que debería haber visto, “uno de estos días”. Molesto, por no haber escrito esas cartas que quería  escribir, “algún día”. Molesto y triste, porque no le dije a mi esposa, a mis hijos y a mis hermanos cuánto los quería.

Por eso, ahora intento no guardar nada que pueda añadir risa y alegría a nuestras vidas.

Cada día, me digo a mí mismo que éste es un día especial. En realidad, cada día, cada hora, cada minuto son especiales. Por eso, desde entonces, trato de vivir cada momento, como si fuera a ser el último de mi vida.”

Valledupar, 2 de marzo del año 2003

Qué hacer para vivir mejor (Segunda parte)

Continuemos desgranando los consejos sacados del relato encontrado en los manuscritos que ya una vez se habían mencionado en esta columna. Amigo lector, espero que los disfrutes y te ayuden a sacar conclusiones, que te permitan deleitarte mejor con ese don que Dios nos ha dado al regalarnos la existencia.

Disfruta la vida y dale a la gente lo que espera de ti, pero hazlo con agrado. Aprende de memoria tu poesía favorita y recítala cada vez que estés solo. Canta canciones de amor, así no sepas hacerlo bien; eso te alegrará el espíritu.

No creas todo lo que oyes, pero pon atención a todo el mundo. No gastes todo lo que poseas. Duerme menos de lo que te gustaría.

Cuando le digas a alguien «te amo», dilo en serio. Cuando digas “lo siento», mira a la otra persona a los ojos.

No te cases tan pronto te sientas enamorado; antes de hacerlo, espera a estar seguro del amor. Si crees en los flechazos, no te rías nunca de los sueños de los demás. Ama profunda y apasionadamente. Puedes  salir  herido,  pero  es  la única forma de vivir la vida a plenitud.

En muchas ocasiones de la vida tendrás diferencias con los demás, pero sigue siendo leal. Habla despacio y piensa rápido. Si te hacen una pregunta que no quieres contestar, sonríe a tu interlocutor y pregúntale por qué quiere saberlo.

Recuerda que el amor, cuanto más grande, como todos los grandes éxitos, conlleva los riesgos mayores.

Ama a tu padre y a tu madre, respétalos y nunca hagas o digas algo que pueda ofenderlos o llevarlos a avergonzarse de ti.

Cuando pierdas, aprende y no olvides el respeto a ti mismo, el respeto a los demás y la responsabilidad por tus actos.

No permitas que un pequeño problema, estropee  una gran amistad.

Cuando te des cuenta de haber cometido un error, corrígelo de inmediato y pídele perdón a los damnificados.

Sonríe cuando contestes al teléfono; quien te llama lo notará en tu voz.

Cásate con una persona con la que te guste conversar.

Pasa algún tiempo solo, abre los brazos a los cambios, pero no pierdas nunca tus valores. Recuerda que a veces el silencio es la mejor respuesta.

Lee más libros buenos y mira menos televisión. Conversa con tu familia. Vive una vida buena y honrada. Confía en Dios, pero cierra bien tu casa al salir.

Un ambiente de amor en casa es importante; por eso, haz todo lo que puedas, para crear ese ambiente tranquilo y armonioso.

Comparte tus conocimientos. Es una forma de ser inmortal.

Sé  crítico  con las acciones de los demás, pero no olvides incluir las tuyas.

Cuida la naturaleza.

No interrumpas a alguien que te demuestra cariño. Preocúpate de tus asuntos.

No confíes en quien no cierra los ojos al besarte.

Si ganas algún dinero, ayuda a los que lo necesitan, mientras estés vivo. Esta es la mayor riqueza que el dinero te podrá ofrecer.

Recuerda que no obtener lo que quieres, a veces, es ganancia.

No olvides que  la  mejor relación de amor se da, cuando el amor es más grande que  la necesidad que tiene el uno del otro.

No digas todo lo que piensas, pero piensa lo que has de decir. Aprecia las cosas, no por su valor; sino por lo que significan. Duerme poco y sueña más.

Viste sencillamente; la ostentación es propia de las mentes pobres.

Pon tus rencores sobre el hielo y abre las ventanas para que entre el sol. El rencor hace más daño a quien lo guarda que a quien va dirigido.

Lo importante no es la altura de la montaña; sino el tesón que pongas para subirla. Cuando mires a alguien hacia abajo, que sea sólo para ayudarlo a levantarse.

Nunca salgas de tu casa malhumorado, pues no sabes si habrás de regresar o habrás de encontrar vivos a quienes dejaste. No olvides decir “gracias”, “lo siento”, “por favor”, “perdóname”, cada vez que sea necesario decirlo. Dile a los tuyos que los amas; no importa que ya lo sepan.

Juzga tu éxito en relación con lo que  tendrías  que renunciar para alcanzarlo.

Aprende a aceptar el paso de los años y vive de acuerdo a tu edad. Cuando seas viejo y recuerdes el pasado, podrás gozar de ello una segunda vez.

Valledupar, 8 de marzo del año 2003

Oración por la Paz

¡Señor!, Tú que viniste a enseñarnos el verdadero significado del amor, cuya fuerza hace mover el mundo a través de las buenas acciones que realicemos. Así como también, con Tus parábolas, demostraste cómo la falta de amor genera violencia, explotación, maltrato, abandono, irrespeto, indolencia y tantas otras formas de depredación humana, que es capaz de albergar en su corazón aquel que no ama a su prójimo.

¡Señor!, hoy, cuando el mundo se debate en medio de tantas amenazas de guerra, cuando los países poderosos conminan a los débiles con la fuerza de las armas, para que les entreguen sus riquezas naturales, so pena de ser avasallados por aquellos.

¡Señor!, hoy, cuando nuestra querida patria se encuentra sumida como nunca en la amargura, cuando la desolación y el dolor asuelan a muchos hogares colombianos, cuando tantas familias han quedado deshechas por la adversidad de la guerra, cuando la injusticia social carcome las estructuras de nuestra sociedad, cuando la corrupción administrativa arrasa con las posibilidades de desarrollo de las regiones más pobres del país, cuando la impunidad permite que la corrupción crezca y se mantenga, cuando la extorsión, el secuestro, el terrorismo, las masacres, las desapariciones forzosas y tantas otras formas de barbarie destruyen nuestro país, venimos a implorarte que, por Tu infinita misericordia y Tu infinito amor, escuches favorablemente nuestra súplicas, mediante las cuales Te pedimos que toques los corazones de los violentos, de los corruptos, de los venales, en fin, de todos aquellos que han hecho del delito una forma de vida y de la muerte una fuente de lucro personal o un desahogo a su rencor, para que desistan de sus propósitos y, como Saulo en el camino de Damasco, escuchen Tu voz y corrijan el equivocado sendero de sus vidas y puedan buscar y encontrar el camino de la remisión, para que Colombia conozca, por fin, la paz en todas sus manifestaciones colectivas (política, social y económica) y también en sus expresiones personales y, cuando esto ocurra, Tú absuelvas a los causantes de la violencia, de la muerte y del derrumbe del país y permitas que sus víctimas, a imagen Tuya, también les perdonen, al acordarse y poner en práctica Tus palabras al Padre: “…perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden…”.

Qué hermoso sería que pudiéramos perdonar a los causantes de nuestras desgracias, a los artífices de nuestra infelicidad. Si en un momento de supremo amor, todos los colombianos tuviéramos la posibilidad de abrazarnos espiritualmente para deponer los rencores, derruir el muro de la ambición, el afán de riquezas materiales, la sed de venganza.

Si eso se lograra, si cada uno pusiera el empeño en lograrlo, otra sería la suerte del país. Como por ensalmo desaparecerían el hambre, la miseria, la explotación del necesitado, la codicia del poderoso, la ley del más fuerte, el rencor, la envidia.

Si este deseo fuera universal, el mundo entero viviría en paz; las naciones poderosas dejarían de ambicionar las posesiones de las pequeñas; cada país respetaría la libre determinación de los demás. Los gobernantes de cada nación se preocuparían más por acabar con el hambre, la miseria y la injusticia social, que en aumentar la pobreza de sus gobernados.

¡Señor!, haz que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, puedan disfrutar de una paz que la mayoría de ellos desconoce y nosotros hemos olvidado; que los colombianos dejemos de mirarnos como enemigos y, más bien, nos miremos como hermanos y, hombro a hombro, reconstruyamos la Patria.

Pero sólo Tú, Señor, puedes lograrlo. Si Tú quieres, así será; mas sin embargo, que no se haga nuestra voluntad; sino la Tuya. Amén.

Valledupar, 15 de marzo del año 2003

Las Guerras de Agresión

El título de este ensayo es casi pleonástico, ya que la mayoría de las guerras se inician por una agresión del país atacante -siempre poderoso- hacia una nación generalmente inferior en condiciones bélicas. Así ha ocurrido a través de la Historia. El agresor esgrime argumentos que le hacen aparecer como víctima ante la opinión mundial o como el salvador del pueblo de la nación agredida.

Hitler invadió a Polonia en septiembre de 1939, diciendo que quería redimir a los arios que habitaban en esa bárbara nación. Stalin atacó a Hungría en 1953, para salvarla del capitalismo. Bush arrasó a Afganistán el año pasado so pretexto de acabar con Osama Ben Laden, autor, según Bush, del desastre de las torres gemelas.

Ahora Bush –¡nuevamente!– decide asolar a Irak con el sacrosanto objetivo de liberar al pueblo iraquí de la opresión de Saddam Hussein.

La verdad es otra. El agresor quiere apropiarse de algo que tiene el agredido, el cual es la verdadera víctima y lo triste viene cuando la nación atacada es subyugada por el atacante, en forma directa o por interpuestas personas.

Así ha sido siempre. ¿Qué quiere Bush en Irak? Un gobierno títere que le facilite el acceso al petróleo del Golfo Pérsico. Como quiera que Hussein no lo haya permitido, se ha convertido en un estorbo para los intereses de Bush. Porque de ser cierto el papel de redentor de Bush, deberían de temblar todos los gobiernos de facto del mundo.

Sin embargo, como la verdad es otra, quienes deben de sentir temor a partir de hoy, cuando la ONU se ha convertido en un rey de burlas, son todos los países que tengan algo que los poderosos ambicionen; pues ayer fue Afganistán, hoy es Irak, mañana serán otros países asiáticos que poseen petróleo, luego los africanos ricos en yacimientos minerales y después los latinoamericanos dueños de la biodiversidad.

Y como el mal ejemplo cunde, los Siete Grandes, de permanecer unidos, terminarían apoderándose del mundo y la ONU, tras su entierro de tercera, ya no podrá hacer nada.

Y cuando la ambición de los Siete Grandes se exacerbe, se atacarán entre sí; trayendo como consecuencia la hecatombe atómica.

Claro que para entonces, eso podría significar la liberación de los oprimidos, si acaso existimos todavía.

Valledupar, 20 de marzo del año 2003

La parábola de la largueza

La largueza, esa virtud que nos hace conmover ante las necesidades del menesteroso y nos aparta de la avaricia, del egoísmo y de la codicia, al permitirnos compartir con nuestro prójimo lo que tenemos, mas no lo que nos sobra, es el tema de reflexión que el siguiente relato, hallado en los manuscritos mencionados en pasadas columnas, nos propone en el día de hoy.

“En mi pubertad, durante unas vacaciones, visité la isla de Mompox donde vivía un tío materno, quien era dueño de un almacén de abarrotes. Promediaba el siglo XX y aun cuando el valor de nuestra moneda era fuerte, la pobreza, como siempre, rondaba por doquier.

Una mañana, encontrándome en la tienda de mi tío, llegó un niño de aspecto aseado, aunque vestía ropas raídas, y se quedó viendo el cajón de las papas sin decidirse a comprar. Cuando quise acercarme para preguntarle qué quería, mi tío me llamó y me dijo: «Déjalo, está mirando antes de resolverse a negociar.» Al cabo de un rato, el niño se acercó a donde estaba mi tío y le inquirió por el valor de un kilo de papas; a lo cual mi tío le respondió con otra pregunta: ¿Cuánto traes para comprarlas?

––Solamente unas bolitas de cristal, fue su respuesta.

–¿De qué color?, dijo mi tío.

–Rojas, señor.

–No me sirven; hoy necesito unas azules, arguyó mi tío; mas al ver la cara de tristeza del niño, se apresuró a decirle: –Pero no importa, llévate las papas y después me traes las bolitas azules de cristal.

El niño, radiante de la dicha, salió de la tienda cargando la bolsa llena de papas. La esposa de mi tío, quien observaba la escena y, además, miraba mi cara de asombro, me llamó aparte y me dijo:

–Hay otros niños como éste en el pueblo, pertenecientes todos ellos a familias muy pobres. A tu tío le fascina hacer trueque con ellos; un día les da papas, otro día les regala arroz o frijoles o huevos o sal o cualquier otra cosa que ellos pidan. Siempre les hace el negocio del cambio de la mercancía por las bolas de cristal; pero nunca se las recibe, pues él sabe que, para esas criaturas, es el único juguete que tienen.

Mis vacaciones terminaron y regresé a Cartagena. Los años pasaron y yo nunca pude volver a Mompox, pues después de la muerte de mi padre, la familia se trasladó a Bogotá.

Hace unos treinta años, viviendo yo nuevamente en Cartagena, supe que mi tío se encontraba muy delicado de salud. Como pude, conseguí viajar a Mompox deseando llegar a tiempo de encontrarlo con vida; mas sin embargo, esto último no fue posible y cuando, por fin, llegué a la casa de mi tío, él ya había muerto y su cadáver era velado en el centro de la sala de la que había sido su morada. Su viuda, anciana y achacosa, me reconoció por el parecido con mi padre y, después de condolernos mutuamente, me dijo:

–¿Ves aquellos señores que hacen como una especie de guardia al ataúd de tu tío y esos otros que esperan reemplazarlos?

–Sí señora.

–Pues ellos son aquellos con quienes tu tío hacía trueques de alimentos por bolitas de cristal. Hoy en día varios de ellos son profesionales, otros tienen su propio negocio, otros trabajan en empresas de Cartagena; pero ninguno se olvidó de la generosidad de tu tío y, hoy, vinieron a pagar su deuda.

Diciendo esto, me invitó a acercarme al féretro y después de lanzar una mirada amorosa al rostro exánime de su esposo, metió la mano en el bolsillo de la camisa de él y extrajo una bolsa llena de bolitas de cristal de diversos colores.”

A través de nuestras obras nos recordarán, pues las palabras se las lleva el viento. Los hechos hermosos, que nos causan sorpresa, son los que permiten medir el valor de la vida; la cual está llena de pequeños milagros: la sonrisa de un niño, la belleza del amanecer, una caricia de la persona amada, la puesta del sol tras las montañas, la melodía de la canción preferida.

En fin tantas y tantas cosas que nos hacen sentir la presencia de Dios en lo cotidiano de nuestra existencia, que está llena de acontecimientos imperceptibles, cuyo gozo nos da la verdadera felicidad.

Valledupar, 29 de marzo del año 2003

La otra cara de la guerra

No se trata solamente de comentar sobre los resultados de la guerra absurda liderada por Bush y acolitada por Blair con el coro de Aznar, sin dejar de lado la adhesión inocua, abyecta e interesada de gobernantes de algunos países, que no de sus pobladores; ni es la sola opinión acerca de los efectos devastadores que los ejércitos invasores están ocasionando en Irak.

Tampoco, es el concepto que merezca la muerte de miles y miles de civiles inocentes, cuyo único delito consiste en vivir en un país con cultura, religión, política y costumbres diferentes a las de los agresores, así este país se encuentre gobernado por un tirano; pero cuya suerte le corresponde juzgar solamente a los mismos iraquíes, es decir, a quienes tienen que soportar, y de hecho soportan, el despotismo de Hussein.

Tampoco se pretende comentar lo concerniente a la guerra que el mismo Bush desatara contra Afganistán, la cual ocasionó la desolación de dicho país, llevándolo a un estado de pobreza, miseria, hambre e injusticia social, peores que las existentes antes de la invasión estadounidense del año pasado. Guerra que no condujo a algún resultado positivo para los afganos, ya que estos no fueron liberados, tal como lo anunciara Bush; sino que pasaron de un gobierno malo –los talibanes– a uno peor –la alianza del norte– pero que sí le viene produciendo magníficos dividendos al imperio agresor, no obstante los pobres de ese país estén pagando las consecuencias de la incapacidad de sus gobernantes.

Se trata en este caso, amable lector, de razonar con respecto a la guerra de la información orquestada desde el Pentágono (a través de CNN), que sirve de corifeo a los grandes medios de comunicación de muchos países, incluida Colombia. Con esta guerra de información se busca descalificar, a como dé lugar, al enemigo. Para ello se recurre al maniqueísmo que permite alinderar al mundo en dos bandos: los buenos y los malos.

Los primeros, poseedores de una bondad casi angelical; los segundos, tan malos o peores que el mismo Satanás. Por supuesto, los buenos están de este lado y los malos del otro.

Según este esquema, los ejércitos de la coalición –Inglaterra y Estados Unidos– son tan benignos, que los civiles iraquíes que han caído, han sido muertos como consecuencia de errores cometidos por ellos mismos o por los atacantes; pero jamás como resultado de una acción premeditada por el bando de los ángeles.

De otro lado, las tropas de Hussein –encarnación del mismísimo Belcebú, según los portavoces del Departamento de Estado– son tan perversas, que solamente han podido derribar invasores a través de emboscadas o atentados terroristas; nunca en un combate abierto, noble y altivo; siempre de manera sórdida, soterrada y traicionera.

Sólo falta que nos digan que los iraquíes se están suicidando. Como dijera Héctor Abad en Semana, “… después de los misiles, el arma más poderosa de las guerras, es la propaganda, es decir, la mentira…” O si no, que lo digan Hitler y Goebbels.

Cualquiera podría pensar que los iraquíes en verdad deben de estar imbuidos por el mal, ya que las tropas invasoras –que según los cálculos de Bush debían capturar Bagdad en ocho días, pero ya van más de dos semanas y nada que lo logran– no han sido recibidas con los brazos abiertos, tal como lo predijeran los amigos del imperio; sino que se les ha puesto resistencia, en ocasiones, rayana en el fanatismo.

Actitud ésta totalmente ilógica, según los maniqueístas, pues se supone que los invasores son, a la vez, los libertadores de ese pobre pueblo azotado por la barbarie de un dictador.

Sin embargo, al analizar de manera objetiva y con cabeza fría los hechos, la conclusión es evidente: el talante prepotente de Estados Unidos, no ha hecho otra cosa que exacerbar el odio que desata su política internacional, movida, la mar de las veces, por la codicia.

Así los reportes de la prensa embebida en el ejército de la coalición nos quieran mostrar otra cosa.

Al escribir esta columna, sábado 5 de abril, el ejército invasor todavía no había logrado capturar la ciudad de Bagdad, a pesar de toda la fuerza y el poder norteamericanos y la ayuda inglesa, ni aún Hussein había empleado las armas de destrucción masiva que Bush le endilgó y fue –según el mismo Bush– la razón que lo motivó a esta su Nueva Cruzada, en la cual condenó a Hussein y a todos sus seguidores, y la sentencia fue la pena de muerte.

Valledupar, 5 de abril del año 2003

Y ahora, ¿qué viene?

Ya los ejércitos de la coalición anglo norteamericana tomaron Bagdad, asolaron Kabul, devastaron Mosul y otras poblaciones menores de Irak, dejando en el camino miles y miles de cadáveres, la mayoría de iraquíes, víctimas casi todas inocentes de la codicia de Bush –y de la de Blair, también– que como ya se sabe iniciaron toda esta farsa de liberar al pueblo de Irak, incluidos los muertos, de la tiranía de Hussein; pero cuyo verdadero objetivo es el petróleo del medio oriente.

Petróleo que ambicionan los Siete Grandes y por cuya causa se dividieron, no para defender al pueblo invadido y vejado en sus derechos; no; se dividieron porque unos no tenían acceso a ese recurso –Inglaterra y Estados Unidos– y otros, como Alemania, Francia y Rusia, ya gozaban de este privilegio y la guerra podría hacérselos perder.

Y ahora, cuando ya Hussein huyó junto con los altos gerifaltes de su régimen y los mandos medios se entregaron a los vencedores, ¿qué va a pasar con el pueblo?

Pues, lo de siempre: ya puso la mayoría de los muertos, ahora seguirá pasando hambre y necesidades, tal como cuando mandaba el tirano.

Es probable que el ejército de ocupación se encargue de la administración del país avasallado, mientras las petroleras norteamericanas e inglesas se instalan y empiezan a usufructuar la explotación del crudo; todo esto con la colaboración irrestricta de la clase alta iraquí, que para estos momentos ya debe de haber cambiado de bando.

Ni más faltara que fueran a perder la oportunidad de subirse al tren de la victoria, en el cual todas las prebendas permanecerán intactas; ni que fueran a sacrificar un ápice sus posibilidades de seguir alrededor del nuevo trono para ceder, así fuera un mendrugo, a favor de las clases menos favorecidas.

No. Ellos estuvieron con Hussein en la explotación del pueblo pobre, analfabeta y desarrapado y ahora, con el nuevo amo, estarán también en la misma posición cómoda, muelle, confortable y apoltronada.

La piedra en el zapato la pueden constituir los kurdos, quienes querrán la formación de su nación, autónoma ella, independiente de los musulmanes y de sus supuestos liberadores.

Pero la creación de la nación kurda tendrá que esperar. Pues, primero, eso poco importa a los vencedores y, segundo, ahora lo prioritario para estos últimos es, como ya se dijo, la explotación del petróleo. Claro que antes tendrán que reconstruir las ciudades arrasadas, poner un poco de orden a ese caos que es hoy Irak, en donde los saqueos son el pan de cada día, no solamente por parte de los iraquíes pobres; sino también a cuenta de los kurdos y otras etnias que habitan la antigua Mesopotamia.

Que ironías las de la Historia de la humanidad: la cuna de la civilización occidental, arrasada por los ejércitos de las naciones más poderosas de occidente.

Si a Bush todavía le queda conciencia, cómo habrá ésta de reclamarle algún día su barbarie.

Por lo pronto pasará a la historia como el nuevo Atila.

Valledupar, 13 de abril del año 2003

La parábola del perdón

Durante la vida terrenal de Jesús se presentaron muchos casos de traición hacia Él. Los más connotados fueron los protagonizados por Pedro y por Judas la víspera de Su muerte. En ambas ocasiones, la infamia fue igual, pues si Judas lo traicionó movido por la avaricia, Pedro lo hizo por cobardía. Los dos le fallaron a su Divino Maestro.

Sin embargo, cuando Pedro se dio cuenta de su error –en el momento de entonar el gallo por tercera vez su canto–, lloró amargamente su pecado y corrió a buscar la intercesión de María, la madre de Jesús, para recabar el perdón; ella entendió la debilidad de Pedro y, al ver que el llanto de éste era sincero, le recordó que en el amantísimo corazón de Cristo no tenía cabida el rencor.

Pedro, entonces, recordó la mirada de Jesús, cuando sus ojos se encontraron a la salida del pretorio de Pilatos. En Su divina mirada no había ningún señalamiento, ninguna muestra de rencor, sólo tristeza. Y Pedro lloró y fue perdonado.

Mientras tanto, Judas, incapaz de aquilatar la inmensa bondad de su Maestro, se dejó llevar por el remordimiento y la desesperación y no solamente dejó de impetrar el Divino perdón; sino que además se quitó la vida. Es decir, al pecado de la traición, agregó el del suicidio. Le faltó valor para aceptar su error y humildad para implorar perdón.

Las cosas terrenales cegaron a Judas, al dejarse llevar por la codicia. El reato de conciencia obnubiló a Pedro y pudo más su instinto de conservación que el amor y la lealtad a su Maestro. Pero, en tanto Pedro superaba su propia caída en el pecado, Judas fue inferior al momento y cobardemente siguió empecinado en su soberbia, que le impedía pedir perdón.

Porque el perdón, la antítesis del rencor, solamente anida en los corazones nobles. Las almas egoístas son incapaces de perdonar. Algunas personas dicen: “Yo perdono, pero no olvido”. Quienes así se expresan no están perdonando a su ofensor, solamente están posando de indulgentes. El verdadero perdón debe ir acompañado del olvido hacia la ofensa origen de la falta. La humildad de quien perdona debe ser tan grande como la de quien se humilla a pedir perdón.

Quien no perdona o quien no olvida las ofensas, anida en su pecho el rencor; el cual le va envenenando el alma y asfixiando el corazón y, ese rencor, termina por hacerle más daño a quien lo alberga, que a quien va dirigido.

Se necesita mucha sinceridad para reconocer los errores, pero se requiere mucha más humildad para implorar perdón. De igual manera, se necesita una buena dosis de sinceridad y humildad para perdonar y olvidar.

Por eso, como ya se dijo antes, solamente las almas nobles son capaces de perdonar y olvidar las ofensas recibidas, sin darle cabida al rencor que anida en los espíritus mezquinos.

A quien perdona le queda, no solamente la satisfacción de haber desahogado su corazón, sino haber liberado su alma del peso del rencor. De igual manera sucede a quien pide perdón, pues al humillarse a solicitar éste de la persona ofendida, libera todo el peso de la culpa y da paso a la alegría de saberse perdonado; así no vuelva nunca más a ver a la persona a quien ofendió.

Por eso el perdón que se obtiene de Dios, a través del Sacramento de la Reconciliación, tiene el don de liberar nuestra alma del peso de las culpas y, además, es posible que nos haga más humildes el tener que confesarlas al sacerdote.

De otro lado, quien dice perdonar, mas no olvidar, continuará oprimido por el rencor y éste le acompañará como un lastre en su conciencia.

Valledupar, 26 de abril del año 2003

Las lecciones de la Historia (II)

Hubo una época en la cual el monarca era absoluto; es decir, su palabra era la ley y sus deseos se convertían en órdenes perentorias. El monarca era, por consiguiente, dueño de vidas y haciendas y sus súbditos debían de acatar sus deseos y hasta sus caprichos, so pena de caer en desgracia y en consecuencia perder la vida o, en el mejor de los casos, perder el favoritismo ante aquél, lo cual acarrearía infortunios a la familia del desdichado. El soberano tenía bufones que alegraban sus ratos de ocio y divertían, además, a la corte de aduladores que holgazaneaban a su alrededor. Esta corte estaba compuesta por los llamados nobles, quienes tributaban al monarca de lo que producía la tierra de la cual eran dueños, pero que era trabajada por los siervos, quienes nada poseían, ni siquiera la libertad.

Mientras existió la monarquía absoluta hubo individuos con el suficiente valor y la total entereza moral, capaces de denunciar las injusticias cometidas por el monarca o por sus más inmediatos colaboradores en el gobierno despótico de la nación o por la nobleza que medraba a los pies del trono. Injusticia que nacía y era fomentada por la codicia del monarca que, a su vez, se reflejaba en la tiranía de los cortesanos hacia el pueblo, que padecía hambre y vivía en la miseria, sin ninguna posibilidad de redención.

Muchos de aquellos valientes que denunciaron, a través de los siglos, las injusticias de la monarquía, pagaron con su vida su honestidad y su desagrado ante la injusticia social reinante. Sin embargo, fueron sembrando la semilla del descontento, la cual dio al fin sus frutos.

La Revolución Francesa, ocurrida a finales del Siglo XVIII, acabó con este aberrante estado de cosas y, aún cuando no pudo desterrar completamente la monarquía en el mundo, al menos pudo terminar con el absolutismo, génesis del despotismo que mantenía sumidos a los súbditos en el oprobio.

Muchas naciones abrazaron el sistema republicano, el cual morigeró el despotismo, ya que el gobierno, en este sistema, está dividido en tres ramas: ejecutivo, legislativo y judicial; las dos primeras de elección popular. Además, existe la prensa, la cual debe ejercer funciones de vigilancia.

Por supuesto que el solo cambio de sistema no ha traído como resultado el fin de la injusticia social, pues los déspotas subsisten y la codicia continúa. Entonces, surge la pregunta de rigor: Si la suerte de un país va ligada a la de sus gobernantes, ¿quién le hace bien a la nación, los que adulan al príncipe o quienes le hacen ver sus errores? La respuesta es obvia.

Pues bien, hoy día, en plena era de la información, ésta está siendo usada para adular a los gobernantes, hasta el extremo de ocultar, ante la opinión pública, los errores, desaciertos e injusticias cometidos por aquellos. Este proceder, amparado en la mentira, solamente puede traer desgracias a una nación.

Joseph Goebbels, quien se suicidara este jueves pasado hizo 58 años, y quien fuera Ministro de Propaganda del III Reich, logró disfrazar de tal manera la realidad, mientras ocupó ese cargo y los medios de comunicación le hicieron coro, que, al terminar la guerra, muchos alemanes y el resto del mundo, quedaron sorprendidos por  todas las barbaridades que el gobierno de Hitler logró cometer, dentro de Alemania y en los países ocupados, sin que la mayoría de ellas lograran trascender a la opinión pública.

Es probable que muchas cosas se hubieran podido evitar, si no hubiera ocurrido el silencio cómplice de los medios de comunicación, que parecían más empeñados en adular al déspota que en informar la realidad de las cosas.

Valledupar, 3 de mayo del año 2003

La escalada terrorista

Sí, amigo lector, esa que ha producido tantas muertes últimamente. No solamente la que ha traído como consecuencia la muerte de algún gobernador o algún ex ministro de estado o algunos oficiales del ejército.

No. Se trata también de esa que ha matado tanta gente anónima: civiles cuya única culpa ha consistido en ser transeúntes en el camino de los carro bombas o campesinos, confundidos con insurgentes, víctimas del fuego proveniente de helicópteros artillados de la Fuerza Aérea o niños muertos en el fuego cruzado entre guerrilleros y tropas regulares o secuestrados muertos cuando se intentaba su rescate o, en el más leve de los casos, la que ha derrumbado torres y dejado sin luz hospitales y escuelas de poblaciones sin presencia estatal.

Todo esto, amable lector, es el terrorismo que agobia a nuestra pobre patria, que pareciera abandonada de la mano de Dios, pero que en realidad está abandonada de la mano de la autoridad.

Alguien podrá pensar que esta afirmación es exagerada, pero no lo es. Revise usted las noticias de los últimos días, o de lo que va corrido del año, y encontrará allí todo lo anterior y mucho más y, casi siempre, leerá u oirá que las fuerzas de seguridad llegan cuando la insurgencia ya ha abandonado el teatro de las operaciones.

Sin embargo, en la noche escuchará en los noticieros de las grandes cadenas de televisión, a los generales de la República afirmando que se está derrotando a los insurgentes; bien porque algunos fueron dados de baja, bien porque otros pocos fueron hechos prisioneros o bien porque dos o tres desertaron.

No obstante, al día siguiente se repetirá la historia: asaltos a poblaciones indefensas, derrumbamiento de torres de energía, secuestros, etc. Y, en la noche el cuadro optimista del Ministerio de Defensa, salpicado como siempre con fuertes epítetos para los enemigos, como si con esto se les derrotara.

Entre tanto, en el Senado y en la Cámara de Representantes, los honorables congresistas, que se dicen amigos del Gobierno y, por tanto, se autodenominan uribistas, pero más parecen oportunistas, pasan cuenta de cobro a éste por votar favorablemente las iniciativas oficiales, sin importar si éstas favorecen o perjudican al pueblo.

Y, muy ladinamente, aprovechan para colgarle micos a las mismas, mediante los cuales reviven los auxilios parlamentarios, protegen su sinecura y continúan apoltronados en su cómoda posición, mientras el costo de vida sube, el desempleo aumenta –así el DANE diga que ha bajado–, el número de desplazados crece, los cinturones de miseria de las grandes ciudades se agrandan, el cubrimiento de los servicios públicos se hace más precario, la inseguridad se acrecienta; en fin, el país, de por sí inestable, se torna cada día peor.

Y entonces, el rubro presupuestal de la Guerra se acrecienta y para hacerlo, solamente hay dos caminos: aumentar los impuestos o disminuir la inversión social; es decir, castigar el presupuesto de salud, educación y vivienda de interés social.

Y al final, los verdaderamente favorecidos con esta situación, son aquellos que se lucran con la guerra. Ya porque se benefician directamente y aumentan sus ingresos y su fortuna, ya porque la guerra les da más poder.

Mientras tanto, los medios masivos de comunicación, sobre todo la televisión, pretenden engañar al país mostrando situaciones irreales que hablan de un paraíso vedado para la inmensa mayoría de los colombianos.

Amable lector, parafraseando a Jesús, el que tenga oídos que escuche y el que tenga entendimiento que comprenda.

Valledupar, 11 de mayo del año 2003

La búsqueda de la verdad (1ra. Parte)

En mi pubertad, hace medio siglo, leí el «Tesoro de la juventud», esa extraordinaria colección de conocimientos y de narraciones interesantes que permitía -a quien deseara empezar a asomarse al universo maravilloso de la lectura- no solamente aprender conceptos útiles; sino también entretenerse con historias reales y ficticias, narradas en forma sencilla.

Pues bien, recuerdo haber leído allí el relato sobre la vida de un maleante, en la Francia del Siglo XIX, quien poco a poco logró llenar un abultado prontuario delictivo que le hiciera acreedor a la cárcel.

Cuando, por fin, fue detenido, juzgado y encarcelado, fue a dar con sus huesos a una de las prisiones más seguras de París. Allí, en una ocasión, fue a visitarlo su madre, quien fuera recibida con un mordisco en una oreja, al momento de asomar la cabeza por entre las rejas para darle un beso a su hijo.

Cuando le preguntó, sorprendida, adolorida y con la oreja sangrante, el porqué de esa actitud belicosa, él le respondió con rencor:

–Porqué tú eres la culpable de que yo esté aquí. Tú nunca me corregiste; siempre tapaste mis culpas ante mi padre y, cuando éstas eran evidentes, les buscabas justificación.

He recordado esta historia, que se hallaba perdida en las telarañas de mi memoria, a propósito de algunos hechos censurables, cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia y que se han tratado de ocultar o de excusar, ante la opinión pública, por parte del Gobierno con la complicidad de los grandes medios de comunicación.

La matanza de Mapiripán, en la cual se encontró culpable por omisión al General Uscátegui, no sido aún esclarecida y va camino del sobreseimiento; mientras tanto, el mencionado General del Ejército de Colombia sigue libre y hasta ha escrito, con su personal visión de los hechos, un  libro en el cual, por supuesto, se declara víctima de sus acusadores.

La masacre en la cual murieron 17 ó 18 campesinos, en hechos ocurridos hace cinco años en Santo Domingo, Arauca, y por la cual se incriminó al personal de la Fuerza Aérea Colombiana que tripulaba el helicóptero artillado que dejó caer las bombas culpables de esas muertes, todavía no ha sido dilucidada.

Lo más grave es que, en ambos casos, las autoridades han buscado afanosamente, no el establecimiento de la verdad y, por consiguiente, la culpabilidad de los causantes de la muerte de estos compatriotas pobres; sino ver cómo exculpar a la Fuerza Pública de toda falta.

En ambos casos, también, los grandes medios de comunicación le han dado más despliegue a la búsqueda de la justificación para las Fuerzas del Estado, que a las tristes y deplorables acciones en las cuales murieron esos compatriotas.

Estos dos episodios son, apenas, un par de perlas en el rosario que podría formarse con hechos análogos, en donde la constante ha sido siempre la misma: exonerar a las Fuerzas Militares y de Policía.

Con lo cual, no se les hace ningún favor, ni se les beneficia en lo más mínimo; por el contrario, se las perjudica enormemente; pues, por un lado, se las hace ir de tumbo en tumbo por el camino de la impunidad y, por otro lado, su imagen sufre enorme deterioro.

Todo esto, sin perder de vista la falta de respeto hacia la opinión pública, que esta actitud, cómplice y alcahueta, significa.

Ya se había dicho, en alguna ocasión, en esta columna: «…al príncipe no se le favorece, tapándole sus errores para adularlo; sino, por el contrario, diciéndole la verdad…»

Y si eso es válido para el príncipe, ¿qué se puede esperar para sus vasallos?

Valledupar, 17 de mayo del año 2003

La búsqueda de la verdad (2da. Parte)

¿Hasta dónde cometieron un delito los casi 150 militares, entre oficiales, suboficiales y soldados de la Compañía D, perteneciente al Batallón # 50 del Ejército colombiano, quienes encontraron una caleta repleta de dinero -los comunicados hablan de una cifra que gira alrededor de los 42 mil millones de pesos- perteneciente, al parecer, a las FARC?

La jerarquía militar, el alto gobierno y la mayoría de los miembros de la casta dirigente, dicen que sí, que allí hubo saqueo y pillaje. Los generales Mora y Ospina, comandantes respectivos de las Fuerza Militares y del Ejército, se rasgaron las vestiduras y hablaron de traición a la institución y a la bandera; mientras que el Ministro del Interior, encargado ad honore de sacar la mugre del Gobierno, habló de traición a la Patria.

Mientras tanto, la población del país se encuentra dividida: unos, solidarios con sus dirigentes, creen que sí hubo delito; otros dicen que fue algo natural y además lícito, pues la Compañía D, protagonista del caso, hizo lo que ellos -quienes así opinan- también habrían hecho.

Ya el caso está en manos de la Justicia Penal Militar y el Juez 51 Penal de Tolemaida inició la investigación. Hay quienes aseguran que la condena para los culpables tiene que ser fuerte: 40 ó 50 años de cárcel; los más benignos piden solamente la pérdida ignominiosa de la investidura militar; mientras el resto aboga por el sobreseimiento definitivo.

Sin embargo, de acuerdos a los entendidos, los artículos 699 al 701 del Código Civil, tipifican la acción de los militares de la Compañía D, dentro de la normativa que contempla el hallazgo fortuito de un tesoro en predio ajeno. Como quiera que  la Compañía D no fuera en búsqueda de la caleta y como, además, ésta estuviera en tierra de nadie, se podría concluir que el hallazgo, producto del acaso, les pertenece.

A lo sumo, continúan los entendidos, se podría hablar de una falta disciplinaria, por no haber informado a sus superiores; o, en el peor de los casos, de un acto amoral, por no haber devuelto el tesoro a sus dueños. Pero jamás de un delito.

No falta quien afirme que la falta consistió en no haber compartido el tesoro con los generales. De todas maneras, que los señores jurisconsultos digan la última palabra.

Entre tanto, el resto de los colombianos, del presidente hacia abajo, no nos dejemos llevar de arrebatos temperamentales.

Sobre todo, no nos distraigamos de otros hechos de suma importancia, como lo son el desempleo, la corrupción administrativa, la impunidad a alto nivel, las continuas alzas en el costo de la vida, un posible referendo que  conculque las libertades civiles, un estatuto antiterrorista que permita el rescate a sangre y fuego de los secuestrados o el avance de la impunidad en tantas masacres de civiles o en las violaciones de los derechos humanos.

Por favor, no dejemos que las cortinas de humo tapen la realidad nacional; ni tampoco creamos a tanta adulación que se lee y se escucha en los grandes medios de comunicación.

El país, en verdad, anda mal; no estamos en ningún paraíso terrenal y tampoco, lamentablemente, Uribe es el redentor esperado. Repitamos, una vez más, la famosa frase: «…al príncipe no se le favorece, tapándole sus errores para adularlo; sino, por el contrario, diciéndole la verdad…»

Valledupar, 24 de mayo del año 2003

Carta a mi hija

Mi querida hija: Te extrañará que te escriba; más aún, podrías pensar que, por qué no te digo verbalmente lo que te voy escribir. Pues sucede que yo soy de quienes piensan que las palabras se las lleva el viento y, además, lo escrito, escrito está y, por tanto, se puede conservar para eventuales consultas.

Antes de empezar, quiero presentarte mis disculpas por inmiscuirme en este asunto; como tú bien sabes, yo siempre he sido respetuoso al respecto, con todos ustedes, mis hijos. Yendo más lejos, podría afirmar que, por ese mismo respeto, jamás, salvo excepciones demasiado flagrantes, he intervenido en estos asuntos.

Sin embargo, y en razón de mi preocupación por tu felicidad, en esta ocasión debo romper esa norma y a riesgo de parecer entrometido, debo decirte algunas cosas que, tal vez, te ayuden a aclarar el panorama y, así, puedas evitar que alguien, en forma intencional o accidental –no importa– pueda confundirte con sus comentarios, no obstante tu madurez y tu elevada sensatez.

Lo primero que tienes que tener en cuenta es tu propia felicidad. Al fin y al cabo, el ser humano vive y lucha para ser feliz. Como bien lo sabes, la felicidad no consiste tanto en tener algo; sino en saber apreciar y, por consiguiente, disfrutar de lo que se tiene y, cuando esto último no ocurre, se es infeliz.

Por eso, en el amor y en las relaciones que de él se puedan derivar, también podemos hallar la felicidad o la desdicha; ya que este sentimiento tan hermoso puede conducirnos a ser felices, si lo sabemos manejar, tanto al darlo como al recibirlo o, por el contrario, conducirnos a nuestro propio infortunio.

No sé si te acuerdes de los escritos que, sobre este aspecto, me han publicado. Allí sostengo que el amor no es solamente deseo, ansias de estar con la persona amada, acariciarla y ser acariciado. No; el amor es, sobre todo, generosidad, confianza, gallardía, buen trato, respeto, desprendimiento, tolerancia, comprensión y hasta sacrificio.

.En fin, un cúmulo de cosas que solamente nacen en las almas nobles. Las almas mezquinas, solamente quieren, desean, anhelan su propio deleite; así, para ello, tengan que sacrificar a las personas que dicen amar; pero a quienes, con su egoísmo,  solamente hacen sufrir.

Indudablemente, no todos los individuos de nuestra especie –la única en el mundo capaz de amar– puede hacerlo en las condiciones antes descritas. Por eso, algunos aman y son amados y, así, pueden alcanzar la felicidad. Otros, por el contrario, son infelices, porque ni aman ni son amados; no por culpa del supuesto objeto de su amor; sino por su equivocado proceder.

En este orden de ideas, las personas absorbentes no aman a los demás; solamente se aman a sí mismas y, por eso, sólo procuran su propia felicidad y no la de la persona amada y, fácilmente terminan por creer que ésta es de su propiedad y, como tal, podrán manipularla a su antojo. Esas personas terminan por ser desdichadas y, por lo mismo, jamás podrán ayudar a alguien a ser, a su vez, feliz.

Pues bien, mi querida hija, ¿por qué crees que tu mamá y yo hemos logrado permanecer en nuestra relación durante tantos y tantos años? Ya tenemos 43 de estar casados y casi cincuenta (47 exactamente) de habernos conocido y haber empezado a amarnos y –tú y tus hermanos son testigos– todavía nos seguimos amando.

Por supuesto que no con la misma pasión de hace casi medio siglo; pero sí con el mismo respeto, la misma abnegación, igual desprendimiento e idéntica  capacidad de sacrificio de ese entonces; más aún, yo diría que esas cualidades del verdadero amor, en nosotros, con el paso del tiempo, se han ido incrementando y, por lo mismo, hemos sido felices; tanto, que hoy después de una vida juntos, todavía tenemos capacidad de solazarnos en nuestro amor y de arrullarnos mutuamente como lo hacíamos recién casados.

Y esa es la felicidad que tu mamá y yo anhelamos para ti, y tú no puedes permitir, que nada ni nadie te impida alcanzarla. Tú eres una mujer sensata, inteligente, con una madurez mental impresionante para tu edad; por eso, estoy seguro, tus decisiones tienes que hacerlas respetar y, de manera coherente, no permitir que alguien interfiera en tu propia búsqueda de la felicidad.

Por otra parte, esa misma madurez te hace dueña de tus actos; de los cuales, solamente ante Dios y tu propia conciencia debes responder. Más aún cuando, quienes bien te queremos, te sabemos depositaria de esa sensatez que ya te mencioné y que no es más que el resultado de los sabios consejos que, a lo largo de tu vida, tu mamá te ha sabido dar, con todo el amor y la diligencia que ella posee; así, en ocasiones, tal vez te haya parecido lo contrario.

Sólo me resta decirte que los seres humanos vivimos de ilusiones, las cuales nos ayudan a ser felices. Por lo mismo, nadie está autorizado, en sana lógica y en razón del debido respeto a los demás, a troncharnos esas ilusiones. De nosotros depende conservarlas; más aún todavía, yo diría, alimentarlas y hacerlas crecer; pues, como te lo acabo de decir, ellas son fuente de felicidad.

Por último, recuerda que siempre tendrás el apoyo de tu mamá, tus hermanos, tus demás familiares y de quien tanto te quiere,

Tu padre.

Valledupar, 24 de mayo del año 2003

El debido respeto

Es innegable que muchos miembros del Senado y de la Cámara de Representantes no son santos de mi devoción; como no lo son para muchos colombianos que ven, con decepción, como la mayoría de ellos convierte su labor legislativa en materia de trueque con el Ejecutivo y como, en la mayoría de los casos, su labor está signada por el interés personal o el beneficio de quienes financian sus campañas, y no por el auspicio a las normas que protejan de la explotación y del desequilibrio social al pueblo que los favoreció con su voto.

Sin embargo, lo anterior no es óbice para hacer público repudio de la actitud del ministro del Interior, cuando de manera irrespetuosa hizo ver su desacuerdo ante la negativa de la Cámara, a dejar pasar algunos artículos de la Reforma Política propuesta por el Gobierno y, palabras más, palabras menos, tildó a sus miembros de marihuaneros.           

No es la primera vez que este funcionario se va de la lengua. Ya en ocasiones anteriores ha puesto en calzas prietas al Ejecutivo por la misma razón. Lo extraño radica en que, mientras entonces el presidente hizo observaciones que, de alguna manera, daban a entender a la opinión pública que el ministro obraba por su cuenta y riesgo, esta vez, con sus disculpas a los miembros de la Cámara, da a entender que lo respalda.

Pues de no ser así, habría obligado al ministro a apersonarse de la situación, presentando los descargos por la ofensa cometida; tal como ocurrió cuando el comandante de la Fuerza Aérea tuvo sus diferencias con la ministra de Defensa. Lo que reafirma la sensación ante la misma opinión pública, de que una de las labores del funcionario en cuestión, es la de sacar la basura del gobierno.

De otro lado, la locuacidad y la falta de elegancia, por decir lo menos, del ministro del Interior, no autoriza a nadie para hacer lo que hizo un espectador, que debe padecer del complejo de Eróstrato, cuando en la sesión del viernes en la Corte Constitucional, le lanzó a la cara un vaso de refresco al mencionado ministro.

Por supuesto el agresor fue aprehendido y encerrado. No obstante, la Policía se excedió cuando algunos hablaban de dejarlo preso 72 horas. Ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre…

Todo esto hace pensar que, o bien se ha enseñoreado de la clase dirigente -y de gran parte del país- un talante reñido con las buenas costumbres, que convierte las acciones diarias de muchos en muestras de chabacanería, o bien se trata de adobar el sainete que distraiga a la opinión pública de los verdaderos problemas que agobian al país.

Actualmente se discute en el Legislativo un proyecto de estatuto antiterrorista que, de pasar, facultaría al Ejército para realizar labores de policía, que van desde allanamientos, aprensión y encarcelamiento sin orden judicial, hasta la declaratoria de estado de rebelión para cualquier hijo de vecino que no esté de acuerdo con las ejecutorias de la autoridad; así éstas sean el resultado del abuso de la misma.

Luego vendrá el estatuto de prensa que amordazará a los periodistas y terminará por hacer desaparecer las columnas de opinión que disientan del gobierno, si antes periodistas y columnistas no terminamos corriendo una suerte más aciaga.

Y ni qué decir de la situación económica del país; pues, pese al optimismo del Director del DANE, ésta no es halagüeña: el índice del costo de vida sube cada mes, la devaluación no se logra controlar, sufrimos de una inflación galopante y, lo peor, no se ven soluciones ni a mediano ni a largo plazo.

Así, el saliente ministro de Hacienda, en su intervención ante la televisión, con motivo de su renuncia, haya dicho que se va porque ya todo está asegurado en materia económica para el país; porque de ser esto cierto, no se iría y se habría quedado a gozar de las mieles del triunfo.

¿O será que se va al ver que la Hacienda Pública la manejaban entre el jefe de Planeación, el gerente del Banco de la República y el representante del Banco Mundial? 

Es decir, todos, menos él.

Valledupar, 8 de junio del año 2003

Homenaje al padre

Con motivo de la fiesta del padre, he querido compartir con mis amables y escasos lectores, este poema que escribí hace algunos años con motivo de un aniversario de la muerte de mi padre. Se trata de dos sonetos entrelazados, con los cuales pretendí reflejar el sentimiento que, en ese momento, mi alma experimentaba. Sentimiento que, como lo dice el poema, aún persiste.

A  MI  PADRE.

…porque tú fuiste el mejor padre del mundo…

Aunque hace muchos años que partiste,

tu presencia sigue vívida en mi mente

y el ejemplo de tu vida está presente,

al igual que las enseñanzas que me diste.

El sabor de tus consejos aún persiste

y tu donaire sigue tan latente,

-aunque de este mundo estés ausente-

tal y como cuando tú viviste.

Tu ausencia, todavía la lloro, padre mío;

desde tu muerte me falta el gran amigo,

que hasta del alma me quitaba el frío.

Que siempre fue solícito conmigo

y cuya presencia extraño y más ansío,

ahora, que ya nunca más tendré tu abrigo.

Y, a medida que pasa el tiempo, más te añoro

y más echo de menos a quien el ser me diera;

que siempre aconsejabas a quien te lo pidiera

y, en las grises tardes, por tu ausencia lloro.

Por tenerte otra vez, diera yo el oro

y la mitad de mi vida, si preciso fuera;

y, porque otra vez, en vida te tuviera

al Cielo, con lágrimas, imploro.

Mas, como eso es imposible, me resigno

ante la voluntad del Dios Sagrado

que así lo dispuso; y Le pido sea benigno

y Le ruego por tu descanso, padre amado;

y para que, cada día, me haga más digno

de ser el hijo que tu memoria siempre ha venerado.

Valledupar, 15 de junio del año 2003

0000000000000000El predio del vecino

Así intitulaba un periodista costeño, hace medio siglo, su columna en un diario bogotano, en la cual comentaba las opiniones presentadas por otros periódicos de la ciudad y del país.

He querido tomar prestado el título para mi columna de hoy, en razón de haber echado mano de una carta que un lector de El Espectador enviara a ese diario, y cuyo contenido en realidad me ha parecido tan pertinente, que no he podido sustraerme al deseo de compartirlo con mis lectores, dándole así algún tipo de difusión. La carta en mención, dice así:

«Parecemos gringos, porque todo aquel que se asemeje a indio es detenido como sospechoso.

Cada vez que vemos las noticias televisivas presentan a muchos colombianos amarrados uno al otro con rostros de miseria y pobreza en sus facciones. Nunca son monos, de los muchos que acá existen, siempre son con rasgos indígenas, mestizos o gente, como decimos, del común.

La pobreza se convirtió en el mejor aliado para que alguien sea detenido. Pobreza es sinónimo de subversión a sabiendas de que somos casi treinta millones de pobres los que existimos en el país. ¡Qué subversión tan abrumadora! Hay de aquel pobre que se atreva a decir algo en contra del gobierno, porque ahora sí fue Troya: señalamiento es lo único que encontrará a partir de ese momento.

Si alguien que es blanquito y conocido como respetuoso de la ley y de la sociedad, lo van señalando como de izquierda por comentarios o escritos que se han hecho, ¿qué podrá esperar un negrito, morenito o cafecito, de los millares que existen en el territorio, con su piel pegada a los huesos como consecuencia de la mala vida a la que lo han obligado a través de las penas y necesidades existentes? Miliciano o perteneciente a uno de los grupos al margen de la ley, serán los señalamientos que le hagan. Si esto no se prueba, lo tildarán de cualquier cosa, pero de que lo empapelan, lo empapelan. Es la cacería de brujas que se está viviendo en aras a una política de «seguridad democrática» en donde lo social no interesa.

¿Es que acaso el análisis de los miles de males que padece la gente buena, como los ancianos de Corozal a los cuales se les 00suspende el servicio de luz porque no han pagado, o los miles de vendedores ambulantes perseguidos, nos indica que hay justicia social? A los desplazados se les brindad setenta mil pesos para un período de tres meses y después hasta luego, defiéndase como pueda. ¿Esas son las políticas serias para lograr la equidad y la dignidad de los colombianos? ¿De dónde van a salir tantos empleos para tanta gente, si no los hay para los que no han violado las normas y se han mantenido dentro de una sociedad indolente, en donde lo que importa es el bien individual?

No podemos seguir pensando que con palabras ya todo está arreglado. Se requieren hechos, porque como dice un ilustre sucreño de Sampués que vive en el exterior, «solamente con trabajo lograremos salir adelante.»  Con trabajo sí, pero con dignidad, con sentido de igualdad, oportunidad y no de explotación permanente. Debemos aprender que la democracia es un estado mental, en donde el sentido de compromiso es de todos, en donde las oportunidades son para todos y en donde los derechos y las obligaciones son para todos los colombianos en general.

Cambiemos la clase politiquera que nos ha dirigido y empobrecido por una que ya conciba ese estado mental, en donde la democracia sea eso y no como nos la han vendido: llena de miseria para la mayoría y en donde las oportunidades son para los mismos de siempre. No comamos más cuento, comamos dignidad.»

Hasta aquí la carta; pensemos ahora en las últimas medidas aprobadas en  el Congreso: Ley de empadronamiento, Ley de arrendamientos, Estatuto antiterrorista, etc., y veremos cómo hay mucho de qué preocuparse.

Lo dicho varias veces en esta columna: no vivimos en ningún edén y el paraíso está perdido.

Valledupar, 22 de junio del año 2003

Carta a mi esposa

Esta carta que escribí hace varios años para entregársela a mi esposa en una Navidad,  hoy quiero revivirla para compartirla con mis lectores:

Amada mía, mi esposa del alma, mi compañera fiel, mi amiga incondicional:

Este amor que nos ha unido durante casi cuarenta años, lo hemos sabido conservar vivo con el paso del tiempo y es el mejor fruto que podemos ofrendarle a la vida y a nuestros hijos: Gustavo Adolfo, Rafael Guillermo, Álvaro Enrique, Oscar Alejandro, Daniel Humberto y Luisa Fernanda; con quienes hemos compartido nuestros sueños, a quienes hemos comprendido en las incertidumbres y para quienes hemos tenido siempre una voz de aliento en las naturales vicisitudes de la vida y quienes, comprendiendo nuestra naturaleza humana, entienden nuestros errores, se abstienen de juzgarnos y nos rodean de su cariño.

Nuestros hijos, por quienes hemos luchado con denuedo y quienes han constituido nuestro mayor motivo de felicidad y de envanecimiento y para quienes  nos hemos convertido, tal vez, en el espejo en el cual ellos quisieran ver reflejada su existencia. Por todo esto, ésta es la mejor oportunidad para celebrar las remembranzas del pasado, vivir las alegrías del presente y aguardar con fe las esperanzas del futuro.

Gracia por comprender y perdonar mis errores. Perdona los sufrimientos que te haya podido ocasionar; mi arrepentimiento, te lo aseguro, es sincero; cada dolor que te he causado durante todo este tiempo, ha terminado doliéndome más a mí; pues tú, con tu inmensa capacidad de comprensión y perdón, terminas olvidando prontamente la ofensa; en tanto yo, la cargo en mi conciencia para siempre.

Gracias por toda la felicidad que me has deparado, por todo el amor que me has brindado y por tanta comprensión que me has tenido. Gracias también por el tesonero esfuerzo con que me has ayudado a sustentar nuestro hogar.

Ese hogar que forjamos con esfuerzo y con amor, es tu hechura; en él siempre se han reflejado tu ternura, tu integridad de alma, tu constante aliento para seguir adelante, el amor por nuestros hijos.

Recibe mi gratitud junto con mis anhelos porque este remanso de paz y tranquilidad se prolongue por el resto de nuestros días; en donde el amor, el entendimiento, la generosidad de alma, la tolerancia, la armonía, la comprensión y el respeto nos acompañen siempre, iluminando nuestro peregrinar hacia la vida eterna.

Con todo el amor de tu esposo.

Valledupar, 29 de junio del año 2003

Cuentos de fantasmas (VI)

La tarde, como todas las del trópico, estaba soleada; sin embargo, una suave brisa, que bajaba de la Sierra Nevada, refrescaba el ambiente que, sin ella, habría sido insoportable. Una pareja de personas mayores, hombre y mujer, frisando los 55 años, se encontraban sentados en sendas sillas en la sala de espera de la terminal de transportes de Valledupar, aguardando la llamada para abordar el bus que los llevaría de regreso a Barranquilla, donde vivían.

Habían llegado la mañana del día anterior, en pos de conseguir vivienda, pues debían trasladarse a Valledupar, ya que a él le había sido otorgado un contrato de asesoría con una firma comercial de la ciudad. En ese momento, se sentían un poco frustrados, pues no habían podido conseguir casa o apartamento que se ajustara a sus requerimientos y a su presupuesto. Por tanto, habían decidido regresar a Barranquilla esa tarde de viernes y volver después del puente festivo que se iniciaba al día siguiente.

El bus debería salir a las 4 de la tarde y ya eran las 3:30; por lo cual se aprestaban a hacerse en la fila de pasajeros que aguardaban la orden de subir. En ese momento, se les acercó una señora joven y atractiva, desconocida para ellos y, después de saludarlos, les preguntó:

– ¿Ustedes están buscando vivienda?

– Sí, respondieron al unísono.

– Pues yo sé de un apartamento muy bueno en un conjunto residencial, situado en un buen sector de la ciudad.

– Gracias. ¿Dónde queda?, dijo él.

La desconocida señora extrajo del bolso una tarjeta y se la entregó, diciendo:

– Ahí están las señas del dueño; si quieren pueden llamarlo enseguida que, de seguro, lo van a encontrar.

– Gracias, nuevamente, dijo la señora mayor.

La pareja se miró y él sugirió que bien valdría la pena tratar de hacer el contacto y, así, no perder el viaje. A ella le pareció bien y, una vez hicieron cita con el dueño del apartamento, decidieron acercarse a la taquilla de los buses para tratar de conseguir un aplazamiento en el viaje o la devolución del dinero. Solucionado el problema, recogieron su equipaje y tomaron un taxi que los llevó al conjunto residencial donde estaba situado el apartamento.

Cuando llegaron, se les acercó un señor y se les presentó como el dueño del inmueble. A continuación subieron a conocer el apartamento, el cual les gustó, por lo que enseguida se llenaron los trámites necesarios para la firma del contrato de arrendamiento.

Hecho lo cual, su nuevo casero se ofreció para llevarlos a la terminal. Llegaron con el tiempo justo para abordar el bus de seis de la tarde. Ya instalados en sus asientos, se congratularon de su buena suerte y de lo providencial que había sido la llegada de la  joven y atractiva señora que les había salvado la situación.

Siguieron conversando de lo bonito que era el apartamento y de cómo iban a decorarlo y de cómo irían a disfrutar su estancia, sobre todo si se pensaba que se iban a venir a vivir solos, pues todos sus hijos ya estaban casados y, por tanto, cada uno tenía fijada su residencia en Barranquilla.

Estaban en esas, cuando ella comentó que la joven señora, así como se había presentado de improviso, así también se había esfumado sin que ninguno de los dos se diera cuenta en qué momento lo había hecho. A lo cual él le contestó que sí, que en efecto, esa señora se había desaparecido sin darles tiempo de agradecerle sus buenos oficios.

Y así siguieron conversando, hasta que el sueño y el cansancio por lo ajetreado del día, los venció y se quedaron dormidos. Más tarde no pudieron precisar cuánto tiempo habían dormido hasta el momento en que los despertó el alboroto que hacían los demás pasajeros.

Repuestos del sobresalto, tomaron conciencia de lo que pasaba: un bus que iba en la misma dirección que el de ellos, es decir, camino de Barranquilla, había sido embestido por una tractomula y, como producto de la colisión, se había incendiado. El conductor y todos sus pasajeros habían muerto; solamente el ayudante se había salvado milagrosamente y, en ese momento se reponía del sobresalto; pues, hasta unos segundos antes, había estado llorando como respuesta a la impresión que le había dado ver como el bus se calcinaba con todos sus ocupantes adentro; luego contó que él había sido despedido como consecuencia del golpe de los dos vehículos, lo cual le salvó la vida.

A continuación reconoció a la pareja y les dijo:

–Ustedes iban a coger este bus, pero a última hora se arrepintieron y cancelaron el viaje, ¿se acuerdan?

–Claro que nos acordamos, dijo él mientras abrazaba a su esposa, como queriendo protegerla de algún peligro.

Entonces los demás pasajeros se les acercaron y quisieron saber cómo había sido que se habían salvado. Ellos contaron que habían viajado a Valledupar a conseguir vivienda y como una señora les había dado aviso de un apartamento y como, por ir a verlo habían tenido que cancelar el viaje en el fatídico bus de 4 de la tarde.

Estaban en esas, cuando ella vio que entre los pasajeros estaba la señora que, sin querer, les había salvado la vida; de inmediato avisó a su esposo y quisieron acercársele para agradecerle por partida doble, pues a ella le debían, no sólo la consecución de la vivienda; sino, y eso era lo más importante, también le debían la vida. Por eso, pidieron permiso a sus compañeros de viaje y fueron a buscar a su salvadora; sin embargo, no fue posible encontrarla; por más que buscaron y buscaron no dieron con ella.

Consultado el conductor, éste hizo una revisión de los pasajeros y concluyó que todos estaban presentes; nadie sobraba ni nadie faltaba.

Valledupar, 5 de julio del año 2003

¿Será verdad lo del ISS?

Según fuentes del mayor crédito, se ha estado gestando en los últimos meses, desde el alto gobierno, la sensación de que al Instituto del Seguro Social (ISS) se le están acabando los recursos para responder a sus obligaciones pensionales y que, por tanto, en pocos años no habrá como pagar las mesadas y, mucho menos, hacer reajustes anuales a las mismas de acuerdo a los índices permanentes de inflación y devaluación que asuelan a nuestra economía desde ya hace varios decenios y que, además, es probable que se produzca una nueva y más drástica reforma pensional. Reforma ésta, más rigurosa aún que aquella que sacara avante el extinto ministro de Seguridad Social a finales del año pasado y quien, ya en 1992, le asestara un duro golpe al ISS cuando, en asocio del actual presidente –entonces, senador también– impulsó e impuso la Ley 100, que terminó favoreciendo al sector financiero, pero perjudicó enormemente a la seguridad social.

Por eso, surgen las preguntas de rigor: ¿Acaso los fondos pensionales no se alimentan, entre otras cosas,  con los aportes mensuales de los trabajadores afiliados? ¿Por ventura la pensión que se le paga al jubilado no es la devolución paulatina de los ahorros que éste hiciera durante toda su vida laboral? ¿Qué se han hecho los dineros de esos aportes? Porque sabemos que ha habido despilfarros, –no se puede olvidar al Sr. Wolf– desfalcos, peculados y otras modalidades de robo que han mermado las arcas del ISS; pero, no obstante, es inconcebible que éstas se encuentren agotadas.

Nos dice el actual ministro de Seguridad Social –quien derramara lágrimas de cocodrilo durante la inhumación de su antecesor– que por cada cotizante actual hay diez pensionados; pero, aunque esto fuera cierto, ¿acaso esos diez pensionados –y sus respectivos empleadores de la época– no aportaron cada uno durante 30, 40 ó más años? ¿Qué se hicieron sus aportes? ¿Sería que los administradores del ISS los guardaron debajo del colchón y, por consiguiente, no ganaron ningún rendimiento? Porque normalmente el dinero trabajado con tesón y pulcritud rinde beneficios.

¿O será, Dios no lo quiera, que estos fondos se han desviado hacia otros fines, como por ejemplo, la guerra? No se debe olvidar que el país se encuentra bajo un gobierno guerreador, cuyas metas se han encaminado exclusivamente hacia tal fin y, por eso mismo, ha acrecentado como nunca el presupuesto del ministerio correspondiente, de por sí consentido desde siempre; para lo cual todos los gobiernos han echado mano de las partidas, de suyo irrisorias, destinadas a salud, educación y vivienda; es decir, la inversión social, que siempre ha sido la cenicienta del estado colombiano.

A propósito de la sed presupuestal del Ministerio de Defensa, las fuentes citadas al comienzo mencionan que también hay déficit en este rubro. ¿Qué pasó, entonces, con el impuesto de guerra al patrimonio, eufemísticamente llamado de seguridad democrática?

¿No fue suficiente? ¿Quedó mal calculado? ¿Se perdió como la droga incautada hace unas semanas? Porque en este caso no pudo haber desvíos de ese dinero hacia otras necesidades del Estado; ni más faltaba que así fuera.

¿No será todo esto una inmensa cortina de humo que permita tapar otras realidades del país y, de paso, permita justificar el armamentismo en el cual se encuentra inmerso el actual gobierno?

Lo lamentable de esta situación es la complacencia que acompaña a la mayoría de la gente. Innegablemente, Colombia ha sido un país de conformistas; aquí se le perdona todo a los gobernantes, padecemos de una amnesia endémica; pero nunca se había visto, ni siquiera después de la dictadura de Rojas Pinilla, tanta anuencia hacia un gobierno como la que se vive hoy; nada de lo haga o diga el actual, merece la más mínima reprobación.

No importa el aumento del desempleo, la caída vertiginosa del poder adquisitivo de nuestra moneda, la pérdida de garantías ciudadanas, el veneno político implícito en el referendo –que el gobierno quiere impulsar a toda costa– y tanta otras cosas que harían extensa esta lista, la mayoría aplaude como si viviéramos en un edén, tal vez engañados por la propaganda estatal que prolifera en los medios de comunicación, sobre todo en los canales privados de televisión, los cuales, al fin y al cabo, pertenecen a los verdaderos dueños del país.

Valledupar, 12 de julio del año 2003

La parábola del amor

En días pasados, me preguntaba un amable lector a qué manuscritos me refería en algunas de mis columnas, en las cuales, a través de parábolas, describía situaciones que, aunque ficticias, eran muy ejemplares. Muy cortésmente le respondí, después de agradecerle su afable opinión, que todo partía del preámbulo del primer cuento que escribí en mi edad adulta, en el cual el autor simula llegar a comprar,  en un remate, una casa usada cuya biblioteca le llenó de asombro, tanto por lo profuso de su contenido, como por lo selecto del mismo y, en donde, además, encontró unos manuscritos que le llamaron la atención, sobre todo uno, que es el tema de ese cuento.

Pues bien, hoy echo mano de esos míticos manuscritos para contar una situación que bien puede dejar alguna enseñanza o, al menos, entretener a los amables lectores.

«Una vez, al principio de los tiempos, se reunieron en lo alto de una montaña los sentimientos del alma, con el fin de pasar una tarde alegre. Las horas pasaban y nada ocurría; entonces la locura propuso jugar a las escondidas. El aburrimiento bostezó y siguió mirando hacia el infinito, mientras que el entusiasmo y la alegría bailaron uniéndose al juego.

La intriga dio saltos y saltos y convenció a la duda y a la apatía, quienes decidieron jugar también. La verdad, en cambio, dijo que para qué se escondía si nadie se iba a preocupar por encontrarla. La soberbia calificó de tonto el juego y siguió contemplándose en la superficie de un lago. La cobardía prefirió no arriesgarse, mientras que los demás sentimientos decidieron jugar.

La locura empezó a contar y cada cual fue buscando donde esconderse. El egoísmo fue el primero en hallar sitio para él solo, muy cómodo y ventilado y no quiso compartirlo con nadie. La fe subió al cielo y la envidia se escondió detrás de la sombra que proyectaba el triunfo, quien había subido, sin ayuda, hasta la cima de un elevado árbol.

La generosidad, entre tanto, no encontraba sitio para ocultarse, pues cada vez que hallaba uno, lo cedía a otro de los sentimientos, hasta que se ocultó, junto con la ingenuidad, detrás de un rayo de sol. La mentira no sabía si esconderse en el fondo del lago o detrás de las nubes y la pasión y el deseo lo hicieron en un volcán. El olvido terminó por trascordarse del juego.

Mientras tanto, la locura llegaba al final de la cuenta y el amor era el único que no había encontrado sitio donde ocultarse, pues todos ya estaban ocupados; hasta que divisó un rosal y se escondió entre sus flores.

La locura terminó y empezó la búsqueda. Al asomarse al lago, vio a la luna rielar en sus aguas y, detrás del resplandor, encontró a la belleza. A la duda la encontró junto a una cerca, sin decidir de cual lado esconderse. Siguió buscando y, fácilmente, fue encontrando a todos: al talento entre la hierba fresca, a la angustia en una oscura cueva, a la pasión y al deseo en el cráter del volcán, a la mentira detrás del arco iris, aunque ella le había dicho a la ingenuidad que se escondería en el fondo del lago; al egoísmo no tuvo que buscarlo, pues él solo salió de su escondite que resultó ser un nido de avispas, que lo persiguieron por toda la ladera de la montaña.

Y así, la locura siguió buscando y encontrando a todos, menos al amor que no aparecía por ninguna parte.

Lo buscó detrás de cada árbol, en los riachuelos, en la cima de la montaña y, ya iba a darse por vencida, cuando se le ocurrió buscar en el rosal: allí encontró al amor; pero cuando éste quiso salir, la locura, sin culpa, lo golpeó con la rama con la cual escarbaba el rosal y, en el afán de salir, el amor se hirió los ojos con las espinas. La locura lloró, pidió perdón y se ofreció como lazarillo del amor.

Por eso, el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.»

Valledupar, 19 de julio del año 2003

La parábola del remordimiento

Narración tomada de los manuscritos de marras y que espero sea motivo de reflexión.

Una vez, un niño se despertó, temprano en la mañana, algo disgustado ante el afán de la madre que lo apremiaba, pues se le había hecho tarde para ir a la escuela. El niño, molesto, le contestó de mala manera y, a partir de ese instante y hasta el momento de irse, cada vez que la madre le decía algo, el niño respondía con displicencia y, en ocasiones, con abierta grosería.

Cuando ya salía, ella le preguntó si no había olvidado algo; él, impaciente e incómodo, le contestó que nada y salió corriendo, pues el bus ya llegaba al paradero. Por la prisa, no se dio cuenta del leve destello de tristeza en los ojos de su madre.

Cuando el bus ya iba llegando a la escuela, el niño cayó en cuenta de que no le había dado a su mamá el beso de despedida. Toda la mañana la pasó con el remordimiento rondándole el alma y, por más que intentaba concentrarse en clase o distraerse en los recreos, no le fue posible apartar de su mente la actitud grosera que había desplegado con su madre.

Tan pronto como sonó el último timbrazo del día, salió presuroso a tomar el bus que lo llevaría de regreso a su casa, sin poner atención a los compañeros que lo convidaban a quedarse jugando un partido de fútbol.

El viaje se le hizo más largo que de costumbre. Ya se imaginaba a su madre esperándolo ansiosa en la puerta de la casa para recibirlo, como siempre, con un beso y un abrazo, después de haberle perdonado su actitud grosera de la mañana. Sin embargo, no fue así: en la puerta no había nadie.

Ya iba a tocar el timbre, cuando la puerta se abrió y apareció la figura de su padre; pero el niño de inmediato notó que su papá se veía demacrado y viejo, con los hombros caídos, los ojos hinchados y enrojecidos y la mirada cargada de aflicción.

Con el corazón agobiado por malos presentimientos, el niño sólo atinó a preguntar:

– Papá, ¿qué pasa? ¿Cómo está mi mamá?

El padre lo abrazó y, suspirando, contestó:

– Tu madre sufrió esta mañana un ataque fulminante al corazón. Una vecina que vino hace una hora a visitarla vio, a través de la ventana,  su cuerpo tirado en el piso de la sala y, de inmediato, me avisó. Cuando llegué, tu madre había muerto hacía rato, según lo dictaminaron los paramédicos de la ambulancia que llamé antes de salir de la oficina.

El llanto no lo dejó continuar.

El niño, como si hubiera sentido un mazazo en la cabeza, no atinaba a decir algo, hasta que prorrumpió en sollozos, para luego decir con voz entrecortada todavía por el llanto:

– ¡Mi mamá no pudo morir! ¿Cómo pudo pasar esto?

Luego cayó en un ensimismamiento, con mil pensamientos rodándole en su mente:

– Ha muerto mi mamá, con quien fui grosero esta mañana. Mi mamá, la que siempre tenía la palabra dulce en mis contratiempos; la que se ponía triste si me veía llorar; la que se preocupaba cada día por mí, por mis tareas; la que me arropaba en las noches y en las mañanas estaba pendiente de que no me faltara nada para ir a la escuela. Mi mamá de la que no quise despedirme esta mañana. ¡Dios mío, perdóname y permite que mi mamá me perdone! Dile que la quiero mucho y que siempre la querré. Ayúdame porque no sé qué  va a ser de mí, ahora cuando mi mamá se ha ido. Dile que nunca olvidaré su sonrisa ni la ternura con que siempre me trató. Te prometo que, a partir de hoy, trataré bien a todos aquellos que me rodeen, que nunca más saldré disgustado de la casa y, si he peleado con alguien, nunca más volveré a irme sin antes despedirme y haber hecho las paces. ¡Dios mío, cuídala mucho! Tú bien sabes que ella es muy buena. Y cuando me toque partir para siempre, permítele venir a cerrarme los ojos, arropar mis despojos y darme el beso que yo le negué.

Valledupar, 26 de julio del año 2003

La  ética  y  el  desarrollo del país

La ética (del latín ethica y éste del griego ethiké), llamada también filosofía moral, se puede definir como la ciencia de las costumbres del ser humano. Su objeto material lo constituyen los actos humanos y su objeto formal consiste en el enjuiciamiento de esos actos, respecto a una escala de valores.

En épocas pasadas la ética y la moral eran una sola, sin separación entre lo individual y lo colectivo, sin importar el accionar del ser humano, como individuo o como miembro de una comunidad. Sin embargo, actualmente, estos dos conceptos han sido separados de tal manera, que se llega a afirmar que, en tanto la moral es universal, la ética es meramente individual o, en el mejor de los casos, grupal.

Es indudable que todo comienza con la división entre ética autónoma y ética heterónoma; en donde la primera es aquella en la cual el sujeto encuentra en él mismo todo fundamento moral y la heterónoma fija su fundamento en algo externo al acto y al sujeto. De esta última surgen, entonces, diversas clases de ética: teológica, evolutiva, utilitarista, eudemonista, hedonista, etc.

De estos tipos de ética, vamos a ocuparnos de la utilitarista, debido a que ella es  la que más ha influido en el desarrollo del hombre contemporáneo; ya que por ser la utilidad su fundamento principal, la humanidad, sobre todo la de menor formación estructural (idoneidad y moral) o sin ningún nivel de este tipo de formación, ha sido presa fácil de la inversión de la escala de valores; lo cual ha llevado al mundo en general y a nuestro país, en particular, a caer en un marasmo que, en el caso colombiano, le ha corroído sus estamentos, trayendo como consecuencia la corrupción administrativa y demás formas de delincuencia, como producto de la búsqueda insaciable del dinero rápido, en que ese trastrueque axiológico lo ha convertido, del medio que siempre había sido -como herramienta de cambio comercial- en un fin en sí mismo.

Es por eso que la injusticia social, la explotación de los seres humanos situados en escalas inferiores, el narcotráfico, el secuestro, el sicariato, el testaferrato, el contrabando, el cohecho, el soborno, el asesinato, la extorsión, las desapariciones forzosas, etc., se han enseñoreado del devenir colombiano.

Debido a este cáncer, el país se descompone poco a poco cada día más y por eso los peculados, el cierre de empresas, los robos continuados, el tráfico de influencias y demás corruptelas, que se convierten en la noticia repetida diariamente, hasta la saciedad.

Por esa subversión axiológica, se han perdido los valores tradicionales, que antaño regían las costumbres de la gente: temor de Dios, honradez, honorabilidad, honestidad, respeto a la vida y a las demás personas, tolerancia, longanimidad, etc. El deseo de enriquecimiento material ha dado al traste con todo reato de conciencia hasta el extremo de unir poderes político y económico en la búsqueda de un solo objetivo: la perpetuidad en el poder.

Y, para lograrlo cualquier medio es lícito, pues la ética, al divorciarse de la moral, se ha convertido en un vestido que se quita y se pone de acuerdo a las circunstancias y a las conveniencias de cada cual.

Los grandes empresarios, legales o ilegales, financian campañas políticas, no como aporte a la democracia; sino como una inversión que habrán de recuperar más adelante; comprometiendo, así, la libertad de acción de los elegidos.

Además de la financiación privada de las campañas políticas, otra consecuencia del proceder antiético de algunos, es el fraude electoral y la compra y venta de votos.

Por eso, es indispensable un cambio radical en los hábitos de los colombianos: debemos empezar por volver a la antigua escala de valores; se requiere un resurgimiento de las buenas costumbres; todo lo cual permitiría la generación de líderes honestos y honrados, con conciencia social, que busquen el bienestar común por encima del provecho individual. Es impostergable la necesidad de volver a aunar la ética y la moral; es la única forma de evitar el hundimiento de nuestra querida patria. No debemos olvidar que la decadencia de los pueblos, empieza siempre por la decadencia moral.

Valledupar, 2 de agosto del año 2003

En realidad, ¿había algo que celebrar?

Muchas veces, cuando un establecimiento comercial está de aniversario, suele lanzar una campaña publicitaria que, la mayoría de las ocasiones, va acompañada del eslogan “Estamos de cumpleaños y usted recibe los regalos”, o este otro: “Promoción de aniversario: pague dos y lleve tres”, etc.;  todo lo cual hace que el público incautamente sucumba a la tentación y vuele a aprovechar las supuestas promociones, ya que no cae en cuenta de que lo que le van a cobrar por las tres unidades, de la cual le regalan una, es un poco más de lo que valían dos de ellas antes del último aumento, lo que significa, en buen romance, que no le están regalando nada y, por el contrario, le están obligando a comprar tres unidades de algo que, a lo mejor, sólo necesitaba una.

Ya que, en realidad, el comerciante no está dispuesto a regalar nada y, mucho menos, a perder ganancias; pero con el gancho de la publicidad bien manejada, y aprovechando la ingenuidad del cliente y su afán consumista, logra hacer su agosto.

Pues bien, algo parecido sucedió la semana pasada en Colombia, cuando el gobierno (sí, amable lector, éste, el actual, aquel que habría de llevarnos a la Tierra Prometida, el del nuevo Moisés, el del Mesías anunciado), cumplió su primer aniversario y, después de haber ofrecido este mundo y parte del otro, cuando en promoción de campaña había ofrecido acabar con la violencia, no aumentar los impuestos, proteger al trabajador raso, liquidar las prebendas de los poderosos y tantas otras cosas que a más de un escéptico le pareció demasiado bueno para ser verdad celebró -bajo la nube de incienso que le prodigó la mayoría de los medios de comunicación, sobre todo los canales privados de televisión- las supuestas bondades alcanzadas por el actual régimen.

No obstante, si se analiza fría e imparcialmente lo logrado en este primer año de gobierno, es bien poco lo positivo para el pueblo, vale decir, para ese 92% de colombianos que vive -si a eso se le puede llamar vivir- en el desempleo o en la miseria absoluta o en el rebusque o en esa luenga franja de privilegiados -por aquello de que en casa del ciego, el tuerto es rey- que está trabajando, pero que devenga como máximo un salario mínimo; el cual, si acaso, le permite sobreaguar en este mar de impuestos indirectos (IVA y demás) con los que el actual gobierno nos ha bombardeado en apenas un año.

Ahora bien, si a lo anterior le agregamos la reforma laboral que privó, a esos trabajadores que devengan el mínimo, de la remuneración adicional representada en horas extras; la reforma pensional que disminuyó las esperanzas de un retiro decoroso a quienes han trabajado toda una vida, muchas veces en condiciones adversas -porque los ejecutivos, los magistrados, los congresistas, los generales, el presidente, todos ellos, así se les rebaje el valor de la pensión, quedarán disfrutando de jugosas mesadas pensionales-; el cierre de algunas empresas del Estado que, de alguna manera, representaban una fuente de empleo para el pueblo; la anunciada retención en la fuente para las pensiones y tantas otras normas que cada día hacen más difícil vivir.

Todo lo anterior, sin contar con el aumento exacerbado de la represión en algunas regiones del país, sobre todo en zonas rurales, en donde el campesino tiene que vivir amedrentado entre el miedo que le produce la guerrilla, el acoso de los paramilitares, el pavor a los soplones y el desasosiego originado por la fuerza bruta de los organismos de seguridad.

Y si lo anterior fuera poco, la semana pasada llegó el anuncio de la más cruel de las burlas que se le puede hacer a este sufrido pueblo: la reglamentación de la  ley sobre el subsidio de desempleo.

Tal como quedó, a ese subsidio solamente podrá acceder una mínima parte de ese inmenso número de desempleados que tiene Colombia (casi ocho millones), pues son tantas las condiciones que se deben cumplir, que muy difícilmente se podrá disfrutar de dicho auxilio.

Entre las condiciones hay algunas tan absurdas que, si no se tratara de algo tan serio como lo es el hecho del desempleo, movería a risa: el aspirante al subsidio no debe haber renunciado sino haber sido despedido, no puede haber recibido indemnización por el despido, debe estar afiliado a una  Caja de Compensación, solamente podrá invertir el bono –porque dinero contante y sonante no verá– en educación y otras más que, como se dijo antes, en circunstancias diferentes movería a hilaridad.

Entonces, amable lector, ¿sí había alguno motivo de celebración? Sobre todo con tantos bombos y platillos como lo mostraron los canales privados de televisión.

Valledupar, 9 de agosto del año 2003

La parábola de la Esperanza

Narración tomada de los manuscritos que muchos lectores ya conocen. 

“Era una tarde llena de calor y sofocación; por eso, el niño, de apenas siete años de edad, decidió refrescarse y lanzarse al río, cuyas aguas no eran demasiado profundas; un par de minutos antes, el padre del niño había estado con el pequeño y la madre de éste, pero necesitó regresar a la casa que quedaba a pocos metros de la rivera, dejándolos solos.

El niño sobrenadó y, al sentir el frescor que le producía el agua fría, chapoteó feliz y, entre risas, se fue alejando de la orilla. La madre se reía al ver la felicidad de su hijo y lo animaba a seguir disfrutando del momento, mientras le daba instrucciones sobre cómo mantenerse a flote.

Sin embargo, bien pronto la alegría se transformó en angustia, cuando ella vio que un cocodrilo emergía desde un pantano próximo y avanzaba hacia donde se encontraba el niño. Desesperada, mientras llamaba a gritos a su esposo, se lanzó al río tratando de llegar antes de que lo hiciera el animal. No obstante su esfuerzo, el saurio llegó primero y cuando ella quiso alzar al infante, ya la bestia había atrapado entre las fauces sus pequeñas piernas. La madre no se arredró y, tomando al niño por los brazos, tiraba con fuerza, tratando de quitárselo al cocodrilo. Mientras tanto, el padre llegó y, a tiros, mató al animal. Rescatado el niño, fue conducido al hospital más cercano y allí lograron, tras una delicada intervención quirúrgica, salvarle las piernas.

Pasó el tiempo y, luego de muchas sesiones terapéuticas y grandes cantidades de paciencia, el niño volvió a caminar. Un día llegó del extranjero un pariente cercano del papá y, después de un buen rato de conversación, se enteró del percance que había sufrido el pequeño, quien a la sazón ya contaba diez años de edad.

Intrigado, el pariente quiso saber si habían quedado cicatrices en las piernas del niño; éste se remangó el pantalón y se las mostró; luego, orgullosamente, se quitó la camisa y le dijo, mientras le mostraba las marcas que tenía en los brazos:

– Estas son las cicatrices que usted debe ver; son las que me dejó mi madre cuando, desesperada, me enterró las uñas y no me soltaba y, así, logró salvarme la vida.”

A veces, con el paso de los años, nos van quedando cicatrices producidas en los momentos dolorosos, cuando Dios, en forma directa o a través de alguna otra persona, nos sostiene y evita que sucumbamos o, al menos, logra que el sufrimiento sea menor.

Por eso, no podemos perder la esperanza. No hay situación, por difícil que parezca, que no nos permita sacar fuerzas de la flaqueza para poder salir adelante.

De ahí la importancia de tener fe en un Ser Superior, a quien los creyentes llamamos Dios, porque, de lo contrario, seremos presa fácil de la desesperación.

Cuando, amable lector, sientas que la fe y la esperanza te abandonan, cierra los ojos y repite mentalmente, el siguiente canto de alabanza, que algún día me fue inspirado, tal vez por el mismo Dios:

¡Oh  Dios, Todopoderoso y Eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad Santa que eres un solo Dios, Omnipotente, Misericordioso y Bueno! Infinitas gracias Te doy,   Señor, por todos los favores recibidos de Tu Divina Providencia; por Tu amor y Tu bondad al darme todo lo que soy y todo lo que tengo, así como  también  por  tantas  muestras  de Tu generosidad y Tu misericordia al prodigarme amor y consuelo en los momentos de dolor o de tristeza; paciencia, resignación y esperanza, en los instantes de amargura, de angustia y de desesperación. Pero, por sobre todo, Señor, Te doy gracias por ser mi Creador, mi Redentor y mi Espíritu de Amor, de Vida y de Paz. Así sea.

Valledupar, 16 de agosto del año 2003

Después de la liberación

Ya han pasado cuatro meses desde cuando las tropas aliadas de la coalición anglo norteamericana –pues, al fin y al cabo, España no fue más que un convidado de piedra– se tomaran Bagdad y pusieran fin al régimen de Saddam Hussein, ‘liberando’ al pueblo iraquí, y nada que han aparecido –ni aparecerán– las armas de destrucción masiva que sirvieron de pretexto para la invasión de dichas tropas.

Es probable que el mundo, tan desmemoriado para recordar las tropelías de los poderosos, ya se hubiera olvidado del pueblo de Iraq y de toda la devastación que sufrió como resultado de la codicia del Presidente de Estados Unidos, si no hubiera ocurrido la desaparición y posterior asesinato del consejero inglés, quien se atrevió a denunciar las falacias de su Primer Ministro, en tan sonado caso de abuso de las potencias contra un país en desventaja y si, además, el pueblo iraquí no hubiera creado los frentes de resistencia que han venido acosando a las tropas invasoras.

Después de la ‘liberación’, el pueblo iraquí está peor que antes de la intervención anglo norteamericana: el hambre, el desempleo, la miseria, la prostitución, los atracos, los asaltos y demás demostraciones de la desesperación de un pueblo a la deriva, han aumentado.

Además la resistencia al invasor ha traído, como consecuencia, la represión de los ejércitos vencedores; represión que coarta, aún más, la libertad de ese sufrido pueblo de Iraq, cuya suerte parece abandonada de la mano de Alá.

Mientras tanto, George Bush, cada vez se inventa una nueva mentira sobre la situación del país vencido: en una ocasión culpa a los hijos de Hussein, en otra a Al Qaeda, más adelante sindica a los restos del ejército iraquí y, así, sucesivamente, va buscando culpables de la situación de rebeldía de un pueblo que no se resigna a ser avasallado.

Porque la coalición Bush, Blair y Aznar –metámoslo en gracia de discusión– pudo haber derrotado al ejército de Hussein, pudo haberse apropiado del petróleo iraquí, verdadero objetivo de la invasión, así los aliados y sus áulicos lo nieguen; pudo, en fin, apropiarse de las demás riquezas del subsuelo de Iraq, pero no podrá echar mano de sus conciencias; al fin y al cabo, el pueblo musulmán tiene una forma diferente de ver las cosas, a como se ven en occidente.

De otra parte, para el Islam la política y la religión van de la mano, lo que hace aumentar la mística del pueblo, para hacer un frente unido contra el invasor; lo que ha traído como resultado que los diferentes grupos que antes se hallaban enfrentados, tales como los sunitas y los chiítas,  ahora se hayan unido tras la búsqueda de un objetivo común: rechazar al invasor.

Ahora, Bush busca el auxilio de la ONU; sí, la misma de la cual se burlara hace cinco meses, cuando se le opuso a la invasión y, por encima de las decisiones del organismo internacional, lanzara sus ejércitos imperiales contra un enemigo que –todos lo sabíamos– era inferior.

Para ello, le ha pedido que utilice las fuerzas multinacionales de paz, las de los famosos cascos azules –las mismas que quiere Uribe que vengan a Colombia– para que le ayuden a reducir la sensación de ocupación colonial en Iraq y, de paso, le hagan menos pesada la carga que le ocasiona su imperialismo desaforado.

Lo grave, es que ya puede ser demasiado tarde, pues muy pocos gobiernos querrán apoyar una acción tan desprestigiada como lo fue la invasión a Iraq.

Salvo aquellos gobiernos de corte fascista, para quienes todas estas acciones de fuerza les parecen maravillosas y, de todas maneras, podrían cobrar el favor, cuando ellos mismos lo necesitaran.

Y entre tanto, de Hussein, no sabe ni siquiera de su sombra.

Valledupar, 23 de agosto del año 2003

El amor y la amistad

Al iniciarse el mes de septiembre, mes dedicado al amor y a la amistad, no obstante el derrotero comercial que esta celebración ha tomado, quiero compartir con mis lectores estos dos poemas que me fueran inspirados, el primero un soneto, cuando quise dedicarle a mi esposa un escrito con motivo de un aniversario de bodas y, el otro, después de haber leído, hace años un libro lleno de sabiduría y de consejos que invitan a la meditación.

DEDICATORIA.

A mi esposa, en nuestro trigésimo aniversario

No sabía cómo escribir esta dedicatoria,

si recurriendo a la prosa o a la rima;

con el fin de contar como te mima

esta alma que solamente de ti tiene memoria.

Hay quienes consideran al amor como una noria

a la que van y  vienen -y terminan por tener encima

una obligación- y no los encantos de la gloria

de un amor, que nos ha de llevar de sima a cima.

Porque amor como el nuestro, tan ardiente

que no se aparta de tu mente y de mi mente,

y hace que nuestro corazón sea sólo uno,

es amor que siempre ha de estar latente

para fundir pasado y futuro hacia el presente;

porque amor como el nuestro no hay ninguno.

EL AMOR.

Hoy reboza de amor mi corazón

y quiero amar por igual a todo el mundo,

con tal amor y un sentir profundo

que de mi vida sean la única razón.

El amor será la fuerza de mi vida

y, como ya dije antes, la razón de mi existir;

que me anime desde ahora a vivir

sin causarle a nadie nunca una herida.

Pero también el amor ha de ser mi escudo

que me proteja del odio y de la ira,

que alguna acción accidentalmente inspira

y que  la razón disimular no pudo.

Amaré a los ricos por su soledad,

porque lo único que tienen es dinero;

en tanto que los pobres tienen el venero

que también hace amarlos: su bondad.

Amaré a los poderosos en razón de su tristeza,

porque viven sólo de la adulación;

mas también amaré a los humildes con el corazón,

porque ellos poseen de Dios honda terneza.

A toda persona que me encuentre desde ahora,

le diré en silencio que la amo

y que por su bienestar a Dios le clamo

para que su despertar sea siempre clara aurora.

Y cuando haya derribado la muralla

de prevención o de resentimiento,

que en algunas personas yo presiento,

sentiré haber ganado de la vida la batalla.

Y sentiré que mi alma ya de amor reboza

por haberme ganado de la gente la ternura;

y mi corazón se ha librado así de la amargura

que es para él lo que la espina es para la rosa.

Por consiguiente, me amaré a mí mismo

para así librarme de la concupiscencia,

que no me permite tener tranquila la conciencia

y me sume del pecado en el abismo.

Además, no tendré tiempo para odiar

porque sólo el amor ocupará mi mente;

para que en el futuro como en el presente

solamente me quede tiempo para amar.

Ya que el amor, aunque no sea correspondido,

engrandece más a quien lo da que a aquel que lo recibe;

porque a veces la persona amada no percibe

todo el amor que por su corazón, ha florecido.

No olvidemos lo que el mismo Jesús nos enseñara:

“amar a nuestros enemigos y a aquel que nos ofenda”;

y, por supuesto, a todo aquel que su amor ofrenda:

amarnos, como el mismo Cristo nos amara.

Valledupar, 2 de septiembre del año 2003

Rabieta presidencial

No obstante la ola de complacencia con la cual los canales privados de la televisión colombiana y la gran prensa nacional perdonan todo lo que el presidente Uribe haga, ni la actitud sumisa con que los ex presidentes liberales tomaron las palabras de aquel con respecto a la misiva que estos le enviaran, a propósito del acuerdo humanitario sobre la situación de los centenares de colombianos que se encuentran en poder de las FARC, es innegable que la reacción del Presidente fue desproporcionada, pendenciera, soberbia y, por decir lo menos, descortés e inelegante.

Porque, sin duda, es una preocupación nacional la suerte de estos compatriotas privados de la libertad sin una razón válida y, por consiguiente, toda voz que pueda ayudar a encontrarle solución a esta situación debe de ser bien recibida, venga de donde viniere: el ciudadano común y corriente, los familiares de los secuestrados, los funcionarios públicos, los ex presidentes, los ex magistrados, los ex congresistas, los académicos, los miembros de asociaciones y todas aquellas personas que, de buena fe, consideren que pueden ayudar, con su opinión y sus luces, a  hallar la salida de este horroroso túnel, en el cual se encuentran tantas y tantas familias de compatriotas, quienes viven en carne propia la angustia de tener secuestrado un ser querido.

Entonces, no es de ninguna manera saludable la actitud del Presidente, cuando, tomando el rábano por las hojas, se sale de sus casillas y, entonces, se detiene a mirar la forma y no el fondo de una carta que, con toda seguridad, había sido escrita de buena fe y con los mejores propósitos.

Porque dejando de lado, en gracia de discusión, la merecida animadversión que el presidente Uribe debe sentir por Marulanda y Compañía, es irrefutable la realidad de los hechos y estos son demasiado evidentes y demasiado dolorosos, como para que, así el Presidente diga lo contrario, se pretenda negar que los dos bandos en conflicto deben de encontrar la forma de liberar a los colombianos secuestrados.

El Gobierno porque es su deber y las FARC porque es su obligación.

Ahora bien, si el acuerdo no se da –y esta posibilidad solamente es válida, siempre y cuando las FARC no den garantía de paz, de desarme y de no más secuestros– el Gobierno deberá proceder a planificar las acciones conducentes al rescate de los secuestrados. Pero esto, solamente deben hacerlo los expertos en estas lides, es decir, los militares; porque si no, se corre el riesgo de fracasar, con los resultados que el país ya conoce por haberlos vivido en anteriores ocasiones.

Consecuencias estas que han llenado de luto a muchas familias, a regiones enteras y, en ocasiones a gran parte del territorio nacional. Entonces no se puede, a fuer de protagonistas, emprender acciones que se sabe habrán de resultar un fiasco.

Pasando ahora a la segunda parte de la introducción de este comentario, es  inconcebible también la actitud de algunos de los ex presidentes liberales que firmaron la misiva de marras, quienes, después de conocer la reacción de uno de sus destinatarios, hayan terminado dando excusas inconexas, como si se tratara de niños regañados que, al ser sorprendidos por el padre o el maestro, al momento de cometer una falta, estuvieran tratando de esconder la mano después de tirar la piedra.

Dando, así, la impresión de que el proceder altanero del presidente Uribe los hubiera arredrado.

Valledupar, 7 de septiembre del año 2003

El mundo de Sofía (1ra. Parte)

He tenido el placer de leer, y releer varias veces, este maravilloso libro, escrito por Jostein Gaarder y del cual había recibido las mejores referencias: un libro de filosofía, diferente a los demás; no se trata de una Historia de la Filosofía, escueta, llena de fechas, citas y sentencias; no, por el contrario, es una novela sobre la Filosofía, en cuya trama el autor teje la historia de unos personajes que dialogan sobre la Filosofía y nos narran su Historia; pero con un cariz didáctico tal que, estoy seguro, quien no supiera de filosofía, terminaría por conocerla y, más aún, por enamorarse de ella y querer profundizar en su contenido.

Su lectura me cautivó de tal manera, que me decidí a escribir este ensayo al respecto.

En una pequeña ciudad de Noruega llamada Lillesand, vive una joven, próxima a cumplir los quince años, llamada Sofía Amundsen. Sofía empieza a recibir notas  anónimas en donde le cuestionan asuntos tan importantes, como ¿quién eres?, ¿de  dónde vino el mundo?; interrogantes éstos que despiertan su interés.

A  continuación,  el autor de las preguntas, comienza a enviarle un curso sobre la historia de la filosofía, en el cual le muestra cómo, desde su mismo despertar, la humanidad se ha planteado estos mismos interrogantes; los cuales, no solamente dieron  comienzo a la mitología de las civilizaciones antiguas; sino que también han sido el origen de muchas de las religiones que aún, hoy en día, perduran; pero que, además, han  constituido la fuente de todas las corrientes filosóficas que en el mundo han sido; desde los filósofos de la naturaleza, como Tales de Mileto, Anaximandro y Anaximenes, quienes vivieron, aproximadamente,  hacia  los siglos VII ó VI AC.,  hasta nuestros días, cuando filósofos contemporáneos como Bertrand Russell y Jean Paul Sartre, han tratado de hallar respuestas válidas para estas preguntas y para otras que surgen, como corolario de ellas: la existencia   de Dios y la inmortalidad del alma, la necesidad de la ética, de la moral y de los sentimientos y demás cosas que animan al ser humano a actuar, buscando distinguir el bien del mal, para hacer el primero y evitar el último.

En El Mundo de Sofía, llega un momento en que el lector queda sobrecogido, de tal manera, que termina por preguntarse ¿realmente existo o solamente creo que existo?

Porque, como paradoja de este enigma, la protagonista se da cuenta de que ella parece no existir en la realidad; sino que es un personaje, cuya vida y actos están movidos por los hilos de la trama que teje el autor del curso de filosofía, quien resulta ser el padre de una niña, desconocida de Sofía, llamada Hilde, conocido como el Mayor Albert Knag que, desde las llanuras del Líbano, en donde actúa como observador de las Naciones Unidas, decide escribir el curso de filosofía como regalo para Hilde, quien, de manera coincidente, también llega a los quince años.

Alberto Knox, quien funge como profesor de Sofía y que, en un momento dado, decide salir del anonimato para continuar la enseñanza en forma de diálogos, se sorprende junto con Sofía cuando a ambos les asalta la misma duda sobre su real existencia.

Lo interesante de El Mundo de Sofía no es solamente conocer la historia de la filosofía; sino, mejor aún, acompañar a Sofía a encontrar la Verdad que nos ayude a dar respuestas válidas a tantas inquietudes que van surgiendo en la mente de cada cual.

El Mundo de Sofía es un libro que vale la pena releer y conservar como medio de consulta, en momentos en que las respuestas no surjan claras y espontáneas; sobre todo, en estos últimos años, cuando los valores axiológicos se han degradado y cuando parece que la humanidad estuviera más interesada en destruirse, que en prolongarse hacia el futuro.

Valledupar, 14 de septiembre del año 2003

La nefasta noche septembrina

Escrito tomado del trabajo titulado «Manuelita Sáenz, La Libertadora del Libertador», el cual escribí y presenté el año pasado a la Academia de Historia del Cesar, para optar como miembro correspondiente:

Los enemigos políticos de Bolívar decidieron sublevarse y, en la conspiración, matar al Libertador, a su amante y a los amigos de ambos. Los conspiradores en su mayoría eran jóvenes románticos, convencidos de que en Bolívar y su gobierno estaba el origen de todos los males que agobiaban al país.

Entre ellos figuraban, Luís Vargas Tejada, idealista como pocos; Florentino González, figura literaria de la época y otros, que como satélites, giraban alrededor de éstos, quienes habían logrado comprometer a algunos militares en la revuelta, como el coronel Ramón Guerrera y el comandante Pedro Carujo.

El levantamiento estaba previsto para el 28 de octubre, día de San Simón, el santo patrono de Bolívar. Esperaban dar el golpe en medio de las celebraciones.

Pero, en la tarde del 25 de septiembre, un capitán de apellido Triana, que estaba envuelto en la confabulación, llegó a su cuartel totalmente ebrio y sin culpa tropezó con otro oficial y, al reclamarle éste, Triana se subió a una mesa y energúmeno gritó: «¡Ha llegado la hora de ahogar la tiranía de Bolívar en océanos de sangre!»

Se dio parte del incidente y Triana fue a parar al calabozo y se le informó a Bolívar, quien no le dio demasiada trascendencia.

Por su lado, el coronel Guerrera, temeroso de que se hubiera descubierto el plan, resolvió  proceder a reunir a los conspiradores; trazaron el camino a seguir, que consistía en asesinar a Bolívar, a Manuela, a Urdaneta y a todo aquel que se interpusiera en su camino, liberar a Padilla para, luego, pedirle a Santander que se hiciera cargo del gobierno.

Llegó la noche, fría como ninguna, pues había llovido toda la tarde, lo que aumentaba la habitual desapacibilidad de las noches bogotanas. Las horas avanzaron, escampó y la luna apareció. Pronto, José Palacios cruzó la calle a llevar a Manuela el consabido mensaje de su amo: «Por favor, ven luego».

Cuando Manuela llegó, encontró a Bolívar tomando un baño caliente. Después de saludarla, le dijo: «Va a haber una revolución.»

– Ya lo sé. Y me alegra que lo hayas advertido. Tú nunca me crees y tomas con recelo lo que te digo.

Sin embargo, Bolívar no había tomado muchas precauciones; salvo doblar la guardia,  cambiar algunos oficiales en los cuarteles y colocar, junto a su cama, su espada y sus pistolas.

Pidió a Manuela que le leyera y ella lo hizo; cuando lo vio adormilado, tomó una vela y se dirigió al cuarto que ocupaba cuando iba a la casa de gobierno.

Ya era la medianoche cuando los conspiradores llegaron a San Carlos. Cuando el centinela quiso reaccionar al no escuchar el santo y seña correcto, era tarde; había sido atravesado por una lanza. Los demás guardias corrieron la misma suerte.

Los traidores, envalentonados, comenzaron a gritar: «¡Abajo Bolívar!, ¡Muera el tirano!, ¡Viva la Libertad!»

Manuela se despertó y corrió donde Bolívar y, ayudándole a vestirse con celeridad, lo conminó a saltar por la ventana que da sobre la calle 10. Cuando los asesinos llegaron preguntando por Bolívar, Manuela les contestó: «Está en la sala del consejo»

Se apoderaron de ella y, a punta de sable, la llevaron a la sala del consejo; al encontrarla vacía, se desesperaron; buscaron entonces por todas partes, con idéntico resultado. En el camino alguien quiso matar a Manuela, pero otro de los rebeldes dijo: «No hemos venido a matar mujeres.»

Más adelante, se les cruzó el coronel William Fergusson, leal al Libertador y, Carujo, con sangre fría, le disparó al rostro y luego, cuando estaba cayendo al suelo, le hundió el sable en el pecho.

Pero ya Bogotá despertaba y Manuela alcanzó a oír, desde el cuarto donde la habían encerrado, los disparos de los cañones de los cuarteles y, también, se oían disparos de armas menores; el factor sorpresa les había fallado a los asesinos, quienes asustados huyeron, perdiéndose en la noche; pero Manuela los había identificado.

Llegaron los leales trayendo la tranquilidad. Una vez auxiliaron a Manuela, que tenía una gran contusión en el rostro, le preguntaron por el Libertador. ¡Sí! ¿Dónde estaba Bolívar?

Después de saltar por la ventana, había corrido arrimado a la pared del Teatro Coliseo, manteniéndose en las sombras. Oyó pasos y se agazapó, pistola en mano, pero pronto vio a José Palacios. Corrieron con la esperanza de llegar a los suburbios. Pero oyeron voces y optaron por esconderse.

Quedando así, hundidos hasta las rodillas en los albañales de Bogotá, el callado y fiel José, el esclavo analfabeto, y Simón Bolívar, que había liberado medio continente.

Había sido, sólo unos años antes, el ídolo de América, el entusiasmo de Europa. Los poetas le habían cantado y muchos hombres lo habían abandonado todo por seguirlo.

En ese momento, el Libertador tenía herida el alma; la traición de algunos que lo habían acompañado en su gesta de independencia, que habían compartido con él los sueños de libertad, se habían dejado seducir por los cantos de sirena de la codicia, del egoísmo; nunca habían entendido su desprendimiento y su grandeza.

Cuando Bolívar y su fiel criado oyeron los vivas al Libertador, salieron del sumidero donde estaban y, luego de abrazar a sus soldados, Bolívar pidió un caballo; se dirigió a los cuarteles, se aseó, se puso un uniforme limpio y se presentó en la plaza. Allí, los conspiradores, alrededor de cien que habían sido apresados y esposados, se encontraban abatidos. La guarnición leal, prorrumpió en vítores cuando entró el Libertador. Todos pudieron observar su rostro macilento. Con voz ronca, agradeció a todos su lealtad.

Sus generales, uno a uno, se fueron acercando a felicitarlo; cuando Santander le tendió la mano, Bolívar se mantuvo inmóvil, con evidente desprecio. Luego, regresó a San Carlos; por el camino, la gente daba vivas a su Libertador.

Cuando franqueó la entrada y se encontró con Manuela, la estrechó entre sus brazos y, emocionado, le dijo: «Manuela, mi Manuelita, eres la Libertadora del Libertador.»

Valledupar, 20 de septiembre del año 2003

El mundo de Sofía (2da. Parte)

El libro El Mundo de Sofía presenta unos interrogantes que, en muchas ocasiones, son difíciles de responder, tales como: ¿Quién es Dios?, ¿Cómo se creó el mundo?,  ¿Hay otra vida después de la muerte? Muchos pensarán que son preguntas tontas o poco interesantes o quizás dudosas, pero que, en realidad son certeras y profundas.

Estos interrogantes y muchos otros más, tienen una respuesta lógica, aunque no se vea tan fácil ni sea tan elemental.

El saber de dónde viene el mundo, quién es Dios, qué sucede cuando alguien muere, se nos pudo haber enseñado en algún momento de nuestra educación, o su respuesta pudimos encontrarla en algún libro o enciclopedia; sin embargo son interrogantes que, aunque se crean insólitos y  difíciles de resolver, pueden tener una o muchas respuestas; lo cierto es que no pueden quedar en el aire, aunque se crea que es imposible contestarlos, y hallar la respuesta debe preocuparnos.

Entonces aparece la deducción de que las preguntas y las posibles respuestas acerca de algo, surgen del pensar, es decir, del desarrollo intelectual del ser humano.

No obstante, muy pocas personas se dedican a resolver esos porqués. Se puede decir que esta capacidad de discernimiento, es lo que diferencia a los filósofos, del común de las personas; quienes, para muchos de sus contemporáneos son individuos desocupados o locos, pero que el libro El Mundo de Sofía nos hace entender y analizar y concluir que ese concepto sobre los filósofos es totalmente errado.

Si no hubiera sido por estos individuos, a quienes muchos llamaron locos y desocupados, ¿quién hubiera descubierto la ley de la gravedad?, ¿quién nos habría hablado del origen del mundo?, ¿quién habría buscado respuestas a interrogantes como los propuestos al comienzo de este análisis?

La pregunta que uno se hace después de leer El Mundo de Sofía es: ¿por qué yo no veo las respuestas a esos interrogantes, de manera tan fácil como lo han hecho los filósofos?

Lo cierto es que las respuestas a esas preguntas difíciles no surgieron de un día para otro, ni fueron consultadas en enciclopedias; eso fue el resultado de un análisis de días, meses, años.

Todos nacemos con inquietudes, con ganas de saber y aprender cosas, pero cuando empezamos a conocer el mundo y a desarrollarnos, la misma sociedad, el entorno nos vuelve conformistas con el saber, de tal manera que si nos preguntamos, ¿por qué llueve?, y alguien  nos dice que se trata de un estado del tiempo en el cual las nubes se cargan de agua y, por acción del calor y la presión, esas nubes sueltan el agua, etc., de inmediato nos convencemos y no indagamos más porque nos conformamos y nos habituamos a ver llover.

En tanto que los filósofos no son habituales ni conformistas con el saber; para ellos todo tiene sentido y hay que analizarlo y desmembrarlo hasta su más mínimo concepto.

Por eso, el aprender la filosofía en las aulas, no debería ser solamente el conocer a cada uno de los filósofos, sus teorías, sus creencias; sino, además, poder aprender a pensar y analizar filosóficamente; lo cual es totalmente diferente a pensar y analizar a secas. Como decía Manuel Kant. “Se debe enseñar a filosofar,”

Porque, pensar lo puede hacer cualquiera, pero es innegable que la inteligencia juega un papel importante en todo análisis que se haga, ya que, si el análisis de algún fenómeno, es ilógico, ¿qué sucede con las aplicaciones de este fenómeno? Seguramente, serán un fracaso; entonces, he aquí, que el dar una explicación a algo, con inteligencia y justificación, no lo puede hacer cualquiera; sino aquél que pueda hacerlo teniendo en cuenta el pensamiento filosófico.

En realidad, la filosofía representa una manera de entender el universo, la naturaleza y también al hombre mismo. Sin embargo, para algunas personas dichos análisis y explicaciones no son de total credibilidad y, por arrogancia o por soberbia, pretenden negar las conclusiones filosóficas, olvidando que los filósofos, aún cuando  hacen estos análisis y dan sus explicaciones con su personal visión, lo hacen de tal forma que, todos aquellos que los escuchan, tengan una misma facilidad de entender el fenómeno que ellos quieren explicar.

Por último, no olvidemos a Jesucristo, quien, sin ser filósofo, vino a enseñarnos quién es Dios, para qué se creó el mundo, qué sucede después de la muerte y otras cosas importantes para poder vivir de acuerdo con ese Dios; pero por sobre todo vino a difundir algo tan trascendental  como lo es la vida interior, la paz del espíritu, la capacidad de perdonar, el amor al prójimo.

Valledupar, 27 de septiembre del año 2003

El mundo de Sofía (3ra. Parte)

El principal interrogante que nos presenta el libro El Mundo de Sofía y que diariamente la vida nos plantea, es aquel que, para algunos, pone en duda la existencia de Dios. En realidad,  ¿Quién es Dios?, ¿Existe Dios?

Para evitar el entrar en honduras que puedan llevarnos a escribir dislates o, peor aún y más grave, cometer alguna herejía o alguna blasfemia, veamos el concepto de Dios desde el punto de vista filosófico tomándolo, como el Ser Supremo de cada una de las religiones monoteístas, como el bien apetecible por excelencia.

Aunque el concepto de Dios proviene de la religión, es decir, de la relación del hombre con lo divino y lo espiritual y, por tanto, el reconocimiento de un poder sobrenatural y el sentimiento de dependencia hacia éste, es innegable que la filosofía ha logrado enriquecer su significación, al señalar, a través de sendas doctrinas, tres aspectos que identifican a la divinidad.

Primera, el Panteísmo, mediante el cual se equipara la naturaleza divina a la del universo, en donde Dios y las cosas no son más que aspectos de una realidad única.

Segunda, la doctrina que concibe a Dios como un ser superior que, análogo a sus criaturas, es la suma perfección, causa primera y fin de todas las cosas, a las cuales les da sentido y razón de ser.

Tercera, Dios es absolutamente distinto al hombre e insondable para éste.

Cada una de estas doctrinas tiene su propio método para conocerlo: para el panteísta, sólo basta la intuición para lograrlo; para el analogismo, a Dios se llega a través del conocimiento, en tanto que para la tercera doctrina, no son la racionalidad y la intuición las formas de conocer a Dios; sino la moral y los sentimientos los que nos aproximan al conocimiento de la divinidad.

De todas maneras, y sin importar el método, la unión mística identifica lo conocible con lo conocido; de tal forma que cada cual tendrá el concepto de la divinidad, quedando, así, el problema capital: resolver la existencia de Dios.

No obstante, los ateos –aquellos que niegan la existencia de Dios– se aferran a la idea de que el concepto divino es superfluo e innecesario para la existencia del mundo y la vida humana o, en el mejor de los casos, indemostrable.

Para los materialistas, quienes niegan toda espiritualidad, Dios es un concepto creado por el hombre dentro de su proceso histórico, el cual es superado cuando el individuo madura.

De todas maneras, Dios es el principal tema de la filosofía, que ha dado origen a muchas discusiones, no sólo en el terreno teórico; sino en el moral.

Históricamente, existen dos maneras de lograr esta demostración: la llamada a priori, que consiste en el análisis del concepto de Dios y es defendida mediante el argumento ontológico de San Anselmo y, también, las teorías de racionalistas como Descartes y Leibniz y, la denominada a posteriori que, a partir de los seres de la naturaleza y su regresión causal infinita, llega a Dios, como creador, motor y sostén del universo. Entre los defensores de las pruebas a posteriori, está Santo Tomás y sus famosas vías, en donde el argumento principal es soportado por la existencia de Dios, como causa primera y única de todas las cosas y como causa final, responsable del orden existente en el universo.

Para terminar, recordemos la anécdota aquella que cuenta de un neurocirujano famoso y de un astronauta, quienes coincidieron en una reunión social. El primero era creyente y el segundo ateo y materialista. En un momento dado, empezaron a hablar de la existencia de Dios.

Cada uno expuso sus argumentos, sin lograr que el otro diera su brazo a torcer. Hasta que el astronauta, como para cerrar la discusión y, de paso, dejar sin piso el raciocinio del neurocirujano, dijo:

–Pues le cuento que llevo muchos años viajando por el espacio exterior y jamás he logrado ver a Dios en las alturas.

–No se preocupe que eso nada demuestra. – Respondió su interlocutor.– Yo he pasado la mayor parte de mi vida diseccionando cerebros humanos y nunca he visto un pensamiento.

Valledupar, 4 de octubre del año 2003

El fin del mundo (1ra. Parte)

No, amable lector, no quiero hacer alusiones acerca de la visión que el Apóstol San Juan tuviera en la isla de Patmos y que le permitiera escribir, en tiempos del emperador Domiciano,  sobre el tema que sirve de título a este ensayo.

Ni mucho menos quiero hacer mención de las cábalas con que, periódicamente, los esotéricos nos abruman con relatos sobre este acontecimiento que, ineludiblemente, habrá de acaecer. Y que estos últimos autores, quieren siempre relacionar con el número de veces que nuestro planeta gire alrededor del sol, o la inevitable ocurrencia de un eclipse, o las regulares apariciones de los cometas, esos cuerpos celestes cabelludos y con cola que, cada varios decenios, visitan la órbita terrestre.

Tampoco pretendo ser el agorero del desastre que pudiera acaecerle a nuestro país ante el descalabro del referendo y el triunfo de las fuerzas de oposición, en cabeza del Polo Democrático, en los últimos comicios y la consiguiente revisión de las políticas del alto gobierno.

No, en realidad, quiero hacer mención a los posibles motivos naturales y, por lo mismo, accidentales que podrían ocasionar el cataclismo final de nuestro mundo; para, luego, analizar las causas intencionales del mismo hecho catastrófico y definitivo, provocado, esta vez, por la insania humana.

Dicen los entendidos en el tema que, así como el universo pudo haber surgido como consecuencia de una colosal explosión, es probable que su extinción obedezca a un acontecimiento similar de causas variadas.

Hay autores que creen en la posibilidad de una estrella intrusa, la cual podría acercarse peligrosamente a nuestro sistema planetario, de tal manera que, en su camino, barriera con los cuerpos celestes que encontrara; entre ellos, la Tierra.

Si se piensa que, por lo general, las estrellas tienen un volumen un millón de veces más grande que el de nuestro mundo, la ocasional intrusa, ni siquiera necesitaría chocar contra él, en cuyo caso lo destrozaría; sino que él solo desequilibrio gravitacional, ocasionado por su proximidad a la Tierra, desencadenaría inundaciones y catástrofes de nivel incalculable, que darían al traste con todo indicio de vida en nuestro planeta.

Podría suceder, también, que el sol penetrase en una nube de gases o materia interestelar, trayendo como co00nsecuencia la volatilización de nuestro sistema solar, como resultado de la fuerza viva generada por la fricción de esa presunta nube cósmica con el sol, cuya velocidad es de trescientos kilómetros por segundo.

Algo similar observaron los astrónomos en 1934, en la constelación de Hércules, cuando a través de sus telescopios vieron, cómo la materia de una estrella se proyectaba en el espacio, iluminándolo, a medida que se expandía a la velocidad de la luz, destruyendo en pocas horas su cortejo de planetas.

Es posible, además, que el sol se convierta en nova, esa clase de estrellas que estallan por causas aún desconocidas, ocasionando el enfriamiento de nuestra atmósfera después del súbito recalentamiento ocasionado por el estallido del sol.

Al principio la temperatura ambiente subiría alrededor de los 80 grados centígrados, suficientes como para acabar con todo rastro de vida humana en el planeta.

Pero si alguien sobreviviera a ese calor exorbitante, el frío posterior daría buena cuenta de él.  He aquí la gran fragilidad del ser humano. Bien lo dijo Pascal, «el hombre se distingue por su grandeza y por su debilidad».

Valledupar, 18 de octubre del año 2003

El fin del mundo (2da. Parte)

Ya se vio en la primera parte de este ensayo como la vida es frágil en nuestro mundo. Cada día puede ser el último; sin embargo, la humanidad olvida este hecho y vive como si fuera eterna.

No solamente se descuida el entorno y se agotan las fuentes de la vida; sino que, además, el ser humano vive en una carrera desenfrenada, en la cual poco o nada le importa acabar con sus semejantes con tal de satisfacer sus propios deseos, sin pensar que, también, puede destruirse a sí mismo.

Cualquiera de las posibilidades enumeradas hace ocho días, acabaría con la vida en nuestro planeta; es decir, sería el fin del mundo: todo se desintegraría y quedaría convertido en gas que se mezclaría con el plasma interestelar, sobreviniendo la noche, después de que nuestro mundo ardiera en un destello espantoso.

Pero también puede ocurrir, como ya se mencionó antes, que el sol se enfriara. Sucede que esta estrella mantiene en su núcleo temperaturas de horno atómico, de alrededor de veinticinco millones de grados centígrados y en su superficie un promedio de siete mil grados.

Si esta última temperatura descendiera, siquiera unas decenas de grados, nuestra temperatura ambiente en la Tierra descendería a casi cien grados bajo cero y la vida, como tal, desaparecería y se tornaría como Plutón, cuyo nombre evoca al Averno, en donde sólo reinan las tinieblas y la muerte.

Como si fuera poco, todavía queda otra posible bomba de tiempo sobre nuestro planeta y la constituye la Luna. Sí, la poética Luna, a la que tanto se le ha cantado, a la que en poemas y en canciones se la ha considerado la eterna enamorada del mar.

Algún día, o irónicamente alguna noche estrellada, cuando el mar agitado trate de besarla, la Luna podría,  con su mole de 3.500 kilómetros de diámetro, precipitarse sobre la Tierra, como consecuencia de la pérdida paulatina de velocidad de ésta y la disminución lenta, pero perenne, del movimiento de vaivén de aquella, que terminarán por acercarla al centro de atracción en torno del cual gira.

Afortunadamente los científicos calculan que cualquiera de las posibilidades ya citadas, puede tardar millones o miles de millones de años en ocurrir y, para entonces, la Tierra estará muy vieja y, es probable, que la vida se encuentre en un período agónico o decadente.

No obstante, es probable, como ya se mencionó, que la misma humanidad acabe con cualquier indicio de vida en nuestro planeta, antes de que la naturaleza cumpla su ciclo vital.

Pues, por un lado el afán armamentista de los países industrializados, quienes escudados en su poderío militar y exacerbados en su codicia, tienen suspendida sobre nuestro mundo una verdadera espada de Damocles, representada en el arsenal de armas nucleares que, en un momento de locura o en cualquier instante de soberbia, pueden arrojar sobre sus enemigos o sobre sus víctimas, arrasando con toda señal de vida.

De otro lado, esos mismos países, prevalidos en su poderío, están acabando con la biodiversidad y con los recursos naturales no renovables del planeta, desequilibrando, así, todo el sistema global.

La preocupación se suscita al observar, cómo estos países actúan bajo el imperio de la ley del más fuerte; vale decir, su propia ley, En la cual, lo que le prohíben a los débiles, les está permitido a ellos. Son verdaderos imperios que monopolizan, de grado o por fuerza, los recursos del resto del mundo; para lo cual, no escatiman esfuerzos ni disimulan su ambición y con cinismo inventan pretextos para apoderarse de lo que ellos desean y otros poseen.

A su paso, van dejando desolación; de tal manera que, donde antes había riqueza, después queda sólo pobreza; donde había abundancia, después sólo hay escasez; donde había vida, después sólo quedará desolación.

Como decían de Atila, el rey de los hunos, «donde pisa su caballo, no vuelve a nacer la hierba».

Valledupar, 2 de noviembre del año 2003

Se fue Londoño (115)

Por fin, renunció el ministro Fernando Londoño Hoyos. Paradójicamente, quienes más contentos se encuentran son los uribistas; cuando, precisamente, deberían ser los más consternados. Al fin y al cabo, el ministro saliente era el encargado de sacar la basura del régimen; era el pararrayos ideal ya que, dado su pasado inmediato, era visto, con toda razón como un mal elemento y sobre él caían todos los rayos y centellas de los enemigos del gobierno; inclusive, los mismos uribistas lo utilizaban como el destinatario de sus secretas desaprobaciones a muchos de los actos del propio presidente Uribe, a quien, por adulación o temor, no se atrevían a criticar.

Entonces, ido Londoño, ¿quién se encargará de esa ingrata y malévola tarea? ¿Sabas Pretelt de la Vega, su sucesor, será capaz de rebajarse hasta tanto? O será, ¿qué esta función se la van a encomendar a otro u otra de los miembros del equipo?

Porque, es innegable que todas y cada una de las salidas de tono por las cuales se hizo famoso Londoño Hoyos (más que por su mismo pasado o por su defensa al ex ministro Botero Zea y los consecuentes ataques al entonces presidente Samper Pizano), no eran ni mucho menos hechas a título personal, ni como resultado exclusivo de su mal talante y su falta de bonhomía.

No, allí había la clara intención de desviar la atención, no sólo de los enemigos del gobierno; sino la de la opinión pública, sobre los asuntos de Estado que, en muchos momentos, golpeaban los intereses de la nación.

Cuántas veces, por estar pendientes de la desfachatez del entonces ministro Londoño, se desvió el interés en la opinión pública sobre cosas, como las reformas pensional, tributaria y laboral.

O, por la misma razón, pasó desapercibido el debate sobre el estatuto antiterrorista, el cual, a la larga, no es más que un arma represiva que, en manos de algunos codiciosos, se convertirá en una buena excusa para cometer atropellos que terminen por golpear a gente inocente, poseedora de bienes que ansían quienes detentan en ese momento el poder.

Nada más, observando los episodios que desembocaron en su renuncia, se ve a la legua que el ex ministro deseaba distraer a la opinión, mientras veía la forma de hacer variar el desastroso resultado electoral del referendo.

Lo que está por verse, es hasta dónde Londoño actuaba a título personal y hasta dónde lo hacía como personero del gobierno. Algún día la Historia lo dirá.

Quienes crean que estoy exagerando, vean las escenas televisuales y las fotos publicadas en periódicos y revistas, en donde muestran la iracundia del presidente Uribe al conocer los mencionados resultados electorales.

Ahora bien, es probable que el presidente no le diera la orden a Londoño; a él solo, sin ayuda de nadie, pudo habérsele ocurrido o, también es probable, que algún otro miembro del gobierno, deseoso de congraciarse con su superior, hubiera ideado esta nada honrada, y por decir lo menos, poco elegante salida ante la derrota sufrida en las urnas por el gobierno. Nuevamente, esperemos el veredicto de la Historia.

Para terminar, recordemos la frase de García Márquez en el mensaje con que éste agradeciera a sus organizadores, el homenaje que le hicieron en la ciudad de Nueva York: «Más grave que los cataclismos y las guerras innumerables que han acosado al género humano desde siempre, es ahora la certidumbre de que los grandes poderes económicos, políticos y militares de estos malos tiempos parecen concertados para arrastrarnos hasta un mundo de desigualdades insalvables.»

Valledupar, 8 de noviembre del año 2003

Cuentos de fantasmas (VII)

Hacía cuatro años que su joven esposa había muerto, víctima de un infarto fulminante, cuando a su clase de Historia de la Literatura se presentó la nueva alumna. Su mirada, su boca sensual, su porte, su donosura, lo cautivaron. Dos años después ya eran novios; para ese entonces, la novia ya sabía que él había amado mucho a su esposa, que aún la recordaba con nostalgia y que, por eso mismo, no había querido deshacerse de la gata que ella trajera de la casa paterna al casarse; gata que había sido su consentida y en quien ella había volcado todo el cariño que nunca pudo brindarle a un hijo, ya que la naturaleza se lo había negado en los cinco años que duró el matrimonio.

Al tercer año de noviazgo con su ex alumna, y cuando ya ella se había graduado, decidieron casarse. La ceremonia se celebró en un ambiente sobrio y sencillo y, luego de una discreta recepción, partieron para su luna de miel.

Al regreso se instalaron en el apartamento que él había compartido con su primera esposa y que estaba situado en el décimo piso de un edificio del sector residencial de la ciudad.

Ella estaba feliz, amaba a su esposo y sabía que él también la amaba; además, el apartamento era acogedor y ella se encontraba tan radiante, que en ningún momento llegó a pensar que algo pudiera tronchar esa felicidad.

El primer día después de la luna de miel y mientras desayunaban, antes de que él saliera para la universidad, ella quiso hacerle un mimo a la gata, pero ésta se mostró huraña, erizó el pelo del lomo y, luego de emitir un sonido hostil, huyó despavorida.

Así volvió a suceder al día siguiente, mientras la gata recibía dócilmente de manos de él trocitos de pan mojados en chocolate: cuando ella quiso acariciarla, la gata respondió con agresividad y escapó corriendo.

–Tan raro, dijo él, esa gata es mansa; recuerdo que mi primera esposa la consentía y ella se dejaba.

–Pues esta es la segunda vez que me rechaza, dijo ella. Más aún, me mira con agresividad. Y no recuerdo en dónde he visto una mirada parecida.

–Deja que te conozca mejor y verás cómo cambia, dijo él mientras se inclinaba para darle a su nueva esposa el beso de despedida.

La mañana transcurría sin problemas; ella estaba arreglando el apartamento, cuando se le dio por observar detalladamente una foto de la difunta primera esposa de su marido; al mirarla a los ojos notó algo familiar en ellos. Enseguida cayó en cuenta de que su mirada se parecía a la de la gata.

No obstante el nerviosismo que le produjera la coincidencia, desechó la idea por absurda e iba a preparar el almuerzo, cuando oyó ruidos en el balcón y, al asomarse, vio a la gata subida en la estrecha baranda, en donde, peligrosamente, trataba de atrapar a una de las mariposas que revoloteaban en las flores del elevado jardín.

Preocupada trató de hacer entrar a la gata y evitarle un daño al animalito. Sin embargo, cuando ella trató de agarrar al felino, éste saltó y se encaramó en la enredadera que cubría la pared exterior del edificio.

Entonces, ella preocupada se subió a la baranda del balcón para agarrar al indócil animal. En un instante, y sin saber cómo, la gata saltó sobre su pecho, haciéndola precipitarse al vacío. Cuando cayó al pavimento, la joven señora murió instantáneamente.

Desde la baranda del fatídico balcón, mientras ella caía, la gata ronroneaba de satisfacción.

Valledupar, 15 de noviembre del año 2003

Los que se fueron

Se necesitó que la Selección colombiana de fútbol fuera humillada por la de Venezuela con una derrota vergonzante, con bailada incluida, y que luego empatara con la de Argentina, tras un craso error del arquero titular, a quien parece que no le hubiera gustado estar en la suplencia durante el partido ante Venezuela, para que, ¡por fin!, el técnico Francisco Maturana se decidiera a irse y dejar el paso a alguien que, con menos regionalismo y menos terquedad y, tal vez, con una mayor amplitud de criterio, tome las riendas del equipo de fútbol que, obviamente, debe ser representativo y, por consiguiente, reflejar el sentir y la forma de jugar de las diversas regiones que conforman el país y no solamente de aquella de la cual es oriundo el técnico de turno.

También se fue, al fin, el general Mora, quien ahora cuando ya el presidente Uribe le ha solicitado su renuncia, nos sale con la perla de que ésta la tenía lista desde octubre del año pasado.

Y si era así, ¿por qué se esperó tanto? No se crea que fue por sacrificio a la Patria. La verdad es otra. A nadie le gusta perder su sinecura.

Además parece que el General es experto en contar como posibles, cosas que nunca pasaron. No olvidemos que el ex general (porque ya no lo es, se retiró o lo retiraron), hace dieciséis meses cuando ya no había nada que hacer, dijo que un año atrás había estado a punto de tomarse el Caguán.

En ese entonces, en esta tribuna, se le preguntó: ¿Por qué hasta ahora, General Mora?

Claro que él no va a padecer ni a perder el sueño por haber tenido que irse. Primero, dentro de unos meses, cuando termine de calificar servicios (así se llama en la milicia el tiempo durante el cual los retirados gozan del privilegio de un sueldo, sin trabajar), empezará a gozar de su millonaria jubilación (que en estos casos, se llama sueldo de retiro, para así tener prerrogativas vedadas al resto de los colombianos) y, luego, probablemente el presidente Uribe lo nombre en algún cargo diplomático.

Otro que se fue es el general Teodoro Campo, persona a quien muchos creímos capaz de enderezar el rumbo de la Policía Nacional que se debate, desde tiempos ha, en un mar de corrupción. Sin embargo, no pudo y ahora es investigado por omisión.

También se fue la ministra de Defensa, reemplazada por un amigo y paisano del presidente que dice que su ministerio no es para la Defensa sino para la Guerra.

Al menos lo reconoce. Y así, cuando el año entrante se multiplique su presupuesto, tendrá una buena excusa para ello. Y el gobierno central se lavará, una vez más las manos, por no disponer de fondos suficientes para atender a sus cenicientas hijas: Salud, Educación, Vivienda y Justicia.

La ministra cayó como chivo expiatorio de la corrupción en que se sumergen las Fuerzas Armadas y el freno que ella quiso poner al desmesurado poder de contratación en manos exclusivas de los generales.

Otro chivo expiatorio que se fue es el general Leonardo Gallego quien, cuando fue comandante de la Policía Antinarcóticos, se desempeñó como pocos lo habían hecho. Sin embargo, cometió el error de enemistarse con el todopoderoso amigo y también paisano del presidente, el industrial Pedro Juan Moreno quien, día a día, no hizo otra cosa que perseguir al general Gallego, hasta que logró su propósito: hacerlo botar y lo que es peor, después de haber enlodado su buen nombre y su hoja de servicios.

La sorpresa con que el país nacional recibió esta última noticia, es significativa del buen nombre del que goza el mencionado general, y también lo es de los errores que se cometen, cuando un gobernante antepone el corazón al deber.

Valledupar, 23 de noviembre del año 2003

Un país de narigudos

Hacia 1878, el literato italiano Carlos Lorenzini, quien escribía bajo el seudónimo de Carlo Collodi, empezó a publicar en el «Periódico para los niños», una serie de cuentos apropiados para sus pequeños lectores.

Entre estos cuentos sobresalió uno que terminó por darle la vuelta al mundo, traducido a diversos idiomas.

En él se narra la historia de un carpintero llamado Maestro Antonio, más conocido como el «Maestro Cereza» por su roja nariz, el cual tuvo un día que componer la pata de un taburete; para ello cogió un pedazo de madera, pero cuando iba a prepararlo, oyó como el madero reía y lloraba como un niño; sin embargo, el «Maestro Cereza» empezó a rebajar la madera con el formón; entonces el trozo de palo le dijo: «No me golpees tan fuerte.»

Impresionado, el «Maestro Cereza» le regaló el pedazo de madera a un tallista amigo suyo, llamado Gepetto, el cual fabricó un títere maravilloso que, además de hablar, sabía bailar, daba saltos mortales y esgrimía la espada.

Gepetto advirtió al muñeco, a quien había bautizado con el nombre de Pinocho, sobre la imposibilidad de decir mentiras pues, de hacerlo, la nariz le crecería.

Con la popularidad de la historia de Pinocho, se ha vuelto proverbial que a los mentirosos les crezca, en forma figurada, la nariz; por eso los caricaturistas hacen las delicias de los lectores de periódicos y revistas, pintando con largas narices a aquellos personajes dados a la farsa y al embuste.

No obstante, estos personajes, sobre todo los más encumbrados, siguen mintiéndole al país. Y lo que es peor, lo hacen sin sonrojarse, como si, a su condición de mentirosos consuetudinarios, le añadieran el cinismo, la procacidad más audaz.

Por ejemplo, el actual Director del DANE, cada mes nos dice que el costo de la vida ha bajado; más aún, que éste ha presentado, dentro de los índices de inflación, menos puntos que un año atrás. Como si todo el mundo no sintiera en carne propia (o mejor, en su propio bolsillo) el golpe de las alzas continuas en todos los elementos de la canasta familiar.

Claro que cuando es acuciado por algún reportero osado y un tanto independiente, que se atreve (ya que los otros, los timoratos o los comprometidos le hacen el coro a dicho funcionario) a inquirirle por los artículos que han subido, pues es imposible que todo haya bajado, el señor Director del DANE, le responde, con la mayor impudicia, que sólo han subido los pasajes aéreos, la vivienda y los alimentos.

Pero no es solamente el Director del DANE quien miente. El anterior Ministro del Interior dijo, recién posesionado que, en un año, acabaría con los cultivos ilícitos. Como esto no se cumplió, mintió descaradamente diciendo que en los antiguos Llanos Orientales ya no quedaba ni una sola mata de coca.

Cualquier día es asolada una población, de esas dejadas de la mano del Gobierno, y al poco rato cualquier general dice a los medios de comunicación, que ya tienen identificados a los autores intelectuales y materiales de la masacre.

Al día siguiente, aparecen en la televisión unos pobres diablos cargados con el sambenito de la culpa. No obstante, meses o años después, aparecen los verdaderos culpables.

Algunas veces, estos son enemigos del Gobierno; otras veces, son sus propios amigos o sus mismos agentes, quienes han cometido el genocidio. Claro está que para los familiares de las víctimas, poco importa quienes hayan sido los victimarios. Sus muertos, muertos están y ya nadie, sólo sus deudos, se acuerdan de ellos.

Un buen día, el Ministro de Hacienda nos anuncia que, en la próxima reforma, el impuesto del tres por mil será eliminado. Cuando sea aprobada, la reforma habrá aumentado al cuatro o al cinco por mil el impuesto bancario.

El señor Presidente nos dice que su principal preocupación es el terrorismo; sin embargo, sus acciones nos muestran que las metas del gobierno están pautadas por los gremios económicos del país, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Entonces, el mote de esta columna en el día de hoy, no es exagerado. Vivimos en un país de narigudos.

Valledupar, 7 de diciembre del año 2003

Esto se lo llevó el Diablo

Recuerdo que durante mi infancia, en el hogar paterno, había una imagen de un hombre sentado en el antepecho de una muralla, mirando con lágrimas en los ojos unas casas derruidas.

Alguna vez le pregunté a mi padre qué significaba esa pintura y él me respondió: -«Es Cristo contemplando las ruinas de Jerusalén.» Y, enseguida, agregó:

-«Esa pintura representa una alegoría, es decir, un símbolo de algo que nunca sucedió en realidad; ya que Jesús había sido crucificado mucho antes de que el emperador Tito arrasara la ciudad en el año 70.»

-Entonces, ¿por qué llora?, le pregunté. -«Porque Él sabía que eso iba a suceder», fue su respuesta.

Pues bien, si las cosas siguen como van, los hijos de los hijos de nuestros hijos, no van tener país donde vivir. Tal vez los descendientes de los poderosos, sí; pero los de la clase media, no; puesto que, para entonces, sólo existirán ricos y menesterosos. Vale decir, como antes de la Revolución Francesa, nobles y plebeyos.

El poder estará en manos de un monarca, que será un príncipe, y los ministerios y demás puestos claves del gobierno estarán a cargo de duques, marqueses y condes, descendientes de la actual clase dirigente.

Es que la exacerbada codicia impositiva de los gobernantes de Colombia es tan desmedida, y quienes medran alrededor del trono la acolitan, que, como ya se dijo, la clase media tiende a desaparecer.

El sector financiero, dueño de bancos y demás corporaciones captadoras de capital, además de ser el propietario de la mayoría de las entidades prestatarias de los servicios de salud, cada día se enriquece más.

Muchas medidas, por no decir todas, de las tomadas por los últimos gobiernos, desde hace diez años para acá, han buscado favorecer al mencionado sector. Porque, ¿qué otra cosa buscaban, Gaviria con su tristemente famosa apertura económica y la no menos desdichada Ley 100, Pastrana con su infortunado dos por mil y, ahora, Uribe con el malhadado cuatro por mil?

Pues, favorecer a los poderosos, a los que poseen las riquezas; así, para ello, el pobre se vuelva más pobre y el más pobre pase a engrosar los cordones de miseria de las ciudades de este pobre país.

Acaba de ser decretado el aumento del salario mínimo: la burla más perversa que han podido inventar. Los sueldos subirán, si acaso suben, entre el 4 y el 7.5%; pero, en enero, cuando ya no haya posibilidad, ni siquiera de chistar, la gasolina y con ella toda la canasta familiar, los arriendos, las pensiones en colegios, las matrículas en las universidades, los pasajes aéreos y terrestres (pues pasajes por tren y fluviales ya no hay en Colombia, pues los gobernantes acabaron con ellos) y todos los demás rubros que deben ser cubiertos por los asalariados, se treparán al 15, al 20% o más. Como si fuera poco, el IVA sigue «en crescendo», pues la base aumenta por decreto.

Y como quiera que, a pesar de ser los consentidos de la legislación tributaria, los empresarios también tienen que pagar impuestos, así algunos los transfieran al consumidor final, el desempleo continúa en aumento pues, además de todo lo anterior, nuestra moneda sigue envileciéndose cada vez más. Así el señor director del DANE diga otra cosa.

A propósito, no logro acordarme del nombre de este señor. Bien mentiroso debe ser, pues recuerdo que en mi niñez, las abuelas decían que ese era uno de los síntomas para reconocer al embustero: el olvido de su nombre por parte de alguien.

Pero todavía falta el último golpe: el Estatuto Antiterrorista está casi aprobado. Y aunque su letra diga que el fin es perseguir a los causantes de tantas muertes y tantos secuestros que a diario ocurren en este país (no obstante los generales nos digan que no, que ya estos crímenes se están acabando y que la guerrilla está casi liquidada y que los paramilitares se están entregando, aun cuando una y otros siguen vivos dándole que hacer al gobierno), su aplicación -la del Estatuto- puede prestarse para abusos inimaginables.

Tal vez en Bogotá, Barranquilla, Cali, Medellín y otras ciudades grandes, en razón de la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, no se cometan excesos o, en el peor de los casos, sean menores; pero en las ciudades pequeñas las cosas serán a otro precio, ya que hasta allá difícilmente llega el brazo de la Ley y, ni que decir, de los pueblos, aldeas y veredas de esta sufrida patria.

Los latifundistas harán su agosto y, en ese triste futuro, serán los nuevos señores feudales. No importa que el nuevo Ministro de la Guerra (perdón, de Defensa) diga que «el que nada debe, nada teme», lo preocupante no es el Estatuto en sí mismo, lo temible es la aplicación que de él haga la Fuerza Pública, en apoyo a los poderosos.

¡Que el Dios de Colombia se apiade de nosotros y que, como decían antes, ojalá nos coja confesaos!

Cuánta razón tenía Bolívar (cuya muerte se conmemora por centésima septuagésima tercia vez, mañana 17), cuando decía refiriéndose a como había sido vilipendiada su obra, poquitos años después de su sacrificio patrio: «Aré en el mar y edifiqué en el viento.»

Valledupar, 16 de diciembre del año 2003

En el juego se conoce al caballero

Leyendo la prensa de la semana pasada, después de ver los noticieros de televisión, me acordé de las enseñanzas que mi padre nos diera, a mis hermanos y a mí, con respecto a nuestro comportamiento ante los demás; enseñanzas éstas que refrendó siempre con el ejemplo.

Entre otras cosas, nos decía que el verdadero hombre era aquel que sabía dominar, con fuerza de voluntad, todo aquello que le impidiera cumplir con su deber; aquel que sabía aceptar y cumplir sus responsabilidades y compromisos. Nos educó en el temor de Dios y en el respeto a las demás personas. Nos decía que si queríamos ser respetados, debíamos empezar por respetar a nuestro prójimo.

Recuerdo también que él me enseñó a jugar dominó, el juego de mesa por excelencia en nuestra región Caribe. Pero más que el juego en sí mismo, la mejor enseñanza que obtuve de esa experiencia fue la de aprender a jugar sin hacer trampas, saber aceptar cuando se pierde y aprender a administrar la sensación de alegría cuando se gana.

Estos recuerdos vinieron a mi memoria, como decía al principio, al leer los periódicos y ver las noticias televisuales de la semana pasada, en donde mostraron al presidente Uribe, tratando de presionar al Consejo Nacional Electoral (CNE), para que éste modificara el censo electoral y, así, poder rebajar el umbral que le permitiera al presidente obtener la aprobación del referendo nefasto que, por todos los medios, él mismo promocionara durante la mini campaña que desató antes de las elecciones de octubre.

Como no fue posible lograr la modificación del umbral, Uribe se salió de sus casillas y arremetió contra el CNE y, por último, quiso manipular a la opinión pública cuando vio que no podía manejar a su antojo al CNE, al decir: «…espero que este enorme triunfo de la politiquería produzca una mayor y más profunda reacción de la opinión contra este flagelo…»

Entonces, al igual que muchos colombianos asombrados ante la actitud beligerante y pendenciera de Uribe, yo me pregunto: ¿Dónde está la politiquería, en el CNE que se atuvo a unas reglas de juego establecidas y aceptadas por las partes: una, que de un lado defendía el referendo y otra, que lo atacaba? ¿O, más bien, la politiquería está en Uribe, cuando al demostrar que es un pésimo perdedor, pierde los estribos y culpa de su fracaso en el referendo al sistema que él mismo aceptó cuando creyó que la victoria sería suya?

Indudablemente, la actitud del presidente Uribe no sólo fue desproporcionada; sino, además, de pésima presentación ante la opinión pública; en donde, más de uno, pensará que si el presidente puede pretender violar las normas, otros también podrán hacerlo. Y aunque unas elecciones no son un juego, no obstante, sí tienen unas reglas que deben cumplirse, so pena de pasar como tramposo quien trate de violarlas o, al menos, pretenda cambiarlas.

Entonces, señor Presidente, no olvide que hay que saber perder. Permitir que una situación así lo saque de casillas va en desmedro de su propia personalidad; además, recuerde que cuanto más alto se está, más cuidadoso debe ser el individuo con su proceder; pues, es innegable que todos sus actos son el blanco de las miradas, no solamente de quienes lo admiran; sino también de quienes están atentos a cualquier falla suya que comprometa la dignidad del cargo que desempeña. Al fin y al cabo, no es a Uribe a quien miran, es al Presidente de la República a quien observan.

Por último, recordemos lo que decía un pensador: «…al príncipe no se le favorece con la adulación; sino con la verdad…»

  1. S. Feliz Navidad a todos mis escasos lectores.

Valledupar, 23 de diciembre del año 2003

Los propósitos para el año nuevo

Este es el último martes del año 2003; por tanto, cuando volvamos a encontrarnos en esta columna, ya será en un martes del nuevo año. Para ese momento cada cual habrá hecho, si esa es su costumbre, un balance de lo que fue el año que mañana termina y, de igual manera, habrá formulado sus intenciones para el 2004.

Intenciones éstas no siempre realizables, pues en la mayoría de los casos su ejecución depende de circunstancias ajenas al individuo; unas porque pertenecen a la voluntad divina y otras, la mayoría, porque están sujetas a las normas que el Estado dicta, de manera obligatoria, para los ciudadanos del común; ya que, como es sabido de todos, hay quienes, prevalidos de las prerrogativas que su posición les da o valiéndose del tráfico de influencias, logran evadir el cumplimiento de dichas normas, las cuales, como se dijo antes, cortan las alas de la imaginación a más de uno, haciéndole mermar sus ilusiones.

Así que si usted, amable lector, esperaba mejorar algunas condiciones de vida suyas y de su familia, gracias al aumento de sueldo que, por decreto, estipuló el Gobierno para el nuevo año, es mejor que se despida de esa quimera; ya que el aumento será, en el mejor de los casos, del 7.5%, mientras que, gracias a la reforma tributaria, merced al aumento de la gasolina en enero del próximo año y en razón de la especulación que por esa época se desata, el costo de la canasta familiar subirá de tal manera que, el irrisorio aumento de su salario, no le alcanzará para hacer realidad sus sueños, mas sí le podrá producir una nueva frustración.

Sin embargo, cuando promedie el mes de enero o a principios de febrero, cuando se inicie el año lectivo, el Director del DANE nos dirá que el costo de vida en Colombia bajó con respecto a épocas anteriores. De otro lado, el Ministro de Hacienda nos hablará de cómo los índices de nuestra economía han mejorado sustancialmente. Mientras que el Ministro de la Guerra (perdón, de Defensa), mostrará los avances de las Fuerzas Armadas y de Policía en la pacificación del país.

El Fiscal General de la Nación aprovechará la ocasión para decirnos que la corrupción administrativa, ahora sí, está siendo combatida y que en pocas semanas, habrá sido derrotada y los corruptos serán apresados y juzgados.

Como si este panorama de color rosa, no fuera suficiente, el Ministro de Transporte hará eco a las declaraciones de los Generales, quienes nos presentarán cifras contundentes sobre cómo la inseguridad en las carreteras es algo del pasado.

A pesar de todo lo anterior, debemos ser optimistas e inundados de fe y esperanza, elevemos nuestras plegarias al Todopoderoso para que se compadezca de este sufrido país y le toque el corazón a los miembros de la clase gobernante, para que se decidan, de una vez por todas, a desproveerse del egoísmo, de la soberbia, de la codicia y de tantos otros lastres capitales que les agobian y, entonces, den una mirada al desposeído, al menesteroso, al desplazado, al hambriento, al pobre, al desempleado y, a riesgo de ganar menos, generen empleo, sean justos con sus trabajadores, generosos con la Patria representada en sus conciudadanos.

De igual manera, roguemos porque los violentos de uno, otro y otro bando, se decidan a desarmar sus espíritus y también su brazo, para que, así, haya menos violencia en Colombia y, además de llegar la tan anhelada y manoseada paz, asimismo, tantos y tantos que se encuentran privados de la libertad, ora porque están presos injustamente, ora porque han sido secuestrados, ora porque están desaparecidos, logren volver al seno de sus hogares, trayendo consuelo y alegría a sus seres queridos.

  1. S. No obstante todos estos pronósticos cargados de fatalidad, sí que también pletóricos de realismo y esperanza, les deseo a todos mis lectores un año nuevo lleno de felicidad, salud, tranquilidad y bienestar.

Valledupar, 30 de diciembre del año 2003

Cuentos de fantasmas (VIII)

La noche había cerrado. En la mayoría de las viviendas de la pequeña ciudad, todos dormían. En la casa de Guillermo, un joven de apenas dieciocho años, quien se encontraba reunido con sus primos y primas, había luces prendidas en la sala y en el pórtico.

Era la víspera de Todos los Santos, llamada también la Noche de brujas. Al calor de unos vinos, los jóvenes adolescentes se narraban historias de muertos, aparecidos, fantasmas y trasgos.

Todos estaban impresionados, menos Lucía, la prima recién llegada de Londres, quien se reía de cada una de los cuentos que sus primos referían y con los cuales lograban que las primas buscaran refugio en los brazos de ellos.

En un momento dado, le tocó nuevamente el turno a Guillermo y refirió, con lujo de detalles, el cuento de un aparecido, quien portando la cabeza en la mano izquierda y una espada en la derecha, cabalgaba en un corcel negro, matando a quien se le atravesara en su camino.

Todos, salvo Lucía, quedaron conmovidos con la historia. Cuando ya habían pasado el susto, Lucía soltó una sonora carcajada y les dijo: – Definitivamente todos ustedes son un hatajo de miedosos y de ingenuos. ¿Cómo pueden creer y, lo que es peor, asustarse con una tontería de esas, en plena mitad del siglo XX?

Guillermo, muy serio, le respondió que la historia del descabezado era cierta y que, precisamente esa noche, ocurriría cuando el reloj de la iglesia, próxima al cementerio, diera las doce campanadas.

La reunión continuó con otras narraciones del mismo cariz, hasta que, poco a poco, se fue disolviendo. Al final, cuando ya eran las once y treinta, solamente quedaron Guillermo y Lucía en la sala, consumiendo la última copa de vino, antes de ir a dormir.

La atracción entre ellos era recíproca. Más aún, desde antes de viajar Lucía a Londres, cuatro años atrás, ya habían tenido su romance, que se truncó precisamente al viajar ella.

Cuando ya se despedían, deseándose mutuamente buenas noches con un beso, Lucía le dijo a Guillermo que si él sería capaz de ir sin miedo, al encuentro del descabezado. A lo cual él le respondió que cuál sería su recompensa si lo hacía.

–¿Qué es lo que más deseas en este momento?, preguntó Lucía.

–Hacerte mía, fue la inmediata respuesta de Guillermo.

–Pues anda a la puerta del cementerio a las doce en punto y regresa y, cuando lo hayas hecho, te complaceré.

Guillermo miró su reloj de pulso y vio que ya iban a ser las doce y, resuelto abrió la puerta y salió a la calle, no sin antes decirle a Lucía:

–Voy a cumplir mi parte del compromiso y, a mi regreso, espero que cumplas la tuya.

Ella, enviándole un beso con la punta de los dedos de la mano derecha, le guiñó un ojo en señal de aprobación.

Guillermo salió y Lucía entró a la alcoba que compartía con la hermana de Guillermo. Muy pronto, tal vez por efecto del vino, quedó dormida, confiada en que al regresar Guillermo, éste vendría a buscarla para llevarla a su alcoba.

El nuevo día amaneció y los primeros rayos del sol, al filtrarse entre las cortinas de la ventana, despertaron a Lucía, quien de inmediato recordó la promesa hecha a Guillermo la noche anterior. Enseguida se sorprendió de que su enamorado no hubiera ido a despertarla al regresar, pasada la medianoche, para poder cumplir su promesa de amor.

Rápidamente, se aseó y fue al cuarto de Guillermo a buscarlo, para preguntarle por qué la había dejado esperando. Cuando Lucía abrió la puerta de la alcoba de su primo, lanzó un grito de horror, para luego caer desmayada al piso, cuando vio, junto a la cama, el cadáver de Guillermo bañado en un charco de sangre.

Valledupar, 3 de enero del año 2004

¡Oh Ciudad de los Santos Reyes!

Hoy hace ocho días se cumplieron 454 años de la fundación de Valledupar. Sin querer abundar en los homenajes que, ese día, se le tributaron a la ciudad fundada por Salguero y Santana, todos ellos, honores hechos por personas conocedoras de la historia de la ciudad y, todas ellas, figuras del entorno con méritos suficientes y asaz idóneas para hacerlo, he querido hoy, ocho días después y sin que se considere como algo trasnochado, brindar un pequeño tributo de admiración a esta bella villa que, hace diez años me acogiera en su seno y cuyos habitantes dieran muestras de generosidad, amabilidad y gallardía para con este individuo foráneo y, por lo mismo, desconocido de todos. Mas sin embargo, nada de esto fue obstáculo para recibir muestras de afecto por parte de todos los valduparenses, quienes, desde un principio, mostraron su munificencia.

Espero que este poema, escrito más con el corazón que con la pluma, sea del agrado de todos ustedes, así me haya quedado corto al dar loor a tan grata ciudad.

¡Oh ciudad de los Santos Reyes!

Terruño acariciado por el Guatapurí,

cuna de poetas, cantores y juglares;

has inspirado decenas de cantares

y hoy quiero inspirarme para cantarte a ti.

                        Ciudad adornada en tus calles coloniales

                        por rosales, trinitarias y hermosos girasoles,

                        que por doquier prodigan sus olores

                        y embellecen tus viejos ventanales.

Dicen que quien se baña en tu río secular

ya nunca más se irá de aquí,

porque termina por quererte tanto a ti,

como se quiere y respeta el propio hogar.

                        Con veneración, cariño y buen amor filial,

                        porque de tu buena gente la bondad invita

                        a quedarse, ya que en ti se habita

                        con tranquilidad y placer, linda Valledupar.

Llegué hace años y no pensé en quedarme;

mas, sin saberlo, me bañé en Hurtado

y aquí me tienes, cada día amañado

y, tal vez, ya nunca desearé alejarme.

                        Y por muchos años aquí me quedaré

                        hasta que, de pronto, algún avieso sino

                        me lleve a vivir a otro destino

                        y, aunque me encuentre lejos, jamás te olvidaré.

Valledupar, 13 de enero del año 2004

¡Ah, los generales de la República!

En mi juventud leí a Franz Kafka, el famoso escritor judío alemán, nacido en Praga a finales del siglo XIX, quien escribiera, entre otras obras insignes, «La Metamorfosis», «El Proceso» y «El Castillo»; trabajos que le merecieron el reconocimiento universal, así algunos de ellos sólo hubieran destacado después de su muerte prematura, producida por una tuberculosis pulmonar que lo mató en 1924 a la temprana edad de 41 años.

Si la lectura de «La Metamorfosis» sobrecoge, la de las dos otras obras agobia. En éstas el lector se sumerge en ese submundo de atosigamiento en el cual terminan por vivir sus respectivos protagonistas. Uno desearía terminar el libro, no tanto por conocer el desenlace, como por salir de esa opresión que termina por contagiar y abrumar al lector.

La ficción toma tales visos de realidad, que es imposible substraerse a la suerte  del héroe y el lector naufraga en las mismas aguas profundas en las cuales el protagonista trata, no de vivir; sino de sobrenadar para evitar el hundimiento definitivo y mortal. Cuando la lectura se acaba, uno descansa, no obstante el atroz final.

Pues bien, en Colombia, la realidad vuelve a ganarle la partida a la ficción. Un pobre soldado, que a la vez es un soldado pobre, se encontraba en campaña durante esta absurda guerra tripartita que vive el país. Estaba, como dice la propaganda oficial, ofrendándose a la Patria, peleando contra los bandidos, enemigos del gobierno (ya que los hay amigos), cuando le sobrevino una enfermedad. Su comandante ordenó dejarlo en el primer hospital que encontró. Allí lo atendieron, mas no pudieron curarlo y como no había quien respondiera por el enfermo (léase, no había quien pagara la cuenta), lo dieron de alta sin haber sanado. Como pudo, logró comunicarse con su familia y ésta vino a recogerlo y trasladarlo a su pobre y, además, humilde morada.

Desde entonces, y esto hace ya varias semanas (tanto que, sin exagerar, se puede decir que «desde el año pasado»), nadie en el Ejército ni en las Fuerzas Militares, es decir, los generales, que son los que mandan, ni en el Ministerio de la Guerra (perdón, de Defensa), ni en la Casa de Nariño, ha movido un dedo para solucionar la situación deplorable en que se encuentra este pobre hombre.

La novedad se filtró en el noticiero de una de las dos grandes cadenas de televisión del país. Yo alcancé a escuchar parte, perdiéndome el comienzo de la narración. De inmediato me interesé por ella, en razón de la suerte del soldado. En las siguientes emisiones, estuve atento, viéndome obligado a repetir la escucha de las mismas noticias, como es lo habitual, dicho sea de paso, en estos informativos televisuales, en donde la misma cantinela es reiterada una y otra y otra vez, hasta la saciedad, hasta el cansancio

Sin embargo, nada; la noticia había sido sacada del contexto noticiario. A pesar de que, el mismo día, el comandante del Ejército felicitaba, con el consiguiente despliegue televisual, a un batallón del mismo, por haber dado de baja a unos subversivos. Insistí los días siguientes, incluida la gran prensa nacional, con el mismo resultado: los medios de comunicación también se habían olvidado del pobre soldado anónimo.

Me pregunto: ¿Si el soldado hubiera sido herido en combate, mutilado tal vez,  los generales no lo habrían exhibido como un trofeo de guerra, como una víctima de los bandidos? ¿El presidente no se habría referido a este soldado como el deuteragonista de la seguridad nacional?

De inmediato, me acordé de los cientos de policías y soldados secuestrados hace meses y años, por cuya suerte el gobierno, éste y los anteriores, ha guardado absoluto silencio. Ninguna medida se ha tomado para rescatarlos; todas las sugerencias se estrellan contra el Estado de Derecho; ese mismo Estado de Derecho que fue violado para rescatar, al hermano del entonces presidente Gaviria, en tiempo extra rápido: sólo se necesitaron veinticuatro horas para lograrlo.

Alguien dirá, pero es que también hay un coronel secuestrado. Claro, le diría yo, mas es un cuasi oscuro coronel, cuyo secuestro sólo sirve para avivar la publicidad oficial; su rescate no es prioritario. Entonces, ¿qué importa?

Valledupar, 20 de enero del año 2004

Cinco años después…

Anteayer se cumplieron cinco años de haber ocurrido el terremoto del Eje Cafetero, que asoló a Armenia, la capital del Departamento del Quindío, el cual dejó miles de víctimas, semidestruida la ciudad, miles de viviendas devastadas y pérdidas millonarias; fueron muchos, demasiados tal vez, los damnificados por la tragedia.

En ese momento, el gobierno de entonces, procedió a elaborar un plan de reconstrucción de la ciudad, de ayuda a las víctimas y de previsión contra las posibles epidemias que pudieran desatarse, como consecuencia natural de la catástrofe.

Hoy, cinco años después, Armenia es una ciudad nueva, moderna, con una imagen arquitectónica que deslumbra al visitante y llena de gozo a sus moradores. Son muchos los habitantes para quienes la tragedia sirvió para mejorar su condición habitacional, al recibir como compensación una vivienda de mejor construcción, mejor dotación y mejor estilo. Por supuesto, nada de esto llena el vacío que dejaron los muertos, los cuales se llevan, para siempre, en el corazón.

La visión que el visitante se lleva de Armenia es la de una ciudad pujante, llena de actividad, habitada por gente deseosa de superarse, pletórica de orgullo por su urbe, que se alza hermosa teniendo como fondo la cordillera de los Andes.

Sin embargo, no podía faltar el lunar que afeara esta preciosa imagen de magnificencia. Sucede que, dentro de los miles de damnificados por el terremoto, 38 familias permanecen en el desamparo. Son alrededor de cien adultos y un número similar de niños, para quienes aún, cinco años después, no ha habido solución. Estas casi doscientas personas, compatriotas nuestros, viven en condiciones de abandono ante la mirada indiferente de las autoridades.

Cuando la devastación del terremoto, al perderlo todo, los responsables de esas familias construyeron unos cambuchos y allí metieron a su mujer y a sus hijos. Mientras que a otros paisanos suyos les llegó la mano del Estado que los socorrió, a ellos sólo los cubrió la indolencia de quienes administraban la labor de reconstrucción de la ciudad.

Pero la gota que derramó la copa de la incuria, la constituye la orden de desalojo que estas 38 familias han recibido de parte del Municipio de Armenia. Los terrenos en donde tienen sus infrahumanas viviendas, han sido destinados para la construcción de una villa olímpica y las autoridades solamente miran, en este momento de lustre físico, la pujanza de su ciudad y se han olvidado de las necesidades de estas 38 familias dejadas a la buena de Dios.

Ni el Municipio, ni Bienestar Familiar, ni la Oficina para la atención de desastres, nadie se ha preocupado por la mala suerte de estas familias. Cuando en los próximos días, un piquete de Policía apoye a las máquinas del Municipio que llegarán a derruir el tugurio, esas pobres personas no tendrán a donde ir. Entonces, posiblemente, algunos se vayan a engrosar los cinturones de miseria de otras ciudades, otros tendrán que dedicarse a delinquir al tener que desarraigarse de su familia y perder, así, toda posibilidad de surgimiento.

Indudablemente, el progreso de la ciudad amerita el desalojo de los cambuchos que afean el entorno de la nueva Villa Olímpica de Armenia, pero antes ha debido solucionarse el problema de sus moradores, y no al revés.

¡Ah!, Manes del desarrollo y del esplendor, ¿cómo es posible que los administradores de la cosa pública, que lo son en razón de que hay quienes han votado por ellos, y subsisten en sus cargos gracias a la generosidad de alma del electorado (por no decir, la majadería), se olviden tan pronto de los compromisos que tienen para con la sociedad?

Valledupar, 27 de enero del año 2004

Cuentos de fantasmas (IX)

Ya había pasado el mediodía, la tarde se presentaba calurosa, el autobús escolar bajaba raudo por la avenida que conducía a los suburbios de la gran ciudad; sus ocupantes, niños de la sección primaria del exclusivo Colegio Hebreo, viajaban jubilosos; era el último viernes de clases, antes de salir a vacaciones de mitad de año.

Por eso, iban cantando; el conductor seguía el ritmo de la música, golpeando suavemente con las manos el volante del vehículo; en un momento, levantó la vista para contemplar a través del espejo retrovisor a sus pequeños pasajeros y compartir con ellos la alegría que éstos reflejaban en su canto; fue apenas un instante, fracciones de segundos, tal vez; suficientes como para no ver a tiempo al ciclista que, imprudentemente, se pasaba el semáforo en rojo.

El conductor reaccionó y, para no atropellar al ciclista, dio un viraje tratando de subir el autobús a un solar desocupado que se encontraba en la esquina del lado de su mano derecha; pero lo hizo con tan mala suerte, que fue a estrellarse contra un poste, hecho de un pedazo de riel de algo más de tres metros de alto y una de cuyas aristas cortó en dos el autobús escolar, dejando a su paso los cadáveres destrozados de los niños que se atravesaban en su recorrido.

Cuando horas más tarde las autoridades llegaron al lugar del accidente, encontraron los cuerpos mutilados de siete pequeños escolares, cuyas edades oscilaban entre los seis y los nueve años; entre ellos encontraron el cadáver del niño Samuel Saad, de ocho años de edad.

Cuando esa tarde, ignorando la tragedia, yo me presenté a la casa de don Salomón Saad, para dictarle la clase de Informática a sus dos hijas adolescentes, encontré que el dolor y la pena ensombrecían a sus ocupantes.

Todo era llanto y desesperación en la familia; Rebeca y Ruth, las hermanas de Samuel, doña Sara y doña Esther, madre y abuela, respectivamente, lloraban desconsoladas. La servidumbre, caminaba sigilosamente, como no queriendo molestar, ni siquiera con su presencia, a las dolientes mujeres.

Cuando me enteré del motivo del llanto y del desconsuelo de la familia, me acerqué a doña Sara, para presentarle mis condolencias.

Al preguntarle si don Salomón ya sabía, me contestó que no; pues, al hacerlo llamar a la oficina, no había dejado que le dijeran el verdadero motivo, para evitarle que condujera, desde la fábrica a la casa, en estado  de desesperación.

Rato después llegó don Salomón y, al preguntar por la razón del llanto de su familia y contarle doña Sara el motivo del mismo, él les recriminó su alharaca, diciéndoles que en el cruce, situado a unas diez cuadras de la casa, había encontrado a Samuel y que, por el camino, el niño le había contado lo del accidente; también les dijo que, al preguntarle por su maletín escolar, le había contestado que lo había perdido.

La felicidad de las mujeres fue indescriptible; ansiosas preguntaron por el niño y don Salomón les respondió que lo había dejado en el automóvil amarrándose los cordones de los zapatos.

Al correr, presurosas hacia el auto, lo hallaron vacío y en el asiento de al lado del conductor, encontraron el maletín de Samuel y, encima de éste, una rosa roja. Un olor a jazmines inundaba el ambiente…

Valledupar, 3 de febrero del año 2004

La Patria Boba

Así ha llamado la Historia de Colombia la época transcurrida entre 1810 y 1816, luego de que los criollos (hijos de españoles nacidos en América) le quitaran a los peninsulares el control del gobierno en Nueva Granada y, con éste, el monopolio de los impuestos. El nombre deriva de la guerra que se desató entre centralistas y federalistas por querer imponer, cada facción por su lado, su sistema de gobierno en todos los territorios del virreinato recién emancipado de la Corona española.

Era tan tonto el origen de la disputa, que algunos «notables» todavía juraban fidelidad al Rey Fernando VII, mientras hacían frente y aniquilaban a sus compatriotas en los campos de batalla. Entre tanto, la administración de la novel nación iba dando tumbos; tantos, que el Pacificador Pablo Morillo llegó y, rápida y fácilmente, tomó el control de la situación y recuperó para España las tierras que estaban en poder de los rebeldes.

Afortunadamente para la causa de los criollos, Simón Bolívar ya estaba empeñado en su gesta libertadora y, muy pronto expulsó a los españoles, no solamente de Nueva Granada; sino que, además, consiguió la emancipación de más de la mitad de Sudamérica.

Pues bien, parece que, cada cierto tiempo, rezagos atávicos de esa Patria Boba volvieran a aparecer en el devenir de nuestra patria historia. Aquí en Colombia, sobre todo en las grandes urbes del interior del país, se realizan campañas tan necias, tan insensatas, tan sin sentido, tan ilógicas, que da la impresión de que los dirigentes se empeñaran en ellas, bien porque su imaginación no da para más, bien porque su estolidez les conduce a planificar tanta tontería, bien porque ese es el mejor disuasivo social jamás inventado.

La semana pasada, el Ministro de Guerra (perdón, de Defensa) propició y dio pábulos para que muchos compatriotas salieran a las calles a batir pañuelos blancos, con el fin de protestar contra el terrorismo; como si con ese solo hecho, los anarquistas fueran a desaparecer o, al menos, fueran a desistir de sus nefastos propósitos.

Hace unos años, algún presidente (paisano del actual) invitó a los colombianos a pintar palomas blancas en los sardineles de las casas, con el fin de impetrar la paz; olvidando, tal vez, que ésta no cae como la lluvia; por el  contrario, hay que construirla y luego mantenerla viva, con planes de salud, educación, vivienda e  infraestructura, que permitan a la mayoría de los colombianos salir de la sempiterna situación de atraso y de desesperanza en que se encuentran.

Cada lunes o martes, cualquier funcionario del alto gobierno incita a que se realicen caminatas para que los secuestrados sean devueltos a sus hogares; mientras tanto, el mismo gobierno da vueltas y vueltas al respecto, sin obtener resultados positivos.

¿Será que esa recurrente metodología consigue que todo pase, sin que pase nada? ¿Será que por ver los árboles, nos olvidamos del bosque? ¿Logrará el gobierno, con todo esto, hacer olvidar a la nación que lo prioritario lo constituyen el diálogo, la igualdad, el desarrollo y la inversión social, todo lo cual se logra poniendo atención a la salud, la educación, la vivienda y la aplicación de la justicia?

Lo demás, Señor Presidente, incluyendo su propia reelección y hasta la misma guerra en la que está empeñado, es secundario.

Valledupar, 10 de febrero del año 2004

¿Habrá reelección?

Definitivamente, al Presidente se le olvidaron las promesas que, cuando era candidato, hizo a quienes votaron por él; ya que, salvo aquellas que tienen que ver con la guerra, la protección al sector financiero y las que salvaguardan los intereses de quienes están cerca de su corazón, las hechas al pueblo raso parece que duermen el sueño de los justos o, peor aún, fueron botadas al cesto de la basura. Pues, de otra manera no se explica cómo es posible que a los soldados mutilados en combate, se les cercene además, su pensión por invalidez, dizque para favorecer a otros compañeros que han corrido la misma suerte, mientras que a coroneles y generales se les premia enviándolos en costosas misiones al exterior.

Sí; la semana pasada, con la firma del Presidente y de los Ministros de Hacienda, Protección Social y Defensa (con jefes así…), fue firmado el decreto que reduce la pensión (ésta no recibe el eufemístico nombre de sueldo de retiro) de los soldados que han quedado inválidos como consecuencia de esta guerra absurda en que se encuentra Colombia. No valieron reclamos ni protestas, el decreto se hizo efectivo y, a partir del presente mes, estos servidores públicos que expusieron su vida y vieron disminuida su integridad en aras de la Patria (aunque en realidad ellos protegen a los poderosos, mas no al pueblo raso), estos pobres soldados, repito, verán mermada su exigua mesada pensional; todo, porque el Gobierno necesita acrecentar los fondos para la guerra (léase, armas, municiones, tanques, aviones y sinecuras para los altos oficiales); no obstante, tenga que pasar por encima de la dignidad de quienes arriesgaron su vida para protegerlo. Al perro más flaco se le pegan las pulgas.

De otro lado, el Ministro de Protección Social (nunca había sido tan paradójico un nombre), insiste en despojar a los pensionados del ISS de la décima cuarta mesada; reconocimiento éste, más que justo para quienes durante 30 ó más años sirvieron al país desde diferentes puntos. Por supuesto que, a quienes disfrutan de una pensión equivalente a cinco o más salarios mínimos, esta injusticia (aunque debería usar el  sinónimo de despojo) no les afecta demasiado; pero quienes reciben menos de esto, verán seriamente afectado su presupuesto, ya de por sí, exhausto. Y todo, ¿por qué? Porque los fondos de pensión del ISS han sido saqueados y, ahora, quienes durante toda su vida ahorraron para disfrutar de una jubilación, deben pagar los platos rotos. Al fin y al cabo, ellos son la parte débil de la cuerda.

Como si lo anterior fuera poco, el mismo Ministro (ahora, ¿sí se ve la paradoja?), pretende sacar del POS el servicio odontológico y una serie de medicamentos, aumentar el porcentaje de aportes que hace el trabajador a salud, incrementar el valor del copago a otros servicios y otras tropelías que no harán otra cosa que alejar, más aún, al trabajador raso y pobre, de los servicios de salud. Se preguntará el lector, y todo esto, ¿para qué? Pues sucede, amable lector, que las entidades encargadas de manejar la salud en Colombia, las llamadas EPS, pertenecen, en su mayoría, al sector financiero. Sí, a ese grupo de colombianos, que no llegan al 1% de la población total del país, que detenta el poder, el verdadero poder. No olvidemos que ellos son los verdaderos electores, ellos financian las campañas políticas (presidencia, senado, cámara, etc.) y, por tanto, deben recuperar la inversión. No importa que para lograrlo, deban exprimir más a este sufrido pueblo. Mientras tanto, ya se empiezan a recoger firmas para la reelección de Uribe. ¿Será que el número de simpatizantes es suficiente como para lograrla? ¿Será que, de ocurrir esto último, el país está así de adormecido? ¿Será que somos un pueblo de masoquistas al que le gusta la actitud del siervo, siempre humillado ante el amo? O será que ¿lo de las firmas es un disfraz?

Valledupar, 17 de febrero del año 2004

La cultura y la ley

Durante este fin de semana, tuve la oportunidad de leer unos textos tomados de una revista de la Universidad Nacional, escritos por Antanas Mockus cuando era su Rector, en los cuales el filósofo y educador, no picado aún por la política, expresa sus conceptos sobre las incertidumbres respecto a la ley y la moral que se les presentan a muchos individuos, cuando se ven enfrentados a cambios en su entorno cultural. En dichos escritos, el filósofo sostiene que, muchas veces, el individuo se somete al imperio cultural, sin importarle que pueda transgredir las normas legales y morales.

Yo agregaría que, si bien es cierto que el ser humano debe adaptarse a los cambios culturales, no es menos indudable que esa adaptación debe hacerse sin que ella signifique ceder en el cumplimiento de los mandatos de la moral, la ética y la ley.

No obstante se diga que la ética varía de acuerdo a los vaivenes culturales, no puede olvidarse que la moral es universal y, por tanto, debe primar sobre los dictados de las costumbres, entendidas éstas como los hábitos que la sociedad le impone al individuo, los cuales derivan, tarde que temprano, hacia lo cultural.

Ahora bien, siendo la ética la ciencia de las costumbres del ser humano, debe ser la que se ocupe de los actos racionales y libres que éste realice, y de los criterios de distinción, entre el bien y el mal, que se originan en el acaecer de los mismos.

Como quiera que todo ser humano, durante su proceso de formación, y aún más allá del mismo, está sujeto a los imponderables que los cambios culturales susciten en su proceder, es de inmenso valor el bagaje moral que pueda aportar a su adaptación, con el fin de no ceder ante la tentación de tomar el camino más fácil o el más rentable o el más cómodo. Por tanto, debe buscar el que se ajuste a las normas legales y morales, a las cuales debe adaptar su conciencia.

Alguien se preguntará ¿qué pasa cuando una persona no está preparada de esa manera ideal? Pues que es avasallada por el entorno y, en cualquier momento, delinque o peca. O, en el mejor de los casos, hace el ridículo y queda señalada, arrastrando, muchas veces, en su caída en desgracia, a aquellos que están a su mismo nivel de imprevisión.

Eso fue lo que le pasó al jugador de fútbol, Faustino Asprilla, cuando al verse, de la noche a la mañana, poseedor de una inmensa fortuna y dueño de una fama, ambas inmanejables desde su personal perspectiva moral y legal, ya que nunca destinó el tiempo necesario para prepararse para administrar esos dones, terminó dando tumbos y cometiendo desaguisados que lo colocaron, en ocasiones, al borde mismo de la ley. En algún momento, tuvo que pagar por su ilegal proceder.

Otro tanto acaba de pasarle a Luís Eduardo Díaz, concejal de Bogotá, elegido por sus antiguos compañeros de oficio y por la mayoría de los pobres de la capital. El resultado: un individuo sin la preparación moral suficiente para abordar su nuevo estado socioeconómico quien, a las primeras de cambio, se desborda, atropella a sus anteriores camaradas y, cuando es reprendido por la autoridad, comete desafueros, prevalido por su investidura. En este momento ha sido suspendido por la Procuraduría.

¿Cómo habrían logrado evitarse esas situaciones, por decir lo menos, dolorosas? Fácil: preparándose, estudiando, formándose adecuadamente, oyendo consejos, experimentando en cabeza ajena. Todo esto, independientemente del estado socioeconómico de cada quien, el cual no tiene nada que ver con la moral, la ética y la ley.

La vida demuestra que nada surge de un día para otro. Todas las cosas necesitan de un proceso de creación, de formación, de gestación. Cuando los hechos son forzados, el resultado se atrofia y, en cualquier momento, brota lo inesperado que, en ocasiones, representa situaciones penosas, vergonzantes, ilegales, amorales.

Hay que volver a la antigua escala de valores: temor de Dios, honradez, honestidad, respeto a sí mismo, respeto a los demás, respeto a la naturaleza, capacidad de servicio, justicia social, bondad, gentileza, prudencia, tolerancia, moderación, constancia y caridad.

Valledupar, 24 de febrero del año 2004

No es justo

No es justo que el Gobierno Nacional, con la firma del presidente y varios de sus ministros, les quite parte de la pensión por invalidez a los soldados, mutilados en combate durante el desarrollo de esta absurda guerra. Pero es más injusto que el mismo Gobierno Nacional pretenda que los colombianos, aquellos privilegiados que aún tienen como hacer compras, paguen un sobreprecio en algunos artículos, con el fin de darles a estos pobres soldados lo que el Gobierno injustamente les quitó. Y quiera ir más allá, al intentar convertir en ley un impuesto que consistiría en donar cada asalariado, dos veces al año, un porcentaje de su sueldo para ese mismo fin.

No es justo que la mayor parte del presupuesto nacional se destine para el gasto de la guerra. Pero es más injusto que el Gobierno Nacional pretenda comprarle a España unos tanques que, por su condición de cuarta o quinta mano, resultarán onerosos en su mantenimiento. Amén de que no se podrán utilizar con facilidad en los menesteres para los cuales supuestamente se les adquiere.

No es justo que Saludcoop le esquilme al Estado en el pago de impuestos por valor de $26.000.000.000 (¡Veintiséis mil millones de pesos!) Pero es más injusto que el mismo Estado premie al sector de las EPS, sacando del POS aquellos medicamentos y servicios que, a éstas, les resultan muy costosos, sin importar que los usuarios se perjudiquen y algunos mueran por no tener como comprar las medicinas que las EPS les niegan.

No es justo que existan pensionados privilegiados que obtienen mesadas multimillonarias, mientras que la mayoría de los pensionados recibe pensiones equivalentes a uno o dos salarios mínimos. Pero es más injusto que el Gobierno pretenda gravar las pensiones, con impuesto a la renta y, además, quitar la decimacuarta mesada; en cuyo caso, pagarían justos por pecadores.

No es justo que los colombianos, desde hace cinco o seis años, estemos pagando un impuesto a las transacciones bancarias; impuesto que inicialmente se dijo que sería temporal y solamente del dos por mil, con el fin de fortalecer al sector financiero (¡Qué burla!, los pobres ayudando a los ricos.) Pero es más injusto que ese impuesto se mantenga de manera indefinida, se haya incrementado al cuatro por mil y se destine a sabrá Dios qué fin.

No es justo que el Estado aumente por decreto el salario mínimo en un índice inferior al de la inflación y la empresa privada, apoyada en esto, acoja la medida, haciéndole perder, más aún, la capacidad adquisitiva al trabajador. Pero es más injusto que el mismo Estado permita, también por decreto, el aumento de la gasolina a través de todo el año, disparando así el costo de vida, también a través de todo el año. No importa que el Director del DANE nos diga que cada mes el costo de vida baja. Lo que no nos dice es en dónde baja: en Suecia, en Bélgica, en Suiza. Porque aquí, en Colombia, eso jamás sucede. A propósito, supongo que este señor, necesitará cirugía plástica, cuando termine su gestión en dicho organismo, para que le vuelvan la nariz a su tamaño normal. Mas sin embargo, su conciencia no podrá arreglarla. Esa no se aplaca así no más.

No es justo que al Coronel Calderón lo haya destituido el Presidente por el asunto ocurrido la semana pasada en Neiva; pero es más injusto que el mismo Presidente haya permitido el año pasado el sobreseimiento del General Uscátegui por la matanza de campesinos en Mapiripán.

Como puede verse, hay injusticias de injusticias. Allí también hay una escala gradual, que hace que existan cosas malas y cosas peores. Cosas que no gustan, pero terminan por ser aceptadas y otras que solamente merecen repudio.

Valledupar, 2 de marzo del año 2004

Cuentos de fantasmas (X)

Ella no pudo contener por más tiempo la angustia y cerró los ojos, pidiéndole a Dios protección para su esposo que, en ese momento, trataba de dominar el vehículo en el cual habían venido viajando, desde hacía más de doce horas sin ningún  contratiempo, hasta que, de improviso en una curva, se les había venido encima ese enorme camión que los había sacado de la vía, dejándolos en el borde del barranco.

Él, entonces, le había dicho que saliera con mucho cuidado, lentamente, para no ir a romper el escaso equilibrio que mantenía el carro en terreno firme. Ella hizo caso y poco a poco salió y se paró en la otra orilla, la que daba contra la montaña. Fue entonces cuando vio que el carro, comenzaba a ladearse peligrosamente del lado del conductor, corriendo el riesgo de precipitarse al abismo.

En un instante, como en una película pasada a alta velocidad, recordó el viaje del cual regresaban. Cuatro días antes, se habían casado, luego de un noviazgo de tres años. La ceremonia y la recepción habían sido esplendorosas y la luna de miel inolvidable.

Regresó a la realidad y, en su tribulación, solamente pudo cerrar los ojos y rogar a Dios porque no ocurriera una desgracia. Su oración fue profunda, sincera, llena de fe y esperanza. Imploraba con tanta vehemencia, que sintió que el pecho le dolía, el corazón palpitaba desbocado y por la garganta quería salir un grito de horror. Mas sin embargo, los labios se negaban a expresar sonido alguno. Quiso correr para tratar de ayudar de alguna manera a su esposo; no obstante, las piernas se resistían a dar paso.

Ella sentía que, a cada momento, el pecho le dolía más y más, al pugnar por gritar y no poder hacerlo. La desesperación comenzó a invadirla y la angustia aumentaba cada vez más. Era tanto el esfuerzo que quería hacer para correr, que las piernas empezaron a dolerle e impotente para hacer algo, cayó al suelo mientras veía, horrorizada, como el vehículo, con su esposo adentro, se precipitaba al abismo.

No pudo más, perdió el conocimiento. Una niebla espesa cubrió su mente y no supo más de sí misma.

* * * * * *

Cuando despertó, angustiada aún por el dolor de la tragedia, el timbre del teléfono situado encima de la mesa de noche,  repicaba sin cesar. Desconcertada, miró el reloj y vio que eran las cinco de la mañana. Reconoció su alcoba y, entonces, descubrió que acababa de salir de una pesadilla, una horrible pesadilla.

Repuesta de la sorpresa, recordó que llevaba más de diez años casada y que su esposo había viajado, por asuntos de oficina, dos días antes a la capital. Alegre tomó el teléfono para contestar, pensando que era su esposo para avisarle de su regreso. Pero no, no era él quien hablaba al otro lado de la línea; una voz desconocida le pidió el favor de identificarse. Cuando ella dio su nombre, el desconocido se identificó, a su vez, como el Jefe de la policía de un municipio perdido en las estribaciones de la cordillera Central. Luego de disculparse por lo inusitado de la hora, el Jefe de policía le contó que el esposo de ella, había sido encontrado muerto en el fondo de un barranco, una hora antes, por una patrulla que, al ir a rebasar un puente, había encontrado la baranda destrozada y, al investigar, vieron el vehículo con un cadáver en su interior; la identidad del occiso había sido establecida plenamente.

Antes de colgar, con el alma lacerada por el dolor, oyó como el Jefe de policía le daba las señas del lugar a donde debía ir a reclamar los despojos mortales de su recién fallecido esposo.

Valledupar, 9 de marzo del año 2004

La violencia en Colombia. (1ra. Parte)

Antecedentes.

La humanidad, hasta bien entrada la Edad Contemporánea, estuvo dividida en dos clases socioeconómicas: amos y siervos; los primeros, la minoría, todo lo poseían; los siervos, que constituían la inmensa mayoría de la población, carecían de todo, hasta de la libertad.

El poder, obviamente, estaba en manos de los amos y se encontraba organizado en forma piramidal. En la base, estaban los señores  feudales, dueños de vidas y haciendas, quienes poseían la tierra; la cual era trabajada por los siervos, a cambio de tener vivienda (si así podía llamarse a chozas inmundas, que sólo les permitían sobrevivir en condiciones infrahumanas), algo de alimento y protección que les brindaba el amo, para impedir que otros señores feudales los aprisionaran, convirtiéndolos en esclavos, cuya situación era, ¡peor aún!,  que la de los siervos.

Inmediatamente encima de los señores feudales, estaban los mal llamados nobles; unos señores ociosos, que vivían de los tributos que, a cambio de protección, les pagaban los señores feudales. Estos nobles tenían, además de los siervos comunes, otros siervos que  constituían un grupo especial, minoritario, que tenía acceso a las artes, a las letras y a las ciencias y era protegido por los nobles, a cambio de servicios, diversión y posibilidad de aumento de poder.

En la cúspide del poder estaba el monarca, cuya corte estaba conformada por los llamados nobles; en la monarquía se repetía, en mayor proporción, la situación de ocio, vasallaje y servidumbre, ya descrita para la nobleza.

Cuando el monarca, los nobles o los señores feudales querían más tierras y, por consiguiente, más poder, enviaban a los siervos comunes y a los esclavos, al mando de  siervos especiales  preparados para tal efecto, a guerrear contra los siervos y esclavos del país o territorio objeto de su ambición y, como tal, motivo de la guerra. Evidentemente, los muertos salían de las filas de siervos y esclavos; tanto del bando vencedor como del vencido.

Este sistema feudal fue trasladado por España a sus colonias de ultramar, en donde el virrey de turno, tenía una corte, formada por el oidor, el arzobispo, los miembros de la Real Audiencia y otros españoles adinerados, de los llamados nobles. Los encomenderos, cuya función principal era la de obtener trabajo esclavo de los aborígenes, representaban a los señores feudales.

Con el fin de acabar con esta aberrante injusticia social, que parecía eternizarse, se gestó la Revolución francesa. De allí y, gracias a lo escrito por tratadistas de conciencia social y algunos Padres de la Iglesia, surgió la clase media, descendiente de  aquellos literatos, artistas y científicos que, en  el antiguo régimen, servían a la nobleza y a la monarquía. La gleba, continuó siéndolo.

Con el tiempo, la clase media, que había crecido, pudo acceder al trabajo a cambio de salario. Esto, junto con el hecho de haber convertido a la monarquía en una pieza de museo, en la mayoría de los países del mundo, fue el único logro social de la Revolución francesa y de sus hijas, la Revolución bolchevique  en Rusia y las Revoluciones independentistas en América.

Pues, la existencia  de la llamada nobleza y la de los señores feudales continuó; sobre todo en América latina; sólo que con nombres diferentes: sociedad elitista en las ciudades y terratenientes en el campo, respectivamente.

Es decir, América latina continuó siendo feudal.

Valledupar, 16 de marzo del año 2004

La violencia en Colombia. (2da. Parte)

Orígenes.

Hace ocho días vimos cómo, además de su hermoso idioma y la fe en Cristo, América latina heredó de España el feudalismo. También nos fue legada la idiosincrasia española que, mezclada con la malicia indígena de nuestros aborígenes  y la marrullería africana, ha formado el prototipo del latinoamericano, en el cual subyacen, todavía, los correspondientes síndromes del amo y del siervo. Al primer grupo pertenecen los miembros de la clase elitista de las ciudades y los terratenientes del área rural.

Con el nacimiento de las repúblicas latinoamericanas, estas dos clases continuaron en el poder, con las mismas reparticiones territoriales: la sociedad elitista en las ciudades y los terratenientes en el campo; fundidos, para efectos de ejercer el poder, en una sola denominación social: clase alta.

El ejercicio de su poder se encuentra aparentemente legitimado por el sufragio de las clases media y baja; la primera de éstas embobada con el embeleco de la democracia y la segunda engañada a través de la compra de votos. En este ejercicio electoral las clases sojuzgadas eligen, en forma continua, a los de la clase alta para los cargos públicos en donde se perpetúan, período tras período, gobernando, legislando o juzgando a su amaño.

En el alto gobierno sólo tienen cabida los de la clase alta; las leyes siempre buscan favorecer sus intereses; la administración de justicia también: cuando uno de su clase comete un delito, le dan la casa por cárcel o le permiten viajar al exterior del país o, mejor aún, es sobreseído por falta de pruebas, por vencimiento de términos, por aparentes fallas al debido proceso o por cualesquiera otros vicios de forma o de procedimiento, que hábilmente son manipulados por sus abogados defensores para que, así,  siga disfrutando de su vida muelle. Por estas prerrogativas, de la clase media se ha desprendido un apéndice que se ha ido introduciendo, poco a poco, dentro de la clase alta, los llamados emergentes quienes, amparados en el poder que les da el dinero, a veces mal habido, logran gozar de los privilegios de la clase alta.

De las clases media y baja, el gobierno extrae jóvenes que van a engrosar las filas del ejército (oficiales y soldados), quienes  habrán de protegerlos en sus vidas y en sus bienes, aún a costa de la vida y bienes (si acaso los hay) de personas de las clases sojuzgadas, cuando algunas de ellas se atrevan a poner en tela de juicio la legitimidad del poder de la clase alta o, así sólo sea, a protestar por el abuso que de éste cometen los poderosos.

En la mayoría de estos países latinoamericanos, y Colombia no podía ser la excepción, una vez lograda la independencia de España, la clase alta formó dos bandos políticos con enseñas, aparentemente, contrarias: derecha e izquierda; pero con un solo objetivo: continuar en el poder.

Las clases media y baja, hábilmente manipuladas por la clase alta, se engarzaban en disputas que, muchas veces, desembocaban en guerras civiles; en donde ellas ponían los muertos; todo con el fin de lograr que algún dirigente de izquierda o de derecha, según fuera el caso, se alzara con el poder; en donde, obviamente, gobernaría  para los suyos.

Lo triste de esta violencia que, durante más de un siglo, asoló a América latina, fue el saldo de muertes inútiles que dejó; también fue desastroso el bloqueo  a las posibilidades de desarrollo de estos países y la miseria y pobreza absolutas en que sumió a la clase baja que alimentaba, con sus hombres, a las fuerzas rebeldes. Los dirigentes de los partidos políticos, a través de los medios de comunicación que, o bien les pertenecen o bien pertenecen a parientes o amigos;  o, en el menor de los casos, pertenecen a los  de su misma clase social, colocaban, según fuera el color de la enseña gobernante, en el bando contrario a estos ocasionales rebeldes; para, así, seguir alimentando el odio político entre las clases  sojuzgadas. Odio  que  les permitiera tener la suficiente carne de cañón necesaria para los futuros enfrentamientos.

Valledupar, 23 de marzo del año 2004

La violencia en Colombia. (3ra. Parte)

La actualidad.

Ya se vio cómo, el nacimiento de los partidos políticos, cuyo objetivo común debía ser el de la conducción de cada nación por los caminos del desarrollo y el progreso, dentro del respeto a los derechos humanos, terminó por convertirse en la senda mediante la cual, la clase alta pudiera mantenerse en el poder, así para ello debiera atizar el odio entre miembros de un mismo país que, distraídos por la lucha estéril partidista, no vieran como esa pugna en la cual la clase gobernante sacaba las brazas con mano ajena mientras obtenía pingües dividendos, no hacía otra cosa que mantener en el atraso y la ignorancia a los menos favorecidos por la fortuna.

Llegó un momento en el cual, parte de la clase media latinoamericana, sobre todo en el ala intelectual, protestó por este injusto estado de cosas y resolvió rebelarse y,  algunos de ellos (los más audaces y decididos), se fueron a las montañas a unirse con los rebeldes de las guerras políticas y con los desplazados por la injusticia social de la clase gobernante y, desde allí, lanzar consignas de protesta, muchas veces inocuas, pero que no dejaban de constituir una piedra en el zapato de la clase alta.

Por eso, ésta resolvió destinar al Ejército, que debería estar cuidando las fronteras del respectivo país, y a la Policía, cuya misión esencial es la de salvaguardar la tranquilidad de la gente, a perseguir a los rebeldes que estaban en las montañas; la mar de las veces, ambos bandos armados en forma deplorable; pero que, con el correr del tiempo, han logrado armarse adecuadamente: el Ejército de cada país latinoamericano, consiguiendo mejores partidas presupuestales y los rebeldes,  al verse asediados por las fuerzas regulares, recurriendo a diversos métodos, muchas veces ilegítimos.

En estos enfrentamientos entre pares, soldados y policías –oficialidad  y tropa– de las clases media y baja, luchando contra rebeldes de sus mismas clases sociales, sólo estas dos clases volvieron a poner los muertos.

Desde los albores de la República, los terratenientes (clase alta rural), con el beneplácito de la clase alta urbana de estos países, han resuelto tener sus propios ejércitos, que ayudados por el ejército regular del respectivo país, quien actúa como idiota útil en la lucha de clases existente en América latina, viven en constante enfrentamiento con los rebeldes; aumentando esta guerra civil que, en algunos países como Colombia, está acabando con la vida en el agro. Sobra decir que estos ejércitos particulares están compuestos por miembros de la clase baja, mercenarios de los latifundistas.

Periódicamente, en Colombia,  han surgido ocasionales intentos de hacer la paz; pero  los interesados en que ésta no se logre, consiguen que las conversaciones se corten; muchas veces con la complicidad de miembros de la clase media; pues ésta, que posee la capacidad de pensamiento del pueblo sojuzgado, ha terminado por dividirse en dos: los parciales del régimen y los que tienen conciencia social; y, dado el carácter emergente de la clase media, se ha convertido en una pose de moda estar del lado del régimen; es decir, de la clase alta. Como si el solo hecho de adherir a ésta, pudiera hacerle cambiar al emergente su estrato socioeconómico o le fuera a dar mayores garantías de buen trato.

Esta situación le ha costado a Colombia, en los últimos cuarenta años, centenas de miles de muertos; le ha cortado las posibilidades de desarrollarse, de salir del atraso cultural, industrial y económico en que se encuentra.

Y hoy, son tantos los intereses creados (no hay que olvidar el manejo del presupuesto, la corrupción administrativa, el dinero rápido producto del narcotráfico y de la misma corrupción administrativa, y la violencia que produce utilidades a los traficantes de armas), que cada día se ve más y más lejano el logro de la paz.

Valledupar, 30 de marzo del año 2004

La violencia en Colombia. (Última parte)

Nos encontramos en el punto en el cual, diría Perogrullo, se ve que en Colombia no hay paz porque hay violencia. Pero hablamos de la paz social; en donde el Estado cumpla, por fin, con los propósitos para los cuales fue creado y que, en nuestro país, se han quedado convertidos en letra muerta. Porque la quietud interior, el sosiego personal, le permite al ser humano estar en paz con Dios, con la humanidad, con la naturaleza, consigo mismo; pero no le sirve para pagar impuestos, ni para educar, vestir y alimentar a sus hijos o darles techo, llevarlos al médico si enferman; ni mucho menos habrá de servirle para comprarles medicinas.

No es la ausencia de la paz doméstica la que tiene en guerra a Colombia. No es la falta de la paz personal, la que nos está aniquilando. Es la paz social la que necesitamos: con planes de salud, educación, vivienda e  infraestructura, que permita a la mayoría de los colombianos salir de la sempiterna situación de atraso y de desesperanza en que se encuentran.  Porvenir promisorio para las clases menos favorecidas hasta ahora, que no le quitaría ningún poder ni mermaría las riquezas de la clase alta.

Pero no. La situación sigue igual; los planes de desarrollo no se ven y cuando, ocasionalmente, aparecen, el dinero que debía invertirse en ellos,  termina en los bolsillos de los funcionarios públicos y de los contratistas  pertenecientes a la clase alta o miembros de la clase media emergente; todo esto como consecuencia de la ya mencionada corrupción administrativa, amparada en la impunidad y la inversión de valores que estas últimas han traído como secuela. Y la paz social, continúa siendo un sueño  utópico, no solamente para  esta sufrida nación; sino también para toda Latinoamérica.

Porque,  así trate la clase alta de convencernos de lo contrario, no es pintando palomitas, izando banderas, agitando pañuelos blancos, colocándonos presillas en la solapa del vestido,  consignas en los automóviles, realizando inútiles caminatas o desacreditando e injuriando a los rebeldes, como vamos a alcanzar la paz; no, no es así. Ese no es el camino. La paz, la verdadera paz, la paz social, debe emanar del Estado, con planes de recuperación para las clases menos favorecidas económica y socialmente. Pero planes viables, que puedan hacerse realidad y que, en verdad solucionen los problemas más urgentes de esa inmensa mayoría de compatriotas que, cada día, se hunden más y más en la miseria y en el resentimiento social, que los convierte en caldo de cultivo de cualquier revolución.

A veces me da la impresión de que las personas que promueven estas acciones inocuas por la paz: caminatas, banderas, pañuelos, palomas, etc., saben de su inutilidad; pero, tal vez a sabiendas, incitan a la gente a participar  en ellas; quizás con el propósito de  distraer la atención de la opinión pública sobre las verdaderas causas sociales de este malestar que nos agobia.

Conclusión.

El día en que la paz social se alcance, los rebeldes no tendrán más pretextos para continuar siéndolo; los inconformes dejarán de serlo, o no encontrarán eco en un país satisfecho en sus necesidades básicas.

Entonces el desarrollo industrial, comercial, económico y cultural, llegará a todas las regiones  y a todas las clases sociales del país; incluso a aquellas regiones más olvidadas por el Estado colombiano durante toda su vida republicana: Chocó, Córdoba, Sucre, Guajira, Urabá, etc., y, así, toda la nación se integrará a ese desarrollo  tan anhelado.

No sobra aclarar que el atraso regional de Colombia, está relacionado en forma directa con el feudalismo imperante en algunas zonas; feudalismo que, indudablemente, siempre ha sido sinónimo de injusticia social.

Ojalá, los hijos de nuestros hijos, alcancen a ver ese paraíso soñado por esta persona, que ya se encuentra en su edad madura (casi en el ocaso de su vida) y que ha visto como el país se desangra, la nación se desintegra, Colombia se aniquila. Quiera Dios, este triste panorama, algún día llegue a su fin.

Para terminar, una pregunta un tanto inocente: ¿Por qué en países de Europa, como Suiza, Suecia u Holanda, entre otros, en donde el respectivo Estado, imbuido de conciencia social, hace lo suyo en bien de sus ciudadanos y en los cuales, la corrupción administrativa y la impunidad no han corroído aún a sus dirigentes, no hay violencia?

Valledupar, 6 de abril del año 2004

Como para reflexionar

No se trata de abundar en el tema de la reflexión personal, mediante la cual cada quien hace su propia introspección, con el propósito de analizar sus debilidades para contrarrestarlas con sus peculiares fortalezas, surgidas éstas de la mesura con que se tome la vida. Al fin y al cabo esta labor ya fue encomiada suficientemente por los sacerdotes durante la semana que pasó, así en muchos casos haya caído, como la semilla de mostaza de la parábola, en terreno árido o se haya perdido porque la brisa de los excesos haya dado al traste con las buenas intenciones.

No; lo que hoy se desea tomar como argumento de meditación es lo sucedido en el sur del país, en el Departamento de Nariño, exactamente en Guaitarilla, donde una patrulla del Ejército asesinó de manera inmisericorde a siete policías y a cuatro civiles que se les aparecieron en un recodo del camino, mientras que unos y otros realizaban, aparentemente, labores propias de su trabajo de seguridad.

Hay dos hechos para resaltar en este suceso, a saber: el trato que la jerarquía del Ejército, con comandantes y ministro y hasta presidente a la cabeza, le ha dado al malhadado acontecimiento, el cual han manejado con desidia, como queriendo tapar el sol con un dedo; como si, para ellos, en vez de haber sido asesinados miembros de las fuerzas amigas del gobierno, las víctimas hubieran sido de las filas enemigas. !Y ni aunque lo fueran! Más aún, las mismas jerarquías ya mencionadas, quisieron engañar a la opinión pública, mostrando a las víctimas, quienes ya no se podían defender, como si hubieran sido unos hampones, de cuya sevicia y maldad hubieran salvado a la sociedad.

Pero que, cuando se descubrió la verdad, trataron de hacer aparecer el hecho como una equivocación debida a la falta de comunicación. Cuando la realidad es otra: el presidente acucia a los generales y éstos a los coroneles, quienes a su vez aguijonean a los subalternos para que la soldadesca produzca resultados, los cuales se traducen en muerte y desolación; porque esta vez, las víctimas fueron miembros de la seguridad del estado, pero cuando los damnificados pertenecen al pueblo raso, ¿qué pasa? (Aun cuando no se olvide que los policías y civiles de Guaitarilla eran pueblo raso también.) «Que pena, nos equivocamos, ustedes perdonen y vuelvan a sus parcelas a seguir sirviendo a la patria.» Es la única salida que se les ocurre.

El segundo hecho a resaltar como tema de meditación es el manejo tan bajo que el Ejército, a través de sus jerarcas, le ha dado a este lamentable caso. El pundonor, la honestidad, el respeto a la opinión pública aconsejan actuar en situaciones similares con valor, responsabilidad, actitud diáfana, transparencia total y no en la forma como se trató. Primero con mentiras, pero como éstas no funcionaron, pues aparecieron testigos que lograron salvarse, se trató de darle otro cariz a la situación y se habla de errores, de falta de comunicación y de otros galimatías que no hacen más que enredar la explicación. Porque el Ejército le debe una explicación al país. Es lo menos que pueden hacer para tratar de sacar las castañas del fuego.

Ya que, a partir de este lamentable acontecimiento, el país se preguntará: ¿Y son estas personas quiénes van a ejercer funciones de policía judicial en el paraíso que este gobierno nos tiene preparado? ¿Será que ya llegamos a la era de primero mate y después investigue? ¿Habremos regresado, Dios no lo quiera, al Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala y de Camacho Leyva? ¿Qué pasará con el ciudadano común y corriente, como usted y como yo, cuando las fuerzas de seguridad del Estado se equivoquen y resulte víctima de este tipo de equivocaciones?

¡Y pensar que todavía no se ha institucionalizado el empadronamiento!

Valledupar, 13 de abril del año 2004

Otra vez el Ejército

Nuevamente el Ejército colombiano se equivoca en materia grave. Una noche de la semana pasada, en Cajamarca, Tolima, una patrulla emboscada en previsión de guerrilleros, vio surgir unas sombras en medio de la vía que tenían en observación; de inmediato el centinela dio el grito de alto, una de las sombras se asustó, corrió y conminó a sus acompañantes a hacer otro tanto. Los soldados, al sentirse desobedecidos, no dieron tregua, amartillaron sus fusiles y dispararon. El resultado había sido positivo: las sombras fueron abatidas. La patrulla se acercó a los cadáveres, sólo para comprobar su error. Los muertos no eran guerrilleros, ni siquiera paramilitares, eran cinco campesinos inocentes: un adulto, tres menores y un niño de brazos, todos miembros de una misma familia, yacían víctimas de las balas oficiales. Se trataba, como ya se dijo, de una pobre familia pobre, que llevaba al pequeño adonde el médico del pueblo, para que lo atendiera por una enteritis aguda que padecía.

De inmediato, el presidente, el ministro de defensa, el comandante de las  FF. MM., el comandante del Ejército y otros generales, unos más torvos que otros, dieron a conocer su criterio: se trataba de un error producido por la fatiga de la guerra y lo lamentaban; algunos pidieron perdón, otros ofrecieron ayuda y pasemos esta dolorosa hoja y tratemos de olvidarla. Y, como decían los abuelos en mis tiempos de juventud, cuando de noche hasta se podía pescar: «Aquí paz y en el cielo gloria.»

Mientras tanto, llegó un nuevo día y con él dos noticias: la primera hablaba de otra patrulla del Ejército en situación análoga a la de Cajamarca, que dispara y mata en la localidad de Puerto Gaitán, Meta, a tres soldados  compañeros. De inmediato, el comandante del Ejército destituye al oficial y al suboficial al mando de la patrulla.

La segunda noticia que trae el nuevo día la comunica el comandante del Ejército: Las FARC se atribuyen el asesinato de los siete policías y los cuatro civiles en Guaitarilla, Nariño y él no va a permitir que «esos bandidos se aprovechen, sacando partido de la situación.»

Me pregunto, como tal vez usted, amable lector, ya se haya preguntado también: ¿Si las FARC asesinaron a los policías y a los civiles de Guaitarilla, por qué entonces tanto ir y venir de la jerarquía militar (presidente, ministro y comandantes), la semana antepasada para tratar de dar explicaciones, aunque en verdad solamente lograron enredar más la situación,  sobre lo ocurrido en Guaitarilla? Explicaciones en donde, por cierto, había habido confesión de culpa.

También me pregunto, si destituyeron al oficial y a al suboficial al mando de los soldados que asesinaron a sus compañeros en Puerto Gaitán, ¿por qué no destituyeron también a quienes comandaban las patrullas involucradas en los hechos de Guaitarilla y Cajamarca? ¿Acaso matar soldados es delito, pero matar policías y civiles, no lo es? ¿O será que a los pobres campesinos pobres de Cajamarca, no los mataron las balas oficiales; sino que los mató por contagio la enteritis del niño de brazos?

¿Ahora se entiende el porqué de la preocupación al pensar en la inminente posibilidad de ver convertida en policía judicial, con omnímodos poderes, a miembros del Ejército colombiano, con carta blanca para detener, enjuiciar y condenar, sin que medie la acción de fiscales y de jueces civiles, cuyo ejercicio jurídico puede tener fallas, pero no se impone con las armas?

Como titulé hace un par de años una crónica en esta columna, a propósito de esa misma posibilidad: «Ciega sí y hasta sorda y coja, pero jamás atrabiliaria.»

Valledupar, 20 de abril del año 2004

El Plan Patriota, estrategia secreta

El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Defensa, anuncia una ofensiva total y final contra la subversión atrincherada en el sur oriente del país. Para ello, cuenta con el apoyo de los Departamentos de Estado y Defensa de los Estados Unidos de Norteamérica, quienes han recibido el beneplácito del Congreso de ese país, tras la petición que Bush les hiciera a los congresistas. El plan, llamado desde ya Plan Patriota, contará con la ayuda monetaria del Plan Colombia y con el refuerzo de efectivos del ejército norteamericano. La idea busca acorralar a las FARC y derrotarlas, abatiendo a quien hubiere que abatir y tomando como prisioneros al resto de los insurgentes. Para esto, el Comando Sur del Ejército norteamericano tomará en sus manos la dirección de las estrategias necesarias para lograr la derrota definitiva de las FARC.

El Ejército colombiano desplegará entre catorce y quince mil hombres en las selvas y poblaciones donde ha habido presencia constante de las FARC y en donde se presume tienen todo su apoyo logístico, con el cual han mantenido el poder en esas regiones en donde la presencia del Estado ha sido poca o ninguna. Esta es una operación que se ha venido planificando desde el año pasado, después de haber logrado derrotar a los frentes subversivos que operaban en Cundinamarca.

Hasta aquí, todo parece ser una buena estrategia. Lo malo radica (algún pero debería haber), en que esta operación tenía que ser secreta. No obstante, el afán protagónico del gobierno pudo más que la necesidad del sigilo requerido para este tipo de acciones y, es así como, el mismo gobierno se encargó de difundir a los grandes medios de comunicación, durante el último fin de semana, todos los pormenores del Plan Patriota. La prensa, ante una chiva de tal magnitud, no podía hacer otra cosa diferente a darla a conocer a la opinión pública, dando al traste con el secreto que  se suponía hacía parte del éxito de todo el plan, por aquello del factor sorpresa.

Entonces, uno se pregunta: ¿Por qué se le dio una publicidad innecesaria a este proyecto que, se supone, habría de derrotar a la guerrilla en su ala más belicosa y  atroz? ¿No se supone que el secreto hace parte de las acciones militares cuando se está en guerra? ¿Acaso, las naciones, aún las que están en paz, no invierten parte de su presupuesto en guardar ocultas sus estrategias de defensa y de ataque, en caso de enfrentamientos con el enemigo? ¿O será que, justamente, ese era el propósito de esta publicidad? ¿Qué la opinión pública supiera de estas posibles acciones y, así, las simpatías hacia el gobierno aumentaran, en momentos en los cuales se debate en el Congreso colombiano la posibilidad de la reelección del actual presidente?

Aunque, también, este tipo de noticias sirve para aplacar un poco el avance de la oposición en debates tan cruciales, como el Estatuto antiterrorista, con su apéndice de facultades de policía judicial para el ejército. Y ni que decir de lo oportuno que es, para distraer un poco la atención de la opinión pública sobre los errores cometidos por el ejército en las últimas semanas, cuando han sido asesinados policías, civiles y otros soldados a manos de soldados, como producto de la psicosis que agobia a la tropa que se siente acuciada por la oficialidad, quien a su vez está presionada por el presidente, para que muestre resultados. También cae como anillo al dedo, la publicidad comentada al principio, para distraer la atención de los casos de corrupción descubiertos últimamente en la Policía y en la Fiscalía y, sobre todo, lo poco que sus respectivos directores han hecho para desenmascarar a los verdaderos culpables de esta corrupción que, no solamente le hace daño a cada institución; sino que, además, significa desvíos de recursos necesarios para atender los problemas sociales que la guerra está generando.

Terminemos con una frase que ya hemos dicho en otras ocasiones: al príncipe, y por consiguiente al país,  no se le favorece con la adulación; sino con la verdad.

Valledupar, 27 de abril del año 2004

El país de luto

 Lamentable lo sucedido en Bogotá el miércoles pasado, cuando una máquina, una de las tantas que utilizan en las obras públicas, al descender por una rampa, perdió la estabilidad y cayó sobre un bus escolar que transportaba a cerca de cincuenta niños que acababan de salir de clases y se dirigían a sus hogares. La tragedia dejó como saldo a veintiún niños muertos y el resto, salvo uno que milagrosamente quedó ileso, heridos más o menos de gravedad. Las escenas televisuales en los noticieros de esa noche eran sobrecogedoras, pues la mayoría de los padres y madres de los niños pasajeros del bus, no sabían de la suerte de sus hijos y, al caos surgido por la falta de información oportuna, se sumaba la incertidumbre, en ocasiones revestida de esperanza, sobre si el respectivo hijo estuviese entre la lista de los heridos y no en la de los muertos.

Al día siguiente, la velación en la capilla del Colegio, volvió a despertar la solidaridad de la gente y, así, miles de personas, la mayoría ajena a los deudos, desfilaron por el recinto llevando, unos flores, otros mensajes, los de más allá su sola presencia como muestra de adhesión a los padres y familiares de los niños muertos. El viernes, las honras fúnebres y el sepelio colectivo y, en diversos sitios de la ciudad, misas por el eterno descanso de sus aún inocentes almas. La concurrencia nutrida, abigarrada. El dolor era el protagonista.

Y llegó el fin de semana. Todos los periódicos, cual más, cual menos, comentaron como tema central el episodio y sus posibles causas y las alternativas de solución para evitar la repetición de esos hechos que enlutan, no sólo los hogares de las víctimas; sino a todo el país.

Sin embargo, no hubo ninguna alusión al adulto muerto en el mismo accidente. Ni siquiera se sabe quién era, si el conductor del bus o la profesora que acompañaba a los pequeños. Nada. Ni un solo renglón. Esto no es justo, pues si bien, como ya se dijo, la muerte de estos inocentes niños cubre de luto al país y la pena embarga sus hogares, no es menos cierto que ese adulto muerto también deja un hogar enlutado. También fue víctima, más aún, víctima de su deber. Porque si se trató del conductor, esa era su responsabilidad y si fue una profesora, de igual manera estaba cumpliendo con el deber de salvaguardar el orden y la disciplina dentro del vehículo.

¿Y qué se puede decir de las miles de víctimas, producto de las torrenciales lluvias que han azotado a diversas regiones de Colombia? Allí también ha habido muertos; niños, jóvenes, adultos y ancianos han perecido víctimas de las inclemencias de la naturaleza y, en ocasiones, víctimas de la desigualdad social, expuestas a las vicisitudes de la vida, abandonadas de la mano del Estado. ¿Y las víctimas de la violencia? Los caídos por el fuego de los insurgentes, los masacrados por los paramilitares, los desaparecidos por el Ejército, las víctimas de la codicia de los terratenientes. Todos han dejado hogares enlutados.

Me pregunto, ¿será que la muerte se ha convertido en alguien tan cercano, tan conocido, un visitante tan asiduo que ya no nos produce extrañeza su presencia? Porque, supongo, diría Perogrullo, todo muerto, aún los antisociales, dejan deudos que los lloren y, por supuesto, hay muertos de muertos e, indudablemente, la muerte de un niño, ¡de veintiún niños!, produce desazón, dolor, angustia, sensación de despojo. Al fin y al cabo, es una vida llena de expectativas que se truncan. Pero también la muerte de un adulto, deja muchas veces, una viuda o un viudo, huérfanos y huérfanas, un hogar desolado, expuesto a todas las alteraciones de la normalidad.

Por eso, todas las muertes deben doler. No podemos permitir que su ocurrencia frecuente nos acorace contra el dolor, nos inmunice contra la solidaridad, la cual tiene muchas formas de expresión, cada una acorde con el motivo que la despierta y la persona objeto de ella. Para las familias de los niños muertos en Bogotá, la semana pasada, nuestras condolencias y nuestras oraciones para que acepten con resignación esta prueba de la vida. Para los damnificados por los aguaceros de las últimas semanas, la Oficina de atención a desastres, la Cruz Roja y demás organismos de socorro social, deberían buscar como acrecentar sus fondos de solidaridad para facilitar el acopio de ayuda, representada en enseres, alimentos y comida para estas pobres personas pobres. Para las víctimas de la violencia, venga de donde viniere, pedir al Estado más acción para evitar la repetición de la misma escena, más dedicación a los proyectos de ley de corte social y económico, así se postergue su tan anhelada reelección.

Valledupar, 4 de mayo del año 2004

Ojo con el Ejército

La semana pasada, nuevamente, unos miembros del Ejército colombiano protagonizaron una escena de enfrentamiento con miembros de la Policía. Esta vez los hechos ocurrieron en plena capital del país, exactamente en el barrio Veinte de Julio, en las goteras del Palacio de Nariño, en las barbas de los generales. Esta vez fue una gresca de padre y señor mío. Todo ocurrió como consecuencia de conflictos de autoridad, ocasionados por el excesivo afán de entregar resultados a que se encuentran sometidas las Fuerzas de seguridad, ante la desmedida presión que el presidente ejerce sobre los generales y éstos, a su vez, sobre la tropa.

Es fácilmente presumible la psicosis que deben de padecer los soldados ante la coacción a la que están sometidos, noche y día, por sus superiores, quienes se ven exigidos por el presidente que, con tal de mostrar al Departamento de Estado que sí se combate al terrorismo, no mide los efectos de estas acciones que han puesto, no solamente a las Fuerza Militares a correr sin medir los obstáculos; sino que, además, la población civil tiene que pagar las consecuencias de estos actos, cuando cualquier grupo de personas disiente y protesta, termina siendo agredido por los militares y los obvios  resultados son muertos y heridos del lado de quienes protestan sólo de palabra y a través de pancartas, frente a quienes tienen las armas. No obstante, después de ocurridas las muertes, los generales salgan a decir que sus subordinados no manejan este tipo de armamento o que los proyectiles con que se han segado vidas de algunos compatriotas en la refriega de marras, no salieron de las armas oficiales; sino que las portaban terroristas, infiltrados entre quienes protestaban.

Sólo resta que algún general salga con la desfachatez de atribuir esas muertes a suicidios colectivos. O que, como sucedió con la investigación de los hechos ocurridos en Guaitarilla, los culpables sean exonerados de toda falta o, peor, aún, como ocurrió con las indagaciones sobre la muerte, a manos de militares,  de civiles en Cajamarca, las cinco víctimas, de las cuales tres eran menores de edad y el último un niño de brazos, resultaran ser terroristas de las FARC.

Recuerdo que durante los años cincuenta, cuando la guerra fría se encontraba en pleno apogeo y los Estados Unidos consolidaban su imperio, había un senador de apellido McCarthy, quien inició y sostuvo durante muchos años una campaña de descrédito para el comunismo, de tal manera que, todo lo malo que ocurriera en el mundo occidental se le atribuyera a aquél. Dicha campaña rindió sus frutos al lograr la solidaridad de casi todo el pueblo estadounidense y de la mayoría de sus colonias en América latina. Sin embargo, muchos inocentes pagaron con sus vidas su simpatía por el comunismo, no obstante ser demócratas convencidos.

Por eso, en esta columna, al igual que en tantas otras que publican diarios que circulan a través de nuestra geografía nacional, se ha insistido tanto sobre el peligro que significa el establecimiento de funciones de policía judicial para el Ejército. Porque si ocurren casos como el sucedido en el barrio Veinte de julio, en donde la presencia de las jerarquías es absoluta y la vigilancia de los organismos de control es total, qué no podrá suceder en aquellas regiones apartadas, en donde la autoridad la ejerce el señor feudal, es decir, el gamonal del pueblo o el mayor terrateniente del lugar y, en donde el único código de justicia lo impone la codicia de éste, quien sienta a diario a manteles  al comandante de la guarnición más cercana, además de brindarle cotidianas prebendas por su adhesión. Allí, en esos nefandos lugares, la cacería de brujas en busca de campesinos disfrazados de terroristas para beneficio del señor feudal,  será el pan de cada día.

Ya se está viendo. Cuántos supuestos anarquistas caen a diario en mano de las autoridades, para luego, semanas después, tener que ser liberados al no encontrárseles ninguna conexión con los enemigos del Estado. Y no es que se trate de impunidad ni mucho menos. No. Se trata simplemente del resultado de esta obsesión, que invade a Uribe, de querer mostrarle a Bush que aquí sí se combate al terrorismo, para que nos mande una ayudita representada en centuriones del imperio, aún a riesgo de que pertenezcan al grupo de los que torturan a sus prisioneros

Valledupar, 11 de mayo del año 2004

Ojo con la Policía

La semana pasada y las anteriores, se analizaba en esta columna como se ha deteriorado el equilibrio del Ejército colombiano en relación con el ámbito en el cual se mueve, vale decir, en tanto es fuerza de protección para una nación de alrededor de cuarenta y cuatro millones de habitantes, de los cuales, aproximadamente, veintiséis millones somos adultos, cuya quinta parte sostiene con sus impuestos el aparato estatal.  Protección aquella que, en ocasiones, se ve disminuida por el accionar precipitado de algunos soldados. Empero se examinaba como ese deterioro es producto de la fatiga y la psicosis de la guerra, sumadas a la presión que, por mandato presidencial, los superiores ejercen sobre la tropa.

Esta semana vamos a ver como la Policía Nacional también se encuentra en franco deterioro, como consecuencia de la corrupción que invade a muchos de sus integrantes. Corrupción que va camino de caer en la impunidad; pues, salvo algunos sucesos aislados, la mayoría de las investigaciones a sus miembros quedan en el aire o, en el mejor de los casos, la culpabilidad de los implicados solamente conduce a una sanción disciplinaria y, de pronto, a la pérdida del status policial. Pero jamás a una condena que lleve al culpable a la cárcel, como le sucede a cualquier hijo de vecino que delinque.

¿Cuántos policías (oficiales, suboficiales o agentes), se encuentran en la cárcel por la pérdida de un cuantioso cargamento de drogas heroicas que se perdiera en el Departamento del Atlántico el año pasado? ¿Dónde está el coronel Royne Chávez, después de la investigación en la cual el Fiscal General quiso librarlo de culpas? ¿Qué pasó con los policías miembros de la banda, al mando de un oficial, que asaltaba tracto mulas y que fuera denunciada hace un par de años? ¿Y qué pasó con la investigación sobre el desvío de dos millones de dólares del Plan Colombia, a manos de la Policía antinarcóticos, a finales del 2002?

Y no son solamente los casos de franca culpabilidad, en los cuales hay involucrados miembros de la Policía, los que llevan a pensar en el deterioro de ésta. Es, además, la actitud de muchos policías en su quehacer diario, lo que mueve a esta conclusión. Con frecuencia, demasiada tal vez, se ve a la Policía en operativos de desalojo de pobre gente pobre que se ha visto abocada a invadir terrenos ajenos, so pena de tener que vivir como los animales en los árboles o debajo de ellos; o se les ve en campañas para despejar la vía pública de vendedores ambulantes, cuyo sustento y el de su familia deriva de lo poco que puedan vender durante el día; o encontramos a policías que hacen retenes en plena calle, para pescar por pequeñas infracciones a automovilistas que son conducidos a los patios del tránsito. Y entre tanto, mientras los policías se dedican a fastidiar a la ciudadanía (muchas veces en busca de un soborno), los ladrones hacen su agosto en las viviendas de la clase media, pues las residencias de la clase alta cuentan con vigilancia privada o, en muchas ocasiones, la misma Policía les cuida sus casas y las viviendas de la pobre gente pobre no son objeto de codicia de los hampones.

Cuántas veces, cuando los ladrones asaltan una vivienda en barrio de clase media, es llamada de urgencia la Policía y ésta aparece, cuando ya los hampones se han alzado con todo lo que han querido llevarse. Es decir, cuando ya no hay nada que hacer.

Sin embargo el director del INVIMA, a raíz del licor adulterado en Barranquilla, el cual ocasionó la muerte a más de una docena de ciudadanos y dejó ciegos a otros más, sale en televisión para decir que la única forma de evitar la ocurrencia de estos hechos, consiste en no comprar licor o, en caso de hacerlo, comprarlo en lugares conocidos o, mejor aún, mirar detenidamente los sellos y las tapas de los respectivos envases, para poder discernir entre el licor genuino y el adulterado. Acaso, ¿no hay un cuerpo de policía  que se encargue de esas labores de inspección, control y vigilancia? Por ventura, ¿no es esa la labor del INVIMA? Porque si no es así, entonces, ¿qué significa su sigla? ¿Será qué en el futuro, cuando vayamos a abordar un vehículo de servicio público, nos tocará revisar los frenos y el correcto funcionamiento del motor, no sea que aquél falle y la culpa del accidente sea del ingenuo usuario?

Valledupar, 18 de mayo del año 2004

Democracia, cuantos crímenes se cometen en tu nombre

Hace ocho días vimos como la Policía Nacional no logra salir de esa situación de descrédito en que la tienen sumida, de una parte, la corrupción en la cual la ahogan muchos de sus integrantes, unida a la impunidad con que se manejan en Colombia los delitos cometidos por los uniformados y, de otra parte, la actitud francamente hostil de éstos contra la población civil.

A mediados de la semana pasada, en tres ciudades del país, Bogotá, Medellín y Cartagena, se presentaron hechos en donde los policías, que vienen de la entraña popular, atacaban sin misericordia alguna a los manifestantes que, en las tres ciudades, protestaban, inicialmente de forma pacífica, por diferentes razones. En Bogotá, la protesta la originó el desalojo de vendedores ambulantes en algunos sectores de la ciudad. En Medellín, la queja la causó la instalación de un peaje dentro del área metropolitana. En Cartagena, los manifestantes, dentro de los cuales había varios senadores y representantes, querían dejar sentada su inconformidad con el Tratado de Libre Colonización (TLC) que Estados Unidos quiere imponer. Sí, imponer, porque ellos, por razones obvias, serán los más beneficiados al seguir comprándonos materiales a bajo precio y vendiéndonos productos costosos; amén de las ventajas que, para ellos, significan los subsidios que su gobierno le da a sus industriales y comerciantes; subsidios que aquí no existen y ni que decir de lo precaria de la infraestructura de estas colonias, ante el desarrollo del imperio.

Pero, volviendo al tema de la Policía, no se entiende como ésta siempre tiene que agredir a quienes manifiestan su protesta. ¿Será que fue borrado de la Constitución Nacional, el artículo que habla de la libertad de expresión? ¿Será que, durante este cuatrienio (que, quiera Dios, no se convierta en un octienio o, peor aún, en un mandato vitalicio, como algunos, empezando por el mismo Uribe, lo desean), se anuló por decreto el sagrado derecho de disentir que todo ciudadano posee?

Porque no es otra la conclusión a la que se llega cuando, primero, la Policía tan pronto ve un grupo de manifestantes, saca su personal armado de bolillos, gases lacrimógenos, balas de caucho ( que, aunque no matan, sí maltratan) y, por sobre todo, la consigna de tratar a aquellos como si fueran un grupo de forajidos o, se tratara de los peores enemigos del Estado que desearan, con su actitud de protesta, desestabilizar la tan manoseada democracia y, segundo, hay que ver como se ensañan con aquellos ciudadanos que caen en sus manos. Hay que ver las imágenes televisuales. Son verdaderamente execrables. Tres, cuatro o más policías dándole bolillo, puntapiés y trompadas al pobre desgraciado que cae en sus manos. No importan la edad, el sexo ni el estado en que se encuentre. El miércoles de la semana pasada, día de los disturbios ocasionados por la misma Policía (pues los manifestantes solamente caminaban por las avenidas de Cartagena), una señora embarazada fue agredida brutalmente por los de verde.

Reitero, los disturbios sí los ocasionó la Policía, ya que inicialmente, quienes protestaban lo hacían portando pancartas alusivas a las desventajas que, para Colombia, significa el TLC. Los policías, siguiendo instrucciones del alcalde y del gobernador, quienes querían adular al gobierno central, les cerraron el paso a los manifestantes, impidiéndoles el acceso al Centro de Convenciones donde se encontraba la prensa. Al fin y al cabo, el gobierno regional no quería dejar que el país conociera el disgusto que para la mayoría sensata significa esta nueva farsa. Y quién dijo miedo, los uniformados la emprendieron contra los participantes en la protesta, quienes, ni cortos ni perezosos, quisieron hacer valer sus derechos; olvidando, ingenuamente, que éstos se pierden en los estados autocráticos.

No obstante, el Comandante de la Policía Nacional y otros generales, salieron a decir que sus subordinados solamente cumplían con su deber. Y, en realidad, tenían razón, pues parece ser que el deber de los policías, en todo el mundo, es el de atacar a sus hermanos de clase. La historia cotidiana de los pueblos, así lo confirma.

Tal vez la única excepción la constituya la policía londinense, la cual ni siquiera bolillo porta. Ellos están para velar, con su sola presencia, para que no se cometan desmanes; pero jamás se encuentran prevenidos contra la población civil, a la cual le conceden el beneficio de la duda. Allá todos pueden protestar, todos pueden marchar para manifestar su inconformidad contra el gobierno, al cual se le supone la posibilidad de equivocarse. La adulación no llega hasta el extremo de creer que el príncipe es infalible.

Valledupar, 25 de mayo del año 2004

Macartismo criollo

Hace unas semanas, estuvimos viendo como en Estados Unidos floreció a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, una corriente de represión que llevó a la cacería de brujas más horrenda de la historia contemporánea. Dicha corriente, la cual se le conoce como macartismo, por el senador estadounidense que la inspiró y la sostuvo, veía en todo opositor al gobierno de turno del mencionado país, un enemigo del Estado, el cual debía ser apresado, juzgado y condenado de manera severa. Muchos de estos disidentes, cuyo único delito consistió en discrepar de la forma como era conducido el país, pagó con su vida la osadía.

Pues bien, aquí en Colombia, en los últimos meses se ha desatado un macartismo desaforado, contra todos aquellos que se atrevan a disentir de las políticas mesiánicas del actual gobierno. Cuando el referendo, se trató de guerrilleros a todos aquellos que se le oponían. Sin embargo, el pueblo, mayoritariamente, se le opuso; pues, indudablemente, en casos como éste, el voto en blanco es una forma de expresión. Más aún, yo agregaría que, teniendo los dirigentes que tenemos, es la más sensata de todas.

Ahora, con el asunto de la reelección, vuelven el gobierno y sus áulicos a mostrar su talante maniqueísta, al alinderar del lado de los demócratas, es decir, del lado de los buenos, a todos aquellos que anhelen tener a Uribe hasta cuando él quiera (algunos sueñan con un mandato vitalicio) y, del otro lado, el de los terroristas, léase, el lado de los malos, a todo aquel que piense que si cuatro años de represión son pésimos para la salud política de Colombia, ocho, doce o más años de dictadura serían la tortura de Tántalo, en donde la esquiva libertad, sería la gota de agua que nunca logró probar el personaje mitológico, durante el castigo al que fue sometido.

Pero volviendo al macartismo criollo, y trasnochado como todo lo nuestro, en las últimas semanas, desde cuando la amenaza de la reelección parece cernerse cada vez con más ferocidad en el panorama de esta sufrida patria,  la actitud de los uribistas ha tomado un cariz tal de soberbia e intemperancia, que la columna del malhadado ex ministro Londoño, es apenas un botón en el rosario de la intolerancia en que se ha convertido el actual gobierno. En ella, Londoño Hoyos, quien posee uno de los rabos de paja más incendiables en Colombia, se viene lanza en ristre contra los manifestantes que protestaron en Cartagena contra el TLC. Hasta de bárbaros los trató, cuando los llamó «horda de hunos», que pretendían «realizar una asonada», dentro de un ambiente de «vandalismo orquestado», al hacer referencia a los senadores y representantes que, como ciudadanos, tenían todo el derecho a protestar contra algo que, dentro de su leal saber y entender, no les parece favorable para el bien del país.

Mas sin embargo, la perla mayor de este rosario de intolerancias, la constituye la actitud del cónsul colombiano en Madrid, el señor ¿Jairo Ríos?, quien delante del príncipe y de su embajadora en España, Noemí Sanín, calificó de narcoterroristas  y narco guerrilleros, a un ciudadano alemán y a un compatriota nuestro, quienes de manera legítima expresaban su desacuerdo con la política de Uribe. Lo más triste del caso, fue la actitud pasiva, casi cómplice, de Uribe y de su embajadora. Ninguno de los dos dijo, ni siquiera, esta boca es mía.

Como quiera que la imagen de nuestro país en el exterior no sea la mejor, ni la más adecuada para envanecerse, episodios como estos no hacen más que echarle fuego a la hoguera o más fango al lodazal.

Como dicen que dijo Cristo, cuando Pedro le cortó la oreja a Malco, el sirviente del centurión que comandaba la tropa que fue a apresar al Nazareno: «Pedro, ¿estamos como estamos y te pones a cortar orejas?»

Valledupar, 1° de junio del año 2004

Cuentos de fantasmas (XI)

–Mami, yo no quiero ir al entierro de mi abuelo.

–¿Por qué no quieres ir?

–Me da mucho miedo ir al cementerio. Allí sólo hay muertos.

La madre le insistió a su hijo de diez años, diciéndole que esa sería la última vez que podría estar con su abuelo a quien tanto había querido y de quien había recibido tantas muestras de cariño. Por fin, el niño accedió por complacer a su mamá, a quien veía triste.

Sin embargo, tan pronto llegaron al cementerio, después de los oficios religiosos en la iglesia del barrio, el niño se separó del cortejo y marchó de último, para luego sentarse sobre el pretil de un mausoleo cercano a la fosa donde sería inhumado su abuelo. Los murmullos de las oraciones recitadas por el sacerdote, no hicieron más que deprimirlo.

De pronto, algo en el suelo, brilló con los resplandores del sol que se filtraban por entre las ramas de las acacias que bordeaban las avenidas del cementerio. El niño se bajó del pretil, se agachó y recogió lo que parecía ser una rara medalla. La observó detenidamente y, al no comprender su significado, la introdujo en el bolsillo de la camisa, mientras pensaba en mostrársela a su tío para que la descifrara.

Habían cesado los rezos y el féretro descendía a la fosa, cuando el niño sintió un súbito calor que le recorrió todo el cuerpo y al llegar a la cabeza, le pareció que ésta fuera a estallarle, tan intenso era el dolor que sentía. Luego, segundos después, el frío fue tan agudo que sintió que todo el cuerpo le tiritaba, no obstante estar en una ciudad de nuestras costas.

Un sacudimiento general estremeció su cuerpo y rodó por el suelo, donde empezó a convulsionar de manera frenética. En ese momento, su madre lo había localizado, luego de buscarlo afanosamente. La sorpresa y el terror se pintaron en su rostro y lo único que atinó a hacer, fue devolverse a buscar ayuda entre los familiares y amigos que la habían acompañado al sepelio de su padre. Rápidamente un primo de ella tomó al niño en brazos y, subiéndolo a su carro, lo condujeron a la clínica más cercana.

Allí, los médicos se apersonaron del caso y, luego de varios exámenes, llamaron al neurólogo para que diagnosticara que le sucedía al pequeño paciente. Horas después, aquél no había encontrado ningún síntoma que indicara el origen del mal que padecía el niño, quien, pasadas las horas, seguía convulsionando.

El tiempo corría y la situación no cambiaba. De pronto el niño despertó, se sentó en la cama y, al divisar a su mamá, se lanzó contra ella, profiriendo con voz estentórea terribles obscenidades. La madre, sorprendida, no sabía qué hacer, las enfermeras y los médicos, menos. Hasta que el niño la emprendió a golpes contra su mamá. Como pudieron, lograron controlarlo y, después de subirlo a la cama, lo ataron de pies y manos a los barrotes de la misma. Cuando una de las enfermeras se retiraba de la cama, fue alcanzada por un chorro de pestilente vómito que el niño le lanzó.

Llegó el nuevo día y la situación seguía igual. El niño permanecía inconsciente, mientras convulsionaba de manera cíclica y solamente salía de su desmayo, para insultar soezmente a quienes estuvieran cerca. En alguno de esos momentos, enrostró a su madre el adulterio que ésta había cometido y que había desembocado en el fin del matrimonio con su padre. La madre asombrada, pues esto era algo que el niño no tenía porque saber, dadas la época y las circunstancias de los hechos, dio rienda suelta al llanto y sólo se le ocurrió salir de la habitación.

Cuando estuvo afuera decidió ir a la capilla de la clínica como única posibilidad de desahogo. Allí encontró a un sacerdote y le contó la tragedia que sufría. El sacerdote se ofreció a visitar al niño y, tan pronto entró a la habitación, fue recibido con insultos por el niño, cuyo rostro había cambiado de tal manera, que ya no parecía el mismo niño inocente que había sido 48 horas antes. Cuando el sacerdote lo roció con agua bendita, el niño, con voz gruesa, impropia de su edad, maldijo al clérigo.

Cuando éste salió de la habitación, llamó a la mamá del niño y le preguntó por los antecedentes inmediatos de la criatura. La madre, compungida, le dijo que hasta hacía dos días, todo había sido normal en la vida del niño.

–Padre, ¡ese monstruo que está en esa habitación no es mi hijo!, dijo en medio de las lágrimas. Y agregó: –El neurólogo me dijo que el niño parecía estar poseído por el demonio.

–Eso no lo podemos afirmar con certeza, respondió el sacerdote. –Déjeme consultar con un anciano sacerdote jesuita que está en Cartagena, de paso para Méjico. Él es experto en exorcismos y puede ser de gran ayuda.

Dos días después, un sacerdote cargado de años se presentó a la clínica, acompañado del capellán. Habló con la madre del niño, se preparó para realizar el exorcismo y entró a la habitación.

Dos horas después, el anciano sacerdote salió con el rostro demudado y con la apariencia de haber envejecido veinte años.

–Ya puede entrar, dijo dirigiéndose a la madre del niño.

–¿Padre, cómo está mi hijo?

–Se está recuperando, la crisis ya pasó. Adiós.

–Padre, Dios lo bendiga, dijo la madre conmovida y, de inmediato, entró a la habitación; la cual tenía una temperatura agradable, ya que durante los cuatro días anteriores había permanecido helada. La madre encontró a su hijo despierto, sonriendo.

–Mami, ¿qué me pasó, por qué estoy aquí?

–Ya todo pasó, estuviste muy enfermo, pero ya estás mejor.

–¿Mami, qué es eso?, preguntó de pronto el niño, señalando hacia la pared que estaba a espaldas de su madre.

Cuando ésta volteó la cara para mirar, el horror se pintó en su rostro. La pared que el niño señalaba, mostraba, pintada con sangre, la figura espantosa de un hombre que, de espaldas, asiendo una rara medalla con la mano derecha, volteaba la cara para dirigir su mirada cargada de odio hacia la madre del niño.

La madre, asustada se desmayó. Acababa de reconocer el rostro de su antiguo amante.

Valledupar, 8 de junio del año 2004

¿Señor, por qué nos has abandonado?

Definitivamente, vamos de mal en peor. De un lado, el Congreso aprueba las facultades de policía judicial al Ejército, lo que significa que, una vez sea autorizada la ley por parte de la Corte Constitucional y la firme el presidente, se podrán producir allanamientos, detenciones, interceptaciones de teléfonos y otra serie de actos jurídicos para los cuales no se requerirá orden judicial. El comandante de un batallón o de una guarnición o, con mayor razón, el de una brigada, podrá convertirse en juez y parte al acusar, investigar, juzgar y condenar a cualquier hijo de vecino que sea sospechoso de acciones (pensamientos, hechos o cualesquiera otros movimientos o ademanes que ameriten ser mal visto por los uniformados) e irá a parar con sus huesos a un calabozo y de ahí, derechito a la cárcel hasta el día en que se demuestre, gracias a un milagro divino, su inocencia. Tiempo durante el cual, no estará eximido de sufrir torturas, en pos de una confesión.

Porque, en realidad y sobre todo en descampado (léase, áreas rurales), tal y como ya se ha dicho en otras ocasiones, ese será el pan de cada día, mediante el cual, más de un avispado aprovechará la coyuntura para deshacerse de sus enemigos y de todos aquellos que posean algo que él codicia y, prevaliéndose de sus nexos con quienes poseen las armas, no dudará en pasar por encima de cualquier reato de conciencia (si acaso la tiene) para alzarse con lo que desea.

Como si lo anterior fuera poco, de otro lado, se estudia la posibilidad de quitarle también al poder judicial la potestad de determinar cuándo, un individuo que haya transgredido la ley, debe ir la cárcel. Ahora, será el presidente quien tomará esa decisión. Dicho en otras palabras, la división de poderes irá, poco a poco, desapareciendo. No se crea que se trate de visiones agoreras producto de una mente prevenida. No. Así ha sucedido en otras latitudes y en otras épocas. Ese es uno de los primeros pasos para caer en las dictaduras. El siguiente lo constituye el poder a perpetuidad.

El empadronamiento selectivo es otra de las vías preferidas por los gobiernos autocráticos. Ya fue aprobada la ley que lo autoriza. Ya fue, además reglamentada en el Congreso. La cacería de brujas apenas está empezando. Lo triste y lo paradójico de todo esto, es que los verdaderos enemigos del establecimiento seguirán libres. Ellos no son tan ingenuos como para permanecer a tiro de sus adversarios. Quienes no logren coger las de Villadiego, sabrán ocultarse muy bien.

Mientras tanto, el ciudadano desprevenido, aquel que no tiene porqué esconderse, andará a plena luz, con su conciencia tranquila, sin saber que su único delito consiste en poseer algo que su vecino poderoso codicia y anhela para sí: tierra, posición social, ahorros, empleo, mujer, etc., etc.

En tanto esto ocurre, el país seguirá despeñándose, pues todas las atenciones presupuestales serán para la tan cacareada seguridad democrática que, como se ha visto, consiste en darles más poder a las Fuerzas Militares, cuya voracidad parece no tener límites. Los generales cada día piden más y más y el gobierno se los da. No importa que para complacerlos, haya que mermar rubros de carácter social como la Salud, la Educación y la Vivienda.

Hace unos dos años y medio, cuando todavía no sabíamos del poder mesiánico del próximo gobernante y vivíamos agobiados por el de ese momento, cuyo mandato ya casi expiraba, clamábamos al Cielo, pidiendo ayuda para salir de tantos y tantos males que atosigaban a la nación. Hoy, cuando aún no se han cumplido dos del actual y a quien tantos (ojalá no sean los suficientes) ansían perpetuar, tenemos que repetir las mismas palabras de esa vez, que sirvieron de mote a este ensayo y con las cuales parafraseábamos al Divino Nazareno: «¿Señor, por qué nos has abandonado?»

Valledupar, 15 de junio del año 2004

A propósito del día del padre

Alguna vez mi hijo mayor, quien a la sazón ya se encontraba casado y, a su vez, ya era padre, me decía:-«Papá, ahora sí puedo aquilatar lo que significa ser padre y, lo más importante, puedo valorar todo lo que tú has hecho por mí.»

Los ojos se me aguaron y se me hizo un nudo en la garganta y, abrazándolo, sólo atiné a decirle:-Así es, mijo, uno no sabe apreciar todo lo que su propio padre ha hecho, hasta cuando uno mismo es padre o cuando, por desgracia, lo ha perdido.

He tenido esta remembranza con ocasión del día del padre, al evocar la imagen de quien fuera, no solamente mi progenitor; sino también el guía más invaluable en mi vida, no obstante lo perdiera cuando me encontraba apenas en la pubertad.

Son tantos los recuerdos gratos que guardo de él, que fácilmente podría escribir muchas y muchas hojas sobre el tema y, aun así, seguro que algunas cosas se quedarían en el tintero. Sin embargo, hoy sólo quiero recordar lo mucho que, de mi formación intelectual y moral,  le debo a mi padre.

Dicen que cada individuo es hechura de sus padres e, indudablemente, eso es verdad. Porque no solamente somos producto de nuestros inmediatos ancestros, desde el punto de vista genético; sino que, además, nuestras virtudes y nuestros defectos, tienen su origen en esa primera escuela de la vida, como lo es el hogar paterno. Allí aprendemos a ver, a oír, a  caminar, a distinguir los colores, a descifrar las primeras letras. Pero también aprendemos a ser bondadosos, a distinguir el bien del mal. Allí nos educamos en las buenas costumbres; en el hogar aprendemos las primeras y más importantes lecciones de moral y, sin saberlo, nos empezamos a formar en el justiprecio de los valores humanos.

Por eso, en estas fiestas, cuando conmemoramos el día de la madre y el día del padre, el mayor reconocimiento que se les puede hacer a ese par de seres abnegados que todo lo dieron por nosotros, lo menos que podemos hacer, es agradecerle al Creador el habernos permitido tener los padres que tuvimos. Sin cuya presencia y cuyos desvelos, sí que también su total dedicación a nuestra formación para lograr que algún día fuéramos seres útiles a la sociedad, otra podría haber sido nuestra suerte.

Tal vez, tendríamos más dinero, otra posición social y otras distinciones banales que hoy son y mañana no parecen. Pero, ¿podríamos marchar con la frente en alto, por la satisfacción del deber cumplido? ¿Estaríamos igualmente orgullosos de hacer el bien por el bien mismo y no por la imposibilidad de hacer el mal? ¿Tendríamos la misma capacidad de amor al prójimo, tal como lo estipula el Evangelio? ¿Habríamos podido formar un hogar en donde el respeto, el amor, el desprendimiento, la tolerancia y la armonía reinan, como corolario del amor a Dios?

Seguro que de no haber tenido los padres que el Todopoderoso nos dio, eso habría sido imposible. Entonces, bendigamos a Dios, al recordar con amor y gratitud la figura paterna y la imagen materna, y no permitamos que se desdibujen en la memoria. Porque cuando eso ocurra, podremos tener la certeza de que ese día será el comienzo del fin de nuestra propia existencia.

Valledupar, 22 de junio del año 2004

Tras de alcahuete, payaso

Corría la segunda quincena del mes de abril del presente año, cuando en esta columna se comentaban los hechos de Guaitarilla y Cajamarca, en donde, con dos semanas de intervalo, patrullas del ejército colombiano, supuestamente inmersas en el problema de orden público que vive Colombia, mataban a compatriotas que no tenían nada que ver con el mencionado orden público.

En el primer caso, los muertos fueron siete policías y cuatro civiles quienes, en hechos dudosos que no han sido aclarados, perdieron la vida a manos de unos soldados. Hasta la fecha, las diferentes versiones han sido tan confusas y tan contradictorias, que no se ve claridad en el curso de la investigación. Si acaso ésta existe. Al fin y al cabo, no se debe olvidar que en sendas versiones de cada bando (Ejército y Policía) se habla de paramilitares y de narcotraficantes envueltos en los oscuros acontecimientos de esa noche.

En el segundo de los hechos analizados, fueron abaleados cinco campesinos, de los cuales cuatro (no uno, como pretenden hacerlo creer ahora, como si la opinión pública fuera tarada o imbécil) eran menores de edad y el otro, padre de los niños–padres del bebé de brazos, era el único adulto. Hasta la fecha, la investigación que en un principio el Fiscal General de la Nación, en un acto de irresponsabilidad propicio a la impunidad, entregara a la justicia militar, pero que la Procuraduría obligó, como era el derecho, a devolver a la justicia civil, ha encontrado que una de las víctimas presenta disparos a quemarropa. Entonces, ¿por qué, en la primera versión, los oficiales al mando de la patrulla, hablaron de sombras que se movían en la oscuridad y que fueron abaleadas en razón de la desobediencia a la orden de alto? ¿Por qué el Ejército, con Ministro de Guerra a la cabeza, hablaba de subversivos abatidos en medio de la noche? ¿Por qué el Presidente se apresuró a decir que confiaba en la versión de los oficiales y de su ministro?

Porque si el grupo de campesinos víctimas de las balas oficiales era compacto, como es de suponer, dadas las circunstancias de hora, lugar e índole de los habitantes del área rural del interior del país, los menores asesinados debían estar cerca del padre y abuelo de ellos y, por tanto, también debieron ser vistos con claridad por sus homicidas. Entonces, ¿por qué no declarar la verdad desde un principio y no ocultarla y, peor, disfrazarla, de manera tan burda y, por demás, encubridora?

Sin embargo, en el colmo de la desfachatez, el Fiscal General de la Nación, a quien se supone que le pagamos un sueldo (sí, nosotros los contribuyentes), para que investigue con celeridad, a fin de obtener pronta y cumplida justicia, después de, como ya se dijo, querer desviar la investigación entregándola a los mandos militares, cuando un periodista le preguntó cómo veía la investigación de los hechos de Cajamarca, el flamante Fiscal, muy sonriente y muy peripuesto, contestó que «…si después de dos mil años, aún no se sabía quiénes habían  matado a Cristo, cómo se pretendía que él ya tuviera claridad sobre el caso en cuestión…» Es decir, tras de alcahuete, payaso.

Y todavía insiste Uribe en gastar el tiempo, que debería dedicar a gobernar, en impulsar su reelección y en sacar adelante el estatuto antiterrorista y la ley de empadronamiento. Mientras tanto, muy sigilosamente, el gobierno estudia como bajarle las pensiones al pueblo. Ahora, buscando pretextos, andan diciendo que, a partir de septiembre próximo, el Estado deberá asumir el pago de las pensiones del ISS por absoluta iliquidez del respectivo fondo, olvidando que ese mismo Estado le debe al ISS la bicoca de 40 billones de pesos, por concepto de aportes insolutos que vienen acumulándose desde hace muchos años.

Valledupar, 29 de junio del año 2004

La parábola del amor II

Narración basada en los manuscritos que el lector ya conoce y que han sido mencionados anteriormente en esta columna.

En cierta ocasión había una pareja que, aun cuando se casara enamorada, con el tiempo y en razón de una mujer que se cruzara en su camino, el hombre había empezado a perderle el amor a su esposa quien, a su vez, había dejado de mimarlo y atenderlo como antes solía hacerlo.

El hombre que, en más de una ocasión, había querido abandonar a su mujer para irse a vivir con la otra, no se decidía pues, si la abandonaba, podría perder el trabajo bien remunerado que desempeñaba en la empresa de su suegro.

Así las cosas, un compañero muy amigo de la pareja, le aconsejó visitar a un anciano del mercado que le podría ayudar con una pócima que cegara la vida de su mujer y, así, librarlo del compromiso. El hombre fue y el anciano, después de oírle las quejas contra la mujer, le dio un frasco pequeño y le dijo:

–Cada ocho días, durante nueve semanas, al salir del trabajo, vas a venir por un frasco igual a éste, que contiene un bebedizo del cual mezclarás, con disimulo, veinte gotas en el café del desayuno de ella. Esto la irá envenenando paulatinamente. Sin embargo, debes volver a tratarla con el amor y la consideración que le tenías cuando se casaron y no debes volver a frecuentar, bajo ninguna circunstancia, a tu amante. Así, cuando ella muera, nadie sospechará de ti. Ah, y no olvides que no puedes darle más de veinte gotas diarias, pues moriría de inmediato y el primer sospechoso serías tú.

El hombre le dio las gracias al anciano, le pagó y se fue, dispuesto a cumplir, al pie de la letra, las instrucciones de éste.

Pasaron como siete semanas y el amor había vuelto a renacer en la pareja y las atenciones de ella para con él resurgieron; así como también los mimos entre ambos. Sin embargo, la mujer había tomado durante tanto tiempo la pócima diaria, que su esposo temió por su vida y, asustado, fue donde el anciano y le dijo:

–Por favor, deme algo para contrarrestar el efecto del veneno que le he estado dando a mi esposa; me he dado cuenta de que la amo, de que ella es una mujer buena, que tiene defectos pero sus virtudes son mayores. No sé que me pasó para poder pensar en matarla. ¡Ayúdeme, se lo ruego!

El anciano, sonriendo, le contestó:

–Tranquilo, la pócima que le has estado suministrando diariamente a tu mujer, no es venenosa, solamente contiene vitaminas. Te la di porque pensé, de acuerdo a lo que tu amigo me contó,  que lo que ustedes necesitaban era tiempo y oportunidades para aquilatar el amor que se tenían cuando se casaron y que, por circunstancias de la vida, estaban dejando morir. No olviden que el amor es como una planta que hay que regar y abonar constantemente, que requiere de mimos y cuidados especiales, rodeados de atenciones y de generosidad perennes. Además, es un sentimiento que, cuando es recíproco, aumenta cada vez más y crece con fuerza y lozanía y, todo aquello que toca, lo embellece. Vete tranquilo, tu matrimonio se ha salvado.

Valledupar, 5 de julio del año 2004

La deplorable situación de Colombia en lo social, lo económico y lo político (1ra. Parte)

Introducción

Aunque quiera ser breve, es lamentablemente triste encontrar tanto material para hablar de este tema. Y digo lamentable, porque la situación del país, solamente en los tres aspectos mencionados (pues, en otros aspectos el panorama no es mejor), es desolador; es del color de la tristeza; que, según los poetas, es gris; pero que, en nuestro caso, es de un gris tan oscuro, que parece negro; tanto, que es imposible avizorar un mañana claro. El túnel del devenir patrio parece no tener salida.

Y, ¿por qué tan triste?  Porque a aquellos a quienes nos duele Colombia, nos llena de espanto y de dolor, ver como la corrupción administrativa, el desgreño burocrático, las componendas políticas, la desigualdad social y la impunidad general, están conduciendo al país, paso a paso, a un desmoronamiento total; a un caos del cual, sólo la Divina Providencia, es decir un milagro, logrará salvarla.

Pues, así como vamos, la brecha social se hará cada día más grande; los ricos y poderosos, cada vez se volverán más poderosos y ricos; los pobres, poco a poco, se hundirán en la miseria. Cada vez más, el acceso a la educación por parte de las clases menos favorecidas económicamente, se irá reduciendo. Los servicios de salud, terminarán por convertirse en privilegio para unos pocos.

Por el camino que nos están conduciendo quienes dirigen el país, los colombianos estamos expuestos, cada vez más, a llegar a la tierra de nadie, al imperio del más fuerte, a la ley de la selva; por tal razón la inseguridad  en las grandes ciudades y en el campo es de tal magnitud, que no hay día en que no mueran decenas o, peor, centenas de compatriotas, víctimas de los  situados al margen de la ley o, peor aún, víctimas de quienes dicen defender dicha ley.

Cada día los noticieros nos sorprenden (como si la capacidad de asombro del colombiano medio no tuviera límite) con la noticia sobre nuevos  peculados, sobornos a funcionarios del gobierno, dineros de dudosa procedencia en manos de funcionarios  del  Estado o en manos de contratistas amigos de dichos funcionarios y, en fin, un sinnúmero de actos delictivos por parte de quienes debieran tener (como todos los demás colombianos) una conducta intachable, un proceder honrado y honesto; pues, ellos son los llamados a conducir al país, por las sendas de la rectitud, hacia el progreso y la paz. Todo esto sin mencionar los asesinatos, asaltos, secuestros, extorsiones, desapariciones forzosas, torturas y demás tropelías que se han convertido en hechos comunes del acaecer colombiano.

  1. Aspecto social.

Cuando las diferencias sociales en un país, en vez de disminuir, aumentan, es signo de corrupción, de mala administración y de falta de conciencia social por parte de los  gobernantes de turno; sobre todo, si se tiene en cuenta que, dentro de un presupuesto varias veces billonario, como lo es el de Colombia, sólo un pequeñísimo porcentaje se destina a la educación y menos aún a la salud y, todavía menos aún, a la vivienda llamada de interés social; mientras que las Fuerzas Armadas y la burocracia estatal consumen más del 50% de dicho presupuesto. Sin contar con los desfalcos, peculados y robos descarados que cometen algunos funcionarios estatales.

Colombia posee un Estado económicamente fuerte y poderoso; en tanto que la mayoría de sus nacionales sufre, de alguna manera, por causa del abandono gubernamental.

El desempleo aumenta, al igual que la pobreza absoluta. Hay regiones, tales como Chocó, Urabá, Cauca, Córdoba, Guajira y los antiguos Territorios Nacionales (sólo para citar unos pocos ejemplos)  que, al observar las condiciones casi infrahumanas en las que vive la mayoría de sus habitantes pobres, nos da la sensación de que no pertenecieran a país organizado alguno, tal es el abandono en que, gobierno tras gobierno, los tiene sumidos el Estado colombiano.

Por supuesto, no se puede perder de vista, la condición feudal en que, por culpa de sus dirigentes, se encuentran estas regiones en los albores del siglo XXI.

Todo esto, además de ahondar la brecha social, es un salto al vacío que, al generar descontento entre la mayoría de los habitantes del país, convierte a las multitudes en caldo de cultivo para una revolución.

Valledupar, 13 de julio del año 2004

La deplorable situación de Colombia en lo social, lo económico y lo político(2a. Parte)

  1. Aspecto económico.

Ya se mencionó el poder económico del Estado colombiano y como la mayor parte del presupuesto, se destina al sostenimiento de la burocracia y al incremento de poder de las Fuerzas Militares, mientras otra parte va a parar a las cuentas particulares de funcionarios y contratistas del Estado, en tanto que los rubros destinados a invertir en el desarrollo económico y social del pueblo, cuentan con cifras comparativamente irrisorias y, la mayoría de las veces, insuficientes para satisfacer las necesidades básicas correspondientes.

Colombia tiene un Estado alcabalero; el colombiano  paga impuestos directos, a veces elevados, en cualquier transacción  que efectúe y, además, debe sufragar indirectamente la carga impositiva de productores y los grandes comerciantes del país; pues, éstos, muy ladinamente, trasladan al consumidor final, los impuestos con que el Estado grava sus actividades; no sólo las mercantiles; sino también,  las particulares.

Es bien sabido que el Estado colombiano posee grandes reservas en oro y divisas; sin embargo, en cada reforma tributaria la carga de impuestos aumenta; jamás disminuye; la mayoría de las   veces, con el embeleco de una reforma social. Lo triste es que este aumento de gravámenes no se refleja en el bienestar socioeconómico de los menos favorecidos tradicionalmente.

Para los gobiernos, las bonanzas, sean petroleras, cafeteras, o de cualquier índole, no se traducen en proyectos que hayan de mejorar, así fuera a largo plazo y en forma leve, a los colombianos pobres. ¡No! La primera reacción siempre es de lamentación por parte de quienes dirigen la política económica del país (presidente, ministro de hacienda y gremios); parece como si se tratara de una nueva desgracia para el pueblo y, con el sofisma de que tanta abundancia es mala, deciden abrir fondos internacionales para guardar (eso, al menos, es lo que nos dicen) todos los ingresos de la bonanza de turno; quedando la duda sobre el destino final de dichos dineros.

Mientras tanto, cafetaleros, docentes de la educación pública, agricultores en general y demás trabajadores, cuyos ingresos dependen de las políticas económicas del gobierno y de sus planes de inversión, tienen que lanzarse a paros escalonados o al cese total de actividades, con el fin de exigir el pago de mesadas atrasadas o el reconocimiento de prestaciones  ya ganadas  o la indefinidamente postergada solución a problemas de vieja data que los agobian y cuyo remedio siempre es aplazado gobierno tras gobierno, quedándose todo en promesas preelectorales.

Colombia, con tantos impuestos, está desestimulando la inversión y aumentando el desempleo y la pobreza.

Como si lo anterior fuera poco, se está cocinando en el Congreso una reforma que, de pasar, hundirá más aún (si esto es posible) en la miseria al pueblo raso de Colombia: impuesto del IVA a toda la canasta familiar y al pago de los servicios públicos, diferente al telefónico, el cual se encuentra gravado hace años, impuesto a las pensiones (no las altas; sino todas), supresión de la mesada catorce, nombre con el que se conoce a la prima de navidad de los pensionados, individuos estos que han trabajado toda una vida y, lo que es más injusto, han ahorrado durante esa misma vida lo que se le paga en pensiones.

Valledupar, 20 de julio del año 2004

La deplorable situación de Colombia en lo social, lo económico y lo político(3a. Parte)

  1. Aspecto político.

A Colombia la han venido gobernando, en la inmensa mayoría de los casos, los equivocados y los menos capaces para hacerlo, como consecuencia de que los electores muchas veces votan con el corazón o con el estómago y muy pocas veces, lo hacen con el cerebro; porque piensan más en el beneficio particular o inmediato y no en el beneficio colectivo y  futuro. Y si a lo anterior le agregamos los fraudes electorales cometidos en regiones apartadas, en donde el cacicazgo político es  imperante, el panorama electoral es aterrador.

Los poderes político y económico viven unidos y coaligados, con el fin de perpetuarse en la dirigencia del Estado y, para lograrlo, utilizan cualquier medio que esté a su alcance; los grandes empresarios, legales o ilegales, financian  las campañas políticas;  comprometiendo, así, la libertad  de acción de los futuros elegidos, para que éstos, cuando estén en el poder, legislen, juzguen o gobiernen de acuerdo a los planes de aquellos. Todo esto, que de por sí ya es corrupto, propicia, más aún, la inmoralidad en la conducción del Estado en todos sus niveles jerárquicos y en todas las divisiones del poder público; produciendo, así,  jueces venales, legisladores que sólo buscan su  propio beneficio o el de sus protectores y gobernantes comprometidos en toda clase de malos manejos, no sólo económicos; sino también administrativos.

Cada gobierno trae, al empezar su mandato lo que él llama su plan, pero que no es más que las instrucciones de los grandes electores, es decir, aquellos que han financiado su campaña y, por tanto, están en capacidad de exigirle a aquél el cumplimiento de los pactos preelectorales, en los cuales siempre existirá la condición de salvaguardar los intereses de los benefactores, así para ello tenga que incumplirle al pueblo que de manera torpe acudió a votar por aquel candidato que mejor habló, o mejores promesas hizo, o mejor le cayó a la opinión de la inmensa masa popular. La cual es manejada de manera gregaria por los gobernantes, quienes cuentan con el apoyo de los medios de comunicación, que pertenecen, sobre todo en las grandes ciudades, a los más favorecidos por la fortuna y, por tanto, pertenecientes a la clase gobernante y los que no, de no congraciarse con el Estado, perderían las pautas publicitarias, no sólo oficiales; sino también las de los grandes empresarios que financiaron la campaña electoral del gobierno de turno. Los pequeños medios de comunicación terminan por plegarse a esa corriente de alabanzas al régimen, porque de no hacerlo quedarían condenados al naufragio económico.

De otro lado, están los intereses personales (económicos, políticos, sociales, culturales, etc.) de los propios gobernantes quienes, de manera indecorosa, por decir lo menos, los colocan en primer plano, sin importarles la suerte del colombiano medio; el cual, cada día, se hunde más y más en la miseria.

Como si todo lo anterior fuera poco, nuestra patria siempre ha sido colonia. Hasta principios del siglo XIX dependió de España. Cuando la Independencia lo hizo de Europa, para luego caer en manos del imperialismo norteamericano, que cada día succiona más y más lo poco que dejan los gobernantes corruptos y su corte de acólitos, que velan detrás del trono para, cual modernos Epulones, no dejar caer ni siquiera las migajas.

Conclusión.

Colombia ha caído  en este marasmo,  porque, en definitiva, tiene un cáncer que le ha  corroído sus estamentos; cáncer con un solo nombre: corrupción administrativa y su secuela, la impunidad; todos los demás males que aquejan al país, son consecuencias de aquél. Por él, se han subvertido  los valores tradicionales de honradez, honorabilidad, honestidad, temor de Dios y respeto a las demás  personas.

Valledupar, 27 de julio del año 2004

La parábola de la virtud de las virtudes

Meditación basada en uno de los manuscritos de marras. Una mañana, muy de mañana, una mujer de mediana edad regaba el jardín de su casa y vio a tres ancianos, dos hombres y una mujer, frente a su jardín. La anciana vestía ropas algo lujosas, uno de los ancianos mantenía el rostro en alto y el otro tenía la mirada llena de dulzura. Al ver que la mujer los observaba, se le acercaron y el de la mirada afable le dijo:

–Buena mujer, ¿podrías socorrer a cada uno de nosotros con un vaso de agua?

Ella le respondió: –No creo conocerlos, pero deben de tener, más que sed, mucha hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo.

El anciano que había hablado, preguntó: –¿Está tu marido en casa?

Ella respondió: –No, no está. Él madruga para ir a trabajar.

–Entonces no podemos entrar, dijeron ellos al unísono y agregaron: –Regálanos el vaso de agua.

La mujer entró en la casa y, al poco rato, salió llevando en una bandeja tres pocillos llenos de humeante café y unos panes. Los ancianos le agradecieron y se dedicaron a disfrutar del desayuno, sentados en el pretil de la baranda que separaba el jardín del sardinel y la calle. Allí permanecieron toda la mañana. A medio día, la mujer le llevó a cada uno un plato de sopa.

Al atardecer, cuando llegó el marido, le preguntó quiénes eran y qué hacían esos ancianos en el frente de su casa. Ella le contó lo sucedido.

–Entonces diles que llegué e invítales a pasar.

La mujer salió a invitar a los ancianos a pasar a su casa.

–No podemos entrar a una casa los tres juntos, explicaron los viejitos.

–¿Por qué?, quiso saber ella.

El anciano de  mirada bondadosa apuntó hacia la anciana y explicó: –Su nombre es Riqueza.

Luego apuntó hacia el anciano del rostro altivo y dijo: –Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de los tres desean invitar a vuestra casa.

La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que los ancianos le dijeron. El hombre se puso feliz y dijo:

–¡Qué bueno! Y ya que el asunto es así, invitemos a Riqueza para que entre y llene nuestra casa.

La hija, que estaba escuchando desde la otra esquina de la sala, vino corriendo y dijo:

–¿No sería mejor invitar a Éxito? Nuestra vida sería una constante superación.

La madre no estuvo de acuerdo y dijo:

–¿Por qué no invitamos mejor a Amor? Así nuestro hogar sería un pequeño paraíso, en donde reinarían la concordia, la tolerancia, el respeto, la generosidad, el buen trato, el desprendimiento.

–Hagamos caso del consejo de tu madre, dijo el padre a la hija y dirigiéndose a su esposa, agregó: –Querida, ve afuera e invita a Amor para que sea nuestro huésped.

La esposa salió y les dijo: –Por favor, que venga Amor y  sea nuestro invitado.

Amor se levantó del pretil y empezó a avanzar hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y le siguieron. Sorprendida, la mujer les dijo a Riqueza y a Éxito:

–Yo invité solamente a Amor, ¿Por qué vienen ustedes también? ¿No dijeron que no podían entrar los tres juntos a una misma casa?

Riqueza respondió: –Si me hubieras invitado a mí o a Éxito, los otros dos hubieran permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros vamos también.

– – – – – – – – – – –

Por eso, nunca debemos olvidar que donde quiera que hay amor, también habrá riqueza y éxito y generosidad y desprendimiento, que nos permitirá colaborar para que, donde haya dolor, ayudemos a alcanzar paz y felicidad. Donde falte la esperanza, contribuyamos para encontrar confianza renovada en la capacidad de cada cual para superarse. Donde encontremos temor, demos amor y valor. Donde haya duda, cooperemos en la búsqueda de la confianza. Donde encontremos soberbia, podamos enseñar humildad. Donde haya avaricia, demos ejemplos de generosidad. Donde haya incomprensión, seamos tolerantes. Donde haya envidia, podamos ser pródigos en el amor.

Nunca se debe olvidar que el amor es el motor del universo. Recordemos, una vez más, que por Amor Dios creó el mundo y todo cuanto en él se contiene. Por amor, nos redimió del pecado y por amor, nos dejó Su perdón, Su gracia y Su paz.

 Y por amor, a semejanza divina, cada cual construye su propio universo de felicidad y bienestar, en donde crece en generosidad, desprendimiento, respeto y tolerancia para con el prójimo.

Valledupar, 3 de agosto del año 2004

La parábola de la virtud de las virtudes (2da. Parte)

Amable lector, si leíste la columna de hace ocho días, sabrás el porqué del desarrollo de esta historia y entenderás que, en beneficio de quienes no la leyeron, repita algunos momentos de ella. De ser así, te ruego el favor de aceptar mis disculpas.

Cuando Amor entró a la casa donde lo habían invitado y, detrás de él, entraron Riqueza y Éxito, precedidos todos por la buena mujer que los atendiera en la mañana y a la hora del almuerzo, el esposo de ella y la hija de ambos, estaban como sobrecogidos ante la presencia de tan importantes personajes.

Por eso, Amor, el anciano de la mirada afable, alzó los brazos y les dijo:

–La paz sea con vosotros. Habéis elegido bien. Ya Riqueza (dijo el anciano, mientras miraba al hombre) explicó a tu esposa porqué, no obstante le habíamos dicho que sólo uno de nosotros entraría, al haberme escogido a mí, todos hemos entrado como premio a vuestra sensatez y buen juicio. Si hubierais optado por Riqueza, ella os habría llenado la casa de opulencia, pero no os habría dado felicidad ni amor. Si, por el contrario, el elegido hubiera sido Éxito, pronto os habríais sentido realizados, pero es posible que las desavenencias, producto del egoísmo, os hubieran alterado la paz del hogar y, la ambición, os hubiera llevado por mal camino. En cambio, al escogerme a mí, también habréis traído holgura y superación a vuestras vidas, pero todo como consecuencia de la bondad, la generosidad, el desprendimiento, la munificencia, el respeto y el buen trato, frutos naturales del amor, que os permitirán vivir mejor y en paz con Dios, con vosotros mismos, con vuestros semejantes y con la naturaleza.

–Para lograrlo– continuó Amor, mirando ahora a la hija del matrimonio– debéis recorrer un largo camino de superación, sacrificio, abnegación y renunciación, que os lleve por el sendero de la sabiduría hacia la plenitud en el amor. Como primera lección, os dejaré unos pocos consejos que primero practicaréis en forma individual, en cada momento de la vida. Al principio, tal vez se os haga difícil, pero después, cuando se hayan vuelto costumbre en vuestras vidas,  serán tan naturales como el acto de respirar y podréis compartirlos, no solamente en familia; sino también en cada círculo al que tengáis acceso:

Trata de ser mejor  cada día que Dios  te permita vivir, así, sabrás de qué eres capaz, sabrás qué espera la gente de ti y tendrás menos desengaños en la vida y, los demás, sufrirán menos desencantos por culpa tuya.

No sufras cuando una relación termine, si no fue tu culpa. Mejor disfruta añorando las cosas buenas que obtuviste de esa relación y guarda un hermoso recuerdo de ella.

¿Nunca te has puesto a pensar que, de las personas que conoces y que no habrías querido conocer, algo has aprendido?

Y si lo anterior es cierto, ¿no crees que ya sea hora de agradecer a Dios por las personas buenas que Él te ha permitido conocer?

Disfruta cada momento que puedas pasar con la persona a quien amas y te ama.

No olvides que, para esa persona, tú lo eres todo en el mundo, así para los demás no seas nada.

Recuerda que la persona amada es diferente a ti, así la conociste y así aprendiste a amarla. Por consiguiente, no trates de cambiarla, pues romperías el encanto.

Quien bien te ama, nunca te hará llorar, pues la esencia del amor, es hacer feliz al ser querido.

Quien sea capaz de llegar a tu corazón y hacer vibrar su fibra más sensible, esa persona será digna de tu amor.

 La persona amada puede estar a miles de kilómetros de distancia, pero tú siempre la sentirás junto a tu corazón.

Nunca dejes de hacerle sentir a la persona que amas, lo importante que es su amor para ti. Tanto, que sin ese amor no serías quien eres.

Dicen que los ojos son el espejo del alma. Yo digo que la sonrisa es el reflejo del corazón. Por eso sonríe cada vez que consideres que vale la pena, así dejarás traslucir la alegría de tu corazón.

Nunca pienses que tu bondad te habrá de eximir de la maldad de los demás, pero si te servirá de escudo contra el odio.

No olvides que Dios vela tus pasos, si tú confías en Él. Pero si perdiste la Fe, no Lo culpes por tus errores.

A pesar de nuestro libre albedrío, Dios está presente en cada acto que realizamos. Por eso, considera el alcance de tus acciones y sus implicaciones en los demás, antes de dar un paso.

Valledupar, 10 de agosto del año 2004

Una bomba de tiempo

La humanidad desde sus albores, es decir, desde cuando descubrió su capacidad de destrucción, desde cuando comprendió que las armas que había logrado inventar para cazar, subsistir, defenderse y hasta conseguir pareja, también le servían para atacar a sus semejantes, lograr conquistar lo que ambicionaba y, así, aumentar su poder, ha vivido en una persistente y agobiante carrera por  superar, cada vez más, la habilidad para poder aniquilar a sus congéneres; sobre todo a aquellos que poseen lo que codicia quien tiene el poder de las armas, las cuales se han convertido en sinónimo de fuerza y en potencial de disuasión.

Siempre ha sido así; esa ha sido la constante en la historia de los seres humanos, los únicos seres de la naturaleza poseedores del don del amor, pero también los únicos capaces de odiar, de ambicionar, de pasar por encima de la moral y de la ética, con tal de alcanzar los fines que su propia avaricia les  suscita.

Ahora bien, las naciones que, a través de ese devenir humano, se han ido formando merced a las ambiciones de quienes las dirigen, han propiciado las guerras que, en la Historia, han sido. Y esa misma humanidad, con un encono indescriptible, ha ido superando el ingenio para crear armas, cada vez más mortales, más precisas, más destructivas.

El mundo actual se debate en un dilema que, no por absurdo es menos cruel o menos despiadado: las naciones poderosas quieren acaparar lo poco que les queda a las débiles y, para lograrlo, acuden al método más seguro y más amedrentador: el poder de persuasión que les da la posesión de las armas. Ante lo cual, los países amenazados buscan la forma de armarse, como única solución al inminente ataque de las potencias.

En estos momentos de la Historia, la humanidad está sentada encima de un polvorín que, en cualquier momento, puede estallar. Es el barril de pólvora representado en las armas nucleares y las armas biológicas, todas ellas armas de destrucción masiva, es decir capaces de borrar en un segundo ciudades enteras, toda una nación, todo un continente.

¿Quién puede suspender la acción del detonante que pudiera desatar esa conflagración tan catastrófica para nuestro mundo? Solamente la sensatez y la buena voluntad de los dirigentes de las naciones poderosas. Sin embargo, pareciera que esa sensatez y esa buena voluntad se estuvieran convirtiendo en especie en vía de extinción. La prueba palmaria nos la ofrece Estados Unidos, convertido por sí y ante sí en el custodio de su propio modelo de democracia: quien no está con él, está contra él. Actitud ésta, de simple y llano despotismo.

Es por eso que hoy día, cualquier nación con un modelo político y económico diferente al del gran imperio moderno, está abocada a sufrir, en cualquier momento, el ímpetu avasallador de la nación más poderosa de los últimos tiempos. Para ello, ésta se ha valido de un subterfugio que le ha sido muy propicio en los últimos años: acusar a la nación poseedora de riquezas naturales, como el petróleo u otros valiosos  minerales, en motivo de peligro para el resto del mundo. Ese es el caso de Corea del Norte, como lo fue hace unos años el de Afganistán y en el año pasado el de Iraq y después, quién sabe qué otra nación.

Afortunadamente, en el coloso del Norte, se avecinan comicios electorales y es muy probable que el actual presidente, gestor de esta violencia de carácter mundial que tiene a todo un continente (Asia), viviendo cada día como si fuera a ser el último, es probable, repito, que Bush pierda las elecciones y Kerry, su contendor, un individuo con un enfoque diferente de los que son las relaciones internacionales, pueda traer algo de paz al mundo. Quiera Dios, esto se logre para que, así, termine o por lo menos, se aplace el peligro de la hecatombe final. Porque ese sería el resultado de una confrontación entre Estados Unidos y sus aliados, frente al mundo asiático, poseedor en estos tiempos de un arsenal tan fuerte y tan peligroso como el que tiene occidente.

Valledupar, 24 de agosto del año 2004

La democracia en Colombia y Latinoamérica (1ra. Parte)

Leyendo las columnas de opinión de los grandes periódicos nacionales, a propósito de la situación social, política y económica en Colombia que, también y de alguna manera es parecida a la de otros países de nuestro subcontinente, no he podido sustraerme al deseo de dar a conocer un ensayo que escribí por encargo hace casi quince años (era la época de Gaviria) y que, al releerlo, encontré, no solamente un gran paralelo con la opinión de esos escritores de los grandes diarios; sino que, además y eso es lo interesante, me di cuenta de que la situación sigue igual. Por tanto, considero que el mencionado ensayo, por desgracia para nuestra Patria, sigue vigente.

El estado social está fundamentado en la voluntad popular dentro de un sistema político republicano, que permite la formación de un estado de derecho establecido con el fin de velar por la vida, honra y bienes de los ciudadanos. Dentro de este orden de ideas, el Estado debe velar porque el nivel de vida de sus asociados sea el mejor y las necesidades básicas y fundamentales, como son la salud, la educación y la vivienda, les sean garantizadas a todos los habitantes de un país.

El sistema republicano, como sistema político, crea dependencia en sus asociados, puesto que éstos le deben obediencia. Los sistemas políticos son instrumentos del Estado, el cual es una institución política de acción continua que, mediante la aplicación de la ley, logra su perpetuidad. El sistema republicano se mantiene gracias al sistema electoral, el cual se alimenta con el sufragio; a éste concurren las diferentes clases sociales, con el fin de elegir a los cargos públicos, la mayoría de las veces, a la clase de alto estrato socioeconómico. A la elección rara vez se postulan miembros de la clase trabajadora, dados los altos costos de las campañas políticas; a menos que un trabajador, gracias al cariz de liderazgo que tenga, pueda servirle a un político tradicional para atraer votos; en cuyo caso, éste financiará la campaña de aquél.

El sistema político electoral colombiano se encuentra dividido en dos grandes  vertientes: la rural y la urbana; la primera está comandada por los gamonales, quienes poseen la tierra en la provincia y, por consiguiente, el poder; afianzado con el uso de las armas, legales e ilegales.  Este poder, les permite perpetuarse, de grado o por fuerza, en forma directa o por interpuestas personas, en la dirigencia de la política de su respectiva región.

La política electoral urbana la comandan los clientelistas, quienes a través del ofrecimiento de cargos públicos y otras prebendas, logran mantener cautiva una clientela para las elecciones. Al clientelismo le es fácil lograr lo anterior, gracias a  su capacidad para mantenerse en el poder; con lo cual administran, como si se tratara de una empresa privada, las dependencias del Estado; convirtiéndolo, así, en una gran agencia de empleos.

Por otro lado, cuando un individuo, por fin,  es elegido para un cargo público, ha invertido en el intento una considerable suma de dinero; por consiguiente, al empezar a manejar el presupuesto oficial cree, equivocadamente y de manera deshonesta, que podrá recuperar su inversión, entrando a saco al erario; además, en las futuras elecciones, tendrá asegurada, así, su reelección.

