LAS CUATRO ESTACIONES
“Soñar es una hazaña que no requiere esfuerzo;
volar es fácil para todo aquel que sueña.”
Pedro Prado Calvo
Primavera
Aun cuando el nacer surge con llanto,
la vida es grata, linda, esplendorosa
y cada quien debe entonar su canto
con el que dulcifique las espinas de la rosa.
Pues, a pesar de penas y de desencanto,
la vida es dulce, es suave, hermosa;
por eso no lo debes pensar tanto:
gózala, disfrútala, conviértela en tu diosa.
Entonces, hasta el postrimer instante
el ser humano, así no lo quisiera,
debe considerar que es muy importante,
desde el momento de la luz primera,
concitar día tras día su talante
para ver la vida como una eterna primavera.
Verano
Claro está que hay mucho que luchar
por conseguir el logro de la felicidad;
pues si no sabes tu vida administrar
te ahogarás entre llantos, tristeza y soledad.
En verdad, no debes muchas cosas desear,
ni te dejes consumir por la ansiedad;
intenta más bien empeñarte en procurar
el disfrute de lo que venga con tu edad.
Así, la vida has de pasar dichoso,
sin malgastarla en lo fútil o lo vano
mientras dejas de ver un paisaje hermoso.
Ni conviertas tampoco tu vida en un arcano
por perseguir un sueño farragoso,
en tanto desechas los bellos atardeceres del verano.
Otoño
Y cuando llegues a la edad madura
y vuelvas a ver lo que ha sido tu vida,
sonreirás con especial dejo de dulzura
ya que el rencor en tu alma no tuvo cabida.
Porque siempre desechaste la amargura
que al desdén o al sinsabor convida
y deja en el alma ese acerbo de tristura
que la falta del amor, en ella anida.
Y así estarás preparado para entrar a la vejez,
sabiendo que ya existe ese retoño
que es el hijo de tu hijo o, quizás tal vez,
es una bisnieta que ya peina hermoso moño
y es un modelo de candor y sencillez
que ha de alegrar tu vida cuando llegues al otoño.
Invierno
Cuando se encuentre ya blanca tu cabeza
y te duelan las piernas cuando quieras caminar,
podrás aún tener en tu mente esa destreza
que te permita escribir y, más aún, versificar.
Para cantarle a aquella de tan excelsa belleza
que en su propia primavera te hizo enamorar
y alejó para siempre de tu alma la tristeza
cuando por vez primera la pudiste tú besar.
Y cuando todo acabe y todo muera,
-qué importa ya que el cuerpo no sea eterno-
si tu alma inmortal, feliz siempre prefiera
ir a las puertas del cielo y no a las del averno.
Por eso, alaba al Creador que así lo permitiera:
tener aún a tu amada en los rigores del invierno.
La vida
He querido comparar de la existencia,
sus etapas con las estaciones
y he encontrado que siempre tu presencia
ha sido el motor de mis más hondas emociones.
Pues en la primavera fuiste tú la esencia
que encendiera en el verano mis pasiones
que se fueron moldeando, cuando la vivencia
del otoño me llevara a grandes reflexiones.
Y cuando llega el ocaso de la vida mía,
aunque el invierno ha encanecido mi cabello,
siento lo mismo que antaño ya sentía:
cuando por vez primera vi tu rostro bello
y me enamoré de ti. Por eso aún siento todavía
que ese primer beso fue de nuestro amor destello.
La muerte
Mas la muerte ha de llegar cargada de tristeza,
cuando menos la esperemos, como ladrón furtivo.
Por eso, siento en mi alma y mi cabeza
que lo más grato ha sido envejecer contigo.
Y así desde cuando el amanecer empieza,
busco en tu pecho y en tu aliento el dulce abrigo
y le doy gracias al Creador por la certeza
de poder ser aún tu esposo, tu amante y tu amigo.
Y después de tantos años -¡una vida!-
de consentirte, de amarte y de tenerte,
ya puedo estar listo en el punto de partida;
para que cuando llegue el aviso de la muerte,
aceptar su llamado con el que me convida
por toda la eternidad a adorarte y a quererte.
Bogotá, 24 de agosto – Nueva York, 24 de diciembre del año 2009