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EL RENACER

(Oda a la Libertad)

¡Cuántas generaciones olvidadas, hoy en las sombras de lo ignoto duermen!”

José Asunción Silva

Hasta ayer el suelo patrio estuvo oscuro;

pero hoy la lluvia ha empapado el natal suelo

y el agua, al correr, lavó el solar impuro

saturado de sangre que clamaba al cielo.

            Al fin Dios escuchó nuestros humildes ruegos

            para así librarnos de ese aciago ayer

            que tuvo a -tantos incautos- sordos, ciegos

            y, a los demás, pues nos hizo padecer.

Pues la tormenta que hubo en el pasado,

en el presente por el cielo fue enjugada

y, ahora, cuando la aflicción hubo amainado,

renace y brilla, en el firmamento la alborada.

            Porque aquellos que nuestra buena fe asaltaron

            ya han huido o ya se encuentran presos

            y aunque algunos -los que huyeron- por siempre se alejaron,

            los demás -los que quedaron- se han declarado reos confesos.

Y por sus culpas habrán de responder,

no solamente ante el Dios, Único y Eterno,

sino también ante quienes hicieron padecer,

convirtiéndoles la vida en un infierno.

            Pero como el tiempo todo sana y todo cura,

            es posible que algunos obtengan el perdón

            de quienes, por su culpa, sufrieron amargura

            pero que, generosos, despojan de odio el corazón.

Mas no es tan fácil lograr ese perdón,

si antes no los concita la humildad

para que reconozcan su mal y den reparación

a quienes dejaron en tan agobiante orfandad.

            Sin que se interprete como un acto de venganza,

            habrá que hacer volver a quienes depredaron,

            para hacerles sentir que la justicia alcanza

            a quienes el honor patrio mancillaron.

Pero ahora pensemos en este nuevo día

que amanece en su radiante aurora

y que nos permite reconocer con alegría

que Dios escucha a quien con fervor Le implora.

 

            Por fin cesó esa noche sórdida y terrible

            que cubrió de llanto y sangre nuestro suelo

            pero que hoy es ya un pasado horrible

            que nos trajo tantas desventuras y desvelo.

Y ya comienza para todos una nueva era

en la que Colombia habrá de renacer,

hoy empieza a florecer la primavera

que nunca, esperanzados, dejamos de entrever.

            Porque Dios premió nuestra perseverancia

            y nuestro tesón, para los errores denunciar:

            porque, como quien tiene fe, todo lo alcanza,

            un futuro promisorio habremos de lograr.

Para que los hijos de los hijos disfruten del legado

de paz, de bienestar y de equidad social

que, con lucha y denuedo hemos logrado

sin apartarnos jamás del dictamen ético y legal.

            Pues, impertérritos, no nos dejamos convencer

            por los malsanos cantos de sirena

            de los que se dejaban corromper

            por quienes ya tenían el corazón de hiena.

No nos atrajo nunca la falaz oportunidad

de subirnos al carro mendaz de la victoria

que, cegado, arrasaba justicia y equidad

para impedir que el pobre saliera de la noria.

            Ya que año tras año, gobierno tras gobierno,

            el desarraigado jamás pudo ascender

            y, así, salir de los rigores del invierno

            que el déspota de turno le quiso imponer.

Por eso, hoy hay un renacimiento

porque las costumbres deben de cambiar

para que el pobre logre su diario sustento

sin que tenga, por ello, que dejarse esclavizar.

            Entonces, cada cual, no importa sea pobre o rico,

            podrá contar con las mismas esperanzas

            y seas aún joven o viejo, grande o chico,

            puedas ver como tus objetivos alcanzas.

Y así será la Colombia del mañana,

alejada de todo régimen feudal,

en donde cada quien, consciente hilvana

lo que ha de ser más justo en el tejido social.

            Para vivir en paz y completa armonía,

            respetando cada cual lo que es ajeno,

            reflejando en su rostro colmado de alegría

            al ver que el colombiano tiene el corazón sereno.

Y ya no habrá odios, pues desaparecerá el rencor

y, por consiguiente, en la paz ni un paso atrás,

al reconocer así, que mi libertad y honor

terminan donde comienzan los de los demás.

            Se acabarán, entonces, las discriminaciones

            y nadie podrá culparme si llego a disentir

            de lo que otros alberguen en sus corazones

            y, así, me escucharán pacientes, si se los llego yo a decir.

Pues como los respeto, me habrán de respetar,

aunque mi pensamiento al de ellos no sea igual;

mas, si hay consenso, también se han de alegrar

porque la pluralidad de pensamiento será muy natural.

            Alabemos, pues, al Dios Único y Creador

que permitió este estado de cosas

que destierra el odio y el rencor

para suplantarlos por ideas más generosas.

Como sería reconstruir el tejido social

que siempre se encontró roto y deshilachado;

pues los gobernantes de antaño, sin moral

usaron de escabel al pobre y al desarraigado.

            Porque necesitaban seguir subiendo la escalera

            infame que les permitiera aumentar su vil fortuna,

            sin importarles un ardite que el pobre no tuviera

            con que saciar su sempiterna y demencial hambruna.

Y como ahora de todos han de ser las oportunidades,

a partir de hoy todo habrá de ser muy diferente;

pues, sin importar ni apellidos ni heredades,

por la vida iremos llevando en alto nuestra frente.

            Sin avergonzarnos ya más de nuestro patrio suelo,

            pues al gozar sin exclusión de las oportunidades,

            otros habrán de ser nuestros motivos de desvelo:

            construir un país honesto, alejado de las liviandades.

Y así -como resurgiera el ave de la mítica leyenda-

también Colombia habrá de salir de ese pasado cenizo;

pues, con el nuevo gobierno, tendremos la prebenda

de renacer al honor: ¡Porque Dios así lo quiso!

Valledupar, 7 de agosto del año 2010