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DIOS DE ISRAEL, DIOS SALVADOR

(Dios cumple lo que promete y lleva a cabo lo que dice)

 

VALLEDUPAR, COLOMBIA

 

Marzo de 1999

 

“Dios no juega a los dados.” Albert Einstein

 

Introducción

Este ensayo tiene cuatro grandes propósitos:

-Recordar el éxodo como uno de los acontecimientos principales de la historia del pueblo de Israel.

-Tener en cuenta el reconocimiento que hace la Iglesia de ser el pueblo de Dios.

-Encontrar la relación entre el pueblo de Israel del Antiguo Testamento y la Iglesia de nuestros días.

-Entender, además, que la historia del pueblo de Israel, es la historia de las acciones de Dios en favor de su pueblo. Una historia que comienza con la salida de Egipto y a la que sirve de preludio; las tradiciones de los patriarcas continúan esa historia de la salvación del pueblo de Dios.

En los libros de la Biblia se narran estos acontecimientos en donde el protagonista siempre es Dios, quien lleva al pueblo de la esclavitud a la tierra prometida, le da su organización y lo libra del peligro, o lo deja someter por el enemigo cuando Israel se olvida de la alianza con su Creador.

 

Israel, pueblo de Dios

El pueblo de Israel pasó, dentro de su organización, por diversas clases de gobierno: jueces, reyes, etc.; pero durante el transcurrir de esas épocas, se fue formando la figura del Mesías, como salvador del pueblo contra las opresiones sufridas como consecuencia de las derrotas a manos de los enemigos.

A diferencia de muchos pueblos antiguos, los israelitas fueron percibiendo, paso a paso, la existencia de un único Dios, el cual se manifiesta desde el primer momento como fuente de la comunidad, cuando en el relato bíblico de la creación afirma: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza.”; porque el Dios de Israel es comunidad de personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Con la experiencia vital de Abraham se inicia la formación del pueblo de Dios, la cual llega a su consolidación con la liberación de la esclavitud a que había sido sometido en Egipto. Más tarde, cuando se sella la alianza de Moisés, el pueblo toma conciencia de ser el pueblo elegido por Dios para la felicidad y la salvación.

A partir de Moisés, el gran orgullo del pueblo judío fue ser, entonces, considerado como el pueblo de Dios. A pesar de los momentos difíciles que pasaron, tal conciencia los animó y estimuló para seguir adelante. De ahí que poco a poco haya ido surgiendo la idea mesiánica según la cual, en algún momento de la historia, vendrá un Mesías a devolver definitivamente al pueblo de Israel su poderío y su condición de pueblo elegido.

 

La Iglesia, nuevo pueblo de Dios

La Iglesia de nuestros tiempos, con clara inspiración bíblica, se reconoce a sí misma como pueblo de Dios, igual que el pueblo de Israel, el pueblo elegido. Dios hizo a los creyentes en Cristo y en la Santa Iglesia, prefigurada desde el origen del mundo y preparada en la historia del pueblo de Israel por el Antiguo Testamento en sus últimos tiempos. En todo lugar y momento, Dios acepta a los que reconocen y participan de la justicia.

Dios quiso santificar y salvar a los hombres, no individual ni aisladamente; sino constituir un pueblo que reconociera la Verdad. Este pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación.

Tiene ahora este pueblo la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyo corazón habita el Espíritu Santo, constituido por el Padre y el Hijo para lograr la comunión de vida, caridad y verdad.

El Espíritu Santo es provisto, también, como instrumento de paz universal y es enviado a todo el mundo, como luz del orbe y salvación de la tierra.

 

Conclusión

El pueblo de Israel sigue esperando al Mesías; Jesús vino, en Él se cumplieron las profecías, les enseñó Su doctrina, pero no Le creyeron.

Después de la destrucción de Jerusalén por los romanos, el pueblo judío se dispersó por el mundo y ha sido víctima de persecuciones sin fin, a través de la historia de la humanidad hasta nuestros días; sin embargo, ha sabido resistir el embate de sus enemigos; hoy, es una nación poderosa, respetada por la comunidad mundial y ha dado grandes hombres para la posteridad, en las letras, las artes, la ciencia, la economía, la política…

En el pueblo de Israel todavía se ve la mano de Dios, el Dios que lo escogió como Su pueblo…