Evidentemente, hay excepciones, pero son tan poco numerosas y, además, silenciosas, que su buena voluntad y su honradez, muchas veces acrisoladas, se ven opacadas por la acción de gamonales y clientelistas, quienes también, como para tener mayor certeza en el triunfo electoral, obtienen ayuda financiera del sector empresarial; el cual, al invertir en las campañas políticas, obtiene un seguro que le garantice que el Estado, en sus diversos niveles y divisiones del poder, no atentará contra sus intereses; sino que, por el contrario, velará por ellos. Algunos otros, no sólo deshonestos; sino también, inmorales, reciben dineros de empresas ilegales; otros más taimados, acuden al fraude electoral, sobre todo en la provincia, en donde la labor de verificación y control, es menor o no existe.

Valledupar, 31 de agosto del año 2004

La democracia en Colombia y Latinoamérica (2da. Parte)

Ya vimos la semana pasada como gamonales y clientelistas dominan el panorama político en Colombia y Latinoamérica. Esto ha sido así desde siempre. Para ello se han valido, unos y otros, de diversas coyunturas. En el pasado, recién lograda la emancipación tributaria y administrativa de España, los caciques, que ya existían, eran los mismos dueños de tierras y haciendas en el campo y dueños del comercio y de la incipiente industria en las ciudades. Por consiguiente, poseían el poder del dinero y el poder de las armas. Pero como necesitaban exacerbar, de alguna manera, la contienda entre los miembros de las clases trabajadoras, se inventaron el embeleco de los partidos políticos, los cuales con consignas públicas aparentemente diferentes, pero iguales en las reuniones en las cuales las clases dirigentes se repartían el poder, les permitieron mantener atizado el odio entre aquéllas, de tal manera que, por un lado les sirvieran de carne de cañón en los posibles enfrentamientos bélicos y, por otro lado, avivaran el sectarismo en las épocas de contienda electoral.

Así las cosas, fue transcurriendo el tiempo, hasta cuando surgieron los movimientos socialistas en el mundo, con los cuales las clases trabajadoras reclamaban igualdad de derechos y un mejor trato en el reparto de la riqueza, en cuya generación ellas tomaban parte importante. Esto hizo que los Estados ya establecidos y respaldados entre sí con la llamada democracia, se hicieran fuertes ante los reclamos de los trabajadores, pudiendo sofocar fácilmente cualquier conato de rebeldía de parte de éstos.

Más adelante, ya promediando la segunda mitad del Siglo XX, surgió el narcotráfico, el cual inundó de dinero rápido la economía de estos países, cuyos dirigentes siempre han vivido bien, mientras en las clases trabajadoras, sobreviven unos, muchos medran a la orilla de la pobreza y el resto vegeta en condiciones infrahumanas. Por eso, la llegada de ese dinero producto del tráfico de estupefacientes, compró conciencias con una facilidad asombrosa, primero entre la gente pobre, que vio en él una redención para su eterna condición de hambre y necesidad y, después, también fácilmente, compró las conciencias de las clases dirigentes de estos países, manejados por gobiernos débiles unos, corruptos otros, despóticos los de más allá, pero todos con ansia de poder, la cual, saben muy bien, se sacia con dinero y armas. De ahí que, como comentábamos la semana pasada, esas empresas hayan sido fuente de financiación en las campañas políticas.

Repitamos una de las frases finales de la semana pasada, a fin de evitar herir susceptibilidades o, peor aún, se nos tilde de exagerados o difamadores: «Evidentemente, hay excepciones, pero son tan poco numerosas y, además, silenciosas, que su buena voluntad y su honradez, muchas veces acrisoladas, se ven opacadas por la acción de gamonales y clientelistas»

Retomando el hilo del ensayo, concluyamos que, por ese caos social que viven estos países, la acción del Estado se desvirtúa y se vuelve deleznable ante la corrupción propiciada, muchas veces, desde lo alto. Por lo cual, cada vez se hace más insuficiente el presupuesto de gastos e inversión, lo que obliga a decretar nuevas reformas tributarias que hacen más pobre al pobre, mientras que los pertenecientes a los gremios de la producción y la distribución de bienes y servicios continúan gozando de un buen nivel de vida. Al fin y al cabo, ellos hacen parte de la clase gobernante.

Todo esto, a la larga, desvía la acción del Estado; haciéndole perder de vista su objetivo primario y, por consiguiente, su principal propósito: conseguir el bienestar de sus asociados, mediante la redistribución social del ingreso y, además, poder vigilar y controlar la recaudación tributaria en forma tal que los poderosos, al tributar más, sufraguen a quienes no pueden hacerlo o a quienes sólo pueden tributar en menor escala.

De no existir control estatal al respecto, el tesoro público se convierte en un saco roto, que nunca tendrá los fondos necesarios para satisfacer los planes de inversión y desarrollo que estos países requieren para salir de su atraso consuetudinario, convirtiendo, así, a la democracia en un remedo de su real razón de ser.

Valledupar, 7 de septiembre del año 2004

La democracia en Colombia y Latinoamérica (3ra. Parte)

En las dos semanas anteriores a la actual se ha venido analizando en esta columna como, en Colombia y en los demás países de América Latina, la democracia no es ni sombra de lo que los griegos establecieron como fundamentos de un Estado social de derecho, en donde la voluntad del gobernante llevara a una situación de salvaguarda de la vida, honra y bienes de todos sus asociados, es decir, de quienes con sus impuestos sostienen el aparato estatal y de aquellos que, por razones de índole económica, no están en capacidad de tributar.

Sin embargo, en estos países de Latinoamérica, en donde, casi dos siglos después de la emancipación de Europa, subsiste aún el feudalismo, la democracia no es más que una máscara tras la cual se esconde el ansia de poder que anida en el alma de la clase gobernante. Por eso, las fuerzas de seguridad estatal sólo están para garantizar la seguridad de la clase dirigente, la cual constituye apenas un uno o dos por ciento de la totalidad de cada país. Como si los demás, el 98 ó 99% restante, no contribuyeran al sostenimiento de esas fuerzas de seguridad. Es obvio que de ese alto porcentaje, dos terceras partes no pueden contribuir con sus impuestos, ya que ellos, los desempleados, los marginados, los irredentos, apenas si subsisten en este caos social y económico que es el panorama del subcontinente.

Pero, para eso está el Estado social de derecho. Para que los que pueden, ayuden a los que nada tienen y, por eso, se eligen, a través del voto popular, en donde está incluida la participación de quienes nada poseen, a los gobernantes de turno. Para que estos, a través de su voluntad política, puesta al servicio de todo el país, distribuyan el ingreso de tal manera que la acción del Estado, representada en oportunidades de acceso a la salud, la educación y la vivienda decorosa, llegue a todos, especialmente a quienes más lo necesitan por carecer de recursos.

Pero no. Eso sucede en Europa, tal vez en Norteamérica y acaso en algunos países de Asia. Pero en América Latina el Estado es amigo de sí mismo, vale decir de quienes forman la cúpula del poder, tanto político como económico. Los demás, son mirados como enemigos, a menos que se plieguen a la voluntad del soberano y su séquito. Quienes tengan la osadía de no hacerlo, son tildados de apátridas, de traidores y hasta de subversivos y, por consiguiente, son perseguidos por las fuerzas de seguridad. No obstante, su rebeldía, muchas veces, solamente llegue a expresarse por medio del descontento.

Hay ocasiones en las cuales, algunos de estos países de Latinoamérica, son gobernados por personas con algún sentido de la equidad social y, entonces, las clases menos favorecidas tienen esperanza de algún respiro; pero para ello, el gobernante tendrá que sacrificar a los de su misma clase económica, lo cual producirá desagrado en estos últimos, quienes, casi siempre con la ayuda norteamericana, terminan por deponer al gobernante con tinte social. Si no, recordemos a Salvador Allende.

Pero, en la mayoría de las veces, estos países son gobernados por personas cuya única finalidad es la de mantener el estado de cosas imperante desde cuando se dejó de tributar para España y se pasó a hacerlo para las familias que, generación tras generación, han detentado el poder. Y, así las cosas, sigue imperando el feudalismo, sólo que con ribetes de democracia. Tanto que, el gobernante de turno, durante su período recurre anualmente a reformas tributarias, pensionales, laborales, etc., que no hacen más que subir el costo de vida, de tal manera que, quienes tienen todo, tengan más; los que tienen poco, tengan menos y quienes nada tienen, se hundan más y más en la miseria. Así el poder de la clase gobernante aumenta, pues es muy difícil que un individuo, con el estómago vacío y lleno de dificultades, tenga ganas de protestar.

Y algunos, no contentos con haber favorecido a los suyos durante un período de gobierno, quieren repetir y, para lograrlo, hacen todo lo que esté a su alcance, inclusive echando mano del presupuesto, para así comprar las conciencias que se haga menester, con el fin de cambiar la constitución a su amaño y lograr la perpetuidad de este remedo de Estado de derecho, que no es más que una monarquía absoluta disfrazada de democracia.

Valledupar, 14 de septiembre del año 2004

Y además, desagradecido

Uribe Vélez Álvaro (supongo que, dado su espíritu guerrerista, debe sentir especial fascinación por ser llamado a la usanza militar), es un individuo que, además de pendenciero, belicoso, intolerante y ambicioso (quiere perpetuarse en el poder), ha demostrado ser desagradecido.

¿Cómo es posible que al renunciar el Director del DANE, por presiones del gobierno, al hacer aceptación de su renuncia y en el momento de dar a conocer el nombre del sucesor, Uribe Vélez Álvaro no haya tenido al menos una frase para agradecerle al dimitente que, durante dos años, hubiera tenido que mentir descaradamente al país, solamente para mantener una artificiosa buena imagen del mismo gobierno?

Uribe Vélez Álvaro sólo tuvo frases elogiosas, de entusiasmo grandilocuente y desbordante, para referirse al sucesor (recomendado del teniente senador, recién salido de la presidencia del Senado y, ahora, escudero de la reelección, Vargas Lleras Germán) y ni una sola alusión, así fuera intrascendente, para quien estaba haciendo dejación del cargo.

Olvidando, así, de manera ingrata, a quien, aplicando toda su marrullería, mintió para él durante dos años, diciéndole al país, cada vez que se hizo necesario, que toda iba bien, que el costo de vida en Colombia nunca había estado más bajo en los últimos diez o veinte años, como ahora bajo el mesiánico gobierno de Uribe Vélez Álvaro. Dos años diciéndonos falacias tales como que el desempleo iba en descenso, disminuyendo cada día, en milagrosa tendencia  a la desaparición, como producto de la egregia égida uribista.

Alguien, muy pragmático, dirá que, al fin y al cabo, para ser Director del DANE, es necesario, por encima de todo, ser mentiroso. Y hasta razón tiene quien así piense. Si no, recordemos a Eulalia Arteta quien, desde esa misma posición, mintió por Pastrana, una y otra vez, sobre los mismos temas.

El nuevo Director del DANE deberá serlo también para poder sostenerse en el cargo; pues, justamente por no hacerlo, se precipitó la renuncia de su antecesor. Parece que al hombre le sobrevino, por un reato de conciencia, un deseo incontenible de decir la verdad y quiso dar a conocer cifras, muy cercanas a la realidad, sobre la verdadera situación de violencia que vive la Patria, las cuales dejarían traslucir el espejismo de la “seguridad democrática”. Por eso se le presionó desde la Casa de Nariño para que no lo hiciera, sin antes maquillar las cifras en el Ministerio de Defensa, el Consejo de Seguridad y la Oficina de Planeación Nacional y, al negarse a obedecer (al fin y al cabo, la Dirección del DANE, tiene jerarquía de Ministerio), parece que le solicitaron la renuncia. De otra forma no se explica el desagradecido ostracismo gubernamental sobre la labor desarrollada por el dimitente, al momento de dar a conocer los hechos.

Claro está, dirá el práctico de marras, a nadie se le agradece por el deber cumplido y eso hizo quien acaba de dejar la Dirección del DANE y eso tendrá que hacer el sucesor, si quiere conservar el empleo: mentir, mentir y mentir (para usar una muletilla muy en boga, puesta de moda, justamente por Uribe Vélez Álvaro).

Valledupar, 21 de septiembre del año 2004

Réquiem por Colombia

Esta Patria, cuando aún se llamaba Nueva Granada, luego de la conquista y la colonización de los aborígenes a manos de los españoles, supo lo que era el sufrimiento y bebió en el pozo de la amargura las aguas de la opresión. Los nativos, hijos de indígenas o de negras y españoles (aunque también los hubo de españolas que cohabitaron con indios o con negros), siempre vivieron bajo el yugo del conquistador, no obstante ya se viviera en la Colonia. Las encomiendas y la trata de esclavos fueron la gran vergüenza de España y la forma más expedita para lograr, a través del oprobio, el avasallamiento del más débil.

Después de la sublevación de los Comuneros y la campaña Libertadora de Bolívar, vino la República y se creyó, ingenuamente, que las cosas iban a cambiar. Sin embargo, no fue así. La codicia y la envidia de quienes rodeaban al Libertador, dieron al traste con su sueño de hacer de este país algo grande. Muerto Bolívar, se acabó cualquier posibilidad de  lograrlo y terminó siendo eso, una ilusión, una quimera soñada por alguien que fue superior a su época y a sus coetáneos.

Vino entonces la rebatiña por el poder, es decir, por el usufructo de los tributos, que los nativos pagaban de grado o por fuerza y que, mal que bien, representaban una suma apreciable que, distribuida equitativamente entre las dueños del país, alcanzaba para que cada quien, en su propio reducto (o, más bien, ¿deberíamos decir, su propio feudo?) aumentara considerablemente su fortuna y, por consiguiente, su poder y la capacidad de perpetuarse en éste. Para eso, poseía, además, las armas que siempre han sido tan útiles para disuadir al inerme y despojarlo de lo que tiene.

Y pasaron los años y las cosas seguían igual y, si acaso cambiaban, era para empeorar. Sobrevinieron las guerras civiles, unas declaradas y otras de hecho, que se prolongaron por lustros y decenios, acabando con la fuerza productiva del país, desolando poblados enteros, dejando viudas y huérfanos por doquier. Sin embargo, a los hombres ilustres, nunca les pasó nada; al fin y al cabo, bien apertrechados en sus escritorios o en sus mansiones, estaban lejos del teatro de la guerra fratricida generada por ellos mismos. Y, por permanecer inmunes al conflicto eterno, conservaron no solamente su integridad física y la de los suyos; sino que, además, la misma guerra les sirvió de fuente de nuevos ingresos, con los que aumentaron aún más su peculio.

Y el tiempo siguió su marcha ineludible, y las cosas fueron de mal en peor, porque al sometimiento a los dueños del poder, se agregó la sujeción al imperio, quedando, así, el colombiano del montón, es decir, el 99% de la población, viviendo cada día como si fuera el último.

Y cuando ya estábamos en las postrimerías del siglo XX, un eminente senador, toma la ponencia del proyecto de ley, emanado de la privilegiada mente del presidente de turno y logra, sin muchas dificultades, que se apruebe la Ley 100, con la cual solamente se favorece al sector financiero y a futuros presidentes, que se apropian, a partir de entonces, del negocio de la salud en Colombia. Empresas cada día más boyantes que enriquecen a sus dueños, mientras el servicio de salud, sobre todo a los más pobres y desprotegidos, no existe y, si acaso lo hay, es prestado en condiciones lamentables. El paciente, así esté pagando el servicio, en forma directa o como beneficiario de un pariente o, peor aún, si es “favorecido” del servicio gratuito de salud, el cual es subvencionado con los aportes del Fondo de solidaridad, sostenido por todos aquellos privilegiados que en Colombia devengan un salario, el paciente, repito, es tratado como un objeto, como algo de lo cual hay que salir rápido, para atender al siguiente, pues las empresas de salud (que nombre más bien puesto), le fijan cuotas a los profesionales en cuanto a cantidad de enfermos, formulación de medicamentos baratos y de mala calidad, rehuyendo, cuanto más se pueda la remisión de aquellos a los especialistas, cuyos honorarios, por supuesto, son menos baratos.

De otro lado, los hospitales públicos se cierran, mientras en otros países se abren nuevos centros de atención a los enfermos más pobres.

Entre tanto, el país se desangra en una guerra, cuyo principio nos quieren hacer olvidar y cuyo final, es casi imposible mientras existan ejércitos privados que asuelan al país y, en cuyos inicios, hacían parte de la reforma agraria decretada por y para los terratenientes, verdaderos señores feudales de esta sufrida Patria, cuyos pobres aún viven como lo hacían sus antepasados en la Colonia.

Por falta de espacio, no me es posible transcribir el capítulo IV de la profecía de Amós. Por eso, amable lector, si tienes tiempo, léela.

Valledupar, 28 de septiembre del año 2004

Colombia monárquica

Actualmente en el Congreso de la República cursan dos proyectos que, aunque aparentemente disímiles, tienen un fin parecido. Pues, de aprobarse, llevarían al país (hablo del país nacional, ese que está formado por el 99% de la población que, como moderno Lázaro, espera que Epulón le deje coger al menos las migajas de lo que queda del opíparo banquete con que éste se atiborra a diario), llevarían al país nacional, repito, a una situación ¡peor! que la que se vive en el momento. Pero, ¿cómo puede ser posible? ¿Cómo puede ser peor?, preguntará el pragmático de siempre.

Pues sucede que el primero de los proyectos mencionados, busca reelegir a Uribe en la presidencia. Cosa que la mayoría de los congresistas, están a punto de aprobar y convertir en Ley de la República, con el voto de los émulos de Yidis y Teodolindo (aquellos que un día amanecieron uribistas, después de haber recibido la cuota correspondiente). Pero, es que después vienen las elecciones y ahí se sabrá si realmente Uribe es reelegido, dirá el ingenuo que nunca falta, olvidando que si se pudo comprar la conciencia de muchos senadores  y representantes a precios exorbitantes, ¿cómo no se va a poder comprar a unos pobres desempleados que llevan varios días sin llevar alimento a sus hogares? Y ¿qué decir de las presiones de gamonales y clientelistas en el campo y la ciudad, respectivamente? Y con todo el aparato estatal a su servicio, ¿podrá Uribe perder las elecciones? ¡Jamás! Los señores feudales podrán garantizarle el triunfo.

Y ya podemos imaginarnos uno o dos, o Dios sabe cuántos más, cuatrienios de lo mismo. Si en dos años, ha pasado todo lo que ha pasado, ¿qué sucederá en ocho, doce, dieciséis o más años? Que el Dios de Colombia se apiade de nosotros.

El segundo proyecto no es menos grave que el anterior. Con ese se busca establecer en Colombia el gobierno parlamentario, en el cual el Jefe de Estado es el Presidente elegido en las urnas, pero con fines meramente decorativos, como para partir cintas de inauguración, asistir a cocteles, poner condecoraciones, coronar a la Señorita Colombia o a la Reina de la Panela, decir discursos y demás fruslerías propias de la llamada nobleza, como en Inglaterra, por ejemplo.

Y, mientras tanto, el Jefe de Gobierno es el Primer Ministro, elegido, a puerta cerrada, por el Parlamento, supongo que compuesto, para estar a tono, por dos Cámaras: la de los Lores y la de los Comunes. Ese Primer Ministro puede ser reelegido una y una y otra vez, y tantas como él y sus amigos quieran. Y ya se puede imaginar, amable lector, con esa reelección tan expedita, quien será el candidato único a ese cargo.

Además, para seguir a tono, el Jefe de Estado y su corte podrán tener títulos nobiliarios y, así, podremos tener en nuestro pobre país, que se muere de hambre, duques, marqueses, condes, barones y demás miembros de la parafernalia de la ociosidad. Por falta de tierras y de poder no será que se vayan a privar de esa posibilidad. Y también es fácil imaginar quien sería el primer Jefe de Estado de esa «Patria Nueva». Pues Alfonso el Grande, Príncipe de la Handel y Archiduque de la Trilladora Tolima.

Además, se podrían nombrar generales, comandantes para los antiguos Territorios Nacionales, entre los nuevos comandantes próximos  a amnistiar. También podríamos tener como Lord del Almirantazgo al actual Teniente de la Reserva, Vargas Lleras Germán. Y así, sucesivamente, hasta terminar la operación, como enseñaban antes a multiplicar y a dividir. Pues, justamente de eso se trataría, de multiplicar las posibilidades de la nueva nobleza y dividir entre ellos los ingresos de los impuestos. Ya que así, el poder les vendría directamente de Dios, como se decía antes de la Revolución Francesa.

Valledupar, 5 de octubre del año 2004

Mejor pasar esta página

Hay momentos en la vida en los cuales el hombre se pregunta si vale la pena lo que está haciendo o, si por el contrario, debiera dejar que las cosas siguieran como están, pues, al fin y al cabo, estas últimas se encuentran por fuera de su control y su accionar y, diga lo que diga o haga lo que haga, todo seguirá igual. Por eso, comienza a dudar y termina preguntándose si no estará haciendo lo que, de sí mismo, dijo Bolívar: «Aré en el mar y edifiqué en el viento.»

Por eso, a partir de hoy, esta columna silenciará su protesta contra la injusticia social, la corrupción administrativa, la impunidad, la inversión de los valores axiológicos, la explotación del débil y tantas otras formas de depredación, de las cuales se vale el ser humano para trepar por encima de sus congéneres, con tal de satisfacer su voracidad y su codicia y su sed de dinero y de poder o, en algunos casos, tomar venganza personal.

Mientras las cosas no cambien y, por lo menos, haya garantía y seguridad sobre la libre determinación de opinar, para denunciar todo aquello que riña contra el Decálogo, contra la Ley natural y contra nuestra Constitución, dentro de los marcos de la tolerancia y la caridad cristiana, «Desde la barrera», será solamente una ventana en la cual se hablará de poesía, de consejos para vivir mejor y demás temas que estén en el contexto de un entorno normal. Es decir, de una ciudad, una región y un país en donde se respete la vida humana, la opinión de los demás, el modo de ser de cada cual, en pocas palabras, se viva en paz con Dios, con la naturaleza, con nuestro prójimo, con la vida misma.

Una ciudad, una región, un país, en donde pululan los mercaderes de la muerte, en donde, quien tiene cómo, compra la conciencia y la mano de un individuo lleno de necesidades y de hambre para que, en su nombre, le siegue la vida a otro ser humano; un país, una región, una ciudad en donde la autoridad no protege al ciudadano común y corriente; una ciudad, una región, un país dejados todos de la mano de Dios y, por lo tanto, invivibles, no merecen sacrificios ni inmolaciones innecesarias.

Un país, una región, una ciudad en donde las críticas se responden con amenazas, soterradas o abiertas, o, peor aún, con la muerte, no es campo fértil para la diatriba, el razonamiento, la discusión. Todas estas, maneras civilizadas de dirimir una controversia. El ser humano es el único poblador de la Tierra que tiene esa capacidad. Los animales irracionales responden con saña, con el único fin de matar al adversario, de acabar con él, pues dentro de su instinto, no caben otras posibilidades. El hombre, por el contrario, posee el don del pensamiento lógico y filosófico; pero, hoy en día, parece que, al menos en Colombia, en el Cesar, en Valledupar, la mayoría lo hubiera perdido. ¿O será que muchos ignoran que lo poseen porque nunca lo han utilizado?

Entonces, dado que le tengo apego a la vida, pese a sus mismas vicisitudes o tal vez en razón de ellas y, porque además, tengo a quien hacerle falta, no deseo correr riesgos innecesarios, cuando al escribir algo que pueda herir susceptibilidades o pisar algunos callos o mostrar los pies de barro de algún ídolo, la intolerancia de la gente y, sobre todo, su falta de capacidad de raciocinio, los lleve a cebarse en este individuo cuyo único deseo es una Colombia, un Cesar, una Valledupar en paz. Pero como esto  es difícil, por no decir imposible, entonces preferible callar y pedirle a Dios que se apiade de todos nosotros ya que, como están las cosas, solamente Él podrá cambiarlas. Amén.

  1. S. Hoy se cumplen 512 años del desembarco de Colón en tierras que él creyó eran de Catay, pero que resultaron ser de un nuevo mundo. En otro tiempo habría habido motivos para congratulaciones, hoy tal vez deben ser de pesar.

Valledupar, 12 de octubre del año 2004

Cuentos de fantasmas (XII)

La noche estaba, como lo habían estado las dos o tres anteriores, oscura. La luna, apenas en creciente, filtraba sus tenues rayos por entre las nubes que, oscuras también, amenazaban con descuajar un torrencial aguacero de comienzos de noviembre. Una brisa fría, que venía del mar, hacía más gélida la noche.

Estanislao y su compadre Anselmo atravesaban, en esos momentos, el puente Heredia que comunica la ciudad amurallada con tierra firme. Era el 1° de noviembre del año 1950. Ambos venían un tanto achispados como consecuencia del licor que habían estado ingiriendo desde primeras horas de la tarde. Como era día festivo, se habían encontrado en un bar del barrio Getsemaní y allí habían pasado la tarde y parte de la noche. Al llegar a la primera esquina después del puente, Estanislao le dijo a su compadre:

–Compa, van a ser las doce, mañana es día de difuntos y vamos a pasar frente al cementerio. Así que apretemos el paso.

–No me diga compadre que, a sus años, le tiene miedo a los muertos. No se le olvide que muchos de los que están allí enterrados fueron familiares o amigos o conocidos nuestros.

–No es miedo compadre, es respeto.

–Vamos compadre, no me lo niegue, lo que usted tiene es físico miedo.

–Que no, le digo. No es miedo, es respeto. Mi mamá, que en paz descanse, me decía que, en la noche de difuntos, es peligroso andar cerca de los cementerios.

–Tranquilo, compa. Además en ese cementerio está enterrada Micaela. ¿Se acuerda de ella?

–Cómo no me voy a acordar. Si ese fue el amor de su vida. Si después de que ella y su esposo murieron asfixiados, cuando se les incendió la ferretería, las malas lenguas decían que usted y ella habían sido amantes.

–Nada de eso, compadre. Desde cuando ella se fue para Bogotá, no volvimos a tener nada. Sí, fuimos novios en la adolescencia y en la juventud. Pero, cuando volvió casada con Obdulio nunca pasamos de algún beso furtivo, cuando la acompañaba a Turbaco a ver a la abuelita.

–Pero compadre, si en los bailes ustedes bailaban siempre pegaditos y el marido nunca dijo nada.

–Porque él sabía que nosotros éramos amigos desde la niñez.

–Pero con todo y eso, compa, el amor y la pasión se le desbordaban a usted por los ojos cuando la veía.

–Sí, compadre. Ella aceptaba mis requiebros, me dejaba decirle cuánto la amaba y cuánto la deseaba. Pero cuando le proponía que pasáramos una noche juntos, no aceptaba. Me decía que su marido era estéril y si llegaba a quedar embarazada, cómo iba a explicárselo. Por eso, le repito, jamás pasamos de los besos y las caricias.

Así iban hablando los dos hombres, cuando se dieron cuenta de que habían llegado a la puerta del cementerio. Estanislao no pudo ocultar sus temores y dijo:

–Compadre, ya son las doce, apurémonos. No quiero pasar un sofoco.

–No sea tonto compadre. Mejor acompáñeme. Quiero ver cómo luce Micaela después de tres años de estar embalsamada.

–¿Cómo así, compadre? No entiendo. Pretender entrar al cementerio, abrir la tumba de Obdulio y Micaela a estas horas, no solamente es peligroso; sino que, además, es un delito. Eso se llama profanación. Y, ¿de dónde saca el cuento del embalsamamiento?

–¿No se acuerda, compadre, qué a ellos tuvieron que prepararlos para que aguantaran mientras llegaba de Bogotá la familia de él?

–Lo que quiera, compadre, pero a esa bestialidad de profanar tumbas, no le jalo.

–Como quiera, compa, pero yo no voy a perder la oportunidad de ver si Micaela todavía es tan hermosa como cuando vivía.

Y uniendo la acción a la palabra, Anselmo se encaramó a la pared del cementerio y, como pudo, trepó y saltó adentro. Estanislao, frunciendo los hombros se alejó, más por espanto que  por escrúpulos, mientras pensaba: “Mi compadre está loco”.

Ya había avanzado dos cuadras, cuando se arrepintió de dejar solo a su amigo de toda la vida y, volviendo sobre sus pasos, llegó al sitio por donde Anselmo había subido. Con un poco de esfuerzo, logró escalar la paredilla y pasó al otro lado. Buscó a su compadre y lo vio caminar por entre las tumbas, llevando en el hombro una especie de lanza corta. Cuando lo alcanzó, le dijo:

–Compadre, todavía está a tiempo de evitar una locura. ¿Qué es eso que lleva al hombro y de dónde lo sacó?

–Una barreta, compadre, que encontré en el cobertizo del sepulturero, para forzar la lápida y poder abrir el ataúd de Micaela.

–No sea macabro, hombre. Le repito, aún está a tiempo.

–Mire, compadre, si es tan cobarde, si le tiemblan las piernas, mejor déjeme solo, que yo sé lo que voy a hacer.

Y diciendo y haciendo, pulsó la palanca sobre el borde inferior de la lápida y rápidamente la quitó. Adentro de la fosa se veían dos ataúdes, algo deteriorados. Anselmo sacó el de arriba y con la barreta lo abrió fácilmente. No pudo evitar la cara de decepción cuando vio que adentro no estaba Micaela sino su marido. Sacó el segundo y repitió la operación. Su sorpresa fue mayor cuando observó el hermoso rostro de su amada todavía intacto.

–Compadre, fíjese. Parece dormida. ¿Si ve lo hermosa que todavía luce? ¿No cree que valió la pena el esfuerzo y eso que usted llama profanación?

Estanislao no atinaba a pronunciar palabra. Estaba totalmente estupefacto. Más aún, la boca abierta era señal inequívoca de su total estupor. Estaba en esas, sin saber que decir ni que hacer, cuando vio que Anselmo se encaramaba en el cadáver de Micaela y, en un arrebato de locura y de malsano amor, comenzó a besar los yertos labios de su amada.

–Compadre, ¿qué hace?, decía Estanislao, cuando se le heló la sangre en las venas y sintió que se le erizaban los pelos de todo el cuerpo. Al principio no creía lo que estaba viendo; más aún, pensó que era presa de una alucinación. Obdulio o, mejor dicho, su cadáver, se estaba incorporando en el ataúd y, en un segundo, tomó la barreta y, con fuerza titánica, la descargó en la cabeza de Anselmo. Estanislao no pudo más. Sintió que el mundo se abría a sus pies y perdió el conocimiento. Cuando despertó, ya empezaba a clarear. Como pudo huyó despavorido sin mirar atrás, saltó la tapia y, con el alma en un hilo, llegó a su casa. Cuando su mujer le abrió la puerta casi no lo reconoce.

–¿Qué te pasó en el cabello? ¿Qué tienes en la cara?

Sorprendido, Estanislao se miró en el espejo de la entrada. Casi se desmaya de nuevo, cuando vio que su cabeza estaba totalmente blanca de canas y su rostro parecía el de un anciano.

Valledupar, 19 de octubre del año 2004

¿Por qué poesía?

En una ocasión, alguien, después de leer algunas de mis poesías, me hizo la pregunta que sirve de mote a la columna de hoy. Mi respuesta de esa ocasión, me ha servido  para contar a mis lectores porqué escribo poseía desde mi adolescencia. Escrito éste que bien podría servir de preámbulo al libro que siempre he soñado ver editado.

En el principio Dios dotó al hombre del uso de la palabra, para que pudiera comunicarse con sus semejantes y dominara la naturaleza. Pero el hombre se llenó de soberbia y creyó que podría ser un dios y, por eso, Él le hizo confundir las lenguas. Cuando el  hombre fue menos soberbio, Dios le permitió descubrir la escritura, para que plasmara sus pensamientos y sus sentimientos y, así, pudiera legarlos a la posteridad.

Pero la escritura y su posterior interpretación eran privilegio de unos pocos; por eso, el  Buen Dios permitió que el hombre, llevado de Su mano, descubriera la imprenta, para  que la divulgación de la palabra escrita, mensajera de la ciencia, las artes y la cultura,  llegara, cada vez más, a más y más seres humanos y no fuera patrimonio de una minoría; sino que a ella pudieran acceder todos aquellos que así lo desearan.

Paralelamente a este proceso, el hombre había descubierto como, usando su propia voz  o usando instrumentos, cuya invención Dios le había permitido descubrir, podía imitar los sonidos de la naturaleza y, así, surgió la música, la expresión más sublime que puede brotar del alma del ser humano y que nos acerca a los seres que están más próximos  a  Dios, los ángeles. Llegó un momento en el cual el hombre descubrió que también podía escribir la música.

Pues bien, dentro de las expresiones literarias que el hombre puede abordar, la poesía,  sobre todo la de corte clásico, con métrica y rima, es lo más cercano a la música, por la cadencia y la melodía que se presienten al leerla o, mejor aún, al escucharla de labios de uno de esos cantores de la poesía, como lo son los declamadores. Y para quienes nos  está vedada la creación musical, por natural ausencia de aptitudes, nos queda la posibilidad de recurrir a la poesía, para expresar nuestros sentimientos.

Perdóname, lector casual, por desnudar mi alma ante ti y por someterte a leerme. Espero  que disfrutes con estas poesías que, con toda seguridad, no aumentarán en  nada tus conocimientos; pero si, tal vez, te deparen momentos de placer y de tranquilidad, que  tanta falta le hacen a este convulsionado mundo y, probablemente, te hagan pensar un poco más en la vida y en el amor. Gracias por leerme.

Este soneto es el primero de una serie de poemas que, Dios mediante, podré publicar gracias a EL PILÓN.

Alabanzas y gracias a Dios

¿Cómo podré, Señor, por siempre agradecerte

lo que, por Tu inmenso amor, me has dado;

si no es huyendo, desde ahora, del pecado

sin pensar, nunca más, en ofenderte?

                        Para poder, mi Dios, continuamente merecerte

                        y poder estar, así Señor, siempre a Tu lado;

                        alabando Tu Nombre, Jesús Crucificado

                        y vivir, nada más, para quererte.

Perdonaré al hermano que me ofende

y, a quienes me desprecien, les tendré paciencia;

pues, quien me odia, de pronto no pretende

                        herirme; sino que, en su conciencia

                        sólo hay oscuridad y, por eso, no comprende

                        que, a través del amor, gozará de Tu presencia.

Valledupar, 26 de octubre del año 2004

La Parábola de la intolerancia

Una vez se encontraba el perro ovejero echado a la puerta del redil, cuidándolo de las acechanzas del lobo. Su amo le había encomendado el cuidado de las ovejas y él sabía que, de no hacerlo, no solamente se quedaría sin comida; sino que, además, podría ser molido a palos. De ahí que el celo del perro fuera total. El lobo, por su parte, no cejaba en su intento de poder cenar alguna noche con carne de tierna oveja. Por eso, cuando llegó al redil y encontró, como era usual, al perro guardián apostado en la puerta, le dijo: –Ya me cansé de tu obstinación, así que, si no te quitas, tendré que matarte.

A lo cual el perro le contestó: –Si me matas, mi cuerpo seguirá impidiendo tu entrada al aprisco. Por lo que me parece inútil tu intento. Además, mi amo te perseguiría y te mataría.

El lobo, no obstante las advertencias del perro, lo embistió con toda la fuerza y, a dentelladas, terminó matando al noble guardián del corral. Tal como se le había advertido, el cadáver del perro siguió obstruyéndole el acceso. Como la tapia que cercaba el redil era muy alta, el lobo no pudo entrar y, al final, tuvo que irse con el rabo entre las piernas, pensando: “Tal vez en vez de matar al perro, he debido convencerlo con razonamientos o con halagos. A lo mejor, habría terminado por ceder. O, mejor aún, he debido contentarme con mi dieta habitual.”

Cuando, al poco rato, llegó el dueño de las ovejas y encontró muerto al perro, lo examinó y concluyó que el lobo lo había matado. Persiguió a este último y, al encontrarlo, lo liquidó a tiros.

Esta fábula, que bien podría ser de Esopo, La Fontaine, Fedro, Hesíodo o Samaniego, la he ideado a propósito de tantas muestras de intolerancia que, a diario, se ven, se escuchan o se leen.

La prensa local contaba que la semana pasada, durante el entierro del Mayor (r) David Hernández Rojas (alias 39), se formó un embotellamiento en la esquina de la carrera 9 con calle 15. En algún momento, una buseta de transporte colectivo le impedía el paso a un automóvil particular. Como era imposible, por razones obvias, que la buseta avanzara, los pitos del conductor del automóvil particular solamente conseguían hacer ruido. Primer error.

Este último dando muestras de impaciencia, se bajó de su vehículo y, desenfundando un arma, se acercó al conductor de la buseta. Como todo intento por desatascar el tránsito era imposible, el hombre armado, en el colmo de la intolerancia, amenazó al inerme. Segundo error.

Como remate y como muestra de una absoluta estupidez, el conductor particular le disparó a una de las llantas de la buseta. Si hubiera acertado, ésta no habría podido moverse en mucho tiempo y la demora habría sido mayor y aquello que buscaba el intolerante conductor no se habría logrado. Tercer error.

Para colmo de males y como consecuencia de la bestialidad ocurrida, la bala rebotó, seguramente en la copa de la llanta y fue a impactar en la pierna de un joven que se encontraba en la malhadada escena. Afortunadamente fue atendido a tiempo y se le evitó una hemorragia que habría podido tener un desenlace funesto.

Si el muchacho hubiera muerto, ¿dónde habría quedado la prisa del intolerante conductor del carro particular? ¿En la cárcel? ¿En una constante huida, como prófugo de la justicia? Cuarto error.

¿Hasta cuándo las autoridades irán a permitir que cualquier hijo de vecino ande armado? ¿No sería buena idea que a todo aquel que quisiera obtener un salvoconducto para portar armas, le fuera practicado un examen psiquiátrico previo? ¿Por qué muchos de quienes portan armas o se sientan detrás del volante de un automóvil, creen que su virilidad reside en el gatillo del arma o en el pie que pisa el acelerador? ¿Hasta cuando la intolerancia de mucha gente seguirá sembrando el luto y el dolor en esta ciudad y en otras partes del país?

Y todavía hay individuos, como Visbal el presidente de Fedegán, o Velásquez quien fuera congresista, que invitan al pueblo colombiano a armarse…

Valledupar, 2 de noviembre del año 2004

Elegía de la vida

La elegía, como forma poética, nació en la Jonia asiática hacia el Siglo VII A. C. y, en un principio únicamente se utilizó en hexámetros, como canto fúnebre con acompañamiento de flauta (de ahí su nombre, tomado del vocablo armenio para designar este instrumento). Sin embargo, con el paso de los siglos, su uso se extendió para el acompañamiento no sólo de momentos de dolor; sino también para la celebración de recuerdos placenteros de la vida. Este canto, con el cual he querido sintetizar mi periplo cordial, me fue publicado hace unos años en un libro de antología poética. Hoy, he querido presentarlo como tema, dentro del nuevo enfoque de esta columna.

A veces en las tardes grises,

mi alma solloza y se acongoja

y siento muy cerca a un ángel que me dice

que ha llegado el momento; que recoja

los recuerdos que aún viven en mi mente,

de mi infancia, hace ya tiempos ida;

pero que siento tan cerca y tan presente,

¡tanto!, que aún duele la herida

causada por la muerte de mi padre,

ese ser tan noble y bondadoso,

que amara tanto a mi santa madre

y que fuera tan buen padre y el mejor esposo.

Que al irse dejó en el hogar tan gran vacío,

un dolor tan grande y tan profundo,

como si, del universo, todo el frío

hubiera dejado sin vida nuestro mundo.

Ese mundo: el solar paterno

en donde reinaban el amor y la tranquilidad,

en donde nunca, ni en los rigores del invierno,

dejó de acompañarnos la felicidad…

Y después de llorarlo año tras año,

cuando todavía su recuerdo era vivido,

quiso el destino causarnos aún más daño

y se llevó a mi madre del sagrado nido.

En donde cada uno de sus hijos,

rivalizando por brindarle más cariño,

la habíamos rodeado de amor, en un cortijo

de ternura y solaz: como ama el niño;

sin mentiras ni doblez, sin mezquindad,      

para ese ser que nos había dado la vida

y que nos rodeó con su amor y su bondad

y mitigó nuestro dolor, sanó la herida

que la vida por doquier abre en cualquiera,

pero que la madre, con singular esmero,

cuida y sana y mima, como si esa fuera

la única preocupación del mundo entero.

Porque eso es la madre: el amor hecho mujer,

el único ser capaz de dar todo sin pedir

a cambio nada, y que sabe querer

aunque en ello se consuma su existir.

Al morir mi madre, creí también morir;

vivir era, sin duda, el mayor tormento

que mi alma adolorida pudiera resistir,

faltándome quién me diera el primer aliento.

Y, aunque han pasado muchos años, sin embargo

el dolor en mi alma persiste todavía

y, en las grises tardes, me sumo en un letargo

y te recuerdo, ¡oh padre!, y te recuerdo, madre mía…

Mas el Señor, en Su bondad eterna,

te puso en mi camino, esposa amada

y, cual ángel guardián, a la poterna

de mi alma, llegó tu alma enamorada.

Y has sido, desde entonces, amada compañera,

la luz de mi vida, la que mi amor provoca;

a quien amo aún como la vez primera

en que mis labios se posaron en tu boca…

Y saboreé las mieles de tus besos

y me diste unos hijos: que ahora, de la vida en el otoño,

han sido para nosotros los cerezos

que florecen y nos van dando retoño:

los nietos; esos seres que mimas sin recelos,

que amas sin ninguna responsabilidad,

que asemejan un pedacito de los cielos

cuando el sol se decide a despertar…

Si Dios escuchara mis anhelos

y me dejara un deseo muy íntimo expresar,

le pediría que allá, en lo profundo de los cielos,

nos permitiera a todos volvernos a encontrar.

Valledupar, 9 de noviembre del año 2004   

La parábola de la amistad

La amistad, ese don que da la vida a cada ser humano digno de recibirlo, está definido como el afecto y cariño entre personas, el cual se fortalece con el trato a través del tiempo. Es un sentimiento cordial, palabra ésta que viene del latín cor, cordis (corazón), ya que los antiguos consideraban al músculo cardíaco como el depositario de las emociones. Hoy se sabe que todas ellas residen en el cerebro, como órgano que es de la mente.

Pues bien, entre los manuscritos, de los cuales en esta columna se ha echado mano en otras ocasiones, se encuentra esta leyenda: “En cierta ocasión, vivía en una ciudad remota un joven estudiante, cuya eficiencia no había podido ser superada por sus compañeros de clase. Su bondad era paradigmática. Sus condiciones atléticas lo hacía el mejor deportista en su colegio. Sin embargo, este joven vivía triste, pues por sus condiciones excepcionales, no tenía verdaderos amigos. Solamente tenía compañeros que lo rodeaban para adularlo, cada vez que triunfaba, ora en el aula, ora en los escenarios deportivos. Las compañeras lo buscaban para poder lucirse con él ante sus posibles rivales. Como si lo anterior fuera poco, no tenía hermanos y sus padres vivían tan ocupados en hacer dinero y ganar poder y prestigio, que era muy poco o nada el tiempo que le podían dedicar a su hijo. Un mal día el joven, deprimido por la falta de un cariño sincero y desinteresado y, además, decepcionado por un amor ingrato, se suicidó. Al llegar al Cielo, para dar cuenta de su vida, el ángel que le abrió la puerta, le preguntó porqué había tomado una decisión tan aciaga. La respuesta del joven estaba cargada de tristeza: Por no haber conocido nunca en la vida el verdadero amor, ni haber tenido una amistad sincera y, peor todavía, nunca haber escuchado de labios de mis padres un “te quiero” ni recordar haber sido estrechado entre sus brazos. Cuantas veces, agregó el joven con lágrimas en los ojos, una sola palabra de amor o de consuelo son suficientes para llenar de gozo el corazón de una persona. El ángel, pensativo, lloró también y, tomando de la mano al joven le dijo: Hay alguien que siempre te quiso; que, sin que tú lo supieras, veló por ti y hoy te espera con los brazos abiertos. Es Dios, quien entregó a Su  propio Hijo en señal de amor por toda la humanidad.”

El árbol de la vida, amable lector, está lleno de ramas y de hojas, que simbolizan la amistad. Piensa que cada rama constituye una familia, en donde las hojas son el padre, la madre y los hermanos, los primeros amigos que encontramos en la vida. En esa rama de la familia aprendemos a amar, a odiar o a ser indiferentes. Aprendemos a ser generosos, tolerantes, respetuosos, responsables, solidarios o, por el contrario, terminamos por ser hojas sueltas, sin Dios ni Ley.

En otras ramas están las personas que pertenecen a otras familias y que, por su cercanía, se convierten en amigos o amigas, con quienes compartimos parte de la vida, tanto en sus momentos de regocijo y alegría, como en los de dolor y tristeza y a quienes  también les brindamos cariño, comprensión y solidaridad.

En una de esas cercanas ramas, donde están esas nuevas amistades, o en cualquiera otra, no importa que tan remota esté, encontramos algún feliz día, la hoja que habrá de ser nuestro complemento por el resto de la existencia. Es la otra mitad de nosotros. Esa persona del sexo opuesto que nos permitirá brindarle nuestro amor y, a su vez, nos brindará el suyo. A  quien, sin saberlo, hemos esperado desde siempre. Con quien será placentero eternizar el amor, el cual nos acompañará por el resto de nuestros días y, para quienes se aman de verdad, trascenderá la muerte. No obstante, haya habido otras ocasiones, en las cuales nos haya parecido que el amor verdadero ha sido encontrado, pero que, cual estrella fugaz, fue flor de un día. Cuando el verdadero amor llega a tocar la puerta del corazón (en literatura todavía se la da a éste esa potestad), debe ser el último de todos.

Con el paso inexorable del tiempo, algunas hojas van cayendo y mueren. Su partida lacera el corazón (¡otra vez el corazón!) y nos resistimos a tan dolorosa pérdida. Sin embargo, el tiempo (nuevamente el dios Cronos), va mitigando el sufrimiento inicial y lo va transformado en un recuerdo apacible  y tierno que, aunque todavía duela, nos llena de solaz y nos permite aquilatar el amor que se tuvo y aún se tiene por esos seres queridos que ya no están con nosotros. Por eso, no debemos dejar pasar las oportunidades de decirle a quienes queremos, lo importante que son para nosotros. No podemos desaprovechar las ocasiones que nos da la vida para demostrar los sentimientos de solidaridad, de aprecio, de respeto, de tolerancia, en una palabra, de amor, hacia aquellas personas que Dios, en Su bondad eterna, puso en el sendero de nuestra efímera existencia. Porque algún día, no sabemos cuál, también nos tocará partir para siempre y debemos procurar dejar recuerdos gratos y no amargura. Que nuestra final partida sea motivo de tristeza y no de alegría para quienes se librarían, así, de alguien que no hizo más que llenarlos de pesadumbre. Que ese definitivo día, podamos realizar ese tránsito a la vida eterna, en paz con Dios y con los demás seres humanos que estuvieron cerca de nosotros. Que así sea y así se cumpla.

Valledupar, 16 de noviembre del año 2004

Cuentos de fantasmas (XIII)

Juan y su amiga Paula acabaron de estudiar, en preparación de un examen final y, recogiendo libros y apuntes, se levantaron de la mesa situada en la trastienda del negocio que el padre de Juan tenía en uno de los barrios de la pequeña ciudad costera, a donde habían ido a parar después de varios intentos por organizarse, luego de que la violencia de segunda mitad del Siglo XX los hubiera sacado de su natal Tolima.

En ese momento el padre de Juan le decía que cerrara todo bien y se apuraran porque ya era tarde y él tenía prisa por llegar a la casa.

–Tranquilo, papá, yo cierro. Váyase adelante que primero tengo que llevar a Paula hasta su casa.

–Bueno mijo, no olvide poner los candados a la cortina metálica y no se demore que su mamá se afana.

–Sí señor.

Cuando Juan salió y cerró la puerta principal, ya Paula lo estaba esperando al pie de la moto.

Juan subió a la moto y arrancó tan pronto sintió que Paula lo abrazaba.

Iban conversando animadamente y ya estaban llegando a la casa de Paula, cuando ésta se dio cuenta de que había dejado olvidada su cartera en la trastienda y, así se lo hizo saber a Juan quien, de inmediato, dio media vuelta y condujo su pequeño vehículo hacia el negocio familiar.

Las risas con que acompañaban su conversación, murieron de improviso en sus labios, cuando vieron que la puerta principal de la tienda estaba abierta y también alcanzaron a ver cómo, lo que parecía ser una mujer vestida de blanco, entraba rápidamente por la puerta abierta.

Juan saltó e iba a correr; sin embargo se detuvo cuando Paula le gritó: –¡Cuidado, tú no sabes quien pueda estar adentro!

–Pero yo no puedo dejar que nos roben.

–Tienes razón, pero hay que llamar a la Policía y avisarle a tu papá.

Juan y Paula se dirigieron a la casa vecina, tocaron a la puerta y pidieron prestado el teléfono. Al poco rato, llegó una patrulla y Juan, que no se había quitado de la puerta de la tienda, enteró a los agentes de lo que  estaba sucediendo. Estos desenfundaron sus armas y entraron al negocio y realizaron una búsqueda exhaustiva, que resultó infructuosa, pues no encontraron a nadie en el interior de la tienda.

–¿Está seguro de que cerró bien y de que vieron lo que dicen que vieron?

–Por supuesto, dijo Juan, entre atribulado y enojado.

–Pues, ya lo ven. Adentro no hay nadie. Contestó quien comandaba la patrulla y, dando media vuelta, ordenó a sus hombres subir al auto y  partir.

Juan y Paula estaban desconcertados. No sabían que podía haber pasado. Por más que le daban vueltas al asunto, coincidían en que ambos vieron a la mujer de blanco entrar a la tienda. Estaban en esas cuando llegaron los padres de Juan. La cara de angustia reflejaba a las claras su natural preocupación.

–Juan, ¿qué pasó?, fue el saludo que, al unísono, le dirigieron.

Brevemente, Juan les contó todo.

–Pero, ¿usted cerró por dentro y con candados la cortina de la puerta principal?, le preguntó el padre, mientras recorría,  muy afanado, todos los rincones de la tienda.

–Sí papá.

–Entonces, ¿por qué están los candados en un estante de la trastienda?

–¡Ay, carajo!, exclamó Juan. –Ahora recuerdo que, por la prisa que llevaba, se me olvidó ponerlos.

–¿Se da cuenta? Menos mal que no se llevaron nada, dijo la madre.

Siguieron buscando para ver si encontraban algún rastro de algo. Sin embargo, para su tranquilidad, pero también, para su sorpresa, todo estaba en orden. Nada faltaba.

Estaban en esas, cuando, a la luz de una linterna, la mamá de Juan vio brillar algo en un rincón de la trastienda. Se agachó y recogió lo que resultó ser un crucifijo. De inmediato lo reconoció y dándole vuelta, observó la marca que había en el respaldo. De inmediato llamó a todos y les dijo: –¿Saben de quien era este crucifijo?

Y, como nadie contestara y todos la miraran con sorpresa,  agregó: –Este crucifijo era de mi madre, alma bendita. Mi papá se lo regaló en un cumpleaños y, aquí al respaldo está la dedicatoria que le hizo grabar y, cuando ella murió,  nosotros se lo colocamos entre las manos y fue enterrada con él.

–No puede ser, dijeron todos.

–Sí. Es de ella que vino esta noche a cuidar nuestro negocio.

Valledupar, 23 de noviembre del año 2004 

La parábola de la represalia

Alguna vez comentábamos en esta columna lo repugnante que es la hiena. Su apariencia física es desagradable, sus gritos discordantes en medio de la noche parecen las carcajadas de un loco; en fin, hasta su andar es repulsivo, pues sus extremidades no guardan concordancia ni simetría entre sí y, por eso, camina derrengada. Como si  todo esto fuera poco, se la considera cobarde, ya que no ataca directamente a su presa; espera a que otro animal, inclusive el hombre, cace y abandone los cadáveres insepultos, para luego acercarse a comer, no importa el estado de descomposición en que éstos se encuentren. Más aún, cuanto más putrefacta esté la presa abandonada, más apetecida será por las hienas.

De otro lado existe el coyote, animal depredador que se alimenta de aves de corral y de rebaño lanar. Sin embargo, el coyote caza a su presa, la persigue, la acecha, la acorrala hasta alcanzar su objetivo. Más aún, como la mayoría de los depredadores irracionales, solamente caza cuando tiene hambre o cuando tiene que alimentar a sus crías.

Pues bien, a propósito de la hiena y el coyote se me ha ocurrido una fábula, cuyo exordio bien pueden ser los dos párrafos anteriores y su corolario el título de la columna de hoy.

Una vez, al principio de los tiempos, el coyote salió de cacería y luego de atrapar una oveja, empezó a dar buena cuenta de su carne. Bien pronto notó que cerca había una manada de hienas, las cuales rondaban esperando que el coyote abandonara su presa, para poder ellas darse su festín. Sin embargo, el coyote esperaba saciar su hambre, para luego llevar el resto de la caza a su prole.

Las hienas, desesperadas porque el coyote no daba señas de abandonar la presa, decidieron atacar, no obstante no ser ese su modus operandi, ya que normalmente ellas esperan, como se dijo en el preámbulo, a que el cazador abandone lo que queda de la caza, para ellas acercarse a comer. Sin embargo, su codicia fue tal, que no esperaron más y se lanzaron contra el coyote, quien, al verse atacado, se defendió, dando muerte a varias hienas. Al final, el coyote también murió.

Una de las hienas supervivientes, al ver entre los muertos a su padre, decidió vengarlo y juró que, mientras viviera, no dejaría a ningún coyote con vida.

Durante mucho tiempo estuvo vagando, dándole vueltas al asunto en su cabeza, pues bien sabía que su propósito no era fácil de cumplir, dada su natural cobardía unida a la imposibilidad de encontrar solidaridad entre sus congéneres, tan cobardes como ella misma.

Un buen día, la hiena encontró tirado en la pradera el cuero de una pantera y, de inmediato vio que le podría ser utilidad el guardarla. Así lo hizo y, luego de arreglarla lo mejor que pudo, se disfrazó con ella. Muy oronda salió nuevamente en busca de comida. De inmediato notó que muchos animales le temían; unos huían, otros se escondían y no faltaba el que, azorado por la presencia ominosa de lo que creía era una pantera, se entregaba dócilmente. Solamente los coyotes y otros animales feroces, escapaban a su nueva acción depredadora. La hiena, disfrazada de pantera, bien pronto se dio cuenta de que era poseedora de mucho poder. Pero el disfraz de pantera comenzó a deteriorarse con el paso del tiempo y la hiena, entonces, buscó un sucedáneo que le permitiera seguir gozando del poder recientemente adquirido.

Así, más adelante, encontró el cadáver insepulto de un león, cuya carroña devoró, saboreando nuevamente las mieles de su plato favorito, teniendo mucho cuidado de no dañar la piel, pues, mientras comía, concibió la idea de usar lo que quedaba como disfraz. Lo llevó a su madriguera, lo arregló y se lo plantó.

Ya convertida en un remedo del rey de la selva, decidió salir a buscar a los coyotes, pensando en usar el poder disuasivo de su real presencia, para lograr cazarlos y acabar con ellos uno a uno. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que sola no podría acabar con enemigos tan poderosos. Entonces, resolvió aliarse con otros animales que, confundiéndola con el rey de la selva y la pradera, obedecieron fielmente sus órdenes. Bien pronto, los coyotes comenzaron a ser diezmados, mientras la hiena, metida en su disfraz, saboreaba su venganza. Los años pasaron y la hiena se eternizaba embozado en su papel de león, del cual sólo tenían noticia algunas pocas hienas muy cercanas a ella. El resto de la manada y los demás animales del bosque, creían que se las tenían que ver con un león, el cual, no obstante, jamás atacaba, sólo veía como otros animales hacían por él (realmente ella) el trabajo sucio.

Pero como todo tiene su final, un buen día apareció el verdadero león, quien al notar algo raro en ese rival, lo atacó sin contemplaciones y, rápidamente, dio buena cuenta de él. Más aún, no necesitó matarlo, ya que, a las primeras de cambio, notó la suplantación y lo hizo motivo del escarnio público, pagando, así, la hiena su perverso deseo de venganza y, lo que es peor, haber utilizado su poder y el engaño para lograrla.

Todavía se ve, en las noches de luna clara, la sombra de un animal de aspecto repulsivo que emite sonidos guturales, parecidos al cacareo de la gallina o a las carcajadas de un demente.

Valledupar, 30 de noviembre del año 2004 

De burlas y de engaños

En una empresa, diría Perogrullo, los socios, es decir quienes aportan el capital para el sostenimiento y la inversión, esperan que las personas en quienes han delegado la administración de la misma, tracen las estrategias y planeen las tácticas necesarias para que su dinero no dé pérdidas; sino que, por el contrario, genere dividendos. Cuando esto no ocurre, los socios, verdaderos dueños de la empresa, deponen a los malos administradores, bien sea por su incapacidad, bien sea porque han cometido dolo. Por tanto, se puede afirmar que allí, en el mundo empresarial, no cabe el engaño ni la mentira ni la burla, de parte de quienes administran, para con quienes han depositado su confianza en ellos.

Pues bien, por qué, entonces, los ciudadanos, verdaderos dueños del patrimonio de un país, permiten que sus empleados (al fin y al cabo, aquellos pagan con sus tributos el sueldo y la buena vida que estos últimos se dan), mal administren la hacienda pública y, en ocasiones, la desfalquen. O, además, engañen a aquellos que se encuentran desprotegidos y por quienes, los que pueden, pagan impuestos para que quienes administran el Estado les resuelvan sus problemas.

Últimamente ha hecho carrera un sofisma, según el cual, no se debe esperar todo del Gobierno. Pero si para eso fue elegido, para administrar los bienes de todos los asociados y para repartir entre estos los beneficios. Sin embargo, tal parece que el pensamiento de quienes gobiernan estas repúblicas bananeras, es el de creerse dueños absolutos de todo, como si el país o la región bajo su mando, no fueran más que una extensa hacienda de su propiedad y, por eso, tranquilamente, entran a saco al tesoro público para distribuirlo como mejor les parezca. Dejando para sí lo mejor del pastel y, si acaso llegara a quedar algo, dárselo a quienes tributan y a quienes se encuentran en posición desfavorable. Por lo general, estos últimos, sí que esperan todo de los gobernantes, porque tal vez, en su fuero interno, saben que eso es precisamente un Estado Social de Derecho. Los que algo tenemos, pues seguimos adelante, a pesar de los malos gobiernos.

Sin embargo, los desposeídos esperan soluciones y cuando un gobernante hace ofrecimientos que puedan darle fin a su calvario, ellos alborozados corren a buscar la forma de llenar los mil y un requisitos que aquél les exige. No obstante, tarde que temprano, surgirá el obstáculo que les impida colmar sus expectativas. Para muestra, dos botones.

Una señora, cabeza de familia (como miles y miles que hay en este país, en donde el hombre se cree más macho cuantas más mujeres tenga y, por consiguiente, va echando hijos al mundo, para luego abandonarlos), una señora, repito, se ilusionó cuando el gobierno (sí, éste que, por estar todavía en campaña, promete más que novio borracho) ofreció soluciones de vivienda para las familias de escasos recursos, a través de las cajas de compensación familiar. Cuando la señora de marras, después del calvario de hacer filas casi interminables, se acercó a pedir el formulario, le dijeron que la casa que ofrecía el Gobierno tenía un valor aproximado de $24.000.000. El subsidio sería equivalente al 13.5% ($3.240.000), ella debería poner el 16.5% ($3.960.000) que debería depositar previamente, para luego conseguir que el 70% restante (casi $17.000.000) se lo financiara un banco estatal y, cuando hubiera logrado la financiación  volviera para adjudicarle la vivienda soñada por años. La señora, haciendo mil piruetas (sabemos que en Colombia los pobres no pueden ahorrar), consiguió su cuota parte, la caja de compensación recibió la consignación y la autorizó para hacer las diligencias pertinentes al crédito bancario.

Ahí torció la puerca el rabo. Golpeó puertas y puertas y en ningún banco estatal la consideraron digna de acceder al préstamo hipotecario. Como si la entidad crediticia no fuera a pignorar la vivienda hasta la solución del crédito, con todas las adehalas que esto significa para las entidades financieras. Hasta allí llegaron las ilusiones de esta pobre señora, cabeza de familia.

El segundo botón quedó para la próxima semana, si Dios y los intolerantes de Colombia lo permiten.

Valledupar, 14 de diciembre del año 2004

De burlas, engaños y desengaños

La semana pasada se vio como el ciudadano común y corriente, ese que no pertenece al 1% de los privilegiados que constituyen la casta dominante en este país, vive de ilusiones que, frecuentemente, se convierten en desengaños. Ya en esta columna se trató el caso de la pobre señora, cabeza de familia, que terminó perdiendo las esperanzas que la ilusionaron, cuando alguien le comentó que, el Gobierno, estaba dando a los pobres posibilidades de adquirir, cómodamente, vivienda propia. Sus sueños, pronto se desvanecieron ante la cruda realidad. No era más que un espejismo, producto de las estrategias de campaña electoral, de la cual no ha salido Uribe.

Ahora (es probable que, para cuando se publique esta columna, ya se haya finiquitado el asunto), se discute el tema del incremento al salario mínimo y, a partir de ahí, cualquier aumento en el jornal, sueldo o soldada de los trabajadores colombianos. Sin embargo, éste será otro motivo de burla, engaño y desengaño a la clase trabajadora: ese 22.1% de colombianos que devengan entre uno y seis salarios mínimos, ya que hay una franja equivalente al 2.3% por ciento de trabajadores que, sin pertenecer a la nobleza criolla, en donde se desconocen los apuros económicos, gana sueldos superiores a los tres millones de pesos mensuales,  los cuales le dan alguna holgura presupuestal. Porque, a quienes viven del subempleo (13.6% de la población), ese aumento ni les va ni les viene. Y qué decir del 20% de compatriotas que no tienen empleo, pero sí la obligación de sostener (sólo Dios sabe cómo) una familia. Eso, sin olvidar al 25% de colombianos que vive (no, a eso no se le puede llamar vida), sobrevive, en la miseria absoluta. El 16% restante lo conforman los ancianos, los adolescentes, los niños y las mujeres, todos ellos sin sueldo alguno, dependientes de alguien.

Decíamos, antes de entrar en las disquisiciones que nos llevaron a esa pequeña, pero cruda, realidad del país, que el asunto del aumento en el salario mínimo es otra burla al pueblo colombiano, porque el incremento en el costo de la vida siempre será superior a aquél. Eso, sin contar con el aumento progresivo y continuado en el precio de venta de la gasolina, motor éste del alza en los precios de la canasta familiar. Y ni que decir de la reforma tributaria que Uribe nos quiere regalar, pero que se quedó aplazada por darle prioridad a su propia y personal reelección.

Pero volviendo a lo del salario mínimo, alguna vez se comentaba en esta columna, como eso es un embeleco más con el cual la clase gobernante se burla de los trabajadores. Primero, viene el sainete de la discusión entre centrales obreras y los gremios, sainete orquestado por el gobierno de turno a través del ministro del ramo, quien ya trae una cifra porcentual debajo de la manga. Cifra que le ha sido suministrada por los gremios. Las centrales obreras traen otra, generalmente superior, pues ya saben por experiencia que la proyección del gobierno, sobre el incremento en el costo de la vida para el siguiente año es, como todas las estadísticas estatales, mentirosa.

Entonces, así armados, empieza la puja. Los gremios y su aliado, el gobierno, suben un punto la oferta y las centrales bajan otro tanto. No hay acuerdo. En ese tire y afloje, se la pasan una semana o dos, hasta cuando el cansancio los rinde, para luego decir el vocero estatal que, si no hay acuerdo, el gobierno fijará por decreto el porcentaje de incremento. Cosa esta última, que ya se tenía preparada desde antes de iniciarse las conversaciones y que no es más que la correspondiente al punto adicional que, desde un principio, ofrecieron los gremios. De esta manera, el gobierno salva su responsabilidad y le saca las castañas del fuego a los gremios, quienes, como modernos Pilatos, podrán decir: «nosotros hicimos nuestra oferta y la despreciaron». El gobierno, a su vez, como un Judas redivivo, le dará al pueblo el beso del incremento y le podrá decir. «ahí tienes tu aumento en los ingresos para el próximo año; no olvides a este gobierno mesiánico que ha venido a salvarte».

Y el pobre pueblo sufrido y agobiado por los impuestos, asediado por guerrilleros, hostigado por paramilitares, bloqueado por el ejército, engañado por los legisladores, que se venden por un plato de lentejas, burlado por el gobierno, tendrá que agradecer que aún haya empleo, así no lo haya para todos y continuará en su propio calvario, sin siquiera poder protestar, pues, si lo hace, corre el riesgo de ser acusado y condenado por rebelión. Delito éste, que nuestra nobleza criolla, ridícula y caduca, no perdona jamás.

Valledupar, 21 de diciembre del año 2004

Canción de amor

Luego de un receso debido a las vacaciones de fin de año, en donde uno se desconecta de la vida cotidiana para poder sumergirse en su papel de abuelo, retomo el hilo de las ideas para continuar comentando el acaecer diario en nuestro país, cuya situación en nada ha cambiado con respecto al año que terminó.

Sin embargo, un suceso, demasiado importante para mí, me hace dejar a un lado estas divagaciones, para rendirle homenaje a una persona a quien me unen lazos indisolubles mientras dure mi existencia. Se trata de mi esposa, con quien acabo de cumplir 45 años de vida matrimonial. Tiempo éste durante el cual, pese a las naturales vicisitudes de la vida o, tal vez, en razón de ellas, nuestro amor ha permanecido intacto, no obstante, en ocasiones, yo me haya hecho acreedor a sus reproches.

Por eso y dada esa vena poética que yo creo poseer, quiero compartir contigo, amable lector, este poema dedicado a mi esposa y que escribí con motivo de tan especial fecha:

Nacimos los dos para querernos.

Nada más verte y me enamoré de ti

y de esto ya hace muchos años, una vida entera,

y he sido tan feliz desde cuando yo te conocí

que, si me faltaras, seguramente me muriera.

Eras entonces una dulce muñequita,

de armonioso andar, de hermosos ojos;

y, por llegar a saborear la flor de tu boquita,

rogué al Señor puesto de hinojos.

Y Él escuchó mi fervoroso ruego

y degusté el almíbar de tu boca en flor

y cuando a la recordación me entrego

soy feliz por ser el depositario de tu amor.

Toda una vida, desde entonces, ha pasado

y me has hecho tan feliz, amada mía

que, cuando la desgracia a nuestras puertas ha tocado,

tu amor ha sido el paliativo para mi melancolía.

Y ahora, cuando ya nos encontramos viejos

y nos acercamos al ocaso de la vida,

muchos se quedan sorprendidos y perplejos

porque mi alma siga ante tus pies rendida.

Debe de ser porque no saben con certeza

que ese día, cuando juramos para siempre amarnos,

como hadas madrinas la dicha y la terneza,

decidieron hasta el fin de la existencia, acompañarnos.

Por eso, no nos importan de la vida los dolores,

pues al tenernos tú y yo, conjuntamente,

nos basta con fundir nuestros amores

para que la felicidad nos acompañe eternamente.

Para hacer de nuestros corazones sólo uno

porque, al amarnos así, mi amor, de esa manera,

cuando se presente la muerte con su abrazo inoportuno

Dios permita que uno en pos del otro muera.

Pero, aunque vivir sin ti sería un tormento,

yo prefiero sufrir tu ausencia y, en mi melancolía,

llorar tu partida con un dolor que, yo presiento,

habría de acrecentarse día tras día.

Mas no consentir que en mi partida llores,

pues tu padecimiento no lo puedo permitir;

por eso te pido que conmigo a Dios implores

jamás permita que, por mí, tú vayas a sufrir.

Valledupar, 11 de enero del año 2005

La crisis con Venezuela

Dadas las condiciones de violencia en las que vive el país, en razón de la intolerancia de los violentos y de las autoridades, quienes consideran que cualquier crítica debe ser tomada como indicativo de subversión o de animadversión hacia el gobierno, hace que uno se abstenga, muchas veces, de señalar los errores que cometen aquellas personas que desempeñan cargos para los cuales fueron elegidas por la mayoría o han sido nombradas por estas últimas. No obstante, hay ocasiones en las cuales no se pueden callar las voces de la opinión pública, justamente cuando se ponen en peligro las relaciones con un país vecino, hermano nacido de la misma gesta libertadora y con quien nos unen lazos de amistad, cultura y comercio centenarios.

Todo esta algarabía que se ha suscitado a raíz de la captura de un guerrillero en suelo venezolano, y las consecuencias que de ello se derivan, se habrían podido evitar con una buena gestión entre los dos gobiernos, todo dentro del ámbito policivo. Sin embargo, y en vista de que esto último no se hizo, el camino natural habría sido la vía diplomática y no el galimatías producto del exceso y la imprudencia verbal de algunos funcionarios, como el vicepresidente, el ministro de defensa, el comandante de la policía y hasta el mismo presidente, quienes, unos más otros menos, no hicieron otra cosa que echarle cebo al candil que, ya en Venezuela, estaba prendido.

Porque no es la figura del guerrillero apresado, con secuestro abordo o sin él, la que le da importancia al hecho. Es la falta de consistencia en las declaraciones de los funcionarios ya mencionados. Todos a una corrieron a decir que el individuo de marras había sido apresado en Cúcuta y allí se mantuvieron impertérritos durante unas semanas, hasta que se hizo evidente que había sido capturado en Caracas, Sólo entonces concedieron que el apresamiento sí se había efectuado en suelo de Venezuela, pero que lo había hecho un comando de ese país pagado por Colombia.

Esta aceptación de culpa, no hizo más que exacerbar los ánimos del presidente Chávez, quien no dudó en aprovechar la oportunidad para congregar la solidaridad de sus paisanos, en torno a un hecho que despierta y aglutina el nacionalismo en estos países tropicales.

Que diferente habría sido la situación si se hubiera hecho lo correcto. Es decir, el gobierno colombiano debía haber pedido al venezolano la extradición del guerrillero, en razón de su talante rebelde. O, tal vez, para no darle tanta trascendencia a un caso menor, haber utilizado los trámites de las cancillerías respectivas o, mejor aún, usar los canales de los correspondientes jefes de policía.

Pero no. Una vez consumada la trastada, se quiso echarle tierra y, como es muy usual, decir mentiras y mantenerse, tercamente, aferrados a ellas. Pero la cosa salió mal. Pues, por un lado el director de un periódico de izquierda y, por otro, el abogado del detenido, hicieron bulla y se armó el escándalo que tiene ahora en vilo las relaciones diplomáticas y comerciales entre los dos países, con todos los inconvenientes que, para ambas naciones eso significa. Sobre todo para los colombianos residentes en Venezuela, los cuales pueden terminar siendo víctimas inocentes de un trastazo diplomático cometido por las autoridades colombianas.

Valledupar, 18 de enero del año 2005

La crisis con Venezuela (2da. Parte)

Tal como se dijo en esta columna hace ocho días, el asunto Granda ha servido para que los gobiernos de Colombia y Venezuela, cada uno por su lado, busquen cómo congregar a su alrededor a sus respectivos adherentes con fines meramente proselitistas. Al fin y al cabo, no se debe olvidar que en ambos países habrá elecciones presidenciales, en las cuales ambos gobernantes aspiran a ser reelegidos. A menos que, aquí en Colombia, la Corte Constitucional declare inexequible la reforma que Uribe propició y auspició en el Congreso. De todas maneras, ambos se benefician de manera personal, pues nunca, para un gobernante, están de más las muestras de solidaridad.

Pero quien indudablemente busca mayores beneficios es el recién reelegido Bush, ya que al conseguir romper las relaciones entre los países suramericanos, lograría dar al traste con las posibilidades de acuerdos económicos entre éstos, con el fin de favorecer sus aspiraciones de monopolizar, a través del TLC, el comercio en el continente.

Hace unos meses, en Cuzco, Perú, varios países del área, sentaron las bases para conseguir el libre comercio entre ellos, lo cual no le gustó a Bush, quien, además, debe haber puesto sus codiciosos ojos en el petróleo venezolano. Amén de no gustarle en lo absoluto, los intercambios comerciales entre Venezuela y Cuba y, mucho menos, la amistad entre los dos líderes.

Lo más peligroso de todo este asunto entre Colombia y Venezuela, no lo es tanto la ruptura de relaciones comerciales, como sí lo sería una confrontación militar, a la cual, sin ser agorero, podría llegarse si no se dan los pasos necesarios para aplacar los ánimos. E, innegablemente, el primer paso lo debe dar el gobierno colombiano que fue quien tiró la primera piedra. Pues, no obstante las versiones dadas por los funcionarios de Uribe, en el caso Granda hubo premeditación, ya que este individuo llevaba varios años viajando por varios de los países del área andina y, nunca, fue requerido por las autoridades correspondientes.

Entonces, ¿por qué esperar a que estuviera en suelo extranjero y, precisamente en Venezuela, para tramitar su captura? ¿Por qué no se le apresó en su última visita al país? ¿Cuál puede ser la importancia de este individuo, como para desatar esta tormenta, que bien puede ser una tempestad en un vaso de agua, pero que la terquedad de Uribe puede convertir en tragedia?

Estas son las preguntas que ponen a pensar a la gente y, en verdad, no se necesita hilar muy delgado, para llegar a conclusiones realmente trágicas. Ya son varios los analistas, no sólo colombianos; sino también extranjeros, que ven en el incidente Granda la mano siniestra de Bush y su equipo, el mismo que atacó y asoló a Afganistán y luego a Irak, con pretextos cuya veracidad jamás pudieron demostrar, solamente con el fin de expoliarles sus riquezas naturales y conseguir después que empresas norteamericanas, cuyos propietarios son de su círculo, se beneficiaran con jugosos contratos en la reconstrucción de los desolados países invadidos, en donde la situación es peor que antes de la llegada de los supuestos salvadores. Esto, sin perder de vista, lo que la venta de material bélico les debió significar a empresas del imperio.

Dios no lo permita y termine Bush por convertir el área andina en una Palestina suramericana o alguno de sus países en un nuevo Irak, en donde hoy, casi dos años después de la invasión, disfrazada de liberación, el pueblo vive en constante zozobra, la muerte es el pan de cada día, la inestabilidad social, económica y política se hace cada vez más esquiva y en donde ni siquiera el gobierno títere de Bush, puede tener el mínimo de tranquilidad. ¿Es ese el porvenir que nos espera? ¿Es esa la Nueva Patria ofrecida? Que el Dios de Colombia se apiade de nosotros.

Valledupar, 25 de enero del año 2005

La crisis con Venezuela (¿Última Parte?)

Como parece que, al menos por el momento, la crisis diplomática entre Colombia y Venezuela ha sido superada, bien vale la pena hacer las últimas acotaciones al tema, antes de que éste pase a ser un episodio en la Historia, momento en el cual, es muy probable, no merezca más que una simple línea, si acaso no ha sido olvidado para entonces.

Pues bien, volviendo al tema y no queriendo abundar en argumentos; sino más bien deseando darle a cada cosa su nombre, no deja de llamar la atención, aparte de la soberbia de Uribe y la ramplonería de Chávez, la paradoja de haber sido Fidel Castro quien (así ninguno de los dos canales privados de la televisión colombiana lo haya al menos mencionado), con sus buenos oficios, lograra que bajara el nivel de intolerancia entre los mandatarios de Colombia y Venezuela y, por consiguiente, Uribe presentara disculpas sin decirlo y Chávez se sintiera resarcido y, al final, todos tan contentos como si aquí no hubiera pasado nada.

Pero sí pasó. Se violó, no importan el motivo ni el fin perseguido, la soberanía de un país que se dice ser hermano. Se sobornó a autoridades del mismo. Se le mintió a la opinión pública. Quien, además de la reparación por los perjuicios económicos sufridos por  aquellos compatriotas que viven del comercio con Venezuela, merece que se le presenten verdaderas disculpas, pues se subestimó, por parte de los actores del sainete, la capacidad de raciocinio del colombiano medio.

Ya basta de tantas falacias. El gobierno, no importa quién lo presida, al fin y al cabo, todos parecen ser iguales, vive mintiéndole al pueblo colombiano. Le miente cuando menciona los índices de incremento en el costo de vida. Le miente cuando maneja la política económica. Le miente cuando determina el aumento en el salario mínimo. Le miente cuando le ofrece mejoras en el manejo del presupuesto, con el fin de acrecentar los rubros de inversión social. Le miente cuando le promete obras de infraestructura que alivien el deterioro en la calidad de vida. Le miente cuando distrae, en beneficio propio o de los de su clase, recursos destinados a aliviar a los más necesitados. Le miente cuando compra la conciencia de algunos compatriotas, encumbrados o no, para lograr obtener prebendas que, por el camino legítimo, le estarían vedadas.

Y ahora, le miente en las relaciones con los países vecinos, exponiendo a la Nación a peligros innecesarios, motivados por bravuconadas dignas de mejor causa, dando, de paso, pábulo al imperio moderno para meter, ¡más aún!, sus narices en la conducción del país. Y si no, ¿qué velas tenía, en el diferendo colombo venezolano, la señora Condoleezza Rice, nueva secretaria de Estado? Aunque ella no hizo otra cosa que el mandado que Bush le ordenó hacer. Pero, de todas maneras, Estados Unidos no tiene porqué inmiscuirse en asuntos de otros países. Bueno, lo cierto es que desde hace casi doscientos años, se autoproclamaron los policías del mundo y no ha habido forma de quitarles el uniforme.

Sin embargo, ya el tigre de papel, como Kennedy llamó a China, está despertando. Europa ahora es más independiente. Japón compite. Los árabes no se arredran. Es decir, el mundo (exceptuando algunos países latinoamericanos), con todo y globalización, no está compuesto en su totalidad por colonias norteamericanas. Eso es un buen comienzo para el fin del imperio.

Recordemos cuando Britania, la Galia, Hispania, Lusitania, Germania y las regiones de Oriente, despertaron y resolvieron sacudirse del yugo imperial. Recordemos también, así sea de paso, el quimérico milenio del Tercer Reich. Hoy, en el ámbito histórico, solamente son eso, recuerdos.

Valledupar, 1° de febrero del año 2005

De Chelmno a Guantánamo

Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial y la prensa internacional comenzó a publicar los horrores de los campos de concentración instalados por el nazismo, con el fin de acabar con aquellas personas a quienes consideraban sus enemigas o eran, simplemente, chivos expiatorios de su odio contra aquellos que no estaban de acuerdo con sus políticas, quienes ya teníamos uso de razón y, por supuesto, todas las personas mayores con sentido de justicia y de conciencia humanitaria, fuimos sobrecogidos por las fotos que esa prensa divulgaba. Las escenas eran de espanto: los cadáveres insepultos se contaban por millares, los sobrevivientes eran verdaderos muertos en vida, tal era su aniquilamiento y raquitismo. Las cámaras de gas, verdaderas fábricas de muerte, eran una muestra palpable del desprecio que esos asesinos tenían por la vida.

Luego, ya a mediados de los años cincuenta, los noticieros presentados en las salas de cine, hicieron más cruda la realidad y el mundo pudo saber gran parte de la verdad. Sin embargo, solamente  años después se supo toda la verdad, cuando algunos escritores alemanes, austriacos, suizos, estadounidenses y de otras nacionalidades, algunos de ascendencia judía, otros no, comenzaran  a divulgar paso a paso, el grado de ensañamiento con el cual las tropas SS y la GESTAPO, verdaderos grupos paramilitares del nazismo, acorralaron a judíos, a gitanos, a negros y a todas aquellas etnias que ellos consideraban inferiores, pero cuyo verdadero motivo no era otro que el de librarse de gente que poseía bienes que los nazis codiciaban o personas contra quienes los dirigentes del nazismo habían desarrollado un odio exacerbado, para poder culpar a alguien del desastre posterior al Tratado de Versalles y, con ese pretexto, apoderarse de Europa.

Así, el mundo pudo conocer de Chelmno, de Auschwitz, de Treblinka y de tantos otros lugares, donde la muerte era ama y señora y, además, cómplice de la maquinaria de aniquilación y destrucción masiva y cruel de seres humanos. Los prisioneros eran tratados punto menos que animales. Sólo servían en tanto pudieran realizar trabajo esclavo. Los ancianos, los enfermos, los niños y todos aquellos que no pudieran representar mano de obra esclava, eran enviados sin misericordia a la cámara de gas.

Cuando terminó la Guerra y se le dio fin al genocidio planeado, ejecutado y dirigido por los nazis, el mundo lloró y pidió justicia. En Núremberg fueron juzgados los criminales de guerra que pudieron ser apresados por las fuerzas aliadas. Una gran mayoría logró huir, esconderse y luego vivir en otros países o en la misma Alemania, como si nunca hubiera matado una mosca. Algunos, cobardes -como Hitler y sus cómplices-, se suicidaron antes de que llegaran las tropas rusas e invadieran los territorios ocupados por los nazis y el Ejército alemán.

En ese momento, todos agradecimos a norteamericanos, rusos, ingleses y franceses, el haber librado al mundo del oprobio y se fue creando la conciencia de que, nunca más, se volvería a repetir el hecho de que un ser humano fuera ultrajado, denostado o humillado por otro ser humano.

No obstante, el tiempo se encargó de demostrar que «el hombre es un lobo para el hombre» y, así, surgieron en la mayoría de las latitudes de la Tierra individuos capaces de dar al traste con todo sentido de humanitarismo y benevolencia para con el enemigo y, por eso, ahora en Guantánamo, donde existe una base norteamericana, hay prisioneros de guerra que son tratados de manera infrahumana, son sometidos a torturas de toda índole, física, mental, moral y religiosa, son vilipendiados de la peor manera, solamente por el hecho de ser árabes y por haber estado en Afganistán o en Irak en el momento de las respectivas invasiones estadounidenses a esos dos países. Ultrajes éstos, comparables a los que los nazis propinaron a sus prisioneros de guerra.

¿Dónde quedan, entonces, las lecciones de la Historia?

Valledupar, 15 de febrero del año 2005

SIN  TIEMPO

(Basado en un escrito anónimo)

…”todas las cosas tienen su tiempo… y todo pasa en el término preciso…”

 Del Eclesiastés

Como quiera que estemos en Cuaresma, tiempo de reflexión y análisis autocrítico, bien vale la pena que cada uno mire en su interior, para ver hasta dónde se encuentra sumido en el materialismo o, si por el contrario, es capaz de dedicar, así sean unos minutos cada día, el tiempo necesario para conversar con Dios.

Por eso, amable lector, publico este poema que escribí hace unos quince años, en momentos de soledad y reflexión y cuyo título es el mote de esta columna:

Caminando la otra noche en una calle oscura,

una sombra me detuvo ante un portal

y me dijo: «Escucha muy bien, hombre mortal,

es tiempo de lograr que tu alma, aún, sea pura.

Y es bueno que te detengas un momento

y te mires en el espejo de lo que fue mi vida

y, así, evitarás que el día de tu postrer partida

sufras, por tus equivocaciones, cruel tormento.

Nunca en la vida me detuve un instante

para mirar como era de triste y pobre mi interior,

ni, menos aún, para elevar plegarias al Señor,

rogándole paz para este ser itinerante.

Creía que tenía tantas cosas por hacer,

que no  podía demorarme para orar;

nunca tuve tiempo, me debía de apresurar

pues tenía que cumplir con mi deber.

Eran tantas las cosas que debía yo terminar,

que no pude detenerme a decir una oración

y, mucho menos, a meditar en Su pasión

y en todo lo que Su mensaje me podía significar.

No tuve tiempo para un momento de alegría,

ni para hablar de Cristo con algún amigo;

ni para pensar que, si Jesús iba conmigo,

habría sido más tranquila esa vida mía.

Y si mencionaba a Dios en la conversación,

temía que las personas se fueran a burlar de mí.

¿Cómo pude, Señor, negarte de esa forma a Ti,

cuándo, por mis pecados, sufriste cruel  pasión?

No tuve tiempo para en Dios formarme

y, por no tenerlo, el tiempo se acabó;

y el tiempo, de entre mis manos, se esfumó

y no tuve tiempo para reconciliarme.

Y, cuando ante el Señor me presenté,

Él tenía en Sus manos El Libro de la Vida

y me dijo con mirada bastante entristecida:

¿qué hiciste con las gracias que un día te entregué?»

Calló la sombra y se esfumó en la noche;

mas sin embargo, yo alcancé a notar

como una lágrima comenzó a rodar,

formando, de perlas, el más hermoso broche.

Por eso Señor, desde este mismo día

tendré tiempo para dedicarlo a Ti;

porque yo sé que Tú siempre estás ahí

y eres mi mayor motivo de alegría.

Y te veré en cada hermano que esté necesitado

de ayuda o de consuelo, Oh Jesús mi Redentor

y lo atenderé como si fueras Tú mismo mi Señor,

que has venido a redimirme del pecado.

Gracias Señor por darme otra oportunidad

de entender que mi tiempo es todo tuyo

y, por lo mismo, humildemente intuyo

que éste es otro signo de Tu generosidad.

Que vienes, amoroso, a darme Tu consuelo

y que tengo tiempo aún de arrepentirme

y por eso, hoy, has venido Tú a decirme

que, sólo para mí, Tú has preparado el Cielo.

Valledupar, 22 de febrero del año 2005

Dios salve a Uribe

No, amable lector, no es que haya tirado por la borda, de la noche a la mañana, los ideales democráticos que me hacen pensar que no se puede gobernar un país mediante la autocracia, ni que quien más grita mejor manda, ni que una buena campaña publicitaria reemplaza las buenas obras de gobierno ni, mucho menos, que a falta de pan bueno sea el circo.

No, la exclamación que sirve de título a la columna de hoy, va dirigida en el mejor de los sentidos, para que Dios conserve a Uribe en el poder hasta el 7 de agosto del año 2006 y ni un día más. Porque la alternativa sería peor. Si a Uribe, mientras esté en el poder le pasara lago, Dios no lo quiera, de inmediato entraría a reemplazarlo Francisco Santos, alias «Pachito», y entonces el remedio sería peor que la enfermedad. Sería como saltar de las brasas para caer en la candela

Porque, al menos, Uribe es un tipo inteligente y, por tanto piensa las cosas antes de decirlas o hacerlas, no obstante algunas veces no haya ocurrido así. Pero es que Santos, definitivamente primero habla y luego piensa. ¿Serán secuelas del secuestro que dicen que sufrió?

La última muestra de este equivocado proceder la dio la semana pasada, cuando culpó a los medios de comunicación de ser «cajas de resonancia»  de la subversión, porque informan sobre la guerra que vive el país. Así, esto último lo niegue Uribe, cuando afirma que aquí, en Colombia, ni siquiera hay conflicto armado.

Volviendo a las declaraciones de Santos, éstas no son más que una invitación a la censura de prensa. Los medios de comunicación, como diría Perogrullo, están para eso, para comunicar, no solamente las cosas buenas que pasan el país y en el mundo; sino también las que, por desgracia, son malas. Entre otras cosas, si sólo hablaran de los episodios buenos, los periódicos serían de una sola página y los noticieros de televisión durarían cinco minutos, a menos que se dedicaran a hablar de lo que ocurre en otras latitudes. O nos atiborraran, ¡aún más! de notas de farándula y deporte.

Lo que pretende alias «Pachito», no es más ni menos que querer tapar el sol con un dedo. Es la actitud hipócrita con que se piensa que, ocultando los errores o las malas acciones, éstos desaparecen como por ensalmo. Escondiendo al enfermo no es como se le curan sus males, ni tapiando los tugurios desaparecen los cinturones de miseria.

Negar la guerra, no es el camino para alcanzar la paz. Condenando a la guerrilla a la ley del silencio, no es la forma adecuada de derrotarla.

Hay otra razón para la petición que encabeza esta columna. Gracias a Uribe, ya empieza a haber consenso en las fuerzas democráticas en Colombia. Los  sectores no contaminados por el nacionaluribismo en el Partido Liberal y en el Conservador, el Polo Democrático y Alternativa Democrática, están formando uniones para la próxima legislatura y, yendo más allá, para las próximas elecciones.

Por eso, amable lector, debemos pedir a Dios para que conserve a Uribe hasta el último día de su mandato; pero también debemos pedirle que éste no se prolongue ni un día más. Porque el país no soportaría más de lo mismo. Y todos, tirios y troyanos, sabemos qué significa eso.

Valledupar, 1° de marzo del año 2005

En el día internacional de la mujer

No debería ser solamente un día al año, deberían de ser todos los días de todos los años en la vida del hombre, los que fueran dedicados a celebrar, al menos en lo más profundo del corazón de cada uno, el haber nacido de mujer, el poder compartir la existencia con una mujer, el haber podido disfrutar de la amistad y la compañía de una mujer, el llegar a conocer la dicha de tener una hija mujer. Al fin y al cabo, la mujer es el sujeto del amor, es la fuente de donde éste dimana y si, como ya se ha dicho tantas veces, el amor es el motor del Universo, entonces la mujer es el motivo y la razón de la Creación.

Toda la vida sería insuficiente para agradecer tanto a la mujer. Por eso, no podemos dejar pasar las ocasiones para agradecer a la madre los desvelos, a la mujer amada su amor y sus mimos, a la hija el habernos dejado conocer un rayo de sol en la existencia, a una amiga el consejo oportuno, a una hermana su apoyo y su cariño.

Coherente con estos pensamientos, he querido publicar hoy este soneto de agradecimiento a Dios por la mujer amada; por haber permitido Él, que así ocurriera.

Recordemos, antes de entrar en materia, el pasaje del Génesis: «… no es bueno que el hombre esté solo. Le daré, pues, un ser semejante a él para que lo ayude y lo acompañe…» Y Dios dio la mujer al hombre para que «… fuese hueso de sus huesos, carne de su carne…»

¡Gracias, Dios mío!

Si en la senda de mi vida la pusiste

y dejaste, Señor, que yo la amara

y las mieles de sus besos disfrutara,

gracias, Dios mío, por el tesoro que me diste.

Gracias, también, por el fuego que encendiste

para que la llama del amor, así, abrasara

nuestros corazones y que, nunca jamás, se disipara

el caudal de cariño que nos diste.

Te agradezco, Señor, por el tesoro

con que nuestras vidas has colmado,

para amarla tanto como hoy la adoro,

Permíteme, Señor, humildemente a Tus pies postrado,

bendecir Tu nombre y, con el máximo decoro,

agradecerte porque ella, a su vez, me hubiese amado.

Valledupar, 8 de marzo del año 2005

Lección de dignidad

Los encuestadores profesionales, esos que cada lunes o martes publican resultados sobre lo divino y lo humano, pretendiendo mostrarnos como opinión nacional lo que piensan mil o dos mil compatriotas (apenas el 0,005% de la población), deberían aprender de las comunidades indígenas quienes, al no encontrar eco en una petición elevada primero ante el gobierno regional del Cauca y luego ante el gobierno nacional, decidieron hacer su propia encuesta sobre un tema, ese sí verdaderamente importante, como lo son los beneficios o perjuicios que pueda ocasionarle al país la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

Pues bien, la encuesta que se hizo a manera de plebiscito, teniendo como escenario la ya mencionada región del Cauca, arrojó resultados realmente interesantes. Primero, el 75% de la población apta para votar, acudió a las urnas. Segundo, el 98% de los votantes, optó por el NO al TLC.

Esas cifras sí son, en realidad, representativas de la opinión de una comunidad.  No como cuando los profesionales de las encuestas nos dicen que Colombia piensa esto o quiere lo otro, tras consultar la opinión, como se dijo al principio, de unos pocos, de quienes el país nada sabe ni nada conoce.  Aquí, en el caso de los comicios  del Cauca (deberíamos hablar del plebiscito indígena), no se tomó una muestra para llegar a conclusiones un tanto amañadas. No. Aquí se consultó a la mayoría, a todos aquellos que quisieron responder y, quienes así lo hicieron, coincidieron en la respuesta que, con toda seguridad, es la misma de la mayoría de los colombianos, no contaminados por el afán laudatorio al Gobierno, a los que sí nos importan los males que las acciones de este último puedan acarrearle al país.

En esta columna, desde el año pasado, cuando la Policía en Medellín y Cartagena sofocó a como diera lugar las manifestaciones en contra del TLC, ya se había hablado de lo nocivo que es este tratado para Colombia. Porque no se trata solamente del comercio de telas, zapatos, dentífricos, flores, etc.; sino que, además, está en juego la biodiversidad del subcontinente. Estados Unidos sabe que, en un futuro no lejano, el agua y demás productos naturales susceptibles de la degradación, comenzarán a hacerse más escasos y, por consiguiente, de mayor demanda en el mundo entero y, entonces, quienes los posean tendrán en sus manos un tesoro incalculable.

Ya norteamericanos e ingleses, desde hace varios decenios, vienen acumulando carbón, en previsión a la extinción de las fuentes de petróleo. Ya los gringos poseen bases militares en el Amazonas colombiano y en el Chocó, ambas regiones ricas en agua y biodiversidad en general, de las cuales difícilmente saldrán. Ya el gobierno de Turbay, hace casi treinta años, entregó a la multinacional EXON las reservas carboníferas de la Guajira. Entonces, ¿qué pasará cuando tengamos que comprarles caro, aquello que antes fue nuestro pero que no lo supimos defender?

Ahora se entiende el porqué de la importancia de la acción de las comunidades indígenas y, cómo, ésta es una lección de dignidad, merecedora de ser imitada por todos los colombianos que deseamos el bien de la Nación por encima de toda consideración partidista o caudillista. En estos momentos no importan ídolos ni fetiches que puedan distraernos del peligro que corren nuestros descendientes, cuando les entreguemos un retazo de Patria incapaz de suministrar a sus nacionales, ni siquiera, lo más vital para la subsistencia como lo es el agua.

No, amable lector, no son palabras agoreras escritas por llenar un espacio. Es la triste realidad a la que se verá abocado nuestro país, si Uribe sigue arrodillado ante Bush.

Valledupar, 15 de marzo del año 2005

Reflexión sobre el perdón

La esencia de Dios, es el amor y la razón de ser del amor es el perdón. Por amor, Dios creó el mundo y, por amor, envió a Su Hijo a redimirnos del pecado.

Por amor, Él nos dejó su perdón y Su gracia en los Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.

Decimos que la razón de ser del amor es el perdón, porque solamente quien ama, es capaz de perdonar. Por ser infinito el amor de Dios, es infinita Su capacidad de perdón, es decir, Su magnanimidad.

Cuando Cristo nos enseña “… ama a tu enemigo…”, nos está enviando el mensaje “… perdona a tu enemigo…”. Él siempre, a través de Su existencia terrena, procedió de acuerdo a este mandamiento divino, pero donde más dio ejemplo de Su infinita misericordia, fue en la Cruz, cuando después de haber sido zaherido y humillado, clamó “… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…”, como buscando lenitivo al horror del cual había sido víctima.

Pero, aún hay más pruebas del infinito amor de Jesús y de Su infinita capacidad de perdón. En el Evangelio hay un pasaje que ilustra esto último: Según la ley judía, el adulterio en la mujer, debía ser castigado con la muerte y muerte a pedradas. No había posibilidad de perdón, aun cuando existiera el arrepentimiento. En una ocasión Jesús fue testigo del intento de lapidar a una adúltera y cuando ya parecía inminente el castigo, el Señor mostrando Su infinita capacidad de amor y de perdón, recurre a la conciencia de los improvisados jueces y verdugos de la pecadora y les dice: “Quien esté libre de culpa, que le lance la primera piedra” El Evangelio termina la narración, contándonos que Jesús, al ver que quienes querían matar a la adúltera, se habían ido, al encontrarse ellos mismos llenos de culpa e indignos de juzgarla, le dijo a la pecadora: “ … ¿Dónde están quienes querían matarte? Parece que te han perdonado. Yo también te perdono. Vete en paz y no peques más…”

Qué hermoso fuera si todos pensáramos así. Si cada cual fuera capaz de perdonar a quienes le ofenden. Si cada uno de nosotros fuera capaz de sacar de su alma el rencor que pueda anidar en ella. En otro pasaje de la Escritura, el Profeta, dice “… si no perdono a mi hermano, soy como címbalo que suena o campana que repica…”, para indicarnos que sin el perdón, sin el amor, ninguna acción es válida ante Dios.

En alguna oportunidad, hace unos años,  tuve la feliz ocasión de escribir y leer estas palabras:

¡Señor!, hoy, cuando nuestra querida patria se encuentra sumida como nunca en la amargura, cuando la desolación y el dolor asuelan a muchos hogares colombianos, cuando tantas familias han quedado deshechas por la adversidad de la guerra, cuando la injusticia social carcome las estructuras de nuestra sociedad, cuando la corrupción administrativa arrasa con las posibilidades de desarrollo de las regiones más pobres del país, cuando la impunidad permite que la corrupción crezca y se mantenga, cuando la extorsión, el secuestro, el terrorismo, las masacres, el genocidio, el desplazamientos de campesinos víctimas de quienes codician sus tierras, las desapariciones forzosas y tantas otras formas de depredación humana, destruyen nuestro país, venimos a implorarte que, por Tu infinita misericordia y Tu infinito amor, escuches favorablemente nuestras súplicas, mediante las cuales Te pedimos que toques los corazones de los violentos, de los corruptos, de los venales, de quienes extorsionan a sus semejantes, de aquellos que favorecidos por su posición social explotan a los necesitados, de los que están sumidos en la avaricia, en fin de todos aquellos que han hecho del delito una forma de vida y de la muerte una fuente de lucro personal o un desahogo a su rencor, para que desistan de sus propósitos y, como Saulo en el camino de Damasco, escuchen Tu voz y corrijan el equivocado sendero de sus vidas y puedan buscar y encontrar el camino de la remisión, para que Colombia conozca, por fin, la paz en todas sus manifestaciones colectivas, política, social y económica, y también en sus expresiones personales y, cuando esto ocurra, Tú absuelvas a los causantes de la violencia, de la muerte y del derrumbe del país y permitas que sus víctimas, a imagen Tuya, también les perdonen, al acordarse y poner en práctica Tus palabras al Padre: “…perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden…”

Es evidente que, para obtener el perdón, debe haber arrepentimiento, debe haber reparación, debe haber alejamiento de las ocasiones de reincidir en los hechos punibles, debe haber un verdadero propósito de enmienda.

Valledupar, 22 de marzo del año 200

¿Qué pasa en San José de Apartadó?

San José de Apartadó está constituido por una de las llamadas Comunidades de Paz, que son grupos de personas campesinas, algunas de ascendencia indígena, otras de ascendencia negra, mestizas todas ellas, que, como su nombre lo indica, quieren vivir en paz, cultivando la tierra. Pequeñas parcelas que, normalmente, no deben suscitar la codicia de nadie. Parecería ser un deseo natural y fácil de alcanzar. Sin embargo, estas Comunidades de Paz, no lo han conseguido y no porque no hayan hecho lo necesario para lograrlo; sino porque situaciones exógenas no lo han permitido.

San José de Apartadó está situado en una región de conflicto, pleno Urabá antioqueño, de allí que, en más de una ocasión, sus habitantes hayan sido víctimas de los grupos al margen de la ley y, también, de quienes dicen defender esa ley (Recordemos al General Rito Alejo del Río.)

Por eso, los lugareños, todos ellos civiles desarmados, decidieron aislarse y declararse neutrales, para evitar que unos y otros y otros (hablamos de los grupos protagonistas del conflicto), los convirtieran en blanco de sus desmanes.

La OEA tomó cartas en el asunto y, con la firma del presidente de turno, se les concedió, hace muchos años,  a estas comunidades el derecho a vivir en paz.

No obstante, siguen siendo blancos de los violentos. En San José de Apartadó han muerto, a manos de estos últimos, más de un centenar y medio de sus habitantes.

El último caso ocurrió hace poco más de un mes, cuando ocho campesinos (la mayoría eran menores de edad) fueron asesinados y sus cadáveres mutilados. El Padre Javier Giraldo S. J., párroco de Apartadó,  Gloria Cuartas,  ex alcaldesa de Apartadó y la misma comunidad de San José, dicen que fue una patrulla militar la causante de esta atrocidad. Los mandos militares (presidente, ministro, generales, etc.), lo niegan y acusan de la barbarie a las FARC. Ya Uribe les dio a sus generales plazo perentorio (20 días a partir del último domingo de marzo) para ocupar el pueblo por la fuerza. Sus habitantes, a su vez, declaran que si la fuerza pública entra, ellos se van, ya que sindican a sus miembros de la última matanza y, por supuesto, no se sentirían seguros con los militares en sus calles.

Para colmo de males, Uribe les ha colgado la lápida en el cuello cuando los señala como auxiliadores de la guerrilla.

Hasta el momento, la Fiscalía guarda absoluto silencio y no ha dicho nada respecto a la investigación, la cual, por lo menos, debería estar adelantándose.

Mientras tanto, los habitantes de San José de Apartadó, cuyo único deseo es el de vivir en paz, no lo han conseguido y parece que no lo conseguirán, pues lo ocurrido en el pasado inmediato no es ningún signo de esperanza y lo prospectado al respecto por las autoridades, torna más negro el horizonte.

Valledupar, 29 de marzo del año 2005

Ha muerto un santo

Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia, en el seno de una familia conformada, hasta ese momento, por el padre Karol, la madre Emilia y su hermano Edmund. Tenía 9 años cuando murió la madre. Era un adolescente cuando murió el hermano y a los 21 años perdió a su padre, quedando solo en el mundo, cuando adelantaba estudios de filología y lingüística polaca. Para ese entonces, el ejército alemán había invadido Polonia y Karol tuvo que huir para evitar ser llevado a los campos de concentración por ayudar a los judíos.

Trabajó arduamente como obrero en una cantera.  En 1942 ingresó al Departamento teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.

 El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de ética en la Universidad Católica de Lublín y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como “tomismo lublinense”.

 El 23 de septiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del administrador apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del Episcopado Polaco. Participó en el Concilio Vaticano II, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución Conciliar Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía momentos de reflexión y oración al igual que espacios de distracción y aventura al aire libre. El 13 de enero de 1964 falleció monseñor Baziak por lo que Monseñor Wojtyla pasó a ocupar la Sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en arquidiócesis. Durante su labor como arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.

En mayo de 1967, a los 47 años de edad, el arzobispo Wojtyla fue creado cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974 el nuevo cardenal ordenó a 43 nuevos sacerdotes, en la ordenación sacerdotal más numerosa en Polonia desde cuando terminó la segunda guerra mundial.

En 1978 muere el Papa Pablo VI y es elegido nuevo Papa el cardenal Albino Luciani de 65 años quien toma el nombre de Juan Pablo I. Sin embargo, el “Papa de la Sonrisa” fallece a los 33 días de su nombramiento y el 15 de octubre de 1978, luego de un nuevo cónclave, el cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

En su labor apostólica, que duró 26 años, cinco meses y 13 días, escribió 14 encíclicas (cartas en dónde el Papa asume posiciones pontificias doctrinales de la Iglesia), cinco libros y, en 1996, la Constitución Apostólica, donde determina derroteros a seguir en caso de vacancia pontificia y en la elección de nuevo Papa, por fallecimiento del titular.

Visitó 133 países, entre ellos Colombia en julio de 1986. Se reunió con dignatarios civiles y eclesiásticos de diferentes corrientes e idearios religiosos, dando, así, muestras de la pluralidad y grandeza de su pensamiento. Pidió perdón a la humanidad por los errores cometidos por la Iglesia en el pasado.

Pero donde mejor mostró la magnitud de su bondad y la coherencia entre sus palabras y sus actos, fue cuando visitó en prisión al terrorista turco Alí Agca, quien había atentado contra su vida en la Plaza de San Pedro, en Roma, el 13 de mayo de 1981.

Al encontrarse frente a su agresor, solamente lo abrazó y le concedió el perdón por haber atentado contra su vida. Ya a los cuatro días del atentado, desde la Clínica Gemelli, donde estaba hospitalizado, Juan Pablo II había dicho, al dirigirse a los allí presentes: «Rezad por el hermano que me ha disparado, a quien he perdonado con todo amor y sinceridad».

Valledupar, 5 de abril del año 2005

Las lecciones de la Historia (III)

Hace setenta años el nacionalsocialismo campeaba en Alemania, sus jerarcas eran los dueños absolutos del poder. Desde hacía dos años y medio, se habían ido consolidando poco a poco. El primer paso consistió en ganar las elecciones, luego vino el ascenso de Hitler a la Cancillería del Reich, después fueron apoderándose de los principales cargos de la Nación, hasta que en noviembre de 1934, a la muerte de Hindenburg, Hitler se auto proclamó Jefe de Estado. Ya para entonces, habían ocurrido, el incendio del Reichstag (Parlamento alemán), la orden prohibiendo partidos diferentes al de gobierno y el asesinato de Dollfuss, ex canciller alemán.

Más adelante vendrían, la invasión a Polonia, Austria, Francia y media Europa, como consecuencia de la guerra. Mientras tanto, en Alemania y los países que iban siendo ocupados, el terror, para todos aquellos que no estuvieran con los amos del momento, era el pan de cada día. Las familias judías, gitanas y todas las que no se consideraran arias o que siéndolo, no estaban de acuerdo con los nazis, vivían en una constante zozobra, ya que, en cualquier momento, podían llegar elementos de las SS (grupo paramilitar al servicio del Reich) o de la GESTAPO (policía secreta) y llevarse a quien quisieran y el destino final era la muerte instantánea o los campos de exterminio, en donde las probabilidades de sobrevivir eran pocas o nulas, dependiendo de qué tanto podía servirle el capturado a la máquina de guerra estatal. Mientras eso, y mucho más, ocurría en los países ocupados y en los campos de concentración, en las ciudades alemanas todos vivían fascinados con el progreso y el bienestar que el nazismo les había traído, después de la bancarrota en que vivieran antes del advenimiento del Tercer Reich salvador y mesiánico. Sin embargo ese bienestar era ficticio, la realidad era otra, el país se derrumbaba, las libertades habían desaparecido, los valores axiológicos eran cosa del pasado, el mismo progreso no era más que el producto de una publicidad bien manejada por Goebbels, Ministro de Propaganda, quien era un verdadero prestidigitador para mostrar una realidad inexistente. Por supuesto, los miembros del Partido de gobierno, los jerarcas de las SS, los altos oficiales del Ejército, la Marina y la Aviación, al igual que los miembros del Gobierno, vivían muy bien. El resto estaba mal o simplemente sobrevivía o moría lentamente o, peor aún, le había perdido el sentido a la vida.

Luego llegaría la catástrofe. Por estas fechas, hace sesenta años, el Ejército Rojo al mando del Mariscal Zukov, acantonado en la orilla oriental del río Oder, esperaba la orden para entrar a Berlín y dar, así, fin a una era de espanto, horror y crueldad, jamás vista hasta entonces. Entonces, todo se vino al suelo, la verdad fue conocida, el nazismo destruido, sus jefes, quienes no se suicidaron o lograron huir, fueron juzgados y condenados, pero, a las víctimas, ¿quién les devolvió sus seres queridos?, ¿cuáles fueron las reparaciones que se les ofreció para resarcirlas del oprobio y el sufrimiento al que fueron sometidas?, ¿quién pudo devolverle la vida a los millones de judíos asesinados en los campos de exterminio?

Dicen que la mayoría del pueblo alemán aprendió la lección y, una vez concluida la guerra, decidió que eso no volvería a ocurrir y que, cada alemán en el futuro, se encargaría de no permitir que nadie, de las generaciones por venir, pudiera desconocer la ignominia que sus inmediatos ancestros tuvieron que padecer, en parte, por culpa de su propia debilidad y cobardía.

En Núremberg, la ciudad donde fueron juzgados los criminales de guerra nazis, existe en un inmenso edificio, una constante exposición sobre los horrores del nazismo, en donde los visitantes pueden ver hasta dónde puede rebajarse el ser humano, cuando la codicia y la sed de poder enceguece su alma y obnubila su mente.

Valledupar, 19 de abril del año 2005

En el día de las madres

En cierta ocasión, varias mujeres coincidieron en una reunión. Algunas ya se conocían e intercambiaron saludos, terminando por presentarse todas. Las que hacía mucho tiempo no se veían, pedían noticias entre sí sobre la vida de cada una.

De pronto, una de ellas empezó a presumir un poco de sus logros profesionales. Otras, no tardaron en imitarla. Una hablaba de la maestría que estaba terminando, otra del puesto que ocupaba en una compañía importante, otra de su propio negocio y así todas fueron hablando de sus ascensos y logros.

Entre el grupo había una señora que, hasta el momento, solamente había dado su nombre y permanecía muy callada, mientras las demás se ufanaban de sus progresos en la vida. Por lo que le preguntaron a que se dedicaba. Ella, con un tono en el cual se alcanzaba a notar un dejo de retraimiento, respondió que se dedicaba al hogar, ella sólo era ama de casa. Algunas de las presentes, no pudieron disimular su desagrado y la miraron con algo de extrañeza.

Un anciano que las escuchaba, de inmediato salió en su defensa y les dijo:

–Por favor, señoras, ¿Qué sería de este mundo si se hubieran extinguido las amas de casa?

Y, a continuación, les recordó que la empresa que esa señora presidía, gerenciaba y operaba, jamás se podría igualar.

–Una madre, les dijo, es insustituible en su propio hogar. Cualquier mujer puede ser sustituida en cualquier cargo laboral, pero no en su propio hogar. La sociedad consumista ha hecho que se menosprecie su labor porque aparentemente no produce ingresos a la familia. No hay nada más equivocado, pues una madre es la cabeza de la institución que representa la base de la sociedad. La Empresa que dirige se llama Familia y su producción es nada menos que todos los hombres y mujeres, profesionales o no, que de alguna manera habrán de dirigir el mundo en el futuro.

–Cuando una madre cura las raspaduras de su hijo en las rodillas o es chofer de ellos en las tardes o va al supermercado para que todos tengan algo que comer, ocupa el cargo de Jefe de Servicios Generales.

–Cuando la vemos explicando difíciles divisiones con decimales a sus hijos o enseñándoles educación y respeto, es la Directora de Recursos Humanos.

–Cuando se le oye hablar de todas las cualidades de sus hijos, es la Gerente de Mercadeo, pues nadie cree tanto en su producto, como una madre en sus hijos.

–Su horario de trabajo no tiene límites, pues su turno laboral puede empezar en la madrugada con el llanto del bebé que tiene hambre y debe pasar el resto del día encargándose de que todo funcione bien y no se acuesta hasta que todos en la casa lo hayan hecho.

–Por la tarde es chofer o es profesora de sus hijos. Por la noche, es la esposa amorosa que escucha y atiende a su esposo y ella, puede seguir levantada esperando a que su hijo adolescente llegue de la fiesta.

–Cuando tiene un rato de descanso, no deja de pensar en sus funciones. No puede delegar su trabajo porque, al imprimirle tanto cariño, es casi imposible encontrar personal capacitado que la reemplace.

–Ella no puede encargarle a la secretaria la transmisión de valores, de moral, de principios, ni mandar por fax el beso de las buenas noches.

–No hay salario que pague su trabajo pues, en realidad, ni ella misma concibe la idea de recibir algo a cambio, porque todo lo hace por amor.

–Alguna vez, en el día de las madres, recibe una flor, un dibujo con brillantes crayones o la estrellita en la frente de su hijo. Con esto siente que le han dado el mejor de los ascensos.

–Nunca recibirá pensión de jubilación. Algunas más bien, después de 14, 18, 20 ó más años de inalcanzable trabajo, serán aparentemente despedidas sin prestaciones, cuando le dicen, «Por favor mamá, no te metas en mi vida» o el esposo la cambia por una más joven.

–El médico, el empresario, el artista, el sacerdote, el ingeniero, el abogado, la doctora, la licenciada, el arquitecto, otras amas de casa, el humilde artesano, el empleado, la secretaria, etc., que entregan su vida a otros, han salido de esas empresas, dirigidas por simples amas de casa. Esas personas productos de un hogar, profesionales o no, pero de todas maneras especialistas en su diario acaecer, son los logros, honores, trofeos y diplomas de las madres.

Cuando el anciano terminó, unas más, otras menos, todas lloraban de emoción y se abrazaban entre sí.

Valledupar, 10 de mayo del año 2005

La parábola del Sembrador

Jesús, en su predicación, alguna vez habló sobre la elección que debe hacer el ser humano cuando, va a realizar sus obras: debe escoger muy bien el terreno donde va a poner la semilla; pues, si ésta cae en terreno árido, no germinará; si cae en el camino, la pisará un transeúnte y la semilla morirá; si cae en la arena, el viento la barrerá. Pero si el sembrador tiene el cuidado de elegir un buen terreno, tendrá la seguridad de que, algún día, la semilla se habrá de convertir en árbol y dará sombra, fruto y esplendor al sembrador. Mas sin embargo, no nos dijo que, por eso, dejáramos de sembrar. De alguna manera, quien siembra, algún día, algo cosechará.

Pues bien, alguna vez mi padre me contaba esta otra parábola, la que he bautizado con el mismo nombre con el cual el Evangelista tituló la prédica de Jesús, citada en el párrafo anterior.

“Un hombre debía viajar en bus todas las mañanas, durante una hora, desde su casa hasta la fábrica donde trabajaba. Unas cuadras después, con mucha frecuencia, subía una señora anciana que siempre se sentaba junto a la ventana.

Ella abría la cartera, sacaba una bolsa de papel y se pasaba todo el viaje, botando por la ventana, poco a poco, el contenido de la bolsa.

La escena siempre se repetía y un día, curioso, el hombre le preguntó a la anciana, qué arrojaba por la ventana.

–Tiro semillas, respondió ella

–¿Semillas? ¿Semillas de qué?

–De flores. Es que veo para afuera y la calle está tan vacía. Me gustaría poder viajar viendo flores coloridas por todo el camino. ¡Imagine cuán bello sería!

–Pero las semillas que caen sobre el asfalto son aplastadas por las ruedas de los autos o devoradas por los pájaros. ¿Cree usted, señora que las semillas germinarán a la orilla de la calle?

–Así es, hijo mío. Aunque muchas se pierdan, algunas acaban cayendo en la tierra y con el tiempo van a brotar.

– Aún así, demorarán en crecer; además, necesitan agua.

– ¡Ah! yo hago mi parte. Dios permite que haya días de lluvia. Y si alguien arroja las semillas, las flores nacerán.

Diciendo esto, se dio vuelta hacia la ventana y continuó su trabajo.

El hombre descendió luego más adelante, pensando que esa señora seguramente  estaba senil.

El tiempo pasó y el hombre, a veces, veía a la anciana en su labor de arrojar semillas por la ventana del bus. Un día en el mismo bus, el hombre, al mirar para afuera, notó que había flores a la vera del camino; muchas flores. El paisaje aparecía colorido, perfumado y lindo. De inmediato, buscó a la señora para felicitarla por lo que había logrado. Pero fue en vano, no la encontró. Le preguntó al chofer,  de quien sabía que conocía a la mayoría de los pasajeros habituales del viaje.

–¿La viejita de las semillas? Murió hace cerca de un mes.

El hombre se volvió a su lugar y continuó mirando el paisaje florido por la ventana.

–Quién lo dijera. ¡Las flores han brotado! Pero, ¿de qué le valió su trabajo? Murió y no pudo ver toda esta belleza.

En ese instante oyó risas detrás de él. Volteó a mirar y vio a  una niña que señalaba por la ventana entusiasmada.

–¡Mira, mami, que lindo, cuántas flores por la calle! ¿Cómo se llaman aquellas?

Entonces entendió lo que aquella señora había hecho. Aunque no estaba ahí para ver, había hecho su parte. Había dejado su huella personal, la belleza del paisaje para la contemplación y felicidad de otras personas.

Al día siguiente, el hombre subió al bus y se sentó junto a la  ventana. Sacó un paquetito de semillas del bolsillo y, así, dio continuidad a la Vida, sembrando con entusiasmo y alegría sus semillas.”

MI padre, concluyó su relato diciéndome:

–Hijo mío, el futuro depende de nuestras acciones presentes. Si sembramos buenas semillas, los frutos algún día brotarán, así no estemos allí para contemplarlos. Por eso, te invito a que vayamos, desde ya, a sembrar nuestras semillas.

Valledupar, 7 de junio del año 2005

El verdadero amor

En días pasados, me llegó por correo electrónico este mensaje. Quien me lo envió, me dijo que la parábola descrita en él, le hacía recordar la relación existente entre mi esposa y yo. Luego de acicalar la parábola, ahí va para solaz de algunos lectores:

Un famoso maestro se encontraba frente a un grupo de jóvenes que se oponían al matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con una relación cuando ésta se apaga, en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio.

El maestro les dijo que respetaba su opinión pero que, antes de seguir con la discusión, escucharan un relato que deseaba hacerles.

«Mis padres vivieron casados cincuenta y cinco años. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para preparar el desayuno de ambos, cuando sufrió un infarto y rodó por el suelo. Mi padre, como pudo, la levantó y, casi a rastras, la llevó al garaje, la subió  a la camioneta y a toda velocidad, rebasando a otros vehículos, sin respetar los semáforos ni los pares, la condujo al hospital. Cuando llegaron, por desgracia mi madre ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló, permaneció con la mirada perdida, casi sin derramar lágrimas, como si se encontrara en otra dimensión.

Esa noche, sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y de tristeza, recordamos hermosas anécdotas. Hubo un momento en el cual mi padre pidió a mi hermano teólogo que le explicara dónde estaría mamá en esos momentos. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó dónde y cómo podría estar ella. Mientras tanto, mi padre escuchaba con esmerada atención. De pronto dijo:

–Quiero que me lleven al cementerio.

–Pero papá –respondió mi hermano mayor– son las once de la noche. No podemos ir al cementerio a esta hora. Nadie nos abrirá.

Papá nos miró con mirada vidriosa y, alzando la voz, nos dijo:

–Por favor no discutan conmigo. No discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa durante cincuenta y cinco años.

Todos permanecimos callados. Se produjo un respetuoso silencio y, luego, decidimos acompañar a nuestro padre al cementerio. Llegamos pasada la media noche y después de explicarle al celador de qué se trataba, iluminando con una linterna el camino, nos condujo hasta la tumba de nuestra recién fallecida madre.

Mi padre acarició la lápida, rezó y luego nos dijo conmovido:

–Fueron cincuenta y cinco buenos años. Nadie puede hablar del verdadero amor, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así.

Hizo una pausa, se secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas y continuó:

–Ella y yo estuvimos juntos en los buenos y en los malos momentos. Cuando nació cada uno de ustedes, cuando surgió la crisis por la pérdida de mi empleo, cuando nos trasladamos de ciudad. Fuimos felices con los triunfos de ustedes, nuestros hijos. Lloramos juntos la pérdida de nuestros seres queridos, los de su familia y  los de la mía. Juntos rezamos en las salas de los hospitales cuando alguien cercano estaba enfermo. Nos apoyamos mutuamente  en las ocasiones dolorosas, nos abrazamos en cada Navidad y, también, nos perdonamos los errores.

Surgió una  nueva pausa, mientras mi padre enjugaba una lágrima.

–Hijos míos, ahora ella se ha ido y estoy contento. ¿Saben por qué? Porque se fue primero que yo y, así, no tuvo que vivir la agonía y el  dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi final partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera por mi culpa.

Cuando mi padre terminó, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado por las lágrimas. Lo abrazamos  y él nos reconfortó,  al decirnos:

–Todo está bien, hijos míos. Podemos irnos a casa.

Esa noche aprendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene mucho que ver con el erotismo. Más bien está vinculado con el respeto y el cariño que se tienen dos personas realmente comprometidas.»

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes alumnos no pudieron debatirle. Ese tipo de amor era algo que no conocían, ni jamás imaginaron que existiera.

Pues bien, al leer el mensaje del generoso amigo que me lo envió, recordé que, en varias ocasiones, he hablado al respecto con mi esposa y mi pensamiento es idéntico. Tanto que, con motivo de uno de sus cumpleaños, le escribí un poema, el cual remata con esa idea:

«Pero, aunque vivir sin ti sería un tormento,

yo prefiero sufrir tu ausencia y, en mi melancolía,

llorar tu partida con un dolor que, yo presiento,

habría de acrecentarse día tras día.

                        Mas no consentir que en mi partida llores,

                        pues tu padecimiento no lo puedo permitir;

                        por eso te pido que conmigo a Dios implores

                        jamás permita que, por mí, tú vayas a sufrir.»

Valledupar, 14 de junio del año 2005

Una lección de antimoral

Apartándonos de los temas políticos, los cuales dejamos de comentar hace algunas semanas, con el fin de dedicarnos a analizar, a través de parábolas, la conducta de los hijos para con sus padres y de éstos entre sí, hoy vamos comentar algo que, aunque tiene su origen en un programa de televisión o, tal vez, por lo mismo y aunque parezca banal, puede aumentar la confusión en los adolescentes y coadyuvar en el trastrueque de valores.

Entusiasmado por mi esposa, quien ha visto ese programa desde el principio y me narró lo sucedido hasta entonces, una noche decidí verlo. El tema, una novela, me gustó por lo bien logrado de las escenas, la impecable actuación de los miembros del elenco y, en general, los restantes aspectos artísticos de la obra. En beneficio de quienes la desconocen y con el permiso de los seguidores de esta novela, voy a permitirme tratar de hacer un resumen, que permite sacar conclusiones. Ahí va el tema.

Una familia de provincia, promediando el segundo cuarto del siglo XX, tiene que salir desplazada de su terruño por la inseguridad producto de la violencia política que azotó al país, desde el comienzo de la República hasta comienzos de los años sesenta. Llegan a Bogotá, padre, madre e hijo menor. Son asaltados y pierden lo poco que traen y el padre, presionado por las carencias económicas, termina haciendo parte del hampa de ese entonces.

El negocio se torna rentable y termina por convertirse en el modus vivendi de la familia y pasa, por herencia, de generación en generación. En la época actual, los jóvenes de la familia, son los tataranietos del fundador del clan, quien, en algún momento, había dejado como rehén a su único hijo, en poder del maleante que le financia, mientras cumple uno de sus primeros atracos.

En los actuales momentos, el clan es dirigido por Manuel Manrique y su hermano Tito, quienes están casados con Clemencia y Helena, también hermanas entre sí. Los primeros son los padres de Inés, Estela y Oscar y, los segundos  tienen una hija, Claudia, quien es novia de Pirro, hijo de Aquilino Camargo, socio en el hampa de los Manríquez.

Un buen día, Manuel y Tito deciden lavar su fortuna y entran en contacto con una familia arrocera de los Llanos Orientales, los Ruiz que, a su vez, se beneficiarán, pues podrán inyectar dinero a su empresa agrícola que está en la quiebra por malas cosechas y malos negocios. Para concretar la negociación, Tito viaja al Meta y, en general,  es bien recibido por los Ruiz. La mayor empatía la logra con Felipe, el menor de los hijos varones de  Casimiro Ruiz. Tito y Felipe viajan juntos a Bogotá a cerrar el trato con Manuel y Felipe se aloja en la casa de Tito. La atracción con Helena es inmediata y recíproca pero, en un comienzo, no pasa de allí.

Como quiera que Manuel no esté de acuerdo con uno de los puntos de la negociación, invita a la familia Ruiz a la finca que los Manríquez tienen en la sabana bogotana. La atracción entre Helena y Felipe aumenta y deriva en compromiso para terminar haciendo el amor, pasada la media noche, en la piscina de la finca. Clemencia observa la escena y se retira horrorizada, para recriminar al día siguiente, bien temprano, a su hermana que, a su vez, trata de hallarle justificación a su adulterio.

La pasión aumenta en la nueva pareja y deciden fugarse, lo cual hacen dos noches después, La sorpresa inicial da paso a la ira de Tito y al desconcierto del resto de los Manríquez y los Ruiz. La relación comercial se daña y los Ruiz regresan al Llano, donde encuentran a Tito y a Helena. Después de discutir y exponer razones y sinrazones, los Ruiz toman la decisión de apoyar a la nueva pareja y defenderla de una segura confrontación con los Manríquez, la cual falla por la ayuda que el señor feudal del Meta, un hampón de apellido Manosalva, le presta a los Ruiz, a cambio de cesión de tierras.

La acción continúa y, como se dijo al principio, desde el punto de vista artístico, fotografía, dirección, realización y demás, sigue impecable. Más aún, los valores axiológicos son bien tratados pues, aunque los Manríquez, Camargos y demás delincuentes viven sin ahogos económicos, la tranquilidad de conciencia ha huido de sus hogares.

No obstante (y esa es la razón de este análisis) hay una escena en la cual se trasmite un mensaje negativo, sobre todo para la juventud. Helena es embarazada por Felipe y decide abortar. Va con su nueva concuñada donde la bruja de cabecera de los Ruiz y ésta le practica el aborto y, cuando Helena le pregunta cuánto le debe, la bruja le responde (y he ahí el mensaje nocivo):

–No me debe nada. Usted hizo lo que debía hacer. Esta es la desgracia que cargamos las mujeres: la maternidad.

Si lo anterior no es una negación antinatural de todos los valores morales y éticos que hacen del ser humano un individuo diferente a los animales, entonces todas las enseñanzas recibidas han sido inútiles y de nada nos podremos vanagloriar. Más aún, las mismas bestias serían mejores que quienes así piensan.

Valledupar, 21 de junio del año 2005

El joven y el lápiz

Alguna  vez un amigo, lector asiduo de esta columna (según su propia confesión), me preguntaba a qué hacía referencia cuando usaba la alegoría de “los manuscritos de marras. “

Le conté que hace muchos años, al escribir mi primer cuento, el cual narra la historia de un hombre que muere de amor, me apoyé en una idea que se me ocurrió en el momento: un individuo (quien cuenta la historia), adquiere en un remate una casa amoblada y en buen estado, sólo que algo abandonada por la muerte de su antiguo dueño. Al revisar la biblioteca, el lugar más acogedor de la casa recién adquirida, el narrador encuentra unos manuscritos que contienen ensayos, cuentos, poemas y un diario. Este último le llama la atención, lo lee y es atrapado por la trama y, entonces, decide usarlo como tema de una historia, que no es otra que la del difunto antiguo dueño de la casa que, como se dijo antes, muere de nostalgia al perder a la mujer amada.

Pues bien, ese es el origen de la metáfora sobre los manuscritos, a la cual acudo en ocasiones y que me ha socorrido en más de una vez.

La siguiente narración es tomada, de manera figurada, de los “manuscritos de marras”:

“Un joven próximo a la adolescencia observaba a su abuelo quien escribía algo en una hoja de papel. De pronto,  le preguntó:

–¿Abuelo, estás escribiendo una historia sobre nosotros dos? ¿O es, por casualidad, una historia sobre mí? ¿O sobre mi abuelita?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:

–Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, quiero que, en este momento, no consideres tan importante lo que escribo; sino más bien quiero hablarte del lápiz que estoy usando. Me gustaría que me pusieras atención para que algún día, cuando crezcas, pudieras llegar a ser como el lápiz.

El nieto intrigado miró, primero al abuelo y luego el lápiz y no vio nada de especial en él, y preguntó:

–Abuelo, ¿qué tiene de particular ese lápiz?

El abuelo le respondió:

–Todo depende del modo como mires las cosas. Hay en el lápiz cinco cualidades que, si las consigues y las mantienes, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.

Como la mirada de sorpresa no desaparecía de la cara de su nieto, el abuelo continuó:

–Primera cualidad. Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a Su voluntad y no depende de ti cambiar el rumbo. Más aún, no te conviene hacerlo.

–Segunda cualidad. De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado y te permitirá escribir mejor y con mayor nitidez. Por tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán crecer como persona.

–Tercera cualidad. El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que consideramos que está mal. Debes de saber que corregir algo que hemos hecho, no es necesariamente algo malo; sino algo importante que nos permite mantenernos en el camino de la justicia.

–Cuarta cualidad. Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior; sino el grafito que hay dentro. Por consiguiente, cuida siempre de lo que pueda suceder en tu interior y, por eso, mantén lo bueno y desecha lo malo.

–Quinta cualidad. El lápiz siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción que realices.

Al terminar, el joven sonreía complacido y el abuelo lo atrajo hacia sí y, ambos, se fundieron en un fuerte y cariñoso abrazo.

Valledupar, 28 de junio del año 2005

La anciana y el joven

El sol caía, inundando con su luz las montañas y el valle que circundaban. Un joven  caminaba junto a una anciana en dirección al molino donde ésta acostumbraba llevar el maíz que cosechaba en su pequeña granja. La anciana y el joven iban conversando sobre la vida. De pronto, el joven preguntó a la anciana:

–¿Qué es lo que más te gusta de la vida?

La viejecita estaba embelesada con lo hermoso que era el ocaso esa tarde.

–Los atardeceres – respondió sin titubear.

El joven, asombrado, preguntó:

–¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas.

Y reafirmándose, exclamó:

–¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres.

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de mazorcas que sus arrugadas manos llevaban y, alzando la vista hacia el joven, le dijo:

–Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.

–¿Cosas de ti misma? – inquirió el joven. No sabía a qué se refería la viejecita con aquella frase.

–Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres. ¡Mira!

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo. El joven guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.

La anciana aprovechó el embeleso del joven y agregó:

–La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo, que viene a ser nuestra historia, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

Al notar un dejo de tristeza en la cara del joven, añadió, tomándolo de los hombros y haciéndolo girar para mirarlo de frente a los ojos:

–Sin embargo, cuando llega la aurora y con ella comienza un nuevo día, busca un momento de paz para entrar en contacto con tu alma. Profundiza en ti mismo, hasta donde ella mora y escúchala.

–Capta su vibración, la más bella melodía que interpreta el alma. Allí en lo profundo de ti mismo sólo existen voluntad, amor y sabiduría. Allí sólo encontrarás lo bueno y lo perfecto, y eso es lo que eres en realidad.

–Toma lo mejor de lo que allí palpita, lo mejor de ti mismo y vuelve para empezar con todo esto un nuevo día. Entonces serán buenos los frutos que cosecharás cada día pues llevarán la savia pura de tu mejor esencia.

–Por eso, busca en cada día las cosas buenas que atesora tu espíritu, ahí en lo más profundo de ti mismo y sazona con ellas tus frutos y vive cada día como el mejor de tu vida. Más aún, como si ese día fuera a ser el último día de tu vida.

–Concentra todas tus energías en vivir intensamente esas pocas horas que tienes por delante, desde la aurora que te despierta hasta el descanso reparador de la noche.

–Olvida el ayer y deja el mañana para cuando llegue su momento. Olvida tus errores pero ten presente la experiencia que de ellos surja y, sobre todo, evita repetirlos.

–Y si vas a recordar, recuerda sólo cosas buenas, es de necios llevar a cuestas la carga del ayer. Vive plenamente este día, porque el hoy es un don maravilloso que tienes y porque la vida es un eterno presente.

–Sonríe cada mañana porque Dios se ha despertado antes que tú y ha colgado el sol en tu ventana.

–Por esa, vive agradecido con Él y la mejor forma de demostrarlo es conduciendo tu vida de acuerdo a Sus Mandamientos y Su Evangelio. Así, cuando llegue el ocaso de tu vida, notarás que has sido feliz y podrás disfrutar mejor de las riquezas espirituales que lograste atesorar

Valledupar, 5 de julio del año 2005

¿Podrá haber reelección?

Hagamos un alto en las reflexiones espirituales, para hacer una de tipo aparentemente político, pero que, en realidad, es de naturaleza social y económica.

Ahora, cuando ya se acerca la hora de que la Corte Constitucional emita el fallo sobre la reelección inmediata en cabeza de Uribe, es bueno detenerse un instante para hacer un análisis al respecto. Pues, en caso de declarar la Corte Constitucional exequible el respectivo proyecto de Ley, solamente el pueblo colombiano podrá evitar que tengamos otros cuatro años de lo mismo, con el riesgo adicional de que, cuando se esté iniciando el segundo cuatrienio, a los amigos de Uribe, deseosos de perpetuarse en el ordeño de la ubre estatal -y a él mismo para poder tapar su oscuro pasado-, se les dé por ampliar El Dorado y promuevan una segunda reelección.

Ahora bien, ¿qué es eso de cuatro años de lo mismo? Ya vamos a aclarar.

En los treinta y cinco meses del actual régimen, el precio de la gasolina ha subido otras tantas veces. En un país, en donde el Estado acabó con el transporte fluvial y el transporte férreo, todo se acarrea por carretera, desde una puntilla hasta un carro, pasando por los elementos de la canasta familiar, el vestuario, los libros, los útiles escolares, etc. Entonces, es natural que cada vez que suba el precio de la gasolina, también suban  los fletes y, por supuesto, ese incremento lo absorbe el consumidor final (usted, yo, el vecino, el ama de casa, etc.) Entonces, ¿el pueblo colombiano se favorece con el alza en el precio de la gasolina?

Durante los tres años del régimen ha habido tres, cuatro o cinco reformas tributarias, que han aumentado los impuestos, han acrecentado el IVA, al ampliar la base y subir los puntos porcentuales y eso, ha aumentado el costo de vida del colombiano medio (cuarenta y tres millones novecientos mil compatriotas); pues, es bien sabido que el consumidor final de bienes y servicios (usted, yo, el vecino, el ama de casa, etc.) termina pagando los impuestos, empresariales y personales, de los productores y distribuidores de esos bienes y servicios.

La reforma laboral, bandera del régimen, alargó la jornada diurna hasta las diez de la noche, con lo cual disminuyó sustancialmente la posibilidad de que el trabajador que gana uno, dos o tres salarios mínimos, pueda incrementar sus ya exiguos ingresos con el trabajo suplementario; logrando, así, que el trabajador raso ya ni siquiera logre sobreaguar en esta economía cada vez más maltrecha.

La reforma pensional, otra de las banderas del régimen, quitó la mesada catorce (prima de navidad) a los pensionados; individuos estos que durante treinta, cuarenta o más años, ahorraron en el Fondo de Pensiones del ISS, para tener una  vejez si no decorosa, al menos pasable.

La seguridad democrática, la bandera más vendida por el régimen, ha servido para que la clase dominante duerma tranquila. Pero, ¿le ha servido al pueblo raso? ¿O es que en Caldono, Caloto, Bojayá, La Gabarra (sin mencionar Guatarilla y Cajamarca y tantos otros lugares de la geografía nacional), no murieron solamente campesinos  e indígenas?

Dejando de lado los aspectos jurídicos de la Ley de Justicia y Paz, para mirar solamente sus repercusiones sociales y económicas, ¿es justo que a un reinsertado se le dé algo así como $19.000.000al año y a su víctima, el desplazado, solamente se le entreguen $900.000 durante el mismo lapso?

¿Es justo que el proyecto de Ley sobre la reelección se haya aprobado gracias a mayorías parlamentarias obtenidas a cambio de prebendas y cargos en el servicio diplomático?

Si con todos estos lunares (por llamarlos de alguna manera decente), Uribe es reelegido, entonces es cierto el axioma histórico: “…todo pueblo merece los gobernantes que tiene…”

Valledupar, 12 de julio del año 2005

Una lección de circunspección

La circunspección es la debida prudencia ante las circunstancias. Es la mesura con la cual se deben recibir y aceptar las situaciones cotidianas.

Los ingleses son los maestros de la circunspección. Su actitud flemática es proverbial en el mundo civilizado, no obstante los amigos de la alharaca no lo piensen así. Por eso, algunos medios colombianos de comunicación, amigos del aspaviento y del amarillismo, quedaron sorprendidos ante la sobriedad londinense, como respuesta a las explosiones ocurridas en la City (como cariñosamente llaman ellos el centro de su ciudad), ocurridas la semana pasada y en la que perdieron la vida un poco más de medio centenar de personas y muchas, muchas más, quedaron heridas.

Acostumbrados los medios de comunicación colombianos ( y el público también) a sobredimensionar las noticias, a explotar el escándalo, porque lo preponderante es poder captar la atención del oyente, el lector o el televidente, sin importar las personas involucradas en la noticia, ni la crueldad y crudeza de las escenas narradas o filmadas y, mucho menos, el dolor de los deudos de las víctimas, les pareció, a algunos de nuestros medios, demasiado imperturbable la actitud de los británicos, quienes se limitaron a dar la noticia sin entrar en detalles dantescos, muy comunes en el trópico, rayanos con el morbo e hirientes al decoro, reñidos además con las buenas costumbres. Tan extraño les pareció a algunos esta actitud que, en un canal  de nuestra televisión, un personaje dijo: –“Es el colmo de la tranquilidad y de la flema”. Más aún, no entendieron algunos, cómo los canales de la televisión londinense continuaran, más adelante, con su programación habitual, dejando reposar a los difuntos y a los vivos encargarse de sus muertos. Y mucho menos, entendieron la calma y la presencia de ánimo con la cual la gente desalojó la escena de los infaustos sucesos; quedando muchos, como el personaje citado antes, con el deseo insano de ver detalles de los destrozos humanos y materiales de la explosión o a los familiares de las víctimas, mesándose los cabellos en un arranque de desesperación y dolor.

Aquellos reporteros colombianos que, en tragedias nacionales, se han solazado con los hechos fatales y terminan metiendo literalmente el micrófono en la cara de la viuda o de los huérfanos de alguien que acaba de fallecer, víctima de un ataque guerrillero o ha sido aserrado en una masacre paramilitar o ha terminado sus días dado de baja por error a manos de una patrulla del ejército, esos reporteros, repito, deben aprender de la mesura, del decoro, de la elegancia de sus colegas británicos. Hay que aprender a respetar la dignidad de los muertos, hay que saber tener consideración con sus familiares, para quienes la tragedia que viven en ese instante es más que suficiente, como para tener que ventilar, además, en público su pena y su dolor.

Claro está que es tanto lo que distan el talante y la idiosincrasia de un inglés de las de un habitante del trópico, amén de que en Inglaterra el gobierno no necesita hacer propaganda con base en las tragedias suscitadas por el enemigo, como quiera que cumple con la misión para la cual fue creado y, por eso, no requiere de adhesiones fruto de la tragedia. Adhesiones a las cuales son muy dados los medios de comunicación afectos al régimen de turno.

Todo esto, sin perder de vista que, de todas maneras, las buenas costumbres riñen con cualquier proceder fuera de tono y la gente sensata ve con malos ojos algo que, por decir lo menos, es de mala educación.

Valledupar, 19 de julio del año 2005

Se vende

Luego de la formación de la República, fueron establecidas las fronteras de la novel nación. La teoría del “utis posidetis juris” resolvió la situación al tomar como tales los límites de las antiguas posesiones españolas.

En el caso de la Gran Colombia, las fronteras del Virreinato de la Nueva Granada, la Capitanía de Venezuela y la Audiencia de Quito, fueron tomadas como referencia para tal efecto. Al disolverse la Gran Colombia, después del fracaso y el desencanto de Bolívar, como producto de la ambición y la miopía política de la mayoría de quienes lo acompañaron en la gesta libertaria, los tres Estados que la habían conformado, retomaron sus primigenios límites. Sin embargo, con el paso del tiempo, en tanto que en Venezuela y Ecuador los mandatarios han procurado salvaguardar su territorio, en Colombia diferentes gobiernos han terminado por vender, regalar o dejar perder grandes extensiones de la original geografía nacional.

En 1830 la frontera con Perú la marcaba el norte del río Marañón, ese que más adelante confluye para ayudar a formar el Amazonas. No obstante, durante el Siglo XIX, la extensa franja de tierra comprendida entre los ríos Marañón y Putumayo fue cedida, no se sabe cómo, al Perú.

En el Siglo XX le tocó al Norte del país contribuir al desgaste de nuestra geografía: en 1903 se perdió a Panamá y en 1940 se le vendió a Venezuela la franja nororiental de la Península de la Guajira. Durante la segunda mitad del siglo pasado, la venta le tocó a la soberanía nacional. Poco a poco, se le ha ido cediendo a Estados Unidos. Hoy en día, hay bases militares estadounidenses en gran parte de la geografía colombiana: al Norte, al Sur, al Oriente y al Occidente. Eso, sin olvidar cómo, cada vez que quiere, el Departamento de Estado mete las narices en los asuntos internos de Colombia.

Ahora, en los comienzos del Siglo XXI, el turno de ser vendida le ha tocado a la economía. En el 2002, el Grupo Prisa compró a Caracol Radio. En el 2004, Germán Efromovich se alzó con Avianca y, este año, Philips Morris, Maverick y Sabmiller, han comprado a Coltabaco, a Tubos del Caribe y a Bavaria, respectivamente.

Cada una de estas ventas le significa a la nación más empobrecimiento por la pérdida de divisas, pues sus nuevos dueños, empresas extranjeras todas ellas, exportan sus utilidades a sus países de origen y, en ningún caso, como falazmente lo dice Uribe, esas ventas pueden ser garantía de generación de empleo, pues lo uno no tiene nada que ver con lo otro. En cambio, el país nacional sí puede quedarse viendo un chispero, al percibir como las fuentes de empleo y de divisas se van para el exterior.

También le miente Uribe al país cuando, alegremente, dice que esas ventas significan confianza de los inversionistas extranjeros en la economía nacional. Más bien, esas ventas, representan desconfianza de los inversionistas nacionales en dicha economía.

Además, ya Sabmiller anunció que sacará, del mercado nacional de valores, las acciones de la recién adquirida Bavaria, con lo cual le propina un duro golpe (¡otro!) a nuestra economía.

Y eso que no hemos hablado de las privatizaciones. Esa es harina de otro costal, más duro aún de sobrellevar. Lo que ellas le han significado, en desempleo y empobrecimiento a Colombia, es materia de verdaderos tratados.

Como si lo anterior fuera poco, el Estado colombiano en cabeza del presidente, el ministro de hacienda y los miembros de la Junta directiva del Banco de la República, desde hace muchos años, treinta tal vez, han hecho hasta lo indecible para evitar la devaluación del dólar, con lo cual se ha envilecido más aún nuestra moneda.

Por todo esto, no es descabellado decir que Colombia está en venta.

Valledupar, 26 de julio del año 2005

Los sabores de la vida

La naturaleza está llena de sabores; sabores que van desde lo más sápido hasta lo absolutamente soso; en una gama que cubre lo dulce, lo amargo, lo ácido, lo salado, hasta llegar al otro extremo donde se encuentra lo simple, lo carente de sabor. El buen Dios, en Su infinita sabiduría y en Su infinita bondad, dotó a los seres vivos y animados, de la capacidad de percibir e interpretar esos sabores.

De acuerdo al eminente neurólogo colombiano, Rodolfo Llinás, esta capacidad es adquirida de manera congénita y viene en los patrones de acción fija (PAF) del sistema nervioso, que se transmiten de generación en generación. Más aún, el ser humano, gracias a su capacidad de raciocinio, puede discernir mejor los sabores, hasta el punto de poder catalogarlos y clasificarlos en sus diversas escalas naturales, para uso de toda la humanidad. Pues bien, ésta dentro de su inmensa capacidad para razonar, de manera figurada ha equiparado los sabores de la naturaleza con los estados de ánimo por los que puede pasar cada ser humano. Así, a la felicidad se la iguala con el dulce de la miel, a la tristeza con el amargo de la hiel, a la intriga con el ácido del limón, a la mala suerte con la sal de los mares y hasta la abulia y la indiferencia se les encuentran equivalentes en los sabores simples de la naturaleza.

Sin embargo, y teniendo en cuenta que el hombre va en busca de la felicidad (único estado de ánimo positivo, entre los ya mencionados, pues los otros, tristeza, intriga, mala suerte e indiferencia, son negativos), el hombre, repito, en su búsqueda de la felicidad, en ocasiones cree que todo debe de ser miel sobre hojuelas y, por tanto, no acepta o no está preparado para aceptar los tropiezos que trae la vida y, cuando llegan los momentos de tristeza o de fracaso, sufre más de lo debido.

Mas, si ha logrado aprender que no todo es dulce en la vida; sino que ella está compuesta de éxitos y fracasos, de alegrías y dolores, de avances y retrocesos y toda la variedad de placeres y de sinsabores que conforman la existencia del ser humano, entonces, cuando comprende que no siempre las cosas han de salir como se las esperaba, acepta los contratiempos y disfruta de los triunfos que le da la vida. Por eso, cuando el individuo se ha preparado así, tiene más posibilidades de ser feliz, pues, las desgracias que la vida le depara, no alcanzan a derrumbarlo, ni los logros alcanzados lo deslumbran y, entonces, administra mejor, tanto los éxitos como los fracasos, de igual manera, las tristezas que las alegrías, los desengaños que los alborozos.

Ahora bien, quienes creemos en Dios y, por lo mismo, en una existencia que trasciende la vida mortal, tenemos una fuente adicional que lleva al beneplácito, pues, esa creencia en el Todopoderoso, nos permite aceptar de mejor manera lo amargo de la vida y nos hace humildes ante la dulzura de la felicidad y, así, ningún contratiempo, por desventurado que sea, es capaz de disminuir en nosotros la fe, la esperanza y el amor en Él.

Si vivimos así sabremos que, lo que cada día nos depare la vida, ya es suficiente como para ser felices, si ello  es motivo de alegría, o para no dejarnos amilanar, si lo acaecido es motivo de tristeza. Pues, no sabemos si el día siguiente habrá de llegar. Si es así, para qué afanarnos por lo que no sabemos si ocurrirá y, en caso contrario, ya veremos qué nos habrá de traer el nuevo día.

Dentro de este orden de ideas, vive cada día como si fuera a ser el último y, por eso, trata bien a tus semejantes y a la naturaleza, no ofendas a Dios y no dejes resquemores en tus seres queridos, pues no sabes si volverás a verlos o ellos tendrán oportunidad de volver a verte. Nunca salgas de tu casa ni de tu lugar de trabajo, sin despedirte de quienes comparten contigo la vida.

Recibe cada día con placer y bendice a Dios por el que terminó.

Valledupar, 2 de agosto del año 2005

En boca cerrada, no entran moscas

Las comunidades indígenas en Colombia son, en su mayoría, comunidades de paz. Sus integrantes han querido, por lo mismo, resguardarse de la violencia que asuela al país. Para lograrlo, han tenido que guardar neutralidad ante el conflicto armado que vivimos.

Y están en su derecho; al fin y al cabo, ellos no lo han provocado, mucho menos tienen porqué alimentarlo y, menos aún, sufrirlo.

Sin embargo, siguen siendo víctimas de la violencia desatada por la intolerancia y la codicia de quienes poseen las armas. La lucha tripartita (Estado, guerrilla y paramilitares) termina por convertir a las comunidades indígenas en blanco de sus ataques. Cuando no es la guerrilla, son los paramilitares quienes se ensañan con los indígenas. Sin faltar las ocasiones en las que el Ejército o la Policía los hacen víctimas de las injusticias y de la misma violencia.

No obstante, ellos insisten en su actitud pacífica. Casi, a semejanza de Cristo, ponen la otra mejilla. Pero hay momentos en los cuales el ser humano se cansa de ser atropellado y de recibir golpes. Sobre todo, si el origen único de esta situación es la injusticia.

Es bien sabido que si una comunidad (indígena o no), es señalada por ser simpatizante del Estado o del paramilitarismo (para el caso, es igual), se convierte en objetivo militar de la guerrilla. De la misma manera, se hace blanco del Estado o del paramilitarismo (para el caso, también es igual), si los supuestos auxiliados son los guerrilleros. Y, de todas maneras, viven entre la espada y la pared.

Entonces, si eso es así y toda Colombia lo sabe, ¿qué necesidad hay de colocarle una lápida a una comunidad indígena por haber querido permanecer neutral ante el conflicto armado colombiano? (Conflicto que existe en la realidad, así el actual régimen lo niegue y prohíba hablar del mismo.)

Por lo anterior, el General Hernando Pérez Molina, Comandante de la III Brigada del Ejército, sita en el Sur del país, ha cometido una imprudencia, por decir lo menos, al señalar a los paeces, como simpatizantes de la guerrilla, con lo que los condena a una eventual masacre. Además, el mencionado general, posa de soberbio y altanero, cuando se niega a ir donde ellos a explicarles porqué dijo lo que dijo o, mejor aún, a rectificar lo dicho. Es probable que lo que dijo, lo hiciera en un momento de confusión producida, acaso, por la ira y el intenso dolor. Pero eso, no lo excusa de retractarse al saber que se fue de la lengua.

A veces, se necesita valor para decir las cosas. Pero, indudablemente, siempre se requerirá de mucho más valor y una buena dosis de gallardía, para reconocer la comisión de los errores.

Valledupar, 9 de agosto del año 2005

Al oído del Alcalde de Valledupar

Emiro y Nancy llegaron a Valledupar hace muchos años; él, desde Ocaña, hace casi treinta; ella, proveniente de Aguachica, un poco más de veinte. Aquí se conocieron, aquí formaron su hogar, aquí nacieron sus hijos.

Él, hasta hace cuatro años, trabajaba en una buena empresa; todo iba bien, habían logrado conseguir una pequeña casa en un modesto barrio al noroccidente de la ciudad, sus hijos iban al colegio, la vida parecía sonreírles a Emiro, a Nancy y a su pequeña familia.

Hasta que una mal día, el patrón de Emiro resolvió reorganizar la empresa y, so pretexto de reducir costos, despidió a varios empleados; entre éstos, estaba Emiro; quien, tomó su liquidación y, en vista de la poca oferta de empleo en Valledupar y, además, ante el temor de que se esfumaran los pocos ahorros que quedaban, decidieron montar, en la esquina noroccidental de la glorieta de “El pedazo de acordeón”, un puesto para la venta de tintos y jugos, los que empezaron a ofrecer a sus eventuales clientes, caminantes y atletas, que diariamente hacen ejercicio en el sector. Allí, satisfacen a su clientela, la cual ha ido aumentando, gracias a la gentileza de Nancy y a la bonhomía de Emiro. Cliente que llega por vez primera, se vuelve asiduo cuando degusta un delicioso tinto o un exquisito jugo de naranja preparados por ellos. El negocio, aunque significa sacrificios (madrugada diaria, transporte de termos, naranjas y demás implementos), representa la única entrada financiera al hogar de Nancy y Emiro; gracias a la cual sus hijos están estudiando con el fin de prepararse y, así, ayudar a sus padres a mejorar sus condiciones de vida.

Mas, un aciago día, se presentó ante ellos una funcionaria de la Alcaldía Municipal y, aduciendo la limpieza del espacio público, les ordenó desalojar, no obstante ellos no estuvieran invadiendo ningún espacio público, ya que, al fin y al cabo, su pequeño negocio funciona en lo que sería la zona verde frontal de la casaquinta situada en la esquina mencionada, cuya dueña gentilmente les permitió utilizar.

La tristeza ha dado paso a la desesperación. Emiro y Nancy están abocados a quedar sin una fuente legal de ingresos que les permita seguir sobreaguando en esta vida. Si la decisión de la funcionaria de la Alcaldía de Valledupar se cumple, ellos, que hacen parte de ese inmenso número de colombianos que viven de la economía informal pero que, gracias a ella, logran sobrevivir dentro de ese panorama de pobreza en el que los gobernantes han convertido a Colombia, quedarán sin un medio, no muy lucrativo pero sí lícito y honesto, para poder seguir sosteniendo su hogar, donde aún hay niños pequeños.

Por eso, Señor Alcalde, no permita que esta injusticia ocurra. La permanencia del pequeño negocio de Emiro y Nancy, situado en la esquina de la glorieta de “El pedazo de acordeón”, no perjudica a nadie y sí presta un servicio a un grupo de personas de la comunidad y, lo más importante, permite que una familia pobre derive ingresos que les permiten sobrevivir de una manera honrada y honesta. Autoríceles, por favor, el uso del espacio mencionado y evite, así, un mal mayor a una familia pobre. En nombre de Emiro y Nancy y de todos sus clientes, gracias por su comprensión. Dios le premiará.

Valledupar, 23 de agosto del año 2005

¿Iraq en América?

América, el continente donde arribara Colón hace cinco centurias, recibió su nombre en honor a Américo Vespucio, quien definiera sus contornos por vez primera. El nombre fue dado en forma integral a todo el continente, desde Patagonia hasta Alaska.

Sin embargo, los estadounidenses se lo apropiaron de manera descarada y, así, los únicos americanos son ellos; el resto somos los hispanos o los latinos. Y a fe que han logrado imponer su parecer (cosa no muy rara en ellos, que han logrado convertir en colonia suya a medio mundo) y lo han hecho de tal manera que, somos muy pocos los que nos referimos a ellos con su verdadero gentilicio, ya que la mayoría, al mencionarlos, les dice “los americanos”.

Pero ese es el mal menor; como también lo es la pérdida de identidad cultural de esa misma mayoría que cree que gringo y americano son sinónimos y, de paso, acepta su condición de vasallaje.

Lo grave del asunto estriba en el afán desmedido de Estados Unidos por apoderarse de todo aquello que codician, y la forma pasiva que tiene el sojuzgado para aceptarlo. Durante el siglo pasado se tomaron, entre otras cosas, Panamá y las Islas del Pacífico Sur, colonizaron cultural, económica y políticamente al mundo de habla hispana.

Siempre han tenido los ojos (y la codicia) puestos en el pulmón de América, vale decir, la mayor fuente de biodiversidad del mundo: la Cuenca Amazónica. Para ello, ya han logrado establecer allí, bases militares, utilizando el territorio colombiano. Nuestro carbón lo han explotado a su entera satisfacción, al igual que otras riquezas naturales, incluido el petróleo.

El emporio  bananero que fueran, durante casi toda la primera mitad del Siglo XX, Urabá y la zona del Alto Magdalena, fueron fuente exclusiva de riqueza para la United Fruit Company, que sólo dejó miseria, desolación y muerte para los habitantes de esos dos lugares. Hoy, esas dos regiones, no han logrado superar esa maldición y continúan sumergidas en la pobreza. Los colombianos no contaminados por el coloniaje gringo, no hemos podido olvidar la matanza de las bananeras, como tampoco podemos dejar pasar de lado las consecuencias que, en materia de orden público, sufren aún sus actuales moradores.

Como los sucesivos gobiernos colombianos (desde 1830 hasta nuestros días) han sido sumisos con el Imperio, los gringos han podido entrar a saco a nuestras riquezas y a nuestra soberanía, sin que se conturbe el ánimo del conquistador ni se resienta el vasallo. Pero como en otras latitudes, el pueblo se ha volcado a las calles a protestar contra la entrega a la Metrópoli y, algunos gobernantes, de alguna manera, se han parado en la raya, entonces esas naciones se han puesto en el ojo del huracán.

La salida en falso del Pastor Pat Robertson, al pedir la cabeza de Hugo Chávez, puede ser el preludio de una acción muy probable: la invasión de Estados Unidos a Venezuela, so pretexto de liberar a su pueblo del tirano. Bush no necesita muchas excusas para entrometerse donde nadie lo ha llamado y, socapa de liberar a los pueblos oprimidos, invadir el país que sea, para luego quedarse con sus riquezas. En este caso, el petróleo, tan codiciado por ese individuo. Así ocurrió en Iraq y, antes, había ocurrido en Afganistán.

El desplome que sufrió Iraq y el caos que vive actualmente, más los centenares de miles de muertes ocurridas allí, sólo son producto de la codicia de Bush (a ese señor no le va a alcanzar la eternidad, para purgar sus crímenes).

Volviendo a América, si los deseos del Sr. Robertson se hacen realidad, no obstante las palabras poco convincentes del Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sería la hecatombe para esta parte del hemisferio, incluida Colombia, no sólo por la vecindad de los dos países; sino también por los centenares de miles de colombianos que residen en Venezuela.

Ahora bien, si Hugo Chávez no es el gobernante ideal para su país, son sus compatriotas quienes deben decidir su suerte ¿Acaso, no es eso lo que significa la libre determinación de los pueblos?

De todas maneras, pidamos al Dios de América (toda ella) que se apiade de nosotros. ¡Qué proféticas las palabras del Libertador, Simón Bolívar: “…esos señores, los del norte del  Río Grande, parecen estar predestinados por la Divina Providencia, a convertirse en el azote de estas naciones del Sur…”!

Valledupar, 30 de agosto del año 2005

Oración por la paz en un hogar

Hay un hogar, ¡Oh Señor!, en cuyo seno hay tristeza, hay dolor, hay angustia. Es un hogar que Tú amas, pero en donde no Te aman con toda la intensidad del amor que Tú mereces. Si Tú reinaras en ese hogar, como sus moradores reinan en Tu corazón, allí no habría tantos pesares, ni tantas lágrimas, ni tantas amarguras. Por no estar Tú en sus corazones, el amor de ayer ya no es el mismo de hoy y, de seguir así, mañana puede desaparecer.

Y donde se esfuma el amor, desaparecen el respeto, la comprensión, la armonía; pero por sobre todo, se pierde la humildad y brota la soberbia.

La humildad tan necesaria para aceptar los errores (los propios, pero también los ajenos); la humildad, indispensable para perdonar las injurias recibidas; la humildad, imprescindible para soportar las flaquezas y las debilidades de los seres queridos; la humildad, ineludible para pedir perdón.

La humildad que da comprensión para entender la fragilidad humana; comprensión para que los padres entiendan a sus hijos; pero, principalmente, comprensión para que éstos entiendan que la preocupación de sus padres radica en la felicidad y el bienestar de sus hijos.

Humildad para que, cuando se presenten las fricciones (Tú sabes, Señor, que en todos los hogares las hay), no se traspase la línea del respeto de los padres para con sus hijos; pero, sobre todo, que los hijos jamás irrespeten a sus padres.

Humildad para entender que las personas somos transeúntes de la vida y, por lo mismo, el futuro es incierto. Hoy se está, mañana, no se sabe. Y, por eso, hay que evitar sembrar de espinas el camino que, de por sí, ya está lleno de abrojos.

Por eso, Señor, has entender a los miembros de ese hogar tan querido, que cada día debe vivirse como si fuera a ser el último de todos. Para que, así se amen, se comprendan, se toleren. Para que, cuando alguno de sus miembros falte, no haya remordimientos, ni amarguras tardías y, por el contrario, cuando llegue ese aciago día, se pueda aceptar Tu voluntad y el recuerdo del ausente, sea menos doloroso y, sí, más reconfortante, hasta volverse, con el paso de los años, en algo realmente placentero.

Y que, quienes hayan transgredido la armonía, en razón de las faltas de respeto, escuchen, como Saulo en el camino de Damasco, Tu voz y alcen la cara y, con el corazón contrito y lleno de humildad, tengan el valor de reconocer su error y la entereza de alma suficiente para pedir perdón; pero que, también, quienes hayan recibido las ofensas, no vayan a ser inferiores y, con el corazón rebosante de amor y los brazos abiertos, se acojan mutuamente en el más espontáneo y cariñoso abrazo, preludio y colofón del más sincero amor.

Señor, toca el corazón de estos seres tan queridos y has que, a partir de hoy, en ese hogar reines Tú y, de esa manera, reinen la paz, la armonía, la comprensión, el respeto mutuo, la tolerancia; es decir, haya amor, y en abundancia. Así sea.

Valledupar, 6 de septiembre del año 2005

Las iras de la Naturaleza

A raíz de los desastres ocasionados por el huracán Catrina, sobre todo en el Estado de Luisiana, específicamente en Nueva Orleáns, alguien me decía:

–¿Por qué Dios permite que eso ocurra?

–No metas a Dios en esto, le contesté. –Esto es producto de la depredación y la irresponsabilidad de la humanidad, especialmente las de los países industrializados. Pues esta profusión de desastres naturales, es el resultado del recalentamiento global, producto del debilitamiento de la capa de ozono, debido a las explosiones nucleares y al vertimiento de sustancias químicas en la atmósfera, entre otras cosas. También la tala de bosques, el deterioro de las corrientes de agua, como vertederos de desechos fabriles, etc., han contribuido al desequilibrio de las fuerzas de la Naturaleza en los últimos tiempos.

–Pero, ¿por qué siempre son los pobres de cada región afectada por este tipo de desastres, los más damnificados?, insistió mi interlocutor.

–Te voy a explicar, le respondí.

Cuando ocurren asentamientos de seres humanos, los fundadores del lugar, por obvias razones, eligen las mejores tierras, las cuales reservan para sí mismos y sus descendientes. Allí construyen las primeras viviendas y, a su alrededor, se va formando el poblado.

Siguen llegando colonos, quienes compran los terrenos adyacentes a lo que será la plaza mayor del pueblo. Cuando, con el paso del tiempo, llegan los desplazados (siempre los ha habido y los seguirá habiendo), ya las tierras buenas tienen dueño. Más aún, los terrenos baldíos han sido adquiridos, por la municipalidad (ya formada para entonces), a los fundadores o a sus descendientes. Entonces, los pobres solamente pueden invadir las tierras más riesgosas, las que nadie quiere: las situadas a las orillas de los ríos, las que están en las laderas de las montañas, las cercanas a los volcanes, etc.

Por eso, cuando la Naturaleza desata sus furias (muchas veces acuciada por la irresponsabilidad humana) y los ríos se desbordan, las montañas se resquebrajan y se vienen abajo o la lava de los volcanes cubre grandes extensiones de tierra, los primeros y más perjudicados son aquellos que habitan obligadamente en las cercanías de las fuentes de desastres, o sea, los pobres.

Entonces, ¿ves cómo Dios no tiene nada que ver con todo esto?

Sin embargo, en estas situaciones hay más. En el caso de Nueva Orleáns, los barrios pobres quedaron situados más abajo que el nivel de las aguas del río Misisipí y el  dique de contención debía haber sido concluido hace tiempo. No obstante, el Gobierno Central prefirió gastar el dinero en la guerra (¿ves qué mal ejemplo para las repúblicas bananeras  como Colombia?) y se desentendió del problema de los pobres de Nueva Orleáns. Peor aún, cuando reaccionó, lo primero que hizo Bush fue llamar a soldados situados en Irak, para que vinieran a cuidar las propiedades de los ricos de Nueva Orleáns, con el fin de evitar el saqueo por parte de los habitantes negros de la ciudad (la mayoría de la población de Nueva Orleáns es negra y pobre).

Un medio de comunicación adepto a Bush, mostró de la siguiente manera dos escenas análogas: en ambas, se ven personas con el agua a la cintura transportando bultos por encima de su cabeza. La escena donde los integrantes son negros, tiene el siguiente pie de foto: “Negros saqueando”. La de los blancos, reza: “Hombres en procura de alimentos”.

A la fecha no se han podido rescatar todos los cadáveres; los entendidos dicen que los muertos pueden sobrepasar el número de 10,000. Los damnificados pueden ser centenares de miles. Por supuesto, la mayoría, en uno y otro caso, pobres y negros.

A pesar de todo esto, la arrogancia y el sectarismo de Bush no le permitieron aceptar las ayudas venezolana y cubana. Su prepotente reacción le ha significado críticas de sus conciudadanos, inclusive de aquellos que hasta hace poco lo apoyaban. Es posible que, Dios mediante, este sea el comienzo del fin de la era Bush.

  1. S. Ayer lunes se cumplió el segundo aniversario del sensible fallecimiento del Profesor César Pompeyo Mendoza Hinojosa, educador, filósofo y académico. Su paso por esta vida terrenal y efímera, le permitió dejar huella; sobre todo en el área de la educación.

La Academia de Historia del Cesar le rindió, el sábado pasado, un sencillo, mas no  por eso menos sincero y meritorio, homenaje.

Valledupar, 13 de septiembre del año 2005

La parábola de la misericordia

Esta es la historia de una mujer, de aproximadamente 37 años de edad, casada con un hombre que frisaba los 40. Tenían dos hijos, un joven de 16 años y una niña de 8. Cuando esta historia comienza, nuestra amiga terminaba sus estudios universitarios, los que comenzara cuando ya su pequeña hija iba al jardín de párvulos. Dentro de las asignaturas de componente flexible, que los estudiantes de último semestre debían tomar, ella eligió Fundamentos de Sociología. El profesor, un veterano docente con más de 30 años de experiencia, les asignó a los alumnos del grupo un trabajo de investigación que involucrara el comportamiento de la gente en los acontecimientos cotidianos. Cada estudiante, durante un mes, debía observar cómo era el proceder de las personas en las filas, en bancos, paraderos de buses, etc. Debían tener en cuenta las reacciones de cada cual frente a las circunstancias de incomprensión o de tolerancia de los demás. La actitud de los conductores ante la señal de pare en las esquinas, la luz roja del semáforo, el cruce de peatones, etc. La cesión de la acera, por parte de los transeúntes, a los ancianos, las mujeres y  los niños. Cada alumno debía recopilar información y, con ella, escribir un ensayo al respecto.

La amiga de esta historia, persona bien educada y muy circunspecta, consideró que podía obtener muy buen material para su trabajo, pues estaba consciente de cómo las buenas costumbres de antaño habían desaparecido. La insensibilidad de la gente era evidente. Los jóvenes ya no respetaban a sus mayores; los hombres ya no cedían el paso a las mujeres; las embarazadas ya no eran objeto de atención especial en la calle; muy pocos señores eran atentos con su pareja, fuera ésta su esposa o su novia; los pobres eran menospreciados. Pero la prueba cumbre la obtuvo un sábado, cuando fue con su esposo y sus dos hijos a almorzar a un restaurante de comida rápida. Llegaron y buscaron una mesa, donde se sentaron los hijos, mientras ella hacía fila para reclamar los almuerzos y su esposo iba a la caja a pagar el importe de éstos.

Estaban en esas, cuando se desató un torrencial aguacero. Pocos minutos después, ella notó que las personas de la fila, tanto las que la precedían como las que estaban detrás, se replegaban como si algo las intimidara, como movidas por el miedo o la repulsión. Como ella había estado distraída, pensando en diferentes cosas, no supo de inmediato qué había ocasionado el extraño comportamiento de sus eventuales compañeros de fila. Solamente cuando giró en redondo, cayó en cuenta del motivo del pánico colectivo: un hombre pobre, mal vestido, miraba con ojos suplicantes a la concurrencia, como si implorara por un pedazo de pan, mientras todos, incluido su esposo, lo miraban casi con asco.

El guarda del establecimiento, se le acercó de inmediato y, en forma perentoria, le ordenó salir.

El pobre hombre dijo: –Tengo hambre.

–No importa –dijo el guarda– este lugar no es para usted; la comida que sobra está en las canecas del callejón, Así que desaloje porque está asustando a la clientela.

Y, con ademán inflexible, le señaló la puerta de salida.

–Espere, ese señor es mi invitado –dijo de repente nuestra amiga y, dirigiéndose al hombre pobre y mal vestido, agregó:

–Señor, vaya y siéntese donde están mis hijos, allá junto a la columna central.

Cuando el esposo se acercó con el tiquete para que reclamara los almuerzos, ella  pidió  un plato adicional vacío con sus cubiertos. Sentados ya a la mesa, la señora tomó su almuerzo y lo dividió en dos porciones iguales y le dio una a su provisional invitado. El esposo y los hijos, al ver la acción de ella, hicieron otro tanto y llenaron el plato del pobre hombre, quien sólo atinó a decir, –Gracias.

–No, nosotros debemos dar gracias a Dios, por habernos permitido aprender esta lección de misericordia y de solidaridad –dijo, con voz emocionada el esposo.

Cuando la familia abandonó el restaurante, acompañando sin pena ni vergüenza al hombre pobre y mal vestido, la concurrencia, conmovida y un tanto abochornada, los despidió con un fuerte y unánime aplauso. Huelga decir que el ensayo de nuestra amiga, el cual versó sobre este acontecimiento, obtuvo la más alta calificación por parte de su profesor.

Valledupar, 20 de septiembre del año 2005

El perdón terrenal (1ra. parte)

Hace algún tiempo un amigo sufrió una desilusión y, a raíz de ella, su ira y su sed de venganza aumentaban cada día. Mi esposa y yo tratábamos de confortarlo, pero él insistía en anidar y aumentar su rencor. Por eso un sábado, mientras degustábamos un par de cervezas, le conté esta anécdota:

«En una ocasión, durante un curso de actualización, me encontré con Germán, un antiguo compañero de trabajo a quien no veía desde hacía más de 20 años. En los momentos de descanso conversábamos tratando de retomar los lazos de amistad. Así, me enteré de que a Ligia, su esposa, la habían asesinado en un frustrado atraco, una noche de viernes en Bogotá. Los asesinos habían huido, sin dejar rastros que permitieran su identificación.

–Al principio –me decía Germán– no fue fácil. Cada vez que recordaba el hecho (y esto ocurría con demasiada frecuencia), el odio me invadía y me llenaba de unas ansias de venganza, que me quitaban hasta el sueño y el deseo de comer. Sólo deseaba que los hampones fueran descubiertos, capturados, juzgados y condenados. Por consiguiente, la atención hacia mis hijos desmejoró. Mi rendimiento en el trabajo iba en constante descenso. Tanto que Ignacio, el jefe ¿te acuerdas?, un día me llamó, después de haber dejado pasar algunas de mis inexactitudes y errores, y me dijo: –“Germán, usted no puede permitir que esos anónimos asesinos le roben su tranquilidad. Si continúa alimentando ese rencor, les estará entregando, no sólo su vida (vea como se ha enflaquecido); sino también la paz de su hogar y su estabilidad en el trabajo. Es posible (ojalá yo esté equivocado) que sus hijos aún pequeños estén sufriendo por su inseguridad emocional. Vea como ha desmejorado su productividad en la empresa, sus compañeros se quejan de su desequilibrio temperamental. Ni usted, ni sus hijos, ni sus amigos merecemos esto. Ya su esposa murió, nada la ha de resucitar. Usted se ha convertido en prisionero de quienes la asesinaron. Deje a un lado el rencor y la rabia y recuerde, más bien, todo el amor y la felicidad que su esposa le dio y todos los momentos de venturanza que vivió a su lado y consuélese al pensar que usted jamás le dio motivos de dolor a ella.”

–Cuando Ignacio terminó de hablar –continuó diciéndome Germán– yo tenía los ojos arrasados en lágrimas; pero mi alma se sentía liberada. Por eso, le dije: “Gracias, jefe, nadie me había hecho ver las cosas de esa manera. Le prometo que, desde este mismo momento, voy a dejar a un lado el odio que he venido sintiendo por los asesinos de Ligia y me dedicaré a tratar de ser como era antes. Esa es la mejor ofrenda que puedo hacerle a ella.”

–Antes de decirme que volviera a mi escritorio, Ignacio abrió un cajón del de él y me entregó un folleto con unas indicaciones de vida. Folleto que se ha convertido en mi carta de navegación y me ha permitido sortear las vicisitudes de la vida. Porque, a pesar de que han pasado más de diez años, en ocasiones la nostalgia por Ligia me invade y su temprana desaparición me llena de congoja y los odios y rencores del pasado, tratan de volver, pero yo los disipo leyendo este folleto.

Y diciendo esto, Germán sacó del bolsillo interior de su chaqueta un manoseado folleto y me lo dio, mientras decía: –“Léelo, no solamente es muy hermoso; sino también es una invitación a tomar en nuestras manos el timón de nuestra vida.”

Lo leí y en verdad me pareció tan lleno de sabiduría y tan bien escrito, que le pedí el favor de permitirme copiarlo; a lo cual él accedió de buen grado.»

Cuando terminé de contarle esta anécdota al desilusionado amigo, noté que en sus ojos había como un rayo de esperanza; por lo cual, le dije:

–Sabía que te iba a interesar conocer la historia de Germán y por eso te la conté. Además, traje el folleto para que lo leas. Tómalo y quédate con él; yo tengo varias copias.

  1. B. Por falta espacio, no es posible transcribir hoy el contenido del folleto, amable lector. Si Dios quiere, la próxima semana lo haré.

Valledupar, 27 de septiembre del año 2005

El perdón terrenal (2da. parte)

He aquí, el contenido del folleto del que hablamos la semana pasada.

“Si quieres ser feliz y vivir en paz con Dios y tu entorno, escucha estos consejos y, de ser posible, ponlos en práctica:

Si llevas las velas recogidas, ¿por qué te quejas de no tener buen viento que te impulse? Y, si enrollaste tu bandera, ¿por qué te quejas de que los demás no se contagien de tu verdad?

Si renuncias con la primera dificultad, ¿por qué te quejas de quedar siempre en medio del camino? Y, si en las dificultades desistes de llevar el timón, ¿por qué te quejas de dar tumbos y andar a la deriva?

Si a la hora del dolor envenenas tu alma y ahondas la herida, ¿por qué te quejas de no poder cicatrizarla? Y, si lo que transmites es inquietud y desazón, ¿por qué te quejas de quedarte cada día más solo?

Si a la hora de cooperar te encierras en ti mismo, ¿por qué te quejas de que las olas  barran contigo? Y, si en vez de conocer y servir a Dios te apartas de Él, ¿por qué te quejas cuando te sientes solo? Y, entonces, cuando revisas tu vida te sientes inconforme, ¿por qué te quejas si has vivido mal?

Recuerda que si no  abres surcos, no podrás anhelar la siembra.

Si no nutres las raíces, no puedes esperar el árbol.

Si no dejas pasar la savia, ¿cómo vas a ansiar los frutos?

Si no maduras, no podrás soñar con las flores.

Si no avanzas, no dejarás huellas.

Si no trabajas, ¿cómo quieres que haya resultados?

Si no abres tus ojos a la vida, ¿cómo quieres luz?

¿Por qué pides, si no sabes dar?

¿Por qué reclamas, si nada te complace?

¿Por qué, si cierras los ojos ante el dolor que pasa a tu lado y cierras la voluntad ante los compromisos de tu tiempo, le tienes tanto miedo a tu propio vacío?

¿Por qué, si obras con egoísmo, vives con aturdimiento y rezas con indiferencia, le tienes pavor a tu propio abismo?

¿Por qué, si rechazas la luz de Dios y vives apagando las estrellas, te acobarda tu propia oscuridad?

Entonces, ¿por qué te quejas?, ¿por qué?

Dichosos los que saben reírse de sí mismos, porque ellos vivirán alegres.

Los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.

Los que saben escuchar y callar, porque cada día aprenderán cosas nuevas.

Los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio, porque sólo así serán apreciados por sus vecinos.

Los que están atentos a las exigencias de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán dispensadores de alegría.

Los que saben mirar seriamente las cosas pequeñas y tranquilamente las cosas importantes, porque llegarán lejos en la vida.

Los que son capaces de apreciar una sonrisa y olvidar un desaire, porque su camino estará lleno de sol.

Los que pueden interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias, porque aunque sean tomados por ingenuos, saben que ese es el precio de la caridad.

Dichosos los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque así evitarán muchos desatinos.

Dichosos, en fin, los que saben reconocer al Señor en todo lo que encuentran, porque ellos hallarán la verdadera luz y la verdadera sabiduría.

Cuanto bien nos hace, de vez en cuando, mirar hacia arriba y pedirle a Dios humildad para aceptar nuestra vida como es y conformarnos con lo que tenemos y con lo que somos.

Rogarle que nos llene el alma de amor para poder vivir una vida digna y, así, poder compartirla con los demás.

Impetrar su ayuda para ser mejores, sencillos de corazón y, así, tener una vida llena de alegría.

Aprender a dar amor y a darnos a los demás con verdadera entrega y desprendimiento, sin esperar recibir nada a cambio.

Generosidad para compartir todo lo que Él nos ha dado, incluidos, si los tenemos, el talento y las virtudes.

Fortaleza para no apegarnos a las cosas materiales, porque todo lo que tenemos en esta vida es prestado por Dios y, al final, nada nos llevaremos; ya que, sólo las obras buenas y la alegría de haber vivido una vida llena de Dios, es lo único que podremos llevarnos de este mundo.

Poder levantar la vista y con la mirada puesta en Dios, hacer el bien, que es el camino hacia la felicidad eterna.

Por eso, trata de ser como el sol, levántate temprano y no te acuestes tarde. Como la luna, brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor. Como los pájaros, come y canta, bebe y vuela. Como las flores, enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces. Como el buen perro, obediente, pero solamente a su Señor. Como la fruta, bella por fuera, saludable por dentro. Como el día, que llega y se retira sin alardes. Como el oasis, que da su agua al sediento. Como el río, siempre hacia delante. Como la luciérnaga que, aunque pequeña, emite su propia luz. Como el agua, buena y transparente.

Pero, por sobre todas las cosas, trata de ser como el cielo, la morada de Dios. Y nunca dejes de soñar, porque los sueños son el principio de la realidad.”

Valledupar, 4 de octubre del año 2005

La fuerza del amor (1ra. Parte)

Relato tomado de los manuscritos que el lector ya ha oído mencionar.

Dos tripulantes de un buque carguero que viajaba por todo el mundo, se habían hecho muy buenos amigos y compartían no solamente el trabajo, sino también los ratos de solaz, cuando llegaban a cada puerto, luego de viajes extenuantes de hasta varias semanas de duración. Allí, una vez atracaba el barco, bajaban a puerto, se encontraban con mujeres, bebían y se divertían.

En una ocasión, debido a averías sufridas por causa de una tormenta, el buque llegó a una isla perdida del Pacífico Sur. Los dos amigos desembarcaron y se fueron al poblado más cercano con el fin de buscar diversión.

En el camino se cruzaron con una mujer que, arrodillada, lavaba ropa en un riachuelo. De inmediato, uno de ellos se interesó y le dijo al otro que siguiera, que él se iba a quedar para conocer a esa mujer y conversar con ella. El amigo al verla y notar que no tenía nada especial, le dijo que para qué, si en el pueblo, seguramente encontrarían mujeres más hermosas, dispuestas y divertidas.

El otro no hizo caso y despidió al amigo con un gesto de la mano y se acercó a la desconocida, con quien trató de entablar conversación. Sin embargo, la mujer no le contestaba ninguna de las preguntas rutinarias que el marinero le hacía, ¿cómo se llamaba?, ¿qué hacía habitualmente, además de lavar?, ¿cuántos años tenía?, ¿era soltera o casada?, etc., hasta que, finalmente resolvió decirle que su padre, el patriarca del pueblo, le tenía prohibido hablar con desconocidos. Entonces, el marinero le dijo:

–Preséntame a tu padre y dejaré de ser un desconocido para ustedes.

La joven, esbozando una hermosa sonrisa, le dijo que eso debería hacerlo por su propia cuenta, ya que ella, siendo soltera, no podía presentarse a su casa acompañada de un hombre y, si fuera casada, solamente lo podría hacer con su marido.

El joven marinero se levantó y, preguntando aquí y allá, logró encontrar la vivienda del patriarca. Llegó, se presentó y le dijo que acababa de conocer a su hija y le agradaría ser su amigo. Luego, se animó y agregó que, le había agradado tanto, que deseaba hacerla su esposa.

El anciano le dijo que de acuerdo a las costumbres de su pueblo, todo hombre que aspirara a casarse, debía pagar a la familia de la novia, un número determinado de tesoros de acuerdo a la belleza de ésta. Luego añadió que tenía tres hijas y la dote variaba de acuerdo a su hermosura. Así, su hija menor, la más hermosa de todas, valía nueve tesoros, la del medio costaba cinco tesoros y la mayor, solamente, valía un tesoro. El joven le respondió que le interesaba la que había visto lavando en la orilla del riachuelo.

–Ah, esa es la mayor y, por tanto, sólo vale un tesoro.

–Está bien, esa fue la que me gustó y estoy dispuesto a dar como dote por ella, nueve tesoros.

–No, no me ha entendido –dijo el padre– la mayor solamente vale un tesoro, los nueve tesoros los pido por la menor.

–Yo le entendí muy bien. La que elegí es la que está lavando en el riachuelo y por casarme con ella, estoy dispuesto a pagar la dote de nueve tesoros.

Ante la insistencia del marinero, el anciano frunció los hombros, pensando que siempre habría un loco dispuesto a botar su dinero y aceptó. Mientras tanto, el otro marinero no salía de su asombro. Definitivamente su amigo se había vuelto loco.

–Pero, si no la conoces. Además, ¿qué le viste?

–La sonrisa más hermosa que he visto en mi vida. Su alma se ve que es pura. Es una mujer recatada y respetuosa de los mandatos de su padre.

–Definitivamente, te volviste loco.

–Sí. Pero de amor. En ninguna otra parte voy a encontrar un corazón tan sencillo como el de ella.

Finalmente la boda se realizó, el joven marino se casó con la nativa y el amigo fue su testigo en la ceremonia. A la semana siguiente, hechas las reparaciones, el navío zarpó; los dos amigos se despidieron, pensando que nunca más se volverían a ver.

Valledupar, 11 de octubre del año 2005

La fuerza del amor (2da. Parte)

Continuemos con el relato de los dos marineros amigos que, por azares del albur, se separaron cuando uno de ellos se casara con una nativa de una isla, a la cual habían llegado un día, empujados por las fuerzas del destino, disfrazado de casualidad.

El joven marino se prendó, más que de la belleza física de la joven, de su sencillez y su belleza de alma, la cual afloraba, según sus propias palabras, “de la sonrisa más hermosa que había visto en su vida.”

Los años pasaron y el marinero soltero seguía recorriendo los mares del mundo, divirtiéndose en cada puerto y, de vez en cuando se acordaba de su amigo y se preguntaba qué estaría haciendo éste, cómo sería su vida, cómo le iría con su esposa.

Un día, diez años después, el barco tuvo que llegar a la isla perdida del Pacífico Sur. Tan pronto el buque atracó, el joven marinero, quien a la sazón era el contramaestre del navío, desembarcó decidido a buscar a su amigo de antaño. Estaba ansioso por verlo, abrazarlo y conversar con él. Así que apretó el paso, resuelto a llegar pronto al poblado. Por el camino, se preguntaba si su amigo todavía viviría allí, si seguiría casado, si habría tenido hijos, si sería tan feliz como cuando lo dejó diez años atrás.

Iba ensimismado en sus pensamientos cuando tropezó con una especie de desfile, cuyos integrantes llevaban en andas a una hermosa mujer adulta, a quien lanzaban vítores y aplaudían los concurrentes. Otros cantaban hermosas canciones, acompañados de los instrumentos típicos del lugar.

Cuando el cortejo se perdió de vista, el contramaestre del barco continuó su marcha en busca de su amigo. Pronto lo encontró acompañado de dos hermosas niñas, cuyas edades oscilaban entre los seis y los dos años. Se reconocieron y se abrazaron. De inmediato, el marinero bombardeó a su amigo con preguntas:

–¿Cómo te va? ¿Ya te acostumbraste a vivir lejos de la civilización? ¿No te gustaría volver a ella?

La respuesta de su amigo fue inmediata:

–Claro que no. Aquí he encontrado la felicidad. Conoce a mis pequeñas hijas. ¿No te parecen hermosas?

–Sí, son muy bellas. Y, tu esposa, ¿cómo está?

–¿No la viste hace poco en un desfile en donde el pueblo entero celebraba su cumpleaños?

El amigo que se acordaba de la mujer de la que se había enamorado su amigo hacía diez años, pensó que ésta, la del desfile, era otra. Esta era muy hermosa como para ser la misma.

–Entonces, ¿te separaste de tu primera esposa y te volviste  a casar?

–No. Ella es la misma mujer a la que conocimos lavando ropa a la orilla del riachuelo.

–Pero si esta es más hermosa, más femenina, más agradable. ¿Cómo puede ser esto?

–Muy sencillo, dijo su amigo, su padre me pidió un tesoro como dote, yo le ofrecí nueve, porque consideré que eso valía ella. Por eso, cuando la hice mi esposa, la rodee de cariño y de respeto. Su belleza, que estaba dormida porque nadie la había apreciado, despertó y su carácter dulce y apacible la convirtió en una mujer que, hoy, vale todos los tesoros del mundo.

Valledupar, 18 de octubre del año 2005

La parábola de El Palomar

Metáfora surgida de un sueño o, más bien, de una pesadilla.

Erase una vez un remoto país, llamado El Palomar, en donde una minoría, que gozaba de todas las prebendas, era la poseedora del poder absoluto. Con el fin de darle visos de legalidad, pero sobre todo para tener engañada a la inmensa mayoría que vivía agobiada por los elevados impuestos, ahogada por el desempleo, famélica por la pobreza, agónica por la miseria, la minoría dominante cambiaba cada cuatro años sus cuadros dirigentes. Por supuesto los cambios los hacían entre ellos. La mayoría miserable, pobre, desempleada, hambrienta, no tenía formas de acceder al alto poder. Si acaso, cual moderno Lázaro, podía acercarse a recoger las migajas de poder que caían de la mesa de ese nuevo Epulón.

A pesar de todo esto, esa mayoría sojuzgada vivía resignada a su situación. Bueno, en verdad, esa resignación nacía del miedo. Miedo a la represión que la casta gobernante ejercía apoyada por las armas puestas para su exclusivo servicio, no obstante sus portadores fueran pagados con los impuestos de todos, pobres y ricos. Con esos impuestos también eran pagados los elevadísimos sueldos de la casta gobernante, sin importar la facción o grupo que detentara el poder.

Esa alternancia en el gobierno de El Palomar mantenía contenta a la minoría dominante. De todas maneras, gobernara quien gobernara, ellos se repartían entre sí el presupuesto de ingresos. (Ese era el eufemismo con el que designaban la cauda de impuestos que le escanciaban a la mayoría supeditada por el imperio de las armas.)

Por su parte, esa mayoría silenciosa se contentaba con las distracciones que, a guisa de circo, le proporcionaban sus gobernantes: campeonatos de fútbol, reinados de belleza, programas de televisión, festividades folclóricas, etc. Además, cada vez que alguien protestaba era acallado, bien comprándole la conciencia, bien amenazándole. De todas maneras, si insistía en sus reclamos, era eliminado. Luego de lo cual los medios de comunicación, que pertenecían a la clase dominante, se encargaban de disfrazar el asunto haciendo eco de la gente armada del gobierno que proclamaba, sin siquiera ruborizarse, que la muerte de ese individuo era el resultado de un ajuste de cuentas entre delincuentes. Si esta versión no era posible, entonces se recurría al expediente de culpar al muerto de haber pertenecido a grupos sediciosos. Por eso, muchos que temían a la muerte afrentosa y, además, no tenían  vocación de héroes, preferían callar.

Esa era la deprimente situación que vivía el 99% de la población de El Palomar. Sin embargo, muchos ya se habían acostumbrado o se habían resignado, tal como se mencionó antes. Además, cada cuatro años renacían las esperanzas, ya que el cambio de gobierno podría significar variaciones en el manejo del país (como, en honor  a la verdad, en algunas –muy contadas– ocasiones ocurriera). Por eso, la clase sojuzgada, ingenua mayoritariamente, esperaba con ansia los cambios.

No obstante, llegó un día en el cual hasta esa posibilidad le fue negada al sufrido pueblo de El Palomar. Al alto gobierno accedió un individuo que ofreció (como  lo habían hecho sus predecesores) el oro y el moro. La mayoría le creyó (ya, para entonces, el resignado y sufrido pueblo, creía cualquier cosa) y fue elegido. Este señor se amañó en el poder, hizo cambiar las normas y se quedó en el gobierno de El Palomar. Primero cuatro años, luego ocho, después doce, más adelante dieciséis y cuando ya era un anciano y seguía haciéndose reelegir, ya de El Palomar no quedaba nada. Pues, al dañarse las relaciones con los países vecinos (dado el carácter pendenciero del dictador) y exacerbado el nacionalismo, hubo confrontaciones en las que El Palomar fue vencido. Al final, los de la clase dominante huyeron y los del pueblo, los que no murieron a manos de los extranjeros, fueron hechos prisioneros.

El Palomar ha muerto. Descanse en paz El Palomar.

Valledupar, 25 de octubre del año 2005

Carta abierta al Presidente

A principios del presente año, en ceremonia que contó con su presencia, al igual  que la de algunos ministros de su despacho y la del Sr. Gobernador del Departamento del Cesar, a varias familias pobres de esta ciudad, les fue entregado el subsidio de vivienda urbana, dentro del Programa de la Presidencia de la República, tendiente a hacer de Colombia un país de propietarios, al impulsar la vivienda de interés social.

Quienes votaron por usted y, con ello, lo eligieron presidente de Colombia, vieron complacidos que su labor no se limitaría a la Seguridad Democrática, buena de por sí, pero insuficiente para lograr expandir en el país la justicia social que tanta falta le hace al país y que es la única que habrá de traer la tan anhelada paz. Por tanto, al verse favorecidos por el mencionado subsidio, comprendieron que las promesas hechas por usted durante la campaña electoral, se podrían convertir en realidad y, así, los pobres de Colombia podrían acceder a la posesión de una vivienda decorosa, acorde con sus recursos económicos.

A una de estas familias le correspondió un subsidio por valor de $5.012.000, debiéndose agenciar el saldo a través de préstamo hipotecario. Por ello, los miembros de la familia en cuestión, procedieron de inmediato a seguir las instrucciones anexas al otorgamiento del ya mencionado subsidio. Dentro de éstas, hubieron de presentarse al Banco Agrario, Sucursal Valledupar, a solicitar el préstamo correspondiente. Pero, a pesar de haber allegado los documentos solicitados por el Banco, éste consideró que no llenaban las expectativas económicas que los hicieran merecedores de un crédito bancario, no obstante la vivienda quedaría pignorada a su favor.

En vista de ese primer fracaso fueron, por consejo de un funcionario de Comfacesar,   al Banco Ganadero en pos del necesitado préstamo que les permitiera completar el valor de la vivienda adjudicada. Allí les dijeron que deberían abrir una cuenta  de ahorros y que, en seis meses, les harían el préstamo. Así lo hicieron y, mensualmente, consignaban los modestos ingresos familiares. Transcurrido el plazo fijado por el Banco Ganadero, se acercaron ilusionados a sus oficinas, a tratar de hacer realidad la transacción que les permitiera, por fin, acceder a la anhelada vivienda decorosa para su familia. Pero la desilusión volvió a ser la constante en sus vidas. Los señores del Banco Ganadero consideraron que el movimiento de su cuenta de ahorros era muy pobre, como para poder aspirar a uno de sus préstamos.

Por eso, Señor Presidente, en estos momentos esa familia pobre está peor que antes de que usted les otorgara el subsidio. Porque entonces, cuando aún no habían recorrido el vía crucis ya narrado, no tenían ilusión alguna de poseer vivienda propia y, en su pobreza, vivían resignados a su situación. Ahora, tras el fracaso de todas las diligencias realizadas, han llegado al convencimiento, lo mismo que quienes hemos sido conocedores de esta situación, de que a  los pobres de Colombia les está vedado hasta soñar. Pero alguna alma caritativa, que no faltan, les sugirió escribirle a usted, como última esperanza de lograr realizar su modesto sueño de poseer casa propia y, en su ingenuidad, me solicitaron el favor de hacerlo por ellos y, gustosamente, lo hago.

Pues se trata de una familia compuesta por una viuda, cabeza de hogar, y tres hijos huérfanos de padre que, a fuerza de sacrificios, se han podido educar. No permita, Señor Presidente, que actitudes negativas como las ya señaladas en esta misiva, echen por tierra sus propósitos de hacer de Colombia un país de propietarios, ni les dé argumentos a sus enemigos políticos, que ya tienen bastantes como para buscar nuevas razones para la desilusión y el desengaño en que viven los pobres de Colombia.

Perdone que, con estas cuitas, lo haya distraído de sus múltiples y substanciales ocupaciones; pero, como ya se le mencionó, usted es la última esperanza que les queda.

Valledupar, 1° de noviembre del año 2005

El síndrome del siervo

En la antigüedad, hasta la Revolución Francesa, la humanidad estaba dividida en dos clases: los amos y los siervos. Éstos carecían de todo, hasta de la libertad y, ni que decir, de la dignidad. La cual se había degradado tanto que, cuando pasaba el amo, el siervo debía doblar la rodilla e inclinar la cabeza en señal de sumisión absoluta. También era absoluto el poder que el amo tenía sobre sus siervos, de cuya vida podía disponer a su voluntad. Era tanto el vasallaje que, si el siervo no se ponía de hinojos al paso de su amo, podía ser fuertemente castigado; llegando, incluso, a recibir latigazos por su omisión.  Tan aberrante era la subordinación del siervo al amo que, al casarse aquél, debía dejar que su amo, en la noche de bodas, disfrutara primero de las mieles del amor con la novia, antes de que el recién casado pudiera hacer uso de sus privilegios de esposo.

Existía, además de las dos clases sociales ya descritas, una intermedia entre amos y siervos, constituida por artesanos, artistas, intelectuales y sabios quienes, sin llegar a gozar de las prebendas de los amos, tampoco sufrían las humillaciones por las cuales pasaban los siervos. Y, aunque no podían poseer grandes extensiones de  terreno (prerrogativa exclusiva de los amos), sí podían disfrutar de algún tipo de propiedad privada y, lo más significativo, podían acceder a la educación, la cual estaba totalmente vedada a los siervos y a la que los amos, por ociosidad e ignorancia, despreciaban.

Hasta que llegó el movimiento enciclopedista, mediante el cual, los científicos e intelectuales de la clase intermedia, denunciaron la injusticia social reinante en la sociedad a través de los siglos y demostraron la necesidad de revaluar las conductas reinantes, so pena de que se desencadenara una revolución.

Por supuesto, los amos se opusieron a las teorías de la Enciclopedia; al fin y al cabo, sus intereses personales se verían afectados si éstas se hacían realidad. Los pronósticos de los enciclopedistas se cumplieron y surgió la Revolución Francesa, a partir de la cual los siervos se sacudieron del yugo de los amos y empezaron a reclamar sus derechos. No tardaron en nacerle émulos a este grito de libertad y las posesiones europeas en América se libraron del dominio de las potencias que las mantenían esclavizadas. Después vino la Revolución de octubre en la Rusia zarista y la clase dominante pagó las consecuencias de su opresión secular hacia los siervos.

El Siglo XX avanzaba y se respiraba en el mundo un ambiente de libertad, desconocido hasta entonces por la humanidad. Las naciones se consolidaban y, en su autonomía, se desarrollaban al darle a cada ciudadano la oportunidad de crecer intelectualmente.

Sin embargo, eso no ocurrió en todas partes. En América Latina, por ejemplo, continuó el sistema feudal. Solamente que en pequeño. Ya no era el gran príncipe quien sometía a sus súbditos; ahora, en cada comarca, había surgido un nuevo tipo de feudalismo: el barón electoral, quien a través del sistema ideado para evitar los desafueros de la autoridad absoluta lograba, mediante el poder de las armas y de la corrupción, obligar a los pobres a obedecer sus dictados y, así, perpetuarse en el usufructo del poder.

El ingenio ladino de la nueva clase gobernante facilitó la ocurrencia del nuevo despotismo. Quien posee el dinero y las tierras, domina a quien carece de uno y de las otras. Si no es posible con el engaño, entonces se recurre a la amenaza y, si ésta no surte efecto, siempre queda el expediente de la violencia efectiva que hace que el insubordinado desaparezca.

Pues bien, Colombia no podía ser la excepción y, así, durante casi dos siglos, el país ha vivido sujeto a las ambiciones de esos barones electorales. Ahora mismo, el domingo último de octubre, en Cartagena hubo elecciones para alcalde. Era la oportunidad de oro para que el pueblo se sacudiera del imperio de los corruptos.

La ocasión no podía ser más propicia: entre la baraja de candidatos no se salvaba ninguno; unos más, otros menos, todos de alguna manera estaban salpicados por la corrupción; empero, quedaba la opción del voto en blanco, mediante el cual, ese pueblo podría demostrar que había madurado y se encontraba asqueado de ser gobernado por una clase política que sólo le había traído dolor, pobreza y atraso y, mediante el voto en blanco, demostrar su inconformidad.

Sin embargo, surgió el síndrome del siervo y pudo más la sujeción del subconsciente hacia el amo y la mayoría votó por el más corrupto, el que más daño le ha hecho a la ciudad en los últimos años y, por consiguiente, ganó ampliamente.

En definitiva, cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.

Valledupar, 8 de noviembre del año 2005

Un país llamado Lejanía

Había una vez un país remoto, llamado Lejanía, que terminó siendo gobernado por los descendientes de sus fundadores. Ya que en una ocasión, estos descendientes, que  se habían cansado de recaudar los impuestos que pagaban los trabajadores del común, para enviarlos al país de los fundadores, decidieron rebelarse para, así, no tener que seguir enviando los recaudos al país de los fundadores.

Todos los habitantes de Lejanía celebraron con alborozo la liberación, pues creyeron, ingenuamente, que la libertad sería igual para todos. Pero no fue así; al principio, tal vez, pero después, no. Los directos descendientes de los fundadores consideraron que ellos eran los legítimos dueños de Lejanía y, por eso, se la apropiaron y para poder gobernarla a su antojo, comenzaron por coartar la libertad de los trabajadores del común. Así que decidieron que las leyes, su reglamentación, las penas por infringirlas y hasta la condonación de éstas, serían de su absoluta potestad y, al final, su aplicación llegó a ser diferente si el infractor era un trabajador del común o, si por el contrario, era un descendiente de los fundadores. Por eso, si alguien, entre estos últimos, delinquía, se le hacía un sainete de juicio para luego quedar sobreseído u obtener la casa por cárcel o ser enviado al extranjero. En cambio, si el trasgresor era trabajador del común, le caía todo el peso de la ley.

Además, los dueños de Lejanía, para defender los intereses de su clan, uniformaron a varios de ellos y uniformaron también, muchas veces a la fuerza, a trabajadores del común. Así, al poseer las armas, les quedaba más fácil reprimir cualquier conato de rebeldía. Y, para mejor manipular la hacienda pública, se dividieron en dos bandos: morados y rosados. Con estas dos enseñas, establecieron diferencias caudillistas entre los trabajadores del común, quienes obedientes participaban en las diatribas que promovían los amos y que degeneraban en guerras civiles, en las cuales los muertos siempre eran trabajadores del común.

En variadas ocasiones, los trabajadores del común, alegando ser los descendientes de los primigenios dueños de la tierra que después fue Lejanía, invadían latifundios pertenecientes ahora a los amos quienes, con el apoyo de su gente armada (a veces, subrepticiamente), desalojaban a los supuestos usurpadores. En más de una oportunidad, los desalojos terminaban con muertos, por supuesto del lado de los presuntos invasores. No obstante, la fuerza pública negaba cualquier culpabilidad al respecto.

Hasta que llegó el día en el cual trabadores del común, que habían accedido a la educación, se dieron cuenta de las injusticias que cometían sus amos y que la liberación había sido una burla al pueblo raso. Por eso, decidieron, a su vez, rebelarse. Entonces los dueños de Lejanía usaron a su gente uniformada y, con esa fuerza, reprimieron en gran parte la rebelión. Eso hizo que los rebeldes que quedaron se fueran para el monte para, desde allí, seguir haciéndoles resistencia a los amos de Lejanía.

Una vez, los rebeldes se tomaron por la fuerza un edificio del gobierno e hicieron rehenes entre los circunstantes. El jefe del gobierno de ese momento quiso dialogar con los rebeldes, pero los amos uniformados no lo dejaron y lo amenazaron con deponerlo si insistía en su empeño de diálogo e hicieron entrar a la edificación cautiva a fuerzas oficiales, decididos a sofocar la rebelión. En la refriega que se armó, murieron varios de los funcionarios del gobierno que se encontraban en la edificación tomada, inmolados por la metralla, no se sabe si de las fuerzas rebeldes o de las oficiales.

Como éstas le prendieron fuego a parte del edificio, también murieron, calcinados por las llamas, muchos trabajadores del común que en el momento de la toma se encontraban en su interior. Otros muchos más desaparecieron. Varios más, fueron apresados por sospechosos (para los amos uniformados de Lejanía, todo trabajador del común era sospechoso de cualquier cosa), llevados a una instalación oficial, torturados y luego ejecutados para, después, ser depositados en fosas comunes, en donde fuera imposible su identificación.

Hoy, varios decenios después de la tragedia, la mayoría de la gente del común no sabe bien lo que ocurrió, pues unos y otros, tirios y troyanos, se lavan las manos y culpan a la contraparte.

Mientras tanto, casi todos los trabajadores del común, en la lejana Lejanía, creen que todo va bien y siguen eligiendo y reeligiendo a los mismos, para que sigan con las mismas. Por eso, a los habitantes de ese país remoto, llamado Lejanía, les cae, como anillo al dedo, la sentencia que está en un mural en calle céntrica de Valledupar: “Dueño absoluto del manso pueblo intonso, pueblo asnal.”

Valledupar, 15 de noviembre del año 2005

Pobre del pobre

A raíz de los disturbios que se desataron en los suburbios de París, protagonizados por franceses descendientes de inmigrantes provenientes de países pobres (Europa Oriental, Asia, África y América Latina), se ha vuelto a debatir la situación de marginados que tienen los inmigrantes pobres en los países industrializados. Es un estigma que pasa de generación en generación. En esos países, los nacionales netos, es decir, aquellos cuyo árbol genealógico se entronca con la nacionalidad misma, miran con desprecio a los que ellos llaman nacionales impuros, o sea, quienes descienden de familias originarias de las latitudes ya mencionadas.

Ese menosprecio llega hasta las alturas de los gobiernos de estos países, autoproclamados del Primer Mundo, cuyos habitantes consideran culturalmente inferiores a este tipo de inmigrantes y a sus descendientes. Por eso, estos últimos tienen menos oportunidades en educación, salud y vivienda que los nacionales puros o los inmigrantes de países industrializados. Esta discriminación no es nueva. Ella data de épocas remotas posteriores al Renacimiento. Produjo el antisemitismo en Europa Occidental y en la Rusia Zarista durante los siglos XVII al XIX  y promedios del Siglo XX. Ella fue la causante de las humillaciones sufridas por los negros en Norteamérica, hasta más allá de mediados del  siglo pasado. Segregación ésta, que aún continúa, aunque de manera soterrada y abarca, no sólo al afro descendiente; sino también a latinoamericanos y asiáticos.

Pues, como se dijo antes, los países industrializados intercambian migración, con el total beneplácito de las partes y el aseguramiento del bienestar para los nuevos ciudadanos. Cosa que no ocurre con los provenientes de los países llamados del Tercer Mundo. Por esa discriminación, están ocurriendo los sucesos de París y, no es exagerado decirlo, la catástrofe de Nueva Orleáns alcanzó las proporciones a las que llegó.

En América Latina, ha ocurrido algo similar. Los inmigrantes procedentes de los países pobres, incluyendo la misma Latinoamérica, son mirados con suspicacia, casi con sospecha. Los de cualquier país industrializado son recibidos con puertas y brazos abiertos. Esto último estaría bien si el tratamiento fuera igual de fraterno para todo inmigrante, pues hablaría de la generosidad del latinoamericano, mostraría su solidaridad y su amor por el prójimo, su madurez social.

En Colombia, el asunto es peor. Aquí, cuando se trata de extranjeros, no se paran en mientes para agasajarlo y brindarle todo lo que esté al alcance del anfitrión. Y eso habla mejor del colombiano. Sin embargo, cuando el inmigrante es un compatriota, desplazado por la violencia o por los azares de la vida y, además, luce pobre, mal vestido y necesitado, las puertas y los brazos se cierran.  Y no hablo del común de la gente. No. Ella suele ser generosa y caritativa con todo mundo. Basta con que ocurra una tragedia en cualquier parte de la geografía nacional, para que la mayoría de los colombianos corra a socorrer o a aportar en pro del bienestar de los damnificados. Pero esa no es la solución. Mientras el ciudadano común y corriente ayuda a las víctimas de las tragedias naturales, el  Estado posterga las soluciones definitivas, una y otra vez. Todo se queda en promesas. Todo termina en buenos propósitos. Pero en la realidad, todo continúa igual, año tras año, gobierno tras gobierno.

¿Cuántos desplazados hay en Colombia? ¿Cuántos desempleados? ¿Cuántos compatriotas en la miseria absoluta? ¿Cuántos analfabetas?, ¿Cuántos viviendo en sitios riesgosos, porque no pudieron conseguir otro lugar donde asentar su vivienda? La respuesta a todos estos interrogantes es la misma: ¡Millones!

Esto no puede seguir así. Las situaciones de desamparo, pobreza y desprotección que  se descubren en caseríos, aldeas y poblados ribereños, cada vez que las fuerzas de la naturaleza se desatan, muestran como, lo anterior, no es exageración de mentes calenturientas ni apasionadas en sesgar un determinado tema. No. Esta es la realidad que vive esa Colombia marginada desde siempre y para siempre. Cada vez que los ríos se desbordan, las quebradas se crecen, miles y miles de compatriotas pobres quedan a la intemperie, subidos en los techos, llorando por haber perdido a seres queridos, por haber perdido sus escasas pertenencias, por haber quedado en el desamparo. La indolencia del Estado no puede ser subsanada por la generosidad del pueblo que atiende el llamado de los medios de comunicación. Las soluciones deben de ser definitivas, tales como campañas de reubicación, en donde parte de los grandes latifundios sean negociados por el Gobierno, sea local o nacional, con el fin de dar vivienda a esos compatriotas pobres. Para que la próxima temporada de lluvias no los sorprenda, otra vez, inermes ante el peligro de las inundaciones y no se pierdan más vidas inocentes.

Valledupar, 22 de noviembre del año 2005

Indulgencias con Avemarías ajenas

El lunes de la semana pasada, Uribe estuvo en Valledupar para repartir carnés del Sisben. Las colas alrededor del Coliseo eran impresionantemente largas. En razón de la seguridad del Presidente y su séquito, se cerraron varias manzanas a la redonda, lo que ocasionó que, en la mañana de marras, el  tráfico se congestionara en el sector.

Pero eso no fue todo. Uribe vino más en son de campaña electoral que con ánimos de justicia social. Ese día hubo arengas cargadas de promesas, enumeración de datos referentes a la supuesta bonanza que vive el país y al arribo a la Tierra Prometida en el próximo cuatrienio, si el Mesías y su corte siguen en el poder.

A medio día sobrevolaron la ciudad helicópteros de la Policía y Uribe regresó a Bogotá, seguramente contento por haber dejado satisfechas a centenares de familias pobres que, ahora sí, podrán acceder a los servicios de salud.

Sin embargo, el martes, el miércoles y todavía el jueves, las colas no disminuían frente al Coliseo. ¿Sería que el lunes no hubo entrega de carnés? ¿Sería que los estaban entregando con cuentagotas? ¿Debía haber compromisos previos del beneficiario?

Empero, las familias que lograron obtener el carné, aún no han solucionado su problema para poder disfrutar del servicio subsidiado de salud. No. Todavía les falta por recorrer el vía crucis de lograr que, en el dispensario u hospital donde sean atendidos, haya drogas que les alivien sus enfermedades. Que, en caso de hospitalización, haya camas disponibles, sobre todo en un ambiente decoroso que no tenga nada que ver con el hacinamiento habitual. También falta ver que, de necesitarse la práctica de exámenes especiales, se pueda contar con  los aparatos y los materiales necesarios para realizarlos; al igual que si se requieren cirugías.

Ahora bien, ¿por qué el adagio utilizado como mote de la columna de hoy? Porque  el Sisben se sostiene con el presupuesto del Fondo de Solidaridad, el cual es subvencionado por todos los colombianos que tienen el privilegio de recibir un salario. Por tanto, no es propiedad de ningún funcionario, y no puede ser utilizado como bandera electoral. Pero como la Corte Constitucional ordenó suspender, a partir del próximo jueves, la campaña electoral al candidato presidente (él lleva ya tres años en ella), éste aprovechó para cerrar con broche de oro este ciclo. El próximo se abrirá en el 2006.

Sólo queda el sabor amargo de pensar que las promesas sobre el subsidio de salud, terminen como las del subsidio de vivienda: mucho ruido y pocas nueces, en razón de la cantidad de requisitos exigidos para su verdadero y real disfrute, haciéndolo inalcanzable para la mayoría de sus supuestos beneficiarios. Y más todavía que la sed de poder de un individuo, lo utilice para engañar a incautos.

Valledupar, 29 de noviembre del año 2005

Abuso de autoridad

El Derecho penal lo define como “Acto del funcionario que, prevalido de su investidura, se excede en sus facultades o atribuciones respecto a particulares o a la cosa pública.”

Perogrullo agregaría que muchos funcionarios olvidan, que lo son en razón del mandato que el superior les ha otorgado, quien, a su vez, lo ha obtenido por voluntad de quienes lo han elegido en las urnas.

Por tanto, sin importar el nivel jerárquico que ocupe el funcionario dentro de la escala gubernamental, le debe respeto a ese elector que, de manera directa o indirecta, ha permitido su ascenso al cargo que, en un momento determinado, ocupa. Además, como si lo anteriormente dicho no fuera suficiente, todo funcionario recibe un salario y todas sus prestaciones sociales, gracias a los impuestos que paga el ciudadano que, también, es elector.

Pues bien, esta disquisición surge a raíz de hechos frecuentes (frecuentísimos) que suceden y en los cuales, algún funcionario comete abuso de autoridad. Algunos, sobre todo los que portan uniforme y, además, están armados, son los más llamados a guardar la cordura y la compostura necesarias, en su relación con los ciudadanos.

Si dos personas, que dirimen una disputa, encuentran de qué lado está la razón, lo sensato es suspender la discusión y dar por zanjado el alegato, sin que ninguna de las dos trate de avasallar al contradictor. Más aún si se trata de asuntos baladíes. Y, si esto ocurre entre civiles, qué no se espera cuando la discusión involucra a un uniformado que, además, está armado. Máxime, cuando el sentido común indica que, en ese caso en particular, la razón la tiene el civil.

El miércoles pasado, después de las seis de la tarde, un ciudadano, conductor de un taxi, orilló y detuvo su vehículo con el fin de entrar al cajero automático de un banco situado cerca de la Catedral. Un suboficial de la Policía, conductor de una motocicleta, se acercó al taxista cuando éste ya salía del cajero, y lo conminó a acompañarlo por estar en sitio de prohibido parqueo. El taxista le respondió que ya se iba y que, además, allí había otros carros parqueados, a lo cual el policía le insistió en que tenía que retenerle el vehículo por infracción.

Por supuesto, el taxista se oponía a entregar su vehículo al policía y, subiendo al carro, emprendió la marcha. El policía se subió a la motocicleta, inició la persecución y le dio alcance en la esquina de la Catedral, en donde atravesó su pequeño vehículo con el fin de impedir la huida del taxista, quien se trenzó en discusión con el policía.

Discusión que sólo dejaba ver clara la obstinación del policía por hacer prevalecer su autoridad, pues le había ordenado al taxista acompañarlo y éste, considerándose inocente de toda trasgresión, se negaba a dejarse llevar detenido y, menos todavía, entregar su vehículo.

Cuando, por enésima vez, el semáforo cambió a luz verde, el taxista aprovechó una ligera distracción del policía y reemprendió su marcha, buscando, así, librarse del acoso de quien, en ese momento, se excedía en el empleo de su autoridad. El policía, al ver que se le escapaba su presa, desenfundó su arma de  dotación y disparó en dos oportunidades contra el taxi. La primera contra una de las llantas. La bala no hizo impacto en el blanco; sino que rebotó en el pavimento e hirió, por suerte de manera leve, a un transeúnte.

Me pregunto, que tal que el imprudente disparo del policía hubiera herido de gravedad o, peor aún, hubiera dado muerte al transeúnte, ¿qué habría pasado?, ¿cómo habría respondido el policía por su irreflexiva actitud?

El público aglomerado hasta el momento, que (entre otras cosas) impidió la marcha inmediata del policía en pos del taxista, ya había tomado partido a favor de este último, en vista de la evidente posición arbitraria del policía.

Esos son los abusos  de autoridad que no se deben ni se pueden tolerar. No vivimos en un país de salvajes, en donde siempre la razón ha de prevalecer del lado del más fuerte, del que está armado. No, este es un país civilizado, en el cual los ciudadanos deben dirimir sus disputas en paz. Pues, lo contrario fomenta la violencia.

Valledupar, 6 de diciembre del año 2005

La parábola de la honestidad

Esta es una historia tomada de los manuscritos que el lector habitual de esta columna conoce:

“Érase una vez, en el Siglo III A. C., un príncipe de la región norte de China, que estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse previamente. Sabiendo esto, decidió hacer un concurso entre las jóvenes de la corte para ver cuál de ellas sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y les diría las bases del concurso.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que su hija quería concursar. Sin poder creerlo le preguntó:

–¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.

–No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar, al menos, por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más vistosas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció cual era el requisito.

–Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga, dentro de seis meses,  la flor más bella, será elegida como mi esposa y futura emperatriz de China.

La propuesta del príncipe estaba acorde con las tradiciones de su país, en donde se valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, fueran costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que, sin importar las circunstancias, ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

A la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, a cual más bella, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto flores tan lindas reunidas en un mismo sitio. Cuando llegó el momento, el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar delante de todas, una a una, anunció su resultado.

–Esta bella joven con su vaso vacío, será mi futura esposa.

Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:

–Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Pues todas las semillas que entregué eran estériles.”

Que bello relato. En estos tiempos –en donde lo que importa es mostrar resultados, los logros, lo visible– cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido. Somos capaces de inventar los más variados argumentos para excusarnos, y evitar decir «me equivoqué, tienes razón, no sé acerca de eso.»

Opinamos sobre todo, juzgamos a todos. La viveza se ha convertido en un valor muchas veces encubierto por la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con los demás. La verdad, la sinceridad, la humildad, han dejado de ser  virtudes en las películas para niños y en las publicaciones para adultos. Se ha terminado por confundir el significado de la palabra éxito, pues éste se confunde con el dinero, el poder, la fuerza y, para lograr alcanzarlo, se cometen tropelías, se mata, se roba, se estafa, se engaña; en fin, todo vale con talde conseguir lo propuesto.

Quien concluye el día siendo leal a sí mismo, sin traicionar sus creencias y sus sentimientos, sin dejar de ser quien es, ese sí ha tenido un día de éxito. Lo contrario es una vil patraña que termina engañando a quien la comete y, tarde o temprano, salta la liebre.

Valledupar, 13 de diciembre del año 2005

Reflexión para Navidad

Para despedir este año que ya casi culmina, acudamos, nuevamente, a los manuscritos  de marras.

«Érase una vez un periodista que había entrevistado a los personajes más famosos del mundo. Escritores, políticos, gobernantes, inventores, artistas, abogados, médicos,  ingenieros, etc., habían sido sometidos a sus inteligentes e inquisitivas preguntas.

Le llamaba la atención la vida de aquellos que más habían influido en su comunidad o en su nación y la pregunta más categórica era aquella que enfrentaba a estos personajes con sus propias obras.

Un día, conversando con un amigo, éste le preguntó cuál sería su mejor reportaje.

–No vayas a pensar que es soberbia de mi parte. Pero pienso que mi mejor reportaje sería aquel en el cual entrevistara al mismo Dios y pudiera hacerle la pregunta de Su vida, la cual estaría relacionada con su obra máxima, el ser humano.

No había terminado de decir estas palabras cuando, de repente, se vio envuelto por una gran luz en medio de un torbellino y oyó una voz potente que le decía:

–Detente. ¿De manera que quieres entrevistarme?

–Bueno –contestó el periodista entre asombrado y conturbado– Sí Señor,  si dispones de algo de Tu tiempo.

Dios Se sonrió por entre la barba y dijo:

–Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo. ¿Cuál es la pregunta que quieres hacerme?

–Nada que Tú no sepas, Señor. Además no es nueva para ti: ¿Qué comentario te merece el hombre a quien creaste a Tu imagen y semejanza?

Un poco entristecido, Dios le respondió:

–Que se aburre de ser niño por la prisa de crecer y luego suspira por volver a ser niño.

–Que primero pierde la salud para tener dinero y enseguida pierde el dinero para recuperar la salud.

–Que se pasa toda la vida acumulando bienes que jamás disfrutará y sus hijos derrocharán.

–Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuida el día presente.

–Que se pasa toda la vida tratando de ser feliz y olvida que la felicidad no es otra cosa que la capacidad de gozar de lo que se tiene.

–Que se priva de disfrutar de sus hijos por el afán de progresar y cuando ya lo logra, descubre que sus hijos crecieron y se marcharon.

–Que se le esfuma la vida acumulando conocimientos, títulos y riquezas, olvidando que lo único importante en la vida es el amor.

–Que se pasa la vida buscando triunfos externos, sin mirar si con ello descuida su hogar.

–Que se le van los años, buscando un golpe de suerte, porque ignora que ésta es producto de sus decisiones.

–Que se pasa la vida buscando la aprobación de los demás, cuando ni siquiera él mismo se aprueba.

–Que pierde el tiempo acumulando rencores y lo único que obtiene es perjudicarse a sí mismo.

–Que se pasa la vida acumulando dinero que compra todo. Todo, menos la felicidad.

–Que vive como si nunca fuera a morir y, sin embargo, se muere como si no hubiera vivido.

–Y que, aun cuando creé al hombre para que fuera feliz, él escogió la infelicidad.

En ese momento, el Señor dejó de hablar para enjugar una lágrima.»

Valledupar, 20 de diciembre del año 2005

Los propósitos de año nuevo

Llegó enero y, con él, un nuevo año. Un año nuevo cargado, para la mayoría de la gente, de propósitos. Para unos buenos, para otros no tan buenos y, también, para algunos, malos propósitos; si no para sí mismos, sí para con sus congéneres. Pues quien ha medrado a la sombra de la estafa, de la explotación, del despojo, del acaparamiento, en fin, de la expoliación al prójimo, se habrá propuesto, para este nuevo año, afinar sus procedimientos, mejorar sus tácticas, con el propósito de aumentar sus ganancias, sin importar los métodos que utilice para lograrlo.

Otros, sobre todo aquellos que no lograron encontrar su rumbo durante el 2005, habrán permanecido inmutables ante la avalancha de propósitos para el 2006. Algunos, tal vez al encontrar que la pérdida de la ruta personal, ha sido  su propia responsabilidad, hayan decidido enderezar el rumbo, empuñar el timón de sus propias vidas, con el  propósito de lograr que este nuevo año sea diferente al pasado y, por fin, encontrarle sentido a su existencia.

También habrá quienes, a pesar de todo, hayan resuelto ser mejores de lo que fueron durante el último año en su vida en el aspecto personal, el familiar, el laboral, el social.

Además, habrá muchos (en Colombia, más del 50% de sus habitantes), para quienes el tránsito de un año al otro, no les haya producido absolutamente nada y hayan asistido a la llegada del 2006 de manera desapacible. Son los que constituyen esa mayoría de colombianos que no tienen nada, que carecen de empleo, que viven en la miseria absoluta, que están desplazados, que han sido víctimas de la violencia ejercida por sus propios conciudadanos. Son aquellos que no encuentran, debido a las circunstancias casi siempre ajenas a su voluntad, diferencia alguna entre un día y el otro, entre una semana y la siguiente, entre un año que termina y otro que comienza. Son aquellos para quienes cada día es vivido entre la angustia del hambre, la penuria del desamparo, la indefensión de la vida. Son aquellos a quienes el Estado (ese ente abstracto que es de todos y es de nadie), cuya primera obligación según la Constitución Nacional es velar por la tranquilidad y el bienestar de los asociados, desampara. Porque ese inicial artículo de la Constitución Nacional es válido para el sector privilegiado, esa minoría que vive del Estado y éste para ella.

Porque, aunque la mayoría paga impuestos, sólo esa minoría usufructúa la totalidad de los beneficios que se derivan de la administración de esos tributos. Otros, solamente alcanzan a gozar de algunos de esos privilegios. Pero la mayoría, esa que se mencionó párrafos atrás, no sabe lo que significa su disfrute.

De ahí que todos los buenos propósitos individuales, por sí solos, no podrán traer  bienestar y tranquilidad a la mayoría indefensa. Esto sólo se alcanzará mediante acciones decisivas que conduzcan al logro del equilibrio social o, al menos, a la disminución de ese desequilibrio actual, existente en Colombia desde siempre y que, cada vez, se acrecienta más y más. Pero, para lograrlo, se necesita que quienes administran el Estado en todos sus niveles jerárquicos y, por consiguiente, deciden la forma de invertir los impuestos, adquieran algo que, para esa minoría es desconocido y que llamamos conciencia social.

Porque lo demás, el reparto de juguetes y ropa a los niños pobres durante la Navidad, la visita a las cárceles, hospitales y ancianatos durante la misma época, es una gota de agua dulce en el mar. Eso sólo sirve para decir que se hizo, para mostrarse ante los medios de comunicación y posar de filántropos, mas no para mejorar la calidad de vida de los desvalidos, de esa gran mayoría de compatriotas para quienes un año u otro es igual.

Valledupar, 10 de enero del año 2006

Las lecciones de la Historia (IV)

Cuando Adolfo Hitler subió al poder, lo hizo gracias al electorado alemán. La mayoría, acuciada por una mejor situación económica, creyó en las promesas del salvador de la nacionalidad.

Asumida la Jefatura del Estado fue, poco a poco, acaparando más y más poder. Con el fin de exacerbar el nacionalismo, culpó a los judíos y a las condiciones del Tratado de Versalles de todos los males pasados, presentes y futuros acaecidos al pueblo alemán. Fortaleció las Fuerzas Militares, se rodeó de las Escuadrillas de Protección (S. S., por sus siglas en alemán), fundadas por él en 1922 como verdadera organización paramilitar encargada de realizar el trabajo sucio que Hitler y sus áulicos requerían con el fin de perpetuarse en el poder.  Ah, porque una vez se afianzó en éste, Hitler se hizo reelegir, una y otra vez (cuando se vio derrotado, y cobardemente decidió suicidarse para no enfrentar un juicio de responsabilidades, llevaba trece años como dictador).

En 1933, al año de haber sido elegido por primera vez, hizo fundar la GESTAPO, policía secreta del Régimen causante de cientos de miles de crímenes, ocasionados únicamente con el fin de eternizarse en el poder. Al fin y al cabo, Hitler había prometido que el Tercer Reich duraría un milenio.

Revaluó la moneda, aumentó los impuestos, favoreció a la camarilla que lo rodeaba, cerró el Parlamento, abolió los sindicatos, deshizo los partidos políticos a excepción del suyo propio, el Nacionalsocialismo. Para apoderarse de Europa, y así mantener distraída a la opinión pública, impuso un tributo de guerra, con el cual logró recaudar cerca de cien mil millones de marcos ya revaluados. Cuando vio que los intelectuales empezaban a protestar desde el exilio, debido al gobierno despótico, invadió a las naciones vecinas.

Quería manejar personalmente cada movimiento del Estado. Rara vez delegaba poder en sus subalternos. Trabajaba hasta dieciocho o más horas diarias; exigía hasta el máximo a sus colaboradores y era déspota en su trato en privado para con estos, aunque en público aparentaba dulzura y bondad.

El paroxismo fanático lo constituyó la creación de las Juventudes hitlerianas, compuestas por niños y jóvenes de uno u otro sexo que, inocentemente muchas veces, aclamaban al dictador en cada salida oficial o particular que realizara. Perfectamente aleccionados, lanzaban vítores al paso del dictador.

Cuando el pueblo alemán reaccionó, ya era tarde. Alemania estaba siendo invadida por los Aliados. El Ejército ruso hacía morder el polvo al hambriento, disminuido y desmoralizado Ejército alemán.

Al final, en 1945, el saldo no pudo ser más desastroso: la Nación estaba arruinada, la población –sobre todo, la masculina joven– estaba diezmada, las principales ciudades destruidas. Así pagaban los adultos su error,  de haber elegido en 1932 al peor de los candidatos, solamente porque fue el que mejores y más vistosas promesas hizo, el que ofreció acabar con todo aquello que afligía al pueblo alemán, derrotado en 1918. Tal vez en ese momento, elecciones de 1932, nunca imaginaron el horror que les esperaba al elegir a Hitler.

Por eso, no se debe olvidar que la Historia no es la sucesión de hechos, con personajes y fechas a cuestas; sino la lección máxima de la vida.

Valledupar, 17 de enero del año 2006

Cuentos de fantasmas (XIV)

Luego de dormir durante un buen rato, que le pareció una eternidad, sentado en un taburete que encontró recostado al marco de la puerta de su casa,  Fernando vio venir a lo lejos el cortejo fúnebre.  A dos cuadras, alcanzó a divisar la carroza, tirada por dos caballos enjaezados con borlas que les colgaban a lado y lado de la cabeza.

El cortejo venía por la Calle Central de Mompox, Isla ciudad situada en el Alto Magdalena, fundada en la época colonial y que, para entonces, conservaba –y aún conserva– ese estilo de los Siglos XV y XVI. Venía en dirección hacia la Iglesia de Santa Bárbara, donde se realizarían las honras fúnebres y, de ahí, seguiría con rumbo al cementerio.

En ese momento, Fernando se preguntó quién habría muerto sin que él se enterara. Máxime si se piensa que Mompox era –y sigue siendo– una ciudad pequeña que, entonces, sólo tenía alrededor de mil quinientos habitantes. Hurgó en la memoria y no recordó de nadie  conocido que hubiera estado enfermo últimamente.

Mientras tanto, el cortejo avanzaba. Al frente la carroza, en cuyo pescante vio al cochero que la conducía: un hombre negro de edad avanzada, vestido de librea negra, camisa blanca y corbatín negro y tocado con sombrero de copa, igualmente negro. Detrás de la carroza, venían los deudos y amigos del muerto.

Cuando la carroza pasó frente a su casa, Fernando alcanzó a columbrar por entre la vidriera de aquella el ataúd. Era un hermoso ataúd, color caoba, hecho de cedro, en forma hexagonal, a la usanza medieval. Encima, varias coronas lo cubrían.

A continuación, avistó a su esposa Adelaida, flanqueada por los dos hijos habidos en el matrimonio: Fernandito y Samuel. Adelaida lloraba de manera discreta, pero cargada de pesar. Sus dos hijos, ya adultos, también se veían apesadumbrados, aunque  se les notaba que contenían las lágrimas. Inmediatamente después, muy compungido, iba su compadre, Rafael Esquivel, acompañado de su esposa y sus dos hijas, a la sazón casadas con Fernandito y Samuel. Detrás, muchos familiares y amigos. Sin embargo, no vio entre la concurrencia a los padres de Adelaida.

Ya al final del cortejo, venían algunos conocidos que, en su mayoría, estaban conversando de manera animada y no faltaba algún grupo que riera y se comportara como si estuvieran en una celebración y no en un funeral. Intrigado, Fernando se preguntaba, una y otra vez:

–Pero, ¿quién habrá muerto?, ¿por qué no me avisaron?, ¿por qué mi esposa, mis hijos, mis nueras y hasta mis consuegros van en el cortejo, pero mis suegros ni yo los acompañamos?    

Cuando todos hubieron pasado, Fernando resolvió salir de las dudas. Se levantó del asiento, metió el taburete, cerró la puerta de la casa y se acercó a los últimos integrantes del cortejo, para preguntarles por la identidad del muerto. Sin embargo, estos iban tan entretenidos en su charla banal (según lo comprobó Fernando), tan distraídos del acto que se llevaba a cabo, que no le pusieron atención a sus preguntas.

Por eso, apretó el paso y se adelantó hasta llegar a la punta del cortejo. No obstante, cuando interrogó a su compadre y consuegro, éste tampoco le puso atención. Otro tanto ocurrió con sus nueras. Preocupado, se puso detrás de su esposa y le dijo:

–Mija, ¿quién se murió? ¿Por qué no me avisaron? ¿Dónde están tu papá y tu mamá?

Adelaida no contestó. Empero, volteó la cabeza, como para mirarlo; pero, misteriosamente, no le dijo nada. No le dio respuesta alguna. Solamente lo miró, como quien mira al vacío.

Fernando resolvió continuar con el cortejo. Al fin y al cabo, ya sólo faltaba una cuadra para llegar al cementerio. Cuando los sepultureros tomaron el ataúd para introducirlo en la fosa recién abierta, luego de que el sacerdote dijera las últimas oraciones y lo rociara con agua bendita, Fernando vio como Adelaida se adelantaba, abría la tapa del sarcófago y se inclinaba para darle un beso de despedida al muerto.

Intrigado, Fernando se acercó para mirar y quedó helado cuando vio que, el muerto, era él mismo…

––– // ––––

Sobresaltado despertó y, sin siquiera ponerse las chancletas, corrió hacia la puerta, la que encontró cerrada. De un solo golpe la abrió y se asomó a la calle. Miró a lado y lado y, en medio de la noche y a la luz de los pequeños candiles que la iluminaban, vio que la calle estaba totalmente vacía. Quiso, entonces, entrar nuevamente a su casa para seguir descansando. Pero no pudo. Un tremendo dolor le laceraba el pecho. Sintió que el alma se le iba. Segundos después, caía al piso. Cuando su cuerpo tocó las frías baldosas, Fernando ya estaba muerto.

Valledupar, 24 de enero del año 2006

Las lecciones de la Historia (V)

La figura del cipayo surgió en la India, durante la época en la cual este país fue colonia del Imperio Británico y se caracterizó –la figura del cipayo– por la adhesión servil que el cipayo, nacido en la India, le brindaba al Imperio a cambio de un salario que, por cierto, no era muy elevado que digamos; más bien, era bajo.

La labor del cipayo, a cambio de ese mísero salario, consistía en prestar su servicio y su colaboración en la vigilancia interna, es decir, labores policiales, en las principales ciudades de la India: Calcuta, Nueva Delhi, etc.

Lo grave de esta situación no la constituía, por sí sola, la baja remuneración recibida, unas pocas rupias al mes. Ni tampoco era de por sí criticable la labor de vigilancia ejercida por el cipayo sobre sus conciudadanos. Al fin y al cabo, alguien tenía que realizar dichas labores. Lo grave, como ya se dijo antes, era la adhesión incondicional y servil al Imperio, lo que llevaba a los cipayos, en la mayoría de las ocasiones, a cometer abusos y atropellos contra sus paisanos, cuando estos protestaban por el vasallaje ejercido por los británicos sobre la población india. Abusos y atropellos que los llevaron a cometer crímenes de los cuales el Imperio jamás se responsabilizó.

Por eso, después de la Independencia, lograda en gran parte gracias a la actitud pacifista de Gandhi, y desparecida la ominosa y odiosa figura del cipayo, la palabra pasó a ser sinónima de persona servil y abyecta que prostituye su mente y su voluntad para ponerlas al servicio del amo que lo protege y le remunera sus servicios, casi siempre éstos, relacionados con la traición a su patria, a sus conciudadanos, a sus ideales.

En estos países de América Latina ha habido muchos cipayos modernos que, así no estén uniformados ni porten armas, traicionan a su pueblo en razón del vasallaje abyecto con el que sirven a intereses extranjeros.

Y cuanto más encumbrado está el cipayo moderno (porque, hoy en día, ya no los hay pobremente remunerados), más abyecta es su entrega y más vil su traición y, por consiguiente, más reprobable y condenable su actitud.

Valledupar, 31 de enero del año 2006

El Código Da Vinci (I)

En vista del auge que escritos como el que se va a comentar a continuación crece como la espuma, sobre todo entre la juventud, se hace necesario que se desenmascare el error histórico camuflado en el libro, cuyo título sirve de mote a la columna de hoy.

El Código Da Vinci es una novela de ficción anticatólica que ha resultado ser un éxito de ventas en todo el mundo. Con más de 30 millones de ejemplares vendidos, traducida a 30 idiomas y con los derechos para la película en manos de Columbia Pictures, se trata ya de un acontecimiento propio de la cultura de masas, que transmite el siguiente mensaje:

«Jesús no es Dios. Antes del Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, ningún cristiano pensó que Jesús fuera Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en ese concilio.

Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos, portadores de su sangre, son el Santo Grial (sangre de rey, sang real, Santo Grial), fundadores de la dinastía Merovingia en Francia y antepasados de la protagonista de la novela.

Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina–femenina, como Marte y Atenea, Isis y Osiris.

Los primeros seguidores de Jesús adoraban el sagrado femenino; esta adoración a lo femenino está oculta en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden del Priorato de Sión, a la que pertenecía Leonardo da Vinci, y en mil códigos culturales secretos adicionales.

La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino en el año 325 persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino, mató a millones de brujas en la Edad Media y el Renacimiento, destruyó todos los evangelios gnósticos que no le gustaban y sólo dejó, bien retocados, los cuatro evangelios que le convenían.

En la novela, el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a la luz el gran secreto: “el Grial son los hijos de Jesús y la Magdalena y el primer dios de los cristianos  gnósticos era femenino.”»

Todo esto se intenta vender como erudición, investigación histórica y trabajo seriamente documentado. En una nota, al principio del libro, el autor, Dan Brown, quien debe padecer del complejo de Eróstrato, declara: «… todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos en esta novela son fidedignas…» Como se ve a medida que se avanza en la lectura, todo esto es falso: los errores, las invenciones, las tergiversaciones y las simples mentiras abundan por toda la novela.

La pretensión de erudición cae al suelo al revisar la bibliografía que ha usado. Los libros serios de historia o arte deben de escasear en la biblioteca de Brown y, en cambio, deben de abundar las paraciencias, los esoterismos y las pseudo historias conspirativas. Dan Brown, en su propia página web, dice bien claro que no ha escrito sólo una novela llena de despropósitos para divertir: «Como he comentado antes, el secreto que revelo, se ha susurrado durante siglos; no es mío.”

El resultado es que las ventas de libros pseudo históricos sobre la Iglesia, los evangelios gnósticos, la mujer en el cristianismo, las diosas paganas, etc., se han disparado. La web de libros Amazon.com es la primera beneficiada, al enlazar El Código Da Vinci con libros de pseudo historia neopagana, feminista radical y nueva era. La ficción, disfrazada de ciencia, es la mejor forma de educar a las masas y engañar mejor a los lectores (en este caso, recurriendo a la historia del arte y de las religiones).

Como afirma el dicho: “¡Calumnia, que algo queda!” Y si calumnias con datos que suenen a ciencia, aunque sean inventados, aún queda más.

Valledupar, 7 de febrero del año 2006

El Código Da Vinci (II)

Toda la base histórica de Brown descansa sobre una fecha: el Concilio de Nicea del año 325. Según su tesis, antes de esta fecha, el cristianismo era un movimiento muy abierto, que aceptaba lo divino femenino, que no veía a Jesús como Dios, que escribía muchos evangelios. En ese año, de repente, el emperador Constantino, un adorador del culto masculino al Sol Invicto, se apodera del cristianismo, destierra a la diosa, convierte al profeta Jesús en un héroe–dios solar y monta una redada (tal como 16 siglos después lo haría Stalin con los intelectuales de Rusia), para hacer desaparecer los evangelios que no le gustaban.

Para cualquier lector con algo de cultura histórica, esta hipótesis resulta absurda por  dos razones, al menos:

Hay textos que demuestran que el cristianismo antes del 325 no era como dice la novela y que los textos gnósticos eran tan ajenos a los cristianos como lo son actualmente las publicaciones “nueva era”: algo parasitario y externo.

Incluso si Constantino hubiese querido cambiar así la fe de millones ¿cómo habría podido hacerlo en un concilio sin que se diesen cuenta, no sólo millones de cristianos; sino centenares de obispos? 

Muchos de los obispos del Concilio de Nicea eran ancianos supervivientes de las persecuciones de Diocleciano, y llevaban sobre su cuerpo las marcas de la prisión, la tortura o los trabajos forzados por mantener su fe. ¿Iban a dejar que un emperador cambiase su fe? ¿Acaso, no era la resistencia cristiana a ser asimilados como un culto más, la causa de las persecuciones desde Nerón? Más aún, si el cristianismo antes del 325 hubiese sido tal como lo describen los personajes de Brown y muchos nuevos agnósticos actuales, nunca habría padecido persecución ya que habría encajado perfectamente con tantas otras opciones paganas. El cristianismo fue siempre perseguido por no aceptar las imposiciones religiosas del poder político y proclamar que sólo Cristo es Dios, con el Padre y el Espíritu Santo.

En la novela, el protagonista, el historiador inglés Teabing, afirma que en Nicea se estableció que “Jesús era el Hijo de Dios». Un repaso a los evangelios canónicos, escritos casi 250 años antes de Nicea, muestra unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios. Brown lo que está haciendo es copiar de uno de los libros pseudo históricos que más ha plagiado para hacer su best–seller, “Holy Blood, Holy Grial”, en el que se afirma que «en Nicea se decidió por voto que Jesús era un dios, no un profeta mortal».

La verdad es otra. Los cristianos siempre han pensado que Jesús es Dios y así figura en los evangelios y en escritos cristianos muy anteriores a Nicea.

Por ejemplo, en el Evangelio de San Juan, cómo Tomás dice al ver a Jesús resucitado: “Señor mío y Dios mío.”

O en la Carta de San Pablo a los Romanos, dictada a Tercio en casa de Gayo, jurisconsulto romano, en Corinto, en el invierno del 57 al 58: «de ellos (los judíos) son los patriarcas, y como hombre ha surgido de ellos el Cristo, que es Dios, y está por encima de todo».

O en los Hechos de los Apóstolos, San Pedro escribe: «Yo, Simón Pedro, sirviente y apóstol de Jesucristo, a aquellos que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han recibido una fe tan preciosa como la nuestra.”

Y saliendo del Nuevo Testamento, están los textos de algunos Padres de la Iglesia muy anteriores a Nicea: «Pues nuestro Dios Jesucristo fue, según el designio de Dios, concebido en el vientre de María, de la estirpe de David, pero por el Espíritu Santo» (San Ignacio de Antioquía, en carta a los Efesios, 107 d C)

«Si hubieseis entendido lo escrito por los profetas, no habrías negado que Él (Jesús) era Dios, Hijo del único, insuperable Dios» (San Justino Mártir, en Diálogo con Trifón, 165 d C).

Estas citas –y muchas otras– demuestran que los cristianos tenían clara la divinidad de Cristo mucho antes de Nicea. En realidad, en Nicea el debate fue sobre las enseñanzas de Arrio, un sacerdote herético de Alejandría que desde el 319 enseñaba que Jesús no era Dios; sino un dios menor. De unos 250 obispos, sólo dos votaron a favor de la postura de Arrio, mientras que el resto afirmaron lo que hoy se recita en el Credo, que el Hijo de Dios fue engendrado, no creado, y que es de la misma naturaleza (sustancia) que el Padre. Es decir, que Dios Hijo es Dios, igual que Dios Padre también es Dios, un mismo Dios pero distintas Personas. Pese a esta unanimidad de los padres conciliares, el historiador Teabing en la novela de Brown, dice que Cristo fue “designado Dios, ¡por un estrecho margen de votos!”

Valledupar, 14 de febrero del año 2006

El Código Da Vinci (III)

Teabing –protagonista de la novela y, definitivamente, un historiador que no sabe historia– también dice una serie de cosas sobre cómo el cristianismo inventado por Constantino no era más que paganismo. «Nada en el Cristianismo es original», dice el personaje. Hay afirmaciones en El Código da Vinci sin asidero histórico. A  continuación vamos a comentar algunas.

–“Los discos solares egipcios se convirtieron en halos de santos católicos. “

El arte cristiano tiene que expresar conceptos bíblicos, como las caras luminosas de Moisés (en el Sinaí) y Jesús (en la Transfiguración). Para ello usa un recurso común,  los halos o nimbos que ya se usaban en el arte griego y el romano.

–»La mitra, el altar, la doxología y la comunión, fueron tomados directamente de religiones paganas anteriores al cristianismo.”

La mitra de los obispos difícilmente puede estar inspirada en religiones antiguas, ya que aparece en Occidente hacia mediados del siglo X y en Oriente se empieza a usar después de la caída de Constantinopla en 1453.

El altar es, al igual que el cristianismo, de origen judío, no pagano. Hay 300 referencias a altares en el Antiguo Testamento. El altar de los sacrificios del Templo de Jerusalén es el punto de referencia del judaísmo antiguo y del simbolismo cristiano. No tiene nada que ver con los cultos paganos.

La Doxología no es más que la oración del Gloria: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres…» Usa lenguaje puramente cristiano, con conceptos trinitarios y utilizando continuamente pasajes del Nuevo Testamento. Nada que se parezca a los cultos paganos.

En cuanto a la comunión, parece ser que en los niveles superiores del culto a Mitras existía una comida sagrada de pan y agua o pan y vino. No hay datos que indiquen que los seguidores de esta divinidad persa, consideraran que en esa comida «comían un dios» ni nada similar. Además, el origen de bendecir y compartir el pan es judío.

–“El domingo, día sagrado cristiano, fue robado a los paganos. “

Desde el principio, los cristianos vieron el día después del sábado, como el más importante día para sus reuniones. Ya lo hacían en época de San Pablo: «…y en el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan…», (Hechos 20,7) o cuando Pablo pide reunir las colectas y diezmos el primer día de la semana. Danielou, en “La Biblia y la Liturgia”, dedica todo su capítulo 16 a hablar de «El octavo día», con citas de Ignacio de Antioquía, de la Epístola de Barnabás, de la Didajé, todos autores de finales del siglo I y principios del siglo II. Todos hablan del Día del Señor. San Justino, hacia el 150 d C es el primer cristiano en usar el nombre latino de Día del Sol (domingo) para referirse al día después del sábado. Ya en el concilio de obispos hispanos de Elvira, en el 303 d C se proclamó: «si alguien en la ciudad no viene a la iglesia tres domingos seguidos será excomulgado, después de un tiempo corto para que se corrija». Sólo 18 años después, en 321, Constantino declara oficialmente el domingo como día de descanso y abstención del trabajo. O sea, que el domingo es invento cristiano, que posteriormente adop0tó la sociedad civil, y no una fiesta pagana robada por cristianos, justo lo contrario de lo que dice la novela de Brown.

–“También al dios hindú Krishna, recién nacido, se le ofreció oro, incienso y mirra.”

Extraído del libro de pseudo historia “Los 16 crucificados, salvadores del mundo” escrito por Kersey Graves en 1875 y denostado incluso por ateos y agnósticos. Sin embargo, Graves no da nunca documentación de sus afirmaciones. Ésta del oro, incienso y mirra parece simplemente un invento. En la literatura hindú, según los entendidos, no se encuentra en ninguna parte. Ni siquiera en los libros hindúes escritos a partir del siglo I.

–“El dios Mitras, nacido un 25 de diciembre como Osiris, Adonis y Dionisos, con los títulos «Hijo de Dios» y «Luz del Mundo», enterrado en roca y resucitado 3 días después, inspiraron muchos elementos del culto cristiano.”

En realidad, la fiesta pagana del 25 de diciembre en Roma la inventó el emperador Aurelio en el 274, muchos años después de que los cristianos latinos celebrasen el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo. Aunque en la novela hablen de Mitras como un dios «muerto, enterrado en roca y resucitado tres días después», esta afirmación no aparece en ningún texto ni tradición antigua sobre Mitras.

Valledupar, 21 de febrero del año 2006

El Código Da Vinci (IV)

¿Por qué el mundo va tan mal, hay guerras, violencia y contaminación? La respuesta   de El Código Da Vinci y su feminismo radical es sencilla, la culpa es del cristianismo, que es machista.

«Constantino y sus sucesores masculinos convirtieron con éxito el mundo, desde el paganismo matriarcal hasta la Cristiandad patriarcal, mediante una campaña de propaganda que demonizó lo sagrado femenino, eliminando a la diosa de la religión moderna.» Como consecuencia, «la Madre Tierra se ha convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y la guerra se toman su tributo. El ego masculino ha pasado dos milenios sin equilibrarse con su balanza femenina, una situación inestable marcada por guerras alimentadas con testosterona, una plétora de sociedades misóginas y una creciente falta de respeto por la Madre Tierra».

Esto se habría evitado –según Dan Brown– de seguir el «cristianismo» gnóstico, algunos de cuyos grupos y tendencias consideraban lo divino como masculino–femenino, relaciones armónicas de opuestos e, incluso, andrógino. Jesús, según los gnósticos del siglo II y los nueva era feministas del s. XX, necesita un opuesto femenino que le complete (su consorte sería María Magdalena) y unos documentos que lo avalen (los evangelios apócrifos, textos gnósticos imaginativos sin base histórica.)

Mientras que los evangelios canónicos son del siglo I, ningún texto gnóstico es anterior al siglo II. Muchos son de los siglos III, IV o V. A mediados del s. II, la Iglesia ya tenía claro que los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan eran los inspirados por el Espíritu Santo. Es falsa la idea de la novela de que en el 325, con Constantino, de entre «más de 80 evangelios considerados para el Nuevo Testamento», sólo se eligieron cuatro. ¡Estos cuatro ya hacía 200 años que estaban seleccionados, como leemos en los textos de Justino Mártir (150 d C) y de San Ireneo (180 d C)!

En El Código Da Vinci hay material de muchos tipos: nueva era, ocultismo, teorías conspirativas, neopaganos, astrología, préstamos orientales y hasta amerindios; pero el cóctel gnóstico–feminista es la base de la mezcolanza. Hay poca investigación verdadera sobre el Santo Grial, pero sí mucha sangría.

Así, se nos cita un texto que existe de verdad, el Evangelio de María Magdalena, una obra gnóstica tardía, escrita por autores de una secta gnóstica, desde fuera del cristianismo. En él, María besa en la boca a Jesús y eso causa la envidia de los apóstoles. Según Teabing –el historiador de la novela– «Jesús era el primer feminista. Pretendía que el futuro de su iglesia estuviese en manos de María Magdalena».

Lo que Brown se abstiene de citar es el versículo 114 de otro texto gnóstico, el famoso  Evangelio de Tomás, donde Jesús dice que Él hará de María Magdalena «un espíritu viviente que se parezca a vosotros, varones. Porque cada mujer que se haga a sí misma varón entrará en el reino de los cielos».  Es tanto el revoltijo histórico, teológico y cultural que Brown logra hacer en la obra que, ni él mismo, se preocupa por armonizar los textos que, de manera maligna, quiere tomar como base de su diatriba anticristiana.

El gnosticismo antiguo es reciclado por antagonistas de la Iglesia actual, pero para ello han de rechazar algunas cosas del gnosticismo antiguo, que era machista, elitista, despreciaba el cuerpo y todo lo material y es difícil de vender como  “el auténtico cristianismo» Así, el entusiasmo del autor por los «ritos de fertilidad», que tanto admiran (y practican) los protagonistas, no tiene nada que ver con la fertilidad, obviamente, si no con el placer sexual. Es un signo de los tiempos, pero también una herencia gnóstica: engendrar, dar vida a nuevos cuerpos, es malo. Lo bueno es sexo sin concepción. ¡Justo lo contrario que en el cristianismo! Es de suponer que la próxima novela de Brown, trate de la clonación, es decir, de concepción sin sexo.

Valledupar, 28 de febrero del año 2006

De torturas y otras cosas

Vamos a hacer un alto en el análisis del panfleto (disfrazado de novela) escrito por Dan Brown, “El Código Da Vinci”, con el fin de comentar una serie de hechos  insólitos  que, aunque acaecidos en diferentes lugares del mundo y protagonizados por distintas personas, tienen en  común el desprecio a la dignidad humana.

Las torturas infligidas a los prisioneros de guerra en el campo de concentración que el gobierno norteamericano tiene en Guantánamo, las golpizas dadas por miembros del ejército británico a manifestantes iraquíes en una calle de Bagdad, las torturas que elementos del ejército gringo cometieron con los prisioneros de guerra en la cárcel de Abu Ghraib (Irak) y las torturas y vejámenes a que fueron sometidos, por sus inmediatos superiores, 21 soldados del Batallón Patriotas de la VI Brigada del ejército colombiano, acantonada en Honda, Tolima, solamente pueden ser comparables al tratamiento que los miembros de las SS infligían a sus prisioneros judíos, polacos, rusos, gitanos y otros, en los campos nazis de concentración en Auschwitz, en Treblinka, en Chelmno, etc., en donde las vejaciones y la crueldad era el pan de cada día. En Auschwitz, por ejemplo, los guardas, luego de hacer acostar boca arriba en el piso a sus víctimas, caminaban encima de éstas, tal como fue hecho con los soldados de la VI Brigada del ejército colombiano. Describir las demás torturas a que fueron sometidas las víctimas, en todos los casos, sería morboso y el refinamiento utilizado es realmente execrable.

La única diferencia entre los torturadores de Guantánamo, los de Auschwitz, los de  Treblinka, los de Chelmno y los de Bagdad con los de la VI Brigada, reside en la circunstancia de que las víctimas de aquellos eran sus enemigos (circunstancia ésta que no justifica ni hace menos abominable la actitud de los verdugos), en tanto que  los 21 soldados del Centro de Instrucción y Entrenamiento (CIE) de la VI Brigada eran amigos de sus victimarios, pertenecientes al mismo bando.

Situación ésta, que hace más censurable el hecho, no obstante los verdugos materiales (los cabos Tarazona y Ávila) y sus superiores, como el coronel Hernández Mosquera, aleguen que nada anormal pasó en el CIE y todo hacía parte del adiestramiento para enfrentar a la guerrilla. Porque no es mediante la humillación y el vejamen como se adiestra al soldado, ni se le hace más varonil a través de la pérdida de la autoestima. Al contrario, el amor propio y el sentido de pertenencia y de pertinencia se acrecientan con el buen trato y éste hace que la lealtad, a la institución a la que se pertenece, aumente.

La justicia civil debe tomar en sus manos la investigación, para poder garantizar que los responsables serán juzgados y condenados con todo el rigor de la ley, sin contemplaciones de ninguna especie.

Los altos mandos militares deben responder, ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, sobre estos hechos que desdicen de las Fuerzas Armadas y que, según parece, no son ocasionales y aislados, ni mucho menos de menor cuantía, como corrieron a aseverarlo algunos.

La justicia civil debe impedir que esto quede en la impunidad. No se pueden olvidar Guatarilla, Cajamarca, San José de Apartadó, etc., por citar solamente unos ejemplos.

Valledupar, 7 de marzo del año 2006

El Código Da Vinci (V)

Retomemos el análisis del panfleto “El Código Da Vinci”, en donde Dan Brown demuestra una desproporcionada ansia de figurar y, para lograrlo, acude incluso a la blasfemia, cuando se atreve a negar la divinidad de Jesucristo. Señalemos hoy otros errores del libelo que, por cierto, está siendo acusado de plagio.

Se dice que el planeta Venus se mueve dibujando un pentagrama, el llamado «pentagrama de Ishtar», simbolizando a la diosa (Ishtar es Astarté o Afrodita). Al contrario de lo que dice el libro, la figura no es perfecta y no tiene nada que ver con las Olimpiadas. Las Olimpiadas se celebraban cada cuatro años y en honor de Zeus, nada que tuviera que ver  con los ciclos de Venus, ni con la diosa Afrodita.

El novelista dice también que los cinco anillos de las olimpiadas son un símbolo secreto de la diosa; en verdad, cuando se diseñaron las primeras olimpiadas modernas el plan era empezar con uno e ir añadiendo un anillo en cada edición, pero se quedaron en cinco. O sea, que no hay relación con Afrodita.

En la novela presentan la larga nave central y hueca de una catedral como un tributo secreto al vientre femenino, con las nervaduras como pliegues sexuales, etc. Esto está tomado del libro de pseudo historia “La Revelación de los Templarios”, en donde se afirma que los templarios crearon las catedrales. Por supuesto, esto falso. Las catedrales las encargaron los obispos y sus canónigos, no los templarios. El modelo de las catedrales era la iglesia del Santo Sepulcro. El Priorato de Sión existe realmente, es una asociación francesa registrada desde 1956, posiblemente originada tras la II Guerra Mundial, aunque clamen ser herederos de masones, templarios, egipcios, etc.  No es creíble la lista de Grandes Maestres que Señala Brown: Leonardo, Newton, Víctor Hugo y otros.

La novela dice que el tetragrama YHWH, el nombre de Dios en letras hebreas, viene de «Jehová, una unión física andrógina entre el masculino Jah y el nombre pre hebreo de Eva, Havah». Al parecer, nadie ha explicado a Brown que YHWH (que hoy sabemos que se pronuncia Yahvé) empezó a pronunciarse «Jehová» en la Edad Media, al interpolarse, entre las consonantes, las vocales de «Adonai».

Las cartas del tarot no enseñan doctrina de la diosa; se inventaron para juegos de azar en el s. XV y no adquirieron asociaciones esotéricas hasta finales del s. XVIII. La idea de que los diamantes de la baraja francesa representan pentagramas es un invento del ocultista británico A. Waite. ¿Qué dirán los esotéricos de la baraja española con sus copas (símbolos sexuales femeninos) y sus espadas y bastos (símbolos fálicos)?

El Papa Clemente V no eliminó a los templarios en un plan maquiavélico ni echó sus cenizas al Tíber, como lo afirma Brown. El Tíber está en Roma y Clemente V no, porque fue el primer Papa de Aviñón. Toda la iniciativa contra los templarios fue del rey francés, Felipe el Hermoso. Los masones, los nazis y ahora los nuevos agnósticos quieren ser herederos de los templarios.

Mona Lisa no representa un ser andrógino; sino a La Madonna Lisa, esposa de Francesco di Bartolomeo del Giocondo. Mona Lisa no es un anagrama de los dioses egipcios Amón e Isa (Isis).

En La Última Cena de Leonardo, no aparece el cáliz y sí aparece San Juan. La novela dice que el joven es María Magdalena y que ella es el Grial. El cáliz no sale porque el cuadro está describiendo la Última Cena tal como se describe en el Evangelio de San Juan,  cuando Jesús avisa «uno de vosotros me traicionará.»

La novela dice que Leonardo recibió muchos encargos de la Iglesia y «cientos de lucrativas comisiones vaticanas». En realidad Leonardo pasó poco tiempo en Roma y apenas si le mandaron hacer algún encargo. También presenta Brown a Leonardo como un homosexual ostentoso. En realidad, aunque en su juventud fue acusado de sodomía, su orientación sexual no está del todo clara.

Por último, la heroína, Sophie Neveu, usa un cuadro de Leonardo, La Madonna de las Rocas, como un escudo y lo aprieta tanto a su cuerpo que se dobla. Esto es asombroso, porque se trata de una pintura sobre madera, no sobre lienzo, y de casi dos metros de alto.

Valledupar, 14 de marzo del año 2006

La Democracia en Colombia

“Es más difícil sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre.”

Montesquieu, citado por Bolívar en la Carta de Jamaica.

Pasó el doce de marzo y, con él las elecciones. Y, una vez más, todo pasó sin que pasara nada. Todo ocurrió como ha ocurrido siempre. Desde cuando Bolívar y sus muchachos nos cambiaran de amo. Desde cuando dejamos de tributar para los españoles, con el fin de hacerlo para los criollos poderosos.

Siempre que ha habido elecciones en Colombia, el resultado ha sido el mismo. Siempre ganan para el Senado, la Cámara, las Asambleas, los Concejos, la Presidencia y, últimamente, Alcaldías y Gobernaciones, los mismos de siempre o sus herederos. Los que tienen el poder del dinero que les permite montar y aceitar la famosa maquinaria electoral. Y eso, ni malo sería, si solamente la maquinaria funcionara como productora de promesas, incluso las incumplidas, que son la mayoría. Lo malo estriba en que esa maquinaria se ha convertido en una fábrica para comprar votos, vale decir, conciencias. Y lo peor radica en que los compradores de votos, es decir, los candidatos y su corte, se aprovechan del hambre, la miseria y la necesidad del vendedor potencial del voto. Por eso, ya no es solamente en el Departamento del Atlántico donde existen los Name, los Gerlein, los Sleby, compradores todos consuetudinarios y descarados de votos, vale decir, de conciencias. Hoy, en toda Colombia se cuecen habas. En toda Colombia, y en cualesquiera elecciones, surge la industria de la compra y, su consecuente, venta de votos.

Alguna vez, en esta columna decíamos que en nuestro país hay cuatro clases de electores: el que vota con el estómago, el que vota con el bolsillo, el que lo hace con el corazón y el que va a las urnas usando el cerebro. Las dos primeras clases que, para efectos prácticos, es una sola, constituyen la mayoría y la razón es obvia. En Colombia, la mayoría de su población es pobre y vive en la miseria, carente de recursos y abundante en necesidades.

Pues bien, los políticos, marrulleros como nadie, lo saben y, entonces, aprovechan esa coyuntura y salen (de manera directa o por interpuestas personas) con sus sacos llenos de dinero a comprar votos, Y, por supuesto, para esa mayoría hambrienta, llena de necesidades y privada de recursos, vender algo que para ella en ese momento es intangible, no es ningún problema de conciencia, en tanto sí es la solución a una situación grave y calamitosa, como lo es calmarle el hambre a sus hijos o la suya propia. Y, entonces, cambia su voto por unos pocos billetes, un pastel, una lámina de zinc, una bolsa de cemento, una botella de ron o cualquier otra cosa que en ese instante le significa una pequeña luz, en ese oscuro túnel que habitualmente es su vida. Pero que, para el candidato es una baratija. Al fin y al cabo, el dinero para comprar el tamal, la lámina de zinc, la bolsa de cemento o la botella de ron (a pesar de la ley seca o, tal vez en razón de ella), salió de las arcas del industrial, el comerciante, el ganadero o el narcotraficante que está invirtiendo para asegurar que alguien, desde la Presidencia, la Alcaldía, la Gobernación, el Senado, la Cámara, la Asamblea o el Concejo, proteja sus intereses en el futuro.

Por eso en Colombia, durante las jornadas electorales, siempre pasa todo sin que pase nada. Sin que algo cambie. Y, así, no es raro que cuando alguien nos hable de la Democracia en Colombia, solamente podamos sonreír, tal vez con algo de ironía, tal vez con mucho de tristeza.

Una vez más se comprueba que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.

Maracaibo, 20 de marzo del año 2006

El Pequeño Infante

(Apuntes para una novela)

El pequeño infante, de apenas dos años de edad, avanzó, asido de la mano de su hermana mayor, por el corredor que conducía al patio. La primera impresión que le dio el pasillo fue de tristeza e inmensidad. Sin embargo, años después, al evocar esa tarde, caería en cuenta de que no había tal lobreguez ni el corredor era tan largo y todo había sido producto de su falta del sentido de las proporciones, que aún no había desarrollado. No obstante, nunca pudo descifrar el porqué  de esa sensación de melancolía, ya que para ese entonces, él aún no podía entender la causa del llanto de las mujeres ni el caminar apresurado y silencioso de los hombres, en esa aciaga tarde, cuando al pasar frente a la puerta abierta de una de las habitaciones que daban al corredor, pudo ver lo que después sabría que eran un ataúd y unos cirios encendidos.

La visión fue momentánea, mas no por eso menos indeleble. En su pequeña mente se acababa de formar, sin aún entenderla, la imagen del dolor. El llanto de su madre y la cara de consternación de su padre eran demasiado evidentes y, a pesar de la prisa con que su hermana mayor lo conducía hacía el patio, él pudo darse cuenta de que algo raro pasaba y, eso que estaba sucediendo, era malo, máxime cuando todos caminaban tratando de no hacer ruido, todos vestían de negro y todos lloraban.

Con el transcurrir de los años comprendió que esa tarde la familia había estado de duelo, como consecuencia de la muerte de uno de los hijos, su propio hermano de quien no alcanzó a guardar recuerdos y a quien sólo conoció en las fotografías que su madre, llena de nostalgia y los ojos anegados en llanto, repasaba con frecuencia.

A partir de entonces, todo fue luto y desconsuelo en el hogar paterno. La radio enmudeció; las hermanas mayores, que antes cantaban mientras ayudaban a la madre en los quehaceres de la casa, también enmudecieron; los hermanos mayores ya no volvieron a hacer reuniones en la casa; tampoco se volvieron a oír las risas de los niños; hasta a él, el menor, el consentido, el mimado por todos, lo reprendían si llegaba a reír, si llegaba a hacer ruido; su padre se volvió adusto y mantenía el ceño fruncido y la mirada triste; la madre permanecía horas enteras contemplando las fotos del hijo muerto, mientras daba rienda suelta al llanto.

Así pasó el tiempo, los días se volvieron semanas y éstas dieron paso a los meses, que no tardaron en convertirse en años. Hubo un día en que se trasladaron a Cartagena. De nuevo hubo felicidad en el hogar del pequeño infante, quien nunca olvidaría la tarde cuando su padre los llevó, a él y a los otros dos hermanos menores, a conocer el mar, las murallas y el Castillo de San Felipe. La impresión que le causó ver esa inmensa cantidad de agua, fue algo inolvidable. De inmediato atosigó a su padre con preguntas de toda índole sobre ese inconmensurable piélago, que parecía no tener fin. Una a una, con paciencia y sapiencia, el padre le absolvió las dudas.

Un buen día, aquel infante que vimos sorprendido ante la escena de duelo en el hogar, el día en que conoció el dolor, y luego lo vimos asombrado ante la inmensidad del océano, fue encontrado por su padre, una tarde de sábado cuando éste llegaba del trabajo, con el periódico abierto en la página de las historietas. Cuando el padre, entre sorprendido y divertido, le preguntara que hacía, él contestó:

–Leyendo, papá.

–Y, acaso, ¿usted sabe leer?

–Sí, señor.

–Y, ¿quién le enseñó?

–Nadie, yo aprendí solo.

Pasada la sorpresa, al colegio fue a dar, pues no podía desaprovecharse ese talento. Allí, aprendió a escribir, a sumar y a restar. Un día, las monjas del colegio le dijeron que si quería que lo preparan para la Primera Comunión; a lo cual contestó afirmativamente. Así aprendió a conocer mejor a Dios; las oraciones que la madre le enseñara unos años antes, y que él repetía de memoria, ahora tenían más sentido. Cuando la hermana Clara, su profesora de primer año, le preguntó cuándo quería hacer la Primera Comunión, contestó, sin vacilar:

– El Jueves Santo.

– ¿Por qué?

– Porque ese día la hicieron los apóstoles.

– Ah, ese día, Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía.

– Sí. Por eso yo quiero hacerla ese día.

Así fue demostrando una capacidad de raciocinio que habría de mantener hasta el día de su muerte.

Valledupar, 28 de marzo del año 2006

La Parábola de la Imprudencia

El linchamiento está definido como la “acción de ejecutar a un sospechoso o a un reo, de manera tumultuaria, sin proceso ni juicio.”

En Derecho, el linchamiento, además, está considerado como un caso de delincuencia colectiva, en tanto que es el producto de venganza de una comunidad presionada por un líder, contra un individuo o un grupo de individuos sindicados de un delito. Su naturaleza delictiva deriva de la ausencia de un procedimiento, ordenado y regular, a manos de las autoridades facultadas para realizar un juicio y de la impericia e incapacidad del grupo ejecutor para discernir los hechos, motivo de la acusación. Amén de su condición de caso flagrante de querer los particulares tomar la justicia por su propia mano. Contradiciendo, así, los mandatos de la ley que, en cualquier país civilizado, establece que aquella solamente puede y debe ser administrada por quienes han sido investidos para tal efecto.

Si cualquier hijo de vecino, en una reunión familiar o en una tertulia entre amigos, en gracia de discusión, pide linchar a un sospechoso de delito atroz, los contertulios o familiares tomarán la petición en sentido figurado y es probable que de allí no pase el asunto.

Pero si es un hombre público (más aún el presidente del país), quien hace la petición de linchamiento, es posible que la masa amorfa y maleable tome al pie de la letra sus palabras y, entonces se produzca el delito colectivo, de linchar sin fórmula de juicio al sindicado. En cuyo caso se estaría cometiendo un crimen, cuyo autor intelectual sería el incitador al linchamiento.

Por eso cuando Uribe, en foro abierto, pide a la multitud linchar a los corruptos (olvidando, tal vez, que a su alrededor medran también algunos de ellos), no sólo actúa de manera irresoluta e irresponsable (dadas las consecuencias que sobre la masa amorfa y maleable tienen las palabras presidenciales); sino que además lo hace en contra del Derecho y las Leyes que juró cumplir y hacer cumplir, ya que no se puede olvidar que en todo Estado de Derecho (y se supone que Colombia lo es), existe la división de poderes y mal puede el Ejecutivo arrogarse facultades judiciales. Y ni que decir de su condición de católico practicante, que deber conocer muy bien las connotaciones del Quinto Mandamiento.

Además, si el presidente incita a tomar la justicia por mano propia, ¿qué se podrá esperar de esa masa amorfa y maleable, cuando quiera tomar venganza, por cualquier “quítame estas pajas”? Y ni que hablar de los especialistas en cobrar cuentas, sean propias o ajenas.

Por decir lo menos, éste ha sido un acto de imprudencia. O será ¿que todo ha sido consecuencia del afán proselitista de época preelectoral?

Porque, de no ser así, ¿por qué, más bien, no pide investigar, juzgar y condenar a todos los corruptos, sin distinción de clase social, económica o política, raza, sexo, religión o afinidad consanguínea o colateral?

Como diría Ramiro Bejarano, a propósito del presidente candidato: “¡Ah, siempre los voticos!”

Valledupar, 11 de abril del año 2006

En qué país vivimos

Hace cuarenta años, Carlos Lleras Restrepo, a la sazón candidato a la presidencia de la República, decía (tal vez con razón) que el país se encontraba descuadernado, para significar que Colombia estaba desbaratada y desbarajustada. Hoy tendría que afirmar el  ex presidente, que nuestra patria está descompuesta y putrefacta.

La corrupción administrativa ha llegado a su máxima expresión. Todas las semanas, por no decir todos los días, aparecen nuevos casos de descomposición moral. Nunca antes, la carencia de valores había sido tan manifiesta, Hoy la axiología es cosa desconocida por la mayoría de los jóvenes y algo olvidado por muchas personas mayores. Sobre todo, por aquellas encargadas del manejo del Estado, en sus diferentes divisiones y niveles.

Lo malo ocurre, cuando esos funcionarios intentan eludir su responsabilidad y su culpa, al pretender endilgarles a sus subalternos la comisión de todos los delitos administrativos u operativos, cometidos en el área bajo su jurisdicción. Olvidando, ladinamente, que no sólo se delinque por acción; sino también por omisión. Vale decir, cuando el superior jerárquico se hace el de la vista gorda, mientras que el subordinado le saca las castañas del fuego.

Y lo peor acontece, al asumir el dignatario una actitud de aparente inocencia, como si la mayoría de las veces, no supiera lo que ocurre en los niveles medio y bajo de la administración a su cargo. Adoptando, así, una postura hipócrita y cobarde que, además, es irrespetuosa. Pues no es posible pensar que la opinión pública, que analiza y juzga esas actitudes, vaya a estar siempre compuesta de tarados y cretinos.

Ahora bien, no se trata, como taimada e irresponsablemente dice Uribe: “…los medios de comunicación no pueden juzgar y condenar…” Por supuesto que no. Pero su obligación moral debe de ser la de denunciar y, sobre todo, desvelar, sin restricciones de ninguna índole, todo lo malo, especialmente lo amoral y antiético del comportamiento de aquellos en quienes el pueblo (que vota y paga impuestos) delegó la confianza para el manejo de la cosa pública.

Entonces, desde ese orden de ideas, no podemos ni debemos permitir que se nos mienta con frases almibaradas ni posturas dulces y engañosas ni, mucho menos, con pañitos de agua tibia. Porque de que en el país están pasando cosas indebidas (por decir lo menos), es una realidad tan grande como una catedral, cuyo tamaño es más difícil de ocultar que el de un elefante.

Por tanto, todo gobernante (en cualquier nivel de la administración) que sepa o intuya malos manejos de sus subalternos, tiene la obligación moral y constitucional de ordenar las correspondientes investigaciones y hacerles el debido seguimiento, sin importar lo dolorosos que puedan ser los resultados y, partir de allí, obrar con la debida rectitud, honestidad y valentía.

Al fin y al cabo, para eso fue elegido y en ninguna parte de la Constitución se señala que su comportamiento ante la comunidad sea totalmente autónomo. A menos que se trate de un déspota que crea detentar el poder absoluto y, por consiguiente, habrá desbordado las normas de la Carta Magna y, entonces, lo menos que puede hacer es mostrar sus verdaderas intenciones y no seguir con la impostura mendaz y sus poses melifluas. Una actitud correcta y resuelta es mejor a cualquier postura farisaica.

Recordemos la lección de Don Marco Fidel Suárez.

Valledupar, 18 de abril del año 2006

Más sobre la corrupción

En la columna de la semana pasada, decíamos que nunca la corrupción administrativa había alcanzado niveles tan altos. Parece que a raíz de los sucesos del DAS, con todas las consecuencias que de ellos se puedan derivar, se ha alcanzado la cúspide de la inmoralidad estatal, no obstante los áulicos del régimen pretendan negarlo ni que todas aquellas personas -la mayoría de buena fe- que aún creen en la condición mesiánica de Uribe (a pesar de su actitud soberbia y bravucona), den por ciertas las declaraciones dadas por éste. Sin embargo, este estado de descomposición moral no es nuevo ni único. Es más bien, como se dijo líneas antes, el corolario de un proceso que se ha venido gestando desde hace casi cuatro años y que comprende actos (por acción u omisión) contra el patrimonio nacional, cometidos por funcionarios de alto nivel.

No crea, amable lector, que esto es producto de una mente calenturienta o resultado de una actitud sectaria o consecuencia de resentimientos de tipo social, económico o político. No. Es más bien, la deducción a la que ha llegado una mente reflexiva que, tras analizar los actos del actual gobierno, ha concluido que, desafortunadamente para Colombia, este no ha sido el mejor cuatrienio que ha tenido en su historia. Truncando, así, las expectativas de quienes creyeron en él y nunca sospecharon de su disfraz de cordero.

Decíamos que desde hace casi cuatro años se cuecen en esta olla podrida, que siempre ha sido la administración de la cosa pública, casos de corrupción que han atentado contra el patrimonio nacional, vale decir, contra los intereses de la mayoría de los colombianos, especialmente los más desprotegidos, y no los de la minoría reinante. Empecemos por el sector energético. La política tendiente a proveer de alcohol carburante al parque automotor nacional, nació con intereses creados. Dentro de las exenciones tributarias y demás protecciones nacidas de otras disposiciones gubernamentales, en desmedro del sector panelero, se encontraba la familia del actual Ministro de Minas y Energía, propietaria de grandes extensiones de cañaduzales del Valle del Cauca. De haber procedido con la debida honestidad, el ministro se habría declarado impedido para participar en la reglamentación correspondiente, tal como lo señala el artículo 40 del Código Único disciplinario sobre conflicto de intereses (Ley 734 del año 2002). Empero, el ministro actuó, defendió y sacó adelante la reglamentación de la Ley 693, emanada de un Congreso comprado, en su mayoría, por dádivas palaciegas. También tenemos la privatización de ISA y de las Electrificadoras de la Costa Atlántica. ¿Por qué se les vendieron a los particulares empresas cuyos rendimientos eran pingües y en las cuales el Estado era el socio mayoritario? ¿Quiénes fueron los beneficiados con estas transacciones? No faltará quien quiera hacer de abogado del diablo y rebata estas observaciones o las quiera minimizar, diciendo que siempre ha sido así. Que en Colombia han sido más frecuentes los malos gobiernos que los buenos. Y hasta razón tendría quien así pensara, si no fuera por el simple hecho de que éste es el único que, en los últimos cincuenta años, se ha querido perpetuar en el poder, con el apoyo de la mayoría ciega, ingenua o indiferente. Sin embargo, a quienes aún nos duele la Patria (esa sí con mayúscula y sin necesidad de ponernos la mano derecha en el pecho al pronunciar su nombre), nos preocupa qué va a ser de ella y qué es lo que van a encontrar los hijos de nuestros hijos. Así, a nosotros nos haya tocado vivir la peor parte, merced a la sempiterna corrupción administrativa.

Valledupar, 25 de abril del año 2006

Peras al olmo

Mientras los medios masivos de comunicación que gracias a la benevolencia del Estado, detentan el espectro electromagnético (radio y televisión), continúan puestos de hinojos ante la labor mesiánica del príncipe, los medios escritos de comunicación (periódicos y revistas) no han cejado en su labor de denuncia y continúan, en su mayoría, destapando más y más casos de corrupción de una administración que ha convertido al país en una olla nauseabunda. Esto, por supuesto les ha acarreado las iras del Mesías y las de su camarilla.

Como resultado de este desatamiento de las iras del Olimpo, se ha acusado a los medios escritos de abusar de la libertad de prensa, de querer convertirse en jueces y otra serie de falacias que, de no ser tan grave el asunto y las consecuencias que pudieran derivarse de ellas, moverían a risa. Sin embargo, la opinión pública debe preocuparse, pues, lo menos grave que puede pasar (y, en gracia e indulgencia polémicas, pensemos que solamente esto pudiera ocurrir), es que con estas mentiras se llegaría al demérito de los medios escritos de comunicación. Lo cual es grave. Pero lo más grave y peligroso sería el señalamiento, y la consiguiente lápida que se les colgaría al cuello, a estos periodistas. Y en el país que vivimos, cualquier cosa podría pasar.

Sin embargo (y a pesar del peligro que hoy significa denunciar en Colombia), muchos periodistas siguen investigando y encuentran, además de lo del DAS, el caso de los hermanos del consejero presidencial. Escarban otro poco y se encuentran con la postura ambigua, por decir lo menos, del jefe de la campaña uribista en el Magdalena y así, sucesivamente, cada semana encuentran cosas y casos que muestran y demuestran como la corrupción se ha tomado la administración de la cosa pública en Colombia.

Entonces, los miembros uribistas de la Cámara de Representantes, con su presidente (¿Gallardo?) a la cabeza, resuelven aplicar la desbandada, para evitar el quórum necesario en los debates donde se les habrán de hacer cuestionamientos a los altos miembros del actual gobierno. En el Senado, para no quedarse atrás, sus amigos  hacen otro tanto.

Como si todo esto fuera poco, pretenden acallar las denuncias del ex funcionario del DAS, Rafael García, otrora uribista convencido y amigo de los amigos del Mesías.

Y para colmo de la desfachatez, calumnian al candidato con más opción dentro de la oposición, al académico, ex magistrado y actual senador, Carlos Gaviria, de poseer la más alta pensión del ISS. Por fortuna, esta falacia fue controvertida de inmediato.  Pero, como se sabe, de la calumnia algo queda. Por eso, como ya no pueden defenderse, acuden a la difamación.

Por tanto, ¿para qué pedirle peras al olmo?

  1. S. Dentro de la campaña electoral que se avecina en Venezuela, hay un candidato, Julio Borges, cuyo partido tiene un lema muy semejante al del candidato presidente en Colombia, “Primero Venezuela”, dice el de allá, “Primero Colombia”, el de acá. Pero esa no es la única semejanza. El tal Borges, acusa a Chávez de ayudar a los países pobres de Latinoamérica, exactamente a Cuba y Bolivia. En sus propias palabras, “a unos limpios, que no tienen cómo pagar”. Justamente un pensamiento muy oligarca: “Ayuda a los ricos, que son los que te pueden devolver el favor”. Cualquier parecido con la política socioeconómica del actual cuatrienio en Colombia, no es mera coincidencia.

