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EL DUENDE

(Dicen que el mundo es de los osados)

 

Donde menos se espera, salta la liebre

 

VALLEDUPAR,  COLOMBIA

 

Marzo del 2008

 

“Digamos que existen dos tipos de mentes: Una, apta para inventar fábulas. Otra, dispuesta a creerlas.”

Galileo Galilei

 

-Herminia, esa muchacha nos está engañando. Aquí no hay ningún duende, ni nada que se le parezca. Con seguridad, ella se levanta en las madrugadas, cuando sabe que todavía todos estamos durmiendo y entonces se mete al galpón, se despeina, se quita algo de la ropa y cuando tú vas a buscarla la encuentras en ese estado, como de locura.

-No mijo, ella no tiene esos alcances. Seguro que hay un duende que le hace todo eso que ella cuenta.

-Anoche, yo vigilé todo el tiempo; sólo en la madrugada me venció el sueño y debí dormitar una media hora. Cuando me desperté, ella ya no estaba; la busqué en el galpón y la encontré tal como tú las has visto otras veces. Pero eso no nos da pie para pensar en un duende. Bien pudo hacerlo ella sola.

-Yo creo, más bien, que el duende aprovechó que te habías dormido y se la llevó. Lo más grave de todo, es lo que ella dice que le hace.

Así siguieron hablando durante un buen rato, mientras saboreaban el primer tinto de la mañana en la cocina de su casa, don Milciades Escobar y doña Herminia Morales, su esposa.

Desde hacía tres semanas, cada tercera mañana, cuando doña Herminia iba a despertar a Petrona la muchacha que desde hacía tres años le ayudaba en los quehaceres de la casa, siempre encontraba su cuarto vacío. La primera vez, pensó que Petrona ya se había levantado; pero al ver que no aparecía la buscó por toda la casa y al fin la encontró en el galpón, semidesnuda y con el cabello alborotado. Inquirida al respecto, Petrona solamente atinó a decir:

-Fue un duende, su mercé, que me sacó del camastro y, volando, me llevó al galpón y me hizo suya.

-¿Qué locuras dices?, ¡muchacha del demonio!

-La purita verdad, su mercé. Yo anoche estaba dormida, cuando sentí que una mano caliente me tocaba en el hombro; me desperté del todo y vi a un señor pequeñito, con un sombrero muy gracioso que sonriendo me dijo: “Te voy a llevar al galpón y te voy a hacer mujer. No grites, porque si haces algún ruido, te quedarás muda para siempre.” Yo, toda asustada, me quedé quietecita y, entonces, él me tomó en sus brazos y volamos por los aires hasta el galpón y, allí, me hizo suya.

-No seas tan embustera. ¿De dónde sacas todo ese cuento? Ya mismo, llamo a Milciades para que me acompañe donde el padre Venancio y averigüemos la verdad y, si me estás mintiendo, te liquido el sueldo y te vas de esta casa.

-Ay, mi señora no me haga eso. Su mercé sabe que yo no tengo a donde ir. De pronto todo debió ser un sueño y yo dormida terminé en el galpón.

Doña Herminia se tranquilizó un poco y después, mientras se tomaban su tinto mañanero, le contó a  su marido la historia de Petrona; don Milciades estuvo de acuerdo con la versión del sueño y remató:

-Eso fue lo que pasó, la india es sonámbula.

Sin embargo, siguieron pasando los días y el suceso se repetía con intervalos de una noche.

Para entonces, llegó a pasar vacaciones al pequeño pueblo, Gonzalo el hijo mayor del matrimonio. Esa misma noche, fue puesto al corriente del asunto. Riéndose, mientras se atusaba el frondoso y negro bigote, dijo:

-Yo voy a vigilar esta noche. Mamá, prepáreme un termo de tinto, porque hoy salimos de dudas.

Cuando todos se acostaron, Gonzalo se apostó armado del termo repleto de tinto, dos cajetillas de cigarrillos y dos cajas de fósforos al frente de la puerta del cuarto de Petrona.

Fumando un cigarrillo tras otro y tomando tinto cada quince minutos, permaneció en vela toda la noche. Ni un instante quitó los ojos de la puerta del cuarto de la muchacha, salvo en una ocasión cuando se le cayó la caja de fósforos, al tratar de prender un cigarrillo.

Ya empezaba a clarear la aurora, cuando doña Herminia se acercó donde su hijo.

-¿Qué tal, mijo? ¿Vigiló toda la noche? ¿Pasó algo?

-Sí, mamá. Vigilé toda la noche; jamás quité los ojos de la puerta. Nadie entró, nadie salió.

-Vayamos a ver cómo está Petrona.

La sorpresa fue mayúscula cuando al abrir la puerta, encontraron el camastro vacío. Corrieron al galpón y allí, semidesnuda y con el cabello alborotado, estaba Petrona, todavía dormida.

 

*****

Don Milciades, atendiendo las razones de doña Herminia, vendió la casa y se fueron para otro pueblo. Meses después, él volvió al pueblo a cobrar el saldo de la venta de la casa donde había nacido y había vivido siempre y, con asombro, se enteró de que los nuevos dueños habían encontrado en el galpón, una guaca repleta de monedas de oro.

 

F I N