PALO PORQUE BOGAS, Y PALO PORQUE NO BOGAS
(Cuando la mujer dice no, es que quiere decir sí, o viceversa)
Un diálogo muy común y corriente
VALLEDUPAR, COLOMBIA
Junio del 2012
“El mejor matrimonio sería aquél que reuniese a una mujer ciega con un marido sordo.”
Molière
Era la tarde de un domingo, común y corriente. Él, cansado de leer, sin levantarse del sillón cerró el libro mientras observaba que ella, embelesada, estaba viendo la televisión; intrigado, se detuvo unos segundos a ver qué tan interesante podía ser ese programa que atrapaba de esa manera la atención de su mujer.
Sí, pudo mirar que se trataba de un programa netamente femenino; entonces, él se levantó del sillón en el cual permaneciera toda la tarde, se le acercó, le dio un beso en la mejilla y le dijo:
-Ya regreso.
-¿A dónde vas?
-Salgo un ratito, voy a dar una vuelta, no me demoro.
-¿Te llevas el auto?
-Sí.
-¿Tendrá suficiente gasolina?
-Sí, esta mañana le puse.
-¿Vas a tardar mucho?
-No, una horita más o menos.
-¿Tanto? ¿A dónde vas?
-No sé, por ahí, sólo a dar una vuelta, como te dije.
-Y ¿no sería mejor ir caminando?
-No, me voy en el auto.
-¿Me traes un helado?
-¿De qué lo quieres?
-De fresa.
-Bueno; de regreso paso por la heladería y te lo traigo.
-¿De regreso?
-¡Sí!, claro, porque si no, se derrite.
-Y, ¿por qué no vas ahora, vuelves y me lo dejas?
-Mejor cuando regrese, te lo aseguro.
-¡Mierda! ¿Es qué tienes mucha prisa?
-Pero, ¿qué te pasa? Ya te dije que solamente voy una dar una vuelta; cuando vuelva, nos tomamos juntos el helado.
-Pero a ti no te gusta la fresa.
-Me compro uno de otro sabor para mí.
-¡Trae de vainilla!
-Tú sabes que no me gusta la vainilla.
-¡Trae de chocolate entonces! que nos gusta a ambos.
-¡Correcto!, besos, vuelvo en un rato.
-¡Oye!
-¿Qué?
-Mejor no traigas de chocolate; ¡mejor trae de fresa!
-Pero, a mí no me gusta la fresa.
-Entonces tráeme uno de fresa a mí y tú el que quieras.
-Eso fue lo que dije desde el principio.
-¿Estás siendo irónico?
-¡No!, ya me voy.
-¡Dame un beso!
-Bueno…
Él se devuelve y le da un beso. Entonces, ella le dice:
-¿Vas en tu auto o en el mío?
-En el mío
-Usa el mío que tiene equipo de Cd y el tuyo no.
– Ahora no quiero oír música, voy a despejarme un poco.
-¡Ah!, ¿necesitas despejarte? Y, ¿de qué?
-¡No sé!, cuando regrese te digo.
-¡No tardes!
-No tardo.
Abre la puerta e intenta salir, cuando ella lo llama nuevamente.
-¡Amor…!
-¿Y ahora qué?
-¡Uy!, ¡qué grosero!
-Amor… ¡Estoy intentando salir un rato a la calle y no me has dejado!
-¿Por qué quieres ir solo? ¿Te vas a encontrar con alguien?
-¿Qué quieres decir?
-¡Nada, nada!, olvídalo.
Él, entonces se acerca donde ella y, cariñoso, le dice:
-¡Ven acá! ¿Crees que te estoy engañando con alguien?
-¡No, claro que no!, pero ya sabes cómo son…
-¿Cómo son, quiénes?
-Los hombres.
-¿Estás generalizando o estás hablando de mí?
-Estoy generalizando.
-Entonces no me lo apliques, sabes que yo no haría algo así.
-Está bien, vete entonces.
-¡Ya, ya!, ¡ya me voy!
-¡Oye!
¡Por Dios!, ¿Qué pasa?
-Llévate el celular.
-¿Para qué? ¿Para qué me estés llamando constantemente?
-¡No!, es por si pasa algo.
-No te preocupes.
-¡Bueno, bueno!, perdóname por la desconfianza, ¡es que te extraño!
-Está bien, no quise contestarte así; te amo.
-¡Yo también!
Ella se queda un instante pensativa y, antes de que él vuelva a abrir la puerta, le pregunta:
-¿Puedo usar tu celular?
-¿Para qué?
-¡Por los jueguitos!
-¿Quieres mi celular para jugar?
-Sí.
-Usa el computador, ahí hay montones de juegos.
-Tú sabes que yo no entiendo ese aparato.
-¿Y para qué hiciste que te lo comprara el mes pasado?
-Ya, no importa; llévate el celular porque, si no, me da por usarlo.
-Úsalo, no hay nada importante en él.
-¿No?
-¡No!
-¿Dónde está?
-¿Qué cosa?
-¡Lo que debería estar en el celular y ya no está!
-¿Qué quieres decir?
-¡Nada, nada! Olvídalo.
-¿Estás enojada?
-No, no lo estoy.
-Entonces me voy, dice él e intenta, por tercera o cuarta vez, abrir la puerta para salir.
-¡Amor!
-¿¡¡¡Qué!!!?
-¡Ya no quiero helado!
-Ah, ¿no?!
-¡No!
Él, suspira, se devuelve, se sienta en el sillón donde estaba leyendo y dice:
-Se me quitaron las ganas de salir.
-Ah, ¿sí?
-¡Sí!
-¿Entonces te quedas conmigo, aquí en la terraza?
-¡No!, ¡Me aburriste!, mejor me voy a dormir.
-¿Estás enojado?
-¡Sí!
-¿Y por qué no te vas a dar una vuelta para despejarte?
F I N