Entonces, ¿cómo pedirle peras al olmo?

Valledupar, 2 de mayo del año 2006

¿Milagros en Emdupar?

Durante muchos años (yo llevo más de doce viviendo aquí), se nos ha dicho a los habitantes de Valledupar que cuando llueve, toca aceptar el corte del suministro de agua potable a la ciudad, debido al enlodamiento de la bocatoma del acueducto. Y, en razón de ello, la ciudadanía así lo ha aceptado y, cada vez que llueve, toma las medidas necesarias para no quedarse sin el preciado líquido, inevitable para la vida. Empero, algunos nos preguntamos por qué en las demás ciudades del país, que también alimentan su planta de tratamiento con el agua de los ríos que las bañan, no ocurre lo mismo. Y allá, truene, llueva o relampaguee, el suministro del agua potable es normal. Salvo en las épocas de sequía extrema para aquellas ciudades que no cuentan (también por negligencia de la empresa correspondiente) con los embalses requeridos, donde guardar agua durante los meses de las vacas gordas (lluvia), para disponer de ella en los de las vacas flacas (sequía). Sin embargo, aquí en Valledupar ocurre algo que podría ser hasta gracioso. Pero no lo es. Por el contrario, es grave. Sucede que en abril, durante los cuatro días del Festival Vallenato, cuando la ciudad se inunda de turistas y de “personajes” de la vida política, social, económica, farandúlica y demás especies, la ciudad cuenta con el total suministro de agua potable, a pesar de los torrenciales aguaceros que durante esos días caen en la Ciudad de los Santos Reyes (más aún, la tradición oral dice que “sin lluvia, no hay buen Festival”).

Y es bueno que la ciudad cuente con el suministro  de agua potable durante esos cuatro días. Al fin y al cabo, los visitantes, nacionales y extranjeros (“propios y extraños”, dirá el bobo de marras), se llevan la imagen de una ciudad en donde no solamente se bebe agua pura; sino que, además, vean que se dispone de ella las 24 horas del día, de manera ininterrumpida, durante su permanencia en la ciudad, los cuatro días que dura el Festival. Lo que ignoran los forasteros y los “personajes”  es que, apenas ellos voltean grupas, el suministro de agua potable en Valledupar queda suspendido, casi que por ensalmo.

¿Qué ocurre, Señor Gerente de Emdupar, para que estas cosas sucedan? ¿La empresa que usted dirige, tiene un reservorio donde guardar agua potable, para esos días? Acaso, ¿los aguaceros de finales de abril (“en abril, aguas mil”, dice el adagio), no alcanzan a enfangar la bocatoma del acueducto? ¿La empresa a su cargo, hace un esfuerzo sobrehumano y, durante los cuatro días del Festival, se convierte sin problemas en agua potable, el agua enfangada de la bocatoma? Porque, con toda sinceridad, estas posibilidades, todas humanamente realizables, podrían permitir que durante esos cuatro días del Festival, cuando nos visitan los  “notables”, podamos disfrutar sin ninguna interrupción del preciado líquido, inevitable para la vida. Porque, de no ser ninguna de las posibilidades enumeradas, solamente un milagro podría permitir que sin intermisión esto ocurriera. Pero como, en sana lógica, usted no está capacitado para hacer milagros, le pedimos nos explique, por favor ¿qué pasa? ¿Por qué, del 26 al 30 de abril, las lluvias que, a cántaros, caen sobre Valledupar, no enfangan la bocatoma del acueducto, en tanto que, durante el resto del año, el más pequeño aguacero, es capaz de lo contrario?

Para terminar, Señor Gerente de Emdupar, no olvide que quienes vivimos en la ciudad, somos los que pagamos cumplidamente las facturas que usted, de manera inexorable, llueva, truene o relampaguee, nos envía mensualmente. Y ni para que recordarle que, del recaudo de esa facturación, vive la empresa y quienes en ella trabajan, incluyéndolo a usted. O, ¿me equivoco? Es decir, los “notables” ni los turistas pagan agua en Valledupar, sus habitantes, sí.

  1. S. No sé si será demasiado osado de mi parte, pedirle respuestas para estos interrogantes. Que no son solamente míos. Son de toda la ciudadanía.

Valledupar, 9 de mayo del año 2006

“No tengo nada más que agregar”

Este es el subterfugio preferido de Uribe cuando no tiene como salir de algún atolladero en que él mismo se haya metido o, también, cuando uno de sus subordinados incurre en algún desaguisado y, entonces, el presidente (luego de regañar al culpable, no importa delante de quién, ni en dónde) se da cuenta de que se halla en la sin salida y, con su habitual arrogancia, pretende con esta frase (la misma que sirve de mote a la columna de hoy), librarse del berenjenal al que su misma prepotencia lo ha llevado.

Pues bien, fiel a su estilo altanero, esa fue la respuesta que dio, cuando algunos periodistas le insistieron sobre el tema de la implantación de un microchip a cada colombiano que vaya a Estados Unidos a trabajar de manera temporal, para así, según él, facilitar su seguimiento y poder garantizar su regreso a Colombia. Propuesta ésta, hecha por el propio Uribe en su conversación con el senador estadounidense, Alen Specter.

Tal vez en el momento en el cual los periodistas sacaron el tema a colación, cayó en cuenta de que la sugerencia dada por él a Specter, no era la más indicada. Pero ya la había dado, ya los medios la conocían, ya el público sabía del dislate. Ya Specter la había ratificado en rueda de prensa en Washington. No era posible devolver el tiempo para corregir el desatino cometido.

Porque eso es, ni más ni menos, la propuesta de Uribe a Specter. ¿Cómo así que herrar electrónicamente a sus compatriotas que quieran ir a trabajar temporalmente a Estados Unidos? Ni más ni menos como si fueran las bestias que pacen en las dehesas de El Ubérrimo.

Ahora bien, ¿es potestativo del presidente de un país, mandar marcar a sus compatriotas pobres?, se preguntan  atónitos los colombianos sensatos, aquellos que aún no han perdido la cordura, a diferencia de quienes en razón del nimbo mesiánico que, en su estolidez, alcanzan a ver en Uribe, aplauden todo lo que éste hace o dice.

Más, aún, otros se preguntan, ¿permitiría Uribe que el microchip les fuera implantado a Jerónimo o a Tomás, si alguno de ellos deseara ir temporalmente a Estados Unidos? Sabitas, ¿se dejaría marcar de esa manera? Y qué decir de los demás miembros del actual régimen. O de cualquier persona que valore su dignidad. Los presidentes de los otros países del Tercer Mundo (léase, países pobres), ¿también lo permitirían con sus ciudadanos? ¿Serían capaces  de sugerir siquiera semejante oprobio?

Esta herramienta la usan actualmente en los Estados Unidos con los reos de alta peligrosidad. ¿Será que Uribe, en su prepotencia, considera así a sus compatriotas pobres? (Porque no hay que olvidar que son los pobres quienes emigran en busca de trabajo. Los ricos, viajan por diversión) ¿Son los pobres, en la mente de Uribe, delincuentes en potencia o, tal vez, en esencia?

En 1932, el escritor Aldous Huxley escribió la novela “Brave New World”, en la cual la mecanización y el automatismo llevan a la humanidad a perder el sentido de la libertad y la dignidad, ya que el régimen totalitario que la gobierna, logra controlarla a través de dispositivos especiales (¿el microchip actual?). Tal vez el autor consideró esto como una atroz utopía, porque así lo señaló en la edición de 1947. Quizás, jamás pensó que esto pudiera hacerse realidad en una sociedad civilizada, en la cual la dignidad del ser humano (quienquiera que éste sea) debe de ser la primera preocupación de todo gobernante. Sin embargo, sesenta años después de que Huxley vislumbrara tan aberrante situación, los prisioneros en algunas cárceles de Estados Unidos la viven en carne propia.

Y si tratándose de individuos que han trasgredido las leyes, esta marca es ignominiosa, ¿qué se puede decir, si se le llegara a aplicar a ciudadanos libres? Máxime cuando, la mayoría de las veces, el colombiano que viaja a Estados Unidos lo hace buscando lo que aquí se le ha negado, el derecho al trabajo. Porque aquí no ha encontrado garantías suficientes para vivir de manera decorosa y segura. ¿Por qué, en vez de marcarlos, no se hace más amable al país, para que no tengan que irse?

Y pensar que todavía hay quienes quieren cuatro años más de lo mismo y pretenden prolongar este “paraíso”.

Valledupar, 16 de mayo del año 2006

Colombia en la encrucijada

El próximo domingo, 28 de mayo, habrá elecciones presidenciales en Colombia. Nunca antes, en los últimos 60 años, el país se había visto abocado a tomar una decisión tan crucial.

Salvo los niños (dada su incapacidad para discernir), los miembros de la fuerza pública (en razón de su prohibición para deliberar) y los reclusos (por haber perdido sus derechos ciudadanos), el resto de los colombianos (alrededor de veinte millones) estamos disponibles para decidir cuál es la clase de país que queremos tener en los siguientes cuatro años y, de seguro, de ahí en adelante.

¿Queremos una Colombia en la cual, cada día, se acreciente más y más la brecha entre ricos y pobres?

¿Deseamos una patria en donde las garantías ciudadanas estén signadas por el saldo bancario del individuo o por su afinidad con el gobernante?

¿Anhelamos un país en donde la salud, la educación y la vivienda (derechos, todos ellos, fundamentales para el desarrollo del proyecto de vida de cada cual) sigan siendo el negocio de unos pocos amparados por el mismo Estado y cuyo acceso esté circunscrito a los mismos de siempre?

¿Queremos una Colombia en la cual la mayoría carezca de lo indispensable, porque la minoría reinante todo lo acapara?

¿Es nuestro deseo seguir con un país en donde la jornada laboral diurna termine a las diez de la noche?

¿Es el anhelo de los colombianos seguir con este sistema neoliberal que protege a los monopolios y al capital extranjero, en detrimento de las necesidades y justas exigencias de los pequeños productores, comerciantes, agricultores y demás microempresarios?

¿Queremos que el desempleo y el subempleo sigan aumentando con el consiguiente empobrecimiento de la mayoría de la población colombiana?

¿Desea el colombiano medio (95% de la población) seguir con este disfraz de paz armada, que solamente beneficia a los traficantes de armas, a los ilegales y, en general, a todos los que se benefician con la guerra?

¿Acaso queremos que el número de desplazados siga aumentando? ¿Queremos, también, que estos desplazados sigan engrosando los cinturones de miseria de las ciudades, porque el Estado no sólo permite el desplazamiento de personas; sino que, además, nada hace por ellas?

Si todas estas preguntas y otra larga lista de ellas, que omitimos para no extendernos más, tienen para usted, amable lector, la misma respuesta afirmativa, pues entonces vote por Uribe, contribuya a su reelección. Pero, después, no se queje cuando usted mismo sufra en carne propia cualquiera de estas situaciones. O si ya la sufre, jamás pueda salir de ella, porque de votar así, téngalo por seguro, en el próximo cuatrienio habrá nueva reforma constitucional para volver a reelegir a Uribe y, así, “ad calendas graecas”.

Pero, si por el contrario, usted desea que esto empiece a cambiar y, de esta manera, las garantías ciudadanas sean patrimonio de todos aquellos respetuosos de las leyes.

Para que la educación, la salud y la vivienda sean derechos fundamentales del ciudadano y el Estado, por consiguiente, los respete y los haga respetar por quienes prestan, en su nombre, estos servicios y dejen de ser el pago a favores electorales.

Si desea que todos los colombianos podamos tener igualdad de posibilidades en igualdad de condiciones y, por tanto, haya equidad social y económica. Si anhela que después de terminar su labor a las 6:00 p. m., su trabajo suplementario le sea remunerado de manera extra. Si quiere que el esfuerzo gubernamental busque el beneficio de todos y no el de unos pocos. Si desea una paz bajo los postulados de la justicia social. En fin, si anhela una Colombia más amable, un gobierno más equitativo, un verdadero Estado de Derecho en una real democracia, entonces vote por Carlos Gaviria, un colombiano de conciencia diáfana, con un pasado limpio, cuya vida la dedicó a la Academia y de allí, con la nueva Constitución, impidió con sus luces y su carácter integérrimo que ésta fuera violada, para luego tratar de mejorar las leyes del país y ahora, quiere iniciar un cambio que nos lleve a una patria diferente, en donde no tenga cabida la Democracia de papel.

Porque, así los grandes medios de comunicación, haciendo eco al gobierno, nos quieran hacer creer que el país está bien, esto no es cierto. Pues, el país no puede estar bien, cuando la mayoría de la población está mal y de seguir como vamos, estará peor.

Por eso, amable lector, la única posibilidad para salir de esta encrucijada es la de elegir a Carlos Gaviria. En sus manos, en su conciencia, con su voto, está la decisión.

Valledupar, 23 de mayo del año 2006

Réquiem por Colombia

Gracias a la pusilanimidad de quienes no tuvieron criterio propio al momento de elegir; merced a  aquellos a quienes la indolencia ante la suerte del país no les permitió razonar y vencer la abulia para ir a depositar su voto; en virtud del triunfalismo de quienes creen que elegir presidente es como asistir a un partido de fútbol, en donde se cruzan apuestas a favor del predilecto; a consecuencia de quienes han venido montados en el carro de la victoria, para seguir medrando alrededor del príncipe, sin importar los medios que se utilicen para ello y, en fin, en razón de quienes todavía le ven el halo mesiánico a Uribe y, en su estolidez, no ven un palmo más allá de sus narices, triunfó el candidato presidente y seguirá montado en el poder, quién sabe hasta cuándo. Tal como dijéramos hace ocho días, “ad calendas graecas”.

Entonces preparémonos para vivir 4, 8, 12 ó más años de lo que ya vivimos durante estos cuatro que ya casi finalizan y que (perdone el lector por ser reiterativo) estarán signados por una política en la cual se acrecentará más y más la brecha entre ricos y pobres; las garantías ciudadanas estarán señaladas por su afinidad con el gobernante; la salud, la educación y la vivienda (derechos, todos ellos, fundamentales para el desarrollo del proyecto de vida de cada cual) seguirán siendo el negocio de unos pocos amparados por el mismo Estado y cuyo acceso estará circunscrito a los mismos de siempre; la mayoría seguirá careciendo de lo indispensable, porque la minoría reinante todo lo acaparará; los asalariados del país continuarán con una jornada laboral diurna que termina a las diez de la noche; continuará el sistema neoliberal que protege a los monopolios y al capital extranjero, en detrimento de las necesidades y justas exigencias de los pequeños productores, comerciantes, agricultores y demás microempresarios.

El desempleo y el subempleo seguirán aumentando, con el consiguiente empobrecimiento de la mayoría de la población colombiana; seguirá el disfraz de paz armada, que solamente beneficia a los traficantes de armas, a los ilegales y, en general, a todos los que se benefician con la guerra y, por eso, el número de desplazados aumentará más y más y seguirá  engrosando los cinturones de miseria de las ciudades, porque el Estado no sólo permite el desplazamiento de personas; sino que, además, nada hace por ellas.

Por eso, olvidémonos de cambios y, por tanto, de las garantías ciudadanas; olvidémonos  de la educación, salud y vivienda como derechos fundamentales del ciudadano y el consiguiente respeto del Estado, que debería hacerlos respetar por quienes los prestan en su nombre, para que dejen de ser el pago a favores electorales.

Olvidémonos también de que todos los colombianos podamos tener igualdad de posibilidades en igualdad de condiciones y, por tanto, haya equidad social y económica. Al igual de que el esfuerzo gubernamental busque el beneficio de todos y no el de unos pocos, porque nunca habrá una paz basada en los postulados de la justicia social.

En fin olvidémonos, por ahora, de una Colombia más amable, de un gobierno más equitativo, de un verdadero Estado de Derecho en una real democracia, que nos lleve a una patria diferente, en donde no tenga cabida la Democracia de papel.

Porque, así los grandes medios de comunicación, haciendo eco al gobierno, nos quieran hacer creer que el país está bien, esto no es cierto. Pues, el país no puede estar bien, cuando la mayoría de la población está mal y, con los resultados del domingo, estará peor.

Por eso, amable lector, tengo que repetir la frase de Montesquieu que Bolívar cita en la Carta de Jamaica: “Es más difícil sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre.”

Valledupar, 30 de mayo del año 2006

Guaitarilla, Cajamarca, Jamundí e intermedias

Como un itinerario de la muerte, se podría considerar que este es uno de los recorridos sangrientos que el Ejército colombiano ha realizado, en los últimos tiempos dejando, tras de sí, cadáveres de compatriotas contra los cuales no pesaba, en el momento de su ejecución, ningún señalamiento delictivo. (Y aunque lo hubiera habido, no se justifican esos crímenes. Al fin y al cabo, ni la Constitución ni las Leyes de la República, contemplan la pena de muerte, como castigo para el infractor)

Sin embargo y como estamos en guerra, así Uribe lo niegue ahora (ya que en la campaña del 2002, dijo que acabaría con la guerra en un tiempo limitado), es frecuente que en Colombia ocurran asesinatos. Más aún, el ex director de Fedegán, ex embajador y derrotado candidato al Senado, Visbal Martelo, y uno que otro general, han abogado porque  los colombianos nos armemos. (Ya sobre ese tema, alguna vez escribimos unas glosas en esta columna). Pero si encontrándose inerme la mayoría de los colombianos, ocurren tantos asesinatos a diario en nuestro país, ¿qué pasaría, si todos nos armáramos, tal como lo piden los amigos de la guerra? Sería el apaga y vámonos.

Pero volvamos a los asesinatos cometidos por algunos miembros del Ejército nacional.

En los tres casos ocurridos en los sitios de que sirven de referencia al mote de esta columna, fueron ejecutados por el ejército, de manera respectiva, 8, 6 y 10 colombianos, en forma aleve y atroz.

En Guaitarilla, fueron asesinados varios policías y algunos miembros de otros organismos de seguridad, a quienes después de muertos, se les sindicó de manejos turbios con el narcotráfico. Es decir, se les asesinó y luego se les enlodó su memoria.

En Cajamarca, fueron asesinados a quemarropa, 6 campesinos (un adulto, cuatro menores de edad y un niño de brazos). Después de su ejecución, se les tildó de guerrilleros (El único caso, en toda la historia de la humanidad, de un bebé guerrillero). Es decir, se les asesinó y luego se les enlodó su memoria.

En Jamundí, hace menos de un mes, fueron asesinados 10 policías (bueno, uno de ellos, era un civil, informante de la Dijín y, por tanto, podía fungir de tal). Se les ejecutó y, al fallar el intento de hacer pasar el hecho como un error, se les trató de vincular con el narcotráfico. Es decir, se les asesinó y luego se les enlodó su memoria. (O, al menos, eso fue lo que se intentó)

¿Por qué este último caso no quedó en la impunidad? O, al menos, parece que va a ser investigado y ya hay órdenes de captura contra algunos oficiales, suboficiales y soldados involucrados en el hecho punible. Porque el actual Fiscal General no es el mismo cuando Guaitarilla y Cajamarca. Aquellos eran las épocas de Camilo Osorio.

Pero siguiendo con el Ejército, es necesario que se le depure. No puede seguir siendo contaminado por la gente que está al margen de la Ley. Por el bien de él mismo, por el bien del país, para tranquilidad de todos los colombianos. Porque si el Ejército es quien debe velar por la seguridad de la Patria (esa que tanto dice querer Uribe), no es posible dejarlo seguir por el despeñadero en el que se encuentra. Si Uribe destituyó al General Castellanos por lo de Honda, ¿qué hará en este caso?

Si no se limpia la imagen del Ejército, ¿cómo evitar que casos como los que nos ocupan, se repitan? Y sobre todo, para que no haya que comentar cosas como las que dijera Salud Hernández en su columna de El Tiempo: “¿Cuántas muertes más, no habrán ocurrido por el exceso de fuerza de los uniformados?”

Ah, y no se pongan bravos los amigos coroneles y generales. Todo esto es por la salud del enfermo.

Valledupar, 6 de junio del año 2006

Genealogía divina

Desde hace 1967 años, cuando San Mateo empezara a escribir su Evangelio y en el capítulo I (versículos 1 al 16), narra la genealogía humana de Jesús, nadie había recibido inspiración divina para lograr establecer los ascendientes de alguien.

Sin embargo, un colombiano (la crónica dice que se trata de alguien llamado Julio César García Vásquez, de profesión ingeniero electricista), llevado por el deseo de alabar al príncipe, se puso en el trabajo de pedir la ayuda del Espíritu Santo y, en un momento de  éxtasis (que, para efectos prácticos, debió durar mucho tiempo), encontró el linaje del Mesías colombiano.

Sí, amable lector, es cierto, no obstante parezca mentira. En Colombia, existe un individuo que, al parecer, no teniendo nada útil en que ocupar su vida, se dedicó a escarbar en los anales de la humanidad y, ¡oh sorpresa!, encontró el árbol genealógico de Uribe.

Y, lo más extraordinario, éste es primo en el grado quincuagésimo nono del mismísimo Jesucristo. Nieto en el grado centésimo quincuagésimo segundo de Adán y Eva. En la misma línea, nieto en el grado número 143 de Noé y sobrino nieto en el grado número 57 de José de Arimatea, tío carnal de la Virgen María y dueño del sepulcro en el cual sepultaron a Jesús.

Y si José, el padre putativo de Jesús, era nieto en el grado cuadragésimo segundo de Abrahán, entonces, por supuesto, Uribe también está emparentado con las doce tribus de Israel, puesto que el patriarca Abrahán era el abuelo de Jacob, de cuyo linaje surgieron éstas.

Pero no contento, el investigador de marras, siguió buscando (esta vez en los anales de la historia de las cortes europeas) y encontró que Uribe también es descendiente de Carlomagno, de Hugo Capeto y de toda la dinastía merovingia (esa misma a la que Dan Brown, en El Código da Vinci, emparienta con Jesús y María Magdalena). Y, por supuesto, de Luís XVI, depuesto y ejecutado por la Revolución Francesa. Este Luís XVI, era tataranieto de Luís XIV, el déspota, el del poder absoluto, aquel que decía: “El Estado soy yo” y se hacía llamar el Rey Sol. (A lo mejor y, por esta última condición, Uribe sí sea descendiente de los Capetos y los Valois y demás dinastías de Francia).

Y, por ahí derecho y, sin siquiera perder la serenidad, encuentra nexos consanguíneos entre Uribe y los Reyes Católicos. También hay parentesco con Calígula, Nerón y Claudio, emperadores de Roma, sanguinarios los dos primeros y loco el tercero.

Además, no se arredra para decirnos que Uribe es nieto en el grado número 127 de Akhenatón, faraón egipcio y esposo de la famosa reina Nefertiti. Y hasta con Atila hay nexos familiares a través de una de las mujeres de éste.

Luego de desvariar, le busca a su ídolo -y le encuentra parentesco- en el grado número 79 con Alejandro Magno, el gran conquistador macedonio, quien era hijo de Felipe II de Macedonia y de Olimpia.  Y, encima de todo, encuentra que Uribe es primo en el grado 52 de la zarina Alejandra Fiódorovna, esposa del Zar Nicolás II, ejecutados ambos por la revolución de octubre. El rey Arturo, el de la tabla redonda, tío abuelo de Uribe en el grado 49; Napoleón, su primo en el grado 55 y hasta el actual rey de España, Juan Carlos de Borbón, su primo en el grado 62.

Más adelante continúa García Vásquez desvariando y, así, le encuentra a Uribe parentesco con don Raimundo y todo el mundo. Eso sí, con gente de casta. Nada de plebeyos. Al final, cuando uno termina de leer la crónica, no sabe si decir que este individuo, García Vásquez, está loco de atar o es el ser más abyecto que haya nacido en Colombia y sus alrededores. La próxima entrega de la Cruz de Boyacá nos podrá sacar de la duda.

Valledupar, 13 de junio del año 2006

A mi padre (In memoriam)

Mi padre nació hace 112 años y murió hace un poco más de medio siglo, cuando yo aún estaba en la pubertad, pero, a pesar de todo el tiempo que ha pasado, todavía añoro su presencia. Fueron tantas las enseñanzas que me dejó y tanto el cariño que me brindara que, aún hoy, 55 años después de su muerte, su recuerdo permanece intacto en mi mente y en mi corazón.

Me enseñó a amar la lectura como fuente del conocimiento y me decía con Descartes que “quien lee, conversa con sus antepasados.”

En mi niñez, guió mis lecturas, en la pubertad me aconsejaba en la elección de los clásicos y, así, formó en mí el criterio suficiente para saber escoger los buenos temas tratados por los mejores autores. De esta manera y, gracias a su sabia dirección, ya en mi adolescencia, había podido leer a los clásicos universales, tanto prosistas como poetas.

Con motivo del centenario de su nacimiento, que coincidió con los 25 años de la muerte de mi madre, escribí un poema en el cual quise exaltar la memoria de mis amados y nunca olvidados progenitores, de quien tanto aprendí y de quienes guardo el recuerdo más gratificante de mi vida. Al final del poema citado, doy gracias a Dios por la esposa que me dio por compañera y por los hijos que han alumbrado mi existencia y que hoy, cuando me acerco cada día más a la ancianidad, los siento como el báculo en cual algún día podré sostener mis débiles piernas cuando ya la vida me dé el llamado de la muerte, tal como me habría gustado serlo con mis padres.

Con su permiso, amable lector, voy a transcribir las estrofas alusivas a ellos en el poema ya mencionado, el cual titulé “Elegía de la vida”:

A veces en las tardes grises/ mi alma solloza y se acongoja/ y siento muy cerca a un ángel que me dice/ que ha llegado el momento, que recoja/ los recuerdos que aún viven en mi mente,/ de mi infancia hace ya tiempos ida,/ pero que siento tan cerca y tan presente,/ ¡tanto!, que aún duele la herida/ causada por la muerte de mi padre,/ ese ser tan noble y bondadoso,/ que amara tanto a mi santa medre/ y que fuera tan buen padre y el mejor esposo./ Que, al irse, dejó en nuestro hogar un gran vacío,/ un dolor tan grande y tan profundo,/ como si, del universo, todo el frío/ hubiera dejado sin vida nuestro mundo.

Ese mundo, el solar paterno/ en donde reinaban el amor y la tranquilidad/ en donde nunca, ni en los rigores del invierno, / dejó de acompañarnos la felicidad. / Y después de llorarlo año tras año, / cuando todavía su recuerdo era vivido, / quiso el destino causarnos aún más daño/ y se llevó a mi madre del sagrado nido.

En donde cada uno de sus hijos,/ rivalizando por brindarle más cariño,/ la habíamos rodeado de amor, en un cortijo/ de ternura y solaz, como ama el niño:/ sin mentiras, ni doblez ni mezquindad,/ para ese ser que nos había dado la vida/ y nos rodeó con su amor y su bondad/ y mitigó nuestro dolor, sanó la herida/ que la vida por doquier abre en cualquiera,/ pero que la madre, con singular esmero,/ cuida y sana y mima, como esa fuera/ la única preocupación del mundo entero./ Al morir mi madre, creí también morir;/ vivir era sin duda el mayor tormento/ que mi alma adolorida pudiera resistir,/ faltándome quien me diera el primer aliento.

Y aunque han pasado muchos años, sin embargo/ el dolor en mi alma persiste todavía/ y en las grises tarde me sumo en letargo/ y te recuerdo, ¡Padre! Y te recuerdo, ¡Madre mía!

Barranquilla, 20 de junio del año 2006

Clamores de Justicia

Colombia ha sido, tradicionalmente, un país proclive a la impunidad. Por un lado, la gente, la del común, la que vota, paga impuestos (los suyos y los de sus proveedores), la que sufre en carne propia los avatares del diario vivir, es muy dada a no prestarle la debida atención a las sentencias judiciales dictadas en casos de resonancia, en donde individuos desadaptados han segado vidas con una sangre fría digna de mejores causas.

Y ni qué decir de la indiferencia general del común de la gente a las reformas judiciales que, cada cierto tiempo, se tramitan y se aprueban en este país que, a ratos, parece dejado de la mano de Dios.

Y, justamente, esas reformas no siempre han significado la herramienta más apropiada para prevenir el delito o para, en caso contrario, castigarlo. Tan inane es nuestro sistema penal que, muchas veces, recibe el mismo castigo quien asesina a un congénere que aquel que siega decenas o centenares de vidas. Más aún, se han dado casos aberrantes en los cuales la sentencia es más drástica para delitos menos graves. Ya sabemos el porqué del adagio que reza, “en Colombia, la justicia es para los de ruana”.

Nada más, hace poco sentenciaron a cuatro años de presidio a un individuo, por haber nalgueado a una mujer, mientras que asesinos a sueldo y sus contratantes andan sueltos haciendo de las suyas.

Sin ir muy lejos vemos como, las ciudades colombianas se atiborran de desplazados quienes, en su mayoría, son viudas o huérfanos cuyos esposos o padres han sido asesinados para despojarlos de sus pequeñas y, a veces, exiguas parcelas. Entre tanto, sus victimarios se pasean orondos disfrutando del botín.

Por eso, debido a esa inclinación nacional hacia la impunidad, el caso del asesino y violador de menores, ese de apellido Garavito, no es más que otro eslabón en esa larga cadena de desaciertos de quienes tienen la responsabilidad de hacer las leyes y de aquellos que deben interpretarlas y aplicarlas, sobre todo en el terreno del Derecho Penal, esa rama de la Justicia que debe velar por el respeto a la vida y todo lo que propenda por su salvaguarda.

Ojalá en el próximo cuatrienio, Uribe decida deshacer el entuerto que, en mala hora, armó al dejar mostrenca a la Justicia, cuando, de hecho, suprimió el correspondiente Ministerio, al anexarlo al del Interior.

Para evitar meterme en camisa de once varas, dejemos que los juristas, sobre todo aquellos capaces de interpretar adecuadamente los clamores de Justicia de un pueblo harto necesitado de ella, sean quienes tomen la iniciativa de una verdadera reforma, que desemboque en un Código penal en el cual no tenga cabida esta avasalladora impunidad que corroe los cimientos de nuestro país.

Mientras tanto, nosotros los colombianos que deseamos y procuramos la observancia de la Ley, sigamos rogando por una pronta y cumplida justicia.

Valledupar, 27 de junio del año 2006

El sagrado derecho de disentir

Hace un par de años, a propósito de algunas acciones erradas cometidas por miembros del Ejército (Guaitarilla, Cajamarca y otras), escribí algunas cuartillas al respecto. El entonces Comandante del Batallón La Popa, se quejó ante el Director de El Pilón y le preguntó, entre otras cosas, el porqué de mi “odio patológico hacia el Ejército”. El Señor Director del periódico le respondió que eso no era cierto, que mi único afán consistía (como el de cualquier columnista) en denunciar las equivocaciones de las autoridades, para que éstas corrigieran su proceder. Más aún -continuó él- en mis escritos no había ninguna injuria, ni existían calumnias y, ni siquiera, una sola palabra soez. Conminado a releer las columnas en cuestión, el Señor Coronel las releyó y luego se despidió amablemente.

Hace poco fui, en compañía de mi esposa y un hijo, a una funeraria de la ciudad, con el fin de presentar nuestras condolencias a los deudos de un amigo recién fallecido. En un momento dado, me paré del asiento que ocupaba, para saludar a otro amigo que acababa de divisar entre el casi medio centenar de personas que nos encontrábamos en la funeraria. Hecho lo cual, volví al lado de mi esposa y de mi hijo. Rato después, me despedí de ellos, porque debía ir al centro de la ciudad a hacer unas diligencias urgentes.

Pues bien, al regresar a la funeraria, mi esposa me contó que, horas antes, cuando me había levantado para saludar al amigo mencionado, dos individuos que se encontraban sentados en las sillas cuyos espaldares coincidían con los de las ocupadas por nosotros, me habían reconocido como columnista habitual de El Pilón.

Y ahí fue Troya. Uno de ellos, comentó sobre mi “odio patológico hacia Uribe” (esas fueron exactamente sus palabras). Luego, continuó despotricando de mí y hasta expresó su deseo de que quien debería estar ocupando el ataúd fuera yo.

Le pregunté, entonces, a mi esposa por qué no me había hecho el comentario cuando regresé de saludar al amigo.  “Para evitar problemas”, me dijo ella. “No. No habría habido problemas”, le respondí.  En verdad, pienso que esa habría sido una oportunidad de oro para explicarle a ese señor, cuya identidad ignoro, que yo no odio a Uribe, ni odio al Ejército, ni odio a ninguna de las instituciones que, de alguna manera, escriben la historia diaria del país. Y, en general, no odio a nadie. En mi corazón, no tiene cabida ese sentimiento.

Lo que sucede es que amo mucho a Colombia. No a la Colombia manifestada en el mapa, delimitada por unas fronteras. Ni tampoco la Colombia del himno, el escudo y la bandera. La Colombia que yo amo es aquella de carne y hueso, representada por sus habitantes, sean blancos, negros, indígenas, mulatos o mestizos. La Colombia compuesta de ricos y pobres. Por católicos, protestantes, ateos, islámicos y budistas (que también los hay). La Colombia de liberales, conservadores, comunistas y gente sin partido. El país compuesto de gobiernistas, antigobiernistas y apáticos. En donde hay eruditos, sabios, intelectuales, músicos, profesionales, obreros, amas de casa y analfabetas. Esa Colombia diversa que, en un alto porcentaje, cada día lucha por el cotidiano trasegar. Esa Colombia cuyo futuro, muchas veces, es incierto.

Amo a esa Colombia cuya constitución establece el sagrado derecho de disentir. En donde no es pecado, ni mucho menos delito, estar en desacuerdo con el gobierno de turno. Y como quiera que ese amor a la Patria sea inmenso, todo aquello que atente contra el bienestar y el futuro de su gente, debe molestar a los hijos que la aman.

Además los jesuitas, mis educadores, me enseñaron a no comulgar con ruedas de molino. A no creer en las cosas sin antes analizarlas. Y coherente con mi formación no puedo tragar entero. Antes de deglutir las ideas, debo masticarlas y, previamente a su inserción en la mente, debo metabolizarlas.

Así que, estimado crítico anónimo, a mí sólo me mueve el amor a Colombia. Por eso, mi columna lleva el título que tiene. Porque “Desde la barrera”, se observa mejor la faena. Más aún, se la analiza sin fanatismos ni narigueras.

Valledupar, 4 de julio del año 2006

Los perros rabiosos

Esta la historia de una utópica comunidad, residente en una hipotética urbanización, existente en cualquier ciudad de cualquier país del mundo.

Esta urbanización estaba compuesta por cinco grandes manzanas separadas entre sí por inmensos parques llenos de verdor y frescura. Las manzanas situadas en la parte central y oriental, fueron urbanizadas primero que la de la  zona occidental. Sin embargo, una de las casas situadas en el extremo norte de esta manzana, fue habitada, con el paso del tiempo, por personas pudientes, quienes rápidamente ornamentaron su vivienda de manera esplendorosa, para luego enrejarla en el costado sur, en prevención contra posibles asaltos de delincuentes.

Pasados los años, los habitantes de esta mansión, adquirieron a altos costos unos perros feroces que aumentaran la seguridad de su vivienda. Como quiera que estos animales fueran una amenaza para los demás habitantes de la urbanización, algunos de la manzana central también adquirieron sus respectivas jaurías.

Las relaciones entre las diferentes familias de la urbanización con los habitantes de la poderosa mansión noroccidental, no eran totalmente cordiales. Pues estos últimos, por ser los dueños de varias jaurías, todas muy feroces, imponían sus condiciones en todas las reuniones comunitarias. Amén de que por ser los dueños del mejor supermercado de la urbanización, también abusaban con los precios de los artículos que sus vecinos debían comprar. Más aún, la perenne presencia de los perros feroces era intimidatoria ante cualquier regateo.

Con el paso del tiempo, algunos habitantes de la manzana central, abrieron sus propios supermercados, pero los habitantes de la mansión noroccidental prohibían a sus inmediatos vecinos ir de compras a las manzanas situadas más allá del parque y, para lograr su objetivo, usaban a los perros como amenaza.

En algún momento de esta historia, los dueños de una de las casas situadas en el extremo oriental de la urbanización, adquirieron sus propios perros feroces, para contrarrestar, de alguna manera, la intimidación de las jaurías ya existentes. De inmediato, los dueños de la poderosa mansión noroccidental, pusieron el grito en el cielo y convocaron a los demás dueños de perros feroces (dueños también, todos ellos, de los únicos supermercados de la manzana), para que, juntos, pusieran la respectiva denuncia ante las autoridades de la ciudad, con el fin de lograr que éstas prohibieran la adquisición de nuevas jaurías y, además, obligaran a los orientales a deshacerse de sus perros rabiosos. Por supuesto, esta familia se negó a hacerlo y, cada vez que podía, hacía alarde de su condición de dueña de esa nueva arma intimidatoria. Mientras tanto, en las casas de los pobres de la urbanización de esta historia, faltaban alimentos, el ingreso a la educación era limitado, al igual que el acceso a los servicios de  salud y a otros derechos fundamentales.

Así las cosas, un mal día, los perros feroces fueron utilizados por unos y otros para exterminarse entre sí y cuando las familias dueñas de las fieras se extinguieron, reinó la paz en la urbanización, no obstante algunos inocentes, miembros de las familias que no poseían animales sanguinarios, también murieran en la contienda.

  1. B. Cualquier parecido entre esta hipotética historia y la posesión de armas nucleares en el mundo actual, no es simple coincidencia.

Valledupar, 11 de julio del año 2006

¡Adelante, Presidente!

Pasado mañana, 20 de julio, se inicia una nueva legislatura en el Congreso. El cual, en su mayoría, Señor Presidente, es adepto a usted. Por tanto, es una buena oportunidad para que saque adelante esas reformas que tanto le entusiasman.

La reforma tributaria, por ejemplo, será beneficiosa para sus planes, no importa el pueblo se empobrezca aún más; porque esa reforma tributaria incrementará los impuestos indirectos, como el IVA, que se haría extensivo a los servicios públicos y a la canasta familiar. Todos sabemos que al final, es el pueblo quien asume el pago del IVA, pues los empresarios ladinamente terminan cargando a los costos de venta de bienes y servicios, el IVA que pagan por lo que compran. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

La reforma pensional que usted anhela, aumentará la edad para aspirar a la jubilación, con lo que logra que, cada vez, menos colombianos puedan disfrutar de la edad dorada. Además, como se contempla pasar, de 10 a 20, los años a tener en cuenta para obtener el salario promedio que sirva de base para liquidar la pensión, el resultado será cada vez menor. Como si fuera poco, se aspira a disminuir el porcentaje que fija el valor de la pensión. Y, como para rematar, la mesada 14 desaparecería. Por supuesto, nada de esto atañe a ex presidentes, ex congresistas, ex magistrados, ex generales, etc. Y a quienes devengan 20 ó más salarios mínimos, esas minucias no les preocupan. Esta reforma afectará al pueblo. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

La reforma laboral que usted impulsó en su primer cuatrienio seguirá intocable. Por eso los asalariados que apenas devengan 1, 2 ó 3 salarios mínimos, no podrán ganar lo que, en justicia, les corresponde por el trabajo nocturno. Ni quienes sean despedidos sin justa causa, podrán aspirar a una indemnización equitativa. Porque todo aquello que se le reconocía en justicia al trabajador, su reforma lo echó por tierra. Claro, con ella favoreció a los pobres empresarios que veían escaparse sus enormes ganancias. Usted, con esa reforma, les hizo justicia, así los ingresos de los de abajo se mermen. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

La Justicia seguirá siendo la cenicienta del poder, pues sus hermanastras acaparan las mejores tajadas del presupuesto. Pero como, con su fusión de ministerios, quedó mostrenca, no tiene quien la defienda en el gabinete. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

La Ley 100, su obra maestra en sus épocas de senador, no será reformada en esta legislatura. Y, entonces, el personal médico y paramédico seguirá siendo subestimado y los pacientes, también por la voracidad de las EPS, seguirán siendo tratados con desprecio. Todo para que las EPS prosperen cada vez más y sus dueños se enriquezcan más aún. Así el POS disminuya la cobertura farmacéutica y los paseos de la muerte se vuelvan el pan de cada día. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

Los ministerios de Salud y Trabajo usted también los fusionó, dejando desprotegidas ambas áreas. Claro que quienes pagan las consecuencias son los de abajo. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

Los ministerios del Medio Ambiente y de Vivienda igualmente fueron hechos uno solo y, por eso, los pobres sin vivienda siguen padeciendo y la ecología en el país anda manga por hombro. Nada más, hace poco, la saliente ministra del ramo derogó la ley que prohibía el ingreso de deshechos tóxicos a Colombia. Pero eso no tiene importancia. Al fin y al cabo, son los pobres quienes viven, tanto en la ciudad como en el campo, cerca de las fuentes de contaminación. Pero, eso no importa. ¡Adelante, Presidente!

¿Sí ve, Señor Presidente, que usted debe utilizar la coyuntura de tener en el Congreso, a partir de  pasado mañana, a tanto oportunista adepto y, así, sacar adelante sus tan anheladas reformas? Además puede aprovechar la conveniencia para reformar el articulito de marras y quedarse hasta el 2022. Con eso, cuando en el 2019 se celebre el bicentenario de la Independencia (¿…?), usted pueda presidir los actos conmemorativos. Que importa que, mientras tanto, la clase media se acabe y, para entonces, sólo queden amos y siervos. De todas maneras, usted y su corte pertenecerán a los primeros. Por eso, ¡Adelante, Presidente!

  1. B. Esto lo escribo porque me duele Colombia. No la que nos muestran los mensajes estólidos e inocuos de la Comisión Nacional de T. V., ni la Colombia del himno, la bandera y el escudo. La Colombia que me duele, es la de millones de compatriotas que sufren: 34% yace en la miseria, 41% está en la pobreza, 16% desempleado, 7% desplazado, cientos de secuestrados, miles de desaparecidos. ¡Son millones! Pero, ellos no importan. Por todo lo anterior, ¡Adelante, Presidente!

Valledupar, 18 de julio del año 2006

El hombre invisible

Hace cerca de 40 años, siendo catedrático de una universidad en Bogotá, frecuentaba las librerías de viejo que funcionaban en la calle 19 entre carreras 7 y 8. Allí se encontraban verdaderas joyas literarias a precios asequibles al bolsillo de un novel docente universitario. Precios que hoy parecerían irrisorios, pues se conseguían buenos libros a 5, 10 ó 15 pesos. Pues bien, allí conocí a un anciano que, en su puesto de libros, remataba su biblioteca particular. Eran verdaderas alhajas de la literatura universal. Con el paso del tiempo, terminamos por entablar conversación en cada una de mis semanales visitas a su librería de viejo. Un buen día, observé que entre los libros situados en la parte superior de un rimero de ellos, había uno cuyo  título sirve de mote a la columna de hoy. Una novela del inglés Herbert George Wells, novelista de finales del siglo XIX, quien alcanzara alguna gloria como precursor de las novelas de ciencia ficción. Al ver mi interés por la citada obra, el anciano me dijo: “Es un buen libro. Más aún, su título podría hacer parte de mi epitafio.” “¿Por qué?”, le contesté.

–Porque eso  he sido yo durante los últimos años.

Al ver mi cara de sorpresa, le pidió a uno de sus compañeros de oficio que, por favor, le cuidara el puesto, mientras él y yo nos tomábamos un tinto y me contaba una historia. Así fuimos a un café cercano y empezó a desgranar los últimos años de su vida, antes de que decidiera rematar sus propios libros. Esta historia la recordé en días pasados, cuando me puse en la tarea de organizar algunos libros que tenía desperdigados. Ahí va, amable lector y pueda ser que te guste:

“En la casa de mi hijo no había calendarios. Me acuerdo de aquellos calendarios grandes,  de mi juventud, ilustrados con imágenes de santos que colgábamos en las paredes o detrás de las puertas. Pero, ya hoy no hay nada de eso, todas las cosas antiguas se han ido desapareciendo. Yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta. Primero me cambiaron de alcoba porque la familia creció, después, me pasaron a otra más pequeña, hasta que me pusieron en el desván, situado en el patio de atrás. Un día, prometieron cambiar el vidrio roto de la ventana, pero, se les olvidó y todas las noches por allí se colaba un airecito helado que aumentaba mis dolores reumáticos.

En una ocasión tuve intenciones de escribir, pero me pasaba semanas buscando un lápiz y cuando al fin lo encontraba, ya se me había olvidado dónde había puesto el papel. ¡Ah!, es que, a mis años, las cosas se pierden fácilmente.

Una tarde caí en cuenta de que mi voz también había desaparecido. Cuando les hablaba  a mis nietos o a mi hijo no me contestaban y, como no me oían, no me miraban ni me respondían. Entonces, lleno de tristeza me retiraba a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café. Lo hacía así, para ver si de pronto comprendían mi enojo, a ver si se daban cuenta de que me habían ofendido y vinieran a buscarme para pedirme perdón. Pero no, nadie venía. Un día les dije que cuando me muriera entonces sí que me iban a extrañar y el nieto más pequeño dijo: –¡Ah! Y, acaso, ¿estás vivo abuelo?

La ocurrencia de mi pequeño nieto les cayó tan en gracia que no paraban de reír. Tres días estuve triste y llorando en mi cuarto hasta que, una mañana, entró otro de los nietos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio. Fue entonces cuando me convencí de que me había vuelto invisible. Entonces, me paraba en medio de la sala para ver si, aunque fuera por el estorbo, me miraban, pero mi nuera seguía barriendo sin tocarme, los niños corrían a mí alrededor de un lado a otro sin tropezar conmigo. Cuando mi hijo se enfermó, tuve la oportunidad de serle útil, le llevé café que yo mismo le preparé, se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara; pero como estaba viendo televisión y, ni un parpadeo indicara que se daba cuenta de mi presencia, el café, como mi corazón, poco a poco se fue enfriando.

Un viernes se alborotaron los niños y oí decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo y me puse muy contento; hacía tanto tiempo que no salía y menos al campo. El sábado fui el primero en levantarme, quise arreglar las cosas con calma. Al fin y al cabo, los viejos nos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. Al poco rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban bolsas y juguetes al carro. Yo ya estaba listo y muy alegre esperándolos en la puerta. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí que yo no estaba invitado, tal vez porque no cabía en el auto o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque. Sentí, entonces, cómo se encogió mi corazón, la barbilla me temblaba como cuando uno no aguanta las ganas de llorar. Por eso decidí irme de la casa de mi hijo. Ahora vivo solo en una piecita alquilada, pero, como me veo en el espejo, me he dado cuenta de que no soy invisible, al menos para mí. Bueno, para usted y mis demás clientes, tampoco.

Sin embargo, yo los bendigo a todos y los perdono. Y los amo, porque son mi familia, son mi sangre y, después de todo, ¿qué culpa tienen los pobres de que yo me haya vuelto invisible para ellos?”

Meses después de esta charla, un día que fui en busca de libros, me enteré de que el buen anciano había muerto.

Valledupar, 25 de julio del año 2006

El árbol del amor

El día que murió Sebastián, Eloísa creyó que era el fin del mundo para ella. Sintió que el cielo y la tierra se juntaban, negándole la posibilidad de ver un destello de luz que le permitiera un atisbo de esperanza en lo que habría de ser su vida en el futuro. Cinco años después, Eloísa seguía llorando la muerte de su esposo. A ratos, todavía, pensaba que él había salido y que pronto regresaría. Eso la alentaba y la hacía levantarse de la mecedora donde había estado sentada las dos últimas horas, llorando la muerte de Sebastián. Entonces iba a la sala, después caminaba hacia la alcoba matrimonial, salía luego al corredor trasero paralelo al patio, volvía a la sala y, de pronto, desesperada prorrumpía en llanto, al tomar nuevamente conciencia de su viudez.

Eloísa ya no recordaba como había sido su vida antes de conocer a Sebastián. La mente le hacía sus malas jugadas y los recuerdos se le perdían entre las telarañas de la memoria y no le permitía rememorar los primeros años de su infancia, cuando aún ignoraba la existencia de Sebastián. A veces le parecía que había sido hacia finales del año en el que hizo la Primera Comunión cuando, una soleada tarde de diciembre, había visto llegar el camión con la mudanza de la familia de Sebastián. A los pocos días nació una camaradería, que luego se volvería amistad y, después, terminaría en amor.

Sebastián había llegado esa tarde con sus padres, desde una  ciudad lejana, para no irse jamás. Al menos eso pensaba ella todavía unos años antes de la muerte de su esposo. Veinte años después de su llegada, morirían los padres de Sebastián y él heredaría la casa.

Cuando comenzó el nuevo año, Sebastián fue a estudiar en la Sección masculina del Colegio Parroquial, en cuya Sección femenina estudiaba Eloísa. Allí terminaron la Primaria e hicieron la Secundaria. Siempre como buenos camaradas, siempre como buenos amigos. Hasta el año en el que terminaban el Bachillerato, cuando le estaban celebrando el cumpleaños a una amiga común en la casa de ésta y la reunión derivó en baile al morir la tarde. Ya otro compañero de clases de Sebastián, y amigo de Eloísa, había bailado tres veces consecutivas con ella, cuando Sebastián sintió que algo se le revolvía en el pecho, la desazón era incontenible y por eso, cuando vio que Osvaldo (ese era su nombre) iba a sacar nuevamente a Eloísa, se adelantó y, tomándola de la mano, la llevó a bailar al centro de la sala. Cuando el bolero que bailaban terminó, ya Sebastián y Eloísa habían descubierto que se amaban.

Dos años después de terminar una carrera universitaria, se casaron y ella se fue a vivir a la casa de Sebastián. Al año de casados, tuvieron una hija que, al cumplir los veintidós años, se casó y se fue al extranjero a vivir con su esposo. Treinta años llevaban casados Eloísa y Sebastián, cuando a él le sobrevino el colapso cerebral que le ocasionó la muerte de manera casi instantánea, cuando apenas tenía cincuenta y cinco años de edad. Durante el sepelio, Eloísa recordó que, alguna vez, Sebastián le había dicho que, si él moría primero, ella hiciera sembrar un ciprés sobre su tumba, para que, con el paso de los años, las alondras vinieran en las tardes a cantar en sus ramas y, así, él descansaría en paz. Eloísa cumplió su promesa. Durante el transcurso del primer mes del fallecimiento de Sebastián, hizo las diligencias necesarias para que, encima de la tumba de su recién fallecido esposo, fuera sembrado un árbol ya adulto de ciprés.

Cuando en las tardes dominicales Eloísa iba a visitar la tumba de su esposo, después de rezar unas oraciones, se sentaba en el quicio de la tumba situada enfrente de la de Sebastián y dejaba volar sus pensamientos hacia la época (de hecho, toda su vida), en que tuvo cerca de Sebastián y contó, no sólo con su presencia; sino con su amor, su comprensión y su apoyo.

A veces, al salir del ensimismamiento en el que había caído, le parecía escuchar por entre las ramas del ciprés una hermosa melodía, armoniosa como los boleros que en las noches, al acostarse, le cantaba Sebastián al oído, mientras el sueño la abatía. Luego reaccionaba y, enjugando las lágrimas, se levantaba, depositaba una rosa en la tumba de su esposo y se marchaba a seguir viviendo la vida que para ella, en esos momentos, era un  árido desierto sin fin.

Cuando se cumplieron cinco años de la muerte de Sebastián hubo necesidad de exhumar sus restos, pues la tumba era alquilada. Para hacerlo, los desepultureros tenían que remover el ciprés. Pero no fue posible. Estaba tan enraizado que, aunque talaron el tronco, casi a ras de tierra, no pudieron arrancarlo de raíz. Entonces resolvieron cavar alrededor. Al hacer el foso y llegar al  sitio donde se hallaba lo que fuera el ataúd, encontraron que las raíces del ciprés estaban arraigadas a lo que había sido el corazón de Sebastián…

Valledupar, 8 de agosto del año 2006

El árbol del amor (Conclusiones)

Algunos de entre quienes leyeron la columna de hace ocho días, se preguntarán por qué Sebastián y Eloísa alcanzaron ese grado de amor tan intenso y tan inmenso que los llevó a compenetrarse de tal manera que, aún después de muerto Sebastián, Eloísa seguía sintiéndolo cerca de ella. La respuesta está en una serie de  atributos básicos que pueden ayudar a fortalecer una relación y, por lo visto, los personajes de este cuento los aplicaron. Pongamos un poco de atención y tomemos nota de cuán interesantes pueden llegar a ser estos puntos.

La pareja que reza junta se conecta en un nivel muy profundo. Se unen en sus creencias, metas y valoraciones en común, ganando dones o favores divinos para su relación; por lo tanto se ligan emocional y espiritualmente.

No tema besar a su cónyuge frente a sus hijos ni olvide que tomarse las manos puede ser agradable y mágico. El afecto rompe las murallas que puedan haberse construido entre ambos.

Los momentos de alegría hacen que cada quien se sienta cómodo y feliz de estar junto a la persona escogida. Además de compartir las cargas de la vida en común, no hay que olvidarse de disfrutar con el cónyuge y hacerlo sentirse bien.

Estar casados no significa que usted y su pareja no necesiten aliento. Todos lo necesitamos. Escuchar que alguien cree en usted, o está alentándole en algo que le interesa, es importante y hace toda la diferencia en el mundo de sus sentimientos, sobre sí mismo y los demás. A su pareja, le ocurre lo mismo.

El más duro obstáculo para las personas es encontrar tiempo para estar a  solas con su cónyuge. Asegúrese de conseguirlo. Bien puede ser una hora, tranquilos los dos en su cuarto antes de dormir, o una cita afuera. Hay que encontrar lo que mejor funcione y ponerlo en práctica, para que la relación se alimente con tiempo y atención. La planta que no se riega, muere de inanición.

Enseñamos a nuestros hijos a perdonar y, nosotros, ¡también debemos  hacerlo!  Algunas heridas toman más tiempo en cerrarse que otras, pero los rencores y resentimientos sólo alejan el amor y dificultan mucho más el encauzamiento de la pareja que ya ha sufrido una ruptura.

El sarcasmo es perjudicial para la familia y puede ser muy doloroso. La burla y los comentarios irónicos nunca construyen un hogar o un matrimonio. Hay que evitar este hábito dañino e intentar afrontar las discusiones de forma más considerada. La otra persona no es un enemigo; sino alguien a quien amamos y con quien podremos estar en desacuerdo en ciertos aspectos. No se debe perder de vista este punto.

Su marido tal vez no sea como el de su amiga o, su esposa sea muy diferente a la vecina, en alguna faceta que usted admira, pero usted tampoco es igual a otras personas. Todos tenemos fortalezas y debilidades. Las comparaciones sólo aumentan estas últimas en lugar de fomentar las primeras, porque vuelven inseguro a quien es comparado. Y por lo demás, jamás es justo para nadie. Debemos dejar de hacer aquellas cosas que perjudiquen la autoestima y la confianza de los que amamos.

Todos cometemos errores. La indulgencia y la paciencia con los errores del cónyuge, facilitarán mucho la relación y pueden lograr mucho más que la crítica al ser querido. Las relaciones en las que la reprobación es frecuente, también desvalorizan mucho al objeto de ésta y quebrantan la confianza entre ambos.

Muchos cónyuges caen en el error de culpar a la otra persona. Esto nunca resuelve nada, sólo divide a la pareja. Ocurre lo mismo que con la crítica y la burla. Son, todos estos, medios malsanos de avanzar sobre el otro como si fuese un enemigo o un contendor a quien se deba aplastar. Está claro que estos métodos no ayudan en nada a mejorar una relación.

No estar de acuerdo o discutir es parte de cualquier relación matrimonial. Pero cuando comienza la tendencia de gritar, dar portazos, injuriar, irrespetar, etc., puede convertirse en un hábito que termina destruyendo la comunicación. Aprenda a ser constructivo y práctico cuando no estén de acuerdo, o tómense un tiempo hasta cuando vean que sus emociones se calman un poco.

Es importante recordar todos estos puntos sencillos, pero vitales, para que la relación matrimonial no sólo no se deteriore; sino que se  fortalezca y revitalice con el correr de los años. Y llegue a ser como la de los protagonistas de “El árbol del amor”.

Valledupar, 15 de agosto del año 2006

A propósito de “Utopía” (Parte I)

Al escribir Tomás Moro su libro “Utopía”, lo dividió en dos partes. La segunda que, por paradoja, escribió primero, se refiere a la existencia de un país imaginario, cuyo gobierno y, por consiguiente el bienestar del pueblo, son tan ideales que, por eso, el autor le diera el nombre que le dio; pues, justamente (él inventó la palabra con la cual lo tituló) éste significa “en ningún lugar”, es decir, algo inexistente. La primera parte, la destinó a criticar el gobierno de Enrique VII, monarca de Inglaterra, muerto en 1509. Moro escribió su inmortal obra entre 1515 y 1516, cuando fuera embajador de Enrique VIII en Flandes.

Pues bien, en la primera parte hay un acápite, el cuarto exactamente, en el cual plantea Moro las exigencias del príncipe. En éste capítulo dice lo siguiente, que bien pudiera ser un tratado de mal gobierno que hubiera sido tomado como ejemplo por los gobernantes de muchos países tropicales:

“Si tratando unos consejeros con algún rey y, discurriendo con qué mañas pueda incrementar sus tesoros, uno le aconseja incrementar los tributos que el pueblo, a la larga, terminará por aceptarlos. Otro lo induce a fortalecer la moneda cuando haya que expenderla y luego debilitarla cuando tenga que recabarla, para así saldar mucho con poco dinero y rembolsar mucho dinero con poca cosa. Otro le sugiere que simule una guerra y, una vez, haya recaudado el dinero [necesario] con este pretexto, haga la paz con muchas ceremonias; así ganará prestigio  ante los ojos del populacho, como un príncipe a quien le duele el dolor de sus súbditos. Luego otro consejero le trae a la memoria ciertas leyes roídas por las polillas y caídas en desuso y que todos quebrantan porque nadie recuerda su promulgación; que ordene, entonces, recabar las multas anejas a la infracción, pues nada más honorífico que aquello que lleva la máscara de la justicia. Mientras otro lo exhorta a prohibir, bajo fuertes multas, multitud de cosas tales, sobre todo aquellas inanes al provecho del pueblo; para luego negociar con aquellos cuyas ganancias se vean embargadas por la prohibición. Así se beneficiará por partida doble: multar a quienes el afán de lucro llevó a la trampa o vendiendo privilegios a otros y, además, se hará acreedor al reconocimiento del pueblo. Luego otro le aconseja asegurarse la voluntad de los legisladores, trayéndolos a palacio para invitarles a discurrir en su presencia sus asuntos y, así, poder intervenir en el devenir de las leyes, que no faltará el legislador que, por no llevar la contraria al príncipe, le defienda su postura al respecto, dándole al rey una cómoda oportunidad de interpretar el derecho a su favor; otros ya se alinearán por respeto o por temor, logrando lo que para muchos tiene más peso que cualquier otra cosa: la prerrogativa indiscutible del príncipe. Entonces los consejeros harán eco de la sentencia de Licino Craso, citada por Plinio y por Cicerón: «Ninguna suma de oro es suficiente para el príncipe a quien incumbe sostener un ejército» que al rey, por otro lado, le importa que la propiedad del pueblo sea lo más minúscula posible, como que la seguridad y prestigio del rey estriban en que el pueblo no se goce en sus riquezas y libertad, pues éstas hacen aguantar menos pacientemente las leyes duras e injustas, mientras que, por el contrario, la indigencia o pobreza embota los ánimos y torna paciente a la gente y arrebata a los oprimidos el generosos espíritu de rebelarse.”

La anterior crítica, que no fue otra cosa que la radiografía del reinado de Enrique VII, hace, junto con “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, un buen tratado de mal gobierno, como se dijo al principio. Desafortunadamente para Latinoamérica, sus gobernantes (en muchos casos, verdaderos sátrapas) han tenido en cuenta estos pésimos consejos y han dejado de lado las buenas advertencias que Moro escribiera en la segunda parte de su “Utopía”. Por eso el vocablo llegó a ser sinónimo de lo irrealizable.

Valledupar, 22 de agosto del año 2006

A propósito de “Utopía” (Parte II)

Decíamos hace ocho días que Tomás Moro, en la segunda parte de su libro “Utopía”, hacía críticas al gobierno de Enrique VII, en las cuales señala, entre otras cosas, el absolutismo del príncipe, que lo lleva a gravar al pueblo con excesivos tributos, además de coartarle las libertades civiles y cómo, sus consejeros, son partidarios de lograr que el monarca consiga aumentar la pobreza entre los súbditos para, así, “arrebatar a los oprimidos el generoso espíritu de rebelarse.”

En este punto, Tomás Moro, quien participa en los diálogos de la obra, como uno de los interlocutores de la misma, dice lo siguiente:

“Tales consejos son todos deshonrosos y perniciosos para el rey, pues no sólo su honor sino también su seguridad reside en la pujanza del pueblo, más que en la suya propia. Porque es incumbencia del príncipe el que le vaya bien al pueblo más que a sí mismo, pues no es otra la tarea del pastor que la de apacentar a sus ovejas, y no lo contrario. Por eso, se engañan de medio a medio quienes opinan que la indigencia del pueblo es la garantía de la paz. En efecto, ¿quién se aplica con más ahínco a buscar cambios; sino aquel que no esté contento con la situación actual? O, ¿quién está poseído de más furia para subvertir todo, que aquel que ya no posee nada que pueda perder? Mas si un rey fuera tan despreciado o tan odiado por los suyos, que no pudiera mantenerlos en obediencia a no ser que los atropelle con vejámenes, con exacciones o con decomisos, más le valiera resignar el mandato, antes que conservarlo recurriendo a unos métodos que, aunque le permitan retener el título de mandatario, pierde con toda seguridad la autoridad; sino física, sí moral; además del respeto de sus súbditos. Ni dice bien a la dignidad del gobernante ejercer su mando sobre mendigos; sino más bien sobre personas pudientes y felices. Esto, sin duda, fue lo que advirtió Fabricio, Procónsul del Imperio Romano (Siglo III A. C.), hombre de espíritu valeroso y sublime, cuando respondió que «prefería mandar sobre ricos que ser él mismo acaudalado». Y, de seguro, que estar uno nadando en los placeres y en los deleites, mientras que por todas partes los demás gimen y se lamentan, es mandar sobre una cárcel y no sobre una nación civilizada. Porque, así como es incompetente un médico que no sabe curar una enfermedad si no es con otra enfermedad, de igual manera, quien no ha aprendido a conducir a los ciudadanos por un camino libre de privaciones, debe reconocer que no sabe regir a hombres libres y, por tanto, debe mejorar su propia arrogancia  e incompetencia, pues a ellas debe que el pueblo lo desprecie. Viva desinteresadamente de lo suyo, ajuste los gastos a las rentas, refrene los desmanes y la corrupción de quienes le rodean, contrólelos mediante instituciones adecuadas, para que no tenga que castigarlos después o, peor aún, deba hacer caso omiso de sus transgresiones. Ni aspire a más de aquello que la justicia consentiría a un particular, por considerar que esto es inicuo y ruin. Por eso, el buen príncipe, el primer día de su reinado, debe, bajo la gravedad del juramento, prometer no tener más de lo que tenía antes del acceso al trono. Pero, si el gobernante está fuertemente inclinado a hacer todo lo contrario de lo que os he dicho, ¿a qué tipo de sordos estaría yo contando esta fábula?”

Estimado lector, ¿no cree usted que si los gobernantes de estos países tropicales, de ahora y de siempre, hubieran puesto en práctica, al menos un porcentaje de estos sabios consejos, otra sería la suerte de estos pueblos? Mucho de esto tiene que ver con aquello de que “el gobernante no está para que los gobernados le sirvan; sino todo lo contrario”. Por eso se les llama “servidores públicos”, vale decir, “servidores del pueblo”. Al fin y al cabo, éste los elige y, por lo mismo, les paga su salario con los tributos.

Valledupar, 29 de agosto del año 2006

Todo pasa en la vida

Leyenda tomada de los manuscritos que el lector habitual ya conoce.

“Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

–Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total y que, además,  ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Los presentes que escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total, era difícil, casi imposible. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. Cuando la madre del rey murió, este sirviente cuidó de él; por tanto, el rey lo trataba como si fuera de la familia y sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también le consultó. Y éste le dijo:

–No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente y, en una ocasión, me encontré con un sacerdote. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje.

El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.

–Pero no lo leas, le dijo, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.0

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Se encontraba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar en donde el camino se acababa y no había salida. Enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje. Simplemente decía «Esto también pasará».

Meditó sobre el contenido del mensaje y sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían, debían haberse perdido en el bosque o debían haber equivocado el camino. Poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sintió profundamente agradecido con su sirviente y con el místico y desconocido sacerdote. Aquellas palabras habían resultado milagrosas.

Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entró de nuevo victorioso a la capital hubo una gran celebración con música, bailes y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano, que estaba a su lado en el banquete, le dijo:

–Este momento también es adecuado, vuelve a mirar el mensaje.

–¿Qué quieres decir?, preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

–Escucha, dijo el anciano, este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estés derrotado; también es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando seas el último; también es para cuando sientas que eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: «Esto también pasará» y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo y la sensación de vanidad habían desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje, su mente se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:

–Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa, ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas. Grábatelo bien en tu mente y en tu corazón.”

Valledupar, 5 de septiembre del año 2006

Cuando la sal se corrompe

Hace cuatro años, por estas calendas, hicimos un comentario alusivo a la Policía Nacional por el desvío, por parte de unos miembros de ese cuerpo armado, de US $2.000.000 del Plan Colombia y el título usado en esa ocasión fue parecido al de esta semana.

En vista de los hechos acaecidos dentro de las filas del Ejército de Colombia, en donde se ha puesto en tela de juicio la probidad de algunos de sus miembros (y no hablamos de soldados rasos; sino de oficiales de diferentes graduaciones), no hemos resistido la tentación de repetir, pues la situación es preocupante, la frase introductoria del mencionado comentario:

“En la antigüedad, cuando la humanidad aún no había descubierto las mezclas refrigerantes y la electricidad era desconocida, la sal era usada como elemento importantísimo en la preservación de los alimentos contra la acción de las bacterias que generan descomposición y putrefacción. Por eso, la sal pasó a ser el símbolo por antonomasia de la conservación de las cosas. De ahí que Cristo usara la frase que sirve de título al comentario de hoy, para significar que, si las personas encargadas de preservar algo contra la contaminación se corrompen, lo que se debía salvaguardar correrá la misma suerte; más aún, si alguien es el custodio de la integridad de algo, deberá ser con mayor razón persona íntegra cabalmente, de tal manera que no haya la menor sombra de duda sobre su probidad. Por eso, cuando el guardián de la ley se sitúa al margen de esa ley, el desconcierto cunde y la sociedad se conturba.”

En una Nación  que se precia de ser un Estado de Derecho, en donde no sólo se deben cumplir las leyes; sino que además la autoridad, o quien la represente en sus diversos órdenes (que también le debe respeto a la ciudadanía), ¿cómo es posible que sea la encargada de burlar la confianza que el pueblo ha depositado en su fuerza pública? Porque, indudablemente, de los delincuentes no se espera más que la comisión del delito. Más aún, cuando dicen arrepentirse, la sociedad toma esa declaración con beneficio de inventario. En tanto que de las fuerzas de seguridad legalmente establecidas, sólo se espera probidad, honradez, honestidad y un comportamiento coherente con los juramentos prestados al momento de recibir el espaldarazo que les confiere autoridad para velar por el bienestar de los asociados. Vale decir de la ciudadanía que, entre otras cosas, sufraga los impuestos con los cuales es posible pagarles su remuneración de manera asaz cumplida.

¿Cómo es posible que altos oficiales del Ejército se presten para realizar una pantomima de atentados, con el único objetivo de mostrar resultados positivos ante sus superiores? Y peor todavía cuando de esa caricatura se origina una tragedia. En el último caso, cuando hacían el teatro de un supuesto atentado, un pobre hombre murió y unos pobres soldados quedaron heridos. Hace unas semanas en un presunto operativo para rescatar a un falso secuestrado, murieron sus presuntos victimarios, quienes eran inocentes. Y ni para que recordar los casos de Guaitarilla, Cajamarca, Jamundí y tantos otros, en los cuales, miembros corruptos del Ejército colombiano han delinquido, con el resultado de dejar el camino sembrado con los cadáveres de compatriotas inocentes, a quienes, en su momento, les fue enlodada su memoria al calificarlos de guerrilleros o de cómplices del narcotráfico. Poco a poco, cuando la justicia ordinaria ha tomado cartas en el asunto, se han ido aclarando los hechos y, así no siempre se haya penalizado de manera justa a los culpables, por lo menos la ciudadanía ha visto resplandecer la verdad. Empero en otros casos, la impunidad haya reinado como diosa absoluta de esta corrupción que invade a Colombia y la corroe como el peor de los cánceres.

Sin embargo, el presidente sale ahora a sacarles las castañas del fuego a los implicados, no obstante las aseveraciones del Comandante de las Fuerzas Armadas.

Por eso, sólo resta parafrasear al clásico español Pedro Antonio de Alarcón, novelista, ensayista, poeta y periodista, en la expresión con la cual concluye su obra denuncia, “El Nuevo Mundo”: «Colombia, sus gobernantes, su Ejército, Siglo XXI, ¡avergonzaos!»

Valledupar, 12 de septiembre del año 2006

Lecciones de vida

Hace alrededor de 50 años, siendo aún adolescente, encontré en una ocasión, en un especie de diario que había pertenecido a mi padre, quien ya había fallecido para ese entonces, unos escritos, de los cuales uno me llamó poderosamente la atención, pues su preámbulo (y así constaba en el diario), era una frase de San Antonio de Padua: “Dichoso el hombre, cuyas palabras brotan del Espíritu Santo y no de sí mismo.”

Llevado por la curiosidad decidí leerlo y me pareció tan interesante, que lo comenté con mi madre. Ella, conmovida, me dijo: “Hijo, así era tu padre. Él acostumbraba escribir sus pensamientos tan pronto se le ocurrían. De igual manera, anotaba frases interesantes que encontrara al leer un libro. Esos que me acabas de leer, los escribió cuando tu hermano mayor se fue para la Escuela Naval y los reprodujo para dárselos en la primera visita que le hiciera. Lo cual, gracias a Dios, logró cumplir.”

Como quiera que en estasemana celebra la familia el natalicio de mi padre, he querido brindarle un pequeño homenaje, reproduciendo los pensamientos a los cuales acabo de hacer alusión:

“Hijo mío: Que tus pies te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad solamente son puntos en el mapa de la vida y, el  verdadero disfrute, está en buscarlos en el conocimiento y la profundidad en Dios.

Que tus ojos reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene. Aunque se detenga seguirá siendo un colibrí y es conveniente que lo sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni lo alto del cielo con la grandeza de Dios.

Que tus manos se tiendan generosas al dar y agradecidas al recibir y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a quienes te rodean, igual que Jesús entregó sus manos en la Cruz. De la misma manera que ellas sirvan para protegerte y no para herir a nadie.

Que tu oído sea fiel a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia y, así, puedas distinguir la voz del Señor al hablarte.

Que tus rodillas y tus piernas te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el momento de la oración y la charla con el Todopoderoso.

Que tu espalda sea tu mejor soporte y no la carga más pesada, pues en la Cruz, la espalda de Jesús, se entregó y venció las cargas de tu alma.

Que tu boca refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes, para que te comuniques con sabiduría y entendimiento.

Que tus dientes te sirvan para aprovechar mejor el alimento y no para conseguir la tajada más grande, en desmedro de otros y, también, para que los muestres al mundo en señal de agradecimiento por las bendiciones que Dios te ha concedido y no como una muestra de vanidad.

Que tu lengua encuentre las palabras más exactas para expresarte sin que te malinterpreten, cuando pronuncies sentimientos de consolación y vida.

Que tu piel te sirva de puente y no de valla, cuando al tacto de tus semejantes emanes la energía espiritual de salvación que nuestro Divino Señor haya depositado en ti.

Que tu pelo le dé abrigo a tus ideas y que, más que un  buen peinado, adorne pensamientos de prosperidad. Y si se te ha caído, piensa que, así, las ideas surgirán con más claridad y mayor serenidad.

Que tus brazos sean la cuna de los abrazos y no la camisa de fuerza para nadie, así como  también el ímpetu para apoyar al herido y levantar al caído.

Que tu corazón toque su música con amor para que tu vida sea un paso del universo hacia delante, bendiciendo tu existencia y la de los tuyos, incluyendo el hogar que, el día de mañana, habrás de formar y del cual, tú serás el guía.”

Valledupar, 19 de septiembre del año 2006

Gustavo, el pastorcito mentiroso.

Dejando de lado el oprobio por el homónimo (aun cuando nadie es culpable de las tropelías y desmanes que cometan sus tocayos; pues si no, como sería de vergonzante la vida de tanto Adolfo, José, Alfonso, Pablo, Gilberto, etc., que rueda por el mundo), vamos a recrearnos hoy un poco con la fábula en cuestión, atribuida a Félix  de Samaniego y cuyo título es el mote de la columna de hoy.

Todos la conocemos; más aún, los mensajes institucionales de la televisión nos la recuerdan cada cierto tiempo. Los mensajes son claros e indiscutibles; mas no la aplicación que el patrocinador (Gobierno Nacional), quiere darle.

Porque se supone que el mentiroso del mensaje televisual no lo es el estado colombiano; sino las personas que no están de acuerdo con él; por aquello de que, si no estás conmigo, estás contra mí.

Y es, entonces, cuando se le revierte al Estado la aplicación del recado; porque se ha vuelto tan mentiroso, tan mendaz, tan mitómano, que ya no hay cómo creerle.

Dice el ministro de Hacienda (no importa cuál, ni de cuál gobierno): “no habrá nuevos impuestos este año”, para que esperemos, a pocos meses vista, una nueva racha impositiva. (Ya, en la era Uribe, van seis reformas tributarias, vale decir, seis alzas desmesuradas en el costo de vida de los colombianos.)

“No habrá más alzas en la gasolina, ni en los medicamentos, ni en lo que sea”, dice el ministro de turno y, a los pocos días, los noticieros contradicen lo afirmado por éste. (Más aún, desde agosto del 2002, el precio de la gasolina sube todos los meses y, con él, el costo de la canasta familiar.)

Todos los diciembres, el ministro de Educación anuncia mano dura para con los colegios privados que especulen con el precio de matrículas y pensiones; y los padres de familia tiemblan, mientras tratan de calcular que tan exorbitantes serán las aspiraciones de los dueños de la educación privada en Colombia.

“Este año firmaremos la paz”, dice el presidente y la paz, la verdadera paz, se aleja cada vez más.

“Nuestros oficiales son intachables”, protesta también el presidente, mientras el narcotráfico y la corrupción salpican a varios de sus hombres.

Y ni que decir de los famosos “positivos” que han resultado negativos, con los cuales, no sólo se irrespeta a los soldados honestos, los que les ponen el pecho a las balas; sino que sus esfuerzos, cuando luchan por mantener a raya a los alzados en armas, quedan opacados. Pues, cuando los medios de comunicación anuncian que se ha dado de baja a un número determinado de guerrilleros, no se sabe a ciencia cierta si se trata de enemigos del Estado o, por el contrario, son inocentes campesinos muertos por equivocación o, peor, aún, son la cuota para los “positivos”.

Entonces, señores del gobierno, ¿a quién habrá de aplicársele el corolario del mensaje televisual que comentamos? “¿Quién tiene un final feliz, cuando engaña a otros?”

Valledupar, 26 de septiembre del año 2006

Con el paso del tiempo

Meditación tomada de los manuscritos que el lector habitual de esta columna ya conoce.

“Con el paso del tiempo, aprenderás que el sol quema si te expones demasiado a sus rayos. Aceptarás, también, que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.

Aprenderás que hablar alivia los dolores del alma. Descubrirás que se necesitan años para construir la confianza de alguien; empero, para destruirla, sólo requieres de apenas unos segundos. Sabrás, además, que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.

Conocerás que las amistades continúan creciendo a pesar de las distancias; que no importa lo qué tienes; sino a quién tienes en la vida.

Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y, por eso, siempre es bueno decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodean, tienen influencias sobre  lo que hacemos. Comenzarás a entender porqué no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.

Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que la vida es corta para lograrlo. Aprenderás que no importa a donde llegas; sino a donde te diriges.

Con el paso del tiempo, sabrás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias. Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.

Descubrirás que, algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayude a levantar. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones o de lo crees tener de ellos. Aprenderás también que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes, como la muerte de las ilusiones y, además, sería una tragedia si te creyese, porque le estarías quitando sus esperanzas.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel. Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero no saben como demostrarlo.

Con el paso del tiempo, descubrirás que no siempre es suficiente ser perdonando por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo. Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado. Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda devolverse; por tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.

Entonces, y sólo entonces, sabrás realmente lo que puedes soportar, conocerás que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas al principio, cuando creías que no podías más.

Con el paso del tiempo, comprenderás que realmente la vida vale, cuando tienes el valor de enfrentarla.”

Valledupar, 3 de octubre del año 2006

¿Hacia dónde va Colombia? (I)

Olvidémonos, por un momento, de la futura “Corte de Bolsillo” que el presidente de la Corte Suprema de Justicia entrevé para la Corte Constitucional, a raíz del último cambio de actitud de Uribe, frente al llamado “choque de trenes”. Porque resulta alarmante que el Presidente haya decidido favorecer a la Corte Constitucional, cuando se perciben señales de que esa corporación podrá ir al ritmo de la política de seguridad democrática. En efecto, en unos meses, los cargos que quedarán vacantes en la Corte Constitucional, serán provistos con magistrados propuestos por el primer mandatario, lo que significa, ni más ni menos, que allí también solamente se oirá la voz del Gobierno, tal como está ocurriendo en la Comisión Nacional de Televisión, en la junta del Banco de la República y en la Fiscalía, donde además resulta imposible no registrar la razonable preocupación que genera la injerencia de personas muy allegadas al corazón de Uribe.

Entonces, olvidándonos de esta situación, ya de por sí preocupante, preguntémonos nuevamente, ¿hacia dónde va Colombia? ¿Cuál es el panorama que se le avizora en el futuro inmediato, en cuanto a paz se refiere?

No se puede decir (sin pecar, más que de pesimista, de sectario), que este panorama sea totalmente negro.

Pero tampoco se puede afirmar (sin pecar, más que de optimista, de ingenuo), que este futuro sea enteramente promisorio.

Diríamos, más bien, que es castaño (¡ojo!, hablamos solamente del color). Es en gracia de discusión, de un gris oscuro, como el cielo cuando se cubre con los nubarrones que preceden a la tormenta. Y, se preguntará el lector desprevenido, ¿por qué no es claro, como la mañana cuando despierta el sol y baña, con su luz, las impolutas cumbres de la Sierra?

Porque Colombia está en una encrucijada tortuosa y los caminos no están desbrozados aún. Hay, en la actualidad un proceso de paz con las AUC, aliadas del establecimiento durante demasiados años. Proceso que, de culminar, dejará muchas heridas abiertas y es probable (ojalá nos equivoquemos) que esas heridas quieran ser restañadas, sólo a través de la Ley del Talión.

Pero también existen las posibilidades de un intercambio humanitario, que permita (¡por fin!) que los secuestrados (miles de colombianos), vuelvan a sus hogares. Pero allí, también tuerce la puerca el rabo. Pues de un lado están las exigencias de las FARC, que podrían llegar a ser inadmisibles para el Gobierno. Y de otro lado, están los intereses creados de quienes no desean que esto ocurra.

Pero supongamos, nuevamente, en gracia de discusión, que ese intercambio se dé, porque las exigencias de una parte no sean tan estrafalarias, o la predisposición de la otra parte hacia ese intercambio, sea realmente abierta. Y hasta ese momento el país ganaría mucho, pero no lo suficiente.

Por eso, el color claroscuro del panorama. Porque, el intercambio podría dar paso a unas conversaciones con la subversión, las cuales conducirían hacia los diálogos que podrían desembocar en la paz.

Entonces, se preguntará el lector desprevenido, ¿cuál es el problema? Que el camino a la paz (diría Perogrullo), significa el fin de la guerra. Y, ¿será posible que quienes se benefician con la guerra, vayan a permitir que les maten la gallina de los huevos de oro?

Pero, ¡usted si es pesimista!, dirá nuevamente el ingenuo lector. No, amigo. No es pesimismo, es realismo, es pragmatismo si quiere. Pero es que, después de tantos ires y venires, tantas vueltas y revueltas, quienes se lucran con la guerra, no van a permitir que se les dañe el negocio. Y, como éstos no son cualesquiera Pericos de los Palotes, moverán cielo y tierra para impedirlo.

Desgraciadamente es así. El presupuesto para la guerra, aumenta cada año y el mejor negocio de los Estados Unidos es la guerra. Entonces, ¿usted cree, amable lector, que ellos van a permitir que se les acabe tan pingüe tráfico?

Valledupar, 10 de octubre del año 2006

¿Hacia dónde va Colombia? (II)

En una calle de Valledupar hay un mural, en donde aparece un pordiosero, como tantos que deambulan por las calles de las ciudades de Colombia, mendigando la caridad de los transeúntes (número que, hoy en día, con el desplazamiento forzado, ha aumentado de manera exorbitante). Al lado del mendigo del mural, hay un letrero que sintetiza de manera magistral el origen de los males que azotan a Colombia: “La pobreza aumenta y la paz nunca se encuentra”.

Pues bien, esa pobreza, causa principal de la ausencia de paz en cualquier lugar del mundo habitado por seres humanos, cada día aumenta en Colombia. Y no me vengan a decir que es por falta de espíritu emprendedor del colombiano medio. Esa es una falacia de la peor especie. Pues soslaya la responsabilidad del verdadero culpable: el Estado, ya que es éste, según lo reza la Constitución (ésta y todas las anteriores), quien debe velar porque a cada ciudadano se le den las oportunidades necesarias para lograr un nivel de vida, al menos, decoroso. Pero no. El Estado, a través de sus representantes (esos que son elegidos con el voto del pueblo), solamente se preocupan por el bienestar de los de  su clase. Y entonces, detrás de la pobreza, vienen la falta de educación, la mala salud, la falta de vivienda, la estrechez de la canasta familiar, la ausencia de oportunidades de  trabajo, la inconformidad. Todo lo cual genera violencia. Violencia de toda índole.

Alguien desprevenido se preguntará, ¿qué culpa tiene el Estado de que todo esto ocurra? Pues sucede que es el Estado el encargado de proponer y hacer realizables las normas que habrán de propender por el bienestar ciudadano. Pero el de todos, no el de unos pocos, sobre todo los más cercanos al gobierno de turno.

Ahora mismo en el Senado se discute un proyecto de Ley, propuesto por el Ejecutivo, mediante el cual habrá una parodia de Reforma Agraria, en donde se les desconocen a los indígenas y a los campesinos desplazados, sus derechos sobre la tenencia de la tierra. Cuando esta Ley sea aprobada y se haga pública, el descontento cundirá como efecto natural del despojo al que se verán sometidos los pobres.

Y si por los lados del Ejecutivo y del Legislativo llueve, por los de la Justicia, no escampa. El caso de los falsos positivos, va camino de la impunidad. El Presidente, el Ministro de la Guerra y hasta el mismo Fiscal, han sido pródigos en desestimar el acopio de pruebas al caso, dejando en pésima posición al Comandante de las Fuerzas Militares,

Y detrás de este caso, corren parejos los casos de Jamundí, Cajamarca y Guaitarilla, por citar solamente los más recientes y sonados casos, relativos a este talante. A cada uno de ellos, se les ha dejado adormecer, como buscando la amnesia colectiva, a la cual es muy proclive nuestro país.

Coletilla. Recordaba el otro día que, hace dos años por estos meses, también se habló de acuerdo humanitario. Corrió mucha tinta, fue mucha la palabrería desatada en la radio y la televisión y, al final, nada de nada. Las peticiones exageradas de unos y la falta de interés de los otros, dio al traste con el deseo de muchos colombianos, principalmente sus dolientes: la libertad de los miles de secuestrados, algunos de los cuales, ya completan diez años o más de no ver a sus seres queridos. Ojalá, esta vez, las condiciones sean más propicias y, por fin, el acuerdo humanitario se lleve a cabo.

De ocurrir esto, es muy posible que se pueda volver a hablar de paz. Al menos, hablar del fin de la guerra. Porque la verdadera paz, sólo se alcanzará cuando haya equilibrio social en Colombia. Quiera Dios, algún día no lejano, podamos alcanzar ese paraíso soñado.

P.S. La próxima semana, si Dios quiere, nos referiremos a los verdaderos orígenes de la violencia en Colombia, con el fin de evitar tanta desinformación al respecto.

Valledupar, 17 de octubre del año 2006

Orígenes de la violencia en Colombia

En días pasados, en este mismo periódico, un joven escribía sobre las posibilidades que hay de alcanzar la paz en Colombia. En su análisis dejaba entrever su dolor (el cual es compartido por la mayoría de los colombianos) por la guerra que atenaza a nuestro país. Su columna estaba llena de esperanzas. Ojalá éstas algún día se cumplan.

Sin embargo, en los primeros párrafos de su escrito, cometió algunos errores de apreciación, sobre el devenir histórico de Colombia a mediados del siglo pasado.

Decía él que durante los años cuarenta, “Alberto Lleras Camargo creó una coalición de liberales y conservadores para oponerse a [la candidatura a la presidencia de] Jorge Eliécer Gaitán.” Esto no es cierto. Quienes se opusieron a Gaitán fueron Eduardo Santos, López Pumarejo y Carlos Lleras; quienes, desde las columnas del diario El Tiempo, no solamente apoyaban a Gabriel Turbay; sino que además descalificaban a Gaitán como representante de las ideas liberales. Por eso, el partido Liberal fue dividido a las elecciones y ganó Mariano Ospina Pérez.

Dice también este joven que la violencia en Colombia empezó en 1946, con el ascenso de los conservadores al poder. Esto tampoco es cierto. Colombia siempre ha vivido en guerra. Aquí siempre ha habido violencia. O es que las guerras civiles del siglo XIX, ¿no eran producto de la violencia partidista? Ésta amainó un poco, después de la guerra de los Mil Días, cuando liberales y conservadores hicieron un alto en el uso de las armas y se dedicaron a confrontarse en el Senado y la Cámara. No obstante, en pueblos y veredas, los caciques políticos no cejaban en el deseo de soliviantar al pueblo contra el partido gobernante. Durante esos años, el país se desangró por los colores (literalmente hablando) partidistas.

Por eso, durante la hegemonía conservadora (1910 a 1930), los liberales torpedeaban la acción del gobierno conservador y éste respondía con la represión. Luego, cuando la República Liberal (1930 a 1945), los papeles se invirtieron y, así, los conservadores buscaban como derrocar a los gobiernos liberales, mientras éstos usaban las armas para impedirlo. Cuando en 1946 subió Ospina Pérez, no se hizo más que volver a invertir los papeles.

Dice también nuestro novel escritor que las agrupaciones guerrilleras FARC, ELN y M–19 aparecieron con la dictadura de Rojas Pinilla. No, eso no fue así. Si tenemos en cuenta que la dictadura de Rojas sucedió entre el 13 de junio de 1953 y el 10 de mayo de 1957, no puede ser que los grupos guerrilleros ya mencionados, que iniciaron sus operaciones años después (FARC en 1963, ELN en 1964 y M–19 en 1970), estuvieran presentes 10 ó 17 años antes.

De otro lado, la violencia en Colombia y en todos los países latinoamericanos, tiene sus orígenes en el desequilibrio social. Estos países en realidad no se han podido librar del peso del sistema feudal. Aquí en Colombia, sin ir muy lejos, hay regiones, como Cauca, Córdoba, Cesar, Guajira y otras más, en donde todavía se ven las figuras del amo y del siervo.

Entre octubre y diciembre del año 2001 (ya hace cinco años, ¡quién lo creyera!), El Pilón me hizo el favor de publicar, por entregas, el ensayo que escribí al respecto y que titulé “El porqué de la violencia en Colombia”. Allí están plasmadas las causas de esta situación que vivimos, la cual no es más que el producto de la  desigualdad social. Recuerdo que el citado ensayo terminaba con una frase, más o menos, así: “El día en que la paz social se alcance, quienes esgrimen la injusticia social como símbolo de protesta o como excusa para soliviantar la guerra, no tendrán más pretextos para impedir la gobernabilidad; los inconformes dejarán de serlo o no encontrarán eco en un país satisfecho en sus necesidades básicas.”

  1. S. ¡Hasta que torció la puerca el rabo! La explosión ocurrida la semana pasada en la Escuela Superior de Guerra y las explosivas declaraciones de Uribe, es posible que den al traste con el intercambio humanitario; lo que temíamos y dijimos hace quince días en esta columna. Ahora, quienes se lucran con la guerra y, por consiguiente, son enemigos de la paz, estarán que brincan en una sola pata y eso, sin saberse si los autores hacen parte de sus filas.

Valledupar, 24 de octubre del año 2006

La fábula de la liebre y el tigre

Recurramos nuevamente a los socorridos manuscritos y, apoyándonos en la fábula cuyo título sirve de mote a la columna de hoy, tratemos de hallar alguna conclusión que pueda aplicarse a la actual coyuntura que vive Colombia.

“Érase una vez un joven decepcionado de la humanidad. La indolencia, la abulia de la mayoría, ese querer nadar todos con la corriente, lo tenían decepcionado. Pero lo que más le mortificaba era  la falta de solidaridad de la gente. Al parecer, ya a nadie le importaba la suerte de los demás. El egoísmo era la nota predominante entre sus coterráneos.

Un día, dando un paseo por el campo, se adentró en el monte y se sorprendió cuando vio que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre, que yacía malherido al borde de la espesura y no podía valerse por sí mismo.

Impresionado por esta acción tan excepcional, volvió al día siguiente y comprobó que, nuevamente, la liebre dejaba un gran trozo de carne a los pies del tigre. Los siguientes días, el joven pudo constatar como la escena se repetía, hasta cuando el tigre se recuperó y pudo salir a buscar comida por su propia cuenta. A partir de entonces, la liebre no volvió a socorrer al tigre.

Admirado por la solidaridad y la cooperación de estos animales, el joven se dijo: «No todo está perdido. Si los seres irracionales pueden actuar así, cómo es posible que nosotros, los seres humanos, no seamos capaces de ayudarnos mutuamente.»

Entonces decidió reproducir la experiencia del tigre y la liebre. Buscó un lugar transitado y se echó a la vera del camino, simulando que se encontraba enfermo, a la espera de que alguien pasara y le ayudara. Las horas transcurrieron sin que nadie se acercara a ayudarle. La mayoría de los transeúntes ignoraba su presencia. Llegó la noche sin que alguien le hubiera prestado al menos atención, ni que decir alguna ayuda. Decepcionado se levantó, más apesadumbrado de lo había estado antes de ver a la liebre y el tigre, y se dirigió a su casa.

En el camino encontró un templo y decidió entrar a ver si encontraba respuesta a su desolación. En esos momentos, se sentía abatido al pensar que la humanidad ya no tenía remedio. Cada quien velaba por sí mismo, el dolor ajeno era eso, ajeno. A nadie le preocupaba lo que aconteciera a los demás. Y así, el desespero del hambriento, la tristeza del abandonado, la soledad del enfermo, eran algo que, al resto de la gente, ni le iba ni le venía.

Con estos pensamientos en mente, ya en el interior del templo, rogó a Dios impetrando Su auxilio y Sus luces. Se sentía abatido, con el corazón devastado, sin deseos siquiera de levantarse y volver a su hogar. Entonces sintió dentro de su alma una voz que le decía: «Si quieres encontrar a los seres humanos, si deseas creer en tus semejantes, entonces no hagas de tigre, sé tú más bien la liebre. Ayuda a todos aquellos que lo necesiten. Tiende tu mano al desamparado, al hambriento, al desposeído. No pienses solamente en ti. Recuerda que hay muchos que dependen de una decisión tuya. Así ésta te parezca insignificante, para otras personas puede ser de inmensa trascendencia. No esperes que los demás te ayuden, si antes tú no has ayudado a otros.»

El joven se sintió reconfortado y, luego de dar gracias a Dios, salió del templo, decidido a ser, a partir de ese día, más solidario con los demás.”

Moraleja: si en Colombia hay 22 millones de pobres, más de 12 millones de compatriotas que viven en la miseria, casi 7 millones de desempleados, tres millones que sobrenadan en la informalidad y, de esos 12 millones que viven en la miseria, 3 ó 4 millones se encuentran desplazados, ¿cómo es posible que sigamos impertérritos ante esta situación? ¿Cómo vamos a tolerar que miles de colombianos sigan secuestrados, solamente por salvar la dignidad de un Estado, que es muy poco lo que hace por ese 93% de la población que se debate entre la angustia y el desespero?

Valledupar, 31 de octubre del año 2006

Historia de un padre y su hijo

Era una mañana como cualquiera otra. El jefe del hogar, como era frecuente en él, estaba malhumorado. Las cuentas, los afanes del trabajo, el cansancio, en fin, tantos atafagos, no hacían más que aumentar su angustia y ésta se convertía en mal genio.

Cuando bajó a desayunar, regañó a su pequeño hijo de 8 años, porque se demoraba demasiado en tomar el desayuno; por eso, le gritó, porque no dejaba de jugar con los cubiertos y lo reprendió, porque masticaba con la boca abierta. El niño se asustó y derramó la leche sobre la ropa. Furioso, el padre lo levantó del asiento y lo empujó violentamente para que fuera a cambiarse de inmediato.

Cuando iban en el automóvil, camino del colegio, el niño no dijo una sola palabra. Sentado en el asiento trasero del coche llevaba la mirada perdida. A ratos, por el retrovisor, le padre lo observaba. Al llegar al colegio, el niño se despidió tímidamente y el padre sólo le dijo que no hiciera travesuras.

Al caer la tarde, cuando regresó a su casa, después de un día de mucho trabajo, encontró a su pequeño hijo jugando en el jardín. Llevaba puesto un pantalón nuevo y, a esa hora, ya estaba sucio y mojado. Frente a sus amiguitos le dijo que debía cuidar la ropa y los zapatos y, además, que parecía no interesarle el sacrificio de sus padres para mantenerlo y educarlo. En castigo, lo hizo entrar a la casa para que se cambiara de ropa y mientras caminaban por el sendero, el padre atrás y el hijo adelante, lo volvió a regañar por no caminar erguido.

Más tarde al niño se le había olvidado el enojo de su papá y terminó haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar, como el niño no paraba de jugar, el padre volvió a enojarse. Dijo que no soportaba más ese escándalo y subió a su estudio.

Al poco rato de estar leyendo, mientras escuchaba música sueva, la ira comenzó a ceder. Entonces recapacitó y se dio cuenta de que había exagerado con su hijo y quiso bajar para darle una caricia, pero no fue capaz: ¿Cómo un padre, después de haber estado indignado, podía mostrarse sumiso, arrepentido y cariñoso? Por eso, se detuvo y volvió a sentarse en el sillón para continuar su lectura.

Habría pasado como una hora, cuando escuchó unos leves golpes en la puerta. Adivinando que era su pequeño hijo, dijo: –Adelante.

El niño entornó la puerta y se detuvo indeciso en el umbral de la habitación. El padre lo miró con seriedad.

–¿Ya te vas a dormir? ¿Vienes a despedirte?

El niño no contestó. Caminó lentamente y, de pronto, aceleró su andar para echarse cariñosamente en los brazos de su padre, quien lo abrazó y, con un nudo en la garganta, percibió la ligereza del  delgado cuerpo de su hijo, que con sus pequeñas manos rodeaba fuertemente el cuello de su padre para darle un suave y dulce beso en la mejilla. El padre sintió que el alma se le quebrantaba.

–Hasta mañana, papito – le dijo el niño.

El padre se quedó helado en la silla. ¿Qué es lo que estaba haciendo con la crianza de su hijo? ¿Por qué se desesperaba tan fácilmente? Se había acostumbrado a tratarlo como a una persona adulta, a exigirle como si fuese igual a él y, en realidad, eso no era así. Su hijo era sólo un niño y se portaba como tal. Más aún, se dio cuenta de que su pequeño hijo tenía la calidad humana de la que él carecía; su hijo era auténtico, puro, bueno y, sobre todo, sabía demostrar su amor.

Entonces, el padre empezó a preguntarse: ¿Por qué me cuesta trabajo entender a mi hijo? ¿Por qué tengo el hábito de estar enojado? ¿Qué me está pasando?

Después de un rato, tomado de la mano de su esposa, entró a la habitación de su hijo y encendió la luz con sigilo. El niño dormía profundamente con un aspecto indefenso como el de un bebé. Se inclinó y besó su mejilla. No pudo contener la aflicción y una lágrima cayó en el rostro de su hijo. De rodillas, le pidió perdón en silencio.

Había encontrado la raíz del problema. Aunque amaba a su hijo con toda el alma, no había aprendido a dominarse, a comprender que su hijo era solamente un niño y, por eso, necesitaba de la tolerancia de su padre.

Tomando a su esposa por los hombros, le dijo:

–Quiera Dios que algún día, nuestro hijo sepa que, a pesar de todos mis errores, lo amo más que a mi propia vida.

Ella, sólo atinó a decirle: –Los niños son bondadosos, somos los adultos quienes los hacemos temerosos, rencorosos, violentos. Pero si tú aprendes a comprenderlo, él entenderá que tú eres su mejor amigo.

Tomados de la mano, salieron de la habitación.

Valledupar, 7de noviembre del año 2006

Un país pusilánime

Colombia (bueno, Colombia, no), sus gobernantes, son los más pusilánimes del mundo. Aquí llega cualquier persona desde cualquier lugar del mundo, y es recibida con las puertas y los brazos abiertos (si yo fuera desabrochado, diría que, también, es recibida con las piernas abiertas).

Aquí viene quienquiera que sea y no necesita visa para entrar. Más aún, basta que hable raro, para que solamente falte que las autoridades le hagan la venia. Aunque, a veces, creo que, mentalmente, se arrodillan ante el extranjero.

Sin embargo, si un colombiano necesita salir del país para ir a cualquier estercolero, no sólo requiere obtener la visa (ya hasta Ecuador está pidiendo que la diligenciemos para ir allá); sino que, además, y esto es lo peor, debe cruzar la vía dolorosa pues el visado del pasaporte en cualquier consulado de cualquier país del mundo, es un verdadero vía crucis para los colombianos.

Y eso, cuando consigue el visado, pues en muchos consulados muchos son los compatriotas nuestros a quienes les niegan dicho permiso.

Como si fuera poco, en algunos consulados al colombiano le exigen pagar para que le permitan hacer una costosa llamada, con la que podrá obtener una cita, previo el pago de otra suma también exorbitante. Si la visa le es negada, el dinero pagado se pierde,

En otros consulados trabajan solamente de lunes a miércoles (si el lunes es festivo, sólo atienden martes y miércoles). De todas maneras los funcionarios, colombianos todos ello, excepto tal vez el cónsul, tratan literalmente a las patadas a los compatriotas que llegan a pedir el servicio. Ni más ni menos que se tratara de un servicio de caridad, el cual no tuviera su costo correspondiente que es cancelado, por supuesto, por el solicitante.

No obstante todo lo anterior, repito, aquí el extranjero es recibido a cuerpo de rey, sin siquiera, muchas veces, averiguar si se trata de algún pícaro de siete suelas que esté huyendo de las autoridades de su país de origen.

Que eso hubiera ocurrido cuando la Conquista, vaya y venga. Sí. Porque aquí vinieron muchos maleantes europeos que terminaron por saquear los tesoros de los aborígenes. Pero que eso ocurra hoy en día y los gobernantes no hayan hecho nada por exigir buen trato para sus nacionales o, al menos, pagar con la misma moneda a los extranjeros que pretenden entrar al suelo patrio, es el colmo de la indolencia o, más aún, de la pusilanimidad. No hay derecho.

Y eso sin contar con el trato que reciben muchos colombianos en los aeropuertos de Norteamérica y Europa. Ni los peores maleantes son sometidos a tanta humillación.

Me pregunto, ¿qué han hecho al respecto los ministros y ministras de Relaciones Exteriores que en Colombia han sido?

¿Ha habido algún presidente de Colombia que haya protestado por esto?

¿Qué diligencias han realizado, para corregir esta situación, los embajadores colombianos ante esos prepotentes países que nos miran por encima del hombro?

¡Nada, absolutamente nada!

Valledupar, 21 de noviembre del año 2006

La transparencia

Parece que la Corte Suprema de Justicia desatará el nudo gordiano de la criminal unión Estado–Paramilitarismo.

Algunos jefes políticos ya están siendo investigados, con el fin de determinar su responsabilidad dentro de la estrategia paramilitar. Estrategia fraguada desde el mismo Estado, cuando en el Magdalena Medio, en Urabá, en la Costa Atlántica y en tantas otras partes de nuestra geografía, se fueron armando grupos, inicialmente llamados de autodefensa, que pretendían ponerle freno a la subversión, ante la correspondiente incapacidad del Gobierno central. Pero cuyos voceros incitaban al pueblo a armarse. En 1979, el entonces Ministro de Defensa, General Luís Carlos Camacho Leyva, lanzó la consigna “ármese quien pueda”. En 1987, el Ministro de Justicia de la época, José Manuel Arias Carrizosa declaró que, en Colombia, era legal el derecho a la autodefensa y la conformación de grupos paramilitares. En el año 2000, el Sr. Visbal Martelo, presidente a la sazón de la Federación Nacional de Ganaderos, en una reunión del Consejo Gremial, repitió las consignas anteriores, haciendo énfasis en la autodefensa.

Sin ir muy lejos cuando el actual presidente, Álvaro Uribe Vélez, era gobernador de Antioquia, fundó en asocio con su gran amigo, Pedro Juan Moreno Villa, las Convivir, que no eran más que grupos paramilitares al servicio del latifundismo en el occidente del país, no obstante su función inicial, tal como ya se dijo antes, fuera la de combatir la subversión, cuando ésta, dejando de lado sus tesis ideológicas, cayó en el afán desmedido de lucro y empezó a secuestrar y a extorsionar para, luego, mezclarse -al igual que el Establecimiento, junto con sus dos brazos armados- con el narcotráfico.

Menos mal que ya no está en la Fiscalía General el Sr. Luís Camilo Osorio, quien siempre encubrió las acciones delictivas de los políticos cercanos a él. Menos mal que el Dr. Mauro Solarte Portilla, presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema, dijo que esa Corporación “no se deja intimidar” y que procederá en Derecho.  Ojalá que, por lo voluminoso de los expedientes que habrá que abrir en la Corte, no vaya a haber traspapeleo ni demoras en los enjuiciamientos correspondientes. Aun cuando, en honor a la justicia, sería preferible sacrificar la rapidez por la exactitud y la equidad. Es decir, que a cada incriminado se le juzgue en proporción a los delitos cometidos y, así, se le castigue.

Que no vaya  pasar lo que sucedió con lo del Palacio de Justicia, que solamente 21 años después se vino a saber la verdad. Cuando ya han prescrito los delitos cometidos por tirios y troyanos. Aunque, en este caso,  los troyanos, por ser los guardianes del statu quo, debieron ser los primeros en demostrar transparencia en sus actuaciones y no, como ocurrió, tapar con el manto de la impunidad los delitos cometidos.

También parece que el asunto del DAS será esclarecido, así,  su antiguo Director, Jorge Noguera,  intente eludir la justicia con excusas tan peregrinas como la falta de dinero, para regresar y presentarse a la Fiscalía. Eso nadie se lo cree. Sobre todo a un individuo como él, que gozó de prebendas durante su paso por la Institución y, presumiblemente, debió acrecentar su fortuna personal.

Valledupar, 28 de noviembre del año 2006

La responsabilidad

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la responsabilidad es “la obligación de reparar y satisfacer, por sí o por interpuesta persona, como consecuencia de la comisión de un delito, una culpa u otra causa legal.” También “es el cargo u obligación moral que resulta para quien yerre en cosa o asunto determinado.”

En Derecho, al aplicar la responsabilidad en el campo penal, “el imputado debe responder por lo realizado y sufrir la pena a la que le condenen las leyes.”

Ahora bien, para que un hecho sea imputable y de ahí sea atribuible a su agente, se requiere la concurrencia de las siguientes características por parte de éste, a saber: ejecución, intención y capacidad mental. Una vez establecida la imputabilidad, ésta deriva en culpabilidad; la cual se establece al probar, de manera cierta, la conexión causal entre el delito y su autor.

De otro lado, la culpabilidad, elemento subjetivo del delito, surge del daño o perjuicio producido. De ahí que, si estuvo de por medio la intención en la culpa, ésta será dolosa y merece castigo, sin que sirvan de atenuantes los móviles del culpable. Más aún, la ignorancia o el error en el conocimiento de la ley, no elimina el dolo ni la culpabilidad.

Como se puede observar en ninguno de los acápites, que definen y explican la responsabilidad del autor de un delito, se tiene en cuenta como atenuante el hecho de que otro u otros individuos hubiesen cometido el mismo o similar crimen, así hubiese mediado para estos últimos el sobreseimiento de la culpa o se hubieran arropado con el manto de la impunidad. Por consiguiente, nada de esto será óbice para el juzgamiento y el castigo del responsable del delito que, en un momento dado, se repute como tal.

Entonces, ¿por qué, en las actuales circunstancias que vive Colombia, al analizar la posible culpabilidad de algunos miembros de ciertos sectores de la actividad nacional, los implicados o sus amigos o relacionados, corren a buscar en el pasado (sea inmediato o remoto), situaciones similares, con el fin de buscar, no sólo atenuantes; sino el absoluto desistimiento de la cosa juzgada?

¿Por qué siempre se ha recurrir a lo que otro u otros hicieron o dejaron de hacer en determinada situación, con el ánimo de influir sobre quienes juzgan al presunto criminal, para que le sea benigna la justicia?

¿Por qué estas cosas siempre ocurren cuando el individuo que se encuentra sub júdice es alguien de alto coturno o persona de muchas campanillas? ¿Será, acaso, este proceder algo relacionado con el espíritu de grupo, la solidaridad de cuerpo?

¿Serán, tal vez, rezagos atávicos de aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos? O, por el contrario, ¿es más bien el deseo de obstruir el natural transcurrir de la justicia?

¿Hasta cuando se seguirá irrespetando en Colombia la división de poderes? ¿En qué momento se dejará solamente en las manos de los jueces y de los magistrados la aplicación de la justicia?

¿Cuándo será ese cuándo en que se aprenda que no sólo existe la responsabilidad jurídica; sino que, además, hay algo mucho más sustancial al ser humano y esto es la responsabilidad moral?

Por último, si bien es cierto que, según la Constitución y las leyes, todo individuo es inocente hasta que se le demuestre y compruebe su culpabilidad, también es indudable que la soberbia es la peor consejera y, por tanto, el presunto reo debe revestirse de humildad, al recordar que “cuando el río suena, piedras lleva.”

Así, cuando el juicio le sea adverso, no tendrá que agachar la cerviz a causa del oprobio y si le es favorable el dictamen de los jueces, entonces podrá marchar con la cabeza en alto, para recibir el reconocimiento de la sociedad.

No se debe olvidar jamás que “quien se humilla, será ensalzado y quien se ensalza, será humillado.”

Valledupar, 5 de diciembre del año 2006

La consecuencia

De acuerdo al DRAE, la consecuencia es “el hecho que se sigue necesariamente de otro.” También es “la correspondencia lógica entre lo que se hace y lo que se piensa.” En esta segunda acepción se habla de  la coherencia entre el pensar y el hacer.

Según la Escolástica, es la “relación lógica entre un antecedente y su consecuente, cuando de la verdad del antecedente se desprende la veracidad del consecuente.”

En Derecho al aplicar en el campo penal, las consecuencias de un acto, “el autor del antecedente es responsable del consecuente y, por tanto, debe atenerse a lo prescrito en las leyes, cuando del antecedente se derive un consecuente que produzca daño en persona o cosa, objeto del acto delictivo.”

Por eso, una vez establecida en un reo la conexión entre antecedente y consecuente, la implicación en el delito es el resultado obvio de la investigación. Sin importar que el antecedente sea bueno o noble, ni que los medios para lograr el consecuente hayan sido también nobles o buenos. Si este último es doloso, el autor es reo de culpa. Lo mismo sucede cuando, siendo el consecuente bueno o noble, los medios utilizados para alcanzarlo sean malos.

De otro lado, la implicación del sujeto en un delito, puede proceder de la autoría de éste o de la complicidad en su ejecución. Más aún, esta última (la complicidad), puede proceder de una acción o de una omisión que, al ser intencional, se convierte en acción y hace al cómplice tan culpable como el mismo autor del delito.

Entonces, ¿por qué el trinar de dientes y el desgarramiento de vestiduras, en gran parte de la clase política colombiana, en estos momentos en los cuales la Corte Suprema de Justicia, en asocio con la Fiscalía, comienza a destapar la olla podrida en la que se ha convertido el devenir del manejo de la cosa pública en nuestro país? ¿Por qué el deseo del implicado o de sus allegados en querer minimizar la consecuencia de los actos delictuosos, cuando el autor o su(s) cómplice(s) pertenecen a esa clase (mal llamada) dirigente? En este momento surgen nuevamente algunas de las preguntas que hiciéramos hace ocho días: “¿Por qué estas cosas siempre ocurren cuando el individuo que se encuentra sub júdice es alguien de alto coturno o persona de muchas campanillas? ¿Será, acaso, este proceder algo relacionado con el espíritu de grupo, la solidaridad de cuerpo? ¿Serán, tal vez, rezagos atávicos de aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos? O, por el contrario, ¿es más bien el deseo de obstruir el natural transcurrir de la justicia? “

Si un individuo transgredió las leyes (divina, humana o natural), lo correcto es que cargue con la consecuencia del delito y, entonces, no sólo purgue una pena; sino que, además, repare el daño causado a la(s) víctima(s), luego de haber confesado toda la verdad que subyace en el crimen cometido y, por supuesto, indique a los jueces quien(es) fue (ron) su(s) cómplice(s).

Esta época de corrupción administrativa, la peor en toda la historia del país, ha desolado pueblos enteros, ha devastado regiones, ha sumido en la miseria a muchos campesinos, ha dejado sin recursos de salud, vivienda y educación a muchos pobres, que, hoy en día, son la mayoría de los habitantes de Colombia. Este contubernio entre políticos, hacendados, industriales, empresarios, miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía, entre otros, con los paramilitares, ha desangrado al país, en vidas humanas, en posibilidades de desarrollo y caos financiero a casi toda nuestra geografía. Ha hecho de Colombia un país de desplazados.

Entonces, amigos, familiares y relacionados de todos los culpables de estos crímenes de lesa humanidad, por favor, dejen obrar a los jueces, no interfieran con actitudes equivocadas la marcha de la justicia. Dejen que los implicados digan la verdad de los hechos y caiga quien tenga que caer. Esta es la única forma de sanear y purificar a Patria.

Ayer le tocó el turno a las víctimas y a sus deudos (que, en estos momentos, deberíamos serlo todos), hoy le toca a sus victimarios, vengan de donde vengan.

Valledupar, 12 de diciembre del año 2006

La existencia de Dios

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y, al poco rato, entabló conversación con el barbero. Pronto tocaron el tema de Dios. En un momento dado, el barbero dijo:

–Yo no creo, contrario a lo que usted afirma, que Dios exista.

–¿En qué se basa para decir eso? –preguntó el cliente.

–Es muy fácil. Cuando salga  a la calle, enseguida se dará cuenta de que Dios no existe. O dígame, si acaso Dios existiera, ¿habría tantos enfermos? ¿Habría niños abandonados? Usted cree que si en verdad hubiera un Dios, ¿habría tanto sufrimiento y tanto dolor en el mundo? Me niego a creer en un dios que permite que todas estas cosas ocurran.

El cliente se quedó pensando un rato y encontró algunos fundamentos teológicos para demostrar la existencia de Dios, pero prefirió callar para evitar una discusión que se podría prolongar por horas y horas. Por el contrario, esbozó una sonrisa y, en silencio, dejó que el barbero continuara su trabajo.

Cuando éste terminó de cortarle el cabello, el cliente salió a la calle y, después de recorrer una cuadra, vio algo que lo hizo regresar a la barbería y, desde el umbral de la puerta, le espetó al barbero esta frase:

–¿Sabe una cosa?, los barberos no existen.

–¿Cómo así? ¿No me ve? Yo estoy aquí, soy el barbero.

–Lo dicho, los barberos no existen. Si existieran, no habría personas con el pelo o la barba largos, como el hombre que acabo de ver a una cuadra de aquí.

–Los barberos sí existimos. Lo que sucede es que hay personas a las que no les gusta venir donde nosotros y prefieren tener el pelo o la barba largos.

–Tiene razón. Ese es el punto. Dios sí existe, lo que pasa es que muchas personas no van hacia Él y no lo buscan. Por eso hay tanto dolor y tanta miseria en el mundo. Para encontrar a Dios y creer en Él, búsquelo en usted mismo y en los desvalidos y las demás cosas le serán dadas por añadidura. Empiece por conocer esta oración y repítala cada vez que pueda:

“Señor, mi único y verdadero Dios, te amo y te necesito. Estás en mi corazón, pero debo encontrarte en mis hermanos afligidos y agobiados por el dolor o la tristeza. Bendíceme Señor y bendice, también, a mi familia entera. Bendice mi casa y mis actividades todas y bendice, además, a mis amigos. Bendice a los necesitados de ayuda o de consuelo y permíteme ser el bálsamo para sus dolores y sufrimientos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

–Jamás ignore a Dios y Él siempre lo bendecirá. –remató el cliente.

Huelga decir que, cuando éste salió de la barbería, el barbero quedó meditabundo y convencido, en su fuero interno, de que al joven le sobraba razón.

Reflexionando, hurgó en su memoria y recordó la anécdota que algún día escuchara en su juventud:

“En una fiesta coincidieron un astronauta, incrédulo hasta el tuétano y un neurocirujano, creyente como el que más. Pronto entablaron conversación y, después de contarse mutuamente aspectos de su vida, como algo natural la charla derivó hacia la existencia de Dios. Al rato de estar ambos esgrimiendo argumentos que defendieran su particular parecer sobre el tema, el astronauta dijo con cierto aire de suficiencia:

–Vea, yo he hecho muchos viajes al espacio exterior, eso que ustedes llaman cielo y en donde suponen que está su Dios. Sin embargo, en ninguno de esos viajes, por más que he tratado de encontrarlo, he podido ver a Dios o  algo que se le parezca.

–No se preocupe, contestó el médico,en mi ya larga experiencia de neurocirujano, he realizado cirugías en infinidad de pacientes. Y, sorpréndase, en ninguno de los cerebros que he observado, he podido ver un solo pensamiento.

El astronauta no tuvo como rebatir ese razonamiento y, pretextando haber visto a alguien, se despidió del facultativo.”

Sucede que a Dios no necesitamos verlo, para creer en Él. Su presencia la hallamos dentro de nuestra alma inmortal. Y, para encontrar los frutos de nuestros ruegos, antes de expresarlos, debemos revestirnos de mucha fe, mucha esperanza y mucho amor.

  1. S. En El Pilón de ayer lunes, el médico Walter José Arias Almenares, a propósito de los 176 años de la muerte de Bolívar, hace una breve efeméride del mismo, enfatizando las mujeres que, en la vida de El Libertador, fueron. Pues bien, el médico Arias cita esta frase de Bolívar: “Los tres grandes criminales de la humanidad hemos sido Jesucristo, Don Quijote y Yo.” La verdad es que la frase en cuestión, la cual se encuentra en la carta que Bolívar le escribiera el 11 de diciembre de 1830 al general Briceño, es la siguiente: “Jesucristo, Don Quijote y yo, hemos sido los tres grandes locos de la historia.”

Valledupar, 19 de diciembre del año 2006

Un cuento de Navidad

En un asilo, las damas voluntarias quisieron organizar una pequeña velada para agasajar a los ancianos. Entre todas se repartieron el trabajo. Cada una quedó encargada de realizar una tarea. A Esther le tocó la labor de repartir los regalos entre los viejitos.

El 24 en la tarde, todo estaba preparado. Entonces hicieron entrar a los ancianos al salón y los organizaron en un semicírculo. Primero les repartieron un refrigerio, luego rezaron la Novena de Aguinaldos y, al finalizar la tarde, Esther empezó a entregar a cada anciano un pequeño envoltorio que contenía alguna cosita que alegrara su alma.

Ya de regreso, Esther vio a una anciana que, a diferencia del resto, no estaba disfrutando del regalo. Se le acercó y le preguntó:

–¿Qué sucede? ¿No le gustó su regalo?

–Es que me dieron un aderezo de perlas y a mí las perlas me recuerdan las lágrimas y no quiero llorar en un día tan lindo.

Para ese momento, Esther ya estaba fatigada, pues desde temprano en la mañana había empezado el ajetreo. Por eso, no le gustó la actitud de la anciana y sólo atinó a decirle:

–Señora, no moleste. Tome su regalo y alégrese de poder tener uno.

Dio media vuelta y se dirigió a las habitaciones en donde se encontraban los ancianos que, por estar muy enfermos, no habían podido ir a disfrutar de la fiesta. Fue habitación por habitación, entregando a cada enfermo su refrigerio y su regalo.

Al entrar a la pieza 514, se sorprendió cuando vio acostada en la cama a su propia madre que, con ojos suplicantes le pedía que se acercara. Asombrada, se pasó la mano por los ojos cerrados, consciente de que era presa de una alucinación. “No puede ser mi madre”, pensaba aterrada. “Ella está muerta.”

Cuando abrió los ojos, vio que la anciana que reposaba en la cama, era una desconocida. Dulcemente, se acercó donde ella y le hizo entrega del refrigerio y del regalo. Entonces, se acordó de la anciana a la que había intratado. Rápidamente bajó las escaleras y, cuando llegó al salón, buscó a la amiga que dirigía al grupo de voluntarias y le contó lo que le había sucedido para, luego, pedirle un obsequio que no tuviera perlas. Afanosa, buscó a la anciana y, cuando la encontró, le dijo, después de darle un beso en la arrugada frente:

–Perdóneme por haberle hablado antes de manera tan grosera. Tome, estos son unos aretes de filigrana que no tienen perlas.

La anciana la miró y le sonrió dulcemente. Luego balbuceó “Gracias.”

Esther solamente atinó a musitar una oración de acción de gracias a Dios, por haberle permitido conocer la humildad y la tolerancia.

Valledupar, 26 de diciembre del año 2006

Otra burla del Sistema

Todos los años, al iniciarse el mes de diciembre, se reúnen los dirigentes de los sindicatos de los trabajadores con los dirigentes  de los sindicatos de los empresarios, bajo la veeduría del Estado, empresario él también en tanto emplea a un elevado número de personas, con el fin establecer el salario mínimo que habrá de regir para el año siguiente.

En estas reuniones, la contraparte más poderosa la constituye el sindicato de empresarios, ya que no solamente posee la fuerza del dinero, sin porque, además, cuenta con el irrestricto apoyo del Estado, quien no solamente hace parte de ese sindicato; sino porque es innegable que, en Colombia, el Estado se preocupa más por el bienestar de los empresarios que por el de los trabajadores. Por eso, a estas reuniones, los empresarios llegan pisando fuerte, pues saben, de antemano, que siempre saldrán gananciosos.

Ahora bien, esta reunión anual, que se prolonga por varios días, no es más que un sainete, cuyo libreto jamás cambia y se realiza en tres actos: en el primero, los trabajadores piden un aumento del 10% y los empresarios ofrecen un 5%. Después de un tira y afloja, en el segundo acto, los trabajadores deciden bajar dos puntos (8%) y los empresarios, para no ser menos,  ofrecen subir otro tanto (7%). Este segundo acto dura, a su vez, varios días. Después de los cuales, empieza el tercer acto, en donde el Estado, que es juez y parte, decide intervenir para establecer por decreto el incremento al salario mínimo, que quedará fijado en un porcentaje inferior al ofrecido por los empresarios. Todo como parte del libreto ya establecido entre estos últimos y su socio el Estado, en el manejo de la cosa pública.

El cierre del sainete consiste en la expedición del decreto anhelado por los dueños del país, en el cual el Estado paga parte de los favores que los empresarios le hicieran durante las épocas de campañas electorales, dejando el incremento en, por ejemplo, el 6.5%, alegando que la inflación para el siguiente año ha sido proyectada, con cifras siempre acomodadas,  en un 5% y, por tanto, no se puede permitir que el mayor flujo de dinero circulante desdibuje dicha cifra.

Lo aberrante del sainete radica en que el verdadero aumento en el costo de la vida para ese año venidero será, por lo menos del 200% con respecto al índice proyectado para la inflación. Lo que lleva a los asalariados a que se les incremente, año tras año, su personal déficit de tesorería. Y si a esto se le agrega la ola especulativa desatada desde el mismo Estado (cuando impone una reforma tributaria que grava con el IVA la canasta familiar, aumenta los tributos para el asalariado y permite que el empresario, el eterno y más constante socio del Estado, descargue en los costos de venta de bienes y servicio, los gravámenes que le corresponden por ley y que no haya logrado evadir, bajo la mirada complaciente del mismo Estado), la situación del colombiano medio será  cada día peor, aún dando por descontadas las alzas que, por el aumento en el precio de la gasolina, se desaten.

Entonces, si de todas maneras el Estado ha de terminar por acomodar las cifras de la economía nacional, para definir un incremento al salario mínimo que deje contentos a sus socios los empresarios, ¿para qué todo este sainete? ¿No sería preferible que esto se hiciera directamente, sin necesidad de generarle expectativas falsas al sector asalariado? ¿Para qué toda esta parafernalia si, de todos modos, el resultado siempre ha de ser el mismo: otra burla del Sistema para con los menos favorecidos por la fortuna? O, ¿sería mejor decir, con los desfavorecidos por el infortunio?

Por consiguiente, ¿con qué alientos desearles a los pacientes lectores un feliz año 2007?

Valledupar, 2 de enero del año 2007

Las razones de la vida

Como quiera que yo creo en Dios y, por la fe y la esperanza en Él, mi vida ha transcurrido de manera plácida, no obstante los avatares diarios; o, tal vez, en razón de ellos. Por eso, amable lector, quiero compartir contigo este poema que escribí en días pasados, como resultado de las reflexiones propias de la época y cuyo título es el mismo de la columna de hoy. Con él, van mis mejores deseos por tu salud, tu tranquilidad y tu bienestar, pensando, quizás, que los consejos implícitos en él, te puedan servir de algo. Si esto ocurre, el objetivo se habrá cumplido; si no, por lo  menos te distraerá un poco.

Cuando te angustie una pena

o te haga falta un querer,

busca, que así podrás ver

el mundo en un grano de arena.

                        Si tu camino es agreste

                        o perdiste todo anhelo,

                        no te aflijas, que el mismo cielo

                        está en un flor silvestre.

Y si otra vez te decepciona

el veleidoso género humano,

no olvides que en la palma de tu mano

está Dios que no abandona.

                        Y si el único bien que atesora

                        tu alma inmortal es bondad,

                        ¡felicidades!, recuerda que la eternidad

                        cabe en una sola hora.

Recuerda que la paz espiritual

es un regalo de Dios;

pero son necesarios dos

para lograr la paz cordial.

                        Y para tu paz mental

                        necesitas de ti mismo

                        y, al vivir sin egoísmo,

                        lograrás de la vida el ideal.

¡Ah!, pero la paz social

es un problema de Estado,

que siempre vive enredado

por lo que es justo o es legal.

                        Y por ese enredo horrendo

                        no hay justicia ni equidad

                        y, por tanta desigualdad,

                        el pobre vive en un infierno.

Del cual sólo podrá salir

cuando exista la conciencia

social y cese la indiferencia

que le hace aciago el vivir.

                        Comparte el pan con tu hermano

                        y perdona a tu enemigo

                        y la paz será contigo

                        y con todo el género humano.

Son los deseos de esta viejo

que está al final del camino

y sabe que el peregrino

anda más, si oye consejo.

                        Observa el divino mandamiento

                        y acata de toda ley el mandato,

                        para que tengas felicidad para rato

                        y así vivas feliz y contento.

Maracaibo, 9 de enero del año 2007

¿Para qué vives?

Alejado de la Patria, de manera temporal, sin ver ni escuchar noticias que hablen de la situación social, política o económica de Colombia, he dedicado estas semanas de descanso a la introspección que, a pesar del largo camino ya recorrido en la vida, no está de más realizar. Pues, como conclusión de ese sumergirse en uno mismo, después de saborear lecturas enriquecedoras, surgen pensamientos que conducen a la meditación. Y, en consecuencia con la vena poética que, en mi inmensa y paradójica ingenuidad, creo poseer, han brotado los poemas con los cuales te he atosigado estas semanas, amable lector.

Ahí va uno más, cuyo título encabeza la columna de hoy.

¿A quién le prometieron un mañana?

Acaso, ¿alguien tiene la vida comprada?

Muchos mueren en su edad temprana

y otros cuando su vida está avanzada.

            Por eso hay que mantener en paz el alma

            y disfrutar cada instante de la vida,

            para poder tener la mente en calma

            y tratar de no causar alguna herida.

Para que cuando te sorprenda la postrera hora,

te encuentres en paz con todo el mundo

y, así, al despuntar la última aurora,

tu partida cause un dolor profundo.

            Porque se les ha ido el hermano o el amigo,

            alguien que a nadie causó penas

            ni dejó tras de sí injusticias o enemigos

y, por el contrario, brindó su amor a manos llenas.

Ese debe ser, desde ahora, tu objetivo:

vivir y disfrutar de la existencia,

procurando perdonar a tu enemigo,

para tener tranquilidad en la conciencia.

            ¡Ah!, pero no es fácil, ni tampoco llevadero

            devolver caricias por agravios,

            así hayas recibido tú el golpe primero

            o la otra persona esté llena de resabios.

Para encontrar el valor del proceder certero

que no busca la venganza a toda ofensa,

si no, más bien, ese talante tan sincero

que es coherente entre lo que hace y lo que piensa.

            Seguro que, si te lo propones, así habrás de lograrlo,

            a sabiendas de que no se trata de tragar entero.

            Mas sin embargo, si piensas intentarlo,

            procura redimir tu alma y tu corazón primero.

Maracaibo, 23 de enero del año 2007

Patria noble y sufrida

Cuando la nostalgia llena el corazón y la añoranza por el terruño lastima, la mente produce pensamientos que brotan de los sentimientos que anidan en el alma del ausente; pensamientos de amor y de ternura hacia ese ser abstracto que es la Patria y, entonces, como el crisol endurece al acero, la ausencia templa los sentimientos.

Por eso, lleno de la “saudade” por ese país que siempre he soñado que debe ser Colombia, brota este canto casi lastimero hacia la nación que me vio nacer, hoy que me encuentro lejos de ella:    

                            I

¡Oh! Colombia de mis amores

te quiero más que a mi vida.

¡Oh! Patria noble y sufrida

agobiada por mil dolores.

                        La envidia, los resquemores

                        y la injusta clase elegida,

                        tienen a tu pobre gente sumida

                        en la miseria; por eso son mis clamores,

para que algún no lejano día

haya justicia social e igualdad

y vivamos en paz y armonía

                        pobres y ricos; unidos en hermandad

                        o como en santa cofradía,

                        en donde reinen amor y bondad.

II

Pues no eres sólo una frontera,

un viejo himno o un escudo,

que dejaran al poeta mudo;

ni, tampoco, meramente una bandera.

Eres más bien la pradera

que, por la “Ley del embudo”,

cuando ganar la guerra no pudo,

el pobre pueblo perdiera.

Esa guerra que inventaron

los que, estando en el poder,

al pobre sacrificaron,

                        solamente por tener

                        más de lo que heredaron;

                        es decir, por las ansias de poseer.

                          III

Eres también esa gente

que puebla tu espacio vital

que, por ser su terruño natal,

te ama sinceramente.

                        Quienes sufrimos cruelmente

                        por la injusticia social

                        y esta situación desigual

                        que imponen, arteramente,

quienes se pueden armar,

sean legales o ilegales,

para poder dominar,

                        tras fraudes electorales

                        y, así, poder gobernar

                        con dirigentes venales.

                           IV

Esa eres tú, Patria querida

por siempre martirizada,

pues te sientes desangrada

como madre malherida

                        que inmolaría hasta la vida

                        y, triste y desconsolada,

                        pues, al fin, madre abnegada,

                        llora a su prole perdida.

Ya que en lucha aleve y cruenta

se matan traidoramente

sin tener siquiera en cuenta

                        que son de la misma gente

                        que, conforme o descontenta,

                        viene del mismo ascendiente.

                            V

¡Oh!, Patria noble y sufrida,

agobiada por mil dolores,

con angustia y sinsabores,

estás en la sin salida.

                        Pues tu injusta clase elegida

                        no escucha ni los clamores

                        de tu gente, pues, traidores,

                        sólo se dan “la gran vida”.

Así el pobre sufra y gima,

en tan triste encrucijada,

sin tener quien lo redima.

                        Pues la gente desplazada

                        sólo les produce grima.

                        Pero, ayuda, ¡nadita de nada!

Maracaibo, 30 de enero del año 2007

Lo que nos faltaba

Cuando en 1958, tras la caída de la dictadura militar, llegó el Frente Nacional, la lucha partidista entre liberales y conservadores, prácticamente cesó, dando fin a una era de casi un siglo de violencia entre las dos facciones que se habían disputado el poder. Sin embargo, como quiera que el Estado no dejara de ser parcial hacia la clase siempre favorecida por la fortuna, la antigua guerrilla liberal se tornó en guerrilla social que buscaba, de alguna manera, llamar la atención sobre la sempiterna desigualdad económica existente en Colombia. Entonces, los hacendados, los industriales, los empresarios en general -del campo y las ciudades- se acordaron de los pájaros azules de la época de la violencia banderiza y armaron sus propios ejércitos, con el fin de contrarrestar la acción violenta de los guerrilleros. Por supuesto, el Estado y sus Fuerzas Armadas y de Policía, vieron con buenos ojos esta ayuda que el sector privado y poderoso les ofrecía, casi que gratuitamente. Y, así, nació el paramilitarismo, en razón de la ayuda que estos grupos ilegales representaban para las Fuerzas Militares.

Esto quiere decir que el Frente Nacional nos devolvió un país en donde podían convivir sin matarse liberales y conservadores. Pero un país envuelto en otra guerra fratricida, esta vez entre ricos y pobres. Hasta que la guerrilla desvirtuó sus iniciales objetivos y empezó a depredar, secuestrando, extorsionando, cometiendo abigeato. De otro lado, los hacendados y los empresarios de las ciudades, vieron en sus ejércitos privados una buena fuerza capaz de volverse disuasiva, cuando así ellos, los patrones, lo desearan. Y los paramilitares empezaron a depredar también. Y el campesino en las aldeas y veredas y los sindicalistas en las ciudades, se vieron agredidos por esas fuerzas poderosas en que se convirtieron paramilitarismo y guerrilla. Y ni qué decir de la ayuda económica del narcotráfico, para guerrilleros, paramilitares y miembros del Estado, que aumentó el riesgo de muerte para la población civil. Y el país se volvió a bañar en sangre. De tal manera, que si la violencia partidista causó, según cifras oficiales, 300.000 muertos, la violencia social le ha segado la vida a millones de compatriotas.

Hasta que los comandantes paramilitares se dieron cuenta del buen negocio que su presencia y su fuerza significaban y resolvieron independizarse de sus antiguos patrones y, en muchos casos, se invirtieron los papeles: el comandante paramilitar mandaba y el empresario o el ganadero obedecía, pues aquellos también se habían convertido en empresarios o en ganaderos, según la situación geopolítica de su propio ejército. Y como quiera que el Estado, en sus diversas ramas, siempre haya estado en manos de los poderosos, vale decir de los adinerados, pues el paso de subordinación también cobijó a la clase política. Hasta llegar al famoso documento del año 2001, suscrito entre políticos y paramilitares en Ralito. Y, entonces, el paramilitarismo impuso, con el asesinato, las amenazas o el fraude, a gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, presidentes, senadores y representantes, fieles a sus objetivos.

Ahora, como consecuencia de la valiente denuncia de Gustavo Petro, las investigaciones de la Fundación Arco Iris y del no menos valiente accionar de la Corte Suprema de Justicia, están en aprietos todos aquellos que, de alguna manera, prohijaron al paramilitarismo o se cobijaron con él. Las denuncias van y vienen y todos aquellos que tienen rabo de paja, desde la Guajira hasta Nariño y desde Bahía Solano hasta la Nariz del Diablo, están temblando y, cada vez que pueden, se declaran inocentes. Y, algunos, hasta lo serán. Sólo Dios, cada uno de ellos y sus cómplices, lo sabrán.

Pero como a las innumerables víctimas hay que resarcirlas de alguna manera, vale decir, devolviéndoles al menos sus tierras y sus ahorros, ya que es imposible devolverles a sus seres queridos que cayeron bajo la motosierra o el fuego asesinos, entonces muchos que aumentaron de manera escandalosa su fortuna, están temblando; no por las leves penas que tendrán que purgar por los delitos cometidos; sino porque, además, tendrán que devolver los bienes y el dinero mal habidos. No solamente el que les robaron a sus víctimas; sino también el que le robaron al Estado. El que al fin y al cabo, presuntamente, debía ser destinado a la salud, la educación y la vivienda de los menos favorecidos y a las obras de infraestructura que demanda el país. Entonces, salta a la palestra un oficioso vocero del Establecimiento y pide que se haga una ley que permita que todos los colombianos, paguemos los platos rotos por la parapolítica, la paraindustria y la paraganadería. No hay derecho. ¿No sería más sensato y más justo, y hasta más decente, que fueran los ladrones quienes devolvieran lo robado y no el país todo quien tuviera que cargar con el sambenito? Nada más esto nos faltaba. Tras de corneados, apaleados.

Valledupar, 6 de febrero del año 2007

La cordura

José Saramago, el Nobel portugués, en su obra “Ensayo sobre la lucidez”, narra el caso de unas elecciones en donde la mayoría vota en blanco. El gobierno se desasosiega e intenta buscar culpables a quienes castigar. Para ello, envía a sus esbirros a interrogar en las calles a todos los transeúntes, para averiguar las preferencias electorales de cada uno, a sabiendas de que con esto infringe la ley que protege el sigilo del sufragio, ya que nadie está obligado a revelar cómo votó. Por tanto, la mayoría de los ciudadanos entrevistados, al saber el objetivo de la encuesta, procura evadir la respuesta precisa a través de frases elusivas, para así no revelar como sufragó, pues, a esas alturas ya sabe que para el régimen “…la palabra ‘blanco’, con el paso de los días, se ha convertido en algo obsceno y malsonante y las personas se están sirviendo de rodeos y perífrasis para sustituirla…”

Pues bien, en Colombia, por estos días, la palabra denuncia también se ha constituido en algo vedado, pues ¡ay de aquél! que ose señalar culpables, entre el séquito del príncipe, con referencia a los nexos entre políticos y paramilitares.

El presidente se salió de casillas y perdió los estribos y la compostura debidos a su rango y, como única forma de acallar las voces acusadoras, pretende enlodar el nombre de quien sea, con la intención, tal vez, de tender cortinas de humo, que logren  distraer la atención de la opinión pública, sobre los verdaderos culpables del albañal en el que algunos han convertido la política colombiana en los últimos años.

Y entonces, Uribe hace uso de su soberbia y de su intemperancia y, al creerse infalible y todopoderoso, se despacha contra aquellos que piensan diferente a él y, sin medir consecuencias, hace señalamientos criminales contra sus contradictores, sin importarle que, con ello, irrespeta a sus mayores. Con esto, sólo consigue que su estatura política se disminuya aún más. Pero como sus aduladores y su prepotencia lo obnubilan, se pone en una posición que desdice de sí mismo y, él, termina mostrándose como antidemocrático, como verdadero autócrata y devela su talante mesiánico, al creerse “el camino, la verdad y la vida.”

La cordura es la prudencia al hablar, el buen juicio al actuar y, como lo dice la Novena al Niño Jesús, “…es la que hace verdaderos sabios.” Cordura, sensatez, prudencia, lucidez, deben de ser los cánones que rijan el accionar del gobernante para que, al respetar, se gane el respeto de los gobernados; pues, éste se adquiere, no se impone  por decreto y, mucho menos, por la fuerza de las armas o el poder del dinero.

Dejemos a la Corte Suprema hacer su trabajo. Además, no olvidemos que el Congreso, amén de su papel legislativo, es también el censor natural del Estado y, como tal, el llamado a vigilar las acciones de los funcionarios y señalar las indebidas y las ilegales.

Dejemos que los implicados se defiendan solos y demuestren, si ésta es la verdad, su inocencia. No inmiscuyamos la majestad del Estado en pro de los servidores públicos en particular ni de los asociados en general, que se encuentren sub júdice, así estos estén muy cercanos al corazón del Ejecutivo.

No permita, Sr. Presidente, que el pensamiento diferente, las propuestas distintas o los señalamientos a los suyos, desaten las iras del Olimpo y lo hagan lanzar improperios, denuestos y, peor aún, acusaciones temerarias contra sus opositores, lo cual lo puede llevar a caer en la injuria, la calumnia y la difamación. Acciones, todas éstas, condenadas por el código penal.

Porque, como dijera el filósofo inglés Francis Bacon, “…los hombres sensatos y modestos (y, por tanto, cuerdos) deben saber distinguir entre lo humano y lo divino, los oráculos y la fe, a menos que pretendan, ellos mismos, convertirse en semidioses y, así, buscar su propia destrucción…”

Valledupar, 13 de febrero del año 2007

¡Qué vergüenza!

Sin querer posar de moralistas (pues lejos de quien escribe esta columna, ese tipo de actitud que contradice los principios de libertad que cada individuo tiene para hacer de su capa un sayo, si ese es su deseo, siempre y cuando con su accionar no entorpezca las labores de su prójimo ni caiga en el irrespeto o el despojo hacia éste), no pueden menos que sobrecoger las noticias del fin de semana, cuando anunciaron la captura de cinco senadores más de la Región Caribe, con los cuales ya son siete, además del congresista prófugo, los sindicados de haber tenido nexos con los paramilitares en la labor de depredación nacional. También hay un ex gobernador costeño inmerso en la investigación de marras y un gobernador, también caribe, exactamente el del Departamento del Cesar, envuelto en los correspondientes interrogatorios, por las mismas circunstancias ya descritas. Amén de otros funcionarios y ex funcionarios inmersos en la misma cuestión. Además, al senador Araujo, la Corte Suprema de Justicia lo sindica de secuestro con fines de extorsión. Claro está que los acusados están en el derecho de defenderse, logrando demostrar su inocencia, si ésta existe. Pero, es innegable que, de todas maneras, no solamente han salpicado a sus respectivas familias; sino que, además, el lodo ha caído en nuestra región, ya de por sí vilipendiada en más de una ocasión por los políticos y los periodistas del interior del país. Pero esto último es lo de menos. Lo demás, es el baldón que cae sobre el país, no obstante tengamos otras razones para enorgullecernos de ser colombianos y, además, costeños.

Por supuesto que éste es apenas el comienzo. La investigación seguirá y continuarán rodando cabezas, de Antioquia, el Viejo Caldas, los Santanderes, Cundinamarca y demás regiones del país en donde la política se enredó con el paramilitarismo y el narcotráfico. Como dijéramos hace un par de semanas: desde la Guajira hasta Nariño y desde Bahía Solano hasta la Nariz del Diablo. Pero como mal de muchos no debe ser consuelo de tontos, entonces no puede tranquilizarnos el saber que en todas partes se cuezan habas; sino que debemos aceptar que la política en Colombia, con escasas excepciones, tocó fondo y, ahora sí, es necesario “refundarla” y no “refundirla” como parece haber sido el propósito de los firmantes de Ralito, cuyo coletazo fue el recibimiento de héroe que le hiciera la gente “prestante” de Valledupar y el Cesar, para vergüenza de su gente, esa sí, de bien.

Tampoco, en las Fuerzas Militares, sobre todo en el Ejército, las cosas no es que vayan sobre ruedas. Ahora mismo, están siendo juzgados dos coroneles y otros miembros de menor graduación de esa institución por delitos severos, como lo son el homicidio premeditado, el concierto para delinquir y otras perlas más.

Lo que a los colombianos debe reconfortarnos, así sea doloroso para algunos, es que, por fin, alguien se decidió a destapar esta olla putrefacta en la que se ha convertido el manejo de la cosa pública en nuestro país. Como decíamos hace ocho días, el Congreso es el natural censor del Estado, compuesto por el mismo Legislativo, el Ejecutivo y  el Judicial. Entonces agradezcamos que todavía haya congresistas como Gustavo Petro, a quien no le tiemblan los pantalones, como para atreverse a meter su cabeza en las fauces del lobo. Y agradezcamos, también, la actitud seria y honesta de la Corte Suprema de Justicia, en donde se están realizando, con pulcritud las respectivas investigaciones, todo como resultado del trabajo de campo de la Fundación Arcoris.

Resaltemos, además, la actitud de la esposa de uno de los sindicados por sus nexos con el paramilitarismo, quien, por decencia y elegancia renunció a su cargo público, inmediatamente supo de la captura de su cónyuge. Lo único que falta para que el pueblo costeño rescate su prosapia de gente honesta, capaz de aceptar con elegancia los retos de la vida, es que la Sra. Ministra de Relaciones Exteriores, pida, al menos, una licencia mientras pasa el chaparrón y que el Sr. Procurador, en razón de sus vínculos familiares con algunos de los sindicados, solicite, a quien corresponda, el nombramiento de un Procurador ad hoc, ya que él debe declararse impedido, en razón de los vínculos expuestos y porque, además, en caso de delegar en uno de sus subalternos, éste podría incurrir en el síndrome del súbdito que, por querer demostrar lealtades, cae en encubrimientos.

Valledupar, 20 de febrero del año 2007

El amo y los siervos

Casi hasta finales del siglo XVIII, la humanidad estuvo compuesta por amos y siervos. Los amos todo lo poseían, en razón de ser los dueños absolutos de la tierra que les permitía detentar el poder, acrecentar sus riquezas y el arsenal con el que sojuzgaban a los siervos a través de los lacayos armados por los amos. Estos lacayos disfrutaban de derechos vedados a los siervos, que nada tenían, ni siquiera libertad y ni qué decir de vivienda decorosa, educación o atención médica. Para poder entender su naturaleza proclive a la obediencia ciega, por lo cual siempre agachaban la cabeza ante los mandatos del amo(de ahí la palabra servil),vale la pena aclarar que los siervos vivían convencidos del origen divino de la autoridad de su amo. Más aún, creían tanto en la estirpe del amo que, si éste cometía errores o desafueros, los siervos, no sólo perdonaban al amo; sino que lo defendían, aún a costa de su propia vida. Cuando quería ensanchar sus tierras, enviaba a sus siervos, a pie y mal armados, a combatir cuerpo a cuerpo con los siervos, también a pie y mal armados, del bando contrario. Los muertos, casi siempre, eran en su mayoría siervos de uno y otro bando.

Había, sin embargo, una franja minoritaria compuesta por individuos, por lo general hijos de artesanos o de padres ilustrados, que habían logrado tener acceso a la educación y constituían la flor y nata del conocimiento de la época: filósofos, literatos, músicos, pintores, escultores, actores, frailes y matemáticos. Hacia mediados del citado siglo XVIII, comenzó a incubarse en Francia un movimiento que la Historia llamó la Ilustración. Allí se concluyó que el desequilibrio social era injusto y aberrante. Con la Revolución Francesa se acabó con el mito del origen divino del poder de los amos. Se hizo la Declaración de los Derechos del Hombre, se proclamó la igualdad entre los seres humanos y surgió la clase media. Las guerras independentistas en América, acaecidas entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y la Revolución Bolchevique de principios del siglo XX, terminaron por refrendar la igualdad de deberes y derechos de la humanidad.

No obstante, en algunos países latinoamericanos, sobre todo en aquellas regiones con preponderancia de núcleos indígenas o afroamericanos, la situación de subyugación del amo (latifundista casi siempre) hacia los siervos continuó. Y Colombia no fue la excepción.

Por eso, durante el resto del siglo XIX, todo el siglo XX y lo que va corrido del presente siglo, se puede observar el mapa geopolítico del país y señalar en él, las regiones en donde todavía impera, en unas más que en otras, el sistema feudal. Son estas regiones las más atrasadas de la patria, en donde el analfabetismo es impresionante, la pobreza y la miseria del pueblo (siervos) más escalofriante y la riqueza de los amos (verdaderos señores feudales) más exorbitante. Por supuesto, en estas regiones existe una pequeña clase media, en donde algunos de sus miembros luchan, gracias a su trabajo, por no dejarse ahogar y caer en la pobreza. Mientras que otros de esa clase media, han emergido merced al fraude y la ilegalidad que les permiten gozar de las prebendas que los amos les dejan alcanzar.

Es por esta razón, y no por coincidencia, que en estas regiones en donde aún impera el sistema feudal, hayan surgido con mayor connotación las alianzas entre políticos,  paramilitares y narcotráfico. No se debe olvidar que los grupos paramilitares surgieron como un recurso armado de los señores feudales criollos. Ni más ni menos que a la usanza de las épocas anteriores a la Ilustración; todas con el mismo objetivo: el poder que se deriva de la tierra y la riqueza, mal habidas, a través de las armas.

Valledupar, 27 de febrero del año 2007

Las Ramas del Poder

Otro de los logros de la Revolución Francesa fue la separación de los poderes públicos. Hasta entonces el monarca, único dueño del poder absoluto, tenía en sus manos de manera férrea todas las ramas del poder y, así, dictaba las leyes, las hacía cumplir y juzgaba y condenaba a los infractores. Amén del manejo de los tributos impuestos por él mismo, de acuerdo a su capricho o a lo que él considerara necesario, de manera exclusiva y arbitraria (recordemos la creencia, en ese entonces, del origen divino de la autoridad real).

Con la llegada de la revolución no solamente se acabó con el aberrante sistema de la sucesión hereditaria al poder; sino que también se separaron los poderes públicos, al quedar a cargo de diferentes personas o grupos de personas, la confección de las leyes, la vigilancia de su cumplimiento y el castigo o perdón para quienes las infringieran. Tan separados quedaron los poderes que, en la mayoría de las escasas monarquías que aún subsisten, hay un sistema parlamentario, en donde el príncipe es una figura decorativa, más bien parasitaria, pues existe un jefe de Estado que asume como consecuencia de la elección popular a través del Parlamento; este último se encarga de elaborar las leyes y un tercer poder, el sistema judicial, que tiene a su cargo juzgar y condenar o perdonar a los reos de culpa.

En otros países, con sistema republicano, como Colombia, la Constitución consagra la separación de los poderes públicos y delimita las atribuciones y funciones de cada una de las ramas del poder. Sin embargo, en América Latina, en donde el sistema feudal aún conserva alguna preponderancia, se ha vuelto costumbre darle más relieve al jefe del Ejecutivo que a sus pares del Legislativo y el Judicial. Tanto, que hay momentos en los cuales el presidente da órdenes a los miembros de estos dos últimos poderes y, lo más grave, éstos le obedecen.

Y si el presidente es alguien con la prepotencia, la arrogancia y el talante autocrático elevado a la enésima potencia, como es el caso de Uribe, los congresistas y los jueces terminan por convertirse en subalternos de él. Y con muchos lo logra. Pues como existe una bancada de congresistas oportunistas que, con tal de montarse en el carro de la victoria (al fin y al cabo, conocían muy bien a los aurigas de éste y, para el momento, eran sus lacayos), se entregaron atados de pies y manos a la voluntad de Uribe. Y éste, ni corto ni perezoso, ha aprovechado muy bien las oportunidades para doblegarles la cerviz y mantenerlos fieles a sus mandatos y caprichos.

Pero cuando pretende hacer otro tanto con los congresistas de la oposición o los jueces probos de la República, que no tienen porqué plegarse a sus pretensiones y hacen valer su independencia, Uribe se sale literalmente de la ropa (de los chiros, dirán en el interior del país) y pela el cobre de su carácter dictatorial.

Los ministros del despacho, ellos sí subalternos del presidente, se han convertido en sus escuderos y, prevalidos de la prepotencia de su jefe, pretenden someter al Legislativo de manera altanera.

Nadie puede obligar a otra persona a no ser abyecta, como el ministro de Agricultura, que confesó impávido que “…con Uribe, hasta el fin del mundo…”. Pero este individuo no puede pretender que todos sufran (como parece ser su caso) del síndrome del siervo y, así, los demás miembros del gobierno, sobre todo los de las otras dos ramas, vivan arrodillados ante la majestad del príncipe.

Lo repetimos una vez más, el Legislativo es el censor natural del Ejecutivo y éste no sólo debe saberlo; sino, además, entenderlo y aceptarlo. Y, entonces, cuando ese censor natural acusa, el Ejecutivo no puede liderar campañas de difamación contra los congresistas de la oposición. Así sea para tender cortinas de humo que puedan tapar ciertos rabos de paja, que fácilmente pueden llegar hasta la Cochinchina.

Barranquilla, 6 de marzo del año 2007

A propósito del discurso de García Márquez, al recibir el Nobel de Literatura

Este año, cuando Gabriel García Márquez celebra tantos acontecimientos sustanciales en su vida, como su natalicio (80 años), la publicación de su primer cuento (60), la edición de su obra cumbre (40) y el otorgamiento del premio Nobel (25), es pertinente recordar el sentido de sus palabras cuando recibió el máximo galardón literario.

Ante la evidentemente avasalladora influencia de las dos grandes potencias militares y económicas (Estados Unidos y la Unión Soviética), Gabriel García Márquez, al momento de recibir el Premio Nobel de Literatura (1982), mide, en su discurso de aceptación ante la Academia Sueca, “…la inmensa soledad en que se debate América Latina, pues Europa sólo mira hacia esas potencias y se polariza de manera meridiana: el occidente de ella con Estados Unidos y el oriente con la Unión Soviética. Es el péndulo de la riqueza y el poder el que, con sus oscilaciones, hace posibles los vaivenes de los países ricos, mientras que los países pobres solamente pueden aspirar a recoger, como moderno Lázaro, los mendrugos que caigan de la mesa del rico Epulón representado por el hemisferio norte.”

Sin embargo, “…América Latina tiene, no sólo una historia en donde la realidad ha superado, una vez más, a la fantasía; sino que, además -y a pesar de estar aún en la infancia de los tiempos-, ha logrado actualizarse en los diversos órdenes de las ciencias y las artes. No obstante la pobreza en que viven sus pobres ante la impasibilidad y la indolencia de los ricos, tanto de sus propios países como de aquellos situados en latitudes de privilegio, quienes disfrutan los goces que la diosa Fortuna les ha deparado, sin siquiera mirar y calibrar las necesidades de millones de personas que, en el mundo, viven o, peor aún, sobreviven en los diferentes niveles de la pobreza.”

Explora además, nuestro insigne escritor, “…toda la gama fantástica que la misma Naturaleza y la idiosincrasia del latinoamericano, hacen posible en nuestro entorno, permitiendo, así, que poetas, músicos y cuenteros enriquezcan nuestro acervo literario. Pese al dolor que puedan suscitar algunas historias, dada la condición de tristeza, muerte y desolación que algunas de ellas narren.”

Finaliza García Márquez pidiendo “…solidaridad para con América Latina y un poco menos de severidad para juzgarla, ya que [como bien se los recuerda] los europeos necesitaron siglos para poder acceder a estados consecuentes de civilización y, nosotros, como se dijo antes, apenas estamos en el principio de los tiempos. Hace apenas [un poco más de] siglo y medio, éramos súbditos de la corona española.”

Por eso ahora, cuando la Unión Soviética ya ha desaparecido quién sabe porqué avatares de la Historia o del destino, las palabras del Nobel colombiano, siguen teniendo vigencia, porque la situación de subordinación de América Latina hacia los poderes del hemisferio norte aún subsiste y, peor aún, hoy sin el contrapeso de la URSS, el monopolio norteamericano se acentúa, en desmedro del desarrollo de estas naciones.

La actual visita de Bush no hace más que corroborar este estado de dependencia, pues no es una embajada de buena voluntad; sino el deseo de borrar cualquier intento de saboteo al Tratado de Libre Comercio que el gobierno republicano desea imponer, a como dé lugar, a estos países situados en el patio trasero de la gran potencia. Él mismo lo dijo, “…vamos a visitar el vecindario, a ver cómo va…”

En estos momentos, cuando ya Estados Unidos controla el petróleo de Irak, Afganistán y los Emiratos árabes, el deseo de Bush es el de hacerse al etanol de Brasil, Colombia, y demás países cultivadores de caña de azúcar. Y ni que decir de la biodiversidad que atesora la cuenca amazónica.

¡Ah! el espíritu premonitorio del Libertador Simón Bolívar, cuando le dice, entre otras cosas, al legionario británico, su amigo personal el coronel Patrick Campbell, en carta del 5 de agosto de 1829, fechada en Guayaquil: “…los Estados Unidos de América del Norte, parecen predestinados por la Divina Providencia para plagar la América Latina de miserias, a nombre de la Libertad…”

Valledupar, 13 de marzo del año 2007

Desatino y otras hierbas del pantano

El DRAE, dice que desatino es la falta de acierto al obrar, es el despropósito o error que, a su vez, es la acción hecha o la palabra dicha fuera de razón, de sentido o conveniencia, teniendo en cuenta que conveniente es todo aquello que se hace acorde con una norma, es lo decente, lo proporcionado.

Entonces, comete desatino todo aquel que obra o dice algo fuera de contexto o quebranta las leyes o se sale de las proporciones y, entonces, incurre en un severo dislate, pues no ha hecho otra cosa que propiciar un absurdo.

Pues bien, la Dirección de Impuestos y Aduanas  Nacionales, quien por ley debe donar o destruir la mercancía de contrabando que ha sido aprehendida, ha cometido un soberano desatino. Sucede que si lo incautado son llantas, gasolina o vehículos automotores, se les dona a los ministerios o a las fuerzas de seguridad. Si, por el contrario se trata de electrodomésticos, ropa, artículos para el hogar, etc., la donación se hará a obras sociales a través de las alcaldías. Vale la pena aclarar que la mercancía decomisada, cuyo destino es la destrucción, corresponde a licores y perfumes.

Hasta allí, todo parece bien, es lo acertado, lo correcto. El desatino comentado renglones atrás, surge cuando los destinatarios de la mercancía donada para obras sociales, son aquellas personas pobres que viven en poblaciones de climas ardientes, como Buenaventura, Riohacha, Malambo, Juradó, Dabeiba y otras, que reciben mantas térmicas, bufandas, suéteres de lana, ruanas, cubiertas para celular, pinturas al óleo y guantes para jugar golf, elementos estos a los cuales, en esas circunstancias, no se les puede dar uso inmediato.

Si la situación no fuera tan absurda, tan aberrante, movería a risa. Pero no; tiene tales ribetes de burla, de humillación, de oprobio para con los pobres de las poblaciones citadas, que no puede ser motivo de hilaridad. Por el contrario, debe mover a la ira, pues no es justo que las autoridades (cualesquiera sean ellas), se burlen así de la gente necesitada de ayuda.

O, ¿es que se trata de hacer por hacer, sin importar las barbaridades que se cometan? Por decir lo menos, este hecho que se comenta, es injusto, es aberrante, es un verdadero desatino de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales.

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Unas amigas, uribistas a morir, me preguntaban el otro día, porqué yo escribía contra Uribe. Mi lacónica respuesta fue:-Primero, nunca he sido gobiernista y, mucho menos triunfalista, pues todos los gobiernos que nos ha tocado sufrir, han sido malos; cada uno peor que el anterior. -Además, el estilo de gobierno del actual presidente, no me gusta, pues solamente favorece a los ricos, protege a los corruptos y es demasiado autoritario y soberbio.

No sé si las convencí o, por el contrario, siguieron con la duda y, peor aún, con los ojos vendados. La verdad, es que nunca he servido para catequista, pues considero que cada cual puede hacer de su capa un sayo y, por tanto, creer en lo que le plazca y adorar a quien quiera. Al fin y al cabo, cuando los ídolos muestren sus pies de barro, sus adoradores serán quienes sufran el desencanto. No es si no, recordar la parapolítica, el DAS, Chiquita Brands, etc.

Y no sería la primera ni la última vez que esto ocurriera. Y bien duro que deber ser llevar en la conciencia el peso de haber contribuido con el voto a elegir a un gobernante autócrata, soberbio, que sólo se preocupe por sí mismo y por sus áulicos y únicamente se acuerde de los pobres para pedirles el voto. Aun cuando, como están las cosas con la parapolítica, ya ni siquiera se necesita promocionar el sufragio, pues basta con tener gente armada al servicio de quien o quienes aspiren a ser elegidos.

Valledupar, 20 de marzo del año 2007

Impunidad legalizada

La “violación al debido proceso”, se ha vuelto la herramienta preferida de los defensores de los reos de campanillas, pues les permite burlar la Justicia. Ya ni siquiera se preocupan por allegar argumentos con que probar la inocencia de sus clientes. No. Ahora solamente buscan las fallas de procedimiento, para engañar al aparato judicial y, de paso, a la opinión pública.

Que si el vencimiento de términos, que si el hábeas corpus, que si el trámite usado para capturar al sindicado, que si la obtención de las pruebas, en fin, una serie de artimañas que, para desgracia de la Justicia, están consagradas en las leyes, de tal manera que, al ser esgrimidas por estos leguleyos, consiguen lo que querían; esto es, la libertad del reo. En estos sucesos, lo menos importante es la inocencia o la culpabilidad del acusado, lo sustancial es sacarlo del berenjenal en el que está metido. Porque, casi siempre, se trata de individuos que poseen un alto nivel de cinismo. Como en el caso del ex director del DAS, Jorge Noguera, quien aprovechó para decir, sin siquiera ruborizarse,  “…soy plenamente inocente y, con esta decisión, se ha hecho justicia.”

Hablamos de impudicia, de desvergüenza, pues se sabe que el reo ha sido puesto en libertad, no en razón de su inocencia; sino gracias a artificios o artilugios de su defensor, que bien mañoso debe de ser. Éste, por su parte, corre a dar su parte de victoria. Como el defensor de Noguera, quien se  precipitó a declararse satisfecho con el fallo del Consejo Nacional de la Judicatura que favorece a su defendido y se apresuró a  manifestar que su cliente “…fue privado, de manera incompetente, de la libertad.” Al decir esto tal vez no se dio cuenta (o quizás lo dijo a sabiendas) que utilizaba -en este caso gaseoso-el término “incompetente”, ya que, así, eludía el tema sobre la culpabilidad del reo y se acomodaba en la posible falta de jurisdicción de la Fiscalía General de la Nación.

El Consejo Superior de la Judicatura no tuvo otro camino que el de soltar al sindicado. Ahora toca esperar que el Fiscal General de la Nación oriente nuevamente el proceso, ya que las pruebas las tiene a la mano y se supone que el defensor deberá hacer otro tanto y, así, se pueda obtener justicia, Pues, al fin y al cabo, ésta es sinónima de equidad, la cual consiste en dar a cada cual lo que le corresponde; esto es, libertad para el inocente o castigo para el culpable.

Sobre todo, porque estas situaciones de impunidad disfrazada tienden a propagarse como la peste, al facilitar el aprovechamiento de los claroscuros de la ley, los sesgos amañados que pueda tener la interpretación de la constitución, que permiten el desmonte por las orejas de las impugnaciones hechas sobre pruebas e indicios que pesan sobre personas sindicadas de delitos atroces, que terminan por disfrutar de una inmerecida libertad, mientras que sus víctimas “gozan de la paz de los sepulcros” o se debaten entre el hambre y la miseria, o la fuga de oportunidades que les permitan llevar una vida decorosa. Lo cual constituye la más atroz de las inequidades y de las iniquidades.

No es honrado que se permita esta impunidad rampante, que es la madre de tanta injusticia y de todos los males que aquejan a nuestro país.

  1. S. En estos días murieron de inanición en Chocó doce niños. Es macabro, es aberrante, es injusto, es vergonzoso (los epítetos sobran, lo que falta es justicia social), que hechos como éste sucedan. ¿Será posible que, mientras estas comunidades se encuentran en la miseria absoluta, los culpables (directos o indirectos) gocen de total impunidad? Porque es innegable que estas situaciones se dan, debido a las acciones de aquellos que se roban, (o permiten que otros se roben) de una manera u otra, los recursos que el Estado debe destinar a la solución de ellas.

Valledupar, 27 de marzo del año 2007

Las secuelas de la impunidad

Hace ocho días se hablaba en esta columna de los doce niños muertos en Chocó, debido a la inanición que padecían, como consecuencia de la hambruna en que vive la mayoría de la gente en esa región, abandonada por todos los gobiernos que en Colombia han sido.

Pues bien, las noticias son más alarmantes, ya que los niños muertos por el hambre sobrepasan las cuatro docenas. (Y así fuera uno solo). Pero, ¡son casi cincuenta los niños muertos de hambre en los últimos tiempos! Eso es verdaderamente escalofriante. (Hace ocho días decíamos que los epítetos sobran, que lo que falta es justicia social) Y esto, es una verdad de a puño. Es incontrovertible. Pues, si hubiera más equidad, más equilibrio social, estas cosas no sucederían. Pero, ocurre que hay corrupción, e impunidad que la cobija, que la alcahuetea, que la protege.

A propósito, la semana pasada, los medios de comunicación contaban sobre el caso de ‘Simón Trinidad’, quien es juzgado en un tribunal de Estados Unidos. Sucede que, por fallas en los procedimientos, no se le pudo declarar culpable; mas tampoco lo declararon inocente. Entonces, ¿qué hizo la Corte? No lo sobreseyó, ni lo hizo poner en libertad. Solamente ordenó el cambio del juez y la continuación del juicio. Aquí en Colombia, por los mismos días, ocurrió algo similar. Por un error de procedimiento, el Consejo Superior de la Judicatura, le dio la libertad al sindicado ex director del DAS, Jorge Noguera. ¿Por qué no se le mantuvo retenido y, simplemente, se ordenó el cambio de agentes de la investigación? Ah, es que la impunidad, aquí en Colombia, tiene una cola larga, muy larga, excesivamente larga. Sobre todo, o mejor aun solamente, cuando se trata de personajes de campanillas, de esos que son afectos al ejecutivo.

Volvamos a los niños muertos por el hambre. Bueno, en verdad no los mató el hambre. Los mató la desidia del Estado. ¿Qué importa ya que el ministro de la Desprotección Social envíe sacos, muchos sacos, de arroz, muchos de harina, de azúcar y otros elementos menores de la alimentación cotidiana, si esos niños ya murieron? ¿Si en los pésimos hospitales de la región hay centenares en estado crítico por la misma causa? ¿Qué importa que Uribe haya ido a mirar el problema, haya regañado a los empleados subalternos de la administración regional, los haya puesto en ridículo y, además, haya prometido este mundo y el otro? ¿Si a esos niños ya nadie les puede devolver la vida?

Y,  como si fuera poco, el Gobierno culpa a los padres por la desnutrición de los niños, cuando dice que “…esos indios les dan a sus hijos unas hierbas que los deshidratan…” ¡Además de todo, insolente e inhumano!

Mientras tanto, los poderosos de la región, cada día aumentan más y más sus riquezas y su poder y, lo que es más grave, su capacidad de dominación, pues su alianza con los grupos armados que sabemos (legales e ilegales), les permiten, no solamente apropiarse de las riquezas naturales (que las hay, y muchas); sino, además, mantener amedrentada a la población, la cual tiene que someterse a la ley del más fuerte. Entonces, no es coincidencia, ni mucho menos algo cultural, que el Chocó tenga los índices más bajos del país, en lo referente a salud, educación y vivienda decorosa. Allí, la Fuerza Pública defiende a los bananeros, a los madereros y demás empresarios protegidos por los ilegales. Sin importar que, para lograrlo, tenga que oprimir todavía más al pueblo. Y la situación empeorará cuando se hagan los sembrados de palma africana, que ya tienen dueños.

Entre tanto, los políticos se roban la plata, protegidos por la parapolítica. Porque allá también se da. Si ya lo dijimos hace algunas semanas. Ésta cubre al país por sus cuatro puntos cardinales: del Cabo de la Vela hasta Pasto y desde Bahía Solano hasta la Nariz del Diablo.

Valledupar, 3 de abril del año 2007

Radiografía de un país

Colombia está en la encrucijada. Sin pretender ser agorero, la situación del país es grave, por dondequiera se la mire.

Por el lado económico, así las fuentes oficiales hablen de repuntes y logros, éstos no llegan al grueso de la población, pues, es innegable que el desempleo no ha cedido, al contrario aumenta, la pobreza sigue creciendo, la canasta familiar sube de precio y su tendencia alcista es continua, y así, sucesivamente en todos los órdenes de la economía nacional que afecta al pueblo.

Por el lado de la política, la situación es peor, debido al contubernio de muchos políticos con los paramilitares, que buscó y logró el saqueo de las arcas del Estado con lo que se dejó, más a la deriva, a los menos favorecidos; pues, se supone que los dineros que se desviaron y fueron a parar a los bolsillos de políticos corruptos y sus aliados paramilitares, tenían como destino ampliar la red hospitalaria, construir más escuelas o mejorar la malla vial del país, entre otras cosas.

La situación de orden público, tampoco es la mejor. La guerrilla sigue viva, el paramilitarismo goza de buena salud, el número de desplazados y desaparecidos aumenta, el apoyo de las Fuerza Militares y de Policía hacia los paramilitares es el pan de cada día, sobre todo en las regiones apartadas del poder central.

Entonces, ¿cuál es el futuro de Colombia? De no permitir que la Corte Suprema de Justicia haga completa su labor de saneamiento a la política, la impunidad se seguirá enseñoreando y todo se irá al traste. De no conseguir que el poder judicial desinfecte los poderes ejecutivo y legislativo y él mismo se aísle del germen corruptor, esto se convertirá en una cueva de Rolando.

Mientras tanto, ¿qué hace el presidente al respecto? Nada. Bueno, sí hace. Se entrevista con el abogado defensor del interdicto ex director del DAS y, entre ambos, fraguan su defensa. Pero de explicaciones sobre porqué su fuerza amiga en el Congreso, con pocas excepciones, es la más salpicada por el escándalo de la parapolítica, de eso, no ha dicho ni mu.  Bueno, de esto también habló. Muy claro les dijo a sus parciales: “…mientras no estén en la cárcel, ayuden a votar las iniciativas del Gobierno…”

Pero un voto de censura, unas palabras que fije la posición del Gobierno, nada.

Y, para colmo, los paramilitares piden a Uribe que se les dé espacio político y él les contesta que sí, que es muy posible que así sea.

Entonces, amable lector, ¿es oscuro el panorama de Colombia o, por el contrario, vivimos en el jardín del Edén y todo esto no es más que el resultado de una mente calenturienta? Usted dirá y, sobre todo, podrá actuar en las elecciones de octubre, cuando se cambien los poderes ejecutivo y legislativo en el orden regional.

Valledupar, 10 de abril del año 2007

La verdad os hará libres

Es probable que el contenido de la columna de hoy levante varias ampollas; también es factible que pise algunos callos; al igual que pueda herir susceptibilidades y, más aún, me granjeé algunos enemigos; pero, de todas maneras y no obstante lo anterior, considero que la verdad no se puede ocultar, ni es posible poder tapar el sol con un dedo. Con decirnos mentiras no solucionamos los problemas, cohonestando los errores no vamos a resolverlos, aumentando el coro de aduladores no se ayuda a quien se encuentra en problemas.

Y dado que, además, nunca he sido gregario, pues así sea la única voz que clama en el desierto, entonces aquí, “desde la barrera”, llamemos las cosas por su nombre.

El ex ministro Álvaro Araujo Noguera no se hace ningún bien y, mucho menos, se lo hace a su familia, a su ciudad, a su región, ni a sus parciales, huyendo de la Justicia. Peor aún, cuando exige, como condición para su entrega, la garantía de la casa por cárcel.

En primer lugar, debería entregarse sin condiciones y permitir, así, que la Justicia declare su inocencia, una vez sea demostrado el acervo probatorio de la misma. Al huir, pone en tela de juicio su inocencia.

En segundo lugar, deje que sea la Ley quien determine, si se le llegara a encontrar culpable, el sitio de reclusión y después, sí, busque beneficios en razón de su edad, de sus aportes a la región y otras adehalas propias de su estirpe y logre morigeración en el castigo. Ahora bien, si se demuestra su inocencia, entonces su honor y su honra brillarán aún más y no quedaría el amargo sabor de haber querido eludir la justicia o burlarse de ella.

El senador Álvaro Araujo Castro, no se hizo ningún favor cuando renunció a su condición de parlamentario, cuando dejó entrever la intención de evadir los cauces normales de la investigación y el juzgamiento por parte de la Corte Suprema de Justicia. Más aún, su carta de renuncia es, más que esto, una injuria al alto tribunal, cuando duda de su imparcialidad y, lo que es más grave aún, no dejará de haber quien lea entre líneas, sus posibles deseos de hacerle esguinces a la ley. Y todavía peor, se hace daño a sí mismo y se lo hace a su familia; más del que le hiciera a su hermana Consuelo, cuando el malhadado incidente de la Fiscalía y más todavía del que él mismo se infligiera, cuando dijo que si iban por él, después irían por su hermana, por su tío político el Procurador, y hasta por el mismo Presidente. Estas palabras, no solamente fueron imprudentes; sino que, además, estuvieron cargadas de soberbia.

Mejor lo ha hecho Mauricio Pimiento, quien ha callado y ha dejado que sea su apoderado quien dialogue con la Justicia y lleve el peso de su defensa. Muy bien lo dicen los adagios: “En boca cerrada, no entran moscas” y “El que mucho habla, mucho yerra”

Por todo eso, señores Araujo, revisen sus últimas actuaciones y encarrilen el rumbo de las cosas.  Dejen que la Justicia haga lo suyo. Por el bien de la ciudad, de la región y, sobre todo, por el propio  bien de ustedes y de su familia. Aún es tiempo de hacerlo.

Otrosí. Flaco favor le hacen a la causa de los Araujo y demás costeños implicados en el caso de los nexos con el paramilitarismo, todos aquellos que atribuyen a esto un acoso de cachacos hacia costeños. Eso, además de demostrar cierto complejo de inferioridad y algún delirio de persecución, no hace más que encender los ánimos de todos aquellos intolerantes, que fácilmente actúan sin pensar y, de los resultados de las retaliaciones, están sembrados los caminos de Colombia. Quienes creen que buscando el ahogado río arriba, favorecen a sus héroes, no hacen más que desvirtuar el accionar de la Justicia, amén del irrespeto a la Suprema Corte.

Valledupar, 17 de abril del año 2007

Apuntes a un debate

El martes pasado se dio, en la Plenaria del Senado, el anunciado debate del senador Gustavo Petro sobre la parapolítica, esta vez en Antioquia. En realidad, tal como él mismo lo anticipara en un reportaje para El Espectador, no se dijo nada nuevo. Toda esa olla podrida que se destapó con las denuncias del senador del Polo Democrático, contiene verdades que todo el país conocía, pero que se ocultaban, como se ocultaban antaño, en las familias adineradas, los hijos que padecían enfermedades o vicios vergonzantes. O el país nacional callaba, por físico terror a las retaliaciones…

La radiografía develada por Petro sobre Antioquia, y que ya antes hiciera sobre los departamentos de la costa Caribe y que, seguramente, hará sobre las restantes regiones del país, no hace más que ratificar el estado de descomposición en el que ha caído, en Colombia, el manejo de la cosa pública. Esto no hace más que demostrar que cada día el país se hunde más y más y confirma una verdad que ya se ha dicho en otras ocasiones en esta columna, verdad casi axiomática: “…en Colombia, cada gobierno es peor que el anterior…”

Pero volvamos al debate. Lo más sorprendente (ya que las denuncias a nadie sorprendieron, pues se las esperaba por archiconocidas), lo sorprendente, repito, fue la actitud de los senadores presentes en la Plenaria, sobre todo la de los conservadores. Cuando las cámaras de la televisión recorrían el recinto y enfocaban a la bancada conservadora, se podían apreciar diversas reacciones, unas de asombro, una que otra de decepción ante el escabroso panorama expuesto, otras más de temor y algunas de indolencia. Entre estas últimas, resaltaba la del senador Gerlein quien, con el vientre al aire, dormía o fingía dormir, mientras Petro hablaba y mostraba copias de expedientes, sobre las andanzas de paramilitares en conocidas haciendas de Yarumal, Urabá y otras regiones de Antioquia.

Pero, lo que más llamó la atención fue la actitud, durante la exposición de Petro, de los ministros escuderos, presentes en el debate: Holguín del Interior y Gallego de Transporte. En ocasiones se les veía como preocupados, tanto que, en un momento en el cual la cámara televisual les hiciera una toma cercana, se pudo observar un ligero temblor en el mentón de Holguín y, a Gallego, con la cabeza entre las manos.

Sin embargo, cuando la Presidencia de la Corporación les cedió la palabra, uno y otro, no hicieron otra cosa que leer los sendos discursos que, en defensa de Uribe, habían preparado. Mas no se les oyó un solo argumento que desmintiera o debatiera (al fin y al cabo, era un debate), las aseveraciones de Petro sobre el poder alcanzado por el paramilitarismo en Antioquia, con la connivencia de autoridades civiles y militares y muchos hacendados. Sólo se les escuchó el discurso de siempre: la seguridad democrática, el apoyo popular a Uribe, etc. Pero nada, absolutamente nada, que echara por tierra los razonamientos de Petro.

Sobre todo, porque éste muy claro lo dijo: “…yo no estoy acusando a nadie, sólo relato unos hechos que ocurrieron en Antioquia hace aproximadamente diez años. Únicamente quiero mostrar el asombro del país sobre, porqué el Estado no ha ordenado investigar unos delitos que, según la Constitución, no pueden ser objeto de preclusión, como lo son las desapariciones forzosas…” Al final dijo: “Para que haya paz, se necesita conocer toda la verdad de lo ocurrido; por eso este debate, para que se busque la verdad.”

Cuando ya finalizaba su intervención, hizo un relato escalofriante sobre un soldado del Ejército colombiano que, sufrió persecución y cárcel, por haberse negado a participar en una masacre. Todo su calvario se originó cuando le dijo a su comandante, el entonces coronel Rito Alejo del Río: “Mi coronel, yo ingresé al Ejército para defender vidas, no para acabarlas.” Su historia terminó la tarde en que, unos conocidos paramilitares de Yarumal, lo asesinaron en la puerta de su pequeña tienda.

  1. S. Si las palabras vacuas de Holguín y Gallego no estuvieron a la altura del debate, lo dicho en Cartagena por Uribe, a propósito de las denuncias de Petro, sí que estuvo por debajo del nivel mínimo de sensatez y buenas costumbres. Con voz trémula por la ira y salido literalmente de la ropa, Uribe llamó a Petro “…mediocre guerrillero…” En definitiva, la falta de argumentos, no daba para más.

Valledupar, 24 de abril del año 2007

La violencia como epidemia

Héctor Abad Gómez, médico antioqueño inmolado a manos de paramilitares hace cuatro lustros, dedicó sus treinta años de ejercicio profesional a buscar los orígenes de las enfermedades y, así, fundó la Escuela Nacional de Salud Pública y el Departamento de Medicina Preventiva en la Universidad de Antioquia, de la cual fue catedrático durante veinticinco años.

Decía que más que curar enfermos, la labor del médico debía ser la de evitar que hubiera enfermedades y, aunque esto parezca utópico, es una realidad indiscutible. El médico Abad sostenía que, si había suficiente agua potable, si los mataderos operaban de manera aséptica, si había alcantarillado, si los niños eran vacunados a tiempo, si había higiene y otra serie de elementales preceptos de salubridad, las enfermedades no serían tan devastadoras. Pero, agregaba él, para lograr esto, se requiere que los gobernantes sean pulcros en el manejo del presupuesto, los legisladores más preocupados del bienestar de sus electores que del erario, los jueces más equitativos, los militares más solidarios con el pueblo y, así, para cada orden del escalafón gubernamental había una serie de normas que permitieran a cada cual, realizar sus labores con eficiencia y eficacia, con honestidad y honradez, pero, sobre todo, con humildad. Pero ¡ah!, difícil que es lograr todo esto. Por eso, luchó denodadamente desde la cátedra y desde los medios de comunicación, para que los objetivos de la salud pública se encauzaran más hacia la prevención que hacia la curación.

Por tener estas ideas y querer llevarlas a la práctica y, sobre todo, por denunciar a los corruptos de su región, fue tildado de izquierdista y se le acusó y se le acosó y se le persiguió sin misericordia. Tanto, que fue retirado de la cátedra cuando aún conservaba su vitalidad y su lucidez, pues sólo tenía sesenta años para ese momento.

Cuando el 25 de agosto del año de 1987, las balas segaron su vida, sus asesinos cerraban un ciclo de depredación y muerte nunca visto. En dos meses, cercenaron la existencia de casi una docena de personas vinculadas a la academia: seis estudiantes y cinco profesores, todos ellos adherentes a las ideas de Héctor Abad Gómez, fueron ultimados como broche de esa campaña destructiva de las ideas de bienestar del pueblo. Esta saga criminal había empezado por la muerte o la desaparición de profesores, de sindicalistas, de estudiantes y de militantes de la izquierda colombiana, todos ellos enemigos de la fuerza de las armas, pero adalides de las ideas.

Una de sus últimas conferencias la llamó “Epidemiología de la violencia” y, allí, insistía en los factores desencadenantes de la misma: el hambre, el analfabetismo, la insalubridad y la falta de oportunidades; factores que, sin lugar a dudas, inciden en el comportamiento del adulto, cuando los ha padecido de niño.

Hoy, casi veinte años después, la situación poco ha cambiado. Sigue el hambre, hay analfabetismo, la insalubridad persiste, las oportunidades para los pobres siguen escaseando y, hoy, como entonces, la corrupción administrativa y su socia, la impunidad, continúan enseñoreadas del país.

Y pensar que, todavía, hay quienes denigran de las denuncias del senador Gustavo Petro y de la labor de la Corte Suprema de Justicia, en pro del saneamiento y la higienización de la política en Colombia y sus consecuencias en el devenir del pueblo. Ese pueblo que es explotado y es despojado por quienes se asocian con los maleantes para saquear las arcas del Estado.

Y cuando estos depredadores son descubiertos, todos ellos igual de delincuentes (sean de cuello blanco o de cuello gris), pretenden posar de inocentes y, para lograr evadir el peso de la Ley, pasan por encima de las normas éticas y morales e inclusive por encima de la misma decencia. Al fin y al cabo, tienen orquestado un coro de idiotas útiles que le hacen eco a su desvergüenza, a su  cinismo y a su soberbia.

Valledupar, 1° de mayo del año 2007

Análisis de una visita

Si se analiza con detenimiento la última visita de Uribe a Estados Unidos, se encuentran dos enfoques, a cual más diferente. El primero, el de los demócratas, quienes vieron a un presidente suramericano tratando de defenderse de unos cuestionamientos, que su misma política interna le ha generado, pero sin responder todos los interrogantes que esa misma gestión le ha ocasionado.

Por otro lado, se observa el enfoque triunfalista de la Casa de Nariño, con el apoyo de encuestadores de cabecera, fieles al régimen, quienes quieren hacer ver dicha visita como un éxito rotundo para el presidente de Colombia.

Sin embargo, no se debe olvidar el verdadero objetivo del viaje de Uribe a Norteamérica: convencer a la mayoría demócrata en el Congreso, de que Colombia todavía es una democracia y, por tanto, el TLC y la ayuda económica norteamericana son deseables y practicables. Como quiera que esto no se lograra, entonces no se puede decir a los cuatro vientos que todo es miel sobre hojuelas. Al fin y al cabo, el deber de Uribe, en su visita a Estados Unidos, era el de convencer a sus detractores, no el de arrancar aplausos de sus parciales.

Como lo dijera Paola Widzosky, analista del Centro de Análisis Político de Washington, “Uribe utilizó los mismos argumentos que usa en Colombia, olvidando que una cosa es el manejo interno de la política colombiana y otra lo que debió decir en un escenario internacional.” Este sentimiento lo comparten diferentes analistas norteamericanos, quienes sostienen que Uribe no logró cambiar la imagen que, de su gobierno, tienen los demócratas. Pues, pese al apoyo de Bush, su socio en la supuesta lucha antiterrorista, la verdad es que Uribe ya no cuenta con el respaldo total del gobierno norteamericano. Una prueba más de esto es la congelación simbólica de US$55.000.000, con destino al Plan Patriota.

De ahí, las condiciones, sobre garantías laborales y sindicales, exigidas por los demócratas. Todo esto debido a que, para ellos (y para los demócratas del  mundo entero), es más importante despejar todas las dudas sobre el Gobierno colombiano en lo referente a la parapolítica, que aprobar el TLC; asunto, éste, prioritario para la Casa Blanca tras el fracaso del ALCA y el avance de otras posibilidades integracionistas en el área que cuentan con el apoyo de muchas naciones latinoamericanas.

Adam Isacson, presidente del Centro de Análisis para Políticas Internacionales de Washington, se declaró decepcionado con la exposición de Uribe ante la bancada demócrata, a la cual consideró no convencida con los argumentos del presidente colombiano. Sobre todo cuando éste no respondió nada a las preguntas sobre la muerte, a manos de paramilitares en connivencia con las fuerzas de seguridad, de más de 70 sindicalistas, solamente en el último año. “Uribe no se ayudó. Sólo mostró cifras de poca importancia para el tema, no contestó las preguntas más inquietantes.”, remató Isacson.

Ahora bien, si se piensa que la época Bush ya está en la recta final y, además, éste tiene el sol a sus espaldas, la situación insular de Colombia en el concierto latinoamericano (y en gran parte del mundo, también), no es la mejor.

Entonces, ¿qué debe hacerse? Pues, mano fuerte con la subversión y los paramilitares y todos sus aliados (políticos, militares y empresarios), de tal manera que, o se entregan todos y pagan sus culpas, o se les persigue y se les hace caer el peso completo de la Ley. Porque, de no ser así, como decían los abuelos del siglo pasado, “El café se pondrá a cuarenta.”

Valledupar, 8 de mayo del año 2007

Nadie sabe con la sed que otro bebe

El adagio que sirve de mote a la presente columna, al igual que su homólogo “la gotera sólo fastidia a quien está debajo de ella”, nos indica que para poder entender a cabalidad un problema que aflija al prójimo, es necesario ponerse en los zapatos de éste, si es que, quien quiera entender la tribulación ajena, desea, no sólo compartirla con quien la sufre; sino, además, buscarle solución al momento de angustia que, así no nos afecte directamente, sí atañe a alguien que, para entonces, se encuentra en desigualdad de condiciones.

Eso es lo que los teólogos, los sociólogos, los filósofos y demás estudiosos de los temas pertinentes al ser humano, a su conducta, a su entorno y a sus relaciones, humanas y divinas, llaman conciencia social. Es el dolor por el sufrimiento ajeno, es el hacer propia la aflicción del prójimo, es el sentimiento cristiano que nos hace solidarios con los desposeídos.

Pues bien, así como hay muchas personas en el mundo (y en Colombia también), llenas de ardor cristiano hacia el prójimo doliente, también es cierto que son innumerables los individuos que permanecen imperturbables ante el dolor ajeno y, por eso, les importa un comino lo que pueda sucederles a sus semejantes, con tal de que a ellos no los alcance la desgracia ajena. Son los egoístas del mundo.

De los cuales, los hay silenciosos, son los insensibles a la aflicción de sus semejantes y, por omisión, hacen daño a la humanidad; pero existen también los activos, aquellos que no solamente son indiferentes al mal ajeno; sino que, además, lo gritan a los cuatro vientos y se inquietan y pelean para conseguir que, al doliente, se le desampare y, entonces, con sus tesis y sus posturas, aparentemente de avanzada, pretenden echar por tierra toda acción en pro de los damnificados del dolor. Son los peores, pues con sus sofismas logran, muchas veces, destruir campañas que puedan aliviar, así sea temporalmente y de manera leve, el daño sufrido y vivido en carne propia por el prójimo.

Todo lo anterior, a propósito de una columna que apareciera en El Espectador de la semana comprendida entre el 6 y el 12 de este mes. La firma un señor llamado José Manuel Acevedo Molina (a quien, en mis casi 60 años de ser lector habitual de ese periódico, jamás me lo había tropezado; lo cual no obsta para que dicho señor sea, tal vez, alguien de campanillas en el mundo bogotano). Este señor se viene lanza en ristre contra la Corte Constitucional por haber fallado ésta a favor de los desplazados, quienes, como víctimas de la violencia, pedían asistencia continua por parte del Estado. Alguien, dentro del marasmo burocrático, había interpretado a su acomodo la Ley 387 de 1997, que se encarga de regular las ayudas de emergencia. Un juez sentenció que esa ayuda debe de ser permanente, mientras no se consiga reubicar al desplazado.

La Corte declaró exequible el fallo judicial y es, precisamente esta decisión, la que incomoda al señor Acevedo, pues a él le parece paternalismo estatal el hecho de prolongar la ayuda mientras ésta sea necesaria y alega, en su infinita sabiduría y en su inconmensurable egoísmo, que con estas ayudas el Estado se quebrará e irá a la bancarrota segura. Además de permitir, según él, que muchos se disfracen de desplazados y, así, vivan a costillas del Estado. Como si éste no tuviera formas de filtrar estas situaciones. Y así no lo pudiera hacer. ¿Qué importan unos pocos camuflados, si la mayoría de dolientes por el desplazamiento reciben su ayuda, ya que sus victimarios se siguen haciendo los de los oídos sordos? Pero para el señor Acevedo esto es malo, porque el Estado distraería, de esta manera, dineros que podrían utilizarse en otros menesteres, en vez de socorrer a estos “flojazos desplazados.” Ni que pintado, cual fariseo moderno.

Cómo si las víctimas fueran culpables del oprobio al que los someten sus victimarios. Este señor Acevedo parece, entonces, más abogado de estos últimos, que defensor del patrimonio estatal y, por eso, se olvida del dolor ajeno, el cual no puede ser extraño a todo aquel que se considere cristiano y, así, no lo fuese, si tiene conciencia social.

Valledupar, 15 de mayo del año 2007

Energía para el futuro

El pasado jueves se llevó  acabo, en el Salón Cañahuate del Club Valledupar, el lanzamiento del VII Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología del Carbón y Combustibles Alternativos, bajo los auspicios de la Universidad de Antioquia, la  Universidad Pontificia Bolivariana, la Universidad Nacional Sede Medellín y la Fundación Universitaria del Área Andina. Esta última, la única institución de Educación Superior del Caribe colombiano que cuenta con el Programa de Ingeniería de Minas.

El Congreso se celebrará, aquí en Valledupar, del 26 al 29 de septiembre del año en curso y contará con expositores de talla internacional, entre otros países, de Australia, Gran Bretaña, Brasil y Estados Unidos. Amén de conferencistas colombianos expertos en la materia.

Ya están lejanos los días cuando el carbón, gracias  a la máquina de vapor, convertía la energía térmica en energía motriz. Ya muy pocos recuerdan y son muchos los que ignoran que, desde mediados del siglo XIX y los albores del XX, el gas destilado del carbón iluminaba las fábricas, las calles y el interior de las casas. A medida que avanzó el siglo XX, se cambió la estructura del consumo energético. El deseo de utilizar combustibles más limpios, hizo que se pasara del uso del carbón al del petróleo y sus derivados. Quedando, así, el carbón sólo para usos siderúrgicos. Todavía algunos, los viejos, recordamos el tren movido por el vapor surgido de la combustión del carbón y, con nostalgia, aún resuena en las telarañas de la memoria el lastimero sonido de su pito, al dejar o arribar a las estaciones a recoger o descargar pasajeros,  embalajes o mercancías.

Los entendidos en el tema de los combustibles sostenibles, auguran que los yacimientos petrolíferos ya pasaron la cúspide de su explotación y se encuentran en descenso, debido al natural agotamiento de sus fuentes. Por tanto, cuando esto ocurra, habrá que recurrir a otros hontanares de energía, como el gas natural y el agua y, paradójicamente, volver al carbón. Colombia, gracias a Dios, abunda en todos ellos. Sin embargo, es innegable que si no se trazan políticas racionales de explotación y comercialización y, más aún, de almacenamiento y conservación, en el caso del gas natural y el carbón, bien podrían pasar los años de las vacas gordas, sin que se hubieran hecho las reservas adecuadas para cuando lleguen las vacas flacas. Además de buscar, durante la égida de la abundancia, un posicionamiento respetable en el ámbito internacional.

En cuanto a los recursos hídricos, al Estado colombiano le ha faltado, desde siempre, el empuje necesario para reglamentar lo concerniente a su conservación y a su explotación razonable. Poseemos en el litoral pacífico y en la cuenca amazónica fuentes de agua copiosas; de las mejores del continente y, acaso tal vez, del planeta. La biodiversidad de la amazonia, de la cual somos partícipes, es la más rica del orbe. No obstante, ningún gobierno, nacional o regional, se ha preocupado ni un ardite por evitar que, la tala de bosques, la contaminación  y el afán de la explotación forestal, den al traste con dichas reservas. Todavía estamos a tiempo para evitar la hecatombe.

De otro lado y volviendo al tema del carbón, cuya explotación en Cesar y Guajira es de cielo abierto y no en socavones, como ocurre en otras latitudes, es preciso atenuar el impacto que dicha explotación ocasiona al medio ambiente.

Si se tiene en cuenta que éste, diría Perogrullo, es imprescindible para los seres vivos, se necesitan con urgencia (y, con toda seguridad en el VII Congreso de Ciencia y Tecnología del Carbón, así se hará) políticas que reglamenten, no sólo el aprovechamiento de este recurso natural; sino que, además, regulen la labor de transporte del carbón desde las minas hasta los puertos de embarque. Con el fin de prevenir que la polución, de por sí ya inquietante en la actualidad, aumente; con los consiguientes peligros que, sobre la salud de los seres humanos y la naturaleza toda, la contaminación ambiental conlleva.

Deseemos éxitos a los organizadores del Congreso y, sobre todo, que de él salgan propuestas beneficiosas para el estado del arte; pero, también, debe ser nuestro anhelo que allí se produzcan proposiciones que, sin menoscabar los beneficios económicos, eviten que se degrade el entorno, casi bucólico, de la región.

Valledupar, 22 de mayo del año 2007

Preguntas sin respuestas

–Sobre las interceptaciones telefónicas, ¿la cúpula lo sabía? Si sí, ¿por qué no actuó? Si no, ¿por qué fue destituida?

–Si se le cree a Mancuso, ¿por qué no creerle a Rafael García?

–Si el país está como está, ¿por qué Uribe, en su alocución del martes antepasado, se puso a hablar de su primer cuatrienio y de sus supuestos éxitos y no dijo nada sobre las interceptaciones telefónicas?

–Si todo acusa a Luís Camilo Osorio de su inclinación a encarpetar los casos de sus amigos, ¿por qué sigue tan campante en México?

–Si hay tantos amigos y colaboradores de Uribe implicados en lo de la parapolítica, ¿por qué el presidente sólo se enfureció, cuando ésta salpicó a su hermano?

–Si cuando Uribe, a raíz del debate de Petro, confesó que los congresistas eran objetivo de la inteligencia militar, ¿por qué tanta alharaca por lo de las interceptaciones telefónicas?

–Si los actores de Ralito son amigos del gobierno, ¿por qué el silencio de Uribe sobre todas estas implicaciones?

–Si la parapolítica le hace tanto daño a la Patria, ¿por qué Uribe, que dice amarla tanto, la emprende contra los denunciantes y no contra los denunciados?

–SI el país está cada día peor y cada mañana amanece con un nuevo escándalo, ¿por qué los encuestadores de cabecera del régimen siguen mostrando indicadores de popularidad hacia Uribe?

–Si Jaime Gómez, investigador social y líder sindical fue desaparecido y asesinado de manera oscura y dudosa, ¿por qué Uribe se apresuró a decir, aún antes de las investigaciones judiciales, que todo había sido un accidente?

–Si el general Rito Alejo del Río estaba siendo investigado por 207 casos de ejecuciones extrajudiciales en el Urabá antioqueño, ¿por qué el entonces fiscal Luís Camilo Osorio, tan proclive  a la impunidad, determinó la preclusión del caso, y ambos siguen muy orondos?

–Si Rosemberg Pabón y otro amigo suyo, que cuando pertenecieron al M–19 participaron en hechos sangrientos, ahora son buenos, en tanto son uribistas ¿por qué otros ex miembros del M–19, que ahora son del Polo Democrático, en razón de esto y sólo por eso, resultan ser malos?

–Si los expedientes de la parapolítica se basan en denuncias, ¿por qué son falsas para el alto gobierno, si hacen referencia a ellos, pero ciertas, si mencionan a los demás?

–Si las declaraciones de Rafael García fueron suficientes para apresar a varios políticos, ¿por qué no lo han sido para encarcelar a Jorge Noguera?

–Si la parapolítica está que arde y cada día surgen nuevos implicados (políticos, generales, empresarios, etc.), ¿por qué algunos analistas insisten en que, si todos son culpables, a nadie se puede acusar?

–Si los hostigamientos al senador Petro tienen rúbrica oficial, ¿por qué Uribe se hace el de la vista gorda?

–Si algunos de los firmantes del Pacto de Ralito alegan en su defensa haber sido amenazados, ¿por qué no renunciaron a sus aspiraciones electorales, si eran ajenos al proyecto de “refundar” la patria?

–Si estos señores (los de Ralito), supuestamente buscaban la paz de Colombia, ¿por qué tenían puesta la mira en la guerra?

–Si el coronel Alfonso Plazas (el que metió el tanque al Palacio de Justicia, dizque para “salvar la democracia, maestro”), dice que es inocente de las muertes y desapariciones de ese día, ¿por qué palideció y empezó a balbucear, cuando el fiscal que lo interrogaba le mencionó a Irma Franco, a Carlos Rodríguez y a Cristina Guarín, sobrevivientes del incendio y del fuego cruzado, y conducidos por miembros del Ejército a la Casa del Florero, pero que después desaparecieron?

–Si los magistrados Carlos Urán y Manuel Gaona fueron asesinados (según testimonio del general Arias Cabrales) por el M–19, ¿por qué sus nombres aparecen como guerrilleros en una lista del antiguo B–2 del Ejército y la billetera de Urán, con un orificio de bala, está en una bóveda de la Brigada XIII?

–Si la dirigencia colombiana siempre ha aceptado la condición de patio trasero de Estados Unidos, pese a la reprobación del país nacional, ¿por qué, ahora que Uribe protesta, todos corren a denigrar de la sempiterna genuflexión?

 –Si Uribe quiere condonar, sin ser juez ni legislador, las penas de los implicados en la parapolítica, ¿por qué le sigue poniendo trabas al acuerdo humanitario, ese sí, un acto del Ejecutivo?

–Si el “Libro de la Uribe–Meta” denunciado por Noguera es, según él, tan peligroso, ¿por qué sólo ahora lo denuncia y no lo hizo cuando ‘dirigía’ el DAS? ¿Será otra cortina de humo?

Valledupar, 29 de mayo del año 2007

El atajo hacia la impunidad

Desgraciadamente para Colombia, las predicciones sobre Uribe, cuando se lanzara hace seis años por primera vez a la presidencia, han resultado ciertas.

En ese entonces, se dijo que su afán por alcanzar la primera magistratura, estaba signado por la sed de venganza y el tiempo lo ha comprobado. Por supuesto que las FARC no han hecho nada por evitar los merecidos epítetos con los que se las señala.

Después, se dijo que su política de seguridad democrática, sin el debido respaldo de equidad social, no sería la solución a los problemas del país y el tiempo, nuevamente, ha demostrado el aserto. La guerrilla sigue viva y dando que hacer. Mientras tanto, el hambre, el desempleo, las desapariciones forzosas, el desplazamiento (también forzado), como nunca antes, aumentan día tras día.

Recién posesionado, habló de su promesa de candidato de acabar con la corrupción y la politiquería y ahora, más que nunca, son tan vergonzantes para Colombia estos dos cánceres administrativos. Su ex fiscal general, su ex director del DAS, sus parlamentarios más afectos, están envueltos en investigaciones por corrupción o por concierto para delinquir. Su mismo ministro de Defensa está señalado por haber tratado de establecer alianzas nada recomendables en el no muy lejano pasado. No obstante, este ministro, en su soberbia e insolencia, se pavonea y dice que “…primero se cae la Torre de Pisa…”, antes de que él renuncie.

Con el paso de los meses, se mencionó que Uribe era demasiado parcial con sus amigos (políticos, empresarios, ganaderos, etc.) y, sus últimas actuaciones, están demostrando que su principal interés no es, ni mucho menos, el bienestar de la Patria (a la cual él dice amar y, cada vez que la nombra, se pone la mano derecha en el corazón, en señal de ese amor filial). No. Más bien su inclinación está orientada hacia el provecho propio y el de sus más cercanos afectos. Por eso, cuando surgió el escándalo de la parapolítica, no dijo nada. Sólo habló para decirles a sus parlamentarios parciales, “…voten las iniciativas oficiales, mientras no estén presos…” Ahora, cuando ya están envueltos familiares suyos, entonces decide sobreseer a los implicados, ¿Qué significa esto? ¿Sobreseer a los corruptos, solamente porque el escándalo puede salpicar a sus más allegados? Cuando se sabe que estos individuos (políticos, empresarios, ganaderos, etc.), se aliaron con los paramilitares, dizque para “refundar” la Patria y, en realidad, lo que hicieron fue saquearla.

¿Por qué, ahora, cuando se ven venir confesiones, tal vez, comprometedoras hacia personas demasiado cercanas a él, decide dar el salto al vacío sin medir, acaso, las consecuencias? ¿Por qué ese afán de última hora de soltar guerrilleros, sin que medie voluntad de los subversivos por liberar a los centenares de secuestrados? ¿Será otra forma de desviar la opinión sobre la preclusión de los delitos cometidos por miembros del Estado y por personas afectas a él, en la tan nefasta alianza con los paramilitares?

Esta decisión si llegara a cristalizarse y convertirse en ley, no sería más que la culminación del más vergonzoso caso de impunidad en la historia del país, si no de la humanidad.

¿Cómo así que, quienes financiaron, alentaron y se beneficiaron con el peor acto de depredación humana de la vida nacional, vayan a salir indemnes, sin responder, ni siquiera un ápice ante la sociedad, por sus delitos?

Y volvemos a caer en el mismo llano de siempre. El Ejecutivo usurpando las funciones de los otros poderes públicos. Ni más ni menos que a la usanza de las épocas feudales, cuando el monarca lo era todo, amo y señor de vidas y haciendas, y decía la última palabra.

No obstante lo anterior y pensando en el bienestar de Colombia, recordemos a Luigi Pirandello, Nobel de Literatura en 1934 y, metamorfoseando el parlamento de una de sus comedias, digámosle a Uribe: “–¡Atención, los pies, doctor, los pies! –¿Los pies? ¿Por qué? –Sí, doctor, los pies. Usted va con pies de vidrio a conversar con quienes tienen pies de hierro.”

Valledupar, 5 de junio del año 2007

Vergüenza tras vergüenza

En razón de la brevedad del espacio, vamos a limitarnos a las de los últimos meses. Son las vergüenzas que la dirigencia política del país, ocasiona a Colombia, ante el ámbito mundial.

Primero fue la calurosa recepción  que muchos dirigentes locales le hicieran a “Jorge 40”, el día en que, como reo confeso, se iba a entregar a la Fiscalía. Después, fue el escándalo de la parapolítica que salpicara a dirigentes regionales y nacionales.

Más tarde, vendría el sainete de la detención del ex jefe del DAS, quien había sido premiado con el consulado en  Milán, como primer acto de la pantomima; el segundo acto sería la serie de visitas que su abogado defensor hiciera al Palacio de Nariño, en búsqueda de directrices sobre el decurso del proceso. Y el telón caería, cuando, mediante argucias leguleyas, el reo es liberado por supuestas fallas en el debido proceso.

Luego, las mentiras del Ministro de Defensa a los miembros del Senado y a la opinión pública nacional, con respecto a las interceptaciones telefónicas y a sus alianzas para derrocar a Samper. Amén de sus inoportunas e inconstitucionales intervenciones en deterioro de las relaciones con Venezuela.

Días después, el atajo hacia la impunidad, con la vergonzosa artimaña de Uribe para lograr pasar de agache ante la opinión pública, en lo referente a la preclusión de paramilitares y sus aliados (políticos, empresarios, ganaderos, etc.), al jugarse la carta de la liberación de guerrilleros a cambio de nada y, así, quedar como un príncipe cuando ordene el rescate a sangre y fuego de los secuestrados.

Ahora, la última vergüenza nos la causan unos presuntos líderes comunales del Urabá antioqueño (tan raro…), cuando realizan una marcha de solidaridad con el “Alemán”, paramilitar de esa región, el día que se entrega a la Fiscalía.

Y así, una tras otra, van desgranándose las vergüenzas que, día a día, van cayendo  en la faz de Colombia, enlodando más aún su imagen ante la opinión mundial, ya no únicamente a cargo de sus dirigentes políticos  y gremiales; sino, también, por cuenta de líderes comunitarios (Cesar y Urabá, entre otros). Vergüenzas que muestran a nuestra nación, ante los ojos del orbe, como un país de cafres. Tal como lo señalara, hace más de medio siglo, el Maestro Echandía.

Un país, en donde quien tiene el poder, hace lo que le da la gana, sin importarle las leyes que quebrante, ni los principios éticos y morales que pisotee, con tal de lograr salirse con la suya. Con esta dirigencia colombiana, Maquiavelo se quedó corto en sus apreciaciones sobre el cinismo del Príncipe, cuando afirma que “…el fin justifica los medios…” Esta dirigencia nacional, que lo pone a uno a pensar, cuanta razón tenía Nietzsche al decir, “…mientras más conozco a los hombres, más amo a mi perro…”

Amable lector, ciudadano que te preocupa el bienestar de tu región, el desarrollo de tu entorno, que te sientes asqueado por tanto lodo que echan en el rostro de la Patria estos políticos y dirigentes, sean locales, regionales o nacionales, cuyo único interés es su propio bienestar y el de los suyos, sin importarles la suerte que corra el resto de la gente; lector que no ves con buenos ojos el proyecto de “refundar” la Patria; que consideras que con mentiras no se gobierna ninguna comunidad, sea nacional, regional o local; lector que piensas que, mientras siga esta situación de desequilibrio social y económico y mientras persistan las componendas tras bambalinas, nuestra democracia seguirá siendo una democracia de papel y ,así, nuestra ciudad, nuestra región, nuestro país, seguirán siendo feudos podridos; en fin, amable lector, que deseas un verdadero cambio en el manejo de la cosa pública, recuerda que, en el próximo mes de octubre, tienes la oportunidad de hacer valer tu sagrado derecho al sufragio.

Observa bien a los candidatos y, más que sus promesas, mira mejor sus nexos políticos actuales y los del inmediato pasado, al igual que sus actuaciones públicas. Recuerda que no se debe votar con el estomago, ni con el bolsillo, ni siquiera con el corazón; el voto se debe meditar, para que sea el producto de la razón, de la sensatez, de la inteligencia, con la mente puesta en el bienestar de la mayoría y no en el del candidato.

Valledupar, 12 de junio del año 2007

Contubernio malévolo

Los dos canales privados de la televisión colombiana y muchos medios impresos y estaciones radiales, son aliados del Establecimiento. En sus noticieros diarios, la televisión privada (pues a la pública le toca) muestra, los hechos ocurridos en el país y en el mundo, cuidándose muy bien de no ilustrar todo aquello que pueda lesionar a su aliado, el Estado.

Estos noticieros privados tienen cuatro emisiones diarias, en cada una de las cuales repiten mucho de lo ya mostrado en las inmediatamente anteriores y, a veces hasta la saciedad, pasan lo mismo que ya mostraron dos o tres días antes. Sobre todo, cuando se trata de noticias que mejoren la imagen del Gobierno o de reseñas sobre el deporte o la farándula, en cuyo caso la repetición es hasta el hartazgo. Sin tener en cuenta que, habitualmente, los espacios de farándula y deportes, en cada emisión, copan más del 50% del total del tiempo del noticiero. Esto último hace parte de la política del circo a cambio del pan.

Además, en estas emisiones de la televisión privada hay una serie de constantes que se repiten continuamente. La primera de ellas (entendible en razón del espíritu comercial que anima a sus propietarios y que no es el motivo de esta columna), es la sobredosis de mensajes comerciales. Que si todos fueran amenos, hasta agradables serían estos cortes. Pero hay algunos, como  los de la Comisión Nacional de Televisión que, por lo sosos e inocuos, llaman al aburrimiento. Por supuesto, al televidente le queda el expediente del cambio de canal.

La segunda de las constantes es la del batir el incensario para alabar al socio estatal, acompañada de la omisión de noticias y de hechos que puedan dañar la imagen de este último, a sabiendas de que la política del silencio es más perjudicial para el país nacional, que la del afán laudatorio. Aquí, también, el televidente recalcitrante puede recurrir a su control remoto y pasar a otro canal

Pero es innegable que el desparpajo de estos noticieros (o ¿sería mejor, decir de sus directores o de sus propietarios?), con el cual desvirtúan el verdadero sentido de medio de comunicación que le da su razón de ser, es lo más detestable. Pues no es ponderado que oculten lo que pueda lesionar al gobierno y difundan sólo lo que lo enaltezca, siguiendo, así, las pautas trazadas por el Ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels: “Se deben acallar las cuestiones que favorezcan al adversario y engrandecer las propias.”

Sin ir muy lejos, en las últimas semanas, cuando el paro nacional de profesores, acompañados de la mayoría de su alumnado, como protesta a la reforma a la Ley de Transferencias, estos noticieros de la televisión privada en Colombia, solamente mostraron las imágenes en donde aparecían maestros y estudiantes defendiéndose de la agresión de la cual eran objeto por parte de la Fuerza Pública; pero, de tal manera manipuladas las imágenes, que podían prestarse a confusión ante la opinión pública, sobre todo, por el adocenado malévolo de los comentaristas. Allí, jamás mostraron una sola imagen en donde se pudiera leer el contenido de las pancartas que portaban los manifestantes, quienes, dicho sea de paso, iniciaron sus marchas en paz. En estos mensajes, los manifestantes invitaban a la opinión pública a solidarizarse con la protesta ante el atropello que se cuece en el Congreso, cuando disminuyan o sean suspendidas las transferencias con destino a la educación pública.

Tampoco mostraron estos noticieros privados, los comentarios que docentes y discentes argüían a favor de la estabilidad y la continuidad del derecho a la educación de las clases menos favorecidas por la fortuna. Solamente mostraron las imágenes que pudieran desvirtuar el idealismo de los manifestantes. Como dijera Otto Von Bismark: “Nunca se miente tanto, como antes de elecciones, durante la guerra o después de la cacería.”

Con razón, a algunos retrógrados se les escucharon comentarios de este jaez: “¡Esos profesores son locos o brutos! ¿Qué puede preocuparles lo que ocurra en el 2017?” Los adagios, siempre cargados de sabiduría, nos traen una perla al respecto: “La ignorancia es atrevida.” Pues, quienes así se expresaban, olvidan que, de pasar la reforma a la Ley de Transferencias, las repercusiones afectarán a sus propios hijos o a sus nietos. Pero, ¿qué se puede hacer, ante la estulticia?

Valledupar, 19 de junio del año 2007

Disquisiciones sobre el amor

El otro día, tropecé por mera coincidencia con dos historias en las cuales el protagonista es el amor. Ambas conmovedoras y en las dos se ve, hasta donde puede llevar el amor; ese amor verdadero, desinteresado, magnánimo, que es capaz de los mayores sacrificios.

La primera cuenta la historia de un adolescente que perdió la vista en un accidente que le dañó ambas retinas. A partir de ese día, sólo se amó a sí mismo y a su novia, con quien algún día se casaría. A sus padres y hermanos les guardaba rencor, por considerarlos culpables de su accidente. No obstante, ellos no perdían las esperanzas de un trasplante. Un día les avisaron de la clínica que había un donante. Alborozados, llevaron a su hijo, quien luego de unos días salió recuperado. Dos semanas después lo visitó su novia. Luego de saludarse, ella le dijo: “Ahora sí nos podemos casar.” Él, al observarla mejor, le contestó: “No, porque tú estás ciega.” Ella, triste y conmovida, salió de la habitación, no sin antes dejarle una nota que decía: “Que Dios te guarde y te ayude a cuidar tus ojos que, antes, eran los míos. Adiós.”

La otra historia nos da cuenta de una pareja de novios que se amaban y estaban próximos a casarse. Un día, ella se sintió mal y fue al médico, que le diagnosticó una enfermedad degenerativa en el rostro, que terminaría por deformarse. Luego de apurar el trago amargo, llamó a su novio y le comunicó la mala noticia y que, por eso, debían romper el compromiso.

Pocos días después él le devolvió la llamada y le contó que, no sabía por qué, estaba perdiendo la visión. Unas semanas después, la volvió a llamar para darle la mala noticia de su ceguera total y le dijo, además, que en vista de esto, bien se podrían casar, pues ya no habría razón para que ella se avergonzara ante él por la deformación de su rostro.

Se casaron y vivieron felices muchos años. Ella con su fealdad y él con su ceguera. Ya ancianos, ella enfermó y murió. Durante el sepelio, el anciano iba y venía, sin ninguna dificultad, de un lado para otro. Intrigado, un amigo de toda la vida, le dijo: “Oye, ¿tú no estabas ciego?” El anciano respondió: “No, nunca estuve ciego. Fingí estarlo para que ella no se avergonzara ante mí. Tanto la amaba y aún la amo, que su accidental fealdad física nunca significó nada para mí.”

Cuando el cansancio y las tinieblas quieran tomarte y llenarte de pensamientos negativos y destructores, sonríe y da gracias a Dios porque estás vivo y todavía andas por aquí. Esta vida, para nadie, es eterna. Tarde o temprano, terminará. Por eso, considérala un regalo, una aventura, una celebración, un hermoso viaje. Disfrútala. Puede ser más corta de lo que tú crees. Y, cuando te vayas, procura no dejar odios ni resentimientos. Para que todos los que te conocieron y te trataron, así no hayan aprendido a amarte, por lo menos, puedan guardar un recuerdo grato de ti y de tu paso por el mundo. No le quites nada a nadie. Mucho menos la honra. No murmures de los demás. Sé justo con todos. No le des a nadie más, pero tampoco menos, de lo que merece. Mas, no obstante, denuncia al delincuente; porque, de lo contrario, serás su cómplice.

Sé solidario con tu prójimo, es decir, aquel que está cerca de ti. No permitas que la indolencia forme una coraza de apatía en tu corazón. Ni, tampoco, consientas que el dolor ajeno te deje imperturbable. Que tu sentido de la equidad, te lleve a sentir como propia la herida del desvalido. Y, sobre todo, recuerda que, tu bien más preciado es tu honestidad, es decir, tu certeza de haber obrado bien. Pero, también, lo es tu honradez, o sea, el convencimiento que tengan los demás sobre tu buen comportamiento.

Por eso, antes de decir algo destructivo, piensa en los que no pueden hablar. Antes de quejarte del sabor de tu comida, piensa en los que no tienen que comer. Cuando tengas que quejarte de tu pareja, acuérdate de los corazones solitarios y tristes que añoran la compañía de la persona amada. Si piensas quejarte de tus hijos, piensa antes en quienes no los tienen y los desean. Antes de enojarte con tus padres, recuerda que ellos han hecho lo mejor que han podido por ti. Y, también, piensa en todas aquellas personas que ya los perdieron y que, con seguridad, darían la mitad de su vida por volverlos a tener. Cuando estés cansado y reniegues de tu trabajo, no olvides a los millones que están desempleados y quisieran tener un trabajo.

Por último, no olvides que lo que más le agrada a Dios, después de la pureza de tus actos, es tu humildad ante la vida. Por eso, no seas soberbio, para que después no tengas que sentirte humillado.

Valledupar, 26 de junio del año 2007

Odio, rencor e indolencia

El pasado jueves, bien temprano, Colombia se estremeció por una noticia escalofriante: once compatriotas, de los miles que la subversión mantiene  retenidos en las selvas del país, murieron abaleados. Once de los doce diputados del Valle del Cauca, secuestrados por las FARC en abril del 2002, cayeron víctimas de las balas; aunque, en verdad, fueron víctimas del odio, el rencor y la indolencia. Esa es la verdad escueta.

Claro que los dos bandos dan, cada uno por su lado, su propia versión. El Estado, por boca del mismo Presidente, quien fuera repetido por su Ministro de Defensa, acusó a las FARC de una ejecución masiva e irracional y, sin ningún motivo, inmolaron a los once diputados.

Por otro lado, las FARC en el comunicado en cual anunciaron la muerte de los diputados, indican que el hecho fue producto del fuego cruzado que se desató entre miembros de uno de sus frentes y un grupo militar no identificado.

Al país le queda la duda. Los once diputados, ¿fueron víctimas del fuego cruzado o perecieron inmolados? Cada colombiano puede darse la respuesta que le parezca. De todas maneras, los once diputados vallunos no podrán recuperar su libertad física. Su muerte desgarra el alma de la Nación.

No obstante, hay un hecho irreversible. Hayan sido ejecutados o hayan muerto como víctimas del fuego cruzado, la verdad es que si se hubiera dado el acuerdo humanitario, este sacrificio no se habría presentado y, hoy, once familias no estarían de duelo y el país esperaría su pronta liberación. ¿Por qué las FARC insisten en su obcecada actitud destructora? ¿Por qué, si Uribe les despejó a los paramilitares, Santa Fe de Ralito, no hizo lo mismo con las FARC en Florida y Pradera? ¿Por qué, siempre que ha tenido la oportunidad, ha insistido en el rescate a sangre y fuego? ¿Hasta dónde van a llevar a Colombia, con su odio y su rencor? Todo el país ha dado muestras del repudio que el secuestro le motiva. Nadie comparte los medios utilizados por las FARC. Su apoyo al narcotráfico y el uso del secuestro, ya hicieron olvidar el halo romántico de la justicia social que esgrimieran en un principio. Empero, también es cierto que la mayoría de los colombianos esperamos aún, a pesar de todo, el acuerdo humanitario, como única solución al problema de los miles de secuestrados. Más aún, muchos esperamos que, además, se dé la libertad de los miles de desaparecidos a manos de militares y de paramilitares o, al menos, se sepa qué pasó con ellos. Es decir, si murieron, ¿dónde están sus restos?, si todavía están vivos, ¿cuándo volverán?

Todos a una sola voz, los colombianos (bueno, el país nacional; pues al otro país, la indolencia no lo deja ver un palmo más allá de sus narices), clamamos por el regreso de los secuestrados, de los desaparecidos y de los presos injustamente. Y si ya murieron, la devolución de sus cadáveres; para que sus familiares salgan del drama en que esta situación los tiene sumergidos. Pero, para lograr esto, se necesitan actos, punto menos que difíciles, pero no imposibles: magnanimidad de las FARC, cese al odio y al rencor de Uribe y un no rotundo a la indolencia de la casta dominante.

No obstante, a nosotros los creyentes, nos queda otra posibilidad: pedirle a Dios que ablande los corazones de quienes tienen en sus manos la suerte de miles de compatriotas. Pues para desgracia de ellos, sólo la bondad, el perdón y la solidaridad, les podrá devolver la libertad. Y solamente Dios puede concitar el corazón de los actores del conflicto.

Finalicemos, recordando a Mohandas Karamchad Gandhi (el Mahatma, la Gran Alma, como lo llamara el poeta bengalí, Rabindranath Tagore), el profeta de la no violencia que, con su actitud pacifista, doblegó al Imperio Británico, el más poderosos de la época y parafraseemos una de sus tantas sentencias llenas de sabiduría: “Que Dios haga más sabios a nuestros dirigentes [y a quienes tienen en sus manos a los secuestrados y a los desaparecidos], con el fin de que nuestro país, por fin, conozca la felicidad y viva en paz [pues] efímera es la primavera en el jardín del mundo. ¡Apresúrate a contemplar el grandioso espectáculo antes de que desaparezca!”

Valledupar, 3 de julio del año 2007

Las marchas

La respuesta de los colombianos al llamado para protestar contra el secuestro, fue casi unánime. En todas las ciudades del país, la gente marchó en señal de solidaridad.

Sin embargo, esas marchas multitudinarias no fueron, ni mucho menos, un plebiscito al Gobierno. Fue una protesta contra el secuestro, un clamor vivo por el acuerdo humanitario, un no rotundo al rescate a sangre y fuego; en fin, un llamado a los actores del conflicto, para que no haya más secuestrados, para que cesen las barbaries.

No obstante, el Ministerio de Defensa corrió a editar algunas imágenes de las marchas, para sacar un mensaje institucional a favor de la  desmovilización, sin decir nada de lo demás. El mismo Presidente ya había madrugado para agradecerle a Colombia por haber marchado, como si el acto solidario ya comentado, no hubiera sido en pro de los secuestrados, sino de respaldo al gobierno. Y ni qué decir de los noticieros de la televisión privada. Allí se hicieron lenguas sobre el supuesto respaldo al Gobierno. Y, entonces, es cuando se siente ofendido el ciudadano, porque se da cuenta, de inmediato, de que quieren manipularlo, de que han querido engañarlo, de que están subestimando su inteligencia.

Ya hace más de veinte años, una vez se nos dijo que pintando palomas blancas en los andenes, en las paredes, en las vallas y en cuanto sitio libre hubiera, volvería la paz. Y millones de colombianos ilusos lo hicieron. Entonces el gobierno de turno, presidido por un paisano del actual mandatario, aprovechó la oportunidad para decir que la multitudinaria respuesta, en razón de los millones de palomas blancas pintadas, era un respaldo a su gobierno. Empero, al no hacer nada por la búsqueda de la paz y sí mucho en pro de la guerra, la violencia continuó y sobrevino lo del Palacio de Justicia.

Por eso, Uribe no puede dormirse en los laureles y creer que con las marchas de la semana pasada, ya están vencidas las FARC o, al menos, convencidas. No, todo lo ocurrido el jueves pasado, no fue más que un clamor general por el acuerdo humanitario, un no total al secuestro.

Pero también, preguntémonos, ¿cuándo habrá marchas por la devolución de los cadáveres de los miles de campesinos aserrados para robarles sus parcelas?, ¿cuándo habrá marchas para protestar por la desaparición forzosa?, ¿cuándo se clamará por las víctimas de Cajamarca, Tacueyó  y tantos otros sitios más de nuestra geografía, en donde miles de campesinos han perdido la vida en esta absurda guerra? Todo esto, siempre y cuando se crea que las solas marchas y el simple batir de pañuelos blancos o el pintar palomas, sirvan para ablandar los corazones de los tres bandos actores del conflicto: Estado, paramilitares y guerrilleros.

Por último, recordemos lo  que alguna vez se dijo en esta columna: “…la paz interior y familiar, es responsabilidad de cada cual, pero la paz social es un compromiso del Estado.” Hoy, debemos agregar que la paz también es un derecho del ciudadano y un deber del Gobierno y, para lograrla, se requieren políticas de Estado y no solamente marchas. No importa lo multitudinarias que éstas sean. Pues, con ellas se muestra la solidaridad del país, pero no se liberan secuestrados ni desaparecidos. Qué pena tener que bajar de las nubes a tantos colombianos buenos y por lo mismo ingenuos, que aún creen en pajaritas embarazadas.

Valledupar, 10 de julio del año 2007

El colombiano más vulnerable

No, amable lector, no es Emmanuel, el hijo de un guerrillero y Clara Rojas, amiga y colaboradora de Ingrid Betancourt. Tampoco lo es alguno de los miles de niños, que padecen de inanición y que malviven en ciertos pueblos de Chocó, Urabá, Cauca, Córdoba o cualquier otro lugar de Colombia. Ni mucho menos, cualquiera de los millones de desplazados que deambulan por las calles de las ciudades colombianas, suplicando un mendrugo de pan y que han sido víctimas de alguno de los tres bandos del conflicto armado que azota a Colombia, años ha. Ni siquiera es uno de los miles de ancianos que, después de trabajar durante 30, 40 ó 50 años, hoy reciben una mísera pensión que no les permite vivir decorosamente, o alguien de los que hasta de pensión carecen.

Tampoco el colombiano más vulnerable es alguno de los miles de secuestrados que se pudren en las montañas de Colombia y que imploran por el acuerdo humanitario, como única solución viable a su cautiverio; ni mucho menos lo es cualquiera de los desaparecidos, que desfallecen en alguna mazmorra oficial o paraoficial.

No, estimado lector. El colombiano más vulnerable es el propio Estado, pues no tiene quien lo defienda del apetito voraz e insaciable de los ladrones de cuello blanco que lucran en su entorno y, día tras día, saquean sus arcas; robándose (bajo la mirada impasible y, por tanto, cómplice por omisión, de los funcionarios de los organismos de control: Senado, Cámara, Contraloría, Procuraduría, Fiscalía, etc.), el dinero que debía invertirse en mejorar, así fuera levemente, la situación precaria e infrahumana en que viven millones de compatriotas desvalidos.

Si usted, amable lector, cree que esto es producto de una mente calenturienta de algún iconoclasta, de algún resentido, de alguien que denigra de las instituciones, se equivoca. Esta es la triste realidad de un país que ha sido robado desde siempre y por siempre. Para muestra hay botones en exceso. Miremos algunos, tomados al azar y en los cuales la constante ha sido el saqueo a través de demandas a cargo de abogados sanguijuelas, apoderados de contratistas del Estado o de éste mismo, que exprimen el erario de manera inmisericorde, sin que nunca nadie, dentro del aparato estatal, se inmute.

INVIAS pagó a Conigraves, $89.000.000.000, por una demanda en la cual el defensor del Estado, además, se alzó con $1.648.000.000 por honorarios. INVIAS, también, pagó a Coviandes $94.000.000.000, por una demanda en la cual, el abogado defensor, no hizo absolutamente nada por salvar el patrimonio público.

Dragacol perdió más de $26.000.000.000, gracias a los malos manejos de su gerente, Mauricio Cárdenas quien, por ser una vaca sagrada, hijo de otra vaca sagrada, nunca fue sancionado. Más aún, como es muy usual en las altas esferas del Ejecutivo, hoy goza de un ostentoso cargo en la nómina oficial.

La Nación perdió en Foncolpuertos miles de millones de pesos sin que, hasta el momento, haya algún detenido por el desfalco. El Seguro Social fue saqueado y tampoco hay culpables por el robo. Y, así, se podrían seguir desgranando casos y más casos en donde el damnificado es el Estado colombiano. Ese ente que es de todos y es de nadie. Ese acaudalado ser abstracto que es saqueado día a día sin que alguien se desconcierte. Por el contrario, sus malversadores son premiados con cargos de mayor rango; como si se quisiera que tuvieran mayores posibilidades, de explotar esa rica veta, que les permitan acrecentar sus mal habidas fortunas personales.

Si consideramos que criminal no es solamente quien le quita la vida a sus semejantes; sino que también lo es quien les cercena sus posibilidades de desarrollo, entonces, estos ladrones de cuello blanco, son los peores criminales del mundo y, quienes los protegen, son sus cómplices. Con razón, Honoré de Balzac decía: “Buscad detrás de cada fortuna y encontraréis un crimen.”

  1. S. Qué vergüenza lo del sainete protagonizado por el flamante cónsul de Colombia en Barquisimeto. Primero, da certificaciones de supervivencia, con la sola constancia de la voz telefónica del presunto solicitante. Luego, se hace reo por complicidad cuando, al saber de la presencia de un prófugo, no lo denuncia. Porque no puede ser que todo el mundo supiera de la orden de captura contra el ex ministro Araujo Noguera, menos el Sr. Cónsul. Quien, por último, da explicaciones tan peregrinas, que sólo hacen enredar más todavía el libreto de la pantomima. Sus declaraciones, en verdad, son un verdadero galimatías. Y pensar que este señor fue alcalde de Valledupar. ¡Qué vergüenza!

Valledupar, 17 de julio del año 2007

La Patria

Es el lugar donde uno nace y, por eso, algunos confunden la noción de patria con la idea de nación. Sin embargo, este último concepto hace mención, más a las personas que comparten elementos étnicos, idiomáticos y religiosos que a los contornos geográficos; pues, no pueden ser unas simples fronteras las que puedan determinar esos elementos que conforman el sentido de identidad. Por tanto, el concepto de nación es más objetivo que la noción de patria, ya que ésta surge del ejercicio de subjetivar los elementos nacionalistas que, por ser tan relativos, se pueden tornar ambiguos y, entonces, no falta quien confunda la patria (ese lugar geográfico de donde se es oriundo) con los símbolos que la representan, vale decir, una bandera, un himno, un escudo.

Pero el sentido de la patria va más allá de eso e, inclusive, trasciende los límites de sus contornos. La patria es, en realidad, la interiorización de los elementos que conforman la nación; elementos que son compartidos por una comunidad de personas: idioma, religión, raza, expresiones culturales y territorio que hacen que se conforme una verdadera identidad nacional.

Así fue concebida desde los albores de la civilización. Así predominó en las culturas helénica y latina y así se expandió por todo el Imperio Romano. Ese concepto sólo se vio menguado en la Edad Media, debido a la sociedad feudal imperante para esa época. Pero al desatarse la Revolución Francesa y sus hijas, las revoluciones independentistas en América, renacieron los conceptos de patria y nación, con sus asideros indispensables de identificación cultural.

Por eso da tristeza ver cómo, hoy, se ven disminuidos algunos componentes culturales en nuestro suelo patrio. De las expresiones artísticas, innegables muestras de la cultura de una nación, solamente la literatura, la escultura y la pintura se han salvado de esa pérdida de identidad. La música es hoy en día, en Colombia, una pobre hijastra de los ritmos y expresiones que la hicieran sobresalir en el ámbito mundial. Ya no se oyen porros, ni fandangos, ni cumbias, ni mapalés, ni bambucos, pasillos o guabinas. De pronto se escucha en la radio un verdadero vallenato, pues ahora la moda es ese ritmo híbrido tocado con acordeón. Y, del idioma, ni hablar. Son tantos los modismos y los errores de sintaxis que, como van las cosas, estamos en la senda de un nuevo papiamento.

Pero volvamos al concepto filosófico de patria. Debido a su carácter subjetivo, la patria es algo que se lleva en la mente (y también en el corazón, dirá el poeta) y, por eso, se la ama o se la desprecia, se la ignora o se la tergiversa. Esto último puede causar un amor rayano en el fanatismo o un odio que colinda con la intransigencia. Cuando la tergiversación del amor patrio es espontánea, la mayoría de las veces es inocua y surge, casi siempre, de la ignorancia. Pero si ese falseamiento es producto del adoctrinamiento, entonces, es un crimen de lesa patria; no para el adoctrinado (casi siempre un ignorante),  sino para quien alecciona, pues éste se vale de la inferioridad académica de aquél.

El amor moderado a la patria, se llama patriotismo. El amor exacerbado hacia ella, ya es patrioterismo. Quien odia a su patria es un apátrida y el indiferente hacia su terruño, es un desnaturalizado. Víctor Hugo, en su idealismo, hablaba del patriotismo humanitario, en donde la humanidad toda fuera una sola patria sin fronteras ni ejércitos. Al fin y al cabo, éstos se justifican solamente por aquéllas.

Entonces, si ya hemos analizado los diferentes sentimientos hacia la patria, cada uno con nombre propio, ¿cómo llamaremos a aquellos que saquean las arcas de la patria? ¿Qué nombre pondremos a quienes dilapidan su erario? ¿Cuál será el epíteto apropiado para los que, por su irrefrenable ambición, impiden el desarrollo patrio? ¿Qué calificativo darles a sus cómplices, por acción u omisión? Aquellos que permiten a otros alzarse con el tesoro público o, debiendo y pudiendo impedirlo, no lo hacen. Aquellos que viven de la corrupción administrativa, bien ejerciéndola, bien arropándola con la impunidad. Porque todos estos, junto con quienes secuestran a sus compatriotas o los desaparecen o los asesinan o los torturan, son los criminales de la patria.

Por todo lo anterior es más patriota quien denuncia, con entereza y valor, a estos criminales, que aquel que siempre iza la bandera o se pone en pie y canta el himno nacional con la mano derecha sobre el lado del corazón. Al final, estas manifestaciones externas, no son más que formas diversas de patrioterismo barato.

Valledupar, 24 de julio del año 2007

Uribe el lingüista

La sedición es el delito contra la seguridad del Estado, que comete quien se alza públicamente contra las autoridades estatales o quien intenta atacar con armas a miembros del Gobierno. El delito se consuma en el momento de iniciarse el alzamiento, aunque no se consigan los fines propuestos. La sedición con frecuencia incluye la subversión de la Constitución y la incitación al descontento o resistencia a la autoridad legítima.

Este delito es tan antiguo como la misma humanidad. A Moisés, en pleno éxodo hacia la tierra prometida, quisieron rebelársele los sediciosos Coré, Datán y Abirón. En épocas modernas, apareció por primera vez en la era Isabelina (finales del siglo XVI), referida al hecho de «incitar el desafecto hacia el Estado o la autoridad constituida por medio de las palabras o escritos», cuando, tras la ejecución de María Estuardo, se sublevaron algunos condes católicos.

Pues bien, la sedición presupone, entonces, la enemistad de los sediciosos y el Estado legítimamente constituido. Por tanto, jamás podrá darse entre éste y los estamentos que lo apoyan o apoyaron en el inmediato pasado, como es el caso de los paramilitares en Colombia, pues, según su propia confesión (no negada en ningún momento por el Establecimiento), ellos -los paramilitares- surgieron como soporte de los militares contra la guerrilla, en las zonas donde el Estado no podía hacer presencia. Hasta aquí, el enfoque lingüístico-filosófico.

Ahora bien, jurídicamente hablando, ya la Corte Suprema de Justicia se pronunció al respecto, en un comunicado del pasado 11 de julio: «Aceptar que en lugar de concierto para delinquir, el delito ejecutado por los paramilitares [con la connivencia de políticos, empresarios y militares] constituye sedición, no sólo equivale a suponer que los mismos actuaron con fines altruistas; sino también burlarles a las víctimas y a la sociedad el derecho a que se haga justicia.»

La Sala Penal, la misma que ha llevado los procesos contra los políticos acusados de haberse beneficiado de la parapolítica, hizo una clara advertencia frente a la posibilidad de revivir una norma que le daba al paramilitarismo estatus de delito político y que algunos sectores del Congreso han estado interesados en promover, al seguir directrices del Ejecutivo.

Ese artículo de la Ley de Justicia y Paz se cayó, por razones de trámite, en la revisión de la Corte Constitucional. Ahora la Corte Suprema va más allá y afirma que era «una norma contraria a la Constitución Política, que desconoce la jurisprudencia y contradice la totalidad de la doctrina nacional y la extranjera».

En ese escenario, si otra vez fuera aprobada por el Congreso se volvería a caer en el examen constitucional. Los magistrados, además, criticaron al Gobierno y al Congreso por lo que llamaron una «política delictiva inexistente».

“Hay razones superiores para cuestionar la legitimidad de las decisiones legislativas que soterradamente pretenden introducir beneficios a determinada clase de delincuentes. Éstas no sólo resultan, política y criminalmente, precarias; sino también jurídicamente incorrectas y moralmente injustas», agregaron los magistrados. De hecho, llamaron a los jueces para que se detengan a analizar las consecuencias de las leyes, antes de dictar sentencia, para evitar que, por razones de amistad, familiaridad, compadrazgo o presiones, se arrope con el manto de la impunidad la comisión de delitos atroces contra la sociedad.

Así las cosas, el alto tribunal cerró la puerta para que los paramilitares, y quienes tengan vínculos con ellos, pudieran ser cobijados por los beneficios que contempla el ser investigado y juzgado por sedición y, así, obtener rebajas considerables en las penas, e incluso, mantener vigentes sus derechos políticos.

Sin embargo, Uribe, trata de voltear la torta al aducir que “»No estoy de acuerdo [con] que se le niegue al paramilitarismo el delito de sedición. Lo he repetido a lo largo de estos cinco años de Gobierno: si se le reconoce sedición a la guerrilla, se le debe reconocer sedición con los mismos elementos al paramilitarismo. Si se le niega la sedición al paramilitarismo, se le debe negar la sedición a la guerrilla por las mismas razones.»

Uribe olvida ladinamente que la guerrilla se alzó contra el Estado, mientras que el paramllitarismo fue su aliado.

Esto, en buen romance, significa cambiarle el significado al vocablo ‘sedición’. ¿Será que esta maroma lingüística obedece a compromisos que el país desconoce?

Valledupar, 31 de julio del año 2007

Lección de mesura

La mesura es la gravedad en el gesto, la compostura en la actitud y el semblante, la moderación en el comportamiento, la prudencia en el hablar, la circunspección ante las eventualidades de la vida.

El profesor Moncayo y su esposa, el jueves pasado en la Plaza de Bolívar de Bogotá, dieron al país y al mundo una lección de mesura.

El profesor Moncayo jamás se salió de casillas, nunca perdió la compostura, jamás alzó la voz para explicar los términos y el alcance del diálogo que sostuvo con Uribe, en las primeras horas de la mañana del mencionado jueves. Su esposa, al ser interpelada por los periodistas de los canales privados de la televisión colombiana, dio unas respuestas tan breves, tan mesuradas, que sólo podía inspirar respeto y admiración.

En cambio, Uribe, cuando se dirigió a la muchedumbre que se había dado cita para saber los resultados del diálogo sobre el acuerdo humanitario, mostró su talante pendenciero, beligerante y bravucón. Cuando alguien entre los asistentes le gritaba consignas contrarias a su eterno discurso, poco faltó para que citara a los puños al contradictor de turno. Varias veces se salió de casillas, con una facilidad asombrosa. Parecía que quien hablaba en esos momentos era el ciudadano Álvaro Uribe Vélez y no el Presidente de la República y, por lo mismo, el representante de la Patria, esa patria que tanto dice amar y que, cuando la nombra, se pone la mano derecha en el lado del corazón. La sensación que su actitud dejaba columbrar, era la de un individuo que ha perdido la circunspección y la mesura debida a su rango. Fue una situación bastante desagradable. Sobre todo si se la compara con la del humilde profesor de Historia y Geografía de un pueblo perdido en el sur del país.

Porque ni siquiera cuando tuvo que confrontar las tesis de Uribe con respecto al acuerdo humanitario, el profesor Moncayo perdió los estribos; siempre mesurado, siempre circunspecto y, sin necesidad de alzar la voz, contradijo al Presidente, cuando éste insistía en algo que todo el país sabe, como lo es la insensibilidad de las FARC, o que le han hecho creer, como su participación en la muerte de los diputados del Valle y su demora en devolver los cadáveres de los mismos. En ese momento, el profesor Moncayo (que ya antes le había dicho a Uribe que lo importante y urgente es la libertad de los secuestrados), dijo algo que la mayoría de los colombianos pensamos: “…qué importa que, a través de la más moderna tecnología sepamos quiénes fueron los asesinos de los diputados, si ya no podremos revivirlos y, ahora, lo que sus seres queridos anhelan es darles una cristiana sepultura…”

Sin embargo, Uribe no hizo otra cosa que hablarnos de lo mismo de siempre: que el terrorismo, que la seguridad democrática, que su gobierno es el primero en combatir a las FARC y a los paramilitares, etc., etc. (todo lo cual debemos recibir con beneficio de inventario). Y lo más grave, al repetir por enésima vez el sempiterno discurso, olvidó, nuevamente, que hablaba el Presidente de Colombia y no el ciudadano Álvaro Uribe Vélez. Este último puede odiar a las FARC todo lo que él quiera, su animosidad lo puede llevar a desear su aniquilación total. Pero el Presidente tiene que ser mesurado, tiene que guardar la compostura debida a su alto rango. No puede permitir que su rencor lo lleve a negarle a miles de compatriotas, que se pudren en las selvas de Colombia, la posibilidad de recuperar la libertad. Más aún, no puede permitir que esa obsesión lo lleve a negarle a las FARC, lo que les permite a los paramilitares.

Como bien lo dijera Héctor Abad Faciolince, en la revista Semana de hace unos días: “…cada vez que los guerrilleros cometen una barbaridad, el Presidente les muestra los colmillos y gruñe iracundo, [pero] cada vez que los paramilitares cometen un nuevo acto de arrogancia, una bravuconada prepotente y nos amenazan con volver a su negocio de la muerte, el Presidente pela los dientes, como un conejo, en una sonrisa y les ofrece otra ley para calmarlos…”

Es decir, está bien que Uribe persiga a la guerrilla y busque exterminarla, pero está mal que pretenda cambiar el Código Penal sólo para favorecer a los amigos de la violencia derechista. Como también está mal que pretenda engañarnos, al decir que ya no hay fumigaciones con glifosato; sino sólo erradicación manual. Si fuera así, ¿por qué las disputas con Ecuador por el daño colateral de aquéllas?

  1. S. Los mandaderos de Uribe, Carlos Restrepo y Fernando Araujo, cuando en una salida en falso del Gobierno, trataron de descalificar y menospreciar la odisea del profesor Moncayo, lograron el efecto contrario al propuesto y, ante la opinión nacional sensata, enaltecieron la estatura moral del Profesor, verdadero héroe de la Paz.

Valledupar, 7 de agosto del año 2007

Aberración televisual

Si un individuo, luego de haber jurado sobre la Biblia, dice en un tribunal toda la verdad, sin importar si con ella desnuda su alma aunque, de paso, hiera los sentimientos de otras personas, no se le puede reprochar su sinceridad. Mejor aún, se le debe reconocer el valor de haber abierto su corazón, para dar paso a la verdad que le ha de permitir a un juez tener suficientes elementos de discernimiento, para poder impartir justicia. Por otra parte, si esa persona no dijera la verdad, cometería perjurio, delito éste sancionado por la Ley.

Pero si ese mismo individuo abre su mente y desnuda su alma ante millones de televidentes, con el único propósito de ganarse un premio de millones de pesos, eso sí es absurdo y reprobable. Pero más aberrante y más censurable es la posición del canal de televisión que produce un programa en donde se den esta clase de situaciones. Porque allí se busca aprovechar la necesidad de dinero del concursante, para llevarlo, pregunta tras pregunta, por un laberinto en donde solamente va a exponer sus miserias personales ante los demás. ¡Y solamente por la plata!

Porque las preguntas, a medida que avanza el cuestionario, se van adentrando más y más en el pasado del participante, sin importar si se sume en una cloaca en la que aparecen, una a una, todas sus vergüenzas. Y en cada pregunta se enfrenta a un dilema espantoso: si dice la verdad, se pone en evidencia al mostrar su pasado oscuro y, a la vez, ofende a sus familiares o a sus relacionados; pero si no dice la verdad, el programa también lo pone en evidencia y, de todas maneras, hiere los sentimientos de las personas allegadas a él.

No importa que el presentador aclare, a cada rato (dentro del sentido tautológico que le impone el programa), que el concursante está allí por su propia voluntad. Como tampoco importa que le recuerde, a cada paso, que, si no dice la verdad, pierde todo el dinero ganado hasta el momento. Al fin y al cabo, con esto sólo logra aumentar la presión y la ansiedad en el participante. Tampoco disminuye la insensatez del programa, el hecho de que el conductor le insista al concursante que nadie lo está juzgando y que los aplausos del público, los ha merecido por decir la verdad; ni que el participante explique que está allí solamente para desahogar su alma. Todas estas aclaraciones, no son más que un sofisma de distracción, puestas allí por el productor del programa, para minimizar la vergüenza del interrogado.

La verdad escueta consiste en que, en ese programa, el canal aprovecha la necesidad de dinero del concursante y el morbo de la audiencia, para aumentar sintonía. Dicho en otras palabras, el canal prostituye al participante (en tanto abusa de su necesidad de dinero), sin importarle si éste, a partir de ese momento, haya roto diques de dignidad que después no se puedan resanar, o haya abierto heridas que nunca habrán de cicatrizar.

Por donde se le mire, es un programa nocivo para el comportamiento humano del auditorio y del televidente y, ni qué decir, para el futuro del concursante, en cuanto a su entorno familiar o laboral se refiere.

Yo creo que la Comisión Nacional de Televisión, en vez de dedicar sus esfuerzos a la emisión de mensajes tontos e inocuos, debería encauzar sus objetivos a revisar el contenido de programas de esa índole. No porque uno se vaya a escandalizar por los abismos de desvergüenza que allí se muestran; sino porque no es justo, repito una vez más, que haya quien se aproveche del hambre y de la necesidad de la gente, para llevarla a perder la dignidad.

No es coincidencia que casi todos los concursantes sean personas de escasos recursos económicos y, muchos, de bajo nivel académico. No porque estas circunstancias abran la puerta de la inverecundia y la indignidad (que algunos participantes ya padecen); sino porque éstos llegan allí seducidos por un premio que, de ganárselo, les puede significar la redención económica y, tal vez, social.

Lo aberrante es la posición del canal que pone en indefensión al concursante y lo prostituye, a la vez que alimenta el morbo de la audiencia. En buen romance, ese canal, en el programa de marras, realiza una labor de proxenetismo mental.

Valledupar, 14 de agosto del año 2007

Las causas del desequilibrio social

Ya Aristóteles, hace casi 24 siglos, había establecido, dentro de su análisis acerca de las virtudes o hábitos morales, las distinciones sobre la justicia; la última de las cuales hace referencia a la justicia social, que él mismo llamó ‘justicia legal’ y la consideró la especie más elevada de la equidad, pues exige que tengamos un agudo sentido social. En sus propias palabras, “…que comprendamos que nuestros actos individuales repercuten sobre el bien común y que las condiciones sociales [del entorno], son un reflejo de nuestro comportamiento personal.” Para él, la virtud desemboca en la política, porque “…la voluntad individual no opera más que en el marco de una comunidad y, como tal, tiende a un fin: la felicidad de todos sus miembros.” Para ello, “…el político necesita desarrollar un hábito que implica voluntad y se adquiere a través de la costumbre y el arduo ejercicio, y la opción moral óptima, en cada caso particular, se logra con sabiduría y prudencia. […] Cuando el gobernante se desvía de la justicia y se orienta hacia el interés particular, su accionar degenera en tiranía, oligarquía y demagogia.”

Además, podríamos agregar, que dentro de los actos morales, es decir, aquellos relativos a la conducta humana, deben distinguirse los relacionados con el deber, o actos de conciencia, que reciben, también, el nombre de conciencia moral. Por todo esto, quienes tienen cargos de autoridad, deben ejercerlos de manera recta, sin apartarse de las normas morales que rigen la conducta proba y honesta del hombre justo; pues de su comportamiento depende el destino de muchas personas.

En este orden de ideas, en un Estado Social de Derecho, el presupuesto (cuya principal fuente está en la tributación de los asociados), tiene dentro de sus objetivos, el de subvenir las necesidades de toda la comunidad, incluyendo a aquellos que no pueden pagar tributos. Por tanto, cuando un individuo, dentro de un sistema democrático, es elegido para un cargo o es nombrado por alguien de un nivel superior, dentro de la jerarquía estatal, tiene el deber moral de utilizar los dineros del Estado de manera racional, pensando siempre en el bien común y jamás en el provecho particular. Al fin y al cabo, se supone que ha buscado el favor de los sufragantes, aduciendo su deseo de servir a la comunidad. No en vano, se le denomina “servidor público”.

Sin embargo, se ha vuelto endémica la costumbre inveterada de creer que, el presupuesto del Estado, tiene como propósito el enriquecimiento del servidor público y, a partir de allí, el de quienes están bajo sus inmediatas órdenes. O, también, el de permitir que otros, de grado o por fuerza, se alcen con los dineros públicos. Esto es, ni más ni menos, corrupción administrativa, prohijada por la impunidad que la arropa y la protege.

Como consecuencia de este cáncer, surge el desequilibrio social que auspicia todos los restantes males que el país padece y que, en maléfica simbiosis, se engendran entre sí, formando un círculo vicioso que ahonda, cada día más, la injusticia social; la cual genera pobreza, prostitución, delincuencia, falta de acceso a la educación, desgreño hospitalario, escasez de oportunidades y tantas otras calamidades, que afectan a más del 65% de los colombianos. Calamidades sobre las cuales los analistas han escrito innumerables veces, desde sencillas cuartillas hasta enjundiosos tratados. Calamidades que también hacen parte del discurso de los candidatos a los cargos de elección popular; pero que, una vez son elegidos y toman posesión, olvidan atenuar y mucho más erradicar.

Por esta corrupción endémica que asuela al país, se ven casos como el de Cartagena, en donde, más del 70% de sus habitantes, vive en la miseria absoluta y sufre todas las calamidades antes enumeradas. No obstante, su flamante alcalde, quien en alguna ocasión, durante su primera administración, fuera investigado por corrupción y luego sobreseído por artilugios leguleyos, ahora en su segundo mandato (obtenido gracias a la amnesia y a la estupidez del electorado y a quién sabe que otras mañas), cuando es denunciado ante la opinión pública en un documental (que no por horrendo es menos certero), se enardece, miente y arma un sainete en colaboración con la Policía de Bolívar, para tratar de tapar la olla podrida en que se ha convertido su administración; sin pensar que, en cualquier momento, esa olla pueda explotarle en la cara. Porque esa presión no puede ser ignorada o manipulada de manera sempiterna.

Valledupar, 21 de agosto del año 2007

Lección de dignidad

Sería una perogrullada pretender definir la dignidad, al decir que es el decoro y la gravedad de las personas en la manera de comportarse, pues es algo que todo mundo sabe qué es, pero que, sin embargo, muy pocos conocen y, por tanto, practican. Sobre todo, en las esferas del poder, el cual sabemos que tiende a corromper al individuo que lo detenta. Y no hablamos solamente del sector público, ya que también en el sector privado son cotidianas las muestras de indignidad.

No obstante, dada la condición política del manejo del Estado y las implicaciones que de él se derivan hacia el acaecer nacional, las muestras de vileza en el poder oficial, son más protuberantes y más perniciosas.

Por eso, cuando alguien da muestras de decencia, es necesario resaltar el hecho y, así, éste no repercuta en los resultados finales de la conducción del país, de todas maneras quedará como lección para los jóvenes que se encuentran en su período de formación y que, de algún modo, tendrán que tomar decisiones que habrán de incidir en su futuro o en el de su entorno.

La lección de dignidad que deseamos comentar y resaltar fue dada por dos mujeres, aparentemente desconocidas por el país nacional. Se trata de las juristas Ilva Miriam Hoyos y Cristina Pardo, a quienes el Ejecutivo quiso usar como comodines en su deseo de manipular el Poder Judicial; esta vez, la Corte Constitucional. Como quiera que Uribe desee tener una ficha más en este organismo de control, designó a su asesor jurídico, Mauricio González, para ocupar ese cargo en reemplazo del magistrado Álvaro Tafur, quien pasa al retiro. Pero como, por Ley, debía presentar tres nombres a la consideración del Congreso, de entre los cuales saldría el elegido, quiso usar a estas dos dignas señoras para salvar las apariencias.

Lo que no estaba en sus amañados cálculos era el concepto que, de la dignidad, tienen estas dos eminentes juristas. Ambas, de manera unánime, renunciaron al supuesto honor de figurar en el sainete de la terna.

Y, ¿por qué hablamos de farsa y de indignidad? Porque, del triduo de postulados, Mauricio González es el de menores méritos. Sin embargo, el señalamiento de su nombre para que el Congreso lo eligiera era demasiado evidente. Los únicos merecimientos que González ostenta consisten en la concepción y reglamentación de las normas que crearon la zona de despeje en El Caguán, durante el gobierno de Pastrana y, ahora, como secretario jurídico de Uribe, el más duro crítico de aquél. Más aún, él mismo eligió la terna en donde se incluyó (ejemplo de vileza e indignidad flagrantes), a pesar de no ser constitucionalista y sí (los hechos lo demuestran), un prestidigitador de las relaciones públicas.

Es obvio que Uribe ya escogerá (o ya habrá escogido) dos alfiles que se presten a la farsa y, si éstos le fallan, ya encontrará dos que se dejen manosear y se arrastren para servir en la pantomima. Al fin y al cabo, Uribe no disimula sus ansias por manipular el Poder Judicial, tal como ya lo hace con la mayoría del Legislativo.

Y pensar que quienes aplauden el talante autocrático de Uribe, son los mismos que censuran la idéntica actitud en Chávez. Como dijera Cristo: “¿Por qué te fijas en la pelusa que trae tu hermano en un ojo y no eres consciente de la viga que tienes en el tuyo?”

Otrosí: Luego del traslado de Macaco y de Berna (me resisto a dar el título de Don a un facineroso), ¿qué va a hacer el Ministro del Interior en Itagüí, donde están recluidos los jefes paramilitares? ¿Qué razón les habrá mandado Uribe? ¿Qué seguridad desea darles?

Valledupar, 28 de agosto del año 2007

¿Hasta cuándo?

Hace algunos años, comentábamos en esta columna el caso de un señor (ya no nos acordamos de qué ciudad de Colombia), que fue despojado, ¡sí, despojado, robado!, por el banco con el cual había firmado una hipoteca sobre la humilde vivienda que construyera con el dinero que el banco le prestara. La hipoteca era solamente sobre la construcción; no sobre el lote que el señor había comprado de contado, años atrás. Sin embargo, después de haber pagado más de las dos terceras partes del préstamo, cuando el señor se atrasó en los pagos mensuales, el banco le embargó todo el inmueble, es decir, el lote de su entera propiedad y la casa que aún debía al banco. Cuando éste remató abusivamente la casa y el lote y envió a la policía para desalojarlo, los vecinos demolieron la vivienda y dejaron al banco viendo un chispero.

Hace poco, en Bogotá se suicidó un señor, ante la imposibilidad de seguir pagándole al banco la deuda hipotecaria que pesaba sobre su vivienda y ante el inminente desalojo.

La semana pasada, la policía llegó a una casa en Bogotá, a desalojar a una familia que, en colaboración con otras dos, tiene allí un taller, de cuyo producido viven más de treinta personas. El dueño, hace siete años, hizo un préstamo a Davivienda por cuantía de 65 millones de pesos para comprar el inmueble y ha pagado, hasta el momento, 115 millones de pesos; no obstante, el banco dice que aún el señor debe 80 millones, vale decir, más de lo que le prestara hace siete años.

Cuando la policía antimotines llegó para hacer efectivo el desalojo, los habitantes de la casa (su propietario, la familia de éste y sus socios en el taller), se atrincheraron detrás del enrejado del inmueble. Las noticias hablan de una verdadera batalla campal librada entre estos últimos y la policía. Al final, ésta desistió de su intento de desalojar a los habitantes de la casa y se firmó un acuerdo entre su dueño y el secuestre, con miras a una conciliación con el banco.

Más que la actitud de la policía que, al fin y al cabo, estaba cumpliendo órdenes de un juez que, a su vez, se había dejado imponer los argumentos de un pulpo financiero, es de resaltar la reprochable conducta de la entidad que, no sólo se limita a obtener las ganancias normales que todo negocio debe dar (lo cual, entre otras cosas, es normal y es, al fin de cuentas, el objetivo empresarial de sus dueños); lo reprobable, repetimos, es el talante de estas entidades crediticias que triplican y hasta cuadriplican el importe de un préstamo y, lo peor, no tienen ninguna misericordia con el cliente que se atrasa en el pago de las cuotas mensuales; como si ello fuera el principio de su hecatombe financiera. Esto, sin perder de vista que los préstamos los hacen en pesos, pero los cobran en dinero cuyo valor adquisitivo aumenta periódicamente, amén de los intereses de financiación (y ni qué  decir los de mora), que también suben, como espuma.

¿Cuál es la reflexión que nos dejan estos episodios? Si la deuda se tasara en pesos y así permaneciera, si las cuotas fueran iguales durante todo el tiempo del plazo dado, si las instituciones financieras no fueran tan voraces (anualmente, sus ganancias se cuentan en billones de pesos); en fin, si al propósito rentable (en ningún momento censurable) de estas entidades se uniera una pizca de conciencia social, es probable que, situaciones como las comentadas en esta columna, no existirían o su frecuencia no sería tan aberrante. Situaciones estas, en donde no solamente está en riesgo la estabilidad de vivienda de unas personas, sino también la vida de unos ciudadanos y de unos policías que sólo tratan de defender los intereses particulares de un pulpo financiero.

Ya escrita esta columna, se supo que otro “beneficiario” de Davivienda, quien ya se comió a varias entidades financieras, le ha pagado ¡once veces! el préstamo que le hiciera hace unos años y que aún le debe seis veces más el valor inicialmente prestado. Si esto no es un asalto al patrimonio de los pobres de Colombia, entonces ¿qué es? Además, me pregunto, ¿si hay leyes que defienden a estas sanguijuelas, no sería justo que también las hubiera para proteger a sus víctimas inermes?

  1. S. *Después de conocer las últimas alianzas entre los aspirantes a la Gobernación del Cesar y ver que, cuando de salvar el botín se trata, se unen el agua y el aceite y hasta es posible ver al diablo haciendo hostias, no queda otra oportunidad digna que la que ofrece Cristian Moreno. El apoyo que le brinda Hilario Añez, no es otra cosa distinta al talante decoroso y probo que los une.

**La “muerte” de Vicente Castaño anunciada la semana pasada, ¿será igual a la de su hermano Carlos?

Bogotá, 11 de septiembre del año 2007

La talla misteriosa

Las lluvias de abril azotaban la ciudad de manera inclemente. Los monjes del convento de Santo Domingo, pertenecientes a la Orden Dominica, se encontraban a esa hora, 6:00 de las tarde, rezando el rosario con el cual impetraban la ayuda de la Madre de Dios, para lograr conseguir una imagen de Jesús Crucificado para el altar mayor. Era la Cartagena de finales del siglo XVI, aun pequeña en tamaño, pero grande en comercio e importancia política para la corona española.

Los monjes, bajo la dirección del prior Fray Gabriel Ramírez, deseaban tener una imagen que satisficiera a la feligresía cartagenera, muy devota del Divino Crucificado. Sin embargo, no habían encontrado el escultor que les hiciera la propuesta adecuada, la que pudiera expresar el rostro de Jesús, en el instante de entregar Su alma al Creador. Muchos habían sido los artistas que habían presentado sus bocetos, pero ninguno lograba captar ese irrepetible y sublime momento.

Ya desfallecían en su intento; por eso, como última medida, habían acudido a la intercesión de María que los iluminara en su deseo, el cual no era producto de la soberbia; sino de total adoración al Salvador del mundo.

Esa tarde, cuando el ruido de la lluvia casi que apagaba el sonido de las voces de los frailes, era, según se los había recordado Fray Gabriel, el día final de la Novena a la Virgen en solicitud del milagro. Cuando ya regresaban de la capilla hacia el refectorio, oyeron sonar el aldabón de la puerta del convento. El monje portero abrió la puerta y vio la figura empapada de un humilde pescador, que pedía ser puesto en presencia del prior. Cuando fue preguntado sobre el objetivo de esa petición, respondió:

–Deseo hablar con vuestro prior, pues le traigo la solución a su problema.

El monje portero le franqueó la entrada y luego lo condujo ante su superior. El humilde hombre sacó de dentro de su camisa una cartera de cuero y de ésta extrajo una hoja, en la cual aparecía el rostro exánime de Jesús. No más verla, Fray Gabriel se dio cuenta de que esa era la imagen exacta que había visto en sueños, cuando había tomado la decisión de que fuera de Jesús, en el momento de morir, la que presidiera el altar mayor. Aceptado el ofrecimiento del pescador, se le preguntó cuánto cobraría por su trabajo, cuánto tiempo le tomaría realizarlo y qué necesitaba. A lo cual, él respondió:

–Este es un regalo para vuestra comunidad y, en cuanto a lo que necesito, ya os lo iré diciendo. Por lo pronto, dadme una celda en donde vivir durante el tiempo que dure tallando la escultura; tiempo durante el cual, necesito absoluta privacidad. Una vez empiece la obra, no volveré a salir de la celda hasta concluir mi labor. Por eso, la celda será cerrada por fuera y no debe ser abierta, mientras yo no os lo indique. Los alimentos se me deben suministrar a través de un torno. Mañana temprano saldré a buscar el madero que preciso.

Y, así, se hizo. El misterioso artista no se dejó volver a ver. Las cosas se hicieron tal como él las pidiera. Todos los días, a las horas indicadas, le eran suministrados, a través del torno, el desayuno, el almuerzo y la cena.

Habían transcurrido doce días, durante los cuales el único sonido que salía de la celda del escultor, era el del martillo al golpear el escoplo, en su labor de tallar la madera. La mañana del décimo tercer día, el monje encargado de atender al artista, fue donde el prior para decirle que la cena de la noche anterior aún estaba en el torno y que, a diferencia de los demás días, el silencio en la celda era absoluto.

Preocupado, Fray Gabriel Ramírez fue a la celda del escultor y la abrió. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio la imagen exangüe de Jesús Crucificado, tallada en madera. El artista había desaparecido.

Hoy, más de 400 años después, aún se venera en el altar mayor de la Iglesia de Santo Domingo, en Cartagena, la imagen del Cristo de la Expiración. La misma que fuera tallada por el misterioso escultor de esta crónica.

Bogotá, 18 de septiembre del año 2007

¿Se hará justicia?

La Corte Suprema de Justicia de Chile ha autorizado ¡por fin! la extradición del ex dictador peruano, Alberto Fujimori, para que sea juzgado por las Cortes de su país. Fujimori enfrenta diversos cargos por delitos cometidos durante su aciago mandato, ocurrido luego de las elecciones presidenciales de 1990 y tras dos reelecciones sucesivas (1995 y 2000).

Entre los cargos, figuran dos matanzas, la de Cantuta y la de Barrios Altos; cinco cargos de corrupción administrativa; interceptación telefónica a sus opositores; complicidad con congresistas fugitivos; allanamiento a la residencia de su antiguo asesor y cómplice, Vladimiro Montesinos, luego de que éste fuera desenmascarado; defraudación por más de 15 millones de dólares al tesoro público; compra con fondos públicos de un canal de televisión para su propiedad; pago de sobornos a medios de comunicación; violación de derechos humanos en las matanzas ya citadas y en el exterminio del grupo subversivo Túpac Amaru, ocurrido en 1997; exterminio que le sirviera de trampolín para la segunda reelección, la cual no pudo asumir, porque se fugó, tras la evidencia de sus delitos al mando del país. Amén de la permisividad ante las torturas a detenidos, infligidas por miembros del servicio de “inteligencia” del Ejército peruano.

Como se puede observar, el prontuario delictivo del ex dictador, es grande y denso. Es decisivo, entonces, el talante recto y certero de la Corte Suprema de Justicia peruana, para que no se deje presionar y, mucho menos, amilanar por los amigos y partidarios del reo; quienes por supuesto están con él, habida cuenta del usufructo que hicieron del erario peruano, durante la época de la dictadura civil de Fujimori. La ex presidenta del Congreso peruano, quien lucró tras bambalinas, pide misericordia para el ex dictador y aduce un supuesto respaldo del pueblo, para conseguir hacer presión sobre la Corte Suprema de Justicia.

La democracia latinoamericana sólo pide que se haga justicia, una vez sean demostrados y probados los cargos que se le imputan a Fujimori, para que éste pague por los delitos cometidos.

Sobre todo, se pide pronta y cumplida justicia. No sea que pase lo que sucedió con Augusto Pinochet, otro tenebroso personaje del cono sur, quien después de sumir a Chile durante 16 años en una oprobiosa dictadura militar, se fugó (tal como lo hiciera Fujimori, años después) y cuando fue capturado por las autoridades londinenses y se le envió a su país para que fuera juzgado y purgara condena por sus crímenes, se murió, librándose, así, de pagar en este mundo, los delitos cometidos contra la nación chilena; el primero de ellos, durante su vida pública, cuando asesinó al presidente Salvador Allende, en septiembre del año 1973.

Ojalá con Fujimori no ocurra otro tanto, porque todos sus delitos quedarían impunes, tal como quedaron los de Pinochet. Lo cual sería desgarrador para la democracia latinoamericana, ya de por sí maltrecha. Y, lo que es peor, sería un desastroso precedente para tantos dictadorzuelos que abundan en el continente y se escudan tras democracias de papel y, reelección tras reelección, se perpetúan en el poder, vale decir, en el manejo del presupuesto nacional, haciendo y deshaciendo y permitiendo, también, que otros hagan y deshagan lo que les parezca con los dineros públicos.

¡Ojalá se haga pronta y cumplida justicia!

  1. S. *Los canales privados de la televisión colombiana, que tanta alharaca hicieron, cuando ocurrieron las desavenencias en el Polo, callaron cuando volvió la armonía entre sus dirigentes; así como también, callaron como ostras, cuando se agarraron los directivos del partido de la U. A propósito, yo creo que mejor debería llamarse partido de la O, por aquello del oportunismo.

**Bueno, muy bueno, que el Polo secunde la candidatura de Cristian Moreno. Esto y el apoyo de Hilario Añez, dan una idea de la integridad y rectitud de sus propósitos. Si a lo anterior le agregamos lo que otro candidato a la gobernación le dijera, el otro día por la radio: “A su edad, yo ya era millonario y usted, todavía no tiene un peso”, no hay nada más que agregar a la probidad de Cristian Moreno. Parafraseemos a Balzac: “Buscad detrás de cada fortuna y veréis lo que hay.”

***El final de la intervención de Francisco Santos en el Festival de Cuna de Acordeones, es otra muestra de que ese señor no piensa antes de hablar o, si no, es el demagogo más grande que ha habido en Colombia y un irrespetuoso con la inteligencia de un pueblo, cuyas carencias aún persisten y, este individuo, le ofrece no un Transmilenio; sino un metro. Es el colmo de la desfachatez.

Valledupar, 25 de septiembre del año 2007

Alicia en el país de las maravillas

En el libro de Lewis Carroll, cuyo título sirve de mote a la columna de hoy, la protagonista, una pequeña niña, es llevada por un mundo de fantasías, un mundo irreal en el cual las cosas tienen otra apariencia y en donde, a pesar de las extravagancias, todos son felices.

Pues bien, los colombianos desde hace cinco años, como nunca antes, vivimos en un mundo irreal, un mundo de fantasías, en el cual ni siquiera existe un conflicto armado que desangra al país y lo sume, no sólo en el dolor y la agonía; sino que, además, ha sembrado de víctimas el territorio patrio, por cuenta del accionar de la guerrilla. Pero Uribe se obstina en negar la existencia del conflicto. Él insiste en que aquí solamente hay una lucha entre los buenos contra los malos; vale decir, el Estado contra los terroristas.

En este país de ensueños, tampoco hay paramilitarismo; sólo unas bandas de delincuentes que han depredado en todo el suelo patrio y se han alzado con buena parte del tesoro público, con el apoyo y la complicidad de políticos, generales, empresarios y otra gama de “prohombres”, que se han enriquecido (¡todos!), quitándoles a los más pobres las posibilidades de salir de ese mar de ignominia en el que han vivido desde siempre. Amén del cúmulo de fosas comunes que contienen los cadáveres de cientos de miles de compatriotas que, en su momento, se negaron a entregar sus tierras a estos facinerosos (¡todos, también!)

Aquí, en el país de las maravillas, el desempleo es un mito del pasado. Sin embargo, hay más de diez millones de colombianos sin trabajo formal. En el país de Alicia (la de Lewis Carroll; no, perdón, la de Uribe), la pobreza se está acabando. No obstante, hay más de quince millones de compatriotas que se debaten en la miseria absoluta.

En el país de las fantasías, el DANE da unas cifras de crecimiento económico y de abaratamiento del costo de la vida, totalmente opuestas a la realidad. Mientras que, según las estadísticas oficiales, vivimos en el mejor de los mundos, en la vida real el salario del 95% de los colombianos que aún tienen ese privilegio (contar con un salario), cada vez éste les alcanza menos.

En este país de ensueño, la corrupción administrativa se acabó. Empero, los escándalos por cohechos, por fraudes, por enriquecimiento ilícito, etc., les estallan en la cara a los gobernantes. Cada día la parapolítica cubre más y más titulares y llena de oprobio al país. Cada día se conocen más y más tentáculos de ese monstruo que nació justamente con la égida salvadora.

A propósito de cinismo y desfachatez, vienen a la memoria las palabras de Turbay Ayala, cuando asumió el mando en 1978: “…gobernaré con los más honestos y los más capaces…” y, sin embargo, hoy todavía sufre Colombia por las deshonras de ese nefasto cuatrienio. Además del terrorismo de Estado que desatara el malhadado ‘Estatuto de seguridad’, bajo las órdenes del general Camacho Leyva.

Pero volviendo al siglo XXI, no solamente preocupa el desbarrancadero en el que estamos; también llena de desazón la falta de respeto a la ciudadanía, a la que se intenta engatusar con frases cargadas de mentiras. Es el pretender creer que el interlocutor es bruto y no sabe nada de nada y, entonces, se le puede engañar fácilmente.

Si los actos de “Macacos” y  de tantos “Dones” que aún delinquen desde la cárcel, no son hechos de paramilitarismo, entonces, ¿qué son? Porque es innegable que, si el enfermo aún respira, se alimenta bien y conversa con su familia, quiere decir que todavía está vivo. Entonces, ¿por qué Uribe insiste en que aquí no hay conflicto, no hay paramilitarismo  y vivimos en un paraíso? O cree que sus compatriotas forman una manada de tontos o es un cínico de siete suelas.

  1. S. En la columna de la semana pasada, se hablaba de la posibilidad de que se haga justicia en Perú, en el caso Fujimori, quien abusó del poder cuando se amañó en él. Ahora en Colombia, se presenta la ocasión de que también se haga justicia con respecto a las desapariciones forzosas ocurridas durante la retoma del Palacio de Justicia, hace 25 años. Belisario, el presidente de la época y dos generales, Samudio y Arias Cabrales, al igual que otros oficiales, tendrán que responder ante la justicia por estos hechos lamentables; pues los desaparecidos, salieron con vida del Palacio y nunca más se volvió a saber de ellos.

Valledupar, 2 de octubre del año 2007

La doble moral

Cuando en Estados Unidos, hacia comienzos del siglo pasado, se exacerbó el consumo de licor y de tabaco y la producción era baja en ese país, el gobierno norteamericano prohibió su distribución y su consumo. Como consecuencia de esta medida, los distribuidores se fueron a la clandestinidad, generando violencia y muertes por doquiera.

Cuando poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial la producción interna aumentó, pudiendo, así, satisfacer la demanda, el gobierno estadounidense volvió a intervenir para quitar la prohibición y, por eso, la distribución y el consumo de tabaco y de licor dejaron de ser delitos federales.

Hacia finales de los años sesenta, el consumo de marihuana en Estados Unidos, que hasta entonces había sido más o menos moderado, aumentó de manera exponencial. Como quiera que esta planta se cultivara solamente en países tropicales, al aumentar la demanda con una baja oferta nacional, las autoridades de ese país, de inmediato volvieron a acudir al expediente de la prohibición. Los resultados no se hicieron esperar: Al igual que cuarenta años atrás, la ilegalidad, la violencia y la muerte se enseñorearon nuevamente de Norteamérica. Con un agravante; pues, si cuando la prohibición del licor y el tabaco la ilegalidad se circunscribió solamente al territorio norteamericano, esta vez, cobijó también a los países productores.

Hasta que en los años noventa, allá en el Estado de Virginia, cuyas tierras fueran tan feraces para el cultivo del tabaco, también lo fueron para el de la marihuana. Santo remedio. La marihuana dejó de ser ilegal. Hoy en día, lo mismo que el tabaco y el licor, su distribución y su consumo son normales en ese país.

Con las armas sucedió otro tanto. Cuando éstas eran importadas, solamente las autoridades y los potentados podían portarlas. Su uso estaba prohibido para el común de las personas. Sin embargo, cuando inventaron el revólver y, por ahí mismo, perfeccionaron otras armas de fuego, su venta se volvió tan expedita como la del pan.

Y ni que decir de las armas nucleares. Ellos y sus socios del G7, son los únicos autorizados para producirlas y, por consiguiente, para usarlas. A los demás países les están prohibidas estas actividades, so pena de invasión y conculcación de todos sus derechos

La última perla de esta doble moral, corresponde al uso del glifosato. En sus plantaciones de marihuana, que hoy se extienden por la casi totalidad de los estados del occidente de ese país, quedó prohibido el uso de aquel herbicida. La producción anual de marihuana en Estados Unidos (35 mil millones de dólares), sobrepasa con creces a la de los productos básicos, como el maíz (23 mil millones), los vegetales (11 mil millones) y el trigo (7 mil millones) que, en conjunto, sólo alcanzan la cifra de 41 mil millones de dólares. Empero, el gobierno norteamericano supedita al uso del mencionado químico, la ayuda a los países pobres. Tal el caso de Colombia y Afganistán. Bueno, al fin y al cabo, ellos saben que en estos dos países tienen gobiernos títeres que se pliegan fácilmente a sus órdenes.

Y sigue el rosario de perlas. Hace un par de años, un alto oficial del ejército estadounidense, agregado militar en Colombia, tuvo que abandonar el país cuando su esposa se vio envuelta en un lío por narcotráfico. A la señora le encontraron, dentro de sus valijas, varios kilos de cocaína. Más tardaron las autoridades antidrogas en descubrir el ilícito, que la señora del oficial en ser sobreseída de todo cargo.

Chiquita Brands fue encontrada culpable de alimentar con millones de dólares las finanzas de los paramilitares colombianos; con esto coadyuvaron a la violencia y desplazamiento o muerte de decenas de miles de compatriotas nuestros. No obstante, ningún funcionario, de esa empresa norteamericana, fue enjuiciado.

Irak fue invadido y devastado por una supuesta  existencia de armas de destrucción masiva; armas que nunca fueron encontradas y de cuya ausencia ya había sido advertido Bush. Hoy, cuatro años después, el país sigue sumido en el caos que dejara la invasión. Sin embargo, el objetivo se alcanzó: Estados Unidos se hizo al petróleo iraquí.

Esa doble moral que obnubila el pensamiento de los gobernantes estadounidenses (tal pareciera que fuera algo propio de su idiosincrasia), algún día terminará por dar al traste con esa civilización que, indudablemente, ha traído progreso y desarrollo a la humanidad; pero que se los ha cobrado a un precio demasiado oneroso; pues, éste involucra no sólo el atropello a los derechos de los demás; sino que, también, es una falta de respeto para con las restantes naciones del mundo.

Valledupar, 9 de octubre del año 2007

La separación de los poderes

En un Estado de Derecho (como, según reza la Constitución, lo es Colombia), la ley está por encima de los individuos, los grupos y las instituciones. Esto significa que, ante la ley, todos tenemos los mismos derechos y los mismos deberes. Ante ella, todos somos iguales.

De otro lado, el Estado colombiano está constituido por tres poderes, independientes entre sí. De esta manera, el Poder Legislativo elabora y reforma las leyes; el Ejecutivo aplica las disposiciones emanadas del Legislativo y administra el presupuesto nacional; en tanto que, el Poder Judicial, dirige la justicia, al juzgar a los acusados de infringir las leyes, condenándolos o absolviéndolos.

Ahora bien, de acuerdo a nuestro código penal, los investigadores judiciales pueden ofrecer beneficios a los juzgados para que, si confiesan prontamente sus delitos o señalan a sus cómplices, puedan obtener rebajas sustanciales en sus penas condenatorias.

Entonces, si hubiese sido cierto (cosa aún no esclarecida) que un magistrado de la Corte Suprema de Justicia le hubiera ofrecido beneficios a un delincuente interdicto, siempre y cuando éste presentara pruebas que involucrasen en la comisión de delitos a otro individuo (así éste fuera el Jefe del Ejecutivo), allí no ha habido ningún contrasentido y, mucho menos, alguna irreverencia. No olvidemos lo afirmado al final del primer párrafo de la columna de hoy.

Luego de esta pequeña acotación, analicemos el hecho en sí mismo. ¿Cómo es posible que un individuo, que se encuentra sub júdice y a quien supuestamente se le ha ofrecido un beneficio, vaya a morder la mano de quien quiere ayudarle? ¿Será posible que un delincuente, que está siendo investigado, vaya a perder la gracia de una rebaja de penas, solamente por altruismo o patriotismo? No, eso no es cierto; ni siquiera en la Utopía de Tomás Moro. Y menos, viniendo de quien se pretende que creamos que viene dicha declaración.

¿Será que esta situación tiene algo que ver con la indagatoria a la que ha sido llamado Mario Uribe, primo del presidente? ¿Será una cortina de humo o una campaña de descrédito del Ejecutivo contra la Corte Suprema de Justicia? ¿O será, más bien, una búsqueda del halo del martirio, requerido para concitar en el pueblo la segunda reelección? Porque, de ser así, ésta es la forma más rastrera de buscar la perpetuidad en el poder. Porque, serían demasiadas coincidencias. Todas dignas de un moderno maquiavelo. Y si pensamos que detrás del trono existen un José Obdulio y un Rendón (ambos aventajados alumnos de Joseph Goebbels), entonces todo resulta más claro que el agua que corre y no sería si no sumar dos más dos.

Ahora que, si lo que desean es quedarse definitivamente en el poder, pues existen otros expedientes, otros caminos, otras maneras de lograrlo; sin necesidad de empañar con el lodo de la infamia al único de los tres poderes del Estado, que aún es digno del total respeto de los colombianos.

Porque no nos llamemos a engaños; no pretendamos tapar el sol con un dedo. La verdad escueta indica que, dentro de la familia Uribe, hay señalamientos preocupantes sobre la turbiedad de los actos de algunos de sus miembros, en el pasado cercano. Para muestras, dos botones: Sergio y Mario Uribe.

En el Congreso, las investigaciones sobre la parapolítica, han apuntado en su mayoría hacia miembros del uribismo.

Entonces, la conclusión es obvia. La única rama del poder público, hasta ahora exenta de cuestionamientos éticos y morales, es decir, oscuros, es la Judicial.

¿Será, en tal caso, que este sainete, cuyo protagonista es el “Señor Tasmania” (en palabras de Uribe Vélez), tenga como único objetivo llenar de oprobio a la (ésta sí) Honorable Corte Suprema de Justicia?

