A BOGOTÁ.
“¿Un cafecito mientras pasa el agua?”
Anónimo bogotano
Hace tiempo quería escribir esta poseía
que muy galante rondaba por mi mente,
porque desde hace muchos años presentía
que mi amor por ti sigue latente.
Recuerdo que te conocí en mi pubertad,
cuando desconocía los placeres de la adolescencia,
el corazón aún rebozaba de bondad
y el alma estaba repleta de inocencia.
Viviendo en ti, llegó el amor primero,
el que fuera suplantado por otros amores,
mientras llegaba el amor verdadero,
ese que despertó en mi alma hondos fervores.
Viviendo en ti, hombre recio me formé,
la vida acrisoló mis pensamientos,
de mente y alma claras me eduqué
y maduraron en mí los sentimientos.
Viviendo en ti, llegó la anhelada ilusión,
la que me ha dado la dicha tan inmensa
de querer vivir y de que viva el corazón
que late más fuerte cuando en ella piensa.
En ti y de ella, nacieron mis seis hijos,
los que han sido nuestros motivos de alegría
y a quienes con amor grande y prolijo
hemos cuidado y mimado, aún a su porfía.
Pero es a ti a quien quiero cantar
y estaba desviándome de pensamiento
hacia otros querencias que me hacen entonar
cantos en los que rebozo de amor y sentimiento.
Déjame cantarte, ciudad cobijada
por los cerros tutelares y por ellos protegida,
como es consentida la mujer amada
por el hombre a quien ella ató su vida.
Y aunque has crecido, que no estás reconocible,
yo sigo añorando esa tu tarde paramuna;
porque aunque te llamen ciudad casi invivible,
yo te sigo queriendo como el poeta ama a la luna.
Porque ella es el motivo de su inspiración
como para otros lo es la mujer amada;
pero tú eres para mí y para mi imaginación
musa que me inspira con pasión arrebatada.
No tengo de ti más que recuerdos gratos
y a ti espero volver cuando se acabe el día,
para que juntos gocemos de esos ratos
cuando te consideraba parte de la amada mía.
Valledupar, 6 de agosto de 1996