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FALSARIA

(La mentira lleva al fracaso)

 

Una historia de ficción, que podría ser verídica

 

VALLEDUPAR, COLOMBIA

 

Abril de 1998

 

Con una mentira se suele ir muy lejos, pero sin esperanzas de volver.”

Proverbio judío

 

-Señor Juez, señores del Jurado: mi defendido es inocente…

 

*****

Desde el primer momento en que la vio, se enamoró de ella; sus profundos ojos negros, su boca en flor, su armonioso andar, sus piernas torneadas, en fin toda ella, lo cautivaron de inmediato.

La siguió durante varios días, hasta averiguar dónde vivía, cómo se llamaba, dónde trabajaba; hasta logró saber que tenía un novio desde hacía dos años.

Pero esto no era obstáculo; él estaba decidido a enamorarla. Un buen día se auto presentó y se hicieron amigos; él se hacía el ocasional cuando, en las mañanas, ella salía para el trabajo, o cuando, en las tardes regresaba a su casa.

Un día, ella le contó que a su novio, a quien acababan de ascender a teniente del ejército, lo trasladaban al sur del país. Esa era la oportunidad que él estaba esperando; se dedicó a conquistarla; tardó su tiempo pero al final lo logró; después de romper con su antiguo novio, ella le aceptó sus amores. Al cabo de un año se casaron.

Luego tuvieron una niña y fueron más felices aún; él las adoraba; sólo vivía para su esposa y su hijita; hasta que ella volvió a trabajar y fue, entonces, cuando empezaron las calamidades; al cabo de unos meses, ella empezó a encontrar pretextos para llegar tarde: una reunión de trabajo, unos informes urgentes, etc.

Al principio, él la creía; pero, con el tiempo, empezó a dudar, al notarla fría y distante; pero no se atrevía a decírselo y, mucho menos, a seguirla para averiguar la causa del cambio. Así que ella se confió y se extralimitó en sus salidas: una o dos veces por semana, llegaba tarde, pretextando, siempre asuntos de trabajo. A veces, se inventaba viajes a otra ciudad.

Así transcurrieron cinco años de matrimonio; de los cuales, los dos últimos, fueron de total engaño por parte de ella.

Un día, un tío de él le contó que, dos noches atrás, la había visto salir de un hotel, del brazo de un hombre; quien la había llevado hasta tres cuadras cerca de la casa y, al despedirse, se besaron. El tío le contó, además, que había averiguado quien era el amante y le dio las señas.

Entonces, él decidió seguirla; y, noches después, pudo comprobar que ella le era infiel; presa de la desilusión, salió corriendo despavorido y, en el primer bar que encontró, se refugió y se dedicó a beber.

Cuando reaccionó, vio que ya era media noche y, no queriendo llegar ebrio a su casa, se dirigió al club olímpico, a cuyo equipo de natación pertenecía.

Llegó al vestidor y se puso el traje de baño y se dirigió a los trampolines de la piscina olímpica y, subiendo al más alto, se aprestó para lanzarse. Cuando ya iniciaba el salto, vio reflejada en el fondo de la piscina una inmensa Cruz y en ella a Cristo, que le miraba con dulzura.

Sobrecogido, detuvo el salto y cerró los ojos, pensando en una alucinación; cuando nuevamente los abrió, notó que la imagen había desaparecido y, con horror, vio que la piscina estaba vacía; ni una sola gota de agua había en ella…

Presa de espanto, corrió al vestidor, se cambió de ropa y se marchó para su casa. Al llegar, encontró parqueado en el frente un carro de la policía y a varios agentes en el interior de la vivienda. Al querer entrar fue detenido por un oficial, quien al hacerlo identificar le dijo que quedaba preso, como principal sospechoso del asesinato de su esposa y del amante de ésta, en hechos ocurridos en un hotel del centro de la ciudad, hacía pocas horas.

Las circunstancias lo condenaban; cuando los periódicos publicaron la noticia, varios testigos declararon haberlo visto por los alrededores de la escena del crimen, en los momentos en que medicina legal había fijado la hora del doble homicidio y él no pudo presentar una coartada salvadora. Fue encarcelado y juzgado.

Durante el juicio, el fiscal aportó todas las pruebas circunstanciales que lo condenaban; la única prueba que faltaba era el arma homicida.

El abogado defensor no encontró argumentos que lo pudieran salvar de una segura condena de muchos años.

Una noche, en la celda, él tuvo un sueño en el cual el antiguo novio de su esposa se burlaba de él y le hacía muecas grotescas, gritándole: “Te vas a pudrir en la cárcel”.

Al día siguiente, le recomendó a su abogado que hiciera las averiguaciones necesarias sobre ese individuo; las que dieron como resultado el hecho de que éste había sido trasladado nuevamente a la guarnición de la ciudad, desde hacía seis meses. Continuando con las averiguaciones, se encontró con que alguien lo había visto merodear por el hotel la noche del crimen. Aportado ese dato, la policía judicial encontró en su poder el arma homicida.

Capturado, el antiguo novio confesó el crimen. Contó que, al buscarla, ella lo había desdeñado y, él herido en su amor propio, había decidido averiguar el porqué.

Encontrada la causa, decidió vengarse. Por lo que fraguó lo que él consideró el desagravio perfecto: matar a su antigua novia y al amante de ésta, de tal manera que culparan al esposo; con lo cual castigaría la traición de ella y la villanía de quienes le habían arrebatado su amor.

 

F I N