Valledupar, 16 de octubre del año 2007

El escudero

En la antigüedad, el escudero era el siervo encargado de llevarle el escudo a su amo. También, el escudero debía asistir a su amo y señor en determinadas ocasiones y, sobre todo, obedecerle sin discutir jamás sus mandatos.

En la actualidad, cuando ya no debería de haber amos ni siervos, en Colombia existen escuderos simbólicos, encargados de ejecutar cualquier cosa en beneficio de su amo, sin importar el propio menoscabo o perjuicio. Estos escuderos son los que se encargan del trabajo sucio, son los que ponen la cara ante los embrollos que su amo promueve. Son también quienes reciben los vituperios por la labor servil que realizan.

Pues bien, en los últimos meses, Uribe, quien como ningún otro presidente ha tenido escuderos a granel (Holguín, Manuel y Francisco Santos y otros muchos más), ha venido utilizando los servicios de un nuevo escudero: el ministro de Agricultura, el joven Arias.

Este muchacho, solamente en la última semana, en un solo día, apareció tres veces en televisión para sacar las castañas del fuego por su jefe. Primero fue para contradecir al senador Gustavo Petro, quien había afirmado, no sin razón, que el TLC favorecería a narcotraficantes y paramilitares, por ser estos quienes detentan las mayores extensiones de tierras cultivables del país. Más tardó Petro en hacer y demostrar su afirmación, que el escudero Arias en decir, entre otras cosas, que todo era una patraña del senador opositor.

El DANE publicó unas cifras sobre el desempleo en el área rural colombiana, las cuales muestran como este fenómeno se ha incrementado en el campo durante los últimos años, al igual que en las ciudades. Todo la labor investigativa realizada durante muchos meses con una carga alta de trabajo horas hombre, fue desmentida por el escudero Arias, en cuestión de segundos. Lo más leve que dijo, hacía alusión a “cifras amañadas”.

Una funcionaria de la ONU, comentó en televisión que un enjundioso estudio de la FAO había llegado a la conclusión de que el 40.8% de la población colombiana no logra ingerir las tres comidas básicas diarias, por carecer de los recursos necesarios para ello, es decir, por vivir en la miseria. De inmediato, el escudero Arias se apresuró a demeritar tal afirmación, pues, según él (o mejor, según su amo), el campo en Colombia produce suficiente alimento para atender a toda la población. Sin embargo omitió señalar que ese 40.8% no tiene como comprar esos alimentos.

Mientras que el escudero Arias hace el oficio sucio de dar la cara, para desmentir a todo aquel que ose mostrar las tristes realidades que padece Colombia, el área rural colombiana (la prioridad número uno del ministerio a su cargo), no pasa por su mejor momento; por decirlo de una manera suave. Pero escudero es escudero y su labor es esa: servir al amo en lo que éste le indique, sin entrar a analizar si lo que hace es correcto o no lo es; si se ajusta  a la verdad o, por el contrario, es el mayor de los dislates. Acaso, ¿Sancho osaba enfrentarse a su amo, Don Quijote, a pesar de su inocultable locura?

Pero volviendo al actual escudero de Uribe, el joven Arias, hace unas semanas hizo el ridículo, al pasearse por varias poblaciones del Valle del Cauca, luciendo una camiseta que rezaba “No al despeje”, mientras que su discurso buscaba entorpecer las conversaciones sobre el acuerdo humanitario. Hablamos del ridículo que hizo, pues sus funciones no son esas, meterse en el manejo de la política; para eso está su compañero de gabinete, el otro escudero, Holguín. Más aún, por andar haciendo política, descuida las funciones por las cuales recibe un sueldo con los impuestos que pagamos los colombianos. Con razón el DANE, la ONU y Petro dijeron lo que dijeron.

Pero, además, el escudero Arias adoptó una postura hipócrita en ese periplo por el Valle del Cauca, pues él fue en realidad a torpedear el acuerdo humanitario; lo de la camiseta no fue más que una máscara. Lo cual es lo más triste de todo, porque obstaculizar el acuerdo humanitario es demostrar la pérdida de la conciencia y de la solidaridad para con los miles de compatriotas que, literalmente, se pudren en las selvas de Colombia. Porque, al estar en conflicto, no debemos olvidar las palabras del mariscal Sucre, héroe de Ayacucho y mártir de Berruecos: “…en medio de la guerra, es cuando más se necesita de la magnanimidad…” Y es magnanimidad lo que se requiere para rescatar a los retenidos por la guerrilla y se espera del gobierno y no de los guerrilleros. Por algo son los malos del conflicto.

  1. S. Como si hiciera falta, sale Manuel Santos a despotricar de la labor que realizan Chávez y Piedad en pro del acuerdo humanitario. Fue tan grande la salida en falso del escudero Santos, que el mismo Uribe tuvo que darle su tirón de orejas.

Valledupar, 23 de octubre del año 2007

¡Oh gloria!, ¡Oh júbilo!

Con el triunfo de Cristian Moreno en la Gobernación del Cesar, la victoria delPolo en la Alcaldía de Bogotá, los triunfos de Antonio Navarro en la Gobernación de Nariño, Alonso Salazar en la Alcaldía de Medellín, Iván Ospina en la de Cali y Judith Pinedo en la de Cartagena, al igual que la derrota de Name Teherán en el Atlántico y el mayoritario voto en blanco para la Alcaldía de Montería, además de otras buenas noticias deparadas por los comicios del pasado domingo, podemos decir que se enciende una luz de esperanza en el futuro de Colombia; al menos para algunas de sus regiones, en donde la clase política que venía depredando en su propio beneficio, sin importar los males que le acarreaban al pueblo, fue derrotada.

Todavía hay mucho camino por recorrer. Pero es innegable que, con los resultados mencionados, el porvenir de los hasta ahora menos favorecidos se llena de posibilidades para mejorar. Este giro hacia la izquierda democrática es un buen síntoma que permite augurar mejores tiempos y más ecuanimidad en la conducción de la cosa pública.

Las administraciones de Luís Eduardo Garzón y la de Sergio Fajardo, que finalizan, y la de Antonio Navarro, hace unos años en Pasto, muestran como, cuando se le da prioridad a los aspectos más significativos de la población, es decir, la salud, la educación y la vivienda, el equilibrio social se perfecciona. Además, el atraso, la intolerancia, la violencia, la impunidad y la corrupción administrativa se ven en calzas prietas para florecer en estos gobiernos de corte social.

Porque en ellos prima el bien común sobre el provecho particular. Porque los impuestos se revierten de manera más sana y ponderada, sin distingos de ninguna índole. En fin, porque el gobernante sabe que es un servidor público y, por consiguiente, busca el progreso de los gobernados (que son sus electores) y no el servicio y la adulación de éstos.

Sabemos que los elegidos, nombrados al comienzo de la columna de hoy, conocen muy bien cuál es su misión. Ellos saben que han sido ungidos con el voto de la mayoría, porque son los llamados a conducir su respectiva región o ciudad por los caminos del progreso y del desarrollo, sin abandonar jamás la senda de la justicia social.

Expresemos nuestros deseos por los muchos éxitos en su correspondiente gestión administrativa y que, si gobiernan tal como sus principios éticos y morales se los indican, Cesar, Bogotá, Nariño, Medellín, Cali y Cartagena, se convertirán en modelos  de dirección social para todo el país. Y, entonces, para el año 2010, se podrá esperar que Colombia vuelva sus ojos llenos de confianza, hacia una alternativa diferente para la conducción del Estado.

Esperemos, también, que los ganadores de estas elecciones sepan administrar su triunfo, de tal manera que los perdedores, parafraseando a Jorge Luís Borges, sientan que “…la derrota puede tener la dignidad que la victoria merece, cuando se la recibe con humildad y con decoro…”

Por todo esto, ¡Oh gloria!, ¡Oh júbilo!

Valledupar, 30 de octubre del año 2007

La hecatombe

Si hecatombe es una mortandad de personas, o una desgracia o catástrofe, o el sacrificio  de innumerables víctimas, tal como la define el DRAE, entonces Colombia es tierra propicia para las hecatombes. Porque aquí ocurren mortandades de manera seguida; las desgracias o catástrofes se cuentan por decenas, ya que cuando no es el hambre es la guerrilla, si no es la guerrilla son los paramilitares, si no son los paramilitares son las Fuerzas Armadas, si nada de lo anterior la naturaleza se encarga de ocasionar desgracias o catástrofes de manera seguida e inclemente. Y las innumerables víctimas, siempre las ha habido en Colombia. En épocas antiguas, la violencia partidista cobró centenares de miles de víctimas; en los últimos años, los tres grupos ya mencionados, enfrascados en el conflicto, producen diariamente sacrificios incontables. Luego, no es exagerado decir que Colombia siempre ha sido tierra fértil para las hecatombes.

Ahora bien, si Uribe dice que repetiría cuatrienio, siempre y cuando haya una hecatombe, eso quiere decir, en buen romance, que muere de las ganas por quedarse en el poder, quien sabe por cuántos períodos más, pues, como ya lo demostramos, hecatombes es lo que hay en Colombia y, por si fuera poco, a granel. Sin embargo, cuando Uribe hizo esta declaración (que, por cierto, ya se veía venir), parecía que estuviera resignado a “sacrificarse”, una vez más, por el país; como si él fuera el único, el Mesías, el Salvador, el extraordinario redentor de la patria.

Aparte del irrespeto que esto significa para con los demás aspirantes a regir los destinos de Colombia (todos tan capaces, o más que él mismo), también es un abuso de poder, es mostrar demasiadas ganas de perpetuarse en éste, es pelar los dientes para quedarse incrustado en el manejo del presupuesto que, es, al fin y al cabo, el motivo final de esas ansias desmesuradas de no dejar que otros puedan gobernar, que otros puedan mostrar otros mejores enfoques para dirigir los destinos de Colombia.

Y si, además, sus escuderos buscan cada día agraviar y desprestigiar a los miembros de la oposición, con calumnias y mentiras, entonces el temor de una hecatombe penderá por siempre, como una espada de Damocles, sobre los colombianos. Estas calumnias hacia los miembros de la oposición y los falsos positivos que cotidianamente se inventa el escudero Juan Manuel Santos, no hacen más que distorsionar la imagen que, del orden público interno, tiene la opinión nacional. Porque, por un lado, le dicen que la seguridad democrática desinfectó de violencia al país y logró domeñar el ímpetu de la guerrilla; pero, por otro lado, le cuentan que cada día hay combates entre ésta y las Fuerzas Armadas. Entonces, ¿cuál es la verdad?

Pues, tampoco se puede olvidar que todos los días anuncian, con bombos y platillos, capturas y más capturas de gente que (dicen ellos) pertenece a la guerrilla. Sin embargo, a los pocos días, sin tanta alharaca y con mucho disimulo, informan que no se trataba de guerrilleros, si no de humildes campesinos o de sindicalistas, apresados por equivocación. ¿?

Entonces, uno se vuelve a preguntar, todo esto ¿sólo busca mantener el sobresalto entre la población? Estos sobresaltos, ¿son preludios para falsas hecatombes? Todo lo anterior, incluidas las calumnias contra los opositores, tiene como objetivo hacer creer a la opinión pública que, ¿sin Uribe, el país colapsaría? ¿Qué, sin Uribe, Colombia sería presa fácil de la anarquía y del desastre final?

No obstante toda la falsedad que esta pantomima encierra, no deja de ser preocupante el oportunismo demostrado por el clan uribista (de Uribe para abajo), su poca vergüenza al evidenciar que no piensan soltar, por muchos años más, la ubre del Estado, es decir, el presupuesto nacional. Ya lo habíamos dicho, con ocasión de la primera reelección: detrás de ella, vendrían otras. El tiempo lo ha demostrado así.

La otra preocupación radica en el hecho de que no serán las urnas las que  le quiten el poder a esta casta ambiciosa que gobierna actualmente al país. Pues ya se vio, en el 2006, como fue de fácil manipular las cifras (recordemos los famosos ocho millones de votos), cuando, de no soltar el poder, se trata. La solución la tienen las Cortes, actualmente la única rama del poder, digna de respeto. Ellas son las llamadas a cerrarles el paso a estos oportunistas de siete suelas, que pretenden quedarse para siempre en el poder.

Esgrimir argumentos tan peregrinos como una hecatombe, para justificar otra reelección, es tanto como argüir la diaria salida del sol, como mérito para defender su codicia. Y si las Cortes llegaran a fallarnos (no olvidar al gran manipulador que está detrás de todo esto), pues recurramos a un referendo, a un plebiscito; pero no dejemos que un grupo minoritario de oportunistas ambiciosos, nos cierren las puertas a un futuro mejor, lleno de fe y de esperanza en Colombia.

Valledupar, 6 de noviembre del año 2007

La Naturaleza y sus furias

Al mirar los destrozos que en vidas y haciendas han ocasionado los torrenciales aguaceros de las últimas semanas, me acordé de una columna que escribiera por estas épocas hace unos años, a propósito de los desastres y hecatombes ocurridas cuando las iras de la naturaleza se desatan y siempre cobran víctimas entre los menos favorecidos por la fortuna, vale decir, por aquellos que siempre han vivido en la pobreza y el infortunio.

En ese entonces, decíamos algo parecido a esto: “¿Por qué, cuando ocurren catástrofes, siempre son los más pobres los damnificados? La razón es sencilla. Cuando ocurren asentamientos de seres humanos, los fundadores del lugar, por obvias razones, eligen las mejores tierras, las cuales reservan para sí mismos y sus descendientes. Allí construyen las primeras viviendas y, a su alrededor, se va formando el poblado.

Con el transcurso del tiempo, siguen llegando pobladores, quienes compran los terrenos adyacentes a lo que será la plaza mayor del pueblo. Cuando, con el transcurrir de los años, llegan los desplazados (siempre los ha habido y los seguirá habiendo), ya las tierras buenas tienen dueño. Más aún, los terrenos baldíos han sido vendidos por los fundadores o sus descendientes a la municipalidad, ya formada para esos momentos. Entonces, los pobres solamente pueden invadir las tierras más riesgosas, las que nadie quiere: las situadas a las orillas de los ríos, las que están en las laderas de las montañas, las cercanas a los volcanes, etc.

Por eso, cuando la Naturaleza, acuciada por la irresponsabilidad humana, desata sus furias y los ríos se desbordan, las montañas se resquebrajan y se vienen abajo o la lava de los volcanes cubre grandes extensiones de tierra, los primeros y más perjudicados son aquellos que habitan obligadamente en las cercanías de las fuentes de desastres, vale decir, los más pobres.”

Pero, nos preguntamos ahora, ¿cómo evitar que estas tragedias se repitan? Con voluntad política de parte de los gobernantes, en todos los niveles jerárquicos de la administración: presidente, gobernadores y alcaldes. Haciendo verdaderas reformas agrarias que repartan tanta tierra buena que no se está utilizando, o que sólo sirve de latifundio a grandes y poderosos terratenientes, entre los campesinos pobres, a quienes el Estado, además,  dará apoyo económico a través de créditos blandos y a cuyos hijos les brindará educación básica y técnica, para que no repitan el ciclo de pobreza vivido por sus padres. Y, en las ciudades, mediante reformas urbanas que permitan el traslado decoroso de la gente pobre que vive en las zonas de riesgo, a terrenos de la municipalidad que no se estén utilizando y en donde ésta construirá viviendas decorosas. Además propiciando el acceso a la educación de los hijos de los más pobres. Y a todos, campesinos o habitantes de la ciudad rescatados unos y otros de ese sino trágico, darles acceso a la salud. En fin, mejorando la calidad de vida de todas esas personas que, en Colombia, representan un alto porcentaje de la población y que, es innegable, requieren la ayuda del Estado.

  1. S. *Lo menos que hubieran podido hacer, el director del Concurso Nacional de Belleza y el alcalde de Cartagena, a raíz de las inundaciones, epidemias y desolación, ocurridos como consecuencia de las fuertes lluvias que, por estos días azotaron a Cartagena y a gran parte de Colombia, era suspender por este año las festividades, ya que el ambiente de dolor que viven Cartagena y el país entero, no está como para esas frivolidades. Amén del excesivo gasto suntuario que estas últimas demandan, no sólo a la ciudad anfitriona; sino también a los lugares de origen de las candidatas, en un país muriéndose de hambre y devastación. Esa es otra forma de solidaridad para con la gente que sufre ese tipo de problemas.

**A Juan Carlos de Borbón, se le olvidó que ya, desde los tiempos de Fernando VII, España no tiene súbditos en América Latina y, por eso, cuando un mandatario de estas latitudes discute, en un foro continental, con otro de la Vieja Europa, él no tiene velas en el entierro. Por tanto, su destemplada frase hacia Hugo Chávez, “¿Por qué no te callas?”, fue muy desagradable; ésta, además de ser una grosería para con un mandatario elegido en las urnas, fue totalmente disonante; sobre todo viniendo de un individuo que, sin mérito alguno, ostenta un título y no hace nada por merecer el respeto de la gente, pues no es más que un parásito del pueblo español.

Valledupar, 13 de noviembre del año 2007

Burla jurídica

El secretario de un juzgado de Lorica que funge como juez, por encargo del titular que está de licencia, pretende dejar sin piso jurídico la acusación que pesa sobre un implicado en la parapolítica. Detrás de este incidente, vendrán más casos similares; pues todos aquellos que, por su mediano rango en el momento de la detención, debían ser investigados por la Fiscalía General de la Nación y no por la Corte Suprema de Justicia, más los demás implicados que le han querido hacer esguinces a la Ley renunciando a su investidura, querrán acogerse al derecho de igualdad y, entonces, de seguir así las cosas y de haber más jueces como el de Lorica, pronto no habrá nadie preso por el escándalo de la parapolítica, mediante la cual algunos políticos corruptos y ambiciosos (¿habrá pleonasmo en esta expresión?), buscaron enriquecerse al aliarse con paramilitares que, mediante el uso de la fuerza, respaldada por las armas, aterrorizaron al país y lo saquearon en beneficio de las dos partes en la alianza.

No obstante la gravedad de este crimen de lesa humanidad, el cual alcanzó a ejecutarse en gran medida (al fin y al cabo, ya han transcurrido seis años desde los acuerdos de Ralito), jueces como el de Lorica (jueces de bolsillo, jueces prevaricadores), terminarán por conseguir el sobreseimiento de estos criminales, mientras que muchas de sus víctimas yacen en fosas comunes, otras deambulan por las calles de las ciudades de Colombia, mendigando un pedazo de pan para mitigar el hambre y, debajo de un puente, se guarecen de las inclemencias del clima. En tanto, que el resto de las víctimas de la parapolítica, padecen por la falta de medios para subsanar sus necesidades en salud, educación y vivienda, pues estos corruptos políticos y sus aliados paramilitares se robaron los recursos.

Este juez de Lorica debe ser investigado y, una vez se establezcan los móviles que lo llevaron a tomar tan desatinada y dolosa decisión, pague, como mínimo, por el delito de prevaricato. De igual manera, los altos tribunales deberán investigar el porqué de la licencia del titular. ¿Será coincidencia o habrá razones de causalidad entre la licencia del titular y la fraudulenta decisión del encargado?

  1. S. * Marilú Ramírez quien, según Juan Manuel Santos, es guerrillera, trabajó con el INPEC, estudió Derecho en la Universidad Militar Nueva Granada, estuvo a punto de ser nombrada por el director del INPEC como subdirectora de la cárcel de La Dorada y, últimamente, hizo en la Escuela Superior de Guerra, un curso con varios coroneles que esperan ser ascendidos al grado de General. Es decir, estuvo dentro de los estamentos militares y se paseó por ellos como Pedro por su casa. También se supo que Marilú Ramírez está involucrada en el caso de la bomba que, según el Gobierno, la guerrilla puso en la misma Escuela Superior de Guerra, una especie de sanctasanctórum de la milicia colombiana. Me pregunto, ¿cómo todo esto es posible?, ¿qué pasa con los servicios de “inteligencia” del Estado? Si estas cosas suceden en las barbas de los generales, ¿qué tan segura es la seguridad democrática?

Ahora, cuando se ponen de presente estos hechos que dejan muy mal parado al Ministro de Defensa y algunos sectores de la opinión pública le piden la renuncia, Juan Manuel Santos, muy orondo, nos sale con la perla de que él era uno de los objetivos de toda estas infiltraciones. Además de inoperante, cínico.

** ¿Tendremos que olvidarnos del acuerdo humanitario? ¿Los colombianos secuestrados por la guerrilla, deberán pudrirse en las selvas? ¿Sus familiares y amigos deberán conformarse con su suerte? Porque parece que, por ahora, no habrá posibilidad de que esta situación se resuelva.  Después de que Álvaro Uribe delegó en Hugo Chávez y en Piedad Córdoba la facultad de conversar con los jefes de la guerrilla, para que se pudieran dar las condiciones que permitan el intercambio de secuestrados por guerrilleros presos y Chávez espera reunirse en Caracas con “Tirofijo”, Uribe dice que “…si esos criminales salen de la selva, serán encarcelados o dados de baja…” Entonces, con este aviso, “Tirofijo” ¿irá a hablar con Chávez? Ni de fundas. Siendo así, en estas circunstancias, ¿habrá acuerdo humanitario? Pues claro que no. Esto se veía venir desde el principio. Pues, cuando no es la guerrilla, es Uribe quien le atraviesa el palo a la rueda. La conclusión es obvia: mientras Uribe esté en el poder, no habrá acuerdo humanitario, pues la guerrilla no quiere pactar con Uribe y, Uribe con ella, menos. Sería bueno que los amigos de la segunda reelección, pensaran un poco en esto.

Valledupar, 20 de noviembre del año 2007

Adiós al acuerdo humanitario

Infortunadamente se ha cumplido, más pronto de lo esperado, lo que se decía hace ocho días en esta columna: cualquier situación, por peregrina que parezca, servirá de pretexto para romper las posibilidades de la labor adelantada por Hugo Chávez y Piedad Córdoba en pro del intercambio de guerrilleros por secuestrados en poder de las FARC.

En vista de que la amenaza lanzada por Álvaro Uribe, en el sentido de apresar o dar de baja a los guerrilleros que salieran de la selva para pactar el acuerdo, no surtió efecto, pues las conversaciones iban por buen camino, esta vez fuel el presunto papel protagónico de Chávez y de Piedad Córdoba y una llamada de ambos al General Montoya, lo que se utilizó como argumento para romper unilateralmente las conversaciones. Habría podido ser cualquiera otra la razón aducida, pues, de todas maneras, Uribe no iba a permitir que las FARC ganaran unos puntos al liberar a un grupo de secuestrados. Ni las FARC van a dar su brazo a torcer ante Uribe.

Otra de las causas insólitas de las que se valió Uribe para cerrarle el paso al acuerdo humanitario, fue el supuesto atentado contra la vida del gobernador del Cauca, el señor feudal Chaux. Ya hace unos años, otro señor feudal de esa región torpedeó un acuerdo de paz ente la guerrilla y el gobierno de la época. Cuando ya las conversaciones de paz iban a entrar en una fase decisiva, el señor Irragorri Hormaza, a la sazón senador del Cauca, denunció un supuesto atentado contra su vida. De inmediato, se suspendieron las conversaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla, con las consecuencias de víctimas y desolación que el conflicto trajo a Colombia en los últimos quince años. En esa ocasión, una vez se logró el objetivo de torpedear el proceso de paz, se le echó tierra al asunto y, ni siquiera, mereció una investigación. Es probable que, el presunto atentado contra Chaux, siga el mismo camino.

Pero bueno, aquí, ahora, lo preocupante es la suerte de los miles de secuestrados; cuyo cautiverio no puede ni debe estar supeditado a la tan cacareada seguridad democrática, como para jugar con la vida de miles de colombianos que se pudren en un cautiverio injusto y, por demás, humillante y penoso. Ni tampoco su suerte debe quedar sometida a la hipotética soberanía nacional, la cual es pisoteada, a troche y moche en otras áreas, sin que el Estado diga, al menos, mu.

Desgraciadamente se cumple lo que tantas veces se ha dicho. Mientras Uribe sea presidente, no habrá acuerdo humanitario, pues ninguna de las dos partes (Uribe y “Tirofijo”), lo quiere. Además, ¿se imaginan lo que pasaría en las elecciones del 2010, con Ingrid Betancour liberada? Arrasaría en los comicios y eso, a más de uno, no le conviene. Puede que estas palabras produzcan ampollas en la débil epidermis del uribismo; pero es la verdad, monda y lironda. Y hay que decirla. Pues por temor a decir la verdad, estamos como estamos. Por ese mismo temor reverencial, muchos ocultan sus pensamientos o los disfrazan de ditirambos. Nada más, cuando Uribe habló de una posible hecatombe, su áulico mayor, el señor Obdulio Gaviria, primo del nefando Pablo Escobar, habló, al referirse a las palabras de Uribe, de una “inteligencia superior” y los medios de comunicación le hicieron coro. Ahora, con la peregrina excusa para dar al traste con la ayuda de Chávez y de Piedad Córdoba, el mismo Gaviria lanzó un galimatías, del cual lo único inteligible fue su absoluta adoración hacia su amo, el príncipe.

Colombia, el país nacional, no puede seguir permitiendo que la suerte de miles de sus compatriotas secuestrados, dependa exclusivamente del estado hepático del monarca. Tal como sucedía en el circo romano con el destino de los gladiadores vencidos en combate: el pulgar derecho del tirano señalaba la diferencia entre la vida y la muerte del perdedor. El acuerdo humanitario debe de ser una política de Estado y no una estratagema del gobernante de turno, que hoy le abre las puertas  a la esperanza de la liberación de los secuestrados y genera expectativas entre sus familiares y amigos y, mañana, por cualquier quítame estas pajas, las cierra sin importar el pretexto que se esgrima a favor de tal decisión. Para luego, lavarse las manos, esgrimiendo razones insólitas y secundarias, ante la prioridad que significa la libertad de miles de colombianos.

Tocó esperar hasta el 2010. Ojalá que las inclemencias del cautiverio, les permitan a estos compatriotas seguir vivos hasta entonces. Sólo la Divina Providencia podrá lograr que esto suceda. Quiera Dios que así sea.

Valledupar, 27 de noviembre del año 2007

El traje del emperador

La mayoría de la gente conoce el famoso cuento, cuyo título sirve de mote a esta columna. En él se relata la historia del monarca que quería aquilatar la sinceridad de sus súbditos, en razón de que uno de sus consejeros le había dicho que, las alabanzas y las reverencias de aquéllos, sólo eran producto de la hipocresía.

Para hacer la prueba, el emperador decidió presentarse totalmente desnudo ante la corte. La primera impresión que causó fue de sorpresa y, algunos, hasta pensaron que el monarca había enloquecido. Sin embargo, cuando éste hizo mención de las hermosas galas que vestía e inquirió a varios de sus vasallos, sobre cómo les parecía el último traje que sus sastres le habían confeccionado, todos los presentes se hicieron lenguas sobre las riquezas de la tela y del brocado y, además, se deshicieron en alabanzas acerca del hermoso vestido que su amo lucía.

Cada ditirambo era superado por el siguiente y, aun cuando todos sabían que el emperador estaba totalmente desnudo, ninguno se atrevía a decirlo. Y si algunos obraban así por temor a pasar por ignorantes, también es cierto que la mayoría lo hacía para congraciarse con el monarca, creyendo evitar, de esta manera, las iras del mismo.

Pues bien, en Colombia ha pasado algo parecido. Uribe tomó el rábano por las hojas y le dio fin al acuerdo humanitario (tal como algunos lo predijimos), aduciendo razones de soberanía y nadie, de su corte de lacayos, se atrevió a hacerle ver las repercusiones que esta decisión traería sobre la triste situación de los secuestrados por la guerrilla. Todos a una, como en Fuenteovejuna, respaldaron al soberano en su determinación y, aun cuando, fueron a palacio a mostrar su adhesión a éste, bien cierto es que lo hicieron para no pasar como opositores, lo que les acarrearía las iras del príncipe.

Todos, a excepción del Polo Democrático, siguiendo el camino trazado por Uribe, hablaron de la verborrea de Chávez y lo censuraron; otros mencionaron el cruce de palabras entre uno y otro, evitando, eso sí, desaprobar las de Uribe; pero ninguno se acordó de los miles de compatriotas secuestrados, que se pudren en las selvas de Colombia. Todo esto, hace pensar que al país político, de Uribe para abajo, poco le importara la suerte de estos colombianos. Más aún, tal parece que toda la rabieta de Uribe nació al ver que le salía mal la jugada y se dejó atrapar en la trampa de las FARC, que tampoco quieren el acuerdo humanitario y que, al igual que Uribe y Chávez y Sarkozy, sólo buscan protagonismo.

Por eso, las primeras voces de ese país político, haciendo coro al mundo empresarial, una vez pasada la explosión servil de los adeptos, se alzaron para expresar su preocupación por la suerte que podría correr el comercio entre Colombia y Venezuela. Pero, de los secuestrados, ni una sola palabra. Porque nadie, absolutamente nadie de ese mundo privilegiado, preguntó ¿y qué va a pasar con los secuestrados?

Repitamos, entonces, lo que dijimos hace ocho días en esta en columna:”Tocó esperar hasta el 2010. Ojalá que las inclemencias del cautiverio, les permitan a estos compatriotas seguir vivos hasta entonces.”

Y como quiera que, según reza el adagio, “no hay mal que por bien no venga”, Uribe ha decidido no presentarse a una segunda reelección y si, como decía Laureano Gómez, “a la gente hay que creerle”, pues esperemos que esta vez sí cumpla. Y no suceda como ocurrió en el 2003, cuando decía que no aceptaría otro mandato, para luego, a las primeras de cambio, aceptar codicioso otro cuatrienio.

  1. S. Absurda la decisión del Juez 9º especializado de Bogotá, al declarar inocente al general Uscátegui, quien ya había sido hallado responsable por omisión en la matanza de Mapiripán, ocurrida en julio de 1997. Los documentos de la época lo señalan como tal. Sin embargo, no obstante haber sido condenados sus inmediatos colaboradores (todos ellos coroneles del Ejército), al comandante, general Uscátegui, este juez pretende sobreseerlo. Ojalá la apelación de la Fiscalía General de la Nación y de los familiares de las decenas de víctimas de esa matanza, surta efectos positivos al respecto y, ahí sí, se haga justicia. Y Uscátegui, no importa todo lo General que sea, pague por ese delito de lesa humanidad.

Barranquilla, 4 de diciembre del año 2007

Las dos caras de la moneda

Dejando de lado, por obvias razones, la posición de las FARC, pues para nadie es un secreto su indolencia ante el dolor ajeno, hablemos de las posiciones del gobierno ante el acuerdo humanitario. Más aún, olvidemos su actitud ante las negociaciones que, al respecto, adelantaban Chávez y Piedad Córdoba. Y más todavía, dejemos en el tintero el portazo que, en sus narices, diera Uribe. Discurramos hoy sobre las disposiciones adoptadas por Uribe ante las expresiones de Sarkozy.

Primero, cuando éste le pidió liberar, sin prestación alguna, a Granda y a otros guerrilleros, Uribe aceptó su petición sin beneficio de inventario.

Después, una vez pasada la camorra con Chávez, cuando Sarkozy diera señales de esperanza sobre el acuerdo humanitario, Uribe se apresuró a mostrarse, de manera muy evidente, como un pendenciero. Hasta acusó a Sarkozy de pretender que el gobierno colombiano fuera un “apaciguador [dulce, agradable, manso] con el terrorismo” ¿Cómo va a responder así a los ánimos alentadores del gobierno francés?

Jamás en los mensajes de Sarkozy se insinúa tal cosa. Pero tenía que saltar la liebre; allí se ve (así no lo quieran aceptar algunos uribistas furibundos) la mano del asesor número uno de la Casa de Nariño, José Obdulio Gaviria, primo hermano del nefando Pablo Escobar Gaviria.

Este individuo (Gaviria), es el inspirador del régimen y, sus expresiones, cuando no son confusas, no hacen más que encender hogueras en el ánimo de muchos, en un país que arde por los cuatro costados, como lo es Colombia. Sus últimas declaraciones, publicadas hace una semana por El Espectador, han servido de cartilla para que más de un intolerante se despache contra todo aquello que huela a acuerdo humanitario. Y esto, sería lo de menos, lo de más es que Uribe haga eco de ellas, tal como ocurrió en el episodio comentado líneas antes.

Ojalá (y esta es la segunda cara de la moneda), Uribe cumpla con el ofrecimiento hecho en días anteriores, sobre una zona (de despeje o de encuentro, no importa el nombre), que permita llegar a un acuerdo sobre los secuestrados. Y también, ojalá las FARC acepten y cumplan con lo suyo. Casos se han visto y, peor, vivido al respecto.

Ahora que, si se cumplen esos parámetros y se inicia el acuerdo, algún señor feudal o los señores de la guerra (esos que lucran de ésta), deciden entorpecer las conversaciones, a través de algún “falso negativo”, las cosas volverán a empeorar y, miles de compatriotas, seguirán pudriéndose en la selva.

  1. S. * A propósito de “falsos negativos” (tal como lo dijimos hace una par de semanas), cumplidos sus objetivos, se le echó tierra al falso atentado contra el señor feudal Chaux, gobernador del Cauca.

** Vergonzosa la promoción a General del coronel Santoyo, investigado hace unos años por sus actuaciones en materia grave, cuando Uribe era gobernador de Antioquia.

*** Duros, mas no injustos, los reproches de Ingrid, en su carta a Yolanda Pulecio, sobre la indolencia de las dos partes, en lo referente al acuerdo humanitario. De igual manera, ostensiblemente gratificantes sus agradecimientos a los medios de comunicación, al Polo y al Partido Liberal, por mantener viva la llama de la esperanza.

Valledupar, 11 de diciembre del año 2007

Saludo navideño

Rebuscando, entre los pergaminos que el lector asiduo de esta columna ya conoce, encontré algunos pensamientos que bien valen la pena ser recordados en esta época navideña.

Dejemos, entonces, a un lado la situación sociopolítica y económica del país, aunque esto no signifique que se hayan arreado las banderas respecto a una situación ideológica ya analizada y sobre la cual no hay duda alguna. Solamente hagamos un alto en  el camino, para ver estos pensamientos que, tal parece, podrían servir de guía a algunas personas; sobre todo a aquellas necesitadas de palabras que las reconforten.

Siempre existirá en cada uno, el alma de un niño. Porque, por más oneroso que parezca el fardo de la existencia y no obstante el peso de los años nos agobie,  siempre un momento de solaz y de tranquilidad, nos hará reconciliarnos con la vida.

No importa que las desilusiones nos hayan hecho perder la confianza en nuestros semejantes,  siempre el recuerdo de un alma bondadosa nos hará felices, así sea un solo instante.

A pesar de los fracasos que hayas experimentado en tu vida y aun cuando creas que el éxito siempre te será esquivo, recuerda tus primeros triunfos y el deleite que te depararon.

Si hoy ya nada te sorprende y estás curado de asombros, recuerda el día cuando descubriste que tu papá era quien ponía los juguetes debajo de la cama.

Aunque la soledad te asalte en ocasiones y te sientas tentado a caer en la tristeza, recuerda las magníficas ideas que desarrollaste en momentos de tranquilidad y soledad.

SI, ahora en tu edad adulta, sientes miedo de hacer el ridículo, acuérdate de tus años de infancia, cuando las inhibiciones te eran desconocidas. A propósito, no olvides que si no aprendes a reírte de ti mismo, jamás podrás gozar del lado amable que la vida te ofrece.

No permitas que el paso del tiempo, te haga perder la confianza en los demás, ni tampoco te arrebate ese cierto grado de ingenuidad que te hace creer en la bondad ajena.

Sea cual fuere tu edad, regocíjate con tus años de la infancia y de la adolescencia; sin duda, las épocas más felices de la vida. Cuando eras el centro del amor de todos y cuando tus responsabilidades eran menores. No importa qué puedan pensar los demás; quien te critique por esto, seguramente olvidó la felicidad de entonces o, simplemente, fue infeliz durante ese tiempo.

Si hoy eres muy feliz, agradece a Dios por tu felicidad. Si, en cambio, eres medianamente feliz, reconoce también al Señor en la senda que transitas. Y si, por desgracia, tienes una pena que no te deja hallar la paz espiritual, busca en Dios el remedio para tus calamidades. De todas maneras, agradécele por lo que tienes y por lo que eres; recuerda que muchos darían parte de su existencia por tener la vida que tú tienes. Porque, llega la Navidad, tiempo de agradecer, reflexionar  y celebrar.

Agradece todas y cada una de las bendiciones que tuviste este año: salud, amor,  tranquilidad, felicidad, prosperidad, bienestar y alegrías y, además, tristezas, fracasos y desengaños, pues  de ellos también aprendiste.

Reflexiona sobre tu comportamiento para con los demás: tu familia,  tus compañeros de trabajo o de estudio, tus vecinos y demás allegados y relacionados, es decir, tu prójimo. Aprovecha para preguntarte, también, si estás cumpliendo con la misión que te trazaste para tu vida, empleando los dones con que Dios te bendijo.

Celebra tus capacidades de amar, de pensar, de hablar, de caminar, de reír, de jugar, de sentir, de dar, de trabajar, de prosperar, de perdonar.

No olvides que eres un privilegiado, pues aun vives y aún puedes dar amor a tus semejantes. Recuerda a todos los que partieron sin poder reconciliarse con su prójimo, sin poder decirle a sus seres queridos cuanto los amaban. Sin poder darles un último beso, una caricia final, un abrazo o una sonrisa de despedida.

Por eso, abre tu corazón para vivir cada día como si fuera a ser el último.

Amable lector, feliz Navidad. Que Dios te dé salud, tranquilidad y bienestar y, lo mismo que a ti, a todos tus seres queridos.

  1. S. Esta Navidad, pidamos a Dios que mueva los corazones de quienes tienen en sus manos la liberación de los secuestrados, el retorno de los desaparecidos forzosamente y el desencarcelamiento de los presos inocentes.

Valledupar, 18 de diciembre del año 2007

El Año Nuevo

Por estos días, cuando culmina, de manera convencional, un nuevo giro de la Tierra en su órbita alrededor del sol, es tradicional que el ser humano se detenga un instante, para hacer un balance de sus propias actividades, realizadas durante los últimos doce meses. Cada cual hace una introspección para aquilatar sus acciones, deseando que sus virtudes, así hayan sido escasas, hayan tenido mayor peso que sus iniquidades; para, en tal caso, agradecérselo al Creador o, por el contrario, impetrar Su ayuda, con el fin de que el próximo año le permita alcanzar un mejor balance en sus actividades anuales.

También se aprovechas estas fechas, para desearles a los seres queridos toda suerte de parabienes. Congratulando a quienes obtuvieron mercedes en su acaecer anual y solidarizándose con aquellos que tuvieron el infortunio de padecer calamidades.

De todas maneras, son propicias estas festividades anuales, para los exámenes de conciencia. Por supuesto, hay quienes no le prestan atención a este hecho; bien, por ser demasiado pragmáticos; bien, por sentirse asaz desilusionados con la existencia; bien, por mero sentimiento de misantropía.

No obstante, la mayoría participa y sigue la tradición. Pidamos, entonces, salud, tranquilidad y bienestar para los allegados de cada cual. Roguemos (quienes aún creemos y esperamos en el Dios Eterno), por la paz del mundo entero, incluidos Colombia, los países del Medio Oriente y tantas otras naciones que se debaten en guerras que las desangran y las devastan. Pidamos, también, por la liberación de los secuestrados; pero no olvidemos en nuestras peticiones, a los desaparecidos forzosamente, para que, si aún viven, puedan regresar al nido del hogar o, si fueron sacrificados, sus cadáveres les sean devueltos a sus seres queridos; para que estos no sigan en la incertidumbre que significa no saber si el ser querido, que fue desaparecido, vive todavía o ya está muerto.

No olvidemos, en nuestras oraciones, a todas aquellas personas que padecen el infierno de una cárcel, por haberse robado un pan que les permitiera medio alimentar a sus hijos y, también, a todos aquellos que purgan condena por delitos cometidos por otros. Pidamos porque los presos inocentes recuperen la libertad.

Imploremos a Dios, además, porque el desequilibrio social existente en Colombia, empiece a menguar durante el próximo año; para que todos aquellos millones de compatriotas que viven en la absoluta miseria, recuperen la dignidad en la vida. Que los pobres de solemnidad, vean una luz de esperanza en el futuro. Que quienes explotan y despojan a los pobres, al robarse los recursos del Estado, hagan un alto en su afán de depredación y resuelvan hacer suspender su camino delictivo y, al igual que Saulo en el camino de Damasco, vuelvan sus ojos hacia Dios y busquen la equidad a través de la probidad y el amor al prójimo.

Que quienes discuten el aumento del salario mínimo, no conviertan en rey de burlas al trabajador colombiano. Pero que el Gobierno, más que el alza de aquél, vea que es más decisiva una acción del Estado en pro del control de precios y de la especulación en la venta de bienes y servicios.

En fin, que los buenos propósitos de Navidad y de Año Nuevo de cada colombiano, desde el más encumbrado hasta el más desposeído, se hagan realidad y perduren en el corazón de cada cual durante todo el 2008; que, cuando vuelva a salir esta columna (si Dios así lo quiere), ya habrá comenzado.

Feliz y venturoso año nuevo para todos los amables lectores.

Valledupar, 25 de diciembre del año 2007

¡Qué tristeza, qué dolor, qué pena!

Así clamaba el poeta, cuando se  mesaba los cabellos, sumido en la aflicción. Y, ésa, es la frase que retumba en la mente y en el corazón de quienes queremos de verdad a Colombia.

¿Cómo es posible que la suerte, no sólo de los secuestrados y la de Emmanuel; sino también la de todo un país, dependa del hígado de unos esquizofrénicos, unos ególatras, unos megalómanos, unos egoístas que solamente piensan en sí mismos, sin importarles un ardite el destino de todos los colombianos?

¿Cómo es posible que las FARC hayan mantenido alejado de su familia, y aún de la misma madre, a un pequeño e indefenso niño?

¿Cómo es posible que Uribe haya mantenido en secreto la identidad de esa criatura, alejándolo de su familia biológica y sumiendo a ésta en la pesadumbre?

¿Cómo es posible que Chávez, y toda su corte de amigos, hayan participado en este sainete? ¿Sabían de la farsa? Porque de ser así, la vergüenza ante el mundo es mayor.

Ahora, cuando ya el telón ha caído, todos corren a lavarse las manos y se culpan mutuamente. Ambos bandos (el establecimiento y las FARC), se acusan mutuamente y se dicen verdades que el país conoce años ha. Sin embargo, ambas facciones se declaran vencedoras en este trance, en el cual los únicos perdedores son los secuestrados, sus familias y el país nacional: ese que no vive de las intrigas palaciegas, pero tampoco vive ni comulga con el delito.

Mientras tanto, los secuestrados siguen muertos en vida, en tanto se pudren en la selva.

Mientras tanto, Emmanuel sigue sin contar con un hogar en donde encuentre el calor materno y los cuidados de una familia que lo ampare de las vicisitudes de la vida.

Mientras tanto, el país se desmorona y el costo de la vida sube y la farsa del salario mínimo continúa.

Mientras tanto, la seguridad democrática absorbe una inmensa parte del presupuesto nacional y no logra salir de una postración que la hace inane, fútil o vana. Porque la guerrilla persiste en sus acciones depredadoras y se pavonea por doquiera y el paramilitarismo sigue cobrando vidas y haciendas donde le da la gana.

Mientras tanto, la parapolítica, hija adulterina del establecimiento y de los delincuentes, sigue viva y, aún desde la cárcel, impone a sus hijos predilectos en puestos decisivos en el gobierno nacional, departamental o municipal. Porque, si no, ¿qué es, entonces, la vergonzosa actitud de dos facinerosos, presos por robarse su región, engarzados en una disputa, puñal en mano cual vulgares malhechores, en los patios de la Picota, por rivalidades en los cargos claves del departamento del Magdalena?

Por todo lo anterior, con el poeta, hay que exclamar, transidos de aflicción por la suerte de un país que merece otros destinos: “¡Qué tristeza, qué dolor, qué pena!

Valledupar, 8 de enero del año 2008

Sentimientos encontrados

Este es uno de esos momentos, en donde el ánimo se conturba ante tantos sentimientos contradictorios: júbilo, desazón, ira, desconcierto…

Júbilo, por la liberación de Clara Rojas y de Consuelo González y por el encuentro de la primera de ellas con su hijo. Por fin concluyó, al menos para ellas y sus familias, el drama del secuestro. Ya quedaron atrás las angustias y la incertidumbre de saberse ellas mismas, y de saber sus familiares, que estas dos queridas, valerosas y valiosas mujeres, lograron superar el aciago cautiverio, y que ya lograron dejar atrás las dudas sobre el día de mañana. Esa incertidumbre con la cual debieron despertar cada aurora, sin saber si ese sería el último día de sus vidas. Ya encontraron el refugio en los brazos de sus seres queridos y ya nunca más, con el favor de Dios, volverán a sufrir las angustias del secuestro. Júbilo, también, porque ya nadie más volverá a manipular la vida del pequeño hijo de Clara Rojas.

Desazón, al no saber que irá a pasar con los restantes secuestrados. No solamente los cuarenta y tantos canjeables; sino, todos los setecientos y más que, al igual que aquellos, se pudren en la selva. Desazón, porque nadie sabe que piensan Uribe y Tirofijo, los dos antagonistas en este tira y afloja en que se ha convertido el ya tantas veces fallido acuerdo humanitario. Desazón, porque estos dos personas (y que me perdonen ambos, por ponerlos en la misma balanza), se olvidan de que el derecho a la vida y, por consiguiente, el derecho a la libertad, es sagrado y, tal como  lo expresara Ingrid Betancourt, en una de sus pruebas de supervivencia: “…nadie en Colombia [y en el mundo entero], tiene la autoridad [política ni moral] de cerrar con candado la libertad de los ciudadanos…”. Nadie, pues, debe en su sano juicio (y, de paso, aclaremos que la pérdida de la razón tiene muchas caras, que van desde la egolatría hasta la insania absoluta), nadie, repito, puede jugar con la libertad y con las esperanzas de vida de los demás. Y como quiera que a Tirofijo no se le puede pedir cordura, por obvias razones, entonces, pidámosle a Uribe que recapacite y vea la forma más adecuada para lograr el tan anhelado acuerdo humanitario.

Pero decíamos, también, que se siente ira tras conocer las noticias del pasado fin de semana. Por la forma tan de función farandulera que los canales privados de la televisión colombiana le dieron a un hecho tan trascendental, en contraste con la forma como lo hicieron otros canales, sobre todo los extranjeros. Ira, también, por la forma inadecuada como algunos ministros del despacho, tales como el de Defensa, el de Relaciones Exteriores, el del Interior y el de Agricultura que, entre otras cosas, no se sabe que pitos tocaba en ese espectáculo, trataron el caso. Discurso que contrastó con la forma serena (“…a Dios lo que es de Dios…”), con que Uribe trató el tema.

Pero también sufrimos desconcierto, al oír las declaraciones de Chávez sobre el estatus político de la guerrilla. Porque éste es un asunto de política interna de Colombia. Pero, también es una cuestión subjetiva, a la cual no hay que darle tanta trascendencia. Al fin y al cabo, se les llame terroristas o se les dé el calificativo de  subversivos, no altera en nada la situación de orden público. Ni, mucho menos, va a disminuir el aporte del presupuesto nacional al fondo de la guerra.

Desconcierta, también, el afán de los medios de comunicación por desprestigiar más a las FARC; como si éstas ya no tuvieran el suficiente desprestigio. Como si fueran necesarias otras dosis de vilipendio. Pero, sobre todo, ya hostiga tanta muletilla, tanto machacar sobre el mismo tema. Estoy seguro de que si se las ignorara, se lograría más, que dándoles tanto pábulo. Para qué insistir tanto en la separación de Clara y Emmanuel, si ya se sabe que esto se hizo por el bien del niño. Malo sí fue, que no se le entregara directamente a su abuela o, mejor aún, haberlo liberado conjuntamente con la madre.

Olvidemos, además, las declaraciones de Chávez. Ya se sabe que él hace todo esto por buscar protagonismo, Así (y hay que decirlo), algo de razón tenga. Pero esa es una cuestión que deben discutir Uribe y Chávez. Cuantas más personas opinen, más riesgos de deterioro habrá en las relaciones de los dos países. Y, más aún, no olvidemos que somos naciones hermanas, que nacieron en el mismo parto libertador, asistido por venezolanos y colombianos. Amén de la cantidad ingente de intercambio, no sólo de bienes y servicios; sino (y es lo más importante), de personas que diariamente cruzan las fronteras entre los dos países hermanos.

Valledupar, 15 de enero del año 2008

Recordando a Paloma

Hace seis años, cuando la campaña electoral que habría de llevar a la presidencia a Uribe, escribimos una serie de columnas que titulamos “La Parábola de Paloma”, en razón de ser la paloma un ave de la familia de las colómbidas y por la asociación fonética con el nombre en latín del Descubridor, en cuyo honor fue bautizada por Bolívar nuestra querida patria.

Pues bien, en esas columnas, hablábamos de las dos enfermedades que padecía Colombia en ese entonces y que aún padece, no obstante la promesa preelectoral de extinguirlas: la guerrilla y el paramilitarismo. Allí, también mencionábamos como el candidato Uribe enfilaba sus baterías solamente contra la guerrilla y se olvidaba de la cara opuesta, los paramilitares. Allí comentábamos lo grave de ambos males y como, ambos, tenían que ser extirpados, usando el símil del cáncer y la metáfora de las extremidades superiores. Acción sine qua non la paz jamás llegaría a estas tierras.

El paso de los años nos ha dado la razón, pues a pesar del sainete del proceso de paz con los paramilitares, a través de la farsa de la Ley de Justicia y Paz, el paramilitarismo sigue vivo en Colombia y sigue haciendo de las suyas, de manera rampante e impune.

Nada más, en lo que va corrido del año (apenas veinte días), los paramilitares han secuestrado, han desaparecido y han asesinado a decenas de compatriotas, a todo lo largo y la ancho de la geografía nacional: en Santander, en Chocó, en Medellín, en Santa Marta, en Nariño, etc. Además de la gravedad  de estos hechos que enlutan hogares colombianos, también es grave que ninguna autoridad nacional, departamental o municipal (a excepción del gobernador de Nariño), haya dicho ni mu al respecto. Ni el presidente, ni los ministros escuderos, ni el comisionado de paz, ni el vicepresidente, nadie, absolutamente nadie ha dicho “esta boca es mía”. Nadie se ha rasgado las vestiduras antes semejantes atrocidades.

Pero, antes de que algún lector desprevenido o malintencionado crea que el objetivo de este comentario es el de minimizar las también atroces acciones de las FARC, aclaremos que se equivocaría de medio a medio, pues aquí lo que se quiere hacer notar es la indolencia (por decir lo menos) de las autoridades ante semejantes crímenes, producto de la violencia que siguen ejerciendo los dos brazos cancerosos que tiene la pobre de Paloma.

La actitud del régimen nos lleva a otra conclusión: el sainete de Chávez sobre el estatus político de la guerrilla, ha caído como anillo al dedo para los intereses de Uribe. Pues, el tinglado montado por Chávez, dentro de su afán de hablar más de lo debido y de entrometerse donde no lo han llamado, ha servido para distraer la atención de la opinión pública sobre las investigaciones de la Honorable Corte Suprema  de Justicia, con respecto a la parapolítica, las cuales la han llevado hasta el primo de Uribe, el senador Mario Uribe Escobar. También han servido para tapar las barbaridades cometidas en los últimos veinte días por los paramilitares. Crueldades que el nuevo alcalde de Bucaramanga ha desestimado, a pesar de las acciones de Las Águilas Negras, cuya presencia en esa ciudad cada día es más notoria.

Entonces, los uribistas, en vez de irse lanza en ristre contra Chávez, deberían agradecerle sus bravuconadas y sus metidas de pata, pues con éstas solamente ha ayudado a Uribe a minimizar los hechos que le interesan que pasen desapercibidos.

  1. S. El nombramiento de un señor vinculado con los paramilitares, como gobernador encargado de Córdoba, fue un error tremendo de Uribe. Menos mal, ya fue corregido. Su ataque contra el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, es un desatino. Pero su silencio ante los hechos de barbarie de los paramilitares, durante el naciente año, deja mucho que desear. El día en que Uribe ataque a los paramilitares con el mismo coraje con que, en buena hora, lo hace contra la guerrilla., otro será el panorama de Colombia.

Valledupar, 22 de enero del año 2008

¡Qué vergüenza!

No han transcurrido todavía ocho días desde cuando el 24 de los corrientes, el Fiscal General de la Nación, anunciara la captura del general Pauselino Latorre Gamboa, dentro de una redada de las autoridades contra el narcotráfico. Redada en la cual cayó, también, el sobrino del general, el ex fiscal Leobardo Latorre Latorre, capturado porque, aparentemente, hacía parte de la misma organización al margen de la ley.

La historia se remonta a dieciocho meses atrás, cuando un agente encubierto de la DEA, le informó a la Fiscalía de una red que traficaba con drogas alucinógenas y que era liderada por un hombre conocido con los alias de “Carlos Mario”, “Don Enrique” y “El Señor”. La droga era procesada en laboratorios situados en Aguachica, Santa Rosa, Bolívar y en zona rural de Norte de Santander. La mano derecha de “Carlos Mario”, era el encargado de la logística que llevaba la droga a Norteamérica y Europa.

Gracias a las interceptaciones telefónicas, la Fiscalía halló nexos entre el general Pauselino y “Carlos Mario”. En una de estas conversaciones, el mismo general Pauselino involucra a su sobrino, el ex fiscal Leobardo Latorre. En otras conversaciones hablan, los dos principales socios, de futuros negocios, tales como el montaje de una red de prostitución en España. Más aún, la Fiscalía logró establecer que una empresa llamada “Perímetro Ltda.”, dedicada a la vigilancia privada y otra denomina “House Living S. A.”, esta última, gerenciada por el general Pauselino, no eran más que fachadas para el lavado de activos, productos del narcotráfico liderado por la red en cuestión. La labor del sobrino del general consistía en buscarle solución a los problemas jurídicos de la sociedad mafiosa.

En ese momento se borraron muchos años de servicio al Ejército, durante los cuales el general fue reconocido como un hombre honesto. Por su parte, el Fiscal se sintió desilusionado por la actitud del ex fiscal Latorre, a quien había considerado como una persona leal a la misión fiscalizadora. De allí la extrañeza de todo el país cuando el pasado jueves, se conociera tan lamentable noticia. Sobre todo para el Ejército, pues el año pasado su imagen se vio enlodada por el caso de una docena de sus miembros que  fueron arrestados tras descubrirse que trabajaban para el jefe del cartel del Norte del Valle, Diego Montoya, alias ‘Don Diego’. Este nuevo caso, en el que está vinculado nada menos que el ex director de inteligencia del Ejército, pone en tela de juicio, una vez más, los controles de las instituciones para evitar casos tan vergonzosos. Más cuando se vino a saber que el general Pauselino, cuando comandaba la XVII Brigada del Ejército, sita en el Urabá chocoano, fue hallado como “amistoso componedor” de negocios a través de los cuales les eran arrebatadas por paramilitares, las tierras a los campesinos, con el fin de dárselas a los cultivadores de palma.

Pues bien, la vergüenza no cesa.  Ahora, dos días después de ser acusados el general Pauselino y su sobrino Leobardo, un juez les decreta la libertad. En un país, en donde siguen inmersos en el misterio y en la impunidad centenares de crímenes, luego de lustros y decenios de investigaciones “exhaustivas”, es bien raro que un juez se apresure y, en tiempo record (sólo necesitó ¡dos días!), encuentre inocentes a dos pájaros de cuenta, que no sólo manchan el nombre de las instituciones a las que pertenecieron; sino que, además, enlodan ante la opinión mundial, más todavía, el nombre de Colombia.

Habrá que averiguar hasta donde llega el brazo de los cultivadores de palma en el Urabá (antioqueño y chocoano), pues tal parece que es por ahí en donde está el nudo gordiano del asunto.

  1. S. Uribe insiste en su demanda contra el presidente de la Honorable Corte Suprema de Justicia. Es probable que confíe en la fidelidad de los miembros de la Comisión de acusaciones de la Cámara de Representantes y, por eso, crea que el fallo le será favorable. Sin embargo, donde menos se espera, salta la liebre. Y, entonces, a la vergüenza de entablar una demanda para sacar las extremidades del barro, añada la de haber utilizado recursos del Estado en su propio provecho. Y todo por pretender defender lo indefendible, pues los casos de la parapolítica, los tiene muy bien documentados la Corte.

Valledupar, 29 de enero del año 2008

Sobre marchas y otras cosas

Al escribir estas líneas aún no se han sucedido las marchas en Colombia, y en otras ciudades del mundo, contra el secuestro, contra la depredación humana y contra las FARC. Por tanto, en este momento, sólo se puede desear éxitos al evento y felicitaciones a sus primigenios organizadores: dos jóvenes, un barranquillero y una bogotana quienes, al ver el estado lamentable en que se encuentran los secuestrados por las FARC, decidieron que había que hacer sentir una voz de protesta contra tan vil accionar.

Sin embargo, habría sido más benéfico, más equitativo, si con la protesta se hubiera cobijado a los restantes actores del conflicto y, por consiguiente, causantes del dolor que agobia a tantos y tantos hogares colombianos, víctimas del secuestro, de las desapariciones forzosas, de las ejecuciones fuera de combate, de las masacres y de tantas otras formas de violencia y de depredación humana de las cuales se han valido tirios y troyanos, para teñir de sangre y dolor el territorio patrio.

Colombia (ya lo habíamos dicho en columnas anteriores), es tierra fértil para la violencia. Aquí, en esta amada patria, se mata por cualquier quítame estas pajas; los motivos abundan y, si no los hay, se los inventan. Si no, miremos el triste episodio de hace unos días en la localidad de San Martín en donde, por la razón más baladí del mundo, la llegada de la luz eléctrica al poblado, un enardecido individuo asesinó a cuchilladas a cuatro personas y dejó heridas a cinco más, entre éstas a tres menores de edad. Vale la pena aclarar, que ninguna de las víctimas, muertos y heridos, había agredido al loco asesino. Y así lo hubieran hecho, nada justifica esta locura. Todo fue producto de la insania y la intolerancia con que muchos colombianos manejan las situaciones a las que se ven abocados en el diario vivir.

Pero Colombia también es tierra fecunda para otras formas criminales. El país está lleno de ladrones de cuello blanco que a diario se roban los recursos del  Estado; esos recursos con los cuales se podrían construir y dotar hospitales, levantar escuelas y pagar cumplidamente salarios dignos a los maestros, edificar casas para los menos favorecidos, fomentar el empleo, en fin, realizar tantas y tantas obras que permitan que más de diecisiete millones de compatriotas salgan de la miseria absoluta. Y quienes se roban esos recursos (a través de contratistas inescrupulosos o por medio de cómplices armados), son tan criminales como los demás.

Por eso, hay que protestar contra toda forma de violencia y contra todas las maneras de pillaje o malversación que a diario se inventan los ingeniosos del crimen. Y que tienen a la pobre de Paloma, sufriendo no sólo de cáncer en ambos brazos; sino además de un sida galopante que la consume de manera acelerada.

  1. S. *Lamentable el estado de desaseo en que se encuentra, desde la pasada administración, el patinódromo. Las basuras, producto de los desechos que los usuarios depositan en el suelo y en las zonas verdes, están invadiéndolo; sobre todo en el costado sur occidental, donde las brisas del Perijá las depositan. Doña Ilse Villegas tiene allí una buena oportunidad para lucirse.

**Es de esperar que la Fiscalía General de la Nación continúe su labor de saneamiento y que, al pie de la Honorable Corte Suprema de Justicia, siga investigando y apresando a todos los implicados en la parapolítica, sin permitir que algunos avivatos y mañosos eludan su acción de limpieza.

***Bueno, muy bueno, que se investigue hasta las últimas consecuencias el asesinato del dirigente sindical Luciano Enrique Romero Molina, cometido hace casi dos años y medio por paramilitares, quienes pretendían, siguiendo instrucciones de quienes los contrataron para tal efecto, acallar sus protestas contra la opresión y las persecuciones a las que se han sometido a los sindicalistas en los últimos años y, así, estaba a punto de declarar contra los criminales. Los comunicados de la multinacional Nestlé, no bastan para dar por cerrado el caso.

****Que tristeza que un oscuro director de teatro australiano, para poder ser nombrado en al ámbito cultural del mundo, tenga que recurrir a bajezas que lindan con la herejía  y el sacrilegio, al pretender mostrar a Jesucristo como homosexual. No por la homosexualidad en sí misma, a la cual puede recurrir quien así le parezca; sino por el irrespeto a la figura de Cristo quien, para nosotros los cristianos, es el Hijo de Dios.

Valledupar, 5 de febrero del año 2008

El Partido de la O

Hace varios meses, en razón del oportunismo acendrado que muestran sus dirigentes, calificamos como de la O, a uno de los partidos que apoyan a Uribe y que se hace llamar Partido de la U.

La semana pasada, cuando aún estaban fijas en la retina de los colombianos las imágenes de la marcha del 4 de febrero, estos señores de la O, corrieron a presentar ante el país la posibilidad de la segunda reelección de su jefe. Demostrando, así, su desmedido oportunismo. Piensan, al desgaire, que el pueblo está idiotizado o se encuentra compuesto por una manada de imbéciles o de borregos que, sin protestar, habrán de ir para donde los lleven las “inteligencias superiores” que gobiernan actualmente.

Sin embargo, se equivocan. Ya en la columna de la semana pasada, a propósito de la marcha del día 4, comentábamos como “habría sido más benéfico, más equitativo, si con la protesta se hubiera cobijado a los restantes actores del conflicto y, por consiguiente, causantes del dolor que agobia a tantos y tantos hogares colombianos, víctimas del secuestro, de las desapariciones forzosas, de las ejecuciones fuera de combate, de las masacres y de tantas otras formas de violencia y de depredación humana de las cuales se han valido tirios y troyanos, para teñir de sangre y dolor el territorio patrio.”

Pues bien, este fin de semana fuimos sorprendidos con la convocatoria a otra marcha; esta vez contra los restantes actores del conflicto armado que vive el país y, por consiguiente, causantes también de la violencia que padece la nación. Las cifras de muertos, desaparecidos, ejecutados fuera de combate, desplazados y demás víctimas de los paramilitares, de los militares y de la policía, no por conocidas, son menos escalofriantes. En verdad, se trata de miles y miles y miles de colombianos cuyo destino se vio marcado por el sino trágico de la violencia, producto de la codicia y la ambición de políticos corruptos y de sus aliados uniformados, con licencia o sin ella.

Ahora bien, si Uribe acepta una tercera postulación, caería en el terreno de los tiranos que buscan la perpetuidad en el poder. Además, se asemejaría más a Chávez, a quien dice oponerse. Lo único que los diferenciaría sería la verborrea del coronel. Pues, en cuanto a disponer de los bienes del Estado, Uribe no se queda atrás. Y, si no, miremos a Telecom, ECOPETROL, las electrificadoras de Santander, Norte de Santander y Cundinamarca, estas últimas a punto de ser feriadas, y tantas otras entidades, antes estatales, que pasaron a manos de particulares, para provecho y beneficio de unos pulpos financieros.

Pero, también, en caso de venir la segunda reelección, el desgobierno cundiría: pues, toda actividad estatal, estaría signada por el síndrome de campaña electoral. Además, las FARC, tendrían nuevos pretextos para seguir en lo suyo, los paramilitares se fortalecerían y las Fuerzas Armadas, por consiguiente, seguirían detentando el mayor rubro presupuestal de una nación empobrecida. Y entonces, habría más excusas para tener abandonada la seguridad social, la verdadera seguridad social, la que nace del equilibrio entre poderosos y menesterosos; en donde, estos tienen lo necesario para vivir decentemente, sin que aquellos pierdan sus riquezas. Ese equilibrio que impide que el rico se enriquezca cada día más y el pobre se hunda irremediablemente en la miseria.

Y como si fuera poco, con la segundad reelección (preludio de otras más), más agencias del estado, quedarían en manos del presidente, con lo cual, su semejanza con Chávez, aumentaría. Las Cortes, la Comisión de Televisión, el Banco de la República y tantas otras, se convertirían en oficinas electorales. Y qué decir del Senado, la Cámara, las Asambleas, los Concejos municipales, la Fiscalía, la Procuraduría. Todos a una, como en Fuenteovejuna.

Y, lo que es peor, el acuerdo humanitario, la liberación de los secuestrados, el esclarecimiento de los crímenes de Estado y de la parapolítica, todo se iría al traste. Entonces, ¿en qué quedamos?

Valledupar, 12 de febrero del año 2008

Confesión de culpa

Cuando un individuo hace declaraciones sobre asuntos de los cuales no se le ha preguntado, se supone en él una culpabilidad que quiere tapar con sus declaraciones fuera de contexto. De igual manera, cuando alguien ataca alguna idea, sin que nadie haya pedido su opinión, y la ataca sin razones de peso, es signo indudable de su culpabilidad.

Pues bien, con la marcha proyectada para el próximo seis de marzo, ha pasado algo similar. Una vez fue dada a conocer, se oyeron muchas voces protestando por dicha marcha, aduciendo motivos baladíes tales como el salir a protestar contra el Establecimiento, contra las Fuerzas Militares, contra la parapolítica y los paramilitares. ¿Será el unir tantos motivos, lo que ha hecho que algunos protesten contra dicha marcha? ¿Será que se siente aludidos por los motivos expresados por los organizadores de la marcha?

No han faltado quienes le hayan cambiado la fecha a la marcha, tal vez con el oculto propósito de distraer a la opinión. Otros escudan su oposición a la marcha del seis de marzo, alegando que ésta está organizada por las FARC. A sabiendas de que sus promotores son las víctimas del paramilitarismo, las desapariciones forzadas, las ejecuciones fuera de combate, los desplazamientos y tantas otras formas de depredación humana que han asolado al país. Y no faltan quienes desde ya le auguran poco o ningún éxito a la protesta del próximo seis de marzo.

Por eso, hace un par de semanas decíamos que habría sido mejor una sola marcha en la cual se protestara contra toda forma de violencia, viniera de donde viniese. Porque han sido tantos los causantes de la violencia que, a la hora de la verdad, se les puede meter en el mismo saco. Pues, para los deudos de las víctimas, es igual que a su ser querido lo haya asesinado un guerrillero, un paramilitar, un soldado o un policía. De todas maneras, muerto está.

De igual forma, un desplazado no lo es menos porque el causante de su desgracia sea un soldado, un policía, un paramilitar o un guerrillero. O acaso los familiares de los desaparecidos forzosamente, ¿les duele menos su infortunio porque la desaparición la ordenó un general o un simple teniente?

Sin embargo y pese a todas las descalificaciones que se le quieran atribuir,  la marcha del próximo seis de marzo, debe ser tan copiosa como la del cuatro de febrero. Porque esa sería la única forma de demostrarles a los violentos, vengan de donde vinieren, que Colombia ya está hastiada de ellos, que el país ya no soporta más depredación, la nación está saturada de baños de sangre, la patria no puede seguir pariendo hijos parias.

Por todo esto, ¡a marchar el seis de marzo!

  1. S. * Nuevamente el ministro de Agricultura pela el cobre. Primero fue cuando se lanzó a hacer política y recorrió el Valle del Cauca, luciendo camisetas con mensajes en contra del despeje que propiciara el acuerdo humanitario. Después, metiéndose en asuntos propios de la Cancillería. Ahora, cuando por fin hace algo de su resorte, decide embarrarla y promete darle a palmicultores, amigos del alto gobierno, las tierras destinadas a miles de campesinos desplazados. Menos mal que la Procuraduría y el senador Jorge Robledo alcanzaron a oler el tocino y denunciaron el hecho.

No importa el galimatías en el cual se enredó el bisoño ministro, con el fin de justificar su desacierto (por decir lo menos). Lo importante fue que la acción ladina se logró conjurar.

** El patinódromo sigue sucio. Por favor si algún amable lector conoce a doña Ilse Villegas, hágale saber el estado de desaseo en el cual se encuentra este hermoso lugar. No dejemos que la basura lo invada. Y por favor, a los usuarios recomendémosles un poco de espíritu cívico. Utilicen las canecas de la basura para depositar los desechos y envoltorios de los alimentos que consumen dentro del recinto deportivo.

Valledupar, 19 de febrero del año 2008

Cuba y Fidel Castro

La riqueza de que gozara Cuba hacia 1860, sólo beneficiaba a una minoría: la oligarquía que, con permiso de España, explotaba la producción de caña de azúcar. Estos terratenientes quisieron buscar la anexión de la Isla a los Estados Unidos, en cuyos estados del sur, el esclavismo favorecía el enriquecimiento de los dueños de las plantaciones de algodón.

Provocada por los mismos Estados Unidos la voladura del acorazado Maine, sobrevino la guerra de este país con España y la separación de Cuba del gobierno español; guerra que fuera aprovechada por los norteamericanos para apropiarse de Filipinas y de otras posesiones españolas en el océano Pacífico. A partir de allí (1898), el dominio estadounidense sobre Cuba nunca dejó de existir, así hubiera elecciones en la Isla y se sucedieran los gobiernos civiles o las dictaduras militares. Más aún, hasta finales de 1958, Cuba fue de hecho un protectorado de Estados Unidos.

Así las cosas, el pueblo cubano jamás gozó de libertad y, menos aún, de equilibrio social, pues la riqueza generada por la producción agrícola, sobre todo la de la caña de azúcar y tabaco, seguía beneficiando a la oligarquía criolla; los provechos se extendían a las empresas norteamericanas establecidas en Cuba, las cuales sacaban, hacia los bancos de EE. UU., todo el dinero producido.

El analfabetismo, la mortalidad infantil, la falta de empleo calificado, la ausencia de vivienda decorosa, en fin, la falta de un estatus digno, era la constante para algo más del 80% de la población cubana. Además, los casinos, los prostíbulos costosos y, en general, los centros de diversión, constituían el atractivo principal para los ricachones norteamericanos que visitaban la Isla y de cuyos beneficios sólo se favorecía la minoría oligárquica.

De otro lado, la inestabilidad política de Cuba, hacía que se sucedieran los golpes de estado, la mayoría de los cuales,  a partir de 1933, fueron promovidos por el otrora sargento Fulgencio Batista; quien, ya convertido en coronel para 1934, siguió derrocando gobernantes hasta cuando en 1952, siendo ya general, decidió entronizarse en el poder, para llevar a Cuba a sufrir la peor de las dictaduras de su historia.

La pobreza aumentó, al igual que sus secuelas: analfabetismo, insalubridad, mortalidad infantil y adulta, etc. Por eso cuando en enero de 1959, Fidel Castro triunfó con sus revolucionarios del Movimiento 26 de julio y derrocó a Batista (quien alcanzara a huir del país, para refugiarse en Estados Unidos, salvándose así de un juicio que le habría hecho pagar todos sus crímenes), el pueblo cubano tuvo un respiro.

Se realizó una reforma agraria que les dio tierras a los campesinos que, hasta entonces y por generaciones, solamente habían cultivado para provecho exclusivo de los amos. Se hizo también una reforma urbana para que toda familia cubana tuviera un hogar decente y se estableció la educación obligatoria y gratuita, con el fin de abrir nuevos horizontes a un pueblo que desconocía las posibilidades de redención socioeconómica a través de un empleo calificado. Por primera vez, desde la intervención norteamericana de 1898, todo cubano tuvo el derecho de ingerir tres comidas diarias, así tuviera que hacer filas extensas, con una tarjeta de racionamiento en la mano. Así surgió la posibilidad de un futuro halagüeño para el 100% de la población.

Los detractores de Casto, sobre todo los viudos del poder que, al ser derrocado Batista, perdieron todo derecho a seguir saqueando las arcas del Estado y a continuar explotando y despojando a los pobres, huyeron de Cuba y se refugiaron en el único sitio donde tenían cabida: los Estados Unidos, cuyas empresas multinacionales perdieron, también, todo derecho a seguir beneficiándose con las riquezas naturales de la Isla, cuando fueron expulsadas de Cuba.

El bloqueo económico que, en represalia, le impusieran los diferentes gobiernos que, desde entonces, ha habido en Norteamérica, más la extinción de la Unión Soviética, ha estrangulado la economía cubana. Sin embargo, Cuba hoy en día tiene un analfabetismo del 0,5%, la desnutrición infantil es la más baja en América Latina (4,2%), posee el mejor nivel médico en el sub continente, su nivel deportivo le ha permitido quitar la hegemonía norteamericana en los juegos continentales. Las artes y las letras florecen por doquier.

Entonces, ahora cuando Castro deja el poder, Cuba entera, agradecida, sólo puede reconocerle el haberla sacado de la ignominia en la que la había sumido el otrora sargento Fulgencio Batista.

Valledupar, 26 de febrero del año 2008

A marchar el 6 de marzo

Qué lástima que el joven Hernán Araujo Ariza, en su columna de El Pilón del 28 de febrero, dedique sus esfuerzos a encontrar razones para demeritar los motivos de la marcha del próximo 6 de marzo.

Y digo lástima, porque los argumentos invocados por el joven Araujo están basados en sofismas; es decir, mentiras con apariencia de verdad.

Porque, ¿qué es la afirmación sobre la desaparición del paramilitarismo (llamado de manera eufemística autodefensas nacionales), sino un sofisma? El paramilitarismo  goza de buena salud y, por tanto, delinque todavía. Más aún, sus cabecillas, desde la cárcel, dirigen las acciones.

Otra falacia, consiste en afirmar que las requisas que les hicieran a éstos en días pasados, contradigan las comodidades de que gozan en prisión. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Asegurar que la masacre de Jamundí (en donde unos miembros del Ejército asesinaron a lo más granado del grupo antinarcóticos de la Policía), fue resultado de fuego cruzado es, por decir lo menos, producto de ceguera mental; sobre todo, cuando ya las pruebas aportadas por la Fiscalía, han demostrado que se trató de una emboscada de los primeros contra los segundos y que, presuntamente, era un mandado que el coronel Byron Carvajal le hiciera a la mafia.

De otro lado, el llamamiento a juicio del coronel Alfonso Plazas Vega, por lo del Palacio de Justicia, sin haber llamado también a los generales Rafael Samudio Molina y Jesús Armando Arias Cabrales, es una tarea de limpieza hecha a medias. Y si habláramos de oficiales del Ejército involucrados con el paramilitarismo y el narcotráfico, ¿dónde quedan los casos de impunidad que favorecieron a los generales Jaime Alberto Uscátegui y  Rito Alejo del Río, por lo primero y al general Pauselino Latorre por lo segundo?

Ahora bien, tratar de minimizar los hechos de corrupción de soldados y policías (de graduación y niveles jerárquicos diversos), por razones de condición humana y debilidad de conducta (tal como lo afirma el joven Araujo), es coger el rábano por las hojas y equivaldría a condonar las infracciones y crímenes de la delincuencia común, por las mismas razones. Y, en cuanto a tirar la primera piedra en asuntos de corrupción y de criminalidad, no se puede generalizar, a la bulla de los cocos. Más aún, somos muchos quienes aún tenemos las manos y la conciencia limpias. A mucha honra.

En lo referente a marchar contra la parapolítica, no obstante algunos de sus exponentes estén presos, es una forma de protestar contra los parapolíticos; pues, como consecuencia de sus delitos, el Estado perdió recursos con los que habría podido aliviar a la población más frágil en asuntos de tanta significación, como la salud, la educación, la vivienda; consecuencias que aún están vivas y, por esas atrocidades, los más pobres sufren. Aun cuando, después de lo de la farsa de Carimagua, uno duda de que el gobierno realmente tenga ganas de aliviar a los pobres. El tinglado montado por el jovenzuelo Arias, deja mucho que pensar.

Y, ¿qué decir de las desapariciones forzosas, las ejecuciones fuera de combate, los falsos positivos que llevan a la cárcel o al cementerio a sindicalistas o a campesinos, todos ellos inocentes? Debemos marchar, también, en señal de duelo, por los centenares de miles de muertes ocurridas bajo la égida que ha llevado al país a esta situación de barbarie.

En resumen, son tantos y tan abominables los crímenes que se deben denunciar en esta marcha, que se necesitarían ríos de tinta y miles de pancartas para poder revelar las iniquidades cometidas por esta caterva de delincuentes.

Por todo lo anterior, ¡a marchar el próximo 6 de marzo!

Valledupar, 4 de marzo del año 2008

El gran conciliador

El presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, quien fungió como Secretario pro témpore de la Cumbre de Río, logró conciliar los ánimos entre los presidentes Uribe, Correa, Chávez y Ortega.

No obstante estar los pensamientos caldeados, logró Leonel  Fernández conducir el debate y, así, cada mandatario expresó sus puntos de vista. Al principio la controversia discurrió de manera fuerte y, en ocasiones, cargada de ironía; sobre todo de parte de Correa. A veces, con acusaciones y recriminaciones de Uribe hacia Correa, Chávez u Ortega y, también, de éstos hacia aquél.

Sin embargo, poco a poco, el moderador fue llevando las intervenciones de los jefes de estado hacia la conciliación y, a través de un lenguaje más sobrio y de mayor comedimiento, fue apaciguando la situación que ya pronosticaba el estallido de los ánimos.

El presidente de México, Felipe Calderón, también hizo su aporte para buscar la morigeración de los términos usados por los presidentes. Poco a poco, fue llegando la calma a los espíritus. Uribe fue el primero en hacerlo; su segunda intervención, de principio a fin, fue una lección de prudencia. Chávez y Correa, para no ser menos, también suavizaron su lenguaje y dejaron atrás los epítetos procaces. En honor a la verdad, Ortega había sido el menos agresivo con Uribe; al menos durante la Cumbre de Río. Más aún, cuando se presentó el apretón de manos que sellaba la reconciliación, Ortega lo acompañó de un abrazo, al cual Uribe correspondió.

Al margen de todo esto, la segunda intervención de Uribe dejó en alto la cultura y la buena educación del pueblo colombiano. Nuevamente, por esto, hay que reconocer que “A Dios lo que es de Dios…”

A propósito de conflictos y de paz, recordemos un episodio de nuestro no muy lejano pasado histórico. El primero de septiembre de 1932, las tropas peruanas invadieron el colombiano puerto de Leticia en el Amazonas. Ese día, en el Senado colombiano se estaba llevando a cabo un  álgido debate entre la oposición y el gobierno de turno.

En un momento dado, un empleado del Senado se acerca al orador y le entrega un cablegrama que lleva el rótulo de ¡Urgente! Laureano Gómez lo toma, lo abre y al leerlo, su rostro empalidece. Allí se informa del incidente fronterizo. Lleno de cólera patria, exclama: “Paz, paz, paz en el interior. Guerra, guerra en la frontera.”

Hoy, parafraseando, habría que decir: Paz en el interior y paz, también, en las fronteras.

  1. S. *La marcha del pasado jueves, logró su cometido: protestar contra toda forma de violencia, venga de donde viniere (guerrilleros, paramilitares, miembros del Estado); compulsar los espíritus hacia la búsqueda de la paz, hacia la condena de todo tipo de tergiversación de las leyes, a pedir reparación para las víctimas y sus deudos, a exigir justicia eficaz contra los depredadores humanos, a condenar a los que se lucran con la guerra, a dar un NO rotundo a la preclusión de los crímenes de lesa humanidad, sin importar su autor o autores.

** Que lástima que el joven Hernán Araujo Ariza no haya sostenido un debate, sin caer en improperios y agravios. Como yo no quiero caer en ese juego, pues no es ese mi talante, no se los voy a contestar. Por eso, si se sintió ofendido, acepte mis sinceras disculpas; mi intención no fue la de injuriarlo. Más aún, seguiré leyendo sus columnas, así no siempre comparta sus puntos de vista y sin importar su amenaza de no volver a leerme.

Valledupar, 11 de marzo del año 2008

En la Semana Mayor

Para Año Nuevo, la mayoría de la gente suele hacer propósitos que le permitan enderezar el mal camino o permanecer en el sendero correcto.

Si esto se practica solamente porque, de manera convencional, se ha contabilizado el final de otro recorrido de la tierra en su órbita alrededor del sol, con más razón en esta época de Semana Santa las intenciones buenas han de acompañar el accionar de todos los creyentes.

Porque, al fin y al cabo, se conmemora el sacrificio del Dios–Hombre, del Hijo amado del Padre Eterno, que vino, no sólo a redimir los pecados de la humanidad; sino que, además, vino a dejarnos unas enseñanzas que, unidas a los Mandamientos (verdadero código de convivencia y comportamiento individual) dados por Dios  a Moisés en el Sinaí, han de servirnos (los Mandamientos y las enseñanzas de Cristo), para transitar por este camino terrenal, de tal  manera que al irnos lo hagamos en paz con Dios, con la humanidad y con la naturaleza.

Pero estos propósitos, tanto los de Año Nuevo como los de Semana Santa, no pueden quedarse en eso: sólo propósitos; No, ellos deben convertirse en realidades, en modelos de comportamiento y convivencia.

Entonces, quienes calumnian y quienes agravian; aquellos que roban, no solamente en atracos o asaltos; sino también quienes se roban los dineros del Estado;  quienes asesinan, no sólo en momentos de ira o de pasión; sino además quienes lo hacen a sangre fría, para depredar; quienes explotan a los necesitados; quienes abusan de una situación temporal de poderío y subyugan a otros; en fin, todos, pues de una manera u otra todos somos pecadores y, en este punto, ahí sí que es verdad que nadie puede tirar la primera piedra, debemos hacer un alto y meditar en  nuestros propios errores y aprovechar los días santos, para acercarnos a Dios, pedirle perdón por nuestras faltas y prometerle que, con la ayuda de Su gracia, buscaremos el camino que nos conduzca hacia Él.

Por esto, bien vale la pena recordar, aunque sea una pequeña parte, la plegaria con la que Giovanni Papini concluyera su gloriosa “Historia de Cristo”, que escribió recién terminada la Segunda Guerra Mundial y cuyo contenido nos permite reconocer lo poco que somos en la inmensidad del universo y lo grande que debe de ser nuestro amor por Jesús que dio todo, hasta la vida, sólo por nosotros:

“Señor, tenemos necesidad de Ti, solamente de Ti, de ningún otro, de nadie más. Tú, que nos amas, puedes sentir, por todos los que sufren, la piedad que cada uno siente de sí mismo. Tú, solamente Tú, puedes saber como es de grande, de inconmensurablemente grande, la necesidad que tenemos de Ti en este mundo, en esta hora del mundo…”

“El amor bestial de cada hombre a sí mismo, de cada casta a sí misma, de cada pueblo a sí mismo, de cada región a sí misma, ha centuplicado el odio entre los individuos de la raza humana; la voracidad de lo mucho, ha generado la indigencia de lo necesario; el prurito de los placeres, ha producido el roer de las torturas.”

“Pero, nosotros, los últimos, los pequeños, los menesterosos de Tu amor, Te esperamos. Te esperamos cada día, a pesar de nuestra iniquidad, de nuestra indignidad y de todo lo imposible. Y, así, el amor que podamos aún extraer de nuestros corazones, ha de ser para Ti, Jesús Crucificado. Para Ti, que fuiste atormentado por culpa de nuestros pecados y nuestras faltas; ya que, hoy, solamente debe atormentarnos el no poder ser dignos de Tu amor.”

Valledupar, 18 de marzo del año 2008

Cuentos de fantasmas (XV)

–Herminia, esa muchacha nos está engañando. Aquí no hay ningún duende, ni nada que se le parezca. Con seguridad, ella se levanta en las madrugadas, cuando sabe que todavía todos estamos durmiendo y, entonces, se mete al galpón, se despeina, se quita algo de la ropa y, cuando tú vas a buscarla, la encuentras en ese estado, como de locura.

–No mijo, ella no tiene esos alcances. Seguro que hay un duende que le hace todo eso que ella cuenta.

–Anoche, yo vigilé todo el tiempo; sólo en la madrugada me venció el sueño y debí dormitar una media hora. Cuando me desperté, ella ya no estaba; la busqué en el galpón y la encontré tal como tú las has visto otras veces. Pero eso no nos da pie para pensar en un duende. Bien pudo hacerlo ella sola.

–Yo creo, más bien, que el duende aprovechó que te habías dormido y se la llevó. Lo más grave de todo, es lo que ella dice que le hace.

Así siguieron hablando durante un buen rato, mientras saboreaban el primer tinto de la mañana en la cocina de su casa, don Milciades Escobar y doña Herminia Morales, su esposa.

Desde hacía tres semanas, cada tercera mañana, cuando doña Herminia iba a despertar a Petra, la muchacha que, desde hacía tres años, le ayudaba en los quehaceres de la casa, siempre encontraba su cuarto vacío. La primera vez, pensó que Petra ya se había levantado; pero al ver que no aparecía, la buscó por toda la casa y, al fin, la encontró en el galpón, semidesnuda y con el cabello alborotado. Inquirida al respecto, Petra solamente atinó a decir:

–Fue un duende, su merced, que me sacó del camastro y, volando, me llevó al galpón y me hizo suya.

–¿Qué locuras dices?, ¡muchacha del demonio!

–La purita verdad, su merced. Yo anoche estaba dormida, cuando sentí que una mano caliente me tocaba en el hombro; me desperté del todo y vi a un señor pequeñito, con un sombrero muy gracioso que, sonriendo, me dijo: “Te voy a llevar al galpón y te voy a hacer mujer. No grites, porque si haces algún ruido, te quedarás muda para siempre.” Yo, toda asustada, me quedé quietecita y, entonces, él me tomó en sus brazos y volamos por los aires hasta el galpón y, allí, me hizo suya.

–No seas tan embustera. ¿De dónde sacas todo ese cuento? Ya mismo, llamo a Milciades para que me acompañe donde el padre Venancio y averigüemos la verdad y, si me estás mintiendo, te liquido el sueldo y te vas de esta casa.

–Ay, mi señora no me haga eso. Su merced sabe que yo no tengo a donde ir. De pronto todo debió ser un sueño y yo, dormida, terminé en el galpón.

Doña Herminia se tranquilizó un poco y después, mientras se tomaban su tinto mañanero, le contó a  su marido la historia de Petra; don Milciades estuvo de acuerdo con la versión del sueño y remató:

–Eso fue lo que pasó, la india es sonámbula.

Sin embargo, siguieron pasando los días y el suceso se repetía con intervalos de una noche. Para entonces, llegó a pasar vacaciones al pequeño pueblo, Gonzalo el hijo mayor del matrimonio. Esa misma noche, fue puesto al corriente del asunto. Riéndose, mientras se atusaba el frondoso y negro bigote, dijo:

–Yo voy a vigilar esta noche. Mamá, prepáreme un termo de tinto, porque hoy salimos de dudas.

Cuando todos se acostaron, Gonzalo se apostó, armado del termo repleto de tinto, dos cajetillas de cigarrillos y dos cajas de fósforos, al frente de la puerta del cuarto de Petra. Fumando un cigarrillo tras otro y tomando tinto cada quince minutos, permaneció en vela toda la noche. Ni un instante quitó los ojos de la puerta del cuarto de la muchacha. Ya empezaba a clarear la aurora, cuando doña Herminia se acercó donde su hijo.

–¿Qué tal, mijo? ¿Vigiló toda la noche? ¿Pasó algo?

–Sí, mamá. Vigilé toda la noche; jamás quité los ojos de la puerta. Nadie entró, nadie salió.

–Vayamos a ver como está Petra.

La sorpresa fue mayúscula cuando, al abrir la puerta, encontraron el camastro vacío. Corrieron al galpón y allí, semidesnuda y con el cabello alborotado, estaba Petra, todavía dormida.

*****

Don Milciades, atendiendo las razones de doña Herminia, vendió la casa y se fueron para otro pueblo. Meses después, él volvió al pueblo a cobrar el saldo de la venta de la casa donde había nacido y había vivido siempre y, con asombro, se enteró de que los nuevos dueños habían encontrado una guaca en el galpón.

Valledupar, 25 de marzo del año 2008

Las lecciones de la Historia (VI)

Ahora, cuando están por cumplirse 119 años del nacimiento (20 de abril) y 63 de la muerte (30 de abril) de Adolfo Hitler, ese nefando personaje que llevara al mundo a una guerra que arrasó con un continente y lo dejó sembrado de cadáveres, es bueno recordar como la megalomanía y la codicia de poder, lo llevaron a pasar por encima de toda norma y de todo respeto hacia sus semejantes, con tal de saciar su sed de venganza hacia el pueblo judío, por una parte, y hacia el resto del mundo, por otra. Ya que, en medio de su insania, él veía con odio a los judíos y los creía culpables de los padecimientos del pueblo alemán. Además, estaba convencido de que la derrota alemana en la Guerra del 14 era culpa de los políticos liberales y ni que decir de las condiciones del Tratado de Versalles, impuesto por los Aliados a la derrotada Alemania. Todo esto lo aprovechó Hitler para hacerse con el poder total.

Pero su ascenso al poder no fue obra de la casualidad. No, él urdió la trama mediante la cual logró escalar los peldaños que lo condujeron a la jefatura del Estado. Aprovechando sus dotes oratorias y el descalabro de los sucesivos gobiernos de la posguerra, más la debilidad de sus oponentes, pronto logró hacerse a un puesto de honor en el recién fundado Partido Obrero Alemán (1919), al que luego le cambiaría el nombre por el definitivo de Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, más conocido por el tristemente célebre nombre de Partido Nazi.

A él se unieron el ingeniero G. Feder, teórico político y racista consumado, los ex oficiales del Ejército, E. Röhm y H. Göering y otros como R. Hess , los hermanos Strasser y A. Rosenberg, quienes terminarían siendo hombres claves en la dirección del nuevo partido político.

Para 1921 creó las milicias del partido, las SA, dirigidas por el ya mencionado E. Röhm. Hitler, apoyado por la fuerza que le daban las SA, en 1923 se convirtió en líder de las formaciones de la extrema derecha alemana. En noviembre de ese año, pretendió dar un golpe de estado, pero fracasó. Fue condenado a cinco años de prisión; no obstante, no pasó más de nueves meses en la cárcel. Allí escribió “Mi lucha”, en donde hace su profesión de fe del nacionalsocialismo. En ella mezcla las aspiraciones pangermanistas, las ideas racistas de la superioridad aria, la supuesta maléfica influencia judía, que permitía la expansión de ideologías funestas y “debilitadoras” como el marxismo y el liberalismo. También allí hace culto a la fuerza, a la violencia y a la guerra y expresa, por primera vez, la idea del espacio vital para la nación alemana.

Cuando Hitler salió de prisión, su partido estaba anarquizado, debido al enfrentamiento entre varios  de sus directivos. Además, la estabilización temporal de la economía en el país, había hecho que el número de desesperados, atraídos por el nazismo, decreciera, lo que ocasionó una disminución de sus partidarios.

Para 1930, la situación cambió. La crisis económica mundial, ocurrida en 1929, aumentó el número de desempleados y de pequeños burgueses arruinados. Todos ellos fueron a inscribir su nombre en el Partido Nacionalsocialista, que también recibió el apoyo de los grandes industriales que no veían con buenos ojos un posible ascenso del comunismo. Como era de esperarse, el Partido Nazi triunfó en las elecciones de 1932. Hitler, por supuesto, entró a hacer parte del gobierno de Bruswick. Desde allí, realizó una campaña para arrebatarle la presidencia a Hindenburg, repitiendo los ataques al socialismo, al comunismo, al Tratado de Versalles, en particular, y al pueblo judío, en general.

En abril (nuevamente abril), es derrotado por Hindenburg; pero obtiene más de una tercera parte de los votos. Tres meses después, consigue 230 escaños en el Parlamento. Tras la disolución de éste, Hitler logra maniobrar, aprovechando la división de sus oponentes y hace creer a los conservadores y a los grandes capitalistas que él está con ellos. Hasta que en enero de 1933, Hindenburg le ofreció la tan anhelada cancillería.

La próxima semana, si Dios quiere, veremos el Tercer Reich y los preliminares de la Segunda Guerra Mundial.

Valledupar, 1° de abril del año 2008

Las lecciones de la Historia (VII)

Hace ocho días dejamos a Hitler instalado en la Cancillería del Reich, tras una serie de maromas para alcanzar tan anhelada posición. El siguiente paso consistiría en lograr el poder absoluto.

El incendio del edifico del Parlamento, acaecido el 27 de febrero de 1933, fue la excusa para desatar una ola de persecuciones contra los comunistas, a quienes Hitler acusara de haber provocado la conflagración. Para Hitler fue fácil convencer a Hindenburg de que suspendiera las libertades civiles. Las SA, milicias del Partido Nazi,  propiciaron un clima de violencia que terminó por azotar a todo el país.

En este ambiente de desasosiego, se celebraron nuevas elecciones en las cuales arrasó el nazismo. Así las cosas, Hitler se hizo conceder plenos poderes por cuatro años y disolvió el partido comunista y los sindicatos. Después, proclamó como único participante en la política alemana al Partido Nazi, a cuyos mandos, entregó el aparato estatal.

Con el fin de lograr el respaldo del Ejército, propició el 30 de junio de 1934 la llamada “noche de los cuchillos largos”. Allí fueron eliminados algunos miembros intermedios del partido y ciertos integrantes incómodos de las SA.

Al morir Hindenburg (2 de agosto de 1934) Hitler, sin dejar de ser Canciller, accedió también a la Presidencia de Alemania. Nació, así, el III Reich o Tercer Imperio Alemán, del cual él sería su caudillo absoluto. Había logrado, por fin, lo que tanto ansiara desde hacía más de diez años.

Desde allí comenzó su plan de denuncia, para buscar la abolición del Tratado de Versalles. También trazó directrices que propiciaran la unión de los pueblos arios y la consecución de lo que él llamó el “espacio vital” para Alemania, a costa de los pueblos eslavos, a quienes consideraba inferiores. Su visión geopolítica estaba deformada por el racismo. Además consideraba a Francia como una nación decadente y despreciaba a los pueblos latinos, en general. Sin embargo, esto último no le impediría establecer, en noviembre de 1936, una alianza con Mussolini, a la sazón dictador de Italia. Otro era su pensamiento hacia la Gran Bretaña, a la que consideraba aria y hasta llegó a pensar en una alianza que les permitiera repartirse el dominio mundial. Pero el talante liberal del parlamentarismo inglés no le permitió avanzar en esta idea.

En los dos años subsiguientes, fiel a su concepto de lograr el “espacio vital”, anexó para el Reich, varias regiones cercanas a Alemania: el Sarre, Austria, Checoslovaquia y los Sudetes. Las democracias europeas, apenas hicieron débiles protestas por estos hechos. Su cálculo expansionista, lo llevó a guardar por un momento su racismo y, en 1939, pactó con Stalin, el dictador soviético, para poder tener las manos libres y, así, alzarse con Polonia.

Sin embargo, cuando el 1° de septiembre, Hitler invade a Polonia, con el pretexto de conseguir un pasillo territorial a Danzig, Stalin se preocupa y protesta y, en un mes, logran repartirse a Polonia. Para ese momento, ya Inglaterra y Francia habían declarado la guerra a Alemania (3 de septiembre). Hitler, que había leído mucho sobre tácticas militares, participó activamente en el diseño de la campaña a desarrollar, buscando con esto conseguir al abatimiento de sus enemigos, mediante una “guerra relámpago”. E, inicialmente, lo logró; pero las victorias le hicieron perder conciencia de sus limitaciones y, por eso, incurrió en errores fatales, como la campaña de Rusia; pues, para ese entonces, ya se había disuelto el pacto ruso-alemán.

De otro lado, la brutalidad y la rapacidad del dominio nazi en Europa, llegó a la cima con las persecuciones masivas a los pueblos que Hitler consideraba inferiores: judíos, eslavos, gitanos, izquierdistas, etc., que fueron masacrados y terminaron confinados en campos de concentración y de exterminio, lo que ahondó las diferencias entre los nazis y sus enemigos.

En ocho días, Dios mediante, continuaremos con una síntesis sobre el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y veremos algo sobre los campos de exterminio.

Valledupar, 8 de abril del año 2008

Las lecciones de la Historia (VIII)

Ya tenemos a Hitler atornillado en el poder absoluto. Ha obtenido su reelección y allí permanecerá hasta el último de sus días. Ya tiene lo que tanto anhelaba: manejar las riendas totales del poder alemán. Ya ha embarcado al país en una guerra, en la cual sus contrincantes no sólo desean la derrota del totalitarismo, sino que, también, quieren liberar a Europa del dominio nazi.

Los años pasan y la guerra continúa. Los campos de concentración y de exterminio, están abarrotados de los (según la perspectiva nazi) indeseables: judíos, gitanos, eslavos, izquierdistas, etc. Sin embargo, la paranoia del dictador, que se vuelve irascible ante algunas derrotas, no le impide seguir sacrificando al pueblo alemán en defensa de los postulados del nacionalsocialismo y, sobre todo, usar la guerra como el pretexto ideal que justifique su permanencia vitalicia en el poder.

Pero la creciente megalomanía de Hitler, aumenta la oposición de algunos mandos del ejército; oposición que llega a su punto culminante con el atentado del 20 de julio de 1944, del cual el dictador sale ileso y que desencadena una tremenda represión que alcanzó, no solamente a los mandos militares; sino que, además tocó a los mandos diplomáticos y administrativos.

Para entonces, el descalabro alemán había empezado, pues el ejército ario había sido derrotado en la batalla de Stalingrado (enero de 1943); había capitulado en el norte de África (mayo del mismo año) y se había retirado de territorios ocupados por Hitler, en Francia, los Balcanes y algunas regiones de Europa oriental. Refugiado en Berlín, a partir de noviembre de 1944, en una fortaleza subterránea construida para tal efecto, en los sótanos de la Cancillería, Hitler dirigió los últimos combates  que se libraban ya en suelo alemán. Poco a poco, sus antiguos colaboradores, al ver el inevitable naufragio, abandonaban el barco y dejaban solo al maníaco dictador. Solamente unos pocos, como Goebbels, Bormann y Eva Braun, seguían a su lado. Y, así, en esas circunstancias de abandono y de  catástrofe segura, en la madrugada del 29 de abril de 1945, Adolfo Hitler y Eva Braun, contrajeron matrimonio, de acuerdo al rito nazi que incluía, como requisitos sine qua non, la pureza de la raza aria y la ausencia de taras genéticas. Los testigos obvios de la boda fueron Goebbels y Bormann.

Mientras tanto, los ejércitos aliados de Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética, habían invadido el suelo alemán y el Tercer Reich quedaba reducido a un territorio de unos pocos kilómetros cuadrados. Las tropas rusas ya se encontraban, para el día de la boda de Hitler y Eva Braun, en la Alexanderplatz, en Charlottenburg y en otros sitios claves de Berlín, sede del gobierno nazi.

El fin estaba próximo. Todos en la fortaleza subterránea así lo presentían. No obstante, luego de la boda, vino el festejo y se brindó con champaña y hasta Hitler, abstemio total, aceptó beber una copa. Después de lo cual, dictó a su secretaria sus últimas disposiciones sobre el gobierno del Reich. Nombró como sucesor en la jefatura del Estado al almirante Doenitz y como canciller al doctor Goebbels. Sin embargo, sus respectivos mandatos fueron asaz efímeros, pues Goebbels sólo fue Canciller durante 24 horas, ya que, conocedor del desastre final, se suicidó, junto con su esposa y sus hijos. Por su parte, Doenitz estuvo en funciones de Jefe de Estado, solamente 22 días, los suficientes como para firmar le rendición alemana.

Y llegó el 30 de abril. Las tropas rusas estaban en Postdammerplatz y nadie, dentro de los defensores de la plaza, se preocupaba de que les fuera fácil a los rusos llegar a la Wilhelmplatz, es decir, casi a las puertas del refugio de Hitler. Mientras esto ocurre, el dictador reúne al personal que seguía fiel; le estrecha la mano a cada uno de los presentes; a Goebbels, a Bormann y a su secretaria, les da un fuerte abrazo y, tomando a su esposa del brazo, se encierra con ella en sus habitaciones particulares. Pocos minutos después, se oye un disparo. Todos asienten en señal de haber adivinado la razón del tiro: Hitler ha muerto. En efecto, el dictador se había disparado en la boca un tiro de pistola y su esposa se había envenenado. Ambos cadáveres fueron sacados al jardín del refugio, cubiertos con sendas sábanas. Kempka, el chofer particular de Hitler, les roció gasolina y les prendió fuego. Sin embargo, no quedaron totalmente destruidos, sólo algo carbonizados. Esa noche, Kempka y unos soldados, los sepultaron en el mismo sitio de la incineración. Pocos días después, soldados rusos encontraron los cadáveres, los exhumaron y los trasladaron a suelo soviético, donde fueron sepultados en un lugar desconocido.

El III Reich, cuya duración había sido pronosticada por Hitler para un milenio, duró solamente 10 años, 8 meses y 28 días; no obstante, causó desolación y muertes por millones en todo un continente.

Valledupar, 15 de abril del año 2008

Sintomatología de la actualidad (I)

“El coordinador de disciplina encontró a un estudiante, menor de edad, con una escopeta en su maletín,”, “Un menor fue atrapado por la policía, cuando extorsionaba a una compañera de clases.”, “Dos menores de edad asesinaron a su profesor, por estar perdiendo la asignatura regentada por la víctima.”, “Un joven de 15 años asesinó a su primo de 7 años, cuando manipulaban una escopeta.” Estas y otras noticias sobrecogen diariamente la capacidad de asombro del colombiano medio que, atónito, se pregunta: ¿Qué está pasando en el país para que estos aberrantes casos ocurran? ¿Qué está fallando en la formación de los niños y adolescentes? ¿Qué falta en el hogar, en la escuela, en el colegio? ¿De qué fallas adolece la legislación, para que la ocurrencia de estos hechos quede impune y, por consiguiente, se repita? Las causas son tan graves como las consecuencias y no es difícil detectarlas; el problema surge cuando de aplicar los correctivos se trata. La primera y más significativa de estas causas la constituye la pérdida de valores axiológicos. Si los padres carecen de ellos, ¿cómo van a trasmitirlos a los hijos? Nadie puede dar de lo que no tiene.

Desde hace años estamos viviendo una situación que, eventualmente, pareciera progresar de manera acelerada, con cambios sociales de profundo calado. No sólo en los aspectos estructurales, en los que nuestras sociedades han experimentado (a veces para mal, en ocasiones para bien), una auténtica revolución. También en la dimensión cultural, los modelos y formas de relación de la colectividad, y de los grupos que la integran, se están viviendo intensas transformaciones.

Los modelos de socialización, los roles, la jerarquía dominante de valores, las fórmulas de interacción, las expectativas ciudadanas, la naturaleza y funcionalidad de los grupos, las estructuras familiares, todo vive un proceso evolutivo. Se han abandonado, o son severamente cuestionadas, formas históricas de la dinámica social sin que, en algunos casos, queden claras las alternativas. Tal vez por el menosprecio a la enseñanza de disciplinas tendientes a la orientación de la conducta del ser humano, como ser social.

En el epicentro de estas transformaciones, a veces sufriéndolas y más frecuentemente representándolas, los niños y los adolescentes aparecen como un claro elemento de significación. Ya que ellos toman como ejemplo, en toda su ambigüedad, la dinámica del cambio; ellos son producto de una crisis de la socialización y de la representación de la misma, son agentes de inquietudes sociales y depositarios de ansiedades desplazadas, son sujetos y víctimas de muchos desajustes sintomáticos del funcionalismo social; desajustes que se han convertido en paradigmas del cambio y de los asuntos insolutos. Por eso, los niños y los adolescentes son la diana de múltiples miradas y, por tanto, deben ser el horizonte de una reflexión crítica sobre nosotros mismos. Sobre todo, porque son en parte frutos de nuestra creación y, más aún, porque representan el colectivo futuro.

Actualmente, en la sociedad existen muchos niños y adolescentes que no están adaptados al entorno donde se desenvuelven y esto es debido a causas de distinta índole. Las necesidades personales y sociales del niño o del adolescente surgen, a partir de su desarrollo, como características propias de esta etapa de su vida y del tipo de sociedad en que vive, a la cual se espera que se adapte y contribuya; pues, de acuerdo al estilo de vida social que lleve, así será su papel en los diferentes ambientes donde deba adaptarse, tales como el hogar, la familia, los estudios, la religión y, más tarde, lo concerniente a la comunidad y al mundo empresarial. Todos estos ambientes, en muchos casos, con excepción del último, han constituido parte de sus experiencias infantiles.

La familia, el colegio y el medio en el cual se desenvuelven el niño y el adolescente, son tres elementos del sistema social que están en constante comunicación; cualquier incidencia en alguno de ellos tendrá repercusión en todo el conjunto. El primer y mejor agente de socialización lo constituye la familia, pues, a partir de ella, se desarrollan normas de conducta en su relación con los demás, al igual que las costumbres, los valores dominantes de la sociedad, los modelos en general y su  interpretación en función a la clase social, la cultura y la subcultura a los que pertenezca; todo lo cual, hace que el niño o el adolescente aprenda y asuma roles, hábitos, normas, costumbres, actitudes y tradiciones de la sociedad y la comunidad, a través de una evolución del aprendizaje creciente, llamado proceso de socialización.

No obstante, el desarrollo de la personalidad del niño o del adolescente es el resultado de la estructura y la dinámica de la familia, donde la conducta social y la personalidad de aquél  en su medio, serán el reflejo de los modelos que le influyan los padres en su clima familiar, de acuerdo a la sociedad en la que vive y el medio en el que se desenvuelve.

Valledupar, 22 de abril del año 2008

Sintomatología de la actualidad (II)

En nuestra sociedad, aunque en la actualidad muchos niños o adolescentes provengan de hogares que, en su mayoría, no se encuentren debidamente constituidos, se sabe que, muchos de ellos, viven en hogares ora desunidos, ora divorciados legalmente, ora viudos, en donde terminan por asumir, en algunos casos, el rol de jefe de familia. O viven con parientes lejanos y terminan siendo empleados y hasta explotados por éstos y, en algunos casos, sus necesidades quedan insatisfechas. En múltiples ocasiones, el niño o el adolescente vive solo, porque sus padres (o quienes hacen las veces de padres) han sido personas que están fuera del hogar durante la mayor parte del día, por lo que el niño y el adolescente quedan carentes de una orientación adecuada para guiar su personalidad o mejorarla; este es un problema grave que dificulta su proceso de formación educativa y personal.

Aquellos niños o aquellos adolescentes que residen en barrios pobres, provienen, en su mayoría, de un sistema económico medio bajo y, algunos, se encuentran rodeados de vicios que van a servir de evasión y compensación a la falta de ideales, o se encuentran enfrentados a problemas en el ámbito personal o familiar, a causa de la inexistencia del diálogo, de manera continua y afectiva, en la familia; porque existe la falta de confianza y, sobre todo, una verdadera relación favorable, especialmente amigable con su familia (padres y hermanos mayores), que hace que, en muchos casos, el entorno doméstico tienda a perder influencias sobre el niño o el adolescente.

También, quienes viven en barrios de estrato alto sufren, en ocasiones, de la falta de acompañamiento familiar directo, por parte de sus padres o hermanos mayores; pues unos u otros viven tan absortos en sus propias ocupaciones (la mayoría de ellas por causa del deseo irrefrenable de amasar fortuna), que el pequeño y el adolescente quedan a la deriva en los aspectos trascendentales de su formación; quedándole únicamente un vacío que, en ocasiones, llena con los vicios que soslaya en su mayores o conoce en el entorno.

Es por esto que el papel de la familia es vital en el proceso de independencia del adolescente y el desarrollo de una identidad adulta, ya que la relación familiar es de trascendental importancia para el desarrollo de la personalidad del niño y del adolescente. Pues para uno y otro, la familia se convierte en un factor determinante para su desarrollo psicológico y personal; el clima psicológico del hogar afectará la adaptación personal y social del niño y del adolescente, por su influencia en el patrón de conducta directa e indirecta, debido al efecto que tiene sobre sus actitudes; todo esto, relacionado con el funcionamiento, influencia y presiones del sistema familiar.

Llega una etapa de la adolescencia en la cual, el hogar y la familia, de algún modo, van perdiendo espacio, para ceder mayor significación e importancia al ambiente social más amplio y exterior al hogar. En tal sentido, el colegio y el sector donde vive el joven, se convierten en otro espacio para su socialización. Es este el momento, en el cual el colegio se convierte en una de las instituciones con mayor posibilidades de actuación e influencia; lo que favorece el desarrollo del adolescente y conforma su carácter, pues es el colegio el lugar donde pasa la mayor parte de su tiempo y en donde se incrementan sus actividades, no sólo escolares, sino también sociales; las cuales, cada vez, son más frecuentes y complejas. Por esto, es el colegio el lugar donde el adolescente accede a un grupo de interacción que le muestra la importancia de la sociabilidad. No obstante, será en éste ambiente donde surjan las preocupaciones por algunos problemas escolares que se presenten.

También, el sector donde vive el adolescente, es el medio en donde empieza a descubrir por sí mismo aspectos de su ser social; ya que busca allí, un lugar donde sentirse bien; siendo, así, el grupo de amigos y amigas quienes, a su vez, van ganando protagonismo, teniendo mayor importancia todo lo que esté presente en la comunidad donde vive; por ello, ese hábitat natural, es el escenario (espacio físico y temporal) que media entre la familia y el colegio.

La duración y características de la adolescencia, dependen del medio sociocultural en donde se desarrolla y varía, de acuerdo a las condiciones históricas, sociales, culturales y económicas; por consiguiente, no es posible hacer referencia a una cultura juvenil como una totalidad; sino como distintas expresiones que pueden ser comunes entre los jóvenes. Esta compleja red de interacciones sociales remite al adulto, a tomar en cuenta la relación que se establece, para los adolescentes, entre las diferentes vivencias cotidianas y las variadas formas de concebir la realidad.

Valledupar, 29 de abril del año 2008

Sintomatología de la actualidad (III)

La semana pasada, hablábamos de las características que rodean el desarrollo del adolescente. Unidos a esos factores, existen otros que les impiden adaptarse al entorno donde se desenvuelven los adolescentes de variados sectores de cualquier ciudad colombiana, lo cual hace que, en ocasiones, se desvíen del camino correcto que sus padres y sus maestros desean para ellos. Por eso, padres y maestros deben aunar esfuerzos para buscar las causas de este desbordamiento conductual en niños y adolescentes, que los llevan a realizar actos como los enunciados en la columna del 22 de este mes.

¿Cuáles son los factores que les permiten a los adolescentes su adaptación al entorno donde se desenvuelven y cuáles son, también, las causas que les facilitan en ocasiones adoptar una conducta desacorde con las normas éticas, morales y legales?

Después de determinar esos factores, habrá que describir cuál ha sido la conducta prevalente en los adolescentes, durante los últimos tiempos. Sólo así, se podrán encontrar, entonces, cuáles son los motivos que influyen en los cambios de comportamiento del adolescente y se identificará de qué manera el entorno social y familiar afecta su conducta. El estudio que se realice a partir de estas premisas, resultará interesante porque, a través de él, se podrán determinar los factores que intervienen en el desarrollo personal del adolescente.

El comportamiento de los adolescentes varía enormemente, no sólo entre un individuo y otros; sino en una misma persona, día tras día e, incluso, de un momento a otro, pueden presentar un estado de ánimo y un comportamiento sumamente volubles. Por tanto, al describir el patrón de sus actividades, se encontrarán unas que sólo han realizado ocasionalmente y otras que les gustaría llevar a cabo en el futuro, confiriéndoles una importancia similar a la de las actividades regulares.

En algunos aspectos, los adolescentes son iguales entre sí, pero en otros son inmensamente distintos Y, para algunos, la adolescencia será la época más feliz de su vida; para otros, la más desdichada. Muchos parecen oscilar entre el éxtasis y la desdicha, en una forma que resulta terriblemente confusa para los adultos. Algunos se hallan continuamente ocupados e inquietos, mientras que otros impresionan a sus padres con su inactividad; siempre que pueden, permanecen en la cama hasta la hora de comer o se dedican a vagar por ahí (aun cuando su mente y sus emociones puedan ser un volcán de actividad). Pueden ser idealistas, egoístas, o ambas cosas a la vez; pueden ser agresivos o tímidos, arrogantes o corteses; a veces desean ser continuamente estimulados y, otras veces, parecen necesitar del aburrimiento; en ocasiones, forman pandillas o corrillos y otras veces desean estar a solas. Todo esto, o cualquier parte de esto, muchos adultos lo toman de manera perfectamente normal, siempre y cuando reconozcan y entiendan que no necesariamente se aplica en forma similar a todos los jóvenes, ni a un solo joven en particular, ni aún a los de la misma edad.

También hay ciertas diferencias sexuales, debidas a una mezcla de factores biológicos y culturales. Los muchachos suelen ser atormentados por la presión de hacer cosas diferentes, o de ser estimulados por otra clase de actividades realizadas con su grupo de compañeros (incluyendo las conquistas sexuales), Las chicas generalmente se ocupan más de su búsqueda por lograr aceptabilidad y seguridad.

No obstante, hay momentos en la vida del adolescente, en los cuales, muchos de ellos, quieren romper los moldes heredados de sus mayores o, simplemente desean llamar la atención de éstos y es, entonces, cuando se presentan situaciones que, no sólo logran el objetivo esperado por el adolescente iconoclasta; sino que, además, arrasan con todo lo que el futuro podría ofrecerle, lanzando por la borda el tesoro que significa ser joven.

Valledupar, 6 de mayo del año 2008

En Colombia, los héroes sí existen

Por esta semana, con el fin de comentar algo muy trascendental que ha ocurrido en estos días, hagamos un alto en los comentarios sobre los síntomas que, en un porcentaje preocupante, presentan los jóvenes en la actualidad.

Este hecho trascendental es el juicio en el cual fueron condenados, por toda una vida, los militares que asesinaron al cuerpo selecto del grupo antinarcóticos de la Policía, en inmediaciones de Jamundí, en el Valle del Cauca. La masacre, cometida hace dos años, fue presentada inicialmente por los altos mandos del Ejército y por el mismo Ministro de Defensa, como una tragedia causada por el cruce equivocado de “fuego amigo”. Sin embargo, la Fiscalía General de la Nación, no tragó entero y decidió investigar; por eso, el caso les fue quitado a los jueces castrenses y se le entregó a la justicia ordinaria.

En ese entonces, hablábamos en esta columna, ante lo aberrante del caso y los indicios de culpabilidad, de lo preocupante que era que los defensores de las leyes, fueran los encargados de transgredirlas. Para eso usamos, en ese momento, el símil de la sal como preservadora, por antonomasia, contra la corrupción. No obstante, ante el anuncio determinante del “fuego amigo”, como causante de la tragedia, fueron muchos quienes cayeron (tal vez inocentemente, acaso a sabiendas) en la trampa. Todavía hace unos meses (apenas finalizaba febrero), algunos creían a pie juntillas en el “fuego amigo”. Entre otras cosas, un contrasentido: pues nadie dispara contra sus amigos de manera tan inmisericorde.

Tras el cúmulo de pruebas, absolutamente demostradas, el Juez Cuarto Penal del Circuito Especializado de Cali, Edmundo Octavio López Guerrero, profirió sentencia condenatoria para todos los implicados en el asesinato colectivo: un coronel, un teniente, tres suboficiales y diez soldados. Todos ellos, pertenecientes al Batallón Lince de Alta Montaña No. 3, fueron encontrados culpables del delito de homicidio agravado, en el cual coincidieron las circunstancias de la premeditación y la alevosía. El crimen fue fraguado a sangre fría y a las víctimas se las cosió (literalmente) a tiros: fueron disparadas alrededor de 450 balas para matar a quienes fueran emboscados: diez policías miembros de la Dijín y un civil informante de estos.

Pues bien, el caso heroico (que permite dar mote al artículo de hoy), lo protagonizaron la Fiscalía General de la Nación, los fiscales investigadores y el señor Juez Cuarto Penal de Cali, a quienes no les tembló la mano para hacer justicia.Pronta y cumplida justicia, tal como lo ordenan los cánones legales de nuestro país. Y tan no le tembló la mano al Juez López Guerrero, que denegó la petición de los abogados defensores de lograr el cumplimiento de la condena en guarniciones militares; su orden fue perentoria: los condenados serán trasladados a las cárceles de Villahermosa y Palmira. Más aún, las sentencias son las más altas proferidas contra algún miembro de la Institución militar: 54 años para el coronel, 52 para el teniente y 50 para cada uno de los suboficiales y soldados, coautores todos del homicidio colectivo.

  1. S. * A propósito de las rabietas de Uribe contra Cepeda, Petro y demás opositores al régimen, vale la pena recordar el pensamiento que aparece en el libro “La Parapolítica”, de la Organización Arco Iris, quien fuera precisamente la que desatara el escándalo correspondiente: “Suponer que con las desmovilizaciones realizadas, se puede desmontar el proyecto paramilitar en Colombia, equivale a decir que es posible recoger con los dedos la gota de mercurio que ha caído en el piso.”

** Lástima que, justo cuando los más tenebrosos paramilitares iban a confesar sobre sus socios políticos, amigos y colaboradores de Álvaro Uribe, éste decida extraditarlos a Estados Unidos; con quien, en el tratado correspondiente, sólo se habla del delito de narcotráfico; mas no de asesinatos, desolación y despojo. Solamente falta que, para cerrar la brecha, Uribe tan amigo de las delaciones (al fin y al cabo, él fue el autor de la norma sobre cooperantes), decida también extraditar a sus socios políticos, inmersos en el contubernio con los paramilitares.

*** Muy conveniente para los intereses de estos socios (los que aún no han sido descubiertos y los que están siendo investigados), la “pérdida” de los discos duros de los computadores y las memorias de los celulares pertenecientes a los paramilitares recién extraditados.

Barranquilla, 20 de mayo del año 2008

La feria de los computadores

Hoy retomamos el hilo de la columna que, por razones del quehacer diario, apareció de manera intermitente. De ahí el contenido de hoy, que para algunos puede parecer “trasnochado”. Sin embargo, no es así; estos temas, tienen mucha vigencia.

En el tercer post scriptum de la última columna (20 de mayo), se comentaba sobre lo  conveniente que debió de ser para los implicados en el escándalo de la parapolítica (los que ya han sido descubiertos y aún están siendo investigados, al igual que los que se encuentran pasando de agache y todavía son desconocidos por la opinión pública), la “pérdida” de los discos duros de los computadores y las memorias de los celulares pertenecientes a los paramilitares extraditados por Uribe el 13 de mayo pasado.

Pero no es sólo conveniente esta “pérdida” para los ya citados; sino, además, insólita para la opinión pública. Como ya lo dijera en su momento, el Sr. Procurador General de la Nación: “…no les pasó nada a los computadores de ‘Raúl Reyes’, a los que les cayeran bombas [y escombros y sol y agua lluvia, agregaría yo] y sí les vino a suceder a los de los extraditados…”

Sin embargo, es más extraño aun lo que pasara, según palabras del propio Ministro del Interior (y dizque de Justicia); pues, palabras textuales, “…todos esos dispositivos no habían desaparecido, se encontraban en manos de funcionarios del INPEC y, desde el 14 de mayo [al día siguiente de su desaparición], el gobierno sabía dónde estaban…” Y lo raro no es, en sí mismo, el escamoteo de estos elementos; lo sorprendente es que solamente hasta el 22 de mayo, es decir, diez días después de su “desaparición”, el Gobierno, por boca de su Ministro del Interior, nos salga con semejante perla.

Entonces, la opinión pública, con justa razón, se pregunta: ¿Qué pasó durante esos diez días? ¿A qué tipo de manipulación fue sometido su contenido? ¿Qué se cambió, qué se agregó y, peor todavía, qué se mutiló? El gobierno le debe una explicación al país. Porque, dígase lo que se diga, manipúlese lo que se quiera manipular, los únicos beneficiados con la “pérdida” insólita de esos elementos, son justamente los citados en el segundo párrafo de esta columna: los presuntos socios de los extraditados por Uribe.

De otro lado todo esto cae, como anillo al dedo, para sacar de contexto una situación tan apremiante para el gobierno, como lo es la maroma mediante la cual se logró aprobar la reelección de Uribe, con Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, como consuetas de la farsa. Entonces, surge otra pregunta: ¿Hasta dónde pudo ser manipulado, el computador de ‘Raúl Reyes’, con el propósito de comprometer a algunos miembros de la oposición al régimen? ¿Hasta dónde se ha querido distraer a la opinión pública? ¿Qué tanto gana la perversa idea de la segunda reelección de Uribe, con todo esto?

Recordemos lo dicho por Antonio Caballero en su columna de la revista Semana, de hace unos días: “…un jinete de tigre no puede bajarse de la cabalgadura, porque ésta lo devora; por eso, debe cabalgar sobre el tigre por siempre. Por eso, Uribe es un jinete de tigre, porque si dejara el poder, sus mismos áulicos no lo tomarían ya en serio ni siquiera en esos consejos parroquiales en donde rifa cheques y a gritos destituye pequeños funcionarios: los funcionarios no se darían por aludidos, los beneficiarios de los cheques temerían que les salieran chimbos. Uribe puede, tal vez, no presentar de nuevo su candidatura. Pero lo que no puede es anunciar que no la presentará, Se quedaría solo, con el sol a la espalda y sus propios “amigos” se lo comerían vivo…”

  1. S. * ¿Por qué cuando un militar que se encuentra separado de las filas, si delinque, algunos medios de comunicación (para congraciarse, tal vez, con las FF. MM.) lo llaman ex militar; pero si no ha cometido delito, le dicen militar retirado?

** ¿Por qué, para algunos miembros del gobierno, Yidis Medina estuvo cuerda para dejarse sobornar con lo de la reelección, pero loca para denunciar la maroma de marras? Afortunadamente, ya esa patraña fue descarta, tras dictamen psiquiátrico. Y, también, Teodolindo está tras las rejas.

*** ¿Por qué los implicados en la parapolítica, y los mismos paramilitares, esperan hasta ocho años de prisión y, en cambio, para un suboficial retirado (perdón, ex suboficial) que, desesperado por las injusticias, atacó una oficina financiera, piden hasta treinta y siete años de cárcel? ¿Será por todo lo anterior que lagente dice que Uribe ya no tiene amigos, que sólo tiene cómplices?

Barranquilla, 3 de junio del año 2008

Entonces, ¿en qué quedamos?

Si la muerte de ‘Tirofijo’, como resultado de un infarto cardíaco a raíz de los bombardeos de las Fuerzas Militares al campamento de las FARC, si Yidis Medina llamó a Tomás Uribe para chantajearlo, si las amenazas de secuestro o atentado contra miembros del gobierno de Uribe, tienen la misma fuente que Juan Manuel Santos usó, y ratificó el General Naranjo, para identificar a los autores del presunto atentado contra Rafael Correa, todo vendrá a ser una sola patraña.

Porque no es posible que si el mismo Juan Manuel Santos acusó a Correa de apoyar a las FARC, no puede también acusar a éstas de atentar contra aquél. Ya que, si las FARC querían atentar contra Correa, éste no las apoyaba y si las apoyaba, entonces los autores del atentado no pueden ser de las FARC; por aquello que dice el viejo refrán: “…entre bomberos no se pisan la manguera…” Luego, Juan Manuel Santos se equivocó de medio a medio o mintió descaradamente, cuando hace las dos acusaciones, contradictorias entre sí.

Esta conclusión es apenas natural o será, más bien, ¿que todo ha sido un cúmulo de patrañas de Juan Manuel Santos, orquestado por el gobierno? Y, de ser así, entonces, todas las demás afirmaciones no son otra cosa que una farsa. O será, acaso, que con tal de sacarles las castañas del fuego a los paramilitares, acusados por el gobierno ecuatoriano de montar el atentado contra Correa, ¿Santos acusa a las FARC?

Y no se trata de defender a éstas, ni más faltaba; se trata de evitar que se siga jugando con la credibilidad de la opinión pública; porque no es posible que los autores de la farsa la crean tan estúpida como para tragar entero. Además, una mentira lleva a otra.

De otro lado, el hecho de que la Honorable Corte Suprema de Justicia haya devuelto (que no sobreseído) el proceso contra Jorge Noguera, ex director del Das, ex cónsul en Milán y quién sabe qué más ex de otras prebendas conque Uribe lo ha premiado (quién sabe, también, porqué), no quiere decir que sea inocente de culpas.

La acción de la Honorable Corte Suprema de Justicia, obedece a aspectos de forma, mas no de fondo. Son cuestiones de procedimiento, no sumariales. Los delitos que se le imputan siguen en pie y ellos constituyen el meollo del proceso, la cuestión de fondo; de forma es el funcionario a quien corresponde hacer la investigación, conducir el trámite de las pesquisas. Las culpas de las cuales se le acusa, ahí están vivas aún y la Honorable Corte Suprema de Justicia no se va a pifiar en esto. Por eso, la Fiscalía General de la Nación, continuará indagando y aumentando el sumario.

De ahí que, la actitud cínica del acusado, cuando se atreve a amenazar con una demanda, ante las cámaras de televisión, al Señor Fiscal General de la Nación, no es más que una postura rayana en la desvergüenza.

  1. S. * ¿Sería que el hermano del conductor del bus que transportaba en Cali a unos hinchas del Santa Fe, el joven Ronald Cantor, no fue agredido y asesinado por unos furibundos hinchas del América de Cali, sino que se suicidó? Porque, según la Policía de Cali, los hinchas del América no lo mataron; él se cayó del bus y murió o, ¿sería que se tiró para matarse? Sin embargo, el informe inicial de la Secretaría de Tránsito de esa ciudad, indica que sí hubo golpiza, a puñetazos y patadas, de los hinchas del América contra el inocente muchacho, quien murió como consecuencias del linchamiento.

** ¿Por qué Juan Manuel Santos se opone a la solicitud de la Honorable Corte Suprema de Justicia, de hacer una revisión adicional de los computadores de ‘Raúl Reyes’? ¿Qué temor le ocasiona esa revisión? ¿Será que la información de esos computadores, sí fue manipulada? ¿Por qué el pánico del Ministro de la Guerra?

*** Si el cohecho es un delito bilateral, es decir, que “…tan culpable es el que peca por la paga, como quien paga por pecar…”, ¿por qué el gobierno pretende sacar las castañas del fuego, en el caso del cohecho por el cual Yidis Medina está detenida, si desde un  principio se supo que ella y Teodolindo Avendaño coadyuvaron en la reelección de Uribe, tras el ofrecimiento y la recepción de prebendas? Y, ¿quién pudo ofrecer y dar esas sinecuras? ¡Pues los favorecidos con la reelección!

Barranquilla, 17 de junio del año 2008

La letra menuda

En Colombia, los anuncios comerciales en la televisión, por lo general, son malos; salvo contadas excepciones. Sin embargo, como con ellos se paga el servicio de la transmisión, entonces el televidente tiene que aceptarlos y hasta termina por gozar con algunos de ellos; a menos que cambie de canal.

Pero, dentro de toda esa gama de anuncios comerciales (buenos, regulares, malos y pésimos), hay unos que no solamente atentan contra la estética visual y el sentido común; sino que, además, llaman a engaño al televidente: son aquellos en donde ofrecen premios u ofrecen curar, en un santiamén, cualquier dolencia. En la mayoría de estos anuncios prometen el oro y el moro. Sin embargo, en la parte inferior de la pantalla del televisor, aparecen las restricciones del concurso o las contraindicaciones del medicamento ofrecido.

“Y ¿qué tiene de malo que aparezcan las restricciones o las contraindicaciones? Al contrario, muy bueno y muy honesto por parte del anunciante, mostrar las susodichas restricciones y las contraindicaciones, si las hay”, dirá alguien desprevenido o ingenuo.

No, no es bueno y mucho menos es honesto el anunciante. Por el contrario, en esos casos, el anunciante es deshonesto; porque las restricciones o las contraindicaciones, permanecen tan poco tiempo en la pantalla del televisor y, además,  las muestran en un tamaño de letra tan pequeño, que es difícil leerlas; más aún, últimamente, algunos anunciantes no las dejan fijas, sino que las pasan por el sistema de banda sinfín; es decir, las palabras se despliegan por la pantalla del televisor y, si al tamaño menudo de la letra, le agregamos la velocidad del despliegue o la corta duración, si son estáticas, vemos que se cumple el nefando objetivo buscado por esa clase de anunciantes: que el televidente no las pueda leer.

“Pero, todo esto, ¿qué tiene de malo?”, preguntará nuevamente el desprevenido o el ingenuo.

Pues, que ahí es donde salta la liebre del fraude, porque si usted, amable lector, se gana uno de los premios ofrecidos y le aplican las restricciones de marras, sencillamente no se lo entregarán y, usted, no podrá reclamar, ni siquiera ante un juez, porque el anunciante demandado, se escudará en las restricciones que aparecían en el anuncio del premio y, si usted no pudo leerlas, pues de malas; ese es su problema.

Otro tanto ocurrirá, si usted compró el medicamento sanalotodo y no le sirvió o, peor aún, se enfermó más. No habrá oportunidad de demandar al anunciante, porque, nuevamente, las restricciones saldrán en defensa del anunciante tramposo.

Entonces, ¿cuál es la solución? Pues, ya que la Comisión Nacional de Televisión, que es la encargada de vigilar estos aspectos y, por tanto, proteger al televidente (pero ella pareciera tener como única misión la de batir el incensario ante las instituciones gubernamentales, a través de mensajes mentirosos o, en el mejor de los casos, inocuos), le tocará, entonces, a algún tribunal jurídico tomar el toro por los cuernos y ordenar que todas las restricciones a los premios y las contraindicaciones a los medicamentos, mostrados por la televisión, aparezcan en el mismo tamaño de letra del anuncio comercial y permanezcan estáticos, el mismo tiempo que dure éste. Más aún, deberá ser obligatorio, indicar cuáles son las susodichas restricciones o las contraindicaciones, según sea el caso. Así, el televidente no se llamará a engaño y sabrá a qué atenerse, si desea concursar  o si quiere adquirir esos remedios.

Y, entonces, si gana y no aplicó en el tiempo o no cumplió los requisitos exigidos en las restricciones, pues no podrá reclamar, ya que lo hizo a sabiendas de que estaba por fuera de los requerimientos. De igual manera, si adquirió el medicamento anunciado en la televisión y éste no le sirvió o lo perjudicó, pues el anunciante salvará su responsabilidad, pues las advertencias correspondientes eran muy claras y el televidente tuvo forma de conocer las limitaciones o las contraindicaciones del medicamento. Y, así, ya nadie podrá hablar de anunciantes deshonestos y tramposos.

  1. S. * ¿Por qué el gobierno lucha denodadamente para oponerse, aún después de aprobada por el Congreso, a la ley de ayuda a los desplazados, víctimas de la violencia originada por guerrilleros, paramilitares y el mismo Estado, mientras que, por otro lado, Uribe ha ofrecido protección, a través de subsidios, alivios tributarios, bonos, etc., a los empresarios para que no se vean afectados por la devaluación del dólar? Porque no se puede hablar de revaluación del peso, ya que si ésta se produjera, se supone que significaría un mayor poder adquisitivo de nuestra moneda y, esto último no está ocurriendo; pues, el peso colombiano cada día se envilece más.

Barranquilla, 24 de junio del año 2008

‘Pataleos de ahogao’

Qué cosa tan deprimente fue el sainete montado por Uribe y su ministro Palacio, y que transmitieran los noticieros de televisión, el pasado viernes en horas de la noche. El manifiesto nerviosismo, que ambos dejaron entrever en ese diálogo, más para las tablas que para un público que merece respeto, no hizo más que confirmar el sabor de cohecho del acto legislativo, mediante el cual se aprobó la reelección de Uribe.

El rosario de demandas, orquestado por Uribe y algunos de sus ministros y por Luís Carlos Restrepo y otros áulicos, contra la (esa sí) Honorable Corte Suprema de Justicia, no es más que eso que la sabiduría popular llama ‘pataleos de ahogao’. La legitimidad de la reelección de Uribe, no radica en la votación obtenida (presuntamente de ocho millones), sino en el acto legislativo que reformó la Constitución y la aprobó. Este acto, así ha quedado demostrado, quedo circunscrito al delito de cohecho y, si Yidis Medina ya fue condenada por este delito que, como bien se sabe, no lo comete una sola persona, sino que requiere de cómplices, pues lo lógico es que éstos sean juzgados y, hallada su culpabilidad, también se les condene.

De otro lado, Uribe acude a un sofisma de distracción (mentira con visos de verdad), cuando, acudiendo a la soberanía popular como sostenimiento de la democracia, pretende inhibir la comisión de un delito; pues no está en las manos del pueblo el sobreseimiento de los culpables; ya que, de ser así, los jueces sobrarían, pues bastaría que la mayoría decidiera sobre la inocencia o la culpabilidad del reo. Amén de que, de acuerdo al ordenamiento constitucional, las leyes las reforma el Congreso y no el pueblo, y la ley dice que, el cohecho es un delito por el cual los culpables deben ser condenados.

Pero como el régimen siente ‘pasos de animal grande’, pretende ahora polarizar, más aún, a la opinión pública, con el único objetivo de lograr hacer pasar la segunda reelección y, así, quedarse en el poder, quién sabe hasta cuándo y, de contera, soslayar el manto de duda que cubre la legitimidad de la reelección; pues, de ser comprobado el cohecho por parte de los funcionarios implicados, el mandato actual quedaría sub júdice. Porque el delito de cohecho no lo inventó Onán, aquel personaje de la Biblia que solía obtener placer en solitario; no, el cohecho, como el acto sexual, necesita de dos para poder realizarse.

Ahora bien, ¿por qué Uribe no espera el fallo de las Cortes? ¿Será que, in pectore, sabe de la nulidad de su reelección? ¿Será que él cree que, con el referendo, el pueblo puede inhibir la letra y el espíritu de las leyes? ¿Serán tantas las ansias de poder de Uribe, que prefiere pasar por encima del ordenamiento legal, con tal de quedarse en él? Porque con todo esto, no hace más que confirmar su condición de ‘jinete de tigre’: si se baja del poder, las cosas se le pueden poner ‘color de hormiga.’

Como resuenan, en estos momentos, las palabras de Simón Bolívar, en su “Proclama a los colombianos”: “…me separé del mando, cuando me persuadí de que desconfiabais de mi desprendimiento…”, y como contrastan estas sinceras palabras con la actitud de Uribe en esta coyuntura histórica, pues pareciera con ella decir: “…me aferraré al mando, así tenga que pasar por encima de las leyes y de la Constitución; no me importa que desconfiéis de mí…”

  1. S. * En la columna del 4 de marzo de este año, decíamos: “…el llamamiento a juicio del coronel Alfonso Plazas Vega, por lo del Palacio de Justicia, sin haber llamado también a los generales Rafael Samudio Molina y Jesús Armando Arias Cabrales, es una tarea de limpieza hecha a medias. Y si habláramos de oficiales del Ejército involucrados con el paramilitarismo y el narcotráfico, ¿dónde quedan los casos de impunidad que favorecieron a los generales Jaime Alberto Uscátegui y Rito Alejo del Río, por lo primero y al general Pauselino Latorre por lo segundo?” Pues bien, ese error ya empezó a ser corregido. Los implicados Samudio y Arias han sido llamados a indagatoria; comienzo quieren las cosas. Después vendrán Rito Alejo, Uscátegui y, también, Pauselino.

** La próxima semana, si no aparecen temas candentes, hablaremos sobre la ley que pretende multar a los conductores que compren baratijas o den limosna en los semáforos.

Valledupar, 2 de julio del año 2008

Una ley absurda

Como es usual, en Colombia las cosas se hacen al revés. Primero se contrata al jinete y después se encarga la cabalgadura. Dentro de ese modo de actuar, un legislador, perteneciente a la caverna política nacional, presentó un proyecto de ley, aprobado ya por la mayoría troglodita, que demuestra, no sólo el talante con el cual se dirige el país, si no que, también, retrasa más aún la solución de los problemas sociales en Colombia. El senador Pedraza propuso, y logró que se aprobara, una ley mediante la cual se multará a los conductores que compren baratijas o den limosna en los semáforos. Todo esto, con el ánimo aparente de facilitar la movilidad vehicular en las principales ciudades colombianas. ¿Qué van a hacer, entonces, los vendedores ambulantes que utilizan los semáforos como puntos de venta? Pues, ¡que se vayan para otro lado!, dirán el insensible y el egoísta. Pero, ¿a dónde va el buey, que no are? Si se van para otros sitios, de allí los sacará la policía, por invadir el espacio público.

Ahora bien, ¿por qué dijimos al principio que aquí, en Colombia, las cosas se hacen al revés? ¿Por qué, en el mote de la columna, se califica de absurda esta ley? Porque ella debió ser el corolario de otras leyes, esas sí, de protección a los desposeídos; porque la mayoría de estos vendedores ambulantes, son personas desplazadas por la violencia; personas que, en un alto porcentaje, solamente saben hacer las labores propias del campo, porque no tuvieron, en su infancia, las posibilidades de estudiar y, si acaso lo lograron, muy pocas pasaron de la educación primaria; además, como no tienen  preparación diferente, para enfrentar a la vida, que aquellas relacionadas con la agricultura y han sido sacadas, a la fuerza, de su entorno natural para volcarse a la ciudad, ésta resulta inhóspita para ellos, en la mayoría de los casos. Además, esas personas no pidieron ser desplazadas; están en las ciudades, porque no tuvieron más posibilidad para salvar la vida. Más aún, ese oficio de vendedor ambulante, lo eligieron como tabla de salvación que les permitiera escapar de los fantasmas de la prostitución, la mendicidad y el delito.

Entonces, ¿cuál debe de ser la actitud adecuada y correcta en un Estado de Derecho, como a diario, nos dicen que somos? Pues primero, capacitar a esas personas; luego, reubicarlas; después, abrirles posibilidades de mejorar su situación económica, a través de mini créditos blandos; en pocas palabras, solucionarles su problema social, en el cual el Estado colombiano tiene mucho que ver; y no sólo por aquello de la violencia de Estado; sino porque la primera norma de la Constitución Política del país, reza que es obligación del Estado, “Velar por la vida, honra y bienes de los asociados.” Y, dentro de los parámetros que dignifican la vida y salvaguardan la honra del ciudadano, están el derecho al trabajo y el derecho al sustento diario, para sí mismo y para su familia.

Yendo más allá, encontramos que la oferta de trabajo en Colombia es baja y, unida a la falta de capacitación adecuada (sobre todo en los pobres), hace que la tasa de desempleo aumente día a día. Y, cuando hablamos de empleo, hacemos mención al empleo calificado, a ese empleo que conduce a la seguridad social, que permite amparar al trabajador con prestaciones sociales, con garantías de estabilidad y de ascensos que lo lleven a mejorar su condición social; ese empleo que lo saca de su situación de paria. Por eso, el orden de prioridades en las obligaciones del Estado para con los menos favorecidos, tiene que ser: salud, educación, vivienda, empleo y, ahí sí, que quiten a los vendedores ambulantes y a los mendigos de los semáforos y, ahí sí también, que multen a quienes les compren o les den limosnas, según sea el caso. Porque, no es ocultando a los desfavorecidos por la fortuna o prohibiéndoles ejercer un oficio, como se solucionan los problemas sociales de un país, una región o una ciudad. Y, en cuanto a la movilidad vehicular, pues hay otras posibilidades. Por ejemplo, ampliar las vías principales, habilitar vías alternas, aplicar el sistema de ‘pico y placa’, etc. Muchas; menos las referentes a lo quiere prohibir la ley del senador Pedraza. O será, más bien, ¿que lo que se quiere con esta malhadada ley es ocultar a mendigos y vendedores ambulantes, para que no afeen el paisaje? Como se hiciera, hace unos años en Cartagena, cuando la visita de Clinton; o, en Bogotá, cuando vino Pablo VI: se tapiaron con vallas los barrios pobres y se ocultó a todos los mendigos y a los vendedores ambulantes. Esto, es tanto como ponerle frac al leproso, pretendiendo así, ocultar su enfermedad, en vez de buscar su curación.

  1. S. *Excelente la metáfora de Germán Piedrahita, en su columna del jueves pasado. Qué retrato tan vívido, tan analógico de nuestro país. Sólo hicieron falta los orangutanes, con su, lamentablemente desastroso, accionar.

**Qué triste que los árbitros de fútbol en Colombia, sigan metiendo la mano en los resultados de los partidos. El robo que, en Cali, le hiciera el árbitro Roldán al Boyacá Chicó, fue demasiado evidente; se sobrepasó en su deseo de favorecer al equipo local. Menos mal que, en Tunja, ganó limpiamente el equipo de las minorías.

Valledupar, 8 de julio del año 2008

La Lámpara de Aladino

Nada más frotarla, Aladino obtenía de la maravillosa lámpara lo que él deseara: riquezas, poder, bellas mujeres, etc. Más aún, el prodigioso artefacto, le facilitaba el cambio de las circunstancias que rodeaban su entorno.

Pues bien, el computador de ‘Raúl Reyes’ ha venido a ser, para el gobierno actual, la Lámpara de Aladino, en plena era posmoderna y en los albores del siglo XXI. Pero, ¿por qué dice esto?, preguntará el ingenuo o el despistado de marras. Pues, porque los hechos ocurridos este año, así permiten afirmarlo. Basta que el gobierno o sus áulicos necesiten desprestigiar a alguien, para que, por arte de birlibirloque, salga a raudales del dichoso computador, toda la información necesaria que permita inculpar al osado. Basta que alguien se atreva a estar en desacuerdo con Uribe y, así, lo manifieste, para que de manera inmediata y prodigiosa, el mágico computador encuentre información que vincule al hereje con la subversión. De inmediato, aparecen datos, fotos y demás lazos que demuestran la alianza del blasfemo con las FARC.

Y si no, ¿qué es el caso del ciudadano suizo que osó decir que había habido pago por el rescate de Ingrid y de los tres oficiales gringos que fungían de contratistas, pero que resultaron ser espías, sino un artilugio de la magia de esta moderna Lámpara de Aladino? Y se menciona el pago por el rescate, a Ingrid y a los tres neo militares, pues a los miembros del Ejército y de la Policía colombianos, se les rescató de contera, es decir, por un golpe de la suerte, por haber estado en tan buena compañía en el momento oportuno. Pero, la operación, haya sido resultado de la investigación y de la sagacidad de las Fuerzas Militares, o haya devenido como contraprestación a una recompensa, logró sacar del oneroso cautiverio a esas personas que se pudrían en la selva. Y, eso, es lo más importante. Pero bastó que alguien dudara de la “inteligencia superior” de Uribe (según expresión de su ministro Arias), para que, más tardara el suizo en decirlo, que su nombre aparecer en el computador mágico.

Y antes de que salte la liebre de la suspicacia en la mente de los malintencionados, aclaremos que aquí, en este momento, en esta columna, no se está menospreciando la obtención de la libertad de Ingrid y de los tres gringos, sean éstos espías, militares o contratistas; eso es lo de menos. Ni mucho menos la libertad de los oficiales, suboficiales, soldados y policías, lograda por puro azar; porque al fin y al cabo, que no se nos venga a  decir que ellos estaban dentro de los planes del rescate. Eso sería tanto como pensar que en un futuro rescate o intercambio, se vayan a tener en cuenta a los cientos de soldados y policías que llevan diez o más años secuestrados. Para ellos, sólo hay marchas, protestas, desgarramiento de vestiduras; pero voluntad para traerlos a la libertad, poca o ninguna. El mismo Uribe, en su encuentro con Chávez, lo dijo: “Ahora, sólo nos falta rescatar a los 17 restantes.” Porque, para el establecimiento, hay secuestrados de primera, de segunda o de quinta categoría.

De todos modos, haya sido producto del pago de recompensa o por labores de investigación e infiltración, bienvenidos a la libertad, todos los rescatados. El regocijo y el alborozo son nacionales. Lo chocante es el artilugio del gobierno y sus áulicos de querer desvirtuar, a todo trance, cualquier información contraria a su propio evangelio, solamente con el desprestigio, logrado a través de los datos sacados dizque del computador, más que mágico, de ‘Raúl Reyes’ y no basándose en argumentos.

Pues, pienso yo, y es probable que otros colombianos lo crean también, que son los argumentos los que demuestran los asertos. Por ejemplo, al hereje suizo, se le habría podido conminar para que presentara las pruebas que dieron pie a su información. Si lo hacía y el gobierno las lograba desvirtuar, con hechos y argumentos, quedaba zanjada la discusión. Si no las presentaba, sería una prueba clara de su engaño. Ahora si al pedirle pruebas de su aseveración, el suizo blasfemo, no aportaba ninguna, su confesión de culpa caía de su peso. Así de fácil. Lo que, otras veces, hemos dicho en esta columna: “…al enemigo no se le vence, llenándolo de injurias u oprobios y menos desprestigiándolo; no, al enemigo se le vence con argumentos…”; a menos que éstos no existan. Entonces, lo mejor es callar, mas no injuriar al contrario; pues de hacerlo, se enloda más el que ofende, que el supuesto ofendido. Preferible callar, antes que ofender al adversario. No olvidemos que la Historia, a menos que se la amañe, se la adultere o se la tergiverse, termina por sacar las verdades a flote.

Valledupar, 15 de julio del año 2008

El conflicto árabe israelí

A propósito del acuerdo humanitario logrado en días pasados, entre Israel y Jezbolá, en el cual hubo intercambio de seres humanos, vivos y muertos, es bueno recordar la difamación a la cual se ha visto sometida, desde hace más de cuarenta años, la nación israelí, como colofón de la leyenda negra que, durante milenios, se urdió contra ella en Europa.

Para eso, es necesario remontarnos a los inicios de la fundación de la nación judía, la cual tiene sus orígenes en épocas remotas, anteriores a la venida de Jesús, cuando Josué abatió las murallas de Jericó. Allí se asentó el pueblo judío por miles de años, hasta cuando, en el año 70 de la era cristiana, el emperador Tito destruyó Jerusalén y expulsó a los judíos, iniciándose, así, la diáspora.

Durante más de 18 siglos los judíos vivieron –desperdigados por el mundo– la persecución más larga y ominosa de la Historia, alimentada por el odio y la envidia de todas las naciones europeas. Solamente en América, a partir del siglo XVI, tuvieron acogida. Aquí, desde Alaska hasta la Patagonia, se les recibió y pudieron convivir con los nativos del Nuevo Mundo. Mientras tanto, en Europa, siguieron los pogromos, en donde las matanzas de judíos y la devastación de sus bienes, cuando no les eran saqueados, constituían el pan de cada día. No obstante, faltaba lo peor: el clímax de esta insólita persecución, que tuvo lugar, cuando el nazismo tomó las riendas del poder en la Alemania devastada por la Primera Guerra Mundial. Entonces, so pretexto de depurar la nación aria de razas inferiores, según el evangelio de Hitler, pero con el único propósito de apropiarse de las riquezas que los judíos habían logrado reunir a través de los siglos, a base de disciplina y organización, fueron sacrificados, enviándolos al patíbulo, a los hornos crematorios, a la cámara de gas o por medio de muchas otras maneras, hasta alcanzar la escalofriante cifra de ¡seis millones! de judíos, cuyo único delito consistía en ser eso, judíos, paisanos del mismo Jesucristo.

Cuando la pesadilla nazi terminó, al ser derrotado el maníaco Hitler quien, entre paréntesis, había acaparado las otras ramas del poder en Alemania y en todos los países ocupados, los Aliados, sobre todo Inglaterra, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, resolvieron dar una nación al pueblo judío, víctima principal del Holocausto y, por eso en 1948, decidieron la Partición de Palestina, cediéndoles una franja desértica de ésta, allí, precisamente donde sus antepasados habían vivido por milenios, casi 19 siglos atrás.

Quién dijo miedo, el pueblo árabe (paradójicamente, primo hermano del judío), se reveló contra la decisión de la Organización de las Naciones Unidas y, desde el principio, quisieron aumentar el boicot iniciado a comienzos del siglo XX, cuando grupos de familias judías empezaron a comprar terrenos en Palestina y, allí, iniciar el primer asentamiento israelí de la era moderna, logrando, con el tiempo, convertir en un jardín lo que por milenios había sido un desierto.

Las casi cotidianas escaramuzas árabes contra los asentamientos de los judíos, se frenaron un poco cuando éstos se organizaron como nación; sin embargo el “tate quieto“ llegó en 1967, con la Guerra de los Seis Días, en la cual, durante sólo una semana, el Ejército israelí derrotó a los ejércitos unidos de todas las naciones árabes.

A partir de allí, Israel no ha hecho otra cosa que defenderse de los ataques terroristas de los palestinos apoyados, a veces en forma soterrada, en otras ocasiones de manera abierta, por Siria, Líbano, Libia, Irak, Irán y otras naciones árabes. Sólo en los últimos tiempos, estas naciones le han empezado a quitar la ayuda a los palestinos.

Vale la pena aclarar que, en los territorios ocupados por los judíos, durante la Guerra de los Seis Días, como los Lugares Santos, por ejemplo, conviven judíos y árabes, sin mayor problema. Más aún, hay familias mixtas de árabes y judíos.

Naturalmente, el ejército judío ha cometido excesos, pero nunca mayores que los cometidos por sus atacantes. Al fin y al cabo, Israel no ha hecho otra cosa que defenderse.

Ahora bien, si los palestinos quieren una patria propia (y están en todo el derecho de exigirla), el Estado de Israel no es el culpable de que esto no se haya hecho realidad; son las Naciones Unidas las que tienen la última palabra al respecto.

Tal vez cuando esto ocurra, cuando los palestinos cuenten con una nación palestina, quizás entonces, haya paz en el Medio Oriente.

Entre tanto, celebremos que allá haya habido acuerdo humanitario y roguemos porque la tregua pactada vaya más allá del tiempo fijado por los dos pueblos, descendientes todos de Abraham, que, desde hace varios decenios, se encuentran en conflicto.

Valledupar, 22 de julio del año 2008

El lado delgado de la cuerda

Hurgando en los hontanares de mi memoria, recuerdo que esta es la cuarta o quinta vez que, durante los siete años de vida que tiene esta columna, he escrito sobre lo débil que es el lado de la cuerda por donde se sujetan los derechos del pobre.

Pareciera que el irónico adagio “todo lo del pobre es robado”, no fuera más que el colofón de lo afirmado al final del párrafo anterior, acerca de la precaria delgadez de la sirga con la cual, la Justicia, ata la legitimidad que les asiste a quienes se enfrentan a los poderosos.

Hace unos seis años, un valluno apellidado Carabalí, tuvo que sufrir el desalojo, que un juez de Cali ordenara, porque dicho señor se había atrasado en el pago de la hipoteca bancaria que pesaba sobre la casa construida en el lote que Carabalí había comprado de contado con anterioridad. Pero, no obstante haber abonado, hacía sólo dos semanas un millón de pesos, el banco insistió y consiguió el desalojo. Ante la injusticia, los vecinos de Carabalí demolieron la vivienda, dejando al nuevo propietario, un señor de apellido Upegui, en la sinsalida; pues él ya le había abonado varios millones de pesos sobre el negocio de la compra al banco, al que poco le importó que Carabalí y Upegui quedaran damnificados, pues la entidad ya se había embolsicado los millones que Carabalí había pagado y los millones de Upegui.

Hace unos cuatro años, en Bogotá, se suicidó un señor ante la incapacidad, por falta de empleo digno, de seguir cubriendo la deuda hipotecaria.

Hace un año, también en Bogotá, los habitantes de una casa, tuvieron que atrincherarse literalmente para repeler a los policías que, en número de veinte o más, venían a hacer efectivo el desalojo de la vivienda sobre la cual sus dueños habían pagado, para la fecha del fallo judicial, ciento quince millones de pesos de un préstamo de sólo 65 millones; préstamo del cual el Davivienda exigía todavía un adeudo de ochenta millones, a pesar de que ya se había pagado el 177% del mismo.

La semana pasada, nuevamente en Bogotá, 150 policía llegaron a una vivienda situada en un barrio del noroccidente de la ciudad, a desalojar a un par de ancianos que, según el banco, esta vez el de Colombia, debían cerca de 45 millones de pesos, sobre un préstamo hipotecario de 30 millones, del cual los ancianos ya habían cancelado 54 millones. En este incidente, hubo heridos en ambos bandos; pues los vecinos se solidarizaron con los ancianos y, en la refriega que se suscitó, hubo piedras, palos, gases lacrimógenos y hasta chorros fuertes de agua, de esos que usa la fuerza pública para disolver motines y asonadas.

Las estadísticas muestran cifras escalofriantes sobre desalojos en Colombia. Por supuesto, Bogotá por tener una población cercana al 25% del total del país, presenta el mayor número de aquéllos. Todos estos desalojos son consecuencia, en su mayoría, de la insolvencia de los deudores hipotecarios. Las razones de estos atrasos son múltiples: desempleo, pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda, encarecimiento de los créditos, crecimiento desmesurado de la deuda, mala costumbre de no pago, etc.

Sin embargo, en los tres casos citados en los ejemplos anteriores, hay una constante: los propietarios en atraso, alegaron todos, haber pagado con creces el capital prestado por la entidad hipotecaria y haber alegado ésta aún, la existencia de una deuda infinitamente superior a lo pactado y a lo ya pagado. Por supuesto los bancos dirán que esas no son razones suficientes para que sus deudores no sigan pagando; máxime, cuando así se convino al principio de la negociación y así, también, quedó consignado en los documentos pertinentes. No obstante, yo me pregunto: ¿Por qué la Ley permite ese crecimiento desmesurado de las deudas hipotecarias? Crecimiento que obedece  a dos razones principales que, a su vez, tienen un origen común. Las razones del aumento excesivo radican en los altos intereses de financiación y de mora que cobran estas entidades y, sobre todo, al acrecentamiento del capital y de la financiación, por hacerse la transacción en unidades de poder adquisitivo en aumento y no en pesos colombianos.  El origen común se llama avaricia o usura. ¿Por qué, entonces, a las deudas hipotecarias no se les da un tratamiento especial? ¿Por qué no se legisla al respecto? Estoy seguro de que si así se hiciera, los bancos seguirían obteniendo pingües ganancias anuales. Ellos, al fin y al cabo, trabajan preponderantemente con los capitales depositados en las cuentas corrientes; sobre las cuales sus dueños jamás obtienen dividendo alguno. De otro lado, las cuentas de ahorro generan, para sus propietarios, intereses irrisorios y los depósitos a término fijo, no es que devenguen réditos significativos, en comparación con lo que los bancos cobran por financiación a sus deudores. Entonces, por qué, señores bancarios, no le bajan un poco el tono a la codicia y piensan un poco más en sus clientes hipotecarios; entre los cuales, dicho sea de paso, gracias a Dios, no me cuento.

Valledupar, 29 de julio del año 2008

Las injusticias

El derecho a la vivienda digna, además de considerarse como una razón inalienable en nuestra Constitución Política, también está contemplado en un tratado internacional suscrito por Colombia. Sin embargo, este derecho es violado día a día en nuestro país, no obstante la Corte Constitucional haya fallado a favor de los deudores morosos en el sentido de que, de acuerdo a una norma legal declarada exequible desde 1999, las entidades financieras deben refinanciar las deudas atrasadas; pero no para aumentarlas a través de intereses y reevaluación del capital; sino mediante la ampliación del plazo, con la consiguiente disminución de la cuota mensual para, así, hacer posible el pago de la deuda. Por esto, la refinanciación se debe hacer con interés simple y no compuesto y realizar abonos a capital desde la primera cuota pagada a partir de la reestructuración del crédito.

Sin embargo, desde el año 2000, el Estado colombiano se ha hecho el de la vista gorda y, a pesar de las quejas elevadas al Ministerio de Justicia (ahora integrado al del Interior), ha habido oídos sordos a los clamores de tantos colombianos que padecen el calvario de ser deudores hipotecarios y, solamente a través de tutelas, la ley ha favorecido a los deudores que han protestado ante los abusos de esa entidades. Empero, son muchos los que no hacen uso de la tutela y, entonces, se quedan viendo un chispero, pues las entidades abusan y, por lo mismo, muchos colombianos incautos han perdido su vivienda.

Cuando, al principio, hablamos del derecho a la vivienda digna, nos referíamos a casas decentes, en donde todo colombiano viva de manera adecuada, acorde al  decoro humano y no a las covachas en donde viven millones de compatriotas; si es que a eso, se le puede llamar vivir. De otro lado, hay un inmenso número que vive en casa arrendada y paga, durante años y años, una renta con la cual no capitaliza un solo céntimo. Hasta que, ilusionado, se embarca en la sin salida de la UPAC, hoy rebautizada como UVR, con la cual termina pagando 4, 5, 6 y hasta 7 ó más veces, el valor del préstamo hipotecario. Esto, siempre y cuando las circunstancias lo permitan. Porque, de lo contrario, luego de haber pagado varias veces el valor prestado por la entidad financiera, si aún sigue debiendo otro tanto y no puede seguir pagando, pues perderá la casa y lo pagado hasta el momento.

Hace algún tiempo, comentábamos en esta columna otro tipo de injusticias; esa vez, referentes al caso de los desplazados y la indolencia del Estado ante la precaria  situación y la angustia, la zozobra y el desamparo en que viven aquéllos y, lo que es peor, la actitud de muchos colombianos que, en lugar de solidarizarse, se van lanza en ristre contra ellos, por el sólo hecho de ser desplazados, de ser unos parias en su propia país, que tienen que protestar y, entonces, piden y exigen que se les escuchen sus justos clamores. En esa ocasión, haciendo alusión al adagio aquel que dice “nadie sabe con la sed que otro bebe”, hablábamos sobre la indiferencia de quienes no solamente no ayudan, sino que, además, critican a estos pobres colombianos víctimas de un conflicto que no propiciaron, ni pidieron, ni buscaron, ni alentaron, pero que la codicia de unos, aliados con otros, los dejó en la miseria, pues les fueron robadas sus tierras, sus pertenencias y hasta su tranquilidad.

Y para rematar con otro adagio, aquel que reza “no regalemos un pescado al necesitado, más bien enseñémosle a pescar”, vale la pena recordar algo muy obvio: el pobre, el desplazado, la víctima de los codiciosos, mientras mañana ya ha aprendido a pescar, necesita que alguien le regale el pescado con el cual mitigar el hambre de hoy.

Porque de no hacerlo así, se le estará dando pábulo a una bomba de tiempo y, también, se estará alimentado la delincuencia, la prostitución y la mendicidad. Amén, de demostrar una absoluta falta de solidaridad para con el prójimo. Después, como dijera Cristo, “…será el crujir y el rechinar de dientes…”

Valledupar, 5 de agosto del año 2008

Los juegos de Pekín

Fueron varios los hitos de la civilización china, simbolizados durante la inauguración de los XXVI Juegos Olímpicos Modernos: el papel, la escritura, la tinta, la brújula, la pirotecnia… No faltaron, tampoco, las alegorías a la niñez, a la paz, al orbe, etc.

Los Juegos Olímpicos han tenido dos épocas: la primera, en la antigüedad; cuando se iniciaron en el Siglo de Oro de Grecia, más exactamente hacia el año 776 A. C. y, a partir de allí, se celebrarían cada cuatro años, durante casi 12 siglos, hasta que en el año 384 de nuestra era, el emperador Teodosio los suprimiera. La segunda época, se inicia en el año de 1896 y se extiende hasta nuestros días. Cada cuatro años, se reúnen los mejores atletas de la mayoría de las naciones del mundo, para competir en diferentes disciplinas. Durante estos 112 años, solamente se han dejado de celebrar en dos ocasiones: las correspondientes a las dos guerras mundiales. También se les llama Juegos Olímpicos de Verano, por celebrarse cuando ya ha empezado la correspondiente estación, luego del respectivo solsticio en el hemisferio norte.

Esta vez, como se dijo al principio, le tocó a China, nación cuyos comienzos se pierden en las nebulosas de la Historia, pues se cree que ya 3000 años antes de Cristo, la región estaba habitada por el hombre. Esto hace que la civilización china sea, tal vez,  la más antigua de la humanidad; anterior a la de los caldeos, a la de los sumerios, a la de los egipcios y a tantas otras culturas milenarias que aún hoy, siguen siendo materia de estudio del hombre actual.

Sin embargo, China fue un misterio para el hombre anterior al Medioevo; pues, a pesar de los viajes de comerciantes chinos, a través de la “Ruta de la seda”, ésta sólo llegaba hasta los Balcanes; más aún, los intentos de invasión por parte de pueblos situados al norte y al oriente, tales como los tártaros, los mongoles, etc., hicieron que China se replegara en sí misma y, por eso, muchos de sus inventos, solamente se vinieron a conocer gracias a los viajes de Marco Polo, ya en la Edad Media. Por eso, y para evitar el paso por rutas árabes, Cristóbal Colón, dos siglos más tarde, al tener la certeza de la redondez de la Tierra, quiso hacer el viaje hacia occidente, buscando las tierras de Catay; ciudad de la “Ruta de la seda” y con cuyo nombre se conocía en Europa al misterioso país.

Gracias a esas invenciones chinas, producto en veces de su espiritualidad y capacidad de concentración, se desató en el Viejo Continente el deseo de conocer mejor ese inmenso territorio. Hoy en día, la humanidad aún disfruta de muchos de esos inventos. No obstante, como ya se dijo, estos hitos sólo se conocieron en occidente muchos siglos después de haber sido logrados.

El magistral espectáculo presentado en la inauguración de los Juegos Olímpicos, que tuvo  como escenario el majestuoso estadio “El nido del pájaro”, no fue más que el epítome de una grande y maravillosa civilización que, de manera callada y sin muchos aspavientos, ha ido despertando y  se está dando a conocer para ser tenida en cuenta y, así, ocupar un sitial de honor en el concierto actual de las naciones del orbe. En ese acto inaugural, se conjugaron la artesanía, la filigrana y la tecnología, para brindar un espectáculo digno de recordar y difícil de superar.

  1. S. Injusta, muy injusta la apreciación que hace la sección “Abrazos y Cocotazos” de El Pilón del pasado viernes, 8 de los corrientes, a propósito de unas declaraciones que hiciera el Secretario Departamental de Deportes, José del Carmen Villalobos. Injusta porque se tomó el rábano por las hojas, en lo manifestado de una manera objetiva por el Dr. Villalobos, cuando dijo que “…ir a unos Juegos Nacionales, sin la preparación adecuada, no le deja [nada positivo] al Departamento, porque más importante que ir a esas presentaciones, sin ninguna ilusión, lo son las escuelas de formación, la masificación [del deporte] y su fundamentación…“ Allí el Secretario Departamental, no está diciendo otra cosa que la mismísima verdad. Por tanto, culparlo por decirla y, peor aún llevarlo al banquillo, es una tremenda injusticia. Más todavía, es un acto apresurado, máxime si se tienen en cuenta su preparación intelectual y su bagaje cultural; los cuales, son prenda para su gestión.

Valledupar, 12 de agosto del año 2008

Soberbia e insolencia

La soberbia es el comportamiento altivo y arrogante, producto del desprecio, que lleva a alguien a pretender humillar al contrario. Pero la soberbia, además, es la inmodestia, es la altanería, es la arrogancia que, a través de la insolencia, conduce al fatuo o presumido a intentar cambiar la verdad para, así, abatir a su contradictor.

Esa soberbia, acompañada de la insolencia, hace que ese individuo arrogante termine por imputar a sus enemigos, los crímenes, los delitos o los errores cometidos por sus parciales o los suyos propios y, entonces, pretenda arropar a aquellos con el mismo manto de culpabilidad que cubre a estos. Pero lo hace, también, porque teme, de alguna manera que, en algún momento, esos crímenes terminen por salpicarlo a él.

Entonces, el fatuo y soberbio individuo, con tal de dar visos de credibilidad a sus afirmaciones, adopta el ropaje de la humildad y se declara culpable, aunque en materia leve; para, así, invitar al oyente ingenuo o a la audiencia que todavía piensa con el deseo, a creer que su ídolo aún tiene pies de oro y no de barro.

Sin embargo, cuando se analizan fríamente sus palabras, se encuentra que esa pose de aparente humildad, no es otra cosa que la piel de oveja con la cual el lobo quiere confundir a sus víctimas.

Pues bien, esto es, ni más ni menos, lo que ocurre con el famoso y mediático “roscograma”, esgrimido por Uribe con el fin de enlodar a la Honorable Corte Suprema de Justicia, al arroparla con el mismo manto de delito con el cual el uribismo ha venido actuando, años ha.

¿Qué es, si no eso, la invención de la grabación al investigador Díaz, por parte de Nancy Patricia Gutiérrez? ¿Qué significan las trampas que Uribe y el uribismo le quieren tender al magistrado Iván Velásquez?

Menos mal que la Corte Penal Internacional ya tiene en la mira el proceso de la parapolítica. Ya la CPI está  al tanto de los orígenes de las controversias entre Uribe y la CSJ. Ya se sienten pasos de animal grande y por eso, todo la barahúnda del “roscograma”. No importa que aún no hayan sido juzgados todos los implicados, ni que otros, por el momento, gocen de libertad y todavía ejerzan sus cargos, ni que otros más estén huyendo, ya llegará el día de la verdad. Entonces, otros más que aún gozan de credibilidad y se dan el lujo de ser insolentes y soberbios, pagarán por sus crímenes.

Los testigos que, a base de falsos argumentos, el gobierno (en forma directa o por interpuesta mano) esgrimió contra el magistrado Iván Velásquez, como lo fueron el paramilitar alias “Tasmania” y la cocinera del también paramilitar alias “Martín Llanos”, quienes ya confesaron haber mentido cuando, inicialmente, acusaron al magistrado. Esto, no hace más que confirmar que él dijo la verdad desde un principio.

Ahora bien, si Uribe tiene pruebas contra la CSJ, ¿por qué no las presenta? O será, más bien, ¿que esas pruebas no existen y, en medio de su soberbia y su arrogancia, cuenta con la presunta credibilidad del país?

Además, ¿cómo va Uribe a hablar de “roscograma” en la rama judicial, si él tiene en su rabo de paja a Jorge Noguera y a Luís Camilo Osorio, entre otros?

  1. S. Me tropecé, en días pasados, con un concepto propuesto por los estudiosos de la ciencia política, la HERESTÉTICA: forma con la cual un gobierno manipula las estructuras sociopolíticas de un Estado, para ganar y alzarse con todas las ramas del poder público. Esta palabra está que ni mandada a hacer.

Valledupar, 19 de agosto del año 2008

La impunidad rampante, la falta de ética

El adjetivo rampante significa, entre otras cosas, lo que va en aumento, lo que está creciendo con posibilidad de desbordarse; también alude al trepador, al ambicioso, al inescrupuloso.

Pues bien, estos dos aspectos lingüísticos se le pueden aplicar a la situación que ha vivido Colombia, durante estos últimos meses en la aplicación de la justicia, por cuenta de algunos jueces y fiscales. Primero fue la libertad para Jorge Noguera, luego la de Gómez Gallo y, ahora, la de Mario Uribe. De seguir así, la iniquidad y la ignominia se desbordarían y, quien sabe, a dónde irán a llegar los niveles de impunidad en el caso de la parapolítica. En los casos mencionados antes, siempre estuvo de por medio la Fiscalía General de la Nación. En el primero de ellos, por haber caído en errores de procedimiento en la investigación; en el último, por decisión unilateral de un fiscal.

Así, podrá llegar un momento en el cual quedará sola la Honorable Corte Suprema de Justicia, en su lucha por depurar la política colombiana y es posible que muchos inescrupulosos, muchos ambiciosos, algunos trepadores, todos muy rampantes, se salgan con la suya y, entonces, toda esa depredación a la que fueron sometidos los campesinos, los sindicalistas, los opositores, los descontentos, los pobres, los parias, quedará cobijada con los más impúdicos privilegios. Porque, los que no alcanzaron a huir, se seguirán arropando en la impunidad, al eludir, en forma mañosa, la investigación por parte la Corte Suprema de Justicia, sabedores de que a través de jueces locales amigos suyos o de fiscales vitandos, les quedará muy fácil burlar la justicia. Esto, sin olvidar la venalidad que subyace en el alma de algunos jueces.

Lo más grave de esta impunidad rampante que se puede desencadenar, radica en el tipo de crímenes por el cual se investiga y juzga a los reos en cuestión. Se trata del desvalijamiento del erario, por medio de la coerción apoyada en el uso de las armas, que trajo como resultado final el desplazamiento, la desaparición forzada, el descuartizamiento y tantas otras formas de trasgresión, saqueo o pillaje a que fueron sometidas las víctimas de este aterrador contubernio entre políticos corruptos y paramilitares, movidos por la codicia y amparados por el establecimiento.

Y si ya quedó demostrado que quienes empuñaron las armas para cometer estos crímenes de lesa humanidad son culpables, pues quienes los apoyaron con el poder, sean políticos, ganaderos, industriales, militares, empresarios, etc., son tan culpables como aquellos y, por tanto, deben responder por los mismos crímenes, sin importar los nexos que tengan, ni el abultamientos de sus chequeras. Más aún, se podría decir que son más culpables, en tanto son autores intelectuales del crimen o, en el menor de los casos, cómplices delos mismos.

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El mote de la columna de hoy es doble, pues en él se menciona también la ética, esa parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del ser humano, a través de reglas o normas del decoro que regulan la conducta de las personas, de manera general o en su comportamiento específico.

Por ética, renunció a la presidencia de Colombia Don Marco Fidel Suárez, cuando se sospechó que algunos de sus actos personales reñían con su condición de mandatario.

Por ética, renunció a la presidencia de la República Don Alfonso López Pumarejo, cuando se sospechó que su hijo mayor, Alfonso López Michelsen, había utilizado información oficial, salida de un Consejo de Ministros, para beneficio propio.

Por ética, renunció a su espacio televisual del Noticiero Contrapunto Don Jaime Soto, cuando su hijo, Jaime Soto Prieto, se vio envuelto en una investigación por desfalco al Estado colombiano.

Por ética, renunció a la cancillería Doña Consuelo Araujo Castro, cuando su hermano, Álvaro Araujo Castro, se vio envuelto en el caso de la parapolítica.

Sucede que hay responsabilidades jurídicas que obligan en derecho. Pero también hay responsabilidades de carácter ético que obligan más aún. Yendo más lejos, se podría decir, que la ética no sólo señala deberes morales; también es signo de pulcritud y elegancia. Claro está que para esto no solamente se necesita donaire; sino que, además, se requiere mucha humildad para reconocer la vergüenza.

Pero, si se vive la época de la soberbia y de la insolencia (recordemos la columna de hace ocho días), ¿qué se puede esperar?

  1. S. Magnífica sobre toda magnificencia, la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín. Si la inauguración fue grandiosa, la clausura fue más que mayestática.

Valledupar, 26 de agosto del año 2008

Las lecciones de la Historia (IX)

Luego de ver (en las ocho anteriores “Lecciones de la Historia”, que el lector habitual conoce) todo el mal que el nazismo trajo a Alemania y al mundo, analicemos lo ocurrido en Argentina en los últimos sesenta años, con un prólogo amargo, una trama desastrosa y un epílogo, si no feliz, al menos justo. Paradójicamente, vamos a empezar por el final del justo epílogo de los hechos: los generales Antonio Domingo Bussi y Benjamín Menéndez, han sido condenados a cadena perpetua por encontrárseles culpables de crímenes de lesa humanidad contra la población civil, durante la dictadura militar que asoló a ese país, desde 1976 hasta 1982.

Ahora sí, vayamos al prólogo: la dictadura de Juan Domingo Perón y los años siguientes a su derrocamiento. Perón, que había sido elegido por el 55% de los votantes en los sufragios de 1946, desarrolló una política socioeconómica, que él mismo denominara “Justicialismo”, en pro de las clases menos favorecidas; así le quedó fácil hacerse reelegir en 1951. Durante el segundo período, debido al autoritarismo desaforado, provocó el descontento del país. Entonces, cuando en 1952  murió su esposa María Eva Duarte, quien era el sostén de su aparente popularidad, quiso endurecer su política represiva, aumentando el desagrado en la población. Sólo los allegados al poder querían que Perón continuara en éste. Por eso, en 1955, empezaron a entrever las posibilidades de una segunda reelección, con el fin de perpetuarse en el poder. Tras el deterioro económico y la política autocrática del régimen, el malestar colectivo aumentó, provocando el golpe de estado del general Eduardo Lonardi, que se alzó con el poder, luego de enfrentamientos con los adeptos a Perón que, derrocado, huyó al exilio.

En las elecciones siguientes, triunfó Arturo Frondizi, quien puso en marcha un plan económico recomendado por el Fondo Monetario Internacional: liberación de la economía, privatización de las empresas del estado, devaluación del peso argentino, etc. Sin embargo, esta política no logró frenar la crisis. Por eso en 1962, el ejército volvió a dar golpe de estado y, en 1963 el general Juan Carlos Onganía convocó a elecciones que ganó Arturo Illía, cuya política no satisfizo las expectativas y, en 1966, nuevamente el general Onganía se alzó con el poder, que le cedió en 1971 al general Lanusse, que permitió el retorno de Perón. En las elecciones siguientes, en 1973, triunfó el peronismo con Héctor Cámpora, que dimitió para facilitar la subida de Perón, que gobernó hasta 1974, año de su muerte, quedando como presidenta su segunda esposa María Estela Martínez, a la sazón vicepresidenta del país. Sin embargo, en la práctica quien gobernaba era López Rega, hombre de confianza de Perón. El binomio María Estela–López Rega, llevó a cabo la represión contra los grupos de izquierda, incluidos los montoneros peronistas. Apareció, entonces un grupo paramilitar de extrema derecha, llamado la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y la violencia azotó al país. La crisis económica cada vez más difícil, con una inflación del 500%, unida a la violencia política, produjo un nuevo golpe de estado en 1976.

Con este golpe, comienza la trama desastrosa de la historia reciente de Argentina: durante seis años, ocho meses y diez días, este país sufrió la más cruenta, devastadora y monstruosa dictadura de su vida republicana. Durante ese tiempo, fueron poco a poco suspendidas las actividades políticas y se instauró un período, nunca antes visto en ese país, de represión contra los opositores al régimen.

El próximo martes, si Dios así lo quiere, continuaremos viendo esta aciaga y lamentable reseña que, aunque acaecida en otro país, bien puede servir como lección de Historia para el nuestro.

  1. S. Lamentable, muy lamentable, la actitud pendenciera de Uribe contra la Corte Suprema de Justicia y contra los miembros de la oposición. Bien lo dijo Francisco Santos, palabras más, palabras menos: “…por la dignidad del cargo, el Presidente debe bajarle el tono a la discusión…” Pero no es sólo por la dignidad del cargo, de por sí, ya bastante estropeada; sin porque, además, el espectáculo ante el Fiscal de la Corte Penal internacional y el juez Baltasar Garzón, es bastante deprimente. Y más lamentable todavía, que toda esta algarabía haya sido motivada con el único objetivo de tender cortinas de humo sobre la grave crisis de legalidad que hay entre tantos funcionarios del ejecutivo y las sombras de dudas que pesan sobre la bancada uribista. Amén de que muchas de las pruebas aportadas para demeritar a la CSJ y a la oposición, están veladas por mantos de sospecha. Por ejemplo, las visitas algo frecuentes a la Casa de Nariño de individuos que se encuentran en situación sub júdice. También, ¿qué pasa en el DAS? y ¿Por qué el Vicefiscal Diago, no le explica al país porqué dejó en libertad a Mario Uribe, si hay pruebas que sustentan se aseguramiento, de acuerdo al acopio realizado por el Fiscal Delegado, Ramiro Marín?

Valledupar, 2 de septiembre del año 2008

Las lecciones de la Historia (X)

Continuemos analizando la historia reciente de Argentina que, tras sucesivos golpes de estado, desembocó en una dictadura militar que cercenó la liberad, el derecho a opinar, la facultad de protestar, la opción de disentir. Todo este accionar represivo devino en una monstruosa tiranía que, no sólo conculcó las libertades ciudadanas, sino que, además, desapareció, torturó y asesinó a miles y miles de inconformes.

El golpe de estado que en septiembre del año 1973, Pinochet con el auspicio de la CIA, le propinara al presidente Salvador Allende y que tuvo como inmediata consecuencia el asesinato de éste, fue soliviantando los ánimos del generalato argentino que, tras el descalabro económico, decidió deponer a María Estela Martínez Vda. de Perón.

Se constituyó una junta militar y se designó como Jefe de Estado al general Jorge Rafael Videla, que desató una ola represiva en todo el país y gobernó hasta 1981, cuando le cedió el mando a su colega, el general Eduardo Viola. Este militar no soportó los ataques de la oposición y el descontento de la mayoría y, en noviembre del mismo año, le entregó el poder al general Leopoldo Fortunato Galtieri; éste, no se arredró y retomó la línea opresiva de Videla.

Con el fin de tender cortinas de humo (expediente muy recurrente en los gobernantes autárquicos), invadió en 1982, sin previo aviso, las Islas Malvinas, sobre cuya soberanía existía un litigio con Gran Bretaña, que respondió y repelió el ataque.

Este hecho exacerbó el nacionalismo de muchos, lo que le atrajo la simpatía de la mayoría del pueblo argentino. Logrado este propósito (algo usual en los malos gobernantes autócratas), creyó haber acallado a la oposición y continuó con el estilo dictatorial, heredado de sus predecesores y seguido por todos los gobernantes con ínfulas de tirano, que en el mundo han sido.

Sin embargo, Inglaterra en unas escaramuzas abatió fácilmente a la débil Armada argentina. Esta derrota le hizo perder el veleidoso respaldo popular y el régimen dictatorial de Galtieri cayó, dando fin así a la autocracia militar.

Durante ese período, 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1982, el gobierno militar argentino cometió excesos contra la población civil que protestaba contra los desmanes de la dictadura.

De hoy en ocho días, Dios mediante, veremos cuáles fueron esas tropelías.

  1. S. * Qué lástima que a Uribe “le dé lidia” controlar su lenguaje camorrista y, por eso, el país cada día se polarice más.

** Si el senador Cristo ofreció a Uribe dinero de la mafia para las elecciones de 1991, ¿por qué solamente hasta ahora se le ocurre a Uribe decirlo? Acaso, ¿eso no es encubrimiento de un delito? Por casualidad, ¿eso no va contra la Ley? Si fue verdad lo del ofrecimiento del dinero sucio, ¿por qué, después de eso, Uribe se sentaba a manteles con el senador Cristo? Quizás, en esos tiempos, ¿Uribe no se sentía ultrajado? ¿O será que todo es una mentira sacada de su cubilete de prestidigitador? O, más bien, todo no es más que otra cortina de humo, en lo cual es especialista este régimen.

*** ¿Cuándo será que Uribe toma conciencia de la dignidad del cargo que ostenta y por el cual le pagamos un jugoso sueldo los colombianos? ¿Cuándo será que deja de creerse la reencarnación de Luís XIV, el “rey sol”, el representante máximo del absolutismo, que resumió su talante con la frase, “el Estado soy yo”? No importa lo que digan las amañadas encuestas, su credibilidad, en el pueblo raso, decae cada día más.

**** Siguen cayendo los generales involucrados con el paramilitarismo y las masacres cometidas contra civiles. Ya detuvieron al general, en uso de buen retiro, Rito Alejo del Río.  Ahora, sólo falta Uscátegui, quien también se encuentra en uso de buen retiro.

Valledupar, 9 de septiembre del año 2008

Las lecciones de la Historia (XI)

La última semana vimos cómo los militares volvieron a tomarse el poder en Argentina; no era la primera vez que esto sucedía en los últimos años; de hecho, la mayoría de los gobernantes argentinos, durante el siglo XX, fueron generales que ascendieron al poder a través de un golpe militar. Desde 1930 hasta 1982, con contadas excepciones en donde hubo elecciones y triunfó el candidato de las mayorías, el resto de los períodos presidenciales fueron acaparados por los generales del Ejército argentino. Claro está que el más ominoso de estos ciclos fue el que correspondió a la dictadura de marzo del 76 a diciembre del 82, cuyas acciones depredadoras hacia la población civil, rebasaron todos los límites de la cordura y la sensatez.

Durante la presidencia de María Estela Martínez Vda. de Perón se había creado, bajo la dirección de López Rega, eminencia gris del régimen, el grupo paramilitar denominado Alianza Anticomunista Argentina (Triple A); el cual aumentó su poder y su radio de operación, al ascender la Junta Militar, constituida por los generales Jorge Rafael Videla y Orlando R. Agosti y el almirante Eduardo Emilio Massera y presidida por el primero de estos militares. El accionar de este grupo paramilitar, con el paso de los meses y la anuencia de la Junta Militar, trascendió las fronteras argentinas y secuestró, torturó y asesinó o desapareció a muchos opositores del régimen militar, que se habían visto obligados a exiliarse en algún país vecino, en vista de las persecuciones de las Fuerzas Armadas y de Policía. Más aún, la absoluta falta de garantías por las arremetidas opresivas del gobierno, no les había dejado otra salida. Pero hasta allá, en el extranjero, los alcanzó el brazo armado de la intolerancia y logró cercenar la vida de muchos de los exiliados; empero,  no pudo acallar las voces de protesta, ni la inconformidad ante la opresión. Esta unión entre Estado y paramilitares de la Triple A, fue llamada por los involucrados en el pacto, “Proceso de Reorganización Nacional”; algo así como un acuerdo para “refundar” la Patria.

Fue tan grande el terror que esta alianza logró infundir en los argentinos, que hasta los partidos políticos cedieron ante la voluntad arrolladora de la dictadura y, así, el tejido institucional quedó capturado en la marea de represión que desataron las Fuerzas Armadas y de Policía y sus aliados de la Triple A. El terror, el peor consejero del espíritu en situaciones geopolíticas, les hizo creer a muchos (sobre todo a los de las clases más favorecidas por la fortuna), que esa represión era necesaria para devolver la confianza en las instituciones y que, una vez se acabara con los opositores, todo volvería a la normalidad. Algunos conciliaron con el régimen y se apoltronaron en él, muchos trataron de pasar desapercibidos y otros huyeron a Europa o Norteamérica.

Sin embargo, los familiares de quienes fueron masacrados o desaparecidos por el largo brazo de la dictadura, reaccionaron y continuaron las labores de protesta y oposición, iniciadas por los mártires de la tiranía. El primero de estos movimientos fue el llamado “Madres de la Plaza de Mayo” que, al mostrar el arrojo suficiente, hicieron palpable ante la opinión mundial el caos institucional que padecía Argentina, bajo la égida militar. Esto permitió que algunos opositores, con la ayuda de países amigos,  pudieran viajar al extranjero (tal como ya se dijo antes) y, desde allí, denunciar los oprobios de la dictadura. Así, el mundo supo de los campos de concentración que, de manera clandestina, el gobierno militar había establecido en el suelo patrio y en donde las  Fuerzas Armadas consignaban a los detractores, para después torturarlos hasta la muerte y, luego, hacer desaparecer los cadáveres de las víctimas.

Pese a esta situación de quebrantamiento de las libertades, la dictadura celebró el Mundial de Fútbol en el año 1978. Al fin y al cabo el circo, a cambio de pan y de autodeterminación, es una de las formas preferidas de los gobiernos autárquicos, para cubrir la ignominia que padecen los pueblos víctimas de estas autocracias.

En ocho días, si Dios así lo quiere, seguiremos viendo el oprobio en el que quedó sumida Argentina durante esa época aciaga.

  1. S. ¿Qué busca Uribe, cuando no hizo algo para detener la recolección de firmas que avalaran el referendo de su reelección, para luego, cuando este proceso se ha vuelto irreversible, decir hipócritamente que no quiere ser reelegido en el 2010?

¿Qué pretende con esta farsa? ¿Demostrar, quizás, que es el amo absoluto? ¿Quitarse, acaso, la máscara cuando los congresistas, sumisos unos y comprados otros, le aprueben su segunda reelección y, entonces, decir que le “tocó volverse a sacrificar” por la Patria?

Valledupar, 16 de septiembre del año 2008

Las lecciones de la Historia (XII)

Por uno de esos imponderables del destino, hace ocho días no se pudo publicar esta columna, en donde habíamos quedado pendientes de analizar el oprobio en el cual, la Junta Militar que gobernó a Argentina durante la dictadura, sumió al pueblo.  Hoy retomamos el hilo; para eso, hagamos una pequeña recapitulación antes de continuar el tema.

En el lapso que duró la dictadura, 6 años, ocho meses y diez días, se cancelaron todas las oportunidades de libre desarrollo, se conculcaron las libertades de los ciudadanos y se torturó, se desapareció y se asesinó a todo aquel que osara protestar contra tan infame estado de cosas.

Recordemos que el general Jorge Rafael Videla asumió la presidencia de facto y que las Fuerzas Armadas y de Policía hicieron con los paramilitares de la Triple A, el acuerdo autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” y, también rememoremos, que este proceso significaba el apabullamiento a sangre y fuego de todo esbozo de independencia, inclusive el de la expresión pública del pensamiento.

Pero si para aplastar la libertad de razonamiento, la dictadura demostró tener todos los recursos necesarios para la protervia, en el manejo de la economía y, por tanto, del bienestar del pueblo, los militares que detentaban el poder, tampoco  se quedaron cortos.

Para esto, Videla nombró a José Martínez de la Hoz como ministro de Economía. Con el pretexto de frenar la inflación galopante que María Estela Martínez Vda. de Perón había dejado y, además, intentar detener la especulación correspondiente, Martínez de la Hoz desarrolló una gestión coherente con los objetivos que la Junta Militar propuso. Con estos propósitos buscaban atraer la inversión extranjera a expensas del deterioro de la empresa privada y de las mismas instituciones públicas. La deuda externa de una y de otras, se duplicó, provocando el colapso económico. Entonces, el Estado asumió  el rol de salvador y nacionalizó la deuda externa, para así poder aumentar el control estatal y, por tanto, acrecentar la capacidad reguladora que el gobierno militar deseaba.

En ese clima económico, se impuso el terrorismo de Estado que, además de frenar a los grupos activistas, le permitió desarrollar el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, con el fin de destruir cualquier forma de participación popular. Para lograrlo, el régimen militar desató una represión implacable sobre todo tipo de demostración democrática: política, social, sindical, académica, etc., con el único fin de someter a la población y, así, lograr perpetuarse en el poder; pues ésta era la verdadera ambición de la Junta Militar. Como ya lo dijimos en columnas anteriores, se inauguró el proceso autoritario más sangriento de la historia argentina. Políticos, intelectuales, sacerdotes, profesionales, sindicalistas, estudiantes, obreros, artesanos y todos aquellos que osaron levantar su voz de protesta, fueron perseguidos, capturados, secuestrados, torturados y asesinados o desaparecidos.

El prontuario de la dictadura, se podría resumir con los siguientes acápites: suspensión de la actividad política, intervención y desaparición de los sindicatos, cesación de los derechos de los trabajadores, prohibición absoluta de huelgas, disolución del Congreso y de los partidos políticos, cierre de la Corte Suprema de Justicia, intervención de la Confederación General de Trabajadores y de la Confederación General Económica, anulación del Estatuto Docente, quema de miles de libros y revistas considerados peligrosos para el régimen, censura y clausura de medios de comunicación adversos, nacionalización de las empresas propiedad de miembros de la oposición, clausura de locales nocturnos, corte obligatorio de pelo para todos los hombres adolescentes o adultos.

Para evitar cualquier asomo de protesta por parte de la débil e indecisa opinión pública,  se inició previamente, una campaña de desprestigio, por medio de calumnias e injurias, contra todos lo miembros de la oposición, los integrantes de las Cortes, los congresistas y todas aquellas personas naturales o jurídicas que pudieran entorpecer las directrices de la dictadura.

Así, se fue abonando el camino para adormecer las tibias mentes de la mayoría, que pensaba, de acuerdo a los mensajes subliminales de la dictadura, que el país se encontraba en las mejores manos y que esa represión era necesaria para devolver la confianza en las instituciones y que, una vez se acabara con los opositores, todo volvería a la normalidad.

En ocho días, con la voluntad de Dios, concluiremos este análisis y haremos algunas reflexiones pertinentes.

Valledupar, 30 de septiembre del año 2008

Las lecciones de la Historia (XIII)

Concluyamos hoy la enumeración de los desmanes cometidos por la dictadura militar argentina de 1976 a1982. Según cifras fidedignas, el régimen dictatorial desapareció alrededor de 30000 personas, de las cuales, en números redondos,  9000 eran obreros, 6300 estudiantes, 5340 empleados, 3210 profesionales, 1710 docentes, 1500 artesanos, 1140 amas de casa, 750 del personal subalterno de las Fuerzas Militares,  480 periodistas, 390 intelectuales y cerca de 100 sacerdotes. La dictadura estableció alrededor de 340 campos de concentración en donde se realizaban las torturas que terminaban en asesinatos o en desapariciones. Estas cárceles tenían una estructura militar, similar a la de los campos de concentración establecidos por los nazis durante el III Reich. Los menores de edad, hijos de los capturados, eran también desaparecidos, con el fin de ocultar cualquier rastro de los progenitores. Los generales y sus áulicos consideraban que la subversión y la rebeldía eran hereditarias.

Derrocada la dictadura, en el año de 1983 subió al poder el presidente Raúl Alfonsín, quien pidió abrir juicio contra los generales que presidieron la Junta Militar y se les condenó: a Videla a cadena perpetua y a Viola y Galtieri a 17 años de prisión; sin embargo,  en 1990, el presidente Carlos Menen amnistió a los dos últimos. El gobierno de Menen, quien subiera al poder en 1989, propuso una Ley de Punto final, con el fin de sobreseer a los militares culpables de la depredación, sobre todo a los generales y a los coroneles, cuyo ascendiente en la sociedad era aún alto. Todos los procesos que se iniciaron en diversos años, desde 1989 hasta 1999 (los dos períodos de Menen), concluyeron con leyes de indulto, perdón y olvido, pues el gobierno de Menen, basándose en la Ley de Punto Final y la de la Obediencia Debida, cobijó en el indulto, a todos los implicados. Es decir, una verdadera ley de impunidad. Se necesitó que la Corte Penal Internacional, a través de los acuerdos sobre Derecho Civil Humanitario, en donde se estableció que los delitos de lesa humanidad no son prescriptibles en el tiempo, reabriera los casos y decidiera castigar severamente a los culpables. El primero de los casos ya juzgados es de los generales Bussi y Menéndez: condenados hace poco a cadena perpetua. Los restantes culpables, siguen siendo juzgados.

Esta relación sobre los hechos atroces cometidos por la dictadura militar argentina, nos permite aseverar que los gobiernos autocráticos, sean civiles o militares, terminan por caer en las vías de hecho, cuando de imponer su voluntad se trata. El gobernante autárquico llega fácilmente a la conclusión (gracias a la cohorte de aduladores serviles que le rodean) de que su poder es omnímodo; que sus decisiones son incontrovertibles y que para lograr la imposición absoluta de sus deseos, es necesario acallar toda voz disidente; no sólo en los partidos políticos de la oposición; sino, también, en las restantes ramas del poder y en las demás instancias de la opinión pública. Por eso, se le llama gobernante autócrata, porque llega a creer que es el único eje sobre el cual gira el Estado y, por tanto,  no reconoce verdad diferente a la emanada de su mente privilegiada. Por eso, también, suele rodearse de personas abyectas y débiles de carácter ante él, que sepan manejar un lenguaje laudatorio. Toda expresión contraria a su pensamiento es anatematizada y suficiente para lanzar a la hoguera al contradictor.

De otro lado, estos gobernantes, se aferran al poder porque desarrollan una megalomanía que los hace codiciar más y más el disfrute del mando absoluto. Los casos que la Historia contempla al respecto, así lo demuestran.

  1. S. Que lección de urbanidad le dio el magistrado Lancheros a Uribe, en el Consejo Comunal con ASONAL. Ya Uribe, con su soberbia y su talante intransigente, se había salido de los zapatos, cuando un funcionario judicial le hizo ver cómo, si el Estado cobrara los varios billones de pesos que el sector financiero le adeuda, se podrían equilibrar las cargas salariales en las diferentes ramas del poder y también preguntó, cuáles podrían ser los intereses creados para no hacerlo. Además, mostró Uribe su temperamento pendenciero, cuando una juez del Cauca le preguntó por qué el Estado sólo actuaba cuando los demás recurrían a las vías de hecho. Por eso, cuando le tocó el turno al magistrado Lancheros, éste le pidió a Uribe que, mediante un pacto de caballeros, le dejara hablar sin interrumpirlo y sin exaltarse; que cuando él, el magistrado, terminara, a su vez dejaría que Uribe se explayara en sus conceptos. Se supone que Uribe debió llenarse de vergüenza al ver cómo le hacían evidente su talante camorrista y energúmeno.

Valledupar, 7 de octubre del año 2008

¿Por qué será? (Primera parte)

¿Por qué será que cada vez que en las manifestaciones de protesta, en las cuales participan sindicalistas, estudiantes, campesinos o indígenas, entre otros, si llega a haber muertes, nunca la Policía acepta haber estado involucrada en éstas? ¿Por qué será, además, que durante esas lides de disconformes, siempre el Estado habla de terroristas infiltrados y culpa a éstos de las muertes ocurridas en la correspondiente refriega? O será más bien que, ¿los manifestantes se suicidan para, así, poder culpar a la Policía y enlodar el buen nombre del gobierno?

¿Por qué será que cada vez que el Ejército mata a indígenas, a campesinos, a estudiantes o a sindicalistas, entre otros, éstos resultan haber sido subversivos, o terroristas como le gusta a Uribe llamarlos? O será más bien que, ¿la guerrilla no ha sufrido mella alguna?

¿Por qué será que cada vez que un político es encontrado en malos pasos, siempre jura inocencia y pretende culpar a otros de sus propios delitos? O será más bien que, ¿como dice el adagio, “el que anda en la miel, algo se le pega”?

¿Por qué será que casi todos los congresistas involucrados en problemas judiciales, por la parapolìtica o por el narcotráfico, pertenecen al uribismo? O será más bien que, ¿todo es al contrario?

¿Por qué será que siempre que algún alto funcionario se sale del cauce legal y se le descubren sus malas andanzas, Uribe sale de inmediato a defenderlo y proclama su inocencia, para luego, cuando las pruebas sobre la culpabilidad del defendido le estallan en la cara a Uribe, éste acepta el hecho y lo atribuye a un error y anuncia que el implicado ha reconocido su falta y, por tanto, en vez de ser declarado reo de culpa, se le debe enaltecer? O será más bien que, ¿es parte de un pésimo sainete, propio de una pésima sesión solemne?

¿Por qué será que cuando los indígenas marchan, pidiendo la devolución de sus tierras (que les han pertenecido desde siempre) y, además, piden protección para sus vidas, Uribe cita cifras con las cuales pretende desvirtuar la justa petición de aquéllos, de tal manera que los indígenas salen a deberle al Estado? O será más bien que, ¿con esos argumentos, Uribe solamente quiere validar la compra de tierra a los usurpadores?

¿Por qué será que cada vez que los empleados del Estado se van a paro, en búsqueda de reivindicaciones, siempre se declara ilegal la huelga? O será más bien que, ¿con esa declaratoria de ilegalidad, el Estado pretende disfrazar su propia inoperancia?

¿Por qué será que cada vez que un grupo de manifestantes reclama la presencia de Uribe, éste siempre manda a uno de sus escuderos? O será más bien que, ¿los únicos que merecieron la atención personal del Mesías, fueron los paramilitares que, dizque, se iban a desmovilizar?

¿Por qué será, además, que Uribe no quiere reconocer la vigencia del paramilitarismo, aún a pesar de los nuevos brotes y los nuevos resurgimientos? O será más bien que, ¿este renacer es el mismo caballo con distinto jinete (como dijera Yastao en su columna), pero con idéntico chalán?

  1. S. Absurdo que intereses económicos personales se antepongan al bien común.

Una entidad del sector de la salud, pionera en la región y única en la actualidad, luego de cumplir con los requisitos de ley, construyo en Valledupar una central de esterilización para que, clínicas y hospitales del Cesar y la Guajira, pudieran brindarle a sus pacientes las requeridas garantías de asepsia. Además, esta central permite situar a Valledupar, en este campo, a la par con las grandes ciudades de  Colombia y, aún, del mundo.

Pues bien, no obstante todos estos beneficios, se pretende entorpecer este hito, con el único propósito de favorecer a una entidad particular que desea ensanchar su radio de acción, aduciendo motivos peregrinos contra el medio ambiente; a pesar de que en otras ciudades del país y, aún, del mundo, estas centrales funcionan dentro del casco urbano de las mismas, sin causar deterioros, pues la tecnología utilizada no genera deshechos perjudiciales para el entorno.

Valledupar, 28 de octubre del año 2008

¿Por qué será? (Segunda parte)

¿Por qué será que cada vez que se anuncian marchas de protesta, la Policía encuentra, en la ciudad donde se realizará la marcha, petardos que desactiva a tiempo o llega cuando ya han hecho explosión? O será más bien que, ¿todo esto hace parte de los falsos positivos, al igual que los campesinos, indígenas, estudiantes o sindicalistas, entre otros, muertos fuera de combate, pero presentados como insurgentes dados de baja?

¿Por qué será que cada vez que el gobierno quiere subir el nivel de su popularidad, aparecen, como por ensalmo, encuestas supuestamente ecuménicas en las cuales Uribe resulta con una aceptación que supera cualquier expectativa? O será, más bien, que ¿amañar cifras de encuestas, y hasta de votaciones, es así de fácil?

¿Por qué será que desde cuando el Alcalde de Bogotá le jalara las orejas al General Palomino, no hay semana en la cual no se develen actos terroristas en la capital del país? O será, más bien, ¿que el General Palomino no quiere exponerse a más regaños en público?

¿Por qué será que Uribe siempre convierte en brotes subversivos, las justas exigencias de los ciudadanos de a pie? O será, más bien que esa es su manera de tener al país arrodillado ante su talante de dictadorzuelo?

¿Por qué será que siempre que Uribe se ve obligado a reconocer que miembros de las Fuerzas Militares o de la Policía, asesinan o desaparecen a campesinos, a indígenas, a estudiantes o a sindicalistas, entre otros, termina reprochándole al país por no haberse pronunciado contra la muerte o la mutilación de soldados o de policías, a manos de la guerrilla, como si la población civil tuviera la culpa de estos desmanes? O será, más bien, que en su inconmensurable soberbia, ¿su subconsciente se niega a reconocer que el Estado colombiano también viola los derechos humanos?

¿Por qué será que ahora, todo lo malo que hace el Estado colombiano (uso indebido del emblema de la Cruz Roja durante la llamada Operación Jaque, disparos de un policía contra los  indígenas del Cauca, espionaje del DAS contra los miembros de la oposición, asesinato de jóvenes pobres a manos de miembros del Ejército y luego presentados como subversivos muertos en combate, entre otras acciones), siempre ocurre a espaldas de Uribe? O será, más bien, ¿que todo esto hace parte de la política de “…tirar la piedra y esconder la mano…”?

Estas son, apenas, algunas de las muchas preguntas que, a diario, se hace la mayoría del pueblo colombiano; ese pueblo para el cual la “seguridad democrática” sigue siendo un embeleco; ese pueblo que no participa en las encuestas arregladas; ese pueblo al cual solamente le prestan atención en épocas preelectorales; ese pueblo que sufre penalidades por las erráticas medidas económicas y por las amañadas reformas tributarias, laborales y pensionales  que lo sumergen, cada día, más y más y más en la pobreza; pues todas las acciones estatales están orientadas a favorecer a los ricos; esos que aportan para las campañas electorales; esos potentados que invierten cantidades ingentes de dinero en las elecciones, para recuperarlo a través de leyes y normas que les protejan sus capitales, mientras los pobres siguen careciendo de lo elemental, de todo aquello que los saque de su condición, punto menos que infrahumana; precisamente ese pueblo que, en su inmensa mayoría, salvo ignorancia crasa, no pertenece al uribismo.

Valledupar, 4 de noviembre del año 2008

Sistema macabro

Si macabro es el vocablo que representa el aspecto repulsivo de la muerte, éste es, entonces, el adjetivo más apropiado para calificar el sistema utilizado por el Estado colombiano, a través de sus Fuerzas Armadas y de Policía, para dejar en la opinión pública la falsa idea de que la “seguridad democrática” sirve de algo y de que, en verdad, se está derrotando a la subversión.

Porque, si el asesinato de los jóvenes de Soacha y de Ciudad Bolívar, a manos de tropas acantonadas en Ocaña, para luego ser disfrazados de guerrilleros y, así, aumentar la cuota de bajas ante sus superiores, es apenas la punta del iceberg, entonces estamos ante un caso que reviste toda la gravedad de un funesto proyecto genocida que, con tal de mostrar resultados (así éstos sean falsos), se ha gestado en el mismo Ministerio de la Defensa.

Porque es absolutamente imposible que los superiores jerárquicos no sepan lo que, en materia grave, hacen sus subalternos; más aún si se piensa que cada unidad armada (llámese soldado raso o agente de policía), debe rendir diariamente minuciosa cuenta del uso que le dio a las municiones que le fueron suministradas.

Y si los oficiales inferiores (tenientes y capitanes) tienen la obligación de saber lo que hace la tropa, los oficiales superiores (mayores y coroneles), al igual que los de insignia (generales), con más razón deben de estar informados; esto hace parte de la disciplina castrense. Y, siguiendo la ilación, este conocimiento del accionar militar llega hasta la cúspide de la línea de mando, hasta el comandante en jefe. Lo demás, es una soberana mentira, dicha sólo con el ánimo de evadir responsabilidades y de echarle la culpa al subalterno, por aquello de que “…la cuerda, siempre se rompe por el lado más delgado….”

Pero, yendo más allá, recordemos que siempre que ha habido desmanes de la tropa, desmanes que terminan en asesinatos (Guatarilla, Cajamarca e intermedias y, más recientemente, Soacha, Cauca y muchas otras más), el Ministro de la Defensa y luego el mismo Uribe, han proclamado a los cuatro vientos la condición de guerrilleros (o de víctimas del “fuego amigo”, como en Guatarilla) de los muertos; para, solamente si el escándalo ya es imposible de aplacar (como en el suceso del indígena del Cauca, en el que CNN mostró el correspondiente video), Uribe reconocer la culpabilidad de la tropa; claro está, sin aceptar que hubo masacre, que hubo asesinatos, que hubo genocidio.

Más adelante, Santos Juan Manuel, recibe el espaldarazo de su jefe y aquí no ha pasado nada. Bueno, esta vez sí pasó: Uribe destituyó a veintitantos oficiales del Ejército, sin más ni más. Ya algunos de los destituidos, han anunciado demandas contra el Estado por despido sin justa causa. Entre tanto, el Ministro de la Defensa, sigue impávido en el cargo; pues, como le dijera “Maruja” a “Tola”: “Ay, Tola, en este gobierno, la palabra renuncia, es otra desaparecida.” Desparecida forzosamente, agregaría yo.

  1. S. Con todo el respeto que su investidura clerical le confiere, hay que reconocer que Monseñor Rubiano, llevado de su uribismo a ultranza, ha dicho algunos exabruptos últimamente. La más reciente perla, a propósito del juicio a los oficiales culpables de la desaparición forzosa de civiles en la retoma del Palacio de Justicia, oficiales que están siendo juzgados por la justicia ordinaria: “…A esos oficiales, los jueces deben perdonarlos…”

De hacerse efectiva la petición de Monseñor Rubiano, nos tocaría hacerles a esos oficiales un homenaje de desagravio, como el que, en su momento, Uribe le hiciera a Rito Alejo del Río, después de lo de Urabá.

Valledupar, 11 de noviembre del año 2008

El Sistema Financiero, DMG y las Pirámides

Aquí no se trata de hacer una apología de nada ni de nadie; solamente queremos tratar de hallar la verdad sobre este caso que, de pronto y de manera alarmante y torrencial, ha inundado los titulares de los noticieros de la televisión y ha ocupado las páginas editoriales de los principales diarios del país y, aún, los de provincia. Para tratar de encontrar esa verdad, será menester separar las partes que integran el hecho noticioso: el sistema financiero, la empresa DMG y las pirámides.

Empecemos, como en el análisis de un sistema, por el final: las pirámides. Este negocio, cuya existencia se remonta a comienzos del siglo pasado está basado (como también lo está el sistema  financiero), en la confianza, de la persona que entrega su dinero, para  con la persona que lo recibe. El aportante comienza por la base y, a medida que logra conseguir otros aportantes y éstos a otros más, ad infinitum, va subiendo de nivel, hasta alcanzar la cúspide; momento en el cual su aporte inicial ha crecido de manera exponencial. Mientras haya aportantes, nada malo ocurre; pues cada jugador (al fin y al cabo, es un juego) gana en su momento. El problema surge cuando el juego se deshace.

Ahora bien, en los últimos años, aparecieron en el país, sobre todo en el occidente y en el sur del mismo, unas empresas captadoras informales de dinero que ofrecían ubérrimos rendimientos a quienes les confiaran sus ahorros; en un principio, y hasta hace un par de meses, estas empresas captadoras informales de dinero, funcionaron sin problemas; más aún, su clientela aumentaba día a día y cada ahorrador recibía cumplidamente los réditos ofrecidos y, nunca, ninguna autoridad se preocupó por averiguar de dónde salía tanto dinero. Hasta cuando llegó el día en el cual cundió el pánico Y, ante la avalancha de ahorradores que querían salvar sus ahorros, los dueños de estas empresas informales, al no poder cumplir lo ofrecido, en algunos casos tomaron las de Villadiego y vino la debacle que todo el país conoce. Sin embargo, los medios de comunicación, en vez de denominar a estas empresas con el nombre correcto (captadoras informales de dinero), las llamaron también pirámides, confundiendo así a buena parte de la opinión pública y, dentro de ésta, a los incautos ahorradores.

De otro lado, la empresa DMG (por las iniciales de su fundador, propietario y director) tiene un objetivo social diferente, como lo es la publicidad y el mercadeo de bienes y servicios prepagados. Al socio le abren una cuenta y recibe una tarjeta débito cuyo valor corresponde al dinero depositado. Con esta tarjeta hace compras en los establecimientos afiliados a DMG y obtiene un doble beneficio: un descuento por el uso de la tarjeta y unos puntos, por la publicidad implícita en la compra, redimibles en dinero que se le deposita en su cuenta. Durante años (los corridos en este siglo), no hubo quejas ni reclamos por parte de los socios de DMG, ni las autoridades encontraron nada ilegal en el método usado. El problema surgió cuando el sistema, sano en esencia, pisó los callos del poderoso sistema financiero colombiano. Algunos bancos vieron simplemente a otro competidor y trataron de  idear estrategias para retener a sus clientes y atraer nuevos. En tanto, el Grupo Aval (monopolio consentido por el Estado y que ya ha absorbido a muchos bancos en el país) sintió que sus pingües ganancias se estaban mermando y, en cambio de hacer lo que habían hecho ya otros bancos, optó por la vía más torcida: denunció a DMG como empresa lavadora de activos, como socia del narcotráfico y como captadora ilegal de dinero. El Estado colombiano ni corto,  ni perezoso decidió ayudar, a su socio en el manejo del país y, así, desató una guerra a muerte contra DMG. Como a esta empresa, los bancos del grupo Aval, le habían cerrado las cuentas, tomó su dinero (cuya cuantía era de varios miles de millones de pesos) y quiso transportarlo en una avioneta para depositarlo en bancos diferentes a los del Grupo. Avisadas las autoridades, incautaron la avioneta y su contenido e iniciaron una investigación sobre algo que ya conocían: ese dinero era propiedad de los clientes de DMG y, por tanto, totalmente lícito. Sin embargo, ante la imposición del grupo de presión amigo, no cejó en su afán de enlodar el nombre de DMG. Ahora, el nuevo Director del Das, habla de unas denuncias hechas por el organismo el año pasado ante la Fiscalía; la cual niega la existencia de las mismas. Entonces, el Sistema hace cundir el pánico entre los jugadores de las pirámides y entre los clientes del ahorro informal, y logra que los medios de comunicación le sirvan de caja de resonancia y meten en el mismo saco a todas esta empresas, que han osado montarle competencia al Grupo Aval. El resultado: decenas o centenas de miles de colombianos que ven perdidos sus ahorros y, sus esperanzas, punto menos que esfumadas. Ojalá, el país logre establecer la verdad  verdadera, para que la cuerda no se rompa por su lado más delgado…

Valledupar, 18 de noviembre del año 2008

El Gobierno colombiano, DMG y las Pirámides

Hace ocho días, en esta columna, se quiso analizar el caso de las pirámides y la actitud del Gobierno, presionado por el Grupo Aval, frente a DMG. Se aclaró, también, que no se intentaba defender a nada ni a nadie, sino únicamente tratar de encontrar la verdad, con el fin de evitar que la cuerda se rompiera por el lado más delgado, como es lo usual; evitando así que, al romperse, se ignore de quién es la mano que sostiene el extremo más fuerte de dicha cuerda.

Pues bien, no habían pasado algunas horas (que digo horas, minutos) de que saliera publicada la columna, cuando ya la opinión pública sabía de las fechorías de David Murcia Guzmán, el fundador, propietario y director de DMG; a quien, solamente ocho días antes, el mismo Fiscal General de la Nación, había declarado libre de culpas; pues, según sus propias palabras, “…no se le habían encontrado indicios que permitieran acusarlo formalmente…”

No obstante, faltaba todavía lo mejor del sainete: la rueda de prensa en la Casa de Nariño. Allí, como también es lo usual, se montó una farsa, en donde, titubeo tras titubeo, Uribe quiso explicar que sólo hasta ahora se enteraba de las fechorías de Murcia; a quien, más adelante, en el  mismo tinglado, acusó de estar aliado con los narcotraficantes, con la guerrilla y, por supuesto, con el terrorismo. No podía faltar en el sainete, la exculpación de los más allegados a Uribe, que sí sabían a qué se dedicaba Murcia.

Pero lo más cómico estaba por llegar: una vez el General Naranjo consiguió que se capturara a Murcia en Panamá, Santos Juan Manuel, corrió a rasgarse las vestiduras por los lujos y el poder que detentaba el reo. Allí, también el Fiscal General, decepcionó al país nacional (ese que no traga entero), destapó el prontuario de Murcia y hasta habló de seguimientos que se le venían haciendo. Mientras tanto, el Ministro de Hacienda tartamudeaba, tratando de explicar lo que no se había hecho.

Pero, de la presión del Grupo Aval, ni pío. Ni Uribe, ni Santos, ni Iguarán, ni Zuluaga, mencionaron al propietario de la mano que sostiene la cuerda. Más aún, una vez más, Uribe declaró que todo se hizo a sus espaldas. A propósito, los dioses del Olimpo, deben de sentir envidia de Uribe; pues, ya hubieran querido para sí, Hércules y Atlas, una espaldas tan anchas. Lo malo de este encubrimiento, es la desconfianza que se ha afianzado en la  opinión pública hacia el sistema financiero en general.

De otro lado, la parafernalia desbocada con la que presentaron a Murcia, ya detenido, fue algo que desbordó toda expectativa: ni siquiera los paramilitares, ni los asesinos más peligrosos y, ni que decir, los guerrilleros, han sido apresados con tanta sevicia. Llegó un momento en el cual se pensó que a Murcia lo habían apresado policías norteamericanos, pues los grilletes en los pies sobraban. Parecía como si le estuvieran cobrando el delito de haberse enfrentado al Sistema Financiero colombiano.

Claro está que, al hilar un poco más delgado, se entiende el porqué de todo este tinglado: por culpa de Murcia y de su DMG, ya nadie habla de los falsos positivos, de los jóvenes de Soacha asesinados en Ocaña, ni de las últimas declaraciones de Mancuso, ni siquiera de la parapolítica, ni de la apresurada extradición de los paramilitares que podían abrir la boca de manera inoportuna, ni de Guatarilla, Cajamarca e intermedias. Más aún, bastó que Tomás Uribe saliera en televisión diciendo que él no tenía nada que ver con DMG, para que la gente le creyera. Y lo que es peor, nadie del Alto Gobierno ha dicho ni mu, sobre los miles de millones de pesos decomisados por la policía hace varios meses y que pertenecían a DMG, pero que eran transportados en cajas con el logotipo de la Oficina de Acción Social de la Presidencia de la República de Colombia; ni tampoco se volvió a mencionar que DMG colaboró en la financiación de la recolección de firmas para la segunda reelección de Uribe. Lo que podría explicar lo tardío del accionar del Gobierno en el caso de Murcia.

Valledupar, 25 de noviembre del año 2008

Nuevamente las catástrofes

Ya en varias ocasiones, en esta columna se ha hablado de los desastres ocasionados por las fuerzas de la Naturaleza cuando ésta se desborda, cuando se sale de su cauce natural. En septiembre del 2005, a raíz de las inundaciones ocasionadas por el huracán Catrina y, nuevamente, en noviembre del año pasado, debido a los destrozos ocasionados por las lluvias en todo el país.

En ambas casos, se hizo referencia a la circunstancia de lugar, en el que siempre se encuentran los más pobres cuando sobrevienen estas tragedias ocasionadas por la Naturaleza. Allí se analizó porqué siempre los pobres habitan los lugares más riesgosos; esto es, como consecuencia de su condición socioeconómica. Cuando ellos llegan al poblado, aldea o ciudad, ya los buenos terrenos tienen dueño y, entonces no les queda otro remedio que alojarse, mediante invasión o cesión gubernamental, en los lugares cercanos a las orillas de los ríos, las laderas de las montañas o al pie de las faldas de los volcanes. Y como quiera que cada día que pasa, el equilibrio ambiental se resquebraja más y más, entonces estas hecatombes se tornan más frecuentes. A menos que la humanidad, tome conciencia de su condición depredadora y decida, a motu proprio, hacer un alto en la devastación del medio ambiente.

Pero éste es el análisis somero de las causas: Miremos, ahora, las consecuencias y, sobre todo, la reacción de los gobiernos colombianos ante estas situaciones. Los efectos son obvios: desolación y muerte, aumento de la precaria situación económica de los damnificados, incremento de las enfermedades, desesperanza para quienes lo han perdido todo.

Los medios de comunicación inician cruzadas para buscar la solidaridad de los colombianos que aún no han sido tocados por la catástrofe y la respuesta rebasa las expectativas, pues suele ser generosa y caritativa. Basta con que ocurra una tragedia en cualquier parte de la geografía nacional, para que la mayoría de los colombianos corra a socorrer o a aportar en pro del bienestar de los damnificados. Pero esa no es la solución. Mientras el ciudadano común y corriente ayuda a las víctimas de las tragedias naturales, el  Estado posterga las soluciones definitivas, una y otra vez. Todo se queda en promesas. Todo termina en buenos propósitos. Pero en la realidad, todo continúa igual, año tras año, gobierno tras gobierno.

Esto no puede seguir así. Las situaciones de desamparo, pobreza y desprotección que  se descubren en caseríos, aldeas y poblados ribereños, cada vez que las fuerzas de la Naturaleza se desatan, muestran como, lo anterior, no es exageración, ni mucho menos. Esta es la realidad que vive esa Colombia marginada desde siempre y para siempre. Cada vez que los ríos se desbordan, las quebradas se crecen, los volcanes eructan lava o lodo, miles y miles de compatriotas pobres quedan a la intemperie, subidos en los techos, llorando por haber perdido a sus seres queridos, por haber perdido sus escasas pertenencias, por haber quedado en el desamparo. La indolencia del Estado no puede ser subsanada por la generosidad del pueblo que atiende el llamado de los medios de comunicación. Las soluciones deben de ser definitivas, tales como campañas de reubicación, en donde parte de los grandes latifundios sean negociados por el Gobierno, sea local o nacional, con el fin de dar vivienda a esos compatriotas pobres. Y, como corolario de esta solución, darles educación a todos los damnificados y, también,  posibilidades de trabajo, urbano o rural, a las cabezas de familia y demás adultos desolados.

Para que la próxima temporada de lluvias no los sorprenda, otra vez, inermes ante el peligro de las inundaciones, el deslizamiento de las montañas o tantas otras formas de catástrofe con que la Naturaleza cobra los abusos de la humanidad y no se sigan perdiendo más vidas inocentes.

Valledupar, 2 de diciembre del año 2008

Referendo patituerto

Cuando las cosas mal empiezan, mal acaban. No es otra la parábola descrita por el referendo para la segunda reelección de Uribe. La estrategia utilizada por el Partido de la U, en cabeza de su Secretario General, Luís Guillermo Giraldo (artífice también de la primera reelección), se montó sobre mentiras: utilizó ayuda de todo el mundo, viniera de donde viniera. No titubeó en aceptar del mundo empresarial, dineros en cantidades exorbitantes, que rebasaban los topes establecidos por la Ley; también aceptó la ayuda de la empresa Transval, filial de DMG, que ahora no es amiga del gobierno.

Cuando se vio entre los palos, Giraldo mintió sobre el origen de los dineros recaudados; habló de supuestos préstamos  que nunca pudo demostrar; mencionó subastas inexistentes; en fin, dio respuestas falsas a las preguntas que le formularan los magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE), cuando éste resolvió investigar; pues antes, el hermano del ex fiscal Luís Camilo Osorio (conocido de autos), el magistrado Héctor Osorio, trató de evitar la investigación y alcanzó hasta a elaborar una ponencia en la cual le quitaba atribuciones al CNE para analizar la contabilidad del referendo. Afortunadamente, su ponencia fue derrotada por mayoría en el CNE. En fin, el tema ha sido manejado con una marrullería propia de rufianes.

Tanto que Giraldo, mintió una y otra vez sobre las sumas recaudadas y volvió a mentir sobre el nombre de los donantes; como si quisiera hacer pensar a las autoridades electorales y, de contera, a la opinión pública, que todo era manejado por ángeles y arcángeles y no por una turba de mañosos y marrulleros políticos ansiosos de perpetuar en el poder a su líder. Y seguir, ellos mismos, usufructuando el erario.

Una vez el CNE hizo la revisión correspondiente, encontró que los donantes, en su mayoría, eran contratistas del Estado y, por consiguiente, interesados en que el statu quo continuara, para así seguir favoreciéndose de las complacencias del príncipe.

Además, cuando Giraldo presentó las primeras cifras de recaudos, habló de un poco más de 140 millones de pesos; cuando el CNE terminó de hacer la revisión, encontró que se habían recaudado cerca de dos mil millones de pesos, para la recolección de cuatro millones de firmas. El CNE sospechó cuando se hizo el cálculo de lo que habría costado el diligenciamiento de la recolección: dos mil millones de pesos. Y ni que decir de las respuestas premeditadamente falsas que Giraldo dio en la rueda de prensa convocada para explicar lo inexplicable: después de haberse visto obligado a reconocer el origen de la mayoría del dinero obtenido (esto es, contratistas del Estado), dijo que ese recaudo no era para el referendo, sino para la Organización “Colombia Primero”. Su afirmación embustera cayó de su peso, pues el Comité Promotor del Referendo lo conforman los mismos miembros de la citada organización.

La situación, además de incómoda para el país, al querérsele imponer la perpetuidad de Uribe, también es ofensiva; pues se ha tratado de manipular una de las herramientas más sagradas de la democracia: la consulta popular. Y sin querer posar de fariseos y rasgarse las vestiduras por la osadía, lo menos que se espera es que la iniciativa quede totalmente archivada, ya que no es de buen recibo que se pretenda jugar con la opinión pública. Ya bastante se nos ha mentido, ya ha sido suficiente tanta farsa. Dejen que otras personas, otros grupos, otros partidos políticos le den un aire a este remedo de democracia en el que está hundida Colombia.

Por eso, el Partido de la U, debería llamarse  el Partido de la O, por el exacerbado oportunismo que demuestran sus dirigentes. Esa sed de poder tan desmedida, no es buena para el país; tan desmedida que parece más bien glotonería, gula de mando.

Ya lo dice el adagio: “…cuando veo tanta gula, se me quitan las ganas de comer…”

Valledupar, 9 de diciembre del año 2008

A la tercera es la vencida

Por tercera vez (y esperemos que ésta sea la última), Jorge Noguera Cotes, ex jefe para el Departamento del Magdalena de la campaña presidencial de Uribe en el 2002, ex director del DAS durante los primeros años del primer cuatrienio de su amigo personal y, por último, ex cónsul de Colombia en Milán, es puesto tras las rejas por varios delitos: concierto para delinquir, entrega a maleantes de información trascendental para la seguridad del país, desaparición o alteración del prontuario de enemigos de la paz y del equilibrio social de la Nación, y otros delitos más que la Fiscalía General ha logrado acopiar en el expediente de este delincuente de cuello blanco.

La primera vez que lo detuvieron, cuando lograron hacerlo volver de Milán y lo apresaron, su abogado defensor, valiéndose de argucias, consiguió que lo liberaran.

Luego de haber sido detenido por segunda vez, la Corte Suprema de Justicia, ante los requerimientos del defensor, sobre algunas fallas de procedimiento durante el proceso, tuvo que soltarlo. En esta ocasión, tanto el reo como su defensor, se ufanaron del logro alcanzado y, cínicos al fin y al cabo, adujeron la inocencia del procesado y no, como era de rigor, los errores procedimentales. Más aún, tuvieron la osadía y el descaro de amenazar al Fiscal General con demandarlo, cuando éste, como era preciso hacerlo, declaró que investigaría a fondo el sumario del sindicado.

Ahora (esperemos que sea la última la última vez), el mismo Fiscal General, luego de recomponer el proceso, encontró algunos otros delitos que se habían quedado por fuera en las dos veces anteriores y (esperemos que así sea), ya nadie podrá salvarlo. Ni siquiera las influencias de su amigo personal y protector, Álvaro Uribe Vélez, podrán sacarles las castañas del fuego.

Y es bueno que así sea, porque este señor, aprovechando la excelente posición que detentaba como Director de la Policía Secreta, puso a disposición de muchos malhechores el andamiaje del Estado y, desde allí, no sólo delinquió, sino que llevó a otras personas a hacerlo; personas que seguramente, en otras circunstancias no habrían transgredido la Ley. Es decir, que por culpa de este malhechor de cuellos blanco, muchos hogares en Colombia, se encuentran sufriendo. Es obvio que él no obligó a nadie; pero no lo exime de ser culpable de haber inducido a otros a delinquir.

Pueda ser que, al verse en la sin salida, decida colaborar con la Justicia y dé los nombres de sus cómplices y sus auspiciadores y, así, sea posible saber más sobre la verdad de los hechos que, en los últimos seis o siete años han llevando al país por derroteros de desastre sociopolítico.

  1. S. Muy buena la campaña emprendida por las autoridades civiles y militares, del orden nacional, departamental y municipal, en pro de la erradicación del uso de la pólvora, sobre todo en manos de niños y adolescentes. Muy buena porque además de ser una diversión algo estólida, es peligrosa. Los riesgos que corren los infantes y los púberes que manipulan estos artefactos pirotécnicos, son inconmensurables, pues van desde las simples quemaduras, hasta la desfiguración, la invalidez y hasta la muerte.

Sin embargo, las medidas adoptadas por las autoridades no cierran el círculo fatal del peligro; pues con las medidas tomadas, castigan y, posiblemente, hacen desistir a los padres de los afectados y, en ocasiones, a los distribuidores. Pero a los fabricantes, los verdaderos culpables del peligro y, a la vez, quienes usufructúan los réditos del negocio, ni siquiera son mencionados en las normas punitivas para los padres y, acaso, para los distribuidores. ¿Será que los fabricantes de estos artefactos mortales pertenecen a un fuerte grupo de presión, en tanto su proveedor principal es la Industria Militar?

Valledupar, 16 de diciembre del año 2008

De retenes, errores y ejecuciones

El pasado martes, un poco después de media noche, por la carretera que va hacia Popayán, se desplazaba una camioneta perteneciente al Comité Regional Indígena del Cauca (CRIC), conducida por el líder indígena Edwin Legarda, esposo de la Consejera Mayor del CRIC, Aída Quilcué. A la altura de la vereda San Pedro del municipio de Totoró, cerca de un supuesto retén militar, unos soldados abrieron fuego contra el vehículo. Diecisiete disparos de fusil fueron hechos contra la camioneta; tres de ellos, luego de atravesar el parabrisas, hicieron impacto en el tórax de Legarda; otros siete dieron contra el frente del vehículo, unos en el capó, otros en el parabrisas y otros más en el radiador; de los siete restantes, algunos se perdieron y otros impactaron la parte trasera de la camioneta. En buen romance, esto significa que el vehículo del CRIC venía hacia donde estaba el supuesto retén, no se alejaba de él.

Como resultado del operativo relámpago, Edwin Legarda perdió la vida. Los soldados autores del crimen declararon que se habían visto precisados a disparar, porque el conductor del vehículo no había acatado la orden de alto y se había dado a la fuga y, por eso, no habían tenido otra opción que la de utilizar sus fusiles. Sin embargo, tal como se dijo en el párrafo anterior, si el líder indígena se hubiera dado a la fuga, todos los disparos habrían impactado la parte trasera de la camioneta o, tal vez, uno de sus lados, o ambos; mas no su parte delantera. O sería, más bien, que ¿los soldados adivinaron las intenciones de huir de Legarda? O sería que, en la oscuridad, ¿alcanzaron a comprender, por sus gestos, que el conductor no detendría el vehículo?

Más bien parece que, según lo explicó la esposa de la víctima, la consejera Aída Quilcué, Legarda fue abatido al confundírsele con ella, en razón de ser la Consejera quien siempre utilizaba la camioneta dentro de sus labores en el CRIC y, últimamente, había tenido la osadía de cuestionar la acción de la fuerza pública, cuando los indígenas del Cauca protestaron por el desplazamiento a que han sido sometidos con tal de favorecer a los señores feudales del Cauca. Y no, como lo expuso ante los medios de comunicación el comandante militar de la zona, el general Justo Eliseo Peña, cuando el infundio de la supuesta huída, tras el desacato a la orden de alto fuera cuestionado por la Fiscalía y la Procuraduría, ante la evidencia demostrada por la trayectoria de las balas: “… los soldados se confundieron y dispararon…”, dijo Peña. La verdad es que a nadie que desobedezca una orden de alto, ¡le disparan diecisiete veces! La líder indígena fue enfática al afirmar: “…los disparos eran para mí, para así acallar mis labores como dirigente de la Minga que, no hace mucho, caminó hasta Bogotá, en el fallido intento de dialogar con el presidente Uribe, sobre los problemas de los indígenas del Cauca…” Por supuesto, todo el alto gobierno y la cúpula militar le creyeron al general Peña. Según éste, todo fue un error; según la líder, el error si existió, al confundir a su esposo con ella.

Como también fue error el de Cajamarca, cuando unos soldados dispararon contra un señor, campesino de la zona, su hijo adolescente, la también adolescente mujer de éste y el hijo de ambos, apenas un niño de brazos, a quien el abuelo y los padres llevaban al dispensario médico más cercano, en una aciaga madrugada, hace sólo un par de años. Los cuatro cayeron abatidos por las asesinas balas oficiales. Cuando los soldados, autores materiales del crimen, dieron parte del “incidente”, adujeron haber disparado contra la pequeña comitiva, porque sus integrantes desobedecieron la orden de alto, dada por uno de ellos y, además, porque pensaron que se trataba de guerrilleros que querían huir. Este ha sido el primer y único caso, en la historia de la humanidad, de un bebé subversivo. Desde entonces han pasado varios años y aún no ha habido una sola persona encarcelada por este genocidio. El manto de la impunidad sigue cerniéndose sobre este horrible y abominable crimen.

Esperamos que el asesinato de Legarda no quede sin esclarecer. Ojalá la Fiscalía y la Procuraduría logren demostrar la culpabilidad de los asesinos materiales e intelectuales, para así evitar que, a nombre de la “seguridad democrática”, se sigan eliminado civiles inocentes, ajenos al conflicto armado que vive Colombia. Que no se sigan usando lugares solitarios y apartados (carreteras, aldeas, senderos, trochas, etc.), para seguir diezmando a la población descontenta con el régimen. Ojalá Aída Quilcué y otros muchos más, no paguen caro su osadía.

Maracaibo, 23 de diciembre del año 2008

El año nuevo

Por estos días, cuando culmina, de manera convencional, un nuevo giro de la Tierra en su órbita alrededor del sol, es tradicional que el ser humano se detenga un instante, para hacer un recuento de sus propias actividades realizadas durante los últimos doce meses. Cada cual hace una introspección para aquilatar sus acciones, deseando que sus virtudes, así hayan sido escasas, hayan tenido mayor peso que sus iniquidades; para, en tal caso, agradecérselo al Creador o, por el contrario, impetrar Su ayuda, con el fin de que el próximo año le permita alcanzar un mejor balance en sus actividades anuales.

También se aprovechan estas fechas, para desearles a los seres queridos toda suerte de parabienes. Congratulando a quienes obtuvieron mercedes en su acaecer anual y solidarizándose con aquellos que tuvieron el infortunio de padecer calamidades.

De todas maneras, son propicias estas festividades anuales, para los exámenes de conciencia. Por supuesto, hay quienes no le prestan atención a este hecho; bien, por ser demasiado pragmáticos; bien, por sentirse asaz desilusionados con la existencia; bien, por mero sentimiento de misantropía.

No obstante, la mayoría participa y sigue la tradición. Pidamos, entonces, salud, tranquilidad y bienestar para los allegados de cada cual. Roguemos (quienes aún creemos y esperamos en el Dios Eterno), por la paz del mundo entero, incluidos Colombia, los países del Medio Oriente y tantas otras naciones que se debaten en guerras que las desangran y las devastan. Pidamos, también, por la liberación de los secuestrados; pero no olvidemos en nuestras peticiones, a los desaparecidos forzosamente, para que, si aún viven, puedan regresar al nido del hogar o, si fueron sacrificados, sus cadáveres les sean devueltos a sus seres queridos; para que estos no sigan en la incertidumbre que significa no saber si el ser querido, que fue desaparecido, vive todavía o ya está muerto.

No olvidemos, en nuestras oraciones, a todas aquellas personas que padecen el infierno de una cárcel, por haberse robado un pan que les permitiera medio alimentar a sus hijos y, también, a todos aquellos que purgan condena por delitos cometidos por otros. Pidamos porque los presos inocentes recuperen la libertad.

Imploremos a Dios, además, porque el desequilibrio social existente en Colombia, empiece a menguar durante el próximo año; para que todos aquellos millones de compatriotas que viven en la absoluta miseria, recuperen la dignidad en la vida. Que los pobres de solemnidad, vean una luz de esperanza en el futuro. Que quienes explotan y despojan a los pobres, al robarse los recursos del Estado, hagan un alto en su afán de depredación y resuelvan hacer suspender su camino delictivo y, al igual que Saulo en el camino de Damasco, vuelvan sus ojos hacia Dios y busquen la equidad a través de la probidad y el amor al prójimo.

Que quienes discuten el aumento del salario mínimo, no conviertan en rey de burlas al trabajador colombiano. Pero que el Gobierno, más que el alza de aquél, vea que es más decisiva una acción del Estado en pro del control de precios y de la especulación en la venta de bienes y servicios.

En fin, que los buenos propósitos de Navidad y de Año Nuevo de cada colombiano, desde el más encumbrado hasta el más desposeído, se hagan realidad y perduren en el corazón de cada cual durante todo el 2009 que, cuando vuelva a salir esta columna (si Dios así lo quiere), ya habrá comenzado.

Feliz y venturoso año nuevo para todos los amables lectores.

Maracaibo, 30 de diciembre del año 2008

Estado policivo y corrupto

No, amigo lector, no me refiero al Estado colombiano que, en comparación con otros, no obstante todas las falacias que nos dice, es mejor que algunos del continente. Sin que lo anterior nos permita arroparnos con el sopor de la complacencia y el conformismo, por aquello de  “mal de muchos, consuelo de tontos”; ni mucho menos que esto signifique que hayamos cambiado de rumbo en nuestra ideología ni, mucho menos, pensemos que vivimos en el país de las maravillas; máxime después de la sempiterna farsa anual del aumento en el salario  mínimo legal.

Cuando hablamos de un estado policivo y corrupto, hacemos referencia a Venezuela; mal llamada, para oprobio de la memoria del Libertador, “República Bolivariana”. La corrupción que cohonestan y aprovechan, de la manera más descarada, los integrantes de los diversos cuerpos armados y de policía, es aberrante. Pareciera que su misión no es la de hacer cumplir las normas y las leyes; sino, más bien, esperar a que alguien las incumpla, para luego extorsionar al infractor.

Veamos, por ejemplo, el caso de los transeúntes entre Colombia y ese país. Sucede que existe un convenio entre los países bolivarianos (Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia), mediante el cual los nacionales de cada país pueden circular libremente entre estas naciones, con la sola presentación del pasaporte. Sin embargo, Venezuela no cumple con este convenio; sobre todo, cuando se trata de viajeros colombianos que desean ingresar a ese país. Allí, es indispensable presentar la visa y quien no la tenga, tendrá que vérselas con el manejo corrupto que los uniformados de los diferentes cuerpos policivos venezolanos, les dan a la situación. Pues es claro que quien no tenga sus documentos en regla, pues no puede entrar al país; pero estos señores aprovechan esta situación para armar un verdadero mercado para el paso de colombianos hacia Venezuela.

No sé cómo será la situación en el puesto fronterizo, situado entre Cúcuta y San Cristóbal. Pero lo que es en el correspondiente entre Maicao y Maracaibo, la cosa es a otro precio. En el trayecto entre las dos ciudades hay alrededor de doce retenes (ellos los llaman alcabalas; tal vez en rememoración de aquellos puestos que la Corona española tenía en América, para cobrar tributos por el paso de mercancías o personas. La diferencia estriba en que los españoles tenían una tarifa fija; los venezolanos la varían de acuerdo al uniformado y al marrano al que quieren esquilmar).

En estas alcabalas sitúan a verdaderos representantes de la chabacanería de una república bananera. Medio analfabetas, pues se les nota cuando de escribir un renglón o leer un documento se trata (y ni qué decir al hablar), incurren en situaciones como la que observé hace un par de años: un guarda venezolano (no recuerdo perteneciente a cuál de los tantos cuerpos armados que allá existen) le pidió el documento de identidad a una pasajera del vehículo colectivo que nos transportaba desde Maicao hasta Maracaibo. Como quiera que el documento (cédula venezolana) no presentara ninguna anomalía, el guarda en cuestión le tomó el dedo índice derecho a su compatriota y lo cotejó contra la huella impresa en el documento. Luego, le dio su asentimiento. Mi primera  impresión fue la de que este uniformado tenía vista biónica y, además, era un experto dactiloscopista. En otra ocasión, al ir a sellar mi pasaporte para regresar a Colombia, alcancé a oír cuando el señor que me precedía en la fila, le decía al guarda fronterizo: “¡Tenga! Esto es lo único que me dejaron sus compañeros que se le adelantaron” y le entregó un billete de diez mil bolívares.

Como dije antes, son alrededor de doce retenes y en todos hay sanguijuelas que exprimen al viajero que no tenga visa, si es colombiano, o presente algún problema en su documento.

Es evidente que si Venezuela (bueno, realmente de Chávez depende la decisión) cumpliera con el Convenio Bolivariano, no existiría el tráfico corrupto que hay en el paso por Paraguachòn. No faltará quien diga que “¿para qué va, si no tiene sus documentos en regla?” Pues sí, esa es la verdad, pero no olvidemos que muchos viajan entre los dos países por necesidad, debido a los considerables lazos familiares que hay entre los nacionales de ambos países.

Pero si Chávez resolviera cumplir el Convenio Bolivariano, entonces ¿cuál sería la reacción de los corruptos guardas fronterizos?

Valledupar, 6 de enero del año 2009

Ah, el amor…

Hace cerca de ocho años, cuando El Pilón empezara a publicar mis opiniones sobre Dios, la vida, el amor, la familia, el país, el mundo y tantos otros temas que con el transcurrir del tiempo se han venido desgranando (aunque en los últimos años, por obvias razones, hayan predominado los asuntos relacionados con la política nacional), me fue publicada en ese entonces una columna que titulé “El verdadero sentido del amor”. En ella expresaba mi opinión sobre los fundamentos del verdadero amor; entre los cuales resaltan, el respeto, la comprensión, la confianza, la tolerancia, la responsabilidad y la generosidad para con la persona amada; razones de tal manera comprendidas y aceptadas, que lleguen a ser recíprocas en la pareja.

Allí, también se dejaban traslucir las diferencias entre el amor y el enamoramiento y cómo éste precede a aquél; dejando claro que si el amor es verdadero, en tanto reúne sus cualidades inherentes, termina por trascender el tiempo y aún la vida misma de los amantes, pues la muerte no será obstáculo para hacerlo eterno.

Pues bien, el pasado ocho de los corrientes, mi esposa y yo cumplimos cuarenta y nueve años de casados, durante los cuales hemos tratado de ser coherentes con los que hemos considerado los fundamentos del verdadero amor; reflexión que fue creciendo a medida que el enamoramiento inicial fue dándole paso al amor; el cual, con el debido cuidado, fue aumentando hasta convertirse en un sentimiento tan sólido, capaz de resistir los embates del tiempo y las circunstancias de la vida. Porque, desde el principio de nuestro matrimonio, y gracias a los consejos de nuestros padres, estuvimos conscientes de la importancia que estos pilares tienen en el desarrollo y robustecimiento del amor mutuo que nos ha permitido lograr el anhelo de amarnos y de vivir en paz y armonía “hasta que la muerte nos separe” y, como dijera antes, aún después de que ésta aparezca con su manto de sombra y dolor.

Y, como cada quien da de lo que su alma, su mente y su corazón producen, pues yo le brindé a mi esposa, en este nuevo aniversario, un poema cuyo contenido, con la venia del lector, he querido publicar hoy, cuando todavía están frescas en la mente de todos los creyentes, las expectativas generadas en cada traslación completa de nuestro mundo y que concitan el alma de las personas de buena voluntad. Así, pues, he aquí el poema de marras que brotó, de manera espontánea, desde lo más profundo de mi corazón:

Así es nuestro amor…

El tiempo pasa y nos volvemos viejos;

mas sin embargo, ahora como antaño

nuestro amor aumenta, año tras año

y mejora, como los buenos vinos añejos.

Porque el crisol de la vida lo ha templado

y lo llena de reciedumbre día tras día,

sin importar las diferencias que, a porfía,

lo someten diariamente y lo han probado.

Ya, en verdad, este amor no tiene menguante

y nada ni nadie podrá nunca destruirlo;

porque es tan fuerte, que nada puede herirlo

ya que tú y yo lo engrandecemos cada instante.

No podremos negar que a veces hay rencores

por nimiedades que ocurran con alguna frecuencia;

pero, no obstante, trascendemos toda diferencia,

porque así es nuestro amor: ¡el amor de los amores!

Por eso, en este nuevo y feliz aniversario,

le pido otra vez a Dios, me dé la dicha entera

de tenerte a mi lado, mi esposa y compañera,

para adorarnos, mi amor, como lo hacemos a diario.

Pues solamente Él podrá darnos el mágico embeleso

de disfrutar por siempre de nuestra mutua compañía,

que ilumina el sendero de nuestras vidas cada día,

desde el mismo instante en que surgiera el primer beso.

Valledupar, 13 de enero del año 2009

Barak Obama

Hoy asume como cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, el demócrata Barak Obama; el primer presidente negro de esa nación, durante los 225 años de vida republicana.

Son muchas las expectativas que se han desatado desde cuando fuera elegido el pasado mes de noviembre y que hoy esperamos empiecen a hacerse realidad, cuando sea investido del cargo y jure “…solemnemente que desempeñaré con lealtad la Presidencia de Estados Unidos y pondré toda mi capacidad para preservar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos…”

La primera de estas esperanzas tiene que ver con el cierre del campo de concentración sito en la Bahía de Guantánamo, en la Isla de Cuba, en donde el gobierno de Bush había sembrado el terror y en donde algunos de los prisioneros murieron, al no poder soportar las torturas a las que los sometieron sus crueles e inhumanos carceleros; miembros éstos, la mayoría, de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. De los 250 confinados, solamente 20 han sido juzgados, desde cuando se instaurara ese régimen del terror a finales del año 2001. Los restantes, amanecen cada día sin saber cuál será su destino; más aún, muchos de ellos, ni siquiera saben por qué están ahí. Y aun cuando todos no serán liberados, al menos los que continúen siendo prisioneros, el nuevo gobierno les garantizará un equitativo juicio a cargo de la justicia civil que, desapasionadamente, verá los cargos presentados por los fiscales y escuchará los alegatos de la defensa. Esta será la primera vez que estos desdichados tienen la oportunidad de ser oídos en juicio.

También buscará, el demócrata presidente, el diálogo entre las partes en conflicto en Medio Oriente. “Se buscará un nuevo enfoque a la situación y se pondrá un nuevo énfasis en nuestra disposición a dialogar.”, aseguró Barak Obama. Dentro de estos enfoques, a los que aludía el nuevo presidente, tiene prelación el estado en que se encuentran las relaciones con Irán, dado el peligro que puede significar una confrontación en la que se utilicen armas nucleares.

Otro de los temas prioritarios para el nuevo mandatario estadounidense, hace referencia a las relaciones con América Latina, incluidos los temas relacionados con el narcotráfico y los comerciales, no obstante la crisis financiera que hereda del gobierno anterior; sobre el cual, ya la Historia hará el juicio de responsabilidades que le conciernen y en donde, con seguridad, no saldrá bien librada la ominosa figura de Bush.

También su equipo de trabajo, exceptuando, tal vez, a Robert Gates, en Defensa, despierta buenos augurios para el mundo entero; pronósticos dentro de los cuales está el relacionado con la crisis económica mundial. Además, son varias y muy destacadas las mujeres que ocupan sitial en el nuevo gabinete.

Confiemos en que estas esperanzas se vean cumplidas durante los próximos cuatro años, de tal manera que el mundo, en lo político, en lo social, en lo económico y en lo ambiental renazca; gracias a la labor que el demócrata Barak Obama pueda desarrollar y, entonces, todos puedan hacer suyas la frase de nuestro Himno Nacional: “Cesó la horrible noche…”

  1. S. Como quiera que la última vez que batí un incensario fuera, hace cerca de sesenta años, en mi época de acólito en Cartagena, no podré escribir ditirambos sobre Dickson Quiroz Torres; amén de que él no los necesita y, mucho menos, los desea. Sólo podré decir que lamento su ausencia de la Dirección de El Pilón y siempre guardaré sentimientos de gratitud hacia él; no solamente por haber dado cabida a mis opiniones en su periódico; sino porque, además, supo controlar, en su momento, la intemperancia de algunos a quienes, mis opiniones, hicieran manifiestos sus errores. Por eso, Dickson, muchas gracias y hasta luego.

Valledupar, 20 de enero del año 2009

Los estigmas modernos (I)

A lo largo de la vida, debido a su naturaleza, el ser humano puede estar ante la coyuntura de ser sometido a tres clases de estigmas diferentes: el nevus benigno, de origen casi siempre congénito, que se caracteriza por la excesiva pigmentación de la piel; la huella impresa, de manera sobrenatural, en el cuerpo de algunos santos extáticos, como símbolo de la participación de sus almas en la Pasión de Cristo y, por último y, lo más deplorable, de manera figurada el desdoro o la mancha moral, como resultado de actitudes perniciosas, reales o atribuidas de manera falaz.

En la actualidad, el colombiano común y corriente está abocado a sufrir por desprestigio, casi siempre artero, el estigma de ser eso mismo: un colombiano del común y, todo, por cuenta de las autoridades de su propio país o a cargo de autoridades de otros países, allende las fronteras o, peor, en comisión en nuestro suelo patrio. Empezaremos por hacer referencia al calvario que, por ese estigma, el colombiano medio debe sufrir cuando desea realizar cualquier tipo de trámites en oficinas de diversa índole, sean públicas o privadas. Después, si Dios así lo quiere, haremos mención a las humillaciones que deben padecer muchos compatriotas nuestros, cuando quieren viajar al exterior y, todavía peor, cuando lo logran.

La figura del notario público es tan antigua como la civilización, pues ya se les encontraba en Egipto, como agoránomos; en Grecia, merced a los síngrafos y a los  apógrafos; los tabularios, los escribas y los cartularios, cumplieron funciones notariales durante el Imperio Romano; hasta España, en sus épocas coloniales, tuvo a los escribanos y, desde siempre, los notarios han tenido la misión de dar fe de ciertas transacciones, tales como contratos, testamentos y otras acciones extrajudiciales entre ciudadanos, con el fin de darles autenticidad al rubricarlas con su firma.

En la actualidad, a los notarios les han sido asignadas nuevas funciones y, así, se les permite autenticar firmas estampadas en documentos, legitimar fotocopias de documentos originales, registrar nacimientos, matrimonios y defunciones. En los últimos años, se les ha autorizado para presenciar y refrendar matrimonios civiles.

Pues bien, según el Artículo 39 del Decreto Ley 960 de 1970, “Sólo se podrá exigir la impresión de la huella dactilar en un documento, cuando el otorgante no sepa o no pueda firmar.” También el Artículo 24 de la Ley 962 del 2005, ordena que “Las firmas de particulares impuestas en documentos, no requieren de la autenticación notarial.” Vale decir, entonces, que la sola firma en documento, sin necesidad de reseña dactilar ni autenticación notarial, da validez al mismo y es de estricto reconocimiento veraz, en cuanto a su contenido.

No obstante lo anterior, el colombiano medio debe sufrir, en cualquier instancia pública o privada, el estigma artero de ser un colombiano del común y, entonces, debe ir ante un desconocido (el empleado de la ventanilla de la Notaría), para que le certifique que es quien dice ser; pues, al fin y al cabo, en esos casos el señor notario firma con la sola presentación del documento y el volante de pago de los estipendios correspondientes. Más aún, para ciertos actos públicos y, a veces, hasta privados, además de su firma, casi siempre previamente autenticada en Notaría, le exigen la impresión de su huella dactilar; indicando, así, que a todo trance ese colombiano es sospechoso de algo y, por eso, es una persona, cuya honestidad y cuya honradez están en tela de juicio y, por consiguiente, no es digno de confianza y, así, debe demostrar que no es un pícaro, cuando debería ser todo lo contrario, pues “Todo individuo es inocente, mientras no se le demuestre lo contrario.”

En los últimos años, ha surgido un nuevo estigma para los colombianos más pobres: el de ser considerado, una vez ha sido dado de baja, como guerrillero muerto en combate, por cuenta de los “falsos positivos”, como escabel para obtener ascensos, traslados o, simplemente, alcanzar méritos en la carrera militar, todo como consecuencia de las recompensas ofrecidas por el alto gobierno y, también, por el irrefrenable afán de demostrar ante la opinión pública, que se está derrotando al enemigo. Sobre esta nueva modalidad, que en realidad no son más que ejecuciones extrajudiciales, ya van contabilizados alrededor de 720 casos, ocurridos desde el 2006 hasta la fecha.

La semana entrante, con la venia del lector y si Dios así lo permite, continuaremos con el tema de los estigmas modernos

Valledupar, 27 de enero del año 2009

Los estigmas modernos (II)

Veamos hoy el calvario que padece el colombiano del común, cuando desea viajar al extranjero.

Los cónsules, cuya figura nació hacia el año 509 A. C., eran los representantes del patriciado romano, para ejercer la máxima autoridad estatal; su imagen, como tal, se extinguió cuando los patricios romanos la suprimieron tras el hundimiento de la República. Los revolucionarios franceses trataron de  revivirla en 1799, pero  sólo duró casi cinco años, ya que murió definitivamente en 1804, cuando ocurrió la coronación de Napoleón.

El cónsul moderno, cuya misión surgió en Europa durante la Edad Media, cuando la trashumancia de ciudadanos entre naciones así lo requería, es el encargado de proteger sin capacidad de injerencias políticas, los intereses de sus compatriotas, ante el país extranjero en donde residen de manera temporal o permanente. A partir de la Primera Guerra Mundial, el cónsul también autoriza, a través del visado del pasaporte, el ingreso al país que representa, de los nacionales del estado donde cumple sus funciones consulares.

Ahora bien, cuando de realizar trámites consulares se trata, la situación de desdoro que el colombiano medio debe llevar a cuestas, como un estigma, se torna más escabrosa todavía; pues pareciera que los cónsules acreditados en nuestro país, sobre todo los procedentes de los países latinoamericanos, fueran los mismísimos herederos de los cónsules romanos, tal es la prosopopeya con la cual atienden al colombiano del común. Y de los subalternos de estos nuevos procónsules, ni hablar; a veces, da la impresión que fueran de la misma prosapia de aquéllos, pues la displicencia con que tratan al solicitante (de la cual hasta podría hacerse caso omiso), es peor que la que se le daba a un lacayo en tiempos de épocas feudales. No obstante, lo peor es el recelo con que se le atiende, como persona punto menos que indigna de todo respeto y consideración. La primera falta de miramiento está en los horarios de atención: de 9:00 a. m. hasta las 12 m. Alguien dirá, “¿pero qué hay de malo en esto? Si ese es el horario normal de atención matinal en cualquier oficina.” Sí, así es; pero en la mayoría de los consulados, exceptuando el de Estados Unidos, no se atiende con cita previa y solamente lo hacen de lunes a jueves; así que todos los aspirantes llegan, sin orden ni concierto, para arracimarse, a la espera de tener la suerte de ser atendido; a menos que al día siguiente llegue antes de las 5:00 a. m. y se sitúe de primero en la fila. Cuando, por fin, ingresa a la oficina consular, es atendido a través de una ventanilla o de una reja, como si se quisiera evitar todo contagio por contacto, de alguna enfermedad letal.

Pero, más aún, unas son de cal y otras son de arena; pues si en la embajada de Estados Unidos en Bogotá, atienden con cita previa y en horario decente, esto significa que usted debe pagar previamente el valor de la visa y, si le es negada, pues pierde algo más de cien dólares en el intento. En los consulados de Venezuela, sitos en Colombia, como ya se dijo, no le dan cita previa, pero usted deberá hacer una serie de viajes a Barranquilla o a Riohacha o a Cúcuta y después de entregar los documentos exigidos, esperar casi tres meses hasta que el Honorable Señor Cónsul de la República Bolivariana de Venezuela tenga a bien darle su visado, previo el pago, también en dólares, de los derechos consulares.

¿No sería mejor que en estos consulados hubiera un buzón en donde el interesado depositara en un sobre cerrado debidamente identificado, toda la documentación requerida para que, una vez sea examinada, se le avise y, en caso de ser negada su solicitud,  retire su documentación o, en caso contrario, pague los derechos consulares y, luego, retire su pasaporte ya visado? Así, no solamente se agilizarían los trámites, sino que, además, el solicitante no se vería sometido al calvario de las interminables filas, las eternas esperas y, peor aún, el trato despótico de los empleados consulares.

  1. S. * Ahora el Gobierno ecuatoriano ha salido con el exabrupto de pedir, además del pasaporte, el certificado del pasado judicial a los colombianos que quieran ir más allá del Puente de Rumichaca, sobre el sinuoso río Carchi. Hace un tiempo, tuvo la osadía de querer exigir el visado del pasaporte. Definitivamente, el lastre de ser colombianos, merced a la imagen que unos pocos narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares, políticos deshonestos y tanto criminal que esta tierra ha parido y que ha ido al exterior a enlodar el nombre de nuestra patria, nos ha estigmatizado ante la comunidad internacional, hasta el extremo de que países, con un nivel de desarrollo cultural y académico inferior al nuestro en el ámbito latinoamericano, nos den ese tratamiento de parias.

** ¿Qué pasó con Juan Carlos Lecompte, el último de los esposos de Ingrid Betancourt?

Valledupar, 3 de febrero del año 2009

El talante de un gobernante

Hagamos un alto en el análisis de los estigmas modernos, para hacer una reflexión sobre un tema de actualidad: la posición de Uribe frente a los secuestrados y las liberaciones unilaterales.

Era de esperarse, por ser muy de su talante, preñado de soberbia, la actitud de Uribe frente al legítimo derecho que tiene la senadora Piedad Córdoba para presidir la labor de liberación de los secuestrados. Definitivamente, Uribe no quiere perder su condición de vedette, ni acepta que alguien le quite la posibilidad de ser el único protagonista del acaecer nacional.

Qué papel tan triste el que desempeña el Comisionado para la paz, como mandadero de Uribe; ya Luís Carlos Restrepo perdió toda opción de ser él mismo; ahora, sólo sabe dar razones o mensajes de Uribe. Qué aberrante la actitud de éste al pretender impedir el paso de los medios de comunicación al aeropuerto Vanguardia de Villavicencio, con el fin de informar sobre los aspectos relacionados con la llegada de Alan Jara a la libertad. Cómo se parece cada día, más y más, Uribe a los dictadores actuales y pretéritos de las Repúblicas Bananeras.

¿Por qué será que cada vez que las Farc informan sobre la liberación unilateral de secuestrados, estallan petardos en diferentes ciudades del país? ¿Por qué, antes de haber iniciado cualquier investigación, cuando aún no han sido retirados los cadáveres de las víctimas, ya el gobierno, a través de sus mensajeros naturales (generales, ministros, comisionados, congresistas, asesores, etc.), se apresura a culpar del acto a las Farc?  Es innegable que la subversión es un cáncer que corroe el tejido nacional; pero no es el único; ni siquiera el peor. Es indiscutible que para la salud de Colombia, son más maléficas la corrupción estatal y la impunidad que la cobija. Por tanto, no es del todo creíble que solamente la subversión sea la única autora de todos, absolutamente todos, los atentados que ocurren en el territorio nacional. Debe haber otros autores; sobre todo, es fácil pensarlo luego de tantos, y tan seguidos, falsos positivos. De seguro, debe de haber un factor de causalidad entre la alharaca inicial y el silencio posterior. Más aún, hilando delgado, se llega con facilidad a la inferencia entre terror a la subversión y la necesidad absoluta de las futuras y vitalicias reelecciones. Terror y necesidad fomentados por la propaganda oficial, en cuyo manejo sesgado es experto el Goebbels del régimen. Ese afán reeleccionista acentúa, aún más, el parecido de Uribe con Chávez y los dictadores bananeros.

Volviendo a la labor de la senadora Piedad Córdoba, vale la pena recordarle a la opinión pública, que ella se ha echado sobre los hombros esa humanitaria tarea de buscar la liberación de los más de mil compatriotas que se pudren en las selvas colombianas desde hace más de diez años, sin que el anterior gobierno ni éste, en sus dos cuatrienios, hayan movido un dedo para lograrlo; salvo, quizás, el operativo para la liberación de Ingrid Betancourt y los contratistas norteamericanos; operativo éste, sobre el cual aún hay reservas.

Sin embargo, no obstante la abnegación de la senadora Piedad Córdoba, ella ha sido blanco del odio del Establecimiento y de sus seguidores, con el beneplácito de su presidente. Obviemos de este comentario a los que, por ignorancia, hacen eco de ese encono y, por su misma estulticia, le lanzan epítetos, irrepetibles por respeto al lector, que lindan con la injuria y la calumnia; pero que ella, desde su altura moral, ignora y desdeña. Es tanto el odio que, sin querer, Piedad Córdoba suscita en el gobierno, que Uribe pretendió desestimar su labor y pretendió impedir su presencia en la liberación de Alan Jara, sin medir, de manera irresoluta, las consecuencias de esa pataleta. Las Farc tuvieron que exigir la presencia de la Senadora, para que Uribe cediera. De ahí, las palabras de Jara: “El presidente Uribe, poco o nada ha hecho por la liberación de los secuestrados.” La verdad es que él siempre ha rehusado el acuerdo humanitario; pareciera que, en su fuero interno, su única posibilidad de liberación fuera el rescate a sangre y fuego. Todo en razón de su sofisma de la seguridad democrática; a la cual ha supeditado, a troche y moche, hasta los mismos derechos humanos e, incluso, el rescate del tejido social que, de manera aberrante, cada día se deshilacha, pues cada vez se ve más lejana la posibilidad de alcanzar la equidad social. Esa actitud de desdén hacia los pobres, deja ver, de manera clara y precisa, el talante del actual gobierno que aspira, así de manera hipócrita lo niegue, a perpetuarse en el poder, ni más ni menos tal como lo pretende Chávez.

Valledupar, 10 de febrero del año 2009

Gobierno mendaz

En eso se ha convertido Colombia; no solamente en el actual gobierno (que aspira a quedarse, quién sabe hasta cuándo), sino también en los que le precedieron; pero que, al menos, tuvieron la decencia de no cambiar las reglas del juego a mitad del partido, para perpetuarse en el poder. Pero volviendo al mote de la columna de hoy, sobre lo mentiroso que se ha vuelto el gobierno colombiano, repasemos nada más, sus actuaciones durante los últimos meses. Cuando el asalto al campamento de “Raúl Reyes”, con el fin de darlo de baja, todo el operativo estuvo signado de mentiras; desde el supuesto permiso otorgado por el gobierno ecuatoriano para invadir su territorio, hasta el contenido del computador de “Reyes”; el cual terminó por convertirse en una verdadera “Lámpara de Aladino”, de donde, cada vez que se requería, salían supuestos nexos entre la guerrilla y el opositor que se atreviera a sacar a relucir falacias del gobierno.

Más adelante, cuando la liberación de Ingrid Betancourt y los contratistas norteamericanos, a sabiendas de las consecuencias, se usaron distintivos de la Cruz Roja Internacional, con el fin de confundir a los colombianos. Los representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) protestaron por el abuso. De inmediato, uno de los mensajeros de Uribe, en este caso, Juan Manuel Santos, negó el hecho; luego, cuando la Cruz Roja presentó las pruebas palmarias, le achacaron el dislate a los subalternos del Ministro. Más adelante se enredaron en un galimatías, con el fin de confundir a la opinión pública, para, al final, echarle tierra al asunto.

Ahora, cuando la liberación de Alan Jara, Sigifredo López y cuatro uniformados, volvió a saltar la liebre de la mentira oficial. Esta vez por cuenta de los sobrevuelos sobre el lugar de la entrega de los rehenes. Cuando se supo de los imprudentes sobrevuelos, de inmediato, Santos (mensajero natural en este caso), negó el hecho. Luego, cuando los representantes del grupo Colombianos y Colombianas por la Paz (CCP) protestaron, el gobierno adujo un convenio con la Cruz Roja; convenio que fue negado por el CICR; entonces se agarraron de un clavo caliente y buscaron distraer a la opinión pública, buscando chivos expiatorios; los que encontraron en dos periodistas: Jorge Enrique Botero y Hollman Morris. A este último lo acusaron de mensajero del terrorismo, cuando se supo que, antes de la entrega de los rehenes, Morris había entrevistado a éstos y a sus captores. A pesar de que, hasta el día de hoy, todavía se desconoce el contenido de la entrevista, sigue pendiendo el sambenito sobre Morris; al cual le han caído rayos y centellas de parte de los obsecuentes del régimen.

A Jorge Enrique Botero, hasta de traidor lo han tratado, pasando por estados de locura y de afán protagónico; todo porque, cuando se supo de los imprudentes sobrevuelos, él declaró tener en su cámara, las pruebas de este acto irresponsable.

Otras perlas sobre la mentira estatal, nos las regala el mismo Uribe, primero cuando niega estar interesado en la segunda reelección; pero, sin embargo, convoca a sesiones extraordinarias al Congreso, para que le aprueben el articulito que le abra paso a otros cuatrienios. Por último, la semana pasada (el domingo 8) habla de acuerdo humanitario y fija condiciones a los guerrilleros. Después, cuando se han aumentado las expectativas en los familiares de los secuestrados, y en el resto del país también, el jueves 12 ante los obispos, niega absolutamente las posibilidades de un acuerdo humanitario. Con respecto a esto, ¿qué hacía Uribe en un sínodo eclesial?

A propósito de acuerdos humanitarios, siempre ha habido dudas sobre la sinceridad de Uribe al respecto. Hace ocho días, en esta columna, se quiso hablar de la inclinación de éste hacia el rescate a sangre y fuego. Pues bien, por cuestiones de espacio quedó mutilada la columna, la cual remataba así:”Todo en razón de su sofisma de la seguridad democrática; a la cual ha supeditado, a troche y moche, hasta los mismos derechos humanos e, incluso, el rescate del tejido social que, de manera aberrante, cada día se deshilacha; pues cada vez se ve más lejana la posibilidad de alcanzar la equidad social. Esa actitud de desdén hacia los pobres, deja ver, de manera clara y precisa, el talante del actual gobierno que aspira, así de manera hipócrita lo niegue, a perpetuarse en el poder, ni más ni menos tal como lo pretende hacer Chávez.” Total, tantas mentiras no hacen más que demostrar la mendacidad del gobierno, sobre todo en los últimos seis años.

Valledupar, 17 de febrero del año 2009

Teoría de la información

Ahora, cuando en este mes se celebró el día anual del periodista y, también el del reportero gráfico, bien vale la pena, haciendo un alto en nuestro habitual análisis de la situación socio política de Colombia, revisar el concepto de la información; la que es, al fin y al cabo, materia prima de periodistas y de reporteros gráficos.

El ser humano se diferencia de los demás seres de la naturaleza por la inmensa capacidad de comunicación que posee, gracias a que puede pensar, hablar, leer, escribir, gesticular… El lenguaje fue uno de los primeros medios técnicos utilizados por la humanidad para intercomunicarse. Desde sus albores, comenzaron a existir variados procedimientos para lograrlo: desde el primitivo sonido gutural y el antiguo lenguaje de los signos hechos con las manos, se fue avanzando hasta llegar a la escritura moderna; pasando por el código de los sordomudos, la clave Morse, el lenguaje de las banderas y balizas, las señales de carretera, etc. En un principio la escritura fue ideográfica, es decir, un signo por cada idea; después se tornó alfabética, en donde se establece una relación apropiada entre la idea y el fonema y entre éste y la palabra; para, así, instaurar el enlace entre el lenguaje hablado y el lenguaje escrito. La humanidad cayó en cuenta de la maravillosa herramienta de que disponía, solamente cuando llegaron los canales artificiales de la comunicación. Esto, porque el ser humano tiene propensión a dejar pasar inadvertida la mayoría de las cosas elementales que le rodean; debido, tal vez, a su inclinación a actuar en forma intuitiva; solamente la técnica hace que dichas cosas, aparentemente elementales, adquieran la importancia que permite atraer la atención del hombre hacia ellas, transformándolas en material de uso científico.

El telégrafo, el teléfono, la radio, el cine, los discos, la cinta magnética, la televisión, el computador y tantos avances de la ciencia y de la tecnología en los últimos cincuenta años, han determinado que el ingeniero, cuya misión en un principio fue la de transmitir, almacenar, transformar y vender, hasta cierto punto, palabras, imágenes, sonido y formas, sin tener que preocuparse demasiado por su sentido, descubriese de repente que estaba transportando algo que daba significación al mensaje; esto es, información, según la denominación dada a este hecho por Wiener y Shannon. A partir de ese momento, nace el impulso esencial a la ciencia de la Comunicación y a las directrices que la organizan.

La universalidad de la comunicación es un hecho trascendental que podemos observar en diversos aspectos: el chimpancé que recibe y capta el mensaje representado en un plátano que le es ofrecido; el burgués del siglo XIX que tiraba de un cordón para llamar a sus servidores y estos respondían al llamado; el habitante de la selva que usaba tambores para enviar noticias cifradas de un extremo a otro de la misma; el indígena que, mediante señales de humo, avisaba del peligro inminente a su tribu; el aviso de “no pase” que hace retroceder al hombre civilizado; el mensaje pictórico codificado en un semáforo para regular el tráfico de vehículos conducidos por seres respetuosos; pero, también, la emoción que le es transmitida al melómano cuando escucha los compases de la música de Mozart, Beethoven, Chopin, Rossini u otros genios que sobresalieron en este arte, o el individuo que se solaza al contemplar una bella pintura, una hermosa escultura o al leer un párrafo bien escrito o un poema que llega al alma. Por eso ya se habla del universo de la comunicación, el cual está constituido por:

–La Teoría de la Comunicación, formada por el estudio de los mensajes que llegan a todo organismo capaz de reaccionar ante esos símbolos, señales o signos que representan la imagen del universo exterior;

–La Cibernética, que comprende las reacciones a dichos mensajes por parte del organismo receptor y la correspondiente elaboración de decisiones.

A finales del siglo XIX se hablaba exclusivamente de la simbiosis materia-energía, que parecía expresar la esencia del universo termodinámico, en donde el individuo es un sistema que consume calorías y realiza trabajos mecánicos. Hoy en día se habla de una nueva dialéctica, que viene sumarse a la anterior, y es la que preconiza que acción es igual a comunicación y, en la cual, el organismo capaz de reaccionar ante un mensaje constituye el concepto fundamental de la ciencia. El ser humano, visto así, se torna en condición necesaria para todo quehacer científico ya que, en efecto, es el destinatario de la ciencia. Es por eso que en nuestra época, de aventura espacial, de exploración nuclear y de informática, se le conceda tanta importancia a las comunicaciones, cuya esencia es la información.

Valledupar, 24 de febrero del año 2009

Otra vez el DAS

Cuando en el año 1960, el gobierno de Alberto Lleras, creara el DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), para reemplazar al SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano), que durante el gobierno de Roberto Urdaneta, cometiera desmanes tales como el uso de la tortura contra opositores al régimen (por ejemplo al industrial antioqueño, Felipe Echavarría, a quien sentaran en bloques de hielo para que confesara supuestas conspiraciones contra el gobierno de Urdaneta), lo que, entre paréntesis, desembocó en la destitución del General Gustavo Rojas y el subsecuente Golpe de Estado de éste contra Laureano Gómez, no se pensó jamás que el nuevo organismo que más que cambiarle el nombre, se buscaba modificarle su imagen ante la opinión pública, fuera a transmutar su propósito de policía secreta al servicio del presidente de turno. Sin embargo, durante más de cuarenta años, el DAS funcionó de manera discreta, logrando, así, que sus objetivos de investigación (que, dicho sea de paso, no sé porqué llaman de inteligencia), no despertaran ante la opinión pública reparos sobre su modus operandi, salvo cuando estuvo bajo la dirección de Miguel Maza Márquez, de cuya actuación allí, aún quedan dudas ante la opinión nacional.

No fue sino que llegara a la dirección del DAS, el tenebroso Jorge Noguera en el año 2002, para que comenzara la cadena de escándalos dentro de la institución; porque no sólo operaba como organismo secreto de investigación, sino que además, a partir de entonces, se convirtió en ficha clave para la búsqueda del desdoro ficticio de todo aquel que osara hablar mal del régimen. Pero no contento con esto, se permitió que Noguera pusiera el DAS al servicio de individuos que operaban al margen de la Ley. Y, así, se cohonestaron delitos contra la seguridad del Estado (¡qué ironía: el Departamento de Seguridad, poniendo en riesgo la seguridad del país!). Todo esto se supo, al desatarse la situación de desenfreno que se cocinaba en el DAS, cuando Rafael García, su Jefe de Sistemas, fue investigado y dio a conocer la verdad: cómo se habían borrado los antecedentes penales de mafiosos, de paramilitares, de políticos corruptos y de otra serie de delincuentes, cuyo único lazo de unión era su uribismo acendrado. Sin embargo, una vez Uribe separó a Noguera del cargo de Director del DAS, lo premió con el Consulado de Colombia en Milán.

Dos años después, volvió a saltar la liebre de la desvergüenza, cuando se supo que, desde el Palacio de Nariño (nunca se llegó a saber quién había sido el asesor que dio la orden), se dispuso que varios Magistrados de las Cortes, algunos periodistas y ciertos políticos opositores del régimen, fueran espiados. Otra vez, el ominoso manto de la impunidad cubrió con su sombra el escándalo. La Directora de turno, María del Pilar Hurtado fue separada del cargo (los medios de comunicación, muy obsecuentes con el régimen hablaron de la presentación de su renuncia; jamás contaron que le había sido exigida). De todas maneras, para ella no hubo premio consular de consolación.

Hace ocho meses, alias ‘Job’, mensajero de confianza de alias ‘Berna’, visitó varias veces la Casa de Nariño para entregar información tendenciosa sobre Magistrados de las Cortes; pues bien, Martha Leal, alta funcionaria del DAS, estuvo presente en los encuentros.

La última perla de ese organismo, fue descubierta hace diez días, cuando la Revista Semana denunció algo que ningún alto funcionario del Estado, de presidente hacia abajo, se ha atrevido a desmentir: todos los altos opositores del régimen tenían su teléfono, y algunos hasta su correo electrónico, intervenido. Su vida profesional, y su vida privada también, estaban siendo espiadas. Y así habría seguido esta ignominia, si la Revista Semana no hace la denuncia y destapa la olla. Hasta Alejandro Santos,  director de la revista, estaba siendo espiado como sospechoso de oposición. Es que en la Colombia actual, la de la “seguridad democrática”, la oposición al régimen, es considerada como un delito. Nuevamente, como en las anteriores ocasiones, de Noguera para acá, el manto de la oscuridad cubre a los autores intelectuales. Sólo salen a relucir nombres de subalternos y mandos medios; pero de los de alto coturno, nada. Sin embargo, en su declaración, un detective del DAS, dijo a Semana: «Cuando se agudizó el enfrentamiento entre la Corte y Presidencia, hace como un año y medio, la orden era saber todo lo posible de todos los magistrados, con los medios que fueran necesarios, desde fuentes humanas hasta medios técnicos y controlar a algunos personajes e instituciones para mantener informada a la Presidencia.” Aquí se ve, una vez más, la mano del maléfico asesor de Uribe, el tal José Obdulio Gaviria.

Valledupar, 3 de marzo del año 2009

Positivos mortales

El año pasado, a principio de febrero, se escribió en esta columna, sobre la marcha que se realizaría ese mes y, decíamos algo así: “Al escribir estas líneas aún no se han sucedido las marchas en Colombia y en otras ciudades del mundo, contra el secuestro, contra la depredación humana, contra las FARC. Por tanto, en este momento, sólo se puede desear éxitos al evento y felicitaciones a sus primigenios organizadores: dos jóvenes, un barranquillero y una bogotana quienes, al ver el estado lamentable en que se encuentran los secuestrados por las FARC, decidieron que había que hacer sentir una voz de protesta contra tan vil accionar. Sin embargo, habría sido más benéfico, más equitativo, si en la protesta se hubiera cobijado a los restantes actores del conflicto y, por consiguiente, causantes del dolor que agobia a tantos y tantos hogares colombianos, víctimas del secuestro, de las desapariciones forzosas, de las ejecuciones fuera de combate, de las masacres y de tantas otras formas de violencia y de depredación humana de las cuales se han valido tirios y troyanos, para teñir de sangre y dolor el territorio patrio.”

Cuando venía la marcha del 6 de marzo, también del año pasado, se invitó en esta columna a la participación masiva, pues se consideró que, con ella, se subsanaba la omisión hecha en la anterior. No obstante, esa invitación causó controversia y diatriba que, afortunadamente, ya fueron superadas.

Pues bien, el pasado viernes, se celebró en Bogotá una marcha reclamando justicia para las víctimas de “los falsos positivos”: una nueva modalidad de ejecuciones fuera de combate, que ha disparado las cifras de jóvenes muertos por las Fuerzas Militares y luego presentados como “guerrilleros dados de baja”. Las cifras que manejan los expertos, sitúan en casi 1.400 los casos hasta ahora denunciados.

Casos, sobre los cuales, ha sido poca la acción oficial tendiente a esclarecerlos. Por el contrario, se nota manifiesta intención por ocultarlos. No faltan las voces oficiales (Presidente, Ministro de Defensa, asesores muy cercanos a Uribe, generales, etc.) que, o desmienten descaradamente este tipo de crímenes o les restan importancia y, en los pocos casos en los cuales ha actuado la Fiscalía, la lentitud para poner en claro la situación, es punto menos que desesperante.

Aunque, esta es la parte que menos preocupa, puesto que, al fin y al cabo, está en manos de la justicia civil (aquella que tarda, pero llega al fin). De los casos puestos en investigación, inquietan más, aquellos que se encuentran  en manos de la justicia castrense; pues, no deja de sembrar dudas, por aquello del llamado “espíritu de cuerpo”, que tanto gusta a los uniformados.

Para los ingenuos y, también para aquellos que creen que en esta columna se injuria, les contamos que los casos en los cuales está involucrada la Brigada Móvil XV, que opera en Ocaña y, pese a que ya están en manos de la Fiscalía, todavía hay voces que insisten en que las víctimas de mediados del año pasado (jóvenes habitantes del Sur de Bogotá, encontrados muertos cerca de Ocaña y declarados cono subversivos dados de baja en combate), sí eran guerrilleros, no obstante el Fiscal general declaró que, debajo del camuflado, que no presentaba impactos de bala, portaban su ropa de civil, la cual mostraba los agujeros de las balas asesinas.

Más aún, es tan fuerte el “espíritu de cuerpo”, que el sargento Alexander Rodríguez, adscrito a la brigada Móvil XV, cuando denunció ante la Fiscalía, ante la Procuraduría y ante el Ministerio de Defensa que, en su batallón daban cinco días de descanso a quienes obtuvieran bajas en combate y que, además, había sido testigo de cómo se asesinaba a civiles para luego presentarlos como subversivos, fue expulsado del Ejército sin ninguna contemplación. Cómo si fuera poco, Uribe, dando muestras de cinismo, dijo, al referirse a las víctimas asesinadas en Ocaña por miembros del ejército: “Seguro, que no estaban recogiendo café.” Y pensar que su odio a las Farc deviene porque él asegura que ellas mataron a su padre Jorge Alberto Uribe, amigo y socio de los Ochoa.

Valledupar, 10 de marzo del año 2009

La renuncia

En más de una ocasión, en esta columna se ha comentado que cuando un funcionario (o funcionaria, porque, ahora, las damas exigen que se las mencione por aparte), comete, por decir lo menos, desaguisados en su quehacer laboral y, con ellos, trasciende las normas legales e, incluso, las éticas, su deber es renunciar; no obstante sea un verbo de difícil conjugación en la primera persona del singular del presente de indicativo (yo renuncio).

Pareciera que los funcionarios se atornillaran en sus cargos y, por eso, fuera asaz imposible prescindir de aparecer en la nómina oficial. Los casos abundan, en tanto, los contrarios (cuando un funcionario o funcionaria tiene el valor civil y, además, la decencia necesarias para renunciar), brillan por su escasa frecuencia. Entre estos últimos y más recientes, tenemos el de la Sra. Consuelo Araujo Castro que se retiró del cargo de Canciller, cuando su padre y su hermano quedaron sub júdice.

