EL EQUILIBRIO Y LA AVENTURA
(La búsqueda del fiel de la balanza)
VALLEDUPAR, COLOMBIA
Noviembre de 1999
“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.” G. K. Chesterton
El hombre, por naturaleza, desea conocer cada vez más de sí mismo y del medio en que se desarrolla. Se puede pensar que, con esa búsqueda insaciable, espera lograr un equilibrio con él mismo y con su entorno.
Puede resultar contradictorio, pero el hombre busca un equilibrio total (ya sea en lo económico, en lo social, en lo político o en cualquier ámbito en que se mueva) y la manera más recurrente de llegar a ese equilibrio es aventurándose a conocer, indagar, buscar, etc.
Ahora bien, ¿Qué es mejor, el equilibrio o la aventura? Sin llegar a descartar a ninguna de ellas, ambas tienen sus ventajas y sus desventajas; por ejemplo, el equilibrio es una situación segura, en donde el riesgo es mínimo, en la cual se sabe que algo puede cambiar pero en donde puede haber un control -casi total- sobre la situación analizada.
Pero si miramos las desventajas, encontramos como es de fácil caer en la rutina diaria, vivir en el letargo de ver pasar los días, no conocer más allá de lo vivido; en síntesis, resignarse a lo que se tiene -poco o mucho-, sin tratar de procurar tener o conocer algo diferente.
Analicemos ahora la aventura: así como el equilibrio, ella también tiene sus pros y sus contras. La aventura significa momentos de riesgo, de indecisión, de expectativa; se trata de buscar ese algo que, aunque no sabemos en ciertos momentos qué es, lo podemos hallar si nos arriesgamos a buscarlo. La aventura nos hace notar que somos seres que estamos en constante cambio.
Pero la aventura también tiene sus desventajas; por ejemplo, el no saber qué nos espera; el perder el control del tiempo y no poder establecer si lo que se hace es productivo o no; el perder de vista los resultados -si los hubo- y, además, el haber buscado algo que quizás no exista o no haya existido jamás. Es decir, vivir en pos de una quimera.
Ambas posiciones son discutibles, pero lo cierto radica en que el hombre ha logrado lo que es y lo que tiene, a través de la aventura -sin dejar de lado su punto de equilibrio-, buscando cada día más su perfección y todo esto, con el fin de encontrar respuestas a los interrogantes que la vida le presenta cotidianamente.
Podríamos concluir diciendo que, con la aventura, el hombre busca su total equilibrio.