LA CONSTANCIA
(Basada en el pergamino número tres de Hafid)
“Persistiré hasta alcanzar el éxito.”
Augusto Mandino
Dicen que en Oriente el toro joven es punzado
con el fin de medir mejor su valentía
y todos los días a mí la vida me ha probado
para que yo mismo aquilate mi valía.
Si el toro persiste en embestir
se le considera de excepcional valor;
si yo a mi vez decido persistir
venceré todo obstáculo y dolor.
El fracaso no corre por mis venas
ni soy el cordero que es llevado al matadero;
ni tampoco me han de vencer las penas
que la vida pueda darme con golpe certero.
Los premios están al cierre del camino
y no al comienzo y por eso debo persistir
y no me corresponde adivinar mi sino,
si no continuar en la lucha o morir.
Jamás sabré que tan cercano estoy
del anhelado triunfo si cobarde no persisto
en proseguir ayer, mañana y hoy,
por eso obstinadamente en mi luchar insisto.
Y daré un paso y otro y otro más
pensando siempre en darlos uno a uno,
porque de lo contrario nunca ya jamás,
volveré en creer en mí mismo ni en ninguno.
Consideraré que el esfuerzo, si es diario,
será como el golpe del hacha en el madero:
uno solo no es nada; pero cada uno, solidario
con los demás, ha de vencer al mundo entero.
El primer golpe ni siquiera causará temblor,
ni el segundo tampoco, ni el tercero;
pero todos los golpes, dados con ardor,
darán por fin con cualquier árbol por el suelo.
Se me comparará entonces con la gota
de lluvia que termina arrasando la colina:
una sola, si la moja nadie ni lo nota;
pero todas, en conjunto la derriban.
Borraré estas palabras de mi vocabulario:
abandono, no puedo, fracaso, irrealizable;
insistiré en mejorar mi carácter a diario,
no diciendo jamás, retiro o improbable.
Porque todas esas, palabras de necios han de ser
y no quiero dejarme caer en la desesperación
de quien abandona por cobarde su deber,
olvidando que al desierto le sigue la vegetación.
Cada vez que fracase habrá de aumentar
la posibilidad en el siguiente intento;
cada no que escuche a un sí me ha de acercar
al éxito que cercano ya presiento.
Y cuando haya terminado el día,
antes de retirarme a descansar,
sin importar lo que mi cuerpo ansía
una tarea adicional habré de realizar.
Haré el intento de cerrar con la victoria
cada día que me toque a mí vivir;
y si fracaso continuaré en la noria
hasta que triunfe, ¡el fiasco no lo puedo permitir!
Tampoco consentiré que los éxitos de ayer
me arropen con el sopor de la benevolencia,
cumpliré diariamente mi deber
sin dejarme caer en la insana complacencia.
Cada día será entonces entre todos el mejor
y recibiré cada día con alegría,
trataré a todo el mundo con amor
y así, viviré a plenitud día tras día.
Valledupar, 12 de febrero de1996