Años antes, en nuestra reciente Historia Patria, está el caso del Sr. Alfonso López Pumarejo, que se vio precisado a renunciar a la Presidencia de la República en su segundo mandato, cuando supo que su hijo mayor (el inquieto Alfonso López Michelsen), había aprovechado la circunstancia de ser “hijo del Ejecutivo”, para hacer sus maldades.

Mucho antes (casi que a comienzos del siglo pasado), el Sr. Marco Fidel Suárez renunció por haber caído en manos de los usureros de su época, mancillando la majestuosidad de la Nación.

Es decir que, en casi cien años, sólo ha habido tres sonados casos de altura moral, valor civil y elegancia de modales, para prescindir de las gabelas que ofrece la nómina oficial. Del resto, sobre todo en los últimos años, ni uno solo. Algunos, han tenido que irse porque los han sacado a sombrerazos; los demás, por el contrario, siguen impertérritos apoltronados en las sillas oficiales. Pareciera que hasta la vergüenza la perdieran. Sólo como botones de muestra, señalemos a Fabio Valencia Cossio quien, a pesar de ser Ministro de Justicia, la condición de reo de su propio hermano, no lo ha hecho ni siquiera inmutar y, ahí, sigue atornillado a la butaca del Ministerio.

A Juan Manuel Santos, los “falsos positivos”, pareciera que ni lo trasnocharan y, ni que decir, de sus intromisiones en asuntos propios de la Cancillería. Su voraz apetito burocrático es mayor que su decencia.

En los últimos días, Francisco Rojas Birry, Personero de Bogotá, tiene pendiente a la opinión pública nacional de su renuncia; la cual sería tenida como un acto de consideración para con la ciudadanía a la cual representa. Se le ha señalado como destinatario de una elevada suma de dinero, proveniente de un individuo que está siendo investigado por varios delitos. Y, lo que es peor, ese dinero parece haberlo ya invertido en provecho propio. Además, el Sr., Rojas Birry le debe, por lo menos, eso al Polo Democrático Alternativo, al cual pertenece.

Las personas (y con mucha más razón las que están en el servicio público), deben ser coherentes con su pensamiento y  si, una de las banderas del Polo Democrático es la honestidad y la pulcritud, entonces Rojas Birry debe renunciar a la Personería de Bogotá. Ni más ni menos. Y debe hacerlo antes de que la situación se enturbie y, para entonces, ya no sería digna su renuncia; sino que se la vería como algo a lo cual se vio obligado. O, peor todavía, que esa esperada renuncia le sea exigida y, así, perdería la oportunidad de mostrarse elegante y, por lo menos, congruente con los hechos.

Valledupar, 17 de marzo del año 2009

Remisión prevista

Cuando Diego Palacio, Ministro de Protección (¿?) Social y Sabas Pretelt, en el momento de los hechos, Ministro del Interior, fueron sindicados por haber cometido, entre otros, el delito de cohecho, en connivencia con Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, con el fin de iniciar la ringla de reelecciones que permitiera a Uribe quedarse de manera crónica en el poder, fuimos muchos los colombianos que no dudamos, ni un instante, de que éste haría hasta lo imposible para interponer sus buenos oficios con tal de salvar de la cárcel a sus ministros, escuderos en ese momento crucial de su apetito burocrático. Más adelante, un Juez de Garantías (¿?) sentenció a Yidis Medina (Teodolindo Avendaño estaba escondido), pero eximió de cargos a Diego Palacio y a Sabas Pretelt; entonces, no quedaron dudas acerca del favor del príncipe. Ahora, un Procurador de bolsillo (que vino a reemplazar a Edgardo Maya, que sí tuvo la entereza y el coraje de elevar cargos contra esos individuos por el delito de cohecho), decide, en tiempo record, absolver a los sindicados. Y, pareciéndole poco el grado de impunidad que prohíja con esta acción, también absuelve a Jorge Noguera, a José Félix Lafaurie y a Hernán Angarita, todos ellos implicados en casos de trasgresión de la Ley.

Dicen los medios de comunicación que la Fiscalía seguirá investigando; sin embargo, hasta ahora, lo hace  a paso de tortuga. Más aún, si el período de Mario Iguarán está por vencerse, entonces ¿quién garantiza que el nuevo Fiscal no sea un uribista a ultranza y necesite congraciarse con su amo y produzca una sentencia de preclusión y también absuelva a los implicados Palacio, Pretelt, Angarita, Noguera y Lafaurie?

Ahora bien, a la luz del sentido común, si el cohecho, por definición, es un delito consensual, es decir, realizado a sabiendas por las partes involucradas y en el cual alguien soborna a un funcionario y Yidis y Teodolindo, ambos congresistas en esa época, fueron hallados culpables, entonces, ¿quién los llevó a cometer cohecho, quién los sobornó?

Pareciera que para el Procurador Alejandro Ordóñez (tan de bolsillo como lo fuera en la Fiscalía, ese individuo de ingrata recordación, llamado Luís Camilo Osorio), pareciera repito, que Yidis y Teodolindo se auto sobornaron. Porque, definitivamente, el motivo que aduce el Procurador Ordóñez, cuando habla de “duda razonable”, no se lo cree nadie que esté en sus cabales. Porque a él le pueden haber sembrado la duda; otra cosa es que ésta sea razonable. Como lo dijéramos en su momento, el cohecho no lo inventó Onán, ese personaje bíblico que se satisfacía a sí mismo en solitario, sin necesidad de compañía alguna. No, el cohecho es un delito que se comete, mínimo, entre dos. Luego, no puede haber culpabilidad para una de las partes, mientras que para la otra,  cesa la instrucción sumarial.

¿Será que, en verdad, la Justicia es para los de ruana? Porque, aquí, en este caso que nos ocupa, Yidis y Teodolindo son como del pueblo (siervos); en tanto que Palacio, Pretelt y Angarita son de la corte del príncipe (amos).

¿Hasta cuándo se seguirán burlando de la Justicia, los usufructuarios del poder?

No nos preguntemos dónde está el límite de la corrupción administrativa, porque pareciera no existir. Preguntémonos, más bien, ¿hasta cuándo seguirá el pueblo con la venda en los ojos?, venda que le impide ver el tamaño de esa corrupción.

  1. S. Felicitaciones a la Federación Nacional de Educadores (FECODE) por el cincuentenario de su fundación y, también, les deseamos éxitos en la marcha que hoy, 24 de los corrientes, harán en Bogotá, con el fin de pedir al Gobierno que desengavete la Ley General de la Educación, que contiene bases fundamentales sobre la instrucción pública; bases que permitirán que el Estado asuma la total responsabilidad constitucional de hacer realidad las ilusiones y las esperanzas de miles y miles de niños y jóvenes que hoy ven frustradas sus posibilidades de salir del atraso y la pobreza que los excluyen de alcanzar una vida digna.

Valledupar, 24 de marzo del año 2009

Elogio de la Paternidad

Ahora, cuando las noticias nos traen lecturas tan escabrosas, como la de un padre, aquí, en nuestro país, que secuestra a su propio hijo y luego lo deja morir, con el único fin de escamotear la obligación alimentaria para con su pequeño retoño. En Europa, más exactamente en Austria, cuna de grandes filósofos, literatos, poetas, músicos, pintores, en fin, una pléyade de hombres ilustres que dieran renombre a su patria y a la humanidad, un individuo (no, una bestia –con el perdón de las bestias–), secuestra a su hija y la mantiene, durante veintitantos años, encerrada en un sótano, en donde engendra en ella, siete hijos, tras someterla a violaciones y vejámenes sin nombre.

Como si no fuera suficiente, a diario vemos en los medios de comunicación –o nos enteramos a través de terceras personas– de padres que son demandados judicialmente, para que respondan por las obligaciones financieras para con sus hijos, a quienes han abandonado. Cuántos otros, tienen que ser compelidos para que reconozcan la paternidad, ante su obstinación en negar el lazo que los une a hijos engendrados en cualquier momento de irresponsabilidad. Cuántos padres más hablan de hijos no deseados. Cuántos tienen que ser constreñidos por el aparato judicial a fungir de tales.

Pues bien ahora cuando el ser humano, con su proceder irresponsable e irracional, ha logrado que la opinión satanice la condición paterna, es menester hacer un alto y mirar hacia el otro lado; allí donde están los verdaderos padres: los responsables, los  amorosos, los gestores de herederos de un buen linaje; en fin, los padres que jamás osarían volver la espalda a su progenie. Por eso, traigamos a colación estos pensamientos que hallé en los pergaminos de marras, que el lector asiduo ya conoce:

Para quien ya es padre o madre y para aquellos que, algún día, lo serán:

“Hay un período en el que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos, pues ellos crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida, con una estridencia alegre y, a veces, con ostentosa arrogancia. Pero no crecen todos los días ¡Crecen de repente! Un día, se sientan cerca de ti y, con increíble naturalidad, te dicen algo, que te indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y pasitos temblorosos e inseguros, ya  creció. ¿Cuándo fue que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, los juegos en la arena y los cumpleaños con payasos? Tus hijos, crecieron en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. Ahora estás ahí, en la puerta de la discoteca, esperando, ansioso esperando, no sólo que no crezca más, sino que aparezca. Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines, con sus pelos largos y sueltos. Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas; en las esquinas, con el uniforme de su generación y sus incómodas mochilas en la espalda. Y aquí estamos nosotros, los padres, con el pelo cano. Y son nuestros hijos, los que amamos a pesar de los golpes de los vientos, no obstante las escasas cosechas de paz, a pesar de las malas noticias y en contra de las dictaduras de las horas. Esos hijos que crecieron observando y aprendiendo con nuestros errores y nuestros aciertos; principalmente con los errores, para que no los repitan.

Hay un período en el que los padres quedamos huérfanos de hijos; pues ya no los buscamos en las puertas de las discotecas o de los cines.  Pasó el tiempo del piano, el fútbol, el ballet o la natación.  Ya salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas. Deberíamos haber ido, más junto a su cama en las noches, para escuchar su alma respirando conversaciones y confidencias, entre las sábanas de la infancia y, también, cuando fueron adolescentes, en aquellos dormitorios llenos de adhesivos, de afiches, de agendas coloridas y de música ensordecedora. Por eso, ¡no los dejes crecer sin mostrarles todo tu afecto! Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a piscinas y a reuniones con amigos y, ni que decir en las navidades. Era la época, cuando había grandes peleas en el auto por la ventana, los pedidos de chicles y la música de moda. Después llegó el tiempo en que, para ellos, viajar con nosotros se volvió un esfuerzo y un sufrimiento, pues era muy difícil separarse de los amigos, las amigas, las primeras novias o los primeros novios. Y quedamos los padres exiliados en nuestro hogar, sin nuestros  hijos y, ahora, tenemos la soledad y la tranquilidad que siempre habíamos deseado. Y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, algunos en silencio, esperando que elijan bien, en la búsqueda de la felicidad.  ¡Y que conquisten el mundo, del modo menos traumático posible! Solamente nos queda esperar; pues, en cualquier momento nos dan nietos. Y el nieto es ahora un cariño ocioso y estancado. Por eso, los abuelos son tan desmesurados y se descontrolan tanto con las expresiones de cariño; pues, con los nietos,  viene la última oportunidad de reeditar nuestro afecto. Por eso es necesario, ¡hacer algunas cosas más!, antes de que crezcan. Ya que sólo aprendemos a ser hijos, ¡cuando somos padres! Y sólo aprendemos a ser padres, ¡cuando somos abuelos!”

Valledupar, 31 de marzo del año 2009

El Elogio del Silencio

Un grupo de ex estudiantes, ya establecidos todos ejerciendo cada uno su respectiva profesión,  se reunió para visitar a un viejo profesor de la universidad. Una vez en casa del maestro, la conversación se centró en el trabajo y la vida; hasta que uno de ellos se quejó del exceso de responsabilidades que sus labores demandaban. Otros más hicieron eco de sus palabras y, así, la conversación derivó hacia el cúmulo de tensiones que conlleva el mundo moderno. Mientras tanto, el anciano profesor escuchaba en silencio. En una pausa de la charla, les ofreció una taza de café y, al escuchar la unísona respuesta afirmativa, el profesor fue a la cocina y regresó con una humeante cafetera y una variedad de tazas, las había de porcelana, plástico, vidrio o cristal, algunas comunes, algunas caras, algunas exquisitas, y le pidió a cada uno que se sirviera el café aún caliente. Cuando todos sus ex alumnos tuvieron su taza servida, el profesor les dijo: «¿Notaron que cada uno de ustedes tomó una taza bonita y cara, haciendo caso omiso de las comunes y baratas? Aunque es normal que cada cual sólo quiera lo mejor, ése es el origen de sus problemas y del estrés del que se quejan. En realidad, ustedes querían café, no la taza; pero, inconscientemente tomaron las mejores tazas. Fíjense bien, la vida es el café, pero sus trabajos, el dinero y su posición social son las tazas. Las tazas son sólo herramientas para sostener y contener vida, pero la esencia de la vida no cambia. A veces, al concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar su contenido. Por tanto, no dejen que la clase, la forma o el costo de la taza los guíe; mejor piensen en lo que han de beber de ella.»

Al ver el profesor la cara de sorpresa de sus antiguos alumnos y, más aún, al notar que se habían quedado en silencio, prosiguió: “Ahora se han quedado callados, a diferencia de hace un rato, cuando todos querían dar su opinión sobre los aspectos agobiantes de su trabajo. Más aún, parecía que querían quitarse la palabra uno al otro. Por eso, les hago la siguiente observación: En un mundo que se inunda de ruidos que impiden escuchar lo que el corazón quiere expresar, el silencio levanta su voz y de muchas formas intenta hablar, haciéndose notar aún más que las palabras que se suelen pronunciar. Es el silencio interior que a veces intentamos acallar, cuando nos habla de nosotros mismos y nos dice aquellas cosas que preferimos pasar de largo o ignorarlas porque nos duelen, porque nos están recordando un pasado que queremos olvidar, o nos confrontan con una verdad que no queremos aceptar, porque exige de nosotros cambios para crecer interiormente y poder, así, transformar el mundo.

De otro lado, el silencio exterior muchas veces sólo expresa soledad, aunque nos aturda con su lamento, sobre todo cuando necesitamos escuchar voces que sepan y puedan consolarnos. Otras veces es necesario que hagamos silencio, para evitar hacer reproches; pero, también para evitar el escándalo que podamos ocasionar al pretender ser siempre el centro de atención, o cuando nos hacemos los sordos ante el dolor de quienes lloran en silencio. Hay instantes en que más que frases, necesitamos percibir la presencia fiel y silenciosa de quien nos acompaña en el camino, respetando nuestro momento, sin decir nada con palabras; pero que, con su sola compañía, nos reconforta.

A veces el silencio es reproche, cuando surge del dolor que hemos ocasionado o que nos han causado; la respuesta suele ser un abismo de silencio que se hace cada vez más grande, si no hacemos algo para romperlo y acabarlo. El mismo Dios, nos habla de mil maneras en el silencio; pero se nos dificulta percibirlo por nuestras quejas y lamentaciones, por el susurro de otras voces, por la algarabía de una sociedad que se siente cada vez más vacía, debido a aquello a lo que, equivocadamente, le da prioridad, dejando de lado lo que realmente es esencial para encontrar la paz que Dios quiere darnos. Son muchas las emociones que propicia el silencio: paz, cuando nos permite reposar y respirar su calma, para alejarnos del bullicio que nos atormenta y nos ordena marchar a un ritmo que no queremos andar, porque exige ser lo que no somos y nos hace aparentar para agradar. También produce nostalgia y nos hace llorar, cuando, en él, no podemos hallar la voz de la persona que amamos y que ya no está; duele el silencio que no acaba y queremos aplacar con una llamada, una carta, un detalle, una flor, algo que nos hable de amor y amistad, que nos diga directamente al corazón lo que soñamos escuchar. En fin, muchachos –porque para mí lo siguen siendo–, el silencio no es mudo como creemos, dice más de lo que con palabras se puede expresar; puede romperse con tan sólo pronunciar su nombre; es el espejo que el alma utiliza para contemplarse y conocerse más; es el que sabe inspirar, porque nos deja contemplar el susurro de la naturaleza que su belleza nos quiere mostrar; es también el lenguaje de Dios que nos grita de mil formas, lo mucho que nos ama. Por eso, es hora de que empiecen a escuchar lo que el silencio les quiere contar. “

Valledupar, 7 de abril del año 2009

El Elogio de la Sensatez

Un alumno llegó muy agitado a casa de su anciano maestro y le dijo:

–Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia.

El maestro lo interrumpió:

–¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los tres tamices lo que me vas a decir?

–¿Los tres tamices?, preguntó intrigado el alumno.

–Si –replicó el maestro– el primero es la verdad. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?

–No, Maestro. Se lo escuché a unos compañeros.

–Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo tamiz, que es la bondad. ¿Lo que me quieres decir es, por lo menos, bueno?

–No, en realidad no; al contrario.

–¡Ah! –interrumpió el anciano– Entonces vamos al último de los tamices. ¿Es necesario que me cuentes eso?

–Para ser sincero, Maestro, no; no es necesario.

–Entonces –sonrió el sensato maestro– Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, entonces sepultémoslo en el olvido.

Cuánto más sanas serían las relaciones humanas si todos hiciéramos pasar por estos tres coladores, todos los rumores que llegan a nuestros oídos.

Una persona sensata no se reconoce por sus conocimientos y, mucho menos, por el desprecio a los demás. Por el contrario, se reconoce por su caridad heroica, su trato considerado para con pobres y ricos, sin mudar de ardor por conveniencias o gustos. Se muestra atenta y solícita con un enfermo y con un sano, cueste el sacrificio que signifique tal trato.

Reconocemos a una persona sensata por su forma y modo de elogiar, de estimular, de promover las cosas buenas, bellas y verdaderas. La sensatez es estimuladora. El sensato elogia cuando debe hacerlo, pero critica cuando es menester; escucha atentamente antes de hablar, calla para no decir tonterías y evita  propalar rumores. Desecha un mal pensamiento y abriga lo bueno; gana más voluntades dando buenos consejos, que a punta de forcejeos y malos tratos. Sabe que está por encima de las circunstancias, no se rebaja a descargar su enfado o cólera, pero tampoco se rebaja al halago servil para conseguir favores.

Reconocemos al sensato porque es capaz de dominar un grupo de airados sin levantar la voz o se abstiene de humillar a los demás, pudiendo hacerlo. Sólo el imbécil grita y humilla, para hacer valer su poder. Una actitud sensata es prestar atención a los demás, interesándonos en asuntos que desconocemos o poco nos importan. Será sensato quien cumple con su deber sin considerar el beneficio o la opinión de los demás. Tampoco mide un sacrificio razonable si con ello lleva felicidad al prójimo. La cortesía, además de sensata, siempre es elegante y la mudanza de estilo para agradar a los demás, no solamente es de tontos, sino que también es de mal gusto.

La elegancia que nace del pensamiento sensato, nos evita el bochorno de hacer ostentación de las cosas materiales. La sensatez aromatiza nuestra palabra eliminando la impertinencia de palabras hirientes o de mal gusto. Y, ni que pensar en el uso de las palabras soeces. Siempre será de sensatos, guardar silencio ante una impertinencia, haciendo notar, luego, lo inoportuno o injusto que fue aquel momento. La persona sensata, por elegancia es generosa. Es su respuesta al necesitado. Por eso, la elegancia sensata nos vuelve atentos, sonrientes, amables, cooperativos, valiosos.

Mira a los ojos cuando te hablen, sonríe a quien trata de agradarte, perdona las injurias y guarda silencio ante la maledicencia; reprime los impulsos naturales, cuando sean incivilizados. ¡Son tantas las muestras de un alma ennoblecida por la civilización!

¡Ah! y no olvidemos que la sensatez, hermana gemela de la prudencia, hace verdaderos sabios.

Valledupar, 14 de abril del año 2009

Las lecciones de la Historia (XIV)

La semana antepasada, fue condenado a 25 años de presidio el ex dictador peruano, Alberto Fujimori, acusado, entre otras cosas, por las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, en las cuales 29 personas fueron asesinadas, así como por los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer. La Sala Penal Especial, que llevó adelante un proceso ejemplar por su pulcritud e imparcialidad, consideró plenamente probados, «más allá de toda duda razonable», los cuatro cargos formulados por la Fiscalía.

El caso es tan significativo y, por tanto, tiene tantas repercusiones, que bien vale la pena analizarlo en detalle, así sea menester (dadas las circunstancias de espacio) abrumar al lector con varias sesiones semanales.

Cuando Fujimori, el pasado primero de abril, tras un año y cuatro meses de audiencias públicas, consideró que le había llegado el turno para defenderse tomó la palabra en su juicio y soltó una frase a manera de testamento político: «Tuve que gobernar desde el infierno, no desde Palacio. Ningún presidente recibió un país peor al que yo heredé. Puedo decir con convicción que mi estrategia de pacificación fue la correcta». Ese alegato final, no exento de cinismo, es representativo de su talante dictatorial. Porque si bien Fujimori siempre se declaró inocente y reclamó que nunca hubo una prueba que lo condenara, esas palabras buscaban disculpar sus acciones y tratar de convencer a los magistrados, o por lo menos obtener el favor de la opinión, con el maquiavélico argumento de que “el fin justifica los medios”. Para Fujimori (que rigió los destinos de Perú desde 1990 hasta el 2000), derrotar a Sendero Luminoso, que había cobrado miles de vidas, era un fin superior que justificaba pasar por encima de las libertades civiles y, más aún, sin importar el derecho a la vida de personas, incluidas las  inocentes. No obstante, la Corte no aceptó esa argumentación; pues, como se mencionó antes,  en su sentencia dijo que los cargos «se encuentran probados más allá de cualquier duda razonable» y que, además, “Fujimori conoció las actividades de ‘guerra sucia’ del grupo Colina, compuesto por agentes del Estado, y trató de ocultar los hechos y amnistiar a los autores.”

Fujimori, descendiente de inmigrantes japoneses, es la historia de un fenómeno político que derrotó en las urnas a los dos peruanos más reconocidos en el mundo en esos momentos: al escritor Mario Vargas Llosa, en 1990 y al ex secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, en la primera reelección. Para 1990, su llegada a la Presidencia era completamente improbable. Pocos meses antes de las elecciones, Fujimori, un ingeniero agrónomo y rector de la Universidad Agrícola Nacional, era políticamente desconocido y aparecía en las encuestas con menos del 1%  de favorabilidad. Perú se encontraba al borde del colapso económico; los precios cambiaban durante un mismo día, dada la aberrante hiperinflación que padecía el país; tanto que llegó a sobrepasar el 7.000%. Además, y por cuenta de la desigualdad social,  el Estado enfrentaba la amenaza de la guerrilla de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. El primero de estos grupos, en especial, controlaba algunas zonas rurales donde funcionaba como una guerrilla y tomaba la periferia de las ciudades para aparecer con sangrientos carro bombas y asesinatos selectivos. También tenía infiltradas las universidades públicas, donde abundaban las paredes con el rostro de su líder, Abimael Guzmán.

En la campaña, mientras Vargas Llosa hablaba de acciones fuertes para recuperar la economía, Fujimori desde un tractor ofrecía «honradez, tecnología y trabajo». La imagen de que los japoneses son metódicos y ordenados, jugó a su favor, así como la campaña de desprestigio hacia Vargas Llosa, con el apoyo del entonces presidente Alan García y el desprestigio de los partidos políticos. Con la ayuda de los grupos evangélicos, ganó votos puerta a puerta y llegó a la segunda vuelta. Al ganar la presidencia, impuso un drástico plan de ajuste para liberalizar la economía con el auto llamado ‘fujishock’, que parecía calcado de la propuesta de Vargas Llosa. Tuvo éxito al detener la monstruosa hiperinflación, un primer motivo para explicar su popularidad.

La semana entrante, si Dios quiere, veremos las matanzas y los secuestros en los cuales el régimen tuvo injerencias.

Valledupar, 21 de abril del año 2009

Las lecciones de la Historia (XV)

Continuemos hoy, analizando la ominosa dictadura (¿habrá pleonasmo en esta expresión?) a la que Perú se dejó someter, tras los artilugios que Alberto Fujimori empleó para hacerse reelegir.

Durante el segundo año de su primer período presidencial, ocurrió la matanza de Barrios Altos (3 de noviembre de 1991). Los miembros del llamado Grupo Colina –un grupo especial integrado por agentes del Estado– llegaron en dos camionetas al patio de una casa y acribillaron a 15 personas, entre ellas, a un niño de 8 años. La masacre sacudió al país entero.

El Congreso citó a un debate en el que un senador expuso, ante el Ministro de Defensa y varios generales, documentos secretos que mostraban que en el lugar de la masacre se venía haciendo seguimientos a civiles, por parte de un comando militar. Ante el precario avance de la investigación formal, el Congreso creó una comisión especial para investigar el caso. En medio de un duro enfrentamiento, en un Congreso bastante impopular (gracias a la propaganda del Ejecutivo), Fujimori dio su famoso autogolpe: el 5 de abril de 1992, disolvió el Congreso, intervino el poder judicial y asumió plenos poderes para, según sus propias palabras, «luchar contra la corrupción judicial, el narcotráfico y el terrorismo». La mayoría de los peruanos aplaudió (pareciera que la ignorancia y la imbecilidad se daban silvestres).

Fue esa madrugada de abril, cuando secuestraron al periodista Gustavo Gorriti. Y ese mismo día, también, con el golpe de mano, se trató de echar tierra al caso de la masacre de Barrios Altos. En primer lugar, desaparecieron todas las pruebas que había recogido la Comisión del Congreso en contra del Grupo Colina y, con el golpe a la justicia, las investigaciones por la masacre fueron engavetadas. Cuando la prensa y algunos fiscales intentaron resucitar las indagaciones, el régimen logró que estos procesos pasaran a la justicia penal militar, con lo cual los demócratas se quedaron viendo un chispero; ya que, todo esto, dio pábulo al Grupo Colina, que siguió con sus crímenes y, el 18 de julio de ese mismo año, desaparecieron a un profesor y a un grupo de estudiantes, todos ellos de la Universidad de La Cantuta. Fujimori, de inmediato profirió leyes de ‘auto amnistía’ a favor de los oficiales investigados; para más tarde, preocuparse de que dichas leyes fueran rubricadas con un parágrafo que impedía la revisión por parte de cualquier autoridad judicial del Perú. Con el autogolpe, el Ejército se dividió y uno de los bandos comenzó a filtrar información a los periodistas, que cumplieron un papel determinante en esa época aciaga. La prensa habló desde muy temprano de un escuadrón de la muerte compuesto por militares; por lo que los servicios de investigación estatales (a cargo de Vladimiro Montesinos, obsecuente asesor de Fujimori), desde entonces, ya eran conocidos como protagonistas del terrorismo de Estado.

A pesar de las denuncias de la prensa, el país en general hacía caso omiso de la barbarie que se estaba dando con el patrocinio del Estado. En buena parte, porque veían en Fujimori al mesías que los libraría de Sendero Luminoso. Y, por casualidad, las cosas se le dieron a Fujimori; pues no fue ninguna estrategia la que acabó con el terrorismo, sino la tesonera labor de un grupo policial, que existía desde antes y que estaba dispuesto a capturar a Abimael Guzmán; lo cual logró en septiembre de 1992 sin disparar un tiro, ni matar a nadie. Fujimori, muy oportunista, como todo dictador, lo presentó al país en una jaula, vestido con el tradicional uniforme de rayas de los presos, como si la captura de Guzmán hubiera sido un logro personal y, así, garantizó su popularidad; no obstante en julio de 1992, se hubiera producido la acción más sangrienta que Lima recuerde: la muerte de 25 personas por el estallido de un carro bomba, dentro de los operativos que Fujimori y Montesinos, desde cuando llegaran al poder, se hubieran propuesto desarrollar como estrategia, mediante el uso de escuadrones de la muerte para torturar, secuestrar y asesinar a los presuntos terroristas; pero los del Grupo Colina eran muy torpes, daban palos de ciego y cometieron muchas matanzas. El crecimiento económico y la derrota de Sendero Luminoso le bastaron a Fujimori para asegurar su primera reelección.

La semana entrante, si Dios quiere, veremos como fue este asunto y cómo su éxito, le acrecentó a Fujimori la bulimia por el poder.

Valledupar, 28 de abril del año 2009

Las lecciones de la Historia (XVI)

Esta semana, veremos cómo se le acrecentó a Fujimori la bulimia por el poder y cómo ésta lo llevó al desastre. En 1995, con el 64 por ciento de los votos, derrotó al ex secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar y, de paso, ganó la mayoría absoluta en el Congreso; el fujimorismo reinaba. A finales de 1996 llegó el otro hito en la lucha antiterrorista: tras la toma de la residencia de la embajada de Japón por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (al que decían haber derrotado), en un espectacular rescate transmitido en directo por la televisión, después de 126 días de zozobra los secuestradores fueron sometidos por las fuerzas de seguridad que ingresaron por túneles al edificio. Los 14 subversivos fueron abatidos. A pesar de las denuncias de ejecuciones extrajudiciales, la operación fue considerada un éxito rotundo, con dos bajas entre los comandos y apenas un muerto entre los 72 rehenes. A medida que se acercaba su segunda reelección, el gobierno era cada vez más cuestionado. La Constitución de 1993 sólo permitía una reelección, pero el congreso fujimorista aprobó la llamada «interpretación auténtica», a la que se opuso el Tribunal Constitucional; sin embargo, con una escandalosa voltereta jurídica, según la cual la nueva carta política sólo había entrado en vigor durante su primer mandato y, por tal motivo, la de 1995 contaba como su primera elección, el Congreso logró la aprobación del “articulito”. Más adelante, en el intento de Fujimori de crear un nuevo partido político para las presidenciales del año 2000, se destapó que había falsificado las firmas con las que registró su movimiento. A esas elecciones, el gobierno llegó muy desgastado por las denuncias. Por eso, ante tanta corrupción, el candidato opositor, Alejandro Toledo, se retiró para la segunda vuelta y denunció el fraude. No obstante, el régimen triunfó una vez más.

Fujimori se mantuvo en el poder, pero perdió las mayorías en el Congreso y el declive parecía inevitable. La cara más oscura del régimen era inocultable. En un clima político enrarecido, se conocieron las denuncias del contrabando de armas de Montesinos a las Farc y, apenas mes y medio después de asumir Fujimori por tercera vez, se divulgó uno de los famosos videos del caricaturista colombiano Vladdo, en el que Montesinos soborna a un congresista (¿un Teodolindo?) para cambiarlo de bando. Las protestas se multiplicaron; se supo del espionaje contra los opositores que Montesinos, obsecuente asesor de la dictadura, había ordenado realizar; todo se precipitó y Fujimori, obligado a convocar nuevas elecciones, aprovechó una gira por Asia para quedarse en Japón y enviar su renuncia por fax el 19 de noviembre del 2000. El gobierno de Fujimori había llegado a su fin, pero la acción de la Justicia para lograr su captura, apenas comenzaba. Con Fujimori fuera del poder, la justicia volvió a marchar en Perú. El gobierno de transición que asumió, creó un novedoso sistema anticorrupción y la suerte de Fujimori quedó echada. En el 2001, además, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su sentencia sobre el caso de Barrios Altos, tumbó las leyes de auto amnistía proferida por Fujimori y de esta manera éste y otros procesos revivieron.

Para ese momento, Fujimori era un prófugo; pero a pesar de las solicitudes tanto de Lima como de la Interpol, vivía tranquilo en Japón, donde disfrutaba la nacionalidad japonesa que lo protegía contra la extradición. Hasta se daba el lujo de transmitir un programa semanal de radio: ‘La Hora del Chino’. Desde allí, en un evidente error de cálculo, planeó durante años su regreso como héroe a Perú. Según reveló en un artículo The New York Times, en el 2003 Fujimori envió una cuidadosa biografía a diversas oficinas en Washington para limpiar su nombre y preparar el camino de regreso. Juzgaba que sus ‘éxitos’ en la lucha antisubversiva serían mejor apreciados en un nuevo contexto mundial caracterizado por la guerra contra el terrorismo Como parte de esa estrategia buscaba regresar a su país para presentarse en las elecciones presidenciales del 2006. Así viajó al continente en el 2005, pero al aterrizar en Chile fue arrestado. Fue un ataque de delirio. En otro acto ladino, para protegerse de la extradición, buscó un escaño en el Senado japonés por el Nuevo Partido de los Ciudadanos. Logró conseguir 51.612 votos que no le alcanzaron para su propósito. Cuando la extradición finalmente se concretó en el 2007, el país que gobernó como jefe mafioso, lo recibió como reo.

La otra semana, veremos el juicio y el final de este dictador suramericano.

Valledupar, 5 de mayo del año 2009

Las lecciones de la Historia (XVII)

Esta semana, veremos el juicio y el final de Fujimori, otro de los dictadores suramericanos que en la Historia han sido. Una vez llevado como un reo (exactamente lo que era), lo que siguió fueron los 15 meses del llamado ‘juicio del siglo’. Cuando llegó al alegato final, aprovechó una de las dos sesiones, más que para defenderse de los cargos, para defender su obra de gobierno y, a pesar de sentirse ya condenado políticamente, con palabras cargadas de soberbia y no exentas de cinismo, dijo: «Pero sobre todo estoy sereno porque se me acusa por un tema [del] que estoy convencido la historia terminará reconociéndome como el Presidente que les devolvió la paz y la estabilidad. Cuando el Perú esté depurado de pasiones, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos estudiarán los sucesos. ¿Qué nombre leerán en su libro de texto cuando estudien el capítulo de la paz?”

No obstante esas palabras procaces, el desenlace fue el esperado. En la calle, las víctimas celebraron la condena, así sus seguidores la protestaran indignados. La sanción contra Alberto Fujimori sepultó su carrera política, pero no cierra el capítulo del fujimorismo, movimiento que heredará su hija, que ya es candidata a las presidenciales de 2011. En algunos sondeos lidera con 19 por ciento la intención de voto, pese a que ya ha prometido indultar al padre en caso de ser elegida. Sin embargo, eso correrá a cargo de la conciencia y de la memoria y de la sensatez de los peruanos que, ojalá, hayan aprendido la lección.

La condena de Alberto Fujimori es una enseñanza para el mundo. El hombre que se presentó como un salvador (como un mesías, aplicando la filosofía del mal menor –según él– frente al terrorismo), al cabo de nueve años de dejar la coraza que le brindó el cargo de presidente, y de 17 años de ocurridos los delitos, se dio cuenta de que la defensa de los derechos humanos sigue siendo un principio vigente en su país y en el mundo.

La condena al ex dictador sienta un precedente histórico frente a los crímenes de lesa humanidad perpetrados desde las más altas esferas del poder, que por lo general quedan impunes. Los familiares de las víctimas y las organizaciones de derechos humanos saludaron la decisión del Tribunal Supremo de sancionar y condenar a Fujimori, quien delinquió en complicidad con Vladimiro Montesinos en estos y muchos otros casos de violación de derechos humanos y delitos de corrupción que esperan ser juzgados.
La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos resaltó la integridad de los magistrados que integraron la Sala Penal Especial, quienes a lo largo del juicio demostraron imparcialidad, transparencia y objetividad, garantizando un justo y debido proceso, en el cual Fujimori gozó de la mayor amplitud y garantías para su defensa. Este proceso sienta un precedente histórico que reivindica al Poder Judicial peruano por la reserva moral que representan no pocos magistrados. Abrigamos la esperanza de que esta sentencia histórica marque una línea en relación con los juicios pendientes por violaciones a los derechos humanos en el Perú , que no deben  quedar impunes, en aras de la verdad y la justicia a las cuales tienen derecho las víctimas, sus familiares y toda la ciudadanía.
Ojalá en otros países de América Latina, incluida Colombia, la gente abra los ojos, para que no se deje cautivar por los cantos de sirena, que no hacen  otra cosa que distraer la atención, con el fin de que la opinión pública no logre ver a los lobos vestidos con piel de oveja y, sobre todo, no se deje adormecer con promesas que nunca dejan de ser eso: promesas, mientras el pueblo no sólo ve conculcar sus libertades, sino que, además, observa como las posibilidades de redención (no obstante las promesas del mesías), cada vez son más remotas y, así, día tras día se sume en la esclavizante miseria.

Y, sobre todo abrir los ojos, a pesar de las encuestas amañadas con las que intentan engañar a la opinión pública al pretender tapar los desmanes de la policía secreta, las aberraciones de los ‘hijos del Ejecutivo’, los falsos positivos y tantas otras porquerías que no son más que el accionar natural de toda dictadura. Por eso y por mucho más, la consigna de los demócratas colombianos debe ser un “NO” rotundo al referendo que pretende reelegir a Uribe. Al menos para eso, deben servir las Lecciones de la Historia

Valledupar, 12 de mayo del año 2009

La Ética Pública

Hace cerca de siete años, a propósito de los negociados de Morris Harf, ex ministro de Pastrana, se habló en esta columna sobre la moral pública de los funcionarios que detentan poder, por elección o por designación del gobernante y, al respecto, decíamos algo así: «Porque, al fin y al cabo, todos debemos cumplir las normas de la ley natural y todos debemos acatar la ley plasmada en los códigos; pero aquellos que han jurado cumplir y hacer cumplir esas leyes, al entrar a hacer parte de la andamiada del Estado, desde el presidente hasta el más humilde funcionario, deben constituirse en ejemplo de pulcritud, honestidad, honradez y moralidad; tal como se expresara alguna vez en esta columna, al recordar las palabras del emperador Claudio: “La mujer del César no sólo debe ser honrada; sino parecerlo.”» Aproximadamente, un par de años después, se habló del significado filosófico de la ética y su desvalorización axiológica en la Colombia actual, con palabras, más o menos, de este talante: «La ética llamada también filosofía moral, se puede definir como la ciencia de las costumbres del ser humano. […] Dentro de sus divisiones, la ética utilitarista es la que más ha influido en las costumbres de la humanidad y, por ser la utilidad su fundamento principal, la gente, sobre todo la de menor formación estructural (idoneidad y moral) o sin ningún nivel de este tipo de formación, ha sido presa fácil de la inversión de la escala de valores; lo cual ha llevado al mundo en general y a nuestro país, en particular, a caer en un marasmo que, en el caso colombiano, le ha corroído sus estamentos, trayendo como consecuencia la corrupción administrativa y su secuela, la impunidad y demás formas de delincuencia, como producto de la búsqueda insaciable del dinero rápido, en que ese trastrueque axiológico lo ha convertido, del medio que siempre había sido (como herramienta de cambio comercial), en un fin en sí mismo; el cual, según ese nuevo orden, hay que poseer y en cantidades exorbitantes, sin importar a quién se explote, a quién se desplace, a quién se desaparezca; creando, así, un conflicto dinámico y permanente entre quienes se acogen a las exigencias éticas de la justicia y, por ello, procuran el interés público, y entre quienes, gracias a sus pretensiones utilitaristas en pos del poder que deriva del dinero, con el que buscan sólo satisfacer su interés privado, cuya personería ejercen y en cuyas arcas se depositan periódicamente los beneficios de la sucesiva acumulación de riquezas.»

Ahora bien, es innegable que estos conceptos sobre la moral y la ética, se aprenden desde los primeros años en el hogar; pues, sin duda alguna, son el padre y la madre los encargados de dar a sus hijos el bagaje moral necesario en la vida de todo hombre probo. Pero es obvio que nadie puede dar de lo que no tiene; por eso, un padre deshonesto y codicioso, jamás podrá inculcar honestidad a sus hijos, ni una madre liviana y procaz podrá formar hijas virtuosas. Recuerdo también que, hacia finales del año 2004, con motivo de desafueros cometidos por personajes de cierto renombre en el ámbito nacional, escribimos lo siguiente: «Como quiera que todo ser humano, durante su proceso de formación, y aún más allá del mismo, está sujeto a los imponderables que los cambios culturales susciten en su proceder, es de inmenso valor el acervo moral que pueda aportar a su adaptación, con el fin de no ceder ante la tentación de tomar el camino más fácil o el más rentable o el más cómodo. Por tanto, debe buscar el que se ajuste a las normas legales y morales, a las cuales debe adaptar su conciencia.»

Entonces, me pregunto, si se pretende minimizar la delincuencia en el DAS; si se dan oídos sordos a los asesinatos, encubiertos con el eufemismo de “falsos positivos”; si se alteran sin pudor las encuestas y, hasta tal vez, los resultados electorales; si se pretende acallar el horror de la parapolítica, calumniando a los denunciantes; si se miente descaradamente para desacreditar a la oposición; en fin, si se pretende burlar la Constitución para perpetuarse en el poder (como cualquier Chávez), entonces, ¿por qué nos ha de sorprender que el aparato estatal recurra a sofismas y a mentiras, con tal de restar trascendencia y punibilidad a los delitos (tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, fraude procesal, entre otros) cometidos por los “hijos del Ejecutivo”? La instalación ilegal de micrófonos en la sede demócrata, por parte de algunos seguidores de Nixon, cuando la campaña de 1972, lo hizo dimitir durante su segundo mandato. De igual manera, en 1945, la falta de ética pública de Alfonso López Michelsen, cuando el negociado de la Handel, hizo que su padre, Alfonso López Pumarejo, se retirara del cargo. ¿Será mucho pedir que, al menos, se investigue el meteórico, desenfrenado y voraz enriquecimiento de los “empresarios” Tomás y Jerónimo Uribe?

Valledupar, 19 de mayo del año 2009

Las lecciones de la Historia (XVIII)

Ya hemos visto en las 17 lecciones anteriores cómo, individuos imbuidos de un caudillismo maníaco (disimulado y sostenido luego por la propaganda oficial), se hacen pasar por iluminados, por mesías en cuyas manos queda depositado, de manera por demás arbitraria, el destino de todo un pueblo que, a veces por ignorancia, en ocasiones por oportunismo y en otras más por esnobismo, cree a pie juntillas en las promesas del redentor de turno, al que se aferra ese pueblo como tabla de salvación para la cura de todas sus desgracias; pero que ese falso mesías aprovecha la coyuntura que se le presenta por una determinada situación catastrófica y se hace elegir, para luego atornillarse en el mando, a través de sucesivas reelecciones, con el único fin de satisfacer su apetito de poder, que no es más que la forma más expedita de hartar su extravagante voracidad de riquezas; sin importarle que, para lograrlo, deba conculcar las libertades de ese pueblo que lo eligió y que sumirá en la miseria; pero que, en momentos de ceguera mental, lo seguirá reeligiendo tantas veces como ese glotón de poder, convertido en dictador, así lo quiera; pues su bulimia de dominación, apoyada por los áulicos que medran a su sombra, arrasa hasta con la voluntad del ignaro y del estólido y ni que decir de las esperanzas y las ilusiones de una posible redención. Y cuando ese pueblo quiere abrir los ojos (si acaso los usufructuarios del régimen se lo permiten), ya es tarde; pues el manejo del poder es como una fuente que se retroalimenta por sí misma y, lo que es peor, el mal llamado mesías, termina por arrastrar a su país a la hecatombe (¡esa sí de verdad!), no obstante, en ocasiones, el brazo de la justicia lo alcance y le haga pagar sus crímenes; de todas maneras, el mal quedó hecho y muchas vidas se perdieron y mucha tierra quedó asolada.

Pues bien, aprovechando que por estas fechas se cumplen 228 años de la Revolución de los Comuneros (pionera en América Latina, junto con la de Túpac Amaru, en el Perú, como protestas por el desencanto de los desarraigados y anteriores a la Revolución por antonomasia: la Francesa; aunque con ella –la de los comuneros– no se pretendía deponer al monarca, sino lograr reivindicaciones para los de abajo), veamos cómo el fervor y las esperanzas de los desposeídos de esta región, que hoy se llama Colombia, se vieron frustrados por la codicia y la cobardía de esa minoría que todo lo tenía –menos el recaudo y usufructo de los tributos– y que la Historia conoce como la oligarquía criolla colonial, descendientes de conquistadores y de encomenderos españoles.

Cuando, como consecuencia del Despotismo Ilustrado (forma de gobierno de la monarquía absoluta en la segunda mitad del siglo XVIII, que se opuso a la Filosofía de la Democracia, preconizada por los sacerdotes de la Compañía de Jesús), el monarca Carlos III, primer rey de la dinastía borbónica en España, expulsó a los jesuitas de todos sus dominios tanto peninsulares como de ultramar y, con ello, despojó a los indígenas, a los mestizos, a los emigrantes pobres y a todos los pertenecientes a la clase baja, de los escasos derechos que, gracias a la labor silenciosa, pero no por eso menos productiva, los discípulos de Ignacio de Loyola habían alcanzado, sobrevino el descontento de las masas y brotó la protesta en la ciudad del Socorro. Como los oligarcas criollos, con las medidas tributarias asfixiantes dictadas por el Visitador Regio Gutiérrez de Piñeres, vieron el peligro que corrían sus riquezas, se sumaron a la demanda. La mecha de la inconformidad se prendió y, en el camino entre el Socorro y Santa Fe, fue aglutinando más y más gente, hasta alcanzar cifras de varias decenas de miles de descontentos. Como quiera que a los oligarcas criollos sólo les interesaba salvaguardar sus riquezas y para nada les importaban las necesidades del pueblo, al ver la dimensión que había tomado la revuelta, se asustaron y, muy ladinamente, se apropiaron de ella y pusieron a uno de los suyos al mando, a Juan Francisco Berbeo, que se asesoró del Marqués de San Jorge (un criollo que había comprado el título) y de otros más, tan taimados como ellos mismos. Así, convencieron a la gleba (nombre despótico con el que designaban a los de a pie) de que les convenía dejarse dirigir por los prestantes. Ese fue el error del pueblo. Pues cuando Berbeo vio que la insurrección seguía tomando cuerpo y podía poner en peligro la estabilidad económica de los de arriba, no dudó en traicionar la buena fe y los ideales de la gleba y por eso la Revolución de los Comuneros fracasó, dando al traste con los deseo de recuperación de los derechos que, a raíz de la expulsión de los jesuitas, habían perdido los de a pie.

La próxima semana, Dios mediante, veremos como ocurrió la traición de Berbeo y como fue sacrificado José Antonio Galán, el verdadero líder de esa revuelta, el único capaz de haberla llevado a feliz término.

Valledupar, 26 de mayo del año 2009

Las lecciones de la Historia (XIX)

No obstante haya quienes digan que para qué mirar al pasado, si lo que importa es el presente que ayuda a formar un mejor porvenir, seguimos insistiendo en que el conocimiento de la Historia nos permite abrir los ojos, para aprender de las experiencias pretéritas y ajenas y, así, no repetir los errores que cometieron los antepasados y, sobre todo también, no dejarnos embaucar por los ladinos y los corruptos.

Pues bien, dentro de este orden de ideas, habíamos quedado en el análisis de los sucesos que habrían podido desembocar en el triunfo de la Revolución de los Comuneros, acaecida hace 228 años y que terminó en un fracaso, cuando la cobardía y la codicia de los oligarcas santafereños, lograron que se traicionaran los ideales y los objetivos de la revuelta, como eran los de mejorar las condiciones de vida y acabar con el trato inhumano al que eran sometidos los de abajo; fracaso debido a que su verdadero líder, José Antonio Galán, fue traicionado y sacrificado. Veamos cómo ocurrió esto.

José Antonio Galán, hijo mestizo del gallego Martín Galán y de la nativa Paula Francisca Zorro, nació en el Socorro e hizo sus estudios básicos en el Colegio de San Bartolomé, cuando éste aún era regentado por los padres jesuitas y, por tanto, imbuido de la filosofía democrática, propia del talante de los hijos de Loyola. La primera etapa de la vida de Galán, ocurrida en el Socorro, es desconocida; pues los historiadores de la época republicana, tales como José M. Restrepo y José M. Groot, trataron de ignorarlo y, cuando se refirieron al mártir, lo hicieron con un tinte despectivo como si se tratara de un bandido, como consecuencia del odio que Galán despertara en la oligarquía criolla, cuando se negó a permitir que la revuelta se redujera a una simple controversia mercantil entre los magnates criollos y las autoridades peninsulares y, por eso, él exigía que el magno acontecimiento tomara los visos de una revolución social y, adelantándose a la época, discutió con los oligarcas criollos la condición que estos ostentaban como esclavistas y latifundistas. Por eso, cuando al fracasar la gesta, Galán subiera al cadalso, lo acompañó el silencio cómplice de quienes llevados por la codicia y el egoísmo, lo sacrificaron para que las canonjías obtenidas, tras años de servilismo a la Corona, no sufrieran mengua alguna.

Pero estamos pendientes de saber cómo ocurrió la traición de los magnates criollos a la causa de la revolución comunera. Cuando la oligarquía vio que, por el caudal de los amotinados, sus posesiones en Santa Fe, en el Socorro, en Tunja y en otras localidades, corrían peligro, y conocedores del ascendiente de Galán sobre la multitud, no dudaron en conminar a Juan Francisco Berbeo, para que lo convenciera de desviar a su gente hacia Facatativá, cuando ya se encontraban en Zipaquirá, listos para tomar el camino hacia Santa Fe.

Berbeo se quedó en Zipaquirá y allí esperó al Arzobispo Caballero y Góngora, emisario del Visitador Gutiérrez de Piñeres, mientras que, ayudado por su gente, se encargó de enfriar el entusiasmo de la multitud. Luego vino la componenda entre los oligarcas criollos y las autoridades coloniales, en donde éstas disminuirían algunos de los tributos impuestos por el Visitador Regio, a cambio de que les entregaran la cabeza de José Antonio Galán.

Sin embargo, esto no les quedó fácil, pues Galán había logrado encender la chispa de la libertad en Facatativá, en Villeta, en Guaduas y en todas las poblaciones que recorría, enarbolando la bandera de la lucha contra la opresión.

Mas cuando Galán supo que Berbeo y el Arzobispo Caballero y Góngora, habían firmado las “Capitulaciones de Zipaquirá”, decidió volverse para el Socorro. Allí, desarmado, solo y abatido por la desilusión que nació al saberse traicionado, fue presa fácil de un grupo de capataces armados por Salvador Plata, otro criollo renegado, oriundo de la región.

Trasladado a Santa Fe, sin fórmula de juicio Galán fue condenado a  la horca, para que luego su cuerpo fuera descuartizado y sus despojos diseminados por la geografía del Nuevo Reino de Granada. Así, pagó Galán la osadía de rebelarse contra los designios y los intereses particulares de la oligarquía criolla, cuya avidez de riquezas y su cobardía ante la posibilidad de perderlas, había jurado –la oligarquía– fidelidad al monarca español, con tal de que no le tocaran sus prebendas. Así paga el diablo a quien bien le sirve.

  1. S. A Luís Napoleón: el primer intérprete de “A la orilla del mar” de José Barros, fue Bienvenido Granda, con el acompañamiento de la Sonora.

Valledupar, 2 de junio del año 2009

Nuevamente, ¿Por qué será?

El año pasado, en esta columna, se hicieron unas preguntas sobre asuntos cruciales acerca del devenir nacional. Pues bien, esas preguntas siguen sin respuesta; por supuesto, no como reacción a lo expuesto en esta columna que, con toda seguridad, no debe llegar hasta el trono del príncipe; pero que sí deberían tener contestación al clamor nacional, al lamento de la mayoría de los colombianos; de ese pueblo –decíamos entonces– que, salvo crasa ignorancia, no pertenece al uribismo; pues, es bien sabido por todos, que a esa franja sólo pertenecen los elegidos, es decir, los usufructuarios de las dádivas del mesías o los  extremadamente estólidos.

Hoy, muchos meses después, cuando aún esas preguntas siguen pidiendo un dictamen, surgen otros interrogantes sobre ese acaecer patrio; son preguntas que saltan de manera cotidiana a la arena de este circo en el que ha sido convertida Colombia.

¿Por qué será que Uribe no da la cara sobre la delincuencia existente en el DAS? O será que cree, que con la pantomima de la recompensa, ¿salva su posición como jefe inmediato del Director de esa nueva Cueva de Rolando?

¿Por qué será que no terminan los crímenes, llamados con el eufemismo de falsos positivos? O será que, ¿con el retiro de Santos Juan Manuel, la presión sobre los mandos militares disminuirá?

¿Por qué será que Francisco Santos, con su vocación de mentecato, pretende injuriar a Ramiro Bejarano, al inculparlo de algo que ya quedó definido y que el mismo Santos, en su momento, así lo admitió? O será que, ¿esto hace parte de los sofismas de distracción, en los cuales son expertos el príncipe y su corte?

¿Por qué será que ha habido tanta alharaca en el Ministerio de Protección (¿?) Social, a raíz del virus A (H1N1), mientras la desidia ante otras calamidades por insalubridad nacional subsiste? O será que la supuesta presencia de esa enfermedad, ¿sirve como cortina de humo para tapar tanta podredumbre que sepulta actualmente la ética pública?

¿Por qué será que no se volvió a saber nada sobre alguna investigación con respecto a la impudicia legal de los hermanos Uribe Moreno? O será que, esto también, ¿va a quedar en la impunidad?

¿Por qué será que fue ilegal que David Murcia Guzmán tuviera empresas de papel en Panamá, pero que no lo sea que Tomás y Jerónimo Uribe las tengan? O será que, por su condición de hijos del Ejecutivo, ¿ellos sí puedan delinquir, sin que se constituya delito alguno?

¿Por qué será que ningún general, en nombre de la moral, protestó en su momento por los crímenes llamados falsos positivos? O será que ¿ya ni moral queda?

¿Por qué será que Uribe, en los casos de espionaje desde el DAS, pretende inculpar a los mandos medios, inescrupulosos, según él? O será que ¿esa es su forma de desviar la atención sobre los verdaderos culpables?

¿Por qué será que José Obdulio Gaviria sólo habla de guerra y de confabulaciones en su columna de El Tiempo, si según él y su jefe, aquí no hay guerra? O será que la cercanía al poder lo volvió loco y ¿ya desvaría?

¿Por qué será que el gobierno cree que todo lo malo que hay en Colombia (guerrilla, narcotráfico, pobreza, etc.), se acaba a punta de bala? O será, más bien, que todo es un subterfugio ¿para exacerbar aún más el presupuesto de la guerra y, así, tener excusas para olvidar las soluciones sociales?

¿Por qué será que el Ministro de Protección (¿?) Social no permitió que las pruebas sobre el virus A (H1N1) se hicieran en los laboratorios de la Secretaría de Bogotá (tan buenos como los del extranjero), sino que se realizaran en Atlanta? O será que esa una de sus colaboraciones para mantener latente, como excelente cortina de humo, ¿el  temor del país sobre el mencionado virus y, así, se nos olviden las trapisondas de los hijos de su jefe?

¿Por qué será que el Procurador Ordóñez absolvió a Palacios y a Pretelt, acusados de cohecho, mientras que Yidis y Teodolindo han sido ya condenados por la justicia penal? O será que, para Ordóñez, ¿los mandaderos palaciegos están exentos de toda culpa?

¿Por qué será que Uribe se resiste a permitir la entrega, por parte de las FARC, del cabo Moncayo? O será ¿que el odio que siente por Piedad Córdoba es mayor que el respeto que merece la vida de un secuestrado? O será, más bien, que Uribe teme que la popularidad del profesor Moncayo ¿le impida montar el show mediático que tanto le gusta?

¿Por qué será, en fin, que Uribe aún no se ha definido si se queda por los siglos de los siglos, haciéndole caso a su voracidad de poder? O será, más bien, ¿que eso hace parte de su política para engañar incautos y descrestar estólidos?

Valledupar, 9 de junio del año 2009

De encrucijadas y otras cosas (Primera Parte)

Dice Uribe que, a raíz de la posibilidad de su segunda reelección, se encuentra en una encrucijada, o sea, ante un dilema: obedecer a sus ansias de poder, es decir, al deseo inmanente de su naturaleza autocrática o, por el contrario, obrar con sentido común (pero, no por eso, menos perverso) y hacerse a un lado, para que alguien, entre sus alfiles, aspire. Aclaremos que esto es entre sus seguidores, pues por el lado de los no uribistas, la firmeza de someter su nombre al favor del electorado, no tiene ataduras, ni suscita dilema alguno.

Entre tanto, el Establecimiento utiliza todas sus fuerzas, todas sus armas (viles o no), para atacar, a como dé lugar, a los precandidatos de la oposición y, aún, a los que por ahora no han manifestado tener aspiraciones presidenciales. Más aún, todo aquel que se le oponga a Uribe, es motivo de descrédito por parte de esa maquinaria experta en mancillar honras. Esta labor, a veces soterrada, en ocasiones abierta, la realiza la mayoría de los miembros del alto gobierno central, de presidente para abajo, pasando por ministros, viceministros, directores de institutos, departamentos administrativos, divisiones, etc. Y, nadie que se atreva a interponerse en el camino del príncipe se salva de esta campaña de desdoro. Hasta los miembros de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y los congresistas de la oposición, han sido víctimas de estas maniobras con las que buscan desprestigiar, ante la opinión pública despistada, el antiuribismo y, así, limpiar el camino para el tercer cuatrienio y, por ahí mismo, derecho al poder absoluto y vitalicio, como cualquier Chávez. Pues, Jorge Mantilla, un oscuro representante a la Cámara por el partido de la U, muy claro dijo que el plan C, consiste en la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, que cambie el actual régimen presidencial por uno parlamentario, para así poder tener a Uribe, como eterno Primer Ministro, sin necesidad de recurrir en el futuro al voto popular.

Y, aunque todo esto, signifique la muerte de la democracia en Colombia, a los uribistas usufructuarios del poder, los tiene sin cuidado; porque, para ellos, lo importante es no perder el manejo del presupuesto; que es, al fin y al cabo, el objetivo de sus ansias y el motivo de sus desvelos. Y como cuentan, no sólo con el poder de las armas (todas), sino que además el ignaro, por lo mismo, está con ellos, entonces el triunfalismo los ensoberbece y los enceguece. Y hablamos de la muerte de nuestra democracia porque, como dijera el constitucionalista estadounidense, Stephen Holmes, “La esencia de la democracia, está en la alternancia en el poder. En el hecho de que los miembros de los partidos diferentes al del gobernante, puedan ganar las elecciones.” Y luego agregó: “La voluntad de la mayoría en el Congreso, no puede ni debe ser un obstáculo para la democracia. Para eso está la Constitución: para hacer respetar los derechos de las minorías actuantes.” Todo esto, a propósito del espejismo que suelen producir las encuestas, amañadas por los alfiles del gobernante, con el fin de lograr un tercer período de Uribe.

Yendo un poco más allá, encontramos que la controversia que ocasionan el gobierno y sus áulicos contra la CSJ y la oposición, no es otra cosa que una cortina de humo, con la que se busca tapar, o al menos disimular, los hedores oficiales que se sienten cada vez que se descubre un nuevo y nauseabundo escándalo en el gobierno: interceptaciones del DAS (chuzadas); asesinatos fuera de combate (falsos positivos); desapariciones forzosas (campesinos, sindicalistas, docentes, estudiantes, periodistas, etc., desvanecidos de su entorno, por acción de fuerzas oscuras y, a veces, ni tan oscuras); cohecho ministerial (Yidis y Teodolindo); enriquecimiento ilícito de los hijos de Uribe (Zona Franca de Mosquera); absoluciones venales por parte del nuevo Procurador Nacional (Palacios y Pretelt); demora en algunas investigaciones, en espera del vencimiento de términos o para dar tiempo al cambio de Fiscal General (FG) y, así, conseguir el sobreseimiento (Mario Uribe y otros); reflujo de la parapolítica (nuevos casos descubiertos);  extradiciones, a marchas forzadas y otras formas de silenciamiento de testigos; sin contar, además, con quién vaya a ocupar el cargo de FG, que resultará cooptado, como ya lo han sido la Corte Constitucional, el Banco de la República, la Comisión Nacional de Televisión, el Consejo Superior de la Judicatura, las mayorías en el Senado y la Cámara, etc., etc., etc. (Continuará)

Valledupar, 23 de junio del año 2009

De encrucijadas y otras cosas (Segunda Parte)

Sigamos analizando porqué el pueblo de manera fácil e inteligente llega a la conclusión de que con otra reelección de Uribe, no sólo se estaría expidiendo el certificado de defunción de la democracia en Colombia, sino que, además se estaría rubricando esta guerra de descrédito que el ejecutivo ha desatado contra la Corte Suprema de Justicia y contra la oposición, por el mero hecho de haber destapado la parapolítica, en donde se descubrió que la mayoría de los miembros del Congreso que apoyaron a Uribe, tanto en la primera elección, como en la segunda, han sido o están siendo investigados por presuntas relaciones con quienes se quisieron tomar el país para su propio beneficio: los paramilitares; quienes, como es bien sabido, empezaron como grupos contrainsurgentes, pero terminaron por dejarse llevar por la codicia de latifundistas y políticos que deseaban aumentar el cúmulo de riquezas heredadas de sus ancestros.

Por eso, para proteger el estatus actual, han ocurrido todas las acciones que producen el hedor que se comentaba la semana pasada y, como si todo eso fuera poco, en la Fiscalía investigan al ex magistrado José Alfredo Escobar Araujo, por connivencia suya y de su familia con el narcotraficante (ya preso) Giorgio Sale y, de mala fe , el Fiscal delegado no aclara el acendrado uribismo del acusado, con el ánimo, tal vez, de sembrar dudas, ante la opinión pública despistada, sobre la integridad moral de las Cortes. Mientras tanto, el Juez Quinto Penal de Bogotá, Luís Eduardo Beltrán, subalterno del Ministro de Justicia, deja libres a alias “El Indio” y a un comerciante de apellido Sierra, involucrados ambos en asuntos de narcotráfico y fichas claves dentro del proceso que se le sigue, por múltiples delitos, a Guillermo León Valencia Cossio, hermano de dicho Ministro.

Entonces, así no hubiera posibilidades de un nuevo cuatrienio de Uribe, ya todo lo anterior y muchas otras cosas más que no cabrían en esta página, dan para cerrar esta nefasta era (que, gracias a Dios, finaliza en 14 meses), cuyos supuestos hitos nos los refriegan en la cara con frecuencia: seguridad democrática, confianza inversionista e inversión social. Pues bien, la “seguridad democrática”, para ser justa y valedera, debe de tener una cobertura nacional que trascienda el estrato socioeconómico de sus beneficiarios y vaya más allá de su lugar de residencia y sus latifundios; para que nos cobije a todos por igual y no se convierta en la impulsadora de nuevos crímenes, llamados con el eufemismo de “falsos positivos”, ni obligue a quienes no se benefician e, incluso, los que se perjudican con ella (las víctimas de los crímenes de Estado) a pagar su sostenimiento; mientras que los pertenecientes al exclusivo club de amigos, bienhechores y beneficiarios de Uribe, quedan exentos de este impuesto, cuyo único beneficio consiste en engrosar el presupuesto de guerra. La “confianza inversionista” no ha sido más que otro espejismo; pues, de ser cierta, los índices de desempleo y de pobreza absoluta (para citar sólo dos botones de muestra) deberían haber descendido en los últimos siete años y, en cambio ha ocurrido todo lo contrario: han aumentado. Lo dicen el DANE y el Departamento Nacional de Planeación; no lo digo yo. En cuanto a la “inversión social”, si cada vez los pobres se hacen más pobres y los ricos más ricos y, además, el desempleo aumenta, al igual que la miseria absoluta, entonces la cacareada acción social del actual gobierno en sus dos períodos consecutivos, es otro mito que, como los dos anteriores, es producto de la propaganda oficial.

Luego, ante la encrucijada de Uribe, Colombia (bueno, quienes la queremos) no puede ni debe darse el lujo de caer en dilema alguno. Por eso, si llegara a haber referendo por la reelección, la abstención debe de ser total; así los mañosos lo adhieran a otros, como el  del agua y el de la cadena perpetua, pues esa sería la trampa para atrapar incautos y desorientados. Lo esencial, lo fundamental, es sepultar esta era nefasta, ahora y para siempre. Pero si el referendo pasara (casos se han visto), votar masivamente por el demócrata que se le oponga a Uribe y concitar a los indiferentes para que hagan otro tanto. Pero si Uribe no se lanza, obrar de idéntica forma con su alfil, así esté disfrazado de demócrata o se autoproclame independiente; pero que, al final, nos resulte tan uribista como José Obdulio. Ahora bien, con la misma entereza, habrá que cerrarle el paso al plan C, nada de Constituyentes amañadas. El próximo presidente de Colombia tiene que ser alguien capaz de cerrar la brecha del desequilibrio social; brecha que en los últimos siete años se ha  ampliado de mera desproporcionada. Porque, de lo contrario, sería el apaga y vámonos.

Valledupar, 30 de junio del año 2009

De encrucijadas y otras cosas (Tercera Parte)

La ex ministra y actual senadora, Cecilia López Montaño “…ara en el mar…”, cuando le cita a Uribe las palabras que Sanjinés le dirige al presidente Carrera en diálogo del libro de Carlos Fuentes, “La voluntad y la fortuna”, con el fin de que Carrera desista de su afán de quedarse en el poder. La senadora va más allá cuando le hacer ver a Uribe cómo toda esta maraña de hechos punibles (de cuyo hedor hablábamos en las dos últimas columnas), él –Uribe– podría deshacer y, así, dejar su nombre en alto y de paso (en palabras de Sanjinés), “…ser visto como un buen presidente, al saber ser un buen ex presidente.”

Pero sucede que, como diría Perogrullo, para que Uribe sea ex presidente se necesita que deje de lado sus ansias de reelección y, como es bien sabido de todos, eso es algo inmanente a su espíritu autocrático. Más aún, como dijera alguna vez Antonio Caballero en su columna de la Revista Semana: “Uribe es jinete de tigre”, lo cual significa en buen romance que no quiere ni puede dejar el poder.

Yendo más lejos, cuando la senadora López Montaño le da gratuitos consejos a Uribe, sobre cómo llegar a ser un buen ex presidente, “…edifica en el viento…” (para terminar la cita del Libertador), pues precisamente todo eso que Cecilia López le aconseja corregir o, al menos, ponerle atención, hace parte del andamiaje para la reelección: las chuzadas del DAS, los falsos positivos, el desempleo, la pobreza absoluta, los enfrentamientos con la Honorable Corte Suprema de Justicia, las extradiciones de paramilitares hechas a marchas forzadas, la división de los partidos políticos, el desplome de la Ley de víctimas, el nuevo impuesto al patrimonio con cargo a los no socios del exclusivo club de amigos, benefactores y favoritos de Uribe, la impunidad para con los congresistas amigos o familiares suyos, la demagogia populista propuesta sobre la reelección de gobernadores y alcaldes (en río revuelto…), etc.

Pues todo eso y muchas otras cosas más (de ahí el etc.), lo hacen ver ante los desorientados y los estultos como el salvador, el mesías, el imprescindible. Y, entonces, cuando todo ese cúmulo de ignaros, ante tanta hecatombe (esa sí de verdad) diga: “Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”, él podrá decir socarronamente, terciándose el poncho: “Yo”.

Sin embargo, los no uribistas, los que de verdad queremos a Colombia, no nos cansaremos de decir que precisamente allí, en el uribismo idólatra y, por tanto, absurdo, es en donde está la raíz del mal; pues, mientras no haya justicia social, todo lo demás será como paños de agua tibia para curar el sida que destruye al país: la corrupción administrativa que, por la falta de ética pública, en los últimos siete años ha crecido como la espuma y que, todo lo demás (seguridad democrática, confianza inversionista e inversión social), no es sino un espejismo que la ilusión óptica, bien manejada por los obdulios de siempre, la hacen aparecer como una certeza al sediento, cuyo cerebro ya empieza a desvariar y, por lo mismo, no ve la realidad del desierto que le obligan a cruzar, pero del cual podrá salir, no votando el referendo de la reelección, si se presenta el caso, o votando en contra de Uribe si se postula nuevamente o manda un comodín que lo remplace.

Por eso, a menos que los fusiles hablen, el voto masivo por el demócrata que se le oponga a Uribe o a su alfil, será lo único que podrá salvar a Colombia.

Valledupar, 7 de julio del año 2009

¿Pasos de animal grande?

El juez español Baltasar Garzón Real, ha logrado en su ya larga carrera judicial (casi treinta años), propinar duros golpes al narcotráfico, al terrorismo y a las dictaduras. Esto último, desde 1998, cuando en Roma se aprobara el estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI) y una de sus primeras acciones fuera la de ordenar la captura de Augusto Pinochet, acusado, entre otras cosas, de la desaparición de ciudadanos españoles en Chile durante la dictadura del general (1973–1990). Este caso dio notoriedad internacional al ya popular juez. A principios de septiembre del 2000, de acuerdo al sumario instruido por el mismo juez Garzón, acusó al militar argentino Ricardo Miguel Cavallo, detenido en México el 24 de agosto, por los delitos de terrorismo, genocidio y torturas, cometidos cuando hacía parte de la Escuela de Mecánica de la Armada argentina durante la dictadura militar (1976–1983). Este auto ampliaba otro que había dictado el 2 de noviembre de 1999 y por el que procesó a noventa y ocho militares argentinos. Según Garzón, Cavallo aparecía imputado ya desde el 7 de julio de 1998 en el sumario instruido por delitos contra la humanidad, cometidos por la dictadura militar argentina; así fue como descubrió la “operación Cóndor”, que unía a todas las dictaduras del Cono Sur. El Tribunal Supremo mexicano concedió entonces la extradición de Cavallo a España en junio del 2003, y un mes después el presidente argentino, Néstor Kirchner, derogaba la Ley de Punto Final: un decreto alcahuete expedido durante el gobierno de Carlos Menem, que impedía la extradición a terceros países de militares acusados de cometer delitos durante la dictadura. Las indagaciones del juez Garzón, llevaron a las autoridades argentinas a investigar a más implicados en los genocidios ocurridos durante la dictadura, cuyo último eslabón encontrado fue la condena de los generales Bussi y Menéndez, ocurrida en agosto del año pasado y, en Perú, permitió reabrir los procesos contra Fujimori A los llamados “paraísos fiscales” también los ha investigado y ha logrado la detención de varios implicados en lavados de activos. Se podrán decir muchas cosas de Garzón (que es ambicioso, que no desdeñó su candidatura al Premio Nobel de la Paz, que aspiró a cargos políticos, etc.), pero nadie podrá desconocer que es un juez tenaz y, aunque parezca redundante, justo. Y eso, tiene gran mérito, como lo atestiguan los numerosos premios que ha recibido, entre ellos el Premio Internacional Paz y Solidaridad de la Fundación Ignis Ardens de Roma (1995), el reconocimiento a la Contribución para el Establecimiento de la CPI (1998), el de Mejor Juez de Iberoamérica (1999/2000), la Medalla de Oro al Mérito del Plan Nacional sobre Drogas (2001) y el Premio Extraordinario al Compromiso Social otorgado por la Confederación de Jóvenes Empresarios (2002). Amado y odiado por partes iguales, su popularidad no ha dejado de aumentar, aunque él se niega a ser considerado un juez estrella (por aquello de que da luz, que ilumina). Es una de sus ironías, pues sospecha que la reforma judicial pactada entre el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español en el 2001, ha tenido como objetivo, entre otros cambios, la desaparición precisamente de este tipo de jueces. A pesar de los reproches de sus colegas y de las recriminaciones del PP, en casos como el de los cómplices de Augusto Pinochet, Garzón ha proseguido con su plan sin inmutarse, haciendo caso omiso de las numerosas amenazas recibidas por quienes son objeto de sus cuidadosos sumarios. Su tarea es reunir pruebas y argumentos para que otros jueces de la Audiencia Nacional puedan enjuiciar casos.

En Colombia estuvo, a finales de agosto del 2008, visitando algunas zonas de las utilizadas por los paramilitares para sepultar a sus víctimas. En compañía del fiscal de la CPI, Luís Moreno, invitados por el fiscal General de la Nación llegaron acompañados por el director de la Policía Nacional. El juez español y el fiscal de la CPI, se declararon impactados en la exhumación de los restos de tantas víctimas del Bloque Bananero de los paramilitares, realizada en zona montañosa de Turbo, Antioquia.

Pues bien, como vemos parece que el juez Garzón y la CPI, se han interesado por el asunto de las masacres en Colombia y, eso, es bueno para la justicia del país. Entonces, ¿por qué Mauricio Botero Caicedo en su columna de El Espectador del domingo antepasado, se alegra de que el senado español esté por aprobar la limitación de la competencia de la “Jurisdicción Universal” y así coarte el accionar (en palabras de Botero) “de jueces pantalleros como Baltasar Garzón”? ¿Será que teme que aquí suceda algo como lo que hizo Garzón con Pinochet y con los militares argentinos? ¿Será que ya se sienten pasos de animal grande? Y el escrito de Botero, ¿sea el preludio de una campaña de desprestigio?

Valledupar, 14 de julio del año 2009

¿Para dónde va Colombia?

No obstante los grandes medios de comunicación tapen los horrores, sublimicen las cortinas de humo y procuren ocultar los crímenes de Estado, el país en realidad está mal; muy mal en lo político, en lo económico y en lo social.

En lo político, Colombia es un pandemonio; Uribe quiere quedarse y lo logrará, pues el abanico de pre candidatos del uribismo no es más que una impostura para distraer a la gente, mientras que soterradamente (como todo lo que hacen Uribe y sus seguidores) aprueban a pupitrazo limpio, y después de media noche, el referendo; logrado lo cual, les será fácil reelegirlo, pues la maquinaria lo logrará y, así, podrá quedarse hasta cuando él quiera o hasta que le pase lo que le sucede a la mayoría de los dictadores. Y si la maquinaria no bastara, pues ya habrá medios de sobra para convencer, de grado o por fuerza, a los indecisos, a los abstencionistas y, más aún, a quienes quieran ejercer su derecho al voto, sufragando por quien deseen, distinto a Uribe.

Cuando digo ‘de grado’, me refiero al uso de esas prebendas que se acostumbran utilizar en Colombia para comprar el voto. Y decía ‘o por fuerza’, cuando los fusiles, las metralletas o las moto sierras doblegan la voluntad del elector. Sobre todo en las regiones apartadas, en donde el señor feudal es amo de vidas, haciendas y voluntades; porque en las grande y medianas ciudades, es el empresario el que se encarga de imponer ‘de grado o por fuerza’ el parecer de los electores que trabajan bajo su mando.

Si Uribe llega a perpetuarse, tal como él lo desea (como cualquier Chávez), el Estado de Opinión (ese modo sutil de llamar al golpe de Estado) suplantará al Estado de Derecho; el cual, durante los últimos siete años, ha venido perdiendo poco a poco su estructura, hasta convertirse en un remedo de Democracia, en donde el Ejecutivo ha sojuzgado al Legislativo, al comprar sus mayorías y ha pretendido acabar con el Poder Judicial, de tal manera que muchos jueces prevarican para favorecer a amigos del gobierno que han delinquido. Y como quiera que la Honorable Corte Suprema de Justicia no se ha sometido a ese desdibujamiento de funciones en que han querido sumergirla, entonces se ha convertido, al igual que los miembros de la oposición, en el blanco preferido del gobierno y de los medios de comunicación que, en su mayoría, están adscritos al corifeo de aduladores. Por eso, como se puede ver, el panorama colombiano, en lo político, es sombrío, abrumador, desolado.

Pero, en lo económico, no es que sea mejor; no, en lo absoluto; pues durante estos siete años, la economía se ha resquebrajado, el poder adquisitivo de nuestra moneda ha decaído, trayendo como consecuencia que el costo de vida suba a niveles insostenibles. Y no busquemos el origen de este estado de cosas en la crisis mundial, ya que el génesis de esta debacle económica se encuentra en el estilo de gobierno de Uribe; porque él ha gobernado pensando siempre en favorecer a los ricos, a los empresarios, en fin a quienes le financiaron su ascenso al poder, Entonces, como consecuencia de este modo de gobernar, más propio de la Fronda del siglo XIX que de la era actual, cuando las barreras económicas, en otras latitudes, tienden a decaer mientras que en Colombia aumentan, la situación económica del país deja mucho que desear.

Como si fuera poco, este gobierno que aspira a perpetuarse, durante sus primeros años cuando pudo haber ahorrado, no hizo sino malgastar en suntuosidades, aumentando el gasto público y, ahora, cuando llegaron las vacas flacas, se encuentra endeudado, pues ni siquiera aprovechó la bonanza para disminuir la deuda pública; sino que todo le quedaba después de los gastos suntuarios, en vez de aplicarlos a la inversión social, lo usó para comprar conciencias y para mantener contentos a los generales al darles presupuestos varias veces multimillonarios.

Y si en lo político y en lo económico el horizonte es sombrío, de un color gris oscuro, en lo social el panorama es negro, cargado de nubarrones; ya que el paramilitarismo y su hija bastarda la parapolítica, desplazaron a varios millones de campesinos e indígenas y asaltaron los tesoros regionales, sumando en la pobreza a la clase media y hundiendo en la miseria a los pobres. Además, las reformas sociales (laboral, pensional, etc.) emprendidas, prohijadas y sacadas adelante por el gobierno de Uribe, solamente favorecieron a los empresarios, al quitarle a los trabajadores los derechos adquiridos desde los años treinta del siglo pasado, durante el primer cuatrienio de López Pumarejo. Todo a través del engaño de que, con estas reformas, los empresarios crearían más empleos; pero no fue así, pues la codicia de esos señores solamente sirvió para acrecentarles su apetito voraz de riquezas y, al engrosar sus ganancias, aumentaron los monopolios. De otro lado, la venta de muchas empresas del Estado, dejó sin empleo a una ingente cantidad de colombianos, produciendo una situación que, sumada a la de millones de desplazados por la violencia guerrillera, paramilitar y estatal, ha aumentado el desequilibrio social del país. Y, ahora, cuando hablamos de desempleo, recordemos que éste ha aumentado, como nunca antes, en estos últimos siete años. Entonces, si la mayoría de los colombianos (90%) somos pobres, ¿cómo vamos a permitir que Uribe siga en el gobierno, produciendo pobreza y desazón? Por eso, si el referendo llegara a pasar, no se debe asistir a su votación, ya que si ésta no alcanza el umbral, aquél será derrotado. Así que la consigna es ¡abstención total de ese 90% del electorado colombiano el día que se vote el referendo!

Valledupar, 18 de agosto del año 2009

Hablando de legitimidades

Uribe ha demostrado que es capaz de cualquier cosa con tal de quedarse en el poder. Ahora pretende deslegitimar la Constitución de 1991 (esa que violó para hacerse reelegir), diciendo que fue convocada sin el lleno de ciertos requisitos. Cuando Uribe enumera esas estipulaciones, uno encuentra que estas exigencias fueron establecidas a partir de la aprobación de la Carta Magna que él pretende desconocer.

En Barrancabermeja, habló de umbrales, de conjueces y de otras cosas, cuya base es un sofisma: mal podía convocarse la Constituyente de 1991 con unos requerimientos que aún no estaban instituidos. Es decir que Uribe, allí en Barrancabermeja, calumnió a la Constitución que nos rige y como de la calumnia algo queda, entonces serán muchos los incautos, los desprevenidos y ni que decir de los uribistas, que le creerán; que sí, que la Constitución de 1991 es espuria y arma esta alharaca, porque la Carta se opone a su sed de poder, a su apetito desaforado por seguir siendo el presidente de Colombia (que no de los colombianos).

Más aún, ha dicho que si el referendo pasa, solamente hasta la víspera de las elecciones del 2010 para Senado y Cámara, dirá si acepta la candidatura a la segunda reelección; hecho del cual nadie tiene duda, porque todos conocemos su condición de jinete de tigre. Pero Uribe posterga esa decisión hasta esa fecha, para así poder jugar el doble papel de presidente y candidato. Lo cual le permitirá manejar el presupuesto nacional como arma electoral. De otro lado, con esto, logra mantener en el limbo a la caterva de candidatos uribistas, cuya pusilanimidad no les permite enfrentarse al príncipe.

Si esta forma de manejar el país, no es lo más parecido a la administración del Ubérrimo, entonces todos estamos desquiciados, todos andamos equivocados. Cualquier semejanza con Chávez, Correa y demás dictadorzuelos, de ahora y de siempre, de este subcontinente bananero, no es mera coincidencia.

Pero, como las ilegitimidades no son un patrimonio exclusivo de Uribe, sus áulicos también echan mano de ellas para defender lo indefendible. Por eso, Plinio Apuleyo Mendoza (el acólito que, después de José Obdulio Gaviria, mejor maneja el incensario), en su columna de El Tiempo del viernes pasado descalifica a la jueza que lleva el caso del tristemente célebre coronel Plazas Vega y, de manera atrevida, la tilda de parcial y manipuladora y, en su cinismo y su descaro, llega hasta pedir fueros especiales para el sindicado.

¿Alguna vez ese columnista se habrá preguntado, cuál es el pensamiento y hasta dónde puede llegar el dolor de los deudos de las víctimas de ese infausto día de 1985? Pues no sólo está siendo juzgado por el delito de lesa patria por haber metido un tanque al Palacio de Justicia; sino, lo que tal vez es peor, por la desaparición de varios civiles durante la odisea que, con cinismo, él llamó “…salvando la Democracia, maestro…”

  1. S. Estos caballeros, los mencionados con nombre propio (todos ellos egresados de respetables instituciones de educación superior), parecieran desconocer el concepto de “formación integral”, ese que se sustenta en la universidad y el cual, todo aquel que ha pasado por el claustro y se ha formado en él, sabe que debe ser su norte y su guía para actuar correctamente en la vida: conocimiento, estética y ética. Única forma de saber para aplicar, tener conciencia por el buen gusto y poseer la moral necesaria para no apartarse de las enseñanzas del Divino Maestro. ¡Ah!, pero todo esto, parece haber perdido valor en los tiempos que corren (sobre todo en ciertas esferas) o, lo que es peor, se utiliza o se desecha, de acuerdo a las circunstancias y a las conveniencias. En verdad, no se le pueden pedir peras al olmo.

Valledupar, 25 de agosto del año 2009

Las lecciones de la Historia (XX)

El mito de Camilo Torres Tenorio (1ª Parte)

Hoy iniciamos una serie de varios capítulos en los cuales (tras muchas horas de investigación, incluso en cuadernos antiquísimos de la Biblioteca Nacional) vamos a demostrar como Camilo Torres Tenorio (1766–1816), y otros caballeros que hoy son honrados como próceres de nuestra independencia, no fueron más que unos egoístas y unos aprovechados, cuyo único interés fue el de evitar que los ecos de la Revolución Francesa, con sus postulados de “liberté, égalité et fraternité”, llegaran hasta la Nueva Granada y dieran al traste con sus privilegios.

Hemos usado exprofeso los dos apellidos del objeto de este ensayo, para que no se le  confunda con el sacerdote Camilo Torres Restrepo (1929–1966) quien, en un momento de su vida, decidió colgar los hábitos e irse al monte para luchar contra la injusticia social, contra la desigualdad colectiva, existente desde siempre y para siempre entre los desmedidamente ricos y los inmensamente pobres. Situación ésta ya presente en nuestro país, desde las épocas de la Conquista y de la Colonia, cuando lo de las Encomiendas y lo de las Alcabalas, que denunciara el Padre Las Casas; que se suavizara un poco con la predicación de los teólogos dominicos, en los comienzos de la Colonia; tratada de erradicar después por los sacerdotes jesuitas, cuando impulsaron el concepto de la Filosofía Democrática con la que se buscaba el equilibrio social; pero que se enquistara nuevamente con el Despotismo Ilustrado (“Todo para el pueblo, pero sin el pueblo») y fuera defendida con ardor, en Nueva Granada, justamente por Camilo Torres Tenorio, quien luchara con denuedo para que las prebendas de la Fronda neogranadina no sufrieran mella alguna, no obstante los pobres (la gleba, le decían de manera peyorativa), cada día perdieran más y más derechos y se les cargara con más y más deberes.

La intencionalidad, en este ensayo, al usar ambos apellidos del personaje motivo de esta reflexión, es la inversa de la que tuvo una reconocida aerolínea nacional cuando, hacia finales de los años sesenta del siglo pasado, resolviera bautizar sus aviones con los nombres de los próceres de la Independencia neogranadina y llamó, a uno de ellos, con el nombre del miembro más  sobresaliente de la Fronda santafereña, Camilo Torres Tenorio y usó ambos apellidos, para evitar que algún desprevenido o ciertos ingenuos,  pensaran que se estaba homenajeando al “descastado cura” Camilo Torres Restrepo, recién muerto en combate con el ejército colombiano, durante el gobierno de Guillermo León Valencia. Y como en este ensayo lo que se quiere es desmitificar a Camilo Torres Tenorio, pues resulta obvia la aclaración.

Como quiera que la mayoría de los libros de Historia Patria que circulan abundantemente en Colombia, fueron redactados por historiadores que se basaron en los escritos de los enemigos coetáneos de Antonio Nariño Álvarez (1765–1823) y de José María Carbonell (a quien la historiografía nacional, prácticamente borró de los anales patrios), quienes fueran los verdaderos artífices de la independencia de la Nueva Granada, es evidente entonces el relieve que se le da a Camilo Torres Tenorio como adalid de la causa independentista y a Nariño se le relega a terceros o cuartos lugares, llamándolo simplemente el “Precursor” y no el dirigente, el nervio y el líder de dicha revolución y, a Carbonell, como ya se dijo, si acaso lo mencionan. Es por eso que sitúan -en esos libros- la gesta emancipadora, como ocurrida el 20 de julio de 1810; cuando, en realidad, ese día todo lo que se hizo fue una alharaca, que buscaba solamente el cogobierno de los notables criollos con la Junta de Regencia, sita en Cádiz, a la espera de que Napoleón Bonaparte (1769–1821) perdiera la guerra de conquista y, así, le fuera devuelto el trono a Fernando VII (1784–1833). Y fue así como la Junta de Notables, presidida por José Miguel Pey y de la cual hacía parte Camilo Torres Tenorio, no planteó en momento alguno, independencia del gobierno español. A ellos sólo les importaba salir del yugo de “esos libertinos franceses”; pero, sobre todo, salvar sus canonjías. Más aún, al Virrey Amar y Borbón se le permitió seguir manteniendo su estatus para que, así, pudiera cogobernar con la mencionada Junta de Notables. Sin embargo, días más tarde  el pueblo se soliviantó y exigió la prisión para el virrey y la virreina.

Valledupar, 1º de septiembre del año 2009

Las lecciones de la Historia (XXI)

El mito de Camilo Torres Tenorio (2ª Parte)

Para lograr el sostenimiento del statu quo, fue que la Fronda, con Camilo Torres Tenorio a la cabeza, montó el sainete del Florero y el pobre de Llorente, pagó los platos rotos. Es por eso que el famoso “Memorial de Agravios”, redactado íntegramente por Torres Tenorio, no es más que una carta de sumisión a la Corona española, en cabeza de Fernando VII y en donde se resalta, el disgusto de los patricios criollos ante las evidentes diferenciaciones que la Corona hacía entre ellos -los criollos- y los aristócratas peninsulares residentes en el Nuevo Reino de Granada; diferenciaciones éstas, que ofendían a los oligarcas criollos que se consideraban tan “descendientes de Don Pelayo” (primer rey de Asturias -siglo VIII), como lo eran los “blancos de Castilla”. O sea, que todo el disgusto y la inconformidad de los patricios criollos, manifestados en el “Memorial de Agravios “, se limitaban a cuestiones de “nobleza” y “de color de sangre” y, por supuesto, de riquezas. Con razón, Simón de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios (1783–1830), el otro grande junto con Antonio Nariño Álvarez en esto de la gesta independentista, dijo a propósito de estos “patricios”: «Piensan esos caballeros que Colombia está cubierta solamente de lanudos arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona. No han echado sus miras sobre los caribes del Orinoco, sobre los bogas del Magdalena, sobre los bravos del Patía, sobre los indómitos de Pasto, sobre los goajibos del Casanare y sobre todas las hordas de África y América que, como gamos, recorren las soledades de Colombia, en pos de la libertad.» (Alberto Miramón: “Bolívar, Prometeo criollo”)

Tan se consideraban de “sangre azul” los notables neogranadinos que, una vez se fortaleció la pantomima de la Junta de Notables nacida a partir del sainete del “Florero”, crearon una especie de “Corte  Colonial” presidida por Jorge Tadeo Lozano, segundo hijo del Marqués de San Jorge, aquel que colaboró en el fracaso de la Revolución de los Comuneros. A Jorge Tadeo Lozano, el pueblo, de manera socarrona y sarcástica, lo llamaba “Jorge I”. Mientras la Fronda neogranadina jugaba a la aristocracia y a la nobleza, Antonio Nariño (hombre nacido en “cuna de oro”), purgaba prisión en Cartagena, justamente por ser paradigma del anticolonialismo y defensor del equilibrio social.

Cuando, a mediados de 1811, Nariño ya libre llegó a Santafé, encontró que los únicos que en realidad querían la total emancipación de Nueva Granada, eran José María Carbonell y sus seguidores: unos cuantos criollos y todo el pueblo (mestizos, indios, mulatos, zambos, negros, españoles pobres, etc.); es decir, los de abajo; pues lo de arriba estaban felices, jugando a la corte, sintiéndose tan “nobles” como el mismo Fernando VII.

Por eso, de inmediato, Nariño se unió al partido de Carbonell y juntos incitaron a la revuelta, la cual desembocó en un levantamiento popular que exigía la renuncia de Jorge Tadeo Lozano y de todos los demás miembros de la Junta de Notables; incluido, por supuesto, Camilo Torres Tenorio. Viéndose cercados, los oligarcas criollos cedieron a la presión del partido de Nariño y Carbonell y, así, el 19 de septiembre de ese mismo año, fue depuesta la Corte criolla y elegido Antonio Nariño como Presidente del Estado de Cundinamarca, a pesar (o tal vez en razón de ello) del insano ensañamiento que había desarrollado, Camilo Torres Tenorio en contra del Precursor, durante los pocos meses que llevaba este último en Santafé.

Ya Nariño en el poder, lo primero que hizo fue redactar un acta (la verdadera acta de nuestra Independencia), en donde se desconocía el poder de Fernando VII y su Junta de Regencia. Se declaraba, por tanto, a la Nueva Granada libre de toda sujeción a la Corona española y, así mismo, se hacía tabla rasa, en cuanto a derechos se refiere, entre todos los habitantes del antiguo virreinato. Ante esta perspectiva de igualdad de derechos, los patricios de Santafé, de Tunja, del Socorro y de Pamplona se unieron, para hacer causa común con sus similares de Cartagena, con el fin de oponerse a Nariño y su política de igualdad social y buscar como deponerlo. El primer acto de los patricios criollos unidos, consistió en incautar en Cartagena, un cargamento de armas que Inglaterra enviara, en previsión de una reconquista española. Todo esto, sin dejar de calumniar, a troche y moche, a Nariño y a Carbonell. Exacerbada su codicia de poder, la oligarquía neogranadina continuó atacando a Nariño, quien se defendía, no sólo con actos concretos de gobierno, sino que además, en su hoja periódica “La Bagatela”, hacía admoniciones al pueblo, para que no se dejara engañar por sus eternos opresores y, sobre todo, no dejara morir sus ansias de libertad.

Valledupar, 8 de septiembre del año 2009

Las lecciones de la Historia (XXII)

El mito de Camilo Torres Tenorio (3ª Parte)

Mientras tanto, en Cartagena, los hermanos Gutiérrez, oriundos de Mompox y otros criollos liberales, se hacían partícipes de las ideas de Nariño y, así, junto con el pueblo cartagenero (los de siempre: mulatos, indios, negros libertos, mestizos, zambos, españoles pobres y algunos criollos) decidieron, el 11 de noviembre de 1811, la independencia de su región. A este gesto de libertad, se unieron más adelante los patriotas de Mompox, los de Sogamoso, los del Valle del Cauca y los de otras regiones de la Nueva Granada, cuyos gritos de independencia habían tratado de ahogar, meses antes, los patricios de Santafé, de Tunja, de Pamplona, de Popayán y, también, los de Cartagena. Sin embargo, el fervor que Nariño había encendido en el alma de estos pueblos, era más grande que el temor originado por las armas empuñadas por los capataces al servicio de esos criollos feudales. De ahí que su deseo de libertad trascendiera la vida misma; si acaso se le podía llamar vida, a esa parodia de existencia que llevaban bajo el sojuzgamiento que les imponían sus amos: antes los peninsulares, ahora los criollos con sus pretensiones de “independencia”. Por eso, como un solo hombre se levantaron y se tomaron los cabildos de sus respectivas ciudades y clamaron por una verdadera y real libertad, la que sellaron con sendas actas de total emancipación. Así, la misma Mompox, Valledupar y otras ciudades del Nuevo Reino de Granada (que desde 1810 buscaban su liberación), decidieron desligarse de la Corona española.

No obstante estos anhelos de independencia que yacían en la mente de cada uno de los seguidores de Nariño, a éste no se le hacía nada fácil lograr una libertad en democracia, pues la Fronda neogranadina, con Camilo Torres Tenorio a la cabeza, no estaba dispuesta a ceder ni un ápice en su avaricia y, por tanto, no iba  a permitir que la posesión de sus inmensas riquezas, fuera a peligrar; riquezas éstas amasadas, la mar de las veces, con la vida, la sangre y el sudor de la gleba. Por eso, al ver que la conservación de sus canonjías, pasaba por el poder absoluto y, en vista de que Nariño propugnaba por una nación unitaria, que la hiciera fuerte y libre, en donde hubiera igualdad social, la oligarquía criolla encontró, en la fragmentación del país, el camino expedito que le permitiera conservar el estado feudal que tantos dividendos le diera en el pasado.

Por eso, el patriciado criollo estrechó sus filas en Santafé y se enfrentó al Presidente Nariño, con la beligerancia y completa falta de escrúpulos que era de esperarse en este decisivo conflicto, «…en el cual debía decidirse, si el Estado neogranadino sería el personero del pueblo o, apenas, el instrumento maleable y flojo, que serviría de escabel a una oligarquía, que deseaba cabalgar tranquilamente sobre la cerviz de la gleba desamparada.» (Indalecio Liévano Aguirre: “Los conflictos sociales y económicos de nuestra Historia”)

Comenzaron entonces las conspiraciones en Santafé y se establecieron los principales cuarteles de la Fronda en las residencias de la aristocracia criolla. El espíritu de casta mostró sus características más beligerantes y, de manera insensible, se llegaron a confundir los valores universales de la cultura con la hegemonía del estamento criollo. En el ambiente convulsionado de la capital se sentía circular, como algo tangible, la convicción de que, las minorías de notables, constituían el afortunado y escaso grupo que sobresalía, a la manera de un islote solitario, sobre un mar de barbarie y primitivismo, que ellos atribuían gratuitamente al pueblo, al que despectivamente llamaban la gleba. «De ahí que tales minorías [las de la Fronda], se resistieran a permitir la subida del nivel de las aguas, temerosas de que se ahogaran las flores del invernadero, las especies exóticas y las doctrinas foráneas que habían cultivado e importado, no para representar los valores auténticos de la nacionalidad (valores que despreciaban y de los cuales se sentían desligadas) sino para apuntalar sus privilegios de clase, al pretender establecer una tajante solución de continuidad entre ellos y el pueblo, al que se empeñaban en otorgar el dudoso y no solicitado honor de gobernar. Y pensar que el nervio y adalid de estas ideas era [el hoy “prócer”], Camilo Torres Tenorio.» (Indalecio Liévano Aguirre: (Ob. Cit.)

Valledupar, 15 de septiembre del año 2009

Las lecciones de la Historia (XXIII)

El mito de Camilo Torres Tenorio (4ª Parte)

Mientras que en las fiestas y en las tertulias chocolateras de Santafé, se preparaban las conjuras, se distribuían hojas sueltas contra Nariño, se hablaba de repetir la “hazaña del florero de Llorente” y se halagaba la vanidad de los políticos que se habían puesto al servicio de la Fronda, al calificarlos de “salvadores de la patria”, de “heroicos luchadores contra la tiranía”, entre tanto, repito, desde los púlpitos de las iglesias de la capital se lanzaban dardos contra Nariño y se le enviaban todas las maldiciones bíblicas y, el cura Rosillo (el mismo que le ofreciera la corona al Virrey Amar y Borbón), se dedicaba a preparar un golpe de estado contra Nariño.

La contribución prestada a la insolente Fronda por el alto clero neogranadino, en cuyas filas se destacaban los miembros de las mismas familias de notables que constituían la oligarquía criolla, contrasta con la actitud de los humildes párrocos y los sacerdotes desprovistos de vanidad y de espíritu mundano, cuando sus voces fueron acalladas durante el proceso del 20 de julio de 1810. Por eso, cuando el futuro Arzobispo, el canónigo Caycedo y Flórez, junto con el canónigo Pablo Plata (de los Plata del Socorro; sí, los mismos cuyos capataces capturaron a José Antonio Galán, cuando la oligarquía traicionó la Revolución de los Comuneros) y el deán Pey (hermano de José Miguel Pey), se pusieron del lado de la Fronda, renunciaron estos clérigos a la ilustre tradición social del padre Las Casas, la de los grandes teólogos dominicos, la de los misioneros jesuitas y la del apóstol Pedro Claver. Así, sumaron sus esfuerzos a los de la oligarquía criolla que quería evitar, a como diera lugar, que Nariño enclavara en el corazón de nuestras instituciones, las defensas requeridas para develar las adversas condiciones de vida del pueblo y, entonces, destruyera las posibilidades de que la sociedad neogranadina adquiriera, la fisonomía de coto de caza reservado para un grupo de privilegiados, con pretensiones de hidalgos, pero con espíritu mercantil. Fue el  canónigo Caycedo y Flórez, quien en sus panfletos (como lo relata el historiador Alberto Miramón en su obra “Antonio Nariño, una conciencia criolla contra la tiranía”), atacara de esta manera al Precursor: «…”debemos hacer la defensa de la casta de los patricios, pues hasta en el cielo hay jerarquías; además, en la mano, no todos los dedos son iguales y, por si fuera poco, debe haber sangre azul, aunque le pese al autor de la Bagatela.” A esto, Nariño respondió: “Así será y cuando a él lo sangren, veremos de qué color la tiene. Sin embargo, estas aserciones, hoy son peligrosas.”» Por su lado, Camilo Torres Tenorio, apoyaba al Canónigo Caycedo y Flórez con expresiones de este jaez: «Que siga el pícaro, el impolítico, el bribón, el odioso, el execrable autor de La Bagatela, a quien el odio y el aborrecimiento que se le tienen se va generalizando, que cuando esta mina llegue a reventar, adiós Bagatela y adiós bagatelista.» (Alberto Miramón: Ob. Cit.)

Para lograr la derrota del partido de Nariño y Carbonell y posibilitar, así, la federación que facilitara el feudalismo, que coadyuvara en la sujeción de los pobres a los dictados de los ricos, que favoreciera el monopolio en la dirección del Estado y, en fin, la permanencia del statu quo que, en la Colonia diera tantos réditos, Camilo Torres Tenorio (eminencia gris de esa oligarquía avara y codiciosa y, por consiguiente, desalmada), decidió la guerra contra Nariño y su gobierno democrático. Ibagué, a donde había huido la Fronda santafereña para no quedar sujeta al mando de Nariño, unió sus armas con las Frondas de Tunja, Sogamoso, Pamplona y Popayán y, aliados, llevaron el país a la guerra. Fue la triste época de la Patria Boba, en razón de la actitud bobalicona adoptada por los patricios criollos descendientes, según ellos mismos, de Don Pelayo; patricios que añoraban la vida muelle y holgazana que su posición económica les permitía llevar, y que deseaban perpetuar, mientras los pobres se morían de hambre y ellos, los nobles criollos, le rendían vasallaje a Fernando VII y a la Junta de Regencia. Se llamó la Patria Boba, porque la oligarquía neogranadina aunó todos sus esfuerzos para derrotar, primero a Nariño y después, también hacer fracasar a Bolívar al llegar éste a Nueva Granada en busca de ayuda para liberar a Venezuela asolada por José Tomás Boves (1783–1814). Como ya se ha dicho, el anhelo de la Fronda neogranadina se circunscribía a impedir que, Nariño y luego Bolívar, dieran garantías de derechos  ciudadanos al pueblo raso, a “la gleba”, a “la plebe”,  a “esa canalla despreciable”, sin importarles que, para lograrlo, tuvieran que aliarse -ellos, los de la Fronda- con militares realistas, haciendo así más expedito el camino al Pacificador Pablo Morillo (1778–1837).

Valledupar, 22 de septiembre del año 2009

Las lecciones de la Historia (XXIV)

El mito de Camilo Torres Tenorio (5ª Parte)

Pero nos estamos adelantando, estábamos hablando de la guerra contra Nariño y la democracia que él representaba. Pues bien, esta guerra, muy acorde con el talante de los patricios de la Patria Boba, propició la desunión en la recién liberada Nueva Granada y desangró, además, las no muy fuertes finanzas públicas y, lo que es peor, abonó el terreno, como ya se dijo, para la Reconquista española; en la cual  el Pacificador hizo y deshizo; para, al final, llevar al cadalso a tirios y troyanos. Todos, patricios feudales o demócratas y muchos de la gleba fueron fusilados (a excepción de Carbonell, que fue ahorcado, al comprobársele que era junto con Nariño -ya preso- el más antimonárquico de los rebeldes); todo esto, a medida que Morillo iba tomando las ciudades; las cuales, excepto Cartagena, cayeron con facilidad, pues la Fronda neogranadina, sobre todo la santafereña, le rindió pleitesía a Morillo, desde el primer día de su llegada. Pero como todo en la vida se paga, todos esos filipichines pagaron con su vida su actitud egoísta y su anterior soberbia, pues Morillo no les perdonó la vida y los mandó ejecutar; no obstante ellos mismos o sus propias esposas e hijas se arrastraran a los pies del Pacificador, pidiendo clemencia; pues ni siquiera los salvó el hecho de que estos cobardes patricios, al verse ya perdidos y condenados, juraran fidelidad a la Corona española, ni más ni menos como lo hicieran el día del sainete del “Florero” y también cuando dieran al traste con la Revolución de los Comuneros.

La inclemencia de Morillo consiguió que estos patricios, miembros de la Fronda neogranadina, gracias al martirio salvaran su imagen para la Historia al caer víctimas de la Reconquista. De lo contrario, sus nombres estarían sepultados en el olvido, por su actitud trapisondista contra Nariño y contra Bolívar. Pero como quiera que la Historia fue escrita por los descendientes de estos oligarcas, enemigos de Nariño y de Bolívar, sus nombres quedaron consagrados como de héroes y de próceres, a pesar de que su único objetivo fue el de querer salvar sus prebendas, aún a costa de nuestra independencia y de la dignidad neogranadina. Así, Joaquín Ricaurte, Antonio Baraya, los hermanos Castillo Rada, Camilo Torres Tenorio, Francisco José de Caldas, Carlos Montúfar, Manuel Rodríguez Toríces, Jorge Tadeo Lozano, Liborio Mejía y muchos más, pagaron con su vida, su estolidez y su ambición,  demostradas antes y durante los aciagos años de la Patria Boba.

Pues, volviendo a esta triste época de la Patria Boba, vemos como Antonio Nariño después de que triunfara en Calibío y tomara Popayán, al saber de la presencia de Morillo en Venezuela, decidió avanzar hacia Pasto para enfrentarse al comandante Aymerich y, así, despejar el sur del país. Para eso, accedió a un federalismo inicial, planteó un armisticio con la Fronda y convino la asistencia necesaria de tropas y pertrechos, con el jefe del ejército del Estado de Antioquia, un ambicioso coronel de apellido Gutiérrez. Sin embargo, pudo más el odio hacia Nariño que el anhelo de libertad y, así, Gutiérrez no se presentó y Nariño fue derrotado por Aymerich. Cuando el ejército patriota se desbandó, Nariño se presentó, solo e inerme, en Pasto y se entregó al pueblo, cuya mayoría era del partido realista y, ante el mismo Aymerich, exclamó: “¡Pastusos! Si queréis al General Nariño, aquí lo tenéis.”

Cargado de cadenas por orden de Toribio Montes, presidente de Quito y, a pesar de las protestas de Aymerich (dada la condición humana y el talante noble del prisionero), Nariño fue conducido a Guayaquil y de allí al Callao, de donde partió para Cádiz, a través del Cabo de Hornos. Ahí, en Cádiz, purgó nuevamente condena por sus ansias de independencia. «Años después, con sobrada razón Nariño escribiría: “Más pareció nuestra revolución un pleito de tierras, que una transformación política en búsqueda de la libertad.”» (Indalecio Liévano Aguirre: “Los conflictos sociales y económicos de nuestra Historia”.)

Valledupar, 29 de septiembre del año 2009

Las lecciones de la Historia (XXV)

El mito de Camilo Torres Tenorio (Conclusión)

Por todo lo visto en las cinco lecciones anteriores en las que, con argumentos producto de la investigación, se demuestra como la gesta independentista sólo se puede atribuir al nervio y al talante social de Nariño y de Bolívar y de todos aquellos que compartieron sus ideales, pues los demás (cuyos nombres se fueron deslizando a través de estas lecciones), con su aporte egoísta le hicieron daño al nacimiento de nuestra nacionalidad y, por tanto, es necesario revisar nuestra historia, para así desmitificar algunos nombres que  de no haber sido por los esfuerzos desinteresados de personas como Nariño y Bolívar, quienes sacrificaron sus riquezas, su tranquilidad y hasta su propia vida (ya que ambos, murieron solos, tristes, desengañados, abatidos y enfermos, luego de haber dado todo de sí mismos en pro de la libertad), se habrían frustrado los anhelos de independencia de Nueva Granada, que se lograron gracias a estos dos verdaderos patriotas que, en distintos momentos pero en el mismo espacio, consideraron que «…la causa de la emancipación tenía que alejarse de lo que la identificara con los intereses y privilegios de la oligarquía criolla y, en cambio, debía adoptar consignas sociales que les permitiera recoger las aspiraciones de los desheredados…» (“Cuadernos de Historia”, Biblioteca Nacional de Colombia)

Porque, de no haber luchado Nariño contra la contumaz codicia de los patricios criollos, con el fin de sembrar en la conciencia de muchos patriotas el concepto de libertad en democracia y de no haber venido después Bolívar, luego de que Piar y Mariño lo traicionaran cuando iba a tomarse el puerto de Carúpano (al igual que el tal coronel Gutiérrez traicionara a Nariño cuando quiso tomar Pasto), a derrotar las fuerzas de Morillo que, en Boyacá comandaba Barreiro (lo que hizo huir a Sámano y dejar sola Santafé), la hoy llamada Colombia, estaría todavía llena de esclavos, de Encomiendas y de Alcabalas, gracias a Camilo Torres Tenorio y a su camarilla de la Fronda neogranadina.

  1. S. Luego de revisar las últimas noticias sobre el manto de impunidad que el Procurador General quiere tender sobre los diversos delitos que se cometen desde el alto gobierno (ministros, embajadores, asesores, directores de entidades descentralizadas, etc., etc.), con el respaldo de Uribe (Ver El Tiempo del sábado 26 de septiembre de 2009, Sección Nación, página 1–3, Columna Ecos Políticos) y la complicidad de otros altos funcionarios, que con su silencio pagan favores hechos a familiares que han sido incluidos en las nóminas oficiales, entiende uno como la Fronda sigue viva y sigue imperando en la dirección del Estado.

Es la misma Fronda que traicionó la Revolución de los Comuneros y le entregó, al Establecimiento de la época, la cabeza Galán para adherir a la Corona española y, así, evitar que sus privilegios fueran a menguarse. Es la misma Fronda que se le enfrentó a Nariño y quiso dividir el país, para que el sistema feudal no pereciera y, por eso, lo traicionó después de Calibío. Es la misma Fronda que le dio la espalda a Bolívar y terminó desterrándolo, para que sus prebendas no fueran a disminuirse. Es la misma Fronda que se adhiere al gobierno actual que permite que ocurran casos aberrantes como los de “Agro, Ingreso Seguro” y casos bochornosos como los que suceden y siguen sucediendo en el DAS. Sucesos vergonzantes como los de la Zona Franca de Mosquera (Cundinamarca) y tantas y tantas ignominias más que, de enumerarlas, y ni qué decir de analizarlas, requeriría de tratados enteros, tal vez de varios tomos cada uno.

Y lo más triste y desolador es que esa Fronda, esa maldita Fronda que tiene sumido al país en la pobreza y en la desesperación, quiere perpetuarse y muchos, por estulticia, otros por fanatismo y algunos por ingenuidad, van a permitir que eso ocurra.

Dejemos sola a la Fronda, a ver si es mayoría; dejémosla sola para ver si es capaz de derrotar a la mayoría de los colombianos que aún amamos a nuestro país y que, solamente con el voto, podemos cambiar la situación, demostrando así, que no se necesitan ni fusiles, ni moto sierras, ni torturas, ni desapariciones forzosas, ni falsos positivos, ni chuzadas, ni ejecuciones fuera de combate, ni encuestas amañadas, ni tanta bazofia, para que por fin reine la paz en Colombia.

Como el Ave Fénix, Colombia, esa Colombia que visionaron Nariño y Bolívar, puede renacer. ¡Muera la corrupción administrativa y derrotemos en las urnas a sus auspiciadores todos!

Valledupar, 6 de octubre del año 2009

La Fronda vive y gobierna (1ª parte)

En el reciente pasado, Colombia hizo una elección y, hoy, estamos pagando el error de esa elección. Por eso debemos reivindicar los nombres de Nariño y de Bolívar para que, en la oscuridad de los hechos cotidianos, su deseo de libertad en democracia, se eleve como un faro; porque hacemos tributo a su memoria, pero seguimos olvidando su sabiduría. Seguimos aferrados al concepto del tiempo y, por eso, miramos el pasado con aflicción, pensando que no se puede cambiar el futuro. Pero no es así. Si queremos, podremos buscar el camino y encontrar el cambio. Porque, por ese cambio fue el que predicaron  y por el que lucharon y dieron sus vidas estos adalides de la independencia: el cambio que nos lleve a la libertad en democracia. Quienes no conocen otras fuentes de verdad más puras, se asemejan a aquellos que no remontan el cauce del agua y se limitan a contemplarla y, si acaso, a disfrutar de sus beneficios. Pero quienes van más allá y buscan lo que puede haber un palmo más allá de sus narices, buscan el origen del agua que gotea sobre el lago y caminan en pos del manantial. La diferencia entre un poder absoluto y una verdadera democracia, estriba en el respeto a los ciudadanos, a los electores. Por eso, Confucio decía que “…el individuo es la base del imperio…” Y Henry Thoreau (pensador, escritor y ensayista norteamericano) avanzó más aún, cuando dijo: “Jamás habrá un Estado realmente libre, mientras no se haya reconocido que el poder y la autoridad derivan del respeto al ciudadano.”

Pero cuando el Estado es corrupto, pierde autoridad, pierde respeto. Y corrupción es lo que hay en el gobierno actual. No basta el argumento de legalidad del ex ministro Arias para tratar de minimizar los reproches a su gestión. En una democracia, cuando pervive en un Estado de Derecho, no basta con que las decisiones se tomen bajo el cauce de la legitimidad, hay que tener en cuenta el escrutinio ciudadano y la responsabilidad política; de ahí que, no solamente debe ser legítimas, también deben estar ajustadas a la moral y a la ética o, por lo menos, regirse por aquello que, antes, llamaban la elegancia; es decir las buenas maneras, las buenas costumbres; aquello que le hiciera exclamar al emperador Claudio: “La mujer del cesar, no sólo debe ser honrada, debe demostrarlo.”

La forma como se distribuyeron los subsidios del programa “Agro Ingreso Seguro”, podrá ser muy legal, pero es totalmente inmoral. La corrupción no se limita a conductas delictivas. Así se ampare en la ley, el favoritismo y el ejercicio del poder al servicio de intereses particulares, en contra del bien general, es también corrupción. Exactamente lo que ocurre al regalar los impuestos de los colombianos a una minoría rica en lo económico y, por tanto, privilegiada en lo social y poderosa en lo político. La razón de ese vulgar despojo con destino a terratenientes, reinas de belleza, cantantes, familias adineradas e hijos de políticos corruptos, obedece a un talante ideológico y a un afán electorero del ex Ministro Arias. En el fondo está la perversa idea, propia de la Fronda, de que subsidiar a los pobres es botar el dinero. Únicamente los ricos pueden generar riqueza, contribuir al crecimiento económico y crear fuentes de empleo. Por eso, desde esa perspectiva, se considera normal destinar millones de pesos a quienes tienen tierra y cuantiosos recursos, en vez de apoyar a los pequeños campesinos. Gracias a dicho talante la propuesta de campaña de Uribe de convertir a Colombia en un “país de propietarios” se está cumpliendo, pero no a través de la promoción del acceso a la propiedad para quienes no la tienen o para aquellos a los que les fue arrebatada por esta violencia tripartita, sino volcando el aparato estatal al servicio de los grandes potentados. ¡Algo totalmente absurdo! Esa misma idea explica porqué, durante el ministerio de “Uribito”, no se hizo ningún intento de reforma agraria, a pesar de contar con millones de hectáreas que deben expropiarse a las organizaciones criminales. Seguramente,  Arias se preguntará: ¿Para qué entregar tierras a ineptos e incapaces de hacerlas producir? Y él mismo se responderá, diciendo que es más eficiente y eficaz apoyar a los terratenientes y a los adinerados propietarios que sí tienen como generar riquezas y no a las grandes masas de desarrapados y desplazados que cunden como plaga por las montañas y sabanas de Colombia.

Valledupar, 13 de octubre del año 2009

La Fronda vive y gobierna (2ª parte)

La semana pasada iniciamos el análisis de la política agraria del gobierno: allí vimos como el flamante “Uribito”, luego de la trapisonda de “Carimagua”, dejó todo listo para que su sucesor hiciera efectivos los desembolsos del Programa “Agro Ingreso Seguro”, con el fin de favorecer  a quienes ayudaron a financiar las campañas electorales de su amo.

Es decir, no sólo es un concepto elitista, excluyente, que fragmenta más la sociedad; una manera institucionalizada de reproducir relaciones de sometimiento en el campo; una forma de alzarse con el control político y un modo de acentuar la explotación; una infame política que anula la posibilidad de explorar caminos para democratizar la propiedad y de establecer formas democráticas para el uso de la tierra, así suene algo socialista; en fin,  métodos que desalientan el acceso a la misma por parte de los campesinos pobres.

De igual manera, son procedimientos que impiden adelantar iniciativas orientadas a enfrentar y desterrar, en las zonas rurales,  las condiciones de marginamiento y pobreza extrema que aprovechan las organizaciones de narcotraficantes, los grupos armados ilegales y hasta los miembros corruptos del Estado.

Resulta una estupidez monumental regalar a familias ricas miles de millones de pesos,  en vez de invertir los recursos necesarios para construir legitimidad estatal en el sur del Tolima y en otros enclaves históricos de la guerrilla. Pero para eso no hay plata, ni voluntad política y no puede haberlas, pues según la absurda ideología de este gobierno, esa inversión sería “un gasto irracional”.

La segunda razón es mucho más elaborada. Se trata de pagar apoyos a la elección o a las reelecciones de Uribe. Así las encuestas amañadas pretendan  demostrar que no se necesitan tales maniobras para mantener el apoyo popular, todo el mundo sabe que Uribe y sus áulicos no están dispuestos a permitir que el manejo del presupuesto se les escape de las manos. Por eso la desbocada y loca carrera de Andrés Felipe Arias que, al mejor estilo samperista en el proceso 8000, decide ganar adeptos feriando los impuestos y regalando el dinero ajeno.

Claro que como el escándalo les estalló en la cara y hasta muchos de los más recalcitrantes uribistas coincidieron en que no sólo era una falta de gallardía, sino que también era un asalto rampante a la buena fe de los colombianos, una forma burda de abuso de poder, entonces el propio Uribe dice que ese reparto de millonarios regalos a financiadores de sus campañas de elección y reelección e, incluso, a empresas a las que están vinculados funcionarios de su administración, “…fue un engaño que padecieron él y sus ministros de Agricultura y nunca el resultado de una política deliberada…”

O sea que, además, cree que el pueblo colombiano es imbécil, que no se da cuenta de que todo se hizo para favorecer a sus poderosos amigos y benefactores de épocas electorales.

No solamente asaltan el presupuesto y disponen de él a su antojo, sino que también se burlan de la gente.

¿Todavía habrá quienes quieran la reelección de Uribe? Porque de ser así, no ven un palmo más allá de sus narices, o están ciegos o sordos, o perdieron su capacidad de raciocinio o, sencillamente, les importa un soberano rábano la suerte de Colombia.

Como dijera Jesucristo: “Después vendrá el crujir y el rechinar de dientes.” Lo triste, lo lamentable será que, para entonces, ya no podrá haber marcha atrás, porque será demasiado tarde.

Nueva York, 20 de octubre del año 2009

El asunto de la terna

La carta de Juan Ángel Palacio, en la cual renuncia a su posibilidad de aspirar al cargo de Fiscal General de la Nación, no soluciona en nada el problema planteado por la Corte Suprema de Justicia al declarar “no viable” la terna presentada por Uribe y compuesta por el ya mencionado Palacio, además de Camilo Ospina y Virginia Uribe.

Y no soluciona el problema, porque la devolución de la terna significa que, ninguno de los tres nombres presentados por Uribe, llenan los requisitos de idoneidad e independencia que necesita un cargo de tanta trascendencia en la situación política y judicial del momento por el que atraviesa Colombia. De ahí la declaración de no viabilidad de la CSJ.

Por tanto, la inclusión de Marco Antonio Velilla, como nuevo candidato para completar la terna a Fiscal General de la Nación, no es más que un sofisma de distracción de Uribe, con el cual no hace otra cosa que darle vida al carácter interino que, de Fiscal encargado, realiza Mendoza Diago a quien, dicho sea de paso, hace unas semanas le nombró Uribe a un hermano como gobernador de Bolívar.

De otro lado, cuando Uribe, al recibir y aceptar la renuncia de Palacio, dice: «El doctor Juan Ángel de manera muy noble renuncia esta tarde a la terna y el gobierno tendrá que proceder a llenar ese cupo, a llenar ese vacío, a reintegrar la terna.», no hace más que mentirle al país, así sea en forma leve. Pues es bien sabido que en esa renuncia no hubo ningún gesto de nobleza, ya que esa actitud fue producto de la decisión de la CSJ y de la presión que los medios ejercieron, al mostrar las fallas de orden ético del mencionado doctor Palacio.

No obstante, cuando más adelante, al referirse a la reunión que sostuvo con Augusto Ibáñez y Jaime Arrubla, Presidente y Vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, respectivamente, Uribe afirma, “Diría que [fue] un diálogo muy constructivo; como tiene que ser en una democracia cuyo Estado lo conforman instituciones independientes que deben mantener esa comunicación en procura de los fines superiores de la Nación”, miente descaradamente; pues toda Colombia sabe que si algo desea Uribe, es precisamente acabar con esa independencia institucional de las ramas del poder público. De ahí ese deseo irrefrenable de enviar ternas con nombres de personas totalmente sumisas a sus irresistibles ansias de poder, como lo demuestran, con sometimiento absoluto, el nuevo Procurador y la mayoría de los miembros del Consejo Superior de la Judicatura y de la Corte Constitucional.

Y si no, que lo digan los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes que se encuentran sometidos a su férula, así disfruten de gabelas y prebendas con las que el príncipe paga los favores recibidos. Para muestra sobran botones. Bastaría con recordar los nombres de Teodolindo y de Yidis y, ni que decir, de las tantas y tantas notarías entregadas como dádivas, en pago de las muestras de docilidad y fidelidad. Amén de los beneficiarios del programa “Agro Ingreso Seguro”, en donde se rompieron todos los estándares de premiación. Allí, incluso, se rebasó la promesa evangélica: “En verdad os digo, que se os pagará el ciento por uno”

  1. S. Amable lector, lee esta perla: “Es mi deseo que el acuerdo, que el Gabinete acaba de aprobar con pleno respeto a la Constitución, para que pasen a mí y por tanto a la Cancillería del Reich, las atribuciones del anterior Reichpräesident, sea sancionado expresamente por el pueblo alemán. Es mi más firme deseo, también, que todos y cada uno de los poderes del Estado, cuenten con el apoyo del pueblo y que todas las disposiciones sean sancionadas, mediante votación libre y secreta de los ciudadanos. Por ello le pido, Sr. Ministro del Interior, que adopte las medidas necesarias para que el acuerdo del Gabinete, junto con sus disposiciones complementarias, sea sometido a referendo por el pueblo alemán, a la mayor brevedad posible. Firmado por el Canciller del Reich, Adolf Hitler, el día 2 de agosto de 1934.

Nueva York, 27 de octubre del año 2009

Agro Ingreso, política para pobres

En el año 2007, una helada azotó los cultivos de la región andina. El gobierno, con la «previsión y la sensibilidad social» de los últimos siete años, a través del Ministerio de Agricultura prometió ayudas a pequeños agricultores de la región. Como si se tratara de la más burda mofa o un chiste de mal gusto, hubo a quienes les dieron $600 de ayuda y a otros, con más suerte, hasta $30.000. Esto ocurría por la misma época en la que el gobierno, con su proclividad para ayudar a los más ricos, nuevamente a través del Ministerio de Agricultura, diseñara la política de los subsidios que fueron a parar a los bolsillos de familias ricas del país (benefactoras del referendo), que hoy tienen enfrascada a esa cartera, y al gobierno mismo, en un escándalo.

El 24 de febrero de 2007, desde Ubaté (Cundinamarca), en uno de sus usuales consejos comunales, Álvaro Uribe había anunciado, con su usual tono paternal: “Vamos a mirar el tema de las respuestas del Ministerio de Agricultura a los estragos que este verano, agravado por las sequías y por las heladas, le ha causado al sector agrícola.” Dicho y hecho, el gobierno se comprometió a ayudar a los campesinos afectados por las heladas que, en palabras de Feliciano Zapata, uno de los cultivadores damnificados, “Serían fuera de serie”. Las alcaldías de varios municipios de los departamentos de Boyacá, Cundinamarca y Nariño anunciaron con bombos y platillos las ayudas del gobierno. Zapata se desplazó a la oficina de la Alcaldía del municipio de Nariño (Boyacá) y dio sus datos para que las autoridades lo incluyeran en el registro correspondiente; así como lo hicieron algo más de 2.000 personas de ese mismo departamento. Zapata se había endeudado en 200 millones de pesos con varias entidades financieras, para cultivar arveja, fríjol, maíz y papa, en cerca de 70 fanegadas, 50 de su propiedad; pero lo perdió todo por culpa del mal tiempo. De sus cultivos vivían 10 familias campesinas cuyos integrantes trabajaban en jornales. Zapata además tenía a su cargo, esposa, dos hijas y dos obreros que vivían en la finca. El cultivador contrató a unos camarógrafos para que grabaran imágenes de sus cultivos marchitos; imágenes que entregó en la Alcaldía de su municipio, junto con otros documentos, para demostrar el tamaño de sus pérdidas. Transcurridos casi cuatro meses, las alcaldías publicaron las listas de los beneficiarios que recibirían la ayuda del gobierno por la pérdida de sus cosechas. Seguro de que había salido favorecido con la ayuda del gobierno, bajó al pueblo. Al mirar en la lista de beneficiados, en la casilla en donde estaba escrito su nombre, aparecía la suma de 110 mil pesos. Zapata recuerda con indignación que le costó más el trabajo de los videos. «A muchas personas les tocó sobrevivir con lo poquito que habían ahorrado”, agregó. A su esposa, quien se había inscrito, pues también era propietaria de dos fanegadas, la ayuda le llegó por 3 mil pesos. “Ella prefirió no pelear más por ayuda, porque no daba ni para el pasaje”, contó Zapata.

Pero al mirar la lista de los beneficiarios y comparar lo que le dieron a Zapata con lo que les tocó a otros, un observador podría decir que éste salió bien librado. Entre los afectados del departamento de Boyacá, que fueron 2.261 personas, se encuentran casos como el de Ana Julia Barinas de Pérez y Carlos Alberto Chaparro Ariza (ambos del municipio de Aquitania) que fueron beneficiados con la infame suma de $664 (Si, amable lector, son infelices y devaluados seiscientos sesenta y cuatro pesos). Aunque parezca la más burda mofa o un chiste de mal gusto, la ayuda, cuya entrega fue transmitida por el Canal Institucional un sábado de febrero, fue para ellos de una moneda de 500 y otra de 200 y debían devolver los $36 sobrantes. Por supuesto, ante tamaña burla, prefirieron no recibir nada.

“Ser campesino pobre en Colombia es una calamidad” fueron las palabras con las que la senadora Alexandra Moreno Piraquive describió la situación de los campesinos en Colombia. «¡Cómo es posible que mientras el presupuesto del Ministerio de Agricultura pasó de 245 mil millones en 2002, a 1,4 billones en 2007, es decir creció casi 6 veces, el campo colombiano siga de mal en peor!”, agregó la senadora, quien ha seguido de cerca las políticas agrarias del gobierno. El martes pasado, puso nuevamente el dedo en la llaga, al denunciar que mientras se estaban asignando subsidios multimillonarios a unas pocas familias, ricas todas ellas, los campesinos más pobres estaban perdiéndolo todo. Sin embargo, en días pasados, en el Senado, su presidente impidió que las barras ovacionaran al senador Robledo, cuando éste, cifras en mano, denunciaba la política plutocrática del gobierno, haciendo referencia a la burda mofa del Programa Agro Ingreso Seguro.

New York, 3 de noviembre del año 2009

El papel de los padres en la elección de la carrera de sus hijos

Ahora, cuando se acercan los grados de bachillerato y los jóvenes, anhelantes, aspiran a entrar a la universidad con el ánimo de emprender unos estudios que les permitan realizarse como seres adultos, no está por demás hacer algunas reflexiones sobre el papel que les compete a los padres en este momento crucial en la vida de sus hijos.

Como quiera que, muchos de los jóvenes que optan por seguir una carrera universitaria, deban tomar esa decisión cuando aún se está formando en su mente la concepción del criterio (capacidad plena para el discernimiento), es innegable que el consejo atinado de sus progenitores es invaluable. Porque pareciera mentira, pero es verdad: una decisión tan importante, como es la de elegir la profesión que les ha de permitir definir su destino, los jóvenes deben tomarla cuando aún no están lo suficientemente preparados para hacerlo.

Durante diferentes épocas, los grandes pensadores se han preocupado por el tema: en 1651, el matemático, físico, filósofo y ensayista francés Blas Pascal (1623–1662) dijo a propósito de la elección de la carrera profesional: “Nos preocupa lo casual de la elección de las profesiones. El azar decide, cuando lo más importante de toda la vida es la elección del oficio.»

El filósofo inglés, John Locke (1632–1704), un año después diría:”Exigimos para la juventud en formación, enseñanza práctica y útil, junto con la docta instrucción antigua.”

François–Marie Arouet (1694–1778), escritor y filósofo francés, que se diera a sí mismo el seudónimo de Voltaire, en su obra “Cándido” (1759) sostiene “…el trabajo es el único remedio que tiene el ser humano para hacer la vida tolerable y, para ello, debe prepararse de acuerdo a sus aptitudes y actitudes…”

El psicólogo y orientador Ángel Aguirre Baztán, en su obra “Psicología de la adolescencia” (1996), dice “La orientación vocacional y profesional reduce de manera sustancial el tiempo que a una persona le costaría reconocer en qué área tiene ventaja comparativa en relación con sus semejantes. El aprovechar esto le hace más eficiente, productivo y exitoso; sin mencionar –por supuesto– el tiempo y los recursos que se ahorró y que probablemente dedicó a otra útil actividad, a la cual, no hubiera tenido acceso si no hubiera tenido una orientación vocacional o profesional.”

Más recientemente (2002), Guillermina Nava Bolaños, psicóloga y pedagoga mexicana, dijo: “Los errores en la elección de carrera, traen pérdidas económicas y psicológicas.”

Pues bien, muchas veces los padres, con la mejor buena voluntad, quisieran que sus hijos siguieran la misma profesión que ellos (impulsados a su vez por sus propios progenitores) tuvieron que abrazar en su juventud. Esta situación, que afortunadamente está cayendo en desuso, trae como consecuencia que, en ocasiones, el joven termine por aceptar una carrera para la cual no está llamado de acuerdo a sus aptitudes; Es por eso que la mejor colaboración que los padres pueden prestarles a sus hijos (aparte del apoyo económico necesario), es la de dejarles elegir, ojalá con la ayuda de un orientador profesional, la carrera que desean seguir en su futuro inmediato; pues, a pesar del aserto inicial, la presión paternal puede llevar, en estos casos, a equivocaciones que más tarde traerán consecuencias, tal vez, funestas.

Por eso, el papel de los padres en esta coyuntura debe limitarse al consejo, a la orientación, mas no a la imposición.

Nueva York, 10 de noviembre del año 2009

El principio del fin del referendo

Pese al optimismo de los recalcitrantes (todos aquellos que han venido lucrándose del Estado, durante los últimos siete años) que ansiaban de manera casi delirante que el referendo fuera aprobado, para así poder seguir en la danza de los millones que ha permitido que el presupuesto sea feriado en beneficio propio, sin importarles un adarme que la nación (ese país del cual hablaba Gaitán) fuera cada día en caída vertical hasta tocar fondo, ya el Consejo Nacional Electoral (CNE) decidió declarar inválidas las firmas de quienes solicitaban la convocatoria del referendo y, yendo más allá, declaró también que elevará pliego de cargos contra los promotores de la iniciativa; lo cual podría terminar en una condena penal para éstos.

Esta trascendental decisión fue tomada por dos de los tres conjueces que habían sido designados para tal efecto (Carlos Mario Isaza y Felipe Pérez, pues Manuel Pretelt de la Vega, se abstuvo de pronunciarse); la determinación se tomó el jueves de la semana pasada, hacia las diez de la noche, luego de una sesuda y prolongada revisión a la ponencia hecha por el magistrado José Joaquín Vives, en la cual se demostraba que, en efecto, sí se habían violado los topes permitidos por la Ley para la financiación de la recolección de firmas. En un principio, cinco magistrados, de los nueve que integran la Sala Plena, habían votado a favor de la ponencia. Pero según la norma, la mayoría la constituyen las dos terceras partes del total del número de magistrados, por lo cual el CNE decidió nombrar conjueces para dirimir el conflicto.

Según explicó Isaza, los conjueces decidieron hacer una revisión de todo el proceso y encontraron que la financiación de firmas violó a todas luces las garantías exigidas por la Constitución: «El proceso fue violatorio de las condiciones de plenas garantías que exige el numeral 6 del artículo 265 de la Constitución.» La decisión del CNE impide que el Registrador Nacional expida el certificado sobre la financiación, lo que deja al referendo sin uno de los requisitos legales. La falta de ese certificado seguramente será una de las consideraciones que, el magistrado Humberto Sierra Porto, tenga en cuenta para valorar la constitucionalidad de la Ley que convoca a referendo y que en este momento es evaluada por la Corte Constitucional. Como el fallo del CNE dice que todo el proceso es inválido, hay una alta probabilidad de que la Corte declare inexequible la Ley.

No obstante Luís Guillermo Giraldo, principal promotor de la recolección de firmas para impulsar el referendo, haya dicho que los conjueces «cometieron una arbitrariedad» y que, además, «presentará recursos de reposición y las demás acciones que la jurisdicción le concede», el Registrador Nacional, Carlos Ariel Sánchez, explicó que, en su momento, reportó algunas infracciones en la financiación del referendo. También aclaró que «el certificado emitido por la Registraduría el 11 de diciembre del año pasado, validaba el número de firmas necesarias para adelantar el proyecto, pero que este certificado no cumplía con los demás requisitos legales.» Por tanto, la actitud tomada por el CNE, es totalmente válida y ajustada a la Ley y, lo que es aún mejor, cierra una de las puertas (la primera de ellas) a ese esperpento de reelección que, no sólo perpetuaría a Uribe y sus áulicos en el poder, sino que, y esto es lo peor, sería el camino para una dictadura; pues de un tercer período a una presidencia vitalicia, no hay sino un paso: el deseo (irrefrenable en Uribe) de quedarse en el poder; de lo cual ha dado más que señales evidentes. Y con el rosario de arbitrariedades que este gobierno ha cometido (los nexos con DMG, los negociados de los hijos de Uribe, la parapolítica, los falsos positivos, la extradición de quienes podían confesar la verdad, el proceso para recolectar firmas para el referendo, la yidispolítica, el DAS con sus chuzadas y nexos con el narcotráfico, el primo del presidente untado de parapolítica, las porquerías de Jorge Noguera, las barbaridades cometidas por el hermano de Fabio Valencia Cossio, el desempleo, los problemas con la Corte Suprema de Justicia, los deseo de privatizar la educación, los subsidios del Programa Agro Ingreso Seguro, etc.), lo más saludable para el país nacional, la constituye la decisión del CNE, así los que quieren que Uribe se quede digan lo contrario. E, incluso, las encuestas amañadas pregonen que la aceptación de Uribe sube como la espuma día tras día, pues ya se sabe que Rodrigo Londoño de la Cuesta, reconocido empresario agropecuario del suroeste antioqueño, hermano de quien fuera ministro de la Protección Social, Juan Luís y de Jorge, presidente en Colombia de la firma encuestadora Invamer–Gallup, aparece también con una asignación de $88.929.861, dentro de la feria de Agro Ingreso Seguro, según lo cuenta la Revista Semana de días pasados.

Nueva York, 17 de noviembre del año 2009

Debe haber una alborada para Colombia

Sigamos analizando todos los vicios que tiene el esperpento que ha querido cocinar el uribismo con el fin de que su amo se perpetúe en el poder. Hablamos de esperpento porque de pasar esta reforma (Dios no lo quiera), se legitimaría una dictadura civil en Colombia, muy similar a la que ya existe en Venezuela, pues Uribe se quedaría otro período y, por ahí derecho, sus áulicos (cuando fuera necesario) propiciarían otra reforma para lograr lo que Chávez ya consiguió: la reelección perpetua y adiós división de poderes, Estado de Derecho, igualdad social, etc.

Dicen los entendidos que el proyecto de referendo (que, entre otras cosas, nació viciado) tiene siete anomalías. Yo me atrevería a afirmar que no son sólo siete; son más y, como en el caso que narra la Biblia, de cuando los judíos de la mano de Moisés querían salir de Egipto, Dios le mandó a éste diez plagas que, no solamente asolaron el país, sino que además, tocó el alma del faraón que, empecinado, pretendía impedir la liberación de los descendientes de Jacob, así también este adefesio tiene muchos más de siete vicios.

Veamos por lo pronto estos siete que se le han encontrado al esperpento de marras:

1 Votación en la Cámara de Representantes, violando las normas de la Constitución: como bien sabe la opinión pública, el 16 de diciembre del año pasado, Uribe expidió un decreto convocando a sesiones extraordinarias, cuando aún estaba sesionando la legislatura ordinaria, con el fin de lograr ampliar el plazo en el cual se discutía la ley del referendo. Esto es ilegal, pues la Constitución dice que para que se convoque a sesiones extras, los congresistas deben estar en vacaciones.

2 Violación de los topes para financiar la recolección de firmas: la Ley establece que este tipo de financiaciones no puede sobrepasar los doscientos millones de pesos y, además, como se trata de un acto popular, cada aportante no puede dar más de cinco millones como ayuda. Sin embargo, los promotores del esperpento aceptaron aportes por cuantías superiores a los cien millones, hasta alcanzar la impresionante suma de dos mil cuarenta y dos millones de pesos y, lo que es más aberrante, muchos de los aportantes son contratistas del Estado.

3 Aprobación sin licencia previa: reza la Constitución que, para que el Congreso estudie la viabilidad de un referendo, el Registrador Nacional del estado civil debe certificar que todos los requisitos (cantidad de firmas, proceso de financiación para recolectarlas, etc.) deben cumplirse de acuerdo a la Ley. Como puede apreciarse en el ítem anterior, el proceso fue ilegal, aunque la cantidad de firmas (en gracia de discusión) haya sido satisfecha.

4 Inconsistencia en el «articulito»: lo que le presentaron a los millones de incautos que firmaron, no fue lo mismo que los lleva y trae de la Cámara de Representantes aprobaron en el nefasto amanecer del 17 de diciembre próximo pasado, pues en el primer caso se hablaba de reelección para el 2014 y los siervos de la Cámara la aprobaron para el 2010.

5 Constitución Política para un solo individuo: el texto aprobado por el Congreso y que será examinado por la Corte Constitucional, solamente podrá favorecer a Uribe, pues habla de «poder reelegir a quien ya haya sido presidente por dos períodos», es decir, únicamente Uribe.

6 Parcialidad en la conciliación: como quiera que la Cámara aprobó la reforma para que hubiera reelección y el Senado la negó, se requería de una junta de conciliadores entre las partes. Pues bien, sucedió que entre estos figuraban algunos de los representantes investigados por la Corte Suprema de Justicia en razón de la votación anómala del 17 de diciembre. Ellos debían haberse declarado impedidos para conciliar; no obstante lo hicieron y, por supuesto, votaron afirmativamente.

7 Lucha contra el tiempo: está tan empantanado (gracias a Dios) el proceso del referendo y son tan cortos los plazos que quedan en la Corte Constitucional y en la Registraduría para que el esperpento pueda convertirse en Ley y, peor aún, llegar hasta el estadio electoral, que es muy posible (nuevamente, demos gracias al Todopoderoso) que todo ese andamiaje se hunda.

  1. S. Claro está que el país nacional, ese que en verdad quiere a Colombia, no puede dormirse en los laureles y creer que los josé obdulios, los valencia cosios, los andrés arias y tantos otros que (por seguridad no los nombramos, pero que todos sabemos que existen) se lucran del erario (¡y en qué forma!), no se van a quedar quietos y, como mansas palomas van a dejar la administración del presupuesto. No, ellos pelearán con todas las armas (muchas, ilegales), para lograr que su «jinete de tigre» siga cabalgando. Por eso, si el referendo llegara a pasar, la abstención el día de su votación debe de ser cuantiosa; porque ésta sería la única forma de derrotar el esperpento y salvar a Colombia.

Nueva York, 24 de noviembre del año 2009

De dónde acá, ¿tanto interés?

Vuelven las injerencias del gobierno en el manejo de la Justicia; esta vez, en el proceso que se le sigue al coronel retirado, Alfonso Plazas Vega, por las desapariciones forzosas de los empleados de la cafetería del Palacio de Justicia, durante la llamada «Retoma» de este último, en los malhadados sucesos de noviembre de 1985.

Ocurre que los familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia denunciaron la interferencia del Secretario Jurídico de la Presidencia, Edmundo del Castillo, en el juicio que le sigue la Justicia al mencionado coronel. En un comunicado, los familiares de las 11 personas que desaparecieron durante la operación militar, conocida como la “Retoma del Palacio”, anunciaron que llevarán a instancias internacionales las acciones legales por lo que consideran un intento de obstruir la justicia desde la Casa de Nariño.

El miércoles de la semana pasada, el Juzgado Tercero de Bogotá, que lleva el caso de Plazas por su presunta responsabilidad en las desapariciones forzosas ya mencionadas, le devolvió a Del Castillo una acción de cumplimiento y una declaración extra juicio. Estos documentos fueron enviados por el asesor presidencial a la juez y buscaba que fueran tenidos en cuenta en el juicio.

Sin embargo, la juez decidió devolver la documentación por considerar ilegítima la intervención de Del Castillo. Con todo sentido de justicia e integridad, la juez le dijo a Del Castillo, en la correspondiente nota de remisión: “Me permito devolverle la declaración extra proceso, remitida por usted a este despacho, rendida por el señor Gustavo Alonso Velásquez López, como quiera que usted carece de legitimación para actuar dentro de la presente actuación, por cuanto no ostenta calidad de sujeto procesal.»
Los documentos devueltos, contenían una declaración del mencionado sujeto a favor del coronel y una acción de cumplimiento, que buscaba revocar la orden de traslado de Plazas Vega a la Cárcel La Picota.

Resulta cuando menos extraño que el Secretario Jurídico de la Presidencia, quien es la persona encargada de asesorar al Presidente en los asuntos legales de su despacho, esté tratando de influir en favor de un militar retirado acusado de crímenes tan graves.
Los familiares de los desaparecidos han denunciado lo que, en su criterio, es una estrategia de dilación de Plazas Vega; además denunciarán que, recientemente, pidieron que se investigara al INPEC por no trasladar a Plazas Vega a una cárcel, a pesar de que la juez ya diera la orden de recluirlo. El INPEC argumentó que el hospital Militar no ha avalado el traslado y debe comprobar su estado de salud.

En el comunicado, los denunciantes solicitaron “…que se abra una investigación disciplinaria en contra de los funcionaros encargados, que se han negado a cumplir la orden judicial, tanto del Hospital Militar como del INPEC, al igual que de la misma Procuraduría General, ya que sus actuaciones han obstruido el normal desarrollo de la Justicia en este proceso.”

Los familiares de los desaparecidos anunciaron que, de ser necesario, llevarán el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Además, se debe investigar cuál es el interés que pueda haber en la Casa de Nariño en este caso, en donde el acusado fue Director de Estupefacientes, durante el primer cuatrienio de Uribe.

Nueva York, 1º de diciembre del año 2009

De dónde acá, ¿tanto celo?

Cuentan los medios de comunicación que el pasado jueves 3 de los corrientes, la Fiscalía y la Policía, con el apoyo del FBI, luego de hacer un exhaustivo seguimiento a Nicolás Castro, estudiante de Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, lograran que en menos de 24 horas le dictaran medida de aseguramiento, lo capturaran, lo llevaran ante un juez de garantías y lo mandaran directo a la cárcel La Picota, el nido de temibles criminales.

El delito del cual sindican a este joven de 23 años, es el de haber creado en Facebook, el 9 de julio pasado, un grupo que proponía matar a Jerónimo Uribe, el hijo menor de Álvaro Uribe Vélez. En este corto tiempo, las autoridades lograron conocer qué páginas visitaba en Internet y le interceptaron sus comunicaciones telefónicas. Supieron con quién se comunicaba, qué decía, desde qué computadores escribía sus correos electrónicos, por dónde se movía y dónde vivía.

Hoy está preso, sindicado del delito de instigación para delinquir, por el cual podría pagar entre 6 y 15 años de cárcel. Según el Fiscal 12 de la Unidad Nacional contra el Terrorismo, el grupo de Facebook creado por Nicolás el pasado 9 de julio, estuvo en línea tres meses. Se unieron 15 personas, algunas, según dicen las autoridades, con vínculos con las Farc. De acuerdo con la investigación, Castro ingresó más de 1.400 veces a buscar datos sobre la familia de Uribe y se comunicó más de 350 veces con su novia para decirle que él era el autor de esa amenaza. El general Gilberto Ramírez Calle, director de la Dijín, les dijo a los medios de comunicación que “tenemos comprobado que este joven es miembro de redes que instigan al terrorismo internacionalmente”. Y como prueba, según el oficial, se tiene en cuenta que el muchacho “accedía a páginas que tienen que ver con las organizaciones terroristas de las Farc, Al–Qaeda y otros grupos terroristas del mundo”. En este caso, el juez tendrá que aclarar si el hecho de que visitara páginas en Internet de grupos extremistas, lo hace un delincuente. ¿Cuántas personas lo hacen sólo por curiosidad o por necesidad de informarse o como objeto de estudios académicos o periodísticos? ¿Todos son delincuentes? El hecho puntual es que las autoridades fueron particularmente activas en estas amenazas. Por eso, la opinión pública se pregunta, ¿Se ha procedido de igual forma contra cientos de grupos en Internet que incitan a asesinar a otras personas? ¿Se trae al FBI para que investigue, por ejemplo, las amenazas a periodistas, sindicalistas, defensores de derechos humanos y políticos? “Ya quisiera uno que fueran así de efectivos cuando amenazan a cualquier persona”, dice una fuente de una organización que trabaja en la protección de víctimas de amenazas, que ha conocido de varios casos en los que grupos armados (que han demostrado que cumplen sus amenazas), intimidan a otras personas y la justicia no avanza en sus investigaciones. Naturalmente, cualquier amenaza contra un hijo de Uribe hay que tomarla en serio, al menos por precaución. Para eso están hechos los esquemas de seguridad de las familias de los altos funcionarios. Pero proteger a esas personas implica también descartar los riesgos poco creíbles para enfocarse en los creíbles. ¿Tenía el joven Castro realmente la capacidad de llevar a cabo su amenaza? ¿Tenía los cómplices, las armas, los medios y la intención real de penetrar el férreo esquema de seguridad que protege a los hijos de Uribe, con decenas de guardaespaldas armados y altamente entrenados? ¿Un asesino con verdaderas intenciones revela su plan en un grupo de Facebook, una de las mayores vitrinas del mundo? ¿Si quería atacar realmente al hijo de Uribe, para qué hacerlo por una página virtual, que fácilmente permite rastrear a quien la haya creado? Es como si las amenazas de muerte que llegan, a tantos colombianos, todos los días, tuvieran nombre, dirección y teléfono del amenazante. Y como si todo esto fuera poco, ¿por qué, cuando el ex alcalde de El Roble le dijo a Uribe que el ex gobernador Arana lo había amenazado de muerte, nadie investigó? Y el ex alcalde fue asesinado. Y cuando Daniel Coronell le dijo a Uribe que un político, amigo de este último, lo había amenazado, Uribe le dijo a Coronel: «Raro, si ese es un buen muchacho.» Sin embargo, nadie investigó, las amenazas siguieron y Coronell se tuvo que ir del país. Y así, sucesivamente.

Nueva York, 8 de diciembre del año 2009

De dónde acá, ¿la insistencia en Ospina?

El miércoles de la semana pasada, Uribe envió a la Corte Suprema de Justicia el nombre de la Procuradora delegada ante la Sala Disciplinaria, Margarita Leonor Cabello Blanco, como integrante de la terna de aspirantes a la Fiscalía General. La doctora Cabello es el reemplazo de la abogada Virginia Uribe, quien renunció hace tres semanas a su aspiración, luego de que la CSJ reiterara que la terna era “inviable”. Este es el segundo reemplazo en la terna, luego de que la Corte hubiera dicho que la terna postulada inicialmente no cumplía los requisitos que exige el cargo. El primer reemplazo de la terna fue a finales del mes de octubre, cuando el consejero de Estado Marco Antonio Velilla reemplazó al ex consejero Juan Ángel Palacio, quien también renunció a participar en la elección.

La terna inicial estaba integrada por el ex consejero de Estado Palacio, la abogada Uribe y el ex embajador ante la OEA Camilo Ospina. Sin embargo, ante la fuerte presión de los medios de comunicación y la sociedad civil sobre la posible incompetencia de los aspirantes por la inexperiencia en el campo penal y, también, por las denuncias sobre injerencia indebida del ex consejero Palacio (cuando estuvo en el Consejo de Estado) y las reservas sobre Ospina  (cuando fue Ministro de Defensa), la Corte le dijo al Ejecutivo que no podía elegir a ninguno de los tres postulados.

Uribe le ha respondido tozudamente a la CSJ que su deber es elegir y que no cambiará la terna completamente, lo que ha sido interpretado como el capítulo más reciente del enfrentamiento entre Uribe y la CSJ. Pero ni Cabello, ni Ospina, ni Velilla tienen experiencia en derecho penal, que ha sido una de las observaciones que los magistrados han hecho sobre los postulados por Uribe. Sin embargo, con el nombramiento de Cabello, el gobierno espera que quede zanjada la diferencia, pues al menos dos de los tres postulados inicialmente ya fueron cambiados. Lo que deja la sensación de que se trata de una “terna de uno”.

Falta ver qué decide la Corte esta semana en la última sesión plenaria del Alto Tribunal, en la que los 27 magistrados podrán abocar el tema de la elección del Fiscal General de la Nación.

Por todo lo anterior, llama la atención de la opinión pública (esa a la que Uribe presta tanta atención, si le creemos en su apego a lo que él mismo ha llamado «el Estado de opinión»), es que Uribe cambia el nombre de los postulados a la terna, pero no toca el nombre de Camilo Ospina. El mismo que fuera su Ministro de Defensa en el primer cuatrienio (cuando, otra vez según la opinión pública, se inauguraron los falsos positivos) y, luego, su embajador en la OEA, en donde defendió, a capa y espada, al gobierno Uribe contra las denuncias por violación de los Derechos Humanos por parte del Estado colombiano. Y es que Ospina tiene cosas que aclarar: siendo Ministro de Defensa, cuando ocurrió lo de las torturas a 21 soldados por parte de sus superiores en el Batallón Patriotas de Honda, Tolima, a Ospina se le criticó por no haber aceptado una responsabilidad política en el hecho. El Ministro se limitó a mostrarse “avergonzado” con el episodio y a aceptarle la renuncia al General Reynaldo Castellanos, quien había liderado con éxito la Operación Libertad I para romper el cerco de las Farc en Cundinamarca. También se le critica ser el autor de la polémica directiva 29 del año 2005, que definió la política de recompensas en las Fuerzas Militares, que puso a éstas en el ojo del huracán, porque aunque no se ha podido establecer un vínculo directo entre la norma y los falsos positivos, sí creó un incentivo perverso y fueron pocos los controles para evitar los abusos.

De otro lado, la propuesta abogada Cabello, quien es especialista en Derecho de Familia y en Derecho Procesal Civil de la Universidad Externado de Colombia y actualmente se desempeña como Procuradora Delegada de la Sala Disciplinaria, carece de conocimientos y, por tanto, de experiencia en Derecho Penal. Como si fuera poco, durante su carrera judicial ha sido cercana a David Name Terán, un polémico empresario de Barranquilla, con múltiples contratos con el Estado en el Atlántico y otros departamentos del Caribe y es hermano de José Name Terán (otro político no muy recomendable) y tío del actual senador José David Name Cardozo, todos ellos caciques políticos y, por consiguiente, dueños del Departamento del Atlántico. Es decir, como dicen que dijo Cristo: “Por sus obras los conoceréis.”

Nueva York, 15 de diciembre del año 2009

Regalos de Navidad

Como es usual en esta columna durante estas semanas de fin de año, hacemos un alto en su temática habitual, para comentar algo que nos haga meditar y nos permita olvidar, así sea momentáneamente, lo mal que está el país. Para ello, recurramos a los pergaminos que bien conoce el lector asiduo.

A menudo aprendemos mucho de los niños.

Hace muchos años, un amigo se enojó con su hija de cinco años porque ella había desperdiciado un rollo completo del papel que se usa para envolver regalos, en decorar una caja que luego puso junto al pesebre. La familia estaba escasa de dinero y por eso el padre se puso furioso. No obstante la rabia de su progenitor, la niña al día siguiente le entregó la caja al papá, mientras le decía:-Esto es para ti, papi.

El papá se sintió avergonzado por su reacción del día anterior, pero volvió a montar en cólera cuando vio que la caja estaba vacía. Entonces, le gritó, furioso:-¿No sabes, acaso, que cuando uno da una caja de regalo, algo debe ir adentro?

La pequeña niña lo miró con lágrimas en los ojos y le dijo:-Papi, no está vacía, yo puse besitos dentro de la caja; todos para ti, papito.

El padre se sintió apenado; por eso, abrazó a su pequeña hija y le rogó que lo perdonara.

Contaba él que cada vez que se sentía desanimado, abría la caja que conservó el resto de su vida y de ella sacaba besos que lo reconfortaban y le hacían recordar el amor con que su hija los había depositado allí.

A los niños hay que entenderlos y tenerles paciencia cuando hagan algo;: pues, de seguro, algo muy importante nos quieren decir.

Además, no olvidemos que quienes más disfrutan de la Navidad son los niños y todos aquellos que tienen alma de niño. Por eso, hay que ser como niño para poder llevar ante el pequeño Jesús, las preocupaciones, las tristezas, los desalientos, las caídas y las desesperanzas. No hay porqué tener pena de acercarse a ese Redentor. Un enfermo no tiene miedo de ir al médico puesto que sabe que lo va a intentar curar. El que sufre una enfermedad del alma va en busca de Cristo Redentor; ya que, ¿quién puede tener miedo de ese Salvador que tiene cara de niño?

Y se necesita tener alma de niño para decirle: «Te necesito. Vengo cansado de ir por tantos caminos de la vida. No he encontrado la verdadera paz lejos de Ti. Por eso, me pongo en fila donde están todos los pecadores que van, con la mano abierta, para pedir esa felicidad y esa paz que no han encontrado». Hay que pedir con fe, para saber que se va recibir esa gracia.

Hay que ser como niño para pedir con fuerza por la necesidad que de verdad se siente. Un pobre que pide limosna no necesita inventar un discurso para decir que tiene hambre. Así, nosotros tampoco tenemos que inventar algo para decirle a Dios que tenemos hambre y sed de una verdadera felicidad. Se necesita ser como niño para estar seguros de que ese Redentor puede curar todos nuestros males; puede convertir nuestras tristezas en alegrías, las enfermedades en salud, las desesperanzas en confianza, las tinieblas en luz. Cristo ha sido para millones de seres humanos, el camino, la verdad y la vida. También puede ser eso mismo, para cada uno de nosotros, en esta Navidad.

Para todos los pecados, infidelidades y debilidades, hay perdón. Para todas las dudas, problemas, dificultades e imposibles, hay respuesta y hay ayuda. Para todas las ilusiones muertas, hay probabilidades de una resurrección. Para ti, para mí, para todos, hay solución. Tú tienes solución, si te acercas a ese Niño con fe y le dices con los labios, el corazón y la mente: «¡Señor, si quieres, puedes curarme!»

Brindemos por ese Dios que no nos trae propaganda, palabras o promesas vacías, por ese Redentor que sabe la grave enfermedad que padece el ser humano y, por eso, se arriesga a venir, se contagia de la enfermedad y así nos cura.

Brindemos también por ese Dios que sigue esperando que cada uno de nosotros le vuelva a decir en esta Navidad: «Dios mío, te sigo amando». Ese Dios, ese Redentor, ese Niño de Belén nos pertenece. Si alguna vez siendo niño, joven o adulto viviste una Navidad auténticamente feliz, en paz con Dios, contigo mismo y con los demás, esta Navidad puede ser igual; puede, incluso, ser mejor todavía.

Deseo a cada uno de mis lectores y a toda la familia de El Pilón, una verdadera Navidad, en paz y alegría; esa Navidad que es aquella en la que Dios es aceptado dentro de casa.

Nueva York, 22 de diciembre del año 2009

Vivir o sólo sobrevivir

Un neoyorkino y un amigo, colombiano él, paseaban por el bullicioso sector de Times Square, en el centro de Manhattan, hacia medio día. En medio del infernal ruido producido simultáneamente por bocinas, sirenas, altoparlantes, música a todo volumen, el trepidar del tren subterráneo y miles de personas hablando al mismo tiempo, el colombiano dijo:

Estoy oyendo un grillo.

-¿Qué? ¡Debes estar loco!, replicó su amigo. -¡No es posible que puedas escuchar un grillo en medio de todo este ruido!

Sin decir nada, el colombiano caminó hacia un tarro de flores que había en la acera y, tras una ligera búsqueda, extrajo de allí un pequeño grillo. El amigo, sorprendido, dijo:

-Esto es extraordinario, debes tener los oídos de Supermán.

-No, respondió el otro, -mis oídos son iguales a los tuyos. Todo depende de lo que a uno le interese escuchar.

Para demostrar lo que decía, sacó de su bolsillo varias monedas y discretamente las dejó caer al piso. El sonido producido por las monedas al tocar el suelo provocó que varios de los transeúntes voltearan la cara, curiosos por saber a quién se le había caído el dinero.

-¿Ves lo que te digo?, -insistió el colombiano, -el sonido del dinero lo escucharon todos, pero el del grillo no. Todo depende de qué es importante para ti.

Y para ti, amable lector o lectora, ¿qué es importante?, ¿qué quieres escuchar? Alguna gente dice que no puede oír a Dios porque Él nunca nos habla. Pero quizás ellos no lo pueden ver o escuchar porque ese no es el sonido que quieren oír. Pueden escuchar la moneda que cae al piso, pero son incapaces de captar el chirrido del grillo. Dios es esa musiquita que queremos acallar dentro de nuestro ser, pero estamos tan preocupados por el escándalo del medio que no la escuchamos.

Ahora bien, hay un adagio que reza » La vida puede durar tres días y ya han pasado dos».

El tiempo pasa tan deprisa a nuestro alrededor que tan sólo nos damos oportunidad de sobrevivir, somos esclavos de la rutina y pasamos cada uno de nuestros días sumergidos en un mar de problemas y de situaciones triviales que pocos momentos libres nos dejan.

Ahora, con motivo de la Navidad, he dedicado algunos instantes a recordar cuándo fue la última vez que estando en alguna reunión, o simplemente conversando con alguien, haya escuchado algún comentario que dijera algo tan simple, como, «ayer vi un hermoso atardecer», o bien, » vi a un grupo de aves volar», y aún no puedo recordarlo; piénsalo bien y estoy seguro de que estarás de acuerdo conmigo en que este tipo de comentarios ya no se escuchan fácilmente.

No faltará quien piense, en estos momentos, que esos son comentarios superficiales y de gente que no tiene nada sobre que hablar; que es mucho mejor discutir de temas de actualidad, como los son las crisis económicas en el mundo o la falta de solidaridad que vive la sociedad; si bien es cierto que estos son temas de interés para todos, ya que los vivimos todo el día, todos los días, también es cierto que en el mundo existen muchas cosas más que valen la pena apreciar pero que, por decisión propia o de la misma sociedad, nos hemos abstraído de ellas.

Vivimos en un mundo en el cual es más importante saber a cuánto cerró la bolsa hoy, o bien, enterarnos sobre todos los detalles de la farándula o el deporte, que saber cómo amanecieron nuestros seres queridos, sobre todo los ausentes. Con esto, quiero decir que hemos puesto a las personas en un segundo plano, que nos hemos vuelto frívolos y egoístas, que sólo nos importa lo que está en «nuestro» mundo y, entonces, cualquier situación, persona o cosa que no pertenezca a ese “mundo”, poco o nada nos importa.

Nos hemos olvidado de que somos las personas las que movemos el mundo y no al revés; hemos olvidado el vivir, para pasar tan sólo a sobrevivir en un mundo regido por el caos y la complejidad. Cuantificamos nuestro tiempo en dinero y, por eso, a mucha gente le importa más pasar algunas horas extras en su trabajo, para ganar una mejor posición en la empresa y sentir que así puede ganar el mundo, pero nunca percatarse de que, al hacer eso, está perdiendo cosas tan grandes, como la infancia de sus hijos, la oportunidad de disfrutar de sus padres o de visitar a sus familiares y a sus amistades. Lo más irónico de esto es, que estas cosas que alimentan y engrandecen al ser humano son gratis y tan sólo nos cuestan un poco de nuestro tiempo. Estoy convencido de que nacimos para vivir y no para solamente sobrevivir.

Mira a tu alrededor y, ante tanta grandeza, responde ¿Piensas seguir sobreviviendo?

  1. S. Para todos, un nuevo año cargado de paz, salud, tranquilidad y bienestar.

New York, 29 de diciembre del año 2009

¡Qué comienzo de año!

Ya tenía listo el artículo para hoy. Lo había escrito desde el día 30 con el fin de saludar el comienzo del nuevo año; sin embargo, ese día apareció en todos los medios de comunicación la noticia sobre el aumento del salario mínimo. La cuantía era lo de menos pues, al fin y al cabo, todos los años ocurre el mismo sainete: los sindicatos de los trabajadores se reúnen con el sindicato de los empresarios y, después de un prolongado tira y afloje, la discusión termina en nada, pues no hay acuerdo; ya que el sindicato de los empresarios jamás cede. Más aún, su oferta siempre es tan baja, que los sindicatos de los trabajadores la rechazan. Siempre con el ánimo de que se venzan los plazos para que el gobierno decida cuál ha de ser el porcentaje del incremento. El cual, indefectiblemente será ligeramente más alto que el ofrecido por el sindicato de los empresarios, pero muy por debajo de las aspiraciones presentadas por los sindicatos de los trabajadores. Esa comedia se repite todos los fines de año; por eso, se decía al comienzo de esta columna que el incremento era lo de menos, ya que se repetiría el mismo libreto, cuya columna vertebral queda estructurada con los índice de inflación suministrados por el mismo gobierno; lo que, de por sí, ya se presta a sospechas.

No obstante, lo aberrante radica en las explicaciones cargadas de sofismas (mentiras con apariencia de verdad) con las que Uribe pretende, como es usual en él, engañar a la opinión pública. Como es su costumbre, comienza por presentar unas cifras que aparentemente explican el porqué de su decisión; sin embargo, esa cifras como buen sofista que es, las presenta porque no son más que una cortina que esconde la verdad de los hechos.

Expliquémonos de mejor manera, trascribiendo sus palabras: “Yo estoy bastante preocupado porque no se ha podido obtener un acuerdo entre centrales obreras y gremios. El país necesitaba ese acuerdo, y ese acuerdo no se dio. Expreso mi preocupación por la falta de ese acuerdo. “Falso; en las ocho ocasiones en las cuales se ha enfrentado, como presidente, a esta coyuntura, siempre ha ocurrido lo mismo; la misma comedia, cargada de burla, se ha repetido sin tener que cambiar ni una sola línea al libreto.

«El Gobierno tiene la voluntad de que haya un aumento por encima de la inflación.», agregó, sin siquiera sonrojarse por esta nueva mentira, pues toda Colombia sabe que es el mismo gobierno quien maneja estas cifras a su amaño. Por supuesto, nadie en los grandes medios se atreve a contradecirlo.

Pero su desfachatez sobrepasa todo límite, cuando afirma a continuación: «Es un obstáculo para la fijación del salario mínimo, la falta de acuerdo entre empresarios y trabajadores. Eso le crea muchas dificultades al Gobierno.» Qué problemas le va a acarrear esta situación, si ella hace parte del guión de la comedia.

Al final, remata con una perla: «El régimen pensional de Colombia está atado al salario mínimo. Por cada punto de incremento del salario mínimo que supere la inflación, el fisco nacional tiene que pagarles a los pensionados 200 mil millones de pesos adicionales por año, año tras año.» Si esta situación no estuviera tan ligada a la suerte de millones de colombianos pensionados por el Seguro Social, sería como para reírse; pero no, no se puede tomar como un chiste; porque esta declaración encierra la mayor de las mentiras. A los pensionados se les devuelve, en cada mesada, una cuota parte de los ahorros de su vida laboral. Con ese acto, el gobierno no regala nada a ninguno de los pensionados. Repito, solamente les devuelve lo que les pertenece de manera inalienable. Además, eso de los “200 mil millones”, suena falaz.

Para terminar, miremos las consecuencias de esta nueva muestra de lo poco o nada que el gobierno se preocupa por los pobres. A través del Decreto 5053 del 30 de diciembre del 2009, Uribe fijó el salario mínimo legal para el próximo año en $515.000,oo que equivalen a un incremento del 3,64%. Al mismo tiempo, por medio del Decreto 5054 del mismo día, el gobierno estableció el auxilio de transporte en $61.500,oo los cuales representan un aumento del 3,7%. Pero, si vemos las noticias, solamente los servicios públicos aumentarán el próximo año en un 5% y los restantes factores de la canasta familiar crecerán como la espuma. Entonces, ¿Qué van a hacer los varios millones de colombianos que devengan uno o dos salarios mínimos?

Con esos salarios de hambre lo único que aumentará en Colombia será la mendicidad, ya que un pordiosero está en condiciones de recaudar un promedio de $700.000,oo mensuales, sin tener que cumplir horarios ni estar sujeto al hígado de un patrón que lo esté regañando todo el día; además, tiene un trabajo permanente y a término indefinido, sin tener que pensar en recortes de personal ni en la quiebra de su empresa; así que dentro de poco veremos en las bolsas de empleo, la mendicidad como una fuente de trabajo digno para el ser humano y, entonces, los índices de desempleo podrán bajar al 0.1%. Otrosí: esa nueva clase no tendría que padecer por las discusiones sobre el aumento del salario mínimo.

New York, 5 de enero del año 2010

Las lecciones de la Historia (XXVI)

A principios del mes de abril del año pasado fue condenado a 25 años de presidio el ex dictador peruano Alberto Fujimori; acusado, entre otras cosas, por las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, en las cuales 29 personas fueron asesinadas. También se le condenó por el secuestro del periodista Gustavo Gorriti y el del empresario Samuel Dyer. La Sala Penal Especial, que llevó adelante un proceso ejemplar por su pulcritud e imparcialidad, consideró plenamente probados, «más allá de toda duda razonable», los cuatro cargos formulados por la Fiscalía. A principios de este mes, la Justicia peruana (dentro de  un proceso no exento de altibajos y sorpresas, que terminaría con la condena histórica y definitiva del ex presidente) el pasado 2 de enero ratificó dicho fallo. Fujimori ha sido castigado por su política de guerra sucia, mientras libraba la lucha contra el terrorismo que devastaba al país cuando asumió el poder. Por el uso de la guerra sucia, el ex dictador tendrá que purgar condena. Durante los próximos 25 años de reclusión que le esperan, es posible que en ocasiones, cuando la soledad y el remordimiento –si acaso le queda conciencia– le hagan recordar con amargura todo el daño que le hizo a su país cuando, en su afán por perpetuarse en el poder, pasó por encima de todas las normas, incluidas aquellas referentes al respeto a los derechos humanos y, también, los relacionados con la ética pública. Además, seguramente rememorará la mala pasada que le jugaron sus errados cálculos en Chile, cuando pretendía evadir a la Justicia de Perú. Como gotas de una clepsidra, desde su sorpresiva llegada a Santiago en noviembre de 2005, se echaron a rodar los trámites necesarios para lograr su extradición con el soporte de las acciones públicas de la sociedad civil peruana. Todo esto a pesar de los fallidos pasos de Fujimori en Santiago, mediante constantes y sorpresivos cambios de residencia, buscando acercarse a la embajada de Japón y también con la ayuda del juez chileno Orlando Álvarez (el mismo que exoneró a Pinochet por casos como el de la Caravana de la Muerte y la Operación Cóndor) cuando falló en contra de la extradición de Fujimori y, por último, la aspiración de éste al Senado japonés.

Resulta entonces por lo menos contradictorio el anuncio del presidente peruano, Alan García, de desmantelar la Procuraduría ad hoc para los casos Fujimori–Montesinos. Esta unidad fue creada en noviembre de 2000 para defender los intereses del Estado ante la insospechada magnitud de la red de corrupción que habían montado el entonces presidente y su más cercano colaborador. Fue precisamente en esta Procuraduría ad hoc  donde se diseñó la estrategia jurídica del pedido de extradición que culminó exitosamente en septiembre de 2007.

Con un cinismo fuera de serie, Keiko Fujimori –hija del ex dictador– se presenta ahora como la nueva cara del fujimorismo. Es la candidata a la presidencia por el movimiento Fuerza 2011 y en una actitud propia de la Fronda, aduce la conformación de sus huestes con políticos de trayectoria aparentemente intachable, en un esfuerzo por mostrar que quiere deslindarse del pasado de corrupción del gobierno de su padre. En 2003, una comisión investigadora del Congreso había calculado en cerca de 2 mil 200 millones de dólares el monto del saqueo de las arcas públicas durante la época de Fujimori.

Pero la cínica nueva cara del fujimorismo (que no es tan nueva), tiene unas cuantas piedras en el zapato. La hija mayor de Susana Higuchi, la entonces pareja de Fujimori, no dudó en asumir el papel de primera dama en 1994, luego de que su madre denunciara el secuestro y las torturas de las que fue víctima por orden del dictador. La heredera política también tiene cuentas pendientes con la justicia, lo que podría comprometer su futuro en las urnas. La Fiscalía adelanta investigaciones sobre el financiamiento de los estudios de los cuatro hijos de Fujimori en costosas universidades norteamericanas. La matrícula universitaria, según detalla la Universidad de Boston, era pagada en efectivo por la propia Keiko, con dinero que le entregaba Montesinos durante los frecuentes viajes que realizaba entre Estados Unidos y Perú.

Como se puede ver, los «hijos del ejecutivo», sin importar su lugar de nacimiento ni el nombre de sus progenitores, parecen cortados todos por la misma tijera. Su capacidad para aprovechar de manera inmoral y, la mayoría de las veces, de forma ilegal su condición, parece inconmensurable. Sin embargo, para bien de la humanidad, como en el adagio, » a todo puerco le llega su San Martín.»

New York, 12 de enero del año 2010

Cortinas de humo

Mientras que el país se desgasta tratando de analizar el galimatías del procuradorzuelo Ordóñez cuando pretende que se declare exequible la ley del referendo, para lavarse las manos con el fin de quedar bien ante su amo, la opinión pública olvida las “chuzadas” del DAS, la entrega de este organismo a la delincuencia cuando Noguera, los escándalos por la parapolítica, el aberrante despilfarro de Agro Ingreso Seguro, el cohecho de Sabas Pretelt y de Diego Palacio con Yidis y Teodolindo para la primera reelección, el escandaloso tráfico de influencias de los “hijos del ejecutivo” con lo de la Zona Franca de Mosquera, los centenares de miles de muertos y de desplazados, el descuartizamiento con motosierra o en las fauces de cocodrilos de miles de compatriotas, las ejecuciones fuera de combate, las desapariciones forzosas y un larguísimo etcétera.

Y al hablar de ejecuciones fuera de combate, salta la liebre de la columna de humo por antonomasia; pues, justamente por la discusión de la decisión política y amañada del Procuradorzuelo, pasa de agache la noticia de la liberación, por vencimiento de términos, de más de veinte militares implicados en el asesinato de varios jóvenes que, engañados, fueron llevados hasta Ocaña para ejecutarlos y luego hacerlos pasar como guerrilleros dados de baja en combate.

Esa historia reciente la conoce toda Colombia; sin embargo, no todos le han hecho el seguimiento correspondiente con la atención debida a semejantes crímenes. Por eso y por estar pendientes de las noticias que, como buenas columnas de humo, desgranan los grandes medios de comunicación, gran parte de la opinión pública se ha distraído de tamaño boquerón que puede abrírsele a la impunidad rampante que, como nunca, se ha desatado en los últimos ocho años en Colombia. Amén de la tremenda injusticia que se comete con las familias de esos inocentes jóvenes, cuyo único delito consistió en ser pobres y, como cosa rara, encontrarse desesperados por la falta de trabajo. Situación que, con saña despreciable, aprovecharon los emisarios de sus asesinos para engañarlos y llevarlos como ovejas al redil. Sólo que ese corral era el cercado de la muerte.

Afortunadamente, sus asesinos cometieron errores y la Fiscalía pudo detectar, a través de esas torpezas, la falacia que se escondía detrás del tinglado de la muerte y, así, pudo desenmascarar a los criminales. No obstante, las argucias de sus abogados defensores les permitieron ser más sagaces que los representantes de la ley y, con astucia de zorro, se aferraron al «vencimiento de términos» para, entonces lograr burlar el precepto de juzgarlos. Alguien, inocente o ingenuo, tal vez se pregunte: ¿Y cuál puede ser el interés del Establecimiento en este nuevo caso de impunidad? Pues sencillamente evitar que los autores materiales denuncien a los autores intelectuales de esos crímenes. Tal como ha sucedido en otros casos recientes que el país conoce y cuya enumeración sería prolija y ni que decir lo peligrosa que resultaría.

Pero como la reacción internacional no se hizo esperar y se han oído pasos de la Corte Penal Internacional, se prendieron las alarmas en el alto gobierno por la impunidad de esos graves crímenes, por demás sistemáticos y continuados, cometidos por agentes del Estado. Entonces, y de manera por demás rápida, en su primera declaración sobre el tema, Uribe expresó su inconformidad por las decisiones judiciales. En comunicado a la opinión pública, dictó cátedra a los jueces sobre cuál debe ser el camino a seguir: “Dar libertad por vencimiento de términos en casos de crímenes graves afecta tanto a la democracia, como dar libertad en delitos de lesa humanidad con base en la figura de la prescripción. Hoy las democracias niegan la prescripción frente a delitos atroces. En la misma forma se debe negar el vencimiento de términos”. Además de entrometerse en asuntos de competencia exclusiva de la rama judicial, Uribe sale en defensa del “honor” 0de los liberados que, a su juicio, vale más que su libertad. Además, no olvidemos la farsa que ha montado el alto gobierno al respecto. Hace sólo cuatro meses Uribe exhortaba a su recién posesionado ministro de Defensa, Gabriel Silva Luján (hijo político del candidato en la sombra, Juan Manuel Santos) para que implementara los mecanismos necesarios para la defensa jurídica de los militares acusados de participar en los “falsos positivos”. Lo hacía ante lo que llamó las “falsas denuncias de homicidios cometidos por integrantes de las Fuerzas Militares”. Así mismo, Uribe advertía en esa oportunidad que acusar a la Fuerza Pública y enseguida no probar los hechos era una “falsa acusación” que buscaba hacer daño a la Fuerza Pública, responsable material de la política de «seguridad democrática». De ahí que el debate que sobre el referendo ha propiciado el Procuradorzuelo, además de distraer a la opinión pública sobre la impunidad que se desbordaría con la liberación de los acusados por los falsos positivos, también le permite esconder el verdadero costo de la seguridad democrática: la política de tierra arrasada apoyada en el paramilitarismo, con su secuela de cuatro millones de desplazados forzados y miles de jóvenes inocentes asesinados.

New York, 19 de enero del año 2010

Frases célebres sobre la política y los políticos (1ra. Parte)

Ahora, cuando en Colombia se inicia una época de mucho trajín por cuenta de las próximas elecciones y, entonces, se inicia el carnaval de la política, es realmente pertinente conocer el pensamiento de individuos que, de alguna forma, ayudaron a cambiar el mundo. Y qué mejor, que saber cuáles eran los pensamientos de estas personas sobre la política y los políticos. No obstante los autores de estos pensamientos vivieron hace muchos años, y en otras latitudes, que bien describen a la mayoría de los actuales políticos colombianos. ¿Será mera coincidencia? o será más bien que ¿ésta es la idiosincrasia del político en general? Veamos esas frases:

Abraham Lincoln (1808–1865), Político estadounidense: «Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector al que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.»

Albert Camus (1913–1960), Escritor francés: «La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las fallas de los demócratas.»

Albert Einstein (1879–1955), Científico alemán: «Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado.», «El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad.»

Aldous Huxley (1894–1963), Novelista, ensayista y poeta inglés: «Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposo se vuelve su lenguaje y más inteligente se cree.»

Alphonse de Lamartine (1790–1869), Historiador, político y poeta francés: «En las democracias se deben observar con más cuidado las manos que las mentes de quiénes gobiernan.»

Ambrose Bierce (1842–1914), Escritor estadounidense: «El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.», «La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.»

Anónimo: «La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros.»

Antonio Gala (1937), Dramaturgo, poeta y novelista español: «La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer.», «Los políticos honrados se quitan de en medio cuando cae sobre ellos, o sobre sus hijos, la sospecha. Los otros, se quedan.”

Arnold J. Toynbee (1889–1975), Historiador inglés: «El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan en ella.»

Bertrand Russell (1872–1970), Filósofo, matemático y escritor inglés: «Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible.»

Charles Bukowski (1920–1994), Escritor estadounidense: «La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.»

Charles de Gaulle (1890–1970), Político francés: «La política es el paraíso de los charlatanes.»

Enrique Jardiel Poncela (1901–1952), Escritor español: «El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.», «Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa.»

Elbert Hubbard (1856–1915), Ensayista estadounidense: «La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un político no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado.”

Erich Kästner (1899–1974), Poeta y novelista alemán: «Uno puede aspirar a un puesto, pero no quedarse eternamente en él.»

Francisco Pi y Margall (1824–1901), Político español: «La honradez en los políticos es como la virginidad: una vez perdida, no vuelve a recobrarse.»

Georges Benjamin Clemenceau (1841–1929), Político y periodista francés: «Cuando un político muere, mucha gente acude a su entierro. Pero lo hacen para estar completamente seguros de que en verdad quedará bajo tierra.»

George Bernard Shaw (1856–1950), Escritor irlandés: «La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.», «La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente.»

Groucho Marx (1890–1977), Actor estadounidense: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.»

Henry F. Amiel (1821–1881), Escritor suizo: «No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos, mientras escasee la sabiduría y abunden el orgullo y la codicia.»

New York, 26 de enero del año 2010

Frases célebres sobre la política y los políticos (2da. Parte)

Miremos la segunda y última parte de estas perlas de sabiduría que retratan a Colombia y a la mayoría de sus políticos actuales.

Jacinto Benavente (1866–1954), Dramaturgo español: «Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados.»

Jacques Benigne Bossuet (1627–1704), Clérigo católico francés y escritor: “La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir.”

James Russell Lowell (1819–1891), Poeta y escritor estadounidense: “La democracia otorga a cada uno de los hombres el derecho a ser el opresor de sí mismo.”

José Luís de Vilallonga (1920), Actor y escritor español: “La política saca a flote lo peor del ser humano.”

José Luís López Aranguren (1909–1996), Filósofo español: “La moral se esgrime cuando se está en la oposición; la política, cuando se ha obtenido el poder.”

Karl Marx (1818–1883), Filósofo y economista alemán: “El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra.”

Kin Hubbard (1868–1930), Escritor estadounidense: “Cuanto menos aporta un político, más ama a la bandera.”

Louis Dumur (1863–1933), Escritor suizo: “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos.”

Louis McHenry Howe (1871–1936), Político estadounidense: “Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado.”

Maruja Torres (1943), Periodista española: “A las dictaduras les pasa lo que a las bicicletas; si se detienen, se caen.”

Miguel Delibes (1920), Escritor español: “Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.”

Mijail Bakunin (1814–1876), Revolucionario ruso: “Hasta en las democracias más puras, una minoría privilegiada detenta el poder contra la mayoría esclavizada.”

Napoleón Bonaparte (1769–1821), Emperador francés: “En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.”

Nikita Kruschev (1894–1971), Político ruso: “Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río.”

Noel Clarasó (1905–1985), Escritor español: “Un hombre de Estado es el que se pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas.”

Otto von Bismark (1815–1898), Político alemán: “Los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever.”

Robert Louis Stevenson (1850–1894), Escritor británico: “La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación.”

Ronald Reagan (1911–2004), Político estadounidense:”He dicho muchas veces que la política es la segunda profesión más vieja y más baja y me he dado cuenta de que guarda una estrecha similitud con la más antigua de todas.”

Sir Francis Bacon (1561–1626), Filósofo y estadista británico: “Para muchos políticos, es muy difícil hacer compatibles la política y la moral.” y “Las democracias suelen ser más tranquilas y están menos expuestas a la sedición que las dictaduras.”

Sócrates (470 AC–399 AC), Filósofo griego: “Si yo me hubiera dedicado a la política, ¡Oh atenienses!, no hubiese hecho ningún bien ni a vosotros ni a mí mismo.”

Thomas Macaulay (1800–1859), Historiador y político británico: “El político habla y obra muchas veces sin haber pensado ni leído.” y “Muchos son los políticos que se preocupan más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país.”

Víctor Hugo (1802–1885), Novelista francés: “La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.”

William M. Ramsay (1852–1916), Profesor universitario escocés: “Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione.”

Winston Churchill (1874–1965), Político británico: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.”, “El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que él predijo.” y “La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez.”

New York, 2 de febrero del año 2010

El porqué del anuncio sobre el pago por delatar

Son muchos los columnistas que en todo el país han cuestionado los anuncios de Uribe de premiar la delación. A los estudiantes pobres de Medellín con $100.000 mensuales y a los taxistas de Cali con $5.000.000 por cada denuncia. Independientemente de lo aberrante que resulta tal propuesta, pues es innegable que este sería el comienzo de una nueva ola de retaliaciones por parte de aquellos que se sientan delatados o en peligro de serlo y de una forma cómoda y rentable para deshacerse de enemigos, es también muy cierto que estos anuncios de invitar a convertirse en sapos a los jóvenes de Medellín y a los taxistas de Cali, no deja de ser otra forma de distraer la atención de la opinión pública de otros problemas (muy graves todos ellos) que tienen a Colombia en situación crítica. La enumeración de estos problemas, no sólo es prolija, sino que además todo el país los conoce. También se sabe que cada nueva complicación termina por sacar del contexto noticioso al anterior problema. Entonces el gobierno, de manera mefistofélica, echa mano de nuevas situaciones, con el fin de que nos olvidemos (al menos eso es lo que esperan) de los problemas anteriores o les restemos importancia a los que están por llegar.

Pues bien, ¿por qué se acaba de decir, que lo de las recompensas por delación es otro distractor? Porque, de acuerdo a documentos de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE. UU., el gobierno colombiano posee el equipamiento necesario para poder enfrentar a los narcotraficantes, a la guerrilla, a los paramilitares que no quisieron desmovilizarse y, ni que decirlo, a la delincuencia común. Así mismo, las Fuerzas Militares y de Policía colombianas han fortalecido considerablemente sus capacidades de inteligencia técnica, entendida ésta como la recolección de información por medios distintos a las fuentes humanas; lo cual incluye la capacidad de interceptar señales, comunicaciones y de tomar aerofotografías, entre otras. Un componente fundamental de estas capacidades son los llamados rastreadores o trackers y las plataformas de inteligencia. Con aviones equipados con sofisticada tecnología de interceptación de comunicaciones, fotografía aérea y radiogoniometría, en conjunto con los radares de base en tierra (GBR) y la Central de Inteligencia Conjunta (CIC); con lo que conforman el segundo sistema de inteligencia técnica en el continente, que les permite a las Fuerzas Militares y de Policía obtener, procesar y analizar información utilizada en la lucha contra el narcotráfico y, más recientemente, contra los llamados grupos armados ilegales y, por supuesto, los delincuentes comunes y corrientes.

Entonces, de ser así, ¿para qué recurrir a los jóvenes pobres de Medellín y a los taxistas de Cali para hacer labores de espionaje y delación? Porque es necesario que pasen de agache los decretos con los que el gobierno pretende modificar la Ley 100, de por sí bastante lesiva para la salud de los colombianos pobres, es decir el 90% de la población. Con estos decretos, lo que en verdad se busca es proteger a las EPS, para aumentar sus ganancias, o sea, para que no gasten dinero en los enfermos de gravedad, cuya atención médica, hospitalaria o quirúrgica sea demasiado costosa.

Sin embargo, no dudan en regalar a sus terratenientes amigos, miles de millones de pesos a través del AIS o, más recientemente, pagar asesorías costosas, también de miles de millones de pesos para redactar esos malhadados decretos de reforma a la salud. Nada más, a un médico, miembro de la Junta Directiva de un compañía médico–aseguradora y director de una prestigiosa organización hospitalaria, le pagaron $700.000.000 por la redacción de algunos de los artículos de la proyectada reforma; uno de los cuales dice: «…en todo caso, se le da prioridad a la promoción de la salud en las atenciones de baja complejidad, la medicina y odontología generales y se admitirá el acceso al manejo especializado de mediana y alta complejidad, cuando se cuente con la evidencia científica y el costo–efectividad así lo aconseje…» Dicho en otras palabras, se atenderán sólo gripas, dolores de cabeza y adiós especialistas. Con médicos así, para qué enemigos…

Entre los otros asesores para esta reforma, se encuentra Augusto Galán Sarmiento, a quien hace tres años, la Academia Nacional de Medicina le pidió la renuncia como miembro de la misma, por ser simultáneamente presidente de una EPS y asesor del gobierno. Otro de los asesores, es una médica, miembro de la Junta Directiva de la Nueva EPS, representando a la Compañía de Seguros «Positiva». A estos dos últimos les pagaron también multimillonarios honorarios, por redactar los artículos pertinentes a los conflictos de intereses. ¿Qué tal? Es decir, despilfarrando el erario para proteger a emporios particulares; esta vez las EPS.

Pero, aún hay más. Hay un proyecto de ley que busca favorecer a los concejales de los más de mil municipios que tiene el país, con beneficios salariales, pensionales,  educativos y de subsidio de transporte, todo a cargo del Fondo de Solidaridad, capitalizado con los aportes obligatorios de los asalariados de Colombia y con los cuales se sostiene el Sisben. También busca esta ley, levantar la inhabilidad entre las funciones edilicias y las labores particulares que le rindan beneficio económico a cada concejal. Es decir, Papá Noel en plena campaña electoral.

New York, 9 de febrero del año 2010

Cómo sacar la brasa con mano ajena

Ya la semana pasada se había hecho alusión en esta columna a la «reforma» al Sistema de Salud, emprendida por Uribe; allí se habló de cómo, con el fin de tapar semejante exabrupto, se tendieron cortinas de humo. Sin embargo, no fue posible esconderlo y la opinión pública logró enterarse de qué algo se estaba cocinando en la Casa de Nariño. Pues, en verdad, no era sólo una reforma al Sistema de Salud, era toda una «reforma» para amparar al conglomerado mercantilista que maneja la salud de los colombianos pobres, es decir, de quienes utilizan los servicios de las EPS.

Pues bien, hace ocho días se dijo, y hoy lo repetimos, que dicha «reforma» sólo busca mejorarle la situación financiera a las EPS. Lo que de por sí, hace surgir la pregunta del millón: ¿Quiénes son los dueños de las EPS? Muchos son banqueros, otros son también dueños de otros emporios comerciales o industriales. Pero dicen que además los hay pertenecientes al sector público. Pero lo de la «reforma» a la salud no solamente es una trampa a los colombianos, cuando está redactada en términos tales, que vulneran más aún (como si esto fuera posible) la economía de los pobres de Colombia. También es un ardid, porque la cacareada «emergencia social» no es más que el producto de la inoperancia e ineficiencia del Estado colombiano. Esta «emergencia» se habría podido evitar si no se hubieran dilapidado los dineros destinados a sostener el Sistema de Salud en Colombia. Primero, los recursos propios del Fosyga no se emplearon adecuadamente, pues el gobierno acumuló durante años deudas con los prestadores públicos y privados de salud. Utilizó los aportes de los contribuyentes al Fosyga, invertidos en títulos de tesorería, para financiar el gasto público en lugar de cancelar oportunamente sus deudas. Segundo, la Superintendencia de Salud tampoco sirvió para regular, vigilar y controlar la prestación del servicio. Por el contrario, uno de sus directores abandonó el cargo acosado por escándalos de corrupción. Cuando la amenaza de millonarias demandas internacionales por parte de los operadores privados se hizo realidad, los responsables oficiales optaron por acudir al atajo y, así, lo único que se les ocurrió fue recurrir a la «reforma», que lo único que busca es esquilmar a los asalariados. La prueba de que dinero sí había, estriba en que para diciembre del 2008  el gobierno, por concepto de esos fondos, tenía casi 4.3 billones de pesos en TES y 1 billón en CDT. En junio de 2009, tenía 4.5 billones en TES y 1.2 billones en CDT; sólo por mencionar algunas inversiones.

Hay otrosí: las EPS no necesitan ayuda económica, pues a lo largo de todos estos años, su riqueza se ha multiplicado. Según publicó SEMANA en su edición sobre las 100 empresas más grandes de Colombia, Saludcoop había registrado utilidades netas por un poco más de 24 mil millones de pesos en el 2008, lo que significó una variación del 12,2 por ciento respecto al 2007. En ese informe, le seguía Salud Total, que tuvo una utilidad neta de 10 mil millones de pesos. Ya Daniel Coronell advirtió  en su columna, «¿Dónde está la bolita?», cómo esta EPS se ha convertido en un verdadero emporio. Entre tanto, la situación financiera de los hospitales públicos cada día es más asfixiante, por la demora de los pagos a cargo de las EPS y del Fosyga. Entonces, ¿quién será el dueño de Saludtotal y quién el de Saludcoop? Averígüelo Vargas…

Como si todo lo anterior fuera poco, el gobierno (ya lo habíamos comentado hace ocho días) despilfarra varios miles de millones de pesos, para pagar «asesores» que le redacten los artículos del proyecto de «reforma» a la Salud. Como bien se sabe, este proyecto pretende que el asalariado (que es quien en realidad utiliza a las EPS) pague de sus ahorros (si los tiene) o de su fondo de pensión o cesantía el costo de los tratamientos costosos.

De otro lado, este decreto ha sido bastante cuestionado, entre otras cosas por dejar la posibilidad de un manejo político de los dineros del Fondo de Prestaciones Excepcionales en Salud (Fonpres, creado por este decreto); porque este fondo estará conformado, como lo ordena el mismo decreto en su artículo 7, por los titulares o delegados de los Ministerios de la Protección Social y Hacienda, por los directores o encargados del Departamento Nacional de Planeación, el Instituto Nacional de Salud y el Invima, por el Secretario de la Comisión Nacional de Precios de Medicamentos y por un representante del Presidente de la República. Ellos decidirán a quién se le va a cubrir el tratamiento completo y a quién no. O sea, que la decisión de los giros que hará el Fonpres la tomará el Presidente, porque todos los que conforman este fondo son nombrados por él.

Los académicos que participaron este jueves en el foro de la Universidad Javeriana, “La salud en Colombia ¿en Emergencia?”, expusieron, con razón, esta inquietud.

New York, 16 de febrero del año 2010

Las lecciones de la Historia (XXVII)

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, durante los primeros años del ascenso de Hitler no fue su fervoroso seguidor. Solamente, cuando en 1933 éste creó el citado ministerio y elevó a Goebbels a la categoría de ministro, su actitud hacia Hitler cambió y su fidelidad se acentuó. Tanto que, a partir de entonces, este ministerio siempre mostró a la opinión la imagen que Hitler quería que el pueblo tuviera de él. Las habilidades de Goebbels para mentir fueron tantas que el pueblo alemán, en su inmensa mayoría, desconoció la verdad de los hechos y sólo cuando la guerra terminó y los aliados destaparon la realidad, se supieron  las atrocidades que el régimen había cometido. Es probable que muchas cosas se hubieran podido evitar, si no hubiera ocurrido el silencio cómplice de los medios de comunicación, que parecían más empeñados en adular al déspota que en informar la realidad de las cosas. Así, el pueblo alemán creía vivir en el mejor de los mundos.

Sin embargo ese bienestar era ficticio, la realidad era otra, el país se derrumbaba, las libertades habían desaparecido, los valores axiológicos eran cosa del pasado, el mismo progreso no era más que el producto de una publicidad bien manejada por Goebbels, quien era un verdadero prestidigitador para mostrar una realidad inexistente. Por supuesto, los miembros del partido nazi, los jerarcas de las SS, los altos oficiales del Ejército, la Marina y la Aviación, al igual que los miembros del Gobierno y los grandes empresarios, vivían muy bien. El resto estaba mal o simplemente sobrevivía o moría lentamente o, peor aún, le había perdido el sentido a la vida. Pero, a pesar de todo esto, creían que sólo Hitler podía salvar el país.

Debido a la manipulación de la información, Hitler hizo y deshizo en Alemania durante los 12 años que duró su dictadura. Era el dueño absoluto de la vida, la honra y las propiedades de los alemanes. Era Jefe de Estado y como tal, en su condición de dictador, también era Canciller, Juez absoluto y Legislador, en tanto que sus deseos eran órdenes para todos los encargados por él en las diferentes ramas del poder público. Su poder era tal, que hasta en la cultura tenía injerencias. Él determinaba quien debía ser tenido en cuenta para acceder a los resortes de la creación y la difusión de las diferentes manifestaciones artísticas y culturales.

Joseph Goebbels utilizaba los medios y el lenguaje para convencer al pueblo alemán, uno de los más cultos de Europa, de las virtudes del Reich: Lebensraum (espacio vital), Anschulss (anexionismo), eran pan de cada día, acompañado por la teoría del racismo y el nacionalismo de ultraderecha: Ein Volk, ein Reichein, ein Führer (Un pueblo, un reino, un caudillo). Recursos eufemísticos estos, que denotan un profundo lenguaje simbólico belicista. Al aplicar estas estrategias, entre ellas, su arma más contundente el pánico, subyugó a la sociedad alemana. Y así Hitler en Alemania con las Camisas Pardas (ejemplo que siguieron Mussolini en Italia con las Camisas Negras y Franco en España con las Camisas Azules), convenció a las juventudes para entrar en ese marasmo propagandístico y bélico y Alemania terminó peleando con todos sus vecinos.

Sin embargo, llegó el descalabro alemán, pues el ejército ario fue derrotado en la batalla de Stalingrado (enero de 1943); había capitulado en el norte de África (mayo del mismo año) y se había retirado de los territorios ocupados en Francia, los Balcanes y algunas regiones de Europa oriental. Refugiado en Berlín, a partir de noviembre de 1944, en una fortaleza subterránea construida para tal efecto, en los sótanos de la Cancillería, Hitler dirigió los últimos combates  que se libraban ya en suelo alemán. Poco a poco, sus antiguos colaboradores, al ver el inevitable naufragio, abandonaban el barco y dejaban solo al maníaco dictador. Solamente unos pocos, como Goebbels, Bormann y Eva Braun, seguían a su lado. Y, así, en esas circunstancias de abandono y de  catástrofe segura, el 30 de abril de 1945, Adolfo Hitler y Eva Braun se suicidaron, luego de contraer matrimonio, de acuerdo al rito nazi que incluía, como requisitos sine qua non, la pureza de la raza aria y la ausencia de taras genéticas. Los testigos obvios de la boda fueron Goebbels y Bormann.

Una vez, Héctor Abad Faciolince escribió: “… después de los misiles, el arma más poderosa de las guerras, es la propaganda, es decir, la mentira. O si no, que lo digan Hitler y Goebbels.» Pues bien, hoy día en plena era de la información, ésta está siendo usada para adular a los gobernantes, hasta el extremo de ocultar ante la opinión pública, los crímenes, errores, desaciertos e injusticias cometidos por aquellos. Este proceder, amparado en la mentira, solamente puede traer desgracias a una nación.

New York, 23 de febrero del año 2010

A cierta edad…

Hace casi un lustro escribí en esta columna la triste historia de un anciano librero de viejo, a quien conocí en mi época de catedrático en una universidad de Bogotá. El anciano me contó en una ocasión su triste historia, a propósito del título de un libro que le compré. Él vivía deprimido y, además, resentido con su familia pues ya viudo lo habían relegado a un plano de inexistencia, debido a que su hijo, su nuera y sus nietos lo ignoraban; tanto que él llegó a pensar que era invisible para ellos. La gota que rebosó la copa de la amargura surgió una mañana sabatina, cuando la familia de su hijo se fue de paseo y él, muy optimista, esperaba en el dintel de la puerta de salida que lo llevaran con ellos. Sin embargo, todos pasaron junto a él sin mirarlo y mucho menos despedirse. Acongojado y lleno de amargura, lió sus pocos bártulos, las fotos de su difunta esposa y sus preciados libros y huyó de la casa del hijo ingrato.

En la calle 19 de Bogotá montó su puesto de librero de viejo y allí fue donde lo conocí y me narró su triste historia, la que una vez conté en esta columna. Durante un tiempo dejé de ir a su ventorrillo, para no apenarme al verlo. Cuando una mañana de sábado volví, ya no lo encontré; según me dijo otro librero, el anciano había muerto. Durante muchos años, la congoja que el anciano me transmitiera con su historia, me acompañó. Me era imposible olvidarme de su cara de aflicción mientras me narraba esa parte de su vida.

Ahora, cuando yo mismo he llegado a los albores de la ancianidad, estaba el otro día revisando las copias virtuales de mis escritos (narraciones, poemas, cartas, ensayos, la obra periodística, etc.), cuando encontré la columna sobre «El hombre invisible». Su lectura me llenó de nostalgia, pero también me hizo nacer la siguiente reflexión, la cual quiero compartir con mis amables lectores.

Dicen que a cierta edad, después de los sesenta, nos hacemos invisibles, porque nuestro protagonismo en la escena de la vida declina y, así, nos volvemos inexistentes para un mundo en el que sólo cabe el ímpetu de los años jóvenes. Yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo; tal vez sea así, tal vez no. Pero nunca como hoy fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi vida y nunca disfruté tanto de cada momento como ahora, cuando ya no tengo que cumplir horarios ni debo responder por actividades laborales. Sé que no soy el príncipe azul del cuento de hadas y que no necesito ir a salvar a la princesa, montado en mi caballo blanco, ni tengo que matar a ningún dragón para salvarla de la torre. Sólo sé que aún soy un hombre con capacidad de amar.

Sé que puedo dar sin pedir nada a cambio; pero también sé que no tengo que hacer o dar algo para sentirme bien. Por fin encontré al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas. He descubierto que puedo permitirme el lujo de no ser perfecto, de ser capaz de tener debilidades y de equivocarme, de no tener que responder a las expectativas de los demás y hasta hacer algunas cosas intrascendentales indebidas y, a pesar de todo ello, seguir sintiéndome bien.

Por si fuera poco, saberme querido por muchas personas que me respetan y me quieren por lo que soy. Sí, así un poco irreflexivo, todavía soñador, que cree en el buen corazón de las personas. También saberme cariñoso, conversador, saber abrazar y dar un beso al corazón de los demás y, a veces, por algún motivo triste (porque también tengo mis momentos tristes, esos cuando pongo mi cara larga y un aire de pensante) me da por llorar,

Ahora, cuando me miro al espejo ya no busco al que fui en la juventud, sonrío al que soy hoy, me alegro del camino andado y asumo mis errores.

¡Qué bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras las quimeras! ¡Qué bien que ya aprendí a tener paciencia! El ser humano tarda mucho en madurar, ¿verdad? Hoy sé, por ejemplo, que todos mis seres queridos y mis amigos y mis amigas son peregrinos del mismo camino, que en cualquier momento nos encontramos y nos queremos.

Hoy sé que nadie es responsable de mi felicidad. ¡Sólo yo! Hoy sé que el viento extiende sus brazos cuando camino por la calle y que sólo depende de mí el sentir su frescura y su deleite. Hoy sé que la vida es bella, porque la he visto partir ya muchas veces. Hoy vivo la vida así como es, bonita con su ir y venir, con sus amores y desamores, con sus ratos de lluvia, con sus puestas de sol, con su ruido incesante, con sus tardes grises y con sus amaneceres de esplendor. Sólo quiero dejarla correr. No quiero pedirle nada. Sólo quiero tener lo que yo busque, sólo quiero disfrutar de lo que yo merezca.

¡Hoy me he dado cuenta de que no soy un hombre invisible!

New York, 2 de marzo del año 2010

La época electoral

Hace ocho años (cuando aún se desconocía el proyecto de la «parapolítica») se dijo en esta columna algo a propósito de las elecciones que se avecinaban. Las condiciones de disputa eran otras, porque ahora hay congresistas presos por delinquir y, tanto ellos como sus aliados paramilitares, pretenden seguir ejerciendo el poder, a través de interpuestas personas allegadas a ellos, con el mismo ánimo de rapiña que siempre han acostumbrado.

El estado social de derecho está fundamentado en la voluntad popular dentro de un sistema político republicano, que permite velar por la vida, honra y bienes del ciudadano. Dentro de este orden de ideas, el Estado debe velar porque el nivel de vida de sus asociados sea el mejor y las necesidades básicas y fundamentales, como lo son la salud, la educación y la vivienda, les sean garantizadas a todos los habitantes del país. El sistema republicano, como sistema político, crea dependencia en sus asociados puesto que éstos le deben obediencia. Los sistemas políticos son instrumentos del Estado, el cual es una institución de acción continua que, mediante la aplicación de la ley, logra su perpetuidad. Para ejercer a cabalidad sus funciones, el Estado de Derecho debe tener un balance entre las tres ramas del Poder, de tal manera que ninguna de ella avasalle a las otras dos y, sin distingo alguno, se respeten los derechos humanos de los asociados.

El sistema republicano se mantiene gracias al sistema electoral, el cual se alimenta con el sufragio. El sistema político electoral colombiano se encuentra dividido en dos grandes  vertientes: la rural y la urbana; la primera es conducida por los gamonales, quienes poseen la tierra en el campo y, por consiguiente, el poder; éste les permite perpetuarse, de grado o por fuerza en forma directa o por interpuestas personas, en la dirigencia de la política de su respectiva región.

La política electoral urbana la comandan los clientelistas quienes, a través del ofrecimiento de cargos públicos y otras prebendas, logran mantener cautiva una clientela para las elecciones. Al clientelismo le es fácil lograr lo anterior, gracias a su capacidad para perpetuarse en el poder; con lo cual administra, como si se tratara de una empresa privada, las dependencias del Estado; convirtiéndolo, así, en una gran agencia de empleos. [Amén del contubernio entre el Estado y los grandes monopolios]

Por otro lado, cuando un individuo por fin es elegido para un cargo público, ha invertido en el intento una considerable suma de dinero; por consiguiente, al empezar a manejar el presupuesto oficial cree, equivocadamente y de manera deshonesta, que podrá recuperar su inversión entrando a saco al erario; además, en las futuras elecciones tendrá asegurada, así, su reelección. Por todo lo anterior, la clase gobernante olvida fácilmente que ella subsiste gracias al electorado que vota por ella.

Evidentemente, hay excepciones, pero son tan pocas que su buena voluntad y su honradez –muchas veces acrisoladas– se ven opacadas por la acción de gamonales y clientelistas quienes también, como para tener mayor certeza en el triunfo electoral, obtienen ayuda financiera del sector empresarial; el cual, al invertir en las campañas políticas, obtiene un seguro que le garantice que el Estado, en sus diversos niveles y divisiones del poder, no atentará contra sus intereses; sino que, por el contrario, velará por ellos. Algunos otros, no sólo deshonestos, sino también inmorales, reciben dineros de empresas ilegales; otros más taimados, acuden al fraude electoral, sobre todo en las regiones donde la labor de verificación y control es menor o no existe.

Todo esto, a la larga desvirtúa la acción del Estado haciéndole perder de vista su objetivo primario y, por consiguiente, su principal propósito: conseguir el bienestar de sus asociados, mediante la redistribución social del ingreso y, además, administrar y controlar la recaudación tributaria en forma social tal que los poderosos al tributar más, subvencionen a quienes no pueden hacerlo o a quienes sólo pueden tributar en menor escala y no, como sucede en la actualidad: donde mayoritariamente tributa la clase trabajadora; ya que muchos empresarios –grandes, medianos o pequeños– trasladan injustamente al precio de venta de bienes o servicios, el monto de los impuestos con que son gravados. [Cuando lo son, porque con las últimas reformas, el gobierno aumentó las exenciones tributarias para los grandes monopolios amigos.] De no existir control estatal al respecto, el tesoro público se convierte en un saco roto, que nunca tendrá los fondos necesarios para satisfacer los planes de inversión y desarrollo que el país requiere para salir de su atraso consuetudinario. [Como ha sucedido con el despilfarro ocasionado por acciones como AIS y tantas más]

Y si a lo anterior, le agregamos la inclinación de la mayoría de los votantes, en quienes tiene más ascendiente el corazón o el estómago que el cerebro, porque su pensamiento los lleva a considerar el beneficio particular e inmediato y no el bien colectivo y futuro, encontramos electores que votan por la persona que les cae bien o más se acerca a sus afectos o les ofrezca gajes efímeros y no por aquel que haya de traer desarrollo al país o la región en que habitan y, a la vez, denuncie los delitos y las malas costumbres de los gobernantes, con el fin de ir buscando el camino que nos permita salir de la corrupción administrativa que nos agobia y su natural secuela, la impunidad. [Cuyos últimos alcances, han desbordado como nunca los límites de la razón, la sensatez y la honestidad].

New York, 9 de marzo del año 2010

Hacer la tarea con lo que tengamos

Como quiera que cuando esta columna se escribe, aún no han ocurrido las elecciones para el Congreso, entonces hablemos hoy de algo anecdótico que muchas enseñanzas puede dejarnos.

Itzhak Perlman nació en Tel Aviv el 31 de agosto de 1945 y es uno de los mejores y más famosos violinistas de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del actual. A los cuatro años de edad contrajo la poliomielitis, por lo cual tiene necesidad de utilizar muletas para poder desplazarse y por ello, siempre toca el violín sentado. Ha participado en giras internacionales y realizado muchas grabaciones. Fue el violín solista de la película «La lista de Schindler», que lo hizo acreedor a un Oscar por mejor música. Su última grabación para bandas sonoras fue la de la película «Memorias de una Geisha». En los últimos años ha comenzado a dirigir, tomando el puesto de director invitado en la Orquesta Sinfónica de Detroit. Perlman ha sido laureado en varias ocasiones. Su versión de los «24 Caprichos” de Paganini, es una de sus grabaciones más conocidas.

Actualmente Itzhak Perlman reside en New York con su esposa Toby (también violinista profesional) y sus cinco hijos.

Pues bien, luego de esta breve introducción, veamos la anécdota ofrecida: El 18 de noviembre de 1994, Itzhak Perlman debía dar un concierto en el «Avery Fisher Hall», del Lincoln Center de New York. Como ya es su costumbre, llegó al escenario con ambas piernas sujetas con bragueros y caminando con la ayuda de las muletas. Quienes lo han presenciado, cuentan que verlo cruzar por el escenario, de manera trabajosa y lenta hasta llegar a su silla, es una visión asombrosa. Entonces se sienta lentamente, pone sus muletas en el suelo, afloja los sujetadores de sus piernas, echa un pie hacia atrás y extiende el otro hacia adelante, se inclina y levanta el violín, lo pone bajo su mejilla, hace una señal al director y comienza a tocar. Hasta ahora la audiencia está acostumbrada a este ritual.

Pero esta vez algo anduvo mal. Justo cuando terminaba sus primeras estrofas, una de las cuerdas del violín se rompió; se pudo escuchar el ruido que atravesaba el salón y no quedaba duda sobre lo que ese sonido significaba, ni tampoco respecto a lo que él tendría que hacer. Los que estaban allí esa noche, pensaron que tendría que buscar otro violín o encontrar una cuerda de reemplazo. Pero él no hizo nada de esto. En su lugar, esperó un momento, cerró sus ojos y luego hizo al director la señal de empezar nuevamente. La orquesta comenzó y él tocó desde el punto en el que se había detenido y tocó con tanta pasión, tanto poder y tanta pureza, como nunca lo había hecho antes.

Es sabido que es imposible interpretar un trabajo sinfónico con sólo tres cuerdas, pero esa noche Itzhak Perlman se rehusó a aceptarlo y logró modular, cambiar y recomponer la pieza musical en su cabeza. Y lo hizo como si estuviera sacando el tono de la cuerda que se había roto y consiguiendo nuevos sonidos que las tres restantes nunca habían dado antes.

Cuando terminó, hubo un impresionante silencio en la sala; entonces la gente se levantó y lo aclamó. Hubo un extraordinario aplauso proveniente de cada rincón del auditorio. Todos estaban de pie gritando y animando, haciendo todo lo que podían para demostrar cuánto apreciaban lo que él acababa de lograr.

Itzhak Perlman sonrió, se secó el sudor de la frente, alzó los brazos para aquietar al auditorio y luego dijo, no con presunción, sino en un tono reverente, pensativo y calmo: «Ustedes saben, algunas veces la tarea del artista es descubrir cuánta música puede hacer con lo que aún le queda».

¡Que maravilloso pensamiento! Desde cuando conocí esta anécdota, ha permanecido en mi mente siempre. Y, ¿quién sabe?, tal vez esa sea la clave del vivir, no sólo para los artistas, sino para todos nosotros. He aquí a un hombre que se había preparado toda su vida para hacer música con un violín de cuatro cuerdas y que, repentinamente en medio de un concierto, se encuentra con un violín de sólo tres cuerdas. Así que realizó música con tres cuerdas y la música que hizo esa noche con sólo tres cuerdas, fue más hermosa, más sagrada y más memorable que alguna que hubiera hecho antes, cuando contaba con un violín de cuatro cuerdas.

Por eso, tal vez, nuestra tarea en este mundo que vivimos, confuso, inestable y que cambia velozmente, sea hacer nuestra tarea, al principio con todo lo que tenemos y luego, cuando eso no es posible, hacerla con lo que nos quede. Porque, fracasar no significa que Dios nos haya abandonado, es simplemente olvidar que Él nos ofrece planes diferentes en cada ocasión.

New York, 16 de marzo del año 2010

Los nuevos barones electorales

Luego de la alta votación obtenida por el Partido de la U, por el PIN y hasta por el Partido Conservador, se llega a la conclusión de que muchos votaron movidos por el miedo; miedo que les inculcaran desde el alto gobierno, al decirles que en esta elección se trataba de escoger entre el bien y el mal, entre el uribismo y el anti uribismo, entre Colombia y Chávez, entre la derecha y las FARC y entre tantas otras manifestaciones del maniqueísmo que tan bien manejan Uribe y sus asesores. Y, a pesar de que esto no era cierto, el pánico cundió entre la mayoría del electorado y éste votó, pensando que así salvaba a Colombia de la catástrofe.

Porque sí, esa es la imagen que le han vendido al colombiano medio: si no gana el uribismo, la izquierda democrática le entrega el país a Chávez o a las FARC o a ambos a la vez.

Eso es lo que se oye en los noticieros, lo que se lee en los editoriales y en las columnas de opinión gobiernistas e, inclusive, en las conversaciones coloquiales, una falacia tan grande como una catedral, que la izquierda acabaría con el país. La verdad es otra: la izquierda colombiana, la que maneja el Polo Democrático y gran parte del Partido Liberal, a quienes no les gusta la forma de gobernar Chávez, como tampoco les gustó la forma de gobernar Uribe y que denuestan de los procedimientos de las FARC, no son los que llevarán a Colombia a la catástrofe, sino más bien quienes pueden salvarla del abismo en el que ha estado cayendo paso a paso, gracias a la corrupción administrativa y a la impunidad y a tantos otros actos de depredación humana que se han desarrollado en los últimos ocho años.

Sin embargo, con el “coco” de Chávez y con el “coco” de las FARC, la mitad del electorado colombiano se asustó y votó por los candidatos del Partido de la U, por los del Partido Conservador y hasta por los candidatos del PIN. Estos últimos, enraizados con los ex congresistas, ex gobernadores y ex funcionarios presos por la parapolítica.

Para ese contubernio no existió miedo alguno. Entonces, esto ¿qué significa? Pues que, tal como se dijo al principio, la publicidad negativa contra la oposición, desatada desde el alto gobierno (con tantos asesores que tiene), surtió sus efectos. El pueblo, asustado, no comparó las falacias de la publicidad oficial con la alternativa real que se gesta a diario: más de ocho millones de desempleados, cerca de doce millones en la miseria absoluta, con el índice más alto de desequilibrio social en América –después de Haití–, con la probabilidad de morir por no disponer de ahorros con qué pagar un tratamiento médico, la posibilidad de no tener mañana con qué alimentar a los hijos, la incertidumbre de que un día de estos se sea víctima de un falso positivo y tantas otras atrocidades derivadas de lo legislado por el partido de la U o lo decretado desde los ministerios que controla el mismo partido, bajo la batuta del príncipe.

Y yendo más allá, nadie ha reprochado la alta votación del PIN ni el millón y pico de votos de Arias en la consulta. Parece mentira que tantos millones de colombianos continúen ciegos y sordos ante tanto corrupción

  1. S. * Los conservadores, en su consulta interna, eligieron entre dos males el menor. No habría tenido presentación que a Andrés Felipe Arias le hubieran perdonado lo de Carimagua y lo de Agro Ingreso Seguro. O, ¿sería la oposición la que le dio el triunfo a Noemí? A propósito de AIS, resulta que ahora los culpables son los asesores del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y no el ex ministro Arias y su jefe Uribe, que desoyeron en su momento las recomendaciones del Centro de Estudios Ganaderos y Agrícolas (CEGA) que, desde el 2006, les mostraron lo absurdo y lo aberrante del proyecto. ¿Por qué sería?

** ¿A qué se deberá la insania de Uribe contra el Registrador del estado civil? ¿Tendrá que ver con la posición de éste cuando se estudiaba la inviabilidad del referendo reeleccionista?

*** ¿A qué se debe el afán de Rodrigo Rivera de exculpar con tanta anticipación a Juan Manuel Santos, con respecto a su responsabilidad en los falsos positivos?

 Valledupar, 23 de marzo del año 2010

Qué sucedería en un gobierno de Santos y cómo evitarlo

El país en su mayoría ha visto atónito cómo las mafias siguen mandando en Colombia; cómo siguen captando votos, de grado o por fuerza, con legalidad o a través del fraude. Las altas votaciones del PIN no dan pie a un análisis diferente; sólo la estulticia o la ingenuidad de quienes votaron a los candidatos de este partido, podría explicar esos resultados; amén de la coacción ya mencionada.

Lo más grave de ellos es su apoyo irrestricto a la candidatura de Juan Manuel Santos, quien puede estar todo lo preparado que se quiera, quien puede gozar de toda la estirpe y la prosapia necesarias; pero que, de salir electo, gobernaría no solamente con la gente del Partido de la U (que demostrará, una vez más su condición oportunista), sino que también gobernaría con la gente del PIN (quienes por sí mismos no son peligrosos; el riesgo radica en la mente de los que están detrás de ellos y serían los verdaderos legisladores: los presos por parapolítica –sí, aquellos que querían refundar el país, pero que terminaron por robárselo–).

Además, un eventual gobierno de Santos, arreciaría las ejecuciones fuera de combate; pues él es de los que no ve con malos ojos aquello de la “limpieza social”; Santos, en su paso por el Ministerio de Defensa, mostró su espíritu proclive a la beligerancia, a las vías de hecho, a las soluciones a través de las armas. Es posible que, durante un hipotético gobierno de Santos, se aprueben leyes que permitan armarse a quien quiera. La situación de violencia interna se agravaría más aún y ni que decir el estado de conflicto en que se mantendría Colombia con toda Suramérica.

La niebla de racismos y clasismos, de estratificaciones y repulsiones que el país ha arrastrado desde siempre y que en los últimos años se ha acentuado, en un supuesto gobierno de Santos aumentaría.

El presupuesto de guerra llegaría a topes insospechados y no es que sea malo que las Fuerzas Militares de Colombia estén bien apertrechadas; lo grave radica en que el dinero que se le dé de más a éstas, se le quitaría a la salud, a la educación, a los planes de vivienda y a tantos otros frentes de atención social que el país demanda, para salir de este anclaje en el Medioevo, que no nos deja salir del feudalismo.

Porque no es matándonos los unos a los otros, como se puede pacificar a Colombia. La paz llegará cuando se combata la miseria, cuando se acabe el desempleo, cuando se erradique la pobreza, en fin cuando se den la confianza y la solidaridad necesarias para que el desequilibrio social –imperante en Colombia desde cuando vinieron los conquistadores– llegue a su término.

Por eso, se necesita una gigantesca transmutación en las costumbres políticas imperantes en nuestro país, una transformación de las conciencias y de la conducta de los funcionarios, para que realicen sus labores al tenor de servidores públicos; es decir, han sido elegidos o nombrados para servir a la comunidad, no para servirse de ella. Requerimos una conducta cuyo eje central lo constituyan la honestidad, la honradez y la cultura de las buenas costumbres; de tal manera que el presupuesto nacional no sea el saco roto que siempre ha sido, si no que por el contrario sea la fuente de solución a los problemas de todo el país, no solamente de los privilegiados que, por serlo, creen equivocadamente que ésta es una prerrogativa exclusiva de ellos y, por ello, aumentan la corrupción y la impunidad.

Es claro que todo esto no se logra en un santiamén; para hacerlo se necesita tiempo, pero “principio quieren las cosas” y, sobre todo, una mente y una conciencia rectoras del cambio y no es, precisamente, Juan Manuel Santos el portador de estas virtudes, las cuales  el elector colombiano (ese que ha dejado de votar por apatía, ese que jamás ha logrado que su candidato haya sido elegido, ese que vota sin sectarismos, ese que no vende ni regala su voto, en fin ese elector que ama a Colombia – no la de la bandera, el escudo y el himno, sino la de su gente, pobre o rica, culta o analfabeta, de cualquier raza o preferencias religiosas, políticas u otras más–), ese elector, repito, sabe cuál de los aspirantes a la presidencia las posee y él será el que, al despertar, logre imponer su voluntad y elija al candidato que logre transformar a Colombia, de la república bananera que es, en una nación regida por un Estado social de derecho, en el cual el tejido comunitario, por fin, sea denso, para que se cierre –o al menos se disminuya– la inmensa brecha social existente en Colombia desde la época de las Alcabalas y las Encomiendas.

Valledupar, 30 de marzo del año 2010

Haití y el terremoto

Ahora, cuando ya amainaron en América las últimas réplicas tectónicas, vale la pena hacer un comentario sobre los seísmos de Haití y Chile.

Hace cerca de tres meses un terremoto sacudió la parte occidental de la Isla La Española, que comparten Haití y República Dominicana. El sismo tuvo como epicentro un poblado cercano a Puerto Príncipe, la capital haitiana, que quedó fatalmente afectada; muchas de sus edificaciones derruidas y, como Puerto Príncipe concentraba gran parte (36.25%) de la población del país, el total de damnificados supera los tres millones de haitianos. Los muertos alcanzaron cifras de más de 200.000 personas y los desaparecidos duplican esa cantidad.

Hace cinco o seis semanas un sismo, más fuerte que el de Haití, sacudió al meridional estado de Chile. La catástrofe afectó físicamente al 80% del país; sin embargo sólo hubo 432 muertos y mucho menos desaparecidos y los damnificados apenas sobrepasaron los dos centenares de personas.

¿Por qué si el sismo de enero, que asoló a Haití, a pesar de ser menos fuerte que el de febrero en Chile, causó más daño que este último?

¿Por qué es de presumir que Chile se restablecerá más pronto que Haití si aquél colapsó más?

Y no es porque la ayuda internacional haya llegado más pronto y en mayor abundancia a Chile que a Haití. En absoluto, la solidaridad internacional ha sido total e indiscriminada. Entonces, ¿por qué la diferencia? Porque Chile es una nación más organizada que Haití. De ahí que se encontrara más preparada para resistir los embates de la naturaleza. Al fin y al cabo, desde hace un poco más de diez años, la dirigencia chilena –después de la dictadura– ha orientado el país, no sólo por el camino del equilibrio social y el respeto por los derechos humanos, sino también por las sendas de la protección del medio ambiente y, por eso, no obstante ser un país montañoso, situado además en una zona de mucho movimiento telúrico, pudo hacer frente (casi de manera natural) a la hecatombe sísmica.

Entre tanto, la dirigencia política de Haití, desde siempre, la ha llevado al nada honroso sitio de ser el país más pobre de América y uno de lo más empobrecidos del mundo entero. Allí, en Haití la pobreza absoluta es el común denominador; la concentración de riqueza ha producido un total y absoluto desequilibrio socioeconómico y, así, mientras que el uno o el dos por ciento de la población todo lo posee, el resto sobrevive o vive mal; pues solamente un pequeño porcentaje que tiene trabajo fijo puede subsistir decorosamente, aunque sin mayores lujos. La pobreza absoluta ronda índices realmente alarmantes, pues ésta se sitúa –según fuentes de mucha credibilidad, tales como organismos de la ONU y de la OEA– en porcentajes que sobrepasan los 90 puntos. La corrupción administrativa es aberrante y el tráfico de influencias notorio y ni que hablar de la impunidad.

De otro lado, la tala indiscriminada de bosques ha promovido la erosión y ha hecho del suelo haitiano algo poco propicio para la agricultura como fuente alimentaria (de ahí que el hambre ronde a la mayoría de la población); amén de lo poco sismo resistente que ha quedado el país.

Bien vale la pena aclarar que la tala de bosques se ha suscitado como única salida posible para el pauperizado pueblo de Haití, pues mientras que los pocos grandes latifundistas controlan el monopolio de la industria maderera, los pobres recurren a los desechos para convertirlos en carbón vegetal y, así, contar con un recurso que les permita medio subsistir.

Entonces, dentro de un ambiente carcomido por el desequilibrio social, la corrupción y la impunidad, ¿será que la ayuda internacional –por más amplia que sea–  logrará sacar a Haití del colapso en que se encuentra? Tal vez no, mientras subsistan esas condiciones. Pues la tragedia de Haití no la trajo el terremoto; quizás aumentó el sufrimiento e hizo más visible la desdicha; pero su condición de pobreza (como ya se vio) tiene raíces más hondas y datan de antaño. No está de más mirar esos espejos y actuar en concordancia. Los candidatos a la presidencia de Colombia, tienen allí mucho que observar en estas dos imágenes (la de Chile y la de Haití) y proceder de manera concomitante. Los electores también debemos aprender la lección. A los nuevos congresistas, no sobra recordarles que su labor es fundamental en la conducción del país; pues el Estado de derecho lo conforman las tres ramas del Poder.

Valledupar, 6 de abril del año 2010

El nuevo gobierno

El nuevo gobierno tendrá que desmontar las escandalosas exenciones tributarias que, a guisa de regalo, Uribe le otorgara a los grandes monopolios amigos, so pretexto de estimular el empleo y aumentar la “confianza inversionista”. Los favorecidos aumentaron sus ya de por sí exorbitantes ganancias, pero el desempleo siguió creciendo.

El nuevo gobierno tendrá también que enfrentar la necesidad de sacar de la orfandad a la Justicia, restableciendo el ministerio del ramo, que permita tener un vocero que la defienda y la dignifique al darle los recursos que le fueron cercenados en los últimos años.

El nuevo gobierno tendrá que llevar a la Cancillería y a las embajadas verdaderos profesionales de la diplomacia y no seguir usando –como, en efecto se hizo en los dos últimos períodos– la representación ante países amigos, como canonjías para pagar favores y adhesiones.

El nuevo gobierno, sin dejar de lado la seguridad rural, tendrá que hacerle frente a la inseguridad urbana, la cual ha crecido como espuma en los últimos siete años.

El nuevo gobierno deberá ponerle la debida atención a la infraestructura vial, si quiere darle al país la oportunidad de buscar el crecimiento y la modernización.

El nuevo gobierno tendrá que restablecer (al hacer el deslinde correspondiente) los ministerios de Salud y Trabajo, para poder abocar los serios problemas que los respectivos sectores atraviesan y que, cada día, se tornan más y más intrincados, desfavoreciendo así a las clases más afectadas por la mala atención en salud y por el desempleo.

El nuevo gobierno, de igual manera, deberá separar los ministerios de Vivienda y del Medio Ambiente, para que ambas necesidades puedan ser atendidas adecuadamente; pues, por un lado el déficit de vivienda sigue en aumento y, por otro lado, los recursos naturales siguen en picada hacia el descenso y la extinción. Y el país sabe el porqué de esto último.

El nuevo gobierno deberá cambiar el esquema paternalista e inocuo de los consejos comunales, por una nueva forma de comunicación entre el Estado y los ciudadanos; en donde, la delación por pago y la rifa de favores y limosnas sean desterradas como política de Estado.

El nuevo gobierno necesitará hacer acopio de expertos en los Ministerios y los Departamentos Administrativos para evitar que, cada vez que haya que proponer reformas o elaborar proyectos, el Estado tenga que recurrir a asesores externos, cuyos honorarios rondan los cientos de miles de millones de pesos y, todo, en pos de verdaderos galimatías y exabruptos.

El nuevo gobierno tendrá que acabar con la informalidad en el empleo como única fuente de recursos para la mayoría de los hogares pobres; que de subsistir esta informalidad, sea solamente como suplemento de los ingresos familiares.

Estas son alguna de las cosas que el nuevo gobierno tendrá que hacer para sacar adelante el país; veamos, ahora, lo que de ninguna manera podrá hacer el nuevo gobierno.

El nuevo gobierno no podrá utilizar los servicios de seguridad e investigación del Estado, para perseguir a los miembros de la oposición o a todos aquellos que no estén de acuerdo con él.

El nuevo gobierno no podrá utilizar los dineros del erario –que son de todos, sin ser de nadie–, para favorecer proyectos y alianzas con sus amigos y partidarios en distintos órdenes.

El nuevo gobierno no podrá transgredir las leyes para favorecer a sus más allegados ni, tampoco, podrá dejar que otros –también muy de sus afectos– quebranten la ética para alcanzar objetivos derivados de la codicia y del afán de lucro. Como, menos aún, podrá prohijar la corrupción administrativa ni la impunidad, su hija bastarda.

En fin, son tantos y tantos los entuertos que surgieron en los últimos años y que se requiere “desfacer”, que solamente individuos de la talla y la integridad moral, amén de su condición de estadistas, como Mockus, Petro o Pardo, podrán embarcarse en la quijotesca labor de lograrlo. Cualquiera de los otros candidatos con opciones –Santos, Sanín o Vargas– terminaría por darnos más de lo mismo. Es decir, más de eso que ha dejado al país en una ruina moral, económica y axiológica, que da pavor y, de ser así (el poder en manos de uno los últimos citados), sería el “apaga y vámonos”. Y ni qué decir, de la zozobra por los “dimes y diretes” que, a título personal, han regido últimamente las relaciones diplomáticas en el área.

Ojalá Mockus (ya unido con Garzón, Peñalosa y Fajardo), lograra atraer a Petro y a Pardo para que fusionaran sus fuerzas y sus esfuerzos, por el bien de Colombia. Sólo así, ésta podrá resurgir, enmarcada en un Estado de derecho, tal como lo previó la Constitución de 1991. Tal vez, también, al no haber quien prostituya al Congreso, éste vuelva a tomar el cauce de la decencia, la honestidad y la honradez, no obstante –salvo honrosas excepciones– muchos de sus miembros hagan pensar otra cosa.

Valledupar, 13 de abril del año 2010

Por un nuevo gobierno

El propio Mockus dio la noticia: “sufre del mal de Parkinson.” El anuncio provocó un enorme impacto en la opinión pública y se convirtió en tema obligatorio de los medios, los corrillos y los mentideros políticos. Sin embargo, la enfermedad no es mortal y, aparte de algún movimiento involuntario e incontrolable, no tiene ningún tipo de repercusión en las actividades mentales del paciente. Ha habido varios dirigentes mundiales que han padecido de esta enfermedad. Janet Reno, siendo fiscal general de Estados Unidos tenía parkinson; Andy Grove, ejecutivo de Intel (el fabricante mundial de procesadores para computadoras), también lo tiene y hay muchos congresistas de Estados Unidos que lo padecen. Y Juan Pablo II, durante los últimos quince años de su pontificado, sufrió de dicha enfermedad. Es decir, el mal de Parkinson no es causa para que un individuo inteligente, deje de serlo.

Ahora bien, si Antanas Mockus, tiene principios morales y éticos, sentido del deber, un alto concepto de lo qué es correcto, si respeta a los demás, es tolerante, tiene una excelente preparación académica, un sentido especial de respeto por los manejos de los bienes del Estado, una gran experiencia en programas educativos y de convivencia, muchos reconocimientos internacionales, compromiso con Colombia –la muestra son los $4.500.000.000 que no quiso recibir–, es transparente en sus actos, coherente en sus ideas, ha dado muestras de ejecutorias concretas de mejorías ciudadanas, su trayectoria pública es ejemplar, posee ideas y propuestas específicas para Colombia y, como si fuera poco, es independiente frente a la clase política tradicional, entonces, su gobierno sería el más pulcro y honrado de nuestra Historia. Bueno, algo tendría que faltarle y, así, carece de condenas en su contra, de investigaciones por parapolítica, de maquinarias, de cuotas burocráticas, de apoyos de politiqueros tradicionales, de experiencia en reuniones con personas al margen de la ley, de habilidades en falsos positivos, chuzadas, seguimientos ilegales y similares, de redes de contratistas estatales y, además, carece de notarías, embajadas o consulados.

Para que nos hagamos una idea sobre cómo sería un gobierno de Mockus, miremos a este país de Europa septentrional, cercano a Lituania, de donde vienen los ancestros de este candidato a la presidencia para el próximo período y, así, podríamos imaginarnos cómo sería un nuevo gobierno, presidido por Mockus, con prioridad en la educación.

Finlandia no tiene muchos recursos naturales. El himno nacional dice: “…somos un país pobre, que no tiene oro. El recurso que tenemos es nuestro pueblo.” Por eso, invierte en su pueblo, para que toda persona reciba la formación y la educación requerida para ir tan lejos como su capacidad se lo permita; pues no es suficiente que una sociedad posea algunas personas muy capacitadas, toda la sociedad tiene que tener la posibilidad de formación durante toda la vida. No basta que un niño pobre reciba alguna formación cuando es pequeño, tiene que poder estudiar cuanto quiera. Por eso, Finlandia es uno de los países más competitivos en las estadísticas internacionales con sólo 5 millones de habitantes; imaginémonos lo qué haría con 45 millones. Finlandia posee una economía altamente industrializada, con producción “per cápita” mayor que la del Reino Unido, Francia, Alemania o Italia; el nivel de vida finlandés es alto. El sector clave de su economía es la industria, principalmente maderera; también telecomunicaciones, (Nokia) metalurgia, ingeniería y productos electrónicos. El comercio exterior es fundamental: representa cerca del 34% del PIB. Con excepción de la madera y de varios minerales, Finlandia depende de importaciones de materias primas, energía, y algunos componentes de bienes manufacturados. Si Colombia busca inspiración para enfrentar dos de sus principales problemas (falta de educación y corrupción), mire el espejo de Finlandia.

Para la presidenta finlandesa, Tarja Halonen, la clave es: “fuerte inversión en educación (6% del PIB, sin contar investigación), transparencia en el gobierno y fidelidad programática; es muy importante tener el coraje de reservar los recursos para la educación básica», resalta ella.

Porque un pueblo educado sabrá elegir a dirigentes honestos y competentes, quienes elegirán a los mejores asesores. Un pueblo educado no permite corruptos ni incompetentes, sabe diferenciar muy bien un discurso serio de uno demagógico y prospera, inclusive en condiciones adversas. En tanto que, un pueblo ignorante desperdicia sus recursos y se empobrece, vive de ilusiones y, lo peor, es terreno abonado para la demagogia. El pensamiento de la presidenta finlandesa difiere bastante con el de nuestras autoridades actuales (cuanto más ignorante sea el pueblo, más van a perdurar ellos y más enriquecimientos ilícitos habrá). La corrupción siempre estará presente porque es el negocio de los sinvergüenzas. Por todo esto (el parkinson no es problema), hay que elegir a Mockus, para acabar con la corrupción y la impunidad.

Valledupar, 20 de abril del año 2010

¡Que viene el lobo!

Ese parece ser el grito desgarrador del uribismo –con Uribe a la cabeza– al ver como la opinión pública cada día tercia más y más a favor de Antanas Mockus.

Si ayer lo tildaban de idealista y hoy lo calumnian diciéndole “débil ante la guerrilla”, pretenden hacernos olvidar que durante su alcaldía, Mockus se enfrentó duro contra las amenazas de las Farc, no sólo mediante actos simbólicos como su chaleco con el corazón expuesto y amarrarse las manos para indicar el rechazo a la tentación del “ojo por ojo…”, sino también con medidas convencionales, como aquella de cuadriplicar la inversión en la Policía y la construcción del primer batallón de Alta Montaña. A Mockus los alfiles del Presidente intentan ridiculizarlo con los mimos, los disfraces de súper cívico y los girasoles; pero, si se atienen a las cifras y a los resultados concretos de sus dos alcaldías, difícilmente podrán volver la seguridad el talón de Aquiles de su candidatura. Si ayer le criticaron su enfoque filosófico sobre la conducción del Estado y hoy lo vituperan por su apego a la pedagogía, difícilmente podrán hacernos olvidar que durante los tres años de su última alcaldía, cerca de 2.500 personas menos murieron por causas violentas en Bogotá. Cuando Mockus asumió su primera alcaldía redujo la tasa de homicidios del 0,0821% al 0,0649% y, cuando acabó la segunda alcaldía en el 2003, la tasa bajó al 0,0234%. Si ayer era réprobo por usar los símbolos lúdicos de la educación y hoy quieren utilizar sus excentricidades del pasado como una muestra de aparente incoherencia, jamás podrán minimizar que Mockus logró esta disminución significativa, que no ha sido alcanzada por Uribe ni en sus mejores momentos, con una política pública que combinó las acciones simbólicas –de las que se burla Arias– con otras medidas más efectivas, que de hecho fueron replicadas luego por la administración de Uribe. Si hoy denuestan de su pulcritud y su fe en la gente –para tildarlo de ingenuo– y ayer lo habían encasillado en su aparente baja popularidad, es para pretender que los colombianos olvidemos que la obsesión de Mockus durante su alcaldía fue enseñarle a los bogotanos a no matar. Andrés Felipe Arias dijo hace 15 días que con mimos y girasoles no se le gana a las Farc, pero Mockus, con su fe en que todo ser humano es capaz de cambiar su vida, si se le da la posibilidad, comenzó por salvar las vidas que otros consideraban «desechables», y una de sus primeras decisiones como alcalde fue instalar un CAI de la Policía en el Cartucho, donde dos y tres indigentes aparecían muertos cada noche. Y ni que hablar de su Ley Zanahoria y las normas sobre el porte de armas.

En fin, es tan grande el miedo que Mockus produce en las filas del uribismo –en tanto es talanquera para sus ambiciosos planes de continuismo– que recurren a lo que sea, con tal de venderle al país la imagen de su propio candidato como la panacea para todos los males nacionales; olvidando que aún están frescos en la mente colectiva colombiana, tantos y tantos desmanes ocurridos durante los dos últimos cuatrienios; desmanes cuya enumeración sería prolija, amén de que el país los conoce y sabe quiénes son sus autores intelectuales.

Por eso, hay que hacer ver que ese miedo que el uribismo siente al pensar que se le escapa de las manos el manejo del presupuesto –fin último de sus ansias–, es tal, que no dudan en recurrir a la metodología del pastorcito mentiroso; el de aquella fábula atribuida a Félix de Samaniego, en donde el protagonista, de tanto asustar a la gente con la misma mentira de siempre (la frase que sirve de mote a la columna de hoy), terminó por perder toda credibilidad. Eso mismo les está pasando a los uribistas, pues ya muy pocos creen en los fantasmas que, según ellos, rondan la seguridad del país y, en su delirio, pretenden hacer creer a la gente, que su candidato es el nuevo salvador. Cosa falsa de toda falsedad. Pero, lo que no saben –o se hacen los que no saben– es que la gente se ha dado cuenta de que el miedo no puede ser el motor que impulse al electorado; por el contrario, es la esperanza en una Colombia sin distingos de ninguna especie, con un Estado incluyente, en donde las posibilidades sean para todos y no para unos pocos amigos del gobernante de turno, lo que lo motive a depositar el voto. Es ese cambio el verdadero móvil de la mayoría, incluidos el indiferente, el abstencionista, el sin partido; en fin, todos aquellos para quienes los “líderes” no son más que ídolos con pies de barro y rabo de paja. Ahora bien, si Mockus siendo alcalde de Bogotá –25% de la población del país y un presupuesto equivalente al 35% del de la nación– logró educar a sus habitantes, concitándoles el sentido de la pertenencia y despertando su conciencia ciudadana (sí, ¡usando mimos y otros símbolos!), ¿qué problema habría, si con esas alegorías u otras más, le quita al país la sintomatología del cafre? Eso sin olvidar su pulcritud en el manejo de la cosa pública. De otro lado, ¿cuál es el miedo que les produce a los uribistas que el país se eduque? Será, tal vez, que así se acaba el síndrome del siervo y eso ¿les produce pavor?

Valledupar, 27 de abril del año 2010

No te hará feliz, pero te pondrá a reflexionar

Mientras sigue subiendo Mockus en la conciencia colectiva, hagamos un alto para compartir este trozo literario –escrito en un ya amarillento pedazo de papel– que, no sé porqué, me lo tropecé esta semana, cuando revolvía algunos papeles en mi biblioteca personal. A su trascripción, le agregué esta especie de exordio, para animarte a leerlo, amable y asiduo lector de esta columna.

Hace muchos años, siendo aún un adolescente, hablaba con un grupo de amigos sobre qué se necesita –o cómo se debe vivir– para ser feliz. Claro que estábamos de acuerdo en que no existía una fórmula infalible y que cada uno debía buscar su propio camino. Recuerdo que alguno de los presentes dijo algo como esto: –Si alguien tuviera la fórmula, escribiría un libro y se forraría de dinero. ¡Ese sí que sería feliz!, no por el caudal obtenido con la venta del libro, sino porque –es obvio– si conoce la fórmula, la aplicará a sí mismo.

La conversación siguió por cauces como la cantidad y la calidad de cosas que se necesitan para ser feliz, tratando justamente de encontrar esa verdad milagrosa, esa receta con pizcas justas de condimentos para aderezar la felicidad absoluta. Pronto llegamos a la conclusión de que ésta no existe, incluyendo la proposición de ser infelices en la tierra a cambio de una posible felicidad eterna después de la muerte.

Y así había quedado el asunto hasta que tiempo después, siendo adulto,  encontré un texto, que sin intenciones de pretender haber descubierto  “La Verdad”, sí hallé una interesante guía para ser feliz, una serie de instrucciones para huirle a la infelicidad, que puede servir a la mayoría de las personas. En el más leve de los casos, puede ayudar a reflexionar sobre el tema. Al apreciar su valor, lo guardé y en estos días, lo reencontré.

Se trata de “Desiderata” (palabra latina que significa “cosas que se desean”) escrito en 1927, por el pobre de Max Ehrmann, abogado y poeta de Indiana, Estados Unidos, quien vivió entre 1872 y 1945. Se ha dicho que Desiderata fue inspirada por un impulso que Ehrmann describe en su diario, bajo el acápite: «Debería dejar un humilde regalo…” Y dije pobre de Max, porque años después de ser publicado, algunas personas quisieron esquilmarle a Ehrmann la autoría de este bellísimo texto, pues decían que el escrito había sido encontrado en una tumba de 1692 en la iglesia de San Pablo en Baltimore. Sin embargo, este rumor pudo ser desvirtuado, pues “Desiderata” fue divulgado en 1948 en un libro publicado de manera póstuma, llamado “Los poemas de Max Ehrmann“, de una colección de poemas titulada “Desiderata of Happiness”, recopilados por su viuda y el estilo del poema es coherente con el de los demás de la colección.

He aquí, el hermoso poema en prosa:

“Camina plácidamente entre el ruido y el bullicio

y observa la paz que pueda haber en el silencio,

hasta el punto en que esto te sea posible.

Procura estar en buena armonía con todos,

expón tu parecer en forma reposada y clara y escucha a los demás

que, aunque sean lerdos e ignorantes, ellos también tienen algo que decirte.

Evita a las personas ruidosas y agresivas que constituyen una vejación para el espíritu.

No te compares con otros, pues puedes volverte petulante o amargado,

ya que invariablemente habrá alguien que sea inferior o superior a ti.

Interésate siempre por lo que haces, por muy humilde que parezca tu tarea,

porque es algo que siempre perdurará, aunque las circunstancias cambien.

Se precavido en tus negocios, porque el mundo está lleno de astucia;

pero, que la precaución no te impida ver donde está la virtud,

pues hay muchas personas que luchan en pro de elevados ideales

y toda vida está llena de heroísmo.

Sé sincero. En especial, no finjas afecto ni seas cínico en relación con el amor,

porque al fin y al cabo, la aridez y el desencanto

son tan perennes como la hierba.

Acepta con resignación el paso de los años

y, entonces, renuncia con donaire a las cosas de la juventud

y no te preocupes por temores imaginarios,

pues muchos de ellos son producto de la fatiga y de la soledad.

Por encima de toda disciplina edificante, sé benévolo contigo mismo.

Tú eres parte del universo, no inferior a los árboles ni a los planetas

y tienes derecho a estar aquí y, lo entiendas o no,

el universo se desarrolla como debe hacerlo.

Por tanto, procura estar en paz con Dios,

cualquiera que sea la forma en que le concibas.

Y cualesquiera que sean tus obras y tus aspiraciones,

en la ruidosa confusión de la vida, procura estar en paz contigo mismo,

porque, pese a tanto desequilibrio y a tanta maldad,

éste es, sin embargo, un hermoso mundo.

Así es que ten cuidado. Esfuérzate por ser feliz.”

Valledupar, 4 de mayo del año 2010

Loor a las madres del mundo

Aun cuando cada día, de todos los meses del año y de todos los años en la vida de cada cual, debería ser el día de la madre –como también debe ser el día del niño, el del amor y  la amistad, el del padre, el del campesino, etc.–, la tradición uncida al lucro comercial ha instituido el segundo domingo del mes de mayo, para dedicarlo a las madres del mundo.

Por eso, aquellos que aún tienen la dicha –y el privilegio, también– de tenerla viva, procuran agasajarla en ese día, bien obsequiándola de manera especial, bien dándole un detalle que no por poco deslumbrante sea menos significativo. Por lo menos, depositan un ferviente beso en su frente y le dan el abrazo más caluroso de su personal repertorio.

A quienes tuvimos la desdicha de perderla y, en vida de ella, procuramos amarla, respetarla y consentirla, nos queda el consuelo de haber logrado construir en el corazón un altar en donde venerar su memoria, para que, con el paso inexorable del tiempo, ese recuerdo deje de ser doloroso, para convertirse en una evocación grata, llena de placidez y de ternura.

Pues bien, son muchos los autores que, a diario, desgranan pensamientos, poemas y cánticos a la madre; por eso, elegir el más sentido, el más poético, el que más llegue al alma de cada cual y refleje sus sentimientos personales, es de manera indudable tarea asaz difícil. No obstante, aquellas personas que tenemos la merced de escribir y la licencia de un medio de comunicación para hacerlo, pues aprovechamos de manera evidente esta posibilidad para compartir nuestros sentimientos y nuestras expresiones.

Entonces, amable lector, ahí van algunos de estos pensamientos que, en este mes de las madres, quiero compartir contigo:

Dicen que cuando Dios iba a crear a la mujer, lo pensó mucho con el fin de dotarla de todas las virtudes capaces de tener albergue en el alma humana. Por eso, le dio resistencia ante las calamidades diarias, sobre todo aquellas que aquejan a sus hijos e hijas, sin importar la edad de estos. Pero, así mismo, la llenó de dulzura para que pudiera comprender el infantil corazón de sus pequeños hijos.

La dotó de paciencia para entender las tribulaciones de cada hijo, pero también le dio la sapiencia necesaria para conducirlo por el camino del bien.

Le concedió sabiduría para aconsejar a sus hijos e hijas en la adolescencia, sin tener que lastimar su amor propio; pero, de igual manera, le proporcionó firmeza para no ceder ante el engreimiento desbocado de cada uno de ellos.

Hizo sus hombros lo suficientemente fuertes como para cargar el peso del mundo entero, pero, de manera simultánea, los forjó lo suficientemente suaves como para reconfortar a sus hijos en sus personales vicisitudes.

Le dio una inmensa fuerza interior para que pudiera soportar el dar a luz a sus hijos e hijas, pero no escatimó dulzura para darle la bondad necesaria con la cual aceptar el rechazo que, en ocasiones, proviene de sus propios hijos. Y también le suministró la dureza que le permite seguir adelante y cuidar a su familia a pesar de las enfermedades y la fatiga y sin quejarse, aun cuando los demás se rindan.

De igual modo, también le dio la sensibilidad para amar a un hijo o a una hija, bajo cualquier circunstancia, aun cuando su vástago la haya lastimado. Esa misma perceptibilidad que hace que cualquier tristeza, llanto y dolor del ser querido desaparezcan y que la hacen compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia de sus hijos.

Además, le dio la fuerza suficiente para que pudiera perdonar a su esposo en las faltas de éste; por eso, la moldeó de una de sus costillas para que pudiera cuidar del corazón de él.

También le dio sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y, aun cuando a veces el Buen Dios le pone pruebas, igualmente le dio fuerza y determinación para que se mantenga al lado de aquél, a pesar de todo.

Y, como si fuera poco, le proporcionó las lágrimas, que son de ella exclusivamente, para usarlas cuando las necesite. Es su única debilidad: una lágrima por su familia.

Valledupar, 11 de mayo del año 2010

El miedo como acicate

El proceder empleado por los publicistas de la campaña electoral de Santos –con la debida aquiescencia de éste– pretende influir en el ánimo de ciertos electores (los estultos, los ignaros, los ingenuos…), con el fin de despertar en ellos el miedo acerbo a unos enemigos de papel: Chávez y la guerrilla. ¿Por qué decimos enemigos de papel? Porque, en la práctica, eso son. Más aún, si nos atenemos a las promesas que hiciera Uribe en su campaña de hace ocho años, él acabaría con la guerrilla en pocos meses. Su primer ministro del Interior  –el héroe de Invercolsa– dijo, en esos primeros meses del primer cuatrienio, que la guerrilla tenía los días contados y, durante estos largos ocho años, según criterios del mismo gobierno, a troche y moche nos han anunciado que la guerrilla está acorralada, que las deserciones son numerosas y casi que diarias, que las bajas son incontables y constantes, etc.

Sin embargo, los medios de comunicación (por divulgaciones emitidas por el alto gobierno) informan sobre ataques de la guerrilla, que si en Cauca, que si en Antioquia, que si en el Valle del Cauca, que si en Chocó, en fin, en profusos lugares de la geografía nacional. Entonces, uno se pregunta, ¿la guerrilla está incólume o se trata de otra forma de “falsos positivos”? No hay que olvidar que Santos es práctico en estos últimos. Entonces, si nos atenemos a todo lo anterior, ¿a qué guerrilla se refiere la campaña de Santos? Y, si está viva, quiere decir que Uribe no pudo con ella y Santos menos.

De otro lado, está visto que Chávez se ha convertido en el jefe del debate de la campaña santista, porque lo han tomado como el perfecto “idiota útil”; pues él, en su ignorancia y en su proclividad a la descomunal verborrea, cada vez que Santos lo nombra, se dispara con sus dicterios contra el candidato del partido de la U –el cual, insisto, debería llamarse partido de la O (por lo de su perverso oportunismo)–, propiciando, así, el subliminal mensaje contenido en el siguiente silogismo: “Ningún mandatario extranjero puede decidir por nosotros los colombianos. Entonces, si Chávez no quiere que Santos salga electo, elijamos a Santos; para así demostrarle a Chávez que él no manda en Colombia.”

Además, como si el acicate del miedo les pareciera poco a los antedichos publicistas (conocidos de autos), también atacan a los rivales de campaña, de manera ruin y baja –y, para usar un término sinónimo, muy del agrado de Santos, “con picardía”–. Sólo falta que les hagan montajes (en los cuales J. J. Rendón y J. O. Gaviria son avezados) para tratar de desacreditar la honra y el buen nombre de los rivales de Santos; sobre todo a Mockus, que se les convirtió, por deseo del pueblo colombiano, en una piedra en el zapato. Entonces, parece ser que el miedo que quieren concitar en el electorado, es producto del pavor que sienten al entrever que el manejo del presupuesto –fin último de su desordenado apetito de riquezas– se les puede escapar de las manos.

Por eso, todos a votar por Mockus; por decencia, por honestidad, por dignidad, por amor a Colombia; pero, más aún, porque Mockus es el único que antepone la educación como vía para el desarrollo de nuestro país. Pero sobre todo, porque sólo él es capaz de enseñar a los colombianos que educarse, produce beneficios. ¡Recordemos a Bogotá!

  1. S. *No sé porqué algunos uribistas se espantan porque, de los diferentes partidos políticos, se ha volcado muchísima gente para adherir a Mockus. ¿Acaso el partido de la U, nació con la República?

** ¿Será que solamente es monotemático el columnista que, a menudo, escribe sobre política y critica al mal gobierno? Los que sólo escriben sobre religión, historia, economía, folclor, asuntos personales o trivialidades, ¿no son monotemáticos también?.

Entonces, ¿en qué quedamos?

*** En vista de los comentarios aviesos, sesgados e infames, a raíz de la dolencia que padece Mockus, nos vemos precisados a recordarles a estos comentaristas en particular y a Colombia en general que, tal como lo dijimos hace casi un mes, “Ha habido varios dirigentes mundiales que han padecido de esta enfermedad. Janet Reno, siendo fiscal general de Estados Unidos tenía parkinson; Andy Grove,  ejecutivo de Intel (el fabricante mundial de procesadores para computadoras), también lo tiene y hay muchos congresistas de Estados Unidos que lo padecen. Y Juan Pablo II, durante los últimos quince años de su pontificado, sufrió de dicha enfermedad. Es decir, el mal de Parkinson no es causa para que un individuo inteligente, deje de serlo.”

Valledupar, 18 de mayo del año 2010

La mentira como arma

La semana pasada hablábamos sobre cómo, cuando se le induce el miedo a la gente, se le puede poner a hacer lo que el fomentador del pánico quiera.

Pues bien, esta semana miremos cómo la mentira también puede convencer a las personas para que tomen el camino que el calumniador desea; porque es evidente que de la argucia a la difamación sólo hay un paso.

Es así como los asesores de la campaña de Santos, entre los cuales figuran JJR y JOG, no saben de qué agarrarse para difamar a Mockus. Que si es ateo, que si no tiene el carácter suficiente como para enfrentarse a la guerrilla (a propósito de esto, me pregunto ¿acaso el presidente de una nación tiene que enfrentarse a la subversión?, por ventura, ¿no son las Fuerzas Militares y las de Policía, quienes deben hacerlo?). Siguiendo con el rosario de mentiras sobre Mockus, los publicistas de Santos, también lo han señalado como el posible exterminador del Sena, como el perseguidor de Uribe (como si éste, con sus actos, no se persiguiera a sí mismo).

Pero la mentira mayor –ante la cual las calumnias anteriores no son más que simples rumores de colegio–, es la que dice que si Santos no es elegido presidente, se acabará el programa de “Familias en acción”. Definitivamente, ésta es la más grande de todas las falacias que podían ocurrírseles a estos genios de la difamación (los ya mencionados JJR y JOG); porque, en primer lugar, el mencionado programa no fue creado en ninguna de las dos administraciones de Uribe; no, ese plan se impulsó y se inició durante la administración de Pastrana. En segundo lugar, porque Santos jamás tuvo que ver con la ejecución de dicho proyecto. Y, en tercer lugar, es una política de Estado. Otra de las patrañas de los asesores de campaña de Santos –Rendón y Gaviria–, consistió en plagiar la voz de Uribe, incitando al electorado a votar por Santos. No obstante la imitación mostrara su carácter burdo, es evidente que mucha gente, sobre todo aquella de naturaleza sencilla, caería en la trampa y, al fin y al cabo, de eso se trataba: de conseguir que muchos incautos se dejaran atrapar por el rústico ardid, el cual el mismo Santos calificó de picardía, es decir, algo propio de granujas, de bribones. Vale la pena resaltar que Uribe, en ningún momento, se ha pronunciado en contra de esta torpe patraña.

Hasta el sinvergüenza de Andrés Felipe Arias ha terciado en el asunto y, ni corto ni perezoso, ha montado una especie de sub campaña, planteada en unos puntos llenos de sofismas, en donde, pretendiendo lamerle a su antiguo amo, ya se apresta para aderezar el camino de la zalamería rastrera hacia Santos, previendo que éste pueda ganar la presidencia. En uno de estos puntos, muestra su proterva índole, cuando se atreve a decirles a sus seguidores: “A esos bandidos hay que darles duro, no se los puede combatir pelando nalga, sacando tarjetas o mostrando lapicitos”.

Como quiera que el próximo domingo, Colombia tiene que definir su futuro y parece que las opciones están entre Mockus y Santos, entonces vale la pena recordar lo que hace un mes se dijo en esta columna: “…si Antanas Mockus tiene principios morales y éticos, sentido del deber, un alto concepto de lo que es correcto, si respeta a los demás, es tolerante, tiene una excelente preparación académica, un sentido especial de respeto por los manejos de los bienes del Estado, una gran experiencia en programas educativos y de convivencia, muchos reconocimientos internacionales, compromiso con Colombia –la muestra son los $4.500.000.000 que no quiso recibir [como reembolso del gobierno después de una campaña]–, es transparente en sus actos, coherente en sus ideas, ha dado muestras de ejecutorias concretas de mejorías ciudadanas, su trayectoria pública es ejemplar, posee ideas y propuestas específicas para Colombia y, como si fuera poco, es independiente frente a la clase política tradicional, entonces su gobierno sería el más pulcro y honrado de nuestra Historia. Bueno, algo tendría que faltarle y, así, carece de condenas en su contra, de investigaciones por parapolítica, de maquinarias, de cuotas burocráticas, de apoyos de politiqueros tradicionales, de experiencia en reuniones con personas al margen de la ley, de habilidades en falsos positivos, chuzadas, seguimientos ilegales y similares, de redes de contratistas estatales y, además, carece de notarías, embajadas o consulados.” Y tampoco [agrego] se vale de difamadores que desprestigien a sus contrincantes. Por todo eso y mucho más, a votar por Mockus el 30 de mayo.

Valledupar, 25 de mayo del año 2010

Tu cruz es el camino

Como cuando esta columna se escribe, aún no se conocen los resultados de las elecciones, veamos que enseñanzas podemos obtener de lo siguiente.

Una vez un joven andaba buscando a Dios; le habían comentado de una invitación que Él hacía a todos para que Lo siguieran a un lugar, donde tendría reservada una morada para cada uno de sus amigos y el joven quería ser amigo del Señor. Si otros habían podido, ¿qué le impedía a él llegar a ser uno de ellos? Averiguando, se enteró de que el Señor se había ido al monte con un hacha, para preparar lo que se necesitaría para el viaje. Cuando llegó,  se encontró con Jesús, que estaba armando unas cruces.

–¿Qué estás haciendo, Señor?– preguntó el joven.

–Ya lo ves: estoy preparando la cruz que cada amigo tendrá que cargar para seguirme.

–¿Puedo ser yo también tu amigo?

–¡Claro que si! Es lo que estaba esperando que me pidieras. Si quieres serlo de verdad, toma tu cruz y sigue mis huellas. Yo debo adelantarme a prepararles un lugar.

–¿Cuál es mi cruz, Señor?

–Esta que acabo de hacer. Sabiendo que vendrías y que los obstáculos no te detendrían, me puse a prepararla especialmente para ti.

La verdad es que muy elaborada no estaba. Se trataba de dos troncos cortados con hacha, sin ningún tipo de terminación ni arreglos. Las ramas de los troncos habían sido cortadas de arriba hacia abajo, por lo que sobresalían pedazos por todas partes. Era una cruz de madera dura, bastante pesada y sobre todo muy mal terminada. El joven al verla pensó que el Señor no se había esmerado demasiado en preparársela; pero como quería realmente seguir a Jesús, decidió cargarla sobre sus hombros, para comenzar el largo camino, tras las huellas del Maestro.

Acababa de cargar la incomoda cruz, cuando apareció el diablo y llamó la atención del  joven, que ya se aprestaba para emprender su camino:

–¡Te olvidaste de algo!

Extrañado por aquella llamada, vio al diablo que, muy comedido, se acercaba sonriente con el hacha en la mano para entregársela.

–Pero, ¿Cómo? ¿También tengo que llevar el hacha? –preguntó molesto el muchacho.

–No sé– dijo el diablo, haciéndose el inocente. –Pero me parece que es conveniente que te la lleves por lo que puedas necesitar en el camino. Además, hijito, seria una lastima dejar abandonada un hachita tan linda.

La propuesta le pareció tan razonable al muchacho y sin pensarlo demasiado, tomó el hacha y emprendió su camino. En realidad no había camino, simplemente eran huellas por el monte o por los pajonales y esteros. El tiempo era frío y la cruz muy pesada, sobre todo era incómoda por su mal acabado. Parecía como si las salientes se empeñaran en engancharse en todas partes y se le incrustaban en la piel, haciéndole más doloroso el andar. Esa noche, particularmente fría y llena de soledad, se detuvo a descansar en la intemperie. Depositó la cruz en el suelo, mientras pensaba en la utilidad que podría brindarle el hacha. Así que se puso a arreglar la cruz. Con calma, le fue quitando los nudos que más le molestaban, suprimió aquellos muñones de ramas mal cortadas y, así, consiguió dos cosas: mejorar la cruz y hacer a un poco de leña para preparar un buen fuego, con el que calentar sus ateridas manos. Esa noche durmió tranquilo. A la mañana siguiente reanudó su camino. Todas las  noches, pulía la cruz. Mientras la perfeccionaba y la hacía más llevadera, conseguía también tener leña para el fuego nocturno. Casi se sentía agradecido con el diablo que le había hecho traerse consigo el hacha. Después de todo, había sido una suerte contar con aquel instrumento que le permitía aliviar el peso de su cruz. Estaba satisfecho con la tarea y hasta sentía un pequeño orgullo por su obra de arte. La cruz tenía ahora un tamaño razonable y un peso mucho menor. Bien pulida, brillaba a los rayos del sol y ya no le  molestaba sobre sus hombros. Cuando llegó a las murallas del Reino, se dio cuenta de que gracias a su trabajo, estaba descansado y además poseía una cruz muy bonita. Pero no todo era tan sencillo, pues la puerta de entrada estaba en lo alto de la muralla, en un sitio difícil de alcanzar. Llamó a gritos anunciando su llegada y en la puerta apareció Jesús que lo invitó a subir.

–Pero, ¿cómo Señor? No puedo, la puerta está muy alta y no la alcanzo.

–Apoya la cruz contra la muralla y utilízala como escalera. A propósito le dejé los nudos para que te sirvieran y tiene el tamaño justo hasta la entrada.

En ese momento el joven se dio cuenta de que realmente la cruz recibida había tenido sentido, ya que el Señor la había preparado bien. Sin embargo ya era tarde, su pequeña cruz, pulida y recortada, le pareció un juguete inútil. Era muy bonita, pero no le servía para subir a lo alto de la muralla. El diablo había resultado mal consejero y peor amigo.

Pero el Señor en su bondad, no podía ignorar la buena voluntad del muchacho y le dijo:

–Vuelve sobre tus pasos. Seguramente en el camino encontrarás a alguien que ya no dé más; ayúdalo y, así, logrará llegar y te permitirá usar su cruz para subir.

Valledupar, 1º de junio del año 2010

¡Despierta, Colombia!

Teniendo en cuenta la corrupción que desde siempre ha existido en Colombia, no tienen porqué sorprendernos los resultados del domingo 31 de mayo. Muchos hablan de fraude, de trampas al sistema, etc. Por eso y al oír la forma por demás arrogante y malqueriente con la que Peñalosa se refirió a una posible alianza con el Polo, habíamos pensado no escribir sobre política y menos sobre elecciones; pues pareciera que la maquinaria aceitada, se saldría nuevamente con las suyas. Pero al leer en los periódicos y escuchar en la radio, en la televisión y aún en la calle, tantas sandeces, tantas estupideces en contra de Mockus, resolvimos, ante la sugerencia de algunos amigos, escribir al respecto.

Entonces, pasando a los hechos concretos, es innegable que Santos tiene un pie en la Casa de Nariño. No en vano, ha sido declarado como el sucesor de Uribe, ante la repulsa casi general contra su sinvergüenza clon –Arias- de quien, por cierto Uribe dijera que era mejor que él mismo, o sea, el original.

Ahora bien, como de los casi 15 millones de votantes, un poco más de la mitad buscó otra opción, esto significa que a Santos aún le falta algo para poner el otro pie en la mencionada Casa. Entonces, es allí donde puede saltar la liebre de la sorpresa, ya que muchos de los que votaron por Pardo, por Vargas, por Petro y hasta por Noemí -todo es posible en unas elecciones-, lo pudieron haber hecho como forma de protestar contra la candidatura oficial y todo lo que ella representa.

Pero dejando de lado las elucubraciones, pasemos al objetivo señalado en el mote de la columna de hoy, sobre un urgente despertar de Colombia. Porque es irrebatible que el país necesita un cambio de rumbo. Colombia no puede seguir por este camino de corrupción e impunidad que consume, día a día, las posibilidades de un mejor mañana para los desposeídos. Colombia no puede seguir llenándose de pobres, de desplazados, de perseguidos, de desempleados, de analfabetas. Colombia necesita una luz de esperanza en el horizonte; no importa que el final de ese túnel, en donde aparece la perspectiva de un mejor porvenir, ya no alcancemos a disfrutarlo algunos, por razones obvias de la edad. Pero nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, sí podrán regocijarse en una Colombia incluyente, en un país pluralista sin segregación alguna; una Colombia en donde la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, no sean dádivas del gobernante de turno, sino que se conviertan en derechos inalienables de cada cual, desde su nacimiento hasta su muerte. Por eso, el grito angustiado para que no sigamos viviendo al desgaire, como si el futuro de la nación entera poco importara. Debemos dejar de lado el egoísmo y aunque ya se tenga la vida asegurada, pensemos en los que no tienen nada, en los desarraigados, en lo que ya perdieron la esperanza.

Y como quiera que, dentro del programa de gobierno de Santos, no hay nada que presente soluciones concretas para este negro futuro que le espera al país, salvo amenazas e incitaciones, volvamos nuestras esperanzas hacia la alternativa. Démonos la oportunidad de cambiar, de dejar que el país se eduque y, ya que principio quieren las cosas, iniciemos por respetar la vida, por respetar los dineros públicos, por respetar las leyes, por respetarnos mutuamente todos los colombianos, sin distingo de religión, política, sexo, raza, nivel cultural, etc.

No dejemos que el miedo inducido por los audaces, ni el hambre producto de la desigualdad, ni las mentiras contra Mockus, sean los consejeros en el momento de votar el próximo 20 de junio. Ahora somos nosotros, los que tenemos que hacer de las elecciones el único medio para sacar definitivamente a Colombia del hueco en el que está. De nosotros depende darle a nuestra nación la esperanza y la libertad que se merece; de hacer de ella un país digno que nos llene de orgullo y que podamos morir tranquilamente, porque ese es el legado que le daremos a nuestros descendientes: un país mejor que el que recibimos.

No permitamos que el embeleco del “Estado de Opinión”, que se inventaran en la Casa de Nariño, con el fin de manipular al pueblo y que José Fernando Isaza, Rector de la Universidad Jorge Tadeo, desvirtuara con una analogía digna de ser considerada una paremia, termine decidiendo la suerte del país: «No siempre la mayoría tiene la razón, pues cuando le preguntaron a los judíos:”a quién preferís, a Jesús o a Barrabás”, el pueblo prefirió a Barrabás». Allí es clara la alusión al manejo que, del pueblo, hicieron sus dirigentes y debemos evitar que se repita, para gloria de Colombia, por el bien de todos.

Valledupar, 8 de junio del año 2010

El statu quo

Dejando de lado la forma descarada e ilícita como Uribe ha metido la mano en la presente campaña por la presidencia o cuando taimadamente decide despedirse antes de tiempo, con el único propósito de mostrar –a través del disfraz– lo que dice haber hecho de bueno por Colombia durante estos funestos ocho años, para manifestar que Santos será la continuación de sus dos períodos, que para él y su cohorte fueron espléndidos, pero que para el país se tornaron aciagos, miremos la penúltima perla del señor que detenta el poder cuasi absoluto en Colombia: su ida lanza en ristre contra la Justicia, por el hecho de haber condenado a dos de sus aliados: Mario Aranguren y Alfonso Plazas. Sin embargo, cuando la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, afirmó que la condena de Plazas «supone un paso importante en la lucha contra la impunidad», Uribe recogió sus palabras y tuvo que reconocer el fallo de María Stella Jara,   la juez tercera penal del circuito especializado de Bogotá, que dictó sentencia condenatoria a Plazas Vega con 30 años por el delito de desaparición forzada agravada. Pero no deja de ser preocupante que Uribe y su Ministro de Defensa, en presencia de los altos mandos militares, hayan salido en televisión a despotricar contra la Justicia. Y también inquietan las denuncias, hechas por la juez Jara, sobre amenazas contra ella y su hijo, a raíz de su decisión judicial. Por ahí se puede medir la peligrosidad de quienes consideran inocente a Plazas Vega.

El miércoles de la semana pasada, la Corte Suprema de Justicia les había pedido, a los organismos internacionales, solidaridad con la Justicia ante los pronunciamientos que Uribe había hecho contra estas decisiones. La agencia de la ONU, a través de la Comisión de DDHH,  recalcó que «aun cuando el uso legítimo de la fuerza para garantizar la seguridad y mantener el orden público es un derecho y una obligación del Estado con sus ciudadanos, no es menos cierto que el Estado debe cumplir ciertos límites dirigidos a respetar los derechos fundamentales de los individuos y el imperio de la Ley, incluso cuando responda a ataques injustificados de grupos armados ilegales.»

Pero dejemos a Uribe rumiando la rabia por su impotencia ante la soberana decisión de la Justicia y volvamos sobre el título de la columna de hoy: el statu quo en el que pretenden sumergir a Colombia, para seguir postrando al país en el atraso y el subdesarrollo, productos de la corrupción y de la impunidad. He ahí el afán porque Santos triunfe: para poder cubrir (¡aún más!) con una aberrante inmunidad la descomposición ética y moral con que han arropado el devenir de nuestra nación. Como ejemplo citemos solamente algunos caso recientes: las mentiras que rodearon la llamada Operación Jaque en torno a la utilización de emblemas de la Cruz Roja Internacional; los privilegios de los hijos de Uribe en los negocios alrededor de la zona franca de Mosquera, Cundinamarca; la extradición de los jefes paramilitares a Estados Unidos y escamoteo en la verdad del proyecto paramilitar en el país; los privilegios que tienen algunos contratistas amigos personales de Uribe; la conexión que existe entre la Casa de Nariño y las interceptaciones telefónicas ilegales a todo aquel que no esté de acuerdo con Uribe, realizadas de manera sistemática por funcionarios del DAS; la estela de corrupción que dejó tras de sí el proceso de recolección de firmas para promover el proyecto de la segunda reelección de  Uribe; los inmorales auxilios millonarios a grandes empresarios del sector agroindustrial    –que ya gozaban de exenciones tributarias, decretadas por Uribe– cuando lo del escándalo de Agro Ingreso Seguro; las ejecuciones extrajudiciales y la responsabilidad de un sector de la Fuerza Pública en la comisión de esos delitos. A pesar de todos estos testimonios, el general Harold Bedoya –de reconocida beligerancia– tiene el descaro y la desfachatez de decir, a propósito de los falsos positivos, en una entrevista que le hiciera la periodista Cecilia Orozco Tascón: «Ese es un cuento chino que se inventaron los medios de comunicación» en la entrevista, sigue negando toda responsabilidad del ejército en los crímenes estatales y, no contento con pretender hacer aparecer a las madres de Soacha como unas mentirosas, se despacha miserablemente contra la memoria de las víctimas, personas pobres cuyo único delito fue el de estar desempleados, ansiosos por conseguir una forma de subsistir en este país, en donde la corrupción, la impunidad y el delito en general, se tomaron la dirigencia del estado. y, no contento con pretender hacer aparecer a las madres de Soacha como mentirosas, se despacha miserablemente contra la memoria de las víctimas a las que tacha de delincuentes y malhechores, cuando en realidad se trataba de jóvenes cuyo único delito era el de ser pobres y desempleados.

  1. S. *Mockus firmó ante Notario, que respetará los proyectos de acción social y conminó a Santos a hacer lo mismo con respecto a la subida de impuestos. Hasta ahora, Santos no ha dicho ni mu.

** Santos, en la campaña de la 1ª vuelta, dijo que él había denunciado los falsos positivos; esa es otra de sus mentiras, pues quien los denunció fue el Personero de Soacha.

Valledupar, 15 de junio del año 2010

Una lección de vida

Un niño, como de once años, un día al llegar de la escuela entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre -que en ese momento salía hacia el jardín con el fin de realizar unos trabajos en la huerta familiar- al verlo tan molesto, lo llamó para conversar con él. El niño, desconfiado, lo siguió no sin antes decirle en forma irritada:

–Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Un compañero del colegio me dijo cosas que no debió decir. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Me gustaría verlo muerto!

Su padre un hombre sencillo, pero lleno de sabiduría, lo escuchaba con calma, mientras el niño continuaba diciendo:

–Imagínate que ese tonto compañero dijo cosas de mi familia que me sentí humillado frente a mis amigos. ¡No acepto eso!, Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia un rincón del patio de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón, el cual llevó hasta el final del jardín. El niño lo miraba callado y antes de que pudiera decir algo, el padre le propuso lo siguiente:

– ¿Hijo, ves aquella camisa blanca que está colgada en el tendedero? Hazte a la idea de que esa camisa es el compañero que habló mal de nosotros y piensa que, cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa, es un mal pensamiento que tú quieres dirigirle a él. Quiero que le tires todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Yo regreso después para ver cómo quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa. Una hora más tarde, el padre regresó y le preguntó:

– Hijo, ¿qué tal te sientes?

– Cansado, pero alegre, papá. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

– Ven conmigo a mi cuarto, que quiero mostrarte algo.

Al llegar al cuarto lo hizo parar frente a un espejo que le permitiera ver todo su cuerpo. Cuando se vio en el espejo, el niño se asustó, no era para menos, estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre le dijo:

– Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia, pero más sucio quedaste tú.

El niño, arrepentido y cabizbajo, pidió perdón a su papá por la rabieta que había tenido y por los pensamientos negativos que dejó abrigar en su corazón.

El padre lo mandó a bañarse y cambiarse de ropa. Cuando el niño regresó ya limpio, su  papá lo abrazó y le dijo:

–Hijo, el mal que deseamos a otros se nos devuelve y se multiplica en nosotros. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros malos pensamientos, los residuos y la suciedad siempre quedan en nosotros mismos.

Con esas palabras, el padre se despidió de su hijo, quien había aprendido una lección de vida. Cuántos de nosotros lanzamos improperios contra otras personas, sin saber que esos improperios nos dañan mucho más a nosotros mismos. Por ello a partir de este momento, reflexionemos para que cuando tengamos en mente decir algo malo de una persona, pensemos que, a lo mejor, esa persona no sabrá de nuestros dicterios y, tal vez, si lo llega a saber, no pondrá atención a lo que reclamamos y, además, no olvidemos que todo eso nos puede dañar más a nosotros mismos.

También con la calumnia se debe tener mucho cuidado; porque ésta, después de lanzarse al aire, ya es difícil detenerla y, así el calumniado logre demostrar su inocencia, no faltarán quienes aún duden de su honorabilidad y terminen propalando los falsos testimonios. Es, como dijera un sacerdote, alguna vez: «El que calumnia a otro, hace con la honra de la víctima de sus injurias, lo mismo que quien le quita las plumas a una gallina, ya no podrá jamás volvérselas a poner.»

Valledupar, 22 de junio del año 2010

Con mentalidad de cortesanas

Dejando de lado los nueve millones de votos depositados por Santos el pasado 15 de los corrientes y la intención de cada uno de estos votantes, así como también el desdén de esos casi diecisiete millones de colombianos que pudiendo votar, no lo hicieron, permitiendo que  otros tomaran la decisión por ellos, analicemos hoy la personalidad de todos esos políticos que corrieron a subirse al carro de la victoria, cuando ésta ya estaba cantada.

Antiguamente, se les llamaba cortesanas a las prostitutas refinadas y caras y, como tales, siempre estaban a la espera del mejor postor; por tanto, cambiaban de amante con la misma frecuencia con la que mudaban de camisón, pues su única preocupación era la de estar bajo el sol que mejor alumbrara. Ni más ni menos que el simple utilitarismo, obviando cualquier valor moral, con tal de no perder las prebendas ya obtenidas anteriormente o mejorar las presentes.

Pues bien, con el triunfo de Santos –con todo su posible continuismo y su statu quo, más todo aquello que de malo tuvieron los dos períodos de Uribe y que Santos hereda–, estos políticos colombianos con mente de prostituta refinada y cara, no esperaron siquiera los últimos boletines de la Registraduría para adherir al triunfador. Su temor a dejar escapar los gajes burocráticos, representados en el manejo del presupuesto, no les permitieron parar en mientes para venderse y vender su conciencia, si acaso aún ellos sabían que era esto, sin el más mínimo sonrojo ni el más tímido de los pudores.

Entonces, me pregunto, ¿será que los colombianos que votamos –incluidos los que votaron por Santos– podremos tenerles confianza a estos individuos? Porque aquellos políticos que se volvieron uribistas, hace ocho años por la causa ya anotada, en su mayoría le permanecieron fieles a su amo. Pero, los que al abrir los ojos, se bajaron del carro y ahora se suben al de Santos, dando volteretas como vulgares polichinelas, lo hacen simplemente para salir del ayuno burocrático. Esos son los de mentalidad de cortesanas. Ni siquiera es necesario mencionar sus nombres, pues todo el país ya sabe quiénes son.

Por eso, quienes hemos mirado con simpatía la actitud del Polo Democrático, al abstenerse de compartir un gobierno con el cual está distanciado programáticamente  –actitud que esperamos que el Partido Verde siga manteniendo–, nos sentimos orgullosos de no haber votado por Santos.

No está por demás aclarar que aquí, en este momento, no se está demeritando a quienes votaron por Santos, menos aún a aquellos que lo hicieron convencidos de que él representaba la mejor opción para Colombia. A esos electores convencidos y que lograron sacar a Santos triunfador, las más sinceras felicitaciones, pues votaron con la razón, sufragaron con el cerebro y no el con el bolsillo, el estómago o el corazón.

La diatriba de hoy es, en primera instancia para aquellos que cambiaron de ideario, como quien cambia de calzón. En segundo lugar, para todos los que vendieron el voto, por un tamal, una teja, un ladrillo, una bolsa de cemento, una dádiva cualquiera. Por último, para todos aquellos que utilizaron cualquier tipo de presión para obligar a otros a votar por alguno de los candidatos.

Sólo nos resta esperar para ver qué, de lo que Santos prometió en campaña, se hace realidad ahora que ya fue elegido. Inclusive, sin importar qué tan comprometido pueda estar con Uribe, ni qué tanta maniobrabilidad presupuestal le deja este último.

Para que ojalá no se cumpla lo que se dijo en esta columna hace ocho años: «Es un lugar común afirmar que cada país elige a los gobernantes que se merece; pero no por evidente, deja de ser ominosa esta afirmación. Será por eso que en Colombia se dice que cada presidente es peor que su predecesor; y así cualquier somero análisis demuestra este aserto que nos hace llegar hasta Santander y Bolívar.»

Valledupar, 29 de junio del año 2010

La parábola del agradecimiento

Esta es la historia de una persona agradecida. La historia de alguien que jamás olvidó a quien, en el momento indicado, cuando más necesitaba de ayuda vino a socorrerla, sin mediar interés alguno de parte de esa alma noble, generosa y buena.

Es probable que el lector haya escuchado algún relato similar pues las almas caritativas abundan; pero su labor siempre la realizan en silencio, por aquello que dijo Jesús: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.”

