EL DESQUITE
(De nada vale que el de adelante corra, si el de atrás lo alcanza)
No hay nada más peligroso que una mujer herida
BARRANQUILLA, COLOMBIA
Octubre del 2008
“Dulce es la venganza, sobre todo en las mujeres.”
Lord Byron
-¿Te demoras?
-Sí, tengo que terminar la presentación del proyecto que debo entregar mañana temprano.
-Bueno, entonces nos vemos en la casa. No tardes.
-Hasta luego, mi amor. Tenme la cena y la cama calientitas.
-Adiós.
Ella salió, cerrando suavemente la puerta, no sin antes enviarle un beso a su marido mientras le sonreía cariñosa y coquetonamente.
Hacía un poco más dos años que se habían casado, luego de una relación de ocho meses, durante los cuales se trataron en un ámbito diferente al de la oficina; se conocieron mejor, se besaron, disfrutaron de muchas veladas agradables. Cuando decidieron unir sus vidas, estaban seguros -al menos ella lo estaba- de que se amaban, de que eran el uno para el otro.
Esa noche al llegar, él vio que como era usual desde unas semanas atrás, el reloj marcaba un poco más de las diez. Se acostó sigiloso, para no despertarla. Ya no era como antes, cuando llegaban juntos del trabajo y luego de cenar, ver televisión u oír música, se acostaban y hacían el amor.
Al iniciarse la convivencia, el hecho de trabajar en la misma empresa y que ella fuera su asistente, no influyó para nada en su relación de pareja. El trato entre los dos era uno en la oficina y otro en el hogar. Cuando discutían -y era raro que lo hicieran- lo hacían sin alterarse, sin alzar la voz, sin ofenderse. Durante dos años, todas las noches, salvo aquellas en las cuales ella tenía el período, habían hecho el amor.
Pero, desde hacía unas semanas, no solamente él llegaba tarde -siempre por asuntos de trabajo- sino que además únicamente la buscaba los fines de semana. Claro que, entonces -como lo había sido en el pasado- la entrega era recíproca y total, al igual que la satisfacción mutua.
Así estaban las cosas esa tarde, cuando él -como muchas otras tardes, casi todas, desde hacía unas semanas- le dijo:
-Sí, me demoro, pues tengo que terminar una presentación -o un proyecto, un presupuesto, unas proyecciones, cualquier cosa.-
Lo cierto era que él, desde hacía unas semanas, un mes tal vez, todas las tardes tenía trabajo suplementario por hacer. Ella que lo conocía desde hacía como cinco años y que desde hacía tres era su asistente, nunca le reclamaba por sus llegadas tardes. Sabía que el cargo que él desempeñaba era muy exigente y de mucho relieve en la empresa. Así que a ella no se le hacía rara esa sobrecarga de las últimas semanas.
Esa noche, cerca de las nueve, ella notó al irse a acostar que la crema dental se había acabado. Así que salió a comprar una; con tan mala suerte, que el local que funcionaba en el primer piso del edificio donde vivían, estaba cerrado.
Consultó el reloj y vio que apenas eran las 9:10 y decidió tomar un taxi e ir al centro comercial más cercano, distante unas cuarenta cuadras de su casa. Compró la crema dental y otros elementos para el baño y salió a buscar un taxi que la llevara de vuelta a su casa, con el tiempo justo, pues ya faltaban apenas cinco minutos para las diez de la noche.
Parada en la esquina del centro comercial, ya desesperaba porque los pocos taxis que circulaban a esa hora iban ocupados y no había querido tomar uno en la estación del centro comercial. Por eso decidió irse para la siguiente esquina a ver si conseguía un taxi libre.
En ese momento lo vio; estaba en la acera de enfrente, en toda la esquina. Su primera reacción fue la de llamarlo para tomar juntos un taxi. Sin embargo, sorprendida notó que iba acompañado.
La sorpresa fue mayor cuando supo quién era la acompañante: la gerente comercial de la empresa, mujer joven, hermosa, desenvuelta, cautivadora, que había sido nombrada en el cargo hacía apenas dos meses. Él era subalterno de ella. La sorpresa aumentó cuando vio que su marido y la jefa de él, se cogían de la mano y se hacían arrumacos y se besaban en la boca.
