CUENTOS – POESÍA – PROSA – OBRA PERIODÍSTICA – ENSAYOS

EXORDIO

 

Habitualmente, con el paso del tiempo, las personas mejoran la calidad de lo que hacen. Desde el más sencillo artesano hasta los connotados científicos, mejoran el talento de su actividad gracias a la experiencia.

Casi se podría decir que el párrafo anterior no es otra cosa que aquello que los periodistas denominan un lugar común y los filósofos y los matemáticos llaman un axioma; los primeros para significar algo que todo individuo ilustrado conoce, los  segundos para expresar una verdad que no requiere demostración alguna.

No obstante, tanto unos como otros, recurren a lugares comunes o a axiomas, según sea el caso, para reforzar su discurso. Por supuesto, existen personas a las que les molestan los lugares comunes o evitan los axiomas.

Entonces, quienes nos atrevemos a escribir lo que pensamos, por considerar, de manera por demás osada, que estas ideas han de interesarles a los demás, ¿habríamos de sustraernos a la costumbre de reforzar lo ya sabido, aunque -en ocasiones- hiramos el orgullo del lector?

Tal vez no; sin embargo, hay lectores más ilustrados que el autor del momento de su labor leyente -en este caso, de seguro que sí- y, es cuando hay que ‘pisar con pies de plomo’, para no abusar de las verdades sabidas; pues se corre el riesgo de que el avezado leedor se aburra antes de tiempo y abandone la tarea; caso en el cual, el único frustrado es el escribidor, cuyo legajo terminará por caer en el olvido.

Toda esta andanada, amigo lector, generosa leedora, no tiene otro objetivo que el de prevenirte sobre el contenido de estos pretendidos cuentos, que -tal vez- no son los mejores de este aprendiz de escribidor y menos aún de la literatura escrita en nuestro bello idioma o en cualquiera de los lenguajes descubiertos (muchos dicen que inventados) por el ser humano (esos mismos hablan del hombre).

En alguna otra parte decía que, quien se decide a escribir literatura, lo hace para abatir su propio ocio -o el del ocasional lector- y no porque pretenda poseer grandes dotes literarias. Allí también expresaba la analogía entre la paternidad y la autoría de una obra, en razón del engreimiento que ambas suscitan y que permiten a sus gestores ver el resultado como lo más bello del universo.

Pues bien, en esta ocasión, tendré que reconocer que esta criatura expuesta al examen -casi siempre crítico- del lector, pueda dejar mucho que desear. De ahí, la tal vez excesiva modestia expresada en el presente preludio. Esta conclusión es el producto sincero de una reflexión honesta.

Empero, así como un padre es incapaz de sacrificar al hijo ya nacido porque es feo, yo también he querido proteger la vida de este ‘espécimen’, cuya existencia no me atrevo a inmolar, así como así; porque, si lo hiciera, probablemente el dolor causado por su aniquilamiento, sería mayor que la vergüenza originada en su escasa belleza.

Por eso, amiga lectora, generoso leedor, ahí te dejo estos cuentos para que los escrutes; mas no con el ojo del censor, sino con el espíritu del amigo. Porque, mientras que el primero busca solamente lo malo, lo imperfecto, lo censurable, en fin, los lunares que no por abundantes menos corregibles, el segundo solamente observa lo bello, los pasajes lúcidos expuestos por el autor, total, los claroscuros del texto, que aunque escasos, sean dignos de la aprobación del lector magnánimo que sabe que, ante sí, tiene una obra escrita por alguien que lo único que buscaba era su propio solaz.

No vayas a dejarte sorprender por la abundancia de textos de apariciones, de trasgos, de engaños, trampas, muertes, mentiras y falsedades; porque también encontrarás algunos episodios de amor, otros de comprensión, varios de tolerancia, sin faltar los de respeto.

No debes olvidar las sabias palabras de San Juan Crisóstomo: “Quizá no exista en el mundo un ser absolutamente puro, totalmente bueno; sólo hay, aparte de los pecadores, almas purificadas.”

O, también, lo que dijera San Agustín de Hipona: “Inter faeces et urinam nascimus, et senderi coeli inter ambo est: Entre heces y orina nacemos, y el camino al cielo está situado entre ambos.”

 

Cordialmente,

 

Gustavo Rodríguez Gómez

Nueva York, 22 de julio del año 2013