La elegante señora se detuvo ante el portal del edifico y vio al andrajoso hombre que dormitaba en uno de los escalones.

Como obedeciendo a algún reflejo, el hombre alzó la cabeza y fijó la vista en la dama. De inmediato, un pensamiento negativo cruzó por su mente:”Con toda seguridad, me va a hacer expulsar de aquí.”

Sin embargo, la señora estiró su mano y le dijo: –¿Le provocaría tomarse un café caliente y un buen pan con mantequilla y queso?

–Por favor, señora, no se burle de mí.

–No, señor; no me burlo de usted. Lo estoy invitando para que me acompañe a desayunar en esa cafetería de la esquina.

–Ve que sí se está burlando de mí. En ese sitio jamás dejarán entrar a alguien como yo.

–Venga, acompáñeme que yo haré que lo atiendan con buen trato y cortesía.

En ese momento, llegó el policía que habitualmente vigilaba el sector y reconoció a la elegante señora y la saludó con el debido respeto. Luego, le preguntó:

–¿Sucede algo malo, Doña Esther?

–No, agente; sólo estoy convidando a este caballero para que me acompañe a desayunar en la cafetería de la esquina.

–Pero, Doña Esther, el administrador no va a dejar entrar a su invitado.

–Estoy segura que sí lo hará. Acompáñenos usted por favor, señor agente.

Más por curiosidad que por otra cosa, el policía hizo levantar al andrajoso anciano y lo condujo hasta la puerta de la cafetería.

Tal como lo predijeran los dos hombres, cuando el administrador vio la facha del anciano que acompañaba a la elegante señora, se interpuso en el camino de aquél y le dijo:

–¿A dónde cree usted que va?

–Excuse, usted señor; yo no quería venir, pero esta señora me obligó y el policía me trajo, casi que a la fuerza.

–Así es; aquí no puede entrar usted, pues me ahuyentaría a la selecta clientela que frecuenta este exclusivo lugar. Por tanto, señor agente, le exijo que saque a este individuo de mi local.

Entonces, la elegante señora que, hasta ese momento, miraba callada la escena, le dijo al administrador:

–¿Usted conoce el banco que está a dos cuadras de aquí?

–Claro que sí señora, como que allí tengo mis cuentas corrientes.

–Y también es el banco al que usted le debe varios millones de pesos, pues es el que lo ha venido financiando desde que usted compró este negocio, hace dos años.

–Y usted, ¿cómo sabe eso? Y, además, ¿qué tiene que ver con este mendigo?

–Pues sucede que yo soy la actual gerente de ese banco. Vamos Darío, entremos a desayunar.

Y diciendo esto, tomó al anciano del brazo y lo condujo a una mesa, mientras le decía al pasmado administrador:

–Por favor, envíeme dos suculentos desayunos a la mesa número cinco.

El anciano, todavía sorprendido, sólo atinó a preguntar:

–Y usted, señora, ¿cómo sabe mi nombre?

–Darío, yo soy la jovencita que hace unos años llegó a esta cafetería, con mi título de administradora, pero sin un solo peso en los bolsillos. Cuando pregunté por el administrador, usted me atendió y cuando le dije que me diera trabajo a cambio de comida, me contestó que no había vacantes, pero que yo podría venir todos los días a tomar mis alimentos, mientras conseguía trabajo. Siempre vi cómo, usted pagaba de su bolsillo el importe de mis comidas. Eso nunca lo olvidé, pero cuando, hace unos meses, vine a preguntar por usted, nadie me dio razón; sin embargo seguí indagando, hasta que lo localicé. Ahora, cuando desayune, va a ir a comprar ropa y después de que se asee, lo espero en el banco para darle trabajo. Tome este dinero para la ropa y estas son las llaves de mi casa y la dirección donde vivo.

El anciano, con lágrimas en los ojos, agradeció a la elegante señora su gesto generoso, que no era más que reciprocidad nacida del agradecimiento.

Valledupar, 6 de julio del año 2010

Canción para la eternidad

Escudriñando entre papeles viejos encontré un hermoso pensamiento de Julio Cortázar, un verdadero poema en prosa, que pareciera hubiera sido escrito para el solaz de los ancianos, pero al leerlo con detenimiento, más bien me parece como una fórmula de amor de las personas jóvenes hacia sus mayores, ahora cuando uno ve cómo muchos se vuelven impacientes con los ancianos. Algunos los detestan, otros los ignoran, los de más allá apenas si los toleran. Pareciera que esos ancianos no hubieran sido los progenitores de sus padres o de sus abuelos o, lo que parece aún más aberrante, sus propios padres o, al menos, personas mayores que merecen respeto.

A veces, cuando uno observa escenas de displicencia -por decir lo menos- hacia las personas mayores, le da la impresión de que esos jóvenes, que así tratan a sus ancestros vivos, olvidaran que en algún momento de sus propias vidas ellos mismos tendrían que pasar, si Dios así lo permite, por circunstancias similares.

Es frecuente encontrar que, constantemente se critica a las personas mayores por no adaptarse al mundo moderno. Sin embargo, uno ve que la mayoría de las personas mayores, se responsabilizan por todo lo que han hecho y no culpan a nadie por ello.

Por eso, después de una profunda meditación -yo, que ya soy casi un anciano- encuentro bueno señalar que, a pesar de haber pasado por todas las etapas de la juventud y lo que ese recorrido conlleva, llego a la conclusión de que no fuimos las actuales personas  mayores quienes eliminamos la melodía de la música, ni el talento y el ingenio de las creaciones artísticas, ni tampoco la buena voz a la hora de cantar, ni el  orgullo por nuestra apariencia exterior, ni la cortesía con los demás, ni el romance en las relaciones amorosas, ni el compromiso de pareja, ni la responsabilidad en la paternidad, ni la unión de la familia, como tampoco descartamos el aprendizaje y el gusto por la cultura, ni los sentimientos de patriotismo, ni el rechazo a la vulgaridad, como tampoco prescindimos de la urbanidad y el sentimiento cívico en nuestras costumbres.

Tampoco fue nuestra generación la que eliminó las reuniones familiares alrededor del pesebre en Navidad, ni el comportamiento intelectual, ni el refinamiento del lenguaje, ni la dedicación a la literatura, ni la prudencia a la hora de gastar, ni la ambición por lograr ser alguien en la vida. Tampoco fue nuestra generación la que sacó a Dios del gobierno de las escuelas y de nuestra existencia. Y, por supuesto, que tampoco fuimos los que suprimimos la paciencia y la tolerancia en nuestras relaciones  personales, ni en la interacción con los demás.

Y, aun cuando ya soy una persona mayor, todavía puedo disfrutar de una fiesta, aunque  sólo resista hasta un poco después de medianoche. Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba de niños aunque tenga que usar un martillo. Todavía sé cómo llegar a mi casa. Todavía duermo como un bebé en las noches, aunque al otro día el cuerpo se demore en permitir que me levante. Todavía puedo reírme de las críticas, aunque en ocasiones no oiga lo que dicen de mí. Todavía soy bueno contando historias, no obstante a veces repita algunas. Y si bien hay quienes piensan que soy peleador, cascarrabias o intransigente, es porque olvidan simplemente que tengo edad para decir que hay cosas que no me gustan. Por ejemplo, no me gusta la congestión del tráfico, ni las  muchedumbres, ni la música alta, ni los niños gritones, ni los perros que ladran, ni los políticos, ni las injusticias, ni la picardía, ni tantas otras cosas que ahora no recuerdo…

Y espero poder seguir disfrutando de mi vida al máximo, al poder seguir amando, escribiendo, leyendo, oyendo la música que me agrada y me da solaz, al lado de mi esposa y de mi familia.

Ahora sí, oigamos a Cortázar:

«Déjalo hablar, porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien. Déjalo vencer en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo. Déjalo ir a visitar a sus viejos amigos, porque entre ellos se siente revivir. Déjalo contar sus historias repetidas, porque se siente feliz cuando lo escuchan. Déjalo vivir entre las cosas que ha amado, porque sufre al sentir que le arrancan pedazos de su vida. Déjalo gritar cuando se ha equivocado, porque los ancianos –como los niños– tienen derecho a la comprensión. Déjalo tomar un puesto en el automóvil de la familia cuando van de vacaciones, porque el próximo año habrá remordimientos de conciencia si ya él no existe. Déjalo envejecer con el mismo paciente amor con que dejas crecer a tus hijos, porque todo es parte de la naturaleza. Déjalo rezar como él sabe, como él quiere, porque el anciano descubre la sombra de Dios en el camino que le falta recorrer. Déjalo morir entre brazos llenos de piedad, porque el amor de los hermanos sobre la tierra, nos hace presentir mejor el torrente infinito del amor del Padre en el cielo.»

Valledupar, 13 de julio del año 2010

¿Qué celebramos hoy?

Hace 200 años, en el Nuevo Reino de Granada -hoy Colombia- la sociedad estaba dividida en 9 castas, cuyas diferencias sociales, económicas y políticas, las identificaban plenamente.

En el peldaño más alto estaban el virrey y su corte, quienes ostentaban títulos nobiliarios y vivían a la usanza de sus pares de la Península Ibérica; vale decir, en la molicie absoluta, disfrutando de las rentas que su riqueza les prodigaba; riqueza que se acrecentaba de manera perenne, gracias al tráfico de todo aquello que producía el país y cuya administración y control caían bajo su directa y exclusiva responsabilidad.

Luego venían los españoles de nacimiento que carecían de títulos de nobleza y habían emigrado al Nuevo Mundo, en busca de fortuna que lograban alcanzar merced a su origen. Gozaban, además, de la confianza de los llamados nobles y, gracias a ella, podían ascender en la escala económica al convertirse -los del campo- en encomenderos, o sea hacendados con una mano de obra barata y abundante o -los de la ciudad- entrando al servicio del virrey en su ejército o en otros menesteres de buen mirar y mejor porvenir. Al igual que los nobles, estaban exentos del pago de impuestos o, en el peor de los casos, tributaban sumas muy bajas.

A continuación estaban los criollos, nacidos en América y cuyos padres eran emigrantes peninsulares. Gracias a su linaje español, gozaban de algunas prebendas; por ejemplo, acceso a la educación, permiso para abrir establecimientos comerciales o dedicarse a las artes, las letras o la ciencia. No obstante pagaban tributos a la corona española, gozaban de una vida muelle y acomodada.

A renglón seguido, venían los mestizos, nacidos en el Nuevo Mundo de padre español y madre indígena o madre española y padre indígena. Esa mezcla de sangre aborigen los hacía objeto de un trato diferente al dado a los criollos, pues el acceso de los mestizos a la educación era casi imposible; por consiguiente estaban condenados a la pobreza y a ejercer oficios bajos en la administración pública o a servir de capataces en las haciendas de los emigrantes o de mensajeros de los criollos o como servidumbre de los nobles.

Debajo de los mestizos se encontraban los mulatos (hijos de padre español y madre africana o viceversa), los zambos (nacidos de padre negro y madre indígena o al contrario) y los cuarterones (hijos de español y mestiza o de española y mestizo). Estas tres castas –mulatos, zambos y cuarterones– tenían que vivir en la pobreza, pues carecían totalmente de la posibilidad de estudio y, por tanto debían realizar las labores más bajas en la sociedad. Algunos, con mucho esfuerzo, lograban emerger un poco y se convertían en vivanderos del mercado o en cocheros o palafreneros de nobles, emigrantes o criollos.

En el fondo de esta escala social estaban los aborígenes y los esclavos. Los primeros, verdaderos dueños del suelo que les usurparon los conquistadores españoles, luego de diezmarlos y robarles los tesoros que esta exuberante tierra producía. Los aborígenes eran los peones de las haciendas de nobles y emigrantes, con una retribución simbólica consistente en permitirles cosechar en una pequeña parcela lo de su sustento diario y el de su familia que, muchas veces, también debía trabajar para el encomendero.

Los esclavos eran aquellos pobres infelices que habían sido secuestrados en su natal África y, luego de ser traídos a la fuerza y cargados de cadenas, debían trabajar sin ninguna retribución en las minas o en las haciendas o, a veces, en las labores de servidumbre en las mansiones de nobles, emigrantes o criollos. Su descendencia, nacida en estas -para ellos inhóspitas- tierras, estaba condenada a perpetuar el estado de esclavitud de sus progenitores.

Pues bien, el 20 de julio de 1810, años después de la traición de los criollos al movimiento comunero, cuando sobrevino la revuelta en la Plaza Mayor los criollos volvieron a temblar al ver que sus prebendas, aunque escasas, podían mermarse o, peor aún, desaparecer. Por eso, se hizo el sainete del florero y se incitó a cabildo abierto, sin dejar de lado la adhesión al rey; pues los criollos pensaban que al estar éste depuesto por Napoleón, las políticas sociales de la Revolución Francesa acabarían con las castas existentes en Nueva Granada, dando al traste con su relativa vida cómoda, debida a su linaje peninsular. Entonces, ¿sí vale la pena celebrar como acto de independencia la pantomima del florero? Los episodios de la Patria Boba, cuya génesis fue dicho sainete, ¿sí son dignos de conmemoración? En realidad, ¿sí hubo independencia hace 200 años?

Porque en verdad, la población actual de Colombia sigue teniendo una composición análoga a la de entonces, salvo que ya no se le tributa a los extranjeros, si no a los que ocupan el puesto de los nobles de antaño, que no han soltado ni soltarán las riendas del poder.

Y si los pobladores actuales de Colombia -incluidos los amos del poder- son descendientes de esas 6 castas inferiores y en su mayoría vive en la pobreza (insalubridad, baja educación, viviendas inadecuadas, desempleo, etc.), ¿habrá deseos de celebrar una supuesta independencia, tras 2 siglos de mentiras?

Valledupar, 20 de julio del año 2010

Un nuevo aire

A partir del sábado 7 de agosto, mediando la tarde, Colombia tendrá la oportunidad de empezar a respirar un nuevo aire. Se inicia un nuevo gobierno, no sabemos si mejor o igual al que, gracias a Dios, por fin culmina; lo que sí se puede aseverar es que, jamás, será peor.

Porque peor que éste que se está acabando, no ha habido ni habrá jamás en la historia del país. Como nunca, la delincuencia y la mafia se habían enseñoreado de su destino.

Para empezar, el nuevo presidente ha nombrado un gabinete en el que están figuras no sólo de prestigio, sino -y eso es más importante- sin rabo de paja y con altura moral.

Tampoco el nuevo presidente tendrá que enfrentarse a la Honorable Corte Suprema de Justicia, para defender a sus parientes, amigos y conmilitones, pretendiendo dar al traste con el estado de derecho, con tal de salvar a sus aliados, convirtiéndose en cómplice de ellos o, tal vez, en razón de serlo.

Tampoco tendrá que tender, hasta el último minuto, cortinas de humo que tapen las indelicadezas -por decir lo menos- de sus hijos y las tropelías de su gobierno.

Ni tendrá que responder por la danza de los millones desatada desde el Ministerio de Agricultura, para favorecer a aliados en referendos y otro tipo de indelicadezas jurídicas o electorales.

Ni le tocará usar al DAS para espiar el lado honesto del país, es decir, su contraparte.

Tampoco tendrá que extraditar a antiguos socios, para evitar que hablen. Ni, cual matón de barrio, estará cazando peleas en el vecindario, acusando a éste de tener la paja en el ojo, para ocultar la viga en el propio y, de paso, pretender distraer a la opinión pública.

Es probable que el nuevo presidente -ese que se posesiona el 7 de agosto próximo, cuando medie la tarde- no necesite favorecer a los ricos -al serlo él también- en desmedro de los pobres. También es factible que el día laboral, como en cualquier lugar decente del planeta, termine a las seis de la tarde y no a las diez de la noche; como ha venido ocurriendo en Colombia, desde recién inaugurado el gobierno que ya expira.

El nuevo presidente, al ponerle más atención a la conducción del país que a sus propias conveniencias, trace políticas que mejoren las condiciones para estimular la creación de empleo. Y por no estar pendiente de sus propios negocios, pueda ponerle más cuidado a la educación, a la salud y a la vivienda de los menos favorecidos; que, en estos ochos años, aumentaron en número, como nunca antes había ocurrido.

Y, al no tener que estar cuidándose la espalda a cada paso, el país respire mejores aires y se recupere de esa enfermedad que lo tiene al borde del colapso: la corrupción administrativa con su secuela, la impunidad.

Y, así, los tres poderes que conforman el Estado, trabajen de manera autónoma, sin tener que sujetarse a los caprichos del jefe del Ejecutivo y, cuando esto no ocurra, con sus pataletas el presidente pretenda zaherir y hasta calumniar al poder Judicial o comprar, como quien corrompe meretrices, al poder Legislativo.

Pero, sobre todo, el nuevo presidente le quitará a Colombia los olores y la apariencia de dudosa hacienda, al tener, él mismo, más figura de presidente que de arriero charlatán.

Esperemos que, así, soplen nuevos aires para Colombia; con eso, cuando en el 2019 se celebren –ahí sí– los doscientos años de libertad, este país se parezca más a un lugar decente donde dé gusto vivir y no a la cueva de Alí Babá con todos sus secuaces, en lo que lo entrega convertido el gobierno que, gracias a Dios, ya fenece.

Valledupar, 27 de julio del año 2010

La impopularidad de un presidente

“Es un lugar común afirmar que cada país elige a los gobernantes que se merece; pero no por evidente, deja de ser ominoso este aserto. No obstante, en Colombia se dice que cada presidente es peor que su predecesor (unos a partir del segundo año, otros mucho antes, otros después; pero todos, tarde que temprano, muestran el cobre): Pastrana peor que Samper; éste superó en desaciertos a Gaviria, quien, a su vez, nos hizo más daño que Barco, y Barco dejó el país más maltrecho de lo que lo recibiera de Belisario, y Belisario lo entregó peor de lo que lo dejara Turbay, quien superó en mal gobierno a López; y, así, retrospectivamente, llegaríamos hasta Santander y Bolívar.

Sin embargo, la realidad es otra; sucede que todos han sido malos gobernantes, unos peores que otros; pero, de todas maneras, ninguno se salva; pues, quien logró hacer obras civiles, conculcó las libertades individuales y aquel que respetó el Estado de Derecho, descuidó la transparencia de las ejecutorias gubernamentales, propias o de sus subalternos o, si no, prohijó la injusticia social o permitió la violencia; y, así, cada mal presidente nos hace olvidar lo pésimo que fue su antecesor.

Y, ¿por qué ocurre esto? Porque la clase gobernante siempre ha trabajado en provecho propio, al crear dos países, según palabras de Gaitán: «el país nacional y el país político»; este último, apoyado por el poder económico, todo lo tiene y hasta le sobra para ser desfalcado por sus mismos integrantes. El primero nada o poco posee y, para colmo de males, es el que pone los muertos de la violencia, el que presta el servicio militar obligatorio, el que tiene que trabajar hasta cuarenta años o más para poder acceder a una modesta pensión y hasta es el que paga los impuestos; pues, es bien sabido de todos, que el valor de los tributos pagados por los grandes empresarios, quienes hacen parte de la clase gobernante, es trasladado al consumidor final, vale decir al trabajador, en el precio de venta de bienes o servicios.

Alguien, mal intencionado, dirá que en las afirmaciones anteriores hay resentimiento o rencor; pero nada más alejado de la verdad que este pensamiento; pues, quien esto escribe, tiene su modus vivendi asegurado tiempos ha y, solamente dice estas cosas severas, porque sufre de dolor de Patria: le duele la angustia de los doce millones de compatriotas que mañana ni siquiera tendrán que desayunar y, lo que es peor, tampoco tienen esperanza de redención; le duelen, también, los ocho millones de desempleados, los más de tres millones de desplazados, los once millones que, aun teniendo un trabajo, el salario solamente les permite vivir en condiciones de precaria pobreza. Entonces se pregunta, ¿cuándo aparecerá la luz que nos indique que el túnel del subdesarrollo llega al final? ¿Cuándo, por fin, un líder se acordará de que, hace casi dos mil años, Alguien predicó la caridad, es decir, el amor al prójimo como a sí mismo?

Muchos pensamos que en esta encrucijada en que se encuentra Colombia, las opciones que se nos presentan a los electores, sólo nos permiten saltar de las brasas para caer en la candela. ¡Ojalá estemos equivocados y el próximo presidente tenga voluntad política y logre convencer a la clase gobernante de que las cosas deben cambiar, si deseamos que nuestros descendientes puedan disfrutar de un país nuevo; un país en el cual se pueda volver a pescar de noche; un país en donde se distribuya la riqueza y no se reparta la pobreza; un país, en fin, donde el Estado cumpla con la norma primaria de la Constitución Nacional: «velar por el bienestar de sus asociados, sí que también por su vida, honra y bienes.» Y no terminemos por acabar con lo poco que nos queda de Patria.”

Lo anterior lo escribí hace ocho años, cuando finalizaba el gobierno de Pastrana. Pues bien, amable lector, ¿tú sí crees que algo ha cambiado desde entonces? O, por el contrario, ¿todo sigue igual? O, quizás, ¿peor? La verdad es que el aserto inicial, se sigue cumpliendo; pues, a pesar de lo malo que fue el gobierno de Pastrana y que, al igual que la columna citada, inspiró muchas más que denunciaban todos sus errores, éste que gracias a Dios expira, ha sido la gota que rebozó la copa de la antidemocracia, con un otrosí: nunca había tenido Colombia un presidente más cínico, más marrullero y más corrupto que Uribe. Siquiera esta pesadilla termina el próximo sábado. Loado sea Dios.

Valledupar, 3 de agosto del año 2010

Digresiones varias

Mientras Santos inicia su gobierno y se logra establecer qué tanto sus promesas de candidato y sus ofrecimientos de presidente electo van más allá de eso: esperanzas para un pueblo irredento, solacémonos con estas divagaciones de los manuscritos que el lector habitual ya conoce.

Es un lugar común decir que nadie pide nacer, como tampoco nadie elige cómo, cuándo o dónde hacerlo; lo único cierto es que estamos vivos. Pero alguna vez te has preguntado, ¿por qué o para qué he nacido?

Hay quienes creen que su vida es un error, muchos no encuentran en sí mismos ningún valor; otros no saben qué quieren ni a hacia dónde va su existencia; también hay quienes creen que vivir es simplemente intentar pasarla bien y gozar, sin pensar que están vivos para cumplir una misión especial.

No somos ángeles ni súper héroes, cuya única misión sea salvar el mundo o cambiarlo; sólo somos seres humanos, con una brizna de perfección -en un piélago de defectos- que Dios, por amor y gratuidad, donó a la humanidad para que cada cual alcanzara las metas soñadas.

Entonces, ¿cuál es el mayor sueño que quisieras realizar? No se puede ir como veletas sin rumbo a donde el viento y el tiempo lleve a cada quien; hay que tener presente que somos caminantes que vamos haciendo camino al andar, al decir de Antonio Machado.

Naciste para ser feliz, para experimentar en tu alma la paz que da el sentirse realizado de verdad, haciendo lo que amas y amando lo que haces, encontrando en el servir y el dar, la mejor manera para que tus dones y talentos se puedan multiplicar.

Si todavía no has pensado cuál es tu misión, es el momento de hacerlo, porque aún estás vivo.

Que no te pase como a muchos que mueren sin saber por qué o para qué han nacido; pierden la vida, sin haberla vivido; renuncian al camino, porque se sienten perdidos, creen que no hay más que hacer, no tienen sueños ni ilusiones, los vencen sus vacíos y temores; les queda grande el existir, por eso prefieren morir. También hay quienes anteponen los vicios y se dejan arrastrar por ellos.

Piensa si aún estás a tiempo de pensar ¿por qué o para qué he nacido?

Si no lo has descubierto, lucha por hacerlo, así encontrarás de la vida su sentido; construirás sueños, sabrás lo qué quieres y hacia dónde vas, combatirás intensamente por hacer realidad tus ilusiones y experimentarás que has sabido vivir de verdad.

Si ya lo has logrado, necesariamente serás feliz.

La vida es un regalo que sólo se nos ofrece una vez; entonces disfrútala, vívela intensamente para que, aun muriendo, sigas vivo en el corazón de todos los que te conocieron.

  1. S. *Para quienes aún creen que hay que agradecerle a Uribe el país que nos deja, los invito a leer, en la última edición de la Revista Semana, la columna “Reinar después de morir” de la autoría de Antonio Caballero, una de las plumas más brillantes en la actualidad, en cuanto a periodismo de opinión se refiere.

**Por eso y con el fin de darle tiempo a Santos para que empiece a cumplir las promesas de su excelente discurso de posesión, en donde también señaló -aunque con mucha diplomacia- algunas de las falencias que encuentra, habrá que esperar a ver qué sucede.

Como si fuera poco, Armando Benedetti -uribista de tiempo completo- inició su discurso de bienvenida a Santos, hablando de la desigualdad económica y de su consecuencia obvia: la pobreza absoluta, ambas imperantes en Colombia desde siempre; pero que, como lo señalaron los dos oradores, en estos momentos son aberrantes.

***Si la estulticia es la idiotez y la memez es la imbecilidad, estulto es un idiota y memo es un imbécil.

Valledupar, 10 de agosto del año 2010

Cherchez la femme

En las novelas policíacas francesas de mediados del siglo pasado, uno leía con frecuencia la expresión que sirve de mote a la columna de hoy, cuando el investigador en jefe necesitaba urgir a sus subalternos con el fin de dar con las pistas del criminal de turno. Esto para significar que detrás de un crimen, al menos en la mente del autor, siempre había una mujer. Por eso, la expresión de marras: “Buscad a la mujer”. Es decir, buscad el motivo.

Pues bien, hoy en día cuando ocurren crímenes de lesa humanidad, los investigadores en Colombia, no suelen buscar el motivo que pudo impulsar al posible criminal, para así dar con él. No. Tal pareciera que fuera más cómodo y de pronto hasta más expedito, culpar al primero que se cruce en el camino de los encargados de la indagación.

Claro está que en los últimos ocho años –tenía que saltar la liebre– se volvió recurrente culpar a las Farc, de todo lo malo que ocurriera en el país; pues era necesario alimentar la máquina de guerra y para esto, no hay nada mejor que un presupuesto robustecido; por tanto, era el camino despejado con el cual se mataban cuatro pájaros de un solo tiro: pues señalado el culpable, no se necesitaba gastar recursos buscando lo que ya se encontró; segundo, quedaban las autoridades como las más sagaces de los contornos (recordemos al “mejor policía del mundo”); tercero, subía la popularidad del gobernante y, cuarto, se creaba la obtusa falacia de que desprestigiando al enemigo se le vencía.

No obstante, fueron muchas las ocasiones en las cuales se encontró que el autor o autores del atentado de ese momento, se encontraba dentro de las fuerzas amigas.

Por eso, parece atinado que, cuando esto se escribe –viernes, 6:30 p. m.– el alto gobierno actual, no se haya precipitado en culpar a las Farc por el atentado del pasado jueves en Bogotá. Solamente el Ministro de Defensa –uribista de tiempo completo– fue el único en todo el alto gobierno que arrojó la piedra al vacío, dejando flotar la sospecha sobre la autoría guerrillera en la explosión. Los demás, resolvieron esperar el resultado de las  pesquisas.

Sin embargo, analistas políticos –gurúes del devenir nacional– creen que hay otros sectores interesados en sabotear los acercamientos propiciados por el nuevo gobierno. No se debe olvidar que hay cierta franja en el país, que ve con ojeriza cualquier acercamiento con Chávez o con Correa, o con todo lo que se aleje de la extrema derecha. Por consiguiente, no aceptan tampoco ninguna conversación que pueda llevar a un pacto de no agresión con las guerrillas. A los de esa franja no sólo les agrada la confrontación armada, sino que además pareciera que les da buenos dividendos.

Oigamos a algunos de esos gurúes: Armando Borrero, especialista en seguridad nacional y analista de razonpublica.com, cree que «entre un grupo de aventureros de la extrema derecha, podrían estar los autores del atentado. Probablemente buscaban un lugar simbólico al ponerla frente a Caracol. Esto es terrorismo ilustrado, que es cometer un acto para que les echen la culpa a otros y provocar un efecto político. También es posible que sea un pequeño grupo que quiere enviarle un mensaje al presidente Santos para que se endurezca. Aunque no hay un proceso de paz formal, de pronto hay gente que quiere decirle que ya no pudo con este tema. Son interesados en desestabilizar cualquier posibilidad de negociación entre la guerrilla y el gobierno.»

La opinión de Ariel Ávila, de la Fundación Nuevo Arco Iris, es parecida: «Probablemente lo que se quiere es que el gobierno de Santos siga la misma línea de Uribe, dura e inamovible. El gobierno Santos abrió el diálogo y tal vez haya gente que piensa que con esto se va a retroceder en seguridad.»

El ex candidato presidencial Gustavo Petro, por su parte, no dudó al afirmar que la bomba de este jueves tiene un claro objetivo: «Llevar al actual Gobierno a la postura del anterior. Si nos dejamos manipular, seguirán poniendo bombas; [entonces] exijamos la verdad en la investigación, no más manipulaciones.»

Sobre esta hipótesis también habló el representante en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Christian Salazar, quien consideró que «Un atentado así, con una bomba de tal magnitud, busca probablemente estorbar esos mensajes conciliadores que ha habido. El nuevo presidente ha estrechado la mano a muchos sectores sociales, además del restablecimiento de relaciones con Venezuela, y por eso la bomba.»

Al fin y al cabo, amable lector, al país nacional lo que le interesa es la verdad; lo demás es circo a cambio de pan. Pues el atentado ocurrió y, aunque no hubo muertos, sí quedaron muchos inocentes perjudicados. Por eso, ¡no a la violencia, venga de donde viniere!

Valledupar, 17 de agosto del año 2010

Cuando las estrellas bajaron a la Tierra

Mientras Santos continúa llenando las expectativas de los colombianos y todo sigue siendo miel sobre hojuelas, recurramos a los manuscritos de marras y deleitémonos con esta sabia y bella narración.

Existen millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, violetas, doradas, rojas, verdes, azules. Allí las puso Dios para deleite de la humanidad.

Un día, inquietas, las estrellas enviaron un emisario ante Dios y le dijo:

–Señor, a las estrellas les gustaría vivir en la Tierra entre los hombres.

–Si así lo desean, que así sea –respondió el Señor– Las volveré pequeñitas, como son vistas desde allá para que puedan bajar a la tierra. Cuando quieran volver, que me avisen.

Se cuenta que aquella noche, hubo una hermosa lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras más se mezclaron con los juguetes de los niños y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero con el paso del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando la Tierra obscura y triste.

–¿Por qué volvieron? –preguntó Dios, a medida que iban llegando al cielo.

–Señor, no nos fue posible permanecer en la Tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia.

Y el Señor les dijo: 

–¡Claro! El lugar de ustedes es aquí, en el cielo. La Tierra es un lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere: ¡Nada es perfecto allí! El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece.

Después de que llegaron todas las estrellas, y tras comprobar su número, Dios habló de nuevo:

–Nos está faltando una estrella. ¿Será que se perdió en el camino?

El ángel que estaba cerca, junto con los que hacían el conteo, contestó:

–No, Señor, esa estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente dónde existe la imperfección, dónde hay límites, dónde las cosas no van bien, dónde hay lucha y dolor.

–¿Qué estrella es ésa? –preguntó Dios nuevamente, haciéndose el desentendido.

–Es la Esperanza, Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron para la Tierra, la estrella no estaba sola. La Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona.

Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita tener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia del ser humano, propia de aquel que sufre, de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que se encuentra solitario, de aquel que no sabe cómo será el futuro, de aquel a quien agobia la incertidumbre. Tú puedes recibir en este momento la estrella verde: La Esperanza en tu corazón.

No dejes que se te escape y no permitas que se apague. Ten la certeza de que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios por todo lo que tienes. Sé siempre feliz con eso y contagia con tu corazón iluminado a otras personas.

La Fe y la Esperanza son el mejor alimento del alma; no sufras de desnutrición espiritual.

Y, por favor, sé feliz que no cuesta nada.

Valledupar, 24 de agosto del año 2010

Para enriquecer el cotidiano quehacer

Tal vez, tú ya has puesto en práctica esto. Si es así, dale gracias a Dios porque te ha dado un corazón puro y una mente equilibrada. Si no, trata de ponerlo en práctica y, de todas maneras, divúlgalo. Es fácil de realizar, sólo se requieren ánimo y disposición.

Cuando emprendas una tarea, no permitas que los obstáculos te desanimen. Ellos siempre se presentarán y debes considerarlos como el acicate que te aliente y te reconforte para seguir adelante.

Persiste un poco más. Recuerda que los premios están al cierre del camino y no al comienzo.

Se optimista. Jamás sabrás que tan cerca estás de alcanzar un objetivo, si no insistes; por eso, no cultives el pesimismo.

Si estás pensando en ayudar a alguien, concéntrate en el bien por hacer. Pero no olvides las palabras de Cristo: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.”

El camino de la vida no está sembrado de pétalos de rosas, sino de espinas y además cubierto de sombras. Prosigue, aún cuando tengas que atravesar las sombras y arrancar las espinas.

Si te equivocas, no te desazones. De tus propios errores podrás sacar enseñanzas, entonces aplícalas y avanza, aunque sea entre lágrimas.

Trabaja constantemente, no desmayes y construye siempre.

No consientas que el hielo del desencanto entorpezca tu corazón. Por el contrario, recuerda que en ti está el fuego que aviva la esperanza.

Que no te impresionen las dificultades, sino que más bien sean el aliciente para continuar.

Convéncete de que la victoria espiritual es una construcción diaria que no da tregua.

No desistas de la paciencia. No olvides contar hasta diez, antes de reaccionar frente a una situación dificultosa.

Las cosas no llueven del cielo, hay que conseguirlas; así que esfuérzate, porque sin vehemencia, no hay realización.

Si debes de contar hasta diez, antes reaccionar frente a las dificultades, cuenta hasta cien antes de responder a las injurias.

Por eso, olvida el mal que te hagan y perdona a quien te ofenda. Al fin y al cabo el agresor es un enfermo del alma.

No permitas que alguien que se encuentre desequilibrado, destruya tu trabajo o anule tu esperanza.

No menosprecies el deber que la conciencia te impone. Ella es, después de Dios, tu juez más riguroso.

Si te engañaste en algún trecho del camino, reajusta tu propia visión y busca el rumbo correcto.

Jamás lleves la cuenta de los triunfos ni la de los fracasos.

Si estudias, procura aprender. Si trabajas, hazlo con honestidad y honradez.

No te vuelvas contra nadie.

No dramatices tus vicisitudes ni tus problemas. Tal vez, lo tuyos no son ni los más grandes, ni los más importantes.

No dejes que los ditirambos te envanezcan, ni las injurias te abrumen. Recuerda lo que dijo Tomás de Kempis, en su magna obra, “Imitación de Cristo”: “Ni más porque te alaben, ni menos porque te vituperen: lo que eres, eso eres.”

Conserva el hábito de la oración, para que ésta se convierta en la luz de tu vida íntima.

Refúgiate en Dios y persevera en el trabajo que Él te confió.

Por último, ama siempre, haciendo por los otros lo mejor que puedas.

*P. S. No le había agradecido a Mary Daza su generosa dádiva, porque antes quería leerla y, así, agradecerle también su contribución a las letras castellanas. Su última novela “Encuéntrame”, es un canto de amor escrito en buena prosa.

Valledupar, 31 de agosto del año 2010

Las manos de Dios

Escuchando al sacerdote en la homilía de este domingo, encontré unos pensamientos que me pusieron a cavilar sobre lo insustanciales que a veces somos, cuando solamente nos preocupamos por nuestra comodidad, olvidando que, en ocasiones, somos unos privilegiados que gozamos de muchas dádivas, mientras que otros deambulan sin encontrar un alma caritativa que les dé la mano en su habitual pesadumbre.

Y lo que es peor, uno escucha como muchos culpan a Dios de este estado de cosas, olvidando ladinamente que el ser humano, en su libre albedrío, elige no ayudar al prójimo y seguir impasible, como si eso fuera algo natural, algo que, de tanto ocurrir, ya ni curiosidad causa.

Entonces, es cuando vale la pena reflexionar y ver hasta dónde nos hemos olvidado de nuestro prójimo. Sin embargo, lo usual es culpar a Dios de todo lo malo que ocurre:

Cuando observamos el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada y abandonada, habitualmente preguntamos: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando vemos la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando vemos al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero, del campesino carente de recursos para defender sus derechos, también nos preguntamos: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando contemplamos a esa anciana olvidada; cuando su mirada está cargada de nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, insistimos en preguntarnos: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando miramos al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando observamos a su pareja deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, aún seguimos preguntando: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando miramos a ese joven, antes fuerte y decidido, pero ahora embrutecido por la droga y el alcohol; cuando vemos titubeante al que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos si rumbo ni destino, obstinadamente preguntamos: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando vemos a esa chiquilla, que debería estar soñando en fantasías, arrastrar su existencia y en su rostro reflejarse ya el hastío de vivir y, buscando apenas sobrevivir, se pinta la boca, se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo, cínicamente preguntamos: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando aquel pequeño a primera hora de la mañana ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender; cuando lo vemos dormir en una puerta titiritando de frío; cuando su mirada nos reclama un mendrugo de pan; cuando lo observamos vagar sin esperanzas, con la única compañía de un perro callejero, con desvergüenza preguntamos: ¿Dónde están las manos de Dios?

E insensatos nos enfrentamos a Él, para preguntarle: ¿Dónde están tus manos, Señor? Dónde están, para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados.

Pero si Le pedimos a Dios un corazón sensato, tal como lo reclama el salmo, después de un largo silencio, escucharemos en la conciencia Su voz que nos dice: « ¿No te das cuenta de que tú eres mis manos? Atrévete entonces a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas.»

Cuando logremos escuchar esa voz, comprenderemos entonces que las manos de Dios somos todos, los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje de luchar por un mundo más humano y justo, como aquellos cuyos ideales son tan altos que no pueden dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se retienen a si mismos para ser las manos de Dios.

Cuando esto ocurra, no dudes en exclamar: “Señor ahora me doy cuenta de que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido ahora perdón por el amor que me diste y no he sabido compartir, las debo usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.”

El mundo necesita de esas manos llenas de ideales, cuya obra magna sea contribuir día a día a forjar una nueva civilización que busque valores superiores, en donde se comparta generosamente lo que Dios nos ha dado y podamos llegar al final, habiendo entregado todo con amor. Y entonces, seguramente Dios dirá: ¡Esas son Mis manos!

Valledupar, 7 de septiembre del año 2010

El diablo haciendo hostias y Tal para cual

A mediados del mes pasado, el Presidente del Consejo Superior de la Universidad de Georgetown, sita en Washington, informó que a partir de septiembre de este año la clase de Democracia estaría a cargo del señor Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia.

La pregunta es, ¿Uribe, qué puede enseñarles a sus alumnos sobre la Democracia?

Aparte de contarles algunos conceptos que se consiguen fácilmente en cualquier enciclopedia, tales como que surgió en la Grecia del período clásico –siglos VI al IV a. C.– y que hoy en día se aplica, además del ámbito político, en el entorno económico entre otros, es muy poco lo que este señor podrá enseñarles de la Democracia como expresión de la soberanía popular, pues es sabido por todos que este catedrático de último cuño, cuando como gobernante tuvo la oportunidad de manejar esta disciplina, siempre tomó los atajos necesarios para burlar su aplicación; o si no que lo digan los familiares de las víctimas de la violencia en Antioquia, durante los años 1994 a 1997, en los cuales él ejerció el mando en la Gobernación de ese Departamento.

Y ni qué decir de este pobre y desolado país que lo padeció por ocho largos años (2002 al 2010), durante los cuales, la Democracia dejó de existir como expresión de la soberanía popular, para convertirse en una dictadura que llevó a Colombia a ser lo más parecido a las Repúblicas Bananeras de América Latina hacia mediados del siglo pasado.

Porque si la Democracia, como expresión de la soberanía popular, es la antítesis de la monarquía -gobierno de una sola persona- y de la aristocracia -gobierno de unos pocos-, entonces durante los dos períodos presidenciales de Uribe y sus años como gobernador de Antioquia, hubo de todo, menos Democracia.

Ahora lo único que les puede pasar a esos pobres alumnos de la Universidad de Georgetown es que les nombren a Uribe como profesor de Ética, porque ahí sí, que entre le diablo y escoja.

Como quiera que el mote de la columna de hoy es doble, quiere decir que falta la segunda parte.

Pues bien, sucede que Italia está gobernada por un dictadorzuelo que, además de tirano, es corrupto. Como tirano, se ha aferrado al poder usando todas las artimañas que su laxo arsenal le provee. Como corrupto, ha utilizado el poder para aumentar su inmensa y mal habida fortuna.

Entonces, los gobernantes colombianos, desde hace varios años, le envían lo peor que tenemos en la casta política, para que representen al país ante Silvio Berlusconi, el dictador corrupto de marras.

Por eso, allá estuvieron Luís Camilo Osorio, Jorge Noguera, Sabas Pretelt de la Vega y ahora le mandan a Andrés Felipe Arias.

¿Será para que se entiendan mejor?

Debe ser que así, podrán hablar el mismo idioma, el de los corruptos.

  1. S. Lo que voy a decir, puede desatar las iras del Olimpo; tal vez me lluevan rayos o centellas; pero alguien tiene que decirlo; entonces, que sea yo quien le ponga el cascabel al gato: sucede que durante casi veinte años, algunas regiones colombianas se han venido beneficiando con los recursos de las regalías, los cuales han ido a parar, en cantidades bastante altas, a bolsillos de particulares, para engrosar sus mal habidas fortunas. No obstante, nadie había protestado por ello. Ahora, cuando el gobierno central decide repartir esos recursos entre todos los departamentos del país, les sobran los deudos a las regalías. Hasta hubo alguien que osó escribir que “si se las iban a robar los políticos cachacos, pues que las robaran los de acá.” Parece mentira que se pueda pensar así. Lo correcto sería decir que nadie tiene porqué robárselas; porque son de todos. Sobre todo, de los más pobres, de los desposeídos, de los parias de siempre. Pero no, es más fácil, más cómodo y más perverso, protestar porque se las llevan y, no haber protestado, cuando los pobres de esas regiones estaban peor de desharrapados que cuando no existían dichos recursos.

Valledupar, 14 de septiembre del año 2010

El hombre y el mundo

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Por eso, en su laboratorio, buscaba afanosamente cura para las enfermedades; era docente en varias universidades para poder aconsejar a la juventud, además de compartir conocimientos con sus alumnos; asistía a seminarios en donde pudiera aprender nuevas técnicas de salubridad; era miembro de varios comités de paz; escribía en revistas y periódicos, dando su opinión con respecto a la necesidad de hacer la educación obligatoria y gratuita, mejorar las condiciones de empleo y de vivienda; en fin, su mente inquieta lo hacía vivir obsesionado por los problemas del mundo.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario, “para ayudarte, papi”, le dijo en forma decidida. El científico, nervioso por la interrupción y viendo que era imposible sacarlo, trató de distraer su atención; para lo cual tomó una revista en donde venía el mapa del mundo, lo recortó en varios pedazos y, junto con un rollo de cinta pegante, se los entregó a su pequeño hijo y le dijo:

–Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo armes sin ayuda de nadie.

Al cabo de cierto tiempo, que al científico le pareciera corto, se sorprendió cuando escuchó la voz del niño que le decía:

–Papá, ya arreglé el mundo.

Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo propio de la mente de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz de armar ese rompecabezas que él, de manera intencional, había hecho difícil? Más aún, estaba seguro de que su hijo no conocía cómo era la distribución de continentes, mares y países.

–Hijo, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?

–Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado el mundo.

El científico, admirado, abrazó a  su pequeño hijo y le dijo:

–Esa es la realidad, hijo mío. Si queremos arreglar el mundo y sus problemas, debemos empezar por arreglar los problemas del hombre. Tenemos que hacer que cada ser humano cambie de modo de pensar con respecto a sus semejantes. Cada individuo debe tomar conciencia de que solo no puede hacer nada; únicamente si se integra a la humanidad, podrá ser alguien, podrá alcanzar sus metas. También, ésta será la única forma de ser útil a los demás. Por último, hijo, te voy a entregar una hoja de papel en la cual mi padre, cuando yo tenía aproximadamente tu edad, me escribió una frase. Léela cada vez que puedas, cumple lo que en ella escribió tu abuelo y busca siempre hacer de su contenido, una forma de vida.

El científico se acercó a su escritorio y sacó de uno de los cajones una hoja que le entregó a su hijo. Allí decía:

«El aprender a dar y compartir generosamente, con otros más necesitados que nosotros mismos, nos enriquece espiritualmente y nos proporciona una sensación de paz interior,  que es la mejor recompensa a nuestra generosidad. Aprender a dar y compartir es un paso importante en el proceso de enriquecer y mejorar nuestra calidad de vida.»

  1. S. La anterior nota, es un sencillo pero amoroso homenaje a mi padre, en la conmemoración del centésimo décimo sexto aniversario de su nacimiento, que todos sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y demás familiares celebramos el día de mañana, 22 de los corrientes.

Valledupar, 21 de septiembre del año 2010

Los milagros cotidianos

Tres personas iban caminando por la vereda de un bosque: uno de ellos era un anciano  con fama de sabio y de hacer milagros, el otro un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante, alumno del anciano.

–Me han dicho en la aldea que eres un individuo muy sabio que, inclusive, puedes hacer milagros. Dijo el hombre poderoso del pueblo

El anciano le contestó: –La verdad es que soy un viejo ya cansado, ¿cómo crees que yo podría hacer milagros?

–Pero me han dicho que sanas a los enfermos, puedes curar la ceguera y vuelves cuerdos a los locos; esos son milagros que sólo puede hacerlos alguien muy sabio.

–Tú lo has dicho, esos son milagros que sólo puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo; esos milagros los hace Dios, yo sólo Le pido que conceda un favor para el enfermo o para el ciego y, todo el que tenga la fe suficiente, puede hacer lo mismo.

–Yo quiero tener esa fe para poder realizar los mismos milagros que tú haces, muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.

El anciano le dijo: –Esta mañana, ¿volvió a salir el sol?

–Sí, claro que sí.

–Pues ahí tienes un milagro, el milagro de la luz.

–¡No!, eso no; lo que yo quiero ver es un verdadero milagro. Oculta el sol, saca agua de una piedra;  más aún, mira: ahí hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas.

–¿Quieres un verdadero milagro? ¿Es verdad que hace unos días tu esposa dio a luz?

–Sí, fue varón y es mi primogénito.

–Pues ahí tienes un segundo milagro, el milagro de la vida.

–Viejo, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro.

–¿Hay buena cosecha en tus haciendas, donde hace unos meses sólo había tierra?

–Sí, igual que todos los años.

–Pues ahí tienes un tercer milagro, el milagro de la naturaleza.

–Creo que no has entendido lo que yo quiero.

–Te has explicado bien y ya hice lo que podía hacer por ti; si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer.

Al oír esto de labios del anciano, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba; entonces el viejo y su alumno se quedaron parados en la vereda; cuando el terrateniente se perdió en un recodo del camino, el viejo  se dirigió hacia donde estaba el conejo herido, cerró los ojos y sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas.

El joven estaba desconcertado.

–Maestro, casi todos los días, te he visto hacer milagros como éste. ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al terrateniente?, ¿por qué lo haces ahora que él no puede verlo?

–Lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo; le mostré tres verdaderos milagros y no pudo verlos. Porque para ser maestro, primero hay que ser alumno; para poder enseñar, primero debes aprender; así que no puedes pedir grandes milagros, si no has aprendido a ver y sobre todo a valorar los pequeños milagros que se te muestran cada día. Cuando reconozcas a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Él te da todos los días, sin que tú se los hayas pedido. Cuando estés o te sientas en problemas, pídele a Dios la cordura para pensar claramente, la paciencia necesaria para mantenerte tranquilo y actuar bien, la fortaleza requerida para afrontar los retos y la fe suficiente para seguirlo amando, sin importar lo que pase. Pídele esos milagros, no le pidas simplemente que resuelva tus problemas y, muchas veces, sólo porque te da miedo afrontarlos por ti mismo. Porque si nunca te arriesgas a perder, jamás tendrás la oportunidad de ganar. Si jamás afrontas la pena de partir, nunca conocerás la alegría del regreso. Si nunca sufres durante la siembra, jamás gozarás en la cosecha. Si jamás te duele el peso de tu culpa, nunca saborearás el alivio del perdón. Si nunca mueles los granos de tu trigo, jamás disfrutarás el sabor del pan. Si jamás afrontas el miedo de dejar de ser como eres, nunca descubrirás la alegría de ser como puedes ser. Si nunca estás dispuesto a dejar todo lo que tienes, jamás sentirás que lo tienes libremente. Si jamás estás dispuesto a morir por una causa, nunca sabrás para qué vives. Si nunca encaras tu pena y dejas de reír para llorar, jamás conocerás la dicha del que deja de llorar para reír. Si jamás te arriesgas a cruzar el río, nunca sabrás lo que te aguarda en la otra orilla.

Valledupar, 28 de septiembre del año 2010

Como para pensar

Un anciano se presentó en un popular programa de televisión y cautivó a todos con su entusiasmo y buen humor.

–Se ve a las claras que usted es un hombre feliz, observó fascinado el animador, y le preguntó:

–Para usted, ¿cuál es el secreto de la felicidad?

–Bueno, hijo, es muy sencillo. Cuando me levanto en las mañanas, se me presentan dos posibilidades: la de estar triste o la de ser feliz. No soy tan tonto como quizás se crea; soy lo bastante listo como para elegir la felicidad, así que mentalmente me dedico a ser feliz….y eso es todo.

Esta frase, aparentemente simple y trivial, es un compendio de sensatez, sí que también de talento y bonhomía. Ella nos lleva a pensar, ¿por qué muchas personas son infelices? De ahí que debas tener en cuenta (entre otras muchas que a diario encontrarás en el camino de la vida) las siguientes reflexiones:

Ámate a ti mismo y decide ser feliz con todas las fuerzas de tu corazón y busca la forma de lograrlo.

Renueva esa decisión en cada alborada y, con valores espirituales, colma tu vida de luz y tu alma de paz.

Sonríe, anima, comparte, desecha la soberbia, controla el mal genio; en suma, elige ser feliz.

El poder de elección es el poder más valioso que tienes. Atrévete a usarlo para que otros no elijan por ti.

La felicidad no te será esquiva si te afanas por ser más y no tanto por tener más.

Feliz no es el que no tiene problemas, sino el que los convierte en retos para ser mejor y dar más, sin jugar a ser víctima.

Sin problemas, la vida no sería vida, sería el reino del tedio y de la abulia; recuerda que vivir es luchar. Por eso, los sabios toman las dificultades como oportunidades.

Bien decía la hija del pandit Nehru y quien fuera Primera Ministra de la India, Indira Gandhi: “Tener dificultades es un gran privilegio en la vida, pues ellas son las que nos  forman.”

Otras reflexiones que te pueden ayudar a encontrar la felicidad  –a través de la fidelidad– en el matrimonio o durante el noviazgo o en otro tipo de relación, son estas:

La estabilidad, es un don que lucen aquellas personas que protegen su relación contra la rutina, con buenas dosis de creatividad e innovación. También los que saben ser compresivos sin ser conformistas.

No idealizan la perfección, pero con calma aprenden a sobrellevar flaquezas y a perdonar agravios, porque descubren que, al hacer un balance, siempre habrá más luz que sombras en su vida.

Tienen más posibilidades de seguir unidas, las parejas que hacen de su convivencia una diaria conquista.

Es rica en amor y unidad toda pareja que es rica en fe y vida espiritual. El materialismo asfixia una relación. No es malo tener, lo malo es codiciar.

Hacer del amor una eterna atracción, es el mejor ideal para conservar fresca y firme una relación.

Si en ésta no hay renovación constante, está expuesta a morir por la rutina. Por eso, ilumina tu amor con creatividad.

Las parejas felices se enamoran mutuamente cada día, aprecian los detalles, cuidan con esmero su relación. No se dedican sólo a conseguir cosas, se dedican a cultivar el mejor arte: el arte de amar; el cual exige disciplina, paciencia, sacrificios, entusiasmo e interés. Las parejas felices valoran más la unión de las almas que la de los cuerpos. Viven para amar.

Como dijera Jalil Gibran –poeta y escritor místico de principios del siglo XX–: «El amor que no está brotando constantemente, está muriendo continuamente.»

Debe de ser por eso que el pueblo chino, rico en tradiciones, guarda una interesante costumbre: llevar a las bodas una pareja de gansos, símbolo de fidelidad. Estos animales, al igual que los cisnes, no cambian de pareja y conservan una relación estable de por vida.

Valledupar, 5 de octubre del año 2010

La confianza en las personas, y la fe en Dios

Algunos de los mayores éxitos de la historia se produjeron después de una palabra de estímulo o de un acto de confianza por parte de un ser querido. Por ejemplo, si no hubiera sido por una esposa confiada –Sofía- tal vez no habríamos tenido entre los grandes nombres de la literatura el de Nataniel Hawthorne. Cuando Nataniel, un hombre acongojado, fue a su casa a decirle a su esposa que era un fracaso y que lo habían echado de su trabajo en la aduana, ella lo sorprendió con una exclamación de alegría:

–¡Ahora sí podrás escribir tu libro!, dijo triunfante.

Él le respondió con vacilante aplomo: –¿Y de qué vamos a vivir mientras lo escribo?

Para su gran sorpresa, ella abrió un cajón y sacó una cantidad considerable de dinero.

–¿De dónde sacaste eso? –exclamó él.

–Siempre supe que eras un hombre de talento. Sabía que algún día escribirías una obra maestra. De modo que cada semana, del dinero que me dabas para la casa, ahorraba un poco. Tenemos suficiente como para un año entero.

De la confianza en el talento de su marido, a quien todas las noches había observado mientras escribía, salió una de las novelas sobresalientes de la literatura: La letra escarlata. Después Nataniel escribiría otras obras: La casa de los siete puñales, El fauno de mármol, Septimio Felton y El secreto del Dr. Grimshave.

Todo esto, gracias a la confianza que su esposa tenía en él y, por supuesto, a sus dotes de escritor.

Cuando una persona no cree en una vida espiritual que trascienda la muerte, es probable que se le acabe el sentido de la vida. Por eso veamos esta anécdota: Había una mujer a quien le habían diagnosticado una enfermedad incurable, por lo que los médicos sólo le daban tres meses de vida. Así que empezó a poner sus cosas en orden. Hizo llamar a su confesor y le dijo que necesitaba discutir algunos aspectos relacionados con su funeral.

Luego de confesarse y comulgar, le dijo qué canciones quería que cantaran en su misa de cuerpo presente, qué lecturas debían hacer y con qué traje deseaba ser enterrada. La mujer también solicitó ser enterrada con su Biblia favorita. Todo estaba en orden y el sacerdote se preparaba para irse cuando la mujer recordó algo significativo para ella:

–Hay algo más, dijo exaltada.

–¿Qué es?, respondió el sacerdote.

–Padre, esto es importante; quiero ser enterrada con un tenedor en mi mano derecha.

El sacerdote se quedó estupefacto mirando a la mujer, sin saber exactamente qué decir.

–¿Eso lo sorprende?, preguntó ella.

–Bueno, para serle honesto, estoy intrigado con su solicitud, dijo el sacerdote.

–Sucede, padre, que siempre que asistí a eventos sociales o a cenas de compromiso, cuando se retiraban los platos, alguien inevitablemente me decía, “Quédate con tu tenedor.” Era mi momento favorito, porque sabía que algo mejor estaba por venir; algo así, como pastel de chocolate o de fresas. ¡Algo maravilloso y sustancioso! Por eso quiero que la gente me vea dentro de mi ataúd con un tenedor en mi mano, para que se pregunten «¿Para qué el tenedor?» Después usted les dirá: «Se quedó con su tenedor porque lo mejor está por venir».

Los ojos del sacerdote se humedecieron mientras abrazaba a la mujer, al despedirse. Él estaba seguro de que ésta sería tal vez la última vez que la vería antes de su muerte. Pero también sabía que la mujer tenía del Cielo, un mejor concepto que el que tienen  muchos. ¡Ella sabía que lo mejor estaba por venir!

En el funeral la gente pasaba por el ataúd de la mujer y veían el precioso vestido que llevaba, su Biblia favorita y el tenedor puesto en su mano derecha. Una y otra vez el sacerdote escuchó la pregunta «¿Para qué ese tenedor?» y una y otra vez él sonreía. Durante la homilía, el sacerdote les contó a las personas la conversación que había tenido con la mujer días antes de que muriera, haciendo hincapié en lo del tenedor y qué era lo que simbolizaba para ella. El sacerdote les dijo a los presentes, cómo ella había intuido que personas como él, y tal vez muchos entre ellos, no podrían dejar de pensar en el tenedor. Y ahora, se veía que ella estaba en lo cierto.

Así que la próxima vez que tomes en tus manos un tenedor, recuerda que lo mejor está aún por venir. Lo mismo piensa, cuando eleves tus plegarias al Cielo.

Valledupar, 12 de octubre del año 2010

Los oídos de Dios

En el sermón de este domingo -día en el que habitualmente escribo mi columna- el sacerdote se refirió al hecho de cómo hay seres humanos que pretenden que Dios actúe como lo hacemos nosotros y, por eso, cuando le piden algo, aspiran a que Él atienda de inmediato su clamor, sin saber si la petición es correcta, oportuna o adecuada. Entonces, se ensoberbecen y hasta despotrican de Dios, sin caer en cuenta, tal vez, de que están al borde de una blasfemia.

Mientras escuchaba la homilía, me acordé de haber leído hace algunos años -en los manuscritos de marras- la siguiente historia, la cual quiero compartir con mis ocasionales lectores:

Una leyenda cuenta de un hombre que cuidaba una ermita a la que acudía la gente a orar con mucha devoción, pues en ella se adoraba una imagen de Jesús Crucificado, cuya mirada conmovía hasta las lágrimas.

Pues bien, un día el ermitaño se arrodillo ante el Cristo y Le dijo:

–Señor, quiero padecer como Tú. Déjame ocupar Tu puesto. Quiero reemplazarte un tiempo en la cruz.

–¿Tú sí sabes lo que me pides?, le contestó Jesús.

–Sí, Señor.

–Bueno accedo a tu deseo, pero hay una condición.

–¿Cuál, Señor?,

–¡Es una condición difícil!

–No importa, Dios mío. ¡Estoy dispuesto a cumplirla!

–Escucha bien: No importa lo que pase, lo que veas o lo que oigas; has de guardar absoluto silencio.

–¡Te lo prometo, Señor!

Y se efectuó el cambio. Nadie reconoció al ermitaño colgado de la Cruz, mientras que el Señor ocupaba el puesto de aquél. Durante mucho tiempo, el ermitaño cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.

Pero un día llegó un rico que, después de haber orado, dejo allí olvidada su cartera. El ermitaño, desde lo alto de la Cruz, lo vio y calló. Tampoco dijo nada al mirar que un pobre,  luego de orar, vio la cartera y se la apropió. De igual manera se quedó callado cuando un muchacho se postró ante él poco después, con el fin de pedirle que lo protegiera de todo mal durante el viaje que iba a emprender.

En ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había robado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:

–¡Dame la bolsa que me has robado!

El joven sorprendido replicó: – ¡Yo no le he robado ninguna bolsa!

–¡No mientas, devuélvemela enseguida!

El muchacho insistía: – ¡Le repito que yo no le he robado!

El rico arremetió furioso contra él y ya iba a golpearlo, cuando oyeron una potente voz que decía: –¡Detente!

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. El ermitaño -que no pudo permanecer en silencio tal como Jesús le ordenara- gritó, defendió al joven e increpó al rico por la falsa acusación. Éste quedó anonadado y salió todo compungido de la ermita, luego de pedirle perdón al joven; quien salió también porque tenía prisa para emprender su viaje.

Cuando la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió al ermitaño y le dijo:

–Baja de la Cruz, no sirves para ocupar mi puesto: ¡No has sabido guardar silencio!

–Señor, pero ¿cómo iba a permitir esa injusticia?

Cambiaron nuevamente de sitio y Jesús le dijo al ermitaño: –Tú no sabías que era conveniente que el rico perdiera la bolsa, pues llevaba en ella el precio de una felonía. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero y, en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha muerto. Tú no tenías  qué saber que esto ocurriría, pero Yo sí. Por eso debo callar.

Muchas veces no preguntamos: ¿Por qué razón Dios no nos contesta? ¿Por qué razón se queda callado ante nuestros ruegos? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír. Pero Dios no es así. Él nos responde calladamente. Debemos aprender a escuchar Su silencio, ese divino silencio que, en verdad, son palabras destinadas a convencernos de que Él sabe lo que está haciendo. Pero, en nuestra desesperación, nuestra soberbia y nuestra ignorancia, no oímos que, aún callado,  nos dice con amor: «¡Confía en Mí, que sé bien lo que debo hacer por ti!»

Valledupar, 19 de octubre del año 2010

Amarrar perros con longaniza

A principios del siglo XIX, en un pueblo llamado Candelario -cercano a la ciudad de Béjar, en la provincia de Salamanca en España- famoso por la calidad de sus embutidos, vivía un afamado elaborador de chorizos llamado Constantino Rico, cuya figura sería inmortalizada -en un famoso tapiz que hoy se exhibe en el  palacio El Prado- por el artista Francisco Bayeu y Subías, cuñado del inmortal pintor Francisco de Goya y Lucientes.

Este buen hombre (el choricero) tenía instalada su fábrica de embutidos -en la que trabajaban varias obreras- en los bajos de su propia casa y en una oportunidad, una de éstas, cansada ya de las molestias que ocasionaba un perrito que merodeaba por allí,  decidió atarlo con el fin de mantenerlo alejado, pero al no encontrar una cuerda, tuvo la chispeante ocurrencia de amarrar al animalito con una ristra de longanizas. Al poco tiempo, entró un muchacho -hijo de otra operaria- a dar un recado a su madre y presenció con estupor la escena e inmediatamente se encargó de divulgar la noticia de que “en casa del tío Rico se atan los perros con longaniza.” La expresión tuvo inmediata aceptación en el pueblo y desde entonces, se hizo sinónimo de exageración en la demostración de la opulencia y el derroche. Y también de la indolencia, pues el perro se comería la longaniza.

Por eso, cuando promediaba la primera mitad del siglo XX, en el editorial de un periódico bogotano, a propósito de un desaguisado del alto gobierno al nombrar en un cargo de prestancia a alguien, cuyo inmediato pasado levantaba sospechas sobre su integridad moral, se usó el adagio que sirve de mote a la columna de hoy para señalar el peligro que corría el presupuesto a cargo del sospechoso. A partir de entonces, el dicho se volvió sinónimo de este otro viejo adagio: “Poner al ratón a cuidar el queso”, para significar que la honradez en la conducta y la honestidad en el criterio, deben de ser paradigmas en el accionar de todo funcionario; ya que de no existir estos valores, así como el perro del cuento y el ratón del dicho se comerían longaniza y queso respectivamente, el ejecutante oficial podría alzarse con el tesoro nacional.

Pues bien, la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes de Colombia, acaba de nombrar a tres de sus integrantes para que investiguen a Álvaro Uribe Vélez por su posible intervención en el lamentable caso de “las chuzadas”, cometido por funcionarios del DAS con el fin de espiar sin orden judicial -en búsqueda de delitos por acción u omisión- a varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia que investigaban a la sazón a varios congresistas -entre ellos al “primer primo” de Uribe, el senador Mario Uribe Escobar- por el delito de parapolítica y espiar, también a miembros de la oposición y a algunos periodistas discordantes con el manejo que Uribe le daba al gobierno del país.

Como quiera que este atisbo y husmeo en la vida privada de los vigilados de marras fuese ilegal (ya que se cometieron, entre otros, los delitos de abuso de función pública, violación ilícita de comunicaciones, concierto para delinquir y prevaricato), la Fiscalía, habida cuenta de la denuncia puesta por las víctimas, ha iniciado las correspondientes investigaciones. Ahora bien, ya algunos de los sindicados -ex directores y subdirectores del DAS, así como también jefes de división, implicados en el fraudulento espionaje- han empezado a apuntar hacia funcionarios de la Casa de Nariño y, de acuerdo al dicho francés -señalado alguna vez en esta columna a raíz de posibilidades de impunidad-  “cherchez la femme”, existen coyunturas que liguen a Uribe con estos delitos, por eso no hay confianza en los tres escuderos del ex presidente, que la mencionada Comisión de Acusaciones nombró para que “investiguen” a Uribe.

Alguien -tal vez ingenuo, acaso muy cándido- de pronto se pregunte “y, ¿por qué la presunción de este columnista?” Porque, amable lector, esa comisión jamás ha condenado a algún político de campanillas y, como si fuera poco (tal como se dijo líneas atrás), los investigadores seleccionados hacen parte de sus escuderos de cabecera, pues pertenecen al uribismo: uno es del partido de la U, el segundo del partido conservador y el tercero del PIN. Como puede verse, inocente lector, esos señores no van a investigar con la razón y la justicia, sino con los afectos; sin dejar de lado la presión a la que serán sometidos por parte de sus copartidarios y por parte del mismo Uribe.

Y si esto sucede con la cacería criminal del DAS, ¿qué pasará cuando se investiguen los crímenes de Estado -mal llamados “falsos positivos-, la corrupción en Agro Ingreso Seguro y Carimagua, la deshonestidad de Tomás y Jerónimo en lo de las Zonas Francas, la parapolítica, el fraude en la reelección con el contubernio de Yidis y Teodolindo, etc.?

Como puede verse, la Comisión de Acusaciones, ha puesto “al ratón a cuidar el queso” y también “ha amarado perros con longaniza.” Con el perdón de perros y ratones.

Valledupar, 26 de octubre del año 2010

La prohibición como acicate de la falta

Allá, hacia finales de la primera mitad del siglo XX, cuando se despertó en mí el ansia de la lectura, mi padre muy sabiamente me dijo el día que me encontró curioseando entre los libros de su biblioteca: “Lea primero los de los estantes inferiores que no sólo están al alcance de su mano, sino que además están escritos en un lenguaje sencillo que usted comprenderá fácilmente. A medida que crezca, no sólo en estatura, sino en raciocinio, podrá leerlos y, sobre todo, sabrá entenderlos.”

En eso consistió toda su admonición; nunca me prohibió que leyera los libros de los estantes más altos, sólo me mostró el camino hacia las lecturas que, para mi edad, me convenía abordar. Cuando en mi adolescencia, ya muerto mi padre, accedí por primera vez a esos libros encontré que su contenido realmente era prohibitivo para personas menores; pues, no sólo habrían podido confundir mi pequeña mente, sino que también (debido a la falta de criterio, propia de mi edad) podrían haberme hecho tomar el sendero errado, dado que se trataba de libros de filosofía, religiones, política, historia y literatura algo picante.

Ahora en mi vejez, me pongo a recordar y pienso que si mi padre, en ese entonces, me hubiera hablado de prohibición y de temas escabrosos para mi edad, la curiosidad tal vez me hubiese impulsado a leer a escondidas dichos libros.

Pues bien, ahora cuando hoy se pone a consideración de los ciudadanos californianos la posibilidad de legalizar la producción, la comercialización y el consumo de la marihuana, pienso que Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Caballero y tantos otros escritores ilustres,  colombianos como extranjeros, cuando han hablado de despenalizar todo lo referente a la marihuana, han tenido razón absoluta e incontrovertible.

Es indudable que, como lo dice el adagio, “la prohibición es la causa del apetito” (recordemos el episodio de Adán y Eva, con respecto al fruto prohibido), hay cosas -sobre todo en el ámbito de la conducción de la sociedad- que se pueden manejar como asuntos de pedagogía y no como cuestión de delincuencia. Por eso, la penalización de la dosis mínimaaquí en Colombia, sólo traerá el aumento en el consumo y la criminalidad en su tráfico.

En el caso del referendo californiano, los sondeos sobre la intención de los votantes hacen variar las expectativas; pues mientras que a principios del mes pasado daban por segura la mayoría del “Sí”, ahora ésta ha disminuido a favor del “No”.

No obstante, todo el mundo está pendiente de los resultados del referendo 19, no porque su resultado pueda influir en el tráfico de estupefacientes, sino porque ese sería el primer paso para que este problema empiece a ser atacado por la parte más significativa: el consumo. Porque es obvio que sin éste, la producción y el tráfico fracasarían. Ahora bien, si su consumo es lícito, las labores anteriores en la cadena de su comercio, tendrán que volverse legítimas.

Y esto no solamente es sano para los países mayoritariamente consumidores (los llamados del primer mundo), sino que sería asaz beneficioso para las naciones productoras (todas ellas del tercer mundo, es decir, la parte pobre del planeta), que son las que ponen en mayor porcentaje los muertos, los desastres por la corrupción que el tráfico ilegal genera y todo lo que esa fracasada guerra conlleva; ya que al tener que aumentar los presupuestos bélicos, toca desatender las líneas más frágiles de la sociedad, como lo son la salud, la educación, la vivienda, la generación de empleo, etc.

  1. S. Hace cerca de dos meses, escribí lo siguiente que creo que cada día está más vigente: “Lo que voy a decir, puede desatar las iras del Olimpo; tal vez me lluevan rayos o centellas; pero alguien tiene que decirlo; entonces, que sea yo quien le ponga el cascabel al gato: sucede que durante casi veinte años, algunas regiones colombianas se han venido beneficiando con los recursos de las regalías, los cuales han ido a parar, en cantidades bastante altas, a bolsillos de particulares para engrosar sus mal habidas fortunas. No obstante, nadie había protestado por ello. Ahora, cuando el gobierno central decide repartir esos recursos entre todos los departamentos del país, les sobran los deudos a las regalías. Hasta hubo alguien que osó escribir que “si se las iban a robar los políticos cachacos, pues que las robaran los de acá.” Parece mentira que se pueda pensar así. Lo correcto sería decir que nadie tiene porqué robárselas; porque son de todos. Sobre todo, de los más pobres, de los desposeídos, de los parias de siempre. Pero no, es más fácil, más cómodo y más perverso, protestar porque se las llevan y, no haber protestado, cuando los pobres de esas regiones estaban peor de desharrapados que cuando no existían dichos recursos.” Ya se escuchan otras voces que piensan lo mismo. Bendito sea Dios.

Valledupar, 2 de noviembre del año 2010

La envidia, el tiempo y el amor

Recurramos a los socorridos manuscritos, para ver estos tres aspectos de la vida humana:

*Sobre la envidia.

Franz Schubert, el gran músico vienés del siglo XIX, nunca permitió que en su corazón germinara la cizaña de la envidia. Elogiaba a otros músicos. En general prefería escuchar la música de otros grandes maestros antes que la suya. Gustaba de alabar a otros compositores.

En una ocasión interrumpió un concierto de sus lieds y otras obras propias y pidió que se tocara algo de Mozart. Así se hizo, mientras el maestro repetía:

–Esa música es bella, muy bella.

Si no nos comparamos con los demás, la envidia muere de inanición. El vicio de la envidia, es un freno para alcanzar la dicha. Según Napoleón, «La envidia es una declaración de inferioridad». Dar lo mejor de nosotros mismos nos libera de ella.

Otra ayuda para no envidiar es aprender a elogiar a los demás. Los logros de otras personas se hacen propios, cuando se aprende a ponderarlos con sinceridad.

Cuando miramos hacia arriba y permitimos que la envidia nos corroa, estamos haciendo algo nocivo para nosotros mismos, pero si miramos hacia abajo con complacencia, nos llenaremos de orgullo, y será benéfico para cada uno de nosotros.

Por eso, sé tú mismo. Aprende de los otros sin pretender imitarlos, pues la imitación hace  que tu personalidad se mengüe.

Dios no hace fotocopias ni personas en serie. Cada uno de nosotros es un ser único.

Ámate a ti mismo para poder amar a los demás. Aprecia tus dones sin envidiar los ajenos.

Recuerda: “No eres más porque te alaben ni menos porque te vituperen. Lo que eres, eso  eres.” No eres más ni menos que nadie. Cada cual recibió un capital para ser feliz. Así que fructifica con tu tesoro y rinde con uno solo de tus dones y te irá bien.

El hombre promedio usa, como mucho, la décima parte de sus talentos.

Aprende a gozar con la felicidad de los demás, el envidioso vive de espaldas a la felicidad.

*Acerca del tiempo.

En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei, el sabio del Renacimiento, nacido en Pisa y muerto en Florencia:

–¿Cuántos años tiene su señoría?

Galileo, en evidente contradicción con su aspecto ya provecto y su luenga barba blanca, contestó: –Ocho o diez.

Y luego, al ver la cara de sorpresa de su interlocutor, añadió:

–Tengo, en efecto, los años que me quedan de vida. Los vividos ya no los tengo, como no tengo las monedas que he gastado.

Crecemos en sabiduría, si valoramos el tiempo tal como lo hacía Galileo. Decimos con asombro, ¡cómo pasa el tiempo!, pero en realidad somos nosotros los que pasamos.

El astrónomo italiano sabía que acá estamos sólo de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera.

La certeza de que nuestro caminar terreno tiene un final, es el mejor recurso para valorar más cada minuto. Así podremos aprovechar lo único que tenemos: el presente. Por eso, conviene disfrutar cada día como si fuera el último. El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado, y nadie sabe si para él llegará; entonces, aprovechemos el hoy.

Hay que ser realista al elegir, aquí y ahora, lo mejor para uno mismo y los demás, sin lastimarse ni  lastimar al prójimo.

*Aproximación al tema del amor.

¿Qué sentido tiene la vida si todos los días no haces el amor?

¿Cómo ansías ser feliz, si no haces el amor desde la aurora hasta el ocaso?

Ahora bien, se supone que partimos de la base de que hacer el amor, es mucho más que acostarse con alguien. Hacer el amor es “hacer amor”, es aprender a dar sin esperar algo a cambio, es respetar sin manipular, es brindar confianza con sinceridad.

Haces amor al sonreír y compartir al perdonar y ser compresivo. Se es el amante perfecto cuando nos dedicamos a alguien con ternura y detalles, con el diálogo y la fidelidad.

Sabes hacer amor al ayudar a la otra persona a superar sus fallas y a fructificar con sus talentos, al saber estar con ella en la luz y en la sombra, en las alegrías y en las penas. 

Así la vida nos enseñará que, de hecho, el amor no se hace sino que se vive y que no es una experiencia fácil, pero sí gratificante: ¡la más satisfactoria de todas!

Valledupar, 9 de noviembre del año 2010

Los desastres naturales

Ahora, cuando nuevamente -como ocurre año tras año- la Naturaleza desata sus fuerzas y ocasiona desastres de una magnitud terrible, que deja saldos cuantiosos de víctimas, entre muertos, heridos y damnificados, he recordado sendas columnas que, al respecto, escribiera en dos ocasiones anteriores (una en el 2004 y otra en el 2007); lo que demuestra que es poco o nada lo que se hace por evitar que esta desesperante situación se repita de manera cíclica. Veamos, pues, un resumen del contenido de esas columnas:

Al mirar los destrozos que en vidas y haciendas han ocasionado los torrenciales aguaceros de las últimas semanas, me acordé de una columna que escribiera por estas épocas hace unos años, a propósito de los desastres y hecatombes ocurridas cuando las iras de la naturaleza se desatan y siempre cobran víctimas entre los menos favorecidos por la fortuna, vale decir, por aquellos que siempre han vivido en la pobreza y el infortunio.

A raíz de ello, alguien me decía:

–¿Por qué Dios permite que eso ocurra?

–No metas a Dios en esto, le contesté. –Esto es producto de la depredación y la irresponsabilidad de la humanidad, especialmente las de los países industrializados. Pues esta profusión de desastres naturales, es el resultado del recalentamiento global, producto del debilitamiento de la capa de ozono, debido a las explosiones nucleares y al vertimiento de sustancias químicas en la atmósfera, entre otras cosas. También la tala de bosques, la conversión de tierras cultivables en zonas industriales, el deterioro de las corrientes de agua como vertederos de desechos fabriles, etc., han contribuido al desequilibrio de las fuerzas de la Naturaleza en los últimos tiempos.

–Pero, ¿por qué siempre son los pobres de cada región afectada por este tipo de desastres, los más damnificados?, insistió mi interlocutor.

–Te voy a explicar, le respondí.

Cuando ocurren asentamientos de seres humanos, los fundadores del lugar, por obvias razones, eligen las mejores tierras, las cuales reservan para sí mismos y sus descendientes. Allí construyen las primeras viviendas y, a su alrededor, se va formando el poblado.

Siguen llegando pobladores, quienes compran los terrenos adyacentes a lo que será la plaza mayor del pueblo. Cuando, con el paso del tiempo, llegan los desplazados (siempre los ha habido y los seguirá habiendo), ya las tierras buenas tienen dueño. Más aún, los terrenos baldíos han sido adquiridos, por la municipalidad –ya formada para entonces– a los fundadores o a sus descendientes. Entonces, los pobres solamente pueden invadir las tierras más riesgosas, las que nadie quiere: las situadas a las orillas de los ríos, las que están en las laderas de las montañas, las cercanas a los volcanes, etc.

Por eso, cuando la Naturaleza desata sus furias (muchas veces acuciada, como ya vimos,  por la irresponsabilidad humana) y los ríos se desbordan, las montañas se resquebrajan y se vienen abajo o la lava de los volcanes cubre grandes extensiones de tierra, los primeros y más perjudicados son aquellos que habitan obligadamente en las cercanías de las fuentes de desastres: los pobres.

Entonces, ¿ves cómo Dios no tiene nada que ver con todo esto?

Pero, nos preguntamos ahora, ¿cómo evitar que estas tragedias se repitan? Con voluntad política de parte de los gobernantes, en todos los niveles jerárquicos de la administración: presidente, gobernadores y alcaldes. Haciendo verdaderas reformas agrarias que repartan tanta tierra buena que no se está utilizando –o que sólo sirve de latifundio a grandes y poderosos terratenientes– entre los campesinos pobres, a quienes el Estado, además,  dará apoyo económico a través de créditos blandos y a cuyos hijos les brindará educación básica y técnica, para que no repitan el ciclo de pobreza vivido por sus padres. Y, en las ciudades, mediante reformas urbanas que permitan el traslado decoroso de la gente pobre que vive en las zonas de riesgo, a terrenos de la municipalidad que no se estén utilizando y en donde ésta construirá viviendas decorosas. Además propiciando el acceso a la educación de los hijos de los más pobres. Y a todos, campesinos o habitantes de la ciudad –rescatados unos y otros de ese sino trágico– darles acceso a la salud. En fin, mejorando la calidad de vida de todas esas personas que, en Colombia, representan un alto porcentaje de la población y que, es innegable, requieren la ayuda del Estado.

Valledupar, 16 de noviembre del año 2010

Las argucias de los marrulleros

Dentro de los Derechos Humanos –facultades, prerrogativas y libertades individuales– que tiene toda persona para poder vivir como tal, se encuentra el Derecho de Asilo, mediante el cual un Estado concede protección a los extranjeros perseguidos en su país de origen por motivos políticos; vale decir a las víctimas de las tiranías, las dictaduras, las autocracias.

De este Derecho de Asilo, quedan excluidos los delincuentes comunes, los reos de delitos de lesa humanidad o los autores de actos opuestos a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos.

Esto significa que son los perseguidos por las razones expuestas antes, los merecedores al mencionado derecho y no, por el contrario, los autores o cómplices de los delitos ya mencionados y que, por eso, los excluye –entre otras cosas– del Derecho de Asilo.

Entonces, Colombia (la de la gente sana, la de la gente honrada y honesta, la que cumple las normas y las leyes; en fin la que paga impuestos y, por eso, sostiene el aparato estatal) no entiende cómo una persona, que se encuentra sub júdice por haber cometido delitos de lesa humanidad,  puede solicitar y obtener asilo político.

Y lo lamentable es que no es la primera, ni será la última en pretender burlar la justicia (luego de haberse regodeado al cometer toda clase de tropelías en contra de los ciudadanos de bien), recurriendo a expedientes que el Derecho de Gentes prevé para favorecer justamente a esas personas que cumplen las leyes y no –como pretende lograrlo la señora María del Pilar Hurtado– para ayudar a quienes delinquieron, sólo por el prurito de satisfacer los deseos de acosamiento del príncipe.

Ya otras personas, buscadas por la Ley, cuando lo de la parapolítica, quisieron burlar a aquélla solicitando asilo en países vecinos. Afortunadamente el brazo de la Justicia los hizo volver para que respondieran por sus crímenes y sus delitos.

También ha habido los que renuncian a su fuero para eludir los juicios de instancias mayores, buscando así, encontrar jueces amigos, proclives al prevaricato, que les den un inmerecido sobreseimiento a sus crímenes y delitos.

Y no faltan los que, ayudados por médicos inescrupulosos, obtienen certificaciones sobre falsas enfermedades con el fin de soslayar el peso de la Ley.

Todo lo anterior, prevalidos estos reos en su condición de personajes de campanillas; condición ésta adquirida por sus inconmensurables fortunas, la mar de las veces, mal habidas y con las cuales compran fácilmente conciencias.

Esperemos que el gobierno panameño actúe en Derecho y atienda la solicitud de extradición de esa señora, para que venga y responda (no con excusas peregrinas , como la de que solamente se enteró del desaguisado gracias a los medios de comunicación –la muy inocente–) no sólo por sus delitos materiales, sino que, además, le cuente a sus jueces y al país entero, la verdad sobre esa persecución desatada –en los dos cuatrienios anteriores– contra la Honorable Corte Suprema de Justicia, los miembros de la oposición y muchos de los periodistas que se atrevieron a denunciar los errores y los delitos cometidos en esa desafortunada época que, gracias a Dios y a la Corte Constitucional, ya pasó; ojalá –como dice el tango– “para nunca más volver.”

Los sabios griegos que crearon el Derecho de Asilo y los patricios romanos, que lo  mantuvieron incólume y nos lo transmitieron, ¿qué pensarán –allá desde la eternidad– sobre el abuso que de este derecho se hace, se practica y se alcahuetea en estas repúblicas bananeras?

La Convención Europea de Derechos Humanos (a la cual se acoge su homóloga americana), basada en la Declaración 2312 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 14 de diciembre del año 1967, enfatiza: “No se pueden beneficiar del asilo, quienes han cometido delitos contra la paz, crímenes de guerra o delitos contra la humanidad.”

Imaginémonos por un momento, ¿qué pasaría en Colombia si los demás personajes del DAS, de la Casa de Nariño y de otras dependencias, inmersos ellos en la investigación de marras, siguieran el mal ejemplo utilizado por la señora Hurtado?

La impunidad se enseñorearía aún más del país y, entonces, ¿con qué autoridad moral se podrá juzgar y condenar a los reos de delitos comunes?

Sería el “apaga y vámonos”. No olvidemos que también se ha recurrido a la extradición, para evitar que los delincuentes denuncien a sus cómplices.

Valledupar, 23 de noviembre del año 2010

Cómo vamos

Sin querer posar de agorero, pero tampoco quedándome en el malsano conformismo, habrá que decir que la encuesta presentada por el programa de seguimiento y evaluación de la calidad de vida en la ciudad de Valledupar, “Cómo vamos”, es -por decir lo menos- muy optimista.

Es probable que ese optimismo sea intrínseco a la naturaleza de toda encuesta de opinión en donde, en el universo indagado, no están todos lo que son, ni son todos los que están; en razón de que se trata, al fin y al cabo, de una prueba aleatoria de sondeo y por lo mismo, puede caer en desfasamientos. Esta circunstancia no es imputable a los encuestadores y mucho menos a los encuestados.

Sin embargo, puede prestarse a interpretaciones diversas; una de ellas, la rayana en el optimismo, como también podría dar pie para significados pesimistas. Por supuesto, todo lo dicho hasta ahora, es discutible y, como lo que aquí se pretende no es establecer un foro en donde se polemice, sino simplemente dar una opinión; pues esto es lo que significa todo lo anteriormente expuesto.

Dejando de lado, entonces, la interpretación que cada cual quiera darle a los resultados de la encuesta y sin que esta digresión se haya de tomar como resultante de algún resentimiento, en tanto lo es de la admiración y el respeto, miremos algo que bien vale la pena analizar; pues, al fin y al cabo, la investigación apuntó más hacia el cubrimiento que hacia la calidad de algunas de las variables indagadas.

Ahora bien, como quiera que hacia los agentes del gobierno van dirigidos los resultados y teniendo en cuenta que la prioridad del buen gobernante es la de propender por la salud, la educación, la vivienda, el desarrollo de posibilidades de empleo –sobre todo para los más pobres, los desfavorecidos de la fortuna (o mejor se debiera decir, ¿los cirineos del infortunio?, en tanto se ven obligados a cargar con su peso a cuestas)–, así como también, la seguridad, la movilidad, la estabilidad del medio ambiente y otras variables que cada gobernante conoce –o debiera conocer– entonces, es bueno y sano y prudente que esta encuesta y las que se hagan en el futuro, el gobernante de turno las tome con el debido beneficio de inventario, para que proceda a buscar soluciones prontas y prácticas a los males que aquejan a la comunidad. Es decir, que no se tomen al pie de la letra, sino como una carta de navegación que le permita indagar sobre las fallas y dolencias de las que adolece la ciudad a su cargo.

Siguiendo el orden en el cual se han desglosado (en el párrafo anterior) las necesidades ciudadanas y como quiera que, mientras la malhadada Ley 100 no sea reformada, es poco lo que el gobernante de turno puede hacer por mejorar la calidad de la atención en salud, entonces démosle una mirada al siguiente rubro en importancia dentro de todo buen programa de gobierno: la educación. Pero, hagámoslo mirando hacia la calidad y no alrededor de la cantidad de la misma:

  1. a) Siendo el docente el encargado de guiar al estudiante por entre los vericuetos del conocimiento, se supone que debe de ser un individuo totalmente preparado para encarar semejante responsabilidad. Por eso, preguntamos, ¿cuánto se invierte en la capacitación permanente de los maestros y profesores? Es decir, cuánto (%) del presupuesto se dedica a esta labor.
  2. b) ¿Cuántos docentes asisten a eventos culturales o folclóricos y, en comparación, cuántos van a los programas de postgrado, a los de actualización en lenguas extranjeras o a los de capacitación en informática?
  3. c) Los modelos pedagógicos empleados, ¿están acordes con el avance en ciencia y tecnología, dentro del ámbito de la ciudad a cargo?
  4. d) Los programas académicos ¿sí sirven para preparar al estudiante para su ingreso a la educación superior?
  5. e) ¿Cuándo se volverán a incluir en los planes de estudio, asignaturas tales como ética, cívica, urbanidad y todas aquellas que formen de manera humanística al bachiller y logren hacer de los jóvenes de hoy, mejores personas del mañana?

Valledupar, 30 de noviembre del año 2010

Hasta que la muerte los separe

Eran los años de la Invasión de los ejércitos de Napoleón a España. Por tierras de Andalucía avanzaba el general Dupont con un regimiento francés. Al pasar junto a una quebrada se vieron sorprendidos por un puñado de valientes. Eran diez españoles parapetados en las alturas de un barranco. Intimaron al general Dupont a que volviera atrás con su regimiento.

Enseguida, el general creyó que tendría que habérselas con un ejército numeroso. Pero luego cayó en cuenta de que los adversarios sólo eran unos pocos. Preguntaron los franceses a los españoles cuántos eran: El jefe de los españoles contestó: «¡Los suficientes!» A pesar de su arrojo, los españoles se vieron arrollados y dispersos por el ejército francés. El jefe de la partida cayó prisionero. Éste, un hombre alto y vigoroso, poseía una energía moral capaz de arrastrar a un pueblo.

Lo llevaron al pueblo andaluz más próximo y lo encerraron en el sótano del ayuntamiento, habilitado como prisión. Un soldado francés pregonó al redoble del tambor que el prisionero sería fusilado al amanecer. Todo el pueblo quedó consternado ante aquella brutalidad.
Dos mujeres del pueblo llegaron a la presencia del general. Una de ellas era joven y bella. La otra mujer era una anciana. Estas dos mujeres querían ver al prisionero. El general dio el permiso con la condición de que no entrasen simultáneamente.

El general llamó a un oficial que conocía muy bien el idioma castellano y le ordenó que escuchara en otra habitación lo que hablaran con el prisionero.

Entró la más joven, que era la esposa del prisionero. Al verla éste, dijo con ternura: «¿A qué vienes, María?» Ella, con toda la fuerza de su amor, le dijo: «¡Vengo a morir contigo! Ante el altar de la Iglesia de nuestro pueblo juraste ser mío y yo tuya para siempre. Los dos somos uno, quiero acompañarte hasta la muerte.»

El oficial francés informó al general del diálogo que había oído. «¿Quién es esa mujer?, preguntó. El oficial le respondió: «Su esposa, señor.»

El general dijo con seriedad: «¡Que salga de aquí, pero tratadla con respeto!»

Cuando entró la segunda mujer y la vio el prisionero, éste sólo pudo decir emocionado: «¡Madre!» La valiente mujer le dijo: «Vengo a salvarte.» Quería que su hijo se vistiese con sus ropas y huyera para ella quedarse en prisión. El hijo le indicó que aquello era imposible. El oficial que oyó la conversación se la contó al general. El general preguntó: «¿Qué mujer es esa?» «¡Es la madre del prisionero, señor!»

El general se sintió abrumado ante tanto amor y dijo al oficial: «Dile a esas mujeres que salgan y que el prisionero las acompañe libremente».

Al amanecer del día siguiente no hubo fusilamiento. El prisionero salió libre de la prisión militar.
Dios estableció el matrimonio para que el hombre y la mujer se amen mutuamente, tengan hijos y los eduquen para el Cielo.

Por eso, Jesucristo elevó el matrimonio a la dignidad de Sacramento, para que dé a los esposos la gracia de vivir en paz y amor, santifiquen todos sus actos y obras, y formen a los hijos cristianamente.

Los esposos deben vivir amándose, ayudándose en todo y procurando hacerse la vida bella y feliz.

Pidamos a Dios que los que se casan lleven la virtud del amor y del sacrificio para hacerse felices mutuamente.

Valledupar, 7 de diciembre del año 2010

Simón Bolívar, un hombre multifacético

El próximo viernes se cumplen 180 años de la muerte de Simón Bolívar, Libertador de media Suramérica. Como es bien sabido por la mayoría, Bolívar iba camino del destierro cuando lo sorprendió la muerte. Bueno, es un decir el afirmar que lo sorprendió la muerte, pues ese desenlace se veía venir. El médico, Don Alejandro Próspero Reverend -llamado para que atendiera al ilustre paciente, por su gentil anfitrión en San Pedro Alejandrino, Don Joaquín de Mier- desde la primera auscultación dictaminó la tisis galopante que aquejaba al Libertador y cómo, por eso, el fin estaba cerca.

Pero el mote que sirve de título a la columna de hoy, menciona lo multifacética que era la figura de Bolívar. Pues bien, si nos atenemos a los innumerables biógrafos que nos han desglosado su vida, encontramos que cada uno de ellos nos enfatiza una de las características del Libertador. Citemos algunos casos a guisa de ejemplo:

Gerhard Masur nos muestra al héroe, al gestor de la gran epopeya emancipadora de casi medio continente. A través de Masur conocemos al estratega, al militar de penetrante visión histórica, al general capaz de prever las fortalezas y las debilidades de sus oficiales y de toda su tropa. El Bolívar de Gerhard Masur es, en síntesis, la narración de la colosal gesta heroica que bajo su conducción táctica e ideológica -muy pocas veces igualada por grandes generales de la historia- logró sacar a estas naciones del yugo colonial.

Desde otra perspectiva, Indalecio Liévano Aguirre resalta al Bolívar político, es decir al conductor de pueblos, al visionario capaz de entrever cuáles podían ser las dificultades que las jóvenes naciones, recién emancipadas, tendrían que sortear para poder ser respetadas en el concierto universal. Sin embargo, la historia ha demostrado cómo muchos de los que lo acompañaban -bien compartiendo su idealismo, bien mirando sus propias conveniencias- al desoír el pensamiento del Libertador, dieron al traste con un mejor porvenir para estos pueblos, los cuales terminaron por convertirse en otras tantas repúblicas bananeras, en feudos de unos pocos privilegiados. Es también el Bolívar de Liévano el escribidor de decretos, de leyes, de constituciones que les dieron vida política a las naciones acabadas de configurar.

Alberto Miramón nos deja columbrar al Bolívar osado, al temerario soldado que no se arredra ante el peligro y que, por lograr el objetivo militar previsto, se juega todas las posibilidades para alcanzar el triunfo.

Víctor Von Hagen nos enseña al hombre enamorado, al conquistador, no ya de pueblos y naciones, sino al galante seductor de corazones femeninos. El prócer que desde la silla del caballo que lo lleva por la calle de la celebración, descubre a la grácil mujer que -ya enamorada del mito, de la leyenda- desde un balcón le lanza la corona que contiene los dardos de Cupido y que de manera casi instantánea, lo requiebra y le da comienzo a la primavera tierna de Manuela, sí que también al otoño afectivo del Libertador. Es ese el mismo Bolívar autor de muchas cartas de amor, dirigidas a cada una de las prendas de su devoción del momento.

Con otro ángulo de vista, William Ospina nos presenta al ser humano, el de carne y hueso, dueño de abundantes virtudes, pero también de muchos defectos. El hombre que, acabado de morir, “se convirtió en leyenda, trastrocó los odios en veneración, las calumnias en plegarias, al hombre en un símbolo, la carne en mármol.” Por eso, por presentarnos al ser humano, desnudo del halo misterioso, Ospina nos muestra al hombre enmarcado dentro de los límites de la historia.

También está la semblanza, producto de la magistral pluma de Gabriel García Márquez (que no por novelada, menos real) del Libertador en los afanes propios de las postrimerías de su periplo vital. Allí aparece Bolívar desengañado de todos y de todo; al fin y al cabo, Venezuela su tierra natal lo ha declarado persona no grata, Colombia a la que libertara y pusiera como centro del poder lo acaba de desterrar, aquellos en quienes creyó y confió lo han traicionado. Ya no le queda nada, pues ni segunda camisa posee; solamente lo acompañan el recuerdo de sus glorias, las memorias del poder, las añoranzas del amor.

No obstante todo ese acíbar que llena su maltrecho corazón, es capaz de escribir su última proclama, en donde concibe ideas para el bienestar de las naciones -hijas de su espada y de su intrépido genio- y aprovecha, también, para perdonar a sus enemigos que lo condujeron “a las puertas del sepulcro.”

Valledupar, 14 de diciembre del año 2010

La búsqueda de la felicidad

En cierta ocasión una pareja, próxima a contraer matrimonio, tenía dudas sobre las posibilidades de alcanzar la felicidad, pues los padres de ambos habían fracasado en sus respectivas uniones cuando los hijos aún eran niños. A él le tocó vivir sometido a la tiranía de un padrastro intolerante y a ella bajo la férula de una madrastra egoísta y codiciosa.

Por eso, cuando asistían al curso prematrimonial, preguntaron al sacerdote qué debían hacer para que su matrimonio no fuera a naufragar y pudieran vivir felices “hasta cuando la muerte los separara.”

El sacerdote les dijo: –No existe una fórmula mágica para lograrlo. Sin embargo, la primera condición es que se amen; pero con un amor, no solamente sincero, sino además respetuoso, generoso, altruista, dispuesto al sacrificio. Aceptando que cada uno de ustedes dos, es un ser individual, diferente del otro. Su compromiso es entender que no pueden ni deben pretender cambiarse mutuamente para hacerse iguales en su modo de pensar, de hablar, de actuar, de decidir. Deben también aprender a perdonarse los errores, a olvidar las equivocaciones. Ahora bien, si esa homologación de pensamientos y de sentimientos les llega con el transcurso de los años, será una bendición más de Dios.

El novio se quedó pensativo y, al cabo de unos minutos de meditación, preguntó:

–Pero, padre, nada de eso es fácil. Tal vez, con el paso del tiempo, logremos acoplar nuestro modo de ser y así podamos alcanzar ese estado de felicidad del que usted nos habla. Pero, ¿mientras tanto?

–Para eso es este curso prematrimonial, al cual precede el noviazgo. Para que aprendan en qué consiste vivir en pareja, sin perder cada uno su identidad y, mucho menos, ir a menoscabar su personalidad. No pueden esperar que uno de los dos avasalle al otro, pues el matrimonio es la unión de dos cuerpos, sí que también la de dos almas que, al cabo de muchos años, terminan por fundirse en una sola; pero para lograrlo, además de amarse -con todas las características que ya les mencioné- no deben pretender sojuzgarse mutuamente. A propósito de esto, quiero contarles una leyenda indígena:

“Una vez, a la tienda del consejero de la tribu, llegaron el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros y la hija del cacique, la más hermosa de su etnia.

–Nos amamos, empezó el joven.

–Y nos vamos a casar, agregó ella.

–Y nos queremos tanto, que tenemos miedo; por eso, queremos un hechizo o un conjuro; algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta el último de nuestros días.

–Por favor, ¿hay algo que podamos hacer?, dijo la joven princesa.

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes de sus palabras.

–Hay algo, pero no es una tarea fácil. Necesito enseñarles con un ejemplo.

–No importa, haremos lo que sea necesario.

–Bien. Vayan a la montaña y cada uno tráigame un ave diferente; la pareja más linda que encuentren. No deben herirlas, ni maltratarlas. Los espero aquí, dentro de tres días, cuando haya luna llena. ¡Váyanse ya!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, dispuestos a encontrar el talismán de su felicidad.

El día establecido, frente a la tienda del anciano, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. En realidad eran dos hermosos ejemplares.

–Y ahora, ¿qué hacemos?, ¿los matamos y bebemos de su sangre?, preguntó el joven.

–¿Los cocinamos y comemos su carne?, inquirió a su vez la joven.

El anciano los miró a los ojos y les dijo: –Nada de eso. Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero y luego suéltenlas para que intenten volar.

Los jóvenes novios hicieron lo que se les pedía y, luego de atar a las aves por las patas, las soltaron; los pájaros intentaron levantar el vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

–Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto, son ustedes como un par de aves: si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor perdure entre ustedes, vuelen juntos, pero jamás atados.”

El sacerdote, como despedida, les citó una frase del escritor Nataniel Hawthorne: «La felicidad es una mariposa que, si la persigues, siempre está justo más allá de tu alcance; sin embargo, si te sentaras en silencio, podría posarse sobre ti.»

Valledupar, 21 de diciembre del año 2010

Siguen cayendo…

Y seguirán cayendo todos esos gobernantes que prevalidos del poder que el pueblo les confió, al igual que aquellos que con el pretexto de salvar a su país depusieron a los elegidos, abusaron -todos ellos- del poder y creyeron que podían hacer lo que quisieran, sin importarles pasar por encima de la constitución y la ley, para terminar convertidos en dictadores que no respetaron vidas o haciendas.

El miércoles de la semana pasada, el ex dictador argentino Jorge Rafael Videla, fue sentenciado a cadena perpetua, junto con el general Justo Benjamín Méndez y otros 28 individuos más, condenados todos ellos por crímenes de lesa humanidad, cometidos durante la dictadura militar que asoló a Argentina desde 1976 hasta 1983 y en donde se consumaron contra los derechos humanos, con el único fin de eliminar a los opositores del régimen.

Videla, quien fuera el primer presidente de la última dictadura argentina, y los otros acusados, fueron llevados a juicio por el asesinato de 31 presos de la Unidad Penitenciaria San Martín de Córdoba, conocida como UP1, y también por los secuestros y torturas en 1976 a seis personas señaladas por el régimen como «infiltrados de organizaciones revolucionarias».

Este martes, en su alegato final, Videla pretendió defenderse aduciendo que los militares libraron «una guerra justa contra terroristas que buscaban la destrucción de bienes materiales o de personas que pretendían instalar en Argentina un régimen marxista leninista.”

El ex dictador reclamó, además, «el honor de la victoria» ante la guerrilla e insistió en que asume «todas sus responsabilidades» como jefe del Estado, cargo que ocupó de 1976 a 1980.

Sin embargo, esas prepotentes declaraciones no fueron óbice para que el Tribunal Oral Federal # 1 de la provincia de Córdoba, encontraran culpables a él y a sus cómplices de los cargos imputados.

El reo, de 85 años de edad, fue hallado como el primer responsable de los crímenes juzgados.

Este es otro golpe a la derecha que cree que el fin justifica los medios. Pues, en abril del 2009 fue condenado el ex dictador Alberto Fujimori, quien también abusara del poder y cometiera crímenes que llevaron al tribunal de juzgamiento a condenarlo a 25 años de presidio; condena que, dada la edad del criminal ex dictador, equivale a prisión de por vida.

Augusto Pinochet, otro tenebroso personaje del cono sur, quien después de sumir a Chile durante 16 años en una oprobiosa dictadura militar(tras haber asesinado, en connivencia de la CIA, al presidente Salvador Allende), se fugó (tal como lo hiciera Fujimori, años después) y cuando fuera capturado por las autoridades londinenses para enviarlo a su país, con el fin de que fuera juzgado y purgara condena por sus crímenes, se murió; librándose, así, de pagar en este mundo, los delitos cometidos contra la nación chilena; el de peor de ellos, por las consecuencias,fue asesinar al presidente Salvador Allende en septiembre del año 1973.

Así que los dictadorzuelos que todavía viven y que creen que calumniando a sus opositores van a distraer el curso de las investigaciones que, sobre sus prontuarios criminales, realizan los fiscales (tanto nacionales como internacionales), están equivocados, pues tarde que temprano el peso de la justicia caerá sobre ellos y deberán pagar por los crímenes que cometieron cuando tuvieron la sartén por el mango y pensaron que podían hacer y deshacer impunemente, de manera directa o a través de interpuestas personas.

Porque, de seguro, seguirán cayendo.

  1. S. A los contados lectores de esta columna, un venturoso y próspero año 2011, sí que también lleno de salud, tranquilidad y mucha paz, tanto espiritual como social.

Valledupar, 28 de diciembre del año 2010

Y sigue la burla…

De regalo de Año Nuevo -porque de Navidad no alcanzó- el gobierno nacional, siguiendo pautas trazadas por los gremios, acaba de aumentarle -aun cuando, aquí en este momento, aumentar sería un decir- el salario a los pocos millones de colombianos que todavía tienen el privilegio de estar trabajando.

Porque así el DANE diga otra cosa, el desempleo en Colombia es alarmante y sigue creciendo, pues no se ha hecho nada para promover el empleo. Al contrario, el gobierno pasado en sus dos cuatrienios hizo lo indecible por desestimularlo. Y el actual, como ha estado apagando incendios que heredara, pues no ha podido -eso creemos- hacer mayor énfasis al respecto. Por eso, ésta habría sido su oportunidad de oro para demostrar que la suerte del pueblo le preocupa.

Sin embargo, la desaprovechó al hacer lo que todos los gobiernos anteriores han hecho con respecto al nivel del salario mínimo: seguir el sainete anual sobre la correspondiente discusión. De tal manera que, al empantanarse -por culpa de la actitud cicatera del gremio de empresarios- las conversaciones respectivas, los empleadores se retiran de la mesa y le dejan al gobierno de turno, la responsabilidad de decretar el incremento salarial.

Si Santos estuvo el año pasado en campaña electoral -y creemos que fue así- debió palpar las necesidades del pueblo, debió notar la pobreza en la cual vive la mayoría de los colombianos, debió ser testigo de primera mano de la hambruna que padecen los pobres del país que se cuentan por millones. Y si hay pobreza, si hay hambruna, si hay miseria, es por el desempleo en el campo y en la ciudad. Y la mayoría de los pocos que gozan de la prerrogativa de contar con un empleo, devenga el salario mínimo; el cual no alcanza a cubrir los gastos esenciales de la canasta familiar.

Y, por lo visto, seguirá aumentando mes a mes el déficit presupuestario de la generalidad de los hogares colombianos.

Por eso, se puede afirmar que hasta ahora Santos ha acertado en la conducción política del país, mas no así en el manejo de lo social y lo económico; pues a ese mísero aumento en el salario mínimo, se le enfrentan las alzas de principio de año; las cuales son tan numerosas que sería prolijo enumerarlas en esta columna.

De otro lado -pero también en el frente socioeconómico- la situación de desplazamiento sufrida por varios millones de compatriotas desde hace varios años (situación que se acentuó en los últimos años) tiende a agravarse ante la actitud de algunos congresistas que quieren torpedear la ley de víctimas y su complemento indispensable, la ley de tierras; pues estas dos leyes tienen en el Capitolio más enemigos que amigos; ya que hay parlamentarios que son también señores feudales o son amigos de poderosos terratenientes y entonces ven con malos ojos la solución al despojo de que fueron víctimas los desplazados, al saber que esa solución pasa por la devolución de tierras mal habidas.

Con la ley de víctimas ocurre otro tanto, pues hay personas a las cuales les causa pavor la verdad.

Entonces, de seguir empantanadas las dos mencionadas leyes y con el imperio del nuevo salario mínimo, pareciera que aún estuviéramos a 8 de agosto del año 2010. Porque, si bien es cierto que las decisiones no tomadas todavía por el nuevo gobierno, generan  esperanzas, las ya tomadas en los aspectos sociales y económicos producen desazón y pesimismo.

Porque, ¿qué puede hacer un asalariado con $17.000 que le aumentaron para este año? ¿Para qué le sirven casi $567 diarios? Si acaso para comprar un pan y nada más.

¿Por qué el gobierno no oyó el clamor de los trabajadores?

Acaso, ¿es más importante para la paz del país, tener contentos a unos miles de empresarios, así se le apriete el nudo a millones de colombianos?

Si al menos, como para sacar las castañas del fuego, hubiera control sobre la especulación y los desmesurados aumentos en los precios…

Valledupar, 4 de enero del año 2011

Como si hubiera temblado ayer

A medida que pasa el tiempo, la vida le va enseñando a uno a conocer a la gente, a los pueblos, a las naciones, a los gobernantes. Esa experiencia, lleva a las personas a atreverse a lanzar pronósticos, algunas veces aventurados que no se hacen realidad; mas, en otras ocasiones –no obstante lo temeraria que sea la conjetura– el tiempo termina por materializarla.

Sin embargo no deja de ser doloroso, cuando la realización del augurio está envuelta en dolor y tristeza; sobre todo si abarca a todo un pueblo, a toda una nación.

Pues bien, mañana 12 de los corrientes, se cumple un año del terremoto de Haití. El seísmo abatió el lado occidental de la isla La Española, sumiendo en la hecatombe a todo un país. Luego de unas pocas semanas, un terremoto de mayor intensidad asoló a Chile.

Meses después, en esta columna, se comentaba cómo los destrozos no fueron proporcionados a la vehemencia de los respectivos sismos. Chile sufrió menos, porque estaba preparada, desde años ha, para este tipo de emergencias. Haití, no. También se predijo en esa columna, cómo la reconstrucción del país austral sería más pronta y eficaz que la de la nación antillana.

¿En qué nos basamos para hacer tan temerario vaticinio? Pues en la calidad de vida de los dos países, vale decir, en el talante de sus gobernantes. Al fin y al cabo Chile, en los últimos doce años ha estado gobernado por personas con un concepto discreto sobre lo qué significa dirigir una nación: se es presidente, para buscar la prosperidad y el bienestar del pueblo, no para enriquecerse y dejar engrosar las fortunas de familiares y adeptos. Y mucho menos para convertir, al país bajo su férula, en una propiedad privada, en el feudo personal, por siempre y para siempre.

En cambio, en Haití la corrupción administrativa y la impunidad –no exclusivas de ese país, pues en América Latina pululan las repúblicas bananeras– lo han llevado por las sendas de la pobreza, el desarraigo y la miseria absoluta.

Tanto así que un año después, del millón y medio de damnificados del momento, todavía 1.300.000 haitianos siguen viviendo en campamentos improvisados, sin ninguna esperanza de conseguir un techo digno y, mucho menos, propio. Y ni para qué hablar de la subsistencia diaria y las posibilidades de trabajo.

Mirando fotografías de algunos lugares de Puerto Príncipe después del sismo y comparándolas con imágenes de sitios desarrapados desde antes del terremoto, la diferencia es poca o ninguna. Peor, aún, la reconstrucción de las ciudades afectadas hace un año, en muchas partes no ha empezado.

El acceso a servicios básicos como salud, vivienda, educación, trabajo y alimentación, sigue siendo escaso para la gran mayoría del pueblo haitiano. A los desarraigados de siempre, se suman los desplazados por el seísmo de hace un año.

De los casi siete millones de habitantes, 6,5 millones viven actualmente en la miseria; porque, a los 5,2 millones de pobres de siempre, hay que agregarles el 1,3 millones de damnificados por el terremoto; lo que significa que seis millones y medio de haitianos (algo más del 90%) no saben cuál será su desayuno mañana, cuando se cumpla un año de la hecatombe.

Como quiera que del millón y medio de víctimas originales, sólo 200,000 lograran salir de esa situación, es muy probable que éstas pertenezcan a las clases habitualmente favorecidas; a quienes, de manera directa, pronta y natural, el gobierno central debió hacerles llegar las ayudas en los primeros meses del 2010.

Los demás, pues que sigan igual o peor que antes. Eso, poco debe importarles a los sempiternos amos de Haití, cuyas diferencias con los señores feudales de las otras (¡muchas!) repúblicas bananeras del resto de Latinoamérica –exceptuando tal vez la fisonomía (aunque no tanto)– son bien pocas.

Valledupar, 11 de enero del año 2011

Después del desastre

Ahora, cuando ya empiezan a bajar las aguas, cuando ya próximamente regresará la paloma con la rama de olivo en el pico para significar que el diluvio dio paso al sosiego, comienza la reconstrucción de más de medio país, pues la ola invernal cubrió de agua o lodo, sí que también de llanto, luto y miseria a casi cuatro quintas partes de Colombia.

Aún hay sitios en donde el agua alcanza uno, dos, tres metros de altura; mas sin embargo, ya se pueden ver las paredes de las edificaciones; muchas de ellas, verdaderas covachas en donde sólo se puede vivir de manera infrahumana.

Entonces, la labor es preeminente y demanda, no solamente de la ayuda humanitaria y de la decisión del gobierno –local, regional, nacional– sino que, además es necesaria la supervisión de los organismos de control –y hasta de la misma ciudadanía– para evitar que algunas de las aristas de la columna de la recuperación se agrieten y, por allí, se cuele la corrupción con su inseparable cómplice, la impunidad.

Porque, esa tarea –titánica, en verdad– tiene varios vértices: a– que la comunidad entera colabore (lo cual se logró en altísima medida), b– que no se roben los donativos (sean en efectivo o en especies) y, c– que las ayudas lleguen a quienes en realidad las necesiten (todos sabemos de la abundante presencia de pícaros que, como buitres, siempre están atentos para pescar en estos ríos revueltos en que, habitualmente, se convierte la repartición de auxilios a los menos favorecidos por la diosa Fortuna).

Además, ésta sería la oportunidad precisa para que todos esos poblados y barrios construidos en los sitios más riesgosos de la geografía –sea nacional, departamental o  municipal– en donde, por lo general asientan sus viviendas los más pobres, se trasladen a  lugares seguros, para que las futuras inundaciones, los próximos deslaves no vuelvan a producir damnificados, verdaderas víctimas, no tanto de las furias de la naturaleza, como de la desidia de la sociedad.

Ya aquí, en esta columna en ocasiones anteriores, se han desglosado las causas del porqué siempre esos lugares de albur están poblados por los más pobres del país; que, sin querer ofenderlos, se puede decir que son los parias de Colombia.

Ellos son los que siempre sufren por las erupciones de los volcanes, por los deslizamientos de tierra, por las crecidas de los ríos. Y eso ocurre porque a ellos les toca asentar sus viviendas (la mar de las veces, verdaderas casuchas, en donde ni siquiera un animal se amañaría, pero que a ellos no les quedan más posibilidades y por eso se resignan), asentar sus viviendas, repito, en los lugares más inhóspitos, en los sitios más inseguros, en los emplazamientos más peligrosos. Y todo, porque –como ya se dijo antes– no les queda más opción y esto sucede, porque la sociedad, indiferente, no hace nada para solucionar esta sempiterna situación de desigualdad social.

Por eso, esta es la oportunidad del Estado para demostrar –como alguna vez se dijera aquí, Desde la Barrera– que, en realidad, le interesa la suerte de todos los colombianos y no la de unos pocos. Si el gobierno logra sacar adelante los proyectos de reconstrucción de ese más de medio país que quedó asolado por las lluvias y todas sus consecuencias, evitará que las víctimas de este último desastre se sumen a los millones de desplazados que la violencia, en el pasado propiciada en ocasiones y alcahueteada en las restantes por el mismo Estado, conviertan a este país en un conglomerado de desarraigados; pues al pasar de cuatro a casi siete millones de desarrapados, más la millonada de desempleados (y ni para qué hablar de los que viven en la informalidad o en la miseria absoluta), dejarían a Colombia igual o peor que Haití: lo que ya es mucho decir.

Valledupar, 18 de enero del año 2011

Las falacias de algunos funcionarios

El Estado, diría Perogrullo, está formado por tres ramas: la Ejecutiva, la Legislativa y la Judicial. Pues bien, en un Estado de Derecho, las tres ramas son independientes y, por tanto, autónomas. Eso quiere decir que una de las tres puede fallar, sin inmiscuir en su error a las otras dos. Por eso, un juez puede prevaricar, sin que su delito sea imputable a toda la armazón del Estado. Eso lo sabe hasta un estudiante de bachillerato. Más aún, el juez prevaricador no salpica con su falta a las otras instancias de la rama judicial ni en el orden superior ni a sus pares. Es por eso que si un juez se sale de la jurisprudencia, sus superiores están llamados a investigar y sancionar al culpable, así como también enmendar el error cometido. Sin embargo, en sentido contrario no funciona la organización judicial. Es decir, un juez de reparto no puede corregir lo que se hace en las instancias superiores.

Ahora bien, uno –Desde la Barrera– se pregunta, ¿por qué un juez de menores, anula una sentencia proferida por un magistrado?, acaso, ¿tiene poder para hacerlo?, si actúa así, ¿debe ser sancionado?, si su decisión pone al Estado a correr el riesgo de perder más de diez mil millones de pesos, ¿cuál debe ser la sanción para este juez prevaricador?

Porque eso es lo que parece haber sucedido en el caso del tristemente célebre Reginaldo Bray, a quien un tribunal superior condenó a pagar cárcel y a devolver la cifra citada en el párrafo anterior; más, sin embargo, un juez de menores resolvió favorablemente para el implicado una tutela interpuesta por su abogado defensor y anuló la sentencia del tribunal superior.

Ahora, el Consejo Superior de la Judicatura o la Corte Suprema (no sé bien quién debe hacerlo, pues no soy abogado) debe enmendar la plana mal hecha –de manera asaz intencional– por el susodicho juez  de menores. Se espera que la sentencia definitiva de la instancia superior, no solamente haga pagar al culpable la condena impuesta inicialmente y devolver la suma sustraída, sino que además el juez pague, junto con su defendido, los años de cárcel proferidos en la sentencia original.

De otro lado, en la rama legislativa, también se cuecen habas. Un senador –Roy Barreras–conocido, no propiamente por sus grandes ejecutorias en pro de los desvalidos y de los honestos, sino por el contrario por las volteretas constantes en cada legislatura, acaba de proponer enmiendas a la ley de víctimas, en las cuales busca favorecer más a los victimarios que a los perjudicados por la acción criminal de estos.

Y el flamante senador Barreras, Presidente de la Comisión de Paz del Senado, va más allá: él propone que a los depredadores se les absuelva de todo crimen y delito, si se avienen a dar la lista de sus víctimas, sin importar si reparan a éstas o no. Tal pareciera que le estuviera haciendo un mandado a alguien o a algunos involucrados en ese festín de muerte, despojamiento y desplazamiento en que los violentos convirtieron a Colombia en los últimos años.

Él desea que la impunidad tienda su manto sobre este sombrío pasado inmediato. O,  ¿será que ya fue avisado de que, de no darse esa anhelada condonación, rodarán cabezas?

Pero si por el legislativo llueve, por el ejecutivo no escampa. El Ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, en días pasado aún sostenía que los paramilitares habían desaparecido (tal vez movido por atavismos sembrados por el último gobierno), no obstante haber sido asesinadas 30 personas en San Bernardo del Viento en estos dos últimos dos meses, más los casi seiscientos colombianos que fueron masacrados en Córdoba durante 2010. Solamente se necesitó que fueran asesinados, por los mismos de siempre, dos universitarios de alto coturno para que todas las fuerzas de seguridad se movilizaran hacia el Departamento de Córdoba  y se ofrecieran grandes recompensas, para que el país volteara a mirar a esa zona tan golpeada por la violencia, pero tan apetecida para afincarse los depredadores perpetuos.

Ahora que si se piensa que con cambiarles el nombre a los asesinos, se disfraza la verdad, ahí si que es cierto que –como el cuento del curita– nos fregamos todos.

Conclusión: no se puede seguir engañando a todos con las mismas mentiras. El Estado, en todas sus ramas y en cada uno de los niveles jerárquicos, no sólo debe ser transparente, sino parecerlo y demostrarlo.

Valledupar, 25 de enero del año 2011

La prospección del conocimiento

En una de sus acepciones, prospección es la exploración de posibilidades futuras, basada en indicios presentes. Pues bien, siendo el conocimiento –también en uno de sus significados– el acopio de nociones, conceptos, ciencia y sabiduría que el ser humano puede hacer en pro del mejor desarrollo de sus facultades sensoriales, el mote de esta columna hará, necesariamente, mención al deseo del individuo de alcanzar un determinado grado de capacitación tal, que le signifique, no sólo un puesto decoroso en la sociedad, sino que –y esto es lo más importante– le permita ser útil a la familia, a la comunidad, a la patria.

Porque ésta es la única y efectiva manera de alcanzar la realización personal. Todo lo demás significará solamente el logro de tesoros efímeros, que hoy son y mañana no parecen. En tanto que lo que se construya con tesón, con abnegación, con propósitos superiores, teniendo siempre como base fundamental la adquisición del conocimiento (dentro de un ordenamiento espiritual de la escala axiológica), constituirá motivos para encontrar el verdadero sentido a la vida.

Ahora bien, para alcanzar este grado de madurez racional –como expresión del intelecto– es necesario que el individuo, desde tempranas horas de la vida (la pubertad y la adolescencia) adquiera el sentido de la pertinencia hacia el conocimiento; es decir, que comprenda que sólo lo que aprenda, será la base de su pasaporte hacia el porvenir; no solamente su propio futuro, sino también el de su familia actual y el del hogar que, en el mañana, logre formar.

Entonces, el estudiante que logre ingresar a una universidad (en estas latitudes, significa obtener un verdadero privilegio), lo debe realizar convencido de que no solamente lo hace para estudiar un número determinado de asignaturas académicas y obtener en cada una de ellas calificaciones aprobatorias (muchas veces sin parar mientes en los medios utilizados para lograrlas) y, al final, alcanzar un grado de profesional que lo lleve a merecer algún día el título de doctor; sino que es su deber hacerlo convencido de que su principal propósito tiene que ser el de capacitarse, aprehendiendo el conocimiento.

Mas sin embargo, en múltiples casos, para estos privilegiados educandos el acopio de conocimientos poco importa, pues su objetivo –y el de centenares de miles en Colombia– es simplemente graduarse a como dé lugar.

Por eso, la pobreza y la mediocridad profesionales en la actualidad. Por eso, los descalabros  en el ejercicio de las diversas profesiones. Por eso, los fracasos en la vida.

¡Ah!, pero alguien me dirá: –Fulano o Mengano son así como usted describe a muchos de los profesionales de hoy en día y sin embargo no han fracasado, pues ocupan actualmente cargos importantes en la administración pública.

–¿Sí ve?, tendré que responder al ocasional defensor. –Ese triunfo que usted destaca, es flor de un día, pues es probable que la puerta que abrió el título profesional, se cierre cuando no haya conocimientos sólidos que lo respalden. Y, en el mejor de los casos, cuando la administración que lo contrató culmine su período, terminará la epopeya del mediocre. Entonces, a menos que lo apadrinen políticos enquistados en el gobierno (nacional, departamental o municipal) pasará sin pena ni gloria al ostracismo. Y, de todas maneras, se convertirá en lagarto, para luego mutar a parásito y, así, lograr seguir viviendo del erario, no obstante no produzca idea alguna digna de encomio. Y, de sus logros profesionales, ¿qué quedará al final? Pues, absolutamente, nada.

–Pero se hizo rico. Se volvió millonario. Posee lujosos carros y una hermosa mansión y hasta se casó con una linda heredera. –Insistirá el abogado del diablo.

–Sí. Pero ese no es el principal objetivo en la vida. Hay cosas más valiosas que el mero atesoramiento de fortunas. Por supuesto que para valorar estas cosas, se necesita inteligencia; o sea, capacidad de entender o comprender, capacidad para resolver problemas, capacidad para elegir el camino correcto.

–Pero, ¿cuáles son esas cosas más valiosas que el dinero?, porfiará el ingenuo interlocutor de este hipotético diálogo.

–Son innumerables, habré de responderle. –La primera de ellas, la felicidad; mas, también, la tranquilidad de conciencia, el recto proceder, la honradez, la honestidad, la honorabilidad, sí que también la espiritualidad. Las cuales, aunadas al acervo de conocimientos, conformarán el salvoconducto a la realización personal y evitarán, como lo señala Vargas Llosa, la búsqueda manifiesta «de la satisfacción de las necesidades materiales, animada por el espíritu de lucro, motor de la economía, valor supremo de la sociedad, medida exclusiva del fracaso y del éxito y, por lo mismo, razón de ser de los destinos individuales.»

Valledupar, 1º de febrero del año 2011

La hecatombe egipcia

¿Cuántos muertos más se necesitarán –hasta el sábado 5 de este mes iban más de 300– y cuántos más heridos se requieren –la cifra sabatina sobrepasaba los 5.000– son necesarios para que Muhammad Hosni Sayyid Mubarak, conocido más y mejor como Hosni Mubarak, se decida a dejar el poder en Egipto?

El viernes 4 de los corrientes, casi tres semanas después de iniciadas las protestas, el dictador (dado que todo aquel que se aferra al poder y hace hasta lo indecible para quedarse, sin importarle no sólo pasar por encima de la constitución y las leyes, sino también acudir a la represión y a la tortura, es un dictador), manifestó que no se iba, porque le aterra el caos que sobrevendría en su ausencia definitiva. Ni más ni menos que una hecatombe. (¿Recuerdas, Pedro?)

Sin embargo, la verdad es que Mubarak no se va porque le preocupe la situación del país del cual alcanzó a creerse único dueño y señor (¿Recuerdas otra vez, Pedro?); sino porque las mieles del poder lo han embrujado años ha y, él no quiere salir del hechizo. Al fin y al cabo, ¿a qué ambicioso dictador le queda fácil dejar el manejo presupuestal?

Desde el 25 de enero los manifestantes recorrieron las calles de las principales ciudades de Egipto, exigiendo la renuncia del sátrapa. De inmediato, las fuerzas de policía salieron a tratar de dispersar a las multitudes. Sin embargo, esto no fue posible, pues cada día aumentaba más y más la profusión de inconformes. Y no era para menos, ya que desde el 14 de octubre de 1981, sucedió al presidente interino Sufi Abu Taleb, tras el asesinato del anterior titular, Anwar el–Sadat el 6 de octubre del mismo año. Como quien dice, más de 351 meses en el poder y ni siquiera 50 de ellos haciéndole bien al país, pues se cuenta que después del cuarto año de mandato –suficiente para que cualquier gobernante cumpla su misión– mostró su talante tirano. Claro está que como le servía a los intereses de las grandes potencias, éstas lo mantenían en el poder y no decían nada que manifestara descontento alguno de parte de ellas.

Ahora bien, hasta el martes pasado, los enfrentamientos ocurrieron entre policías y manifestantes. El miércoles, a los primeros se les unieron los simpatizantes de Mubarak. Dicen algunos analistas que muchos de estos “partidarios”, eran llevados de grado o por fuerza, sacándolos de su sitio de trabajo o de estudio, tomados de entre los empleados públicos o los hijos de estos de sus casas e, incluso, de los colegios oficiales. (¿Recuerdas una vez más, Pedro?)

De otro lado, e independientemente de que Mubarak se vaya o se quede, los cables hablan de asaltos y saqueos a los grandes museos de Egipto, los que guardan y conservan inmensos tesoros arqueológicos e históricos, no sólo de Egipto, sino además de toda la humanidad. Una vez más salta la liebre y los voceros del déspota corren a acusar de este despojo a los opositores. Al respecto, algunos observadores creen que el saqueo, de haberlo, fue perpetrado por  seguidores de Mubarak. (¿Recuerdas por cuarta vez, Pedro?)

Pero, aún hay más. El régimen ve con buenos ojos que, en el remoto caso de que Mubarak se desprenda del trono, lo suceda su antiguo Jefe de los Servicios Secretos y fiel guardián de su reino y ahora, desde hace poco, vicepresidente de Egipto, Omar Suleiman; en quien Mubarak confía plenamente y aspira a que con su talante logre llegar a un acuerdo con la oposición y, así, seguir él gobernando. (¿Tienes aún memoria, Pedro?)

Lo que ignora el déspota, es que su segundo al mando está jugando a dos cartas, pues mientras que por un lado le hace sentir al autócrata que le es fiel, por otra parte negocia con la oposición las reformas necesarias para lograr unas elecciones en septiembre, en las cuales el más firme ganador sería él mismo. Lo cual significaría para Egipto, seguir en las mismas con los mismos.

Y mientras que a las potencias solamente les preocupa la situación externa del gran país árabe, a los habitantes de este coloso africano les importan más los derechos humanos, la igualdad social, los servicios de salud y de educación, la construcción y el acceso a la vivienda, la creación de fuentes de empleo, en fin, el desarrollo de su patria. (Ahora sí, ¿recuerdas, Pedro?)

Valledupar, 8 de febrero del año 2011

Colombia, un país de ricos

Carta que un estadounidense le mandó a un amigo colombiano, en la cual se queja de lo inconforme que es el colombiano medio:

«¿Por qué los colombianos se creen tan pobres? ¿Será que por ver los árboles no se fijan en el bosque? ¿Cómo puede llamarse pobre un país, que es capaz de pagar por un galón de gasolina más del triple de lo que pagamos en EE. UU.? Si se dan el lujo de pagar tarifas de electricidad, de teléfono y celular un 80% más caro de lo que valen acá; si pagan comisiones bancarias y tarjetas de crédito al triple de lo que aquí nos cuestan; cuando por un automóvil que aquí vale 2,000 dólares, ustedes pueden pagar por el mismo el equivalente a 20,000 dólares. Y todavía, ¿dicen ser pobres? Porque si pueden darse el gusto de regalarle $18,000 dólares al gobierno y nosotros no, entonces no entiendo dónde está la pobreza.

Los habitantes de EE. UU., seremos pobres, porque el gobierno estatal, teniendo en cuenta nuestra precaria situación financiera, nos cobra sólo el 2% de IVA, más otro 4% que es federal, para un total del 6% y no el 16% como a ustedes los ricos que viven en Colombia. Además, son ustedes los que tienen impuestos de lujo, como son los  gravámenes por gasolina,  gas, alcohol, cigarrillos, cerveza, licores, etc., que alcanza cada uno hasta el 320% del valor original, y otros tributos, como los impuestos sobre utilidades y sueldos, sobre automóviles nuevos,  a los bienes personales, a los bienes de las empresas, por uso del automóvil y, dichosos que así y todo, se dan el lujo de pagar un 16% de IVA por los bienes que compran, además de todos los trámites y pagos nacionales y municipales. Porque si ustedes no fueran ricos, ¿qué sentido tendría tener unos impuestos de ese calibre? ¿Pobres?, de dónde…

Un país como Colombia, que es capaz de cobrar el impuesto a las ganancias y a los bienes personales por adelantado, necesariamente tiene que nadar en la abundancia, porque considera que los negocios de todos sus habitantes siempre tendrán utilidades, a pesar de la corrupción, de los continuos saqueos y de las comisiones, de los asaltos, de los terremotos, de la sequía, del invierno  y de las inundaciones y, entonces si es así, todos los habitantes del país deben de ganar muchísimo.

Los pobres somos nosotros, los que vivimos en EE. UU., que no pagamos impuesto sobre la renta si ganamos menos de $3,000 dólares al mes por persona, es decir, más o menos $ 6.000.000 colombianos. Además, allá, ustedes pagan guardias privados en bancos, condominios, edificios, colegios, universidades, hospitales, clínicas, etc., mientras que nosotros nos conformamos con la guardia pública. Y hasta envían a los hijos a colegios privados y mira, si seremos pobres, aquí en EE. UU., que las escuelas públicas prestan los libros de estudio, previendo que no tenemos con qué comprarlos.

A veces me asombra la riqueza de los colombianos que piden un préstamo cualquiera, y son capaces de pagar 26% y hasta 34% anual de intereses, como mínimo. ¡Eso sí es ser ricos! No como aquí, que apenas llegamos al 8% (generalmente 7.8%); justamente porque no estamos en condiciones de pagar intereses más caros.

Supongo que, como todo rico, tienes un auto nuevo y estás pagando un 8% ó 10% anual de seguro; si te sirve de información, yo pago sólo $345 dólares por año. Y como te sobra el dinero, tú si puedes efectuar pagos anuales de más de $300.000 colombianos por concepto de eso que allá llaman impuesto al rodamiento, mientras que acá nosotros no podemos darnos esos lujos y cuando mucho pagamos $15 dólares anuales por el  adhesivo, sin importar qué modelo de auto se tenga;  pero claro, eso es para gente escasa de recursos que no puede erogar los enormes flujos de dinero que ustedes los colombianos manejan. Saca entonces la cuenta y dime, ¿quién es el rico y quién es el pobre?

Por último, más del 20% de la población económicamente activa en Colombia no trabaja,  aunque el DANE diga otra cosa porque llaman empleados a los vendedores ambulantes y a los que ‘ensucian’ los vidrios en los semáforos y a los que arreglan zapatos en la calle, mientras que a los embajadores, ministros, generales y demás altos funcionarios, el pueblo les paga millones en  sueldo, sin contar gabelas ni prebendas. Qué envidia. ¡Eso sí es nadar en la riqueza!

Bueno, viejo amigo, te mando un abrazo y después me cuentas cómo les va con el nuevo presupuesto y las elecciones que se avecinan, en donde habrá nuevo derroche de dinero. Ahora bien, si aumentaran más los impuestos, no te preocupes, que la inflación te los va a diluir. Pero bueno, eso es lo de menos cuando se tiene plata para pagarlos. Ten por seguro que en el discurso del 20 de julio le van a dar un tremendo aplauso al gobierno, y los legisladores sacarán pecho.

Además, ese es el precio que hay que pagar por vivir en el mejor lugar del mundo y en donde la gente se siente la más feliz del planeta. No importa que vendan Ecopetrol  al grupo Aval y se la cobren a los colombianos: la gente más rica y feliz del mundo.

Atentamente, tu pobre amigo gringo.»

  1. S. Sin palabras. Como la carta no tiene fecha, el lector puede ponérsela a voluntad.

Valledupar, 15 de febrero del año 2011

Álvaro Faraco Gómez –In memoriam

Cuando se pierde a un ser querido hay desolación, el alma se anonada, el corazón se oprime en el dolor; como cuando muere la madre y el mundo de cada uno de sus hijos (ese mundo interno, personal e intransferible) se cubre de llanto, se desploma y pareciera que tendiera a desaparecer… Otro tanto ocurre cuando muere la pareja a quien se ató la vida para vivirla con amor, con entrega, con desinterés; ese esposo o esposa con quien fue hermoso envejecer; esa persona que se constituyó en la mejor amiga y con la cual la identificación espiritual fue tal, que hasta se llegó a compartir el pensamiento, mucho antes de que éste brotara de los labios del ser amado… Y, así, cada ser querido que parte, va dejando un vacío que parece imposible de  llenar. Y cuando llegamos a la vejez, la vida se ha convertido en una senda llena de cruces y añoranzas.

Sin embargo, así como el fuego templa el acero, la vida con sus avatares acrisola la esencia de los seres humanos y, paradójicamente, elige a los más buenos, a los de alma más generosa, porque Dios, en Su infinita sabiduría, los conoce y presiente que sabrán aceptar Su voluntad y, así, podrán resistir los golpes del infortunio; porque esas almas entienden que, dentro de sus responsabilidades, está la de enfrentar con entereza los reveses del destino y, de esa manera, darles ejemplo a los menos fuertes.

Ahora bien, es habitual que los hijos trasciendan la vida de sus padres; por eso, sorprende y conmueve el trastrueque de esta ley y, esos, son los momentos en los cuales la solidaridad de los seres queridos sirve de bálsamo o, al menos, de lenitivo en las circunstancias dolorosas, adversas e irreversibles de la vida.

Es innegable que nada, salvo la resignación que llega lentamente con el paso del tiempo, puede mitigar el dolor que se sufre al perder un ser querido y si, como decían mi padre y mi madre (q. e. p. d., ambos), «… el dolor que se experimenta al perder un hijo, es como sentir que le arrancaran a uno un pedazo del corazón, pues la tristeza lo invade y se queda allí para siempre», entonces, para poder convivir con esa pena, no sólo es necesario el paso del tiempo, sino que, además, se requiere de mucha fe y de mucha esperanza en Dios, que avivan la confianza en una vida más allá de la terrenal.

Los caminos del Señor son insondables; nosotros solamente somos peregrinos de esas sendas y debemos recorrerlas, conociendo donde empiezan, pero sin saber dónde está su final ni dónde aparecerán las espinas que lo tornan inclemente y doloroso.

Ese ignorar dónde aparecerá el desenlace lo dispuso el Señor, para evitarnos la angustia y la desesperación. Sin embargo, cuando termina el camino de un ser querido -sobre todo, si ese final llega de manera abrupta-, nuestra primera reacción es de rebelión contra Sus divinos designios. No obstante, no debiera ser así. Por el contrario, deberemos aceptar Su voluntad, pues por algo así Él lo determinó y, en Su infinito amor y en Su inagotable misericordia, nos proporciona el recurso del tiempo, para que éste -con su paso inexorable- nos traiga la resignación (mas no el olvido) ante los hechos irreversibles del destino.

Y, entonces, si tenemos la suficiente fe y la necesaria esperanza en una vida que trasciende este peregrinar terreno, ese dolor lacerante irá menguando poco a poco, hasta convertirse en un recuerdo grato, luego de pasar por una añoranza llevadera. Pues no olvidemos que por ser  los designios de Dios inescrutables, a nosotros -simples briznas en la inconmensurable dimensión del universo- sólo nos toca aceptar las divinas decisiones del Creador. Para lograrlo, Él nos da resignación en los duros e inmutables golpes de la vida y, con el paso del tiempo, ese dolor se va mitigando hasta convertirse en una grata evocación que nos permite formar en el corazón un altar, en donde atesorar con amor el recuerdo del ser querido que se ha ido. Además, a nosotros los creyentes, nos queda el consuelo de una vida que va  más allá de este triste peregrinar y en donde esperamos encontrar a esos seres amados que nos han precedido en el periplo vital.

Alvarito, tu presencia seguirá viva en el corazón de quienes te quisieron. Tu bondad, tu alegría, tu prodigalidad, todas tus virtudes, harán extrañarte aún más. Paz en tu tumba y para Álvaro y Lizbeth -tus queridos padres- resignación y fortaleza en tan dura prueba.

Valledupar, 22 de febrero del año 2011

¿Para qué vivir corriendo?

A medida que la sociedad avanza, el ser humano –sobre todo en las grandes ciudades– se va acostumbrando a vivir en apartamentos cada vez más pequeños y a no tener otra vista que no sea la de las ventanas de alrededor y, como no se tiene otra perspectiva, la gente pierde la costumbre de mirar para afuera. Y como no mira para afuera, se habitúa a no abrir las cortinas. Y como no abre del todo las cortinas, suele encender más temprano la luz. Y a medida que se amolda a vivir con luz artificial, se olvida del sol, del aire, y hasta abandona la amplitud de los espacios exteriores.

Y por ese apretujamiento mental, el ser humano termina por acostumbrarse a despertar sobresaltado, porque duerme mal o porque tuvo pesadillas o porque se le hizo tarde; entonces, se baña aprisa, se viste en volandas, se toma (si acaso) el desayuno corriendo, porque está atrasado; en fin, se acostumbró a no mirar más allá de las narices, por estar pegado al reloj.

Y como siente que el tiempo le está ganando la partida, también termina por leer el periódico en el bus, porque no puede perder tiempo y, por lo mismo, se habitúa a comer un emparedado o un perro caliente, porque no hay espacio para almorzar.

Al salir del trabajo, ya de noche, suele dormir en el bus porque está muy cansado y,  cuando llega a casa, habrá que cenar rápido y dormir extenuado sin haber vivido el día, sin haber disfrutado de su familia.

Y, así, se acostumbra a pensar que las personas cercanas estarán siempre ahí y a creer que están bien y se despreocupa por averiguarlo y cuando lo invitan a compartir, muchas veces contesta: “Es que no puedo ir” o, “Estoy fatigado” o, ”Tengo mucho trabajo.” O cualquiera otra excusa.

Y si alguien que no vive con él, le pregunta: “¿Cuándo nos vemos?, la respuesta seguramente será: – La próxima semana.

Así, se acostumbra a sonreír a las personas sin esperar una sonrisa de vuelta. A no contestar el saludo de algún conocido, porque va de afán. Y entonces, en ocasiones, también se habitúa a ser ignorado cuando precisaba tanto ser visto u oído.

Si el cine está lleno, no importa; se conforma con sentarse en la primera fila, aunque tenga que torcer un poco el cuello o, en el mejor de los casos,  ve la película de pies.

Si el trabajo está complicado, lleva trabajo para la casa, sin pensar siquiera que sólo esta matando su propia existencia, al agotar el tiempo de disfrutar del descanso.

Si, por el contrario, el trabajo lo tiene al día, gracias al  sobre esfuerzo y consiguiente fatiga, se consuela pensando que podrá  disfrutar el fin de semana y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o anda corto de dinero, se va a dormir temprano sin problemas, porque siempre tendrá sueño atrasado.

Se está acostumbrando el ser humano a despilfarrar la vida que, poco a poco, se va gastando y que una vez gastada, de manera inexorable, se perdió de vivir.

Hay un viejo adagio que dice: «La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja. »

Por eso, meditemos en lo siguiente: El tiempo no se puede atrapar, mucho menos almacenar y nuestra existencia transcurre a gran velocidad; pero mientras estemos vivos, tendremos la oportunidad de cambiar nuestros hábitos, de tener una mejor calidad de vida, de aprovechar y disfrutar cada respiro, cada latido de nuestro corazón.

No trasformemos nuestro vivir en una rutina inútil que termina por hacernos infelices.

Dios pone a nuestra disposición todos los elementos para que seamos felices, para vivir  satisfechos y agradecidos por ese gran don que es la vida, que con tanto amor nos ha sido otorgado y, la mayoría de las veces, acompañada por el amor de los padres que  con abnegación la encauzan.

La vida no hay que derrocharla, hay que vivirla plenamente bien porque (por nuestra propia omisión o por no saber organizar el tiempo) la naturaleza de las circunstancias de la vida acaba por cambiar el giro de nuestra existencia, la cual termina por irse como el agua entre los dedos.

Valledupar, 1º de marzo del año 2011

Colombia, un país de indignos

Segunda carta que el estadounidense de marras le mandó a su amigo colombiano, en la cual muestra como la indignidad se ha enseñoreado del país.

«Mi dilecto amigo:

Si los colombianos se quejan tan a menudo de la corrupción, ¿por qué permiten que tanto indigno se apoltrone en los cargos públicos? Acaso, ¿no piensan en sus hijos y en los hijos de sus hijos, que también terminarán por acostumbrarse a vivir en medio de tanta indignidad?

Pero, ¿sabes qué es la Indignidad? Claro, si tú bien conoces que ella es “la acción reprobable, impropia de las circunstancias del sujeto que la ejecuta.” Por eso, el indigno se convierte en un ser abyecto, ruin, villano, rastrero y repugnante, que no sólo se deshonra a sí mismo, sino a los suyos y a todo su país.

De ahí que sea una indignidad que el salario mínimo mensual de un trabajador apenas llegue a los $535.600, mientras que el de un congresista logra sobrepasar los $33.000.000, cuando se le agregan (cosa  frecuente) dietas y  otras prebendas.

Indignidad, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad y un médico general, ganen menos que el concejal de un municipio de tercera categoría.

Indignidad, es que los políticos aumenten sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca, sin vergüenza alguna, siempre por unanimidad y al inicio de la legislatura.

Indignidad, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años y tener 62 para percibir una pensión y a los congresistas les basten sólo unos pocos, o que los miembros del alto gobierno –para cobrar la pensión máxima– sólo necesiten  jurar el cargo, sin importar la edad de unos u otros.

Indignidad, es que los congresistas sean los únicos trabajadores de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo, los únicos que gozan de seis meses de vacaciones al año y, además, se inventan Proyectos de Ley para aumentar sus pensiones y sus jugosas prebendas.

Indignidad, es colocar en la Administración a miles de asesores y suplentes –vale decir, consanguíneos, compadres y amigotes– con sueldos que ya desearían los profesionales más calificados.

Indignidad, es destinar ingentes sumas de dinero del presupuesto, para sostener los partidos políticos, aprobadas por los mismos que viven de ellas.

Indignidad, es que a un político –para  ejercer su cargo– no se le exija superar una mínima prueba de capacidad cultural o intelectual. Sólo le basta estar en la bancada mayoritaria, sin importar si está patrocinado por dineros sucios.

Indignidad, es el costo que representa para los ciudadanos el pago de viáticos y desplazamientos (siempre en primera clase), comidas, escoltas, carros blindados (último modelo), tarjetas de crédito, franquicias en telecomunicaciones, etc., etc., para los miembros del alto gobierno, mientras se pelea (y al final se le niega) a la clase trabajadora un aumento digno en el salario mínimo.

Indignidad, es que presidentes, ministros, magistrados, generales y otros altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que puedan legalmente  percibir dos salarios  (o, en el mejor de los casos, pensión y salario simultáneos) del Tesoro público.

Indignidad, es que el dinero de las  regalías, que está destinado al desarrollo de las regiones y de las clases menos favorecidas, se quede en las manos  de  gobernadores y alcaldes corruptos y todos sus secuaces.

Pero, todavía es mayor indignidad que, sin importar cuál sea el color del gobierno, todos los políticos se beneficien de este moderno «derecho de pernada», mientras las leyes que lo regulan, permanecen inmutables y, entre tanto, ustedes siguen votando por los mismos indignos de siempre.

Acaso, ¿no se han dado cuenta que, de la democracia en Colombia sólo importan sus ritos,  sin que nadie se preocupe por sus vicios, como son el clientelismo, la corrupción, el fraude y la compra de votos, entre otros?

Indignidad, es la estampida de todos los delincuentes de cuello blanco que no saben qué hacer para eludir el peso de la justicia, bien sea perjurando para ocultar la verdad o buscando asilo político con presidentes de algunos países, amigos de su jefe político, cuando en realidad no son más que delincuentes prevalidos de su poder y sus influencias.

Éstas son las verdaderas cadenas con las que la Fronda de hogaño –descendiente de la de antaño– mantiene sojuzgado al pueblo colombiano; que si no se decide a romperlas (porque solamente ustedes pueden ponerle remedio a esto), las cosas seguirán iguales y no podrán quejarse después. No olviden, además, lo que está en juego: su propio futuro y el de sus hijos.

Amigo, recuerda que este año es de elecciones. Mira, a ver qué haces, por quién votas. Tampoco olvides que el voto en blanco es un derecho constitucional y, por eso, es inalienable.

Atentamente, tu escrupuloso amigo gringo. »

  1. S. Como la anterior, ésta tampoco necesita fecha.

Valledupar, 8 de marzo del año 2011

La Justicia cojea, pero llega

A fines del mes pasado, la Honorable Corte Suprema de Justicia dio término al juzgamiento del acusado ex senador Mario Uribe Escobar, primo carnal del ex presidente Álvaro Uribe Vélez y lo condenó, por el delito de concierto para delinquir, a siete años y seis meses de cárcel y a pagar 3.481 millones de pesos, no obstante los deleznables argumentos esgrimidos por el Procurador General, en busca de la absolución del primo de su jefe.

El lunes 21 de febrero, la HCSJ dio a conocer la sentencia, después de varios años  de proceso judicial, cargado de controversias: cuando en abril del 2008 sintió pasos de animal grande, Mario Uribe pidió asilo a la embajada de Costa Rica, pero le fue negado. Entonces, Álvaro Uribe trató de enfangar el nombre de la HCSJ y, tras reuniones secretas en la casa de gobierno con individuos de dudosa reputación, como del cubilete de un mago, salieron testigos que pretendían desacreditar lo único honorable que le quedaba al Establecimiento: la, esa sí, Honorable Corte Suprema de Justicia; pero las pruebas se le devolvieron. Un año después, en septiembre, el Alto Tribunal decidió retomar todos los casos de congresistas que habían renunciado a su fuero con el propósito de que los juzgara la justicia ordinaria, con la mala intención de eludir al Alto Organismo y a la espera de que, en el reparto, les tocara un juez amigo o compadre, a quien el prevaricato no arredrara y, así, burlar a la justicia. Sin embargo, al primo del ejecutivo, le salió el tiro por la culata, pues la HCSJ lo juzgó y tres años después, lo  condenó. La Corte, con este acto, ratificó su competencia para juzgar a congresistas o ex congresistas cuando sus delitos son cometidos en el ejercicio de sus funciones. Reafirmó que «el fuero no depende de la comisión de un delito “propio”, sino de la necesaria perturbación de la función institucional.» Y, así, quedó probada hasta la saciedad la connivencia entre Mario Uribe y el paramilitarismo, con el fin de «promover, financiar, armar u organizar grupos armados al margen de la ley.»

Como el  Procurador en la defensa del reo, hubiera argumentado que el aumento de la votación de éste en las elecciones del 2002, no obedeció a ayuda alguna del paramilitarismo, la HCSJ  en la sentencia dejó claro en el siguiente párrafo el concepto de la culpabilidad del juzgado: «La demostración del concierto para delinquir como acuerdo para promover a un grupo ilegal, no se puede reducir al análisis aislado de cifras electorales o conformarse con datos de esos guarismos.» En criterio de la Corte, el aporte de un político a la causa paramilitar, cuando pone la función pública al servicio de ésta, no solamente es una «disfunción institucional, sino que es un incremento del riesgo contra la seguridad pública.» Por esta razón, argumenta la HCSJ, su valoración no versó «sobre la posible afectación de los mecanismos de participación democrática, sino sobre la alianza entre políticos y grupos ilegales.» Con el único fin de acrecentar de manera subrepticia, con el acicate de la codicia, su fortuna y su poder o los de sus parientes.

La HCSJ da cuenta de cómo fue Eleonora Pineda –ex congresista condenada por su relación con el paramilitarismo– quien presentó a Salvatore Mancuso y a Mario Uribe. Eleonora Pineda así lo reconoció en sus declaraciones cuando era juzgada por sus nexos con paramilitares. La Corte indicó que ese acuerdo político no fue menor: «Los acuerdos no son una invención de última hora, sino la consecuencia de condiciones históricas que tuvieron a Eleonora Pineda, a Salvatore Mancuso y a Mario Uribe como protagonistas.»

El núcleo de la sentencia de la HCSJ está en la siguiente declaración: «Bajo tales reflexiones, el análisis conjunto de la prueba permite concluir que las declaraciones de Salvatore Mancuso y de Eleonora Pineda, apreciadas históricamente, permiten asumir que Mario Uribe Escobar sí hizo pactos con la organización armada al margen de la ley.»

Esto significa que ahora el Procurador, con todo el dolor de su alma uribista, tendrá que inhabilitar por quince o más años al primo carnal de su jefe, que pagará con cárcel su avaricia desmedida.

Valledupar, 15 de marzo del año 2011

Elogio de la vejez

Cuando aún se está en la pubertad, el principal deseo es crecer rápido y llegar pronto a la adolescencia, para disfrutar de esa especie de libertad de que gozan los mayores.

Pero en el punto en que ya es adolescente, el joven quiere y anhela alcanzar la edad adulta, pues ve que la independencia que ansiaba es un espejismo. Hay muchos controles, la autonomía es costosa, en fin, nada es gratis. Más aún, encuentra que hay muchos desengaños, más de los que esperaba y todavía más de los que estaba preparado para recibir.

Y, así, anhelando crecer, el individuo llega a lo que algunos llaman la segunda juventud: ya es un ser adulto, ya tiene responsabilidades, compromisos, deberes y tantas otras congojas que la sociedad le va cargando al fardo de la vida. Entonces, ese ser agobiado por las obligaciones, aspira a jubilarse; ansía poder disfrutar de una pensión que le recompense por tantas horas de trabajo, de fatiga, de cumplimiento de horarios, de aceptación de órdenes: porque así ya sea jefe, director o gerente, siempre habrá alguien que lo mande y a quien obedecer.

Es allí cuando llega la vejez. Y no es porque nuestro personaje se haya vuelto un anciano. No, aún es joven, pues apenas está frisando el medio siglo o ya es sexagenario. Y todavía tiene fuerzas para trabajar; aún sueña, inclusive despierto. Entonces, es cuando llegan los mejores años de la existencia, es entonces cuando se valora lo alcanzado y ya no hay preocupaciones por lo intrascendental.

Por eso, entonemos un canto de alabanza a la vejez

Exhortemos a los coetáneos a disfrutar de los mejores años de la existencia

Por eso, no nos apesadumbremos por haber perdido la juventud; la que sin duda es una edad dorada que siempre se recordará con nostalgia. Es una breve época inolvidable, romántica, vibrante, emocionante y feliz.

Es una etapa dichosamente creadora y vigorosa en la cual todo se encuentra fresco y novedoso y la vida se ve color de rosa.

Pero hay que reconocer que esa juventud tan alabada, tan cantada y suspirada, es también una época llena de luchas, de preocupaciones, de negros nubarrones; muchas veces colmada de privaciones y nunca exenta de incertidumbres, celos, zozobras, competencias, temores, rivalidades y ansiedades. Es como un torneo en el cual hay que estar compitiendo constantemente para lograr un ansiado trofeo.

Afortunadamente, en la vida todo pasa y la juventud, una vez quemada esa etapa, también pasa. Por eso, lo mejor es mirarla como una hoja que se llevó suavemente la corriente, como algo que se debe aceptar. Por fortuna no está en las manos de alguien cambiar ese ciclo.

La verdad es que sin saber cuándo, ni poder definir con exactitud una edad determinada, en un  punto de la vida, llega ese momento en que todo se desacelera y se detiene, posándose suavemente, sin prisas, en nuestra alma, en nuestra mente, en nuestro corazón. Entonces, el caudaloso torrente se transforma en una suave corriente de paz que se mueve lentamente, de manera casi imperceptible -apenas si se la siente- hacia esa infinita grandeza, profunda e inconmensurable, que es el  final de todos los viajes y el mar adonde van a parar todos los ríos. En este caso, el piélago insondable de la vejez.

Y el individuo madura, cuando la reconoce y la acepta. Porque, en realidad, la vejez no es el mediodía de la vida, ni es su tarde, ni es su noche. Más bien es ese indeterminado instante que llega discreto con las primeras horas del día y abarca esos momentos brumosos y volátiles que se disuelven, poco a poco, al ser tocados por los nacientes rayos del sol: es la alborada.

Y cuando llega, algo extraordinario sucede en cada ser: Ya no alarman las modas o los cambios que sufren y experimentan las nuevas generaciones, ni mortifican ni afectan las nuevas corrientes o costumbres, pues el viejo no está  obligado a cambiar ni a iniciar nuevas modalidades. Su edad es ya suficiente justificación para mantenerse al margen: desde la barrera. El viejo ya llegó a la recta final. ¡Ya lo hizo! Y eso merece ser celebrado. El viejo, mira al cielo y ve las estrellas que dominan el firmamento y comprende que nunca ha estado solo, porque la vida es mucho más que el simple palpitar del corazón. Y si supo vivir, sabe que no dejará tras de sí amargura, sino un grato recuerdo en quienes lo conocieron. El viejo, ya no se ata a las alabanzas, porque sabe que quien lo quiere no lo alaba, ya que se ve reflejado en él. Y, algo valioso, no malgasta el tiempo, porque tiene poco, sólo el que disfruta en ese momento: y, así, cuando ve un ave volar, una flor crecer, los astros moverse, ve en eso la perfección de Dios.

Entonces, viejos, ¡a gozar del privilegio de la vejez! Y no se dejen llamar adultos mayores ni miembros de la tercera edad; somos viejos o ancianos, sin eufemismos tontos y baratos.

Valledupar, 22 de marzo del año 2011

Colombia, un país de desmemoriados

Tercera carta que el estadounidense que ya conocemos le mandó a su amigo colombiano, en la cual le señala como la amnesia colectiva ha permitido que ladrones de cuello blanco le hagan daño al país.

«Mi estimado amigo:

Si tus compatriotas viven quejándose de los malos –yo diría pésimos– gobernantes, ¿por qué los eligen y hasta los reeligen? Por ventura, ¿no saben que quien ya demostró tener malas mañas, volverá a caer en las mismas? Además, acaso ¿olvidan el adagio aquel que dice: “dime con quién andas y te diré quién eres?”

Como te recordaba en mi última carta, éste es año de elecciones: van a renovar los cuerpos colegiados departamentales y municipales y cambiarán alcaldes y gobernadores. Pero todos ustedes (los electores) saben muy bien que muchos candidatos solamente son piezas de un engranaje que va más allá del personaje a elegir. Son (¿cómo dicen, ustedes?), ah sí, ya me acordé, “testaferros”; si, títeres de algún cacique político, de algún manzanillo. (Dejo constancia de que estoy tomando vocablos muy usados en tu país.)

Más aún, para la alcaldía de Bogotá, no solamente suena el tristemente célebre Álvaro Uribe, sino que también se comenta que ya está dividiendo (en lo cual él ha demostrado ser un experto consumado) a los partidos políticos, al darle apoyo al aspirante del Partido Verde, con lo cual asegura la derrota de este candidato. Con su ánimo maquiavélico, asegura así también que los conservadores no lancen candidato propio a la alcaldía de Bogotá. Bueno, ellos ya se acostumbraron a gobernar “en cuerpo ajeno.” Uribe los volvió hábiles en ese tema.

Como si fuera poco, él niega a pie juntillas que desee asumir como alcalde. Lo que quiere decir que sí quiere alzarse con la alcaldía de la capital. ¿Te acuerdas, cuando lo de las dos reelecciones, que en ambas ocasiones lo negó? No obstante, después las luchó, sin parar mientes en los medios utilizados.

Pero te quería hablar de la amnesia de tus compatriotas y me estaba desviando un poco; aunque no tanto. Pues, precisamente fue este ex presidente quien más polarizó la opinión: ya que de un lado estaban los incautos y los ingenuos que creyeron en que este individuo era, no sólo un buen presidente, sino –algo aberrante– el mejor que había tenido tu sufrida patria; de manera paralela a los cándidos (pero con otros objetivos) se encontraban los que usufructuaban del poder y, del otro lado, todos aquellos que sí sabían para donde iba el cuento. Fueron todos los que supieron lo de Agro Ingreso Seguro, lo del cohecho para lograr la reelección, lo de las presiones indebidas en épocas electorales, lo de los falsos positivos, lo de la pantomima de la desmovilización, lo de los desplazamientos, lo de las visitas a la casa de gobierno por parte de gentes al margen de la ley, lo de la zona franca en Mosquera, lo de las absurdas y multimillonarias contrataciones (la de El Dorado, por ejemplo), lo de las mentiras sobre la derrota de los subversivos, lo de las chuzadas del DAS, lo del inmoral acoso a la Honorable Corte Suprema de Justicia, y un extenso –extensísimo– etc.

Y ahora, cuando te menciono a la subversión, ¿no te parece demasiada coincidencia que ésta (que supuestamente estaba derrotada), ahora que ya no está Uribe, vuelva a cometer  atentados, siga atacando a indefensos civiles, haga explotar carros bomba, etc.? Será que el mensaje subliminal es muy claro: “Si ven que ahora, cuando se fue Uribe, ¿volvió la guerrilla?”

Por supuesto que los autores del mensaje (el país los conoce), pretenden hacer olvidar que ésta nunca se fue. Le sucedió lo mismo que le pasó al paramilitarismo: nunca se acabó, sólo que a este último ladinamente le cambiaron el nombre, ahora le dicen “bandas criminales”, como si antes no lo hubieran sido.

Pero volviendo al motivo de esta tercera carta, ¿será que a los colombianos ya se les olvidaron los últimos ocho años de oprobio que vivieron y le permitirán a Uribe volver a gobernar, así sea desde una alcaldía o por interpuestas personas?

¿Serán así de olvidadizos? O, será más bien ¿que son masoquistas y les gusta que les den garrote? Yo creo, aquí desde la barrera (perdona que me robe el nombre de tu columna, “Desde la barrera”, pero es que yo también soy viejo y me gusta ver los toros desde los tendidos), yo creo, repito, que todo este masoquismo hace parte del síndrome del siervo, a quien le encanta permanecer con la cabeza gacha, mientras que el amo lo aporrea y lo humilla.

Perdóname si fui muy crudo; pero, con el fin de no sacrificar la realidad, no pude dejar de ser objetivo.

Cordialmente, tu demócrata amigo gringo. »

Valledupar, 29 de marzo del año 2011

La amistad 1ra parte

A través de las épocas, las edades y los años, el ser humano se ha preocupado por definir los sentimientos, buscando con ello, no solamente encontrarle sentido a esas emociones que brotan desde el fondo del alma, sino también hacer a otras personas partícipes de esas significaciones, con el fin de orientarlas.

Es así como filósofos, pensadores, ensayistas, literatos, historiadores, oradores y hasta políticos, han encontrado su personal definición a este noble sentimiento que es la amistad, capaz –junto con el amor– de mover todos los resortes necesarios para que este mundo –nuestro mundo– sea apto para vivir con relativa armonía.

Entonces, veamos una breve compilación de frases sobre la amistad. He organizado por épocas este compendio, para que el lector las analice y vea si, con el transcurso del tiempo, este sentimiento ha cambiado de enfoque o si, por el contrario, sigue inalterable. Empecemos con los orígenes de la civilización occidental, la época grecolatina.

–Pitágoras (582 AC–497 AC) Filósofo y matemático griego: Escribe en la arena las faltas de tu amigo. La amistad es una igualdad armoniosa.

–Sófocles (495 AC–406 AC) Poeta trágico griego: El que deja de lado a un amigo es como el que prescinde de la vida.

–Sócrates (470 AC–399 AC) Filósofo griego: La amistad ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se debe conocer su valor.

–Platón (427 AC–347 AC) Filósofo griego: No dejes crecer la cizaña en el camino de la amistad.

–Aristóteles (384 AC–322 AC) Filósofo griego: La amistad es un alma que habita en dos cuerpos y un corazón que mora en dos almas. Algunos creen que para tener amistades, basta con ansiarlas; como si para estar sano, fuera suficiente desear la salud. La amistad perfecta es la de aquellos que se asemejan por la bondad y la virtud; porque así se desean mutuamente el bien. El amigo de todo el mundo es amigo de nadie. El amigo es otro yo. Sin amistad el hombre no puede ser feliz. Si los ciudadanos practicasen entre sí la amistad, no tendrían necesidad de la justicia.

–Demetrio de Falero (350 AC–283 AC) Orador y gobernante ateniense: Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano. Amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y en la adversidad comparece sin ser requerido.

–Quinto Ennio (239 AC–169 AC) Poeta latino: El amigo seguro se conoce en las acciones inciertas.

–Marco Tulio Cicerón (106 AC–43 AC) Escritor, filósofo, orador y político romano: ¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo? La confidencia corrompe la amistad, el mucho contacto la consume, pero el respeto la conserva. La amistad es un acuerdo perfecto de los sentimientos de cosas humanas y divinas, unidas a la bondad y a una mutua ternura. El primer precepto de la amistad es pedir a los amigos sólo lo honesto, y sólo lo honesto hacer por ellos. La amistad comienza donde concluye el interés. Quien contempla a un verdadero amigo, es como si se  contemplara a sí mismo. No sé si, con excepción de la sabiduría, los dioses podrían haber otorgado al hombre algo mejor que la amistad.

–Cayo Crispo Salustio (86 AC–35 AC) Historiador y político romano: Querer las mismas cosas sin envidiarlas, es el fundamento de la verdadera amistad.

–Publio Siro (85 AC–43 AC) Escritor latino: Amistad que acaba no había comenzado.

–Publio Ovidio Nasón (43 AC–17) Poeta latino: Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed.

–Cayo Julio Fedro (15 AC–55) Fabulista latino. La palabra amistad es corriente, pero la fe en ella, es rara.

–Lucio Anneo Séneca (4 AC–65) Filósofo hispanolatino: La amistad siempre es valiosa; el amor a veces es doloroso.

–Marco Valerio Marcial (40–104) Poeta hispanolatino: No te hagas demasiado amigo de alguien, tendrás menos alegrías pero también menos penalidades.

–Plutarco (46–119) Escritor griego: No necesito amigos que truequen cuando yo cambio y afirmen cuando yo apruebo, mi sombra lo hace mucho mejor.

–Epicteto de Frigia (50–140) Filósofo griego: El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos.

–Décimo Junio Juvenal (67–143) Poeta satírico latino: Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo.

  1. S. Para quienes aún creen que el gobierno de Uribe fue excelente, les recomiendo leer la columna “Falso presidente” de Lisandro Duque Naranjo en El Espectador de anteayer domingo.

Valledupar, 5 de abril del año 2011

La amistad 2da parte

Continuemos con las frases famosas sobre la amistad, esta vez de la Edad Media y la Edad Moderna y, en medio de éstas, el Renacimiento

–Ramón Llull (1233–1315) Monje franciscano, filósofo y escritor español, publicó sus obras en lengua catalana: No tengas amistad con quien tenga poderosos enemigos.

–Giovanni Boccaccio (1313–1375) Escritor italiano: Los lazos de la amistad son más estrechos que los de la sangre y la familia.

–Leonardo Da Vinci (1452–1519) Pintor, escultor, arquitecto, ingeniero, biólogo, músico, escritor, filósofo  e inventor italiano: Reprende al amigo en secreto y alábalo en público.

–Desiderio Erasmo de Rótterdam (1467–1536) Teólogo y humanista holandés: La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos personas parece ameno.

–Juan Luís Vives (1492–1540) Humanista y filósofo español: No esperes que tu amigo venga a descubrirte su necesidad; ayúdale antes. No hay riqueza tan segura como un amigo seguro. La sal de la vida es la amistad.

–Michel Eyquem de Montaigne (1533–1592) Pensador y político francés: Cada virtud sólo necesita un hombre, pero la amistad necesita dos.

–Mateo Alemán (1547–1614) Escritor español: Deben buscarse los amigos como los buenos libros, no está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos, sino pocos, buenos y bien conocidos.

–Miguel de Cervantes Saavedra (1547–1616) Escritor español, el más universal de todos: Amistades que son ciertas nadie las puede turbar. La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada.

–Sir Francis Bacon, Barón de Verulam (1561–1626) Filósofo y estadista británico: La amistad duplica las alegrías, y divide las angustias por la mitad. Sin la amistad, el mundo es un desierto.

–William Shakespeare (1564–616) Actor, poeta, dramaturgo y empresario teatral inglés: Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, préndelos a tu alma con ganchos de acero. Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida.

–Jean de La Bruyère (1645–1696) Escritor y moralista francés: La amistad no puede ir muy lejos cuando ni unos ni otros están dispuestos a perdonarse los pequeños defectos.

–Francisco de Quevedo y Villegas (1580–1645) Escritor español: El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen.

–Diego de Saavedra Fajardo (1584–1648) Escritor y diplomático español: La amistad se ha de sostener más con reciprocidad que con dádivas; porque con el interés se fingen, pero no se hacen, las amistades.

–George Herbert (1593–1633) Poeta religioso ingles: Cuando un amigo nos pide algo, la palabra después  no existe.

–Pedro Calderón de la Barca (1600–1681) Sacerdote, dramaturgo y poeta español: Es parentesco sin sangre una amistad verdadera.

–Baltasar Gracián (1601–1658) Presbítero Jesuita y escritor español: Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.

–Ana de Austria (1601–1666) Reina de Francia: Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena.

–Thomas Fuller (1608–1661) Clérigo y escritor británico: Es amigo mío aquel que me socorre, no el que me compadece.

–François de la Rochefoucauld (1613–1680) Escritor francés: El mejor medio de conservar los amigos es no pedirles ni deberles nada. Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen. Es una prueba de poca amistad no darse cuenta del alejamiento del afecto de nuestros amigos. Un amigo verdadero es el más grande de todos los bienes y el que menos nos cuidamos de adquirir.

–Jean de la Fontaine (1621–1695) Poeta y fabulista francés: La amistad, como la sombra vespertina, se ensancha en el ocaso de la vida. Cosa dulce es un amigo verdadero, bucea en el fondo de nuestro corazón inquiriendo nuestras necesidades.

–Jean de la Bruyère (1645–1696) Escritor y moralista francés: Más fácil es encontrar un amor apasionado que una amistad perfecta. Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos.

–François de Salignac de la Mothe, conocido como Fénelon (1651–1715) Escritor y teólogo francés: Si queréis formar juicio acerca de un hombre, observad quiénes son sus amigos.

–Philip Dormer Stanhope, Conde de Chesterfield (1694–1773) Político, diplomático y escritor inglés: Habrá amigos que nos declaren sin reservas nuestras faltas y, sin embargo, no se decidirán a hacernos mención de nuestras locuras.

–François–Marie Arouet, llamado Voltaire (1694–1778) Filósofo y escritor francés: Cambia de placeres, pero no cambies de amigos.

–Benjamin Franklin (1706–1790) Físico, inventor, filósofo y político estadounidense: Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo.

–Luc de Clapiers, Marqués de Vauvenargues (1715–1747) Moralista francés: Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a título de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad.

Valledupar, 12 de abril del año 2011

La amistad 3ra parte

Concluyamos la recopilación de frases famosas sobre la amistad, con el sentir de grandes pensadores de la Edad Contemporánea, casi hasta nuestros días.

–Johann Paul Friedrich Richter, llamado Jean Paul (1763–1825) Escritor alemán: La amistad del hombre es con frecuencia un apoyo; la de la mujer es siempre un consuelo.

–Jane Austen (1775–1817) Escritora británica: Como se sabe, los negocios pueden dar dinero, pero la amistad raramente lo hace.

–Heinrich Wilhelm von Kleist (1777–1811) Escritor alemán: A las personas les interesa nuestro destino exterior; el interior, sólo a nuestros amigos.

–Alessandro Manzoni (1785–1873) Escritor italiano: Una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar.

–George Gordon, Lord Byron (1788–1824) Poeta británico: La amistad es el amor, pero sin sus alas.

–Charles Paul de Kock (1793–1871) Novelista y dramaturgo francés: La mejor manera de mantener tus amigos es no deberles ni prestarles nada.

–Honoré de Balzac (1799–1850) Novelista francés: Lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor, la certeza.

–Ralph Waldo Emerson (1803–1882) Poeta y filósofo estadounidense: Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta. La única manera de hacer un amigo es serlo.

–Isabel de Rumania (1843–1916) Reina y escritora cuyas obras las firmó con el seudónimo de Carmen Sylva: La amistad, si se alimenta solo de gratitud, equivale a una fotografía que con el tiempo se borra. La amistad disminuye cuando hay demasiada felicidad de una parte y demasiada desgracia de la otra.

–Carlo Alberto Pisani Dossi (1849–1910) Escritor y diplomático italiano: El falso amigo es como la sombra que nos sigue mientras dura el sol.

–Santiago Ramón y Cajal (1852–1934) Médico histólogo español: Apártate progresivamente, sin rupturas violentas, del amigo para quien representas un medio en vez de ser un fin.

–Elbert Hubbard (1856–1915) Filósofo y ensayista estadounidense: Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.

–Rabindranath Tagore (1861–1941) Filósofo y escritor indio: La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.

–Rudyard Kipling (1865–1936) Novelista y poeta británico, nacido en la India: No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo, salvo el de hacer uno nuevo.

–Pío Baroja y Nessi (1872–1956) Novelista español: Sólo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez.

–Gilbert Keith Chesterton (1874–1936) Escritor británico: La amistad es la mitad de la vida; la otra mitad es el amor, una cosa tan diferente de aquella, que podría uno imaginarse que fue creada para otro universo.

.–Khalil Gibran (1883–1931) Ensayista, novelista y poeta libanés: No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.

–Georges Duhamel (1884–1966) Novelista francés: Si quieres hallar en cualquier lado amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo.

–Clive Staples Lewis (1898–1963) Escritor y ensayista irlandés: La amistad no tiene un valor de supervivencia, sino más bien es una de las cosas que da valor a la supervivencia.

–Antoine de Saint–Exupéry (1900–1944) Escritor francés: Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo.

–Alberto Pincherle, conocido como Alberto Moravia (1907–1991) Escritor italiano: La amistad es más difícil y más rara que el amor; por eso, hay que salvarla como sea.

–Pedro Laín Entralgo (1908–2001) Médico y escritor español: Contra la sentencia vana “Mis amigos son los mejores», oponer esta aspiración permanente «Que los mejores sean mis amigos».

–Gustavo Gutiérrez (1928) Filósofo y teólogo peruano: Un amigo es la mano que despeina tristezas.

–José Luís Coll (1931–2007) Humorista y escritor español: Si es un verdadero amigo, no habrá que perdonarle jamás nada.

–Tenzin Giatso (1935) XIV Dalai Lama: La amistad sólo podía tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad.

Valledupar, 19 de abril del año 2011

Los resortes de Tolemaida Resort

Esta columna se comenzó a borronear hace ya casi un mes, cuando la Revista Semana de esos días destapó las irregularidades que estaban ocurriendo en el fuerte de Tolemaida. Sin embargo, como ya estaban compiladas las tres entregas sobre las frases de grandes pensadores acerca de la amistad, y la primera había sido enviada para su publicación, pues había que respetar a los lectores y terminar la tarea.

Entonces, ahí van las siguientes reflexiones sobre el tema que sirve de mote a la presente columna. La primera apunta hacia la aberrante situación de complacencia –por llamarla de alguna manera– de las directivas para con los reclusos de la cárcel militar, sita en Tolemaida, quienes al momento de publicar Semana la denuncia, se encontraban gozando de unas exageradas prebendas, totalmente incongruentes con la naturaleza de una prisión, pues los reclusos ni siquiera estaban en celdas, sino en lujosas cabañas. Algunos de ellos aún activos en el servicio (69%), recibiendo sueldos –provenientes de nuestros impuestos– y cotizando para pensión y sin faltar los que han sido ascendidos en el grado militar. Ya todo el país sabe de las fiestas, las comilonas, los permisos a diestra y siniestra, el desbordado lujo de las celdas, el desenfreno en el que viven los prisioneros de tan exótico presidio.

Los oficiales y suboficiales recluidos allí –muchos de ellos ya condenados (97%), y por delitos de lesa humanidad, el 68%– salían cuando les daba la gana, viajaban a Cartagena, San Andrés Islas, el Eje Cafetero o a cualquier otro sitio que se les antojara, como si no se tratara de delincuentes culpables de asesinatos, masacres, torturas, secuestros, desplazamientos, atropellos, acceso carnal abusivo contra menores,  concierto para delinquir y un sinnúmero de crímenes inmersos en todo tipo de violaciones a los derechos humanos que dan, no sólo para una severa reclusión, sino también para un estricto régimen disciplinario, sin permisos ni concesiones de alguna índole, sobre todo al tratarse de una cárcel militar en donde se supone que rijan las normas castrenses, las más propicias para la severidad.

No obstante estas consideraciones y otras más de orden jurídico, una vez la Revista Semana destapó la corrupción imperante en el mencionado penal (corrupción prohijada, según parece,  por sus directivas), muchos medios de comunicación se hicieron los de la vista gorda; más aún, a algunos ni siquiera les mereció un titular. Definitivamente, callaron con silencio cómplice, rayano en la alcahuetería. Esta es la segunda reflexión que suscita este tema.

De ahí que no deba extrañar que hubiera quienes, haciendo eco de la actitud de connivencia de ciertos medios de comunicación, consideraran que los militares presos merecen un trato especial y, por consiguiente, se les puede permitir la trasgresión de ciertas normas que son de obligatorio cumplimiento para los demás delincuentes encarcelados. En otras palabras, que estos militares recluidos en Tolemaida, son criminales con fuero y, por tanto, las normas insoslayables para los delincuentes comunes y corrientes (los de ruana), no son válidas para estos privilegiados.

No se trata, por supuesto, de rasgarse las vestiduras, pero tampoco de cerrar los ojos ante tamaño absurdo; porque, en realidad, es totalmente aberrante que si a cualquier perico de los palotes que roba o comete otro delito, se le encarcela con toda clase de criminales, para que viva hacinado, pésimamente alimentado y expuesto a todo tipo de vejaciones y a abusos de diversa índole, a un malhechor que cometió o coadyuvó para que otros facinerosos cometieran delitos de lesa humanidad –por el solo hecho de haber delinquido mientras portaba un uniforme– sea eximido de una reclusión severa, igual a la del común de los presidiarios y se le trate como si fuera un héroe y se le aloje en un penal que más parece un hotel de cinco estrellas que un reclusorio para criminales. Como si sus víctimas, en vez de ser civiles inocentes, hubiesen sido enemigos del Estado o criminales de la peor laya. Y aunque así lo hubieran sido. He aquí la tercera reflexión al respecto.

Ahora bien, escarbando entre toda esta telaraña de corrupción e impunidad, se encuentra que, según declaraciones de otros reclusos de la mencionada “cárcel”, estos privilegios se estaban dando porque de lo contrario, los beneficiados habrían podido “cantar” y, así, contar todo lo que se esconde detrás del andamiaje castrense, en lo referente a violaciones de los derechos humanos. He ahí los que parecen ser los resortes que “presuntamente” movieron (o mueven aún) los entramados del Tolemaida Resort.

Valledupar, 26 de abril del año 2011

La costumbre hace ley

Esta frase proverbial es concerniente a la fuerza que tienen el uso y el estilo en el devenir de un individuo, una comunidad, una sociedad o un país; ya que las costumbres se consideran  como el conjunto de inclinaciones y prácticas que forman el carácter distintivo de una nación o de una persona.

Y así como hay buenas costumbres, también existen los malos hábitos; por eso,  el ser humano (único en la naturaleza con capacidad de raciocinio y de discernimiento) que posee el libre albedrío que le lleva a elegir entre las buenas costumbres y los malos hábitos, logra de esta manera hacer de su vida el sendero que lo conduzca hacia el destino final -la realización personal y la felicidad empedrándolo de buenas acciones o cubriéndolo con los abrojos del delito y del crimen.

Ahora bien, ¿por qué el título de la columna de hoy? Porque el individuo, al elegir el camino de su vida personal, se habitúa a las costumbres utilizadas preferentemente y, para transitar el sendero elegido, sólo le bastan los primeros pasos. Pues, como dijera Immanuel Kant en su obra “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”: «Actúa siempre de modo que tu conducta pueda ser considerada una regla universal.» o, muchos siglos antes afirmara Aristóteles, en su estudio sobre la filosofía natural “De la generación y la corrupción”: « Esas  malas conductas nos empeoran a nosotros mismos como personas.». Estas sentencias, pues, dejan un claro mensaje sobre la aseveración enunciada al comienzo del presente párrafo: Si no quieres transitar el camino equivocado, no des errado tu primer paso, porque los siguientes se te harán más fáciles de recorrer.

Entonces, siendo el ser humano -además de otras cosas- gregario por naturaleza, las costumbres se contagian y, así, una mala amistad puede conducir al débil por caminos tortuosos; como, de igual manera, un buen amigo aconsejará la práctica de los buenos hábitos. Pero, además de que el mal sendero va cuesta abajo, en tanto que el buen camino es una cuesta empinada y por eso difícil, las malas prácticas conducen hacia el deterioro y la descomposición de las buenas intenciones y de los altos intereses de la vida de toda persona  que aspira a ser proba u honesta.

Y ¿por qué se dan ese deterioro y esa descomposición? Porque el apego a los valores axiomáticos se pierde, porque la cultura ciudadana se desvanece, porque falta la educación;  tomada ésta no como el acervo de conocimientos, sino como el cúmulo de las usanzas decorosas.

Y el mal camino rueda como una bola de nieve cuesta abajo, sin que nadie pueda detenerla, entonces el código de convivencia, el apego a la ley, a las normas y a las reglas se abandona, cuando ya deja de ser al canon de las buenas costumbres y se convierte en un proceso delictivo; cuya gravedad radica en la indiferencia de la mayoría que termina por acostumbrarse al imperio de los malos hábitos.

Y, así, la grey, enaltece al que más poder alcanza, al que amasa la mayor fortuna; no importa cómo lo haya logrado. (La historia enseña que, casi siempre, de malas maneras.)

Entonces, los que están abajo en la escala social, al ver que los que ocupan los peldaños más altos lo han logrado gracias a la depredación, se sienten compelidos a imitar los malos hábitos,  por aquello que se dijo antes, el ser humano es gregario y ¿para dónde va Vicente? Pues, para donde va la gente.

El psicólogo Philip George Zimbardo, profesor de la Universidad de Stanford en Palo Alto California, hizo hace cerca de 40 años un experimento: puso dos carros idénticos, en perfecto estado estético, uno en un barrio residencial de clase adinerada en Palo Alto y el otro en el deprimido Bronx de Nueva York. Al cabo de una semana, el del Bronx había sido desvalijado, en tanto que el de Palo Alto permanecía incólume. Entonces, el profesor Zimbardo decidió una noche romper una de las ventanillas a este último. A la semana, el carro sito (o situado) en la zona adinerada de Palo Alto, también fue desvalijado. Conclusión: la barbarie no es un monopolio de la pobreza. Es potestativa del ser humano cuando permite que sus buenas costumbres se relajen y sean remplazadas por los malos hábitos; los cuales se contagian como la peste.

Compara, amable lector, la situación de Colombia, con este cuadro de analogías.

Valledupar, 3 de mayo del año 2011

La impunidad cómplice de la desvergüenza

Estos 200 años de vida pseudoindependiente, no han servido para que Colombia adquiera conciencia moral y ética; pues quienes tienen la sartén por el mango, se parapetan en su pujanza para hacer valer su particular enfoque de la realidad, sin importar si lo que aseguran es verdad o es mentira; ya que esta última condición de lo aseverado, ha perdido para los poderosos toda trascendencia, puesto que ellos viven convencidos de que su afirmación equivale a la verdad absoluta y, lo peor, saben que la gente les cree.

Ahora bien, uno no puede permanecer callado ante tanta ignominia, ante este derrumbamiento del país; pues, no obstante el actual gobierno no haya hecho más que apagar incendios, son tantos los huecos por rellenar, tantos los males a subsanar, tantos los entuertos por deshacer, que no ha quedado tiempo suficiente para planificar. Y es poco en lo que se ha podido avanzar; porque los culpables de tanto descalabro, utilizan el boicot como arma de distracción para desviar las miradas sobre su oscuro pasado. Tomemos unos casos, a guisa de ejemplo.

Las catástrofes naturales acaecidas en los últimos 7 u 8 meses, cuando aguaceros torrenciales –en algunas partes, casi diluvianos– provocaron desbordamientos de ríos, inundaciones y deslizamientos de tierra que llevaron al cierre de carreteras, a la destrucción de viviendas y de cosechas, a la muerte de animales y a la pérdida irreparable de vidas humanas; casi siempre  afectando a inocentes, casi siempre a los más pobres, casi siempre a los menos protegidos.

En los 3 ó 4 meses de las postrimerías del año pasado, medio país sufrió por estas calamidades; en lo que va corrido del actual, once departamentos (el 33% del país) ya han reportado desastres ocasionados por el mismo motivo, el desfogue de la naturaleza.

–Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el enunciado inicial?, preguntarán el ingenuo y el necio.

–Pues claro que tiene que ver; porque los ríos se desbordan por el exceso de las lluvias y arrasan con todo lo que encuentran en su recorrido, ya para entonces, arrollador.

–Pero eso lo sabe hasta Perogrullo, dirán los obcecados contradictores.

–Por supuesto que sí; pero, ¿por qué ha aumentado, de manera tan desmesurada, el caudal de las lluvias? Porque el medio ambiente se ha deteriorado por la invasión de las áreas naturales, puestas allí para la protección y la prevención ecológicas. El mal uso de tierras, causado por la desecación de humedales, el desvío de los cauces fluviales y tantas otras barbaridades ambientales cometidas en los últimos años (con el único fin de acrecentar las áreas dedicadas de manera desaforada a la agroindustria, a la ganadería y a la minería), no han hecho más que desequilibrar la naturaleza en el suelo colombiano. Y de ahí, tanta catástrofe y no, como pretenden hacernos creer quienes manejan los intereses creados: que todo se debe a fenómenos cíclicos y espontáneos, a los cuales debemos habituarnos.

Antes de que hable el suspicaz o el estulto, vale la pena aclarar que estos tres ejemplos del uso de la tierra, tomados de manera prudente, no sólo son loables, sino además se convierten en motor del desarrollo empresarial y, por consiguiente, en fuente de empleo. Pero cuando se abusa de ellos, la naturaleza tarde o temprano recupera lo que le arrebataron por las malas.

Otro ejemplo: la ley de víctimas y de tierras hace curso en el Congreso. Pues bien, justamente aquellos que desplazaron de sus parcelas a los campesinos para robárselas o permitieron que otros lo hicieran dentro de la mayor impunidad, ahora están tratando –a través de falacias, paralogismos, y hasta con la incitación a la violencia– de entorpecer la aprobación y la posterior puesta en marcha de dicha ley y, así, impedir que se haga justicia y se les restituya a las víctimas, al menos, las tierras que les arrebataron de manera criminal y descarada; porque devolverle la vida a los que cayeron por oponerse al despojo, ya es imposible.

Por falta de espacio, no se alcanzan a mencionar los mil y un escándalos (descubiertos hace poco, pero sobre los cuales se sospechaba de vieja data), sobre las tropelías que se cometieron en los últimos años, y cuya aclaración está por verse; pues hasta ahora, sigue sucediendo lo de siempre: indagaciones a mandos medios y cortafuegos, con el fin de impedir que las investigaciones lleguen hasta los verdaderos culpables y, de manera invariable, lo más triste y hasta aberrante: los causantes –intelectuales y materiales– de tanta depredación, en su mayoría se arroparán con el manto de la impunidad y, si acaso a algunos los alcanza el brazo de la ley, habrán estado en los niveles medio o bajo de la cadena criminal; pues, los de alto coturno, están protegidos, en el menor de los casos, por el síndrome del siervo o por el acerbo temor a la venganza o ¡triste oprobio patrio!, por la vestimenta de la alcahuetería y la desvergüenza.

Valledupar, 10 de mayo del año 2011

La amargura del remordimiento

Tomado de los pergaminos que el habitual lector conoce y en donde se muestra hasta dónde puede llegar el amor abnegado de una madre.

La pobre mujer -bueno, en realidad sólo tenía 19 años- deambulaba sin saber qué hacer; su marido con quien hubiera convivido durante apenas unos 12 meses, la había abandonado por irse con otra. El casero, al verla sola y sin ingresos fijos, no demoró ni 8 días en desalojarla de la habitación en la que había vivido las últimas semanas. Pero lo grave no era solamente el hecho de que su marido la hubiera dejado y de que se encontrara sin tener dónde pernoctar, lo crítico era su embarazo de 6 meses. La noche había caído y el torrencial aguacero no cejaba ni daba trazas de hacerlo. En un momento de desesperación alcanzó a pensar en suspender el embarazo. Sin embargo, lo consideró mejor y decidió seguir adelante con la vida. Esa noche durmió en un zaguán, arropándose con los pocos trapos que el casero le había dejado sacar.

Cuando aclaró el alba, agradeció a Dios el nuevo día que prometía ser seco y con temperatura  agradable, pues el sol ya estaba asomando en el horizonte. Pidiendo aquí y allá, logró pasar  unos días; le tocaba vivir de la caridad, pues por su avanzado estado de gravidez nadie le daba trabajo y, como ella -dados su origen de pobreza y la prematura muerte de sus padres- no había estudiado mayor cosa, su preparación era casi nula; por tanto sólo podía desempeñar trabajos caseros, pero estos eran muy fuertes para su actual estado. No obstante, haciendo de tripas corazón, logró trabajar un par de meses, hasta cuando su avanzada preñez se lo permitió.

Su momentánea patrona la internó en el hospital público de la pequeña ciudad. Dos días después del parto, la dieron de alta y llegó con su hija recién nacida, pero la patrona ya se lo había advertido: cuando naciera la criatura, tendría que irse, ya que ella no podría tenerla así, recién parida y con un niño llorando, molestando y demandando cuidados que la distraerían de sus oficios.

Así que la pobre mujer volvió a tomar el camino de la calle; vivió de la caridad un año más, hasta cuando alguien le sugirió que si se bañaba y se arreglaba un poco, podría conseguirle un empleo. Entusiasmada aceptó y se fue feliz a trabajar. Sin embargo, la decepción fue grande cuando comprendió que el lugar de trabajo era una casa de lenocinio. Empero, a los pocos días tuvo que volver a mendigar el trabajo, pues el hambre y el raquitismo de su pequeña hija no daban espera.

El tiempo pasó y ella se acostumbró a su ignominioso trabajo, el cual realizaba con el más absoluto secreto. La hija crecía y un mal día ésta, una adolescente muy agraciada que, merced  a los desvelos y sacrificios de su madre, ya estaba estudiando en la universidad, supo por un amigo, en qué consistía el trabajo de su progenitora. Entonces pudieron más la vergüenza y el miedo al qué dirán, que el amor filial y el agradecimiento y, esa noche vituperó a su madre y llegó hasta decirle que era una afrenta para ella saber que su madre era una vulgar prostituta y que, por tanto, lo mejor sería irse, para no seguir sufriendo esa vergüenza.

La pobre madre, le lloró, le rogó, se humilló, tratando de explicarle a su hija por qué había tenido que tomar ese camino; pero la hija, inflexible, se negó a escuchar razones, tomó sus bártulos y se fue para la casa de su novio, con quien ya había hablado al respecto.

Al cabo de un tiempo, la hija sufrió en carne propia el sabor amargo del abandono y la traición. Regresó a la casa materna, dispuesta a pedir perdón a su madre. Sin embargo, ya era tarde; la pobre mujer, llena de angustia, de dolor y de humillación, y dadas sus precarias condiciones de salud -habida cuenta la vida azarosa que había llevado durante casi 20 años- sucumbió a una enfermedad que la mató en pocos meses.

Unas vecinas recibieron a la ingrata joven, al principio con un poco de desprecio; pero luego, con cariño, le  dijeron que su madre en el lecho de muerte la había perdonado y que, por eso, ellas la estaban esperando. Además le contaron que, desde hacía mucho tiempo conocían cuál era el trabajo de su madre, pero que no eran las llamadas a juzgarla y, más aún, sabían que el sacrificio y la abnegación de la madre le habían permitido darle a ella estudios y una vida decorosa. La joven, aunque tarde, lloró amargamente su pecado de orgullo y de soberbia y les agradeció a sus vecinas el haber tenido ese corazón tan noble y tierno que las había hecho aceptar quién era su madre, sin importar el abismo en que hubiera tenido que vivir tantos años.

Moraleja: Si tu madre aún vive, ámala y venérala como un ángel; si te hiere perdónala, pero jamás la señales, jamás la ofendas, jamás la desprecies, ni te avergüences de ella, porque el remordimiento te hará sufrir y te hará verter el llanto más amargo.

Valledupar, 17 de mayo del año 2011

Colombia, un país malogrado

Cuarta carta que el estadounidense de marras le mandó a su amigo colombiano, en la cual le señala como la corrupción se enseñoreó de esta sufrida nación y cómo, los de siempre, han pescado en río revuelto.

«Mi querido amigo:

Ha sido tanta la corrupción desatada en los últimos años de la historia de tu país y ha sido tan grande la impunidad con la cual se han arropado los corruptos, que se necesitaría otro Diógenes para que, con su linterna prodigiosa, encontrara gobernantes totalmente honestos; pues la corrupción ha venido reinando con desatada fuerza, campante, airosa y soberbia.

Los dos últimos cuatrienios –la llamada era Uribe– dio paso a un sinnúmero de delitos y de atropellos, por parte de personajes indecentes, holgazanes, pícaros, desleales, falsos, hipócritas, torcidos y tenebrosos que amparados en la sombra del poder se tomaron el país.

No obstante, la mayoría de la gente nada decía; al contrario, la popularidad del pésimo presidente aumentaba y llegó a afirmarse, sin que siquiera asomara el sonrojo al rostro del defensor de turno, que este individuo “era el mejor presidente que había tenido Colombia.” Sin embargo, la realidad fue otra; pues no es ninguna irreflexión, ni mucho menos una injuria, decir que jamás, como en la época de Uribe (entre el 2002 y el 2010), se había visto en tu país un desboque semejante de corrupción y bandidaje en la clase política, en funcionarios del ejecutivo -en todos los niveles-, en el legislativo, en el mundo empresarial y hasta, en algunos casos, en potentados del sector privado.

Es cierto que la corrupción siempre ha sido silvestre en esas tierras desde cuando llegaran los españoles; pero nunca de una manera tan veloz, y con tanto cinismo e indecencia, en tan exagerada medida y en tan variados niveles. Por eso, desde un comienzo empezaron a notarse los hedores desatados durante ese insólito y corrupto gobierno: los funcionarios indelicados y mendaces, las pirámides, las chuzadas ejecutadas por el DAS (el órgano de Inteligencia de Uribe), las desmovilizaciones mentirosas, las recompensas y sus consecuentes falsos positivos, la mal llamada protección social y su siniestro cartel de la salud, la desvergüenza de Agro Ingreso Seguro y Carimagua y los carruseles de la contratación, la desfachatez de los hijos del ejecutivo, entre otras tantas modalidades, que muchos periodistas reconocidos en órganos de difusión nacional pusieron de presente, pero que los interesados taparon y los ingenuos creyeron; porque les hacían pensar que todo era miel sobre hojuelas y que la presidencia la ocupaba el mesías, el elegido, el salvador. Ni más ni menos como ocurrió en Perú con Fujimori. Ojalá, en Colombia, lleguen a un similar desenlace.

Y como el decoro y la probidad escasean en los gobernantes, se han impuesto normas para que toda transacción se valide con la huella digital de quien firma y haya necesidad de registrar todo en Notaría. Si todos se miran con desconfianza, si la palabra empeñada ya carece de valor, si las firmas se falsifican, si los documentos se adulteran, si el codicioso le roba al indefenso; en fin, si el vicio de la corrupción se ha convertido en una enfermedad contagiosa que azota a la gran mayoría de tus compatriotas, ¿Qué más puede esperarse?

Pobre país: tan rico en naturaleza, pero tan pobre en buenas costumbres. Tan generoso en su gente para ayudar al desvalido, pero tan mezquino en sus gobernantes cuando se trata de irrigar el presupuesto entre los pobres.

Si no ponen atención y eligen a los pocos honestos, se van a extinguir los gobernantes justos, decentes, honrados, leales, sinceros, rectos y transparentes.

Perdóname nuevamente la crudeza; pero, me duele tanto tu país, que no puedo callar.

Cordialmente, tu aprensivo amigo gringo. »

Valledupar, 24 de mayo del año 2011

¿Por qué escribo?

1ra. parte

Como quiera que el próximo martes se cumplen 10 años de estar publicando “Desde la Barrera”, quise hacer una reflexión sobre el acto volitivo de escribir y de ahí surgió el mote de la columna de hoy.

Esta afición nació a mediados del siglo pasado cuando, siendo estudiante en el Colegio de San Bartolomé en Bogotá, ocurrió la invasión de los tanques soviéticos a Hungría, tras la revuelta estudiantil de Budapest que, sofocada a la fuerza, llevó a Imre Nagy a escribir su trascendental ensayo “¿A quién corresponde hablar?”, en el cual incitaba al pueblo húngaro a sacudirse del coloniaje soviético.

Pues bien, nuestro profesor de Preceptiva Literaria nos dio a conocer el mencionado ensayo y, a continuación, nos incitó a escribir algo parecido con respecto a la situación que Colombia padecía, en razón de la dictadura militar que ya había cobrado la vida de cerca de 20 estudiantes, cuyo único delito fue el de protestar contra la férula castrense. Mi remedo de ensayo obtuvo la más alta calificación y, a partir de ahí, cada vez que había algún acto solemne en el Colegio, me tocaba devanarme el cerebro en busca de las palabras adecuadas al evento por celebrar. Con la llegada del verdadero amor, se combinaron la prosa y la poesía. Mentiría si dijera que ese mérito estudiantil no me envaneció. Sin embargo, al salir de la adolescencia y llegar a la edad adulta y -más todavía a la vejez- la presunción fue cediendo el paso a la modestia y, por consiguiente, el estilo mejoró (al menos, eso es lo que yo creo).

Ahora bien, únicamente a las mentes privilegiadas se les facilita el arte de escribir de manera magnífica; a esas personas elegidas, sólo les basta encontrar un tema para que, a partir de ese momento, las ideas y las situaciones pasen raudamente del cerebro al papel. La mano vuela y, en tal caso van pergeñando, página tras página el bosquejo de un cuento, la trama de una novela, las fantasías de una leyenda, el más sublime poema, el más espléndido ensayo. Empero, para el resto de los mortales que, osadamente, pretendemos dejar por escrito nuestras ideas, el asunto se torna asaz difícil. Porque ni siquiera la posesión de un buen tema es causa suficiente para hacernos volar la imaginación. Entonces, la conclusión es bastante obvia: para los primeros -los de mente abierta y privilegiada- pareciera que el numen de la imaginación estuviera siempre a su disposición, presto para iluminarlos con su inventiva y su discernimiento. Para los demás, las musas aparentan dormir el sueño de los justos; pues hay que llamarlas una y otra vez -en ocasiones de viva voz y con gritos estentóreos- para que de manera cicatera nos aporten su valioso concurso en el devenir de las ideas.

Sin embargo, y sin que la anterior digresión sea resultante de la envidia -en tanto lo es de la admiración- al terminar un escrito el autor siente la satisfacción que experimenta el padre cuando ve retozar a su pequeño hijo en el jardín, mientras transcurre una hermosa tarde primaveral. Para el padre, su hijo es hermoso, es la más linda de todas las criaturas, no obstante a otras personas les parezca feo, deforme o, en la más leve de todas las comparaciones, no muy inteligente. Para su padre, empero, ese niño es el ser más bello del universo, destinado tal vez para grandes cosas.

Pues bien, con los escritos sucede algo similar: el autor -padre de la criatura- piensa que su obra es perfecta, así unos la critiquen, otros se burlen de ella y los de más allá la desdeñen y, sólo unos pocos, generosamente la aprecien. De ahí que, como dice el proverbio español “si quieres sentirte realizado, ten un hijo, siembra un árbol y escribe un libro”, el ser humano, a veces abusando de la magnanimidad del lector, se arriesga a poner en letras de molde sus pensamientos y sus fantasías.

En ocasiones, el hombre escribe por necesidad, para superar el ocio, para derrotar la soledad o, también, porque quiere poner por escrito alguna idea que las musas le han sugerido. Pero asimismo, hay ocasiones en las cuales el ser humano escribe por divertimento, propio o ajeno. Entonces recurre a la imaginación o a sucesos de la vida real, pues está demostrado que ésta supera con creces a aquella y, así, van surgiendo ensayos, poemas, cuentos, leyendas, consejas o novelas. Al fin y al cabo, como dijera Samuel Taylor Coleridge, poeta, crítico y filósofo británico de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX: “…la imaginación no inventa, solamente descubre relaciones entre lo ya existente…”

Valledupar, 31 de mayo del año 2011

¿Por qué escribo?

2da. parte

La semana pasada se comentaba sobre lo que impele al ser humano a escribir -de la mejor manera posible- y se vio que los estímulos varían desde la necesidad hasta el ocio, pasando por la soledad y el deseo de expresar la personal opinión y, cómo es de difícil lograrlo.

Mas sin embargo, si desafortunadamente nadie leyera algo de lo por mí escrito, ¿acaso deberé recriminarme por haberme solazado en volcar al papel mis pensamientos? ¿Será que tengo que considerar perdido el tiempo que he dedicado en rellenar estas cuartillas? Creo que no, pues el placer y la alegría en mí desatados, por haberlo realizado, son suficientes recompensas al esfuerzo empleado en lograrlo. El solo hecho de haber convertido la escritura de mis ideas en una forma de entretenimiento y de solaz, ya es causa de agradecimiento para con el Creador. Porque, muy atinadamente así lo dijo Miguel de Montaignes, a propósito de sus Ensayos -género literario éste de su propia invención-: “¿Cuántas veces me ha distraído este trabajo, evitándome de esta manera caer en pensamientos ociosos?”

Ahora bien, existe un momento en la vida del ser humano, en el cual éste decide dar a conocer sus pensamientos y opiniones sobre algún tema en particular o sobre varios en general.

Es la ocasión cuando desea ampliar el radio de acción de su personal perspectiva, sacándola del reducido número de sus ocasionales o habituales contertulios.

Hay quienes limitan su observación a lo que sucede únicamente en su entorno, vale decir, las vivencias parroquiales; otros ven la región como teatro de su examen y hay quienes van más allá y deciden analizar los sucesos en los ámbitos nacional e internacional.

Y muchos de ellos, sin ser periodistas de carrera ni sociólogos de profesión, consideran que sus conocimientos y su experiencia los capacitan con el respaldo suficiente, como para dar el osado paso de, a través de un medio de comunicación -usualmente un medio impreso- compartir sus ideas y pensamientos, con el público en general o, mejor aún, con todo aquel que quiera leerlo, vale decir, con las personas a quienes les guste su estilo literario.

Porque el estilo es el carácter propio que cada quien da a sus escritos, en virtud de sus personales facultades y formas de expresión. Al respecto, decía Séneca: “El estilo es el rostro del alma.”, mientras que para Azorín, el estilo es “una resultante fisiológica” o, como dijera otro pensador, “El estilo es el hombre”; en tanto, Bécquer, con su inefable rima e impecable verso, definía poéticamente el estilo así: “Yo soy el invisible anillo que sujeta el mundo de la forma, al mundo de la idea.”

Por esto, amable lector, si has seguido el rumbo de este aprendiz de escribidor, habrás podido conocer mi opinión personal, mi particular enfoque de algunas situaciones y de variados sucesos en el orden nacional y otros de resonancia internacional -en el momento actual de su ocurrencia o de su trascendencia en la Historia-; sí que también, el análisis de ciertas conductas, escrito con el ánimo de orientar a alguien en particular que, en un momento dado de su propia vida ha considerado que, en este periodista por afición, pudiera encontrar el consejo atinado o la voz de aliento necesaria para sortear determinada encrucijada.

La columna que el diario “El Pilón” generosamente me brindara -hace hoy exactamente 10 años- la bauticé “Desde la Barrera”, por aquello de que, a cierta edad -la inicié cuando contaba más de sesenta años de vida-, por precaución o por ecuanimidad uno ve los toros desde la trinchera; bien para evitar lances mortales, bien para ser más objetivo en la apreciación de la faena. Al fin y al cabo, uno ve al torero en su labor, lo anima o lo critica, mas no baja a la liza para arrostrar la fiereza del toro, pues no se siente lo bastante arrojado como para lidiarlo. Y al igual que en la analogía taurina, al emitir opiniones sobre hechos que puedan herir susceptibilidades, ocurre otro tanto; amén de que es conocedor de sus múltiples limitaciones, sobre todo las resultantes de la angustiosa búsqueda de fluidez que facilite la construcción de frases y párrafos que le den a un escrito la inefable virtud que lo haga digno de ser leído.

Gracias, amable lector, por haberme permitido compartir contigo estas disquisiciones que cubren algo de lo transcurrido a partir del 7 de junio del año 2001; vale decir, hoy hace diez años.

Valledupar, 7 de junio del año 2011

La coherencia y la dignidad

Si la coherencia es la relación armónica y exacta entre unas cosas con respecto a otras, de forma tal que no haya contradicción entre ellas, al aplicar el concepto a las ideas, a las doctrinas, a las actitudes y al comportamiento individual, la persona coherente obrará tal como lo enuncia. De otro lado, la dignidad es la gravedad y el decoro de las personas al actuar. Por consiguiente, coherencia y dignidad corren parejas en el devenir del ser humano que es probo.

Ahora bien, desde agosto de 1945 (cuando Alfonso López Pumarejo tuvo que renunciar a la presidencia de Colombia, en razón de los desaguisados -por llamarlos de alguna manera- cometidos por su hijo, Alfonso López Michelsen, en los asuntos de la Handel y de la Trilladora Tolima), no se veía en nuestro país una actitud tan digna y tan coherente, como la mostrada por Antanas Mockus al renunciar a seguir en el Partido Verde, por motivos de falta de ética y de incoherencia -amén de indignidad- al persistir Luís Eduardo Garzón y Enrique Peñalosa en aceptar el apoyo de Uribe a la campaña del mencionado partido en pro de alcanzar la Alcaldía de Bogotá en octubre de este año. Ya en esta columna se había comentado meses ha, cómo el mencionado apoyo de Uribe a dicha campaña, no haría otra cosa que desbaratar al Partido Verde. Los hechos han ratificado la sabiduría del adagio “más sabe el diablo por viejo, que por diablo.”

La carta de renuncia de Mockus al Partido que fundó, es un compendio de dignidad política y de honestidad pública (aves raras en Colombia). No puedo resistir la tentación de transcribirla  con toda su probidad mayestática y como un ejemplo a tantos que aún están dando sus primeros pasos en la política y que, tal vez, aún no han sido contaminados con su asquerosa manera de infectar la conciencia de quienes aspiran a manejar el erario. Esta carta está tan llena de coherencia y dignidad, que cualquier comentario adicional sale sobrando:

«Claramente en este momento la mayoría de la Dirección Nacional (19 miembros) y yo tenemos valoraciones distintas de lo que significan Uribe y su gobierno. Evidentemente, de cara al proceso electoral, no hemos podido llegar a un acuerdo.

¿Hemos de ver al Partido Verde cogobernando con la U? ¿Hemos de ver al Partido Verde ayudando a Uribe y a su gobierno absolviéndose y absorbiendo al Partido Verde?

El Partido tiene todo el derecho de no vetar a nadie. Pero el sapo histórico son los procedimientos con los que Uribe gobernó ocho años. Pero Colombia, en estos próximos años, necesita aprender a tener resultados sin violar la Constitución. Estamos en una nueva etapa.

Aunque dependemos mucho de lo que pase en los procesos judiciales, no puedo participar en la absolución política de un presidente y de un gobierno que usó procedimientos inadecuados para lograr resultados.

Busqué durante seis meses la manera de argumentar, de convencer. Intentamos utilizar la comunicación y como todas las decisiones, me hago la esperanza de no equivocarme.

Si en la campaña presidencial actuamos como “artesanos luchando contra una multinacional”, sospecho que aquí lo que quieren Peñalosa y Lucho es una transición. ¿Qué puedo desearles? Que permanezcan en el terreno de la artesanía. Eso también puede aumentar la probabilidad de ganar.

Agradezco a la vida haber tenido esta experiencia con el Partido Verde, en donde, por lo menos, por un año largo logramos neutralizar el “todo vale” y tal vez fui  ingenuo de que lo podríamos seguir haciendo. No es un tema emotivo sino un tema racional. Las alianzas, lo más importante es acotarlas. Si nuestra alianza incluye a Uribe, no podemos sentirnos dentro de esa alianza. Si no podemos convencer aquí en el Partido Verde, no vamos a convencer al partido de la U.

Al Partido de la U -que gobernó con Uribe- la posición de Antanas le importa mucho menos que al Partido Verde. Hemos hecho lo que estaba a nuestro alcance. […]

Algunos de ustedes me han dicho que apoyaron mucho y es cierto. Otro Partido Verde igual no habrá. Yo por ahora me retiro de la construcción, y lo hago porque el hito es una alianza que absuelve políticamente los métodos con los que gobernó Álvaro Uribe. El mejor resumen es que puse a Enrique a escoger y escogió a Uribe y al uribismo. Lo siento porque de Bogotá no es el mejor aliado, no han sido los mejores aliados en los últimos cuatro años.» […]

Valledupar, 14 de junio del año 2011

¡Qué desfachatez, qué insolencia!

Qué desfachatez, qué insolencia la de Uribe al declararse víctima del conflicto armado que sufre Colombia; conflicto que él mismo ha desconocido a troche y moche y que trató de  esconder con expresiones cargadas de odio y de insania. En este caso, el cinismo de Uribe es doble; porque, de un lado él, que ha sido victimario, pretende ahora convertirse en víctima. Y, de otro lado él, que siempre ha querido negar la existencia del conflicto armado, ahora lo utilice para lanzar semejante desatino -por decir lo menos- con tal de minimizar su injerencia en los desastres que el país ha sufrido, desde cuando él era Director de Aerocivil.

Pero su mayor falta para con el país ocurrió cuando, al dejar el poder, entrega a Colombia en el último puesto en la escala de la igualdad social en el continente. Ni siquiera Haití, con toda su corrupción administrativa -la cual se creía imposible de superar- tiene en estos momentos tal grado de inequidad social como la que, para desgracia nuestra, posee Colombia. Y todo, gracias al “mejor presidente” que ha tenido esta pobre nación en toda su historia.

Por eso, tanta desfachatez y tanta insolencia, cuando tiene el descaro de presentarse ante la, esa sí Honorable, Corte Suprema de Justicia, dizque para constituirse en parte civil en el proceso de Piedad Córdoba, como víctima del conflicto armado; ese mismo que negó durante los ocho deplorables años en que estuvo en la Casa de Nariño (la que los asiduos visitantes que el país conoce, la llamaban “Casa de Nari”.)

Claro que esta desfachatez y esa insolencia no debieran sorprender a nadie, pues ese señor,  de manera continua, ha sido un experto en sofismas de distracción; si él siempre ha sido el mentiroso mayor.

A propósito de este último calificativo que lo describe tan a cabalidad, les cuento que desde hace varios años me puse en la tarea de recopilar todo el cúmulo de mentiras, decisiones torcidas y demás desafueros cometidos por este individuo o prohijados por él, durante esos ocho funestos y largos años en que, para desgracia de Colombia, él fue presidente.

Pues bien, con el pasar del tiempo, el dossier fue creciendo a pasos agigantados, pues las actuaciones torcidas, los desafueros y las mentiras eran de ocurrencia frecuente; en ocasiones, sucesos casi cotidianos.

Entonces llegó el momento en el que había que darle una organización dinámica al legajo, para  hacer asequible la información. Empecé por separarlo en períodos anuales; pero aun así cada archivo resultaba voluminoso y, por consiguiente, de difícil acceso.

Por eso, tocó hacer expedientes de ciclos más pequeños; por ejemplo, mensuales. Sólo de esta manera, se logró mejorar la accesibilidad y la actualización perenne al dossier completo, ya que los hechos nuevos o antiguos, recientemente descubiertos -aunque sospechados desde antaño- crecían desmesuradamente. Merced a esa organización mensual, se consiguió hacer más expeditas las consultas y las actualizaciones.

Por último, había que bautizar el dossier, pues hasta entonces, aparecía en el disco duro, con el obvio nombre de “Uribe.doc”.

Como quiera que el contenido preponderante del legajo estuviera constituido por  las mentiras, las acciones torcidas y demás desafueros cometidos por este individuo, amigo del “todo vale”, se llegó fácilmente a la conclusión de que el nombre más apropiado para el dossier, debía ser el de “Algo más sobre el mentiroso mayor.doc”.

Sin embargo, a raíz de todos los delitos descubiertos en los últimos diez meses -aunque sospechados desde siempre- y cometidos en esos aciagos ocho años -sin necesidad de mirar siquiera los cometidos en los quince años anteriores- aconseja que el mejor título para este legajo, debería ser el de “La cueva de Alí Babá y sus ene mil ladrones.doc”.

Valledupar, 21 de junio del año 2011

Dios los cría, y ellos se juntan

El refrán que sirve de mote a la columna de hoy, tiene parecido con otro, muy de nuestro litoral caribe: “Los burros viejos, se buscan para rascarse.” Y ambos, por consiguiente, tienen la misma moraleja: las personas cuyos malos hábitos son similares, se buscan entre sí y se apoyan mutuamente.

Pues bien, al señor Uribe lo demandaron por el asunto de los seguimientos ilegales que desde el DAS se ordenaron a magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a dirigentes políticos de la oposición, a defensores de derechos humanos y a periodistas. La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, debe investigar, juzgar y dictar sentencia al respecto. Desde el momento de haber sido radicada la demanda hasta la fecha, de los tres representantes encargados de asumir la investigación preliminar sobre el caso en cuestión, sólo dos han permanecido: Heriberto Escobar del PIN y José Rodolfo Escobar de Apertura Liberal.

El tercero ha sido cambiado en tres ocasiones, pues debieron renunciar al proceso, luego de que uno de ellos (Augusto Posada del partido de La U), fuera recusado por los demandantes, en razón de su cercanía política con el demandado. Los otros dos debieron dejar de lado la investigación porque al ser nombrados, los defensores de Uribe encontraron que, en algún momento de su actividad de congresistas, se mostraron decididos a ser inflexibles en la investigación que les había sido encomendada. Más aún, el representante Alfredo Bocanegra dijo que él no sería para Uribe, lo que Heyne Mogollón fue para Samper. Eso hirió la susceptibilidad del demandado y, de contera, la de sus apoderados. Y, la semana pasada, un tercer investigador, Camilo Andrés Abril, representante por el departamento de Casanare por el partido Cambio Radical, renunció a la investigación luego de denunciar amenazas en su contra.

Ahora la mencionada Comisión de Acusaciones -llamada justamente Comisión de “Absoluciones”, debido a sus inanes actuaciones en circunstancias similares- ha nombrado al representante Yahir Acuña, quien ocupa la curul de las negritudes, para que asuma la investigación. Parece que así quedará conformado el triunvirato de investigadores.

Pero, entonces, salta la liebre de la desconfianza -esta vez, por cuenta del país nacional- pues este señor Acuña, ex miembro del PIN, ha sido señalado de tener estrechos vínculos con paramilitares. Este individuo, ingeniero Civil de la Universidad de Sucre, fue la sorpresa en las pasadas elecciones legislativas. Con apenas 30 años y una débil trayectoria política logró ser elegido como representante por el departamento de Sucre con cuarenta mil -inexplicables- votos, lo que le permitió hacerse a una de las dos curules reservadas para las negritudes,para las cuales, su labor es casi nula; además se inscribió a última hora por Afrovides (Asociación de Afrocolombianos para la Vivienda, Deporte, Educación y Salud), dejando de lado su candidatura por el PIN, cuando notó que debía lavar su pasado.

Durante los cinco años de carrera pública, Acuña ha pasado por el Concejo de Sincelejo y por la Asamblea Departamental de Sucre, siendo repetidamente relacionado con personajes de la cuestionada clase dirigente regional, por cuenta de la Parapolítica. En febrero del año pasado, se le vinculó con Enilce López, alias La Gata; de cuyo hijo, Héctor Julio Alfonso López, Acuña fue fórmula para la Cámara, antes de su salida del PIN y su oportunista ingreso a las negritudes. Acuña, también es mencionado en un informe oficial al lado de dirigentes sucreños (vinculados al mismo escándalo) como Muriel Benito Revollo, Salvador Arana, Jorge Luís Feris, Nelson Stanp y Álvaro García Romero, entre otros. Todos ellos, conocidos de autos.

Si estos informes son ciertos -y no hay razón válida para dudar de su veracidad- el historial de Acuña, sumado a la exclusión de parlamentarios de partidos de oposición, lleva a pensar que el objetivo de este proceso contra Uribe, no es lograr justicia; sino, por el contrario, impedirla.

Valledupar, 28 de junio del año 2011

La felicidad

Teniendo en cuenta que el ser humano lucha por alcanzar la felicidad, único estado de ánimo positivo –pues otros que habitualmente experimenta, tales como la tristeza, la intriga, la mala suerte o la indiferencia, son negativos– en su búsqueda en ocasiones cree que para lograrla basta con que todo sea miel sobre hojuelas y, por tanto, no está consiente o preparado para aceptar los tropiezos que trae la vida y, cuando llegan los momentos de desolación o de fracaso, sufre más de lo debido. Por eso, si consideras que la felicidad te es esquiva, revisa estos aspectos de la vida cotidiana; allí podría estar la solución para alcanzar la dicha, así sea de manera fugaz.

Ser feliz es una elección que se puede hacer en cualquier momento y en cualquier lugar. Los pensamientos –y no las circunstancias– son los que hacen que una persona se sienta dichosa o desgraciada. ¿Cómo olvidar que lo único que cada quien puede controlar, son sus propios pensamientos? Si el individuo es capaz de cambiarse a sí mismo, podrá cambiar su entorno.

La felicidad no está en los años, los meses, las semanas y ni siquiera en los días. Sólo se la puede encontrar en cada momento. Al fin y al cabo, hoy es el mañana del ayer. Además la vida siempre tiende a sorprendernos; así que se debe aprender a vivir el presente sin ningún trauma del pasado y sin las expectativas angustiosas del futuro. Por eso, hay que recordar que la felicidad no es una meta, es solamente un trayecto. Así que disfruta de cada momento como si en él se combinaran tu pasado, tu presente  y tu futuro.

Hay que aprender a amarse a si mismo tal como se es. Creer en uno mismo da resultados positivos. Sólo al quererse así, se puede abrir el corazón a los demás. Cuanto más te conozcas, en mayor medida podrás dar amor a quienes te rodean.

¿Sabes cual es la diferencia entre un sueño y una meta? Una meta es un sueño con una fecha concreta para convertirse en realidad. Así que atrévete a soñar, pero decídete también a esforzarte por lograr que esos sueños se hagan realidad. Y cuando te pongas una meta difícil o creas que tienes un sueño  imposible, recuerda que el éxito es sólo la recompensa, pues lo que vale es el esfuerzo.

La sonrisa es muy importante para mejorar la autoestima. Cuando sonreímos, aunque no sintamos nada, nuestro cerebro lo entiende como una señal de que todo va bien y manda mensajes para que se liberen sustancias, que dan a la mente respuestas positivas. Dicen que una sonrisa ilumina más que cualquier luz. Además, con cada sonrisa que le das a alguien –o a ti mismo– siembras una semilla de esperanza.

La sinergia humana te hace unir fuerzas y caminar junto a otros para conseguir cosas. Debes tratar de entender a las personas que te rodean, querer a tus familiares y a tus amigos como son; sin intentar cambiarlos, porque cuando te sientas mal, sin importar como seas, quienes bien te quieren, estarán allí para apoyarte y brindarte todo su amor. Así que cultiva tus amistades y el cariño de tus familiares, como si fuera el don más preciado.

Mientras mantengas odios y resentimientos en tu corazón, te será imposible ser feliz. Lo maravilloso del perdón, no es que libere a otro de su eventual culpa, sino que te libera a ti de un sufrimiento para el alma. La vida es muy bella como para llenarla de sentimientos negativos.

Uno de los verdaderos secretos para ser feliz es aprender a dar sin esperar nada a cambio. Las leyes del amor y la justicia te devolverán con creces lo que des. Si das odio, tarde o temprano recibirás odio; pero si quieres recibir amor, tendrás que dar amor.

La fe crea confianza, da paz mental y libera al alma de dudas, preocupaciones, ansiedades y miedos. Ten fe, esperanza y optimismo en ti mismo y en todos los proyectos que quieras emprender. Pero no te asustes cuando dudes, simplemente desea las cosas de todo corazón y lleno de fe, porque “Querer es poder”.

Dicen que el hombre llega  a ser sabio cuando aprende a reírse de sí mismo. Así que ríe, ríe alegremente –incluso de ti mismo– y el mundo reirá contigo.

Estas son las recomendaciones teóricas; ahora hay que dar inicio a la práctica. En la vida todo es posible para alcanzar metas, y la felicidad no es la excepción. Sólo basta  tener la voluntad de hacerlo. Entonces, adelante a empezar a buscar la felicidad en nosotros mismos.

Valledupar, 5 de julio del año 2011

La corrupción y la soberbia

La soberbia es el comportamiento altivo y arrogante, producto del desprecio, que lleva a alguien a pretender humillar al contrario. Pero la soberbia, además, es la inmodestia, es la altanería, es la arrogancia que, a través de la insolencia, conduce al fatuo o presumido a intentar cambiar la verdad para, así, abatir a su contradictor.

Esa soberbia acompañada de la insolencia, hace que ese individuo arrogante termine por imputar a sus enemigos, los crímenes, los delitos o los errores cometidos por él o por sus parciales y, entonces, pretende arropar a sus contradictores con el mismo manto de culpabilidad que lo cubre a él y a su corte. Pero lo hace también porque teme de alguna manera que, en algún momento, esos crímenes se descubran.

Entonces, el fatuo y soberbio individuo, con tal de dar visos de credibilidad a sus afirmaciones, adopta el ropaje de la humildad y se declara culpable, aunque en materia leve; para, así, invitar al oyente ingenuo o a la audiencia que todavía piensa con el deseo, a creer que su ídolo aún tiene pies de oro y no de barro.

Sin embargo, cuando se analizan fríamente sus palabras, se encuentra que esa pose de aparente humildad, no es otra cosa que la piel de oveja con la cual el lobo quiere confundir a sus ingenuos seguidores.

Toda esta perífrasis, para desvirtuar la actitud hipócrita de Uribe, cuando pretende señalar al gobierno como culpable del descubrimiento de todos los desafueros que se cometieron durante los ocho largos y ominosos años de su mandato.

Ahora bien, ¿por qué ominosos? Porque, aparte de toda la depredación que ocurrió gracias a la

parapolítica –prohijada y alentada (aunque después negada) desde la Casa de Nariño–, la cantidad de tropelías que el país conoce y sobre las cuales ya nadie puede llamarse a engaño, como lo fueron, entre otras cosas, el comprar la conciencia de congresistas para conseguir su reelección; el declarar como zonas francas unos terrenos rurales, sólo para favorecer a sus hijos; el mandar a espiar e interceptar ilegalmente a los magistrados de la Honorable Corte Suprema, a periodistas y a miembros de la oposición; el permitir los falsos positivos; el favorecer con agro ingreso seguro a sus amigos; el cohonestar el desastre de los servicios de salud y las desapariciones forzosas; el promover las trampas a los trabajadores y las persecuciones a los sindicalistas, etc.; todos estos atropellos, repito, fueron el vórtice con que quiso llevarse por delante la dignidad de Colombia, al pretender conducirla por caminos del no retorno pero que, merced a la actitud clara y valiente de la Corte Constitucional, fue posible detenerlo a tiempo. Entonces, si ya es verdad axiomática que los dos gobiernos de Uribe han sido los más corruptos que ha tenido el país en su historia “independiente”, con qué cara –si no es la de la hipocresía, el cinismo y la soberbia– ¿puede este individuo reclamar algo que no tiene la más mínima presentación? ¿Cómo va a tener la desfachatez de culpar al gobierno actual del aliento de corrupción en que dejó sumida a la patria?

Si no se tratara de algo tan serio y respetable como lo es la dignidad del país, sería para mover a risa el hecho de que Uribe sindique a Santos de querer “graduarlo de corrupto”; si, en verdad, él es master en esas lides. Es decir, no necesita ayuda alguna para ser el primero.

La última embestida de Uribe no es casual. Está fríamente calculada para recuperar ante la opinión pública el capital político que tiene perdido en los estrados judiciales.

Hace unos años –cuando el país ardía por cuenta de los desafueros ya comentados– mencioné un concepto propuesto por los estudiosos de la ciencia política, la HERESTETICA: “forma con la cual un gobierno manipula las estructuras sociopolíticas de un Estado, para ganar y alzarse con todas las ramas del poder público.”

Esta palabra está que ni mandada a hacer, para retratar lo que fueron esos ocho siniestros años. Ojalá el electorado bogotano no se deje engañar por los cantos de sirena de este mañoso individuo y después tenga que llorar sobre la leche derramada. Porque, entonces, el llamado “carrusel de la contratación” sería un juego de salón, al lado de la corrupción que este avieso individuo consolidaría en la capital del país.

Valledupar, 12 de julio del año 2011

No hay derecho

Cartagena la Heroica –como la llamara El Libertador– es una ciudad de malas. A pesar de sus encantos, vive malograda; porque no obstante sus casi 480 años de fundada, su millón doscientos mil habitantes, su atractivo turístico y el amor que despierta en todos los colombianos, es una ciudad desbordante de tugurios, llena de desigualdades, porque si se excluyen los sitios de interés para el turista –que no por coincidencia son los lugares para mostrar– y algunos barrios de clase media alta, el resto de la ciudad está invadida por la pobreza y, en gran proporción, por la miseria absoluta.

Esta zona de tugurios representa cerca del 75% del perímetro urbano. Allí, en esos cinturones de miseria, viven en condiciones infrahumanas, cerca de novecientas mil personas, cuyos ingresos no alcanzan a ser siquiera el 20% del total que la ciudad genera en sus diversas actividades; en tanto que el 80% restante del producto interno lo acapara el 25% de la ciudadanía que goza de privilegios, pues no sólo son los dueños de la ciudad, sino que (en proporción alarmante) hacen uso privado del erario municipal.

Es decir que, en buen romance, Cartagena no solamente fue codiciada y saqueada en tiempos de los tan temidos corsarios de la época de la Colonia, sino que en el presente, también hay filibusteros que saquean sus arcas. La ciudad tiene una sociedad señorial y elitista que persiste en mantener el predominio administrativo de la urbe; lo que le permite entrar a saco al presupuesto y al patrimonio público, sin ninguna conmiseración para la mayoría pobre que padece hambre y penurias.

Y como si la situación descrita no fuera suficiente, se conoció a finales de la semana pasada, otro escándalo que sólo puede mover a aborrecimiento para los culpables del crimen.

A raíz de los desastres naturales ocurridos en los últimos nueve meses, que postró más aún (como si ello fuera posible) a miles de personas –siempre dentro de las capas más pobres de la sociedad– y cuando la élite nacional, congraciada con la local, siguió con el sainete del Reinado Nacional de Belleza, que les depara siempre enorme festín y cocteles lujosos que les permiten exhibir el trofeo de la corrupción sin fin, viene a sumarse otro acto criminal para con ese pobre y sufrido pueblo: la semana pasada, repito, se detectaron más de mil toneladas de alimentos en completo estado de descomposición. Ni más ni menos, como lo está la clase dirigente de esa ciudad; ciudad que, innegablemente, merece mejor suerte.

Pero ahora, cuando se avecinan las elecciones regionales, vuelve a saltar la liebre de la perversión, a través de alianzas entre los mismos de siempre. Y todo, con la connivencia de los entes de control y de los medios de comunicación; estos últimos, amordazados por el terror a quienes se amparan en el poder de las armas ilegales o comprados por el soborno de la publicidad oficial.

Siempre ha sido así: desfile de políticos, de empresarios y de periodistas; todos ellos con el síndrome de la descomposición moral. Invariablemente los especimenes corruptos de cada parte de la actividad ciudadana. ¡Oh! gloria inmarcesible, ¡Oh! Júbilo inmortal.

Cartagena –y, como ella, otras ciudades de Colombia– está encerrada en un circulo vicioso de pobreza, corrupción, clientelismo y captura de lo público, en la más clara expresión de una democracia de papel, que no permite salida alguna, mientras ese círculo persista.

Porque, realmente, no hay derecho a que, mientras casi un millón de personas padecen hambre y sufren de otras carencias, los alimentos que podrían aliviar su penosa situación, se pudran en bodegas, gracias a la corrupción de gobernantes venales.

Ojalá que las reformas que el actual gobierno tiene previstas para ser presentadas a la consideración del congreso, en la legislatura que se inicia mañana –junto con las investigaciones sobre tanta podredumbre que se ha encontrado al destapar las ollas contaminadas y heredadas– frenen tan grande contaminación de la administración pública, no sólo en Cartagena, sino en toda Colombia.

Si Santos logra alcanzar estas metas, ya habrá ganado un puesto en la Historia y, de contera, rompería con el tozudo axioma colombiano: “Cada gobierno es peor que el anterior.”

Valledupar, 19 de julio del año 2011

Con el agua al cuello

El Procurador General de la Nación ha proferido sentencia de inhabilidad por 16 años para ejercer cargos públicos, al ex ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, por los ilícitos cometidos al poner en ejecución el programa de Agro Ingreso Seguro.

Por otro lado, la Fiscal General de la Nación ha solicitado, por la misma causa, medida de aseguramiento contra dicho individuo.

El rechazo a estas medidas, por parte del implicado y de quienes están detrás de estos delitos, no se hizo esperar. Arias jura inocencia y niega los cargos con el fin, tal vez, de eludirlos al creer que la negación de su injerencia en el ilícito, limpia su prontuario.

Uribe, por su parte, habla de pulcritud durante los ochos años de sus malhadados dos períodos. Y todo, porque olvidan que no es sólo el sonar del río que delata la presencia de piedras en su cauce, sino también –y sobre todo– que los indicios analizados por la Procuraduría y la Fiscalía, fueron sopesados y verificados antes de aceptarlos como razón suficiente para proceder jurídica y disciplinariamente contra el implicado.

Pero además inciden en la decisión ya mencionada, hechos tan significativos como las reiteradas y prolongadas visitas que Arias realizara a otros personajes envueltos en el escándalo de Agro Ingreso Seguro y las posteriores negativas de estos individuos a seguir colaborando con la Justicia, al no continuar confesando los intríngulis del delito en mención.

Al respecto, la Fiscalía ha recopilado serias y decisivas evidencias que demuestran que Arias ejerció presión –parece que con excelentes resultados– sobre los sindicados ya recluidos.

La Fiscalía sostiene –con pruebas a la mano– que Arias celebró contratos sin el lleno de los requisitos legales y cometió peculado por apropiación en la entrega de subsidios a grandes industriales del agro; los cuales (de manera, tal vez no coincidencial), meses más tarde, estarían colaborando en la financiación de la campaña de Arias a la presidencia en el 2010.

Ahora bien, ¿por qué la Fiscalía pide medida de aseguramiento contra el ex funcionario?

Por la sencilla razón de que teme que este individuo –que buenas muestras de marrullería ha dado– termine por obstruir la investigación; no solamente la propia, sino también la de otros implicados; algunos ya detenidos y otros, sobre los cuales se realizan investigaciones que permitan sustentar su prontuario delictivo.

La Fiscalía sostiene que el ex funcionario sí estuvo al tanto del desarrollo de aplicaciones del proceso que terminó con la adjudicación de dinero a agricultores poderosos, a los que ya se les comprobó que acudieron a artimañas para sacar el provecho personal a las ayudas del gobierno y, como se dijo antes, irían a colaborar en la campaña presidencial del ex ministro Arias.

En cuanto a la tesis sobre la presión que el sindicado ejerció sobre los ex funcionarios ya privados de la libertad, la Fiscalía hace referencia a las visitas que Arias habría hecho al centro de reclusión –por lo menos en 10 ocasiones y con una duración promedio de cuatro horas– a sus ex subordinados Oscar Schroeder (ex jefe jurídico del Ministerio), Juan Camilo Salazar (ex viceministro) y Juan Camilo Ortega (ex secretario general). Según reveló La Fiscal General, Arias habría hecho la última de estas visitas el pasado 3 de junio y a raíz de éstas –según dijo– ninguno de esos ex funcionarios ha querido asistir a recientes llamados de la Fiscalía.

Según Vivian Morales, hay «evidencia documental» que permite inferir que Andrés Felipe Arias ha intentado inducir a varios de los procesados que están en la cárcel La Picota. Dijo además que las mencionadas visitas «pudieron tener el propósito de influir en la versión de los detenidos, quizás para tener un libreto». Esperamos que se haga justicia.

Valledupar, 26 de julio del año 2011

Colombia aún puede salvarse

Quinta carta que el estadounidense que ya conocemos, le mandó a su amigo colombiano en la cual le indica, cómo está en nuestras manos salvar la democracia.

«Mi estimado amigo:

Este es uno de esos momentos –cuando se avecinan las elecciones locales– en los cuales cada ciudadano debe sentir la responsabilidad de tener en sus manos o, mejor aún, en su pensamiento y en sus conceptos, el compromiso de señalar el derrotero que hay que darle a la ciudad y la región donde habita. Para eso, es necesario definir con palabras el retrato de la persona proba y honesta; de tal manera que se logren resaltar sus virtudes, para opacar sus defectos; porque no se puede ni se debe olvidar que eso es el ser humano: un compendio de cualidades, mezcladas con un epítome de imperfecciones.

Mas sin embargo, esto es lo que diferencia a un individuo de otro: la primacía de sus atributos sobre sus defectos o, por el contrario, la ventaja de estos sobre aquellos. Y la divergencia entre la superioridad de las primeras características mencionadas sobre las últimas, nos permiten discernir si nos encontramos ante un hombre bueno, noble de corazón, probo en su conducta, recto en su proceder, certero en sus juicios,  benévolo en su filantropía, amable en el trato, leal en sus afectos, dispuesto para el sacrificio, severo ante la injusticia, inconmovible frente a la hipocresía; en fin una persona que no transige con la maldad ni con el delito, ni mucho menos con las opiniones vagas o ambiguas o las personas falsas y ruines.

En tanto que la carencia de estos lineamientos que, a vuelo de pájaro, te he descrito, no nos hará dudar sobre el juicio que habrá de emitirse sobre el individuo malo o perverso, incapaz de las nobles acciones, torpe para  encontrar el camino correcto, gustoso de la vida muelle, dudoso en las encrucijadas, liviano ante la deshonestidad, pronto a la procacidad, dispuesto a la picardía, a la felonía y a la deslealtad.

Pues bien, querido amigo, hecho el retrato del hombre bueno, ese que es digno de confianza y en quien se pueden depositar las esperanzas sin temor a la perfidia ni a las sorpresas desagradables, no hay otra posibilidad si no la de pensar de inmediato en el candidato que reúna estas virtudes; si no todas, al menos la mayoría. Él será el único que  puede garantizar el buen gobierno; pues, a su perfil de hombre íntegro y, por lo mismo, incorruptible, debe agregar una idoneidad sustentada en preclaros argumentos; ya porque haya  desempeñado, con probidad y lujo de competencias, otros cargos en la administración pública o en el sector privado; y, si en lo público, no solamente en gobiernos presididos por integrantes de su propia colectividad, sino también haya sido llamado –como prenda de garantía, dada su vida prístina– a colaborar en gobiernos de sus perennes rivales políticos.

Ahora bien, estimado amigo, si quieres que los próximos gobiernos –municipal y departamental– sean el comienzo de una vida nueva para la ciudad y la región que habitas, en los cuales se le dé precedencia a la justicia social, sin necesidad de abandonar los proyectos de desarrollo que ellas requieren culminar, para poder estar a tono con las nuevas tendencias geopolíticas, sostenidas en los avances tecnológicos,  ¡así tienen que ser las personas a elegir!

No hay que divagar más, no es necesario buscar más; de ese talante deben de ser las personas que habrán de dirigir dignamente los destinos de la ciudad o la región que les han sido encomendadas, pero también, –y permíteme ser reiterativo– habrán de guiarlas por las sendas del progreso y, algo muy trascendental, con absoluto respeto para con el manejo de las arcas municipales o departamentales; pues, como es bien sabido, la persona honrada tendrá como consigna la salvaguarda del tesoro público y el ¡vade retro! a la corrupción y a la impunidad.

Ya es hora de dar un no rotundo al “todo vale”, al sofisma de justificar métodos perversos con tal de alcanzar un fin aparentemente loable.

N .B. El perfil moral y competitivo del candidato ideal a la alcaldía o a la gobernación, es igual de válido para los aspirantes al concejo y a la asamblea (no sólo de la ciudad y el departamento que habitas, sino también para las de todas las demás ciudades y departamentos de Colombia.)

Cariñosamente, tu receloso amigo gringo. »

Valledupar, 2 de agosto del año 2011

Los hombres del presidente

Libro y película de mediados de los años setenta del siglo pasado, sobre el escándalo de Watergate, que condujo al derrumbe de Richard Nixon, luego de su triunfo en la presidencia de EE. UU. Allí se muestra cómo el afán de poder pueda llevar a la gente por las sendas del delito.

Pues bien, aquí en Colombia entre los años 2002 y 2010, se sucedieron hechos inmersos en el crimen que, en apenas diez meses, han suscitado lo que se ha llamado “las ollas podridas de Uribe”. No hay precedentes similares en la historia del país. Hoy hablaremos de veinticinco ex funcionarios de los dos gobiernos consecutivos de Uribe –todos muy allegados a él– que están en líos con la justicia. Unos presos, otros inhabilitados para ejercer cargos públicos durante muchos años, unos más destituidos, algunos  sancionados, otros más llamados a juicio, los de más allá en investigación y no falta una que se encuentra huyendo de la justicia. Los hombres de Uribe –ente los que, como ya se dijo, hay una mujer– son los siguientes:

Juan José Chaux, ex embajador en República Dominicana. Participó en las reuniones con alias  “Job” en la Casa de Nariño. Preso.

Salvador Arana, ex embajador en Chile. Condenado a 40 años por el asesinato del alcalde de El Roble (Sucre) y también por conformación de grupos paramilitares. Preso.

José Miguel Narváez, ex subdirector del DAS. Inhabilitado por 20 años. Investigado por infiltración paramilitar en el DAS, por las chuzadas y por el asesinato de Jaime Garzón. Preso.

Andrés Felipe Arias, ex ministro de Agricultura. Inhabilitado por 16 años. Preso por el caso de Agro Ingreso Seguro (AIS).

Bernardo Moreno, ex secretario general de Uribe. Inhabilitado por 18 años. Investigado por los espionajes a la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Preso.

Manuel del Castillo Baute, ex superintendente de Notariado y Registro. Inhabilitado por 17 años. Preso por corrupción en el cargo.

Jorge Noguera, ex director del DAS. Inhabilitado por 20 años. Preso por posibles vinculaciones en homicidios de sindicalistas, amenazas y espionajes ilegales.

Mario Aranguren, ex director de la Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero (UIAF). Inhabilitado por 18 años. Investigado por los espionajes del DAS.

Sabas Pretelt de la Vega, ex ministro del Interior y de Justicia. Inhabilitado por 12 años. Investigado por cohecho.

Rodolfo Campo Soto, ex director del Instituto Nacional para el Desarrollo Rural (Incoder). Inhabilitado por 13 años e investigado por el caso AIS.

Daniel Andrés Gaviria, ex director de INVIAS y ex director de Coldeportes. Inhabilitado por 17 años. Investigado por irregularidades en ambos cargos ocupados.

María del Pilar Hurtado, ex directora del DAS. Inhabilitada por 18 años. Investigada por los espionajes ilegales. Actualmente prófuga de la justicia.

Andrés Peñate, ex director del DAS. Inhabilitado por 8 meses. Investigado por espionaje.

Álvaro José Soto, ex director del Instituto Nacional de Concesiones (INCO). Destituido por posible corrupción en el cargo.

Fabio Alberto Méndez, ex director del INCO. Destituido por fraude procesal y falsificación de documentos.

Julio César Araujo, ex director del INCO. Investigado por irregularidades en el cargo.

Uriel Gallego, ex ministro de Transporte. Investigado por irregularidades en contrataciones.

Néstor Díaz, ex director de la DIAN. Investigado por corrupción.

Diego Palacio, ex ministro de Protección Social. Investigado por cohecho.

Edmundo del Castillo, ex secretario jurídico de Uribe. Investigado por los espionajes del DAS a la CSJ y también por las reuniones con alias “Job”.

Felipe Muñoz, ex director del DAS. Investigado por los espionajes a la CSJ.

José Obdulio Gaviria, ex eminencia gris del régimen. Investigado por las chuzadas del DAS y por las reuniones con alias “Job”.

Luís Carlos Restrepo, ex comisionado de paz. Investigado por la presuntamente falsa desmovilización guerrillera del “Bloque Cacica Gaitana”.

Luís Carlos Ordosgoitia, ex director del INCO. Investigado por presuntas reuniones con paramilitares.

Andrés Fernández, ex ministro de Agricultura. Suspendido por 11 meses. Investigado por el caso de AIS.

P: S: Se han omitido las “indelicadezas” de los Uribe Moreno y las pataletas de su padre, porque aún no son delitos, cosa que él mañosamente siempre ha pretendido aplicar a sus contradictores, olvidando que la corrupción alcanzó esos niveles, porque sus dos períodos no fueron “impolutos” como intenta hacerles creer a los ingenuos. Y todo, por el ansia del poder.

Valledupar, 9 de agosto del año 2011

Acerca de la despenalización del aborto, y lo sucedido en épocas pretéritas.

El Procurador General de la Nación, el Presidente del Senado, directivos del Partido Conservador, algunos jerarcas de la Iglesia Católica y dirigentes de las diferentes Iglesias Cristianas en Colombia, han hecho frente común para revivir la polémica contra la decisión de la Corte Constitucional que despenaliza el aborto en tres situaciones específicas: la violación, la malformación del feto y el peligro de muerte para la madre. Tres casos en los cuales la Corte buscó proteger los derechos fundamentales de la mujer.

Las instituciones ya mencionadas, afirman que el fallo de la Corte atenta contra la preservación de la vida; pues, según aquéllas, ésta se inicia con la concepción, con lo cual dejan de lado qué ocurre en las fertilizaciones in vitro. Para conseguir su objetivo las antedichas organizaciones han iniciado una campaña, puerta a puerta, en pos de lograr el mayor número de firmas que adhieran a sus propósitos y ya se habla de realizar, en las próximas elecciones, una consulta al respecto.

Ahora bien, ¿por qué esta polémica recuerda las suscitadas en siglos pasados?

Porque no puede olvidarse cómo, hasta recién iniciada la Edad Contemporánea, el Estado -cuya estructura jerárquica debe ser laica- recibía influencia de la religión católica; después, con la Reforma protestante, esta tendencia religiosa también tomó parte en la conducción del Estado, al igual que las religiones de cualquier otra definición. Recordemos cómo en algunos países europeos el predominio de la Iglesia Católica era absoluto en cabeza de comunidades religiosas y el clero secular, con iniciativas en ámbitos tales como lo social, lo económico, lo cultural y lo político. Otro tanto sucedería después en otras naciones, en donde el ascendiente de anglicanos, luteranos y calvinistas era decisivo en la conducción del gobierno.

Y, así, los excesos ocasionados durante la Edad Media por el Tribunal de la Inquisición en las tierras de ascendiente católico, también tuvieron ocurrencia a principios de la Edad Contemporánea, en los territorios de influencia protestante.

Las causas de las guerras religiosas -católicos contra hugonotes, protestantes versus católicos, luteranos contra calvinistas- parecen cosa del pasado ante la coincidencia de criterios de los representantes de las diferentes religiones que tienen asiento en Colombia, frente a la posibilidad de que una infortunada mujer, que ha sido violada, humillada y traumatizada, se vea obligada a dar a luz a una criatura que no hará más que recordarle al criminal causante de su desgracia. O, también, obligarla a traer al mundo a un ser cuya vida será un calvario por las carencias congénitas de tipo anatómico, fisiológico o mental. O, peor, forzarla a morir por preservar la vida de alguien -que aún no nace-  sacrificando la protección de los hijos que ya nacieron.

Si se recuerda que hasta hace pocos años -comienzos del último tercio del siglo pasado- cada religión se arrogaba el privilegio de la salvación (como premisa sustentada desde los albores de la Reforma protestante -principios del siglo XVI- tanto por los seguidores de Lutero,  Swinglio, Calvino y otros reformistas, como por parte de la Iglesia Católica), no deja de sorprender que, en la actualidad, esta posición un tanto obstinada, ya haya sido revaluada por pastores, predicadores, confesores y consejeros religiosos, y los haga estar de acuerdo en que son más significativas las buenas acciones que la profesión de un credo y, de esta manera, ninguna religión se atribuya a sí misma la prerrogativa de hacer posible el logro de la vida eterna beatífica.

En cambio, en otros ámbitos de su influencia, tales como la toma de decisiones por parte de las autoridades laicas, las iglesias han sido menos tolerantes. Aquí en Colombia, gracias a la Constitución de 1991, esa sujeción que se creía superada, al menos en la teoría, corre el riesgo de volver. Esperemos que con el triunfo de tesis plenas de liberalidad -que no de libertinaje- en donde se le dé valor a los derechos fundamentales de la mujer, las tesis del Estado laico triunfen sobre las del confesional y, parece mentira, pero quien más las defiende es el Procurador, que debería buscar el bienestar del ciudadano y el atropello a sus derechos.

  1. S. *A raíz de hechos recientes, es bueno recordar que el maltrato -físico o mental- a las mujeres, es reprobable; no importa quién es el agresor, ni quién es la ultrajada.

** Mientras los jugadores de las diferentes selecciones colombianas de fútbol no aprendan que éste es un juego de once personas -y no de una sola, por magistral que ésta sea-jamás ganarán algo.

Valledupar, 16 de agosto del año 2011

Una lección para todos

Sexta carta que el ya conocido estadounidense le mandó a su amigo colombiano, en la cual le cuenta una historia verdadera que deja, en muchos que la lean, el deseo de ser mejores y, en otros, el dolor y la vergüenza por no serlo.

«Mi recordado amigo:

Te envío esta carta que llegó a mis manos por esas circunstancias de la vida que nos empeñamos en llamar destino y que fue escrita (el pasado 19 de marzo, por el inmigrante vietnamita Thanh Minh -que trabaja en Fukushima como policía-), para un hermano suyo (vecino mío en los suburbios de New York) y que él, gentilmente, me dio a conocer.

“Hermano:

¿Cómo están tú y la familia?

En estos últimos días, todo ha sido un caos. Cuando cierro los ojos, veo cadáveres;  cuando los abro, también. Cada uno de nosotros debe trabajar 20 horas al día; sin embargo, me gustaría que los días tuvieran más horas, para poder seguir ayudando a rescatar gente. Me he hecho fuerte viviendo el nacionalismo japonés. Estamos sin agua ni electricidad, las raciones de alimentos se agotan. Apenas hemos conseguido trasladar a unos refugiados, cuando llegan órdenes para trasladar a otros.

Actualmente estoy en la prefectura de Fukushima, a unos 25 kilómetros de la planta de energía nuclear. Tengo tanto para decirte que si pudiera escribirlo todo, seguramente se convertiría en un tratado acerca de cómo deben de ser las relaciones y la conducta  humanas en tiempos de crisis. Aquí la gente mantiene la calma -su sentido de la dignidad y el comportamiento adecuado son muy buenos– así que las cosas no son tan malas como podrían serlo. El gobierno está tratando de proveer suministros por vía aérea, con alimentos, medicinas y otros enseres; pero es como dejar caer un poco de sal en el océano. Pero, aún con atrasos, nunca pierden la disciplina ni la dignidad.

Hermano, hubo un incidente realmente conmovedor. Se trata de un niño japonés que enseñó, a un adulto como yo, una lección sobre cómo debe comportarse un ser humano. Ayer por la noche, me enviaron a una escuela de gramática para ayudar a una organización de caridad a distribuir alimentos a los refugiados. Era una larga fila como de doscientas personas o más y, al final, estaba un niño de alrededor de 9 años de edad sin ninguna compañía. Así que me puse a hablar con él. Me contó que estaba en la escuela cuando ocurrió el terremoto. Su padre trabajaba cerca y se dirigía, en su búsqueda, a la escuela. El estaba en el balcón del tercer piso de la escuela, cuando vio que el coche de su padre era barrido por el tsunami. Le pregunté acerca de su madre. Llorando, me dijo que ella y su hermana pequeña, que estaban en su casa cercana a la playa, probablemente no se salvaron. Volvió la cabeza y se secó las lágrimas. El niño llevaba apenas una camiseta y un par de pantalones cortos y estaba haciendo mucho frío y, como te dije, se encontraba al final de la cola. Entonces, me preocupó que, cuando le llegara el turno, no hubiera ya ningún alimento. Como vi que estaba temblando de frío, me quité la chaqueta de policía y se la puse. Ahí fue cuando mi bolsa de ración de alimentos cayó al suelo. La recogí y, al dársela, le dije:

–La fila está aún tan larga que, cuando llegue tu turno, podrías quedarte sin alimentos, así que aquí está mi parte. Yo ya comí. Toma, cómetela.

El muchacho cogió mi comida y se inclinó agradecido. Pensé que se la comería de inmediato, pero no lo hizo. Caminó hasta el principio de la cola y puso, la bolsa que le di, con toda la comida que estaba esperando para ser distribuida y regresó a su puesto. Me sorprendió. Le pregunté por qué lo hacía, por qué la añadía a la pila de los alimentos. Él respondió:

–Porque veo a gente con mucha más hambre que yo; si lo pongo allí, se van a distribuir los alimentos por igual.

Cuando escuché eso me di vuelta para que la gente no me viera llorar.

Hermano, una sociedad que puede educar a un niño de 9 años de edad, para que entienda el concepto de sacrificio por el bien común de la nación, es una gran sociedad, un gran pueblo, verdaderamente nacionalista y con profundos sentimientos espirituales.

Bueno, hermano mío, en estas pocas líneas envío a ti y a la familia mis mejores deseos. La hora de mi turno ha llegado nuevamente. Adiós”

Esto, mi querido amigo, nos hace pensar. ¿Cuándo aprenderemos a hacer algo así?

Tu poco dadivoso amigo gringo.»

  1. S. ¿Qué podrán decir de esto las autoridades colombianas –de diversa índole– que dejan que se pudran las ayudas humanitarias o las que se las roban?

Valledupar, 23 de agosto del año 2011

Pobre Libertad!

Libertad no es solamente la facultad que tiene el ser humano para obrar de una manera o de otra -o, simplemente, no obrar- por lo cual es responsable de sus actos.

También libertad es la condición de quien no es esclavo de alguien y, por tanto, se encuentra exento de sujeción y subordinación.

Y, así, es grande y rica la Libertad.

Pero la libertad a la que hacemos alusión en el mote de la columna de hoy -y por la cual nos lamentamos- es la más pobre, la más triste o la más miserable que alguien pueda imaginar; pues hace referencia a un infeliz pueblo -llamado irónicamente “Libertad”-situado en las estribaciones de los Montes de María o Serranía de San Jacinto, en el sur del Departamento de Bolívar; el cual durante casi ocho años (coincidentes casi todos con la égida de la “Refundación de la Patria”, que llevó al poder a lo más corruptos personajes que esta desdichada nación haya podido y haya tenido que sufrir en toda su historia), estuvo sometido -el pobre pueblo llamado irónicamente “Libertad”- a la esclavitud de un grupo paramilitar que no sólo vejó a sus pobladores, sino que asesinó también a todo aquel que osara atravesársele en el camino de la esclavitud y el oprobio de esta sufrida gente, cuyo único delito era el de vivir en un sitio clave para el proyecto de “Refundar la Patria”; proyecto éste cuyos resultados todo el país conoce y la mayoría sufre y cuyas consecuencias están palpables en el desenfreno en el manejo de las instituciones y en el desbordamiento de todos los diques éticos y morales que deben de tener quienes dirigen un país.

Fue tanta la corrupción desatada en esos dos malhadados cuatrienios que, si se condenaran a todos los culpables de crímenes y delitos cometidos durante esos infortunados ocho años, habría necesidad de desocupar las cárceles de Colombia  para poder darle cabida a tantos maleantes y criminales que detentaron el poder en los dos períodos de “Refundación de la Patria”, léase la política del “todo vale”.

No obstante que toda Colombia conoce y sabe de esa podredumbre que se tomó al país, el gran director de orquesta (ese, al que en una columna de hace varias semanas, llamáramos “El mentiroso mayor”), se hace ahora la víctima y se pliega y se repliega en sus mentiras, para llevar a cabo el sainete puesto en escena en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes de Colombia, en el cual se ve que existe un libreto entre “investigadores” e investigado; de tal manera hipócritamente elaborado, que éste tenga toda la pantalla que necesite para seguir mintiéndole al país y, lo que es peor, continuar en la más absoluta impunidad.

Pero no importa. Mejor que la Comisión de Acusaciones lo absuelva. Así la Corte Penal Internacional podrá actuar y hacer justicia en este país de corruptos.

Para que entonces, no tengamos que seguir parafraseando a Don Pedro Antonio de Alarcón, el gran periodista, ensayista, novelista y cuentista español del siglo  XIX, cuando a raíz de la corrupción que se enseñoreaba de la ciudad en la que vivía y en otras partes del país, exclamó adolorido: «Málaga, España, Siglo XIX, ¡Arrepentíos».

  1. S. * Ahora, cuando se habla de falsas desmovilizaciones y se imputan cargos a quienes pretendieron engañar a la opinión pública, bien valdría la pena averiguar por qué -en momentos sustanciales para conocer toda la verdad sobre Ralito- extraditaron a los grandes capos del paramilitarismo y, con ellos, se fue la certidumbre sobre las masacres y los despojos ocurridos entre el 2001 y el 2008.

** Al individuo que nalgueó a una mujer, le dieron 4 años de cárcel; al que golpeó hace poco a una desconocida, tratan de cubrirlo con el manto de la impunidad, disfrazado con el antifaz del deporte. A un hombre que pagó unos alimentos con un billete que, a la postre, resultó falso, le imputan tres años de presidio; a la persona que se robó dieciséis mil millones del erario, la condenan a tres años de prisión domiciliaria.

*** No será que los que quieren “capitalizar” (en el sentido más estricto de la palabra) el asunto del voto en blanco, ¿están buscando, precisamente, desprestigiarlo para que, así, nadie vote en blanco? Pues, como es bien sabido, si el voto en blanco triunfa en una elección, ésta deberá repetirse, pero con otros candidatos diferentes.

Valledupar, 30 de agosto del año 2011

La ironía en la vida de un gacetillero

La semana pasada “renunció”, a su columna semanal en El Espectador, y fue despedido de su “colaboración” diaria en Caracol Radio, uno de los gacetilleros de Uribe: Ernesto Yamhure.

La “renuncia” y el despido obedecieron al descubrimiento que hiciera la Fiscalía en la memoria USB del “fallecido” Carlos Castaño y que fuera entregada por el ex paramilitar Hebert Veloza, alias ‘HH’, en donde se delata la comunicación amigable -casi fraterna-   entre el gacetillero Yamhure y el paramilitar Castaño.

Los diálogos son elocuentemente comprometedores para Yamhure, pues “la relación trascendió la frontera de lo profesional o académico, para convertirse en una cosa más estrecha”, según lo cuenta Vladdo, caricaturista de Semana y director de Un Pasquín. Esta relación entre Castaño y Yamhure ya había sido comentada por Juan Rodrigo García Fernández -hermano de ‘Carlos Mauricio’, ex comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, asesinado en julio del 2004- y por Freddy Rendón Herrera, alias el ‘Alemán’.

Vladdo resalta que, según la información hallada en la USB, Castaño aconsejaba al columnista cómo debía abordar los temas que trabajaría en su columna, defendiendo el proceso de paz con las AUC, buscando siempre la manera de hacerlo menos comprometedor ante el gobierno de los EE. UU., y de un mejor recibo -léase “tragar entero- por parte de la opinión pública colombiana.

La ironía -que ayuda a titular esta columna- está en palabras del mismo Yamhure, cuando, hace algún tiempo, escribió en su “renunciada” columna semanal de El Espectador: “…queridos amigos míos, siempre se cumple la máxima que indica que para las verdades está el tiempo y para la justicia, Dios…» Sí; ese mismo transcurrir del tiempo y esa justicia divina -certera, insobornable, incuestionable, clara, abierta, pero por encima de todo, equitativa- terminaron por mostrar lo que toda Colombia sospechaba: la condición de correveidile de Yamhure y de tantos otros que se esconden tras las columnas de periódicos de gras difusión nacional, como José Odulio Gaviria, Plinio Apuleyo Mendoza, Fernando Londoño -el de Invercolsa- Mauricio Botero, José Félix Lafaurie y tantos otros -y otras- cuya enumeración haría prolija la columna de hoy.

Y pensar -otra de las ironías de la vida- que a este individuo, Uribe lo tenía listo para nombrarlo como Director de la Radio Nacional, una vez se hiciera realidad lo del tercer cuatrienio. Porque, al fin y al cabo, Yamhure era otro de los “buenos muchachos” que rodeaban al mesías.

Por algo, en diciembre del año 2007, un periodista sueco decía que Ernesto Yamhure, no era más que una herramienta barata del uribismo. En sus propias palabras, así se expresaba del entonces cónsul de Colombia en Estocolmo: «Yamhure va a la fija cuando me ataca, porque sabe que no le va a pasar nada con la reinante impunidad en Colombia. El hecho es que lo pillé cuando estaba fotografiando a sus compatriotas exiliados en Suecia, que ejercían el derecho universal de realizar una pacífica protesta. Protesta que es permitida en Estocolmo pero que sería castigada con la muerte en Colombia. Las abiertas amenazas de Yamhure a un corresponsal extranjero como yo, dejan muy en claro a la opinión pública internacional lo que pasa, con los periodistas y ciudadanos del común en Colombia, que se atrevan a protestar o a denunciar lo que sucede con el gobierno del presidente Uribe. La histeria y paranoia de los círculos gubernamentales en Colombia es en su esencia contra la democracia. Usan estos individuos una combinación entre la modalidad del líder nazi Goebbels: «si escupes suficientemente una piedra al final se moja» y el anticomunismo de los manuales del senador estadounidense Joseph McCarthy. »

No se puede olvidar que, desde sus columnas en El Espectador, durante más de diez años, Yamhure ha vituperado a defensores de derechos humanos, a políticos de la oposición y a muchos periodistas. Reconocido por varios medios como el alter ego de Uribe -y uno más de sus escuderos- Ernesto Yamhure ha sido un declarado crítico de quienes a su vez reprueban las actuaciones del ex mandatario.

Valledupar, 6 de septiembre del año 2011

De justicia

Lo que va corrido del mes de septiembre del presente año, ha sido pródigo en justicia.

El primer día del mes, un juez colombiano condenó a 40 años de cárcel a un individuo que reclutaba, bajo engaño, a civiles que morían a manos de militares que los reportaban como guerrilleros caídos en combate, según informes de fuentes judiciales en Bogotá. La Fiscalía General precisó, en un comunicado, que Pedro Antonio Agámez Díaz fue hallado “responsable, en calidad de coautor, de los delitos de homicidio agravado, desaparición forzada y concierto para delinquir». La entidad judicial señaló que las pruebas recogidas por el fiscal del caso, muestran que el condenado conformaba «una agrupación dedicada a buscar y llevar, desde Soacha hasta Ocaña, víctimas que luego aparecían sin vida en presuntos enfrentamientos con el Ejército Nacional».

Ocho días después, Uribe pretendió quitarle peso a la aseveración del congresista Iván Cepeda quien, a mediados de la primera semana del mes, dio a conocer un testimonio de un paramilitar que señaló a Uribe de “ser jefe de las Autodefensas y de conformar un grupo armado que se convirtió en el llamado Bloque Metro de las Auc”. El gravísimo y comprometedor testimonio del paramilitar Pablo Hernán Sierra García, alias ‘Alberto Guerrero’, ex comandante del Bloque Cacique Pipintá de las Auc, señala que “ese grupo paramilitar fue conformado a mediados de los 90 en la finca Guacharacas, a la sazón propiedad de la familia Uribe Vélez”. Entonces -las pruebas- Uribe debe pedírselas a Sierra García y no al congresista Cepeda.

La tercera semana del mes no fue menos generosa en justicia. Es así que un juez de Bogotá absolvió el martes 13 al joven Nicolás Castro, quien en el año 2009 fuera  capturado por la Dijín y acusado de instigar, a través de una cuenta en Facebook, la muerte de Jerónimo Uribe, uno de los hijos de Álvaro Uribe. Por crear este grupo en la red social, Castro que estudiaba Bellas Artes en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, pasó varios meses en la cárcel La Picota, hasta abril del 2010 cuando se le concedió la casa por cárcel. Mientras que la Fiscalía basó su petición en el hecho de que la información sobre las amenazas a los hijos de Uribe se habría encontrado en computadores hallados en la casa de Castro, la defensa del joven, por su parte, aseguró que no se aportaron las evidencias sobre la directa responsabilidad que Nicolás Castro habría tenido en dichas intimidaciones.

Y como si todo el anterior derroche de justicia fuera poco, ese mismo martes, la Corte Suprema de Justicia de Colombia (CSJ) decidió celebrar la primera vista para el juicio por espionaje a María del Pilar Hurtado y a Bernardo Moreno (ex directora de inteligencia y antiguo secretario general de Uribe, respectivamente). Como bien lo sabe la opinión pública, el pasado 18 de mayo la fiscal general, Viviane Morales, acusó de manera formal a Hurtado y a Moreno y pidió que fueran ingresados en prisión. La fiscal le imputó a Hurtado los “cargos de concierto para delinquir agravado, abuso de función pública, peculado por apropiación, interceptación ilegal de comunicaciones, falsedad ideológica y uso indebido de dinero público para pago de sobornos”. Moreno, por su parte, fue acusado por la fiscal general de “concierto para delinquir, abuso de función pública y violación ilícita de comunicaciones”. El mismo día la fiscal general solicitó la detención inmediata de los ex funcionarios. Moreno fue encarcelado, mas no así Hurtado quien se encuentra prófuga de la justicia, mediante un asilo concedido por el gobierno panameño, según parece a partir del correspondiente consejo dado por Uribe a la antigua jefa de su policía secreta.

Para completar el cuadro de pronta y cumplida justicia, el miércoles 13, La Sala Penal de la CSJ condenó a 25 años de cárcel a Jorge Noguera Cotes, director del DAS entre los años 2002 y 2006, al hallarlo responsable de los delitos de “concierto para delinquir agravado, el homicidio del profesor Alfredo Correa De Andreis, la destrucción, supresión u ocultamiento de documento público y la revelación de asunto sometido a secreto”. Tras dirigir el DAS, Noguera había sido nombrado cónsul en Milán (Italia). Su  ex jefe de informática, Rafael García, lo acusó de haber puesto el organismo a disposición de los paramilitares. En vista de los líos en los cuales estaba envuelto, Noguera tuvo que renunciar dos  veces: una como jefe del Das y otra como cónsul. No obstante todas las acusaciones que pesaban contra él, Uribe sostenía que “Noguera era un buen muchacho”.

Valledupar, 20 de septiembre del año 2011

Crece el dossier

No sé si el lector habitual recuerde una columna de hace unos meses, la cual titulamos «¡Qué desfachatez, qué insolencia!», y en la que se hizo mención al deseo de Uribe de querer posar de víctima del conflicto armado y que, como es bien sabido, es alimentado y exacerbado por quienes se lucran del mismo, y no solamente sus actores; pues no es un secreto que son muchos los intereses creados alrededor de esa lucha que de forma eufemística han dado en llamarla “fratricida”, cuando en verdad los muertos de un lado y del otro -y del tercer lado también- la mar de las veces ni siquiera son prójimos. Pero que, además ha servido para tender cortinas de humo -y de qué tamaño- con tal de cubrir la lamentable situación que vive Colombia en todos los órdenes y que, indudablemente, se disparara en los primeros diez años del presente siglo.

Pero bueno, volviendo al tema inicial y que ayudó al mote de la columna antes mencionada y, de contera, al de la presente, ocurre que –tal como se comentó hace ocho días– un paramilitar, Pablo Hernán Sierra García, alias ‘Alberto Guerrero’, comandante de un grupo, señaló a Uribe de “ser jefe de las Autodefensas y de conformar un grupo armado que se convirtió en el llamado Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)”.

En esa ocasión, Pablo Hernán Sierra, señaló que “los fundadores de ese grupo paramilitar antioqueño fueron Álvaro Uribe Vélez, Santiago Uribe Vélez, Luís Alberto Villegas Uribe, Juan Guillermo Villegas Uribe y Santiago Gallón Henao».

A finales de la semana pasada, otro paramilitar, Guillermo Monsalve -encarcelado por pertenecer a una banda criminal y por secuestro- acusó a Álvaro Uribe de “haber ordenado una masacre y proteger a narcotraficantes cuando era gobernador del departamento de Antioquia, entre 1995 y 1997”. Monsalve, quien es hijo del que fuera mayordomo de Uribe, señaló los vínculos de éste con las supuestamente disueltas AUC, los paramilitares de extrema derecha que impusieron el terror hasta su presunta desmovilización en el año 2006.

El encarcelado explica que cuando contaba ocho años de edad llegó con su padre a la hacienda de Guacharacas, propiedad de los hermanos Álvaro y Santiago Uribe Vélez, y a los 18 años comenzó a «hacer trabajos» para las AUC.

“Ese grupo paramilitar”, sostiene Monsalve, “tenía entre sus miembros a los hermanos Álvaro y Santiago Uribe, a los también hermanos Luís Alberto y Juan Villegas Uribe y a Santiago Gallón, todos vinculados al negocio de la ganadería y al de las drogas. Luís Alberto Villegas era el responsable de los laboratorios para proceso de la  cocaína y del robo de gasolina para la elaboración de la droga; mientras que Álvaro Uribe, entonces gobernador, estaba encargado de lo militar».

Según Monsalve, “Álvaro Uribe desde su despacho propició además que se rebajaran las acciones de la fuerza pública contra el narcotráfico en esa región”.

Asimismo, Monsalve detalló que él fue escolta de Luís Alberto Villegas en reuniones donde se dieron órdenes para efectuar «la limpieza de la zona”, es decir, “llevar a cabo masacres como la de San Roque, en septiembre de 1996”.

Esta masacre, en la que desapareció un comerciante que supuestamente había comprado ganado robado de la finca del entonces gobernador, según Monsalve, «fue ordenada por Álvaro Uribe».

Ya la revista Semana, en un artículo publicado en el año 2007, publicó que Luís Alberto Villegas Uribe, que fuera asesinado en el año 2004, lideró la convivir ‘El Cóndor’ en San Roque. Su hermano Juan Guillermo, candidato a la Cámara en el 2002, había sido señalado por el hoy ministro Juan Camilo Restrepo (entonces precandidato presidencial) de tener presuntos vínculos con los paramilitares.

Los videos que contienen las afirmaciones de los dos paramilitares presos fueron entregados por el congresista Iván Cepeda a la Fiscalía General de la Nación “para que el órgano investigador adelante las acciones pertinentes”.

Ahora sí, ¿se explica por qué crece el dossier?

Valledupar, 27 de septiembre del año 2011

Obstrucción a la Justicia

Se van a cumplir 30 días desde cuando la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Colombia intentó celebrar la primera vista para el juicio por espionaje a María del Pilar Hurtado (ex jefa de inteligencia del anterior gobierno, asilada en Panamá –según dicen las malas lenguas– por consejo del mismo Uribe) y a Bernardo Moreno (antiguo secretario general del ya mencionado Uribe). Casi un mes después, esto no ha sido posible, gracias a las tretas del abogado de Moreno –un señor, llamado Jaime Granados, (¿coincidencialmente?) abogado también del ya condenado coronel Luís Alfonso Plazas Vega– quien ha interpuesto toda clase de entelequias, con tal de retrasar la audiencia. Las argucias de las cuales se valió el tal Granados, consistieron en la supuesta inhabilidad de los magistrados que habrían de decidir sobre la culpabilidad o la inocencia del acusado Moreno.

Sin embargo y a pesar de que se volvió a citar a las partes para 8 días después, tampoco fue posible lograr que la audiencia se realizara; pues, no obstante haberse declarado impedidos los magistrados víctimas del espionaje del DAS, cuyos indicios recaen sobre Bernardo Moreno y la prófuga María del Pilar Hurtado –y haber sido nombrados los jueces que han de reemplazar a los magistrados perjudicados por los informantes del gobierno Uribe– el rábula Granados cuestionó la imparcialidad de los conjueces porque –según él– fueron elegidos de una lista en cuya selección participaron los siete magistrados que se declararon impedidos. Haciendo, con esto, clara omisión al hecho de que ya, desde un principio, la Sala Penal de la CSJ había rechazado la solicitud presentada por el abogado Granados, al considerar que los argumentos expuestos por éste –para pedir que los magistrados y conjueces se declararan impedidos en el proceso– carecían de veracidad.

Según la decisión del alto tribunal, la elección de los conjueces en reemplazo de los siete magistrados de la Sala Penal que se declararon inhabilitados, “fue hecha antes de conocerse en su totalidad el escrito de acusación de la Fiscalía, y su elección se hizo basándose en los mandatos constitucionales”. La CSJ considera que la solicitud de Granados “se funda en el sofisma de confundir intereses particulares con el interés de la corporación”. A la vez la Corte hace énfasis en su imparcialidad en el proceso y su interés por emitir un fallo basado en la ley.

Aunque la sala se negó a conceder la nulidad solicitada por el defensor de Moreno –en donde se cuestiona a William Monroy, abogado de Daniel Coronell, porque hizo parte de los cinco conjueces que resolvieron la recusación– Granados insistió en su petición. Luego de cerca de dos horas que tomó la sala para analizar los argumentos presentados por la defensa, el magistrado José Barceló, quien preside el recinto, señaló que “la petición de la defensa carece de fundamento” y recalcó que “Monroy tuvo que intervenir de forma incidental. Si Monroy no halló motivos para apartarse, no puede la defensa, ni esta sala hacerlo”.

Barceló también hizo un llamado de atención a Granados, “solicitándole que no haga peticiones claramente improcedentes, que reflejan un ánimo dilatorio”.

A su turno la fiscal Viviane Morales señaló que no hay causales para la nulidad solicitada por Granados. La Fiscal recordó que el periodista Daniel Coronell ha rechazado el ser considerado víctima, porque desea seguir investigando los hechos por los que hoy se juzga al detenido Moreno y a la contumaz Hurtado.

Entonces, y a pesar de que el Alto Tribunal no aceptó los argumentos de Granados, seguramente éste seguirá buscando, a través de ambigüedades y sofismas –en los cuales es todo un experto, según lo demostró cuando defendió a Plazas Vega– dilatar la vista jurídica del caso, probablemente con el fin de alcanzar el vencimiento de términos. Como se puede ver, el juicio contra la mano derecha de Uribe podría prolongarse.

  1. S. *El jueves pasado, la Fiscalía citó nuevos testigos contra los acusados Moreno y Hurtado, tales como “Don Berna”, “El Tuso Sierra” y varios ex funcionarios del DAS, con cuyo testimonio se espera demostrar la culpabilidad de los procesados. Comienzo quieren las cosas.

** La palabra ‘mar` en nuestro idioma tiene alrededor de seis acepciones, siendo la principal de ellas la que designa el inmenso piélago que cubre aproximadamente el 70% de la superficie de nuestro planeta. Pero también significa “abundancia extraordinaria de algo” Por ejemplo: “Lloró un mar de lágrimas”, “La mar de las veces no me comprende”, “Tuvo que salvar la mar de dificultades”, etc.

Valledupar, 4 de octubre del año 2011

Un alto en el camino

La semana pasada, murió Steve Jobs, el creador de Apple, el gigante de la microcomputación que revolucionó el mundo de la informática. Sus ideas fueron plagiadas -a finales de los años 80 del siglo pasado- por IBM y por Microsoft, lo que les valió a estos dos imperios de la industria del procesamiento electrónico, una multimillonaria indemnización en dólares. Al fallar el juez a favor de Jobs, éste inteligentemente -y sin pensarlo dos veces- pidió la mitad de la indemnización en dólares y la otra mitad en transferencia de tecnologías, habida cuenta del desarrollo alcanzado por los demandados a partir de las ideas iniciales de Jobs. Con este simple episodio demostró su agilidad mental y la genialidad de su visión industrial.

Al recordar esta anécdota, rememoré algo que alguna vez encontré en los manuscritos  tantas veces citados en esta columna. Es al fin y al cabo una semblanza sobre lo frágiles que somos, de cómo siempre habremos de recordar que el mañana es un arcano, que nadie -independientemente del poder o del dinero que posea- tiene la vida asegurada. Por eso debemos cuidarla; pero, por sobre todo, vivir cada día como si fuera a ser el último de nuestra existencia. Veamos, entonces, lo que decía el manuscrito de marras:

«Las ideas no deben morir sino resucitar, al ponerlas en el ejercicio de crecer con los ideales para enaltecer las metas, que permitan llevarlas a la más alta cima sin importar las caídas que se sufran al escalar los llamados imposibles; por eso, no se debe llorar sobre los errores, ni escuchar las burlas.

Sólo oír -como todo sabio maestro- y absorber las críticas al darles un sentido, un cambio de dirección y, al ponerlas en práctica, darles la evolución inequívoca para tratarlas con delicadeza y de manera pausada; para que, cuando todo esté en orden, llenarse del poder con la energía de la verdad y, en cada pensamiento, buscar el equilibrio de hacer el bien y reflexionar -con la palabra divina- en una hermosa oración que enaltezca el alma, para tener la visión de afrontar cada mañana con la certeza de estar siempre en los senderos de la paz.

Mientras se limpia el camino de lo abrupto con la ayuda del Señor, y se establece como dar el siguiente paso, analizar con detenimiento para descartar lo inicuo de lo negativo y escoger lo trascendental de lo positivo, sin mirar el trajinar del tiempo ni el desgate de las horas muertas.

Detenerse, para reconocer el brillo de un nuevo amanecer, con la carga liviana para izar los logros, con la libertad de ser quien se es y botar todo peso que encarcele la conciencia y poner tras las rejas la soledad baldía.

Buscar luego esa grata compañía de la verdadera amistad en quien confiar y en quien hallar un escudo que proteja cuando se esté necesitado de un sabio consejo.

Y aunque en el honor presente esté el aplauso laureado por vencer los miedos, por ganarle la partida al temor y ser el único y verdadero ganador del triunfo -no por ser el primero ni el último- si no por haber logrado lo que jamás se pensó: derrotar la inferioridad.

Ahora es el momento de alabar al Creador por el don de haber alcanzado la gloria, por haber logrado las metas con Su venia; pues fue Él quien llevó la bandera y dio los ánimos necesarios para no desfallecer jamás.

Y, así, las puertas que se abrieron con las llaves del entendimiento y el saber de las cosas, harán sentir la seguridad de lo que se podía hacer y realizar. Pero sólo lo que se hizo de la mano de la creatividad sin límites -al hacer un esfuerzo para mirar al más allá-  que permita saber cómo lograr lo hecho hasta ayer con la perfección de pulir el mañana, con algo que brille más intenso con el sello único de la superación que irradia lo que en verdad se es.

La vida es solamente un espacio, un momento en el fragor del tiempo, no hay que desperdiciarla, ni hay que dejarse anular, ni sentirse menospreciado; por eso, siempre hay que edificar sobre bases sólidas, construir a prueba de sismos para que la derrota sea efímera, y poder tener a la mano la luz de la sapiencia que ilumine para saber qué hacer cuando el panorama esté sombrío.

Para no encerrarse en la tristeza, sino buscar las musicales notas del deber cumplido y hacerlas vibrar, para que todos las escuchen y, así, dar una lección de vida.»

Valledupar, 11 de octubre del año 2011

La gran industria nacional

Colombia está de ferias, pues es la época en la cual la mayor industria del país entra en producción; el último domingo de este mes la cadena productiva realizará la fase postrera y al día siguiente, a más tardar, se conocerán cuáles fueron los resultados obtenidos y los nuevos productos empezarán su labor de engranaje con los ya caducos; es decir, los que cumplieron su ciclo en el entarimado lucrativo de esta gran industria nacional, darán paso a los resultados debutantes. No obstante, habrá productos que no serán reemplazados y seguirán dentro del enlace fructífero de la mayor empresa fabril del país. Aún para los días actuales, la maquinaria –nunca se había utilizado de manera tan certera esta palabra– está en plena ebullición; pues las calderas burbujean, los hornos hierven, la materia prima ya fue procesada, los encargados del control de calidad dicen haber cumplido su labor; en fin, todo está listo para que el 30 de este mes, nuestra gran industria nacional dé sus frutos.

Lástima grande que en algunas regiones el artificio no funcione como debe ser: con materia prima seleccionada, con procesos transparentes e íntegros, con operarios escrupulosos incapaces de deteriorar el material a trajinar, diseñadores del producto que sean ejemplos de probidad; en suma, una cadena de producción limpia de gérmenes, pulcra hasta la saciedad.

Porque hay sitios en donde mucha materia prima llega ya contaminada; algunas fases del proceso son falseadas; los encargados del control de calidad se hacen los de la vista gorda; total, el producto terminado será un fiasco y el esfuerzo invertido para obtenerlo se perderá. Y no son solamente los costos de producción los que hay que lamentar. También debe deplorarse el daño tan grande que estos malos productos le harán a los futuros procesos; tan inmenso a veces que, en ocasiones, esas sucursales de nuestra gran industria nacional, no lograrán reponerse jamás del perjuicio ocasionado.

Empero todo lo anterior, sigue siendo ésta, la mayor empresa fabril del país; ya que es la que genera ese producto necesario para que la nación no se resquebraje; no importa que en algunos lugares se escamotee la materia prima, se roben los dineros encargados de financiar la producción, adulteren los resultados y dejen pasar productos perniciosos como si fueran óptimos, sustraigan los dineros recaudados por la venta del producto; en fin, quede todo en manos de facinerosos. Pues, de extinguirse esta factoría, el país sucumbiría y el caos se enseñorearía de él hasta aniquilarlo.

Pero, como aún faltan algunos días para que se dé el último hervor en esa gran factoría nacional, todavía hay tiempo para denunciar dónde está la materia prima contaminada, quiénes son los operarios que pueden falsear el proceso, en dónde anidan los dolosos incapaces de hacer un pulcro control de calidad; en fin, todavía se puede evitar que en cualquiera de las sucursales se produzcan resultados que decepcionen a los usuarios finales del producto.

Y, ¿cómo se puede lograr tanta placidez? Pues de la manera más sencilla.