Con mucha presencia de ánimo, dio media vuelta, se devolvió e ingresó nuevamente al centro comercial. Por una puerta lateral, salió y tomó uno de los taxis de servicio de mercado; los cuales había rehuido tomar antes, por tratarse de vehículos desvencijados. Cuando él llegó, media hora después, la encontró dormida (al menos, esa fue la impresión que a él le dio).
El día siguiente y todos los restantes de la semana, a la salida del trabajo por las tardes, ella siguió el mismo itinerario: se apostaba en la esquina de la calle donde funcionaban las oficinas donde trabajaban; cuando veía salir a su marido con la amante, se subía al taxi que ya tenía preparado desde unos cinco minutos antes y los seguía, para verlos entrar al mismo motel todas las noches. Allí, esperaba pacientemente un par de horas, hasta cuando salían, para seguirlos hasta el restaurante, en cuya esquina los había sorprendido la primera vez. Cada noche -o así le parecía a ella- los besos que su marido y su amante se daban, eran más intensos.
Una mañana, él madrugó más de lo acostumbrado, pues tenía que terminar una presentación que debía realizar, a primera hora de la mañana, ante los miembros de la Junta Directiva, el Gerente General y los Gerentes de División.
-Y, anoche, ¿no la terminaste en la oficina?
-No, no alcancé, es muy extensa.
-Ah…
Todavía desde la cama, ella lo veía trasegar en el computador que tenían en el cuarto de estudio, anexo a la alcoba. De pronto, él le dijo:
-Levántate ya, pues hoy salimos más temprano. Debemos estar en la oficina antes de las siete y media.
-Bueno, ya me levanto.
Así lo hizo y mientras se duchaba y se vestía, él terminó lo que estaba haciendo en el computador. Cuando él pasó a desayunar, ella ya estaba lista; así que pasó al cuarto de estudio y empezó a curiosear en el computador.
Cuando él entró a afeitarse y ducharse, ella grababa algo en un disco compacto. Al preguntarle que hacía, ella le dijo que ‘bajaba’ música de internet.
A las siete y media ya estaban en la oficina. Él, algo nervioso, le dijo:
-Prepara todo con el mayor esmero, toma el disco de la presentación que está en mi portafolio. Vamos para la Sala de Juntas y recuerda que todo debe estar a punto antes de las ocho, pues a esa hora, todos los ejecutivos estarán presentes. No puede haber el más mínimo error, ya que de esta presentación, depende mi futuro en la empresa; el gerente me ha prometido un buen aumento de sueldo si la Junta aprueba el proyecto.
-No te preocupes, todo saldrá a pedir de boca.
Pasaron a la Sala de Juntas y ella, entonces, grabó la presentación en el disco duro del computador.
A las ocho y diez comenzó la exposición del proyecto; él, parado ante la pantalla de presentación, con un puntero señalaba cifras, desglosaba proyecciones, mostraba gráficas, mientras todas las miradas estaban atentas a su discurso.
Ella, entre tanto, desde el computador principal, hacía avanzar las diapositivas una a una, de acuerdo a las señas ya convenidas y que él le hacía cada vez que se requería.
Ya estaba finalizando la presentación; sólo faltaban tres diapositivas; a la señal convenida, ella pulsó la tecla adecuada y en la pantalla gigante, del tamaño de una pared, apareció la imagen de él, saliendo de un conocido motel abrazando, mientras besaba amorosamente de una manera por demás explícita, a la hermosa gerente comercial de la empresa, que en la diapositiva aparecía radiante, satisfecha, como quien viene de tocar las puertas del cielo. La cara de él, en la foto, irradiaba felicidad.
Los miembros de la Junta Directiva y demás ejecutivos de la empresa, que en el minuto anterior y mientras se hacía el cambio de diapositiva habían estado haciendo comentarios elogiosos al proyecto, enmudecieron.
Pasada la sorpresa, todos salieron calladamente de la Sala de Juntas. La gerente comercial, lloraba mientras que él, pálido y mudo, se mesaba los cabellos.
F I N