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AMARGURA

“Qué nostalgia de angustia y dolor.”

Rafael Hernández

Cuando llega el ocaso de la vida

y las ansias se encuentran ya frustradas,

sigue abierta una que otra herida

y las esperanzas no son más que rosas deshojadas.

            Porque lo que había que hacer, está ya hecho

            y lo que no se alcanzó, pues no se pudo;

            qué importa ya que el  corazón esté deshecho

            y solamente la impavidez sirva de escudo.

Es que la vida rueda y rueda,

a veces sin alcanzar a darnos cuenta

y terminamos por hacer lo que se pueda

y lo que no… pues ni se intenta.

            Por eso, joven que te detienes un instante

            a leer estos versos cargados de amargura,

            aprovecha ahora que aún estás distante

            de la vejez, para llenar tu vida de dulzura.

Ama ahora, cuando aún puedes amar,

perdona y satisface así tu corazón;

llora cuando tengas ganas de llorar

y nunca des albergue al odio ni al rencor.

            Porque de lo contrario, un día puede ser tarde

            y ya no puedas devolverte en el camino.

            Nunca hagas de los vicios vil alarde

            y no olvides tu condición de peregrino.

Y transita por este árido desierto

-que es el paso por esta triste vida-

amando y perdonando, mientras no estés muerto;

ya que después, toda ocasión está perdida.

            Y así, podrás llevarte hacia la eternidad

            las bendiciones de quienes te rodearon,

            que convencidos de tu habitual bondad,

            jamás se arrepentirán porque te amaron.

Maracaibo, 16 de junio del año 2007