Como quiera que esta gran industria nacional es la política y su producto terminado son los funcionarios electos, y todo el proceso productivo está a cargo de la ciudadanía, entonces es ésta la que, en esa transformación de candidato en elegido, debe tomar parte de la mejor manera posible. Para ello, solamente debe participar votando con el cerebro, no con el corazón y, mucho menos, con el bolsillo o el estómago.

En pocas palabras, usando el sentido común; aquel que algún gracioso llamara el menos común de los sentidos por aquello de que, para lograr usarlo, es menester seguir el método filosófico que lo vigoriza y cuyas características son: percepción, memoria, pensamiento, actividad mental, deducción, raciocino y juicio.

Por tanto, es hora de que Colombia demuestre que ha alcanzado la madurez necesaria para saber elegir, desechando a los encantadores de serpientes, a los culebreros milagrosos, a los prestidigitadores que sólo saben hacer promesas, a todos aquellos con pasado oscuro, a quienes están apadrinados por personajes turbios; total, elegir a los capaces, a los honestos, a los pulcros de alma, mente y corazón.

Valledupar, 25 de octubre del año 2011

Todavía hay esperanza

Hace tres años, por estas calendas, se comentaba en esta columna el histórico juicio contra los generales Antonio Domingo Bussi y Benjamín Menéndez, quienes fueron condenados a cadena perpetua por encontrárseles culpables de crímenes de lesa humanidad contra la población civil, durante la dictadura militar que asoló a Argentina, entre 1976 y 1982.

Fueron varios capítulos –representados en sendos artículos semanales– en los cuales se analizó la oprobiosa situación a la que fuera sometido el pueblo argentino, cuando quiso reaccionar contra el gobierno autárquico de los generales que se habían tomado el poder tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, con el cual depusieron a la presidenta María Estela Martínez quien, como vicepresidenta, asumiera el gobierno luego de la muerte del titular Juan Domingo Perón.

Con ese golpe, comenzó la trama desastrosa de la historia reciente de Argentina que, durante seis años, ocho meses y diez días, sufrió la más cruenta, devastadora y monstruosa dictadura de su vida republicana. Durante ese tiempo, fueron poco a poco suspendidas las actividades políticas y se instauró un período –nunca antes visto en ese país– de represión contra los opositores al régimen. Opositores que surgían por doquier al ver la desastrosa labor de los dictadores de turno –todos ellos generales y almirantes– en las áreas social, política y económica, que estaban conduciendo al país por el sendero de la ruina y el descalabro total.

Cuando los generales y los almirantes sopesaron el tamaño de la oposición, se lanzaron venablo en ristre contra los adversarios, sin parar en mientes con tal de devastarlos hasta la aniquilación total, para lo cual se aliaron con los miembros del grupo paramilitar denominado Alianza Anticomunista Argentina (Triple A); el cual  aumentó su poder y su radio de operación, con la connivencia de la Junta Militar, constituida por los generales Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti y el almirante Eduardo Emilio Massera y presidida, inicialmente, por el primero de estos militares.

Esta unión entre Estado y paramilitares de la Triple A fue llamada, por los involucrados en el pacto, “Proceso de Reorganización Nacional”; algo así como un acuerdo para “refundar” la Patria. (¿No te suena la situación, amable lector?)

Fue tan grande el terror que esta alianza logró infundir en los argentinos, que hasta los partidos políticos cedieron ante la voluntad arrolladora de la dictadura y, así, el tejido institucional quedó capturado en la marea de represión que desataron las Fuerzas Armadas y de Policía y sus aliados de la Triple A.

El terror, el peor consejero del espíritu en situaciones geopolíticas, les hizo creer a muchos –sobre todo a los de las clases más favorecidas por la fortuna– que esa represión era necesaria para devolver la confianza en las instituciones y que, una vez se acabara con los opositores, todo volvería a la normalidad. Algunos conciliaron con el régimen y se apoltronaron en él, muchos trataron de pasar desapercibidos y otros huyeron a Europa o Norteamérica. (¿Recuerdas algo similar y reciente, en algún lugar no lejano del continente?)

Pues bien, uno a uno han ido cayendo los responsables de esta situación opresiva en Argentina: Videla, otros generales y unos almirantes fueron condenados a cadena perpetua en 1983 y, aun cuando Carlos Menem pretendió indultarlos en los años 90, el año pasado el Tribunal Oral Federal # 1 de la provincia de Córdoba, encontró culpables a Videla y a sus cómplices de los cargos imputados –como autores intelectuales– y los sentenció a cadena perpetua. A Orlando Agosti, la muerte ya lo había librado de la condena.

La semana pasada, el Tribunal Oral # 5 de Buenos Aires, condenó a cuatro oficiales de la Armada argentina, a un oficial del Ejército, a otro de la Policía y a un sargento de la misma institución, a cadena perpetua; también castigó a cuatro oficiales más de la Marina a purgar condenas que oscilan entre los 18 y los 25 años de presidio.

Todos los condenados la semana pasada, fueron señalados como culpables de ser los ejecutores materiales de las torturas, crímenes, desapariciones, masacres y demás actos aberrantes cometidos contra la oposición, durante la dictadura de Videla y compañía.

Por eso, los colombianos no perdemos la esperanza de que, algún no lejano día, la justicia también juzgue y condene a los depredadores nacionales.

Valledupar, 1º de noviembre del año 2011

Una nueva Desiderata (*)

No le quites a alguien la esperanza; puede ser lo único que esa  persona posee.

No tomes decisiones cuando estés enojado. Cuídate de quien no tenga nada que perder. Aprende a decir no, con cortesía y presteza.

No esperes que la vida sea justa ni te apesadumbres al perder una batalla, si esto te lleva a ganar la guerra; por tanto, no aplaces las cosas; hazlas en el momento preciso.

No temas decir, no sé, lo siento o te amo, y procura contemplar el amanecer al menos una vez al año. Cuando hables con alguien, míralo a los ojos. Di, por favor y gracias, con más frecuencia.

Trata a los demás como quisieras ser tratado; aprende a guardar secretos, reconoce tus errores, di siempre la verdad, o cállala si sabes que puedes herir con ella.

No cuentes todo lo que oigas, ni digas todo lo que piensas, ni creas todo lo que te digan. Tampoco olvides que aprender a escuchar, es un arte.

Disfruta la belleza. De la elección que hagas de tu pareja, se derivará la mayor parte de tu felicidad. Pero aprende a gastar menos de lo que ganas.

No pierdas el control en ningún momento; cuenta hasta diez antes de actuar.

Medita treinta minutos todos los días. Disfruta del descanso. Conserva tus amistades.

Se honesto y gánate el respeto de los demás. No olvides que tienes derecho a ser feliz. Así que desecha el odio y el rencor, que te hacen más daño a ti.

Hay cosas en la vida que nunca regresan: las palabras pronunciadas, el tiempo transcurrido y las oportunidades perdidas. La edad es algo mental, si no te preocupa, no te afectará.

Procura hacer una sola cosa a la vez. Descubre lo placentero de las cosas elementales, como respirar, comer, caminar, saborear, tocar, ver, dormir. La felicidad es como una alcancía, échale todo lo que puedas.

¿No crees que sería bueno hacer, de vez en cuando, un inventario de los bienes que has recibido para así vivir con mayor alegría y optimismo? ¿Por qué llorar mientras vas por la vida, cuando otros ríen y no tienen pies? ¿Por qué vivir pensando en cosas que te hacen sufrir, en vez de recordar las que te hacen bien?

Tienes un organismo que funciona a la perfección: células, trabajando continuamente y obrando todas en tu favor y en perfecta armonía; piernas y pies  dotados de músculos, huesos y nervios suficientes para moverte y poder pasear, correr, bailar y hacer deporte. Eres un ser humano, el único animal que puede hablar, para calmar al airado, animar  al abatido, estimular al cobarde y decir palabras amorosas.

Cuentas con un par de oídos para escuchar el ulular del viento, el reír de los niños, la suave música de las orquestas, el trepidar de las aguas y el sonido de las palabras amables de las personas que estimas. Posees un cerebro extraordinario, capaz de almacenar todos tus recuerdos, discernir, hacerte sentir todas las sensaciones que tus sentidos perciben; pero, más aún, ser el origen de todos tus sentimientos.   

Tienes unos ojos que te permiten gozar de la magia de los colores, de la luz, de la simpatía de las personas y de la majestad de la naturaleza.

Tienes un corazón que es una maravilla de la creación. Bombea hora tras hora, toda la vida, despierto o dormido, impulsando la sangre a través de venas y arterias, para alimentar hasta la última célula de tu cuerpo. Y así, hasta el más sencillo de tus órganos trabajan para darte una vida saludable.

Dedica menos tiempo a pensar en lo que te hace falta y mejor detente a recordar y agradecer lo bueno que posees.

Y no sólo con respecto al cuerpo, sino también a los dones de que disfrutas: la familia,  las amistades, las comodidades y hasta las oportunidades que se te presentan a diario. Por eso, no veas solamente lo que te hace falta, ¡agradece lo que ya tienes!

Has cuentas de tus bienes y de tus alegrías también. No pierdas tiempo rememorando  tus males. Y si te has despertado hoy con fuerza y sin dolor, tienes más suerte que muchas otras personas. Colecciona pensamientos alegres y optimistas y no se te olvide alejar de tu mente el pesimismo y los recuerdos tristes.

Si has visto a tus padres hacerse viejecitos juntos, eres un privilegiado. Si puedes esbozar una sonrisa y estar agradecido por todo lo que has recibido, eres un afortunado porque muchos, pudiendo serlo, no lo son.

Si puedes tomar la mano de alguien y abrazarlo, alégrate, quiere decir que no estás solo. Si estás leyendo esta columna, ya has recibido una bendición, porque más de 2 mil millones de personas en el mundo no saben leer o son ciegos.

(*) Cosas dignas de ser anheladas.

Valledupar, 8 de noviembre del año 2011

De “niños especiales”

Se ha vuelto habitual hablar de “niños especiales” cuando se quiere hacer mención a algún infante que muestra alguna incapacidad física o mental. Esta denominación ha hecho olvidar a la humanidad algo que es tácito en el discurrir diario de la vida: todos los niños son especiales, en tanto merecen atención singular de parte de sus padres, hermanos, abuelos, tíos y demás familiares o personas de su entorno.

En tal caso, es probable que se debiera hablar de niños con discapacidad que  requieren de “atención especial”. Pero como esto llevaría al común de la gente a hilar delgado, entonces aceptemos  -en gracia de discusión- que existen “niños especiales”.

Ahora bien, ¿cómo se debe tratar a estos “niños especiales”? Todo depende de la incapacidad que cada uno de ellos padezca. Vale decir que cada “niño especial” merece un trato específico.

Pues así nos encontremos ante un determinado número de niños, por ejemplo, con parálisis cerebral -algo que evidentemente los hace singulares-, no será posible pretender darles a todos ellos el mismo tratamiento, ya que (y se ha tomado un caso extremo, justamente para valorar la singularidad de cada uno de esos niños) el comportamiento de cada cual será diferente al de los demás del hipotético grupo. Y si su comportamiento varía en relación con el de sus similares en discapacidad, es apenas obvio que el especialista encargado de tratarlo aplique un procedimiento diferente para cada uno de sus pequeños pacientes.

Pero estas alteraciones son tan múltiples y tan diferentes, que se puede afirmar que el campo de acción de los terapeutas necesarios para darles tratamiento a estos pequeños desventurados, es amplio y además gratificante; pues nadie podrá negar la satisfacción que ha de sentir el profesional que logra hacerle llevadera la vida a una de estas criaturas, cuyo impedimento no puede imputársele al infante en cuestión y, muchas veces, ni siquiera a sus padres; pues es innegable que durante la gestación pueden presentarse accidentes -no siempre traumáticos para la madre- que desembocan en malformaciones  físicas o psíquicas para el ser por nacer.

Estos problemas son de carácter variado y van desde una deficiencia auditiva hasta la ya mencionada parálisis cerebral; pasando por la invidencia, la dificultad para caminar o, peor aún, la absoluta incapacidad para hacerlo; la dificultades del habla, los inconvenientes para asir los objetos, los impedimentos para entender los conceptos de la vida -incluidos los más triviales- y un número de obstáculos que se les presentan a estos pobres desdichados, cuya única culpa ha sido la de nacer. Escollos que, la mar de las veces, pasan desapercibidos para los afortunados que podemos contar con todas las habilidades corpóreas y anímicas.

Es por eso que, estas venturosas personas (al menos como un gesto de agradecimiento al Creador, por haberlos dotado de todos los atributos físicos y espirituales) debieran dar una mirada a esos casos de infelicidad y decidirse a contribuir (así sea con un pequeño grano de arena -tomado como símbolo-) con el fin de aliviar, si no totalmente al menos parcialmente, esta situación de infortunio.

¿Cuántos niños podrían mejorar su estilo de vida, si contaran con una silla de ruedas o, siquiera al menos con unas muletas? ¿A cuántos se les mejorarían sus posibilidades de aprendizaje con un simple par de audífonos o unas sencillas gafas? ¿Cómo llegaría a ser feliz un niño ciego al que se le pudiera dar a conocer el método de lectura braille?

Y los innumerables niños que padecen del síndrome de Down que precisan de asesorías especiales y costosas, qué felices serían (ellos y sus padres y demás seres queridos), si pudieran contar con los recursos para lograr las ayudas especiales requeridas.

Esa sería la mejor forma de agradecerle al Todopoderoso la felicidad con que ha sido dotado cada bienaventurado por la diosa fortuna -en cualquiera de sus manifestaciones sociales o económicas-, para que desprendiéndose de una pequeña porción de su acervo pecuniario, ayudara a solucionar el problema que agobia a uno de estos semejantes.

  1. S. El irreflexivo es mentecato y necio. Y, si ese irresponsable y ligero al hablar, ha sido vicepresidente del país y hoy dirige un programa radial de trascendencia nacional, no sólo es culpable de insensatez, sino que también deja mucho que desear la dirigencia que ese individuo representa.

Valledupar, 15 de noviembre del año 2011

Las señales de Dios

Esta es la historia de un hombre que creía en Dios, en su bondad, en su amor y en su misericordia. Así había sido criado por unos padres que siempre se preocuparon por su formación espiritual. Cuando llegó a la adolescencia, decidió enrolarse en la marina mercante. Luego del tiempo de escuela se graduó y lo destinaron a un barco que surcaba las aguas del Pacífico Sur.

Los nuevos marineros estaban a la expectativa, esperando el día en que por fin se hicieran a la mar. Hasta que llegó el anhelado día: era un viaje de casi dos meses. A todas éstas, los compañeros del fiel cristiano hacían mofa de su devoción. No obstante, él no les prestaba mayor atención y seguía las enseñanzas del hogar paterno, ampliadas en el colegio parroquial durante su pubertad.

Una noche, días después de haber pasado el Canal de Panamá, encontrándose en medio del terrible océano Pacífico -cuyo nombre no corresponde a su índole bravía- estalló una tempestad y, a pesar de los esfuerzos del capitán y de la tripulación, el barco zozobró. Solamente sobrevivieron tres marineros; uno de ellos el fiel cristiano. En una balsa lograron llegar a una isla desierta -después de varios días del naufragio- alimentándose con lo poco que lograron rescatar del siniestro.

Ya en la isla, a pesar del cansancio, construyó una pequeña cabaña para protegerse y proteger las pocas posesiones. Muy a regañadientes había logrado que sus dos compañeros colaboraran, pues estos estaban desmoralizados.

El fiel cristiano oraba fervorosamente todos los días, pidiendo a Dios que los socorriera y mandara alguna embarcación que los rescatara. Cada día oteaba el horizonte en busca de ayuda, pero ésta no llegaba.

Un día salieron a pescar y al regreso vieron que se había quemado la choza, y allí sólo había un montón de ruinas humeantes. Ese día, después de haberlo perdido todo, terminó por contagiarse del pesimismo de sus camaradas. Por eso, anduvo vagando por la isla, ya sin ninguna esperanza. Hubo un momento en el cual se confundió y, en medio del enojo con Dios, lloró y  decía: « ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí, que siempre he creído en ti?»

A la mañana siguiente, asombrados escucharon la sirena de un buque que se acercaba a la isla. ¡Venían a rescatarlos! Al llegar sus salvadores, ansiosos los náufragos preguntaban: « ¿Cómo supieron que estábamos aquí?» Ellos respondieron: «Desde lejos, vimos las señales de humo que estaban haciendo.» Así que la aparente desgracia de haber perdido sus únicas posesiones, ¡les había salvado del desastre!

Cómo es de fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la fe en Dios; porque, de seguro, Él está trabajando en nuestras vidas en medio de las penas y el sufrimiento, para darnos crecimiento espiritual y aumentar la fe. Por eso, la próxima vez que tu pequeña choza se queme, recuerda que no debes perder la fe ni la esperanza. No dejes que las desventuras arruinen tu vida. No permitas que un traspié te amilane y te quite las ansias de seguir adelante.

Es posible que esas pequeñas señales de humo que surgen en tu diario trasegar, sean indicios del amor de Dios, para que, de esa manera, alguien te preste atención y te brinde solícita ayuda. En ocasiones, a las cosas negativas que nos pasan, debemos buscarles la razón de ser; para que terminemos por decirnos a nosotros mismos: “Siempre Dios tiene una respuesta positiva para todas nuestras necesidades.”

A veces en situaciones complicadas que se nos presentan en la vida, pedimos a gritos una señal a Dios y, en ocasiones, hasta decimos: “Si al menos me enviaras una señal de lo qué debo hacer o qué camino seguir.” Pero olvidamos que Dios nos envía señales todos los días, sólo que a veces nosotros estamos tan preocupados o atareados, que no las vemos o, si las vemos, no les ponemos atención.

Decía un sacerdote: «Dios nos envía señales fundamentalmente a través de nuestra conciencia. Una conciencia que tiene que estar buscando constantemente a Dios; una conciencia que no tiene que detenerse jamás, a pesar de las barreras o las murallas que haya en el alma.»

  1. S. Hace mes y medio envié esta aclaración, pero parece que no fue atendida: «La palabra ‘mar’ en nuestro idioma tiene alrededor de seis acepciones, siendo la principal de ellas la que designa el inmenso piélago que cubre aproximadamente el 70% de la superficie de nuestro planeta. Pero también significa “abundancia extraordinaria de algo”. Por ejemplo: “Lloró un mar de lágrimas”, “La mar de las veces no me comprende”, “Tuvo que salvar la mar de dificultades”, etc.»

Valledupar, 22 de noviembre del año 2011

Viudo de poder

Es usual que los gobernantes sensatos -sujeto y predicado que habitualmente se rechazan, pero que en ocasiones se incluyen- una vez terminan su mandato, se marginen de toda actividad que tenga que ver con el ejercicio del poder y, muy de vez en cuando, se asomen a los balcones de la opinión para emitir un juicio, casi siempre mesurado; pues, con la edad y la extinción del manejo de la cosa pública, la prudencia se hace presente.

La anterior aserción la corroboran la mayoría de los ex presidentes que en Colombia han sido en los últimos treinta o cuarenta años. Cada uno de ellos, al terminar su único y constitucional período, se ha apartado de manera discreta de la actividad oficial, para dejar en libertad a sus sucesores, con el fin de que estos apliquen su personal criterio en la conducción del estado.

Esta es una actitud no sólo caballerosa y elegante, sino además, inteligente; ya que es obvio que si en mi mandato no pude hacer bien algo determinado, entonces, ¿cómo diablos puedo aconsejar a quien me sucede en el cargo, sobre asuntos en los cuales fallé?

De esa manera distinguida e hidalga, han hecho gala, Belisario Betancur, que se refugió en las artes para gozar de una plácida vejez. En muy escasas ocasiones aparece en algún medio de comunicación, casi siempre en noticias relacionadas con las letras castellanas. Su vida desde entonces ha sido tan discreta, que muy pocos recuerdan sus desaciertos de presidente.

Virgilio Barco, terminó su cuatrienio y regresó a la Embajada en Gran Bretaña -donde había estado a principios de los años sesenta- para regresar a Colombia en 1997, donde falleció de cáncer. Durante esos años de ex presidente, jamás se le vio atravesar palos en la rueda de sus dos sucesores. La muerte lo protegió de las críticas a su gestión gubernamental.

César Gaviria, terminó su mandato y viajó enseguida a hacerse cargo de la Secretaría General de la OEA y allí permaneció ocho años. Regresó a la Dirección del Partido Liberal y desde allí ejerció oposición, no como ex presidente, sino como director de una colectividad en pugna con el gobierno del momento. Ya muy pocos se acuerdan de los apagones y de la apertura económica.

Ernesto Samper, terminó su accidentado mandato y se retiró a seguir defendiéndose de las sospechas que se generaron a raíz de los dudosos aportes a su campaña. El tener ese rabo de paja tan grande lo ha mantenido alejado de la política activa. De vez en cuando aparece emitiendo alguna opinión.

Andrés Pastrana, tras su fallido proceso de paz con la guerrilla, se retiró sin pena ni gloria al concluir su período presidencial. En la actualidad es miembro del Club de Madrid, el Consejo de Presidentes y Primeros Ministros del Programa de las Américas del Centro Carter de Atlanta y el Consejo Directivo de la Fundación Internacional para los Sistemas Electorales, con sede en Washington. Su ausencia casi permanente ha hecho olvidar sus errores como mandatario.

No obstante, Álvaro Uribe no ha podido aceptar que perdió la oportunidad de perpetuarse en el poder y, por lo mismo tal vez, no ha aprendido a ser y actuar como ex presidente. Se metió en el berenjenal de las últimas elecciones y a todos aquellos a los que apoyó salieron derrotados. Como fracasó en su intento de hacer elegir a su clon mejorado (según sus propias palabras) optó por apostarle todo a su ex ministro de defensa. Pero éste resultó ser de vuelo independiente y no le caminó ni siquiera al cuidado de los famosos “tres huevitos”. Ahora, cuando Santos ha decidido dedicarse a corregir errores, a apagar incendios, a reparar a las víctimas y, como si fuera poco, le salta la liebre de las lluvias torrenciales (con todo lo que ellas significan en pérdidas de vidas y haciendas), tratando simultáneamente de que no haya alborotos en el vecindario, Uribe trata de meter la cucharada donde no lo han llamado y pretende volver a alborotar a sus personales enemigos que rigen los destinos de países del área. Y lo que es peor, buscando quedar en ridículo, pues sus presuntos posibles aliados en Venezuela -los opositores a Chávez- muy claramente le dijeron (palabras más, palabras menos) que no los metiera en sus personales trifulcas domésticas; las cuales no eran de la incumbencia de ellos, los venezolanos. Algo así, como el famoso “¿Por qué no te callas?”

Valledupar, 29 de noviembre del año 2011

Las arepas tostadas

Recuerdo que, en mi niñez, en el hogar paterno con mucha frecuencia se cenaba una arepa asada untada de mantequilla fresca, un trozo de carne asada y un pocillo de café de leche bien caliente.

Sucedió que un día, después de una larga y dura jornada en el trabajo, llegó mi padre cansado, con ganas de cenar e irse a acostar. La semana aún no daba trazas de terminar.

Mi madre, solícita, puso el consabido plato de carne asada y una arepa tostada -pero tan tostada, que más parecía una arepa quemada- frente a mi padre y se devolvió para la cocina a traerle su pocillo de café, caliente como a él le gustaba.

Mis hermanos y yo estuvimos esperando a ver la reacción de nuestro padre cuando notara el estado de la arepa. Sin embargo, él miró la arepa tostada, sonrió a mi madre y nos preguntó a los más pequeños cómo nos había ido en la escuela.

No recuerdo lo que le contestó cada uno de nosotros, pero sí retengo en mi memoria su imagen, viéndolo cómo untaba mantequilla a la arepa tostada, la partía en pequeños triángulos y se la comía junto con trozos de carne, paladeando cada bocado con deleite, para luego pasar un sorbo de café caliente. Esa noche, no varió en lo absoluto su cotidiano procedimiento. Cuando me levanté de la mesa, alcancé a oír a mi madre lamentándose ante mi padre por las arepas tostadas, casi quemadas. Nunca olvidaré la amorosa respuesta que él le dio, sonriéndole mientras le acariciaba el rostro:

–Mija, no te preocupes; a veces me gustan las arepas tostadas, casi quemadas.

Un rato después, mientras mi madre recogía los platos, fui a la alcoba materna a darle el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si era verdad que a él le gustaban las arepas muy tostadas, casi quemadas.

Él se sonrió, me abrazó y me dijo:

–Tu mamá tuvo un día de mucho ajetreo en la casa, está muy cansada y además, una arepa tostada, un poco quemada, no le hace daño a nadie.

La actitud noble de mi padre me emocionó y sentí un nudo en la garganta y los ojos se me anegaron en lágrimas.

En la vida no todo es perfecto, hay cosas imperfectas y gente imperfecta. Aprender a entender los defectos y los errores de los demás, y decidir aceptar cada una de las diferencias de las personas de nuestro entorno, es una de las cosas más significativas para crear una relación sana y duradera.

Una arepa muy tostada, casi quemada no debe dañar una relación, ni debe ser motivo para romper un corazón.

La comprensión y la tolerancia -que surgen del respeto- son las bases en las que se fundamenta el amor.

Por eso, procura ser más amable con quienes te rodean (en el hogar, en el colegio, en el trabajo, en la universidad), porque nadie está exento -en cualquier instante de la vida- de tener que librar algún tipo de batalla. Todos tenemos problemas y todos estamos aprendiendo a vivir y lo más probable es que no nos alcance la vida para aprender lo necesario. Todos estamos expuestos a que, algún día, se nos queme la arepa que estamos tratando de asar.

Recuerdo a un sacerdote jesuita que, en una homilía dominical, decía: «El camino a la felicidad no es recto. Existen curvas a las que les decimos equivocaciones, hay semáforos llamados amigos, luces de precaución denominadas familia, y todo lo logras si tienes siempre a la mano una llanta de repuesto conocida como decisión, un potente motor al que llamamos amor, un buen seguro denominado fe, abundante combustible llamado paciencia, pero sobre todo un experto conductor a quien le decimos Dios.»

  1. S. Lamentamos el deceso del médico y compañero de labores periodísticas, Jaime Gnecco Hernández y unimos nuestras condolencias a las de todo el personal de El Pilón, pidiendo a Dios que dé resignación a sus seres queridos y a él le conceda el descanso eterno.

Valledupar, 6 de diciembre del año 2011

La imaginación, fuente de la inspiración

Samuel Taylor Coleridge, poeta, crítico y filósofo británico que viviera hace dos siglos, decía: “…la imaginación no inventa, solamente descubre relaciones entre lo ya existente…”

Al fin y al cabo, la imaginación es una facultad del alma que nos permite representar como reales las cosas que surgen en su interior. Está sujeta a la actividad interpretativa y a la capacidad de recordación del ser humano.

Francis Bacon, filósofo y político inglés de los siglos XVI y XVII, consideraba que la poesía existe, gracias a la imaginación.

René Descartes, filósofo, físico, matemático y astrónomo francés del siglo XVII, sostenía que la imaginación, como facultad representativa, basa su facultad específica en su condición reproductora, mas no creadora.

David Hume, filósofo británico del siglo VXIII, va más allá cuando afirma que “todas las ideas simples pueden ser separadas por la imaginación y de nuevo unidas por ella misma, de la forma que mejor le plazca. Ella manda sobre las ideas, de manera que éstas no pueden combinarse sin la intervención de la imaginación; hasta el punto de que no puede haber conocimiento, sin el concurso de aquélla.”

Para Immanuel Kant, el filósofo alemán del siglo XIX, autor de la “Crítica de la razón pura”, la imaginación hace posible la unificación de la diversidad de lo representado en la intuición.

Claro está que para Santa Teresa de Ávila, la imaginación cuando no se utiliza para fines creativos, se convierte en “la loca de la casa”, pues se vuelve delirante y, por tanto, charlatana y sin ton ni son arrastra, en su mundo absurdo, a toda persona que le dé pábulo .

Pero aquí se ha querido hablar de la imaginación creativa, esa que nace del discernimiento de las cosas, la que permite -a todo aquel que sepa utilizarla de manera talentosa- sacar de la nada grandes ideas, magníficas obras artísticas (literarias, pictóricas, musicales, arquitectónicas, ingenieriles, etc.)

Gracias a la imaginación, toda aquella persona que encuentra en el artificio de la escritura, un paliativo para la ansiedad, un remedio para la soledad, un sucedáneo para el aburrimiento, logra a la larga, volcar al papel, página tras página, el bosquejo de un cuento, la trama de una novela, las fantasías de una leyenda o una sencilla columna de opinión.

Cuantos poemas han surgido, merced a un arrebato de la inspiración.

Los mismos castillos medievales, al igual que las magníficas obras de la arquitectura (moderna o antigua) son el producto de una imaginación fértil.

¿Qué son los cuadros de Miguel Ángel, Botticelli, Da Vinci (por citar unos pocos), sino resultados de una imaginación desbordada?

Y las grandes composiciones musicales que han logrado trascender el paso de los años y los siglos, causando admiración y solaz, no son acaso, ¿obra de la imaginación?

En uno de tantos folletos, libros, revistas u hojas virtuales (ya no recuerdo bien), que circulan por doquier, encontré hace algún tiempo una pequeña narración -pequeña en tamaño, pero grande en enseñanza- que no hace otra cosa que hacer un elogio a la inventiva; vale decir, a la imaginación:

«Cuenta una leyenda que había dos niños patinando sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación; cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, ¡es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas!

En ese instante apareció un anciano y dijo: «Yo sé cómo lo hizo».

«¿Cómo?», le preguntaron al anciano, y él contestó: «No había nadie a su alrededor que le dijera que no se podía hacer.» Por eso, si lo puedes imaginar, lo puedes lograr.»

Valledupar, 20 de diciembre del año 2011

La tenencia y el porte de armas

Después de dos semanas de descanso, volvemos a importunar a unos y a conversar con otros: son los habituales lectores de esta columna, que no tiene otro propósito que el de comentar algunos hechos de cierta trascendencia local, nacional o internacional. Más otrosí, cual es el de hacerlo sin espíritu justiciero y mucho menos pendenciero; solamente se quiere denunciar lo que atente contra el Estado Social de Derecho.

Hacia finales del año 2000, durante la celebración de un nuevo aniversario del Consejo Gremial, su presidente del momento, Jorge Visbal Martelo conminó a la audiencia a armarse hasta los dientes, con tal de defender sus canonjías. Lo insólito no fue el emplazamiento del señor Visbal -al fin y al cabo esa es una postura natural en los de su clase- sino la clamorosa respuesta de los asistentes al acto: todos a una, como en Fuenteovejuna, alzaron el brazo derecho, a la usanza nazi en las épocas del “Heil Hitler”, para luego en estruendosa ovación sellar el pacto que, según el devenir de los hechos, se refrendaría en Ralito, medio año después. Pero lo asombroso estaba por venir: los medios de comunicación -sobre todo los televisuales- sacaron pronto de contexto la imagen fascista del brazo en alto; mas sin embargo, hicieron coro de la convocatoria.

Recordemos que el señor Visual pasó a la presidencia de Fedegan; en donde celebraría en diciembre del 2003 -con Uribe a bordo- los 40 años de la institución. Lo cómico fue el brindis: con un vaso de leche, mientras el país se cubría con baños de sangre, como producto del pacto de “refundar” la patria, rubricado en Ralito. En el 2008, fue premiado por oportunistas, ingenuos y tontos que votaron por él para el Senado. Luego -en vista de su fracaso electorero y en premio por sus labores en pro de la intolerancia y la represión- su mentor lo nombraría su embajador en Perú. Gracias a Dios, la Justicia actuó y hoy está preso por parapolítica.

En el año 2002, un oscuro representante a la Cámara, Manuel Ramiro Velásquez, repitió (tal vez como loro) la absurda consigna de Visbal: “hay que armarse, como sea, con tal de defendernos del enemigo.” Al igual que en el 2000, la prensa calló.

Ahora, Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá, hace un clamor en sentido contrario: “desarmémonos” y nuevamente todos a una, como en Fuenteovejuna, se vienen lanza en ristre contra el propósito de paz del señor alcalde de Bogotá.

Lo curioso radica en que sus detractores, muchos de ellos disfrazados con piel de oveja, no analizaron la petición de Petro; él no habló de la tenencia de armas; él fue enfático en solicitar la prohibición del porte de armas; vale decir, andar por la calle a pie o motorizado, llevando consigo un arma. Son dos cosas distintas. Una es que el poderoso, el que tiene como armarse para defenderse contra la delincuencia y tenga con qué hacerlo, pero desde su vivienda o sitio de trabajo, lo pueda hacer sólo para este fin. Y otra cosa diferente, es el caso de aquel que porta arma(s) -sin pertenecer a las fuerzas de seguridad del Estado- y transite libremente por las calles de las ciudades, convirtiéndose en un homicida potencial.

Lo aberrante es que esto lo saben los detractores del señor Alcalde de Bogotá; pero insten en su diatriba, solamente para tener tema con el cual despotricar de Petro. Al fin y al cabo, despotricar viene de potro, de caballo, de mula.

Pero si otro tanto pasó cuando, antes de posesionarse, anunció la posibilidad de aunar las empresas de servicios públicos de la ciudad que se aprestaba a gobernar: tirios y troyanos se apresuraron a reconvenir su idea; olvidando, de manera deshonesta, que en Medellín desde hace más de medio siglo existe esta figura de mancomunidad de servicios y la empresa que los produce, los distribuye, los factura y los recauda, es modelo en el país. En Cartagena, hasta hace unos cuarenta años, se hacía otro tanto y nunca nadie se quejó del mal servicio por causa de dicha asociación. Ésta desapareció cuando la Electrificadora de Bolívar decidió independizarse de las Empresas Públicas de Cartagena; pero la facturación y el recaudo siguieron haciéndose desde estas últimas.

Entonces, la Fronda -con su mano negra- continuará en su labor de descrédito de todo aquello que perjudique sus prebendas, sus canonjías y sus sinecuras. Por eso, los gobernantes honestos, deben continuar con sus proyectos en pro del beneficio de los desposeídos, sin parar en mientes en las diatribas de los viudos del poder.

Valledupar, 17 de enero del año 2012

Ladran Sancho; señal de que cabalgamos (*)

Los detractores de Petro, el Sr. Alcalde de Bogotá, siguen dando palos de ciego en su actitud belicosa en contra de él. Son los mismos que terminaban el día -durante los dos famosos cuatrienios enmarcados bajo la égida de “refundar la patria”- con el brazo adolorido en razón del perpetuo batir de incensarios al “nuevo mesías”. Su actitud rastrera, casi reptil, daba grima, producía lástima no exenta, en ocasiones, de aversión por lo canallesca y servil.

Pues bien, estos maldicientes se agarran hasta de un clavo caliente, con tal de despotricar de Petro.

María Isabel Rueda -ahora columnista de El Tiempo, pues fue echada de otros medios de comunicación- aún no se repone de sus heridas en las rodillas, luego de casi diez años de actitud genuflexa, ante el nuevo “redentor” de Colombia. Sin embargo, como su amo y patrón fracasó en su empeño de elegir alcalde de Bogotá a uno de sus alfiles, ahora se despacha contra el escogido por la mayoría de los electores de la capital.

Y, entonces, para teñir sus falacias con visos de verdad, acude a una estrategia aberrante, que desdice del buen periodismo: Tomar como hechos cumplidos lo prometido en campaña por el nuevo alcalde de Bogotá; cuando, de manera ladina y artera, hace caso omiso de que, al momento de ella regurgitar sus pestilencias, Petro llevaba apenas dos semanas en el cargo. Tiempo, éste, insuficiente para poder desarrollar cualquier propuesta bien pensada y mejor diseñada, como las que hizo el hoy alcalde de la capital. Esta proeza que la Rueda quiere exigirle a Petro, ni siquiera su amo y patrón -con todo el poder mesiánico que lo investía- habría sido capaz de lograr.

De su columna del 14 de los corrientes, publicada en El Tiempo y titulada “La paja de Petro”, lo único rescatable -por lo válido- es el formato castizo que utiliza en la fecha; lo demás, lo dice el nombre de la columna: “¡Pura paja!”

El resto -como ya se dijo antes- es una sarta de mentiras, de sandeces (todas ellas adornadas con visos de verdad), escritas con el único fin de engañar a los incautos, burlar a los desorientados, engolosinar a los viudos del poder y embaucar a otros muchos. Lo malo del mentiroso, es que de tanto repetir sus embustes, acaba por creérselos y termina por vivir en un mudo de falacias y engaños, del cual no es fácil salir. Y lo que es peor, se acaba por perder la credibilidad de la audiencia.

Otra de las razones del mote de la columna de hoy, está relacionada con el programa de restitución de tierras, emprendido por el actual gobierno en cabeza de uno de sus mejores ministros: el Dr. Juan Camilo Restrepo, quien tiene bajo su responsabilidad la Cartera de Agricultura.

Este programa ha levantado ampollas en la epidermis proclive a la desigualdad social de quienes, de una manera u otra, terminaron por quedarse con las tierras de los desplazados a la fuerza. Desplazamiento en el cual fueron partícipes -por acción u omisión- muchos de los que ahora disfrutan de extensos territorios, cuyo aumento quedó signado con la estela del crimen.

Son ellos quienes disfrutarían con un eventual fracaso del programa bandera del presidente Santos y de su ministro de Agricultura; pues, así, se quedarían con los espaciosos terrenos mal habidos.

Más aún, son los mismos que esgrimen títulos amañados, obtenidos a través de terceras personas y se aferran a la tierra con todas las artimañas necesarias para lograr el despojo a los que carecen del poder para reclamar lo suyo. Es por esto que el programa de restitución de tierras pasa por la codicia de quienes se acostumbraron a tenerlo todo sin merecerlo.

(*) Esta es una de esas frases de las tantas que le se han atribuido a Don Alonso Quijano y que se usa mucho en crónicas y columnas de opinión; frase que, aunque no sea del todo cierta, ayuda mucho como sucedáneo de aquella no menos famosa citada por José Asunción Silva, al hacer mención de la inutilidad de los ladridos de los perros a la luna.

Valledupar, 24 de enero del año 2012

El pesar del bien ajeno

Esa es la envidia y, como tal, también es el sentimiento de animadversión contra quien posee algo que el resentido no puede alcanzar.

El Dr. Saúl F. Salischiker, Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta judío, explica así ese malsano sentimiento: «Cuando una persona se obsesiona y deja de gozar la vida por estar pendiente de la de su adversario, o del entorno de éste y, entre otras cosas, siente molestia por cada uno de sus triunfos, aparte de manifestar signos graves de inferioridad, muestra que se trata de una persona psiquiátricamente enferma.»

Por consiguiente, ese pesar del bien ajeno agobia tanto, que hace al envidioso llegar a extremos como lo describe gráficamente la fábula de la Serpiente y la luciérnaga: “Una serpiente perseguía iracunda a una luciérnaga, pero por más que ésta trataba de huir, no lograba escapar de las asechanzas de la serpiente; hasta que, finalmente, la hostigante logró alcanzarla. La luciérnaga ya perdida, sólo atinó a decirle a su gratuita enemiga:

-¿Por qué me persigues? ¿Qué te hecho?

-Nada, le dijo la serpiente. Es que me disgusta que brilles.”

Pues bien, ese es el sentimiento que ha despertado el actual Alcalde de Bogotá: la gratuita envidia de sus detractores.

Además de las frases con que María Isabel Rueda se despachara, destilando veneno, en El Tiempo de hace dos semanas, y Andrés Hoyos, en su revista literaria El Malpensante, y Héctor Abad Faciolince, columnista de El Espectador, abrieran fuego contra el recién electo alcalde (noviembre del 2011), por su condición de ex militante del M–19, ahora también -aferrado a esta situación- un oscuro concejal de Bogotá, Orlando Parada del partido de la U, trata de revivir unas pretendidas inhabilidades sobre Petro, en relación con una demanda que el mismo Parada -siguiendo instrucciones del “No. 1”- instaurara contra el entonces candidato a la presidencia, Gustavo Petro, a principios del año 2010, cuando las encuestas daban a Petro como serio contrincante del, a la sazón, candidato del ya mencionado “No. 1” a quien, para entonces, La Honorable Corte Constitucional le había cerrado el paso a sus ambiciones de perpetuarse en el poder, como cualquier Chávez, y ante la imposibilidad de que su clon Andrés Felipe aspirara. En su momento, 8 de marzo del 2010, el Consejo Nacional Electoral (CNE) concluyó que Petro no presentaba «ningún tipo de inhabilidad para aspirar a un cargo de elección popular», organismo que, al corroborar las bases de datos de la Procuraduría, rechazó la demanda.

No obstante, como mula muerta en medio del camino, ahora Parada vuelve a insistir en su absurda posición, pero ya sobre los inocultables deseos de su amo de deshacerse de Petro como alcalde de Bogotá. Además al hasta ahora oscuro concejal, le sirve como medio de venganza, porque en el pasado mes de septiembre el candidato a la Alcaldía de Bogotá pedía a la dirección del Partido de La U revocar los avales a los concejales y candidatos a ser reelegidos (Andrés Camacho y Orlando Parada). «Hay serios indicios de que estuvieron vinculados con un ‘carrusel de la contratación’, dijo Petro.

Como quiera que saben que el Tribunal Contencioso Administrativo de Cundinamarca y el CNE rechazarán sus descabelladas pretensiones, el pesar del bien ajeno -en este caso la victoria electoral de Petro- les corroe las entrañas y sienten agobio por cada uno de sus triunfos; porque hará una Alcaldía de lujo, exenta de corrupción y de la premisa que fuera el emblema de los catastróficos dos cuatrienios: el “todo vale”. Por eso, como a la serpiente de la fábula, les disgusta que alguien -que llegó hasta separarse de su propio partido cuando vio que algunos de sus miembros se habían contagiado del virus de la corrupción y del “todo vale”- brille con luz propia.

Valledupar, 31 de enero del año 2012

La rebeldía de Santos

La Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá terminó el estudio de la sentencia en contra del coronel Luís Alfonso Plazas Vega ymantuvo el fallo de segunda instancia que indica que, por los hechos sucedidos los días 6 y 7 de noviembre de 1985, el coronel deberá pagar 30 años de prisión. El Tribunal estableció que la decisión en contra del coronel Plazas corresponde a sólo dos de los desaparecidos del Palacio de Justicia, pues sobre los otros nueve el Tribunal dispuso que se recolecte más evidencia y se establezca si esas personas realmente están  desaparecidas o sus cuerpos reposan entre los cadáveres encontrados y evacuados del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, luego de la retoma a sangre y fuego por parte del cuerpo armado bajo las órdenes del sindicado coronel.

Además, dadas las características de lesa humanidad del crimen, Plazas deberá cumplir la condena en un centro carcelario en condiciones que no hieran a las víctimas ni a la sociedad. Pero el fallo vas más allá y ordena que el ministro de Defensa, el comandante de las Fuerzas Militares, el comandante del Ejército, el comandante de la Brigada 13 y el comandante de la Escuela de Caballería celebren, en los próximos tres meses, unacto público en la Plaza de Bolívar, en el que pidanperdón por los delitos registrados los días 6 y 7 de noviembre de 1985.

Como quiera que no hay pronunciamientos de las autoridades judiciales que determinen la probable responsabilidad en los hechos, por parte del ex presidente Belisario Betancur, el Tribunal exhorta a Luís Moreno Ocampo, o a quien haga de Fiscal principal ante la Corte Penal Internacional, para que considere la posibilidad de presentarles el caso e «impida la impunidad que brinda el fuero que protege al ex presidente en el ámbito interno colombiano».

También el Tribunal envió copias de la sentencia a la Fiscalía General de la Nación, para que ésta determine la eventual responsabilidad penal de cada una de las personas que actuaban como ministros en la época de los hechos, debido al papel que entonces cumplió el Consejo de Ministros.

En el fallo se señala la petición hecha también a la Fiscalía para que proceda a investigar por desaparición forzada al general Víctor Alberto Delgado, director general de la Policía en 1985, y a otros oficiales que participaron en la sangrienta retoma al Palacio de Justicia. Todo esto en razón de que Plazas Vega no actuó como particular, sino cumpliendo órdenes.

Ahora bien, como quiera que Colombia -al menos constitucionalmente- es un Estado de derecho y, como tal, existe la división de poderes en razón de la cual cada rama del gobierno deba acatar lo decidido por cualquiera de las otras dos, sorprende la rebelión del presidente Santos cuando decide desacatar las decisiones jurídicas del Tribunal Superior y, a motu proprio, pide perdón a los implicados en el fallo.

Y sorprende porque, lejos de querer ofender a los miembros de la fuerza pública, el fallo demanda la obligatoria diferencia entre el quehacer de la fuerza pública (cuando cumple sus deberes constitucionales y legales) y su actitud frente a crímenes de carácter internacional, por los que se reprocha el accionar de quienes estuvieron al frente de la sangrienta retoma del Palacio de Justicia.

La reacción de Santos es contraria a sus repetidas afirmaciones de respetar las decisiones de los jueces y los derechos de las víctimas. Y además de irrespetar a la justicia, su desacato ofende la dignidad de las víctimas y es opuesto a las obligaciones constitucionales y a las del Derecho internacional y al Estatuto de Roma, a los cuales Colombia es adherente.

Señor Presidente, no deje en el alma de Colombia la sensación de haber sido retenido por el estamento militar, como en su momento (1985), lo fuera el presidente Betancur.

No se deje arrastrar por quienes aún creen que la retoma del Palacio de Justicia fue solamente un acto del servicio. Los hechos demostraron que la fuerza pública se desmandó en su accionar, al creer que todos los ocupantes del edificio -en esos momentos- eran guerrilleros y había que acabar con su vida; por eso cayeron los magistrados, cuyo cadáveres mostraron la señal de haber sido ultimados con balas oficiales. Los civiles, unos desaparecieron y otros fueron asesinados.

Valledupar, 7 de febrero del año 2012

Contumacia, contumelia y contubernio

Por ser la contumacia la tozudez para mantenerse en el error, el contumaz que ha delinquido, puede terminar por convertirse en reo ausente.

De otra parte, la contumelia lleva a la ofensa porque el contumelioso, al pretender engañar a los demás, les irrespeta en su dignidad y hasta en su inteligencia, al creer que con la trapisonda envuelve la imaginación del auditorio.

Entre tanto, el contubernio es la alianza vituperable entre quienes buscan alcanzar fines ilícitos.

Entonces, cuando individuos que han sido exaltados a cargos de dignidad -bien por elección, bien por nombramiento- se unen en contubernio para amañar la Ley a su acomodo -ora para lucrarse, ora para eludir el cumplimiento de ésta- lo normal es que,  al descubrirse los ilícitos materia de investigación, la Justicia en el momento adecuado  actúe para buscar el castigo de los culpables.

Por eso, cuando los inculpados pretenden -con falsos testimonios, con actitudes de supuesta inocencia o con arrebatos de falsa ira- atribuir intenciones de persecución política en los jueces e investigadores, caen fácilmente en la contumelia, pues ofenden  a magistrados y a fiscales y, ni qué decir, a la opinión pública.

Ahora bien, si el sindicado -muchas veces con la ayuda de sus cómplices que, en ocasiones, han sido sus jefes- pretende eludir la acción de la Justicia y huye y no se presenta cuando es requerido, se vuelve contumaz y debe ser juzgado como reo ausente.

Es en estos casos, cuando este último y quienes en contubernio con él quisieron burlarse de la Ley, deben ser juzgados sin contemplaciones y castigados con la mayor severidad.

Desafortunadamente, nuestra Constitución Política exime de la investigación -en razón de un extraño fuero- a ciertas personas que han abusado de su investidura y del poder temporal alcanzado a través de las urnas; muchas veces no siempre de manera lícita.

Este fuero -que es consecuencia de esa dignidad temporal ya mencionada- no todos los funcionarios acreedores a él lo saben utilizar y, por acción o por complicidad o por omisión, al encontrárseles culpables, deberían perderlo. Porque no deja de ser aberrante que alguien, prevalido en dicho fuero, se burle de la Justicia y pretenda engañar a la opinión pública. Máxime cuando fue inferior al título otorgado, sea por elección o por nombramiento.

Pues bien, en los momentos actuales, hay dos reos que, de manera contumaz, son prófugos de la Justicia. Ambos ocuparon cargos de dignidad en el pasado gobierno: una fue Directora de la Policía Secreta y el otro Alto Comisionado para la Paz. Sin embargo, los dos utilizaron el poder para engañar a la opinión; todo con el fin de hacerle ganar dividendos a su jefe; sin importarles la contumelia, el engaño.

La primera de estos dos fugitivos, quiso cubrir de ignominia al Poder Judicial y a los opositores del régimen del llamado por ellos, “Número 1”. El segundo pretendió revestir de honor la figura de su jefe, montando una patraña con falsas  desmovilizaciones de los enemigos personales de éste.

Ambos, en su desmedido servilismo, cometieron los delitos de peculado por apropiación, concierto para delinquir y fraude procesal. El Comisionado para la Paz, además incurrió en el de tráfico, porte y fabricación de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares y, también, vistió a los supuestos guerrilleros -la mayoría de ellos desplazados, indigentes o simples campesinos- con prendas de uso exclusivo de los soldados del Ejército colombiano.

En este último caso, sorprende el hecho de que las autoridades de emigración no sepan dónde está Luís Carlos Restrepo; a menos que no haya salido del país y se encuentre escondido, tal vez, en alguno de los grandes latifundios que hay en Colombia. O, a lo mejor, está asilado en alguna embajada amiga del ya mencionado “Número 1”.

Otro hecho pasmoso lo constituye el anticipado aviso en ambos casos. Los dos lograron escaparse antes de que la Justicia les echara el guante. ¿Quién será el ángel guardián que permite que el pajarito soplón trine antes de que la Ley actúe?

  1. S. Quiera Dios que Germán logre superar sus males, a pesar de la indolencia de la EPS en la cual está afiliado.

Valledupar, 14 de febrero del año 2012

El Juez Baltasar Garzón Real

En todo Estado de Derecho la majestad de la Justicia reposa en las decisiones de los jueces; pues ellos son quienes deben valorar y sopesar las pruebas a favor o en contra del acusado para, en Derecho, absolver o condenar a éste.

Pero para poder allegar las pruebas acusatorias los investigadores deben, en ocasiones, allanar inmuebles, monitorear conversaciones telefónicas, revisar correos. Con el fin de lograr esta labor de espionaje, necesitan del permiso del juez que lleva el proceso; ya que sólo un juez -y únicamente un juez- puede autorizar la vulneración de la intimidad del acusado.

Por esta razón legal se consideraron ilícitas las llamadas “chuzadas” que se realizaron desde el DAS, con las que espiaron a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, a los opositores de Uribe y a todos aquellos que discreparan de su modo de gobernar.

Entonces, si un juez es el único funcionario autorizado por la Ley para conocer quiénes son los interlocutores del reo y el tema de sus conversaciones con éste y, así, poder saber hasta dónde llega su culpabilidad o inocencia, ¿cómo puede un juez ser acusado de realizar escuchas ilegales?

Pues bien, esto acaeció con el juez Baltasar Garzón Real cuando decidió investigar los casos de corrupción en los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), en el tráfico de drogas y en tantos otros casos en los cuales se encontraban involucrados peces gordos de la dirigencia española; como el sonado caso gürtel, que involucraba a miembros del Partido Popular y al empresario Francisco Correa [gürtel en alemán significa cinturón y gurt, correa]. Era obvio que se requería conocer los intríngulis de las implicaciones de los corruptos y, para eso, el camino expedito lo constituía el espionaje legal. ¡Quién dijo miedo! Los peces gordos movieron sus influencias y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) español, en mayo del 2010,  lo encontró incompetente para dirigir dicha investigación.

Pero su mayor pecado -que no delito- fue el querer desenterrar el genocidio ocurrido durante la dictadura franquista y, para eso, estuvo recabando información del Gobierno, la Conferencia Episcopal y varios ayuntamientos con el fin de elaborar un censo de fusilados, desaparecidos y enterrados en fosas comunes a partir de la victoria franquista en la Guerra Civil Española. De inmediato, poderosas asociaciones ultraderechistas como Manos Limpias, la Falange y sus Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista -las  temibles JONS- y la Asociación Libertad e Identidad ante el Supremo vieron, en la decisión del CGPJ, la oportunidad de desembarazarse de este incómodo y aguerrido juez y, haciendo hasta lo indecible, consiguieron que el 9 de febrero de este año, dicho tribunal lo condenara por prevaricación (en razón de las escuchas realizadas durante la investigación en los ya citados casos de corrupción) a la pena de «11 años de inhabilitación especial como juez o magistrado con pérdida definitiva del cargo que ostenta», sin importar -o, tal vez, precisamente por ello- que el juez Garzón ha sido un defensor de los derechos humanos.

Pero eso no es todo. Como quiera que el anuncio hecho por el presidente Juan Manuel Santos, de que el gobierno colombiano acepta la continuidad del juez español Baltasar Garzón Real como asesor, en materia de derechos humanos, de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA, aquellos colombianos con rabo de paja en todo lo referente a la violación del Derecho Internacional Humanitario, no se demoraron para  despotricar del juez Garzón.

Y, en el colmo de los exabruptos, el procurador Ordóñez, cuyas actuaciones al frente del Ministerio Público no son un reflejo de imparcialidad, pues no usa el mismo rasero para medir las actuaciones de sus amigos y de quienes no lo son, se despachó contra el juez Garzón y llegó hasta compararlo con funcionarios colombianos que, abusando del poder transitorio detentado en los dos malhadados cuatrienios, pasaron por encima de las normas legales y, no sólo violaron derechos humanos, sino que además  asaltaron el erario, cometieron cohecho, peculado por apropiación, concierto para delinquir, fraude procesal y tantos otros delitos. Claro que la actitud de Ordóñez tiene un propósito innegable: el juez Garzón también descubrió los crímenes de muchos mandatarios latinoamericanos. El resto del silogismo es tan obvio, que no merece ser enunciado. 

Valledupar, 21 de febrero del año 2012

La complicidad como coadyuvante del delito

El Diccionario de la Real Academia Española, define la complicidad como «Actitud con que se muestra que existe conocimiento por parte de dos o más personas de algo que es secreto u oculto para los demás» y agrega, para su uso en Derecho, la siguiente acepción: «Cooperación o participación en la comisión de un delito.»

Por tanto, el cómplice está asociado o participa en el planeamiento o la ejecución de un crimen o delito o, sin ser el autor de éste, coopera en su ejecución, ocultamiento de pruebas o evasión del culpable, con actos anteriores, simultáneos o posteriores, según sea el caso.

La complicidad se configura en el Código Penal como una forma de cooperación no necesaria en el delito; sin embargo, esta regulación plantea en la práctica problemas casi insolubles de delimitación, tanto respecto de actos de colaboración impune, como en relación a otras formas de intervención delictiva. El establecimiento de los límites (mínimo y máximo) de la complicidad, desde la aplicación de criterios de causalidad e imputación objetiva, constituye el núcleo principal de la investigación hacia el cómplice.

Partiendo de la existencia legal de la coautoría y de la complicidad, y con el ánimo de distinguir entre autores materiales y cómplices, el Magistrado Alfonso Reyes Echandía, en fallo del 9 de septiembre de 1980, dijo: «Serán coautores quienes a pesar de haber desempeñado funciones que por sí mismas no configuren el delito, han actuado como copartícipes de una empresa común -comprensiva de uno o varios hechos- que, por lo mismo, a todos pertenece como conjuntamente suya; y serán cómplices quienes, sin haber realizado acción u omisión por sí misma constitutiva de delito o delitos en que participan, prestan colaboración o ayuda en lo que consideran hecho punible ajeno.»

El mismo Magistrado Reyes Echandía, en sentencia del 11 de agosto de 1981, dijo: «Cuando son varias las personas que mancomunadamente ejecutan el hecho punible, reciben la calificación de ‘coautores’, en cuyo caso lo que existe, obviamente, es una pluralidad de autores. Por manera que llamar autores a los coautores no constituye incongruencia alguna, ni sustancial error.»

En sentencia del 12 de septiembre del 2002, la CSJ, ratificó la jurisprudencia anterior: «Cuando [se] brinda colaboración posterior a un hecho punible del cual [se] hace parte, por razón de su compromiso objetivo y subjetivo con sus resultados, se trata de un coautor. Pero si esa ayuda es de mera coadyuvancia externa a los fines de los integrantes de la empresa común, despojada de alianza anímica con los propósitos últimos de sus autores directos, quien así actúa es cómplice del hecho punible.»

Entonces, si en entrevista con el programa La Noche, Álvaro Uribe reveló que “un gobierno extranjero le está brindando protección al ex comisionado Luís Carlos Restrepo, a quien la justicia colombiana le dictó orden de captura” y, además, dijo que “ese amparo está de acuerdo con las normas internacionales” y criticó el fallo de la juez que le dictó medida de aseguramiento y, también, sostuvo que en el caso de Restrepo “existe una venganza criminal”, lo más probable sea que Uribe sepa dónde está Restrepo y no sólo esto, sino que además pudo haber intervenido en su huida, tal como lo hiciera cundo se fugó María del Pilar Hurtado hacia Panamá, con el mismo objetivo de Restrepo: eludir la acción de la justicia, porque se saben culpables; pues bien lo dice el adagio: “quién nada debe, nada teme” y, más aún, conocen al ordenador de los delitos por los que se les acusa.

Como si fuera poco, Uribe agregó en la citada entrevista: «Lo único que he sabido es que ya tiene protección de acuerdo con las normas legales internacionales de parte de un Estado… si resulta bastante difícil probarle a una persona que es guerrillera para condenarla, cuanto más difícil probarle que no es guerrillero, cuando la persona ha dicho ‘yo pertenezco a la guerrilla y he tomado la decisión de desmovilizarme’… es mucho más importante la trayectoria moral de Luís Carlos Restrepo que algunas transgiversaciones (Sic)».

En consecuencia, la complicidad es perfectamente aplicable con el fin de incriminar la conducta del particular copartícipe, cuando presta ayuda al autor directo y mediato, con la conciencia de que actúa colaborando antes del delito, durante su comisión y aún después de su ejecución.

  1. S. La palabra correcta, Sr. ex presidente, o Sra. entrevistadora, es «tergiversaciones.»

Valledupar, 28 de febrero del año 2012

La Fiscal Viviane Morales Hoyos

Don Jacinto Benavente y Martínez escribió hace un siglo una obra teatral a la que tituló “Los intereses creados”; en ella, Crispín -coprotagonista de la obra- dice en el acto II, escena IX: «Mejor que crear afectos, es crear intereses.»   

Bien sabía Don Jacinto, conocedor del género humano, que se refería al vaivén que producen las influencias del poderoso en los hechos cotidianos, para que estos se mezan a su antojo, produciendo efectos que favorezcan a quien logre mover mejor los hilos de la trama.

En el mundo real, merced a esos intereses creados, se hacen leyes, se modifican mandatos, se destruyen honras.

Y cuando los hilos de la intriga los conduce una mente que, amén de corrupta, es poderosa (¿pleonasmo?), los resultados arrasan con todo aquello que se oponga al logro de prebendas del titiritero.

Ahora bien, cuando alguien tiene rabo de paja, no se acerca a la candela; pero esto no obsta para que el volatinero astuto consiga que otros corran, por él, el riesgo de chamuscarse. Y como no faltan las mentes abyectas que ante el poder se amedrentan y sienten que sus débiles piernas los llevan -sin recato y sin ningún asomo de pundonor- a hincarse, estos poderosos corruptos (¿redundancia?) siempre contarán con los siervos (esta vez vestidos de gala) que los ayuden a sacar la braza con mano ajena y, mientras se detente el poder, todo será para el príncipe -y para quienes lo rodean y usufructúan de la momentánea situación- miel sobre hojuelas.

Sin embargo, y como no hay mal que dure cien años (bueno, en este caso, solamente  más de ocho), el sueño de poder se acaba y sus protagonistas vuelven a la realidad y tienen que responder por sus desafueros, y el peso de la Ley empieza a apabullarlos y, al verse atosigados, corren el riesgo de contar la verdad; entonces, el ex titiritero mayor (experto en propiciar huidas, bien por asilo, bien por extradición) que, aún tras bambalinas, tiene capacidad de embaucamiento y, por tanto, conserva todavía a sus marionetas, sigue usando su fuerza para crear en el público la sensación de que no sólo ha hecho las cosas bien, sino que además quienes señalan sus errores y delitos, no son otra cosa que unos criminales conspiradores, sedientos de venganza.

Y como quiera que, a la Fiscalía General de la Nación, llegó una mujer que no se doblegó ante los poderosos de otrora, ni permitió que con alabanzas o con vituperios le hicieran cambiar el digno rumbo que le imprimió a su gestión, y con mano férrea comenzó a escudriñar en la maloliente cloaca encontrada; y, así, en año y medio, hizo por el bien de la Justicia y de la Ley mucho más -muchísimo más- de lo que sus dos inmediatos antecesores lograron hacer en cinco años. Y ni qué decir de los cuatro años de impunidad prohijada por Luís Camilo Osorio desde ese cargo entre 2001 y 2005.

Pero como se estaba acercando demasiado al foco de la pestilencia, el ex funámbulo movió los hilos necesarios hasta conseguir que sus títeres presionaran la anulación del acertado nombramiento de Viviane Morales Hoyos como Fiscal General de la Nación, que sólo buscaba limpiar el basurero que halló.

Lo paradójico e irónico del fallo que revocó la elección de la Fiscal, estriba en el hecho de que el Consejo de Estado cometió el mismo error con el que puso en tela de juicio la actuación de la Corte Suprema de Justicia, cuando en la madrugada del 2 de diciembre del año 2010 designó a Viviane Morales, por 14 votos a favor y 4 en contra, ante la disminución de su composición numérica, pues cinco de sus miembros habían terminado su periodo en la Corporación y ésta se encontraba a la espera de sus reemplazos. Pues sucede que el Consejo de Estado tuvo una interpretación similar de su propio reglamento, cuando, entre el 13 y el 15 de julio de 2010, su Sala Plena  lo interpretó de tal manera que redujo el número de votos que se necesitaban para elegir a unos consejeros. ¡Ah!, aquello de la paja en el ojo ajeno…

Sin embargo, ahora fue mayor el deseo de satisfacer los intereses creados del ex volatinero, que salvaguardar el honor del Poder Judicial.

Ojalá el presidente Santos logre enderezar el entuerto y, para la próxima designación de Fiscal General, esté Viviane Morales o alguien de su misma envergadura jurídica, para que se puedan esclarecer los crímenes y delitos de los dos malhadados cuatrienios y, así, evitar que la Justicia, además de ciega, termine sorda, muda y paralítica.

Valledupar, 6 de marzo del año 2012

Los privilegios en las pensiones

Pensionarse ahora en Colombia se ha convertido en un verdadero portento exclusivo de unos pocos; pues las reformas que, en los últimos años, le han hecho al sistema de pensiones han terminado por convertirlo en algo inaccesible para la mayoría. Y si alguien llegara a la edad y al número de años de cotización establecidos, sólo logrará disfrutar -si acaso- de unos pocos años de ese ahorro que -en la mayoría de las veces- es un verdadero sacrificio, ya que el trabajador también aporta de su salario para su propia pensión. Pero las malas y corruptas administraciones han dispuesto a su antojo de esos dineros y los recursos cada vez escasean más.

Así, las verdaderas pensiones (esas que le permiten al jubilado vivir decorosamente, sin afanes, habida cuenta de su edad y de sus 40 ó más años de trabajo) seguirá siendo un verdadero privilegio para aquellos bribones que, apoyados la mar de las veces por las autoridades judiciales -las llamadas a dirimir las diferencias entre lo justo y lo ético versus la codicia de algunos- terminan, los jueces y magistrados, por fallar a favor del ladino ex funcionario cuya avaricia es mayor que lo que la mesura y la moral y la legalidad indican.

Por eso se dan casos como el de un ex congresista del Huila, llamado Jesús Antonio García Cabrera, cuya mesada pensional es de treinta y un millones de pesos; gracias al fallo mediante el cual el Tribunal Administrativo de su departamento aceptó sus exigencias ante el Fondo de Previsión del Congreso (Fonprecon) y el Consejo de Estado (sí, el mismo que corrió a defenestrar a la fiscal Viviane Morales), aún no ha determinado si le autoriza la desvergüenza a García o lo somete a recibir una pensión justa, decorosa y honrada. Porque lo otro -lo que ese señor recibe actualmente- es un atraco a las finanzas del Estado colombiano.

También está el caso del ex secretario de la Cámara de Representantes,  un tal Silverio Salcedo Mosquera, quien con argucias y reliquidaciones consigue embolsicarse cada mes, veintiocho millones de pesos de pensión, merced al fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca y, aunque Fonprecon demandó la sentencia, el Consejo de Estado (¡otra vez!) deja dormir el sueño de los justos la reclamación del Fondo de Previsión del Congreso.

Otra perla, dentro del rosario de privilegios de unos pocos, la constituye el caso de la señora Leonor Serrano de Camargo, ex gobernadora de Cundinamarca, ex congresista y empresaria. Cuando ella llegó al Senado, ya el Seguro Social le había reconocido una moderada y justa pensión de vejez, como trabajadora del sector privado. Sin embargo, con tretas y mañas consiguió que su exacerbada ambición fuera satisfecha, gracias a una sentencia del Consejo de Estado (¡nuevamente!) que hace que Fonprecon le pague una pensión de diecisiete millones de pesos mensuales.

Lo aberrante en estos tres prodigios de iniquidad, es que en todos ellos ha habido reliquidaciones que han derivado en pagos retroactivos que han desangrado -más aún- el erario nacional. Y no sólo son tres casos, pues hay cerca de 200 personas que reciben más de veinticinco millones de pesos y, alrededor de mil casos más, en los cuales figuran otros favoritos, cuyas pensiones oscilan entre los seis y los dieciséis millones de pesos mensuales y ni qué hablar de las pensiones de los grandes jerarcas del Estado, los que laboraron en cualquiera de las tres ramas del poder, incluidos los generales y almirantes.

Lo que, en buen romance, significa que una minoría privilegiada (el 0,1%) tiene asegurada una gran mesada que equivale al 80% del valor total del pago de jubilaciones mensuales, mientras que el 99,9% restante sobrenada con pensiones que oscilan entre 1 y 4 salarios mínimos y recibe en total solamente el 20% restante. Como si toda la perversión anterior fuera poca, en Colombia  existen, cerca de cinco millones de colombianos de más de 60 años de edad, que carecen de este derecho.

Entonces, la pensión de jubilación que se inició como una prerrogativa del trabajador, tras arduas luchas de los asalariados por conseguir un seguro para la vejez, se convirtió en privilegio de ricos, que no la necesitan (pues en su paso por los escritorios del Estado han amasado enormes fortunas); pero que, abusando del poder, se han auto decretado un régimen especial, mermando lo que los trabajadores lograron, después de muchos años de lucha.

Hoy los regímenes especiales de pensiones se aplican a los ex presidentes, altos funcionarios del estado y ejecutivos del sector privado. Los demás, como Lázaro -el de la parábola- tienen que conformarse con las migajas que caen de la mesa del rico Epulón.

Valledupar, 13 de marzo del año 2012

La hidra de las siete cabezas

Cuenta la leyenda que en el lago de Lerna, en la Árgolida -región del Peloponeso en la Grecia antigua- existía un monstruo con siete cabezas, las cuales le renacían a medida que se las cortaban. Destruía todo lo que a su paso encontraba y su hálito infestaba la comarca y causaba la muerte de todo aquel que lo respirara. Sólo Heracles, el hijo de Zeus y Alemena, pudo darle muerte, cortándole de un solo tajo su mortal séptuple testa.

Con el paso del tiempo, este personaje mitológico -la hidra- se ha convertido en sinónimo de destrucción y muerte; pero de manera brutal, bestial (bueno, al fin y al cabo, era una bestia). Entonces, todo aquel que utiliza el poder temporal para hacer daño, para destruir y arrasar todo aquello que a su paso encuentra, se le asimila en el contexto histórico con el monstruo de las siete cabezas.

Pues bien, también dentro del discurrir de los últimos años, ha habido tenebrosos personajes  que fueron tomando fuerza dentro de la urdimbre del poder en Colombia, gracias a que supieron aliarse con quien contaba con el beneplácito del electorado y, con un buen equipo publicitario, pudieron alterar estadísticas, fomentar adhesiones y multiplicar la aceptación de aquel que les permitía -porque a él también le convenía- hacer y deshacer en la región o comarca, teatro de sus operaciones ilícitas.

Este complaciente individuo, nacido en el hogar de un terrateniente y de una concejala, aprovechó su privilegiado estatus social para lograr una preparación excelente que, de no haber mediado la codicia y el desenfreno por el poder, lo habrían podido convertir en un buen estadista.

No obstante las prerrogativas que el destino le deparara, prefirió abusar del poder, que poco a poco iba alcanzando, para rodearse de personajes turbios que hoy, cuando ya la historia empieza a juzgarlo, lo tienen enredado en un maremágnum del cual le será difícil salir. Porque, esos sus socios del pasado, hoy no han dudado en acusarlo de todas las tropelías -por decirlo de alguna forma leve- en las cuales incurrió o permitió que sucedieran o, al saber de su ocurrencia, no hizo nada para evitarlas.

Este individuo ocupó la presidencia del país durante ocho años, pues no dudó en hacer cambiar la Constitución Política de Colombia para lograrlo; más aún, sus áulicos, cometieron delitos para obtener el fin buscado. Por esta infracción ya algunos ex funcionarios se encuentran detenidos y otros esperan turno para ser juzgados.

Pero el deseo de quedarse en el poder, no fue el crimen mayor; ni siquiera lo fueron los métodos usados para hacerlo. Lo más  grave fue la máquina de guerra que auspició, con el aparente ánimo de vengar la muerte de su padre; pero este objetivo se convirtió en la forma más expedita para despojar, a la mayor cantidad de campesinos, de las tierras que habían ocupado por generaciones.

Hoy cuando los ex socios se encuentran encarcelados en el extranjero, están soltando la lengua y ya están contando como ayudaron a elegirlo y, después como contribuyeron en su reelección. Otros han ido más lejos y hablan de cómo sus grupos de la muerte nacieron bajo el auspicio de quien después sería presidente del país.

Por eso, los falsos positivos (diseñados con el ánimo de aceitar la máquina de la propaganda), el espionaje a la parte de la rama judicial que no pudo ser comprada e investigaba a los socios descubiertos, la desvergüenza de la Zona franca de Mosquera, la patraña de la desmovilización del frente guerrillero bautizado como la Gaitana, los subsidios de AIS para asegurar la elección del clon y tantos y tantos otros desafueros (llamados de forma trivial) son simples pecadillos veniales al lado de lo que ex socios, como Mancuso, Don Berna, El Alemán, El Mellizo y tantos otros, empiezan a delatar.

El trasfondo que se vislumbra es el de un plan concebido como un artilugio de despojo y de arrasamiento, con tal de obtener el objetivo final: hacerse con las mejores tierras del país, para lograr acrecentar las riquezas, ya de por sí, mal habidas.

En este río revuelto, fueron muchos los que vieron la exclusiva ocasión de pescar y, a fe, que obtuvieron pingües resultados.

Gracias a Dios, la madeja empieza a desenvolverse y la Ley castigará a los codiciosos que vieron en este maremágnum la ocasión ideal para enriquecerse aún más.

  1. S. *¿Cuándo dejarán de cambiarme la expresión castiza “la mar de las veces”, por esta otra que no significa nada: “la más de las veces”?

** Demos gracias a Dios por la buena noticia sobre la salud de Germán.

Maracaibo, 20 de marzo del año 2012

Al que no quiere caldo se le dan dos tazas

Como si fuera poco el que muchos de sus inmediatos colaboradores -incluidos algunos de los que fueran sus ministros- estén detenidos, otros condenados, algunos siendo juzgados, los de más allá haciendo antesala para el enjuiciamiento y los más sinvergüenzas huyéndole a la Justicia, ahora los ex socios, en el desmadre en el que sumió al país, estén soltando la lengua y hablando más que un perdido cuando aparece.

Y ésta es apenas la primera taza de caldo, pues le salen más patas al cojo.

La segunda la sirve Néstor Raúl Torres, Magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, cuando afirma -con conocimiento de causa- que si no fuera por las Altas Cortes (la Constitucional, cuando detuvo el engendro de la  segunda reelección y la Suprema al destapar la olla podrida de la parapolítica) el Ministro de Cultura habría sido Salvatore Mancuso y la Cartera de Educación la habría ocupado Jorge 40 o, en su defecto, H. H., quienes habían logrado obtener un poder desmesurado en el ámbito nacional.

Porque, como ya es vox populi, el pacto de Ralito tenía sus contraprestaciones, pues el “refundamiento” de la patria, conllevaba compromisos de alcanzar el poder para ser repartido entre los socios -de lado y lado- y es apenas natural  -aún entre maleantes- que los pactos deben cumplirse.

Por eso, no habría extrañado, como algún ingenioso acotara al respecto: “Magistrado Torres, se le olvidaron los hermanos Cossio como magistrados del Consejo de Estado, y Tom y Jerry como presidentes de Cámara y Senado, respectivamente.”

Pero, como el Magistrado Torres fuera más allá y dijera que la reforma a la Justicia, que el partido de la U, y el Conservatismo adelantan en el Congreso, obedece a una retaliación contra las Cortes, el actual Ministro del ramo, el Dr. Juan Carlos Esguerra, de quien no se esperaba semejante exabrupto, afirma: «No sé de dónde haya sacado el presidente de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura la idea de que Mancuso podría haber sido ministro de algún gobierno.»

Como si el país ya hubiera olvidado las ternas de bolsillo que le fueron presentadas a la Corte Suprema de Justicia para elegir Fiscal General. Ternas que solamente buscaban que, a la dirección del principal ente investigador de Colombia, llegara alguien tan manejable como el tristemente célebre Luís Camilo Osorio, o más sinvergüenza, si esto acaso fuera posible. ¿Para qué? Para poder seguir evadiendo la justicia; para evitar que se siguieran conociendo todas las porquerías que amenazaban con estallarle en la cara al número uno.

O es que ¿todavía habrá alguien qué dude de las intenciones de la horda que se enseñoreó de la nación, en esos dos malhadados cuatrienios?

O no fue esa mafia -que desde muchos años antes se preparara- la que llevó al país por senderos de desolación, de muerte, de miseria, de depredación, mientras lo anestesiaban con propaganda -al mejor estilo de Goebbels- como la de que se estaba aniquilando a la guerrilla, se estaba desarmando al paramilitarismo, ya no había desplazados sino migrantes, y tantas mentiras que la opinión pública -aquella que sólo oye lo que quiere oír-  aceptaba como verdades; pero que pronto comenzaron a destaparse, para mostrarnos la verdadera realidad de Colombia: millones de muertos, millones de desaparecidos, millones de desplazados, millones en la miseria, millones de desempleados. Y ni para qué seguir.

Clara, que no faltará el que diga que esto siempre ha sido así en nuestro pobre y triste país; pero nunca como en los ocho años de vergüenza, de crimen y de desolación como los transcurridos entre el 2002 y el 2010.

Maracaibo, 27 de marzo del año 2012

Elogio de la literatura

Parecería una perogrullada -aquello que, por evidente, sobra mencionar- hacer un panegírico de algo que por naturaleza es hermoso, como la literatura: la expresión artística que le permite al ser humano concatenar el pensamiento con el verbo; que le facilita hacer volar la imaginación para que a través de endechas, alegorías o descripciones majestuosas, logre atrapar el interés del lector y hasta lo haga vivir, como propias, las vicisitudes de los personajes envueltos en la trama narrada.

Ahora bien, en rigor, todo literato busca la perfección en sus escritos; de ahí que el lector (sea avezado o apenas esté iniciándose en el maravilloso mundo de la literatura) cuando encuentra una magna obra, se sumerge en ella y la disfruta; porque, ¿habrá quién se resista ante los escritos de Cervantes, Whitman, Milton, Goethe, García Márquez, Vargas Llosa, Eça de Queiroz, Dante, San Juan de la Cruz, Shakespeare o  Quevedo? Y tantos otros -cuya sola enumeración, sería dispendiosa-, todos ellos, exponentes del saber escribir.

Porque cuando el lector se adentra en el contenido de un buen libro -esté en prosa o haya sido escrito en verso- la irradiación de lo bello hará vibrar su corazón.

La limpia precisión de un poema de Fray Luís de León o de una rima de Gustavo Adolfo Bécquer -por citar sólo dos ejemplos de nuestro hermosos idioma- tiene que conmover las fibras más íntimas del lector perceptivo, sin que él llegue a saber por qué.

La lectura de una buena novela, de una preciosa leyenda o de un magnífico ensayo, hace más feliz al lector que la degusta que a su estupendo autor. Porque a éste lo cubrirá de gloria, pero a su destinatario lo llenará de placer, y de un placer perdurable en el tiempo; pues ¿quién podrá arrebatarle el deleite obtenido?

El cielo puede oscurecerse, el mar no volver a cantar, la luna no rielar nunca más, pero el lector se satisfará con las descripciones que, de estos y otros fenómenos naturales, haga un buen escritor.

Un buen libro puede llegar a convertirse en el envoltorio del alma de quien disfruta de su contenido, pues una trama bien descrita va más allá de la razón de quien la lee, pues su raciocinio puede quebrarse -como le ocurriría a una lanza de cristal que se enfrentase a un escudo de bronce- cuando se embelesa ante la magnificencia de una excelente descripción.

¡Es tan grande el universo literario! que, aunque la explicación de un texto retórico llegara a ser posible, no se le podría comparar con otro de igual o mejor contenido. Porque cada obra tiene su propio sabor universal, cada una produce su propia impresión en quien la descifra; más aún esa emoción varia de un lector a otro.

De ahí que ese sabor universal ya citado, no deja de ser más que un frenesí subjetivo, algo que agita el alma de quien sabe disfrutarlo y esa sensación -es obvio- difiere de un individuo a otro. Yendo más lejos y, sin que esta digresión vaya a sonar pedante, el acervo cultural del lector, puede influir en ese sabor placentero que depara la lectura de una hermosa obra literaria.

Por eso, quien más haya leído, mejor apreciará un nuevo libro bien escrito que, para su fortuna, llegara a sus manos. Y esto es natural: el que por vez primera en su vida saborea un exquisito manjar, apenas está aprendiendo a apreciarlo, solamente comienza a acostumbrar su paladar a tan apetitosa vianda; en tanto que quien ya ha disfrutado de un delicioso plato, su gusto se refina con cada nueva y agradable  golosina que saborea.

La deliciosa armonía con la que se entreteje la trama de una buena novela o la perfección con la cual se trenzan la rima y la métrica de una excelente poesía, la hacen asemejar a la más perfecta sinfonía; puesto que -por ser la música la expresión del pensamiento que nos aproxima a los ángeles, eses seres que están más cerca de  Dios- la literatura es su equivalente.

Más aún, ambas poseen su propia corteza de dificultad; la que las convierte en un reto para el gusto estético del lector o del oyente. Sí que también de su autor.

Maracaibo, 3 de abril del año 2012

El anciano

Hace unos días, un amigo –viejo él también– al hablar del paso de los años y del deterioro que esto produce en cada cual, me confió su situación un tanto desapacible. Me decía que ahora, cuando se siente viejo, nota que su presencia pasa a ratos desapercibida para los suyos y, quizás porque su capacidad de oír se ha mermado un poco y el timbre de su voz ha decaído, son muchas las conversaciones que no puede seguir. Y más todavía, las opiniones que emite la mayoría las desoye o, lo que es peor, pareciera ser el objeto de la intemperancia de los demás, como si lo que dice o hace un anciano fuera motivo de desacuerdo, así se trate de un simple chascarrillo.

La conversación con este amigo, me recordó la historia que un anciano me contara una mañana de sábado cuando al detenerme en su librería de viejo, tomé al azar un libro, cuyo título me llamó la atención: “El hombre invisible”.

La historia que aquel anciano me relatara -que en realidad era la suya propia- narra cómo empezó a verse ignorado y menospreciado por sus nietos, su nuera y su propio hijo, en cuya casa habitaba; hasta ser relegado al desván, cuando creció la familia y en donde poco a poco su existencia iba pasando desapercibida para todos.

Por eso, un día se dijo: “¿Será que me he vuelto invisible para ellos y, por tanto, ignoran mi presencia, mis palabras y mis gestos?”

Su dolor llegó al máximo cuando armaron paseo para el campo y él, presuroso y animado, se vistió y estuvo listo antes que cualquier otro habitante de la casa; sin embargo, todos se fueron sin siquiera despedirse de él, no obstante encontrarse de pie apoyado en el marco de la puerta de salida, por donde desfilaron uno a uno, su hijo, su nuera, sus nietos y hasta la empleada del servicio.

Desolado huyó, luego de tomar sus escasas pertenencias y sus libros, los que había coleccionado con esmero y dedicación desde su lejana adolescencia, vale decir, sesenta años atrás. Los que en ese momento eran su tesoro más preciado después de las fotos de su difunta esposa, de cuya muerte aún no había podido resarcirse. Pues todavía, en las mañanas opacas y en las tardes grises, la recordaba, la añoraba y la lloraba, a pesar de que habían transcurrido desde el día de su muerte cerca de cuatro lustros.

Pues bien, el afligido devenir de este triste anciano lo conocí de sus propios labios, al calor de unos tintos, siendo yo aún joven, esa mañana sabatina en la gélida y brumosa Bogotá de comienzos de los años sesenta del siglo pasado cuando me acerqué, como lo había venido haciendo desde hacía más de un año, a su puesto de librero de viejo en donde él remataba sus hermosas colecciones literarias.

Como ya lo dije, ese sábado me había llamado la atención el libro de H. G. Wells, “El hombre invisible”, más por el título que por otra cosa. Al verme ojeando el mencionado libro, me dijo: “Ese soy yo.” Al notar mi cara de sorpresa, me invitó a un tinto y me contó su penosa historia, la que he intentado resumir tratando de no omitir los datos más sobresalientes de la misma.

La triste narración del anciano librero, cuyo nombre jamás supe (pues sus libros, de los cuales varios adquirí y todavía enriquecen mi biblioteca particular, siempre los rubricó con su firma, mas jamás escribió su nombre y apellidos), siempre la he tomado como una historia de ignominia; pues no es justo que después de haberse sacrificado un individuo para hacer de su hijo una persona de bien, éste termine permitiendo que su mujer y sus hijos irrespeten y maltraten al abuelo y, lo que es peor, lo consideren punto menos que trasto viejo e inservible que se puede arrumar en un desván o en el sitio donde menos estorbe o terminen por enviarlo a un asilo, donde el tedio y la soledad acaben con su existencia.

Yendo un poco más allá, me pregunto, si un padre permite que sus hijos maltraten e irrespeten a sus abuelos, ¿qué trato podrá esperar de sus nietos, cuando él mismo llegue a la ancianidad? ¿Estará preparado para el irrespeto y la falta de cariño de sus nietos, cuando llegue el momento? Y de ser así, la cadena deberá continuar y los integrantes de cada tercera generación, ¿deberán olvidarse de los padres de sus padres? O llegará el momento en que por comodidad y funcionalidad, ¿deberá aplicarse la eutanasia a los ancianos, para así deshacerse de ellos como algo en desuso y estorboso?

Triste futuro el que le espera a una civilización que actúa así con quienes les dieron el ser a sus propios padres.

Maracaibo, 10 de abril del año 2012

La presentación de los diarios

Se ha vuelto costumbre pensar que un periódico debe anteponer su mayor circulación a la búsqueda y difusión de la verdad.

Es evidente que todo medio de comunicación, como empresa que es, deba buscar la rentabilidad del negocio.

Y esto es totalmente cierto para una empresa mercantil; pero si la línea de producción de la organización es la información, ésta -para que sea útil- debe ser, además de oportuna y veraz, sobria.

Y, sobre todo, pensar en que el lector -consumidor del producto final- merece respeto. Por tanto, las imágenes escandalosas, las frases mal construidas, los errores ortográficos, la pésima redacción, ofenden la estética del lector y a la larga lo alejan del periódico que no cuida la exquisita presentación de su producto; vale decir, la primera página de éste.

Entonces, cuando la información se tiñe de amarillismo -término periodístico para designar lo excesivamente sensacionalista- se sale de las características que definen la información como objeto de la comunicación. Y, es obvio, si la clientela se aleja, las ventas bajan y el negocio va camino de la quiebra.

Por tanto, esmerarse en la redacción y pulcritud de la primera página de un periódico, no solamente es una muestra de arte, de conocimiento de la materia, sino que además es rentable, produce dividendos y por consiguiente lleva a la empresa periodística a alcanzar su meta comercial, sin haber descuidado los objetivos humanos de la misma, es decir, la difusión de la información sin necesidad de ofender el buen gusto del lector.

Entonces, ha de ser una norma en las oficinas de redacción de los diarios serios del mundo -y todos deberían serlo, por autoestima- aumentar el esmero en la construcción lingüística de sus titulares.

Por eso, el objetivo final de la dirección, del consejo editorial y de la sala de redacción de todos los periódicos del mundo, debe ser el de alcanzar una mejor visión sobre cómo lograr una prensa escrita, digna de toda ciudad pujante en el concurso geopolítico, no sólo local, nacional y continental, sino también en el ámbito internacional. Máxime hoy en día, cuando la mayoría de los medios impresos tiene su versión virtual.

Y si el cuidado en el uso del idioma y la cautela en el manejo de las imágenes escabrosas, son condiciones válidas para la presentación del periódico, qué no se dirá sobre su contenido; el cual siempre debe estar ajustado a la verdad que debe brillar por encima de cualquiera otra consideración, al igual que la mesura en la publicación de fotografías que ofendan el pudor del lector. Sí que también el manejo del idioma.

Pues bien, siendo la información periodística la presentación de noticias, conceptos, entretenimiento, ciencia y sabiduría que el ser humano quiere encontrar en pro del mejor desarrollo de sus facultades sensoriales, la prospectiva del periodismo hará, necesariamente, mención al deseo del individuo de alcanzar -a través de la lectura de una publicación escrita- un determinado grado de ilustración tal, que le signifique, no sólo un momento de esparcimiento, sino también -y esto es lo más importante- le permita adquirir conceptos que lo mantengan actualizado sobre el devenir de la humanidad en muchos de los aspectos de ocurrencia cotidiana y, en algún momento, le ayude a ser útil a su entorno y además le permita desenvolverse con destreza en cualquier ambiente.

Entonces, para que un periódico logre llenar estas expectativas del lector, deberá -tal como se enunció en un principio- cuidar la sintaxis, la gramática y la prosodia en su comunicación escrita y, de la misma manera cuidadosa, deberá poner especial atención en las imágenes que, sobre hechos violentos, se vea precisado a presentarle a su amable clientela.

  1. S. *¿Por qué, si el gremio ganadero reconoció en la revista Cambio, a través de su vocero, que se había comprometido con los paramilitares, ahora ninguno aparece y el portavoz le da la vuelta a su versión y sitúa a sus compañeros en la condición de víctimas?

** Que pesar que una ciudad -para que luzca limpia y decorosa- requiera de una cumbre de presidentes y que, además -para lograr ese nivel de decencia- sea menester esconder a sus habitantes pobres que, por cierto, son la mayoría.

Valledupar, 17 de abril del año 2012

Las rabietas como cortinas de humo

Dos comentarios positivos alusivos a Santos, publicados con una semana de diferencia (durante el presente mes) por parte de la Revista New York Times, han puesto a trinar a Uribe y se ha despachado contra el presidente actual.

Para conocer la causa de la pataleta de Uribe, veamos cuáles fueron esos dos párrafos que mortificaron a este último:

“A pesar de que hizo campaña en el año 2010 como el heredero de Uribe, Santos ha tratado de distanciarse de su predecesor; quien, aunque todavía cuenta con algunos admiradores en Colombia, ve que su imagen se está empañando por los escándalos alrededor de su gobierno, incluidos los referentes a los vínculos, entre paramilitares y sus escuadrones de la muerte con algunos de sus aliados principales, antes y durante sus dos períodos sucesivos.”

“El desarrollo de un programa para devolver la tierra a miles de campesinos que fueron obligados a huir de sus hogares durante la larga guerra civil en Colombia, ha desatado una tremenda oposición por parte de quienes se apropiaron de forma ilegal de esas tierras; entre los cuales se encuentran los paramilitares, sus escuadrones de la muerte y sus aliados.”

Como quiera que el pasado miércoles 11 de abril, el representante Iván Cepeda en sesión parlamentaria mostrara fotos y testimonios con las que busca probar que en la hacienda Guacharacas -de propiedad de Uribe y su familia- operó y tuvo asiento un grupo paramilitar cuando el ex presidente fue gobernador de Antioquia (y Cepeda reveló que con base en esas y otras pruebas presentó denuncia penal ante el Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, contra Álvaro Uribe Vélez y su hermano Santiago, Juan Guillermo Villegas Uribe y Santiago Gallón Henao, lo cual se traduce en que por primera vez existe una posibilidad real de que Uribe sea enjuiciado e incluso llevado a la cárcel si fuera hallado culpable, por tratarse de un caso anterior a los que le cobija su inmunidad presidencial) entonces Uribe no sabe de qué agarrarse para evitar que esta última noticia se divulgue y qué mejor que atacar a Santos, a quien no duda en llamar “mentiroso”, cuando ve que su antiguo aliado cada día se aleja más de él.

Ya en el año 2008, el hoy representante a la Cámara Iván Cepeda y el actual secretario (e) de gobierno de Bogotá, Jorge Rojas, publicaron el libro “A las puertas del Ubérrimo”, en donde se narran de manera minuciosa los crímenes del paramilitarismo en Córdoba y el papel de su clase dirigente.

Pero lo más llamativo no reside en la denuncia de Cepeda, de la cual se tienen noticias desde hace varios meses, sino que durante el debate del pasado miércoles  contra Uribe en la Cámara, ningún congresista salió a defenderlo.

Gustavo Petro, siendo senador en el 2010, también había denunciado que dicha finca había sido usada como base de los paramilitares y que allí se habrían ejecutado los asesinatos de varios campesinos cuando funcionaba la Convivir Cóndor dirigida por Juan Villegas Uribe.

En el debate del 11 de abril, Cepeda agregó: “Estoy convencido de que la historia del paramilitarismo en Colombia está incompleta y no se dilucida cuál es el rol del ex gobernador y ex presidente Uribe Vélez, su familia y su entorno político. Todos los caminos del paramilitarismo o por lo menos una gran parte de ellos termina indefectiblemente conduciendo a Uribe. Este no es solamente un problema de verdad histórica, sino que el ex presidente Uribe es el principal enemigo de la restitución de tierras, de las víctimas y de un proceso de paz. Hay muchas víctimas de los grupos paramilitares ligados de una u otra forma a la historia de la familia Uribe que tienen derecho a la verdad, la justicia y la reparación.”

He ahí la razón de ser del mote de la columna de hoy, pues es innegable que Uribe siente pasos de animal grande y conociendo, como bien conoce, la historia de dictadores como Pinochet y Fujimori (por citar sólo dos casos recientes, de quienes parece que hubiera tomado modelo para sus sangrientos ocho años de gobierno), teme que su capa antiadherente, que lo protegiera -gracias a su Goebbels de cabecera, el siniestro José Obdulio- se le acabe y le llegue el momento de responder ante la Corte Penal Internacional por tantas y tantas cosas que ocurrieron durante su dictadura civil de dos cuatrienios.

Valledupar, 24 de abril del año 2012

El contrabando de gasolina

Cuando un bien o un servicio comienzan a cotizarse en el mercado, surgen las personas astutas que quieren acaparar su venta o distribución. Y si dicho bien o servicio empieza a dar muestras de escasez, los sagaces y taimados acuden al acaparamiento y a la especulación, con el fin de aumentar de manera dolosa sus ganancias.

Otros, tan ladinos como los sagaces y astutos especuladores, pero proclives al delito, se dedican al contrabando, cuando presumen que algún bien o servicio está expuesto a la escasez o al aumento en su precio de venta, con el perverso fin de, no sólo aumentar sus ingresos, sino también de evadir impuestos; pues, como es bien sabido, el contrabandista elude la tributación a la cual está obligada toda persona que importa o exporta bienes o servicios.

Dentro de estos renglones de rubros propensos al alijo, se encuentra el de la gasolina; porque contrabandear este valioso combustible, produce pingües ganancias, sobre todo si se trae de Venezuela (en donde sus precios de venta son extremadamente bajos) hacia Colombia, ya que aquí la gasolina no solamente es cara, sino que además aumenta de precio mes tras mes.

Este negocio fraudulento del contrabando de gasolina desde Venezuela hasta Colombia, se ha convertido en una actividad que lucra a muchas personas, pero que es un problema de toda la nación. Además, es una situación que adquiere, con el paso del tiempo, dimensión compleja que obliga a hacer observaciones de tipo integral, con el fin de agrupar los diversos aspectos que están asociados a esta venta ilegal de gasolina, que cada vez se generaliza más y, debido al descontrol, da visos de convertirse en un problema de gran magnitud. Es necesaria, entonces, una propuesta que supere los limitados puntos de vista con los que se ha venido enfocando tan álgido asunto.

Las perspectivas usadas hasta ahora, se han concentrado en el aspecto económico, puesto que -como ya se dijo antes- únicamente se ha mirado el detrimento fiscal, producto de la evasión de impuestos, la cual se ha estimado en alrededor de los mil millones de dólares anuales.

Pero, este crucial problema también tiene otras aristas, como lo son:

  1. a) El de la violencia inherente al contrabando, pues es obvio que el contrabandista es alguien que delinque, en tanto se encuentra al margen de la ley cuando realiza su falaz tráfico y, con tal de evitar perder el producido de éste, soborna, extorsiona, ruega, estafa y hasta mata y, como si fuera poco, los grupos armados ilegales de Colombia están inmersos no solamente en la violencia sino también en la ilegitimidad que genera la compraventa subrepticia de gasolina.
  2. b) La mayor parte de la gasolina que llega de contrabando, se almacena en depósitos artesanales -y a veces en simples bidones- dentro de viviendas familiares, siempre en sectores populares de las ciudades fronterizas, en donde es fácil realizar este tipo de ilícito. Este hecho constituye una verdadera bomba de tiempo que, cada vez que estalla, produce tragedias de dimensiones inimaginables en vidas humanas y también en la frágil y precaria economía doméstica de quienes realizan este peligroso almacenamiento y arriesgado cambalache.
  3. c) Como si los aspectos contraproducentes ya mencionados, no fueran suficientes como para volverse preocupantes para el Estado, se encuentra con que la crisis moral que atraviesa la humanidad en general y la sociedad colombiana en particular, ha prohijado la participación de miembros de diferentes estamentos de la nación, en esta vorágine de delitos que subyacen en el contrabando de gasolina, pero que quienes -así sean una minoría- participan de manera activa o pasiva (no importa la modalidad elegida), está contribuyendo a desestabilizar el tesoro nacional y además a poner en riesgo la vida de, casi siempre, personas de extracción socioeconómica baja. Y allí, entonces, se configura otro delito: el de aprovechar el hambre y las necesidades de muchos, para favorecer a unos pocos desalmados.

Por eso se dijo al principio que el problema del contrabando de gasolina es complejo y su solución debe de ser integral, de tal manera que abarque todas sus dimensiones: la fiscal, la moral y la social. De lo contrario, cualquier remedio que no contemple la dimensión múltiple de este mal, puede resultar peor que la enfermedad.

Valledupar, 1º de mayo del año 2012

¡Qué aberración!

Hace un par de meses, con el título “Los privilegios en las pensiones”, en esta columna se analizaron casos aberrantes de ex funcionarios del Estado y de ex ejecutivos de las grandes corporaciones -apenas el 0,1% del total de pensionados del país- que gozan de jubilaciones de valor desproporcionado, cuyo monto total es del 80% de las pensiones en Colombia, mientras que el 99,9% restante de los retirados de la vida laboral activa, solamente perciben el 20% restante de las mesadas, después de 30 ó 40 años de trabajo. También se mencionó en esa columna lo perverso que resulta el hecho de que cerca de 5 millones de colombianos con más de 60 años de edad, carezcan de ese beneficio.

Pues bien, escarbando en archivos, se encontró que la viuda de Virgilio Barco, la de Turbay Ayala y la de López Michelsen, al igual que Andrés Pastrana, Daniel Samper, César Gaviria y Belisario Betancur –todos ellos con apenas 4 años de servicio– reciben pensiones  realmente asombrosas: cada uno cobra una mesada de $21.956.000.

Esa misma suma recibe la viuda de Lemos Simmonds que ocupó la presidencia por sólo nueve días, durante el gobierno de Samper.

Las excepciones las constituyen Álvaro Uribe que goza de una pensión mensual de $25.838.213 y la viuda de Misael Pastrana que solamente recibe (pobrecita) la módica suma de $17.871.000 cada mes.

Conocida esta información, resolví hacer mi propio sondeo de opinión durante los días del Festival y, al preguntar a los transeúntes qué opinaban al respecto, éstas fueron algunas de las respuestas que obtuve (otras no las publico, por considerarlas desobligantes y hasta vulgares):

–Tengo Sisben nivel 3 como discapacitado, y muchas veces no puedo ir para que me atiendan porque no tengo ni para los buses. Mientras tanto, estos miserables que han hundido al país en la miseria, más lo que se han repartido bajo cuerda por las contrataciones y lo que les han dado a ganar a sus amigos y familiares, siguen engordando su codiciosa panza.

–No lloremos sobre la leche derramada. Miremos qué podemos hacer para mejorar esta situación. No me refiero a mejorarles la pensión. Me refiero a qué soluciones debemos plantear; por ejemplo: que la pensión presidencial no sea vitalicia y dejarla sólo por un periodo después de su mandato y de acuerdo al último sueldo; ejemplo: $23.460.630 (el sueldo de Santos) x 48 = $1.126.110.024 ¿Será que esto no les alcanza para que puedan vivir cómodamente? Un fideicomiso les pagaría $11.261.100 al mes.

–Aquí se ve cómo es la justicia social en Colombia, mientras que unos ganan millones por ser cisnes de cuello blanco, que suben al poder a través de engaños, a través de planes de gobiernos que resultan una falsedad, otros están en la calle rebuscando dinero para el alimento del día y tantos otros que se ven en la obligación se subsistir con un miserable salario mínimo. Pero en fin, ésta es la desgracia que al pueblo le toca vivir; pero estos señores que son más corruptos que cualquiera, hablan de democracia y justicia social.

–Reflexionemos un poco sobre las exageradas pensiones que ganan estos individuos que desangran a  la nación y pensemos por un momento cuántas reformas le han hecho a las pensiones, para que sigan siendo mínimas o para quienes aún son  jóvenes, cuando les llegue la edad, ni siquiera tengan derecho a una miserable pensión, a través de esos Fondos, que pertenecen a la plutocracia que no ha hecho otra cosa que robarse el país día tras día.

–»Colombia tiene talento» es la conclusión que se saca de este informe. Un hombre que gana el mínimo, hace milagros para sostener a su familia, para pagar servicios y comer.

–Amigo, esto es sólo parte de la tajadita. Le recuerdo que los señores ex presidentes y su familia tienen escolta de por vida y ni siquiera pregunte por la carga en salud; ahí no escarbe más, porque terminamos todos llorando. Imagínese cuánto se ahorran en gastos durante los 4 años, si todo sale del presupuesto de Palacio.

  1. S. * La última columna –sobre el contrabando de gasolina– parece que pisó algunos callos. Hubo quienes sintieron que les caía el guante.

** Hay palabras que, por más castizas que sean, no deben pronunciarse en público; menos cuando se tiene enfrente un micrófono y las cámaras de la televisión y, mucho menos aún, si se transmite a toda la nación y a parte del mundo.

Valledupar, 8 de mayo del año 2012

En el día de la madre

Esta fiesta, que en la mayoría de los países se celebra el 2º domingo de mayo, se remonta a la Grecia antigua donde se le rendían honores a la diosa Rea, madre del dios Zeus.

En el mundo moderno, esta conmemoración fue creada por Julia Ward Howe, defensora de los derechos de la mujer, en el contexto geopolítico estadounidense de mediados del siglo XIX, inicialmente con el ánimo de conmemorar a las madres por la paz, pero que después se haría extensiva a la celebración de todas las madres del mundo.

Pues bien, hoy en día, esta conmemoración ha sido desdibujada por el afán consumista que agobia al mundo occidental, y Colombia ni iba a ser la excepción. Es por eso que se alzan voces recordando que el día de celebrar a la madre es cualquiera del año; más aún, debería ser cada día del año durante la existencia -y más allá de ella- de ese ser, el más grande entre todos los de la creación en el ámbito personal de cada quien.

Ahora bien, si nos detenemos a mirar algunas cifras de nuestro país, veremos que no todas las madres en Colombia pudieron disfrutar de esta fiesta.

De los 46 millones de habitantes que tiene Colombia, 11.333.931 son madres; de esas, 1.319.298 son adolescentes, cuyos hijos aún no entienden de este tipo de celebraciones.

De esos 11 millones y tercio de madres colombianas, 2.061.404 pertenecen a la clase pobre, en donde el disfrute de algo es realmente excepcional.

Hay 3.279.558 madres colombianas que son cabeza de familia, de las cuales el 65% tienen hijos todavía pequeños, o sea que no hay quien impulse una celebración de esta clase.

Esto quiere decir que el 48.64% (5.512.415) de las madres colombianas no tuvieron  fiesta de madres el pasado domingo 13 de los corrientes.

Por último, el 28.75% de los colombianos (13.226.157) somos huérfanos de madre.

Como si lo anterior fuera poco, en Colombia cada año mueren alrededor de 600 mujeres al momento del parto.

No obstante lo anterior -y dejando de lado el factor comercial con el que se ha imbuido un día tan solemne como el de celebrar a la madre- y teniendo en cuenta lo dicho al principio de esta columna, sobre la cotidianidad de amar, respetar, valorar, apreciar y  celebrar a la madre (mientras aún existe), esta fecha sirve para que algunas personas recuerden que aún vive quien les diera el ser y, al menos, ese día la visiten, la consientan y le digan que la quieren; puesto que, después de que se muera ya no habrá a quien irle a decir todas las cosas bellas que merece una madre.

El siguiente es un fragmento de un poema que escribí hace 14 años, con motivo de un aniversario de la muerte de mi madre:

Porque eso es la madre: el amor hecho mujer,

el único ser capaz de dar todo sin pedir

a cambio nada y que sabe querer,

aunque en ello se consuma su existir.

Al morir mi madre, creí también morir;

vivir era sin duda el mayor tormento

que mi alma adolorida pudiera resistir,

faltándome quién me diera el primer aliento.

Y aunque han pasado muchos años, sin embargo

el dolor en mi alma persiste todavía

y en las grises tardes me sumo en un letargo

y te recuerdo, con amor ¡oh santa madre mía!

Valledupar, 15 de mayo del año 2012

El diablo haciendo hostias

La frase que sirve de mote a la columna de hoy, es un adagio con el que se señala a  alguien que trata de aparentar virtudes que no tiene, para posar de honrado cuando no lo es. Pero, sobre todo, toma esa pose con el fin de disimular sus propias faltas, sus crasos errores y, hasta en ocasiones, sus crímenes y delitos, al endilgárselos a otro u otros.

Pues bien, Uribe no se cansa de despotricar de todas aquellas personas con las que se ha querellado. No hace más que pelear con todo aquel que disienta de su forma de pensar o de ver las cosas y, más aún, de todos los que discreparon de su  manera de gobernar el país. Ah, y ni qué decir de quienes denunciaron que para lograr su reelección, pasó por encima de toda norma jurídica, ética o moral.

Sólo que ya Colombia conoce su talante, no solamente pendenciero, sino también embaucador y ya se sabe que cuando ve que alguien trata de destapar su pasado, responde con el ataque, pero no contra quien cuenta los hechos en los que él se encuentre implicado, pues sabe que es culpable, sino que empieza a disparar dardos a diestra y siniestra con el fin de distraer a la opinión pública al ocupar los espacios noticiosos con sus diatribas, en las cuales cae en el arquetipo del que ve en otros sus propios errores o sus mismos crímenes o delitos, con el fin de posar de bueno y honrado.

Por eso y como quiera que hace poco Mancuso, desde una cárcel en los Estados Unidos, confesó que se había reunido con Uribe en una o varias ocasiones y hasta, en la entrevista, Mancuso contó que los paramilitares sí apoyaron la campaña para la reelección de Uribe en el año 2006, éste -en vez de desmentir a su otrora colaborador-  decidió contar una vez más las fallas de Chávez, como si se encontrara en campaña en Caracas, sin pensar que con cada falla o delito que endilgara a Chávez, no hacía otra cosa que autorretratarse.

Pero para él, eso no importa pues lo único que le interesa en este momento es sacar de contexto las declaraciones de Mancuso y, así, seguir pasando de agache en todas aquellas cosas funestas que se desarrollaron desde cuando, para desgracia de Colombia, ese individuo decidió lanzarse a la vida pública.

Pasando a otros hechos que desdicen de nuestra condición de país civilizado, apegado al derecho y a las normas, la actitud del hasta hace poco desconocido senador por Sucre, un tal Eduardo Merlano, que abusando de su condición de congresista, no solamente conduce sin la licencia respectiva, sino que además cuando es requerido por la autoridad se rebela y saca a relucir su condición de senador con el fin de eludir su responsabilidad y, como si fuera poco, abusa de su posición y se apoya en el tráfico de influencias, para demeritar a los policías que cumplían con su deber.

Para colmo de su desfachatez y de lo inicua que se ha vuelto la administración de lo público en Colombia, cuatro días después de los hechos, por arte de birlibirloque, le aparece un pase de conducción, emitido  en su querida tierra de Sucre, exactamente de la oficina de tránsito de Corozal.

Bueno, no se debe olvidar ese otro adagio que reza que “el que anda en la miel, algo se le pega”, para indicar que el mal ejemplo cunde, y de eso sí que hay en la administración pública en esta república bananera. O si no, bastaría recordar tantos y tantos desafueros, delitos y crímenes que se cometieron entre el 2002 y el 2010.

Para lavar tanta inmundicia, se necesitarán muchos años y muchas lecciones de ética y de moral.

  1. S. Cuando todavía resuenan los ecos de los falsos positivos y aún no se ha borrado de la mente de todos aquellos mayores de 40 años, el autosecuestro de un famoso latifundista del Cauca y, como tal senador vitalicio, con el fin de torpedear las negociaciones de paz en el gobierno de Gaviria, no deben sorprender los atentados ocurridos en lo que va corrido del año. Ya son demasiadas coincidencias. Sobre todo, porque siempre los culpables -según el Establecimiento- son los mismos: la guerrilla.

Pero hay también quienes dicen que esta vez los responsables son agentes de la ultraderecha, interesada en desestabilizar el gobierno de Santos para estorbar las posibles iniciativas de paz pactada con las guerrillas.

Por eso, hay que buscar a los responsables con imaginación y no dejarse desviar por quienes están interesados en perpetuar el conflicto.

Valledupar, 22 de mayo del año 2012

La vida y la muerte

Esta reflexión la aprendí de mi madre, cuando mi padre murió. Y, cuando ella también se fue, la puse en práctica y sirvió para hacer menos angustiosa su partida.

En las ocasiones en que algún ser allegado a mí, ha sufrido la terrible experiencia de perder a un ser que ama, he tratado de darle un lenitivo a su pena, a través de este hermoso -aunque aparentemente despiadado- razonamiento:

«La muerte es una gran realidad, pero no por eso debemos olvidar que sólo es un cambio, únicamente es un paso entre esta existencia temporal y la vida eterna. Es decir, que la vida es la razón de la muerte. No mires con terror la tumba de un ser querido, como si con la muerte todo acabara. No debes temer; observa que allí está presente la voluntad de Dios, porque nuestro paso por el mundo es efímero, porque nuestra existencia terrenal es fugaz y nos ha de conducir a la vida eterna.»

Por eso los creyentes tenemos esa ventaja: nos consuela saber que, después de este caminar por el valle de lágrimas, viviremos una eternidad de gloria y felicidad. Claro está, si hemos vivido de acuerdo a la ley divina. De ahí que debamos estar conscientes de nuestro limitado tiempo en el mundo, pues sólo así viviremos de una manera intensa y profunda; celebrando, sin asustarnos; pero, por sobre todo, amando a quienes nos rodean y también nos aman; sí que también -como lo dijo Cristo- “a quienes nos ofenden.”

Como señala el escritor argentino, Julio Andrés Pagano: “La vida requiere de la mutación de las formas; por eso, nadie llora por la semilla cuando se transforma en árbol, ni por el gusano cuando resurge en mariposa. ¿Acaso una madre se duele porque su hijo ya no está en el vientre? La vida fluye como interminable sucesión de transformaciones que sólo reconocemos en el instante en que ella finaliza su ciclo. “

O como lo expresaran diversos pensadores: “Al fin y al cabo, eso que llamamos vida y muerte no son más que dos caras de una misma moneda. “

Buscamos verdades y la vida está llena de dudas. Por eso, no entendemos que al morir el cuerpo ya cumplió una función, y ha llegado el momento de dejarlo.

Es un proceso natural y debemos aprender a no mirar la muerte como algo solamente negativo, si reconocemos que ella sólo es una metamorfosis.

Claro que la ausencia definitiva de un ser querido duele, y mucho. Y es un dolor que tarda tiempo en sanar. También es cierto que el vacío que deja esa persona amada que se fue, es insondable; el corazón queda herido, pero si vivimos con intensidad cada momento, amando y disfrutando de todo lo que nos rodea, reconoceremos la muerte como parte indivisible de la vida y, así, habremos logrado trascender las fronteras de nuestras limitaciones.

Pero, también, habremos acatado la voluntad de Dios -eso que los no creyentes llaman los azares del destino- y, además, la nostalgia por quien se fue se irá haciendo más llevadera, hasta convertirse en un recuerdo grato que duele menos y que nos permitirá formar un altar en el corazón, donde venerar la memoria de esa persona que se nos adelantó en lo inexorable que es el dejar este mundo terrenal.

Si cambiamos de actitud ante la muerte, lamentaremos un poco menos la partida de nuestros seres queridos, porque estaremos conscientes de que simplemente se anticiparon en llegar al final del camino de la existencia, que no termina con la muerte. Mira en tu interior y agradece, desde lo más profundo de tu alma, por los momentos vividos junto a los seres queridos que ya partieron y, entonces, envíales millones de besos y tus más fervientes intenciones por una vida eterna llena de bienaventuranza y así los liberarás, pues ellos deben seguir su camino y encontrar la paz eterna y, entre tanto, espera tranquilo que ya llegará el tiempo del reencuentro.

Sigue viviendo, pero no olvides que tú también te irás cuando te llegue la hora. No cierres tu corazón ante las verdades de la vida; aún queda mucho por aprender, mucho por disfrutar, mucho por luchar, mucho por servir, mucho por amar, mucho por vivir.

Recuerda que quien te quiere, te dice lo que a veces no te gusta escuchar. Nunca olvides que quien te aconseja bien, lo hace porque te ama y también por amor a la vida que (tenlo siempre presente) es la preparación y el anticipo de la muerte.

Valledupar, 29 de mayo del año 2012

El “arte” de Cúchares (1ra. Parte)

Dentro de las campañas propuestas por el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro y rechazadas de plano, sin análisis previos, está la de prohibir las corridas de toros.

Pues bien, fui a la plaza de toros y me quedé pasmado.

Encontré que el objetivo de una corrida de toros, es el de matar por diversión. Al fin y al cabo, el ser humano es el único animal de la naturaleza que mata porque sí.

Hay quienes dicen que la fiesta de los toros es un arte, pero la realidad es otra. Nada en la fiesta brava es genuino, solamente el dolor es auténtico. El torero se cree valiente, pero no lo es. Desde un día antes de entrar a la liza, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce en el público la imagen de que el toro es feroz, pero el deseo del toro -en esos momentos- es huir, no atacar.

Ya le han recortado los cuernos para proteger al torero. Ya le han colgado sacos de arena en el cuello durante horas. También le han golpeado en los testículos y en los riñones.Le han provocado diarrea, poniendo sulfatos en el agua que ha de beber, para que llegue débil y desorientado al ruedo. Ante de llevarlo a la arena, le untan grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto para no deslucir la actuación del torero.

Otra farsa es la de los caballos de los picadores. Se eligen rocines que ya no tienen valor comercial, porque el animal sólo resistirá tres o cuatro corridas, a lo sumo.Es habitual que el pobre jamelgo sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos. Se le  coloca un peto, simulando que se le protege, pero en realidad se trata de engañar al público para que no vea las heridas del caballo, que con frecuencia presenta también exposición de vísceras.

Pero si la presencia del caballo es una farsa, el trabajo del picador, además de una patraña, es degradante. Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador hacer su trabajo, que consiste en desangrar al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que le destroza varios músculos, vasos sanguíneos y nervios; todo esto para que el torero pueda brindar la expresión artística que se supone debe tener este espectáculo. Un solo puyazo bastaría para destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos, «para mayor goce de la afición.»

Pero aún falta algo peor: las banderillas; éstas aseguran que la hemorragia siga, se intenta colocarlas justo en el mismo sitio ya dañado con los ganchos de metal. El gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y, con el roce de la muleta, el peso de las banderillas precisamente asegura ese destino.

Algunas tienen un arpón de ocho centímetros y se las llama «de castigo»; se las clavan al toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador. Las banderillas prolongan el desgarre y el ahondamiento de las heridas internas; no hay límite a la cantidad de banderillazos: tantos como sean necesarios para desgarrar los tejidos y la piel del toro.

La idea de espectáculo con las banderillas es la de -según el banderillero- demostrar que posee un gran valor; pero ya se vio cómo sólo se está atacando a un pobre animal inerme, exhausto, que a cada instante siente aproximarse el estertor de la muerte.

La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal y, entonces, el torero -dentro de su falsa valentía- puede acercarse; pues con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa del peligro y se puede dar el lujo de alejarse después de un pase especialmente artístico, sacando pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público. Cuando el toro alcanza esta situación lastimera, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo, a enfrentarse a un toro moribundo y confundido, empuñando la  espada, con la cual el toro es atravesado.

Esa espada de 80 centímetros de longitud, le destroza hígado, pulmones, pleura, diafragma y todos los demás órganos que se atraviesen en su camino, según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal; cuando destroza la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre. En ese momento, si el toro corre con un poco de suerte, muere de una estocada; porque, de todas maneras, la hemorragia inunda el hocico y el pobre animal muere ahogado en su propia sangre.

Valledupar, 5 de junio del año 2012

El “arte” de Cúchares (2da. Parte)

En la primera parte de este análisis sobre la tauromaquia, vimos la impostura del grupo  denominadocuadrilla (¿habrá analogía con su sinónimo pandilla?),formado por el torero, los  banderilleros y los picadores que, entre todos sus componentes, realiza la cruel faena que culmina con la muerte del toro, después de la salvaje arremetida que busca únicamente debilitar más y más al animal que se encuentra en condiciones de inferioridad.

Luego de la estocada final -decíamos hace ocho días- si el astado corre con un poco de suerte muere de inmediato; porque la hemorragia ha inundado su hocico y la pobre bestia cae ahogada en su propia sangre.

Pero no siempre es así; pues, a veces el toro, en un intento desesperado por sobrevivir, se resiste a caer y suele encaminarse penosamente hacia la puerta por la que lo hicieron entrar, buscando una salida a tanto maltrato y dolor. Pero entonces lo apuñalan en la nuca con otra larga espada, llamada el “descabello”, que termina en una cuchilla de 10 centímetros.

Si esto último ha ocurrido (el toro resistiéndose a morir de inmediato, a pesar de estos terribles tormentos, pero que ha logrado resistir debido a su gran fuerza) llega el momento en el que finalmente cae al suelo, porque -cómo se dijo antes- la espada ha ido destrozando sus órganos internos.

Entonces, para asegurarse de que la faena ha concluido satisfactoriamente para el espectáculo, lo rematan con una puntilla de 10 centímetros con lo que logran seccionarle la medula espinal, a la altura de las vértebras atlas y axis.

El toro queda así paralizado, sin poder siquiera realizar movimientos con los músculos respiratorios; por lo que muere por asfixia, muchas veces ahogado en su propia sangre que le sale a borbotones por la boca y la nariz.

Luego viene el “arrastre”: después de que le han destrozado las vértebras, el toro pierde el control sobre su cuerpo desde el cuello hacia abajo; sin embargo, hacia arriba se mantiene intacto, por lo que está consciente de todo el horror y de cómo es arrastrado fuera del ruedo. Entonces es cuando algunos espectadores alcanzan a ver una lágrima que se escurre por su rostro.

¡No se puede ser partícipe de estos eventos, que no son más que una tradición cruenta que nos denigra como seres humanos!

Antonio Gala, el poeta y escritor español nacido en 1936, escribió en el periódico madrileño “El País” en la edición dominical del 30 de julio de 1995 un artículo en el que confesaba su «conversión» a la antitauromaquia: «Y de repente el toro miró hacia mí, con la inocencia de todos los animales reflejada en los ojos, pero también con una imploración. Era la querella contra la injusticia inexplicable, la súplica frente a la innecesaria crueldad.»

Reflexionemos, al igual que el gran escritor y pensemos que la conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se pueda afirmar con Arthur Schopenhauer, el filósofo alemán nacido en 1788 y fallecido en 1860, cuando dice que «quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona.»

Sólo los psicópatas gozan con el sufrimiento de otros seres, así estos sean irracionales. Por eso, reflexionemos y rechacemos una tradición de tortura, de muerte y de dolor que no debe continuar.

Entonces, la consigna es no asistir a corridas de toros, no apoyar a políticos, artistas,  comunicadores y demás gentes asociados a esta crueldad. No consumir productos de empresas que patrocinen las corridas de toros. Y lo más importante, enseñar a los hijos el respeto por la vida y por todos los seres vivos de la naturaleza.

O, al menos, dedicar cada quien unos minutos a pensar en una fiesta que, además de cruel, es tonta y decadente. No seamos indiferentes al dolor ajeno; ¡así sea un dolor animal!

Por todo lo anterior, preguntémonos de una manera sensata, los toreros y su cuadrilla ¿son maestros, son artistas, son valientes?; o, por el contrario, ¿no son más que unos farsantes y cobardes asesinos?

Valledupar, 12 de junio del año 2012

Negar la sangre, es abominable

Nadie escoge la familia a la cual pertenece; por consiguiente, los errores, delitos o crímenes cometidos por alguien de la familia, no pueden imputárseles a sus parientes, por más allegados que sean. Esta es una verdad de Perogrullo; no obstante, la persona cuyo padre, hijo, hermano, sobrino, tío, primo o cuñado, haya cometido un delito, no puede –so pena de convertirse en un descastado- negar la consanguinidad con aquel caído en desgracia.Porque es una desgracia, ponerse al margen de la ley.

Pues bien, en días pasados ocurrió un suceso singular y el país supo que una cuñada y una sobrina de Álvaro Uribe están presas, con fines de extradición hacia Estados Unidos, por habérseles comprobado vínculos con el tenebroso cartel de Sinaloa.

Más adelante los comunicados se extendieron y se conocieron más detalles del caso: estas dos mujeres -viuda e hija mayor del hermano menor de Álvaro Uribe, llamado Jaime Alberto- son buscadas por la DEA desde el año 2001, cuando falleciera este último, quien fue apresado en 1986 por tropas de la IV Brigada del Ejército de Colombia, porque desde su radioteléfono la inteligencia militar registró llamadas comprometedoras a Pablo Escobar, pero nunca fue juzgado por este caso.

«Tanto Dolly, la cuñada del ex presidente como su sobrina Ana María hacen parte, de acuerdo con la Fiscalía Federal de Estados Unidos, del clan Cifuentes Villa. Esta organización, según una alta fuente de la Policía Nacional de Colombia consultada hoy, no fue perseguida durante los dos gobiernos consecutivos de Uribe Vélez, entre agosto del 2002 y agosto del 2010», dicen los comunicados emitidos por los investigadores del caso.

Así mismo, aseveraron que el hermano del ex presidente, a quien se le conoció -según la información- con los remoquetes de ‘Arepa’ y el ‘Pecoso’, «murió de cáncer en el 2001 con un historial de relaciones con el clan Cifuentes Villa y con Pablo Escobar, pero nunca fue llevado a juicio».

Lo grave del hecho no es la condición de narcotraficantes de la cuñada y la sobrina de Uribe Vélez, ya que donde menos se piensa salta le liebre de la mafia; lo trascendental para la opinión pública nacional, estriba en la reacción del cuñado y tío de las acusadas: pues, lo primero que hizo Álvaro Uribe fue desconocer su parentesco con Dolly y con Ana María. En la red social escribió: «Mi hermano Jaime murió en el 2001, casado con Astrid Vélez, tuvieron dos hijos, un joven profesional en materias ambientales y una niña que nació con parálisis cerebral. Relación sentimental diferente que hubiera tenido mi hermano sería de su fuero íntimo y me es ajena».

Sin embargo, los investigadores del caso, mostraron registros civiles de notarías de Medellín en donde consta que, de la relación de Jaime Alberto y Dolly, nacieron dos hijos, Ana María el 1 febrero de 1980 y Diego Alberto el 5 de octubre de 1990.

Claro que el exceso de desfachatez corrió por cuenta del correveidile de Uribe, José Obdulio Gaviria Vélez -primo hermano de Pablo Emilio Escobar Gaviria y hermano de Luís Mario y Jorge (procesados por narcotráfico en EE. UU.)- quien el jueves pasado en su columna de El Tiempo, dice: “…la relación de Jaime Uribe con Dolly Cifuentes fue ‘ocasional’ y ocurrió hace 32 años.” La desvergüenza del ex asesor de Uribe, no estriba en su parentesco tan cercano con miembros de la mafia antioqueña (no olvidar el aserto del primer párrafo de la columna de hoy), sino en la eventualidad que le endilga a la relación entre Jaime Uribe y Dolly Cifuentes; un idilio que engendra dos hijos con diferencia de diez años, no puede ser jamás aleatoria.

Entonces -en gracia de discusión- así Álvaro Uribe y José Obdulio no hayan tenido nada que ver con los delitos de sus respectivos hermanos, sobrinos o primos, llegar a negar la consanguinidad sólo es propio de personas renegadas.

  1. S. Silvia y Ángela: son muchas las personas que mueren, pero muy pocas las que permanecen -para siempre- en el corazón de quienes tuvieron la satisfacción de conocerlas y, en el caso de Germán, no era necesario hacer algún esfuerzo para respetarlo, admirarlo y llegar a sentir cariño por él. Por eso, al conocer su deceso, sentimos dolor en el alma y aflicción en el corazón.

Qué Dios les dé, a él el descanso eterno y, a ustedes dos, la serenidad y la entereza necesarias para seguir viviendo sin la presencia, los consejos, el amor y la entrega perennes de Germán, pero siempre iluminadas por sus ejemplos.

Valledupar, 19 de junio del año 2012

Lavarse las manos

Lavarse las manos, en señal de declinar la responsabilidad, era un gesto común entre los judíos y también era conocido por los romanos. Por eso Pilatos no atreviéndose, en su debilidad, a comportarse como un hombre y seguir el camino recto, consideró que incluso los que no podrían escucharlo -pero lo verían a la distancia- habrían de saber que de ninguna forma quería hacer ver su participación en la condena a Cristo. Lavarse las manos en agua era un símbolo tan natural para expresar la elusión a la responsabilidad, que tanto los judíos como los gentiles lo habían adoptado. Así, Pilatos en su pusilanimidad, con tal de no enfrentarse a la turba, condenó a un inocente y se lavó las manos.

Pues bien, hoy en día todo aquel que elude su responsabilidad –bien por cobardía, bien por evitar implicarse– se dice, en forma figurada,  que se ”ha lavado las manos”; sobre todo aquellos políticos que olvidan que, sólo el que actúa con rectitud, posee la fuerza y la razón necesarias como para enfrentar cualquier situación por terrible y comprometedora que sea.

Entonces, se ha vuelto inveterado que, a las primeras de cambio, cada vez que surge una responsabilidad sobre las actuaciones de quienes son subalternos, el que ocupa la cabeza se libre de todo compromiso y le endilgue la carga a otros en la cadena de mando; como si quien ejerce el poder no tuviera la obligación de conocer las cosas buenas o malas que hagan sus subordinados.

Esto ha convertido a Colombia en el país en donde sus gobernantes parecieran tener las espaldas más anchas del mundo; ya que, dada esa extensión dorsal, las cosas pasan sin que ellos se den cuenta.

Por eso, la acusación que una Corte de EE. UU., hiciera contra el general de la Policía Mauricio Santoyo Velasco, por asociación con narcotraficantes y paramilitares entre los años 2000 y 2008 y, además, en Colombia hubiera sido sindicado de haber participado en escuchas ilegales, efectuadas años antes cuando era comandante del Gaula en Medellín y que algunas de esas interceptaciones habrían contribuido -entre otros delitos- a la desaparición de los activistas de derechos humanos Claudia Monsalve y Ángel Quintero, han debido producir -estos hechos- un pronunciamiento valiente de parte de Uribe Vélez, porque Santoyo fue Jefe del Gaula en Antioquia durante la gobernación de aquél (1995 a 1997, justamente cuando la puesta en marcha de las Convivir) y su Jefe de Seguridad durante su primer período presidencial (2002 al 2006).

Al menos estas dos coincidencias en el tiempo y el espacio, bien habrían podido mover a Uribe a decir algo distinto a endosarles a otros la responsabilidad por las designaciones hechas a Santoyo, a quien exaltara el día de su promoción a general. Pero no; era más cómodo, más fácil, más acorde con su carácter elusivo, lavarse las manos y decir que él no tuvo nada que ver con el nombramiento de Santoyo; como si este último hecho tuviera correspondencia con los delitos que se le imputan al general y, a pesar de los cuales, lo mantuvo en el cargo.

Además, pretende creer que la opinión está compuesta por imbéciles, cuando omite decir que, al salir Santoyo de la Jefatura de seguridad de la Presidencia, lo nombró en un cargo diplomático en Italia. Tal como hiciera con otro “buen muchacho” (chuzador él también),  Jorge Noguera a quien enviara a Milán, luego del desastre del DAS.

  1. S. *Los sinvergüenzas que aprobaron el engendro de Reforma a la Justicia, en donde lo único que buscaron fue favorecer la impunidad hacia ellos mismos, merecen el repudio de la opinión pública y, la mejor manera de hacerlo, es no votando por ninguno de ellos ni por personas allegadas a ellos, en cualquiera de las elecciones futuras.

Valledupar, 26 de junio del año 2012

Dirigencia maula y mediocre

Hace ocho días hablábamos de lo fácil que se ha vuelto “lavarse las manos” para quienes ocupan cargos directivos -sobre todo en el manejo de la cosa pública-, recurriendo al expediente de evadir la responsabilidad de lo acaecido y culpar a otros de sus errores o delitos.

Pareciera como si la columna de la semana pasada -esbozada desde varios días antes del acto bochornoso (por decir lo menos) ocurrido en el congreso (así, en minúscula, pues ha perdido majestad)- hubiera sido premonitoria. Todos a una, como en Fuenteovejuna, se tiraron la pelota de la culpabilidad de haber votado favorablemente el engendro de reforma a la justicia (también en minúscula, pues hubo magistrados que se vendieron cual vulgares furcias) y, ni qué decir de los senadores y representantes bribones que votaron afirmativamente esa barbaridad. Después de que la opinión se indignó, entonces, no faltaron las excusas: “no alcancé a leer todo el acto legislativo”, dijo uno; “a mí me dijeron que era otra cosa lo que íbamos a aprobar”, se justificó el de más allá, y no faltó quien se declarara obligado, en razón de la ley de bancadas, a dar su voto aprobatorio; en fin, todos recurrieron al acto figurativo de “lavarse las manos”.

Hasta el ejecutivo, también encontró disculpas para su desacierto y, cuando se vio con el agua al cuello -tras la actitud decidida y digna de la mayoría de la opinión pública- no le quedó otro remedio que el de dar marcha atrás al esperpento.

Más aún, los congresistas que votaron la ley -cuyos nombres aparecieron en los medios de comunicación- cuando oyeron hablar de revocatoria a su mandato, se apresuraron a hundir el adefesio que habían aprobado. Lo más factible es que los haya movido el miedo a perder las sinecuras, muchas veces, injustamente adquiridas; pues, para nadie es un secreto las trapisondas de las que se valen con tal de obtener el favor popular en las elecciones.

Por eso, la consigna es muy clara y precisa: «Los sinvergüenzas que aprobaron el engendro de Reforma a la Justicia, en donde lo único que buscaron fue favorecer la impunidad hacia ellos mismos, merecen el repudio de la opinión pública y, la mejor manera de hacerlo, es no votando por ninguno de ellos ni por personas allegadas a ellos, en cualquiera de las elecciones futuras.»

Aparte de los -esos sí- dignos senadores y representantes que no votaron esa porquería, el único que salvó su honor fue el Ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra Portocarrero, que tuvo el valor civil de renunciar cuando vio que había ayudado a engendrar un monstruo.

¡Ah!, pero qué difícil es soltar una prebenda, mucha veces obtenida sin merecimiento; como es el caso de la mayoría de los congresales: elegidos con fraude, con engaños, a través de la violencia, muchos con expedientes ante la Justicia; total, qué entre el diablo y escoja.

Por eso, repito, se salvan los que se abstuvieron de votar una reforma que, en una república no bananera, ni siquiera habría sido propuesta. Pero es que en esta pobre Patria, abundan los maulas y los mediocres y, parece mentira, pero es a los que más se les facilita el acceso a los cargos de dirigencia pública.

  1. S. *Casi se me olvida: otra cosa que no puede pasar es el proyecto de ley que buscan los amigos del #1: convocar una asamblea constituyente, que acabe con lo poco que queda de la Constitución de 1991, meter los micos de la bazofia de reforma de la semana pasada y, lo mejor para ellos, reelegir -per secula seculorum- al #1.

**Que el #1 quiera pasar de espléndido, cuando le pide a su lugarteniente Santoyo que se entregue, vaya y venga; eso hace parte de su talante. Pero que el Director Nacional de la Policía, haga lo mismo, es un acto poco hábil. General Roberto León Riaño, no le pida al acusado que se entregue; captúrelo y proceda de conformidad.

Valledupar, 3 de julio del año 2012

Viudo de poder

Cuando a comienzos del 2010, la Corte Constitucional segó las posibilidades de Uribe de perpetuarse en el poder, se pensó que al igual que la mayoría de los ex presidentes, Uribe aceptaría su destino y se retiraría a la vida privada, a cuidar sus reses, a montar sus caballos, a mimar a sus nietos; en fin, a gozar de su jubilación.

Sin embargo, sus ansias de poder son tantas que no se ha resignado a dejar de seguir manipulando a su electorado.

Pareciera que todavía le quedaran ganas de disponer del presupuesto o será, tal vez, que ahora cuando tantos de sus lugartenientes están presos o se encuentran esperando un juicio o están siendo investigados, no sólo por corrupción, narcotráfico, asociación para delinquir, masacres, etc., pareciera quizás –repito- que sus ansias de volver al gobierno obedecieran al temor de la delación; porque cuántas veces, un reo al verse con el agua al cuello, termina confesando quiénes fueron sus cómplices, cuáles sus benefactores, de dónde provenían las órdenes para delinquir, dónde se encuentran sus beneficiarios.

Porque es innegable que, durante esos ocho aciagos años, la delincuencia se tomó a Colombia. Ya que, entre tantas otras cosas, ¿cuándo se había visto que narcotraficantes y paramilitares entraran al Palacio de los presidentes, a media noche, por la puerta de atrás, casi embozados, a fraguar complots contra el Poder Judicial?

¿Cuándo desaparecieron tantos sindicalistas, periodistas, docentes, defensores de derechos humanos, es decir, gente de la oposición, si no fuera en esos dos cuatrienios?

Es claro que a los uribistas les parezca esta enumeración exagerada, casi injuriosa; pero no; desgraciadamente para el país, así fue.

Más aún, logros difundidos por la prensa amiga, tales como el acorralamiento de la guerrilla y el fin del paramilitarismo, no fueron más que espejismos presentados por un buen servicio de propaganda que ya habría querido para sí, el ignominioso de Hitler.

Es tanta la falta de honestidad, vale decir la manipulación de la verdad, que a su último movimiento político lo han llamado “Puro Centro Democrático”; pero no usando la palabra “centro” como el punto de reunión de individuos que comparten una misma ideología o igual filosofía o religión o intereses de cualquier índole. No, el vocablo “centro” en el título del mencionado movimiento uribista, tiene la connotación de la tendencia o agrupación política de ideología intermedia entre la derecha y la izquierda. O si no, ¿para qué el calificativo de “puro”?

Y decimos que es mendaz el nombre, porque sus integrantes -Álvaro Uribe, José Obdulio Gaviria, Fernando Londoño, Alejandro Ordóñez, Luís Camilo Osorio y otras hierbas del pantano- son todos de ideología derechista. Y están en libertad de serlo; eso es algo que nadie puede tildarles; al contrario, se les debe felicitar porque se lanzan a la arena política.

Lo triste radica, primero en lo engañoso del nombre y, segundo porque quieren manipular a la opinión pública con la bandera del terrorismo; haciéndole creer a aquélla que éste sólo lo practica la extrema izquierda; cuando es bien sabido que desde la extrema derecha también se hace terrorismo. Entonces, ni es puro, ni es de centro y, mucho menos, democrático.

Además, no olvidemos que los creadores de este novísimo movimiento político, son expertos en el ya triste célebre arte de los “falsos positivos.”

Como si fuera poco, es aberrante tomar el terrorismo como bandera partidista; a la violencia se la combate, no se la utiliza y menos para amedrentar a la gente.

Eso, además de cobardía, es una actitud innoble y un candidato que busca aterrorizar a la gente -con el cuento de “¡viene el lobo!, ¡viene el lobo!”- no merece ni siquiera el respeto del electorado.

Valledupar, 10 de julio del año 2012

Las hienas bípedas

Hace unos diez años, publicamos una columna con un título casi igual, para referirnos a aquellos individuos que, cuando detentan algún poder, se complacen en explotar a sus subalternos y se comportan como hienas. En el preámbulo de dicha columna, se describía a esos mamíferos carnívoros y se mencionaba la correlación para reseñar a las personas crueles y de malos instintos.

Fue tan descriptivo el retrato (así lo comentaron algunos lectores) que no puedo resistirme a transcribir -con el perdón de ustedes- esos párrafos preliminares:

«“Cobarde como una hiena”, dicen en Medio Oriente cuando quieren referirse a una persona rapaz y, al tiempo, carente de valor. La analogía es exacta. Las hienas, a pesar de tener el tamaño y la voracidad de un lobo, y de acrecentarlo en fortaleza, no tienen su audacia ni su intrepidez. Casi siempre atacan a presas muertas y, cuando eligen seres vivos, escogen piezas jóvenes, ancianas o enfermas; es decir, débiles. Prefieren alimentarse de carroña correspondiente a cadáveres de animales muertos por otras fieras o por cazadores humanos.

Andan solitarias, pero cuando alguna de ellas halla comida, otras se le juntan, disputándosela; entonces riñen entre sí, lanzando gritos discordantes que semejan entre las carcajadas de un loco y el cacareo de la gallina. Y, cómo si su comportamiento no fuera suficiente, su apariencia física es desagradable; hasta su andar es repulsivo pues, como sus extremidades traseras son más bajas y débiles que las delanteras, caminan derrengadas. Todo esto hace que la sola evocación de su nombre produzca aversión y horror.

Pues bien, hay seres humanos que tienen el accionar de las hienas. No son solamente los cobardes y rapaces del adagio árabe; sino también todos aquellos individuos que, con tal de alcanzar sus metas, pasan por encima de sus semejantes; sin importarles los estragos que causen ni los sentimientos que lesionen y, por consiguiente, los métodos que utilizan para ello son ruines y bajos.

Como quiera que, al igual que las hienas, son poderosos y a la vez cobardes, no les hacen frente a las consecuencias de sus actos; éstos los eluden, arropándose con el manto de la impunidad, porque gracias al poder que les da el dinero y las relaciones, compran conciencias haciendo prevaricar a las autoridades de turno.»

Todo lo anterior, a propósito de que en estos días llegó a mi correo -y al de muchas otras personas- un mensaje desolador: unos trabajadores de una clínica de una población del Cesar, luego de una vinculación de meses y, en ocasiones, hasta de años, tuvieron que retirarse de su trabajo, en vista de que pasaba el tiempo y no recibían emolumento alguno por las labores realizadas.

Cuentas las víctimas que, al reclamarle a cualquiera de los tres socios -directivos de la mencionada clínica- el pago de los salarios y prestaciones adeudados, cada uno se lavaba las manos y enviaba al damnificado a donde otro de los dueños, eludiendo así el deber de retribuir los servicios prestados.

Estos trabajadores -cuentan en su mensaje y lo prueban con copias de las correspondientes comunicaciones- en abril del presente año, tuvieron que escribir a diferentes funcionarios de alto rango en el poder nacional, en vista de que las autoridades locales se hicieron  los de la vista gorda y no les solucionaron absolutamente nada.

Claro que hasta la fecha, aún no han recibido respuesta de ninguna de las instancias nacionales a las que elevaron sus peticiones: Presidencia, Ministerios del Trabajo y de Salud, Procuraduría, Contraloría, Supertendencia de Salud y Defensoría del Pueblo.

Ellos esperan que la difusión de esta injusticia -por llamarla de un modo leve- alerte a la ciudadanía para que, cuando se vean abocados a protestar con marchas, no se les tilde de izquierdistas, de subversivos u otros epítetos con los que se acostumbra cubrir de infamia a quienes se atreven a reclamar sus derechos.

Bueno, hasta hace un par de años, a estos inconformes también se les llamaba terroristas.

  1. S. El colmo de la imbecilidad. En Derbyshire, condado de Inglaterra, será subastado un pedazo de pan tostado que (según dijo la madre de una empleada doméstica del Palacio de Buckingham), sobró del desayuno de Carlos, hijo de Isabel II, el día que se casó con Diana Spencer. La casa de subastas Hanson dijo que la tostada podría alcanzar un precio de hasta US $600. El súmmum de la estupidez correrá por cuenta de quien lo compre.

Valledupar, 17 de julio del año 2012

La salud en Colombia

Para nadie es un secreto que el problema de la salud en Colombia, cada día se complica. Basta con abrir el periódico, encender el televisor o la radio, para que, si entramos a las secciones de noticias o de opinión, encontremos que por encima de otros sucesos –también abundantes e igual de preocupantes– proliferen los referentes a lo intrincada que se ha vuelto la prestación del servicio de salud en nuestro país.

Antes, cuando aún no existía la Ley 100 –esa que “regula” los servicios de salud en Colombia– las empresas grandes y formales tenían su propio servicio médico y sus trabajadores contaban con la atención adecuada, que cubría el suministro de medicinas y la hospitalización, si se requería. Para los trabajadores informales  y los desempleados, el acceso a estos servicios se realizaba a través de los hospitales oficiales y estaba limitado por los recursos del enfermo o sus familiares o allegados; pero, de todas maneras, gracias al apostolado de los médicos y sus auxiliares, los pobres también podían permitirse el “lujo” de enfermarse, y si la expectativa de vida era poca, se debía al menor avance de la ciencia de Esculapio e Hipócrates y no, como ahora, a la degradación en la prestación del servicio.

Y no porque los médicos hayan empezado a faltar al juramento hipocrático; no, todo obedece a que la atención en los servicios de salud en Colombia, gracias a la Ley 100, quedó encomendada a personas ajenas a la medicina: porque, ¿quiénes son los dueños de la llamadas EPS, si no individuos adscritos al mundo empresarial, cuyos motivos siempre estarán signados por el lucro mercantil? Si nos asomamos a la composición de la junta de socios de cualquier EPS, encontramos que allí figuran bancos, aseguradoras, ex presidentes, congresistas, ex ministros, grandes empresarios, etc. Pero muy pocos –poquísimos– representantes de la medicina.

Son muchas y variadas las reformas que se le han querido hacer a la ya mencionada ley, pero ninguna ha logrado llegar al punto clave de la solución: una mayor y completa cobertura a los beneficiarios, una mayor y total amplitud en la formulación de los medicamentos, una mejor y pronta atención a los pacientes; porque, en verdad, nunca se había utilizado de mejor manera este vocablo –pacientes– para referirse a todos aquellos que llegan a enfermarse en Colombia, ya que deben revestirse con la virtud del santo Job, para poder culminar positivamente cualquier proceso curativo. Aunque son muchos –profusos– los casos en los cuales el paciente muere. Porque la salud en Colombia dejó de ser un derecho, para convertirse en mercancía cuyos costos de producción deben de ser mínimos para que la rentabilidad aumente.

Pero alguien desprevenido se preguntará, si es tan fácil reformar el sistema de salud,  ¿por qué no se hace? Por la sencilla razón de que quienes deben hacerlo, son juez y parte en la contienda; pues a la vez que deberían buscar la solución, pertenecen a la casta dominante que todo lo posee y, entre otras cosas, también son dueños –o alguien allegado lo es– de las ya tristemente célebres EPS.

Y así, nadie podrá ponerle el cascabel al gato.

  1. S. *En esto del confuso enfrentamiento entre los nasa y miembros del Ejército, se ha hablado de todo; hasta se ha menospreciado a los indígenas, cuando se dice que están siendo manipulados por la guerrilla. Pero nadie ha recordado la ausencia del Estado cuando, antaño, el paramilitarismo masacraba poblaciones indígenas o campesinas, cuando a pocos kilómetros de guarniciones militares se asesinaba a los pobres para quitarles sus tierras. Entonces, ¿por qué la alharaca ante el desdén de los indígenas caucanos? Y, si bien es cierto que la guerrilla está interesada en la región, no es menos incuestionable que el terrorismo de la ultraderecha del Nogal tenga puestos sus ojos en ese río revuelto.

** ¿Será mera coincidencia que Mario Iguarán –ex fiscal general– y María del Carmen Vallejo –juez tercera de garantías– hubieran conversado a solas durante tres cuartos de hora y después de esto, la juez declarara la libertad de Cárdenas, el cliente de Iguarán? Cuando Iguarán dice que el video que muestra las circunstancias del diálogo, es una canallada, ¿insinúa que el sistema de seguridad del complejo judicial de Paloquemao en Bogotá, está manejado por canallas?

Valledupar, 24 de julio del año 2012

Más infamias

Como quiera que hubo lectores -tal vez muchos- a quienes muy poco les dijo la frase del post scriptum de la semana pasada, “Y, si bien es cierto que la guerrilla está interesada en la región [Cauca], no es menos incuestionable que el terrorismo de la ultraderecha del Nogal tenga puestos sus ojos en ese río revuelto”, es preciso aclarar que ese ‘terrorismo de la ultraderecha del Nogal’ no es otro que el movimiento político, fundado por Álvaro Uribe (dictador frustrado), José Obdulio Gaviria (primo carnal de ‘el patrón del mal’), Fernando Londoño (héroe de Invercolsa), Alejandro Ordóñez (el procurador camandulero), Luís Camilo Osorio (fiscal general, famoso por sobreseer  a delincuentes amigos) y otros satélites del mismo corte, y que aún permanecen libres, (pues los otros purgan condenas o están haciendo antesala para pagarlas), y que han llamado ‘Puro Centro Democrático’, cuya consigna es crear un “Frente contra el terrorismo”, equivale a poner al diablo a hacer hostias; pues así ninguno de estos individuos -mencionados renglones antes- tal vez nunca haya puesto una bomba, disparado un cartucho, accionado una granada, no es menos cierto que con sus consignas, sus actitudes, sus frases cargadas de odio, no han hecho otra cosa que incendiar el país, polarizar la opinión y aumentar la violencia en Colombia.

Y lo que es peor, se han disfrazado con la piel de oveja, mientras la nación arde en llamas y se baña en sangre para, luego de cada tropelía, señalar a sus opositores como autores de los actos ilegales y aliados de la subversión, a la cual -dicho sea de paso- juraron acabar y, al no hacerlo, poco les importó mentirle al país diciendo que ésta no existía y que Colombia gozaba de paz; cuando en realidad, todo lo que hicieron fue disfrazar la realidad de esta sufrida patria, pues son expertos en mentir.

Sin ir muy lejos, cuando se destapó el genocidio, llamado ‘falsos positivos’, el mismo Uribe no titubeó para -haciendo gala de su inveterada desfachatez- declarar que «esos jóvenes no propiamente estaban recogiendo café»; todo con el ánimo de falsear la verdad y, perversamente, convertir a los victimarios en víctimas.

Por eso, no sería descabellado suponer que algunos de los actos terroristas ocurridos durante los dos últimos años, hayan tenido su autoría en la extrema derecha.

Al fin y al cabo, Uribe y su camarilla han demostrado una sed insaciable de poder y, también, han dado muestras de que no se paran en mientes con tal de lograrlo.

Por algo será que son muchos los colombianos que afirman que las dos elecciones que Uribe ganó, estuvieron signadas de violencia y, por supuesto, violencia contra el electorado no convencido de las bondades y promesas del mesías ungido por esa ultraderecha que él, de manera tan eficiente, representa.

Y tan ansiosos están por volver a manejar el presupuesto -ya que, no es otro el imán que les atrae, pues toman el erario para saquearlo- que ya están hablando de una Asamblea Constituyente, que les permita hacer de Colombia el paraíso de la mafia, de la corrupción y del desbarajuste que les permita alzarse con las riquezas del país.

Pero, en cada colombiano no contaminado por la impudicia del dinero mal habido o engañado con falsas promesas o cándido ante la propaganda fascista, está la salvación de la patria. Cualquier intento de estas fuerzas retrógradas y perversas, debe recibir una refutación absoluta y unánime de todos. Sólo así, evitaremos que Colombia vuelva a caer en el oprobio vivido entre el 2002 y el 2010; porque corremos el riesgo de que nuestro país -que merece mejor suerte se convierta en el edén del totalitarismo; porque después sería “el crujir y el rechinar de dientes.”

Y, entonces, a la infamia de los dos malhadados cuatrienios, a la de la creación de las Convivir, a la de la pasividad en Aerocivil en las épocas de ‘él patrón del mal’ y a tantas otras monstruosidades, agregaríamos la de una aberrante dictadura fascista.

  1. S. Si a los fundadores del ‘Puro Centro Democrático’ no se les acusa de asonada ni de concierto para delinquir por sus proclamas de El Nogal cuando invitan a tumbar al gobierno, ¿por qué a Piedad Córdoba, los correveidiles de este movimiento pretenden crucificarla, cuándo dice algo parecido?

Valledupar, 31 de julio del año 2012

Pobre peatón

En la mayoría de las ciudades civilizadas del mundo, el peatón merece el respeto de los conductores, con quienes necesariamente habrá de cruzarse en su camino, cuando transita por las calles y debe atravesar de una acera a otra.

Más aun, en esas ciudades, ningún motorista irrespeta las luces del semáforo ni  pretermite el orden cuando pierde la vía al doblar las esquinas.

Sin embargo, en Valledupar -y también en las demás ciudades de Colombia- el peatón debe sortear el embate de los vehículos, so pena de ser atropellado por estos, sin  importar si el vehículo en cuestión deba doblar la esquina, en cuyo caso -como ya se dijo antes- pierde la vía y debe esperar a que los peatones crucen la calle.

En urbes con densidades de población y de automotores inmensamente mayores que las de las ciudades colombianas -Nueva York, por ejemplo- los vehículos que deben doblar la esquina, esperan hasta que el último de los peatones cruce la calle y -lo más sorprendente, por el civismo demostrado- ningún conductor hace sonar el pito, como muestra de desesperación e irritabilidad; por el contrario, todos aguardan con  paciencia hasta que los vehículos que les preceden continúen la marcha.

Claro está que los peatones solamente cruzan las calles por los extremos y, cuando los hay, utilizan los puentes peatonales.

Pero así el peatón cruce por la mitad de la cuadra, o habiendo puentes no los utilice, es apenas natural y humano que el conductor a quien se le atraviesa una persona a pie, detenga o desacelere el vehículo, para que aquél pase indemne la calle. Y no,  como ocurre con frecuencia en las ciudades colombianas: si el caminante se descuida, es arrollado por el conductor; a quien pareciera no importar mayor cosa la integridad física de los demás.

Yo he podido observar, cómo algunos conductores -no importa qué clase de vehículo  conduzcan- aceleran cuando ven a un peatón tratando de cruzar la vía a mitad de cuadra. Pareciera que se solazaran con la desazón que demuestra el transeúnte, cuando ve que el automotor se le acerca raudo y ominoso, como si viniera en pos de su existencia.

Y, por favor, no me tilden de patético o de exagerado, cuando afirmo que he visto que esta situación aumenta en número, cuando el peatón es una persona anciana.

En verdad, un conductor así, no es más que un bellaco, un miserable que goza con el dolor ajeno.

Y, ay, del pobre peatón que se atreva a reprochar a un canalla de éstos: es posible que si se salvó de ser arrollado, su integridad corra riesgo ante la beligerancia verbal, y de hecho, de un energúmeno que se apea a recriminarle a su víctima, cuando ésta -llevada del nerviosismo o del terror- lanza alguna exclamación de sorpresa o de ira al ver que su vida corrió inminente peligro, solamente por la falta de generosidad de un individuo que, al sentarse frente a un timón, ha perdido toda condición humana y todo asomo de cordura y de buenos hábitos.

Y ni qué decir de la mala costumbre adquirida por los conductores de automotores en Valledupar: parquearlos encima de los andenes, sin dejar espacio para que el peatón pase; a éste, no le queda otra opción que la de lanzarse a la calzada, exponiéndose a que otro vehículo lo atropelle. A esas personas que usan los andenes como parqueaderos, se les olvida que los sardineles son espacio público para los peatones, no para los motorizados.

  1. S. Hoy cumple Colombia dos años de no tener que ver espectáculos bochornosos, como aquellos en los cuales se dejaba entrar a la casa de los presidentes del país, por la puerta del servicio, a mensajeros de los paramilitares o especímenes de otras mafias, para dialogar con los recaderos del mandatario de ese momento: su secretario general o algunos de sus asesores. Tampoco se han oído en estos dos años, expresiones discordantes, propias de pelafustanes, en boca del Jefe del Estado.

Esto ya es motivo suficiente para agradecerle a Santos por darle al cargo que ostenta, el decoro merecido y por no permitir que la figura presidencial, exponente de la cultura de un país, caiga tan bajo, como sí hubo ocurrido en épocas de alias “Job” y del primo carnal de “El patrón del mal”.

Valledupar, 7 de agosto del año 2012

Elogio nostálgico de la memoria

La memoria es la capacidad de recordación, es la facultad que tiene el intelecto para retener y evocar lo pasado.Mediante ella, se fijan e integran percepciones que, en algún momento futuro, habrán de influir en el comportamiento del individuo.

Ahora bien, por ser el intelecto una potencia del alma, mediante la cual nos es posible concebir las cosas, compararlas y juzgarlas para, así, poder inducir y deducir otras ya conocidas, entonces solamente la razón humana es susceptible al uso del entendimiento como herramienta del recuerdo.

Por esa refinada facultad, podemos reconstruir sucesos propios o ajenos.Gracias a ella se hace más llevadera la existencia, pues las sensaciones anteriores de felicidad ayudan a sobrellevar las adversidades presentes, e impulsan a buscar soluciones a los problemas del diario vivir. Así también, de igual manera, las vicisitudes del momento pueden ser superadas, merced a los recuerdos gratos del pasado.

Claro está que, para lograr esto último, se requiere de madurez y de mesura o sensatez, para saber aquilatar esos gratos instantes, con el fin de usarlos como lenitivos contra las adversidades presentes, cuando éstas traten de agobiarnos.

De otro lado, quien tiene desenvoltura -innata o adquirida- para poner por escrito sus recuerdos, le es fácil pergeñar el bosquejo de un cuento, la trama de una novela, las fantasías de una leyenda, el más sublime poema, el más espléndido ensayo y, entonces, podrá dejar esa huella que permita a las futuras generaciones conversar con él, cuando lean sus evocaciones pretéritas.

Amén de que le servirá de solaz, para hacer más llevadera la existencia que, de hecho, no está exenta de dificultades.

Esta divagación la garabateé al confirmar en fuentes seguras, el deterioro que viene sufriendo Gabriel García Márquez en sus procesos de recordación.

Él, el memorioso, el que fue capaz de verter en la historia de Macondo, a través de su excelsa obra literaria, sus recuerdos y las evocaciones de sus ancestros, está perdiendo la memoria.

Él, el que se inventó la máquina de catorce mil fichas para que José Arcadio Buendía no olvidara los sucesos de la humanidad, no recuerda su acaecer diario.

Él, el que derrotó a Carlos Fuentes -el insigne literato mexicano, amigo suyo- cuando apostaron a ver cuál de los dos recordaba más poemas de Garcilaso de la Vega -el lírico renacentista español-, en ocasiones, no recuerda los títulos de todas sus novelas.

Él, el que relataba completo “Pedro Páramo” -la obra cumbre de Juan Rulfo-, está perdiendo su memoria a corto plazo. Recuerda bien los sucesos de antaño, empero los de hogaño los olvida con facilidad.

Pareciera ser una ironía de la vida, una paradoja del destino; pero no, no es nada de eso; es el fantasma del olvido, ese que lo atormenta desde antes de recibir el Premio Nobel de Literatura; ese mismo olvido que sufrió Úrsula Iguarán en “Cien años de soledad”.

¿Sería premonitorio su epígrafe en “Vivir para contarla”? Allí dice: “La vida no es lo que uno ha vivido, sino lo que recuerda de ella y el modo en que decide contarla.”

Por eso, cuando nos llega la certidumbre de la vejez, pidamos a Dios que nos conserve la memoria, para poder vivir lúcidos hasta el último de nuestros días, evocando con placer los instantes de felicidad y con algo de nostalgia los insucesos de la vida; para que, hasta el final, la cordura guíe nuestros pasos.

Maracaibo, 14 de agosto del año 2012

El gato guardián

El jueves 9 del presente mes, a últimas horas de la tarde, los agentes Luís Ariel Vargas y Jeffer Ricardo Ruiz se presentaron en las instalaciones de la Registraduría Nacional del Estado Civil en Bogotá, con el fin de iniciar el proceso de elaboración de imágenes forenses de información reservada, en cumplimiento de una orden del fiscal 48 de Cali, Armando Rodríguez Cortázar, quien adelanta la investigación por presuntas irregularidades en las pasadas elecciones atípicas para gobernador en el Valle del Cauca. 

Sin embargo, los funcionarios de la Dijin no limitaron su acción a la toma de las imágenes y, a la 1 de la mañana del viernes 10 de agosto –según relato del funcionario  encargado en la Registraduría para tales efectos– trasladaron el disco duro de uno de los equipos de cómputo de la Registraduría al Centro Cibernético Policial; actividad ésta no autorizada por el fiscal Rodríguez. Lo que, en buen romance, significa que los mencionados agentes de la Dijin se llevaron, de forma ilegal, el disco duro de la Registraduría, el que solamente devolvieron hasta el siguiente lunes, 13 de agosto. 

En el disco duro sustraído ilícitamente –según informó el director de Censo Electoral de la Registraduría– está consignada la siguiente información: 

Datos biográficos de los ciudadanos que hacen parte del Censo Electoral; datos de residencia y de sitios de trabajo –si lo hubiere– de los ciudadanos que efectuaron su inscripción en el mencionado censo; registro de votantes en las elecciones del Valle del Cauca con las impresiones dactilares de éstos; minucias de las impresiones  dactilares utilizadas para efectuar el proceso de biometría en dichas elecciones y, por último, algo muy trascendental: los archivos de impresión del pre censo que será enviado para revisión de los registradores en las consultas internas de los partidos políticos del próximo 30 de septiembre. 

Es decir, fue robada una de las bases de datos más custodiadas y reservadas de la Registraduría: el Censo Electoral. Lo que pone en grave riesgo todos los procesos democráticos del país.

Uno de los partidos políticos que harán dicha consulta es el Polo Democrático, partido de oposición al Gobierno y que ya fue blanco de seguimientos ilegales durante el gobierno anterior, como quedó demostrado con el escándalo de burdo espionaje, mal llamado “las chuzadas” del desparecido DAS, en épocas de “bárbaras naciones”.

Como quiera que no se ha podido (y probablemente, nunca se pueda) establecer qué  hicieron los agentes Vargas y Ruiz con esa información privilegiada y reservada, surgen las naturales preguntas:

–Si solamente necesitaban elaborar las imágenes forenses requeridas, ¿para qué sustrajeron, sin autorización superior, el disco duro del computador en el cual debían realizar su labor?

–Además de llevarlo al Centro Cibernético de la Policía, ¿a dónde más lo llevaron?

–Si se tiene en cuenta que los agentes en mención no actuaron por cuenta propia, ¿quién los incitó a cometer el ilícito?

–Si, como todo parece indicar, hubo una –o más– mentes involucradas en la fechoría, ¿quiénes son los autores intelectuales del delito?

–¿Con qué fin se robaron esa trascendental información?

–¿Cuántas copias adicionales, de esa fundamental información, ya se habrán sacado?

Y la última:

–Los malhechores, autores intelectuales de la trasgresión, ¿para qué quieren esa información?

Porque, es evidente, algún provecho quieren sacar. Las mentes criminales son, por naturaleza, muy astutas. Así que, no deben hacerlo solamente por diversión.

Ojalá que la investigación que se tiene que hacer, arroje todas las verdaderas respuestas a éstas y muchas más preguntas que se estarán haciendo los colombianos aún no contaminados por la sed del poder.

Mientras tanto, repitamos con Rafael Pombo lo que dice en su fábula, cuyo título sirve de mote a la columna de hoy: «Gobiernos dignos y timoratos, donde haya queso no mandéis gatos.»

Maracaibo, 21 de agosto del año 2012

Origen, auge y ocaso de la insurgencia (1ra. Parte)

Algún día de esos -en los cuales la imaginación se siente proclive a la divagación- me senté a escribir este ensayo. Cuando lo concluí, lo guardé en el disco duro y ahí se quedó por meses; hasta que la semana pasada, viendo la debacle en que vive América Latina, me acordé de él, así que lo revisé, lo corregí y aquí está, para compartirlo con mis amables y pacientes lectores. Como quiera que resultara un tanto largo en comparación con el espacio que El Pilón gentilmente nos da, debí segmentarlo; así que, amigo lector, esto va por entregas; tal vez cuatro o cinco de ellas. Así que a todos, les pido paciencia y un poco de comprensión:

Introducción

En un principio era el caos; los primeros pobladores de la tierra, tenían que disputarse el alimento con las fieras y con otros individuos de su misma especie. Así debió empezar a mostrar su supremacía sobre los irracionales y sus congéneres más débiles.

Pasarían miles de años, para que el ser humano -homo sapiens, homo faber- aprendiera a vivir en familia. Ya había inventado (bueno, yo suelo decir que en realidad, descubrió que existían, al igual que el fuego, el hierro y el cobre) la rueda, el tornillo, el plano inclinado y tantas otras máquinas simples que le ayudaban a realizar las labores (cotidianas y obligatorias) necesarias para lograr el sustento diario de su hogar.

Luego,-también cientos de años después- notó que necesitaba organizarse como sociedad en cada territorio ocupado, para así poder defender, de la depredación de otros grupos, las propiedades adquiridas con esfuerzo.

Y allí fue cuando empezó el problema. Pues, esa organización requería de una jerarquización que permitiera a unos mandar, mientras el resto acataba disposiciones, muchas veces de manera ciega. Es decir, la jerarquía aprendida y probada durante centurias en el ámbito familiar, ahora debía establecerse entre extraños, para supuestamente lograr el orden.

Esa primera reacción de quienes quedaron en los escalones inferiores de la nueva organización, debió ser fuerte y requerir, no sólo autoridad en los de arriba, sino también disciplina unas veces y docilidad otras, por parte de los de abajo.

Las primeras sociedades

Lo más probable es que la obediencia de los últimos de la escala para con los de los niveles superiores, debió haberse logrado por la fuerza. Tal vez, en lucha cuerpo a cuerpo; quizás tras el uso de armas (tan primitivas, como lo era la misma humanidad en ese momento histórico).

Con el transcurrir del tiempo, las familias que habían ocupado -generación tras generación- los últimos puestos en la escala social, al empezar a instituirse este hábito, de grado o por fuerza debieron haberse ido acostumbrando, poco a poco, a esa situación de supeditación hacia otros que no eran de su mismo clan, pues se trataba de personas de otro entorno familiar.

Este acostumbramiento, debió facilitarlo el hecho de que a los inferiores les estaba vedado el acceso a los conocimientos y a la vida muelle que iban adquiriendo los superiores. Amén de que se volvió inveterado que la autoridad se heredara, igual que las propiedades y, como ya se mencionó, el acceso al saber.

Esta injusta práctica se convirtió en ley. Y como quiera que, con la llegada de la sociedad como forma de organización, sobrevinieran también otros conceptos, tales como autoridad, respeto, obediencia, religión, etc., los inferiores aprendieron a dejarse sujetar por los superiores, hasta que se volvió connatural a la esencia de los de abajo acatar ciegamente las directrices de los de arriba.

Así nacieron los conceptos de amo y de siervo. El primero mandaba y el segundo obedecía. El amo -con el poder que le daban las armas- le brindaba protección al siervo y éste le era sumiso. Pero, con el paso de los años -cientos o miles, tal vez- el amo fue agrandando el número de sus prebendas, en tanto al siervo se le negaban cada vez más y más derechos, si acaso alguna vez los tuvo.

Las nuevas centurias permitieron que las aldeas se convirtieran en ciudades y éstas en estados, mientras que el amo pasaba a ser llamado monarca y los siervos recibían el apelativo de gleba. Los de arriba eran los nobles y los de abajo los plebeyos.

Valledupar, 28 de agosto del año 2012

Origen, auge y ocaso de la insurgencia (2da. Parte)

La semana pasada se vio cómo surgió el concepto de sociedad; es decir, la manera de formar agrupaciones de familias, con el fin de cumplir -mediante la mutua cooperación teórica- todos o algunos de los fines de la vida.

Pero, como dentro de la familia de los amos, vale decir los nobles, había ramificaciones y los nacidos en éstas no podían descender al nivel de los simples siervos, ya quedó establecido cómo la humanidad -bueno, en verdad los amos- se inventó una nueva clasificación: todos los emparentados con ellos serían nobles, y su sangre azul; mientras que los siervos serían plebeyos y su sangre seguiría siendo roja. Más aún, en caso de confrontaciones entre amos de diversos estados -siempre por la codicia de uno de ellos hacia las posesiones de otro- solamente se derramaría la sangre roja de los plebeyos, es decir la de los siervos. La sangre azul, por su nobleza, debía ser protegida a toda costa, incluida la vida de los miembros de la gleba; vida, cuyo valor había descendido hasta llegar a los más ínfimos niveles.

De allí a convertirse la clase de los nobles, en dueños de vidas, haciendas y honor (perdón, sólo vidas y, si acaso, escasa hacienda; pues el plebeyo en ese orden de ideas, carecía de honor), solamente hubo un paso. Así la aplicación de la justicia (otra vez pido clemencia por este gazapo sociológico) sería estricta para con los súbditos y misericordiosa con los nobles.

Como colofón de todo lo anterior, los nobles vivían en palacios y los plebeyos en chozas, en medio del barrizal.

Ahora bien, como los siervos solamente aprendían a trabajar en labores las más oprobiosas -siempre de vasallaje, a menos que el amo necesitara quien le lustrara las botas o le sirviera el vino o le ayudara a vestirse y las amas requirieran de alguien que les sirviera en los afanes domésticos- las posibilidades de salir de esa situación eran ínfimas y, cuando alguien lo lograba, solo mejoraba un ápice en la escala social, pues solamente quedaba exento de revolcarse en el barro para subsistir; en los demás aspectos, todo seguía igual.

Sin embargo, como estos “privilegiados” que salían de la porqueriza habitual, también procreaban, sus hijos nacían en un ámbito distinto; por tanto crecían propensos al refinamiento y, por esto, las posibilidades de aprender algo diferente a lo conocido por sus padres -antiguos habitantes del lodazal- aumentaban, pues a la vera del aprendizaje de los hijos de los amos, estos pequeños siervos también podían adquirir algunos conocimientos.

Así fueron transcurriendo los siglos y con el paso de ellos, se fueron formando oleadas de siervos, cuyo barniz cultural les permitió avizorar un futuro distinto para sus hijos. Y, entonces, al alcanzar conocimientos -los descendientes de quienes en el pasado eran meros sirvientes- llegaron a ser artesanos, matemáticos, escritores, músicos, físicos y demás ilustrados que conformaron la pléyade de genios que, poco a poco, fueron cambiando el panorama intelectual del mundo, sacándolo -el uso del intelecto- de ser potestativo de una minoría, para ponerlo al servicio de muchos.

La insurgencia

El conocimiento trajo como consecuencia natural el despertar de las conciencias de aquellos siervos nacidos en palacios. Se fue formando, así, una progenie  intermedia entre nobles y plebeyos, que sin pertenecer a ninguna de las dos, se compadecía de las humillaciones que los últimos recibían de sus amos y  recriminaban el despotismo de éstos hacia los siervos y, de esta manera, se fue creando una conciencia social que tenía como paradigma la igualdad entre los seres humanos.

Ahora bien, como los amos no daban señales de despojarse de sus canonjías, casi siempre injustamente habidas, esta nueva clase resolvió tomar medidas para imponer la justicia social en el mundo, luego de haber adoctrinado a todo aquel que quisiera salir de la ignorancia que, por milenios, su casta había sufrido.

Así surgieron los primeros brotes de insurrección social en la historia de la humanidad; porque todas las anteriores manifestaciones de inconformidad se habían dado por razones territoriales o por el avasallamiento de triunfadores sobre perdedores esclavizados, en donde el nivel social ostentado por el nuevo esclavo, no hacía diferencias ante el opresor.

Valledupar, 4 de septiembre del año 2012

Origen, auge y ocaso de la insurgencia (3ra. Parte)

Hace ocho días, se encontró cómo el acceso al conocimiento -vedado desde siempre a los siervos por cuenta de los amos-, les significó a los primeros descubrir el estado de desigualdad social aberrante al que los tenían sometidos los autodenominados “nobles”. Este despertar dio origen a un movimiento que habría de permitir romper las cadenas, si no las de la esclavitud, al menos las de la monstruosa opresión.

Porque, entonces, florece La Ilustración en el llamado Siglo de las Luces, como corriente intelectual del pensamiento que dominó en Europa, especialmente Francia e Inglaterra. Abarcó desde el Racionalismo y el Empirismo de finales del siglo XVII,  hasta las postrimerías del siglo XVIII, con la Revolución Industrial, la Revolución Francesa, la Independencia Norteamericana y el Liberalismo.

Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la  ignorancia, la superstición, la tiranía y, así, construir un mundo mejor. La Ilustración, como movimiento intelectual, tuvo una gran influencia en los aspectos económicos, políticos y sociales de la época; algunos de estos aspectos, lograron trascender el tiempo y las circunstancias históricas y, así, poder llegar hasta los momentos actuales.

Entre 1751 y 1765, se había publicado en Francia la primera Enciclopedia, de la autoría de Denis Diderot y Jean Le Rond D’Alembert y la colaboración de otros pensadores ilustrados, tales como Charles–Louis de Secondat (Barón de Montesquieu), Jean–Jacques Rousseau y François–Marie Arouet (Voltaire).

Los enciclopedistas pretendían recoger el pensamiento ilustrado. Querían educar a la sociedad, porque lograr una humanidad culta, que piensa por sí misma, era la mejor manera de asegurar el fin del Antiguo Régimen; es decir la abolición del absolutismo que se basa en la ignorancia del pueblo para poder dominarlo.

Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la elite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar una corriente que llevara al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía. Periodo que ellos creían iniciado durante la llamada Edad Oscura, pero cuyos comienzos, en realidad, datan -tal como se vio antes- casi desde los orígenes mismos de la humanidad organizada como sociedad.

Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían dos grandes revoluciones: la Revolución Francesa (1789) -con su legado de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y los postulados de Libertad, Igualdad y  Fraternidad- y la Guerra de Independencia de Estados Unidos (1783), así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo.

El primer brote de insurgencia en la historia de la humanidad germina, realmente, con la Revolución Francesa, ya que allí se derrumban por vez primera en la historia, los mitos de la nobleza, de la sangre azul, y del poder y la riqueza hereditarios. Pues la tentativa de insurrección, ocurrida en el Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia), llamada la Revolución de los Comuneros (1781), solamente buscaba la rebaja en los impuestos, sin protesta alguna contra la autoridad de la Corona.

En la Historia nada es casual, un hecho es la consecuencia inevitable de otros que lo precedieron. Así, la Revolución Francesa, si bien tuvo otras causas, no hubiera sido posible sin el advenimiento de la Ilustración que puso luz sobre el oscurantismo de la Edad Media -época durantela cual se impedía pensar libremente- y se alejó de los dogmas religiosos para explicar el mundo y sus acontecimientos a la luz de la razón.

Y ni qué decir de lo más trascendental, pues preconizó conceptos nuevos, como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, a la luz de los Derechos del Hombre.

De igual manera, la Revolución Francesa y la Independencia de los Estados Unidos, prendieron la mecha que encendió los ánimos de quienes protagonizaron la Independencia de Latinoamérica. Como coletazo de esa insurgencia llegó, un poco tarde, la Revolución Bolchevique.

  1. S. A la extrema derecha y su brazo armado, no se le puede pedir adhesión para con los diálogos de paz; pues su esencia es connatural con la guerra, de la cual obtienen pingües beneficios. Ahora, cuando Santoyo empiece a cantar, a Uribe hay que rodearlo, pero para que no se vuele y logre evadir la Justicia.

Valledupar, 11 de septiembre del año 2012

Origen, auge y ocaso de la insurgencia (4ta. Parte)

En la pasada entrega se analizó la trascendencia de La Ilustración en las revoluciones de Europa y América en los siglos XVIII y XIX y, su ulterior efecto, en la Revolución Bolchevique, a comienzos del siglo XX.

Pues bien, como quiera que, quien pierde el poder del cual ha gozado y ha abusado a cabalidad, no se contenta con pasar a convertirse en huérfano de la potestad de mandar y ser obedecido sumisamente, llegará un momento en que también se rebelará contra el statu quo; insurrección a la cual lo ayudarán los nuevos amos con su mal gobierno, propiciando así el deterioro de la insurgencia. La Historia está llena de ejemplos.

El ocaso

Porque así como en la Historia, todo efecto tiene su causa, también en ella los eventos son cíclicos. Entonces, se encuentra que a todo absolutismo -con su ola represiva a cuestas- le sigue una rebelión, para que ésta más adelante le dé paso a la represión, que dará inicio a un nuevo ciclo. Porque los que ayer fueron súbditos, y hoy son amos, terminan cayendo en los vicios absolutistas que combatieron en el pasado. Y los antiguos amos, que en tanto lo fueron amasaron incalculables fortunas, se parapetan para reconquistar el poder perdido recurriendo a sus propios métodos de insurgencia.

Y como estos últimos siempre han tenido su carne de cañón dentro de sus dóciles siervos -pues esta clase, en verdad, nunca desapareció- para poder enfrentarla a los defensores (extraídos también de la clase ignorante) que les permita a los nuevos amos conseguir el triunfo o aceptar la derrota sin exponer su nueva sangre azul. Tal como lo han hecho desde siempre los que nunca han dejado de considerarse nobles.

Por eso, tenemos que durante los últimos doscientos treinta años, la humanidad, que se engolosina con expresiones tales como libertad, igualdad y democracia -pues la fraternidad nunca fructificó- ha vivido sufriendo guerra tras guerra, opresión tras opresión, y lo único que consigue es cambiar de amo; pues los siervos siguen siendo vasallos y los de arriba, que hoy son los salvadores y adalides de la libertad -y como tales luchan contra la insurgencia del momento-, mañana son prófugos de la justicia, mientras se reponen del golpe y vuelven a las mismas y guerrean, hasta conseguir recuperar el poder y volver a buscar ser patrones de todos, aunque de sus partidarios nunca dejaron de serlo.

Entonces, la insurgencia se convierte en una mera palabra, que se usa como denuesto cuando se está en el poder y como reivindicación cuando se le pierde.

Mientras tanto, los peones de esta lucha, sacados siempre de entre la gleba, terminan por dedicarse a algo parecido a lo que los amos del momento les enseñaron a hacer: portar armas y utilizarlas -casi siempre, para defenestrar-  pues, a la larga, lo que les importa es el fin, el medio sólo es un camino. Hoy servirán para entronizar al amo en el poder, mañana para ayudar a traficar cualquier cosa, mientras que aquél escudriña la mejor forma de poder alzarse con la potestad de manejar el erario perdido, el cual se convierte en un botín de guerra. ¡Y es que, al final, todo ha sido -y seguirá siendo- una pugna en pos del presupuesto!

Por eso, la insurgencia que nació como una necesidad para acabar con la injusticia social, hoy es solamente una moneda de cambio; que la utiliza el que ha perdido el poder, pero que la combatirá cuando lo reconquiste.

Entonces, dentro de esa fatalidad cíclica, el pobre sigue siendo siervo, no deja de pertenecer a la gleba; entre tanto, el rico sigue vinculado a la nobleza, así esté en el poder o se encuentre viudo de él o purgando en una cárcel los crímenes que cometió cuando era amo -aunque no haya halado personalmente del gatillo- y que seguirá cometiendo con tal de volver a serlo.

Valledupar, 18 de septiembre del año 2012

Origen, auge y ocaso de la insurgencia (5ta. y Última Parte)

Hemos llegado al momento en el cual la insurgencia perdió sus argumentos en tanto abandonó sus consignas en contra de la injusticia social (aunque la codicia de los ricos  acalle el clamor de los pobres), en razón de los sordos oídos de los primeros ante las necesidades de los segundos y, entonces, se han cerrado las puertas a la búsqueda de oportunidades que les permitan a éstos salir de su atraso consuetudinario. Y, si como lo anterior fuera poco, en algunos países (los del tercer mundo, los poblados de muchos siervos al mando de pocos amos), la insurgencia que como ya se dijo surgió de manera universal como respuesta a la opresión de los nobles con poder absoluto sobre la gleba desprovista desde siempre del saber y de todo tipo de derechos y, en cambio, cargada de toda clase de deberes, terminó -esa insurgencia salvadora- convertida, en esos países ya mencionados, en organización al servicio de la delincuencia y descendiendo a los abismos a los que habían sido conducidas algunas facciones de los amos, cuando se dejaron atraer por la adquisición del dinero fácil (¡siempre la codicia, la avaricia, como objetivo paradigmático!) que les permitiría, aún más a los amos, acrecentar el poder adquirido a través de los siglos.

Hoy en día los ejércitos particulares de los nobles -que en sus inicios surgieron como cuerpo defensivo de éstos contra los nobles de otros estados y también como medio de represión contra sus súbditos y que desde el Siglo de las Luces en adelante sirvieron para dar respuesta de los amos hacia la insurgencia- siguiendo el mal ejemplo, también entraron en esa danza de los millones y, mientras en la parte rural se apoderaban de tierras y ganado, en las ciudades se apropiaban del erario, para manejarlo a su antojo; hasta llegar a obtener tal poder que, en las elecciones, ellos decidían quién ganaba y quién perdía.

Hasta que todos -ex insurgentes y ex paramilitares, lo mismo que los representantes de la nobleza y de las fuerzas estatales- quedaron fundidos con la mafia de los traficantes de armas, drogas e insumos para procesar estas últimas.

Y, para esos países, volvió el caos; sólo que, en esos momentos de anarquía, si no en el ámbito administrativo, sí en lo social y en lo pertinente a las jerarquías; pues en grandes masas de siervos se perdió el respeto al amo y ya son pocos los que creen  aquello de que “toda autoridad viene de Dios”. Por tanto, así la insurgencia haya fracasado en lo atinente a la suplantación del orden existente por siglos, al menos logró que el amo dejara de ser el dueño de la verdad absoluta. Porque hasta las mismas huestes -armadas por él para enfrentarlas a la insurgencia- se le rebelaron y decidieron luchar para sí mismas y no para sus gestores.

Conclusión

Sin embargo, la humanidad, siempre estará dividida en clases demarcadas por el poder de las armas, cuya posesión la determinará el mayor o menor grado de riqueza de quien desee poseerlas.

Porque las que detentan las fuerzas del Estado, estarán primordialmente al servicio de los poderosos; vale decir, de los ricos o, lo que es igual, de los amos.

Para que, cuando los que están en la insurgencia den señales de existir, los amos harán blandir -esas armas estatales- para cuidar sus propios y exclusivos intereses, haciéndoles creer a los siervos, es decir, los pobres, que esas armas se usan para protegerlos.

Y, habrá otras ocasiones, cuando los verdaderos insurgentes no den señales de vida, los amos se encargarán de hacerles creer a los siervos que todos -amos y súbditos- se encuentran amenazados por el enemigo común, la insurgencia.

Así, los desafueros que cometan quienes portan las armas oficiales, y todos aquellos en que incurran los ejércitos particulares al servicio de los amos, quedarán arropados bajo un común denominador; es decir, como resultados de los ataques de los insurgentes del momento, pues -siempre es así-los únicos culpables son los violentos que militan en las filas de los enemigos de los amos de turno, entronizados como únicos y válidos representantes del Estado.

Porque los amos -y sus lacayos también- creen que desacreditando al adversario ya empiezan a vencerlo. Y, dentro de su posición absurda -que recuerda la historia de “El traje del emperador”- terminan por creerse sus propias mentiras, en las que terminan por volverse expertos.

¡Pobres diablos! Ya que, como dijera algún escritor del siglo pasado, «A los ricos, les tengo pesar, pues lo único que tienen es dinero.»

Valledupar, 25 de septiembre del año 2012

La paz en Colombia

Se ha vuelto inveterado en nuestro país decir que la violencia empezó hace apenas 50 ó 60 años. Mentira. En nuestra patria -que antes se llamó, de manera sucesiva, Nuevo Reino de Granada, Gran Colombia, República de Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y sólo hasta 1886 recibió el nombre de República de Colombia con el que se la conoce actualmente- siempre ha habido violencia: primero fue el sometimiento a sangre y fuego de los aborígenes por parte de los españoles, después la oprobiosa esclavitud para los negros. Durante la Colonia se vivió una paz aparente, pues -sometidos los pocos indígenas que quedaban, esclavizados los negros, y los criollos jugando a la nobleza- a los conquistadores les quedó fácil gobernar, hasta cuando a Nariño y a Carbonell se les dio por la Independencia (ya que Camilo Torres, Francisco José de Caldas y demás descendientes de Don Pelayo, con el sainete del Florero de Llorente, sólo buscaban que no les quitaran sus personales prebendas).

Ahí empezó la debacle.Pues Torres y compañía no estaban de acuerdo con eso de la Independencia tal como la concebían Nariño y Carbonell: con igualdad y libertad para todos y entonces vinieron las guerras de la Patria Boba que le sirvieron en bandeja a Morillo su labor de reconquista, en la que arrasó con vidas y honores. (Lo llamaron Pacificador, como a cierto general contemporáneo).

Después, Bolívar expulsa a los españoles y nos da la libertad; pero los criollos creen que esa libertad los constituye en amos y señores del país y terminan desterrando al Libertador y apoderándose del país y, para mejor lograrlo, se dividen en dos facciones (liberales y conservadores) y bajo supuestas ideologías, convencen a los de la gleba de que los sigan y peleen y hasta den la vida por sus amos.

Y nuestro territorio patrio se baña en sangre hasta cuando los liberales y los conservadores se cansan de esa matanza que, aun cuando los deja indemnes -pero más ricos y más poderosos- desangra a la nación y detiene su desarrollo.

Pero ya es tarde, pues los desarraigados de siempre han aprendido que tienen derechos y quieren hacerlos valer y Colombia (desde hace 50 ó 60 años) se sigue tiñendo de sangre, con los resultados que hasta los párvulos conocen.

Para entonces, los llamados bandoleros liberales se han convertido en guerrilleros y los pájaros conservadores en paramilitares, y mientras los primeros luchan por conquistar derechos, los segundos combaten para ayudar a los amos a impedirlo.

Pero esta lucha por ideales, se corrompe de parte y parte, pues las aspiraciones originales se convierten en mero lucro y, con tal de lograrlo, se comete todo tipo de barbaridades. Y quien pierde es Colombia, su gente pobre, los más débiles, los indefensos; pues quienes tienen capacidad para armarse se defienden, recurriendo incluso al asesinato.

Durante estos 50 ó 60 años, han sido variadas las ocasiones en las cuales algunos quijotes han querido encontrar la paz, pero siempre aparecen los belicistas que aman la guerra, pues de ella derivan pingües ganancias y, entonces, todo queda en esperanzas frustradas; pues los guerreristas, con su violencia soterrada desarman los planes con los que se busca la armonía en el país.

Ahora aparece Santos con su proyecto para hacer la paz y, como es lo acostumbrado, todos aquellos para quienes la concordia es mal negocio o, mejor aún, la guerra es el  telón de fondo más propicio para ocultar todas sus trapacerías y hasta sus crímenes y además para seguir delinquiendo, entonces no solamente reniegan de la paz, sino que también llenan a los pacifistas de innumerables denuestos; de los cuales, el de arrodillados, es el más benigno.

Así, podríamos decir con Perogrullo, que los enemigos de la paz (Colombia los conoce muy bien), son amigos del caos, del desorden, del delito, del crimen. Porque, con la  guerra, arropan sus fechorías actuales y pretéritas, como dijera el escritor y poeta francés del siglo pasado, Paul Valéry: «La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, en beneficio de quienes sí se conocen, pero no se masacran.»

Y, lo que es peor, se dan golpes de pecho y se inventan argumentos para desprestigiar esa paz que Colombia anhela y necesita.

Valledupar, 2 de octubre del año 2012

Otra vez, sobre la paz en Colombia

Los enemigos de la paz en Colombia (el país entero los conoce), utilizan razonamientos cargados de sofismas con tal de despotricar de los diálogos con los que -otra vez- se  busca  la reconciliación entre colombianos, para que, una vez zanjadas las diferencias, se “vuelva a pescar de noche”; como poéticamente lo expresara hace más de medio siglo el Maestro Darío Echandía, en una época llena de zozobras, cuando los jefes liberales y conservadores se insultaban en público, pero compartían manteles  y presupuesto en privado, mientras que los del pueblo -liberales y conservadores- se mataban entre sí con saña, con sevicia, con odio.

Hoy, los razonamientos no son entre miembros de partidos diferentes; ahora, la discusión es entre quienes desean la concordia y los que sacan provecho de la guerra; es decir, entre quienes quieren una Colombia en paz y quienes se favorecen por acción u omisión con los vericuetos de una guerra fratricida que consume al país, a sabiendas de que la seguridad de ellos -los belicistas- nunca se verá amenazada.

Hoy en día, los argumentos de los beneficiarios de la guerra y, por consiguiente, enemigos de la paz, giran alrededor de las acciones bélicas entre los bandos en conflicto. Con la convicción de que la paz se pacta con el enemigo, no con los amigos; más aún, se dialoga durante la discordia, no cuando ya se haya alcanzado la calma.

Cuando ésta se logra, se trazan planes para hacerla duradera; antes, se ha discutido sobre los obstáculos que la impiden, para buscar la forma de allanarlos.

Por consiguiente, es casi natural que durante la guerra haya divergencias de opinión en las discusiones de la mesa de diálogos e, incluso, haya combates entre las partes.

Por eso se empieza desde orillas opuestas y, a medida que se avanza en los diálogos y se va encontrando la concordia, los caminos se irán uniendo, hasta convertirse en una senda común; en donde tengan cabida la intención de enmienda, el perdón, la capacidad de reparación y tantas cosas que se deben nivelar, para entonces, sí, disfrutar de la paz.

La última salida de los enemigos de la conciliación, consiste en poder torpedearla desde adentro y, por eso, piden que se les incluya en los diálogos de paz.

A propósito de lo que es la verdadera paz, me acordé en días pasados -después de haber escrito la columna anterior a ésta- de un hermoso pasaje que me narrara mi padre en los lejanos días de mi infancia y a quien su padre también le contara en su momento. Esta narración, estaba perdida en los laberintos de la memoria y la recordé por esos azares de la mente, que los creyentes atribuimos a la acción del Espíritu Santo. El pasaje en cuestión es el siguiente:

«Érase una vez un rey que ofreció un gran premio a quien pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron.

El rey observó y admiró todas las obras, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tenía que escoger entre ellas.

La primera representaba un lago muy tranquilo que, a semejanza de un espejo perfecto, reflejaba unas apacibles montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se observaba un cielo azul con tenues nubes blancas. Todos los presentes dijeron que esa obra de arte reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas, pero éstas eran escabrosas. Sobre ellas, se destacaba un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo retumbaba un espumoso torrente de agua. Nada allí, revelaba signos pacíficos.

Pero el rey, al observar cuidadosamente, encontró que tras la cascada había un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca y, en el arbusto, un nido. En ese nido, en medio del rugir de la caída de agua y del bramido de la tormenta, aparecía serenamente sentado un pajarito.

El rey no dudó un instante y escogió la segunda pintura.

«Porque,» explicó a los presentes, «paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que, a pesar de estar en medio de todas estas cosas, sepamos conservar la calma dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.»»

Valledupar, 9 de octubre del año 2012

El Caso  Colmenares

El ser humano, a través de los tiempos, es poco lo que ha cambiado en su actitud ante la vida ajena -y más aún ante la muerte- sobre todo, cuando actúa en masa. Por eso, la curiosidad colectiva es más poderosa que la intimidad personal.

De ahí que, en el caso de la muerte del joven Luís Andrés Colmenares Escobar (hijo de un profesor universitario), se hayan tejido tantas conjeturas, unas que han terminado con asidero en la verdad y otras –muchas- que solamente se han urdido para ocultar esa verdad.

Desde el mismo momento de su muerte se jugó con la realidad, tal vez con el ánimo de falsearla. Según las personas que estaban con él cuando, de acuerdo a la versión de ellas Colmenares se suicidó, hasta que fuera encontrado su cadáver -17 horas después- un hilo de agua capaz de arrastrar solamente hojas, movió 125 metros el cuerpo exánime del joven.

Los resultados de la primera autopsia revelaron, como causa de la muerte, el golpe recibido al caer al caño donde se lanzó con el fin de suicidarse. Cuando meses después, el cadáver fue exhumado, se encontró que tenía no sólo una herida, sino siete. Y uno de los golpes parece ser el resultado de un botellazo (¡insólita manera de suicidarse!). Las raspaduras en las rodillas sugieren que fue arrastrado hasta el caño; lo que desvirtúa la versión del lanzamiento voluntario. Por la coagulación de la sangre del cuerpo y las livideces encontradas, los médicos deducen que pudo permanecer alrededor de 12 horas de cúbito dorsal y a él lo encuentran de cúbito abdominal. Tenía dos vértebras fracturadas y sufrió asfixia mecánica. Además, se le encontraron heridas sufridas antes de morir, mientras moría y posteriores a su muerte. La agonía duró, según los médicos, alrededor de diez horas (¡qué extraña forma de suicidio!).

Cuando en razón de tantas inconsistencias se inició la investigación, María del Pilar Gómez -madre de Carlos Cárdenas Gómez, anterior novio de Laura Milena Moreno Ramírez, novia de Colmenares en la época de su muerte- y su amiga, la abogada Aidé Acevedo Santos, pretendieron cambiar el curso de las indagaciones del fiscal de reparto, a través de los buenos oficios del Director Nacional de Fiscalías, Néstor Armando Novoa, amigo personal del esposo de la abogada Acevedo. (¡Tráfico de influencias!) A este presunto intento de obstrucción a la justicia, se sumó la actitud de Blanca Inés Durán, a la sazón alcaldesa de Chapinero, y de su jefe de prensa, Rubén Acero, cuando se apresuraron a sostener como un suicidio el deceso de Colmenares.

Se ha hablado también de supuesta intervención en la muerte de Colmenares, por parte de los escoltas de Laura Moreno, cuyo padre es Jorge Enrique Moreno, industrial de mucho poder, pues es dueño de una multinacional contratista de Pacfic Rubiales. (¡Comercio de poder!)

Ante la avalancha de noticias que vinculan a Carlos Cárdenas con Mauricio Cárdenas, actual ministro de Hacienda y, para los días de los hechos, ministro de Minas y Energía y, en el gobierno de Gaviria, ministro de Transporte implicado en el caso Dragacol, Mauricio Cárdenas niega todo tipo de parentesco con Carlos Cárdenas. Sin embargo, muchos dicen que Carlos Cárdenas es nieto de Jorge Cárdenas Gutiérrez -padre de Mauricio y ex presidente de la Federación Nacional de Cafeteros- y sobrino de Paulina Cárdenas, actual embajadora de Colombia en Japón. (¡Abominable actitud!)

Cuando, en vista de los hechos, Carlos Cárdenas fue llamado a juicio, su familia nombró a Mario Iguarán Arana -ex fiscal general de la Nación- para que lo defendiera.

El día de la vista, el señor Iguarán se reunió -según los testigos- a primera hora de la mañana durante 42 minutos, con María del Carmen Vallejo, la juez que llevaría el caso. Esa tarde, Carlos Cárdenas fue sobreseído. Lo extraño es que Iguarán conociera con antelación a qué juzgado le tocaba en reparto el caso. (¡Cambalache!)

Una última inquietud, sobre toda esa red de intereses creados que parecen moverse detrás de esta trama: si Carlos Cárdenas no es sobrino de Mauricio Cárdenas y este suceso ya va a cumplir dos años, ¿por qué sólo hasta mediados de marzo, y a través de un simple mensaje en twitter, el ministro desmintió cualquier lazo consanguíneo y no lo hizo desde el primer momento en que se le involucró con el acusado y por medio de una rueda o un comunicado de prensa? Algo más sustancial y consistente con la gravead de los hechos. Porque la imaginación, de inmediato hace conexión entre el inmenso poder de los Cárdenas y de los Morenos ante la medianía de los Colmenares.

Ya lo dice el viejo adagio: «Cuando el río suena, piedras lleva.»

Valledupar, 16 de octubre del año 2012

Bautismo con sangre y fuego

En medio del alborozo de los amigos de la paz y la intemperancia de los partidarios de la guerra­, pasó desapercibido para muchos colombianos el día 16 del presente mes, cuando se cumplieron 10 años de la masacre cometida en la comuna 13 San Javier en Medellín, durante la implementación de la Operación Orión, dentro del proyecto de pacificación llevado a cabo por efectivos del Ejército y el DAS, apoyados por la Fuerza Aérea, siguiendo instrucciones de Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República y con el beneplácito de Luís Pérez Gutiérrez, alcalde de la ciudad. La operación se inició al amanecer del 16 de octubre de 2002, a través de ametrallamientos desde helicópteros artillados de la FAC; para que después, según los reportes oficiales, las autoridades militares retomaran el control de la zona y de las personas, a quienes sometieron a rigurosos retenes y requisas.

Al día siguiente, jueves 17, tropas del Ejército Nacional se encontraban apostadas en un morro situado en el Barrio El Salado; a eso de las 3:15 de la tarde, cuando ingresaban a su casa de habitación en el mismo sector, los jóvenes Elkin de Jesús y Alexander Ramírez Vélez, fueron objeto de disparos indiscriminados por parte de los efectivos militares. Elkin de Jesús cayó herido y Alexander se refugió en una vivienda contigua a la de sus padres, ya que el Ejército continuó disparando persistentemente, ocasionando daños en ambas casas y en una guardería cercana, donde se encontraban decenas de niños. Las ráfagas de fusil continuaron dirigidas hacia esas viviendas, impidiendo que la madre de los jóvenes prestara auxilio a Elkin de Jesús y obstaculizando, así, su traslado a un centro asistencial. Sólo hasta las 6:00 p.m. las autoridades militares permitieron su movilización al puesto de salud de San Javier, pero Elkin de Jesús llegó muerto; allí la Fiscalía practicaría después el levantamiento del cadáver. Elkin de Jesús Ramírez Vélez, era seminarista de la Comunidad Menor Capuchina y tenía 27 años de edad. Los medios de comunicación, haciendo eco de la versión oficial, registraron que la muerte ocurrió por una bala perdida, para exonerar al ejército de toda responsabilidad por el hecho criminal.

El 15 de noviembre de 2002, a un mes escaso de la masacre, vino lo peor cuando empezaron las desapariciones a manos de la Fuerza Pública y de paramilitares, según denunciaron las víctimas. A Alba Marina Betancur, por ejemplo, un hombre la señaló diciendo que era una comandante que manejaba cuatro escuadrones –él no sabía bien, según aclaró­– si de las Farc, el ELN o de los Comandos Armados del Pueblo.  La llevaron al F2 y luego al Buen Pastor porque, de acuerdo a sus captores, ella secuestraba, vacunaba y mataba. Y lo que, en realidad, Alba Marina hacía era lavar carros y vender mazamorra y mangos. Allí estuvo presa nueve meses y medio. Su hijo de cinco años quedó solo, pues su esposo había muerto tiempo atrás, al caer de un cuarto piso, mientras realizaba su trabajo de albañil. Cuando fue liberada, volvió a ser amenazada; le dijeron que no podía volver a la comuna.  Perdió lo que tenía.

Al igual que ella, más de 300 víctimas de la comuna 13, sufrieron menoscabo en sus derechos, por la violencia y el despojo a los que fueron sometidas.

En desarrollo de los operativos militares fueron detenidos más de 200 habitantes de la comuna; la mayoría de ellos, en virtud de señalamientos que realizaron encapuchados pagados por el ejército; otros muchos, bajo simple sospecha. Los retenidos fueron objeto de malos tratos, golpizas y exposición permanente al sol y al agua en las instalaciones hacia donde se les condujo. Los procesos penales se iniciaron vinculando formalmente, mediante indagatoria a los retenidos, sin que se aportaran pruebas o elementos de juicio que hubieran permitido deducir algún tipo de indicio de responsabilidad en los hechos, materia de investigación.

Al final –según denuncia hecha por el personero de Medellín, Jairo Herrán Vargas, durante una reunión extraordinaria del Comité Municipal de Derechos Humanos, que tuvo lugar en el barrio Belencito– se supo que la Operación Orión tenía como objetivo permitir la toma del lugar por parte de paramilitares, que reclutaran jóvenes para la venta de estupefacientes, transporte de armas, cobro de extorsiones y comisión de delitos.

Con esa operación, que dejó 14 muertos y más de 100 desaparecidos, Uribe, a dos meses y una semana de gobierno, bautizó con sangre y fuego la comuna 13.

Valledupar, 23 de octubre del año 2012

Concomitancias históricas

Dos hechos -aparentemente disímiles en el acaecer cotidiano de dos naciones con un pasado histórico que las une- han coincidido.

En Perú, los hijos de Alberto Fujimori piden el indulto para su condena de 25 años, tras su abominable dictadura (¿pleonasmo?), cuando arrasó con los derechos humanos de todos aquellos que se le oponían. Según el médico Alejandro Aguinaga, amigo personal y copartidario del ex dictador, «Su estado de salud es complicado, porque presenta una serie de patologías relacionadas con problemas circulatorios y con las lesiones en la boca, que han requerido intervención quirúrgica en cuatro ocasiones.»

Como quiera que Fujimori no purga condena en una cárcel de condiciones infrahumanas como las que usaron él y sus esbirros para castigar a sus opositores, no es creíble que la libertad mejore su salud. Sin embargo, como los dictadores son amigos de las mentiras, pues una más no es desplome en su conducta atrabiliaria. Y, ahora, sus hijos pretenden hacer creer que no ha pasado nada y exigen el indulto.

En Colombia, Uribe -dictador él también- lanza un libro cargado de mentiras sobre sus (para Colombia) lamentables ocho años de gobierno. En el libro insiste en la falacia de su buena administración y aprovecha el espacio para despotricar de Santos, que se le salió del rebaño.

Entre otras, hay perlas sobre la paz -esa pobre paz, que aún no ha llegado y ya la están satanizando sus enemigos- y reitera que lo de Ralito no fue igual a lo del Caguán. Con toda seguridad, Uribe se inspiró en Joseph Goebbels (1897-1945), ministro de propaganda del gobierno de Adolfo Hitler en la Alemania nazi…

El “Decálogo” del engaño, escrito por el alemán Goebbels, parece haber inspirado al colombiano Uribe (Los ejemplos pertenecen al acervo de este último).

Principio de simplificación: Adoptar una única idea, un único símbolo. Ej.: Los bandidos.

Principio de contagio. Reunir a los adversarios en una sola categoría. Ej.: Los narcoterroristas  y sus auxiliadores.

Principio de transposición. El adversario es el culpable de todos los errores o defectos. Ej.: Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que distraigan.

Principio de exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Ej.: Fue explotada en forma controlada una carretilla bomba.

Principio de vulgarización. Toda propaganda debe ser popular. Cuanto menos inteligente y más grande sea la masa a convencer, el esfuerzo mental a realizar es menor. Ej.: Los problemas de Colombia se resuelven solamente a través del triángulo: seguridad democrática, confianza inversionista, cohesión social.

Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas, que se repitan incesantemente. Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad. Ej.: Seguridad es democracia, seguridad es democracia, seguridad es democracia…

Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos para que cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Ej.: En Colombia cada día trae su propio escándalo, luego ya nada debe  escandalizar.

Principio de verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de informaciones fragmentarias. Ej.: Los computadores de los guerrilleros abatidos, las interceptaciones ilegales de los organismos de seguridad, los testimonios de los paramilitares presos, las delaciones pagadas a los ciudadanos, son las fuentes fidedignas de las acusaciones del gobierno a sus detractores.

Principio de silenciamiento. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario. Ej.: Los negocios turbios de los hijos de Uribe ya pasaron al olvido. El programa de Agro Ingreso Seguro fue correcto y transparente.

Principio de transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente; ya sea una mitología nacional o un complejo de prejuicios y odios tradicionales; o sea argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. Ej.: Los narcoterroristas y los opositores son ateos, antipatriotas, comunistas, abortistas, viciosos. Es un deber exterminarlos.

Principio de unanimidad. Llegar a convencer a la gente que todos piensan igual. Ej.: Todos los colombianos de bien apoyaron a Uribe.

Valledupar, 30 de octubre del año 2012

No se morirá de amor, pero si por el amor

«Lo único que me duele de morir, es que no sea por amor.» (G. García Márquez)

El otro día, me encontré con un asiduo lector de esta columna y me preguntó por qué no había vuelto a publicar cuentos. Le dije que los avatares de Colombia no daban tregua para escribir sobre asuntos diferentes. Sin embargo, como insistiera, publico hoy este cuento corto, que no sé si le guste a los lectores. De todas maneras, ahí va.

-¡El amor puede llegar a ser patológico!

Dijo el hombre de 80 años al otro que podría estar frisando los 50. Estaban departiendo al calor de una copa de ron, en el cafetín de la plaza mayor, en un polvoriento pueblo de la zona costera. La tarde estaba cayendo y una suave brisa que venía del mar, refrescaba el paisaje luego de un día por demás ardiente.

-¿Por qué lo dice?, preguntó el más joven.

-¿Alcanzó a ver el ataúd que acaba de pasar?

-Sí. Aun cuando solamente vi de reojo el inicio del cortejo.

-Pues bien, allí conducen el cadáver de una joven que se encontraba en la flor de la edad y, además, era la más bonita del pueblo. Se había enamorado de un marinero, que conoció en el bazar que las alumnas de último año del colegio de las monjas, celebran cada mes de octubre.

-No me irá a decir ¿que se murió de amor?

-Pues, no murió exactamente de amor; pero sí murió por el amor.

-No entiendo su razonamiento.

-Ya le explico. El enamoramiento fue instantáneo; no más conocerlo, y él dirigirle las primeras palabras, y ya ella estaba que botaba, literalmente, la baba.

-Y, usted, ¿cómo sabe esto?

-Porque una de mis nietas estudiaba con ella.

-Ah. Y, entonces, ¿qué pasó?

-Sucedió que la niña cayó rendida de amor y el marino, ni corto ni  perezoso, la sedujo tres noches después y, al amanecer del nuevo día, se esfumó.

El más joven -bueno, en realidad, el menos viejo de los dos- se levantó a mirar el cortejo fúnebre. Casi de inmediato, se sentó.

-Cosa rara: sólo dos mujeres acompañan el ataúd, que va montado en una carretilla.

-Sí. La abuela y la madre; quienes, en su momento, también fueron víctimas del galanteo de sendos jóvenes seductores en su respectiva época. Las monjas del colegio, el cura del pueblo, y hasta el alcalde, prohibieron asistir al entierro de la joven.

-¿Cómo así?

-Verdad que usted es nuevo en el pueblo, sólo lleva poco tiempo viviendo aquí. Por eso desconoce el pasado y el talante de su gente.

-Así es. Le preguntaba sobre la fatalidad de las mujeres de esa familia.

-Sí señor. Más aún, en esa familia sólo hubo mujeres, todas hermosas -las más hermosas de los contornos- y todas fueron madres solteras.

 -Pero, eso suena como una maldición.

-Bueno, si la belleza y la poca fuerza de voluntad son productos de un maleficio,  podríamos decir que sí; que esa pobres mujeres nacieron malditas.

-Y la joven recién muerta, ¿cómo falleció?

-Se suicidó colgándose, con el fajón de su uniforme, de la rama de un roble que hay en el patio de su casa.

-Pero, no entiendo; si la madre, la abuela y todas las demás ascendientes de ella, fueron  seducidas y cada una aceptó su destino, ¿por qué esta desventurada, se reveló contra la vida?

-Porque las monjas, al notar su innegable estado de embarazo, la expulsaron; después de  enrostrarle, delante de todo el colegio, su vergonzosa herencia.

-Pobre niña. Pero su historia no explica la sentencia suya sobre lo malsano que puede ser el amor.

-Es que el amor no siempre es malsano. Pero cuando se juntan las condiciones de tiempo, amor e intolerancia, la situación se torna enfermiza y, entonces, el amar se vuelve patológico y mata a quien lo experimenta con ardor, sin poner mientes en las consecuencias de una entrega rápida e irresponsable.

-Pero, entonces, esa pobre niña fue una víctima de las circunstancias.

-Sí, fue una víctima; pero no de las circunstancias, sino de la falta de una buena orientación en el hogar y de una gentil y amorosa comprensión en el colegio.

-¿Sabe qué? Voy a alcanzar el cortejo y acompañaré a esas dos hermosas dolientes en su dolor y, a esa pobre víctima a su última morada.

-¡Cuidado! No tanto por las prohibiciones civiles y eclesiásticas, sino porque usted, que aún está soltero, apuesto y algo joven, podría prendarse de la madre de la difunta, quien todavía merece lo suyo y podría fácilmente caer rendida en sus brazos.

-Si mi presencia ha de causar consuelo a esa desgraciada madre y a la desventurada  abuela, bien valdría la pena correr el riesgo. Adiós.

Valledupar, 6 de noviembre del año 2012

Primero suicidio, luego vencimiento de términos.

«La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino parecerlo.» Tiberio Claudio Druso

Cuando Mesalina, la esposa de Claudio, fue descubierta en adulterio repetido, rayano con la prostitución, su esposo -el emperador- ordenó su ejecución. Al preguntarle ella el porqué de la sentencia, Claudio le respondió con la frase que sirve de epígrafe a esta columna.

Pues bien, la Justicia -esa diosa que es representada con una venda en los ojos, para  significar la equidad que debe regir sus fallos- en Colombia a veces se prostituye y,  entonces, antes de buscar en donde está la probidad de los argumentos, pareciera que se levantara la venda para determinar de qué lado están los intereses de poder y de dinero y, así, omitir el examen de los razonamientos que le indiquen el camino recto a tomar y no el que le señalan los pergaminos de una de las partes. Porque la Justicia no sólo debe ser imparcial, sino parecerlo.

Es así como, en días pasados, un juez -no importa quién es ni dónde ejerce sus funciones- dictó sobreseimiento para dos reas de delito atroz, tal vez no por acción, pero sí quizás por encubrimiento. Pues a ese caso -el del joven Luís Andrés Colmenares- le resultaron más arandelas que deudos; porque, aparte de sus padres, sus familiares, sus allegados y uno que otro quijote decidido a buscar la verdad, el resto estaba a favor de los sindicados por su horrenda muerte.

Primero, algunos familiares del principal sospechoso trataron de usar el tráfico de influencias; luego, otros -al servicio de los primeros- quisieron desvirtuar las pruebas, mientras que diferentes lacayos buscaban alterar la escena del crimen (porque, allí indudablemente se cometió un crimen).

Más adelante, los amos de los acuciosos lacayos consiguieron un abogado de estirpe para que defendiera al principal sospechoso y, ¡oh milagro!, lo logró. Y este joven, nacido con cuchara de plata en la mano, en menos de lo que canta un gallo, salió libre de toda culpa, aunque la teoría del suicidio ya se hubiera caído por su propio peso.

Pero como las reas -alcahuetas de los verdaderos asesinos- también son de campanillas (bueno, al menos una de ellas lo es) los abogados defensores, conocedores de los vericuetos judiciales y experimentados en buscarle el lado flaco a la Justicia para conseguir vencer sus escrúpulos y lograr que, como Mesalina, caiga en el lenocinio jurídico, se apoyan en el más vil argumento que puede esgrimir la justicia colombiana, el del vencimiento de términos. Y, así, alcanzan lo que, con razonamientos legales, no se habría podido lograr jamás: la libertad de las sindicadas.

Porque antes, habían pretendido hacerle creer al juez que Luís Andrés Colmenares se había suicidado, lanzándose a un caño de poco menos de metro y medio de profundidad, desaparecer durante 24 horas, para luego retornar lleno de moretones y heridas y traumas, que no hacían más que señalar el brutal asesinato cometido por sus homicidas y, lo más prodigioso del caso: “el suicida” alcanzó a avanzar 125 metros, desde el sitio donde dicen que se  lanzó, hasta el lugar donde lo encontraron. Pero, como estas argucias les fallaron, entonces comenzaron a darle largas al juicio, hasta conseguir que los términos del mismo se vencieran.

Esa pantomima de suicidio que quisieron fabricar los familiares, amigos y lacayos de los asesinos de Luís Andrés Colmenares –que les fracasó por burda, falsa y torcida– me hizo acordar del cuento que habla de un individuo que, al sorprender a su esposa con el amante, éstos lo matan de un botellazo y hacen rodar el cadáver por la escalera, y deciden que la única forma de salir libres de toda sospecha es a través de un supuesto suicidio del cornudo. Pero como no tienen forma de obviar el golpe que le propinaron, se inventan la teoría de que el infeliz, al conocer su desgracia, se suicidó tirándose de lo más alto del dosel de la cama matrimonial; es decir, se despeñó desde un metro y medio de altura y, al caer, se golpeó con el borde de la cama y alcanzó a arrastrarse hasta el primer piso y ahí murió.

El juez que llevaba la vista de este caso, como no había intereses poderosos entre acusadores y acusados, no esperó vencimiento de términos y condenó a la infiel y a su concubino a la cárcel.

Valledupar, 13 de noviembre del año 2012

Blanco, redondo, gallina lo pone

El mote de la columna de hoy, es el comienzo de una antiquísima adivinanza, cuya descripción encierra la solución al enigma. Dada la evidencia de la respuesta, cuando éramos aún niños, acostumbrábamos usarla para determinar hasta dónde llegaba la sagacidad de un nuevo amigo o compañero de clases.

Sucedió que la semana pasada, el mercenario israelí Yair Klein, que entrenó a los paramilitares, declaró en el proceso que a larga distancia se le sigue en Colombia. Allí, aseguró que fue apoyado por el entonces Ministro de Agricultura y por altos oficiales del Ejército.

También afirmó -y ahí es donde está el meollo del asunto- que “un hacendado, que requirió sus servicios después fue presidente de Colombia, y fue uno de los que le pagó para entrenar a los grupos paramilitares.”

A continuación agregó “…no digo el nombre, porque todos sabemos muy bien quién es.”

Eso quiere decir, en buen romance, que el señor hacendado pagó para enseñar a masacrar, a descuartizar con motosierra, y a generar terror en el pueblo colombiano, porque si los narcoguerrilleros sembraron terror y muerte, los paramilitares -también narcoterroristas- les ganaron y tienen la plusmarca en todo.

Eso significa que el “señor hacendado, que después fue presidente de Colombia, pagó” para que esbirros a su servicio, afinaran sus procedimientos criminales, y que todos conocemos quién es; pero nadie se atreve a denunciarlo y mucho menos algún juez a investigarlo.

Ahora bien, si la acusación de Klein apunta hacia Uribe, y él siempre ha sido camorrista, entonces, ¿por qué no ha respondido a Yair Klein, si la acusación es tan evidente, como lo es la respuesta a la adivinanza con la que he titulado este artículo?

Las pendencias que Uribe casó, durante sus horrendos ocho años en la Casa de Nariño, van desde la de “Si lo veo, le voy a dar en la cara, marica.”, a su asesor para la imagen fotográfica, Luis Fernando Herrera Zuluaga, por presunta extorsión de este personaje contra un amigo de Uribe -Raúl Grajales Lemos, a quien el gobierno de Estados Unidos señaló en su momento como líder del cartel del Norte del Valle, bajo la  sindicación de lavado de activos y que, a pesar de ello, gozó del beneficio de detención domiciliaria (inusual en esta clase de delitos), cuya concesión causó curiosidad en la fiscal del caso y en toda Colombia- hasta la de llamar “cobarde y oportunista” al ex presidente Cesar Gaviria Trujillo, que obligara a éste a contestarle: “Es mentira que los ‘Pepes’ hayan desaparecido, pues este gobierno los ha mantenido en el patio de la Casa de Nariño; entonces, vaya y termine de mandar en lo que le queda de este gobierno suyo, que es un verdadero asco”).

Entonces, son tantas las muestras de pendencia del “señor hacendado, que después fue presidente de Colombia” que bien se podría escribir un libro con todas sus respuestas cargadas de  beligerancia. Además, son tan concomitantes la adivinanza y la acusación de marras, que si la respuesta a la primera es el huevo, la de la segunda, es alguien que sabe cómo hacer sus cosas; ergo, blanco es, gallina lo pone y le gusta que se los cuiden.

  1. S. *Extraña -por decir lo menos- la actitud de los medios de comunicación con respecto a la discusión que -a la usanza de las vivanderas y con lenguaje de rufianes- tuvieron Uribe y su ex ministro Silva, con motivo de las trapisondas del primero. La mayoría de los medios, si acaso, nombró a Klein y sobre la acusación, pasaron como quien camina encima de ascuas. Pareciera que los insultos entre Uribe y Silva les hubieran servido (a los medios) para sacar de contexto las graves y comprometedoras denuncias de Klein y, así, ayudar a tender las cortinas de humo que tanto agradan a Uribe.

**Reconfortante el resultado del partido de fútbol entre Colombia y Brasil, que demuestra varias cosas: la selección juega bien, porque el técnico -alejado de las roscas- ha elegido a los mejores jugadores, que perdieron el miedo a enfrentarse a equipos grandes; la constante y abigarrada marcación sobre Falcao, demuestra que este joven es respetado por los rivales; por último, lamentemos el pésimo arbitraje y exaltemos la actitud de Neymar, que prefirió botar un penalti, antes que ganar gracias a una falta inexistente.

Valledupar, 20 de noviembre del año 2012

Acotaciones a la Educación en Colombia

Hace dos años escribí una columna referente a las encuestas que se realizan en el país y, allí, se llegó a la conclusión de que no siempre son creíbles, en tanto que, por razones de tiempo y economía, no consultan un universo amplio y, por tanto, más real.

Pues bien, hace poco se hizo una medición sobre el desempeño de diferentes entidades del Estado con el ánimo, tal vez, de establecer una escala del buen gobernante. Esos resultados me hicieron acordar, no sé por qué, de la mencionada columna. En ella, decíamos algo parecido a lo siguiente: «Como quiera que hacia los agentes del gobierno van dirigidos los resultados [de las encuestas] y teniendo en cuenta que la prioridad del buen gobernante es la de propender por la salud, la educación, la vivienda, el desarrollo de posibilidades de empleo -sobre todo para los más pobres, los desfavorecidos de la fortuna (o mejor se debiera decir, ¿los cirineos del infortunio?, en tanto se ven obligados a cargar con su peso a cuestas- así como también, la seguridad, la movilidad, la estabilidad del medio ambiente y otras variables que cada gobernante conoce -o debiera conocer-  entonces, es bueno y sano y prudente que esta encuesta y las que se hagan en el futuro, el gobernante de turno las tome con el debido beneficio de inventario, para que proceda a buscar soluciones prontas y prácticas a los males que aquejan a la comunidad. Es decir, que no se tomen al pie de la letra, sino como una carta de navegación que le permita indagar sobre las fallas y dolencias de las que adolece la ciudad [o región o país] a su cargo.»

Siguiendo el orden en el cual se han desglosado (en el párrafo anterior) las necesidades ciudadanas y como quiera que, mientras la malhadada Ley 100 no sea reformada, es poco lo que el gobernante de turno puede hacer por mejorar la calidad de la atención en salud, entonces démosle una mirada al siguiente rubro en importancia dentro de todo buen programa de gobierno: la educación. Pero, hagámoslo mirando hacia la calidad y no alrededor de la cantidad de la misma y respecto a la educación básica (primaria y secundaria):

  1. a) Siendo el docente el encargado de guiar al estudiante por entre los vericuetos del conocimiento, se supone que debe ser un individuo totalmente preparado para encarar semejante responsabilidad. Por eso, preguntamos, ¿cuánto se invierte en la capacitación permanente de los maestros y profesores? Es decir, cuánto porcentaje del presupuesto se dedica a esta labor.
  2. b) ¿Cuántos docentes asisten a eventos culturales o folclóricos y, en comparación, cuántos van a los programas de postgrado, a los de actualización en lenguas extranjeras o a los de capacitación en informática?
  3. c) Los modelos pedagógicos empleados, ¿están acordes con el avance en ciencia y tecnología, dentro del ámbito de la ciudad, región o país a su cargo?
  4. d) Los programas académicos ¿sí sirven para preparar al estudiante para su ingreso a la educación superior?
  5. e) ¿Cuándo se volverán a incluir en los planes de estudio, asignaturas tales como ética, cívica, urbanidad y todas aquellas que formen de manera humanística al bachiller y logren hacer de los jóvenes de hoy, mejores personas del mañana?

Más aún, agregamos hoy, ¿cuánto humanismo se les está enseñando a los jóvenes de hoy, para hacerlos menos autómatas y mejores seres humanos?

En los colegios de bachillerato, a mediados del siglo XX, al estudiante se le enseñaba más a ser un buen ciudadano que a convertirse en un pozo de conocimientos. Hoy en día, se ha descuidado la formación por la automatización.

Aclaremos que la enseñanza de la tecnología es buena, siempre y cuando no sacrifique el humanismo.

Valledupar, 27 de noviembre del año 2012

¡Pobre Colombia!

Alguna vez se decía en esta columna que el territorio que ocupa lo que hoy es  Colombia, siempre ha estado en guerra: desde cuando llegaron los españoles hasta nuestros días, la violencia se ha enseñoreado del suelo patrio.

Pero esa no es la única calamidad que sufre o ha sufrido el país; también ha sido presa de la corrupción administrativa y de su hija bastarda, la impunidad. El narcotráfico ha sentado sus reales aquí; las guerrillas (antiguas y nuevas), el paramilitarismo (de antes y de ahora), la violencia estatal (perenne), el feudalismo (de antaño y de hogaño), la continua depredación ambiental, la consuetudinaria indolencia de gobernantes, legisladores y jueces, y hasta la misma pasividad del común de las gentes, han logrado que Colombia sea un país con una desigualdad social aberrante, con un maltrato infantil abominable, con una violencia intrafamiliar galopante, etc.

Aquí, en Colombia, hay leyes para todo lo imaginable, pero las argucias de los litigantes dan al traste con las buenas intenciones de las mismas.

Las reformas tributarias sólo buscan cargar impositivamente al asalariado, a la mediana y a la pequeña empresa; en tanto que a los grandes monopolios comerciales e industriales, el mismo Estado les ayuda a evadir la responsabilidad del gravamen.

En el área de las pensiones, el asunto no es mejor, pues una minoría privilegiada (el 0,1%) tiene asegurada una gran mesada que equivale al 80% del valor total del pago de jubilaciones mensuales, mientras que el 99,9% restante sobrenada con pensiones que oscilan entre 1 y 4 salarios mínimos y recibe en total solamente el 20% restante. Además, en Colombia  existen, cerca de cinco millones de colombianos de más de 60 años de edad, que carecen de este derecho.

Adquirir vivienda a crédito, se ha convertido en un calvario; ya que los tres únicos bancos que existen en Colombia (los demás fueron absorbidos por éstos), condenan a sus clientes a pagar, de por vida, mensualidades que poco abonan al capital, gracias a las argucias de los legisladores.

La justicia en ocasiones sube la venda que tapa sus ojos en pos de la imparcialidad, para así poder sesgar sus decisiones en razón del mejor postor, y no de la equidad que debe regir sus actos.

Y, así, podríamos seguir desenrollando esta madeja de casos y de cosas que mantienen a la nación en un ir y venir de tumbo en tumbo, que cada día apabulla a la  mayoría de sus habitantes.

Como si fuera poco, el Senado reelige al peor procurador que ha tenido el país: un individuo que exonera a amigos y conmilitones y sanciona a sus oponentes, propios o de su amo de turno y, además, pretende volver confesional la Constitución Nacional, hasta llegar a convertir el pecado en delito.

Mientras tanto, los de siempre, lloran como nenas lo que no supieron defender como hombres: la posesión del mar territorial frente a Nicaragua y, ahora, pretenden que Colombia desconozca el fallo de La Haya, después de haber perdido hace años el derecho a no ir a litigio; pues cuando en el 2007 Uribe podía denunciar el Pacto de Bogotá, se negó a hacerlo.

Consecuentemente, ¡Pobre Colombia!

Valledupar, 4 de diciembre del año 2012

La corrupción

En más de una ocasión en esta columna se ha mencionado como la corrupción mina las posibilidades de desarrollo.

De acuerdo a la declaración de los Derechos Humanos, la Asamblea General de la ONU ha determinado que «el fenómeno de la corrupción (ya sea en forma de tráfico de influencias, o en forma de obtención de favores ilícitos a cambio de dinero u otros privilegios), constituye una vulneración de los derechos humanos por cuanto que, generalmente, entraña una violación del derecho a la igualdad ante la ley y, en ocasiones, llega a suponer una vulneración de los principios democráticos, conduciendo a la sustitución del interés público por el interés privado de quienes se corrompen.»

Pues bien, hace poco, según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), elaborado por la ONG Transparencia Internacional y divulgado el miércoles pasado en Berlín, dentro de un rango entre cero y cien puntos (donde cien es el puntaje para la no corrupción y cero muestra la corruptela absoluta), Colombia apenas obtuvo 36 puntos que la sitúan en el puesto # 94, junto a Grecia, India, Moldavia, Mongolia y Senegal, y por debajo de países vecinos como Brasil, Cuba, Perú, Panamá, Jamaica, El Salvador y Surinam. Según el informe, «La corrupción en Colombia ha alcanzado un carácter estructural» y en el ámbito americano, «se encuentra con calificaciones deficientes, menor a la de 19 países y [solamente] superior a la de 12».

Entre los 176 países evaluados por el IPC, ese puesto ocupado por Colombia –el 94, con un puntaje tan bajo– la sitúa en el rango inferior de la tabla. Según se explica en la página de Transparencia Internacional, el IPC evalúa y clasifica los países o territorios basándose en qué tan corrupto se percibe que es su sector público.

La razón por la cual el IPC se basa en percepciones, se debe a que la corrupción se caracteriza por las actividades ilegales, las cuales sólo se conocen por escándalos, investigaciones o procesos. 

La directora ejecutiva de Transparencia por Colombia, Elisabeth Ungar, considera que «Hay denuncias, procesos de investigación, nuevas normas, pero se percibe que la sanción no es efectiva, [porque] predomina una sensación de impunidad.»

Sin embargo, el informe parece haberse quedado corto y, por tanto, deja la sensación de haber sido magnánimo con Colombia, en donde el pobre es cada día más pobre y cada vez siente que las oportunidades escasean. Donde el dinero es repartido entre los políticos y el olvido por la sociedad necesitada es más grande cada día. Colombia es tan corrupta que para poder conseguir un trabajo en el sector oficial, hay que tener un conocido en la entidad a la cual se aspira; de lo contrario la oportunidad se esfuma.

Ahora bien, si a la corrupción se le suma la impunidad, el cuadro se torna desolador; porque no se debe olvidar que esta situación -definida como la ausencia de investigación, juzgamiento y castigo para quien incurre en delitos consagrados como tales en la ley- ha sido una constante en la historia de la sociedad colombiana. Sin embargo, esta recurrencia no implica homogeneidad de las causas y explicaciones del fenómeno, ya que una cosa es entender la impunidad como resultado de la incapacidad material del aparato de justicia -propia de países subdesarrollados- y otra entenderla como una estrategia estatal de ocultamiento de su responsabilidad y la de sus agentes, con miras a la consolidación de prácticas político-militares, que permiten defender un sistema social y económico excluyente e injusto.

Valledupar, 11 de diciembre del año 2012

La pobreza

Hace ocho días hablábamos de cómo la corrupción se ha enseñoreado de Colombia. Pero también allí se comentó sobre la incidencia que la corrupción ejerce sobre la pobreza; pues, la corrupción vulnera los derechos humanos, en tanto viola la igualdad a la obtención de los recursos del Estado, al favorecer a los corruptos, en detrimento de los desposeídos.

De igual manera, se mencionaba que la impunidad -secuela y cómplice de la corrupción-  termina por convertirse (si no se la detiene a tiempo), en una política orientada a la consolidación de prácticas político-militares que permiten defender un sistema social y económico excluyente e injusto.

Ni más ni menos que el fortalecimiento de la inequidad social que tiene a Colombia como el segundo país más desigual de América. En donde esa escasez tiene su propia escala, ya que hay desde los pobres que apenas subsisten con un ingreso equivalente a una fracción del salario mínimo, todos ellos debatiéndose entre el decoro y la penuria, hasta los que se encuentran en la pobreza total y viven en la intemperie y cada día se despiertan con la incertidumbre de saber si podrán lograr engullir, aunque sea, un mendrugo de pan.

Estos últimos, son los pobres de solemnidad, los que constituyen esa mayoría de colombianos que no tienen nada, que carecen de empleo, que viven en la miseria absoluta; son también aquellos que están desplazados, por ser víctimas de la violencia ejercida por sus propios conciudadanos.

Son todos esos millones que no encuentran -debido a las circunstancias, casi siempre ajenas a su voluntad- diferencia alguna entre un día y otro, entre una semana y la siguiente, entre un año que termina y otro que comienza.

Son aquellos para quienes cada día es vivido entre la angustia del hambre, la penuria del desamparo, la indefensión de la vida. Son los compatriotas a quienes el Estado (ese ente abstracto que es de todos y es de nadie), cuya primera obligación según la Constitución Nacional es velar por la tranquilidad y el bienestar de los asociados, mantiene desamparados. Porque ese vital artículo de la Constitución es válido para el sector privilegiado, esa minoría que vive del Estado y éste para ella.

Entre tanto, unos pocos corruptos ven engordar, no solamente su ventruda cintura, sino también sus deshonestas arcas.

Son los que lo tienen todo -menos la tranquilidad de conciencia- los que de nada carecen -salvo la paz interior- son los que no pueden dormir por el temor de que los asalten, de que les roben -sus propias víctimas- las riquezas mal habidas.

Son los que tienen que ir, a cualquier parte, custodiados por un ejército de gorilas -sus vasallos- porque, al no tener paz en su conciencia, dudan hasta de su propia sombra.

Son aquellos que, por carecer de moral y de principios -esos que se obtienen desde la infancia en el hogar- no se paran en mientes para saquear el erario; para robarse el pan, la salud, la educación y la vivienda de los más pobres.

  1. S. Ayer, 17 de diciembre, se cumplieron 182 años de la muerte del Libertador, Simón Bolívar, quien no dudó un instante en sacrificarlo todo, su fortuna y aún su tranquilidad (según sus propias palabras), por el bien de sus conciudadanos. Y de hoy en 8 días, se conmemora el nacimiento de Aquél que dio hasta la vida, por amor a todos, incluidos los menesterosos.

A todos los colombianos, una Feliz Navidad.

Valledupar, 18 de diciembre del año 2012

La subjetividad del tiempo

En 1781, el gran filósofo alemán Immanuel Kant publicó “La crítica de la razón pura”, en donde establece los principios y límites del conocimiento y, además, distingue los conceptos a posteriori u objetivos que nacen de la experiencia, de los juicios a priori o subjetivos surgidos de la intuición.

Allí, cuando habla de los conceptos “espacio” y “tiempo”, señala que pertenecen a la gama de las percepciones interiores, vale decir, intuitivas.

Más adelante, resalta que la noción de “tiempo” es la forma del sentido personal interno, o sea, la intuición de cada cual y de su estado interior, como condición previa y formal del desarrollo de los fenómenos exteriores en general.

Ahora bien, si consideramos que el “paso del tiempo” se valora a través de mediciones externas, tales como los movimientos de la Tierra -sobre todo la rotación sobre sí misma, su traslación alrededor del sol y el cabeceo-, entonces podremos concluir que la definición del concepto “tiempo”, surgió como una necesidad de la humanidad para poder contar con un referente que le permitiera, de alguna manera, saber qué tanto ha avanzado en el devenir vital y cuánto ha necesitado recorrer para alcanzar determinadas metas.

Por consiguiente, la idea del “tiempo” se formó, de manera convencional, en la mente de los seres humanos para suplir una carencia externa, al no tener cómo medir el desplazamiento de los hechos y las cosas en el “espacio”; juicio éste ya mensurado por la experiencia, al ver que los objetos llenaban el vacío y se movían en él, y los hechos se sucedían unos a otros, muchas veces dentro de la relación de causalidad.

Entonces, ¿cómo surgió la noción de días, meses, años y estaciones? Pues como respuesta a esos sucesos perceptibles por la experiencia de ver “nacer” y “ocultarse” el sol, de percibir los cambios en las fases de la luna, de notar cómo la naturaleza cambiaba de “ropaje”, de advertir que había épocas de lluvia, de sequía, de heladas, de nevadas, de calor excesivo, etc.

Con el avance en la adquisición de los conocimientos, la humanidad experimentó la realidad de estos conceptos y, de manera convencional, determinó colocar puntos de referencia para el comienzo de un nuevo día, la llegada de un nuevo mes, el término de una estación y la iniciación de la siguiente, el fin de un año y el advenimiento de otro y,  así, fueron naciendo las nociones para determinar, además, los segundos, los minutos, las horas, las semanas y otras medidas del “tiempo”.

Pero todo, como un concepto subjetivo, aunque nacido de otros juicios objetivos: los movimientos de la Tierra. Y tan subjetivo -el tiempo-, que el comienzo del día podría haber sido establecido a otra hora distinta; pero se fijó de acuerdo al despuntar de la aurora y la semana podría haber empezado el martes y el año en marzo, etc. Porque, ¿dónde se encuentra el punto inicial de la órbita terrestre?

Algún lector se preguntará, ¿y a dónde quiere llegar el autor de la columna con estas divagaciones de cariz filosófico y con matices científicos?

Pues sencillamente a determinar que el final de un año y el comienzo de uno nuevo, no son más que meras convenciones del ser humano para lograr establecer hitos en su devenir vital. Por tanto, toda la parafernalia de año nuevo no es otra cosa que un sabio pretexto para disfrutar de un merecido descanso en las labores cotidianas y, de paso, congratularnos mutuamente porque aún estemos vivos.

Así que, ¡Felicidades a todos en este año, el número 2013 de la Era Cristiana y, aproximadamente, el 45.000 de la especie humana!

Valledupar, 15 de enero del año 2013

El matrimonio 1ra parte

El matrimonio es una institución de carácter universal, en la cual se busca la unión entre un hombre y una mujer, con el fin de constituir una familia. En todas las culturas en las que existe, el acto de contraer matrimonio se halla rodeado de ritos y ceremonias, cuyo fin es el de lograr que la sociedad conozca la nueva unión. Ésta es la norma que lo define; sin embargo, lo esencial del matrimonio es la convivencia entre sus miembros, la cual debe de ser armónica.

A propósito de esta armonía, no encuentro nada más acorde que lo extraído de la siguiente carta, hallada entre los manuscritos tantas veces mencionados en esta columna, a lo largo de sus casi doce años de existencia:

«Siempre le he oído decir a mi papá lo importante que ha sido para él como hombre, haber formado un hogar y haberlo forjado con una excelente mujer como mi madre. Y al haber sido fruto de esa hermosa unión, he podido aprender que la pareja -que al comienzo son sólo dos- han de ser uno solo en el futuro; para que, siendo cada uno, uno mismo, se pueda vivir para el otro, vivir de la vida del otro, vivir en el otro.

El encontrar la media naranja y decidir unir sus vidas, se debe hacer teniendo la convicción de que se hace porque se complementan espiritualmente, y se comprenden mentalmente, porque cada uno desea que el otro llegue a ser lo que siempre ha sido. La pareja necesita del esfuerzo de cada día para hacerse, y muchas veces también para rehacerse. Se llega a una unidad por la complementación, no por la igualdad. La pareja convive, no cohabita; porque para cohabitar es suficiente contar con el cuerpo, en cambio para convivir se necesita armonía en el alma y en el espíritu. No se debe formar una pareja con un ideal abstracto (sin conocer quién es), sino con una persona concreta, de la cual se conocen sus cualidades y también sus defectos.

Con el hogar de mis padres he aprendido que el matrimonio no es la meta de un camino, sino más bien su punto de partida. Es un sendero hacia cimas cada vez más altas, lo cual exige superar dificultades y disfrutar de muchos logros. Un matrimonio, no se debe fundar en consideraciones intelectuales, ni en aspectos sexuales, ni en conveniencias sociales, ni en el interés individual. Sería como construir una casa sobre arenas movedizas. Una pareja será sólida cuando cada uno haya desarrollado ideas claras, una sensibilidad sana, una voluntad firme. Las parejas que actúan desunidas, son las que no se tienen en cuenta entre sí; porque las invade el egoísmo.

Se puede decir que la ley básica en un matrimonio es la tolerancia, unida a la generosidad.

Se debe tener en cuenta la vida de trabajo que se lleva fuera de la casa y la que se lleva dentro de ella; también se debe procurar compartirlo todo. Si uno de los dos está muy ansioso o se encuentra disgustado, antes de llegar a la casa debe dejar los problemas en la puerta y entrar al hogar sin ellos. Entre los dos diseñar un hogar en donde sea posible recobrar la paz interior después del trabajo. No dejar de aprovechar las ocasiones de dar juntos un paseo, aunque sea corto.

No se debe confundir la  sencillez con el descuido, cada uno debe de estar pendiente de cuidar su aspecto y conocer los gustos del otro. Al sentarse a la mesa no dejar mucha distancia entre los dos; si se pueden tocar, sería excelente.

Él o ella se pueden molestar de muchas formas, pero uno de los dos debe estar en el papel de moderador; saber escuchar; no pensar simplemente que lo que quiere decir la otra persona no vale la pena; no se le puede restar importancia sin antes haber razonado.

Puede llegar un día en que los defectos del otro parezcan mayores que sus cualidades. Se puede elegir el camino de la desilusión o el de la comprensión. Ésta vendrá si se es humilde y generoso.

Los roces comienzan siendo pequeños. En ese momento deben sentarse y dialogar, no hay por qué dejarlos crecer. Todo desarrollo humano pasa por crisis de crecimiento. La crisis purifica y mejora.

Se puede afirmar que la vida en pareja hace parte del desarrollo del ser humano, bajo la inspiración de lo Divino.»

Valledupar, 22 de enero del año 2013

El matrimonio 2da parte

Continuemos hoy desgranando, a través de la maravillosa carta hallada en los manuscritos de marras, estas perlas de sabiduría cargadas de amor, referentes a lo que hace estable y duradero, amén de feliz,a un matrimonio:

«Las diferentes maneras de pensar, los distintos gustos o aficiones, no tienen por qué ser motivos de problemas mientras exista un clima de amor. Pero pueden llegar a serlo si falla el cariño. Saber callar a tiempo es una fórmula mágica que ahorra muchos disgustos -lo aprendí de mi padre y de mi madre, cada uno a su manera.- Me he dado cuenta de que lo peor de una discusión no es el momento de la pelea, sino el «mal sabor» que deja.

Cuando eso ocurra deberían salir juntos a dar un paseo y luego darse un buen baño hasta que se pase el mal sabor del disgusto.

Si la otra persona llora por algo que se considera una tontería, se debe tratar de comprender; pero si es por algún error que uno ha cometido, es de humildes reconocer las culpas o defectos.

El hecho es no señalar quién tuvo la culpa de la discusión; así, como en todo, la responsabilidad hay que compartirla entre los dos. A veces, eso que alguien llama defecto, puede ser una característica de la personalidad que tal vez no se acepta.

Las decisiones se toman entre ambos, dialogando, no discutiendo. Para que así, la otra persona no sea sólo la pareja, la amiga, la amante; sino, como se dijo al principio, el complemento, la otra mitad de un todo. Cada uno debe ayudar al otro a realizarse al máximo como persona, pero sin las pretensiones de ser el maestro.

Ninguno de los dos ha de criticar al otro delante de otras personas y, mucho menos, si está ausente. La mayoría de las veces para que exista comprensión se necesita respeto y estima. Se debe dejar de lado, el “Yo” y el “Tú”. Se debe empezar a conjugar el “Nosotros”. Primero se debe dar, luego se puede pedir; pero no lo contrario.

No ayuda a corregir los defectos del otro el estar recordándolos cada día, a cada hora, a cada instante. Esto hace el efecto de los golpes de un martillo sobre un clavo: se torna más difícil poder arrancarlo.

No se debe decir que no se necesita a nadie para ser feliz. Ser feliz es un verbo que se conjuga en plural. El amor hay que cultivarlo cada día; si no, se muere. No se deben descuidar los pequeños detalles.

Ninguno de los dos debe creer que está en posesión de la verdad. Creerse depositario de la certeza no sirve para una vida de comprensión y ayuda.

Por lo general el hombre es más concreto y realista. La mujer, más idealista e imaginativa. Para la felicidad de la pareja se necesitan realismo e idealismo.

El hombre «ve». La mujer «oye». El hombre mira y escudriña lo cercano y lo lejano, el mundo de las cosas y de las acciones humanas. La mujer escucha la voz del corazón, las palabras cargadas de sentidos, siempre nuevos y siempre viejos. La mujer es como una frecuencia radical: o todo o nada, o siempre o nunca, o éste o nadie.

La verdad con la claridad, la inteligencia con el amor, son las normas de oro para solucionar las diferencias; recordando siempre que, entre los dos, forman el todo.

La felicidad nunca será producto de la casualidad o de la buena suerte. Es fruto de mucho trabajo, de mucha generosidad, de mucha entrega.

Ésta, es mi reflexión y análisis sobre una vida en pareja, una vida que me ayude a crecer y a desarrollarme como persona, como ser humano y dar lo mismo para que la otra persona encuentre a mi lado esa fortaleza, ese sostén que se necesita para salir adelante y cumplir con las metas y los logros para obtener el éxito.

Mis padres, que hace poco cumplieron 53 años de llevar un matrimonio feliz, sólido, respetuoso, es decir con amor, son la mejor prueba de todo lo anterior.

Todo esto, amor y mucho más es lo que debe regalar cada quien a la persona con la cual Dios le permita compartir el futuro; así como mi padre y mi madre lo han compartido por muchos, muchos años.»

Valledupar, 29 de enero del año 2013

La confrontación en el país

Tenía lista la columna para hoy, cuando ocurrió la tragedia de los policías muertos en la Guajira, al parecer, a manos de las Farc. Un hecho totalmente lamentable; sobre todo porque los muertos son gente del pueblo; personas que están prestando un servicio a la  patria. Pero que, desafortunadamente, se encuentran en medio de un conflicto que ellos no propiciaron, ni han alimentado, ni se han lucrado de él. Mientras tanto, quienes lo promueven y lo avivan y, por tanto, obtienen beneficio del conflicto, permanecen impávidos; entre tanto otros se rasgan las vestiduras, los de más allá atizan la candela y no faltan los cínicos que pretenden sacar provecho con la muerte de estos policías.

El más encarnizado de ellos, el fogoso amigo de la guerra, Uribe, de inmediato comenzó a trinar y, lo que es peor, a colocar en su cuenta de Twitter fotos en donde aparecen los cadáveres acribillados de las víctimas.

Esta insolencia provocó la respuesta airada del Ministro del Interior, quien señaló, a través del mismo medio, que “La sangre de nuestros policías es nuestra sangre. No puede exhibirse como trofeo de guerra contra la paz”.

Quién dijo miedo; de inmediato, el aludido Uribe, quiso sacar provecho del señalamiento del Ministro (no olvidemos que Uribe está en campaña) y le respondió: “Mininterior protesta por una foto de la realidad del terrorismo pero no dice nada contra los asesinos de policías”.

De inmediato, la gente se lanzó a desmentir al furibundo ex presidente y, éstas, son algunas de las perlas con la que le respondieron:

«Uribe estás acabado; por eso recurres a estas crueldades para despertar a tus dormidos idiotizados, adeptos a tu causa, que no pueden con su alma por el peso de sus pecados.

Al ex presidente Uribe no le duelen los policías muertos, lo que le duele es no haberlos matado él; lo que aún no se sabe.

Lástima que en Colombia aun queden ciegos, y sigan pensando que el señor Uribe es dios, ¿por qué, si todos los funcionarios de su gobierno están siendo investigados o están presos, él en su terquedad no se da cuenta y ahora sale a hacer política con fotos?

Si a este amarillista ex presidente le duele lo que pasa en Colombia, ¿por qué no publica las fotos de la barcaza de la Drumond que se hundió con 700 toneladas de carbón entre Ciénaga y Santa Marta, contaminando toda el agua a su paso? Ah, ahí sí no dice nada, ahí sí se hace el de la vista gorda, porque es una empresa de los gringos, ahí sí se le acaba el patriotismo barato que promueve, y su «amor» por Colombia. Publique estas fotos si es tan berraco como dice.

Sólo un dictador que tiene las manos manchadas de sangre, corrupción, desidia y deshonestidad es capaz de publicar hechos que él mismo creó y muchas veces ordenó.

Miedo no es lo que sentimos, es terror más bien al pensar, con qué se viene ahora después de todo lo que les hizo a los obreros colombianos; que más pensará, si Yair Klein ya no puede venir; pero seguro traerá, con el apoyo de las carboneras, a otro mercenario criminal para que nos extermine, por sólo pensar diferente.

Vergüenza es lo que deberíamos sentir los colombianos por tener un compatriota como Álvaro Uribe Vélez, que cohonestó con la corrupción, que creó los grupos que ahora él desconoce y llevó a este país a una dolarización tal, de la cual él está sacando provecho. Lástima me da con usted, ex presidente, más bien compórtese como tal.

Si Uribe muestra eso, entonces que suba también las fotos de las masacres del Naya, el Tambo, la Rejoya en el Cauca, el Salado en Bolívar, la de Mapiripán en el Meta y demás que se cometieron con ayuda del general Rito Alejo del Río en el Urabá. Uribe todavía cree que los colombianos somos ciegos como para hacerle juego a sus cortinas de humo.

¿Será que el genocida publicó fotos de los falsos positivos que él mando fabricar?»

Estas frases, escritas por el común de los colombianos, no necesitan comentario alguno.

Valledupar, 5 de febrero del año 2013

El amor

Amar no es sólo decir ¡te amo!; tampoco basta el embeleso; ni mucho menos, contar que se ama a alguien. Amar, en realidad, es comprensión, respeto, confianza, tolerancia, libertad; en una palabra, generosidad para con la persona amada.

Es entender a esa persona, tal cual es. Es respetarle su opinión, así no la compartamos. Es creer lo que nos dice. Es aceptarle sus defectos. Es dejarle usar sus espacios. Es sacrificarse por ella.

Ahora bien, ¿cómo se demuestra el amor? Acaso, ¿diciéndole, a cada instante, te amo? ¡No! O será, tal vez, ¿contando a los cuatro vientos, que se la ama? ¡Tampoco! O, quizás, ¿dándose a los arrumacos en público? ¡Menos aún! Entonces, ¿cómo?

Aceptando que esa persona, al igual que cada uno de nosotros, es un ser individual, diferente a los demás. Entendiendo que no podemos ni debemos, so pena de castrarla mentalmente, pretender cambiarla para hacerla igual a nosotros. No; no podemos aspirar a que la persona amada piense como nosotros, hable como nosotros, se conduzca como nosotros.

También, aceptando sus explicaciones; creyendo lo que nos dice, salvo los casos de flagrante mentira. Además, perdonando sus errores; olvidando sus equivocaciones; condonando, aún, sus injurias.

No debemos olvidar que el amar es un proceso que pasa por diversos estadios; el primero de ellos lo constituye la atracción personal; es decir, esa persona nos agrada, nos gusta, nos atrae.

Después nos conocemos, nos tratamos y nos enamoramos de ella; tal como es. No como un cuaderno en blanco, sobre el cual escribiremos nuestra personal  perspectiva de la vida; sino como un libro, muchas de cuyas páginas, hasta el momento ya han sido escritas y que al leerlas nos van encantando. Algunos pasajes, tal vez, no nos gusten; pero no podemos reescribirlos. Así los encontramos y así debemos dejarlos. Lo más que podemos hacer es escribir algunas anotaciones al margen, con el fin de entender mejor esa página cuando volvamos a leerla; mas no podremos borrar lo escrito por la persona amada, para reemplazarlo por nuestras personales opiniones.

Luego del enamoramiento, vendrá al fin el amor; inicialmente apasionado y es, allí, donde se le puede malinterpretar; llegando, incluso, a destruirlo. Porque la pasión nos puede cegar hasta hacernos olvidar que el amor, también es desprendimiento y, equivocadamente, podemos creer que la persona amada es de nuestra propiedad y, como tal, podemos disponer de ella a nuestro antojo y que nuestros son su tiempo, su accionar y hasta sus pensamientos.

Si el objeto de nuestro amor es débil, cederá a nuestra posesión y se entregará, atada de pies y manos, a nuestros caprichos, a nuestro enfermizo y posesivo amor y, tarde que temprano, el amor morirá. Pero, si por el contrario, esa persona es recia, reaccionará ante nuestro acaparamiento y, del choque de personalidades, puede sobrevenir la ruptura. A menos que la persona amada, en forma oportuna, sutil o abiertamente, nos haga caer en cuenta de lo errado de nuestra actitud y aún tengamos tiempo de enderezar nuestro rumbo y podamos salvar el amor que está a punto de naufragar. Claro está que, para esto último, se requiere de una buena dosis de sensatez, acompañada del deseo de conservar el amor del ser amado.

Por otro lado, si durante la etapa del amor apasionado, los dos seres que se aman, no han caído en la insensatez de la posesión o, habiéndolo hecho, ha ocurrido la oportuna reacción ante esta depredadora del amor, pasan al siguiente estadio, el del amor verdadero, cuyas características ya fueron esbozadas anteriormente y lo hacen perdurable hasta la muerte del ser amado y, aún, después de ella.

Ahora bien, cada etapa demanda su tiempo; entonces, no se ama de verdad al día siguiente de haber conocido a la otra persona y mucho menos de inmediato; lo que los poetas llamamos amor a primera vista, no es otra cosa que atracción, enamoramiento a lo sumo; pero jamás amor. Amar, amar de verdad requiere meses, años tal vez. La duración del proceso depende del grado de madurez de los enamorados y no de la intensidad de la atracción o del enamoramiento.

De todas maneras, amar es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Éste es el sentimiento más grande y noble que puede anidar en nuestra alma; el que nos hace diferentes a los demás seres de la naturaleza; que nos aparta de nuestra esencia animal, para comunicarnos la espiritualidad necesaria para lograr aproximarnos a Dios y vivir de tal manera que podamos, al morir, gozar de la plenitud eterna de Su Gloria.

Valledupar, 12 de febrero del año 2013

Quien tiene rabo de paja… I

“Cuando los dioses quieren perder a los hombres, les dan poder.”

(Proverbio griego)

En 1981 Álvaro Uribe Vélez, siendo director de Aerocivil, le otorgó una licencia a Jaime Cardona con el fin de que trabajara algunas rutas. Cuando Iván Duque Escobar, a la sazón gobernador de Antioquia, se enteró de la autorización puso el grito en el cielo. Como no conocía al funcionario que había cometido semejante exabrupto, preguntó quién era. Uno de sus asesores le contestó que era  uno de los hijos de Alberto Uribe Sierra.

-¿Y qué méritos tiene para que lo hayan nombrado? El asesor dijo:

-Es un joven de 29 años, y su padre ha sido siempre liberal.

-Nada de eso tiene importancia,  tronó el gobernador -A mí lo que me interesa es que sepa que Jaime Cardona es un empresario vinculado a la mafia.

Duque, un experimentado político casi veinte años mayor que el nuevo funcionario, pidió que lo llamaran.

-Director, me he enterado de la licencia que usted le otorgó a Jaime Cardona, un empresario vinculado a la mafia.

Al otro lado de la línea, el gobernador oyó un silencio pesado. Y luego, cuando esperaba alguna reacción positiva, escuchó estupefacto que el hasta entonces desconocido hijo de Alberto Uribe, sostenía con voz fría y serena que el gobernador estaba mal informado y que el señor Cardona era un hombre de bien. Colgaron. De inmediato, el gobernador pidió que lo comunicaran con la Secretaría Privada del presidente Turbay Ayala, donde solicitó una cita.

-Es urgente, le dijo al funcionario.

(Meses después, Cardona sería condenado por el delito de narcotráfico y más tarde moriría en un extraño accidente, cuando su avión particular despegaba de la pista que había construido en su hacienda, con el aval de Aerocivil.)

Mientras el presidente lo recibía, Duque se dedicó a averiguar qué otras medidas había tomado Aerocivil en los últimos meses. Supo entonces que había otorgado licencias para la construcción de aeropuertos en varios municipios de Antioquia y en la hacienda «El 90», en Caucasia, propiedad de Jaime Cardona. Con esos datos, viajó a Bogotá. En el despacho del presidente, hizo un relato pormenorizado de los hechos. Turbay se tomó la cabeza a dos manos y dijo:

-¡Válgame Dios, mi madre!

El gobernador salió convencido de que el asunto se resolvería en pocos días. Pero estaba equivocado. Aunque las licencias fueron derogadas, los archivos aparecieron misteriosamente borrados y el funcionario siguió en su puesto hasta el 7 de agosto de 1982, cuando Turbay terminó su período. Pero sobre la polémica actividad que Uribe Vélez adelantara en Aerocivil, cayó el manto del olvido.

Pero los parientes de Femando Uribe Sénior, que había sido alcalde de Medellín y concejal de esa ciudad durante varios períodos hasta que, en enero de 1980, el presidente Turbay lo nombró director de Aerocivil, jamás la olvidaron. Uribe Sénior  tomó su cargo con seriedad. En los primeros días de febrero ordenó clausurar algunos aeropuertos clandestinos por donde salían cargamentos de marihuana con destino al exterior. Al mes de haber tomado posesión fue asesinado. Todos culparon a la mafia. Pero en Aerocivil no creyeron esa versión, y se negaron a comentarla, con el peregrino argumento de que, hacía poco tiempo había sido asesinado en Bogotá el jefe de Operaciones de Aerocivil, coronel Osiris Maldonado.

Sobre la muerte de Uribe Sénior, El Colombiano informó que “la incógnita sobre los móviles no se ha despejado. Las causas siguen ocultas, mientras aumentan las versiones. La mayoría está de acuerdo en que al destacado personaje lo mató la mafia por cuanto durante el poco tiempo que llevaba al frente de Aerocivil había tenido que proceder contra ciertas organizaciones.”

Pasaron las semanas, hasta que el 24 de marzo de ese año, Turbay nombró para reemplazarlo a Álvaro Uribe Vélez, el siniestro personaje que, más adelante, fuera dictador en esta pobre patria durante ocho años y que, ahora, quiere seguir, de forma directa o por interpuestos lacayos, usufructuando el tesoro nacional.

Porque, no obstante, con semejante rabo de paja, tiene el atrevimiento de asomarse a la candela y despotrica de todos sus adversarios y de todo aquel que no está de acuerdo con sus no muy honestas formas de proceder.

Bibliografía: “El señor de las sombras”, Fdo. Garavito y Joseph Contreras, mayo/2002.

Valledupar, 19 de febrero del año 2013

Quien tiene rabo de paja… II

Quienes no lo conocían bien, pensaron que Uribe Vélez permanecería muy pocos días en el cargo. “O lo matan o se lo comen vivo”, fue el comentario en los mentideros políticos de Bogotá, donde la figura del padre y los hechos de la familia habían pasado prácticamente desapercibidos. Pero estaban equivocados, Uribe Vélez permaneció 28 meses largos en la dirección de Aerocivil sin sufrir ni un rasguño. Un año después del retiro de Uribe Vélez, el Consejo Nacional de Estupefacientes, presidido por el recién posesionado ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, ordenó a la Aerocivil «suspender los vuelos de naves de narcotraficantes» y señaló que en el reciente pasado esa entidad había adolecido de una actitud pasiva y negligente, casi rayana en la complicidad. El 8 de septiembre de 1983, El Tiempo informó sobre la medida: «El Consejo Nacional de Estupefacientes solicitó ayer a Aerocivil suspender la operación aérea de la flota de aviones, helicópteros y avionetas de propiedad de Pablo Escobar y Carlos Lehder».

Hace unos meses, la serie “Escobar, el patrón del mal” dejó traslucir las andanzas de estos dos delincuentes que lograron amedrentar al país, poniéndolo casi de rodillas, y que junto a los hermanos Ochoa y el primo de Escobar, Gustavo Gaviria (hermano de quien fuera después el asesor número uno de Uribe durante su dictadura, el tenebroso Obdulio Gaviria) traficaron, asesinaron, en una palabra, delinquieron a sus anchas, hasta que la muerte de algunos de ellos y la extradición de otros, logró frenar algo el baño de sangre con que tiñeron el suelo patrio. También la mencionada serie mostró el boato y la ostentación de la que hacían gala este grupo de facinerosos, mientras que sus aviones despegaban y aterrizaban en la más inicua impunidad, nunca antes vista, por parte de la autoridad encargada de controlar el tráfico aéreo.

Pero esas noticias, en esos momentos, quedaron sepultadas bajo otras más urgentes; al fin y al cabo, los acontecimientos son momentáneos y no hay tiempo para pensar sobre sus causas, conocer a sus protagonistas o analizar sus consecuencias. Los motivos siempre son secretos, los protagonistas se esconden detrás de testaferros que les sacan las manos de la candela, sin que aquellos siquiera se chamusquen, y las consecuencias se conocen cuando los victimarios se han arropado con ese monstruoso manto que es el fuero institucional. De manera que no volvió a saberse mayor cosa del asunto. En su libro “Los jinetes de la cocaína”, Fabio Castillo lo planteó así: «Uribe le otorgó licencia a muchos de los pilotos de los narcos, cuando fue director de Aerocivil.  Siendo Rodrigo Lara, ministro de Justicia, ordenó paralizar 30 aeronaves a los Ochoa, 10 a Pablo Escobar y a Gustavo Gaviria, 10 a Gonzalo Rodríguez Gacha y 4 a Carlos Lehder. Sin embargo dijo que sólo se había inmovilizado una pequeña parte de la gran flota aérea de los narcotraficantes de Medellín».

El tema resucitó alrededor de la campaña política del 2002. El Tiempo trató de mencionar algunas de las medidas tomadas por Uribe durante su gestión al frente de Aerocivil: “Entre marzo 24 de 1980 y agosto 6 de 1982 se otorgaron 562 licencias; sin embargo cuando Uribe llegó a la Alcaldía de Medellín y luego a la Gobernación de Antioquia, todo rastro de su paso por Aerocivil había sido borrado o distorsionado.”

Y, como si fuera poco, jamás hubo claridad sobre el asesinato del narcotraficante Jaime Cardona y el del antecesor de Uribe en Aerocivil, Fernando Uribe Sénior; al igual que los testimonios de quienes vieron cómo las únicas veces que Uribe Vélez se acercaba a los aeropuertos, tenían que ver con la llegada de las cuadras de caballos para las dehesas de Fabio Ochoa y de sus hijos, y la labor de salvamento en que debió empeñarse el Ministerio de Justicia para evitar que en la Aerocivil el narcotráfico pudiera seguir haciendo de las suyas. Ahora bien, los escándalos de Uribe en la Aerocivil no tuvieron que ver únicamente con el narcotráfico. El 4 de enero de 1983, Nelson Sánchez Abaúnza escribió una documentada crónica en Cromos, en la que señaló que en esa entidad se habían extraviado 43 millones de pesos.

La próxima semana (si Dios quiere), veremos un resumen de dicha crónica.

Valledupar, 26 de febrero del año 2013

Quien tiene rabo de paja… III

El relato que Nelson Sánchez Abaúnza publicara en la edición del 4 de enero de 1983, en la revista “Cromos” fue bastante conciso: «Esta es la historia de un contrato suscrito a un año, pero que mediante un anexo se prolongó a 3, 4, y hasta 26 años, con sueldos cuyo monto total alcanza la no despreciable suma de $ 12.111.578. Lo anterior corresponde al contrato que firmó Álvaro Uribe Vélez como jefe de Aerocivil, cuyo objeto fue el de una «consultoría para el estudio de sistemas y procedimientos administrativos contables y estadísticos», por valor de $ 43.627.743 con un plazo para su culminación de un año y que realizaría la firma Colasesores Ltda. (En las dependencias de Aerocivil, al retiro de Uribe Vélez, se habían sustraído 200 folios al contrato.)

La firma contratista, en el momento de perfeccionar el negocio, se hallaba embargada por un banco. Si embargo en el lapso de la diligencia, Aerocivil expidió un certificado de disponibilidad de $ 20 millones para la contratación del estudio. Pero el Fondo Nacional de Proyectos para el Desarrollo recomendó no dar a particulares la realización del inventario físico, “que pueden hacer los mismos empleados del departamento.” Al excluir el inventario físico, el monto del contrato se reduciría de $43 a $18 millones de pesos. Se acordó esta reducción, pero a pesar de todo se suscribió por la suma inicial. El contrato fue suscrito a un año; en él, un llamado “profesional B”, que no se sabe quién es, aparece con una dedicación de cuatro años y siete semanas, por un monto de $1.291.075; un “profesional A” quien según el contrato, trabajará cuatro años y 16 semanas con una remuneración de $1.551.872; un jefe de zona cuyo nombre se ignora, gozó durante cuatro años y 6 semanas de  ingresos por $ 1.186.202. Al suscribir el contrato entre Aerocivil y Colasesores Ltda., por $43.627.743, se autorizaron pago de sueldos durante 26 años. Uribe Vélez firmó un contrato por dicha suma con Colasesores.

El 3 de marzo de 1981, Horacio Moscoso Jefe de la División de Almacén de Aerocivil,  empezó a colaborar en la pronta ejecución del contrato y, en mensaje dirigido a Uribe Vélez, dijo que era “indispensable comunicar a la entidad competente del gobierno la necesidad de contratar una firma particular” y le recomendó “no manifestar que ya está seleccionada la firma sino que se va a celebrar contrato con una firma particular que tiene el visto bueno y la financiación del Banco Mundial”.

En nota marginal manuscrita, Uribe Vélez le pidió a su antiguo asesor jurídico, doctor Hernando Herrera, “considerar esto para el contrato”. Cinco meses más tarde, el 11 de agosto del mismo año, se firmó el contrato 3403 por $43.627.743 entre Álvaro Uribe Vélez como representante legal de la Aerocivil, y Gustavo Torres García representante legal de Colasesores Ltda. La investigación de la Procuraduría señaló que Uribe había firmado un documento que requería la autorización previa de la Presidencia de la República y formuló cargos al funcionario. El 1° de julio de 1982, el revisor de documentos de la Contraloría envió un memorando en que solicita, “me informe bajo qué circunstancias o motivos el señor delegado de la firma Colasesores Ltda., interviene en forma directa en el movimiento de las tarjetas de Kardex”. La Contraloría advierte que “el empleado de Colasesores puede llegar a alterar cifras de las tarjetas; tengo entendido que estos señores de Colasesores prestan servicios bajo contrato de asesorías y simplemente ellos pueden observar, preguntar, mas no participar en el movimiento interno de almacenes, situación reservada para funcionarios nombrados por el Departamento”, concluye el memorando. La primera cláusula del contrato estipuló un anticipo de veinte millones de pesos a los quince días de firmarse el documento. Ni Álvaro Uribe Vélez ni ninguno de los funcionarios de Aerocivil, verificó el estado financiero de Colasesores, firma que durante el perfeccionamiento del contrato se encontraba embargada por el Banco Real de Colombia. Este embargo consta en tres partes: juzgado 14 Civil del Circuito, Banco Real de Colombia y Cámara de Comercio de Bogotá.»

Valledupar, 5 de marzo del año 2013

“Habemus Papam”

Con esta tradicional frase, el Cardenal Camarlengo anunció al mundo católico que la Sede Pontificia dejaba de estar vacante.

El cardenal Jorge Bergoglio, oriundo de Argentina, con raíces del Piamonte italiano, acababa de ser elegido por un poco más de las dos terceras partes exigidas para tal efecto.

El nuevo Papa adoptó el nombre de Francisco para ser llamado así, como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.

Escogió este nombre, según sus propias palabras, como referente de su amor por los pobres, tal como lo hiciera hace 800 años el santo de Asís; más, también, como sello de humildad y sencillez.

La formación del nuevo Papa en los claustros de la Compañía de Jesús, es garantía de su acendrado arraigo por la justicia social; por eso, en su primer encuentro con los periodistas, dijo: “Trabajaremos por una Iglesia pobre y para los pobres.”

Y, más adelante, agregó: “El periodismo debe ejercerse con verdad, bondad y belleza.”

No deja de ser un honor para América (desde Alaska hasta Patagonia), que el Papa Francisco haya nacido en el Nuevo Mundo; pero para quienes tuvimos la gracia de  recibir la educación en los claustros de lo hijos de San Ignacio de Loyola, al honor anterior se suma la certeza de que este pontificado dejará huella de equidad social y también, según su propia expresión, “de verdad y santidad.”

Como si fueran pocas las excelsas virtudes del Papa Francisco, su enternecedor amor y su filial devoción por la Virgen María, lo hacen merecedor del cariño y el respeto de todos los miembros de la Iglesia Católica; desde el más encumbrado de los cardenales hasta el más sencillo feligrés.

Qué bueno que el nuevo Papa sea suramericano, sea jesuita y sea contemporáneo nuestro; de esa generación que creció y se formó a mediados del siglo pasado, que tantas glorias deparó al mundo y a la humanidad, en las ciencias, las artes y demás expresiones sublimes del alma humana.

Qué importa que ya le hayan salido detractores cuyos argumentos se basan en conjeturas, muchas de ellas nacidas del desdén hacia la Iglesia Católica.

La mayoría de estos maldicientes no son más que individuos que sufren del complejo de Eróstrato, aquel personaje griego que, a mediados del siglo IV A. C., incendiara el templo de Artemisa en Éfeso (una de las maravillas del mundo), solamente para ganar celebridad.

  1. S. Por razones no expuestas por las directivas del periódico, no se pudo continuar la serie “Quien tiene rabo de paja…”, cuya parte cuarta debía haber salido hace ocho días.

Valledupar, 19 de marzo del año 2013

Eso de la paz

Como toda Colombia lo sabe, el actual gobierno está en conversaciones de paz con la subversión, la que se encuentra en un estado de calma chicha; vale decir, no avanza ni retrocede.

Sin embargo, todos los días (de lunes a domingo) los noticieros en sus varias emisiones nos hablan de atentados, de emboscadas, de carrobombas y de muchas otras formas de ataque de la guerrilla hacia la población civil y, ni qué decir, a las Fuerzas Armadas y de Policía.

Todo este andamiaje de comunicaciones sobre terrorismo, trae como consecuencia lógica que la gente comente que, eso de la paz, no va para ninguna parte; que es una tontería, y un desgaste del gobierno, insistir en la búsqueda de la paz y, entonces, ni cortos ni perezosos, el Ministro de Defensa, los generales, el señor Lafaurie et propinqui y todos aquellos enemigos acérrimos de la paz, se enardecen y despotrican contra ésta. Por consiguiente, la gente encuentra argumentos contra la búsqueda de la paz y en pro de la continuación de esta guerra estéril que ¡hay que decirlo! empobrece más al pobre y le resta posibilidades de desarrollo al país; pues el estado tiene que gastar en el mantenimiento de la guerra lo que debería invertir en el bienestar de los desposeídos.

Entonces, surge la pregunta evidente: ¿a quién beneficia la guerra? o, lo que es igual, ¿a quién perjudica la paz? La respuesta es aún más obvia que la pregunta: a todos aquellos que se lucran del conflicto. Y, éstos, ¿quiénes son? Pues, los generales y su estafeta vestido de ministro, cuyo presupuesto se alza como espuma en proporción directa con la magnitud del conflicto y se desinflaría recíprocamente con la reconciliación. Otros beneficiarios incuestionables de las hostilidades son los traficantes de armas (que no son cualesquiera pericos de los palotes) y, también, los que pescan en ese río revuelto que les permite alzarse fácilmente con las tierras de los desplazados por la conflagración bélica; de igual manera, los miembros de los ejércitos particulares (que los hay, los hay, así les hayan cambiado de nombre) y tantos otros que pelechan en el maremágnum del conflicto armado.

Ahora bien, si la guerrilla está diezmada (Uribe sostuvo a troche y moche que había acabado con ella y el estafeta que sabemos lo refrenda a diario); si los paramilitares mutaron en bandas criminales (como si antes no lo fueran, uno de los sofismas más productivo del anterior régimen), entonces, ¿quién comete los atentados diarios?, ¿quién realiza emboscadas de lunes a domingo?, ¿quién activa los carrobombas? En fin, ¿quién quiere hacernos creer que en el campo se borra con el codo, lo que se escribe con la mano en los diálogos de paz? ¿Quiénes quieren dar al traste con el proceso de paz?

Pues, necesariamente los favorecidos de la guerra; por eso, no sería raro que los atentados, las emboscadas, los carrobombas y demás actos terroristas, tengan su autoría intelectual en estos beneficiarios y la ejecución material esté a cargo de sus ejércitos privados.

Como si fuera poca la evidencia, esos grupos amigos de la guerra, son los mismos que se oponen a la restitución de tierras, corolario obligado de la paz.

De ahí que, ¡ojo avizor con las noticias que desinforman y promueven la guerra! Por eso, insistamos en el logro de la paz; no se puede desmayar; recordemos que la paz favorece al pobre y a la clase media. ¡Que viva la paz!

No olvidemos las palabras de Gandhi: «El mundo es suficientemente grande, para satisfacer las necesidades de todos; pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de unos pocos.»

Valledupar, 26 de marzo del año 2013

El mal de alzheimer

En 1906, los psiquiatras alemanes Emil Kraepelin y Alois Alzheimer, definieron e identificaron la enfermedad que lleva el nombre del segundo de estos científicos, ya que fue éste quien observó y detalló la neuropatología característica de esta dolencia.

La Organización Mundial de la Salud calcula que este trastorno neurodegenerativo afecta actualmente a unos 18 millones de personas en todo el orbe, y se estima que esa cifra aumente a 34 millones hacia el 2025, con enormes repercusiones para la sociedad en su conjunto, ya que no solamente quienes la padecen, la sufren; sino que también sus familiares, y quienes cuidan de estos enfermos, deben sobrellevar la carga de este aciago mal, cuyos indicios corresponden a la pérdida gradual de la memoria; como, por ejemplo, no entender el significado de las palabras leídas o escuchadas, no reconocer los lugares de la casa de habitación, olvidar el rostro de los seres queridos; hasta llegar a la incapacidad total para hacer las cosas que, de manera rutinaria, se venían haciendo diariamente.

La percepción a través de los sentidos (olfato, gusto, oído, etc.; y ni qué decir del sentido común) va disminuyendo; en pocas palabras, el cerebro está perdiendo su capacidad conductora de las acciones personales del individuo.

Sin lugar a dudas, se trata de una enfermedad realmente fatídica; pues el cuerpo está allí, probablemente (excepto el cerebro) gozando de excelente salud; sin embargo, el comportamiento cada día empeora; la persona se aleja del mundo real, mientras su existencia se va devastando; pues los síntomas que experimenta el enfermo de alzheimer, son el resultado de la muerte de las neuronas encargadas de dirigir las diferentes partes del organismo, encomendadas del cumplimiento de las funciones que se han deteriorado por esta dolencia y, como quiera que las neuronas son las únicas células del cuerpo que no se regeneran, entonces la fatalidad, en estos casos, es monstruosa.

Y aun cuando, también se la confunde con la demencia senil, es decir extravío de la vejez, también puede ocurrirle a personas adultas todavía jóvenes.

Pereciera ser un infortunio proveniente de los hados culpables de las predestinaciones en la humanidad; no obstante, no es más que la consecuencia de la falta de fortalecimiento del cerebro; pues, éste al igual que las demás partes de nuestro organismo, también requiere de cuidados, de nutrientes, de ejercicios; en fin de un sinnúmero de atenciones que lo mantengan sano, eficiente, eficaz, capaz de responder a los deseos de nuestra mente; ya que aquél no es más que el órgano de ésta.

Por eso, es recomendable, leer, escribir, hacer ejercicios tales como la resolución de crucigramas y demás prácticas de entretención que habitualmente se encuentran en periódicos y revistas, y que involucran la recurrencia a la memoria. También es aconsejable no aislarse de los círculos de convivencia, puesto que el ver, el hablar y el escuchar, siguen siendo las mejoras formas de interactuar o, mejor aún, de estar vivo.

La industria farmacéutica ha investigado sobre esta enfermedad y ha logrado desarrollar medicamentos que ayudan a fortalecer el cerebro y, por consiguiente, a retrasar la aparición de la fatídica dolencia.

Empero, una buena alimentación, una vida alejada de vicios y más próxima a los ejercicios físicos  y mentales, es la mejor forma de prevenir este mal que, como se dijo al principio, no destruye el cuerpo, pero acaba con el sentido de la percepción y el discernimiento o, lo que es lo mismo, con nuestra vida racional.

Valledupar, 26 de marzo del año 2013

Hacer el amor

Carta encontrada en los manuscritos que el asiduo lector de esta columna ya conoce. Este es el relato conmovedor que un individuo, cuya esposa ha muerto, le hace a un amigo a quien había dejado de ver por muchos años:

«Ese día estaba haciendo el amor con una mujer bellísima; para mí, la más bella de todas las mujeres, pues su feminidad era exquisita y su respuesta al amor, intensa; mi naturaleza varonil se encendía con su proximidad.

Tocarla, saborear sus besos, hacía que mi corazón se inflamara de alegría, mientras todo mi cuerpo estallaba de placer. En realidad, esta mujer no solamente era hermosa, sino que además satisfacía todas mis expectativas de ternura.

No obstante su espalda y su pecho presentaran profundas quemaduras negras (imposibles de ignorar en su bella piel), para mí era placentero acariciarla. A pesar de que su cutis luciera pálido, seco, agostado, ni tuviera cabello ni cejas, para mí seguía siendo hermosa. Aunque, donde antes hubiera un busto voluptuoso, ahora luciera una cicatriz de 50 centímetros, el deleite de recostar mi cara en su tórax, seguía siendo agradable.

Esa mujer, cuyo deterioro físico no le hacía perder atractivo ante mis ojos, era mi esposa que venía padeciendo de cáncer de mama desde hacía tres años. Había sido sometida a una cirugía en la que le fueron mutilados los senos, en un desesperado esfuerzo por evitarle la metástasis; las intensas sesiones de quimioterapia le hicieron perder el cabello y le secaron la piel. Las irradiaciones le habían quemado su maltrecho cuerpo.

Para muchos hombres, esa mujer seguramente era un monstruo, un adefesio; pero para mí, era la mujer más hermosa que podían ver mis ojos, que pudiera sentir mi cuerpo, que pudiera amar mi corazón. Yo la amaba con todas las fuerzas de mi alma, la amaba de verdad.

No sé si recordarás las fiestas patronales en aquel pueblito a donde solíamos ir con tus padres y los míos y nuestros hermanos, en las vacaciones de mitad del año lectivo. Allí había una niña, un poco menor que nosotros dos; aquella de ojos profundos, la de las trenzas atadas con un lazo que la hacía resaltar entre todas las demás.

Pues allá volví al terminar mis estudios de medicina para hacer el año rural. Tan pronto la vi, la reconocí; sus insondables ojos negros, tenían la misma mirada acariciadora que luciera en la pubertad. Cuando me di a conocer, surgió una linda amistad que pronto se convirtió en amor, en amor profundo, en amor eterno. Tres años después nos casamos.

Su belleza nunca disminuyó, ni siquiera cuando enfermó. Siempre se mantenía arreglada para agradarme, me coqueteaba y me seducía con sus mimos y sus besos. Tal vez, lo hacía para que no echáramos de menos los hijos que no pudimos tener.

El día que festejamos las bodas de plata, su enfermedad había tomado ventaja, pues se presentó agazapada y sólo se le descubrió cuando ya era tarde y se encontraba en su fase más crucial que la hacía irreversible.

Mas esto no fue obstáculo para que celebráramos: destapé una botella de champaña, saqué las copas de la boda, le regalé un ramo con 25 rosas, una por cada año de felicidad y, al final, bailamos. Luego la llevé en brazos a la alcoba y la deposité con ternura y con amor en el lecho; nos besamos, nos acariciamos e hicimos el amor. Agotados nos dormimos y caímos en un sueño profundo, llenos de amor y de paz.

Mi esposa no despertó nunca; esa noche murió. Cuando me desperté la mañana siguiente, vi que una hermosa sonrisa cubría su rostro.

La amé y la sigo amando, porque el amor no sabe de otra cosa que no sea amor. Cuando amas una flor, también la amarás cuando se vuelva mustia. Cuando amas profundamente, no importa el paso de los años, ni la desaparición de la belleza física; más aún, también amarás después de la muerte de ese ser a quien amaste en vida.

Hacer el amor, es eso: amar enamorado de alguien a quien entregaste el corazón; es poseer un don que va más allá de la edad, del alcance del tiempo y de las circunstancias de la vida.»

Valledupar, 16 de abril del año 2013

Nuestro nuevo Pilón

«Sin periodistas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia.» Este fue el lema utilizado en la XXI Entrega del Premio de la Comunicación, otorgado por la Asociación de Prensa de Sevilla, España, a finales del pasado mes de enero.

El galardonado fue el periodista Javier Padilla Sanguino quien, por unanimidad del jurado, se hizo merecedor a esta distinción, al demostrar su capacidad innovadora y su puesta en marcha de iniciativas de calidad.

Ahora bien, ¿qué es la innovación? Etimológicamente el término proviene del latín innovare, que quiere decir cambiar o alterar las cosas al introducirles novedades.

Ya, aquí, surge la idea del cambio; porque, como quiera que la innovación inicia la revolución de lo establecido, propende -de manera connatural- hacia la alteración de lo que ya existe, con el fin de lograr algo mejor.

Desde sus comienzos, la humanidad no ha hecho otra cosa que innovar. Gracias a esa condición inherente a su naturaleza, han surgido el progreso, el desarrollo, en una palabra, la civilización.

Entonces, si todo tiende a cambiar, ¿El Pilón, el diario de Valledupar y de toda la Provincia de Padilla, debía seguir estático, inamovible en su formato y en su forma de exponer la verdad y la realidad del entorno? ¡Por supuesto que no!

Fue por eso que su equipo directivo decidió tomar la iniciativa y, tras ardua labor, logró su propósito: editar un periódico ágil, moderno, completo; pero, sobre todo, local.

El nuevo Pilón, es un diario que está a la altura de los mejores de Colombia; su diseño vivo, su diagramación moderna, sus textos mejor elaborados, la calidad de su policromía, hacen de él un informativo que da gusto leer, que invita a llevarlo para hacer parte de una buena hemeroteca.

Lo único que continúa igual en El Pilón, es la libertad de que gozamos los columnistas para escribir nuestros artículos. Solamente se nos exige (como ha sido siempre, así) mesura en el lenguaje, ausencia total de palabras procaces, un manejo correcto del idioma; pero, además, cumplimiento en la entrega de nuestros escritos.

Démosles una sincera felicitación a todo el personal de El Pilón, desde sus propietarios, directivos, personal de edición, redacción y diagramación, talleres, grupo administrativo y, también, a los empleados de oficios varios; pues ellos, igualmente, pusieron su grano de arena en el propósito de lograr el objetivo final: Nuestro nuevo Pilón.

  1. B. Si algún grupo de trabajo de El Pilón faltó en esta enumeración, acepte mis disculpas, y acháquele el error a las fallas propias de la edad.

Valledupar, 15 de abril del año 2013

Tributo a Gustavo Gutiérrez Cabello

«Canta, si olvidar quieres corazón;

canta, si aliviar quieres tu dolor;

canta, si hoy enamorado estás;

canta, si deseas encontrar felicidad.»

Bolero del insigne compositor boricua, Rafael Hernández Marín

En el principio era el caos, pues ese ser a quien el Creador dotara de razonamiento y de la capacidad de erguirse sobre las extremidades inferiores, solamente podía emitir sonidos guturales como cualquiera de los otros especímenes que lo rodeaban, y con quienes compartía el entorno y debía luchar para subsistir.

Entonces, Dios otorgó al hombre el uso de la palabra para que pudiera comunicarse con sus semejantes y dominara la naturaleza. Pero el hombre se llenó de soberbia y creyó que podría llegar a ser un dios y por eso Él le hizo confundir las lenguas. Cuando el hombre fue menos arrogante, Dios le permitió descubrir la escritura para que plasmara sus pensamientos y sus sentimientos y así pudiera legarlos a la posteridad.

Pero la escritura y su posterior interpretación eran privilegio de unos pocos; por eso el Buen Dios permitió que el hombre, llevado de Su mano, descubriera la imprenta para que la divulgación de la palabra escrita, mensajera de la ciencia, las artes y la cultura llegara, cada vez más, a más y más seres humanos y no fuera patrimonio de una minoría, sino que a ella pudieran acceder todos aquellos que así lo desearan.

Paralelamente a este proceso, el hombre había descubierto cómo, usando su propia voz o utilizando instrumentos -cuya invención Dios le había permitido descubrir- podía imitar los sonidos de la naturaleza y así surgió la música: la expresión más sublime que puede brotar del alma del ser humano y le permite asemejarse a quienes están más próximos a Dios: los ángeles.

No obstante, esta prerrogativa quedó reservada a unos pocos privilegiados, capaces de unir los arpegios de sus melodías para entrelazarlos con las sensaciones que su alma experimenta en ese momento, y así poder transportar a sus semejantes a los recónditos espacios del recuerdo, con el fin de que evoquen los más sublimes instantes de ternura que hayan podido experimentar o, por el contrario, añoren un amor perdido, extrañen un hermoso paisaje que nunca más volverá o, simplemente, se solacen con la dulzura que solamente la música es capaz de inspirar en las almas que creen en la existencia de un Ser Superior, para que, de esta manera, se Le exalte.

Es por eso que las personas dotadas de la facultad de poder acceder a la composición musical, merecen la gratitud del resto de los mortales; reconocimiento que trasciende generaciones, porque su ingenio les permite perpetuarse en la memoria de quienes le rodean e, incluso, expandir su recuerdo en el tiempo, hasta inmortalizarse.

Por consiguiente, elogiemos a Gustavo Gutiérrez Cabello, ínclito cultor del folclor vallenato e inspirador de sentimientos románticos que, como se dijo al principio, nos asemejan a los ángeles y nos permiten recordar que esta vida terrenal es sólo el sendero que ha de conducirnos a la vida eterna.

Valledupar, 22 de abril del año 2013

El arte de saber escuchar

«Hablar es una necesidad, escuchar es un arte.»

Johann Wolfgang von Goethe

En dos ocasiones, se comentó en esta columna la historia del anciano que se quejaba de la ausencia de atención por parte de sus familiares, cuando él les hablaba. Allí se recalcó el desapego de aquéllos hacia éste y cómo, al notar que ni siquiera lo oían, concluyó que, tal vez, se había vuelto invisible.

Pues bien, en realidad saber escuchar no es sólo un arte, como reza el epígrafe de esta columna; también es una señal de buena educación, de refinada cortesía. Pues, si un docente, un expositor, un orador o, simplemente, un interlocutor, habla y nadie le presta atención, bien puede ser que el tema sea aburridor; no obstante, puede haber algún asistente a quien le interese la charla y, además, por educación, estará atento a lo que dice aquél; ya que, como acotara Plutarco, escritor de la antigua Grecia: «Para saber hablar, es preciso saber escuchar.» Y ni qué decir, si el tema cautiva a la mayoría; porque, en tal caso, los distraídos no solamente pasarán por maleducados, sino también demostrarán su poco deseo de aprender algo nuevo.

Ahora bien, se habla de escuchar y no de oír; porque este último vocablo hace referencia a la mera percepción de los sonidos habidos en el entorno; cosa que, por demás, son capaces de hacer hasta los seres irracionales. En tanto que los humanos, que tenemos capacidad de raciocinio y de discernimiento, podemos escuchar; es decir, poner atención a lo que quiere expresar el interlocutor, para así poder entender.

Entonces, saber escuchar, no solamente es un arte, ni únicamente una muestra de buena educación (entendida ésta como el logro de un nivel de cortesía que abarque el ámbito espiritual del individuo, para hacerlo más sociable), sino también la posibilidad que le permitirá al ser humano, gracias a su sed de aprender (señal inequívoca de ser civilizado), ensanchar su universo cultural.

Todo esto significa que el hablar y el escuchar hacen parte de nuestra naturaleza humana; pues a través de este mecanismo de comunicación, ya desde la primera infancia, surge la necesidad de escuchar, para poder aprender a conocer ese mundo que rodea al párvulo y le ayuda a verlo menos hostil.

A medida que el individuo crece, su necesidad de escuchar aumenta; pues, como se dijo unos párrafos antes, escuchando amplía su universo cognitivo, que lo hace cada vez más sociable, más educado, más culto y, todo esto, lo logrará si se vuelve experto en la aplicación del aforismo de Goethe, citado al comienzo: «Hablar es una necesidad, escuchar es un arte.»

Hasta cuando le llegue el momento de tomar la palabra para que otros le escuchen; allí es cuando podrá poner en práctica el adagio de Plutarco, sobre cómo la enseñanza del buen hablar, reside en haber sabido escuchar.

Valledupar, 29 de abril del año 2013

El atentado contra Ricardo Calderón

Teníamos casi lista la columna para comentar los lunares del Festival, cuando se supo lo del ataque aleve contra el periodista de Semana, Ricardo Calderón.

Como quiera que el primero de los temas citados, da tiempo para hacerlo, amén de ser menos grave que el segundo y, dada la trascendencia de éste, la obviedad salta a la vista.

Es por eso, que se decidió dejar en el tintero las glosas al Festival, con tal de dar una opinión sobre lo amenazada que se encuentra la libertad de expresión en Colombia y, esta vez, no por culpa del mandatario de turno (como ocurriera con frecuencia en los dos últimos cuatrienios), sino en razón de las acciones de los delincuentes -de cuello blanco u oscuro, poco importa- cuyo envalentonamiento los lleva a pensar que son intocables.

Y, entonces, cada vez que alguien denuncia sus múltiples trapisondas, pretenden acallar al valiente del momento que, asqueado de tanta corrupción y, lo que es peor, de tanta impunidad, no puede seguir impertérrito y se decide a denunciar, sin importar las amenazas.

Y, prevalidos en la impunidad que los arropa, y los ha arropado desde siempre, pues hasta fuero tienen, tal parece que esa hubiera sido la razón de ser del atentado contra Ricardo Calderón y el mensaje enviado, podría estar concebido más o menos así: «las próximas balas no irán dirigidas contra el vidrio de su vehículo o la carrocería del mismo; no, señor; la vez siguiente, apuntaremos a su cabeza o al tórax; así, estaremos seguros de haber acallado su impertinente voz y, de contera, la de todos aquellos que creen que, con su pluma (por más diáfana que sea) van a detenernos en nuestra acción depredadora, motivada por la codicia, muchas veces heredada; otras, adquirida por la vida muelle de la que siempre hemos gozado. Entonces, como en épocas no olvidadas aún, elija un sobre o una bala.»

Con razón, Don Fidel Cano, actual director de El Espectador, con la valentía que siempre ha caracterizado a estos señores, ejemplo de periodismo independiente, dijo: “¡No nos callarán!”. Similares palabras había pronunciado Don Guillermo Cano, cuando su afilada pluma denunciaba los delitos del cartel de Medellín, a pesar de que éste tuviera abogados de grueso calibre que luego alcanzarían altos cargos en la dirección de la nación.

Lo irónico del atentado contra el valiente Ricardo Calderón, estriba en que ocurrió un día antes del dedicado a destacar la libertad de prensa: Recordemos, también lo cáustico del sitio elegido por los delincuentes: la carretera entre Ibagué y Bogotá, cerca de la base militar de Tolemaida.

  1. S. Como colofón de la inmoralidad que viene corroyendo los cimientos de la justicia en Colombia, sobre todo desde cuando la Corte Suprema de Justicia fuera atacada y calumniada vilmente desde las altas esferas del gobierno, el Congreso elige como nuevo magistrado de la Corte Constitucional, a un individuo que no parece ser un dechado de virtudes.

Valledupar, 6 de mayo del año 2013

Colombia en el nuevo milenio

En honor a la verdad, en Colombia siempre ha habido corrupción, ha existido el delito, ha habido gobernantes y dirigentes que no han sido absolutamente honestos.

No en vano, el gran literato y dramaturgo francés Honoré de Balzac (1799-1850) dijo: «Buscad detrás de cada fortuna y hallaréis un crimen.» Porque, no sólo es criminal aquel que aprieta el gatillo o hunde el puñal o, de manera cobarde, paga para que otro mate por él; no, todos aquellos que explotan, extorsionan, subyugan, desplazan, se oponen a la restitución de tierras, amenazan a quien ose denunciar sus tropelías, cercenan las posibilidades de surgimiento de los pobres, y toda esa caterva a quienes les encanta acumular riquezas, sin importar el cómo ni el cuándo y que Cristo homologara con el proverbio, «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre al reino de los Cielos», también son criminales.

Y si alguien quisiera llamarse a engaño, en cuanto a lo extendida que está la criminalidad en la mayoría de quienes detentan alguna forma de poder, démosle un vistazo a lo ocurrido en el Congreso de Colombia en días pasados, cuando eligieron como nuevo magistrado de la Corte Constitucional a un individuo sobre quien recaen sospechas de haber cometido, según algunos, indelicadezas. Y no es que se quiera posar de moralista, ni mucho menos; para eso basta y sobra con el camandulero que funge de procurador general y sus conmilitones.

El problema radica en la majestad debida a la Justicia, pues no es por cosas baladíes que se la representa con una balanza en la mano; es bien sabido que ésta significa la equidad que debe presidir todos sus actos y, ¿cómo puede ser equitativo quien ha caído en las tentaciones que lo pueden llevar por el camino del delito? Así (en el mejor de los casos) esta contravención sea solamente de tipo ético; lo cual es grave, ya que no se debe olvidar el aforismo de Tiberio Claudio, el emperador romano, a su esposa Valeria Mesalina: «La mujer de César, no sólo debe ser honrada, sino también parecerlo.»

Entonces, ¿si la sal se corrompe? O, peor, aún, ¿si ya llega corrupta a las instancias en donde debe evitar que las leyes se perviertan? ¿Qué puede esperarle a un país, con este tipo de magistrados?

Hace unos años -pocos, realmente- la Corte Suprema de Justicia fue objeto de persecución por parte de un gobernante corrupto; pues bien, la Corte haciendo gala de su apelativo de Honorable, se mantuvo incólume y no valieron amenazas, ni maquinaciones, ni calumnias, ni pataletas; sus miembros no cejaron en su afán de justicia y no se dejaron vencer ni conmover.

Sin embargo, ese gobierno corrupto, tramó, compró conciencias, alteró hojas de vida e hizo hasta lo indecible, hasta lograr cambiar la composición de la Corte Suprema y, por ahí derecho, la de las otras cortes y, cuando por fin salió, las altas cortes ya habían perdido la majestad y, por eso, ingresan a ellas individuos como el recién posesionado.

Ese gobernante corrupto, culpable de muchos desafueros, aspira a volver a tomar el poder, si no directamente, al menos por interpuesta persona (al fin y al cabo, él y sus seguidores son todos iguales), con el fin de que este país, que merece mejor suerte, siga por el desbarrancadero de la ignominia y la corrupción.

Valledupar, 13 de mayo del año 2013

La senda del delito

Hace ocho días se vio cómo la mayoría de las personas que detentan el poder, lo usan para acrecentar la potestad que deriva en el incremento de las riquezas; las que, a su vez, les facilitan el camino para perpetuarse en el domino que, en último término, no es más que la posibilidad de manejar el presupuesto en el área oficial, o explotar a los demás, cuando se habla del sector privado. Hay casos raros, en los cuales, el dirigente o empresario es persona intachable y, como tal, tiene una honradez acrisolada y un comportamiento decoroso. No obstante, son ocurrencias exóticas.

Pero el proceder indigno no es de ahora; ya en la Colonia, los criollos de la Nueva Granada, se inventaron el sainete del Florero de Llorente, para poder acceder al manejo de los impuestos y a la absoluta potestad de sujeción de los pobres; todo lo demás, independencia, libertad y el conjunto de requerimientos expresado en el Memorial de Agravios, no fue si no la mascarada que arropaba las verdaderas intenciones de los ‘héroes’. Por eso, no fue gratuito el odio que sintieron estos ‘prohombres’ hacia Antonio Nariño: en él vieron al verdadero libertador, imbuido de justicia social; el que no sólo aspiraba a liberar el país del predominio español, sino buscar la igualdad social, la posibilidad de educación, trabajo y vivienda para todos. Y no cejaron en su odio, hasta cuando Nariño fue derrotado y encarcelado por los españoles, gracias a los ‘héroes’ que después Morillo llevaría al patíbulo.

Bueno, pero volviendo al siglo XXI, se encuentra que en los cuadros de la dirigencia nacional (sea el ámbito privado u oficial), también subsiste la ambición para acumular riqueza, sobre todo si la fuente es el erario. Allí entran a saco, tirios y troyanos. Y como ahora, políticos y empresarios se han fundido en una sola casta, no es fácil diferenciarlos. Las excepciones se cuentan con los dedos de la mano.

Por eso, con tal de satisfacer esa espuria codicia, cualquier delito (desde el crimen, tal como se definió hace ocho días, hasta el fraude y la estafa), les es válido y, peor aún, encuentran como convalidarlo; pues, también algunos jueces son proclives a la venalidad.

Por eso, en este siglo, nunca había cobrado tanta vigencia la agudeza de algún usuario de la red, cuando escribió esta ocurrencia: “Antes, los carteles que aparecían en las calles, mostraban rostros de delincuentes, para ofrecer recompensas; ahora, los usan para pedir votos.

Y se ha extendido tanto la recurrencia al delito que, en los tres poderes, la regla es hacer lo que sea necesario, con tal de alcanzar los fines propuestos, sin importar los caminos que se requiera recorrer: para ellos (no olvidar la fusión de castas), “el fin justifica los medios.” Más aún, han trastrocado los términos, pues lo que la humanidad concibió como un medio (el dinero) lo han convertido en un fin.

Sólo falta que agreguen a sus consignas otro chascarrillo: “¡Prohibido robar! La dirigencia no acepta rivales…”

Valledupar, 20 de mayo del año 2013

La Biblioteca Departamental

«Leer, es hablar con los antepasados; pero más que hablar con ellos, es lograr conocer sus mejores pensamientos; porque, en sus escritos cada autor se esmera en expresarlos de la mejor manera posible.» René Descartes

Si ninguna sociedad puede avanzar más allá de un determinado estado sin un acceso efectivo a su memoria colectiva y, ésta se encuentra en los libros, en contrapartida cualquier conglomerado humano que pierda el control de este legado, estará irremisiblemente condenado a retroceder.

De otro lado, una biblioteca no es solamente un depósito inmóvil de libros; es, como se acaba de decir, la posibilidad de hacer real la remembranza social del ser humano y, en este sentido, permitirle avanzar y evolucionar, al encontrar las infinitas respuestas que necesita para su desarrollo intelectual y universal.

Y, como quiera que poseer una biblioteca privada no es un hecho común y corriente (pues los libros son costosos y cuanto más elevado su tema, mayor es su precio, adquirir libros, así sean baratos, requiere de sacrificios), son pocos los privilegiados que pueden darse el lujo de tener su propia biblioteca; entonces, la biblioteca pública, en estos parajes, es una necesidad de orden social, de una magnitud misericordiosa y de una clemencia absoluta; pues, ¿dónde más, que en una biblioteca pública, podrá la mayoría de los jóvenes de Valledupar y sus alrededores, alcanzar el beneficio de leer un libro?

Ahora bien, si una de las misiones de este invaluable servicio, es la de brindar información que redunde en el acervo de conocimientos y, por consiguiente, de aprendizaje del niño y del adolescente (y aún del adulto), ¿cómo puede ser posible que un bien de tamaña trascendencia, como lo es la Biblioteca Departamental, esté a punto de quedarse en un limbo legal que la condena al riesgo de un cierre inminente?

Porque la vida jurídica de la Biblioteca Departamental culmina el próximo 10 de junio; vale decir, en quince días, escasas dos semanas y, todavía no se ve una luz al final del túnel de su desaparición.

Ahora mismo, la encrucijada cultural, literaria, formativa (podríamos seguir agregando epítetos hasta el cansancio), es peor que si se cerraran otros centros de acopio de civilización en la ciudad. Cada lector puede elegir el de su preferencia, de acuerdo a sus gustos culturales o costumbres ancestrales y verá que la ciudad podría seguir viviendo sin ese foco ilustrativo o ese hábito atávico; pero, seguro, que no podrá hacerlo si la Biblioteca Departamental desapareciera.

Por consiguiente, señor Gobernador (a quien no conozco), señor Alcalde (con quien tuve el honor de compartir espacio de opinión en este periódico), señor Rector de la UDES (que me dio el privilegio de acompañarlo en su labor quijotesca de mantener en Valledupar un centro universitario privado), señores dirigentes culturales, académicos, empresariales de la ciudad, por favor, no dejen morir la Biblioteca Departamental. Ella es un orgullo para la región, es un baluarte para la cultura, es un refugio para los desposeídos de la riqueza que encierran los libros.

Valledupar, 27 de mayo del año 2013

El problema carcelario

La sociedad en sus albores estableció que la cárcel fuera el sitio donde el delincuente hiciera autorreflexión y, con trabajo, dedicación, disciplina y una guía adecuada, iniciara su regeneración. Esa fue la razón de ser de estos lugares de reclusión, junto con el castigo implícito en la pérdida de la libertad y el aislamiento, para evitar la reincidencia.

Ahora bien, como quiera que hay gradualidad en la gravedad de la comisión del delito (pues degollar a la víctima denota mayor insania y sevicia que matarla de un disparo, así como la estafa indica más refinamiento delictivo que el atraco, por citar unos ejemplos), es lógico que no se debe mezclar a los reclusos; pues, un simple ladronzuelo al lado de un asesino o de un violador, termina pervirtiéndose y si a la mezcolanza se le unen todas las artimañas de un delincuente avezado en el crimen, el hacinamiento existente en las cárceles colombianas impide la regeneración del recluso aún redimible para la sociedad.

Así las cosas, a la persona, que por un delito menor va a dar con sus huesos a una cárcel, sólo le esperan la degradación moral, la extinción del decoro y del amor propio, y la consunción de cualquier aspiración a rehacer su vida para tomar el sendero del buen ciudadano.

Por otro lado, en las cárceles todo se trafica con la complicidad de algunos guardas: desde un cigarrillo hasta un arma. Por eso, termina siendo normal que un preso, que dispone de suficiente dinero en efectivo (sin importar la gravedad del delito que purga), goce de prebendas que le están vedadas al inope.

Por eso, cuando este último no tiene ni siquiera un jergón en el cual dormir, aquél parece vivir en un hotel de lujo. Y eso, sólo para mencionar la comodidad de que gozan los privilegiados; porque si se fuera a hablar del poder que logran, el espacio de este simple ensayo no bastaría.

Y si, a lo anterior, se agregaran las prerrogativas que disfrutan los hampones de cuello blanco, habría que escribir un tratado sobre la impunidad rampante en Colombia.

Pero, como aquí se quiere hablar del hacinamiento y sus consecuencias, entonces, al comparar la situación de los presos del común (los de ruana, los de a pie, los pobres), con el ambiente en el que se encuentran los criminales adinerados (recordemos la sentencia de Balzac, citada hace quince días), las condiciones para los primeros son degradantes; entonces, rompamos con los privilegios. Hay que construir más cárceles, pero que éstas, sin perder el decoro debido al ser humano, sean las únicas que alberguen delincuentes y, sin importar el grosor de la chequera del prisionero, el juez analice el tipo de delito cometido y su gravedad y, a partir de allí, distribuya a los reclusos en las cárceles existentes.

Lo demás, es inicuo, es absurdo; porque hoy se está castigando a unos y premiando a otros, al olvidar que la justicia es equidad, es rectitud, es honestidad y todos estos atributos, es el juez el indicado para realzarlos al ser firme en la sentencia y en el sitio de reclusión del condenado. No más certificados de médicos dolosos que permitan el arresto domiciliario, no más guarniciones ‘resort’, no más celdas lujosas. Porque, ¡todos en la cama o todos en el suelo!

Valledupar, 3 de junio del año 2013

Hijo de tigre, sale pintado

«La libertad, no es nada más que la oportunidad para ser honesto. »

Albert Camus

El aforismo que sirve de mote a la columna de hoy, se utiliza para referirse a los hábitos que los hijos suelen heredar de sus padres. Pero esas costumbres adquiridas, que influyen en el comportamiento de los hijos, indistintamente pueden ser buenas o malas.

Pues bien, hace ocho días, los medios de comunicación volvieron a ocuparse de los hijos de Uribe. Esta vez, con respecto a un posible fraude tributario con el cual querían esquilmar al erario.

La Unidad de Investigación de El Tiempo estableció que los hijos de Uribe tienen que explicar, a las autoridades tributarias de Colombia, operaciones ficticias por 1.533 millones de pesos. El matutino fue muy claro al señalar que, “Tomás y Jerónimo Uribe, acaban de negarse a corregir la declaración de renta de su firma de reciclaje Ecoeficiencia, correspondiente al 2010.” Estos corsarios modernos, según la DIAN “están reclamando de manera indebida una devolución de 338 millones de pesos por exportación de cobre.” Cuando la DIAN entró a chequear esas transacciones y el listado de los proveedores de Ecoeficiencia, 12 de estos no fueron encontrados en los teléfonos ni en las direcciones que aparecían en el RUT anexo.

El Tiempo aseguró que cuatro proveedores dijeron a la DIAN, bajo juramento, que “no habían vendido ni una sola de las toneladas de cobre por las cuales Ecoeficiencia estaba solicitando la devolución del Impuesto a la Renta.”

Esta es apenas la punta del iceberg.

Total, estamos en Colombia, donde gente como esa, sí que es una verdadera amenaza para la sociedad; pero al final no sucede nada, pues están blindados contra la justicia y se han preparado para “trabajar, trabajar y trabajar” de incógnito y, así, no se vale. Pues, su ‘trabajo’ colinda con el delito.

Por eso, los de su clase menosprecian a los pobres porque creen que éstos, por su condición socioeconómica, no son honrados ni honestos; no obstante, sucede que entre los pobres hay personas más honestas, correctas y honradas, aunque no hayan tenido las oportunidades que la vida les brindó a “Tom y Jerry”. ¿Cómo olvidar la sentencia de Balzac, citada hace cuatro semanas? Será, ¿porque esas cualidades se aprenden en casa? Eso es verdad; además, muestra las cualidades de los padres. A propósito, ¿quién es el padre de este par de tramposos?

Que, por cierto, no es la primera pilatuna que cometen. Cuentan las malas lenguas, que primero crearon una empresa de artesanías que se volvió monopolio; después, se hicieron adjudicar una zona franca en una población que no es puerto, ni siquiera es importante; después intrigaron (su condición de “hijos del ejecutivo”, les facilitaba hacerlo) una ley para que la labor de reciclaje sólo pudiera hacerla su empresa, pues los requisitos para lograrlo, eran tantos y tan complicados, que únicamente esa ‘empresa’ podía llenarlos.

Y no seguimos enumerando las “pilatunas”, porque el espacio se acabó, mas no el prontuario de estos ‘empresarios.’ Otro adagio dice, “de tal palo, tal astilla.”

Valledupar, 10 de junio del año 2013

Colombia y el cobre

«Hay padres que son severos con el prójimo, empero son débiles con sus hijos. »

Enrique Jardiel Poncela

Aunque el aumento de exportaciones siempre es motivo de alegría para un país, un renglón -el del cobre- podría no sólo ser la excepción en Colombia, sino además un foco de dinero ilícito, según las autoridades.

Empero nuestro país no produce ni un gramo de cobre,las ventas al mundo de ese metal no ferroso han crecido vertiginosamente. En sólo cuatro años, el aumento de esa materia prima, denominada chatarra de cobre, es del 114 por ciento.

Según la Alta Consejería para la Convivencia y Seguridad Ciudadana, hay una correlación positiva entre el precio externo y la exportación. Pero, también surge otra fuente de enlace: el reciclaje, y podría ser coincidencia, pero desde que la empresa Ecoeficiencia inició labores, las exportaciones de cobre aumentaron. Sería como sumar 2 + 2.

Pero, ¿qué hay detrás del fenómeno? Las respuestas pueden ser muchas y venir de diferentes partes. En principio, según el general Rodolfo Palomino López, director de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional, ante la demanda mundial del metal, se han generado organizaciones criminales que se dedican a robar el cobre de la infraestructura pública.

«En este año van 28 personas electrocutadas mientras trataban de robar cobre, Las bandas organizadas se valen de atuendos y vestimentas propias de las empresas prestadoras de servicios públicos, para poder cometer sus actividades ilegales», informa el general.

La Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (Andesco), por su parte sostiene que ese sector pierde anualmente, por robo de cable de cobre, 35.000 millones de pesos; cobre que, en metros, uniría a Bogotá con Barranquilla 25 veces. El problema social que desata ese hurto, afecta a un millón y medio de familias al año.

El número de eventos de hurto de cobre, en cuatro años, ha aumentado en un 70 por ciento. El nivel de daño físico que produce ese delito es alarmante; pues, para obtener un kilo de cobre es necesario robar cerca de un kilómetro de cable telefónico, que un indigente puede vender por 8.000 pesos. Los intermediarios, según la Policía, revenden en el mercado negro ese mismo kilo, en unos 22.000 pesos al por mayor.

El problema, radica en el seguimiento al producto. Ya que después de que el cobre cae en manos intermediarias y le quitan el caucho protector, luego de haber pasado por las empresas de reciclaje y las de chatarrización, no es posible saber su procedencia y puede ser vendido y comercializado sin problemas, incluidos los sobrantes que legalmente venden las mismas empresas de servicios públicos.

De otro lado, la DIAN aseguró que materiales como textiles, cueros y, sobre todo, chatarra de cobre, fueron usados por la red que protagonizó el fraude reciente de más de 3 billones de pesos en la Administración de Impuestos y Aduanas Nacionales, a través de la obtención de devoluciones del IVA con facturas y exportaciones ficticias para lavar dinero. ¡Otra coincidencia!

Valledupar, 17 de junio del año 2013

Las falacias de una campaña

El señor Álvaro Uribe Vélez está en campaña electoral; como él no puede aspirar (la Constitución se lo prohíbe, gracias a Dios), entonces piensa seguir gobernando en cuerpo ajeno, y como tiene conmilitones, pues muchos de los que lo siguen están tan untados como él o simplemente no ven un palmo más allá de sus narices, entonces ha tomado el proceso de paz como bandera para concitar a la masa (sobre todo, a la más ignara) a ver si logra los votos necesarios y así seguir hundiendo al país en la ignominia a la que lo llevó durante sus ominosos 8 años de gobierno.

Para refrescar la memoria de los colombianos proclives al olvido, recordemos lo que fue ese gobierno en cuanto a la defensa de los derechos humanos: Uribe desarrolló una discutible política de seguridad democrática, que buscaba presumiblemente luchar contra la subversión. Sin embargo, prometía a los militares, primas y ventajas por cada guerrillero abatido en combate. Esta política catastrófica de cifras, tuvo como efecto incitarlos a asesinar a más de 3.000 civiles inocentes, provenientes de barrios pobres, para disfrazarlos y presentarlos como «guerrilleros muertos en combate».

Varios casos de corrupción, asesinatos y revelaciones consecuentes de la ley de Justicia y Paz, permitieron mostrar los lazos fuertes existentes entre los escuadrones de la muerte (paramilitares y mafiosos) y los políticos allegados a Uribe. Más de 120 de éstos fueron investigados y varias decenas de ellos están condenados por vínculos criminales. Hasta su propio primo y socio político, Mario Uribe, fue condenado a 7,5 años de prisión por haberse aliado y utilizado organizaciones criminales para facilitar su elección al congreso y apropiarse ilegalmente de grandes cantidades de tierra fértil. Colombia es hoy el segundo país en el mundo (después de Sudán), con más desplazados; se estima que 5 millones de personas fueron desplazadas y más de 1.830 fueron torturadas durante ese gobierno. Además se encontraron miles de cuerpos no identificados en fosas comunes «alimentadas» por paramilitares. En otras regiones, los informes muestran que se instalaron hornos crematorios para desaparecer los cuerpos de las víctimas.

Varios casos de corrupción implicaron al gobierno y a políticos seguidores de Uribe. Es el caso, por ejemplo, de su ex ministro de agricultura, que fue apresado por haber desviado enormes cantidades de dinero de su objetivo principal (ayudar al pequeño campesinado), para beneficiar a grandes terratenientes y contribuir indirectamente al financiamiento de la reelección de Uribe. Y, aun cuando fue puesto en libertad, su proceso sigue en curso.

Bajo la égida de Uribe, el DAS fue utilizado para espiar, perseguir, amenazar, estigmatizar y atacar a los defensores de los derechos humanos, a sindicalistas, a opositores políticos, a periodistas y a la Corte Suprema de Justicia (cuando era honorable); también hay documentos del DAS que revelan la voluntad de vigilar y desacreditar a la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, y a ONG de DD. HH. Entre estas personas, varias fueron puestas en peligro de muerte, al ser señaladas por Uribe como «vitrina intelectual» de las Farc.

Valledupar, 24 de junio del año 2013

El asunto de la tierra

Desde que la humanidad existe (como conglomerado social) siempre ha habido disputas por la posesión de la tierra y, Colombia no iba a ser la excepción. Desde antes de llegar Colón y los españoles (cuyas ansias de saquear no las ocultaron nunca), ya las tribus de los aborígenes peleaban entre sí por conseguir más territorio.

Pues bien, ni la Conquista, ni la Colonia, ni la Independencia y, mucho menos, la República, quedaron exentas de la fatalidad que conduce a la contienda. Más aún,  con la sofisticación en los armamentos, aumenta el refinamiento para lograr derrotar al adversario; incluso, aun cuando el contrario ni siquiera haya tenido en mente entrar en la discordia; como acontece cuando éste solamente es víctima de la codicia desenfrenada de su antagonista, tal como suele suceder cuando de ambicionar tierras se trata.

Porque, es axiomático que quien tiene algo, desea poseer más de lo mismo y, con la tierra, pareciera manifestarse más: el pequeño terrateniente ambiciona convertirse en gran hacendado y, éste, pone sus miras en llegar a ser el más grande latifundista. Y, para lograrlo, casi siempre recurre a métodos de depredación, en los cuales pareciera que compitiera con sus pares, para demostrar que es el más consumado timador; aunque para ello, tenga que pasar por encima de vidas y honras, inclusive acallar su propia vergüenza, si acaso la conoce.

Si se parte del hecho singular que indica que el problema de la tierra es sobre todo rural y, sin necesidad de ir muy lejos, le damos una mirada al panorama nacional en ese aspecto, encontraremos que, apenas el 1,15% de la población posee el 52% de la tierra digna de ser codiciada. Yendo un poco más allá, vemos que esa desigualdad, obedece en gran parte al despojo y, así, hallamos que la población desplazada del agro colombiano en los últimos veinte años, sobrepasa los seis millones de personas; de las cuales, cinco millones lo fueron entre los años 2002 y 2010 (época del ‘grancolombiano’), cuando la égida escudada en el poder del paramilitarismo. Allí, muchos ganaderos, cultivadores de palma o de caña, empresas transnacionales dedicadas a la minería y a la extracción de recursos naturales no renovables, y tantas otras, cuya lista haría demasiado extensa esta columna, utilizaron el invento de quien fuera gobernador de Antioquia, después de haber pasado por la dirección de Aerocivil. Ni cortos ni perezosos, usaron ese engendro para robar tanto terreno como pudieron. Por algo, la oposición al proyecto de devolución de tierras y tanta ojeriza contra el ministro estrella de Santos, cuya bandera era precisamente esa: reformar el agro, para hacerlo más equitativo. Por lo mismo, no les conviene que haya paz.

  1. S. Para los descendientes de Leandro Díaz, esta frase que encontré hace años en los manuscritos que mi padre atesoraba: «La mayor satisfacción que puede obtener un ser humano, en su hora final, es la de dejar una obra de la cual se sientan orgullosos quienes le amaron y le sobreviven.»

Valledupar, 1° de julio del año 2013

Una ficha en Francia

«No hay que culpar al espejo, si refleja torcida la imagen que a él se asoma.»

Nicolái Vasílievich Gógol

Como quiera que Uribe está en campaña (tal como se comentó hace un par de semanas en esta columna) y, además, mucha gente en Colombia ya olvidó las tropelías (por llamarlas de manera benigna) que este individuo ha cometido durante su vida política y ni qué decir las que cometió en los ocho larguísimos años en que tuvo sometido al país al oprobio, y a la mayoría de sus habitantes al engaño (pues eran muchos los ingenuos y muchos más los estólidos que creían que era el mejor presidente del país y resultó ser el peor de todos), entonces es apenas de primordial higiene mental traer a colación lo sucedido en Francia luego de que este individuo dejara (¡por fin!) la presidencia y después de que lo sacaran a sombrerazos de la Universidad de Georgetown, en Washington D. C., donde pretendía enseñar ética (el diablo haciendo hostias).

Pues bien, a principios de marzo del año 2011, la Escuela Nacional de Ingenieros de Metz, Francia, quiso gracias a un convenio suscrito entre esta Universidad y el Servicio Nacional de Aprendizaje, cuando Uribe ocupaba la presidencia (¡te doy y después me das!), para que éste dictara una cátedra allí.

Pero, mostrando un grado de sensatez digno de todo encomio, los estudiantes de la Escuela de Ingenieros de Metz, rechazaron esa deshonrosa posibilidad y, como un solo hombre, protestaron en la entrada del claustro, para impedir que semejante sujeto hollara el venerable recinto.

Más aún, el asunto no se limitó a un mero y simple plantón. Los estudiantes llevaron  pancartas en donde, de manera concisa, pero no por eso menos clara, resumieron el prontuario de quien era rechazado por ellos, para así demostrarle a las directivas de la universidad el porqué de la descalificación al pretendido catedrático.

No vamos a repetir aquí la lista de los delitos denunciados por los estudiantes franceses. Para qué, si toda Colombia la conoce. Lo que se quiere resaltar es cómo, más allá de las fronteras y allende los mares, conocen qué clase de ficha es este individuo, mientras que en el país, que pisoteó y degradó, haya personas que aún crean en  sus dudosas bondades y, lo que es peor, cuando un canal de televisión da la oportunidad de que mostremos sindéresis y escojamos a alguien, que de verdad representa lo bueno, lo resaltable de nuestra patria (Gabriel García Márquez o Rodolfo Llinás Riascos, por ejemplo), una dudosa mayoría elija a semejante persona como el grancolombiano  (¡ver para creer!).

¡Qué vergüenza que unos estudiantes extranjeros (primero en Estados Unidos y después en Francia), nos den lecciones de cordura, de buen criterio, para distinguir (como alguna vez dijera Laureano Gómez) el oro de la escoria!

Qué de afuera tengan que decirle al país qué clase de ficha es este individuo. Por eso, el epígrafe que ilustra la columna de hoy, es más que elocuente.

Nueva York, 15 de julio del año 2013

Las abejas y la biodiversidad

Cuentan que Albert Einstein dijo alguna vez que si las abejas se extinguieran, a la humanidad sólo le quedarían cuatro años de existencia. Pareciera algo exagerada esta afirmación. ¿Por qué podría ocurrir esto, según la cita atribuida a Einstein? Porque sin abejas no existe la polinización, sin ésta no hay reproducción en las plantas y, sin plantas, no hay alimentos para los animales vegetarianos y para quienes se alimentan de ellos y la raza humana está al final de esa cadena alimentaria.

Es inquietante saber que las colmenas están quedando vacías, sobre todo si se tiene en cuenta que el 80% de las especies de plantas con flores dependen de las abejas para ser polinizadas y que por tanto son el sostén de los ecosistemas. Sin polinización, como ya se dijo, no hay frutos, ni legumbres, ni hortalizas, ni vegetales.

El ser humano viene haciendo desaparecer miles y miles de especies desde hace cientos de año. Talando bosques, cazando de manera indiscriminada, cubriendo de ciudades y campos todo el mundo. Y por estas ciudades y sus industrias, y los campos y su agroindustria, se ha cambiado el clima y se ha provocado un calentamiento global. Es decir, la modernidad está acabando con la Naturaleza.

Y, ahora, está logrando que las abejas desaparezcan y es, sin duda, como consecuencia del maltrato al planeta, como también lo es la desaparición de miles de especies más. Las abejas desempeñan un papel fundamental en el medio ambiente, pues contribuyen al equilibrio ecológico a través de la polinización, y su presencia es muy importante para la preservación de una gran cantidad de plantas, además de aumentar en forma considerable la producción de la mayor parte de los cultivos agrícolas. El desvanecimiento de las abejas está provocando pérdidas no sólo económicas sino también de biodiversidad y, una hipotética desaparición de estos insectos, sería una catástrofe para la humanidad.

Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la desaparición masiva de abejas, se debe a una confluencia de factores: la acción de un parásito llamado ‘ácaro varroa’; nuevas enfermedades apícolas como el llamado ‘Virus israelí de parálisis aguda’; el uso de pesticidas y plaguicidas aplicado a los cultivos agrícolas; la aplicación indiscriminada de glifosato en ciertas regiones del planeta (América Latina, por ejemplo) e, incluso, un mayor estrés inmunológico rural, debido a combinaciones diversas de todos estos factores.

Un equipo de investigación del Centro Regional Apícola de Marchamalo, en Guadalajara, España, que depende de la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha, ha detectado un parásito, el  ‘Nosema ceranae’, como causa fundamental del síndrome de despoblamiento apícola masivo. Se trata de un parásito de origen asiático que no sólo está incidiendo en la despoblación, sino también en el descenso de la producción de las colmenas. Este parásito, antes inofensivo, mutó gracias al calentamiento global. En el ‘Programa Nacional de Medidas de Ayuda a la Apicultura 2008-2012’, del Ministerio de Agricultura español, se establece la mortalidad de abejas en el mundo en un 30% (con picos de hasta el 50%) debido a múltiples y complejas causas, que además de las mencionadas, hacen alusión a los incendios que han arrasado numerosas regiones de diversos países y a factores climatológicos adversos, como las sequías de los últimos años, que han modificado los calendarios de floración de las plantas. Este programa establece las líneas de investigación y acción para lograr un establecimiento y recuperación de las poblaciones de abejas en el mundo.

Entonces, jefes de Estado, gobernadores, alcaldes, legisladores y todas las demás autoridades en los diversos niveles del poder, a iniciar campañas que eviten que al planeta se le agoten las fuentes de suministro de elementos necesarios para el sustento de la vida.

Nueva York, 22 de julio del año 2013

El racismo no ceja

En mayo del 2012, el diputado antioqueño del partido liberal, Rodrigo Mesa, afirmó en la discusión del Plan de Desarrollo de su  departamento, que «invertir en el Chocó es como echarle perfume a un bollo», esto desató una intensa polémica en la cual, unos protestaban por el desdén ofensivo de la malhadada frase y otros en razón del color de piel de los ofendidos.

Estas desafortunadas palabras, le ocasionaron al imprudente diputado una sanción de 13 años de suspensión en su condición de ‘servidor’ público; sanción que la misma procuraduría, dentro de su actitud consuetudinaria a cohonestar toda arbitrariedad en sus conmilitones, rebajara días después a solamente 5 meses.

En el caso Colmenares, la investigación no avanza dada las diferencias económicas  entre acusadores y acusados y, entre vueltas y revueltas, la impunidad se enseñorea cada vez más y ya está por cumplir 2 años.

Pues bien, sin en Colombia llueve, en Estados Unidos no escampa. En febrero del 2012, en Sanford, Florida, George Zimmerman, celador de un conjunto cerrado mató de un disparo a Trayvon Martin, un joven negro de 17 años, por el simple hecho de haber sospechado el celador blanco de que el joven negro, por su caminado balanceado y la capucha que lucía por el frío intenso del invierno, podría ser un asaltante.

Luego de 17 meses de interrogatorios a testigos y a familiares y amigos de las partes, un jurado compuesto por 6 mujeres, 2 de ellas negras, declaró a Zimmerman no culpable del delito de asesinato.

Muchas personas, tanto blancas como negras, han coincidido en la apreciación de que si el color de piel del homicida y la del muerto, hubiesen tenido el color inverso, el homicida habría estado purgando, desde hace meses, prisión por asesinato en primer grado.

Pero allí no terminan los ejemplos de intolerancia nacida por el color de la piel de la otra persona.

Hace apenas una semana, Steve King, ‘honorable’ representante por el Estado de Iowa, al hacer mención a la discusión sobre las modificaciones a las leyes migratorias en Estados Unidos, dijo textualmente a la revista virtual Newsmax: “Los inmigrantes están socavando nuestra cultura y civilización y beneficiándose de actos criminales. Por cada graduado de preparatoria, hay otros 100 por ahí que pesan 130 libras y tienen tobillos del tamaño de melones por estar acarreando 75 libras de marihuana por el desierto. Esa gente será legalizada bajo esta ley”.

Esta infame declaración es el producto del odio racial que este individuo siente por los latinos; porque es bien sabido que en EE UU los europeos, los japoneses, los surcoreanos y demás habitantes de sus países aliados e, incluso, los renegados de las naciones enemigas, como Cuba, son recibidos con los brazos abiertos y, casi que de inmediato, se les otorgan todos los beneficios que la ley permite.

Sin embargo, a los inmigrantes latinos les ponen todos los obstáculos posibles. De ahí que el presidente Obama y los congresistas demócratas estén interesados en la enmienda a la ley migratoria.

Pero, como quiera que estas modificaciones irán a beneficiar a las minorías mestizas, entonces individuos de talante bellaco, como el tal King, arremeten de cualquier forma contra esta posibilidad, sin pensar que sus palabras ofenden a muchos y así se ganan el menosprecio y la censura de toda persona sensata y tolerante. La ironía es que EE UU es un país de inmigrantes.

Nueva York, 29 de julio del año 2013

La guerra y la tierra

Todas las guerras que en el mundo han sido, se originaron por la codicia de algunos por tener la tierra de otros. Y cuando hablamos de guerras, nos referimos no sólo a las ocurridas entre naciones, sino también a las acaecidas en un mismo territorio; son las que fraguan y fomentan aquellas personas ávidas de poseer más de lo heredado; casi siempre, tierra.

Ahora bien, como para promover una guerra, se necesitan armas, pues qué mejor que tener de aliados a quienes las poseen o, en su defecto, mantener su propia gente armada. Lo demás, es obra de carpintería. O, sería mejor decir, ¿obra de ferretería? Porque, casos se han visto en los cuales las víctimas del despojo, terminan aserradas.

El anterior exordio sirve de apertura al comentario sobre el informe del grupo de Memoria Histórica adscrito a la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

En dicho informe, la comisión encargada de redactarlo, señala cómo esta guerra intestina en Colombia (a la que algunos le adjudican 60 años de existencia, pero que otros creemos que, en realidad, ya dura 200), no sólo ha desangrado la economía del país, sino que (y esto es lo peor) ha dejado centenares de miles de muertos, millones de desplazados y multitud de familias en la miseria y en el abandono.

Lo paradójico de esta situación radica en el hecho de que el 81,5% de las víctimas son civiles ajenos al conflicto, en tanto no lo desearon ni lo buscaron ni, mucho menos, lo alimentaron; la gran mayoría de los muertos, no fueron más que el trofeo que los victimarios necesitaban mostrar o eran el obstáculo que se interponía entre el codicioso y el objeto del despojo.

Dentro de este cuadro de sangre, en el que las masacres fueron parte del teatro de operaciones de esta guerra fratricida, el 81,6% de ellas las cometieron quienes apoyaban a los codiciosos que anhelaban dilatar los límites de sus propiedades.

En cuanto a los asesinatos selectivos (otras de las formas de hacer desaparecer al estorbo que impedía el latrocinio), el 52,5% los realizaron los que querían ‘imponer el orden’.

En cuanto a las desapariciones forzadas, los honores se los reparten la fuerza pública, con un 49,4% y los paramilitares (pisándoles los talones) con el 48,3%.

Los secuestros (otra de las formas de violencia), la medalla de oro es para la guerrilla con el 90,6%.

Lo triste, como se dijo en párrafos anteriores, estriba en el tipo de personas que conforman el grueso de las víctimas (campesinos, sindicalistas, soldados, policías, guerrilleros, combatientes paramilitares y tantos más),pertenecientes a las clases menos favorecidas a través de todas las épocas.

Por eso, sorprende (por decir lo menos) la actitud casi asesina de quienes se oponen a la paz.

La única razón de este absurdo proceder, debe ser el utilitarismo que deben derivar de la guerra o, peor aún, el obcecado sectarismo, producto de la intolerancia.

¡Qué Dios los perdone!

Nueva York, 5 de agosto del año 2013

La amistad y la felicidad

Conferencistas, oradores, psicólogos, sacerdotes, escritores, columnistas y tantas otras personas que se dedican a ir por la vida tratando de orientar a sus semejantes, han tocado -así sea una sola vez, en público o en privado- estos dos interesantes temas que, por demás, se coadyuvan entre sí.

Empecemos por la amistad, la cual no es fácil definir, pues cada quien se relaciona con las demás personas de manera diferente. Sin embargo, la amistad nace en quien la inspira, aun cuando brota en la otra persona. A partir de ese momento, debe volverse recíproca para que pueda subsistir; pues de no ser así, pronto morirá.

De otro lado, la intensidad de la amistad no depende de la frecuencia del trato entre las dos personas, sino del vigor del lazo que las una. Así, los amigos podrán dejar de verse durante años, pero si los liga una amistad sincera, ésta no disminuirá con la ausencia; más aún, la distancia puede llegar a ser el incentivo que mantenga viva la empatía, ese sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.

Por eso, la amistad involucra otros sentimientos volitivos: la confianza que, de manera evidente, debe de ser mutua, para poder compartir aspectos de la vida, sin temor a la traición; la sinceridad que impide toda clase de fingimiento entre los amigos, y el afecto que le da solidez a todo lo demás, pues de este último surge la comprensión que permite aceptar las imperfecciones del amigo, para que éstas pesen menos que sus virtudes y, por último, la solidaridad que facilita la colaboración mutua en las personas, porque es el sentimiento que mantiene a los seres humanos unidos en todo momento, sobre todo cuando se viven experiencias difíciles de las que no resulta fácil salir.

Cuando estos parámetros se dan entre dos personas, hay una verdadera amistad.

Hablemos ahora de la felicidad, ese sentimiento anhelado por cada individuo sensato; es una palabra derivada del latín felicitas, que significa feliz, fértil, fecundo, que define el estado emocional que se genera en el individuo que cree haber alcanzado una meta deseada, que propicia una paz interior y estimula la búsqueda de nuevos propósitos, dentro de una sensación interna de satisfacción y alegría.

Sobre ella se han escrito miles de tratados y se la ha definido de muchas maneras. Y no obstante haya tenido tantas definiciones, podríamos resumirlas todas, diciendo que la felicidad no consiste tanto en tener, como en saber valorar lo que se tiene. Por eso personas, cuyas posesiones son incontables, son infelices o, en el mejor de los casos, no son tan felices como otras que apenas poseen lo necesario para vivir. Tal vez, esa sea la razón que ha llevado a los encuestadores a afirmar que Colombia es un país de personas felices.

Pero, al principio se dijo que la felicidad y la amistad colaboran entre sí.

Esto es cierto, pues si a esta última se la considera una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría de las personas tiene en la vida y está enmarcada por la confianza, la sinceridad, el afecto, la comprensión y, sobre todo, la solidaridad, eso significa que quien tiene una buena amistad, posee el mayor de los tesoros y de ahí, a ser feliz, no hay sí no un paso.

Nueva York, 12 de agosto del año 2013

Encubrimiento

En Colombia hay expertos en ocultar noticias o, en el más leve de los casos, sacarlas de contexto. Hace unos meses, Jorge Visbal Martelo fue llamado a responder por la promoción de grupos paramilitares, a raíz de que Iván Roberto Duque, alias ‘Ernesto Báez’, lo señalara ante la Corte Suprema de Justicia. El Tribunal compulsó copias a la Fiscalía para que lo investigara y, en una decisión tomada por el propio vicefiscal general, Jorge Fernando Perdono, se confirmó la resolución de acusación y el ex embajador de Colombia en Perú y ex presidente de Fedegán, debe afrontar un juicio por el delito de concierto para delinquir por nexos con jefes paramilitares, desde los años 1997, hasta que se produjo la desmovilización del grupo paramilitar.

Con base en las declaraciones de ‘Baez’, la Fiscalía ordenó practicar en Estados Unidos, entre otras pruebas, las declaraciones de Salvatore Mancuso y Diego Fernando Murillo, alias ‘don Berna’. Mancuso dijo que Visbal Martelo asistió a varias reuniones en compañía de otros jefes paramilitares. También habló sobre una reunión en el Nudo de Paramillo celebrada en 1998. En ese tipo de reuniones, relató Mancuso, participaron otros jefes paramilitares como Carlos y Vicente Castaño, ‘Jorge 40’ e incluso ‘Don Berna’.

“En algunas ocasiones Visbal asistió solo; aunque normalmente, casi siempre, venía acompañado por Sabas Pretelt”, señaló Mancuso y agregó: “El doctor Visbal nos traía informaciones y sugerencias de algunos ganaderos que decían (sobre las áreas nuestras de influencia donde tenemos presencia como ganaderos, donde estamos desarrollando nuestra actividad agropecuaria y tenemos demasiada presencia de guerrilla), ¿cuándo las autodefensas ingresarán a esas regiones?” Según Mancuso, Visbal Martelo mostraba interés por la expansión de los paramilitares. “Y nosotros dentro de los planes estratégicos que teníamos de crecimiento, se le explicaba al doctor Visbal Martelo cuál iba a ser el ritmo de crecimiento, si teníamos algún tipo de expectativas o de misión dentro de ese plan estratégico de llegar a esas regiones o si no teníamos expectativas de llegar hasta allá”.

Como quiera que la corte Suprema de Justicia considerara que el proceso radicado en un despacho judicial de Montería (área de influencia del sindicado), no daba suficientes condiciones de seguridad, decidió trasladar el sumario al Distrito Judicial de Bogotá. Al ordenar el traslado, la Corte afirmó que, “Ese similar modus operandi de las organizaciones al margen de la ley para atemorizar, desaparecer, asesinar, torturar y desplazar a la población, cuya pertenencia es precisamente lo que se le endilgó a Visbal Martelo, en cuanto asesoró y sugirió la expansión del accionar paramilitar, permite fundadamente acceder al cambio de radicación solicitado.”

Sin embargo, esa noticia no tuvo la divulgación necesaria y pronto, muy pronto, no se volvió a saber nada del caso Visbal Martelo.

Nueva York, 19 de agosto del año 2013

La estratificación rural

Por lo menos, desde la llegada de los españoles a estas tierras, el área rural estuvo en manos de dos clases muy bien diferenciadas, a saber: amos ricos y siervos pobres. Estos últimos trabajaban para los primeros. Esta estratificación aún continúa; sólo que algunos pobres ya no son tan siervos y trabajan para sí mismos.

No obstante, el Estado colombiano, gobierno tras gobierno (unos más que otros) han buscado siempre el favorecimiento para los amos ricos, aun en detrimento de los pobres. Nada más ver el caso de la minería y enseguida se encuentran las múltiples diferencias que van, desde la legislación que regula y privilegia la minería en manos de los ricos, hasta el abandono y la persecución a los mineros pobres; todo con la falacia de que estos maltratan el medio ambiente y aquellos lo protegen, cuando toda Colombia sabe que es al contrario; pues más daño le hacen al ecosistema las grandes empresas mineras que el que le puede infligir la minería artesanal.

Si se da una ojeada al agro, se encuentra la misma situación separatista: los grandes consorcios agroindustriales poseen las mejores y más extensas tierras, con excelentes vías de comunicación que permiten el ingreso de insumos y la sacada de productos y ni qué decir de las copiosas exenciones tributarias de que gozan, amén del proteccionismo estatal en las relaciones laborales de estas grandes empresas agrarias con sus trabajadores.

Mientras tanto, el campesino pobre, aquel que cultiva para subsistir, carece de protección; no tiene vías de acceso y, si las hay, están en pésimas condiciones; debe comprar insumos a altos precios y, con los tratados de libre comercio, debe adquirir las semillas con las multinacionales, pues le está prohibido usar las de su cosecha.

También, con los TLC, el producido de las parcelas en manos de los campesinos pobres, está mal retribuido; pues él no tiene los mecanismos necesarios para regatear e imponer precios de venta que le favorezcan y, por tanto, tiene que aceptar lo que el intermediario (muchas veces, acaparador y cicatero) le ofrezca.

Como si fuera poco, su acceso al crédito bancario (sobre todo ahora, cuando hay monopolio en esa área) está muy restringido, en razón de los excesivos requisitos impuestos por quienes tienen la sartén por el mango y, también, por el alto costo del dinero obtenido a través de créditos (seguro, por la misma razón monopolística).

Entonces, esa olla de presión, sin ninguna válvula de escape dentro de su conformación, debía explotar. Ahí está la consecuencia; una parálisis agraria que, así el gobierno haya tratado de negarla, se vive y se padece; sobre todo y como siempre, por las clases media y baja. Pues, como decía una encopetada dama en la caricatura de Nani, en El Espectador del pasado viernes: “A mí no me afecta el paro nacional agrario, pues yo no compro en la plaza de mercado; yo compro en el centro comercial.”

Los únicos felices con el paro, son los enemigos de la paz y la concordia en Colombia y todos aquellos que pescan en río revuelto; más ahora que se avecinan las elecciones.

Valledupar, 2 de septiembre del año 2013

Hasta que saltó la liebre

Ya desde principios de los años ochenta, cuando fuera director de Aerocivil, eran muchos los colombianos que sospechaban de las buenas intenciones de Uribe; pues entonces fue señalado como, al menos, complaciente con el narcotráfico, ya que fueron bastantes las pistas de aterrizaje que los Ochoa, Pablo Escobar y demás socios, habían construido y la autoridad correspondiente -Aerocivil- se hacía la de la vista gorda al respecto.

Después, durante su administración como gobernador de Antioquia, enero de 1998 y agosto de 2002, ocurrieron tantos hechos delictuosos (creación de las Convivir, las masacres de El Aro e Ituango, y los restantes desmanes cometidos por los paramilitares), sin que el flamante gobernador se inmutara, mientras muchos colombianos se sentían extrañados ante tanta pasividad. No menos graves fueron los hechos cometidos en la hacienda Guacharacas, de propiedad de la familia Uribe Vélez, durante la égida paramilitar.

Como si lo anterior fuera poco, en los ocho ominosos años de su paso por la presidencia del país, los desafueros orquestados, que la Corte Suprema de Justicia, los opositores a su gobierno, los periodistas independientes y tantos otros, tuvieron que padecer por culpa del DAS y demás personajes adeptos (o, ¿abyectos?) al régimen, mientras el ‘señor’ presidente miraba para otro lado.

Ahora, cuando la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, por intermedio del magistrado Rubén Darío Pinilla Cogollo, señaló que existen indicios para demostrar los nexos del ex mandatario con los paramilitares, éste impávidamente se extraña y se enfurece contra el alto tribunal, de manera tan desobligante, pues hasta llegó a decir en uno de sus “trinos” que “los delincuentes pretenden mancillarme.”

Ante esta afirmación, por demás temeraria, el magistrado Pinilla dijo:“No puede ser que ignorara todo lo que estaba sucediendo en esos casos, o todos esos hechos se cometieran a sus espaldas, como tantos otros que se atribuyen a sus colaboradores más cercanos y que tampoco podía ignorar”.

Más aún, de acuerdo al magistrado, Uribe fue informado de la masacre que los paramilitares cometieron en El Aro e Ituango, en octubre de 1997 y, a pesar de ello, no se apoyó a la comunidad durante siete días y, posteriormente, Uribe desmintió las denuncias de lo ocurrido.

Pero, dada la desfachatez habitual en este individuo, no debería extrañarnos que haya respondido con tanto cinismo para defender a sus colaboradores inmersos en estas acusaciones, pues aún están frescas en la mente de los colombianos sus palabras, cuando le informaron sobre la acusación contra Jorge Noguera, ex director del DAS condenado después por sus relaciones con el Bloque Norte de las AUC, y de quien dijera (no se sabe si para restarle importancia al prontuario del sujeto, o con el fin de minimizar su complicidad): “Raro, si es tan buen muchacho”.

O cuando María del Pilar Hurtado, huyó para asilarse en Panamá, al verse comprometida con las interceptaciones telefónicas ilegales realizadas a opositores del Gobierno, magistrados, periodistas y otros, dijo sin siquiera inmutarse y mucho menos sonrojarse: “esta señora, honorable, es víctima de las influencias que de vieja data han tejido en el DAS grupos criminales”.

Valledupar, 16 de septiembre del año 2013

El sistema político republicano en Colombia

Hace doce años, por estas calendas, publiqué la columna que hoy me permito repetir, pues no ha perdido vigencia. Dado su tamaño, saldrá en dos entregas.

Como quiera que el texto es totalmente mío, voy a obviar las comillas:

El estado social está fundamentado en la voluntad popular dentro de un sistema político republicano, que permite la formación de un estado de derecho establecido con el fin de velar por la vida, honra y bienes del ciudadano.

Dentro de este orden de ideas, el Estado debe velar porque el nivel de vida de sus asociados sea el mejor y las necesidades básicas y fundamentales, como lo son la salud, la educación, el empleo y la vivienda, les sean garantizadas a todos los habitantes de un país.

El sistema republicano, como sistema político, crea dependencia en sus asociados, puesto que éstos le deben obediencia. Los sistemas políticos son instrumentos del Estado, el cual es una institución pública de acción continua que, mediante la aplicación de la ley, logra su perpetuidad.

El sistema republicano se mantiene gracias al sistema electoral, el cual se alimenta con el sufragio; a éste concurren las diferentes clases sociales, con el fin de elegir a los cargos públicos, la mayoría de las veces, a la clase de alto estrato socioeconómico. A la elección rara vez se postulan miembros de la clase trabajadora, dados los altos costos de las campañas políticas; a menos que un trabajador, gracias al cariz de liderazgo que tenga, pueda servirle a un político tradicional para atraer votos y usarlo como escabel en cuyo caso, el político financiará la campaña del trabajador. Esta recurrencia a la clase media, se obvia cuando el aspirante ha heredado el feudo.

El sistema político electoral colombiano se encuentra dividido en dos grandes vertientes: la rural y la urbana; la primera está comandada por los gamonales, quienes poseen la tierra en la provincia y, por consiguiente, el poder; éste les permite perpetuarse, de grado o por fuerza, en forma directa o por interpuestas personas, en la dirigencia de la política de su respectiva región.

La política electoral urbana la comandan los clientelistas, quienes a través del ofrecimiento de cargos públicos y otras prebendas, logran mantener cautiva una clientela para las elecciones. Al clientelismo le es fácil lograr lo anterior, gracias a su capacidad para mantenerse en el poder; con lo cual administran, como si se tratara de una empresa privada, las dependencias del Estado; al que convierten, así, en una gran agencia de empleos.

Por otro lado, cuando un individuo, por fin, es elegido para un cargo público, ha invertido en el intento una considerable suma de dinero; por consiguiente, al empezar a manejar el presupuesto oficial cree, equivocadamente y de manera deshonesta, que podrá recuperar su inversión, entrando a saco al erario; además, en las futuras elecciones, tendrá asegurada, así, su reelección.

Valledupar, 23 de septiembre del año 2013

El sistema político republicano en Colombia II

Hace ocho días se mencionaba cómo al clientelista y al gamonal, una vez lograda su elección, les quedan expeditas las siguientes reelecciones, gracias al uso indebido y, por consiguiente, deshonesto, que hacen del presupuesto a su cargo y del tráfico de influencias, en el cual se vuelven expertos.

Aunque evidentemente hay excepciones, son tan poco numerosas y además silenciosas, que su buena voluntad y su honradez acrisolada, se ven opacadas por la acción de gamonales y clientelistas, quienes también, como para tener mayor certeza en el triunfo electoral, obtienen ayuda financiera del sector empresarial; el cual, al invertir en las campañas políticas, obtiene un seguro que le garantice que el Estado, en sus diversos niveles y divisiones del poder, no atentará contra sus intereses; sino que, por el contrario, velará por ellos. Algunos, no sólo deshonestos, sino también inmorales, reciben dineros de empresas ilegales; otros más taimados, acuden al fraude electoral, en sitios donde la labor de verificación y control sea menor o no exista.

Todo esto, a la larga, desvirtúa la acción del Estado; haciéndole perder de vista su objetivo primario y, por consiguiente, su principal propósito: conseguir el bienestar de sus asociados, mediante la redistribución social del ingreso y, además, poder vigilar y controlar la recaudación tributaria en forma tal que los poderosos, al tributar más, sufraguen a quienes no pueden hacerlo o a quienes sólo pueden tributar en menor escala; y no como sucede en la realidad: donde solamente tributa la clase trabajadora; ya que los empresarios, grandes, medianos o pequeños, trasladan injustamente, al precio de venta de bienes o servicios, el monto de los impuestos con que son gravados y, esto cuando lo son; porque en muchas ocasiones, a los amigos que los ayudaron a obtener el triunfo, los gobernantes los exoneran del pago de tributos.

De no existir control estatal al respecto, el tesoro público se convierte en un saco roto, que nunca tendrá los fondos necesarios para satisfacer los planes de inversión y desarrollo que el país requiere para salir de su atraso consuetudinario y ni qué hablar de los municipios que administran regalías; allí el desfalco es el pan de cada día.

Y si, a lo anterior, le agregamos la inclinación de la mayoría de los votantes, en quienes tienen más ascendiente el corazón, el bolsillo o el estómago que el cerebro, porque su pensamiento los lleva a considerar el beneficio particular e inmediato y no el bien colectivo y futuro, encontramos electores que muchas veces votan por la persona que les cae bien o más se acerca a sus afectos o les ofrezca gajes efímeros y no por aquel que haya de traer desarrollo al país o la región en la que habitan y, a la vez, morigere las costumbres, con el fin de ir buscando el camino que nos permita salir de la corrupción administrativa que nos agobia y su natural secuela, la impunidad.

Valledupar, 30 de septiembre del año 2013

Por la boca muere el pez

El adagio en mención, tiene en nuestro idioma un origen antiquísimo y se usó en sus comienzos para señalar al codicioso que, con tal de alcanzar sus objetivos (sin importarle lo amorales que estos pudieran ser), no se arredraba por decir mentiras o perjurar, con tal de salir del paso y lograr lo propuesto; solamente que, con el correr del tiempo, su falsedad saldría a la luz y su mendacidad quedaría al descubierto; por aquello que reza otro conocido aforismo: “primero cae un mentiroso que un cojo”.

Ahora bien, ¿por qué el adagio que sirve de mote a la columna de hoy, tiene connotaciones con la avaricia? Porque el pez, llevado de la gula, no mide el peligro que significa la carnada y, entonces pica el anzuelo y eso lo lleva a una muerte segura.

Este exordio sirve para señalar que los hombres públicos deben medir muy bien sus palabras, so pena de caer en su propia trampa al ver que lo dicho en algún momento, se les devuelve como un búmeran y los arrastra a situaciones en las cuales deberán afrontar las consecuencias.

Pues bien, cuando se desató el escándalo por lo del espionaje de parte de la policía secreta en contra de la Corte Suprema de Justicia, la que para esas calendas fuera la directora de ese organismo, decidió huir de la justicia y se asiló en Panamá.

Como quiera que ahora no se  trata de analizar la legalidad o ilegalidad de los actos de la susodicha funcionaria, sino ver cómo una opción circunscrita como defensa de  los perseguidos políticamente, fue usada para evadir delitos comunes y, cómo su jefe en los momentos de la comisión de los actos ilícitos, por los cuales se acusaba a la ya mencionada funcionaria, salió a defenderla y a lamentarse por no haberles aconsejado a otros de sus subalternos, reos de la justicia, para que hubieran tomado el camino del exilio, cuando aún no habían sido puestos tras las rejas.

No obstante, cuando fue inquirido por algún acucioso periodista, negó esta última afirmación.

Sin embargo, ahora cuando uno de sus hermanos está siendo investigado por la presunta comisión de delitos de lesa humanidad, lo traicionó el subconsciente y declaró, entre otras cosas, que “si no [logra demostrar su inocencia], le va a tocar buscar asilo político…”

Por eso, algún pensador señaló acertadamente (hay quienes dicen que fue Gandhi): “Somos dueños de nuestro silencio, pero esclavos de nuestras palabras.”

Valledupar, 7 de octubre del año 2013

Prevaricador

El vocablo prevaricar viene del latín praevaricari, que significa “sutilezas” y se usa para describir la connivencia de un juez con una de las partes, al momento del litigio, lo que lo induce a emitir a sabiendas una sentencia sesgada; faltando, así, al deber y a la función establecida a su cargo, en razón de la equidad y la justicia debidas a éste; vale decir, el juez mediante argucias se tuerce, se desvía sutilmente del camino correcto.

Como quiera que esta palabra se formó con el prefijo prae (delante de, a causa de) y varicari (renquear, torcer), derivado de varicus (el que anda torcido), el verbo que surgió, antes de tomar su sentido jurídico, fue una expresión que servía para designar la acción de torcerse y desviarse del surco al momento de la labranza; es razonable  que, con el paso de los tiempos, acabara por significar “salirse de la norma moralmente recta”.

Pues bien, por extensión, todo aquel funcionario (no importa a cual rama del poder pertenezca, ni el nivel de su cargo, ni tampoco si fue elegido o nombrado), que llega a torcerse, a desviarse del sendero correcto que la moral dicta, termina por convertirse en un prevaricador.

Entonces,a- si el representante a la Cámara, Iván Cepeda Castro, denunció que entre los años 2007 y 2009, el entonces presidente Álvaro Uribe tomó varias decisiones relacionadas con el manejo de los Distritos de Adecuación de Tierras o de Riego, que terminaron beneficiando 59 predios suyos y de su familia (1.469 hectáreas), ya que se otorgó un presupuesto mayor al distrito de riego Mocarí, del cual se benefician, con detrimento de los demás distritos en otras regiones del país.

b- Si los 59 terrenos están a nombre de la familia Uribe Moreno y de la Agropecuaria El Ubérrimo S.A.S. (cuyos socios son Lina Moreno, Jerónimo y Tomás Uribe), y las zonas de influencia del Distrito de Riego, situado en los municipios de San Carlos, Montería, Cereté y Ciénaga de Oro, recibieron alrededor de 1.410 millones de pesos para su adecuación.

c- Si mediante el Decreto 732 de 2008, el Gobierno del momento se atribuyó la facultad de escoger los proyectos de adecuación de tierras, con el criterio de que fueran terrenos activos en materia agropecuaria, con el fin de fomentar la generación de ingresos a los dueños de los terrenos mencionados.

d- Si el gobierno de Uribe, a través del Incoder, celebró cinco convenios con Corpoica, cuyo director, en ese momento era Arturo Enrique Vega Varón, amigo cercano de Uribe, quien permitió que el gobierno de su jefe, lograra la rehabilitación, complementación, administración, operación y conservación de los distritos, desviando así el objeto misional de dicha entidad, de acuerdo a una auditoría de la Contraloría General publicado en 2011, puesto que Corpoica destinó el 40% del presupuesto de los 11 Distritos de Adecuación existentes en el país al Distrito Mocarí, es decir, 5.800 millones de pesos.

e- Si con esa “sutileza”, Uribe aprovechó su situación de presidente para favorecerse, afectó el patrimonio de la Nación y, de paso, perjudicó a un sinnúmero de agricultores, entonces, ¿ese individuo será prevaricador?

Valledupar, 14 de octubre del año 2013

El arte de escribir (*)

Hay quienes piensan que las manifestaciones del arte, tales como la pintura, la escultura, la música, la literatura (sea en prosa o en rima), deben enviar un mensaje al destinatario. Yo creo que no necesariamente debe de ser así. Pues el arte es también entretenimiento, es placer, es un lenitivo para el ocio y el aburrimiento y además para la soledad.

Por eso, no siempre un escrito debe ser didáctico; en ocasiones, el autor sólo ha pretendido entretener su propio ocio o el del lector y de ahí, de esa intención, han surgido muchas de las grandes obras de la literatura universal; obras, cuyo propósito no era el de dar grandeza al escritor; ni mucho menos propiciar el conocimiento, sino llevarles momentos de solaz a sus casuales lectores, amén de transmitirles el buen estilo literario; sí que también, inhibir su propia melancolía.

Ahora bien, hay artistas a quienes las musas aman; a ellos se les facilita trasladar al lienzo la belleza que bulle en su imaginación; tienen el talento para convertir la materia inanimada en una obra capaz de conmover al espectador; son capaces de convertir los sonidos que se agitan en su alma, en los más melodiosos arpegios con los que cautivan al oyente; o tienen la potestad de verter en el más lindo poema la tempestad que agita su alma; o, también, como lo hace Mary Daza Orozco, bruñir con el buril de su imaginación el bosquejo de un cuento, la trama de una novela, la fantasía de una leyenda.

Sí, porque las novelas de MDO, son eso: verdaderas obras de orfebrería. Su imaginación desborda la expectativa del lector y lo atrapa, de tal manera, que éste no podrá cerrar el libro hasta que lo haya concluido. Mientras no llegue a la última página, al último capítulo, al postrer párrafo, no tendrá ánimos para soltar el libro.

En la obra que hoy presenta a la audiencia aquí reunida, y cuya revisión tuve el privilegio de realizar, dejó desbordar su fantasía de escritora y conduce al lector por diversos escenarios, por diferentes situaciones que deben sufrir (o gozar, según sea el caso), los protagonistas de la misma.

Si su anterior novela, era poesía escrita en prosa, ésta “Lo que tú quieras”, es verdadera ficción literaria; esa literatura de ensueño, de la cual dijera Dostoievski: “No hay una voz dominante del autor. Cada personaje presenta una versión diferente de la realidad.”

Alguna vez, hace varios años, para satisfacer una tarea de una de mis nietas, escribí esta poesía al arte, que dedico a Mary, en el lanzamiento de su última novela:

El arte es la expresión del alma, / es la manifestación del sentimiento/ que acalla del corazón el sufrimiento/ y hasta nos hace recobrar la calma.

Si admiramos una exótica pintura / o escuchamos un canto celestial, / recordamos que nuestra alma es inmortal  / y olvidamos de la vida la amargura.

Un lindo poema nos estremece el corazón / y nos extasiamos ante una magnífica escultura, / la danza nos llena el alma de dulzura / y un buen libro nos desborda de emoción.

Las artes nuestro espíritu enaltecen / y hasta nos hacen remontar al cielo, / colman de por sí, el más grande anhelo, / cuando nuestra humilde naturaleza ennoblecen.

Quien desprecia el arte desestima la cultura / aunque ignore, tal vez taimadamente, / que todo aquello que exalta nuestra mente / motiva al espíritu para que corteje a la hermosura.

Cultiva un arte y desterrarás la soledad, / el hastío, el tedio o la melancolía / y alcanzarás así, lo que todo ser ansía: / un pasaporte hacia la eternidad.

(*) En la  presentación del libro de MDO.

Valledupar, 21 de octubre del año 2013

¡Qué vergüenza!

Cuando terminé de escribir esta columna, iba a ponerle como título “Y, ¿si la sal se corrompe?” Pero enseguida me acordé de que hace unos años, en una de mis columnas utilicé ese mote, a raíz de la corrupción administrativa que, para esa época,  se enseñoreaba del país. Entonces, para no ser repetitivo, lo cambié por este más gráfico, en tanto ese es el sentimiento que comparte la mayoría del pueblo colombiano, luego del escándalo suscitado cuando la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, le solicitó al Consejo Seccional de la Judicatura de Bogotá, “investigar a dos jueces de control de garantías, que fueron capturados el pasado jueves en el complejo judicial de Paloquemao por, presuntamente, manipular y direccionar sumarios con el fin de beneficiar a un grupo de procesados a cambio de  dinero.”

La medida también cobijó a  nueve funcionarios de la rama judicial, entre los que se encuentran secretarios de despacho, notificadores y empleados del Centro de Servicios Judiciales de Paloquemao, quienes fueron detenidos por agentes de la Dijín y de la Fiscalía General.

La vergüenza sufrida por el país nacional es similar a aquella que padeció ‘el país vallenato’, cuando la pléyade de su dirigencia salió a recibir a Jorge 40, al decidir éste entregarse a las autoridades judiciales, ignorando aún el sindicado que sería traicionado por el gobierno del momento. Hubo oprobio vallenato, en tanto el ‘homenajeado’ era un individuo sub judice.

Pero, bueno, volviendo a los jueces y funcionarios corruptos, la pregunta obvia es la  misma que se hiciera Cristo: «Y, ¿si la sal se corrompe?», para significar que si se pervierten las personas encargadas de preservar algo contra la contaminación, lo que se debía salvaguardar correrá la misma suerte; más aún, si alguien es el custodio de la integridad de algo, deberá ser con mayor razón persona íntegra cabalmente, de tal manera que no haya la menor sombra de duda sobre su probidad.

Porque, cuando el guardián de la Ley se sitúa al margen de esa ley, el desconcierto cunde y la sociedad se conturba.

Es evidente de toda evidencia, que la dirigencia colombiana (con contadas excepciones), en todas las ramas y en cualquiera de sus niveles, no es exactamente un paradigma de rectitud o de moralidad; porque, como tantas veces se ha dicho en esta columna, los funcionarios íntegros escasean.Sin ir muy lejos, en el Legislativo, se cuentan con los dedos de la mano los que pasan el examen de honradez y bonhomía. O si no, recordemos la fallida reforma judicial, el intento de aprobar el fuero militar, la extorsión que Santos hubo de pagar con la ‘prima especial de servicios’, para que le dieran pase a la ‘reforma’ a la salud. 

Más aún, en los dos anteriores cuatrienios, el Ejecutivo también quedó salpicado con la afrenta que la corrupción suscita. En ese momento, sólo las Altas Cortes se salvaron de la ignominia.

  1. S. Hablando de honradez, ¿cuándo se sancionará a los médicos que incapacitan a reos que gozan de buena salud, sólo para que evadan a la Justicia?

Valledupar, 28 de octubre del año 2013

¿Para qué quieren el fuero?

Desde cuando se denunciaron los ‘falsos positivos’, los juicios para resolver la inocencia o la culpabilidad de los vinculados a ellos, han avanzado a paso de tortuga; más aún, la aberración es tal, que muchos de los sindicados detenidos ‘purgan condena’ en verdaderos hoteles como ‘Tolemaida Resort’, en donde más que reclusos, parecen veraneantes.

De los más de 1.000 vinculados, los pocos condenados (apenas un 10%, aproximadamente) son, en su mayoría, oficiales de baja graduación (de capitanes para abajo), suboficiales y soldados. En buen romance, los autores intelectuales siguen impunes; pues, si acaso son mencionados, no faltan los jueces -y hasta los magistrados- que se apresuran a salvarlos.

En enero del 2010, un juez de Soacha, ordenó la libertad de 17 militares implicados en el asesinato de varios jóvenes asesinados fuera de combate y presentados como guerrilleros abatidos. Estos militares, estaban “recluidos” en la Escuela de Artillería de Bogotá.

En mayo de 2013, el cabo tercero del ejército Jhon Lewis Rivas, adscrito, para el año 2008, al Batallón de Infantería General Santander, con sede en Ocaña, confesó como él y otros uniformados, incluidos dos generales, mataron a doce civiles inocentes y los disfrazaron de guerrilleros. Según documentos oficiales, Rivas pertenecía a la oficina de gastos reservados de ese batallón, desde donde se pagaban las recompensas por la muerte de guerrilleros. El cabo Rivas señala con nombres propios a varios mayores, coroneles y generales, que firmaban las mencionadas actas.

Sin embargo, todos gozan de libertad y si acaso estn privados de ella pasan vacaciones en guarniciones militares.

Nada más, a principios de agosto de este año, la revista Semana divulgó el escandaloso desorden en el Batallón de Policía Militar Número 13. Allí, se encuentran recluidos más de un centenar de militares procesados y condenados por graves crímenes, entre ellos los denominados ‘falsos positivos’. Allí se encuentran algunos de los oficiales más emblemáticos y polémicos de los últimos tiempos, como el general Rito Alejo del Río y el coronel Hernán Mejía, entre muchos otros. Es decir lo más granado del ‘oficialato’ que ha caído en ‘desgracia’. 

En teoría, los uniformados están detenidos en el Centro de Reclusión Militar (CRM) que se encuentra en el corazón de ese batallón. En el papel, se trata de un lugar donde la disciplina y el rigor militar se aplican al extremo. Pero las cosas no son como parecerían y, en los últimos años, uno de los secretos mejor guardados en el Ejército es lo que ocurre en esa cárcel militar, que hace parecer a lo de Tolemaida como un juego de niños. Y para colmo, salta la liebre del caso del  magistrado Villarraga y el coronel Robinsón González.

Ahora bien, si los presos militares se pasan por la faja las leyes y la justicia está destruida, la reforma al fuero militar viene siendo un formulismo inútil, porque está mucho más ampliado de lo que nunca nos imaginamos.Entonces, ¿por qué el desgarre de vestiduras del ministro Pinzón y de algunos políticos?

Valledupar, 4 de noviembre del año 2013

El mago de la hipocresía

Si hipócrita es aquel que actúa fingiendo y aparentando ser lo que no es, entonces Uribe y todos los que despotrican contra la paz, son unos redomados hipócritas.

Porque según la Misión de Observación Electoral (MOE), en Colombia no ha habido ningún funcionario con mayor número de acusaciones que el susodicho. Sobrepasan las 276.

Ningún gobierno había estado tan salpicado por la corrupción y por su hija bastarda, la impunidad, como el de ese individuo. La lista de imputaciones (chuzadas del DAS, Agro Ingreso Seguro, las “indelicadezas” de sus hijos y tantas otras), cuya sola enumeración requeriría de muchos folios, sobrepasa la imaginación de los mejores autores de ficción.

Ningún gobernante había tenido tantos tratos con delincuentes como el que ejerció el mando entre el 2002 y el 2010. El paramilitarismo, por boca de sus comandantes, habló de poseer el 35% del gobierno durante esos malhadados años. Porque no fueron solamente representantes y senadores; también hubo ministros, directores de agencias del Estado, gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, enlodados con la parapolítica y la narcopolítica.

Sus diálogos con los paramilitares sobrepasaron en tiempo y en familiaridad a cualesquiera otros. Duraron más de cuatro años y, la presunta contraparte del gobierno del momento, tenía a su disposición todo el territorio que quisiera; nada más su centro de operaciones, tomaba áreas de dos departamentos limítrofes. Más aún, hay quienes sostienen que, al lado de Ralito, El Caguán era lo más parecido a un noviciado.

Entonces, ¿con qué moral puede Uribe denostar del proceso de paz con la guerrilla? ¿Cómo puede hablar de concesiones a las Farc, si él todo se lo permitió al paramilitarismo?

Además, nadie ha podido vincular con la guerrilla a Santos o a otros ex presidentes, distintos a Uribe. En tanto que a él lo señalan como haber permitido (al menos eso), siendo gobernador de Antioquia, la creación de las Convivir, germen del paramilitarismo.

Y, si fuera poco, durante el mandato de algún presidente en ejercicio, el palacio de gobierno jamás había sido visitado varias veces, de noche y por la puerta trasera, por mensajeros de individuos al margen de la ley.

Ahora bien, ¿por qué al inicio de esta nota, se mencionan a los que despotrican contra el proceso de paz? Por la sencilla razón de que todos esos “muñecos de ventriloquía”, repiten como loras lo que su amo y señor les ordena.

Claro está, que hay algunos que lo hacen a motu proprio, porque en un eventual armisticio con la guerrilla, sus prebendas (muchas veces mal habidas), cesarían o, en el más leve de los casos, se verían menguadas. Y eso, no lo pueden soportar estos Marco Porcios de pacotilla.

Al fin y al cabo, ese es el procedimiento de la Fronda. Recordemos a Torres, Caldas, Tadeo Lozano y compañía, cuando lo del Florero de Lorente.

Valledupar, 11 de noviembre del año 2013

Falsos positivos de otra índole

Érase una vez, cuando el gobierno de Cesar Gaviria estaba en conversaciones con las Farc; todo iba bien, pues ya en Caracas se habían firmado algunas condiciones y los negociadores irían a Tlaxcala, México, dispuestos a consolidar ese anhelo soñado y esperado desde siempre, cuando un latifundista y “honorable” senador vitalicio, apareció secuestrado. De inmediato, Gaviria ordenó la total suspensión de los diálogos; pero por arte de birlibirloque, el latifundista de marras emergió de la nada, sano y salvo y dio declaraciones en donde reafirmaba el desgarramiento de vestiduras de los enemigos de la paz.

¿Cuántas muertes se habrían evitado, cuánto dinero invertido en la guerra se habría podido destinar al mejoramiento del nivel de vida de los menos favorecidos (la mayoría de los colombianos) de no haber ocurrido ese falso positivo político?

Años después, Pastrana quiso lograr la paz y, a pesar de tantos desafueros de las Farc, el país nacional, el pacifista, alimentaba esperanzas. Un buen día, otro senador fue secuestrado. En seguida, los altos mandos militares forzaron al presidente a cerrar el camino del diálogo. Las muertes -obviamente de soldados (pueblo) y de guerrilleros (pueblo también)- continuaron y el desangre económico del país se acentuó, y volvieron a alejarse las posibilidades -si alguna vez las hubo- de redención social.

Demos un higiénico salto a los años de los dos gobiernos de Uribe y situémonos en el  período actual, el de Santos. ¿Serán meras coincidencias tantos atentados develados  a tiempo (sin ningún capturado), desde cuando se supo que había conversaciones de  paz con las Farc? ¿Tantos carros y cilindros bomba, desactivados “de manera controlada”, cada cierto tiempo, sin ninguna captura? ¿Será verdad que todos los días se escapan guerrilleros y se desmovilizan, así porque sí?

Y, como si todo lo anterior fuera poco, ahora cuando ya hubo acuerdo sobre el segundo punto de las negociaciones en La Habana y, al ver que el escándalo hipócrita por el descanso en el catamarán, no surtió los efectos esperados, el gran enemigo de la paz (por interpuesta persona, en este caso el estafeta de los generales, que posa y cobra sueldo de ministro), descubre que iba a ser asesinado por las Farc. Ni más ni menos igual al día en que -para desgracia de los colombianos, esos sí de bien- se posesionó, le iban a hacer un atentado a control remoto.

Tantas hechos con el mismo objetivo, no pueden ser jamás concordantes. Más aún, son más bien concomitantes con los deseos de los amigos de la guerra.

Todos estos casos, no son más que falsos positivos de otra índole.

  1. S. Mientras que en Colombia el hacinamiento carcelario es cada vez peor, en Suecia los crímenes han disminuido tanto, que se han cerrado cuatro cárceles por falta de reclusos. Indudablemente, eso comprueba que la equidad social, la democracia real (y no sólo formal, electorera), alejan a los ciudadanos del crimen. Con tanto dinero que se pierde por la corrupción, por la guerra interna, por el carrusel de las pensiones, las primas y los costos del congreso, los sobornos, los despilfarros en la salud, se mejorarían los estándares de vida y habría menos delincuentes para encarcelar.

Valledupar, 18 de noviembre del año 2013

Aprender a escribir

Ahora cuando se ha despertado en jóvenes y adultos el ansia de escribir, gracias al éxito de algunos autores locales y, ni qué decir de las glorias literarias de todas las épocas en todas partes, bien vale la pena acometer esta ingrata y, en ocasiones, ardua tarea de señalar algunas sencillas, pero no por eso menos necesarias pautas, que ayuden a los iniciados en este difícil, mas también gratificante, arte de escribir.

Primero, elija el tema sobre el cual quiere esbozar su pensamiento. Escoja algo sobre la cuestión que mejor conozca; así, sabrá qué terreno pisa.

No se preocupe si el tema que desea abordar le parezca pueril o poco interesante;  cualquier contenido es bueno a la hora de iniciar esta disciplina.

Así que si quiere escribir sobre una experiencia personal, pues ¡hágalo! A medida que vaya desarrollando el texto, verá cuantas cosas emocionantes podrá incluir en su relato.

Una vez seleccionado el tema, escriba a medida que las ideas vayan surgiendo en su  mente; es decir datos, sensaciones, historias o anécdotas que pueda contar sobre el asunto elegido. Este ejercicio de reunir ideas, será la materia prima sobre la que usted podrá trabajar.

Después organice lo que tiene escrito. Para eso, trate de crear un contexto para la redacción. Elija, entonces, las ideas más interesantes expresadas en sus apuntes, así como todas las nuevas que le surjan a partir de allí. No olvide jamás las reglas del idioma. Cuando sea el  momento de pulir el borrador, inspírese en relatos similares que haya leído de buenos autores. Ordene todas estas ideas y cerciórese de tener una  buena introducción y una buena conclusión.

Ayúdese con enciclopedias y libros y, hasta en internet, para completar cualquier información que pueda llegar a necesitar para incluir en su artículo. Es posible que esto también le inspire para continuar su relato.

Siempre trate de hallar un estilo propio, el cual se logra siendo fiel a sus propias ideas, pensamientos, y sensaciones.

¡Jamás plagie! Si va a usar ideas de otras personas, encierre entre comillas la cita ajena, si lo que resultó fue un poema o una nota periodística y dele crédito al autor; si escribió un ensayo, un cuento, una leyenda o una novela, enuncie la fuente en la bibliografía.

Lea y relea varias veces lo escrito y corrija todo error que encuentre; trate de no repetir palabras en un mismo párrafo; apóyese en un buen glosario de sinónimos. Si no conoce el significado de un vocablo, búsquelo en el diccionario de castellano y si no corresponde a la idea que quiere expresar, deséchelo y use otro, cuya acepción  conozca.

Cuando termine, no olvide darle una última mirada al escrito. Esto puede ser hecho por usted mismo, o bien por alguien en quien confíe.

En cualquier caso, jamás debe conformarse con la primera versión. Si se siente cansado, será preferible que espere para efectuar la corrección, puesto que la fatiga podría llevarle a no detectar todos los errores.

Por último, emprenda con ánimo esta tarea. La escritura requiere decisión y, si se reprimen los pensamientos, el resultado puede ser algo insípido. Además, no olvide que escribir, es como tener un hijo; ambos nos llenan de satisfacción.

Valledupar, 25 de noviembre del año 2013

Cuando el superior es responsable

Hay posibilidad de sobreseimiento a dos oficiales del Ejército, pertenecientes al batallón Rafael Reyes de Cimitarra, Santander, el teniente coronel Wilson Javier Castro Pinto y el teniente Edward Antonio Villany Realpe, quienes fueron condenados a prisión por haber sido hallados culpables de los delitos de homicidio agravado y desaparición forzada de los jóvenes Eduardo Garzón Báez y Daniel Andrés Pesca Olaya, en hechos ocurridos el 5 de marzo del 2008, en la vereda El Brasil del ya mencionado municipio de Cimitarra.

Pero, si ya fueron hallados culpables y condenados, ¿por qué, entonces el temor a un nuevo caso de impunidad en esto de los “falsos positivos”? Por la sencilla razón de que los oficiales se niegan a pagar la justa condena superior a 50 años y, para burlar la Ley, interpusieron el recurso de casación ante la Corte Suprema de Justicia, la que aceptó la apelación, con el argumento de que se deben valorar nuevamente las pruebas; las cuales ya fueron analizadas de manera exhaustiva por la Fiscalía y por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Bucaramanga y por el fiscal delegado de la Procuraduría.

Ahora bien, como los magistrados actuales de la Corte Suprema de Justicia no son los mismos de la época en la que ocurrieron estos sucesos (los más estremecedores de  los tiempos recientes; como lo es el asesinato a sangre fría de inocentes jóvenes, pertenecientes a las clases menos favorecidas, a quienes los militares después vestían  de guerrilleros, para presentarlos como bajas en combate y así ganar el aplauso de sus superiores), entonces asalta la duda sobre la justa y pronta justicia que debe emanar del alto tribunal para con estos depredadores del entorno social.

Lo anterior conduce al análisis de la responsabilidad del superior ante los actos de sus subalternos.

Todos estos hechos, cobijados bajo el rótulo de “falsos positivos”, alcanzan -de  acuerdo a datos muy cautelosos- la aberrante cifra de 3.796. La mayor parte de ellos  tuvo lugar después de la directiva 29 del 2006, del Ministerio de Defensa, firmada por el ministro Camilo Ospina. Según la Oficina Internacional de los Derechos Humanos, 3.084 asesinatos ocurrieron entre 2002 y 2009. Se redujeron  luego que Santos, como ministro de Defensa, retirara del servicio a los comandantes bajo cuyo mando se produjeron estos crímenes.

Entonces, si de acuerdo con la Constitución, le corresponde al presidente “dirigir la Fuerza Pública y disponer de ella como comandante supremo de las Fuerzas Armadas”, la conclusión es evidente: el comandante supremo tiene responsabilidad política por estos hechos. En todos estos asesinatos, hubo agravantes, no existió rechazo alguno y, en ocasiones, fueron justificados. O, si no, recordemos con estupor la frase de Uribe, “no estaban precisamente recogiendo café”, para referirse a los jóvenes de Soacha. Olvidando, arteramente que, así hubieran estado en alguna actividad ilegal (que no era el caso), en Colombia no existe la pena de muerte. Como si fuera poco, ese señor a las denuncias de los falsos positivos respondía con falsas sindicaciones.

Valledupar, 2 de diciembre del año 2013

Cuentos de fantasmas (XVI)

El amor es una bella flor, pero hay que tener coraje para ir a buscarla…

Stendhal

Como el carruaje se varara a mitad de camino, me tocó seguir a pie; no obstante, después de varias horas, no avistaba aún el objeto de mi búsqueda. Cuando por fin la vislumbré, el cansancio me agobiaba, las rodillas me dolían, las piernas me flaqueaban; en fin, no me sentía con alientos para seguir avanzando. Sin embargo, la cabaña ya era más visible, unos pasos más y llegaría a su pórtico; así que sacando fuerzas del agotamiento, logré arrastrarme hasta el umbral de la puerta. Como pude,  golpeé  con  la punta del zapato y me desmayé.

Cuando desperté, lo primero que vi fue su bello rostro. Sus ojos, negros como la noche, me miraban con algo de sorpresa no exenta de interés; los ensortijados cabellos enmarcaban su rostro de diosa; sus labios sólo podían invitar al beso.

Solícitamente me cuidó durante dos días y tres noches; cuando me vio restablecido, me indicó dónde estaba el baño, me entregó una barra de jabón, una toalla y ropa limpia. Ya aseado y vestido decentemente, me senté y disfruté de su compañía y de una suculenta cena que devolvió las fuerzas a mi débil organismo.

Durante el resto de la velada, conversamos al calor de unos vinos. Me contó que su padre había viajado por provisiones al pueblo, distante tres días a lomo de mula y que regresaría al día siguiente poco después del alba. Por mi parte, le conté que había  venido desde la ciudad, en busca de información para escribir una crónica sobre los fantasmas que, según la gente, habitaban en el bosque cercano.

Cuando agotamos la botella de vino, sin mediar ningún gesto, nos entrelazamos las manos, luego me dejó acariciarle su hermoso rostro, para terminar abrazados prodigándonos unos ardientes besos, que pronto encendieron el fuego de la pasión.

Al despuntar la aurora, sentí que me despertaba con un leve toque de su mano en mi hombro y me conminaba a abandonar la cabaña, pues su padre podía llegar en cualquier momento y nadie podría aplacar su furia. Me vestí y me despedí, prometiéndole regresar un mes después, cuando su padre volviera a viajar. El beso del adiós se habría prolongado más aún, de no haber sido por su premura en desasirse de mis brazos y, literalmente, sacarme de la cabaña.

Pasaron tres meses sin que me fuera posible, por asuntos del periódico, volver a la cabaña del bosque, donde mi misteriosa amada me estaría esperando.

Cuando lo hice, la sorpresa fue grande al encontrar que allí sólo había ruinas, que la  maleza apenas dejaba entrever. Con el ánimo de aclarar el misterio, regresé al pueblo y en el almacén mayor pregunté por la hermosa mujer de la cabaña.

El dependiente, un viejito muy amable, me contestó que, hacía diez años la cabaña había sido arrasada por la creciente del río cercano que habitualmente no era peligroso, pero que en esa ocasión se había desbordado, ocasionando desastres por doquier y, lo que era aún peor, jamás se encontraron rastros de los habitantes de la zona.

Valledupar, 9 de diciembre del año 2013

Una conveniente cortina de humo

“El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante.

Pero el que la conoce y trata de ocultarla, ¡es un criminal! “ 

Bertolt Brecht

Propongo un sencillo silogismo.

Uribe es el amo de Ordoñez. Uribe detesta y teme a Petro. Ergo, Ordoñez destituye a Petro, para complacer y proteger a Uribe.

Si acaso el anterior argumento axiomático requiriera pruebas, remontémonos a la historia reciente. Petro decide quitarle a la oligarquía bogotana el manejo de las basuras y entregárselo a la Empresa de Acueducto y se gana la enemistad de los dueños de la ciudad; también devuelve a los pobres la tarea del reciclaje y con esto propina un golpe a la codicia de los hijos de Uribe, quienes se habían acostumbrado a mangonear bajo la complaciente mirada de su sesgado padre.

De otro lado, éste está pendiente de enfrentar un voluminoso expediente de acusaciones por diversos hechos ocurridos durante su vida política. Nada más, en la Comisión de Acusaciones de la Cámara, cursan en su contra 27 querellas por paramilitarismo. Pero, esto es apenas una muestra; pues hay alrededor de un centenar de denuncias por otras irregularidades penales o disciplinarias, por las cuales Uribe es investigado; entre otras, las chuzadas del DAS, la yidispolítica y el fallo de La Haya. Entonces, ¿qué mejor oportunidad para lograr  distraer a la opinión, ahora cuando empieza el debate para las próximas elecciones?

De contera, la arbitraria descalificación del procurador hacia Petro, es un puntapié al proceso de paz; pues ¿qué se puede esperar de una nación, en la cual un funcionario, lleno de resabios, elegido en forma minoritaria, mediante artilugios y a puerta cerrada,  destituye e inhabilita a un alcalde escogido mayoritariamente por el pueblo, a la luz del día y a cielo abierto y, encima de todo (junto a Mockus), el más pulcro que haya tenido Bogotá? La verdad, muy poco; entonces, si el país quiere la paz, el Estado debe dar garantías de que en realidad es democrático y, por tanto, respeta los derechos  ciudadanos ante la inicua actitud de un individuo que piensa estar ungido con los más altos poderes y, lo que es peor, aliado con un personaje tan siniestro como el que, en mala hora, gobernó los destinos de esta sufrida patria y, para colmo, por dos períodos consecutivos.

Pero volviendo al peligro a que se está exponiendo el proceso de paz, recordemos que el más beneficiado con la suspensión definitiva de los diálogos, es el mismo individuo de marras; puesto que él es un experto en atizar la terronera en el electorado, sobre todo en el más inculto, aquel que todavía cree en el coco.

Otrosí¨: Samuel Moreno, denunciado por Petro, fue el cómplice de los Nule en el desfalco al erario distrital por más de $65.000,000.000; no obstante, el nefando procurador no lo suspendió y sólo lo inhabilitó por doce meses. Todo porque ese robo, se facilitó gracias al decreto # 2474 del 2008, con el cual se eliminaba el control a los anticipos. Oportuno decreto firmado por tres ministros de Uribe: Transporte, Uriel Gallego; Interior, Fabio Valencia Cossio y Hacienda, el inefable candidato de Uribe a la presidencia, el títere Oscar Iván Zuluaga.

¡Ah!, y no olvidemos la amistad de los Nule con los hijos de Uribe.

Valledupar, 16 de diciembre del año 2013

Canción de amor

“La música es la revelación más tierna y elevada que pueda llenar el alma.”

Ludwig van Beethoven

Cuenta la leyenda que en el principio de los tiempos, cuando el ser humano apenas iniciaba su vida en comunidad, cuando la sociedad escasamente empezaba a formarse, un niño cuyo padre había fallecido pocos días antes a manos de unos asaltantes, encontró una madrugada a su madre viuda, llorando en el fondo de la vivienda.

Cuando le preguntó por qué lloraba, ella le respondió:

-Ay, hijo mío, la vida que me queda y la eternidad que me espera, no me alcanzarán para llorar la muerte de tu padre. Tú sabes que él, no solamente era el único apoyo que yo tenía. Él era el amor de mi vida, la luz de mis ojos, el consuelo en mis quebrantos, el confidente de mis cuitas, el motivo de mis alegrías. En fin, ahora que él ha muerto, yo también empezaré a morir. Cada día iré perdiendo el apego a la vida. Cada aurora, será el comienzo del que espero sea mi último día.

El niño, uniendo sus lágrimas a las de la madre, fundidos ambos en un fuerte y tierno abrazo, sólo acertó a decirle:

-Pero, madre, te quedo yo, todavía. Yo te amo; para mí, tú eres lo único que  tengo. A mí también me dolió la muerte de mi papá: Yo sé que ahora ya nada será igual. Que tantas cosas que él había prometido hacer, se  quedarán sin cumplir. Además, acuérdate de mi hermana; que ya está en la adolescencia y, además, es muy bonita, pues se parece mucho a ti. Si tú también te vas, ¿qué será de nosotros? Ella quedaría expuesta a todos los peligros que debe enfrentar una mujer joven, sola y hermosa, pues yo no podré defenderla.

Al oír estas sabias palabras en boca de su pequeño hijo, la madre alzó el rostro y tomando la cara del niño entre sus manos, sin dejar de llorar, le dijo:

-Tienes razón, hijo mío. Aún no puedo irme, ya que tengo que cumplir antes una delicada e imperiosa tarea, pues debo educarte para la vida y a tu hermana debo cuidarla y prepararla para que pueda hallar al hombre que la haga dichosa, así como tu padre me hizo feliz desde el primer día que descubrí que lo amaba y que él también me amaba,

La madre y el niño se levantaron y entraron a la vivienda, no sin antes hacerle ella una recomendación:

-No le vayas a contar a tu hermana que me viste llorar y, mucho menos, sobre mis deseos de morir.

Esa noche, cuando por fin pudo dormirse, la madre vio en sueños a su esposo, que le reiteraba su amor y, muy quedo al oído, le canturreaba esta hermosa canción que tantas veces se la tarareara en las noches antes de dormirla, arrullándola entre sus brazos:

“Cuando te vi, me enamoré de ti, mujer divina /que calmaste mi inquietud; /ibas radiante cual estrella vespertina, /irradiando por doquiera tu virtud.

Cuando tus ojos fijamente me miraron, /sentí en el alma la ilusión de un gran amor/ y  en el templo las campanas replicaron /la alegría de mi gran satisfacción.

Mujer que iluminaste mi camino /yo te pido que me des tu protección, /no desampares a este pobre peregrino /y dale albergue en tu dulce corazón.”

Cuando despertó, una paz interior inundaba su alma y solamente atinó a darle gracias al Creador. Se acercó a las camas de sus hijos y a cada uno dio un beso de amor materno.

  1. S. Feliz Navidad, a cada lector y a su familia.

Valledupar, 23 de diciembre del año 2013

El alma es inmortal

«Quienquiera que admita que, de las líneas contenidas en un círculo, las trazadas por su  centro son más largas que cualquiera que no pase por allí y, acepte esto como objeto propio de una ciencia, afirma de hecho que existe una ciencia inmutable.

Asimismo nadie sin ciencia razona con rectitud. Pues el recto raciocinio es el pensamiento que tiende de lo cierto al descubrimiento de lo incierto y el alma sabe de todo lo cierto que hay en ella. Mas todo lo que el alma sabe, lo posee en sí misma y todo lo que abraza con su conocimiento, pertenece a una ciencia. Luego, el alma es inmortal porque es sujeto de la razón que es inmutable y  ésta es sujeto de la ciencia, que es eterna.

La razón ciertamente es el alma y existe en el alma. Si el alma es el sujeto en el que existe la razón de una manera inseparable, si sólo puede existir viva y sin ella no hay razón, sin ella no habrá vida y si la razón es inmortal, el alma es inmortal.»

Lo anterior hace parte del tratado “La inmortalidad del alma”, escrito en el año 387 de la era cristiana, por San Agustín, Obispo de Hipona, milenaria y rica ciudad del Mediterráneo africano, hoy perteneciente a la actual Argelia.

La conclusión es evidente, la razón está en el alma y el alma es el origen de la razón;  entonces no pueden desligarse una de la otra y si solamente el ser humano puede razonar, los seres racionales somos los únicos que poseemos alma.

Ahora bien, a la razón llegan los conceptos y las sensaciones a través de los sentidos, que son parte del cuerpo y están dispuestos de tal manera que su labor de captación sea más expedita. Entonces, se puede decir que los sentidos conforman, después de la razón, la parte más importante del cuerpo humano; puesto que todos los demás órganos no son más que agentes que propician y facilitan la labor de los sentidos; los que, a su vez, favorecen la acción de la razón.

Ergo, el objetivo del organismo es servirle de receptáculo al alma. Por eso, cuando el cuerpo muere, el alma inmortal debe buscar dónde habitar.

Civilizaciones antiguas, como la griega, cuna de la cultura occidental, ya contemplaban la existencia del alma y, lo más importante, su inmortalidad. Pitágoras, Sócrates, Aristóteles, Platón, pensadores del Siglo de Oro griego, analizaron esta propiedad del ser humano. Para ellos, el cuerpo solo no era capaz de alcanzar las cumbres del pensamiento científico, filosófico, teológico o matemático, sin la presencia de un componente superior yexclusivo del ser humano: la razón y, como quiera que ésta necesita un hábitat, ella debe  trascender su envoltorio corpóreo, mortal, falible y frágil que nos da la apariencia humana.

Ya con la llegada de Cristo, se nos abren las puertas de la eternidad; pues Él nos indica cuál es el camino para alcanzarla, plena de bienaventuranzas. Entonces, quienes creemos en la doctrina de Jesús, deberemos entender que si fuésemos iguales a los seres irracionales (que no poseen razón y, por consiguiente, carecen de alma), una vez llegado el instante de la muerte de esa envoltura corpórea, todo motivo de ser de nuestra esencia humana también desaparecería. Pero como quiera que, tenemos razón y ésta reside en el alma, debe haber un sitio especial a donde puedan ir las almas de los muertos; pues, de lo contrario, nada nos diferenciaría de los animales.

P.S. Feliz año para todos.

Maracaibo, 30 de diciembre del año 2013

Corrupción y ruina

Mi esposa y yo recibimos el 2014 en Venezuela. Aparte del placer de compartir con  el hijo, su familia y unas amistades, lo demás fue desencanto y desilusión, pues la economía de ese país se halla postrada. La devaluación es galopante; 1 millón de pesos colombianos son 28 millones de bolívares y como el circulante es alto, de alguna manera, hay inflación. Pero ésa es apenas una de las aristas del problema; pues la expropiación de empresas por parte del Estado, no sólo deteriora el manejo de éstas, sino que ha aumentado el desempleo.

El 31 de diciembre fuimos, con el ánimo de hacer compras, a uno de los otrora florecientes Almacenes Éxito y, dado que allí nuestro peso tiene buen poder adquisitivo, los precios resultaban atractivos. Pero el desabastecimiento convirtió en mera ilusión el deseo de comprar. Además, la atención al público, por parte de los militares encargados de la  administración, dejaba mucho que desear.

Como si fuera poco, el que hace tres años (cuando nuestro anterior viaje) fuera un supermercado de colombianos, administrado por venezolanos, bien surtido, mejor atendido y con precios accesibles, hoy es un establecimiento comercial que da grima, pues muchos estantes de la zona de productos terminados, como ropa, electrodomésticos, ferretería y demás, están desocupados porque los acaparadores hacen su agosto y los del área de alimentos, como carnes, aves, pescados, lácteos, verduras, etc., están en la ruina total: las vitrinas rotas, los mesones oxidados; en fin, una situación de abandono que sólo mueve a tristeza; tal es la desolación allí reinante. Más aún, de las casi 30 cajas registradoras instaladas, sólo 3 estaban habilitadas, pues no hay presupuesto para mantener muchos trabajadores. Pero lo peor es el desastroso estado en el que se encontraban 10 de ellas: la pesa electrónica destruida, el monitor rajado, el teclado incompleto, el lector óptico de caracteres ausente; total, un verdadero desastre.

Y, como si lo anterior fuera poco, las filas para pagar en las 3 cajas presentaban un aspecto desalentador, ya que en cada una de ellas había decenas de clientes esperando atención a paso de tortuga.

No obstante, aún queda un otrosí en esta situación calamitosa. Los pocos empleados civiles que laboran en este monumento a la desidia, están mal remunerados; empero, no renuncian por dos razones. Una, hay pocas posibilidades de empleo en un país que cada día se arruina más. Dos, cuando llega un nuevo lote de electrodomésticos, los militares que administran el almacén y los pocos civiles que trabajan en él, tienen la primera opción de compra y la posibilidad de buenos descuentos; entonces cada uno adquiere 3, 6 u 8 unidades y las venden a los acaparadores; quienes, a su vez, las revenden hasta por el triple de lo que les costaron; encareciendo, así, el precio de venta al consumidor. O sea que, a la mala administración se le suma la corrupción. Ahora bien, como quiera que ésta  disminuye la distribución del ingreso, aumenta la desigualdad social, deteriora el crecimiento económico y fomenta el delito, entonces la confianza ciudadana, que es el sostén institucional, se desvanece poco a poco. Mientras tanto, el gobierno no hace nada; sólo atina a producir propaganda política que ayude a disfrazar el desastre.

Maracaibo, 6 de enero del año 2014

Viajar en el tiempo

Hace un año publiqué en esta columna un ensayo titulado “La subjetividad del tiempo”. Allí, basándome en los conceptos filosóficos de Kant sobre el tiempo y el espacio, traté de demostrar que el tiempo no es una realidad física, sino que se trata de una noción convencional de la humanidad, nacida de la necesidad de poder contar con un referente que le permita, de alguna manera, saber qué tanto ha avanzado en el devenir vital y cuánto ha necesitado recorrer para alcanzar determinadas metas.

Desde otra perspectiva, Albert Einstein cuando rompió con la física clásica,  abandonó la noción de un tiempo absoluto y todo lo que éste implica como entidad objetiva, homogénea, inmutable, autónoma e independiente del espacio y del movimiento. Para él, el tiempo debía contextualizarse para que pudiese tener identidad; por eso, propuso un tiempo relativo a la diversidad de sistemas de referencia, desde los cuales un ser humano puede observar un suceso.

No debemos olvidar que somos seres racionales insertos en el mundo y en la historia.  Más aún, no en todo el mundo ni en toda la historia (si se concibe ésta como un gran conjunto de acontecimientos, tal y como lo hacen tradicionalmente las ciencias sociales). Nos encontramos insertos en lugares determinados o nos movemos en situaciones concretas. Somos parte del mundo y de la historia y, aun cuando no somos dioses como para abstraernos hasta de nosotros mismos, sí podemos, gracias a la razón, condicionar el mundo y la historia, en tanto somos  seres activos.

De aquí, puede decirse que la relatividad, en el caso del tiempo, que Einstein defiende, tiene que ver con la corporalidad que somos, en tanto que aquél depende del lugar o del movimiento de los observadores de un suceso.

Para el filósofo francés, Henri-Louis Bergson, el tiempo es evolución vital. Es decir que, a partir de un cambio constante y acumulativo en la materia, la memoria como pasado va sellando la materia, de tal forma que el presente está lleno de pasado. Este tiempo vivido es una concepción que involucra también la experiencia directa o inmediata que tiene la conciencia acerca del tiempo.

Por ello, se puede afirmar que el tiempo vivido tiene que ver con nuestra inmersión corpórea en el mundo y la consecuente coexistencia con él. El tiempo vivido tiene que ver con nuestra vida cotidiana, donde el movimiento y el espacio están involucrados.

De allí que sea un imposible físico, filosófico y hasta teológico, pensar que se pueda viajar en el tiempo; ni hacia el futuro y, mucho menos, hacia el pasado. Por eso sorprende que científicos de la universidad Michigan Tech de Estados Unidos, hayan estado rastreando la red en busca de pistas sobre viajeros en el tiempo y, más sorprendente aún, que el físico Stephen Hawking, eminencia a quien algunos consideran el sucesor de Einstein, preparara una fiesta, en su casa cercana a la Universidad de Cambridge, sólo con el propósito de esperar la llegada de viajeros del futuro. A menos que se tratara de una broma a la humanidad.

Valledupar, 13 de enero del año 2014

Gajes de la modernidad

Es probable que a muchos no les guste la columna de hoy. Las razones pueden ser diversas e ir, desde el simple desacuerdo con lo aquí consignado, hasta el sentirse reflejado en este casi pueril escrito, que pretende versar sobre el divorcio; o, mejor aún, ver una de sus consecuencias.

Pues bien, empecemos por aclarar los términos. La palabra divorcio proviene del latín divortíum, que significa separación; esto es, desunir lo que ha estado unido. En la actualidad, en el medio jurídico, se entiende por divorcio la extinción de la convivencia matrimonial declarada por la autoridad.

Y aun cuando el divorcio es casi tan antiguo como la humanidad, sólo a partir de la era cristiana, cuando el matrimonio se convirtió en sacramento y, además, indisoluble, vinieron los desacuerdos entre la Iglesia Católica y los dueños del poder. Nada más recordemos el nacimiento de la Iglesia Anglicana, que surgió como acto de rebeldía de Enrique VIII contra la autoridad del papa, en razón de haberle negado éste el divorcio a Enrique, de Catalina de Aragón su esposa legítima, para poder casarse con Ana Bolena, su concubina de mucho tiempo.

Ya para entonces existía la Iglesia Luterana y, como tal, adversa a la autoridad papal. Por lo cual, se estipuló que todo miembro de esta iglesia y de las demás que fueron surgiendo con el paso de los años y de los siglos, podía instaurar ante las autoridades civiles juicio de divorcio contra su cónyuge.

Actualmente esto es más común de lo imaginado y como quiera que, los hijos de los divorciados, terminan por tener hermanastros y hermanastras por doquier, llega un momento en el cual la situación puede parecerse a la de esta hipotética situación, que paso a describir, a través de una especie de parábola:

“Érase una vez un niño, cuyo amigo y compañero de clases se enfermó. Como tuvieron que hospitalizarlo, el niño de este cuento fue a visitarlo en compañía de sus padres, a la sazón casados por el rito católico. Allí estaban los padres, la hermanita y los abuelos del enfermo. El niño contó los parientes de su amigo y en total eran siete.

Años después, los padres del protagonista de este cuento se divorciaron y volvieron a casarse y, por  mera coincidencia, lo hicieron con personas que venían de anteriores divorcios y traían hijos e hijastros a su nuevo hogar.

El niño se fue a vivir con su mamá y sus hermanastros; su hermanita hizo otro tanto en el nuevo hogar de su padre.

Como quiera que los padrastros del niño, eran divorciados, sus hermanastros también tenían hermanastros y abuelastros por doquier.

Pasó el tiempo y al niño tuvieron que practicarle una apendicetomía.

Huelga decir que toda la parentela, la sanguínea y la formada por los varios matrimonios, acudió a visitarlo cuando se encontraba en franca recuperación. Sin embargo, no cupieron en la pequeña habitación de la clínica. Entonces, tuvieron que turnarse, para poder verlo e interesarse por su salud.

Por curiosidad, el niño fue contando a los visitantes. No obstante, cuando llegó a treinta, suspendió el conteo, pues se quedó dormido.

Al despertarse, se preguntó ¿Qué pasará el día de mi boda, si todos estos parientes y los que faltan por nacer, asisten a ella? Tendré que alquilar un estadio.

Total, ¡gajes de la modernidad!”

Valledupar, 20 de enero del año 2014

Objetivos de la existencia

Alguna vez le escuché decir a un sacerdote, con respecto a su vocación sacerdotal: «No huyo de este mundo poblado de valores antinómicos, de ruidos estridentes, de anodina mediocridad y de egoísmos recalcitrantes, sino que, abandonando tareas carentes de sentido, he decidido abordarlo desde otra orilla, para buscar horizontes limpios; encontrar una senda que reduzca la distancia que separa lo vivido y lo esperado; escrutar, a veces ávidamente, los caminos más directos por los que pueda ayudar a los seres humanos para que no se sienten desamparados.»

Y Paulo Coelho de Souza, novelista y dramaturgo brasileño, decía a propósito del amor: «Cuando amamos y creemos en algo desde el fondo de nuestra alma, nos sentimos más fuertes que el mundo y nos invade una serenidad que viene de la certeza de que nada podrá vencer a nuestra fe. Esta fuerza hace que tomemos siempre las decisiones correctas, en el momento preciso, y nos sorprendamos de nuestra capacidad cuando alcanzamos nuestro objetivo.»

Las dos oraciones antes descritas, tienen en común dos conceptos: el amor y la fe. En la primera, la fe en la existencia de un ser superior y el amor a la humanidad, impelen a un individuo a abandonar la comodidad de la vida moderna, para llevarlo a transitar senderos en los cuales sólo se busca dar apoyo a los semejantes, sin importar si el camino está cubierto de rosas o erizado de abrojos; allí lo sustancial es la ayuda desinteresada al desvalido.

En la segunda frase, el autor nos indica cómo la fuerza del amor lleva a vencer las barreras que se le oponen; cómo, ese noble sentimiento es, en sí mismo, el motor de todas nuestras decisiones. Nos explica, cómo el que ama, vence los obstáculos que se le presenten, con tal de conservar el amor del ser querido. Más aún, la confianza en el ser amado, la fe en su integridad y la certidumbre en la fuerza del amor, permiten que éste alcance umbrales de serenidad, que de otra forma serían inasibles.

Por eso, tal vez, a las personas que aman, a las que creen en una vida ulterior a la terrenal, les es más fácil ser felices. Alguien, incrédulo quizás, dirá que esa sensación de placidez, no es más que un engaño auto infligido; una falacia que lleva al creyente a pensar en paraísos a la vuelta de la esquina. Sin embargo, esa recompensa futura, procura más alivio que el pensar de manera asaz pragmática y creer que, al final de esta vida, no hay nada, sólo vacío.

La diferencia entre estas dos posiciones (la del creyente y la del incrédulo), estriba en un sentimiento que nace de la fe y del amor, es la esperanza.

Más aún, de no existir esa esperanza, ¿qué diferencia habría entre la existencia para un ser racional, creyente y la vida de los irracionales? O, peor aún, ¿qué futuro le espera al aprensivo, al que duda de una vida más allá de la terrena?

  1. S. Esta nota tiene mucho que ver con el artículo de hace cuatro semanas, que versó sobre la inmortalidad del alma.

 Valledupar, 27 de enero del año 2014

La contienda electoral

Por estos días, tanto electores como elegibles, se lanzan, en la mayoría de los casos, a una danza de derroche que hace pensar que las demás actividades del país hubieran pasado a un segundo plano; tanto, que hay regiones en donde se puede afirmar que la política es su principal industria; en la cual el ciudadano común y corriente se transforma en lagarto y los aspirantes a la elección en la panacea para todos los males que aquejan a esa región.

Si pasadas las elecciones los resultados no fueran tan tristes y patéticos (el elector seguirá con las mismas penurias y las promesas del candidato no pasarán de ser sólo promesas), esta situación podría mover a risa; pero no; este interminable estado de cosas seguirá igual y solamente podrá mover a llanto y desolación: la injusticia social continuará, la corrupción administrativa seguirá haciendo de las suyas, la impunidad proseguirá su camino, la mayoría de los legisladores y los gobernantes continuarán buscando su propio provecho, el de sus allegados y el de sus financiadores.

Démosle una mirada a la ley de presupuesto (no importa de qué año ni de qué gobierno) y encontraremos que los rubros destinados a Educación, Salud, Agricultura y Justicia resultan ser tan irrisorios, al compararlos con los de otras carteras ministeriales, que no puede uno menos que desolarse. ¿Cómo es posible que en un país tan eminentemente agrícola, como lo es Colombia, el ministerio del ramo correspondiente no ocupe un lugar preponderante y su presupuesto no sea proporcionalmente alto? ¿Cómo dejar pasar por alto hechos tan aberrantes como las partidas consuetudinariamente bajas que se destinan para Educación y Salud? Y ni qué decir de la Justicia.

La clase gobernante colombiana olvida que ella subsiste gracias al sufragio del electorado. Hasta el momento, éste es relativamente copioso porque, de un lado, existe la compra y venta de votos y, de otro lado, hay electores que todavía votan con el corazón o con el estómago y, engañados por las promesas de los candidatos o enceguecidos por las consignas partidistas, votan por quien sea. Todo esto sin olvidar a quien deposita su voto por determinado candidato, tras la ilusión de conseguir un empleo o conservar el que ya tiene.

Y si se le diera una mirada a las áreas rurales, se encontrará la acción de los gamonales obligando al campesino, a través de la coerción, a votar por el candidato afecto al dueño del pueblo.

O sea que, al final, encontramos cinco clases de electores: el necesitado, que se deja corromper al vender su voto por dinero, por un empleo, por una bolsa de cemento o por un plato de comida; el ingenuo, que se deja engañar por las promesas del candidato; el obnubilado, que se deja arrastrar por el sectarismo; el zopenco, que se deja atraer por el porte físico o por la verborrea del candidato y, por último, aquel elector consciente que vota por el candidato que, presumiblemente, habrá de traer desarrollo a su región y al país y que, de no encontrar entre los aspirantes alguno que llene sus expectativas, prefiere votar en blanco.

Valledupar, 10 de febrero del año 2014

La contienda electoral (conclusión)

La semana pasada se vio cómo el electorado se divide entre los que votan con el estómago o el bolsillo, los que votan con el corazón y quienes lo hacen con el cerebro y se vio, también, cómo muchos candidatos se presentan ante la opinión pública como los nigromantes capaces de convertirse en la única tabla de salvación en este océano de calamidades que afligen al país nacional.

Y, por existir muy pocos electores que votan con el cerebro, se dan casos en los cuales sale elegido el estafeta de un político que está tras las rejas o haciendo fila para ser juzgado o, peor aún, se salvó por el poder que acumuló cuando mandaba y, como sabe de la estolidez de gran parte del electorado, pues no dudó en hacer campaña en “cuerpo ajeno”. Y ésta no es la única situación que permita demostrar cómo, la falta de criterio, termina por restarle formalidad a nuestras instituciones.

No es si no darle una mirada a las normas electorales. La Constitución Nacional fija, mediante unos parámetros, el marco que determina el perfil de los aspirantes; sin embargo, en la práctica, cualquiera puede erigirse en candidato; pues sólo le basta tener el padrinazgo de un político -cuanto más artero, mejor- y el suficiente respaldo económico para invertir en la campaña.

Lo primero se logra fácilmente a través de la heredad y, así, vemos cómo quienes ya han gozado del favor de la elección, al pasar al retiro, de grado o por fuerza, ungen a su heredero (cónyuge, hijo, cuñado, sobrino, primo, ahijado, etc.); así éste no tenga las cualidades morales ni la idoneidad necesarias para el cargo. Más aún, muchas veces, el padrino político también ha carecido totalmente de éstas.

En cuanto a lo segundo, nunca el vocablo inversión tuvo mayor fuerza en su connotación económica (“…dar como resultado una magnitud mayor que la empleada…”), que cuando el dinero se invierte en algunas campañas electorales; ya que hay candidatos que saben que, de contar con el favor del electorado -favor logrado, muchas veces, con engaño, fraude o dolo- podrán recuperarlo con creces, no sólo el tomado de su propio peculio, sino también el recibido en préstamo de manos de inversionistas legales o ilegales. Y, una vez elegido, se olvidará de las promesas que, en pro del desarrollo, hiciera a sus electores y calmará a algunos consiguiéndoles empleo en dependencias oficiales; para luego dedicar todo sus esfuerzos a buscar beneficios particulares que le permitan acrecentar su fortuna, la de su familia y la de sus benefactores y, de paso, le aseguren los medios para aspirar a la reelección.

Sin importar si para lograrlo, hubiera tenido que pasar por encima de todas las normas de la moral y de la ética. Más aún, si lo hizo, no faltará el elector que lo aplauda y lo muestre como ejemplo de viveza, de saber hacer las cosas, de dominar las artes del engaño y de la rapacería,

Por todo esto, es primordial la opinión de quienes votan en blanco por considerar desierto el lleno de sus expectativas.

  1. S. Lamentable el fallecimiento de Luís Augusto González Pimienta. Mis sinceras condolencias a su familia.

Valledupar, 17 de febrero del año 2014

La fiesta del Caribe colombiano

Faltan pocos días para la gran fiesta colombiana, el Carnaval de Barranquilla;  la fiesta folclórica y cultural más importante de Colombia, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, que este año cumple el primer decenio de su declaratoria y es el segundo carnaval más grande del mundo, después del de Río de Janeiro.

Las casas coloridas, las calles adornadas y las personas disfrazadas, desbordando alegría, son señales suficientes para saber que el Carnaval de Barranquilla está cerca. Las flautas de millo, las gaitas y los tambores marcan el ritmo de la fiesta más esperada por las familias barranquilleras y los turistas de distintos rincones del mundo. Mujeres y hombres, grandes y chicos, lo esperan para vivirlo a plenitud, con total ímpetu. Esa intensidad es la que hace que se sostenga la tradición que da pie al lema institucional del magno acontecimiento: “quien lo vive es quien lo goza.»

Para preservar las tradiciones y las raíces de este evento, los niños tienen su carnaval, su reina y su semillero, un escenario para demostrar el talento y la pasión por la danza; de ahí que se pueda afirmar que en Barranquilla el carnaval nunca se acabará; porque se nutre de la savia y el fervor, y hasta la misma inocencia, que es la esencia de la niñez, la cual transmiten a las comparsas de las cuales hacen parte y de allí van pasando a las juveniles y después a las de los mayores, por lo que la tradición se afianza, para hacer perdurable el Carnaval.

Los orígenes de esta fiesta se remontan a los últimos decenios del siglo XIX, si bien su génesis está en la carnavalesca medieval proveniente del Viejo Mundo, traída por los españoles a América, aunque sus antecedentes más cercanos pueden estar en las fiestas populares de los cabildos negros de Cartagena, durante la dominación española.

Los disfraces más tradicionales del carnaval de Barranquilla son la marimonda, el garabato, el congo, el torito y el monocuco. Son motivo de risas y sustos todo tipo de especies animales, negros africanos, cabezones, dementes, muñecotas, súper héroes, seres mitológicos, homosexuales e, infaltablemente, la Muerte, más un número casi interminable de invenciones y ocurrencias populares.

Características del Carnaval de Barranquilla son las máscaras de torito, de tigrillo y de oso, entre otras. Los disfraces satíricos y alusivos a sucesos de actualidad son motivo de hilaridad colectiva y causan gran expectativa cada año.

Sus eventos marcan una pauta única entre este tipo de festividades que aúnan el folclor con el arte y van marcando hitos dentro de la carrera de quienes participan.

El primero de ellos, la Batalla de Flores, da pie para que artesanos, bailarines, personajes de la farándula y otros del mundo del espectáculo, aprovechen para hacerse a un nombre o ratificarlo en el imaginario colectivo.

En la Gran Parada, sólo se presentan grupos folclóricos tradicionales, cumbiambas y comparsas.

El Festival de Orquestas sirve para que los diferentes grupos musicales aspiren al máximo galardón, el Congo de Oro, que sirve para catapultar a más de uno. .

El Entierro de Joselito, evento jocoso que simboliza el fin de las festividades.

Valledupar, 24 de febrero del año 2014

Cuentos de fantasmas (XVII)

Los recién casados, admiraban una y otra vez las faustuosas columnas, las inmensas ojivas, los esplendorosos vitrales; hasta las horrorosas gárgolas, les parecieron hermosas,  dentro de tan maravilloso conjunto arquitectónico.

-Apresurémonos, porque debemos regresar al hotel para cenar, dijo él sin soltarla del talle.

Entraron y la sensación de arrobamiento aumentó en la joven pareja. Los altares, los vitrales, las imágenes, todo era arte que movía al recogimiento.

Tan embelesados estaban, que no sintieron el paso del tiempo; más aún la semipenumbra que invadía las naves del templo, invitaba a andar despacio, a aguzar la vista para no perder detalle, a detenerse ante cada altar para contemplar con ensimismamiento la belleza del artesonado, la pureza de las formas, la imagen de cada santo refulgiendo en medio de las velas votivas que iluminaban cada retablo, dándole, por momentos, aspecto fantasmal.

Estaban abstraídos ante tanta belleza, cuando oyeron que todas las puertas del templo se cerraban de un solo golpe. A la luz de un candil, él vio que su reloj marcaba las siete de la noche. Quisieron salir y no fue posible, pues la puerta frontal y las laterales estaban cerradas a cal y canto.

Como ella se mostrara asustada, él la sentó en una banca y la abrazó para reconfortarla.

-Tratemos de calmarnos y mañana, cuando abran el templo para la primera misa,  podremos salir.

Las horas pasaron y el sueño los vencía, cuando oyeron, en medio del silencio abrumador que envolvía el lugar, un cántico lejano que, poco a poco, se hacía más audible. Sin embargo no pudieron entenderlo, pues se trataba de un idioma desconocido para ellos. El reloj marcaba la medianoche.

Presurosos, se escondieron detrás de una banca y pudieron observar la escena: cuatro monjes, dos adelante y dos atrás, con la cabeza y el rostro cubiertos, conducían, en medio de ellos, atados por la cintura con sendas correas a otro monje y a una monja, cuyos rostros estaban descubiertos y mostraban su singular belleza; el monje cautivo llevaba su mano derecha atada a la mano izquierda de la monja, cuyas lágrimas surcaban su hermoso rostro. Los monjes captores no cesaban su misterioso cántico.

Al llegar frente al altar mayor, la procesión torció a la izquierda. Los recién casados, que habían contemplado atónitos el extraño desfile, la siguieron ahogando cualquier exclamación o grito que los delatara.

El cortejo bajó a una cripta, en donde había cinco bóvedas esculpidas en la pared del fondo. Los captores soltaron la correa que unía a los prisioneros, metieron a cada uno en una bóveda y con una mezcla y piedras que había en el suelo, procedieron a emparedarlos. Al terminar su macabra labor, los cuatro monjes se devolvieron y se perdieron en la oscuridad.

Los recién casados, conmovidos por la suerte de los prisioneros e intuyendo el pecado cometido por estos, resolvieron salvarlos y, así, procedieron a remover una  piedra en cada tumba para que les entrara aire.

Estaban en esas, cuando oyeron un ruido a sus espaldas: los cuatro monjes los miraban ceñudos. El sobresalto les hizo perder el conocimiento.

Cuando el nuevo día amaneció, solamente quedaba una bóveda vacía en la oquedad del templo.

Valledupar, 3 de marzo del año 2014

Una opinión

Si la opinión es el parecer en el que coinciden varias personas acerca de un asunto determinado, entonces opinar sobre algo hará que haya alguien que esté de acuerdo con el tema en mención y también detractores de quien se atrevió a expresarse sobre lo que conoce.

Pues bien, como quiera que cuando esto se escribe, aún es sábado y por tanto no ha empezado la algazara de los comicios electorales y, de manera evidente, se desconocen los resultados de los mismos, es apenas natural que cualquier cosa que se diga o se vaticine al respecto, no es más que sobreabundar en ese océano de propaganda, comentarios y pronósticos con los que, en vallas, pancartas y avisos en medios de comunicación, amén de los comentarios oídos al desgaire en la calle, el taxi, la buseta o en la plaza pública, han saturado a ese ente abstracto llamado la opinión pública.

Entonces, como cuando esta columna se publica, ya se sabe cómo acomodaron los barones electores la composición del Congreso, dediquemos las líneas restantes a opinar sobre algo que tiene más de intangible que de palmario, la cultura; máxime cuando, la semana pasada se celebró el octogésimo séptimo natalicio del nobel Gabriel García Márquez, para honra y prez de Colombia y, sobre todo, el Caribe.

A propósito de la cultura en nuestro medio, bien vale la pena recordar a Charles Baudelaire, poeta francés y crítico de arte, quien contaba veinticinco años cuando en 1846 fue invitado al Salón organizado por la Academia de Bellas Artes en París.

Luego de firmar el libro de asistentes, subió a una tarima y dijo lo siguiente:

«Vosotros, los aristócratas aquí presentes, poseéis la mayor parte de la riqueza y, por tanto, el poder; luego sois la fuerza.  Podríais vivir tres días sin pan, pero nunca sin literatura y se equivocan aquellos de vosotros que digan lo contrario. Sois unos afortunados porque afuera, hay multitud de personas que no conocen el arte de leer y mucho menos el de escribir. Tenéis el privilegio del pensamiento y podéis repartir elogios y ejercer el derecho de la censura, porque  acaparáis las cosas espirituales. Pero yo digo que los que están ahí afuera, también tiene derecho a sentir y a gozar y llegará el momento cuando esto ocurra. Vosotros, aristócratas, habéis acaparado las bibliotecas, los museos, las galerías. Algunos de estos espacios hace un siglo solamente estaban abiertos a los acaparadores, hoy abren sus puertas a la burguesía y, dentro de cien años, serán incontenibles los ríos de gente que visitarán los museos, las bibliotecas, los salones de arte. En fin, ya no habrá ámbito cultural vedado a nadie en el mundo entero.»

Siglo y medio después de este suceso, vemos con deleite, que las palabras de Baudelaire fueron proféticas. Sin embargo, aunque muchas personas dotadas del sentimiento necesario para expresar sus habilidades artísticas tienen los medios para lograrlo, es más cierto todavía que son muchos más los que naufragan en la desesperanza, al no encontrar mecenas (públicos o privados) provistos del altruismo necesario para apoyar a quienes por carencia de recursos, tienen que pasar desapercibidos ante los cultores de las diferentes expresiones del arte.

Valledupar, 10 de marzo del año 2014

Un país estólido y olvidadizo

Si un individuo maltrata a su esposa, física y mentalmente, pues además de golpearla, la humilla, no la deja tener criterio, la somete a vejámenes deshonrosos, en fin, es el peor esposo para esa mujer o para cualquiera otra, lo mejor que puede hacer la víctima es separarse del monstruo que la afrenta y no volver, ni siquiera, a tratarlo, salvo excepciones muy especiales, por ejemplo para hablar de los hijos comunes.

Pero, si esa señora no sólo sigue con ese individuo ruin, que únicamente le da mala vida, sino que además pretende ocultar ante familiares y amigos la desastrosa existencia que lleva y lo que es peor, le devuelve con mimos y atenciones sus agravios, todos a una dirían que esa señora es bruta, imbécil, tonta o, en el más leve de los casos, es que ama demasiado a ese sujeto que solamente le ha traído calamidades, amén de los garrotazos que le propina cada cierto tiempo, por no decir a diario.

Y no faltará quien diga que esa mujer es masoquista, que le gusta que la .maltraten.

Pues bien, a una parte de los colombianos les pasa como a la señora antes mencionada, Uribe (otra vez Uribe) dejó una estela de corrupción, de guerra, de favoritismos hacia los enemigos de la paz, en fin, una secuela de pésimo gobierno y, sin embargo, un poco más de dos millones de personas votaron por él.

Los congresistas que fueron investigados por la Corte Suprema de Justicia, cuando se denunció lo de la parapolítica, fueron expulsados de sus partidos y fundaron un  nuevo partido, el PIN y se lanzaron hace cuatro años y salieron elegidos. Como varios de ellos fueran encarcelados, resolvieron aunar fuerzas y refundieron el PIN y lo llamaron Opción Ciudadana y sacaron más de medio millón de votos.

Entonces, la conclusión es evidente: a muchos colombianos les gusta que les den palo, que los maltraten, que les esquilmen las prestaciones sociales, que los servicios de salud anden manga por hombro, que los latifundistas acrecienten sus tierras en detrimento (aún de la vida) de los campesinos pobres, que los sindicalistas pierdan sus derechos, que los opositores deban exiliarse so pena de perder la vida, que los falsos positivos vuelvan, total que el país siga de tumbo en tumbo.

Ni más ni menos que la señora del cuento mencionado al comienzo de esta columna: le están dando garrote y sigue aferrada al bellaco que la maltrata.

A este pobre país, siempre lo ha gobernado la derecha salvo, tal vez, en la primera administración de López Pumarejo, cuando realizó varias reformas, entre esas la laboral, con la que se les reconoció por primera vez a los trabajadores colombianos el derecho a jornada de 8 horas, primas, vacaciones, cesantía y pensión, entre otras muestras del lema de su campaña “La Revolución en marcha”, porque como él mismo lo dijera, “el deber del hombre de Estado, es efectuar por medios pacíficos y constitucionales todo lo que haría una revolución para así, darles a los desposeídos, todo aquello que los poderosos les han negado.»

Todas las prestaciones sociales creadas en el primer gobierno de López el Grande, fueron echadas por la borda durante el primer cuatrienio de Uribe.

Valledupar, 17 de marzo del año 2014

Hasta que se salieron con la suya

La oligarquía bogotana y sus rábulas están de plácemes y todo, porque lograron desembarazarse del obstáculo que les estaba impidiendo lo que siempre habían hecho: robarse el presupuesto de Bogotá.

En estos momentos están que brincan de la felicidad; tanto que, para sus cajas de resonancia (los noticieros de la televisión privada), ya se acabaron los problemas en la capital del país; ya no hay trancones en Transmilenio, ni embotellamientos en las calles, ni basuras por recoger, ni losas sueltas en el pavimento; en fin, nada que merezca despotricar de la Alcaldía.

La razón es obvia, pues -salvo Mockus- el único alcalde que ha tenido Bogotá en muchos años (casi que en toda su existencia citadina), que no solamente ha respetado los dineros públicos sino que, además, impidió que otros (a través de la figura de la contratación) esquilmaran el tesoro distrital, ya se fue, ya lograron salir de él.

Por eso, están felices; porque un mequetrefe que funge de procurador, les hizo la segunda al inventarse un supuesto detrimento patrimonial, cuando Petro desmontó el negociado de las basuras y ya les había quitado a los hijos de Uribe el tinglado del reciclaje.

Los que siempre se han venido robando a Bogotá, aprovecharon también que, al parecer, al cirujano que operó al presidente se le fue la mano y lo dejó sin sus dídimos y, como moderno Sansón, perdió la fuerza; esta vez, la fuerza de voluntad y, por perseguir, a través de otra clase de mermelada, una posible reelección, falló a su compromiso de respetar la Constitución y los pactos suscritos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Le faltaron dos de lo que Uribe dice tener tres.

El Estado colombiano, cual moderna cueva de Alí Babá, demostró estar lleno de fulleros, de trapisondistas cuyo único objetivo es buscar su propio beneficio, sin importarles que el desposeído, el pobre, el desventurado, siga lleno de penurias, con tal de que a ellos no les falten las oportunidades de portarse como verdaderos salteadores de camino.

Y es que Petro, a su condición de costeño y de su ideología de izquierda, cometió el error de sumar, en su labor de alcalde, la preocupación por el bienestar de los más pobres de la capital del país.

Por eso, es hora decir que, más allá de lo que argumenten el remedo de procurador y sus compinches, más allá de la actitud dúctil de Santos frente a la situación, la destitución de Petro, fue una decisión política, orquestada por un grupo de poder que vio amenazado sus intereses económicos; grupo que no iba a permitir que un exguerrillero, un mestizo amigo de los pobres, llegara a la Alcaldía de Bogotá a quitarles lo que, por derecho de sucesión, les había pertenecido desde toda su vida de hambrientos de dinero y de poder, cuyo apetito voraz por robarse el erario no conoce límites. Este grupo de poder, se encontraba amenazado por la intromisión de alguien cuya honestidad lo llevó a pelear con sus copartidarios por denunciar el atraco que los Moreno Rojas y los Nule le hacían al erario bogotano. Al fin y al cabo, a esa oligarquía ladrona e impúdica, eso no les importó; lo único preocupante para ella era la pérdida de sus prebendas.

Valledupar, 24 de marzo del año 2014

Además de chantajista, bellaco

Según declaraciones dadas por el vicepresidente Angelino Garzón, a través de una emisora radial capitalina, ese remedo de procurador que tiene Colombia habría  amenazado a Juan Manuel Santos con abrirle una investigación, si no lo respaldaba en su decisión de desembarazarse de Petro que, sin lugar a dudas, es una piedra en el zapato, no sólo de la oligarquía bogotana, sino también un palo en la rueda para las ambiciones de más de uno, en sus aspiraciones a la presidencia en el 2018, incluido el propio camandulero, quemador de libros que no le gustan y atizador de todas las hogueras capaces de acabar con todo aquel que se le oponga a su desenfrenada glotonería por el poder.

El propio Torquemada, criollo y subdesarrollado, le confirmó al vicepresidente su decisión de arremeter contra Santos, en caso de que éste aceptara las medidas cautelares proferidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a favor de Petro. Más aún, fue tan cobarde el embaucador, que ni siquiera fue capaz de decírselo personalmente a Santos; no, para eso buscó a alguien que le diera el mensaje y, de paso, lo sugestionara ante el peligro de perder la posibilidad de ser reelegido. Entonces no es esto, acaso, ¿un abuso de poder del truhán?, ¿no demuestra la falta de carácter y de pantalones de Santos?

Parece increíble que éstas sean las personas que ostentan poder en este pobre país, que no merece otro título que aquél que le endilgara Gabriel García Márquez  cuando tuvo que irse al exilio, porque Julio César Turbay Ayala firmó el vergonzoso  Estatuto de Seguridad, con el que desató una ola de terror que permitió que se llevaran a cabo torturas, desapariciones forzadas y otras violaciones a los derechos humanos, que provocaron el destierro de numerosos ilustrados y, todo, por obedecerle a su ministro de guerra, el también oprobioso general Camacho Leyva, quien le aseguró que los intelectuales eran un peligro para la democracia.

Pero volviendo al chantaje ejercido por el embaucador, queda demostrado que  Colombia todavía sigue en la época de la Patria Boba: unos pocos astutos hacen y deshacen, con las normas y las leyes, lo que les da la gana y el pueblo, el verdadero elector, sigue impávido.

De lo que parecen no darse cuenta, los que mangonean en el poder, es que esta situación puede convertirse en una olla de presión que, por falta de una válvula de escape, cuando explote puede traer consecuencias funestas, sobre todo si les estalla en la cara a los culpables.

Porque,  por la falta de justicia y el disfraz de democracia, a este país sólo le quedan  la vergüenza y la deshonra. Y las generaciones futuras, no sabemos cómo irán a  responder.

Así, que a pensar muy bien por quién se votará para presidente ahora en mayo próximo.

No se puede olvidar que el ‘todo vale’ y una nueva ‘refundación de la patria’, significarían volver a caer en la barbarie que ya Colombia vivió a principios de siglo y, por .la cual, aún sigue postrada; salvo que, quienes tenemos la capacidad de elegir, lo hagamos (no me cansaré de insistir) pensando con el cerebro; jamás con el corazón, nunca con el estómago y, muchos menos, con el bolsillo.

Valledupar, 31 de marzo del año 2014

El deshielo en la Sierra Nevada

Hace más de 10 años escribí un ensayo sobre el fin del mundo; allí se analizaron las posibles causas de un colapso que lleve a la desaparición de todo vestigio de vida en nuestro planeta; dentro de esos factores devastadores, de dimensión mundial, se contempló desde una explosión solar, hasta la precipitación de la Luna sobre la Tierra como consecuencia de la desestabilización de la órbita de aquélla.

No obstante, es innegable que, de manera individual, hay momentos en los cuales para algunas personas el mundo llega a su fin, bien sea de modo simbólico o en forma real. Esto ocurre, cuando la tragedia toca las puertas de alguien en particular. Allí, en ese momento, el cielo se junta con la tierra y, para ese individuo, el mundo -su mundo- pareciera extinguirse. En otras ocasiones, la tragedia es colectiva pero circunscrita a un grupo más o menos extenso de personas y, entonces, esa familia, esa ciudad, esa región o ese país, contempla la posibilidad de su propia postrimería.

Pues bien, este es el caso al cual puede verse abocado el Valle de Upar, como consecuencia del deshielo, paulatino pero constante, de los picos nevados de la secular Sierra de Santa Marta.

El IDEAM, en publicación hecha hace algunos años, informó que “desde 1930 se viene observando un fenómeno continuo de calentamiento y reducción de los glaciares en todo el mundo.” En términos generales y según el documento, en Colombia, entre los años 1930 y 2010 se ha perdido el 76,74% del área glaciar.

Este medio de comunicación pudo constatar que “Corpocesar  sabe, desde el año 2001, que en el 2050 no habría nieve en la Sierra de Santa Marta, pero no se ha escuchado pronunciamiento oficial con respecto a la prevención de esa situación.”

Más aún el IDEAM ha advertido en diferentes épocas, cómo la Sierra de Santa Marta, único sistema glaciar en el mundo cercano al mar y, como si fuera poco, fuente de generación de agua, ha venido perdiendo en forma periódica su área nevada.

Así, en el año 1930, la extensión cubierta por la nieve en la Sierra de Santa Marta, medida en hectáreas, era de 35.565; para 1950, la superficie cubierta de nieve ya era de sólo 22.312, es decir había disminuido en un 27%; en 1980 su reducción fue calculada en  42%, con respecto al área establecida 50 años antes. Ahora, en los comienzos del siglo XXI, sólo quedan 7.140 hectáreas de picos cubiertos de nieve en la sierra tutelar de tres departamentos de la costa caribe colombiana.

Como quiera que el deshielo en los glaciares es un retroceso ambiental y un fenómeno natural al que, en lugar de intentar frenar fallidamente, deberemos aprender a adaptarnos y, como solución a la pérdida de fuentes hídricas, habrá que buscar respuestas a este problema; por ejemplo, pensar cuanto antes en el embalse Los Besotes y darle prioridad, porque el río por sí solo no abastecerá por mucho tiempo a la ciudad.

Sólo resta preguntar, ¿por qué el proyecto Los Besotes no ha llegado a feliz término? Acaso, ¿hay intereses creados en su suspensión? ¿A quiénes beneficia esta situación? o ¿a quiénes perjudica la realización del proyecto? O, será más bien que ¿ha faltado decisión política para culminarlo?

Valledupar, 7 de abril del año 2014

El deterioro del medio ambiente

Hace ocho días, en esta columna se habló del deshielo en la Sierra Nevada de Santa Marta. Pero, no es sólo el entorno de la Sierra el que está en peligro, es todo el territorio nacional, pues los títulos mineros, la ganadería extensiva, las tierras dedicadas a la agroindustria, y los usufructuarios de esto pasando de agache ante la explotación diaria,  van dejando páramos y parques naturales amenazados, ríos contaminados de los que nadie se ocupa. Esta es la descarnada radiografía de una situación que parece haberse salido de control. Sólo se escuchan voces solitarias de los ambientalistas que claman por el respeto al ecosistema. 

Manuel Rodríguez Becerra quien fuera el primer ministro del Medio Ambiente en Colombia y es toda una autoridad mundial en el tema, es el director del proyecto ‘La mejor Orinoquia que podemos construir’, liderado por la Universidad de los Andes, con el fin de pensar el presente y el futuro de esa enorme reserva del país, que ha estado -en gran proporción- en manos de las multinacionales, por causa de la compra de grandes extensiones de terreno por parte de empresas privadas.

Rodríguez Becerra sostiene que “el Ministerio funcionó bien hasta el 2002, pero en los gobiernos de Uribe vino la catástrofe de fusionarlo con Vivienda. Pero, más que la fusión, lo grave fue la poca importancia que le dio Uribe a la parte ambiental y al desarrollo territorial. Y cuando Santos subió a ponerse la manilla con los indígenas de la Sierra Nevada, todos tuvimos la esperanza de que ese anuncio tan espectacular abriera una época brillante de gestión ambiental, pero hemos seguido con la misma música uribista, pues se mantiene una institucionalidad ambiental muy débil, porque no tiene los suficientes recursos económicos, y, sobre todo, porque las prioridades del gobierno están en otro lado. Los dos períodos de Uribe y el de Santos, han sido particularmente complacientes con la extracción mineral; en ellos ha predominado una política sectorial en minería e hidrocarburos, con muy poco miramiento por el medio ambiente.”

No obstante estas advertencias, el deterioro del medio ambiente en Colombia avanza a pasos agigantados, cada vez más.

También las propias costumbres de la población afectada irremediablemente mutan, el desarrollo de la vida en los municipios en los que tiene lugar la explotación cambia, la economía agrícola rápidamente termina sustituida por la nueva agroindustria o, en el peor de los casos, queda desplazada.

Ahora bien, Uribe a través de Zuluaga quiere seguir gobernando el país. Eso no tiene nada de ilegal; sin embargo, si ya padecimos no sólo el menoscabo del entorno por una  presunta “confianza inversionista”, aunada a una falsa “cohesión social”, sino que además, los derechos humanos fueron conculcados con el pretexto de la supuesta “seguridad democrática” entonces, así Zuluaga crea que resaltando los errores de Santos, minimiza los de su jefe y los propios (todo para engañar una vez al pueblo), se equivoca; pues la solución es un cambio de tercio en la conducción del Estado. ¡No más gobiernos retardatarios!

Valledupar, 14 de abril del año 2014

El desprecio

Es un sentimiento que, como todos los demás, brota del fondo del alma y, como quiera que quien desprecia considera indigno al despreciado, se opone a la admiración.

En tanto esta última puede llegar a tener visos de adulación, aquél es más afín al desdén (tanto que se les confunde) y termina por ser negativo.

Al igual que muchos de los sentimientos que anidan en el alma del ser humano, el desprecio también nace, se alimenta y hasta puede morir, dependiendo de la actitud de quien lo engendra y de la persona hacia quien va dirigido. Sin embargo (también como otros sentimientos), puede llegar a volverse autónomo y hasta puede subordinar el alma en donde se origina.

De ahí que sea tan necesario, si se desea alcanzar la felicidad, que el individuo, independientemente de los sentimientos que afloren en su alma, genere el sentido de la fuerza de voluntad; es decir, la capacidad de dominar el accionar de sus pasiones. Pues, de no lograr esto último, la persona débil de carácter, cae simplemente en la desdicha, así ame, odie, desprecie o admire a alguien.

Pues si ama y no es correspondido, el ser humano se convierte en presa fácil de la nostalgia y de ésta a la infelicidad, no hay más que un paso.

Si se admira a una persona (no importa su prestigio) y se deja exacerbar ese sentimiento de entusiasmo, caerá seguramente en el ditirambo y la adulación y quien admira se volverá rastrero, lo que lo hará merecedor del menosprecio de los demás.

El odio carcome el alma del individuo en quien se suscita el encono y termina haciéndole más daño a él que al objeto del rencor. Pues, como dijera algún pensador, “odiar es como sujetar un carbón encendido, con la intención de lanzárselo a una persona; al final uno es quien  se quema.”

Si se desprecia a alguien (así ese alguien sepa que es despreciado), con seguridad quien desprecia termina por convertir ese desdén en algo muy parecido al rencor y, ya se vio, lo que le sucede a quien se deja llevar por el odio.

Entonces, la idea es aprender a controlar los sentimientos, tanto los positivos como el amor y la admiración y,  mucho más, saber moderar las pasiones negativas, tales como el odio y el desprecio, pues éstas destruyen y mortifican el alma del sujeto de ellas, en tanto  que para su objeto, la mayoría de las veces, es algo totalmente transparente.

Por eso la persona sensata, debe desterrar del alma y de la mente (hábitat de aquélla) estos arrebatos negativos, ya que estas pasiones solamente hacen daño a quien las anida; así el destinatario de ellas conozca la situación. A menos que, a su vez, se trate de un individuo con personalidad débil que actúa, no de acuerdo a su propio criterio, sino llevado de la actitud que adopten los demás.

Por tanto, la indiferencia es el antídoto perfecto contra esos sentimientos venenosos que aturden la mente y emponzoñan el alma, como lo son el odio y el desprecio,

De otro lado, para no caer en la adulación y la vileza, hay que saber morigerar la admiración.

Y, en cuanto al amor, no entregarse a esa noble pasión sin antes asegurarse de la reciprocidad de parte de la persona amada, a menos que el sufrir produzca alguna clase de placer.

Valledupar, 28 de abril del año 2014

La parábola del amor

Tomado de los manuscritos que el lector habitual ya ha oído mencionar.

Una vez, al principio de los tiempos, se reunieron en lo alto de una montaña los sentimientos del alma, con el fin de pasar una tarde alegre. Las horas pasaban y nada ocurría; entonces la locura propuso jugar a las escondidas. El aburrimiento bostezó y siguió mirando hacia el infinito, mientras que la intriga dio saltos y saltos y convenció a la apatía, para que no jugara. La verdad, en cambio, dijo que para qué se escondía si nadie se iba a preocupar por encontrarla. La soberbia calificó de tonto el juego y siguió contemplándose en la superficie de un lago. La cobardía prefirió no arriesgarse, mientras que los demás sentimientos decidieron jugar.

La locura empezó a contar y cada cual fue buscando donde esconderse. El egoísmo fue el primero en hallar sitio para él solo, muy cómodo y ventilado y no quiso compartirlo con nadie. La fe subió al cielo y la envidia se escondió detrás de la sombra que proyectaba el triunfo, quien había subido, sin ayuda, hasta la cima de un elevado árbol.

La generosidad, entre tanto, no encontraba sitio para ocultarse, pues cada vez que hallaba uno, lo cedía a otro de los sentimientos, hasta que se ocultó, junto con la ingenuidad, detrás de un rayo de sol. La mentira fue a esconderse en el fondo del lago, cuando había dicho que lo haría detrás de las nubes y la pasión y el deseo lo hicieron en un volcán. El olvido terminó por trascordarse del juego. El entusiasmo y la alegría dijeron que sí jugarían, pero se pusieron a bailar y no se escondieron.

Mientras tanto, la locura llegaba al final de la cuenta y el amor era el único que no había encontrado sitio donde ocultarse, pues todos ya estaban ocupados; hasta que divisó un rosal y se escondió entre sus flores.

La locura terminó y empezó la búsqueda. Al asomarse al lago, vio a la luna rielar en sus aguas y, detrás del resplandor, encontró a la belleza. A la duda la encontró junto a una cerca, sin decidir de cual lado esconderse. Siguió buscando y, fácilmente, fue encontrando a todos: al talento entre la hierba fresca, a la angustia en una oscura cueva, a la pasión y al deseo en el cráter del volcán, a la mentira detrás del arco iris, aunque ella le había dicho a la ingenuidad que se escondería en el fondo del lago; al egoísmo no tuvo que buscarlo, pues él solo salió de su escondite que resultó ser un nido de avispas, que lo persiguieron por toda la ladera de la montaña.

Y así, la locura siguió buscando y encontrando a todos, menos al amor que no aparecía por ninguna parte.

Lo buscó detrás de cada árbol, en los riachuelos, en la cima de la montaña y, ya iba a darse por vencida, cuando se le ocurrió buscar en el rosal: allí encontró al amor; pero cuando éste quiso salir, la locura, sin culpa, lo golpeó con la rama con la cual escarbaba el rosal y, en el afán de salir, el amor se hirió los ojos con las espinas. La locura lloró, pidió perdón y se ofreció como lazarillo del amor.

Por eso, el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.

Valledupar, 5 de mayo del año 2014

Un secreto a voces

Habida cuenta de lo rastrera que se ha vuelto esta campaña electoral, es necesario hacer un alto en la publicación de las reflexiones para el alma, con el fin de analizar esta situación, así sea someramente en razón del espacio.

Pues bien, los candidatos (Santos y el uribista Zuluaga) han resuelto halarse de las greñas, a la mejor usanza de las vivanderas cuando se trata de tapar sus propias miserias espirituales.

Son esas escenas, en las cuales Uribe (en forma directa o a través de sus títeres, como es usual en él), le saca los trapos al sol a Santos y, éste -ni corto ni perezoso- arguye mediante metáforas y muestra el rabo de paja de su antiguo socio, en esta opulenta actividad de manejar el presupuesto nacional.

Sin ir muy lejos, circula en la revista Semana una foto en la que aparecen muy juntitos, casi sonrientes y como con ganas de abrazarse, Chica, Zuluaga, J. J. Rendón, Uribe y Santos. Era la época, cuando todos cinco jugaban en el mismo equipo y buscaban la forma de que Santos ganara las elecciones y, para lograrlo, Rendón llegó al extremo de defenestrar a Mockus, el contrincante de turno con más opción, con lo cual los cinco de la foto mencionada esperaban seguir entrando a saco al erario y a fe que lo lograron; lo único fue que Santos dejó por fuera a Uribe y a su monigote; lo que le significó que el uribismo lo enviara a las tinieblas exteriores.

Entonces, cuando Uribe ansía dejar la viudez del poder y quiere nuevamente manejar las arcas del Estado y, sobre todo, seguir con su actitud guerrerista y de paso exorcizar los fantasmas de su pasado, utiliza algo de lo cual no parece tener pruebas y, así, ensucia a su antiguo socio y a Rendón y a Chica, correveidiles de ambos, cuando todos comían del mismo plato.

Pero Uribe no contaba con una vuelta del búmeran del chisme y, en estos momentos, le están cursando una demanda por injuria y calumnia. Y, como si fuera poco, se revive un secreto a voces: el informe que, a principios del año 2003, la U. S. Intelligence publicó en los principales diarios de su país, entre ellos Newsweek, en el cual se encuentran «alrededor de 120 peligrosos narcotraficantes colombianos, así como abogados y auxiliadores de ellos.» En esa tortuosa lista aparece de cuerpo entero Uribe, pues -textualmente- el informe en cuestión, reza: «#82. Álvaro Uribe Vélez, político y senador colombiano, dedicado a colaborar con el Cartel de Medellín en altos niveles del gobierno.» La declaración continúa dando otros datos sobre los vínculos de Uribe con Pablo Escobar, cuyo primo hermano fue asesor susurrante de aquél, durante los oprobiosos ocho años del gobierno de la “seguridad democrática” y, hasta señala el ímpetu con el cual «Uribe atacó todas las formas del tratado de extradición», que para la época se discutía en el congreso colombiano.

Ahora, Virginia Vallejo -quien fuera amante de Escobar y, por tanto, conocedora de muchos de los secretos de éste- asegura que «Uribe ayudó a Escobar a volverse billonario. Entonces Alvarito o ‘Varito’ (por eso Chávez lo bautizó Varito Corleone), con su carita de seminarista [cuando fue director de Aerocivil] les concedió docenas de licencias a los narcos, para que dispusieran de pistas de aterrizaje. Pablo me decía que sin la ayuda de ‘ese muchachito bendito’ estaría trayendo la pasta de coca a pie desde Bolivia.»

Valledupar, 12 de mayo del año 2014

Votar en conciencia

El próximo domingo Colombia elige presidente. En esa elección los colombianos demostraremos si realmente hemos madurado políticamente o si, por el contrario, todavía estamos en la época de las alcabalas y las encomiendas, cuando el amo decidía por sus siervos y éstos, ciegamente, obedecían.

El domingo, Colombia elige entre la paz y la guerra, entre el estado de derecho y la dictadura, entre una nación cuyo presupuesto se invierta en mejorar la calidad de vida o se dedique a sostener el desbordado gasto militar.

El asunto es tan crucial, que si no se derrota definitivamente en las urnas a los enemigos de la paz (archiconocidos todos ellos), los falsos positivos seguirán, ya que mientras los beligerantes tengan voz y voto y dominen, inclusive en los medios de comunicación, las depredaciones en las que mueren soldados y policías, para mostrarlos como muertos en combate (terrorismo lo llama el beligerante mayor) y no, como lo que son en verdad: víctimas de los enemigos de la paz, aquellos que pescan en río revuelto, esos a quienes les beneficia ese estado de cosas, porque de él derivan su poder y hasta pingües ganancias, entonces, repito, si no los derrotamos el domingo próximo, esto sería el apaga y vámonos.

Porque renacería el paramilitarismo, la guerrilla continuaría, los falsos positivos también. Seguramente, el día laboral terminaría a las doce de la noche, la salud se resquebrajaría más aún (si es que acaso eso es posible), la entrega de los recursos naturales a los extranjeros se desfogaría; la persecución a los inconformes, a los opositores, sería como  cuando gobernó Uribey peor también que su precursora: la época cuando el general Camacho Leiva manipulaba a nombre de Turbay Ayala.

Entonces, a votar en conciencia, Hay que cerrarle el paso a la ominosa y mal llamada “seguridad democrática”, que logró incendiar más el país y sólo protegió a los finqueros y hacendados; no podemos permitir que vuelva la supuesta “confianza inversionista”, con la que Uribe le entregó el subsuelo a las multinacionales y elevó las exenciones tributarias a los afiliados de Andi y Fenalco y gravó con más impuestos a los asalariados.

Ni tampoco el embeleco de la “inversión social”, que hizo que cada vez los pobres se hicieran más pobres y los ricos más ricos y, además, el desempleo aumentara, al igual que la miseria absoluta, porque la cacareada “acción social” de sus dos períodos consecutivos, no fue más que otro mito que, como los anteriores, la propaganda oficial del momento le vendió a medio país. No podemos volver a la época del “todo vale”, como resultado de la “refundación de la patria”, prohijada por el mentiroso mayor, cuyo objetivo era perpetuarse en el poder, y casi lo logra. Entonces, a votar por alguien que garantice la paz, que no nos sumerja nuevamente en el terror, disfrazado de “consejos comunales”, ni tampoco por los que se parezcan al “zorro” o, más certero, «al “zorrillo”, por el mal olor de su campaña.»

  1. S. Ojo con los falsos positivos de la derecha, ahora que se pactó en La Habana el cese al fuego, unilateral y temporal.

Valledupar, 19 de mayo del año 2014

Reflexión sobre el perdón

Como quiera que cuando esta columna se escribe aún se desconocen los resultados de los comicios para la presidencia del país y cuando se haga pública ya Colombia sabe qué pasó, volvamos sobre las introspecciones de hace unas semanas y hagamos un razonamiento sobre este tema tan trascendental en todos los momentos de la vida del ser humano; máxime ahora, cuando las campañas electorales, salvo una honrosa excepción (la de Clara López), se han debatido recurriendo a los más bajos instintos de los contrincantes; porque hecha la ya manifiesta salvedad, los demás candidatos se dedicaron a sacarse los trapitos al sol y se olvidaron de expresar cuál sería su proyecto de gobierno y hasta hubo un candidato que se presentaba ante sus posibles electores, acompañado, no de estrategas y asesores de campaña, sino de abogados penalistas, en razón de ciertos videos comprometedores que resultaron ser verídicos, entonces hablemos del tema señalado en el mote de esta columna.

La razón de ser del perdón es el amor, porque solamente quien ama, es capaz de perdonar. Por ser infinito el amor de Dios, es infinita Su capacidad de ser indulgente, es decir, Su magnanimidad. Cuando Cristo nos enseña “ama a tu enemigo”, nos está enviando el mensaje “perdona a tu enemigo”. Él siempre, a través de Su existencia terrena, procedió de acuerdo a este mandamiento divino, pero donde más dio ejemplo de Su infinita misericordia, fue en la Cruz, cuando después de haber sido zaherido y humillado, clamó “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, como buscando lenitivo al horror del cual había sido víctima.

Qué hermoso fuera si todos pensáramos así. Si cada cual fuera capaz de perdonar a quien le ofende. Si cada uno de nosotros sacara de su alma el rencor que pueda anidar en ella. 

En otro pasaje de la Escritura, el Profeta, dice “Si no perdono a mi hermano, soy como címbalo que suena o campana que repica”, para indicarnos que sin el perdón, sin el amor, ninguna acción es válida ante Dios.

Es evidente que, para obtener el perdón, debe haber arrepentimiento, debe haber reparación, debe haber alejamiento de las ocasiones de reincidir en los hechos injuriosos, debe haber un verdadero propósito de enmienda. Mas, también, mucha valentía y una enorme dosis de humildad; pues, no es fácil humillarse ante quien se siente ofendido y se requiere un gran esfuerzo para reconocer el error.

Pero no es menos válido afirmar que para otorgar el perdón, se precisa de una generosidad a toda prueba, ya que ésta no es una cualidad corriente en los seres humanos, no obstante, con frecuencia recitemos las palabras de Cristo al Padre: “perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden.”

Valledupar, 26 de mayo del año 2014

La segunda vuelta

En las últimas elecciones, el 29% de los votantes demostró que le gusta el país en guerra, manifestó que no le importa que el presupuesto se dedique preferentemente al gasto de esa contienda y sólo un exiguo rubro se destine a la salud, la educación y la vivienda (por sólo hablar de los ítems más acuciosos del gasto público, porque la justicia sigue siendo la cenicienta del Estado).

¿Será que a esos electores les agrada la inequidad social reinante en Colombia y que la pone en el deshonroso segundo sitio en América, después de Haití? Bueno, en gracia de discusión y a fin de evitar que esta disquisición se desvíe de rumbo, dejémoslos en su burbuja y démosles nuestros deseos por su felicidad en su urna de cristal, con tal de que no propicien la escalada de la guerra.

Ya que lo preocupante es, por un lado, el 60% de la población que no votó. Se sabe que muchos no lo hicieron por fuerza mayor, pero otros (los más) no votaron por apatía, por indolencia. Como si la suerte del país no les importara.

De otro lado, inquieta saber cuál será la decisión que tomarán los pertenecientes a ese 23% que votó por dos de los tres candidatos que no pasaron a la segunda vuelta. ¿Se dejarán llevar, como ya lo hizo Marta Ramírez, por los cantos de sirena del embaucador mayor y le creerán (a través de su caja de resonancia -léase Zuluaga-) todas las mentiras sobre la seguridad democrática, la inversión social y la confianza inversionista? O, por el contrario, se acordarán de Agro Ingreso Seguro y de las chuzadas; de todos aquellos individuos cercanos al  gobierno de Uribe (y hasta algunos de sus familiares) que están presos, extraditados o investigados por ser delincuentes y tantas otras cosas que aumentan el prontuario delictivo de alguien que, por desgracia fue elegido por muchos colombianos a quienes les inculcaron el miedo y los obnubilaron con promesas que, a pesar de haber sido dos los períodos de mando, nunca se cumplieron.

Porque lo que se avecina, si Zuluaga llega a ganar en la segunda vuelta, eso sí es de temer: una derecha recalcitrante, belicosa, vengativa y hasta mentirosa, encarnada en Uribe, José Obdulio, alias “Pachito” y tantos otros que, a la larga, sólo esperan retomar el poder para ahí sí poder “refundar” la patria, para imponer el “todo vale” y quedarse a perpetuidad con el manejo del presupuesto; porque, al fin y al cabo, lo único que han demostrado es una desaforada codicia por aumentar sus riquezas mal habidas, pero también poder cubrir con el manto de la impunidad todo su pasado de crímenes y horrores; por eso, no quieren la paz porque saben que en un país dividido entre buenos (ellos) y malos (el resto), tal como lo ha hecho Maduro en Venezuela, les será más fácil alcanzar su objetivo final: reinar en una nación desbocada por el terrorismo de Estado, el peor de todos, pues ese es el que tiene licencia para matar y robar.

Ojalá, Santos logre ganar la segunda vuelta; porque después sería el rechinar y el crujir de dientes, pero sería una situación tardía e irreversible, porque allí no cabría ningún asomo de democracia.

Aquellos que no recuerdan qué pasó del 2002 al 2010, corren el riesgo de permitir su repetición.

Valledupar, 2 de junio del año 2014

El debate electoral

El pasado jueves fue el debate de los dos candidatos por la segunda vuelta a la presidencia.

Yo que nunca fui santista, pues nunca me gustó su actitud en su paso como ministro, primero de Pastrana y después de Uribe, me gustó la presentación del presidente como candidato ante las cámaras: seguro, ecuánime y hasta circunspecto.Mientras que Zuluaga repetía el mismo sonsonete de siempre, mediante el cual promete muchas cosas, de las cuales la mayoría ya las está haciendo Santos o ya las tiene proyectadas o, de lo contrario, no hacía sino decir mentiras sobre el desarrollo del actual gobierno, utilizando cifras y murmuraciones, todas apegadas a la mentira o a la calumnia,secuelas de su amo. Más aún, dentro de su desfachatez, criticaba a Santos cosas que son del resorte de alcaldes o de gobernadores.

No obstante su aparente sumisión a Uribe, Santos como presidente cambió su talante y comenzó a dar muestras de sensibilidad social (casas gratis para los más pobres); mejoramiento de la infraestructura del país (decenas de miles de kilómetros de carreteras construidos en los 4 últimos años, en contraste con el abandono vial de los 8 años de Uribe) y, lo mejor de todo: su apuesta por la paz.

Allí demostró Santos su desapego por las políticas guerreristas de su antecesor; quien durante toda su vida política ha demostrado su beligerancia indómita y hasta pendenciera; pero lo más grave, su pasión por hacer las cosas a través de su extraña filosofía del “todo vale”, sin importar a quién se sacrifica ni qué leyes haya que infringir. En realidad, una actitud de matoneo.

Tal vez, por eso Sanos desde el mismo 7 de agosto del 2010, resolvió armar carpa aparte, para desvincularse de ese nefasto pasado que arrastra Uribe y que, cual un rey Midas al revés, todo lo que toca lo convierte en excrementos.

Y desafortunadamente para Colombia, el títere que eligió como candidato de su partido político, el mal llamado Centro Democrático (que ni es de centro ni es democrático), ese candidato pelele (que hasta el mismo hablado y la misma gesticulación, recuerdan a su amo),  si llegara a ganar (Dios no lo permita), arrastraría a Colombia por una pendiente sin fin, pues lo primero que haría (así haya cambiado de parecer como gallo de veleta), sería cancelar las conversaciones de paz y el país nunca podría salir de la barbarie. Después convocaría una constituyente que desbarate la Constitución del 91 y modifique el “articulito” de marras, para permitir la reelección indefinida de Uribe, pues este individuo, codicioso como pocos, sediento de poder, de riquezas y de venganza, una vez se vuelva a trepar, nadie podrá bajarlo; hasta que se muera de viejo como Franco y deje un lastre en la sucesión (tal como lo hizo este último, con la monarquía parasitaria y zángana) o se arme una revolución que no deje “títere con cabeza”. (Lo pongo entre comillas, primero porque es parte de un adagio y, segundo para que no se le confunda con su actual candidato.

Pues bien, el próximo domingo se define (esa es la verdad monda y lironda) si Colombia quiere el camino de la paz y, por éste, el de la prosperidad o, por el contrario prefiere seguir en la guerra, en la que mueren soldados, policías, guerrilleros y hasta paramilitares (pues es mentira que Uribe los acabara), todos pertenecientes a las clases menos favorecidas desde siempre.

Valledupar, 9 de junio del año 2014

La  ética  y  el  desarrollo del país

La ética, llamada también filosofía moral, se puede definir como la ciencia de las costumbres del ser humano. Su objeto material lo constituyen los actos humanos y su objeto formal consiste en el enjuiciamiento de esos actos, respecto a una escala de valores.

En épocas pasadas la ética y la moral eran una sola, sin separación entre lo individual y lo colectivo, sin importar el accionar del ser humano, como individuo o como miembro de una comunidad. Sin embargo, actualmente, estos dos conceptos han sido separados de tal manera, que se llega a afirmar que, en tanto la moral es universal, la ética es meramente individual o, en el mejor de los casos, grupal.

Es indudable que todo comienza con la división entre ética autónoma y ética heterónoma; en donde la primera es aquella en la cual el sujeto encuentra en él mismo todo cimiento moral y la heterónoma fija su fundamento en algo externo al acto y al sujeto. De esta última surgen, entonces, diversas clases de ética: teológica, evolutiva, utilitarista, hedonista, etc.

De estos tipos de ética, ocupémonos de la utilitarista, debido a que ella es la que más ha influido en el desarrollo del hombre contemporáneo; ya que por ser la utilidad susoporte

 principal, la humanidad, ha sido presa fácil de la inversión de la escala de valores; lo cual ha llevado al mundo en general y a nuestro país, en particular, a caer en un marasmo que, en el caso colombiano, le ha corroído sus estamentos, trayendo como consecuencia la filosofía del “todo vale”, en la que ese trastrueque axiológico ha convertido el dinero, del medio que siempre había sido -como herramienta de cambio comercial- en un fin en sí mismo.

Es por eso que la injusticia social, la explotación de los seres humanos situados en escalas inferiores, el narcotráfico, el sicariato, el contrabando, el cohecho, el soborno, el asesinato, la extorsión, las desapariciones forzosas, etc., se han enseñoreado del devenir colombiano.

Por esa subversión axiológica, se han perdido los valores tradicionales, que antaño regían las costumbres de la gente, temor de Dios, honradez, honorabilidad, honestidad, respeto a la vida y a las demás personas, tolerancia, longanimidad, etc. El “todo vale” ha dado al traste con todo reato de conciencia hasta el extremo de unir poderes político y económico en la búsqueda de un solo objetivo: la perpetuidad en el gobierno.

Y, para lograrlo cualquier medio es lícito, pues la ética, al divorciarse de la moral, se ha convertido en un vestido que se quita y se pone de acuerdo a las circunstancias y a las conveniencias de cada cual.

Por eso, es indispensable un cambio radical en los hábitos de los colombianos; debemos empezar por volver a la antigua escala de valores; se requiere un resurgimiento de las buenas costumbres; todo lo cual permitiría la generación de líderes honestos y honrados, con conciencia social, que busquen el bienestar común por encima del provecho individual. Es impostergable la necesidad de volver a aunar la ética y la moral; es la única forma de evitar el hundimiento de Colombia. No debemos olvidar que la decadencia de los pueblos, empieza siempre por la decadencia moral.

Todo esto, por supuesto, depende de cuál haya sido el resultado de los comicios de ayer.

Valledupar, 16 de junio del año 2014

El día del padre

Hace cerca de treinta años, mi hijo mayor, quien a la sazón se encontraba casado y, a su vez, era padre, me decía:-Papá, ahora sí puedo aquilatar lo que significa ser padre y, lo más importante, puedo valorar todo lo que tú has hecho por mí.

Los ojos se me aguaron y se me hizo un nudo en la garganta y, abrazándolo, sólo atiné a decirle:-Así es, mijo, uno no sabe apreciar todo lo que su propio padre ha hecho, hasta cuando uno mismo lo es o cuando, por desgracia, lo ha perdido.

He tenido esta remembranza con ocasión del día del padre, al evocar la imagen de quien fuera, no solamente mi progenitor; sino también el guía más invaluable en mi vida, no obstante lo perdiera cuando me encontraba apenas en la pubertad.

Son tantos los recuerdos gratos que guardo de él, que fácilmente podría escribir muchas y muchas hojas sobre el tema y, aun así, seguro que algunas cosas se quedarían en el tintero. Sin embargo, hoy sólo quiero recordar lo mucho que, de mi formación intelectual y moral,  le debo a mi padre.

Dicen que cada individuo es hechura de sus padres e, indudablemente, eso es verdad. Porque no solamente somos producto de nuestros inmediatos ancestros, desde el punto de vista genético; sino que, además, nuestras virtudes y nuestros defectos, tienen su origen en esa primera escuela de la vida, como lo es el hogar paterno. Allí aprendemos a ver, a oír, a  caminar, a distinguir los colores, a descifrar las primeras letras. Pero también aprendemos a ser bondadosos, a distinguir el bien del mal. Allí nos educamos en las buenas costumbres; en el hogar aprendemos las primeras y más importantes lecciones de moral y, sin saberlo, nos empezamos a formar en el justiprecio de los valores humanos.

Por eso, en estas fiestas, cuando conmemoramos el día de la madre y el día del padre, el mayor reconocimiento que se les puede hacer a ese par de seres abnegados que todo lo dieron por nosotros, es agradecerle al Creador el habernos permitido tener los padres que tuvimos. Sin cuya presencia y cuyos desvelos, sí que también su total dedicación a nuestra formación para lograr que algún día fuéramos seres útiles a la sociedad, otra podría haber sido nuestra suerte.

Tal vez, tendríamos más dinero, otra posición social y otras distinciones banales que hoy son y mañana no parecen. Pero, ¿podríamos marchar con la frente en alto, por la satisfacción del deber cumplido? ¿Estaríamos igualmente orgullosos de hacer el bien por el bien mismo y no por la imposibilidad de hacer el mal? ¿Tendríamos la misma capacidad de amor al prójimo, tal como lo estipula el Evangelio? ¿Habríamos podido formar un hogar en donde el respeto, el amor, el desprendimiento, la tolerancia y la armonía reinan, como corolario del amor a Dios y el amor a nuestros padres?

Seguro que de no haber tenido los padres que el Todopoderoso nos dio, eso habría sido imposible. Entonces, bendigamos a Dios, al recordar con amor y gratitud la figura paterna y la imagen materna, y no permitamos que se desdibujen en la memoria. Porque cuando eso ocurra, podremos tener la certeza de que ese día será el comienzo del fin de nuestra propia existencia.

  1. S. Qué diferencia entre los rotundos triunfos de Chile y Costa Rica y la ganada opaca de Argentina. Qué inicua la decisión de la FIFA sobre el control antidopaje a Costa Rica tras ganarle a Italia. Qué empate con sabor a derrota el de Alemania.

Valledupar, 23 de junio del año 2014

Desde la barrera

Hay un momento, en la vida del ser humano que ha resuelto cultivar las letras, en que decide dar a conocer a la mayor cantidad de gente sus pensamientos y opiniones sobre algún tema en particular o sobre varios en general.Es la ocasión cuando desea ampliar el radio de acción de su personal perspectiva, sacándola del reducido número de sus ocasionales o habituales contertulios.

Muchos de ellos, sin ser periodistas de carrera ni sociólogos de profesión, dan el osado paso y, a través de un medio de comunicación comparten sus ideas y pensamientos, con el público en general o, mejor aún, con todo aquel que quiera leerlo, o sea, con las personas a quienes les guste su estilo literario.

Porque el estilo es el carácter propio que cada quien da a sus escritos, en virtud de sus personales facultades y formas de expresión. Al respecto, decía Séneca: “El estilo es el rostro del alma”; mientras que para Azorín, el estilo es “una resultante fisiológica” o, como dijera otro pensador, “el estilo es el hombre”; en tanto, Bécquer, con su inefable rima e impecable verso, definía poéticamente el estilo así: “Yo soy el invisible anillo que sujeta el mundo de la forma, al mundo de la idea.”

Por esto, hace 13 años resolví buscar la forma de dar a conocer mi opinión personal, mi particular enfoque de algunas situaciones y de variados sucesos en el orden nacional y otros de resonancia internacional -en el momento actual de su ocurrencia o de su trascendencia en la Historia-, sí que también, el análisis de ciertas conductas, escrito con el ánimo de orientar a alguien en particular que, en un momento dado de su propia vida ha considerado que, en este periodista por afición, pudiera encontrar el consejo atinado o la voz de aliento necesaria para sortear determinada encrucijada.

La columna que el diario “El Pilón” generosamente me brindara, la bauticé “Desde la Barrera”, por aquello de que, a cierta edad -la inicié cuando contaba más de sesenta años de vida-, por precaución o por ecuanimidad, uno ve los toros desde la trinchera; bien para evitar lances mortales, bien para ser más objetivo en la apreciación de la faena.

Al fin y al cabo, uno ve al torero en su tarea, lo anima o lo critica, mas no baja a la liza para arrostrar la fiereza del toro. Pues, no está seguro de tener el suficiente arrojo como para lidiarlo y, al igual que en la analogía taurina, al emitir opiniones sobre hechos que puedan herir susceptibilidades, ocurre otro tanto; amén de que es conocedor de sus múltiples limitaciones, sobre todo las resultantes de la angustiosa búsqueda de fluidez que facilite la construcción de frases y párrafos que le den a un escrito la inefable virtud que lo haga digno de ser leído.

Éste es el resumen de la realización de una labor que, aun cuando haya dejado  decepciones (en razón de la intemperancia de alguien), también ha sido mayor la cantidad de satisfacciones que me ha permitido disfrutar; por eso, mientras Dios me dé salud y El Pilón siga brindándome este espacio y, sobre todo, haya lectores que me soporten, seguiré desgranando mis pensamientos y mis opiniones sobre el discurrir de la vida en las diferentes facetas en que los seres humanos las mostramos.

Valledupar, 30 de junio del año 2014

Los privilegios de la vejez

Me contaba hace algún tiempo un amigo lo ocurrido con sus nietas, adolescentes ellas, a  quienes les daba pena que sus jóvenes admiradores las vieran saludando al vecino de su abuelo. Yo le comenté:

Ese es el resultado de la educación que reciben los jóvenes hoy en día. Ya no les enseñan valores ni respeto hacia los mayores.

Algunos los detestan, otros los ignoran, los de más allá apenas si los toleran. Pareciera que esos ancianos no pudieran ser los progenitores de sus padres o de sus abuelos o, lo que parece aún más aberrante, sus propios padres o, al menos, personas mayores que merecen respeto.

A veces, cuando uno observa escenas de displicencia hacia las personas mayores, le da la impresión de que esos jóvenes, que así tratan a los ancianos, olvidaran que en algún momento de sus propias vidas ellos mismos tendrían que pasar por circunstancias similares, si Dios permite que envejezcan.

Por eso, después de una profunda meditación -yo, que ya soy casi un anciano- encuentro bueno señalar que, a pesar de haber pasado por todas las etapas de la juventud y lo que ese recorrido conlleva, llego a la conclusión de que no fuimos las actuales personas  mayores quienes eliminamos la melodía de la música ni el talento y el ingenio de las creaciones artísticas; ni tampoco la buena voz a la hora de cantar ni el orgullo por nuestra apariencia exterior ni la cortesía con los demás; ni el romance en las relaciones amorosas ni el compromiso de pareja ni la responsabilidad en la paternidad ni la unión de la familia;  como tampoco descartamos el aprendizaje y el gusto por la cultura ni los sentimientos de patriotismo ni el rechazo a la vulgaridad;mucho menos prescindimos de la urbanidad y el sentimiento cívico en nuestras costumbres.

Tampoco fue nuestra generación la que eliminó el comportamiento intelectual ni el refinamiento del lenguaje ni la dedicación a la literatura; ni la prudencia a la hora de gastar ni la ambición por lograr ser alguien en la vida. Tampoco fue nuestra generación la que sacó a Dios del gobierno de las escuelas y de nuestra existencia. Y, por supuesto, que tampoco fuimos los que suprimimos la paciencia y la tolerancia en nuestras relaciones  personales ni en la interacción con los demás.

Y, aun cuando ya soy una persona mayor, todavía sé cómo llegar a mi casa. Todavía duermo plácidamente en las noches, aunque al otro día el cuerpo se demore en permitir que me levante. Todavía puedo reírme de las críticas, aunque en ocasiones no oiga lo que dicen de mí. Todavía soy bueno contando historias, no obstante a veces repita algunas. Y si bien hay quienes piensan que soy peleador, cascarrabias o intransigente, es porque olvidan simplemente que tengo edad para decir que hay cosas que no me gustan. Por ejemplo, no me gusta la congestión del tráfico, ni las  muchedumbres, ni la música alta, ni los niños gritones, ni los perros que ladran, ni los políticos, ni las injusticias, ni la picardía, ni tantas otras cosas que ahora no recuerdo…

Y espero continuar el disfrute de mi vida al máximo, al poder seguir amando, escribiendo, leyendo, oyendo quedamente la música que me agrada y me da solaz.

Valledupar, 7 de julio del año 2014

La vida y la muerte

«La muerte es una gran realidad, pero no por eso debemos olvidar que sólo es un cambio, únicamente es un paso entre esta existencia temporal y la vida eterna.»

San Agustín

Ayer se cumplieron 3 meses de la muerte de mi hermano Humberto y 15 días de la de mi hermana Virgelina. Mi cariñoso homenaje a ellos, ojalá sirva de consuelo a toda la familia.

No hay que mirar con terror la tumba de un ser querido, como si con la muerte todo acabara. Ni temer observar que allí está presente la voluntad de Dios, porque nuestro paso por el mundo es efímero, porque nuestra existencia terrenal es fugaz y nos ha de conducir a la vida eterna.

Por eso los creyentes tenemos esa ventaja: nos consuela saber que, después de este caminar por el valle de lágrimas, viviremos -si Dios así lo quiere- una eternidad de gloria y felicidad. De ahí que debamos estar conscientes de nuestro limitado tiempo en el mundo, amando a quienes nos rodean y nos aman; sí que también -como lo dijo Cristo- “a quienes nos ofenden.”

Esta reflexión la aprendí de mi madre, cuando mi padre murió. Y, cuando ella también se fue, la puse en práctica y sirvió para hacer menos angustiosa su partida.

Bien lo señala el escritor argentino, Julio Andrés Pagano: “La vida requiere de la mutación de las formas; por eso, nadie llora por la semilla cuando se transforma en árbol, ni por el gusano cuando resurge en mariposa. ¿Acaso una madre se duele porque su hijo ya no está en el vientre? La vida fluye como interminable sucesión de transformaciones que sólo reconocemos en el instante en que ella finaliza su ciclo. “

O como lo expresara otro pensador: “Al fin y al cabo, eso que llamamos vida y muerte no son más que dos caras de una misma moneda. “

Buscamos verdades y la vida está llena de dudas. Por eso, no entendemos que al morir el cuerpo ya cumplió una función y ha llegado el momento de dejarlo. Es un proceso natural y debemos aprender a no mirar la muerte como algo solamente negativo, si reconocemos que ella sólo es una metamorfosis.

Claro que la ausencia definitiva de un ser querido duele, y mucho. Y es un dolor que tarda tiempo en sanar. También es cierto que el vacío que deja esa persona amada que se fue, es insondable; el corazón queda herido, pero si vivimos con intensidad cada momento, amando y disfrutando de todo lo que nos rodea, reconoceremos la muerte como parte indivisible de la vida y, así, habremos logrado trascender las fronteras de nuestras limitaciones.

Pero, también, habremos acatado la voluntad de Dios -eso que los no creyentes llaman los azares del destino- y, además, la nostalgia por quien partió se irá haciendo más llevadera, hasta convertirse en un recuerdo grato que duela menos y que permita  formar un altar en el corazón, donde venerar la memoria de esa persona que se nos adelantó en lo inexorable que es el dejar este mundo terrenal.

Si cambiamos de actitud ante la muerte, lamentaremos un poco menos la partida de nuestros seres queridos, porque estaremos conscientes de que simplemente se anticiparon en llegar al final del camino de la existencia, que no termina con la muerte y, entre tanto, esperaremos tranquilos mientras llega el tiempo del reencuentro. Porque aún queda mucho por aprender, mucho por disfrutar, mucho por luchar, mucho por servir, mucho por amar, mucho por vivir.

Valledupar, 14 de julio del año 2014

Las señales de Dios

Esta columna está basada en los manuscritos ya conocidos. Es la historia de un hombre que creía en Dios, en Su bondad, en Su amor y en Su misericordia. Así había sido criado por unos padres que siempre se preocuparon por su formación espiritual. Cuando llegó a la adolescencia, decidió enrolarse en la marina mercante. Al graduarse en la escuela, lo destinaron a un barco que surcaba las aguas del Pacífico Sur.

Los nuevos marineros estaban a la expectativa, esperando el día en que por fin se hicieran a la mar. Hasta que llegó el anhelado día: era un viaje de casi dos meses. A todas éstas, los compañeros del fiel cristiano hacían mofa de su devoción. No obstante, él no les prestaba mayor atención y seguía las enseñanzas del hogar paterno, ampliadas en el colegio parroquial durante su pubertad.

Una noche, días después de haber pasado el Canal de Panamá, encontrándose en medio del océano Pacífico -cuyo nombre no corresponde a su índole bravía- estalló una tempestad y, a pesar de los esfuerzos del capitán y de la tripulación, el barco zozobró. Solamente sobrevivieron tres marineros; uno de ellos el fiel creyente. Después de varios días, en una balsa y con lo poco que lograron rescatar del siniestro, llegaron a una isla desierta. Allí, construyeron una pequeña cabaña para refugiarse y proteger las pocas posesiones.

El fiel cristiano oraba fervorosamente todos los días, pidiendo a Dios que los socorriera y mandara alguna embarcación que los rescatara. Cada día oteaba el horizonte en busca de ayuda, pero ésta no llegaba. Sus compañeros seguían abatidos.

Un día salieron a pescar y al regreso vieron que se había quemado la choza, y allí sólo había un montón de ruinas humeantes. Ese día, después de haberlo perdido todo, terminó por contagiarse del pesimismo de sus camaradas. Por eso, anduvo vagando por la isla, ya sin ninguna esperanza. Hubo un momento en el cual, confundido, lloraba y  decía:

-¿Por qué, Dios mío, por qué?

A la mañana siguiente, asombrados escucharon la sirena de un buque que se acercaba a la isla. ¡Venían a rescatarlos! Al llegar sus salvadores, ansiosos los náufragos preguntaban:“¿Cómo supieron que estábamos aquí?” Ellos respondieron:“Por las señales de humo que estaban haciendo.” Así que la aparente desgracia de haber perdido sus únicas posesiones, ¡les había salvado del desastre!

Cómo es de fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la fe en Dios; porque, de seguro, Él está trabajando en nuestras vidas en medio de las penas y el sufrimiento, para darnos crecimiento espiritual y aumentar la fe. Por eso, la próxima vez que tu pequeña choza se queme, recuerda que no debes perder la fe ni la esperanza. No dejes que las desventuras arruinen tu vida. No permitas que un traspié te amilane y te quite las ansias de seguir adelante.

Es posible que esas pequeñas señales de humo que surgen en tu diario trasegar, sean indicios del amor de Dios, para que de esa manera alguien te preste atención y te brinde ayuda. En ocasiones, a las cosas negativas que nos pasan, debemos buscarles la razón de ser; para que terminemos por decirnos a nosotros mismos: “Siempre Dios tiene una respuesta positiva para todas nuestras necesidades.”

Valledupar, 21 de julio del año 2014

La Fe

Es la primera de las virtudes teologales -aquellas cuyo objetivo es Dios- y, a través de la cual, consigue el creyente aceptar las verdades reveladas por Él y transmitidas por la Iglesia.

Pues bien, a través de las Sagradas Escrituras, encontramos diversas manifestaciones de la posesión de la fe, en personas que llegaron a convertirse en paradigmas del convencimiento de esta virtud teologal.

Empecemos con Noé, quien gracias a la revelación divina, confió en ella y salvó al género humano de la catástrofe que ocasionaría el diluvio universal.

Sigamos con Abraham, que no dudó un instante cuando Dios le anunció que su descendencia se multiplicaría como las arenas del mar o como las estrellas del firmamento y, así, persistió a pesar de su avanzada edad y la de su esposa Sara, hasta que engendró en ésta a Isaac. Y su fe llegó hasta el límite de la confianza en el Creador, cuando no dudó en sacrificar a su único hijo, con tal de complacer a Dios, que todo se lo había dado.

Llegamos al Nuevo Testamento y encontramos a María que, tras el anuncio del Arcángel san Gabriel, no duda en aceptar la voluntad del Altísimo y pronuncia la frase que nos abre el camino de la Redención: «Hágase en mí, según Tu palabra.» María no ha titubeado un solo instante, porque sabe que Dios mismo es quien la ha elegido para ser la madre de Jesús.

Y abordamos la vida pública del Mesías y vemos que, en un momento de fatiga, se sienta en el brocal del pozo de Jacob y le pide a la samaritana que le dé agua para mitigar Su sed. Cuando ésta le cuestiona su petición, Él le dice: «Si conocieras el don de Dios (Cristo se refiere a la Fe) y supieras quién te pide de beber, tú le pedirías que saciara para siempre tu sed, porque entonces sabrías que Él te daría agua viva.» Luego de conversar un rato con Jesús, la samaritana intuye que su interlocutor es el Mesías quien le habla y no vacila en ir a comunicarle la buena nueva a sus paisanos. Es la Fe que se ha despertado en su conciencia y, a pesar de su vida licenciosa, Jesús le hace ver lo que otros no vieron.

Sin embargo, el epítome más promisorio sobre las excelencias de la fe, nos lo narra el evangelista San Juan (20, 24-29), cuando cuenta que, al aparecerse Jesús ya resucitado entre sus apóstoles, ocho días después del acto incrédulo de Tomás, éste al ver al Señor quien lo invita a palpar las huellas de la crucifixión, exclama (entre arrepentido por haber dudado y regocijado porque en verdad es Cristo quien le habla): «Señor mío y Dios mío.» Le dice entonces Jesús: «Tomás, porque me has visto has creído. Bienaventurados todos aquellos que sin ver, creerán.»

Esos afortunados, somos nosotros; que tuvimos la felicidad de conocer al Señor a través del Evangelio y, así, saber de Sus enseñanzas; pero sobre todo, entender que podemos contar con Su perdón; porque la fe nos permite tener la certeza de que el sacerdote que escucha nuestras faltas, tiene la potestad dada por el mismo Jesús de perdonar los pecados y es, esa misma fe, la que nos infunde el conocimiento de Su presencia en las especies de pan y vino.

Valledupar, 28 de julio del año 2014

¿Hasta cuándo?

Con la venia del lector, hago un alto en las reflexiones morales, filosóficas y hasta teológicas de las últimas semanas, para adentrarme nuevamente en los temas políticos, ahora cuando Colombia estrena nueva legislatura, pero que desde su primera semana, ya mostró el talante de estos ‘padres de la patria’, que más parecen ser sus padrastros. Y a fe que ya lo están demostrando.

¿Por qué se negó en el Senado el debate sobre parapolítica promovido por Iván Cepeda? La respuesta podría decirse que es  evidente; porque no solamente hay una bancada con nexos muy marcados con esa modalidad delictiva que tanto daño le ha hecho al país, desde antes de los pactos de Ralito hasta la fecha; sino porque también son muchos los congresistas con rabo de paja.

Este debate es necesario, porque no se sabe hasta cuándo Colombia despertará y se dará cuenta de que al reelegir a esa mafia no hará más que ahondar esta ruina en la que debate la nación.

Además, con voltear la cara para el otro lado, no se soluciona nada. Al contrario, se ahonda la situación; puse, no obstante no haya sido el Congreso de Colombia una institución que produzca orgullo, es indudable que siempre ha habido congresistas que no se han dejado contaminar por el afán de lucro -sea éste político, económico o de cualquiera otra índole- y son ellos los que han evitado, con su pulcra actitud, el desengaño absoluto que lleve al electorado a una votación masiva en blanco, lo que conduciría al despertar de este pobre país que cada día se asemeja más y más a la analogía excremental que citara García Márquez (q e p d), cuando tuvo que salir de Colombia ante la persecución de los trogloditas Turbay Ayala y Camacho Leyva.

Ahora bien, ¿qué se buscaba con el debate de marras? Pues airear un poco esa cloaca en la que se ha convertido el congreso. Y si con ese saneamiento, por demás necesario e higiénico, habría que suspenderle la credencial a más de uno (es un decir, ya que son muchos los maleantes que la obtuvieron), pues bendito sea Dios; porque ese sería el primer paso para conseguir que esta patria sufrida empiece a salir de la época feudal, que la tiene sumida en la miseria, gracias al desequilibrio social existente en Colombia desde siempre y que la muestra ante el mundo como el segundo país más inequitativo de América.

Los índices que señalan esta situación injusta, no han sido sacados de cubiletes de hechiceros (llámense DANE, canales de televisión -públicos o privados-, empresas encuestadoras o cualesquiera otras, de este gobierno o de los anteriores:los nigromantes al servicio de esta empresa comercial en que se ha convertido Colombia). No, éstos son datos suministrados por entidades internacionales cuyos intereses son ajenos al afán laudatorio del establecimiento de este país o de otro cualquiera.

En esta columna, en años pasados se ha hecho referencia a esta deplorable situación, y cuál es su causa primordial: el feudalismo reinante que conduce a todos los restantes males de los que adolece Colombia.

Para terminar, citémoslos una vez más: codicia de los poderosos, corrupción administrativa, impunidad, violencia múltiple (ricos contra pobres, desarraigados contra pudientes, interfamiliar, matoneo escolar, etc.) Y paro, porque se acabó el espacio.

Valledupar, 4 de agosto del año 2014

Una lección de humildad

Roy Campanella, jugador de béisbol de Estados Unidos, nació en Filadelfia en el año 1921 y murió en California en el 1993;jugó en las Grandes Ligascomo receptor y fueconsiderado por muchos como uno de los grandes receptores en la historia de las Ligas Mayores. Campanella jugó para los Dodgers de Brooklyn, entrelos años 1948 y 1957, y llegó a ser uno de los primeros en lograr romper la barrera racial en el béisbol.

Su carrera se vio interrumpida abruptamente en 1958, cuando un accidente automovilístico lo dejó paralítico.

Debido a su incapacidad, él tenía que ir a terapia de manera regular al Instituto de Medicina Física y Rehabilitación, en la calle 34 Este de la ciudad de Nueva York. En alguna ocasión, dentro de sus idas rutinarias, reparó en una placa de bronce en la sala de recepción del mencionado centro médico.

Su lectura le impactó tanto, que volvió a leerla y así siguió haciéndolo en cada visita al centro de rehabilitación. La leyó tantas veces, que terminó por aprenderse de memoria su contenido.

Después investigó sobre el autor de tan bellos y sentidos pensamientos, pero todo fue inútil: nadie pudo darle información al respecto.

En mi último viaje a Nueva York, tuve la oportunidad de leer tan profundo mensaje y, al igual que a Campanella cuando lo leyó por primera vez, a mí también se me hizo un nudo en la garganta. Por eso, quiero compartirlo con ustedes.

Para los que han sufrido

«Le pedí fuerza a Dios, para poder triunfar, pero fui hecho débil, para que pudiera aprender humildemente a obedecer…

Pedí salud, para poder hacer grandes cosas, pero recibí la enfermedad, para así hacer cosas mejores…

Pedí riqueza, para poder ser feliz, mas  no obstante recibí pobreza, para que su padecimiento me llevara a ser sabio…

Pedí poder, para lograr el elogio de los hombres y, en cambio, recibí debilidad, para que pudiera sentir la necesidad de Dios…

Pedí todas las cosas, para poder gozar de la vida y me fue dada la vida, para que pudiera disfrutar de todas las cosas…

No tengo nada de lo que pedí, pero sí todo lo que esperaba.

Casi, a pesar de mí mismo, mis plegarias silenciosas fueron atendidas.

¡He sido, entre los hombres, sobradamente bendecido!»

En realidad, sólo las almas humildes, son capaces de encontrar el camino de la vida a través de los reveses del destino, porque en ellos ven la mano de Dios que los conduce, no a lo que quieren, sino a lo que necesitan y más les conviene.

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Valledupar, 11 de agosto del año 2014

Un diálogo de reflexión

Mientras se continúa buscando el sendero de la paz, en tanto otros quieren seguir recorriendo el camino de la guerra interna que sólo ha logrado frenar el desarrollo y, de contera, impedir que la equidad reine en el país, gracias a la ambición de quienes, una vez saboreadas las mieles del poder con su adehala, el manejo del presupuesto, quieren retomar las bridas, sin importar si para ello tengan que quebrantar la ley, entonces, démosle un atisbo a esta columna que publiqué hace alrededor de diez años:

«En la ruta que va de París a Reims, al recorrer caminos contrarios, dos ancianos se encontraron en una ocasión cualquiera, a principios del siglo XVI; como se vieran precisados a compartir la misma mesa, resolvieron entablar conversación:

–Mi nombre es Pablo y soy oriundo de Tarso; dijo el menos viejo.

–A mí se me conoce como el Estagirita; contestó el otro.

–Y, ¿a dónde vas?

–Me dirijo a París, pues veo que mis enseñanzas sobre la condición humana y el orden social han sido un fiasco.

–Acaso, ¿tú eres Aristóteles?

–Así es y tú, ¿no eres, por ventura, de los discípulos de Jesús el de Nazaret?

–Sí; contestó Pablo.

–Pues veo que la doctrina de tu Maestro también ha fracasado, a pesar de lo bien que ha sido divulgada.

–Parece que tuvieras razón; los hombres se han encargado de lograrlo y van camino de la destrucción.

Aristóteles se quedó un momento pensativo y, al cabo de unos instantes, dijo:

 –O sea que mi tesis sobre el libre albedrío es real.

–Por supuesto y por eso es necesaria la moral ya que ella es la única capaz de frenar el desbordamiento de las costumbres humanas.

–Entonces, ¿para qué el sacrificio de Jesús?

–Para librarnos del pecado; dijo Pablo.

–Pero, ¿se logró?

–No.

–Entonces, ¿qué alcanzó Él con su inmolación al Padre?, preguntó intrigado Aristóteles.

–Él nos consiguió el perdón de Dios y nos dejó el camino abierto hacia la salvación, a través del cumplimiento de los mandamientos bajo el libre albedrío; pero, además, con Su Resurrección nos dio la posibilidad de la vida eterna. Y todo esto es gratuito para el hombre.

–No entiendo; dijo Aristóteles, después de unos segundos de meditación y, levantándose, se fue.

Pasaron los años y los siglos y hace poco se encontraron nuevamente Pablo y Aristóteles; esta vez en una carretera de Colombia, entre Ibagué y Ambalema exactamente, y aprovecharon la ocasión para reanudar su truncado diálogo:

–¿Viste?, dijo el Estagirita, –el mundo sigue igual; el sacrificio de Jesús fue inútil; todo continúa como antes; qué digo como antes, peor que antes; cada día aumentan la miseria, el hambre, la ambición, las muertes, la insolidaridad, la desolación.

–Sí, respondió Pablo, –tienes razón; parece que la humanidad estuviera empeñada en destruirse a sí misma y ¿sabes por qué?Porque el Maestro, desde hace casi dos mil años, basó Su doctrina en algo que el ser humano parece haber olvidado.

–Y, ¿qué es eso tan maravilloso que, de cumplirse, acabaría con la miseria, el hambre, la ambición, las guerras y tantos horrores que cada día consumen más y más a la humanidad?

–¿No lo has entendido? Pues, el amor y la tolerancia, dijo Pablo y haciendo una venia, dio media vuelta y se fue.»

Valledupar, 18 de agosto del año 2014

¿Subsiste aún el Ku Klus Klan?

Hace un año, desde Nueva York, escribí en esta columna sobre el hecho acaecido a principios del 2012, en Sanford, Florida, cuando George Zimmerman, celador blanco de un conjunto cerrado mató de un disparo a Trayvon Martin, un joven negro de 17 años, por el simple hecho de que el celador sospechara que el joven negro, por su caminado balanceado y la capucha que lucía por el frío intenso del invierno, podría ser un asaltante.

Luego de muchos ires y venires, un jurado compuesto por 6 mujeres, 2 de ellas negras, declaró a Zimmerman no culpable del delito de asesinato.

Muchas personas, tanto blancas como negras, coincidimos en la apreciación de que si el color de piel del homicida y la del muerto, hubiesen tenido el color inverso, el agresor  habría purgado, desde el principio, prisión por asesinato en primer grado.

Pues bien, la muerte del joven negro Michel Brown, ocurrida en Ferguson, un suburbio de San Luís, Missouri el sábado 9 del presente mes, cuando en hechos confusos el agente blanco de la policía local, Darren Wilson disparó y mató al joven Brown, guarda similitud con el caso Martin.

Según aseguró a una cadena local de televisión, Dorian Johnson, amigo de  Brown, todo  empezó cuando  ambos fueron a una tienda y caminaban de regreso a casa y un oficial les pidió que dejaran de caminar por la calle y subieran a la acera. Johnson dice que siguieron caminando sin hacer caso y ello provocó que el oficial se molestara y se bajara de la patrulla.

«El policía disparó, nos asustamos y corrimos. Luego volvió a disparar, mi amigo sintió el tiro, se volteó y puso las manos arriba. Pero el oficial se acercó y disparó varios tiros más. No estábamos haciéndole daño a nadie, estábamos completamente desarmados.»

Por su parte, según la versión del jefe de la policía del condado de St. Louis, Jon Belmar, todo comenzó cuando un agente policial -según él, aún no identificado- encontró a Brown y a otro individuo en una calle. Luego uno de ellos empujó al oficial dentro del auto y «lo atacó».

Es evidente que este caso y el del joven Martin -mencionado al principio- tienen en común el aún imperante racismo en Estado Unidos; sobre todo en los estados del sur del país.

Lo paradójico del caso Brown estriba en el hecho de que Ferguson es un poblado de mayoría negra, en donde la autoridad local y la policía están preponderantemente en manos de los blancos. Ni más ni menos que igual a Sudáfrica en las épocas del apartheid.

No obstante, el absurdo y, al parecer, alevoso asesinato, ha ocasionado la reprobación de la mayoría de los habitantes del condado, incluidos muchos blancos cuya conciencia social les impide transar con la segregación racial.

Sin embargo, el gobierno local pretende sofocar la protesta utilizando armas del Ejército, como si se tratara de la ocupación a un país enemigo y no la confrontación con sus  paisanos que manifiestan su censura ante la intolerancia de las autoridades locales.

Ojalá el sacrificio de Brown encienda, por fin, las alarmas en ese país en el cual pareciera que todavía subsistiera el temido Ku Klus Klan y no hubiera perdido prevalencia en los estados del sur el implacable odio hacia los negros.

Valledupar, 25 de agosto del año 2014

La cultura ha muerto, viva el espectáculo

Si la cultura, ese acervo de conocimientos literarios, artísticos y científicos adquiridos por el individuo a través de su periplo vital que le permite hacer parte de un conglomerado humano civilizado, está en decadencia (por no decir que se encuentra agonizante), entonces la cultura occidental -faro ilustrativo que nos sustrajo de la barbarie- ha muerto para darle paso a la era del espectáculo; esa mal llamada cultura de masas, en donde la cantidad prima sobre la cualidad.

De ahí que un partido de fútbol atraiga más gente que una obra de teatro; un cuadernillo con las aventuras de Condorito cautive más la atención que la lectura de las obras de Bécquer; un concierto de reguetón llame más público que la disertación de un intelectual y, así, se podría seguir desgranando todo un rosario de perlas, para demostrar cómo la cultura (la verdadera erudición) ha cedido el paso a la ramplonería.

Porque si la cultura es el amor al saber, es la educación literaria y científica, es el apego a las letras y a las artes, es la protección y el galardón para los que sobresalen por su inteligencia, quiere decir que las generaciones actuales dan primacía al entretenimiento, sobre las manifestaciones del intelecto.

Y la culpa no es de la gente, destinataria final del objetivo buscado por la Ilustración, ese movimiento cultural del siglo XVIII que buscaba irrigar la cultura en todos los niveles de la sociedad, independientemente del poder adquisitivo de cada cual. No. La culpa de que, desde mediados del siglo XX, los niveles culturales de la humanidad (sobre todo en occidente) hayan descendido tanto, hasta lograr amenazar los cimientos de nuestra civilización, la tienen los productores del espectáculo; quienes, en su afán de lucro, no han parado mientes en su labor de banalizar la cultura, con tal de atraer la mayor cantidad posible de espectadores.

Lamentablemente, los medios de comunicación (preponderantemente prensa, radio y televisión), atraídos por la ganancia publicitaria, le han hecho la corte a ese depredador de la cultura: el espectáculo.

Se ha degradado tanto el vocablo cultura, que hasta se le confunde con las costumbres, usos o maneras de obrar de un pueblo o un conglomerado determinado de individuos.

Por otra parte, así como se podía hablar de la cultura occidental (como un todo), también era dado decir, sin temor a errar, que existían subculturas; casi siempre delimitadas por el idioma, sin detrimento de la coparticipación de muchos y variados rasgos culturales (música, literatura, ciencia, etc.) entre los diversos componentes parciales de ese ente absoluto. Pero la degradación cultural a manos de la rimbombancia, ha conducido a las nuevas generaciones al envilecimiento del idioma que, al fin y al cabo, es la forma más expedita de difundir la cultura y, al perder la identidad idiomática, llegar a traspapelar los otros componentes de la civilización, no hay más que un paso.

Ahora bien, si lo que se busca con el extravío de la cultura es atiborrar la mente de los ciudadanos con nimiedades, entonces a fe que lo están logrando. Y por ese camino, pronto se volverá a la época en la cual la cultura era patrimonio exclusivo de una minoría que, no sólo detentaba los poderes económico y político, sino que además, era la dueña absoluta de las manifestaciones culturales.

Valledupar, 1° de septiembre del año 2014

Sin equidad no hay libertad

Las escalofriantes diferencias sociales en Colombia dan mucho que pensar. Sin ir muy lejos, mientras que unos pocos (0.33%) devengan sueldos exorbitantes que suman el 81% de los ingresos totales y el 4.24% vive desahogadamente con un total del 13% del total devengado, el 95.43% de los que trabajan, deben conformarse con sobrenadar en la medianía que les depara el 6% restante de los sueldos pagados. Para disipar dudas, démosles un vistazo a las siguientes cifras, empezando por el caso más aberrante:

¿Cuánto les cuesta Uribe mensualmente a los colombianos?

Pensión                       $25’838.213 (La más elevada entre los ex presidentes)

Seguridad personal     1.500’000.000

Salario de senador     24’054.342

Total —————-      $1.549’892.555

Salario mínimo actual $616.000

Para que en Colombia un asalariado con el mínimo, llegue a ganarse lo que Uribe le cuesta al Estado en un mes, necesitaría trabajar 2.516 meses, o sea 209,7 años.

Más aún, si quiere alcanzar una pensión equivalente al 75% del promedio del sueldo devengado en los últimos 20 años, ese mismo asalariado, necesita trabajar más de 40 años.

Ese grupo de “privilegiados” pertenece al 54.82% del total de colombianos que necesitan un trabajo y gozan de la prerrogativa de tener un empleo.

Ahora bien, si esto es justicia social, viviríamos en un paraíso. Pero no, por desgraciada, Colombia es el segundo país más inequitativo de América, después de Haití.

La comparación anterior, es sólo la punta del iceberg, pues de ese total de colombianos que tiene la gracia de un empleo, el  45.18% que gana más del salario mínimo se distribuye en los siguientes rangos:

Desde             Hasta                         %

$ 616.001        $1’000.000                  18.92

1’000.001        1’500.000                   8.12                            

1’500.001        2’000.000                    6.37

2’000.001        3’000.000                    6.23

3’000.001        5’000.000                    3.91

5.000.001        8’000.000                    1.30

8’000.001        30’000.000                     0.33

Total de los que ganan más del mínimo       45.18

Claro que el DANE dice que el 91% de los colombianos en edad de trabajar tienen un empleo.Sin embargo esta cifra es mentirosa, porque allí incluye a todos aquellos que trabajan en la informalidad y también los que “subsisten” del ‘rebusque’; es decir, compatriotas que no gozan de un salario fijo y, muchos menos, tienen seguridad social. Ese grupo de marginados alcanza el escalofriante promedio del 35% de colombianos que pueden trabajar. Y, esto, sin contar al alto porcentaje de desarraigados que deambulan por las calles de las ciudades colombianas y que “viven” debajo de los puentes o en las bancas de los parques o en los portales de las iglesias o en cualquier parte donde el destino lo lleve.

Entonces, ¿dónde están la libertad y la independencia, si no hay equidad social?

Valledupar, 8 de septiembre del año 2014

El disfrute de la vida

-Ya no eres el mismo…

-¿Qué pasa?  Acaso, ¿los seres humanos no cambiamos?

-Es que antes…

-Antes, siempre antes. Tú tampoco eres la misma de la que yo me enamoré. Sin embargo, siempre encuentro en ti algo nuevo para seguir amándote. Debes decidir entre vivir el presente o seguir hurgando en el pasado. Sabes que te prometí amor eterno, siempre te amaré y haré todo lo posible para que sientas que te adoro. Sabes que no soy el mejor de los hombres, pero actuaré de tal manera que puedas confiar en mí, porque nunca te fallaré. Y no obstante pienses que no sabes cómo soy en realidad, siempre te llevaré asida de la mano y recorreremos el mundo, tu mundo, mi mundo. Jamás te haré promesas que no pueda cumplir ni te diré cosas de mí, pues eres tú quien ha venido  descubriendo cómo soy; porque, has de saber que el amor no se da con palabras sino con hechos. Así cada mañana,cuando despiertes, me mires, me sonrías y descubras que te adoro, me digas que ese día amaneciste amándome más… Y, si algún día (no lo quiera el Cielo) llegáramos a separamos ysientas que me extrañas o te extraño,  volveremos a estar juntos, aun en la Eternidad. Y, así, cuando llegue el día final, entonces te daría las gracias por tus besos, tus caricias, tus sonrisas y tu amor. Porque, para mí, nuestro amor nunca será en vano; porque siempre te agradeceré el haberme amado y viviré obligado con la vida por habernos permitido vivir esta historia de amor, con todos los altibajos que se puedan presentar, con todas las incertidumbres que debamos resolver, con todos los interrogantes que hubiéramos de allanar, con todas las exclamaciones de amor, de dolor y de alegría y, con estos puntos suspensivos que serían nuestro punto final… Como dice una canción que oí algún lejano día:“Haz de cuenta que yo / soy como alguien que murió, /como gaviota que parte y se pierde en el mar.”

***

Al escuchar -sin querer- ese diálogo, ella se acercó a mí, se acurrucó en mi pecho, alzó la cara y  me besó.

Así que decidí que, de aquí en adelante, evitaré todo lo que nos haga sufrir, porque el sufrimiento no es una virtud.

No seguiré quejándome de la vida y sus avatares. Por eso, viviré cada día como si fuera el primero, pero también como si fuera a ser el último y, así, descubriré cosas que jamás antes supe encontrar

Aunque vuelva al mismo lugar y encuentre las mismas personas, cada saludo será diferente al anterior, pues no serán palabras solamente educadas, sino la manera de pedir bendiciones para los demás que así comprenderán la importancia de estar vivos, aunque el dolor ronde y nos amenace.

Disfrutaré el contenido de cada obra literaria que llegue a mis manos, entresacando las enseñanzas que contenga y desechando lo inútil que haya en ella. Cada obra de arte, la apreciaré con los ojos de su autor -que volcó en ella su alma- y no con la mirada del inquisidor.

De igual manera, prestaré atención  a la letra y a la música de cada melodía que escuche,para que mi alma se sienta plena. No importa que algunas personas no la perciban con igual atención porque su alma esté sofocada  por el miedo. Porque la música es la más sublime expresión del alma humana y es la reina de la cultura, aunque nadie conozca su trono.

Valledupar, 15 de septiembre del año 2014

Otro prófugo

Éste no se ha escapado aún del país, pero es probable que, si le aumenta el sumario, emprenda las de Villadiego, pues Colombia sabe de las escapadas de algunos individuos que fueran funcionarios de Uribe durante sus dos ominosos cuatrieniosy sus fugas fueron inspiradas y auspiciadas por él: María del Pilar Hurtado, Luís Carlos Restrepo, Andrés Felipe Arias…

Pues bien, el miércoles pasado antes de que el senador Iván Cepeda iniciara el debate de denuncia de vínculos de Uribe con el narcotráfico y con el paramilitarismo, el encausado, haciendo gala de su actitud proclive a evadir responsabilidades, huyó del recinto de la Comisión Segunda del Senado, so pretexto de hace unas delaciones. Pero, en realidad, Uribe se fugó para no oír todo el prontuario que el senador Cepeda había de desgranar. La escapatoria la hizo para no tener que cambiar su falaz alegato.

Después de que el senador Cepeda terminara su intervención y participara el Ministro del Interior, Uribe regresó e inició su supuesta defensa, y hablamos de un aparente reparo, porque Uribe no sustentó ninguno de sus argumentos para desmentir las graves acusaciones que le hiciera el senador Cepeda. Solamente se limitó a contar narraciones, muchas de las cuales no guardaban relación alguna con lo sustentado por el acusador. Además, Uribe no presentó documentos que aseveraran su presunta defensa.

En tanto que el senador Cepeda argumentara cada afirmación, recurriendo a videos, a recortes de prensa, a declaraciones de testigos, a documentos, Uribe sólo refirió anécdotas que, en la práctica, son mitad verdad, mitad mentiras, pues esa es la esencia de lo anecdótico:el personal refuerzo con que el narrador salpica la leyenda.

Después de gritar y, casi siempre con la voz engolada, volvió a fugarse del recinto  senatorial.

Ahora bien, como es inveterado en este individuo, ofreció mostrar pruebas y evidencias que reforzaran lo dicho por él. Pero toda Colombia sabe que Uribe es experto en embolatar al auditorio, cuando despotrica, vocifera, ofrece pruebas, lanza calumnias e injurias y, al final, sale con un chorro de babas, ya que no sustenta los agravios ni presenta evidencias de lo afirmado por él mismo. Para demostrar esto, no es sino recordar el denuesto de los millones de dólares que, según él, entraron a la última campaña de Santos. Las pruebas ofrecidas, jamás aparecieron. Luego, blanco, redondo…

Entonces, esperamos que ahora, cuando el senador Cepeda presente denuncia formal contra el encausado ante la Corte Suprema de Justicia, ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara y ante la Fiscalía General de la Nación, alguno de estos organismos, o todos ellos, actúen en Derecho y en Justicia, para que, así Colombia entera sepa y, sobre todo,  crea quién fue el monstruo que la gobernó durante ocho oprobiosos años.

  1. S. Hace cerca de dos años inicié una serie de artículos que intitulé “Quien tiene rabo de paja…”, en los cuales contaba y comentaba, justamente, las hazañas del hoy “honorable” senador. Nunca supe la causa, pero cuando envié la cuarta entrega, no la publicaron. Me tocó quedarme con el resto de la historia en el tintero. Gracias a Dios, el senador Cepeda pudo informarle a todo el país las andanzas de tan tenebroso personaje.

Valledupar, 22 de septiembre del año 2014

La presentación de los medios

Hoy, cuando muchos analistas piensan que los medios impresos tienden a desaparecer ante la avalancha de los medios digitales, es bueno recordar que estos últimos no están a disposición de mucha gente, no obstante su masificación aumente con el paso del tiempo,

Sin embargo, es bueno acotar algunas observaciones sobre el esmero que requiere editar un periódico o una revista.

Para esto, qué mejor que reproducir parte de una columna que publiqué hace alrededor de dos años:

Nunca un periódico, no obstante su condición empresarial, debe anteponer su mayor circulación a la búsqueda y difusión de la verdad, sin olvidar jamás que el lector (consumidor del producto final) merece respeto. Por tanto, las imágenes escandalosas, las frases mal construidas, los errores ortográficos, la pésima redacción, ofenden la estética del lector y a la larga lo alejan.

Entonces, esmerarse en la redacción y pulcritud de un periódico, no solamente es una muestra de arte y de conocimiento de la materia, sino que además es rentable, produce dividendos y por consiguiente lleva a la empresa periodística a alcanzar su meta comercial, sin haber descuidado los objetivos humanísticos de la misma, es decir, la difusión de la información y el acercamiento a la cultura.

Por tanto, ha de ser una norma en las oficinas de redacción de los diarios serios del mundo -y todos deberían serlo, por autoestima- aumentar el esmero en la construcción lingüística de sus textos.

Por eso, el objetivo final de la dirección, del consejo editorial y de la sala de redacción de todos los periódicos del mundo, debe ser el de alcanzar una mejor visión sobre cómo lograr una prensa escrita, digna de toda ciudad pujante en el concurso geopolítico, no sólo local, nacional y continental, sino también en el ámbito internacional.

Y si el cuidado en el uso del idioma y la cautela en el manejo de las imágenes escabrosas, son condiciones válidas para la presentación del periódico, qué no se dirá sobre su contenido; el cual siempre debe estar ajustado a la verdad que debe brillar por encima de cualquiera otra consideración, al igual que la mesura en la publicación de fotografías que ofendan el pudor del lector. Sí que también el manejo del idioma.

Pues bien, siendo la información periodística la presentación de noticias, conceptos, entretenimiento, ciencia y sabiduría que el ser humano quiere encontrar en pro del mejor desarrollo de sus facultades sensoriales, la prospectiva del periodismo hará, necesariamente, mención al deseo del individuo de alcanzar -a través de la lectura de una publicación escrita- un determinado grado de ilustración tal, que le signifique, no sólo un momento de esparcimiento, sino también -y esto es lo más importante- le permita adquirir conceptos que lo mantengan actualizado sobre el devenir de la humanidad en muchos de los aspectos de ocurrencia cotidiana y, en algún momento, le ayude a enriquecer su cultura..

Entonces, para que un periódico logre llenar estas expectativas del lector, deberá -tal como se enunció en un principio- cuidar la sintaxis, la gramática y la prosodia en su comunicación escrita y, de la misma manera, deberá poner especial atención en las imágenes que, sobre hechos violentos, se vea precisado a presentarle a su amable clientela.

Valledupar, 29 de septiembre del año 2014

También la televisión

Desde el 30 de septiembre de 1929, cuando la Baird Television y la BBC de Londres transmitieran el primer programa de televisión en el mundo, podría decirse que empezó a establecerse el consenso sobre las características que este medio de comunicación habría de poseer, a fin de convertirse -con el transcurso de los años- en el vehículo de información por antonomasia en la vida moderna.

Así, la televisión ha llegado a cubrir la mayoría -por no decir todas- las áreas del discurrir humano: educación, cultura, entretenimiento, artes, información, etc.

Sin embargo, no siempre las cadenas de televisión, o las programadoras, atienden aquella norma existente en la mayoría de las constituciones políticas de los países del orbe, que dice que el bien común está por encima del provecho particular y, entonces, con tal de ganar una pauta publicitaria o complacer al gobernante de turno, las estaciones de televisión caen en programas que atentan contra ese beneficio colectivo. Pero además, se encuentran programas de pésima calidad en su contenido que, así satisfagan las restantes condiciones inherentes al medio, como buena imagen, perfecto sonido, impecable actuación de las personas involucradas en el proyecto, etc., terminan por constituirse en la antítesis de una buena y respetable emisión televisiva.

Otras presentaciones fallan porque su formato no es el adecuado para la audiencia del momento de la transmisión; por ejemplo, mensajes profusos en violencia o erotismo, en horarios familiares; o programas de contenido infantil en horarios nocturnos. Lo que lleva a concluir que el director del mencionado espacio televisivo, está desubicado en cuanto a la configuración del programa, se refiere. Y, bueno, también los directivos del canal correspondiente que permiten la transmisión de ese tipo de adefesios.

Y ni qué decir de algunos noticieros. Se han convertido en verdaderos espacios laudatorios del gobierno de turno. O, por el contrario, son tan obsesivos en su postura oposicionista que, hasta las buenas acciones del gobernante son criticadas. Y no faltan los que abusan de las imágenes desastrosas con las que convierten la muerte en un espectáculo. Y esta observación que es válida para los espacios noticiosos, también se les puede reprochar a los programas de opinión.

Además, algo verdaderamente molesto: la repetición de la repetidera en los noticieros; una misma noticia, cuatro o más días después de su ocurrencia, todavía es presentada, hasta llegar al fastidio del televidente.

Y así como en los medios escritos para la comunicación, se ha vuelto costumbre pensar que lo primero es la circulación que la búsqueda y difusión de la verdad, de igual manera, en algunos espacios televisuales la sintonía es la que manda y, con tal de alcanzar altos grados de la misma, se sacrifica el contenido; no solamente en su presentación, sino también en su calidad. Por eso, hay programas que no dejan otra opción al televidente que aquella que le permite hacer uso del control remoto y cambiar de canal o, en ocasiones, apagar el televisor. Y cuando un canal no tiene alta sintonía, sus pautas publicitarias decaen y el negocio va camino de la quiebra. De igual manera debe deshacerse del amarillismo y de las imágenes escabrosas y, lo más frecuente, los diálogos que atentan contra el buen uso del idioma.

Valledupar, 6 de octubre del año 2014

Por último, el basurero virtual

Jon  Lee Anderson, respetado cronista estadounidense, en The New Yorker primero, y después en El Tiempo, usó la expresión que ayuda a formar el  mote de la columna de hoy para referirse a las redes sociales, ese canal virtual de noticias y mensajes, muchos buenos, sí, pero también el albañal de muchas mentes retorcidas que vomitan (amparadas en el anonimato) toda la inmundicia que albergan.

Creadas para que la gente compartiera información pasaron, de ser ese vehículo de comunicación interpersonal que permitiera agilizar y abaratar el acceso a los mensajes entre familiares, amigos y relacionados, a convertirse en el medio habitual, gratuito y más expedito de cobardes, de embaucadores, de resentidos y hasta de estafadores.

Basta que alguien escriba un buen artículo en un periódico, en una revista o en la red y, en seguida, salta el cobarde o el resentido a expeler toda la basura que guarda en su mente y, la mar de las veces, utilizando para ello el peor de los lenguajes, ese que aloja en la cloaca que le sirve de cerebro.

Otras veces, no falta el embaucador, el mentiroso, ese que tiene mucho que explicar sobre sus actuaciones y, entonces, cuando es denunciado, utiliza la red y, a través de una jerga sibilina, acusa, despotrica, miente, promete demandar a sus detractores, todo con el ánimo de tender cortinas de humo que disfracen su situación.

Después saltan los lacayos del embaucador y se unen al coro de maldicientes y mugen improperios contra los enemigos del amo. Otros ocupan la red para derrochar adulaciones a su ídolo de barro.

En fin, las redes sociales se han convertido cada vez más en un lugar muy oscuro donde los desadaptados, siguiendo intereses de todo tipo, insultan, calumnian y hasta cometen delitos como la estafa. Cada vez más esa buena herramienta está siendo invadida por un maremágnum de libretas, en manos de sujetos atrincherados en sus odios, muchos de ellos encapuchados en su malignidad y escondidos en alias, que les permiten  mantenerse en la oscuridad. Su cobardía la disfrazan con sus agravios ocultos en la lobreguez de sus mentes torcidas.

Como quiera que el acceso a estas redes es libre y, hasta el momento, no hay filtros que permitan decantar su uso, entonces todos esos desadaptados las utilizan para desahogar sus frustraciones y sus odios, muchas veces, productos de atavismos cargados de mala crianza, proclividad al crimen y demás adehalas nocivas que albergan muchas almas descarriadas.

Y lo peor de todo:nadie sabe a ciencia cierta cómo esa ausencia del tamiz adecuado, que impida el pasodel insulto y de la difamación, puede ser reparada. Y, sobre todo, no es claro cómo puede defenderse el calumniado y a qué recursos legales puede acudir, porque no hay una jurisdicción que abarque la enorme difusión de la ignominia.

Entonces las redes sociales se han convertido en un medio de expansión y en un motor del fanatismo, sea éste de la índole que sea y, como quiera que el cobarde se vuelve valiente, cuando se esconde tras la máscara que le permite pasar de incógnito y le evita dar la cara, abusa de este fabuloso instrumento.

Total, la conclusión es obvia: la red, como cualquier herramienta es buena; la maldad la tiene quien la usa, la mente que gobierna la mano que la empuña,

Valledupar, 13 de octubre del año 2014

El estafeta

En el Medioevo y aún a principios de la Edad Contemporánea, el estafeta era el mensajero que, a caballo, llevaba los recados  de su amo hasta donde fuera necesario.

En nuestra época actual -sobre todo en el campo militar- se revivió el concepto para designar al subalterno (casi siempre, el último en el escalafón castrense) que lleva y trae comunicaciones entre sus superiores jerárquicos.

Pues bien, de acuerdo al ordenamiento establecido al respecto, un ministro solamente  recibirá órdenes del presidente; a quien, dicho sea de paso, le debe lealtad.

No obstante esto, desde que fue nombrado ministro de Defensa, el señor Juan Carlos Pinzón se comporta más como el subordinado de algunos generales y el correveidile de Uribe, que como el subalterno inmediato del presidente Santos. A quien, como ya se dijo, le debe lealtad, amén de respeto. Pero como la deslealtad también encierra felonía, entonces Pinzón traiciona con su accionar a su verdadero jefe.

Los ejemplos que dan fe del anterior aserto, sobran; pero el más diciente de todos fue el ocurrido a principios del presente mes, cuando Uribe se enteró (sobra decir a través de quién) de los viajes de Timochenko a La Habana. Dejando de lado la hipócrita pataleta de Uribe, lo más grave es la actitud del flamante ministro, que con sus declaraciones, pareciera ir en un sendero diferente al de su verdadero jefe, sobre todo en lo que respecta al proceso de paz.

Tema éste, en el cual da a entender (por sus actos los conoceréis, dijo Cristo) que está más de acuerdo con los amigos de la guerra que con los de la paz.

Por todo esto, y muchas cosas más que no alcanzan a caber en una columna de opinión, Pinzón pareciera ser el estafeta de los generales amigos de la guerra y del comandante en jefe de todos ellos. No el presidente, como lo ordena la constitución de Colombia, sino el más acérrimo enemigo de la paz, el ahora senador Uribe.

No importa que después del desaguisado, Pinzón hubiera querido sacar las castañas del fuego. La ordalía ya estaba iniciada y los de siempre querían quemar vivo al gobierno, para así poder hundir el proceso de paz; que es, al fin y al cabo, el anhelo de los guerreristas actuales. A pesar de que, en su momento, ellos mismos buscaran acercamientos con los actuales dialogantes de La Habana.

Por lo anterior, la opinión pública se pregunta, ¿por qué Pinzón sigue siendo ministro de Defensa? Cuando su actitud (y no es sólo la de ahora), lo muestra más como el estafeta de sus verdaderos subalternos, que como todo un señor ministro del despacho presidencial.

Más aún, esta no es la primera vez que Pinzón es cuestionado desde varios sectores por sus desatinadas intervenciones públicas alrededor de los diálogos con la guerrilla. Columnistas y analistas políticos han dicho que una cosa es mantener la guerra contra las Farc en el país y otra bien diferente es estar en una orilla distinta a la del discurso de paz del resto del gobierno. De hecho, dichas revelaciones,que crean avisperos innecesarios, ponen en peligro los avances que hasta el momento se han alcanzado y ayudan a quienes están en contra del proceso de paz.

Valledupar, 20 de octubre del año 2014

La máscara del mentiroso

¿Por qué Uribe se rasga las vestiduras ante el proceso de paz? ¿Por qué esa actitud belicosa e injuriosa contra todos aquellos que no creen en sus falsas posturas de demócrata?

Estas dos preguntas tienen una misma respuesta y es la que se encierra en el mote de la columna de hoy: Uribe es un mentiroso que utiliza una máscara para cubrir su verdadero rostro; que no es otro que el de un individuo esquizofrénico, cuya ambición de poder y su lujuria por el dinero lo han llevado a transitar cualesquiera caminos con tal de lograr satisfacer estos dos desordenados apetitos y, como parece carecer de una conciencia equilibrada que le permita autoevaluarse y autocriticarse y, peor aún, siempre ha estado rodeado de aduladores y de oportunistas (¿será pleonasmo?), entonces es posible que ni siquiera él mismo sepa de su feroz condición de pésimo ser humano que, a la postre, solamente inspira compasión.

Pero, ¿por qué esta digresión?, se preguntarán algunos. Sencillamente porque él, con sus actitudes, así lo revela.

Cuando ganó (no sabemos cómo) las elecciones en el 2002, lo hizo atacando el proceso de El Caguán. Sin embargo, bien pronto trató de acercarse a las guerrillas y, con mil y un ofrecimientos, también les prometió una zona de despeje. Hay suficientes documentos circulando en el país que demuestran este aserto. Claro que después, cuando se supo lo de Ralito, se entendió el porqué dela máscara con la que quiso posar de pacifista.

Más adelante, cuando (ahí sí se sabe cómo) en el 2006, logró hacerse reelegir y aspiraba a una reelección vitalicia, volvió a coquetearle a las guerrillas, Pero cuando, gracias a la Corte Constitucional, fracasó en sus anhelos somocistas, trujillistas, fanquistas, hitlerianos y demás íconos dictatoriales que parecen haber signado su ideales de emperador subdesarrollado, se deshizo de la máscara de la paz y mostró su verdadero rostro, con el que revela su desequilibrada personalidad. Tanto que no dudó en traicionar a los socios que le sirvieron de escabel en el 2002 y en el 2006 y, por arte de birlibirloque, los extraditó.  A otros, los dejó a su suerte cuando la Corte Suprema los enjuició por haber participado en esa barahúnda de voracidad que estaba acabando con Colombia.

Luego ayudó a Santos para que, a como diera lugar, lo sucediera, esperanzado en que allí tendría un cómplice que le ayudara a tapar la cloaca de país que dejaba. Pero Santos, deseoso de pasar a la Historia, desde el primer día habló de independencia gubernamental, sin sujeción alguna a su antecesor y ahí fue Troya. Mandó al cuarto de San Alejo la máscara de la concordia y no se volvió a quitar la de la beligerancia y, así, a troche y moche, cada vez que abre la boca es para lanzar improperios, para vociferar, para incendiar más aún a esta sufrida patria que no ha sabido o no ha podido librarse de especímenes de este talante. Cuando habría sido tan fácil enviarlo al ostracismo en las pasadas elecciones, para que, en medio de su actitud energúmena, rumiara sus frustraciones en la viudez del poder, sin hacerle daño a nadie.

Porque, así como está, libre de ataduras, con una guardia pretoriana, compuesta de aduladores, y muchos de sus cómplices en altos cargos, cada día polariza más al país, cada vez que interviene sólo consigue desorientar a más de uno, hasta el punto de lograr tener sus propios alfiles infiltrados en el gobierno y hasta en las fuerzas armadas.

Valledupar, 27 de octubre del año 2014

La avaricia

Son tantas las encrucijadas de la vida, y de las naciones también, que llega un momento en el que uno no sabe sobre qué escribir. Porque si comenta los avatares por los que atraviesa el país, termina sobreabundando el mismo tema; a saber, la política y el manejo que ciertos políticos (sobre todo algunos) le dan. Entonces surge el temor de volverse monotemático, ya que siempre irán a ser los mismos con las mismas y nunca se saldrá de esa, por demás, aburrida noria.

Y si el columnista se dedica a escribir sobre sí mismo o sobre su entorno familiar o su círculo de amistades, acabará por aburrir a sus habituales lectores y quedará condenado al ostracismo.

Por eso dejemos de lado a los políticos colombianos y volvamos a escribir comentarios sobre las pasiones del ser humano. Esta vez, sobre el tema que intitula la columna de hoy.

En su acepción más general, la avaricia es el deseo desordenado de atesorar riquezas, que conducen al aumento de poder, el cual permite sojuzgar a una mayor cantidad de personas, siempre en condiciones de desigualdad para estas últimas. Está emparentada con la codicia porque ésta es el motor que la exacerba; por lo que, más que un parentesco, en verdad las une un perverso amancebamiento. Y terminan por caer, de tal manera en un maridaje, que ninguna de las dos logra subsistir sin la otra y, entre ambas, conforman un terrible vicio, o sea un mal hábito que esclaviza a quien cae en él; como lo hace toda mala costumbre o cualquier desviación del correcto proceder humano.

Ahora bien, si el avaro-codicioso solamente se limitara a desear las riquezas y el poder y de allí no pasara (esta es unaquimera hipotética) nada malo ocurriría, salvo el aumento de la ruindad en el alma de este sórdido individuo; pero como buen vicioso, jamás podrá deslindar su codicia del deseo irrefrenable del poder, que viene a ser el acicate de su extravío. Entonces, cae fácilmente en la traición -casi siempre deliberada- y recurre con presteza al soborno, a la extorsión, a la estafa, a la mentira y a cualquier otro medio que le facilite alcanzar su siniestro objetivo, inclusive la violencia, sin importar si ésta acarrea víctimas mortales. Al fin y al cabo, lo que menos posee el avaro-codicioso es conciencia.

Aunque también la felicidad le es esquiva; pues, por estar pendiente del atesoramiento y de los medios de lograrlo, se le evaden las oportunidades de disfrutar lo que posee y, por eso, termina envidiando a los que, a pesar de tener menos, sí saben apreciar lo que tienen y son felices, además de generosos; concepto este último, desconocido totalmente por el avaro-codicioso y envidioso, individuo por demás asaz mezquino.

Porque, precisamente, la generosidad es todo lo contrario de la avaricia, ya que es el hábito de desprenderse de lo que otra persona necesita, sin esperar recompensa alguna.

El generoso es persona de alma buena y noble. Más aún, para ser realmente generoso, hay que dar sin ostentación; para, así, poner en práctica aquello que dijo Jesús: «Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. Para que, así, tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha.»

Valledupar, 3 de noviembre del año 2014

La culpa

Aun cuando no es una de las pasiones del alma, es sin embargo la sensación que experimenta el  individuo que siente que ha obrado mal.

Es una emoción esencial que hace sufrir al ser humano por haber cometido alguna acción nociva para alguien o, también, por haber deseado realizar dicho acto pernicioso.

La falta -cometida o deseada- produce en las personas de alma buena, un sentimiento punzante llamado arrepentimiento, porque la consciencia le dice a esa alma noble que ha actuado mal; que, con su conducta ha hecho daño a otro individuo, o ha podido ocasionarle alguna desventura. No importa si la mala acción, o su intención, fue  deliberada o accidental.

Ese agobio hace sufrir a quien lo padece. Allí, con esa percepción de la culpabilidad y la  subsiguiente contrición, llega la primera sensación de castigo para el culpable.

Claro está que para sentir el efecto del arrepentimiento y estar dispuesto para aceptar el consecuente escarmiento, se requiere tener hidalguía; o sea, -como ya se dijo antes- nobleza de alma. Pues las personas mezquinas, tal como concluye algún adagio, “ni sienten ni se arrepienten”. En tanto que el espíritu lleno de grandeza, sí es capaz de valorar la mala acción y, tras esa evaluación, poder aquilatar el daño causado o el que se habría podido ocasionar para, así, darle paso a la compunción, con la cual se inicia el sendero que conduce a la liberación de la culpa.

Porque el siguiente paso -si ya ha ocurrido la mala acción- consiste en buscar el perdón de la persona ofendida, para luego iniciar el proceso de la reparación del daño causado.

Ahora bien, es absolutamente necesario que el culpable se sienta plenamente identificado con la comisión de la acción dañina; pues, de no ser así, nada vale que otros lo señalen como responsable de la misma.

Para lograr esta sensación, se requiere no sólo grandeza de espíritu, sino también honradez y, sobre todo, honestidad; pues, para pedir perdón se necesita además mucho valor.

De otro lado, aquellas personas de alma insensible o de corazón duro, curtidas en la constante transgresión de las normas o de las leyes, o en el abuso hacia los más débiles, recurren con facilidad a defensas sicológicas que les permiten eludir la culpa. Y si llegan a ser descubiertos, buscarán atenuantes para su acto censurable y, de no lograrlo, ya encontrarán a quien culpar de su mala acción, muchas veces, endilgándoles la comisión de la falta a otro u otros situados en escalas inferiores en el orden social o económico, con respecto al verdadero culpable.

Tampoco faltan aquellos cínicos que buscan atenuantes a su mala acción, cuando invocan la concurrencia de circunstancias imponderables a su mal proceder.

Todas estas personas, que eluden su responsabilidad ante el daño causado a otros individuos, no solamente son ruines o cínicas -según sea el caso-, sino que además son cobardes, ya que carecen no sólo de entereza, sino también de valor y, entonces, lo que les falta de coraje, les sobra de astucia y de perversidad; por eso, siempre salen indemnes de toda mala acción cometida. Amén de que, la mayoría de las veces, perennemente tienen a la mano personas con alma de lacayo, que se encargan de materializar sus malos deseos y, así, sacan la brasa con mano ajena.

Valledupar, 10 de noviembre del año 2014

El perdón

Hace ocho días se comentaba en esta columna lo referente a la culpa y se vio cómo,  después de tener el convencimiento de la falta cometida y sentir la percepción del arrepentimiento, se suscita en el alma del trasgresor la necesidad del perdón; también se dijo que para clamar indulgencia del ofendido se requiere de mucho valor, pues no deja de ser humillante el tener que reconocer el haber incurrido en culpa y exponerse, incluso, al rechazo del injuriado.

A propósito del perdón, son muchos los autores que han escrito sobre él; no obstante, volver a tratar este tema, no es sobreabundar en algo que cada día se necesita más, pero, aun así, es cada vez más difícil de alcanzar y, por tanto, más escasa es su ocurrencia.

Para un sacerdote, un juez o un magistrado, perdonar es fácil, porque están condonando una falta de la cual no fueron objeto. El primero de ellos absuelve un pecado contra Dios. Los dos últimos perdonan un delito cometido por el infractor que ha afectado a una tercera persona.

Pero si el ofendido es quien debe perdonar, allí se necesita grandeza de alma, capacidad de generosidad, abundancia de benevolencia. Para perdonar se requiere comprender por qué el ofensor actuó de esa manera y el ofendido debe desprenderse de todo sentimiento de rencor o de odio o de deseo de venganza hacia el agresor.

Ahora bien, cuanto más grande sea la falta, más noble es el acto de perdonar y, así, todas estas características que se han mencionado de parte del agraviado, son más meritorias. De igual manera, si esa virtud de perdonar sale del fondo del alma, estará imbuida de sinceridad; pero si no, solamente será una acción llena de hipocresía, que además sería únicamente un acto protocolario, que termina por hacerle más daño a quien lo realiza, que a quien supuestamente iba dirigido. Pues éste quedará satisfecho por haber sido librado de la culpa, en tanto que el falso indulgente, seguirá con su fardo de rencor y de odio, unido a la carga de la falsedad.

Además, quien perdona sinceramente, en el momento de emitir su perdón, no juzga a su ofensor, sino que lo está comprendiendo y, así, el perdón saldrá del corazón y no de los labios. Por eso, perdona más y mejor quien lo hace en silencio, que quien lo pregona a los cuatro vientos. Aquí se puede traer a colación el final de la columna de hace quince días, en donde se contrastaba la generosidad con la avariciaPor eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. Para que, así, tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha.»

Otro tanto, podríamos decir para prodigar el perdón: Hazlo en silencio y no hagas propaganda de tu magnanimidad.

En fin, perdonar es una expresión espiritual del amor, es un acto de justicia, es una acción de esperanza, es un gesto de libertad.

Quien perdona de corazón, se gana la gratitud del perdonado, a menos que éste sea un individuo ruin, que sólo pidió perdón por aparentar arrepentimiento sin sentirlo y, entonces, él será quien siga cargando el peso de su culpabilidad. Y ante eso, no hay nada qué hacer, salvo parafrasear a Cristo: «Padre, perdónalo porque no sabe lo que hace.»

Valledupar, 17 de noviembre del año 2014

La generosidad

Dar sin esperar nada a cambio, volcarse a los demás, ayudar a los que lo necesitan, dar consuelo a los que sufren, eso es generosidad y es la llave que abre la puerta de la amistad, es una semilla que siembra el amor y puede ser la luz que saque al individuo del oscurantismo materialista, dentro del cual muchos viven.

Esa capacidad del alma para ayudar a los demás, para entregarse a causas nobles, para desprenderse de algunas cosas que se necesitan, pero que alguien más requiere con urgencia, en múltiples ocasiones, el egoísmo la reprime y la anula, porque éste busca la comodidad, la riqueza material y el éxito personal, como valores supremos dentro de las cualidades del ciudadano moderno. No obstante, hay muchas personas que son ejemplos silenciosos de generosidad.

Al reflexionar sobre esta virtud, encontramos que la vida del ser humano está llena de oportunidades para servir y hacer bien al prójimo. Una persona generosa se distingue por la disposición natural e incondicional que tiene para ayudar a los demás sin hacer distinciones, por buscar la forma de resolver las situaciones que afectan a otras personas en la medida de sus posibilidades. También distinguen al generoso, su discreción y sencillez con la que actúa, sin ostentación alguna.

La persona imbuida de generosidad, no se deja llevar de la pereza, el desagrado o la apatía. Se esfuerza por superar la propia comodidad, tomando consciencia de la necesidad ajena. Considera el esfuerzo que los demás realizan, para ayudarlos con su labor munífica.Actúa desinteresadamente, sin importar el nivel socio económico ni el grado de afinidad con el objeto de su esplendidez. Y algo sustancial: no espera recibir halagos, felicitaciones, reconocimientos, beneficios o devolución de la ayuda prestada.

Tampoco recuerda, a sus favorecidos, el apoyo o la intervención dada en la obra de largueza realizada.Ser generoso es algo que muchas veces requiere esfuerzos, sí que también afabilidad, asequibilidad, condescendencia, sencillez y desinterés.

Ahora bien, hay que distinguir entre el altruismo o filantropía y la generosidad o desprendimiento.

El filántropo o altruista, da de lo que le sobra y, de alguna manera, busca algún beneficio por su acto magnánimo, como reconocimiento de la sociedad, rebaja en los impuestos, qué sé yo.

El generoso o desprendido, practica su magnanimidad en silencio, sin reflectores y sin anuncios en los medios sociales; como única manera de, sin perder su esencia, encontrar  paz interior y, no es sólo dinero o algo material lo que da; puede ser su tiempo, para dedicarse a labores solidarias, sin pedir nada a cambio; por ejemplo, cuidar a un enfermo, acompañar a un anciano, dar refugio a un desvalido, etc.

Puede decirse que la generosidad busca el bien común de la sociedad. El ser generoso  no pretende recompensas por su accionar, si no hacer lo que cree correcto y justo; pues  piensa que si todos los que pueden, fueran generosos y donaran parte de sus recursos materiales o abstractos, el mundo sería un lugar mejor.

Es generoso quien perdona las grandes ofensas, quien puede sacrificar su comodidad y sus privilegios en aras de conseguir lo mejor para los demás, de tal manera que todos tengamos las mismas oportunidades y el mundo en que vivimos sea un poco más humano y más justo cada día.

Valledupar,  24 de noviembre del año 2014

La humildad y la pobreza

Estas dos condiciones del ser humano son diferentes y no necesariamente concurren en un mismo individuo, pues una no tiene nada que ver con la otra. Más aún, la pobreza es una condición socioeconómica, en tanto que la humildad es un valor axiológico.

Sin embargo, es muy frecuente, tanto en los medios de comunicación como en el habla coloquial, llamar humilde al pobre; tal vez pensando que al decirle esto último se le menosprecia. Quizás el cambio de expresión no sea otra cosa que la costumbre de usar eufemismos, que parece haberse arraigado en el pueblo colombiano.

Volviendo sobre el tema y sobre la total ausencia de parentesco entre uno y otro término, son muchos los pobres soberbios, como también existen algunos ricos humildes.

Pues bien, y como quiera que el tema de hoy es la humildad, veamos en qué consiste esta virtud, cómo se logra alcanzarla y qué se debe hacer para conservarla.

La humildad es la ausencia de la sobreestima y la prevención contra el maltrato a los demás por el mero hecho de ser estos últimos menos favorecidos desde el punto de vista social, económico, académico o hasta fisonómico. Es la certeza del respeto que todo individuo merece, pues, al fin y al cabo, todos somos humanos, todos somos imperfectos, todos somos susceptibles de cometer errores; por tanto, nadie es mejor que nadie y cada cual tiene su valor y todos -si se les da la oportunidad- están en capacidad de aportar en el diario vivir.

La humildad consiste en estar conscientes de lo que somos, de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades, lo que nos impide creernos superiores a los demás en cualquiera de los ámbitos en los que se mueve el ser humano.

Para ser humilde, hay que reconocer la valía de los demás y aprender a identificar las propias flaquezas y también saber asimilar los triunfos obtenidos en la vida. Si la persona deja que “se le suban los humos”, fácilmente caerá en la soberbia, o sea la antítesis de la humildad. Si a cada triunfo obtenido se le da la dimensión que merece y se administra con modestia, la arrogancia perderá la partida.

Igual mesura requiere la derrota.

Si un intelecto envidiable, una buena posición económica, un aspecto físico agradable, un carisma desbordante o cualquiera otra contingencia de la vida, se toman con la debida sencillez, la soberbia jamás tendrá cabida en el corazón del humilde.

Ahora bien, una persona sencilla, de corazón bondadoso, atraerá el cariño y el respeto de quienes tienen la ventura de conocerla y tratarla.

En tanto que el individuo arrogante y soberbio, solamente puede ser objeto del desprecio de las personas sensatas y correctas, pues solamente podrá ganarse la admiración y la sumisión de las almas rastreras, con mentalidad de siervo.

De otro lado, el ser humilde es aquel que, al reconocer la culpa por una falta cometida, es capaz de pedir perdón. Más, también, quien perdona no sólo requiere generosidad sino además humildad, para no caer en la arrogancia, hija de la prepotencia.

Y ni qué decir de los católicos, cuando se acercan al sacramento de la confesión; pues se necesita humildad para acercarse donde un hombre, que se reconoce pecador, a desnudar el alma como penitente y confesar todas sus miserias.

Para rematar, una cita de San Juan Bosco:«La humildad, la caridad y la modestia, no pueden estar separadas entre sí.»

Valledupar,  1° de diciembre del año 2014

El odio y el rencor

El odio es un sentimiento fuerte de rechazo o antipatía hacia una persona, cuyo mal se desea. Esa profunda antipatía, disgusto o aversión, puede conducir al ansia de evitar, limitar o destruir al individuo objeto del rechazo. También puede basarse en el miedo, justificado o no, más allá de las consecuencias negativas de relacionarse con esa sensación, con respecto a su objetivo. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad y puede generar aversión o afán de destrucción, aunque  no necesariamente genere estos efectos.

Algunos filósofos han ofrecido muchas definiciones coadyuvantes del odio. Así, René Descartes vio el odio como la conciencia de que algo está mal, combinada con un deseo de alejarse de él. Para Baruch Spinoza, el odio era como un tipo de dolor que se debe a una causa externa. Aristóteles consideró el odio como un deseo, incurable por el tiempo, de lograr la aniquilación de su objeto. Por último, David Hume creía que el odio es un sentimiento irreductible que no puede definirse en absoluto. Todos ellos coincidieron en calificar el odio como lo opuesto al amor. Desde el punto de vista siquiátrico, Sigmund Freud definió el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad. La psicología describe el odio como un sentimiento «profundo y duradero, de intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona.» Debido a que el odio se cree que es de larga duración, muchos psicólogos consideran que es más una actitud o disposición que un estado emocional temporal.

De otro lado, el resentimiento o rencor -hijo del odio y de la ira- es una desazón, aspereza o queja que queda de una acción ofensiva que puede perdurar largo tiempo y reaparecer cuando se recuerda dicha ofensa. El tipo de sensación que causa puede ir de una ligera molestia temporal a un profundo malestar que puede dificultar o imposibilitar las relaciones con el ofensor. El rencor es el producto del odio enquistado y agravado.

Ahora bien, la persona que siente odio hacia alguien, termina por hacerse más daño a sí misma, en tanto que el rencor que ha anidado en su mente, le corroe el alma y acaba por destruir los buenos sentimientos que hayan podido anidarse en ella, independientemente de que el objeto de su odio conozca esta situación. Entonces, al que odia a un semejante le quedan dos caminos para elegir y, así, salir de esa aflicción que lo destruye: el perdón o la venganza.

El más aconsejable de estos dos caminos es el del perdón, pues como ya se vio en alguna columna anterior, el que perdona demuestra poseer una generosidad inmensa y, gracias a ella, libera su alma de lastres destructores, no sólo de su tranquilidad, sino también de su conciencia.

En cambio, quien opta por la venganza, como solución a su estado de odio y de rencor, en primer lugar se rebaja al nivel del agraviante; también pasa del papel de ofendido al de ofensor y, como si fuera poco, lo más probable es que deba recurrir a la comisión de un delito o, en el más leve de los casos, al trastrueque de los valores axiológicos, solamente por satisfacer el orgullo herido. Y, de todas maneras, le quedará la sensación de culpa, cuyas consecuencias ya fueron analizadas semanas antes.

Valledupar,  8 de diciembre del año 2014

La melancolía

Desde sus primeras descripciones, en tiempos de Hipócrates, hasta los albores del siglo XIX, la melancolía fue considerada como una enfermedad psicosomática, vale decir de causas psicológicas con efectos físicos. Entonces, hasta hace solamente dos siglos se la deslindó de sus orígenes corporales, con el fin de entenderla como un estado anímico.

Se refiere a esa tristeza vaga, permanente y profunda, que puede producirse por causas casi siempre morales y hace que el sujeto que la padece no se encuentre a gusto ni disfrute de  ciertas instancias de la vida.

Desde una perspectiva religiosa, hacia el siglo IV, a la melancolía se la categorizó como tentación o pecado, pasando a denominarse tristeza, desidia o apatía y quedó incluida dentro de los ocho pecados capitales: gula, lujuria, avaricia, envidia, soberbia, ira, pereza y tristeza. Esta última fue eliminada hacia 1270, por Santo Tomás de Aquino, quedando para el acervo popular solamente siete pecados capitales.

Otra figura significativa en el análisis de la melancolía, fue Hildegarda de Bingen (1098- 1179), abadesa y mística alemana, médica, compositora y escritora, conocida como la Sibila del Rin. Fue una de las personalidades más multifacéticas del Occidente europeo, y de las más influyentes de la Baja Edad Media, que escribió sobre la melancolía en los conventos y hasta señaló como posible lenitivo de ésta, las relaciones sexuales.

La principal novedad despuntada en los albores del período humanista, conocido como Renacimiento, es la renovada descripción aristotélica del temperamento melancólico y su relación con el genio artístico y la locura creativa.

El autor preponderante a la hora de reintroducir esta temática en el siglo XVI fue Marsilio Ficino, médico florentino neoplatónico de finales del siglo XV que analizó la obra de Aristóteles, desde esa perspectiva, y propuso que las personas con mayor tendencia a la melancolía poseían dotes especiales para la creación artística.

El celebrado y controvertido padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, publicó en el año 1915 un escrito titulado “Duelo y Melancolía“, a través del cual desarrolló una comparación del duelo que se consideraba normal y la melancolía tomada como patología; para ello, analizó ciertos puntos en común, como la sensación de dolor, la pérdida de voluntad de conectarse con el mundo exterior, el desprendimiento de los propios sentimientos y la disminución de la productividad.

Los especialistas consideran que la melancolía, al igual que otras emociones, pasa a ser patológica cuando altera el habitual pensamiento del individuo y dificulta su desempeño social. Por ejemplo: se cataloga como normal a una persona, que se siente melancólica una tarde, y se queda en su casa mirando fotografías viejas u oyendo música que le suscite la nostalgia. En cambio, si dicha conducta se repite a lo largo de varios días y el sujeto abandona su vida social y sus obligaciones, la melancolía pasa a llamarse depresión, la cual es una enfermad  y, como tal, requiere de tratamiento.

Precisadas estas distinciones entre estos dos estados de la mente, dejemos de lado la depresión y demarquemos la melancolía, como un estado temporal de la conducta del ser humano, que es independiente de otros aspectos de su naturaleza. Y que, como se vio antes, puede llegar a ser fuente de inspiración.

Maracaibo,  15 de diciembre del año 2014

La alegría

Es el estado del alma de quien se siente agradado en una determinada situación, la cual puede ser producto de un acontecimiento del momento o, también, el resultado de evocar instantes felices que, en su oportunidad, le causaron gozo.

La forma más desenvuelta de demostrar la alegría, es a través de una cálida sonrisa; no obstante, hay personas de talente indiferente, poco proclives a la hilaridad, sin que esto signifique que sean incapaces de sentir alegría.

Antes de seguir adelante, vale la pena distinguir la sana alegría, ya descrita, de la alegría por el mal ajeno, pues ésta tiene su propio nombre y es la envidia y, sobre ella, ya habrá tiempo para hablar.

Pero, volviendo a la verdadera alegría, ésta es es una emoción del alma, es la acción constructiva que puede ser percibida en toda persona; de tal forma que quien la experimenta, la revela en su apariencia, en su lenguaje, en sus decisiones y en sus actos. La emoción contraria, fue analizada hace ocho días y recibe el nombre de  tristeza y debe ser tenida en cuenta en esta reflexión; porque, así, como para poder  apreciar la luz, se debe conocer también la oscuridad y, para percibir el bien hay que  estar conscientes de que existe el mal, de igual manera, para darle valor espiritual y coraje anímico a la alegría, no se puede olvidar la presencia de la melancolía. Tanto, que hay facultativos que sostienen que la alegría ayuda al mejoramiento de la salud. Más aún es casi axiomático decir que la risa (la forma más expedita de mostrar alegría), es un remedio infalible.

Ya alguna vez lo dijo Anatole France, el famoso escritor francés de finales del siglo XIX y mediados del XX:«Si ponderásemos nuestras alegrías, como exageramos nuestras penas, nuestros problemas serían menos notables.»

Entonces, la alegría, como se desprende de todo lo anterior, es una emoción auténtica  y agradable para cualquier individuo que la perciba, tanto en él, como en otros, ya que la mayoría de las veces, se caracteriza por la manifestación de un estado interior luminoso, que exterioriza un buen caudal de energía y una significativa tendencia hacia una actitud constructiva y positiva, aún, cuando las cosas no hayan salido como se las esperaba o se las deseaba.

Bueno, esto último hace parte de otra condición del ser humano: la paciencia y sobre ella, también habrá tiempo de hablar, si Dios así lo quiere.

Porque, continuando, es fácilmente advertible que la persona alegre, difícilmente pasa desapercibida ante el resto de las miradas,  porque lo que muestra físicamente, en su hablar o en su actuar frente a las decisiones que toma, revelan un estado de armonía y de felicidad como todo lo descrito anteriormente.

Y allí es cuando, en realidad, la alegría se convierte en una tendencia esencial o en una actitud normal que ostenta una persona para vivir su vida; convirtiendo, así, a la alegría en un valor sobre el cual guiará cada una de sus decisiones, actitudes o pensamientos, llegando a convertir esa felicidad en un estado ideal, al cual puede aspirar todo ser humano, si propicia las oportunidades de lograrlo.

Y, ahora, llegó el momento de desearles a todos los amables lectores de esta sencilla columna, una feliz y, por consiguiente, alegre Navidad  en compañía de todos sus seres queridos.

Maracaibo,  22 de diciembre del año 2014

La paciencia

Es la virtud perseverante y valerosa que le permite al ser humano oponerse al mal y, a pesar de lo que sufra, no se deja dominar por él. Al fin y al cabo, de acuerdo a su etimología, paciencia viene de un vocablo latino que significa sufrir. De ahí que a un enfermo se le llame paciente.

Aristóteles se refería a la paciencia como el equilibrio entre emociones extremas o punto medio, que permite sobreponerse a las inquietudes fuertes generadas por las desgracias o las aflicciones. Para lograrlo, se necesita un entrenamiento práctico ante el asedio de los dolores y tristezas de la vida que, filósofos posteriores, desarrollaron.

De ahí que, de acuerdo a este concepto filosófico, el sentir general catalogue a la paciencia como la actitud que lleva al ser humano a soportar los momentos difíciles para, así, sortear los contratiempos que surjan en ocasiones durante su vida y que le impiden alcanzar un bien deseado.

La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que algunas cosas sucedan, ya que piensan que a los acontecimientos que no dependan estrictamente de uno, se les debe otorgar el tiempo requerido.

A veces la impaciencia reprime el disfrute de los buenos instantes que depara la vida y también impide ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.

La paciencia no es la mera pasividad ante el sufrimiento, ni un simple aguantarse, es  la virtud que da valor a la fortaleza, para aceptar con serenidad el dolor y las pruebas grandes o pequeñas de la vida y, también, es el fundamento de la grandeza de ánimo y de la alegría de quien está seguro de hacer lo que le dicta su propia conciencia.

Las personas que tienen paciencia no buscan forzar el devenir de los acaecimientos, ya que piensan que éstos no dependen en rigor de quien espera y hay que darle tiempo al tiempo.

La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de esa virtud, es más factible afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.

A la persona paciente le es más fácil lidiar con aquellos acontecimientos que llegan y que le son contrarios: enfermedades, falta de dinero, exceso de calor o de frío, etc. En fin, los diversos infortunios que se presentan en un día corriente, como que el teléfono  no funcione, el excesivo trafico que va a impedir llegar a tiempo a una cita, el olvido de algunos objetos al salir de viaje y otra serie de avatares inoportunos. Todos estos, son  adversidades, muchas veces intrascendentales, que llevan a la persona impaciente a mostrarse alterada. Es en esos pequeños sucesos de la vida diaria, donde se pone a prueba la paciencia de cada cual.

Immanuel Kant, el filósofo prusiano de la Ilustración y autor de Crítica de la razón pura, dijo: “La paciencia es la fortaleza del débil, en tanto que la impaciencia es la debilidad del fuerte.”

  1. S. Feliz 2015 para todos.

Valledupar, 29 de diciembre del año 2014

La envidia

Es el pesar del bien ajeno, es la desazón que ocurre cuando una persona carece de logros o posesiones y desea o necesita que otros tampoco los tengan.

La envidia lleva a la persona a sentir un vacío que le crea resentimiento y le hace tener la sensación de que nunca es lo suficientemente capaz de lograr lo que otros tienen.

La envidia no sirve de nada, mantiene al envidioso infeliz y atascado sin poder avanzar libremente en la búsqueda de sus propósitos.

Un aspecto de la envidia, inherente al ser humano, es que nadie o casi nadie confiesa ser envidioso, de alguna manera o en algún grado de apetencia. Desear algo que otro es o tiene, significa que se le envidia; el envidioso se siente inferior porque cree tener algo menos que ese otro; por lo tanto la envidia es un sentimiento generalmente muy disimulado, guardado e, incluso, inconfesado y sólo en el fondo de su corazón, cada quien sabe qué es “ese algo” que le despierta la codicia frente a sus semejantes.

El sentirdel envidioso suele ser muy variado a lo largo del tiempo, aunque hay personas envidiosas de por vida. Ese deseo de poseer lo que tiene el prójimo, puede ir desde objetos intrascendentales hasta cosas de mucho valor material e, incluso, dones espirituales.

Una amalgama explosiva ocurre cuando la envidia se mezcla con los celos, como lo describe Shakespeare al presentar a Yago, loco de envidia y de odio, provocando los celos de Otelo hasta que éste mata a su mujer Desdémona. Porque el envidioso piensa que si él no es feliz tampoco el otro lo sea. Donde se ve que sufre por no tener algo, pero también odia a quien lo tiene.

Entonces, la envidia se combate con la generosidad; por eso, hay que dejar de pensar en lo que los demás tienen o han logrado y uno no; hay que concentrarse en lo que se tiene y estar  agradecido de la vida y los talentos obtenidos, así no sean muchos.

Y, como quiera que la envidia rebaja la autoestima, entonces hay que trabajar mucho en combatirla. Quien se compara constantemente con los demás, alimenta la envidia. El vicio de la envidia, es un freno para alcanzar la dicha. Según Napoleón, «La envidia es una declaración de inferioridad.»

Dar lo mejor de sí mismo ayuda a liberarse de ella. Otra ayuda para no envidiar es aprender a elogiar a los demás. Los logros de otras personas se hacen propios, cuando se aprende a ponderarlos con sinceridad.

Cuando se mira con envidia a quienes más tienen, permitiendo así la acción corrosiva del resentimiento, se le está dando pábulo a la baja autoestima; pero si se mira con benevolencia y complacencia hacia quienes tienen menos, se aumenta el optimismo que beneficia la caridad de cada cual.

Por eso, sé tú mismo. Aprende de los otros sin pretender imitarlos, pues la imitación hace  que tu personalidad se mengüe. Dios no hace fotocopias ni personas en serie. Cada uno de nosotros es un ser único. Ámate a ti mismo para poder amar a los demás. Aprecia tus dones sin envidiar los ajenos.

No eres más ni menos que nadie. Cada cual recibió un capital para ser feliz. Así que fructifica con tu tesoro y rinde con uno solo de tus dones y te irá bien.

Aprende a gozar con la felicidad de los demás, el envidioso vive de espaldas a la felicidad.

Recuerda las palabras de Tomás de Kempis, “No eres más porque te alaben ni menos porque te vituperen. Lo que eres, eso  eres.”

Valledupar, 5 de enero del año 2015

La soberbia

Después de dos semanas de no publicar mis artículos, me reincorporo a esta agradable disciplina de escribir. Sobre las delicias que significa poner por escrito las ideas, alguna vez ya había escrito algo.

Pues bien, al retomar este hermoso hábito, sigamos hablando de las pasiones del alma, esta vez de la que más ofende a Dios. Si nos atenemos a las Sagradas Escrituras (y como creyentes, así debe de ser), fue la altivez la que perdió a Luzbel; por soberbios, Adán y Eva perdieron la gracia original, y terminaríamos llenando esta cuartilla, si la dedicáramos a seguir haciendo alusiones de individuos arrogantes, mencionados en la Biblia y en tantos y tantos libros de la literatura universal y en los tratados de filosofía y de psicología que en el mundo abundan. Mejor analicemos este feo vicio.

La soberbia es la sobrevaloración de uno mismo. Es  pensar que nadie vale más que el fatuo; que todas las demás personas se encuentran en niveles inferiores al que ocupa el soberbio quien, según su propio y mezquino parecer, siempre estará en la cúspide de cualquier escala en la cual él desee situarse, con el fin de compararse con sus prójimos; comparación en la cual el jactancioso de manera persistente saldrá triunfante, pues éste sólo busca satisfacer su inconmensurable vanidad.

La soberbia es una actitud negativa que se fundamenta en la perspicacia de aquella persona que se envanece a sí misma. Se la define como la sobrevaloración del ego con respecto a otros individuos, para superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo o situación, o bien para alcanzar una elevada desvalorización del contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que posee el arrogante, es superior a lo de los demás, que es diestro en derrotar los prejuicios o que es capaz de sobresalir en todo lo que digan o hagan los otros individuos de la especie humana. El orgullo incita a la persona a valorarse demasiado, creyéndose el más competente para hacer cualquier cosa por encima de todos e incluso de sus propias capacidades, de las circunstancias o de los contratiempos que se presenten. Esta idea deriva directamente en que el orgulloso pone en detrimento a las demás personas, debido a que piensa que las capacidades o valores de éstas no se comparan con las suyas; pues, en su desmedida arrogancia, nadie podrá equipararlo y, mucho menos, superarlo.

Antes de terminar, aclaremos que no debe confundirse la soberbia con el amor propio, ya que éste es la autoestima como elemento significativo de la personalidad; la que le permite a cualquier individuo llevar una vida halagüeña, ya que es el reconocimiento de las propias cualidades y fortalezas; pero también la adecuada percepción de los defectos y debilidades.

Por eso, distingamos el amor propio de la soberbia y, mientras se debe fomentar el primero, así también, el hombre sabio debe extinguir cualquier asomo de arrogancia; pues, como dijo San Agustín, “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.”

Porque el soberbio se muestra vil e insolente en la prosperidad, sin embargo es el ser más abyecto y rastrero en la adversidad.

Valledupar, 26 de enero del año 2015

La política

Ya desde sus inicios (una vez se formaron las primeras sociedades), la humanidad vio la necesidad de organizar el ejercicio del poder, con el fin de facilitar el gobierno de las primeras comunidades. Entonces surgió la política.

Si nos atenemos a los tratados sobre la historia de la humanidad, encontramos que este arte fue adquiriendo refinamiento con el transcurso de los tiempos.

Como quiera que nuestra civilización tiene sus orígenes en Grecia, pues es hacia allá adonde debemos remontarnos para encontrar su significado y su orientación. Más aún, su etimología tiene su génesis en la cultura griega, en donde tomó arraigo gracias al tratado homónimo de Aristóteles.

No obstante, los inicios de la política se remontan al neolítico, cuando la sociedad comenzó a organizarse en un sistema jerárquico y ciertos individuos adquirieron poder sobre los demás miembros de la comunidad. Antes de esto, el poder residía en quien tuviera mayor fortaleza física o en el más inteligente del grupo. Algunos teóricos aseguran que este tipo de organización también puede ser considerado como una forma de política, por lo que se podría afirmar que la política es tan antigua como la propia humanidad.

Los sistemas políticos de la antigüedad eran generalmente absolutistas ya que la totalidad del poder se encontraba en manos de un único sujeto. En Grecia, existían también algunas ciudades-estado donde se practicaba una democracia parcial y se llevaban a cabo asambleas. Sin embargo, es a partir de la Revolución Francesa cuando el esquema político experimentó un cambio significativo, porque desde ese momento se instauraron regímenes con características democráticas, donde la toma de decisiones debe responder a la voluntad general.

Empero, no siempre se logra ese ideal democrático de un gobierno “del pueblo, con el pueblo y para el pueblo” (objetivo primario de la democracia), pues son muchos los gobernantes que en la historia de cada nación han sido, que interponen sus propios intereses y los de sus allegados (familiares o de secta) a los del pueblo que los eligió, Y, entonces, la democracia en este tipo de países se convierte en un simple juego electoral, pues la codicia, la avaricia y la soberbia (éstas sí, pasiones del alma -y de las más negativas-) se convierten en los paradigmas de la política.

Lamentablemente Colombia está dentro de esa extensa lista de países con una democracia de papel. Es decir que sólo existe en la Constitución Política, pero no se pone en práctica.

Y lo que es peor, estos gobernantes, no contentos con haber administrado con intereses mezquinos (y hasta haber llegado a cometer desafueros e incluso delitos), al dejar el gobierno su sed de poder puede más que la vergüenza y la dignidad e insisten (mediante frases melifluas) en ponerle palos a la rueda gubernamental de su sucesor, con el único ánimo de convertirse ante los miopes ojos de sus parciales, como el único capaz de salvar del caos a la nación que dejaron en un desbarajuste impresionante. De tal magnitud, que muchos de quienes fueron sus colaboradores están en la cárcel o están haciendo cola para ser juzgados; aun cuando no faltan los fugitivos.

Como dijera Aldous Huxley, literato británico, “Cuanto más siniestro es un político, más pomposo es su lenguaje.”

Valledupar, 2 de febrero del año 2015

La prudencia

Es una virtud práctica de la razón, que ayuda al sensato a lograr reflexionar de tal manera, que le permite considerar los efectos que puede producir cualquier palabra o  acciónque plasme y, así, obrar de manera correcta, sin importar las circunstancias.

La prudencia es el fundamento en que se apoya el individuo que desea proceder a conciencia en las diferentes situaciones a las que se vea abocado.

A la persona prudente se le hará más expedito el logro de las otras virtudes que le permitan alcanzar su progreso interior.

Y, como quiera que es concomitante con la discreción, esa mesura en el actuar pasa inadvertida para la mayoría de los que rodean a la persona prudente; quien, habitualmente toma decisiones acertadas, dando la impresión de nunca equivocarse.

El individuo prudente sabe conservar la calma, aun en los momentos difíciles, es comprensivo con los demás, nunca ofende y jamás pierde la compostura.

Esta condición de prudencia no se forja mediante apariencias, sino que es el resultado de una disciplina que conduzca hacia la observancia de una excelente conducta; pues, el prudente (al saber conservar la calma), reflexiona antes de actuar y no se precipita ni se deja llevar por las emociones o el mal humor; así que, al final, su percepción de la realidad será más acertada que la del necio. La prudencia le facilita la ecuanimidad a quien la practica; evitándole caer en el irrespeto hacia los demás seres humanos.

Ser prudente no significa tener siempre la razón; por el contrario, la sensatez lleva al reconocimiento de los errores y de las limitaciones propias de la condición mortal. Más aún, el individuo prudente está más predispuesto que el insensato a pedir perdón.

Y, como si fuera poco (ya se dijo al principio que la prudencia es la génesis de otras virtudes), es generoso, construye una personalidad recia, es seguro, perseverante, comprometido,y termina por generar confianza y estabilidad en quienes lo rodean, seguros de tener un guía invaluable que habrá de conducirlos por recios senderos.

Ahora bien, ¿cómo lograr alcanzar la prudencia? El primer paso es la reflexión sobre los hechos acaecidos en el pasado; pues, como dice el adagio “los golpes enseñan a  alzar los pies”, la historia personal debe convertirse en maestra de la vida individual.

El segundo escalón lo constituye la inteligencia para comprender que el conocimiento es la verdadera vocación humana.

El discernimiento, producto del raciocinio, facilitará la confrontación entre unos hechos y otros, lo que permitirá descubrir las ventajas y desventajas de la elección a tomar.

Aceptar las propias limitaciones es el siguiente paso hacia el logro de la prudencia. El  soberbio jamás logrará la mesura en su discurrir diario. Dentro de esa humildad para aceptar las falencias, tiene cabida la aceptación de un consejo bueno y oportuno.

La circunspección en el obrar, ayuda al criterio objetivo sobre la conveniencia y bondad de un plan o proyecto.

Sin embargo, el factor más preponderante para lograr la prudencia, estriba en la experiencia, que es la maestra que nos enseña qué es bueno y qué es malo.

Para terminar, no olvidemos la invocación al Niño Jesús en la Novena de Aguinaldos: “¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!”

Valledupar, 9 de febrero del año 2015

La amabilidad

La amabilidad, llamada también afabilidad, es una cualidad exclusiva del ser humano, que lo torna cariñoso, afectuoso, gentil, cortés, agradable y servicial.

Todas estas cualidades de la amabilidad, que se adquieren desde la edad temprana  en el hogar paterno, terminan por convertir a la persona amable en un ser atento y respetuoso.

La amabilidad es una virtud que mejora el quehacer diario, a través del mejoramiento de las relaciones interpersonales.

Como ya se dijo, ella es producto de la formación que se le dé al individuo desde la misma cuna, con el fin de moldear su carácter, para que aprenda a sortear las vicisitudes de la vida, buscando encontrar solución a las adversidades, sin caer en la agresividad, y su adiestramiento debe incluir tanto a niños como a niñas y debe hacerse énfasis en que la amabilidad no riñe con la fortaleza del espíritu.

Es cierto que no siempre es fácil ser amable; pues el buen trato hacia los demás, en ocasiones, requiere de autocontrol por parte de quien quiere ser cortés, ya que muchas veces las circunstancias -o el proceder de la persona objeto de la cortesía- pueden hacer dudar al sujeto de la misma sobre su conveniencia o su inutilidad.

No obstante, el individuo amable no debe dejarse influenciar por su propio estado de ánimo; para, así, ser siempre consecuente con los dictados de la gentiliza. De otro lado, dentro de su condición de amabilidad para con sus semejantes, no puede hacer discriminaciones de ninguna índole y debe realizarla de manera desinteresada, sin buscar obtener recompensa o reconocimiento alguno.

Además de ser una actitud natural, es decir sin ningún artificio, la amabilidad debe ser un compromiso cotidiano, mediante el cumplimiento de las más elementales normas de urbanidad, que incluya el buen trato para con quienes nos rodean: los miembros de la familia, los vecinos, los compañeros de clase o de trabajo, los superiores, los subalternos y hasta con los ocasionales transeúntes con quienes nos encontremos en la calle.

Al final, la persona amable se gana el respeto, el cariño y la emulación de los demás, pues, dado que la mejor enseñanza se logra con el ejemplo, hasta el más testarudo y el más maleducado espécimen del género humano, de tanto ser objeto de actos cargados de amabilidad, terminará por cubrirse -así sea con un ligero barniz- de algo de buenas maneras en el trato con sus semejantes.

Y si en el ámbito personal la amabilidad produce beneficios (así éstos sean subjetivos), en el orden comercial sí que son tangibles los réditos que ella genera.

No olvidemos que la palabra tiene su etimología en el verbo latino “amare” y con el sufijo “idad”, da el concepto de “cualidad de amar”, porque la amabilidad es una de las formas de amor al prójimo.

Por eso, Sigmund Freud dijo, “La ciencia aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz, como lo son unas pocas palabras cargadas de amabilidad y afecto.”

Maracaibo, 16 de febrero del año 2015

La vergüenza

Palabra proveniente del vocablo latino verecundia, que sirve para aludir a la turbación del ánimo individual, y se produce por una falta cometida o por acciones humillantes y deshonrosas, ya sean propias o ajenas.

En ocasiones, este sentimiento suele encender el color del rostro, poniendo en evidencia a quien lo padece.

Existen varios tipos de vergüenza que han sido estudiados y analizados por psiquiatras y psicólogos. Una es la vergüenza que hace referencia a la actitud que toma quien ha cometido un acto bochornoso y otra es la sufrida por determinadas personas que suelen inculparse por acciones cometidas por otro individuo, con el claro objetivo de protegerlo. Pero también hay personas a quienes atemoriza la vergüenza y, por eso, tratan de llevar una vida pulcra, libre de actos bochornosos que pudieran cubrir con el baldón de la ignominia su nombre o el de su familia. Este tipo de pudor está vinculado con la dignidad o la autoestima.

Como puede verse, la vergüenza la experimenta quien, igual que en otras condiciones loables del individuo, ha sido formado desde la cuna dentro del sentido de la delicadeza y el hábito de la honestidad.

Por eso, en la contraparte, se encuentra el sinvergüenza; que es aquel que no tiene decoro o cuya falta de moral le facilita la comisión de faltas éticas con tal de disimular sus errores, y hasta sus delitos. Este tipo de individuos acostumbra incriminar a los de su entorno, con el fin de  distraer la atención de los demás sobre su propio accionar, casi siempre cargado de hechos reprobables, muchas veces colindantes con la transgresión de la ley.

Más aún, acostumbran ver la paja en el ojo ajeno, mientras buscan ocultar la viga que cargan en el propio ojo. Y si se trata de personas que hayan ostentado cargos poderosos, les sobran los áulicos que se encargan de hacerles coro en sus difamaciones; casi siempre, dirigidas contra personas de vida intachable, quienes sí conocen la vergüenza y, por tanto, les afecta la deshonra provocada por la calumnia y la injuria del sinvergüenza y sus cortesanos.

Como muestra de esta desfachatez, basta ver el discurrir del gran desvergonzado colombiano, quien con su retahíla de agravios contra Antanas Mockus, el filósofo y educador, paradigma de la decencia, la honestidad y la honradez y pionero con conceptos como el de la cultura ciudadana, que consiguió, en buena hora, capitalizar políticamente, quiere el gran descarado, tapar su ignominia.

El pretexto ha sido la convocatoria que, a la marcha por la paz para el próximo 8 de marzo, hizo la Corporación Visionarios, fundada y presidida por Mockus.

Sin embargo, la verdadera razón no tiene nada que ver con la paz (a la cual, dicho sea de paso, el gran sinvergüenza le tiene pavor). El verdadero motivo es proteger a sus cómplices del castigo que de todas maneras les ha de llegar por los desafueros que cometieron durante la vergonzosa égida paramilitar y, peor todavía, que acosados por la Justicia, se vean precisados a hablar y acusen al gran cínico.

Además, la ruin y vulgar arremetida de dicho engendro contra el promotor de la marcha, sobrepasa todo límite, pues el país entero conoce las cualidades morales de Mockus, frente a la desvergonzada vida política y privada de su ultrajador de turno, el gran desvergonzado colombiano.

Valledupar, 23 de febrero del año 2015